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lunes, 7 de junio de 2021

A vueltas con el racismo y la xenofobia anti asiática

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La CNN le dedica en estos momentos su lugar de preferencia en la web al "sentimiento antiasiático". Lo hace con una página interactiva de cuidado diseño a la que se accede desde el titular "Rejected by customers, harassed by colleagues", en la que nos reciben unas palabras clarificadoras, "It's not in the streets / and it's not just in America" a la que sigue una conclusión: "Asians around the world are coming forward saying racial discrimination in the workplace is a problem, too". Conforme avanzamos, la representación del planeta va girando para mostrarnos distintos lugares del mundo en los que se ha destapado el sentimiento "antiasiático".

Hace unos días comentábamos aquí mismo que una de las consecuencias de los ataques a China de Trump. primero, y posteriormente de Biden, cuya política exterior no ha cambiado en este sentido, tenía como consecuencia el crecimiento del odio contra los ciudadanos chinos en particular y contra los asiáticos en general ya que el "odio racista" no suele ser demasiado fino a la hora de establecer diferencias ni sutilezas. La propia CNN ha aumentado el número de noticias sobre China de forma espectacular en este tiempo y casi siempre son malas, noticias negativas de cualquier especie. Por eso sorprende, hasta cierto punto, este ejercicio de denuncia que ahora practica. El hecho constante de poner el foco negativo sobre China tiene esta consecuencia.



El hecho de que republicanos y demócratas estén de acuerdo en que el mayor rival económico de los Estados Unidos sea China implica que los medios alineados políticamente con unos y otros se mantengan en la misma línea de acoso constante y se seguirán produciendo ataques a las personas más cercanas que ninguna culpa o responsabilidad tienen en todo aquello que aparece en los medios.

Mientras no seamos capaces de distinguir entre "gobiernos", "personas" y "culturas", haciendo a todos responsables de lo que hacen desde arriba o de lo que se hizo hace cientos o miles de años, estos problemas de odio se seguirán produciendo. Por eso es esencial que los medios sean conscientes de los daños que pueden causar con sus actitudes y enfoques. El gran problema al que nos enfrentamos precisamente es que hoy los medios se basan en las audiencias para el tratamiento de la información. Se trata de seguir la ola de la opinión y deslizarse sobre ella. La adición de comentarios es otro factor que contribuye a la expresión y concentración del odio en los propios medios.



Que la CNN haga periódicamente un lavado de imagen a través de informaciones de denuncia del racismo anti asiático es solo una parte de la cuestión. La traducción de estos ejercicios informativos que llegan desde el campo de la política en un círculo vicioso difícil de parar entre políticos, medios y opinión pública, es la violencia contra las personas que reciben injustamente las iras. Un artículo racista, un titular xenófobo, una interpretación segada... se traducen en un ataque en mitad de la calle, en el incendio de un comercio o en cualquier otra manifestación de la cual los medios dan cuenta como si fueran hechos que se producen debido a la radicalidad de la gente.

En España es posible identificar con total claridad los medios que publican ataques anti China por cuestiones ideológicas. He leído en algún medio —lo hemos señalado aquí— artículos dignos de los peores momentos de la "guerra fría". Han sido artículos cuya incitación al odio no se enmascaraba. Ha sido odio ideológico (anti comunismo) que se traducía en odio racista. Poca información y mucha bilis en titulares y en el texto.



La política irresponsable de ciertos medios se acaba traduciendo en esos ataques que la CNN dice que se producen "no solo en América". No sé si esto les sirve de consuelo.

La postura europea en su conjunto es mucho más moderada que la norteamericana al respecto, lo que no quita que en el plano mediático tenga sus episodios agresivos en la prensa más ideologizada, un fenómeno conectado con la propia crisis mediática. La forma de asegurarse lectores es radicalizarse y la cuestión de China tiene todos los ingredientes que necesitan: ideología, racismo y una envidia nada sana al innegable ascenso asiático, que se convierte en la fuente de todos los males. Si en Asia se crece, eso implica que aquí se decrece; si allí se produce, aquí se crea paro. Es una propuesta sencilla que la gente entiende con su lógica de andar por casa y les permite dar salida a las frustraciones que nuestro propio sistema produce por incapacidad de enfrentarse a los problemas.



El que tiene un chiringuito en la playa acabará estableciendo la cadena de culpas hasta llegar a la conclusión que sus males comenzaron en China. ¿Por qué no? Es lo que hizo Donald Trump con gran eficacia y que le proporcionó votos y simpatías. Los enemigos de fuera siempre son rentables y, especialmente, sirven para desviar la mirada de los verdaderos responsables de las situaciones, la mayoría de las veces demasiado próximos a nosotros.

Se nos olvida, por ejemplo, la importancia que ha tenido para el sector comercial español la presencia del turismo chino, sobre todo un turismo de "compras" y cultural, muy diferente al de playa y ocio nocturno. Eso ha llevado a que grandes almacenes dedicaran especial atención al turismo llegado de China, que pusieran traductores y carteles en chino en sus plantas e incluso los mensajes de la megafonía. Su gasto en compras es muy superior al de este turismo que celebramos tanto ahora.



No he visto un solo reportaje en los medios españoles sobre lo que supone el turismo chino en España, sobre sus características. En una tesis que se defendió hace tres años estudiamos en uno de sus capítulos precisamente este fenómeno y lo que suponía económicamente. Pero, me imagino, al no afectar al "ocio nocturno" (no es turismo de esa clase) nadie se ha molestado en investigarlo.

Hoy en día es muy difícil hacer buena información y muy fácil producir desinformación; producir información radicalizada sirve para asegurarse fieles e iracundos lectores. Cualquier cantamañanas radical logra más seguidores que cualquier persona sensata que no busque dar la nota con algo llamativo. Lo hemos visto en los Estados Unidos y lo vemos aquí. Es la economía informativa de la atención y la tensión, algo necesario para mantener enganchados a los lectores o espectadores.



El profundo desconocimiento de China en todos los niveles hace que sea fácil manejar una caricatura que acaban pagando los ciudadanos asiáticos repartidos por todo el mundo, como inmigrantes, como turistas o como residentes.

Los artículos de la CNN dejan al descubierto una parte de la situación que contribuyen a crear con el resto del material publicado. Por eso resulta tan poco creíble, sin dudar de la buena intención de los firmantes. Mostrar que los ataques no solo ocurren en "América", como se señala, tiene cierto tufillo exculpatorio porque en modo alguno se analiza porqué es allí donde se está produciendo el epicentro xenófobo y racista antiasiático. Las sutilezas periodísticas o políticas no logran frenar esa gran etiqueta, "asiáticos" en la que se engloban ahora todos los males que padecemos en todas las partes del globo.




Lo repetimos de nuevo: no se deben confundir gobiernos, culturas y personas. Entremezclar todo solo lleva a la confusión y a crear víctimas que nada tienen que ver con lo que ocurre. ¡Hemos visto tantos casos injustos de ataques a personas inocentes! Da igual que tengan pasaporte norteamericano, chino, coreano, japonés o de cualquier otro lugar. No podemos pagar en personas que son inocentes nuestras fantasías y fobias. Los lamentos por los ataques a los "asian americans" deberían ser los mismos que por los asiáticos, de cualquier país, de visita en terceros países. Todo lo demás es una enorme hipocresía.

Me sorprende de nuevo que los artículos contra la xenofobia y el racismo anti asiáticos se incluyan en la sección "Business" en la CNN, algo más que un lapsus. No sé cuál es la forma de clasificar el "racismo", pero parece claro no quiere ser etiquetado bajo la etiqueta "política". Es extraño, sí.



domingo, 4 de abril de 2021

Superman contra el racismo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La web de RTVE.es nos trae hoy un artículo de Jesús Jiménez, en la sección "Cómic" con el titular "'Superman contra el Klan', un cómic en el que el superhéroe se enfrenta al racismo". A veces, la necesidad de crear supervillanos  nos hace olvidar que los villanos de a pie suelen ser más preocupantes porque, lejos de las páginas coloreadas, suelen realizar sus maldades ante nosotros, demasiado ensimismados en la lectura. Sí, está bien que los superhéroes se enfrente a los males cotidianos porque los extraordinarios son espectaculares, pero poco probables.

La lucha contra el racismo o la xenofobia tiene muchos escenarios, pero sobre todo es una gran lucha en el interior de la sociedad, una lucha cultural por captar las mentes y ganar la lectura del mundo.

Las cosas no son de una manera u otra; las interpretamos en función de nuestras condiciones sociales, que es de donde sacamos nuestros valores. Las personas interpretan el mundo con las herramientas valores que el entorno nos otorga. Hay valores que ayudan a ser más independientes, es decir, a ser capaces de encontrar los resquicios por los que irnos formando un criterio propio. Por el contrario, otros sistemas son implacables con la disidencia o la discrepancia, obligando a la aceptación. Lo que suele ocurrir es la sumisión o la hipocresía social y personal absoluta, que es una forma de burlar la sanción o de encontrar fácil reconocimiento público mostrando la máscara que todos quieren o esperan ver.

El cómic que se nos presenta viene de antiguo:

 

Hay enemigos a los que los ni superhéroes pueden vencer, porque son intangibles, como el racismo o la xenofobia. Pero eso no quiere decir que se muestren impasibles ante ellos. Y el primer superhéroe en enfrentarse a esos enemigos fue Superman, en el serial radiofónico El Clan de la Cruz Ígnea (1946) en el que luchaba contra el mismísimo Ku Klux Klan. Un programa mítico de la radio norteamericana que ha servido de inspiración al cómic Superman contra el Klan (Editorial Hidra). Una estupenda historia de Gene Luen Yang y Gurihiru galardonado con el premio Harvey al mejor libro para jóvenes y jóvenes adultos.

Al final de este artículo también os recomendamos Green Lantern: Legado (Hidra) otro cómic de la exitosa línea de Novela Gráfica Juvenil de DC. Curiosamente ambos títulos inciden en el racismo contra los asiáticos y no contra los afroamericanos (algo tendrá que ver que sus autores sean asiáticos). Pero es que uno de los grandes atractivos de esta línea es que sus autores son de todas las etnias.*

 


Hay varios aspectos que se pueden resaltar de lo señalado. Que se recupere el espíritu de una emisión radiofónica de 1946 tiene una explicación. Un año después de terminarse la II Guerra Mundial, se veía con claridad como los adeptos del KKK estaban conectados con el nazismo, que consideraba igualmente como "inferiores" a los negros y judíos, especialmente (también a los gitanos). No se ha indagado mucho en este aspecto que es, sin embargo, crucial para entender las conexiones de la ultraderecha norteamericana con nazis y fascistas a través del racismo precisamente.

No se han indagado tampoco las conexiones de la Alemania nazi con una parte empresarial y financiera de la Norteamérica de la época. Apenas se trata de esta situación y de las resistencias a participar en la guerra contra Alemania.



Hay dos películas de estos últimos años en las que se trata de la parte oscura de las élites norteamericana y británica en su relación con la Alemania nazi. Tenemos "El héroe de Berlín" (Stephen Hopkins 2016), sobre el gran atleta afroamericano Jesse Owen, y mostrando el racismo no solo de los nazis sino también de una parte de la sociedad norteamericana que no veía con malos ojos lo que ocurría en Alemania. La otra, "El instante más oscuro" (Joe Wright 2017), con la figura de Winston Churchill en el centro, nos muestra, desde el lado británico, cómo determinados políticos no veían mal que Alemania se hiciera con Europa y llevarse bien con ella. Estos dos filmes rompen la dinámica maniquea y nos muestran que el "mal" no se vía con tanta claridad.



La lucha de Superman contra el KKK es una prolongación del nazismo y su aspecto racista. El racismo contra la minoría afroamericana forma parte del racismo contra los judíos. Ambos han tenido sus momentos de denuncia, quedan el antisemitismo como una lacra menos visible, lo que no significa que se haya eliminado en absoluto; solo que está más oculta. El retroceso en los derechos civiles afecta gravemente —lo vemos cada día— a los afronorteamericanos. El juicio que se está celebrando en estos días por la muerte/ejecución sumaria de George Floyd nos trae noticias cada vez más escandalosas sobre el retroceso que ha supuesto la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y cómo, desde el primer día de su mandato, muchos se quitaron las máscaras pensando que ya había llegado el momento de sacar la bilis acumulada por haber vivido dos legislaturas bajo el mandato de un negro, Barack Obama. Los signos de desprecio por el matrimonio Obama se hicieron manifiestos y se extendieron a los hispanos. Aquí recogimos diferentes incidentes a lo largo del "reinado" de Trump en este sentido. 



El racismo contra los asiáticos ha estado ahí, quizá como uno de los más constantes. Tuvo su momento contra los norteamericanos de origen japonés, que fueron encerrados en campos de concentración mientras duró la guerra. Después ha habido oleadas conforme Japón se convertía en una potencia económica, algo que sirve para azuzar el racismo contra ellos y que posteriormente se aplicó a los de ascendencia China, llegando a su momento culminante con la fusión de la guerra económica con la pandemia, definida por Trump como el "virus chino" o "kung flu", que ha permitido la actual oleada de ataques brutales contra personas asiáticas por Estados Unidos y ha sacado a la gente a la calle a manifestarse contra este racismo que estalla violentamente.

El racismo contra los ciudadanos chinos se produjo desde que en el siglo XIX fueron llevados para la construcción del ferrocarril que atravesó los Estados Unidos de costa a costa. Se crearon leyes específicas contra ellos y para controlarlos y evitar que pudieran expandirse por el país creando familias.

La BBC, en 2017, antes que se desatará el frenético movimiento anti China, recogía las investigaciones realizadas sobre la discriminación de orden racista practicada contra los inmigrantes chinos:

 

"Al tiempo que luchaban por encontrar trabajo, los inmigrantes chinos también peleaban por sus vidas. Durante las primeras décadas en Estados Unidos, los chinos sufrieron una epidemia de ataques racistas violentos, una campaña de persecución y asesinatos que hoy en día se ven con estremecimiento", señala el reportaje "Inmigration" del sitio en internet de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

"Desde Seattle hasta Los Ángeles, desde Wyoming hasta los pequeños pueblos de California, los inmigrantes chinos fueron obligados a dejar negocios, abandonar ciudades, fueron golpeados, torturados, linchados y masacrados, generalmente con la mínima esperanza de recibir ayuda de la ley".

Se puede afirmar que los inmigrantes chinos sufrieron el peor tratamiento que haya tenido cualquier otro grupo que vino voluntariamente a EE.UU."

Biblioteca del Congreso de EE.UU.

"El odio racial, una economía incierta y un gobierno débil en los nuevos territorios contribuyeron a este clima de terror y derramamiento de sangre", indica la institución.

Y es que para muchos historiadores, los chinos fueron el chivo expiatorio de la clase política estadounidense de la época.**

 


Como vemos, no es una novedad. Trump hizo lo mismo, convertir a China en el objeto de todos los odios. Y esto es difícil de controlar una vez puesto en marcha, como vemos en esos vídeos callejeros sobre ataques brutales a mujeres mayores que aparecen con frecuencia en la propia prensa norteamericana.

Es peligroso jugar con el racismo. El hecho de que se ponga en marcha un cómic con Superman atacando el racismo y que sean autores asiáticos quienes lo estén realizando poniendo énfasis, como dice el autor del reportaje de RTVE.es, en las víctimas asiáticas no tiene nada de particular. La persona que atacó brutalmente a la mujer de 65 años pateándola en Nueva York era afroamericana, lo que motiva cierta reflexión sobre las jerarquías raciales en Estados Unidos. Es fácil convertir el racismo en "nacionalismo" de hecho, eso lo que se hace y lo que hizo Trump señalando los "enemigos de Norteamérica". Una vez que has marcado el objetivo, se convierte en un deber patriótico atacarlo. No tiene demasiada complicación dar el salto de una categoría a la otra. El racismo sabe disfrazarse bien hasta que sale desde detrás de la máscara bajo la que se camufla.



Ahora Superman sale contra el KKK. Ya es tiempo que lo haga. Si sirve para sembrar un mensaje de rechazo al racismo, bienvenido sea. Se ha retrocedido mucho en estos años. Ha sido demasiado fácil ir saltando de un objetivo racista a otro; afroamericanos, hispanos y después asiáticos han sido las dianas contra las que el racismo ha disparado su odio, con sus prejuicios y complejos.

Hay que extender a la educación los principios básicos porque las fuerzas que sostienen el odio racista permanecen ahí, aprovechando cualquier resquicio para colarse en nuestras vidas. Cuando no es la economía, es la sanidad; todo vale para camuflar el odio y extenderlo.

No hay país que se libre si no se tiene la prevención necesaria. Hoy tenemos grandes ventiladores de esparcir odio en un mundo interconectado. No hay que bajar la guardia. En la vida real, no va a ser Superman quien nos libere de nuestros prejuicios. 

 

 

* Jesús Jiménez "'Superman contra el Klan', un cómic en el que el superhéroe se enfrenta al racismo" RTVE.es 4/04/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210404/comic-superman-contra-klan-comic-superheroe-se-enfrenta-racismo/2084234.shtml 

** Margarita Rodríguez "Cómo fue la primera gran ley para prohibir la inmigración a EE.UU. 130 años antes de la llegada de Donald Trump al poder" BBC 26/02/2017 https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-38911348

viernes, 19 de marzo de 2021

Machismo y racismo van de la mano

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La creciente ola anti asiática desarrollada en los Estados Unidos ha tenido un nuevo y trágico episodio en la ciudad de Atlanta, donde un desequilibrado ha asesinado a ocho persona, de las cuales seis son mujeres asiáticas. Un par de días antes habíamos hablado aquí de la ola de odio, de ataques perpetrados contra la comunidad asiática en los Estados Unidos, crecida por la retórica racista de Trump y los republicanos. La cobardía llevaba a emprender con los más débiles, los ancianos que eran atacados en plena calle, derribados por energúmenos racistas que veían en estos actos la forma de responder a lo que consideran, siguiendo las indicaciones del ex presidente y otros líderes republicanos, un ataque asiático contra la forma de vida americana, que es la que reflejan los supremacistas, los integristas religiosos y demás mentes distorsionadas.

La matanza de Atlanta tiene una serie de connotaciones específicas ya que ha sido cometida en instalaciones de "masajes orientales", lo que ha servido para poner en primera línea un cierto tipo hipócrita y criminal, que es el del puritanismo norteamericano.



En La Vanguardia, Francesc Perión, su corresponsal en Nueva York, nos explica parte de la deriva puritana que acaba tratando de idealizar las motivaciones del asesino:


Compasión policial con el pistolero blanco y desprecio por las víctimas, casi todas ellas no blancas. Así es Estados Unidos.

El capitán Jay Baker, portavoz del sheriff del condado Cherokee (Georgia), aseguró que Robert Aaron Long, de 21 años, tuvo “un mal día” el martes cuando una supuesta “adicción sexual” le llevó a matar a ocho personas en tres saunas en la zona de Atlanta. Seis eran mujeres de origen asiático.

“Estaba harto y contra las cuerdas”, explicó Baker (blanco), en lo que sonó a justificación no pedida. Asombró su desprecio a los muertos, que no tuvieron un mal día, sino el peor. Sin un mañana.

La consternación creció al descubrirse que ese policía comercializó en Facebook camisetas antiasiáticas con el lema “ Imported virus from Chy-na ”. La pandemia y su origen se consideran claves en el significativo incremento de ataques a asiáticos en EE.UU.

“ Chy-na ” es la pronunciación satírica que usa el expresidente Donald Trump para camuflar su mortífera gestión sanitaria.

El propio Baker divulgó que Long había confesado que no actuó por una motivación racial. Lo del detenido, devoto de Dios, consistió en “eliminar tentaciones sexuales”, añadió el agente.

Cualquiera que sea la justificación, voces de la comunidad, expertos y activistas remarcaron que resulta imposible disociar la raza de esta fechoría, se culpe o no a Long de un crimen de odio racial. El móvil sigue siendo investigado. Además, este caso ha hecho saltar las alarmas por la vulnerabilidad de las mujeres.*

 


El texto es demoledor y deja al descubierto esa hipocresía que se ha apoderado de una parte de los Estados Unidos, país de colonos, en donde la definición de razas ha creado una fantasía racial, mezclada con la idea de "tierra prometida" y de "pueblo elegido" por la Divinidad. Estas doctrinas han ido afianzándose en sus diversas variantes olvidando el inmigrante blanco parte de su viaje y desalojando del país a los que han considerado (y sigue considerando) inferiores.

La lucha contra el racismo es la otra cara de la lucha del racismo contra aquellos a los que no considera parte de la nación norteamericana, despreciado a los vecinos del norte y del sur del continente, mientras mantienen una extraña relación con el resto del mundo. El supremacismo, en clave interna, tiene mucho que ver con el "supremacismo exterior", es decir, la idea asentada de la "era norteamericana", que deriva en una idea "imperial", como ha sido analizada con profusión, y cuyo declive es parte del recrudecimiento de las iras contra los que intentan competir. 



El resurgimiento de los ataques a los asiáticos —previos a la pandemia— no es más que el resultado de la incapacidad de asimilar el desarrollo de países como China, Japón o Corea del Sur. Nadie encarna esto con más claridad que Donald Trump y explica que haya conseguido esos 75 millones de votos que dividen Estados Unidos con una línea, más que política, moral. El país de la variedad, de las diferencias, se ha convertido en muchas de sus áreas en sectario, integrista y racista, como nos muestra la actitud de ese impresentable representante de la autoridad del condado de Cherokee, Georgia, un representante claro de esa forma justificadora de la violencia y que representa en su territorio precisamente la violencia institucional, la del poder, cuando no se mueve de forma justa sino sectaria. Decir que el asesino tuvo un "mal día", después de haber asesinado a ocho personas asiáticas, seis de ellas mujeres, porque trataba de luchar contra su afición al sexo, no es solo una vergüenza sino un ejemplo vergonzoso. Recordemos al sheriff indultado por Donald Trump, involucrado también en acciones racistas. El favor presidencial mostraba la calaña de una línea que iba de la Casa Blanca hasta llegar al pequeño pueblo, a la frontera misma, lanzando la consigna de que matar extranjeros es ser "buen norteamericano", de la misma manera que hace unos días el senador republicano Ron Johnson veía a los asaltantes del Capitolio como "patriotas", "pacíficos" y respetuosos de la leyes". Sí, los Estados Unidos tienen un serio problema de convivencia interna y externa, pues esa actitud no se queda entre las fronteras sino que se proyecta hacia el exterior.



Pero hay un aspecto importante en ese racismo anti asiático que han visto todos menos el sheriff de Cherokee, Georgia. Me refiero al componente machista entremezclado con el supremacismo racista.

El racismo y el machismo se han dado la mano con frecuencia, pues forman parte de un mismo movimiento mental, la inferioridad del otro, ya sea el extraño o la mujer, que es percibida culturalmente como una extraña contrapuesta al orden masculino y patriarcal.

En el artículo de La Vanguardia leemos:


“Matar a mujeres asiaticoamericanas para suprimir las tentaciones sexuales es algo habitual en la historia de su cosificación, el mito de las damas dragón, las flores de loto, valores relacionados con las fantasías y deseos masculinos”, afirmó Sung Yeon Choimorrow, directora ejecutiva de la National Asian Pacific American Women’s Forum.

Parte de los ataques que sufre su comunidad, subrayó Choimorrow en la NBC, se deben a la perpetuación del estereotipo de la mujer asiática como exótica, hipersexualizada y sumisa. “Basta de fetichizarnos”, requirió.

Cerca de 3.800 incidentes de odio se recogen en el informe de la organización Stop AAPI Hate entre el 19 de marzo del 2020 y el 28 de febrero. En ese documento, publicado el martes, horas antes de la tragedia de Georgia, ya se destaca que las mujeres son la principal diana. Ellas padecen el 68% de los incidentes, por un 29% de los hombres.*

 

La imagen de la mujer asiática como "mujer pecaminosa", como bien se señala, se manifiesta en la cabeza del perturbado como algo más, un "ser inferior" a las de su propio grupo, que son las mujeres que se reservan para los motivos nobles, matrimonio y reproducción.

El ejemplo más evidente lo tenemos en la célebre ópera de Puccini, donde el capitán norteamericano acepta como un "entretenimiento" a la mujer que le ofrecen porque la idea del "matrimonio" solo tiene sentido con una "americana respetable", mientras que la geisha es solo un divertimento seductor, alguien de otra "raza" y que carece de valores morales que le conceden su origen y religión.



La forma de relativizar el abuso sexual es siempre justificarlo mediante la inferioridad de la mujer por pertenecer a otro grupo. A las pertenecientes a ese grupo se les priva de cualquier honorabilidad o derecho ya que se elimina de ellas cualquier rasgo de moralidad. Este perturbado veinteañero y criminal intentaba relativizar su sexualidad yendo con mujeres asiáticas porque en su mente enferma esto era un mal menor que buscar prostitutas, masajistas, etc. de su propio grupo, lo que le haría sentir "pervertido" y "mancillador". De esta forma, las mujeres que le tentaban eran precisamente aquellas que por ser diferentes no tenían asomo de virtud, es decir, eran prostitutas natas, mujeres carentes de moralidad.

Esto ha sido el componente general que ha justificado las violaciones coloniales o las "mujeres de placer" o  "mujeres de consuelo", las que han sido sometidas a violación en la invasión de China y Corea por parte de Japón, un asunto que todavía sigue sobre el tablero de las relaciones.

Convertir en "virtuosa" a la mujer del propio grupo, que puede ser idealizada, y envilecer a la del grupo diferente ha justificado muchas tropelías y, sobre todo, ha creado una falsa imagen de "pureza" selectiva que ha permitido los enormes abusos sexuales basados en el desprecio que da la creencia en la superioridad.



Quizá recuerden algunos lectores un tema que tratamos aquí, el de los grupos baptistas del Sur de los Estados Unidos al utilizar el término "Jezabel" para referirse a la actual vicepresidenta de los Estados Unidos. Usar este término era una forma de racismo encubierto y de reducción de la virtud, ya que el término encubre la "sexualización" de la mujer afroamericana, al igual que a cualquier otra (como las asiáticas", ya que la única mujer idealmente pura es la "blanca". Al llamarla "Jezabel", un término más que despectivo, una forma de categorizarla como amoral, sexualizada y perturbadora, los predicadores estaba trasladando a sus fieles la idea que la edad avanzada de Joe Biden podía traer lo impensable, que una mujer de "esa condición" pudiera llegar a alcanzar la presidencia de los Estados Unidos, es decir, gobernar sobre ellos, fieles seguidores blancos de un "Dios blanco".

Aunque no lo parezca en muchos lugares, estamos en el siglo XXI y hablando de una potencia mundial, vanguardista en muchos campos, pero en un imparable viaje hacia un pasado oscuro, retrógrado del que nos han hablado ya desde muchos campos con múltiples indicadores cuyas alarmas no han servido para alertar de las consecuencias.

 

Numerosos ataques –insultos, escupitajos, navajazos– han estado precedidos por la acusación a esas personas de ser las culpables de la covid. Las palabras importan, terció la legisladora Judy Chu, la primera chino estadounidense elegida para el Congreso. “El presidente Trump –recalcó– avivó con su retórica las llamas de la xenofobia contra los asiático americanos”.

Los republicanos callan. No todos. En una comisión judicial de la cámara baja dedicada al creciente odio a los asiáticos americanos (convocada previamente a la tragedia de Atlanta), el legislador Chip Roy, republicano por Texas, provocó consternación.

Apeló a la justicia del linchamiento –la soga y el árbol, aplicados históricamente a los negros– para defender que Trump hablara del virus chino o kung flu (gripe). “El partido comunista chino, ellos son los malos”, dijo.*

 

Desgraciadamente, la ambigüedad de los mitos norteamericanos, las creencias elaboradas por ellos mismos sobre su propia condición, no logran salvar la distancia con la realidad. Esto es una constante denuncia desde el siglo XIX, donde empezó a surgir el contraste entre lo que se predicaba y lo que se practicaba, con la esclavitud de centro. Supremacismo, destino manifiesto, excepcionalismo, etc. ha servido para torcer en muchas ocasiones el papel de los Estados Unidos y su interpretación externa hasta llegar a un profundo maniqueísmo, una simplificación extrema en la que el "bueno" es unos y los demás los "malos".




La propia dispersión norteamericana hace que estas enormes diferencias se estén ampliando y que estén avanzando ideas salidas de los más oscuros fondos ideológicos, de situaciones retrógradas que van afianzándose como ese impresentable sheriff de Cherokee o tantas otras figuras emergentes en estos tiempos de Trump, donde se perdió la vergüenza de mostrarse en estas dimensiones tanto racistas como machistas.

Recordamos aquí la funcionaria despida por referirse a Michelle Obama como "mona con tacones" o al abogado judío de Nueva York que montó un escándalo porque escucho hablar español a un camarero en el lugar donde comía. Son un par de ejemplos que no quedan invalidados por las múltiples reacciones de rechazo. Y eso es gran parte del problema: una cosa es manifestar repulsa y otra combatirlo, es decir, tener el convencimiento de que eso debe ser erradicado porque es intrínsecamente malo. Pero es ahí donde falla la acción, falla la educación (que puede educar es esos valores negativos con pleno eficacia), falla el sentido colectivo.



Lo conseguido por Donald Trump, elevar los discursos escondidos a primera línea, el racismo y el machismo como formas orgullosas, es demoledor aunque haya salido de la presidencia. Los efectos sobre el Partido Republicano son terribles porque este sentimiento retrógrado lo estamos viendo día a día cuando se exaltan esto sentimientos negativos para conseguir votos o aplausos. Es vergonzoso lo que hacen desde la Fox News, como veíamos hacer un par de días burlándose del Ejército por haber diseñado ropa para las soldados embarazadas. Allí ya vimos cómo se mezclaba el racismo con el machismo, pues ambos son hijos peligrosos de un mismo padre.



No es casual que se ataque a las mujeres asiático norteamericanas o simplemente asiáticas. Pero deben ir preparándose porque hay una oleada de mujeres asiáticas en los Estados Unidos —en todo el mundo— con mucho que decir dentro y fuera. Mujeres como la directora india Deepa Mehta o como la directora china de Nomadland, Chloé Zhao o muchas otras que en todos los campos, del cine a la literatura, pasando por las otras artes y en muchos campos de la ciencia, tienen mucho que decir en un mundo global y local. Nos hablan de la realidad en la que viven y del mundo que comparten y podemos ver que lo que consideramos "normal" no es más que nuestro ajuste impuesto a la vida de los demás. Hay muchas cosas que no tienen ya cabida y se resisten a desaparecer.


La directora Chloé Zhao

Si desde el racismo se odia al otro, el machismo es el complemento deshumanizador que se dirige doblemente hacia las mujeres. Lo que Trump insultaba en Kamala Harris era doble: su trabajo inteligente en su vida, ganada con el esfuerzo de años,  y el hecho de ser mujer. Viniendo de un hijo de rico, cuyo abuelo se dedicó a abrir y gestionar prostíbulos, es comprensible que sea incapaz de entenderlo. Trump ha sacado lo peor de la gente, como hemos señalado en muchas ocasiones. Ha hecho que salgan esos sentimientos estereotipados de frustración y odio y se normalicen descaradamente por parte de aquellos que los aplauden, como es frecuente en sus mítines, lugares donde cargarse de energía combativa contra todo. Trump ha sido la catarsis que ha permitido aflorar lo que no era correcto manifestar, lo que se mantenía en la familia o en los grupos sectarios. La posibilidad de hacerlos aflorar ha creado ese refuerzo colectivo.

El asesino de Cherokee, Georgia, no tenía una crisis religiosa. Es su religión lo que estaba en crisis, su forma enfermiza y manipulada de entenderla que cree que la forma de acabar con la "tentación" es matar a las mujeres por las que se siente culpablemente atraído.



Las palabras dichas por el sheriff son hoy un escándalo que ha saltado a las páginas de todos los medios serios norteamericanos. Es difícil encontrar un ejercicio similar de cinismo, algo que debería preocupar en pleno estallido de críticas contra la forma de ejercer el control policial en muchas ciudades. Si el asesino "tuvo un mal día", son muchos los "malos días" de las fuerzas policiales en algunos lugares. Como bien señalaba Perión en su artículo en La Vanguardia, ni una palabra para las víctimas; solo excusas para el asesino. ¡Pena de chico!

Machismo y racismo se unen en un crimen de odio en donde lo irrelevante es que el "chico" se odiara a sí mismo. Por otro lado, la solidaridad crece. Esos voluntarios que ayudan a las ancianos asiáticos a poder caminar por las calles sin miedo a ser agredidos por energúmenos son una muestra de lado bueno, de la gente con conciencia solidaria.

Hay que evitar que este mal se esparza por el mundo. Hay que hablar de ello sin tapujos porque el silencio casi nunca evita nada. No se puede dejar que crezca disfrazándose de falso patriotismo, de religión o de cualquier otra causa que lo disfrace o exalte. Hay que ser claros.



* Francesc Peirón "La matanza de Atlanta saca a la luz el racismo antiasiático por la pandemia" La Vanguardia 19/03/2021 https://www.lavanguardia.com/internacional/20210319/6602052/atlanta-matanza-racismo-eeuu-pandemia-impacto.html




domingo, 14 de marzo de 2021

El racismo es una bomba de relojería

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Ayer una cadena televisiva nos mostraba la reacción de Donald Trump en un mitin tras conocerse los premios Oscar que habían ido a la película surcoreana "Parásitos". El entonces presidente de los Estados Unidos se dirigía a acólitos lamentando que se le hubiera dado a una película de un país con el que "se tenían problemas comerciales" y reclamaba la vuelta de películas como "Lo que el viento se llevó", hoy considerada como un clásico con problemas de estereotipos racistas. A Trump le gustan, por lo dicho en diversas ocasiones, los "viejos tiempos", expresión con la que ha hecho referencia a situaciones de racismo, una vía que no le desagrada y por la que es muy querido por sus seguidores radicales, que valoran en él su falta de condenas a los "Proud Boys" y otros grupos de corte supremacista blanco. Lo más que se ha llegado a conseguir es que disculpe la violencia racista como respuesta a la "violencia antirracista", equiparando la violencia con las protestas contra ella.

Los cometarios de Trump contra "Parásitos" son una muestra de cómo se ha ido dirigiendo contra el mundo asiático un sentimiento de odio que encubre una enorme frustración ante lo que es una evidencia, su desarrollo tecnológico y comercial. Con su ambigüedad constante ante la Rusia de Putin, al que dice admirar, Trump consiguió trasladar las preocupaciones de las élites económicas frente a la pérdida de poder ante una emergente Asia a la calle, donde esos sentimientos negativos se convierten en odio al sentirse desplazados y superados. Trump consiguió convencer a muchos norteamericanos que el mundo conspiraba contra Estados Unidos y que el problema estaba en Asia, no solo en China.



Aquí hemos tratado en varias ocasiones el problema de la violencia racista anti asiática que se ha desatado en Estados Unidos y cómo ha sido fomentada desde la Casa Blanca en la época de Trump, primero por las cuestiones económicas, centradas en el desarrollo tecnológico —especialmente en la telefonía, con Huawei y el 5G— y reforzadas con las acusaciones por la pandemia del COVID-19, para la que ha estado usando la expresión el "virus chino".

Además de dirigir el odio hacia los hispanos que llegaban por el sur y aplicar aranceles a Europa, Trump pronto dirigió toda su artillería demagógica contra China. Pero a los ojos de un racista, no existen muchas distinciones entre "asiáticos", por lo que cualquiera que presente rasgos orientales es objeto de su odio.



En The Washington Post de hoy podemos leer el titular "An 83-year-old Asian American woman was spit on and punched so hard she blacked out, police say", donde se nos cuenta el incidente:


Authorities in White Plains, N.Y., arrested a man they say spit on and punched an 83-year-old Korean American woman on a busy street in the New York City suburb this week, marking the latest high-profile case in a spate of violence targeting Asian Americans nationwide.

The victim was walking alone near a shopping center Tuesday evening when police say Glenmore Nembhard, 40, attacked her without provocation, striking her so hard that she hit her head on the ground and blacked out. When she regained consciousness, the man was gone, according to police.*



Nos explican que la ley distingue como un agravante el que la personas agredida tiene más de 65 años. Investigan si se trata de un "crimen de odio", algo que solo se podrá saber si el propio atacante lo manifiesta de tal manera, pues se trata de otro agravante. El atacante es un "homeless", nos dice el diario, con varias detenciones previas. Hay una ola, nos explican en el artículo, de ataques a personas mayores de origen asiático, ataques sin otro fundamento, violencia pura contra personas solas en plena calle.

¿Qué se pasó por la mente de ese "sin techo" al atacar a la anciana escupiéndola y golpeándola? El escupir es uno de los más viejos signos de desprecio en casi todas las culturas. No creo que se necesite mucho más para comprender que se trata de un odio redirigido contra las personas asiáticas por el simple hecho de serlo.



Hemos comentado en varias ocasiones cómo los medios norteamericanos parecen (lo están) obsesionados con China. La salida de Trump del poder no solo no lo ha frenado sino que parece intensificarse al no tener ya el protagonismo Donald Trump en esta cuestión. Los artículos se multiplican en los medios en un intento de justificar la decadencia propia e impedir el ascenso ajeno. La presencia constante en los titulares acaba confundiendo lo que son las acciones de los gobiernos —que nos pueden gustar mucho o nada— y las personas que viven bajo ellos. Criticar a China no implica estigmatizar a los chinos, por decirlo claramente. Pero esto, que es evidente, no es lo que percibe la gente de la calle que busca redirigir sus frustraciones y problemas hacia objetivos tangibles en los que descargar su odio. Y eso es lo que están pagando personas sin culpa alguna.

Hace tiempo trajimos aquí el artículo de una mujer coreana que se había hartado de explicar que ella "no era china", hasta que se dio cuenta de la raíz del problema: lo político y económico escondía el racismo. Esto le hizo asumir el hecho de que se trataba de afirmarse en sus derechos antes que hacer que las iras fueran contra otros, dejándola a ella al margen.




Este fin de semana se ha estrenado una magnífica película norteamericana dirigida por un hijo de inmigrantes surcoreanos. Su título es "Minari. Historia de mi familia" (Lee Isaac Chung 2020) y puede dar otro disgusto a Donald Trump. El director y guionista nos lleva a una Arkansas profunda a la que se traslada una familia surcoreana —matrimonio y dos hijos— desde California para tratar de crear un negocio con la tierra produciendo vegetales coreanos que puedan ser comprados por la comunidad de inmigrantes establecidos.

La América que se nos muestra en la película, las relaciones entre la comunidad y los recién llegados, no tiene nada que con el de este envenenado ambiente actual. Inmediatamente comprendemos que ese mundo es otro. Por muy idealizado que pudiera estar a través de la memoria, la situación es muy diferente. La inmigración asiática, especialmente la proveniente de China, tuvo enormes barreras que todavía hoy siguen sin explorarse y salen poco a la luz.



Explosión de denuncias a través de todo tipo de artes sobre el racismo, las manifestaciones públicas, las denuncias constantes ha tenido sobre todo una cara afroamericana. El aumento de ataques a la comunidad asiático norteamericana tienen un fuente más identificable y próxima. Nos dicen en el diario: 

 

A wave of racist violence and harassment has shaken Asian American communities from coast to coast in recent months, prompting some residents to organize neighborhood watch patrols and launch campaigns to urge officials to crack down. 

A report this week by the Center for the Study of Hate and Extremism at California State University at San Bernardino found that anti-Asian hate crimes jumped nearly 150 percent in the country’s largest cities last year, even as overall hate crimes fell 7 percent. In New York City, there were 28 reported hate crimes against Asians last year, up from three in 2019, according to the study. 

Activists say the violence is linked at least in part to anti-Asian sentiment stoked by former president Donald Trump and other leaders who have spread misinformation about the coronavirus. The reported attacks are likely undercounted, activists say, with language and cultural barriers deterring some victims from seeking help from police.*

 

Se menciona en el artículo cómo la Fiscal del Distrito anima a las víctimas y a los testigos a denunciar lo que muchas veces esas barreras de lengua y cultura prefieren dejar silenciadas para evitar males mayores.

La cuestión, una vez más, es cómo se traduce la presencia negativa constante en los medios, deshumanizando al otro, en violencia callejera. No es un problema único de los Estados Unidos, porque muchos medios internacionales siguen las líneas de la derecha norteamericana tratando de aislar Asia para evitar que la crisis económica provocada por el coronavirus, el retroceso tecnológico frente al avance y desarrollo asiático, etc. se siga ahondando.



El mismo capitalismo que llevó a deslocalizar las fábricas y trasladarlas a Asia, aprovechándose de los precios bajos, de las condiciones muchas veces esclavistas de la mano de obra, de las inexistentes barreras de protección medioambiental y de otras circunstancias, etc. quiera ahora frenar el desarrollo asiático por cualquier vía. Quiere, sin embargo, aprovechar sus inmensos mercados para seguir obteniendo beneficios. Es una economía de "poli bueno y poli malo". El "poli bueno" te sonríe para venderte; el "poli malo" te ataca porque produces de forma competitiva.

Joe Biden, creo que ya está medianamente claro, sigue las líneas del "cerco" a China, especialmente. El cinturón de conflictos que se le abren a China en sus fronteras busca crear una especie de alianza asiática contra China en lugar de la alianza asiática que China buscaba estableciendo políticas de cooperación y buena vecindad. Esta cuestión ya la hemos tratado aquí desde hace tiempo. Biden no quiere asumir las acusaciones de "debilidad" que le lanzan desde distintos frentes ideológicamente variados.



Aquí se combinan los elementos "racistas" y "aislacionistas" del populismo que Trump concentró con los intereses del gran capital y la industria que ve que China les ha estado adelantando en sectores punteros para su desarrollo económico y estratégico, como son las telecomunicaciones o la investigación en Inteligencia Artificial. Cada logro chino es una bofetada en el rostro tecno nacionalista de los Estados Unidos que lo ven como una peligrosa agresión.

De todo esto se sigue una campaña mediática en donde se marca a China como un enemigo y cuyo inevitable efecto es su conversión popular en violencia racista. Como bien supo hacer Trump, se trata de que el "sin techo" responsabilice al asiático como el culpable de su pérdida de empleo, de casa y de cualquier otra circunstancia negativa de su vida. Es el enemigo perfecto, el responsable sobre el que descargar tu ira una vez que te han explicado que tu desgraciada situación no es culpa de los que te explotan sino de aquellos que trabajan al otro lado del mundo. Los chinos, surcoreanos, vietnamitas... te quitan tu puesto de trabajo, se hacen ricos a tu costa y encima se llevan el Oscar.

Lo más sorprendente es cómo la prensa norteamericana está reproduciendo esta política del "poli bueno, poli malo". En un entorno de artículos anti China aparecen esas denuncias del aumento de los ataques. Que tu mano derecha no sepa qué hace tu mano izquierda.



Preocupante es que la paranoia anti asiática norteamericana se esté fomentando por parte de determinados intereses entre nosotros. Trump ha creado escuela y algunos medios juegan al trumpismo nacional como forma de fomentar la explicación sencilla para todos. Mientras algunos buscan cómo invertir o exportar hacia China creando lazos, otros juegan a lo contrario. Y eso se paga por la retórica que se ha puesto en marcha especialmente por la cuestión del coronavirus, "el maldito virus chino" que Ortega Smith pilló y esparció un mal día en un mitin de su formación y a los que había de vencer con sus recios "anticuerpos españoles". Toda esta retórica se paga con creces.

A principios de febrero, la prensa española daba cuenta del incendio intencionado de un bazar chino en Madrid. Un niño de 12 años y dos adolescentes de 16 iniciaron el incendio provocando el fuego en la zona donde se encontraban los objetos más inflamables. Dentro estaba trabajando el matrimonio propietario. La esposa pudo salir por la puerta, pero el marido se vio atrapado y consiguió salir por la puerta de emergencia trasera. Podía haber sido una tragedia, pero se quedó en signo de lo que puede ocurrir.

El diario El Mundo recogía el 3 de febrero las palabras de Mar Barberán, la concejala de "Más Madrid":

 

"Cuando unos jóvenes cometen un delito de esta gravedad tenemos que preguntarnos qué puede llevar a unos chicos a hacer algo así. Pensamos que todos tenemos que ser cautos con los mensajes que trasladamos y más cuando hay personas y fuerzas políticas que lanzan mensajes de odio que tienen influencia y pueden tener consecuencias graves", remarcó Barberán.

La edil agradeció la actitud del vecindario, "que acudió a la zona para ayudar a la familia en todo lo posible" mientras que el grupo municipal expresó su "apoyo y solidaridad con la familia afectada y con el resto de vecinas y vecinos del distrito", al tiempo que ha "condenado rotundamente este tipo de actos, que pretenden erosionar la convivencia en la ciudad".**

 


Las televisiones habían mostrado una imagen que confirmaba estas palabras finales. La calle se llenó de vecinos que aplaudían a la familia agredida. La idea de que hay que "cuidar" los mensajes hace referencia, pienso, a lo mismo que estamos advirtiendo fuera y que es peligroso repetir.

Hay muchos intereses, pero por muy poderosos que sean no deben pagarlos una anciana surcoreana, escupida y dejada inconsciente en la calle, o una familia de entregados trabajadores a su negocio.

La retórica incendiaria no es solo de Trump. El universo mediático en el que vivimos es una burbuja envolvente en la que se suceden las llamadas al odio, a un mundo simplificado y maniqueo que es cada vez más inhumano y deshumanizante. Por encima de todo, el mal comienza con un empujón a ancianos, por un escupitajo, con un niño de 12 años que comienza su vida con el rito iniciático de prender fuego a unas personas.  

Cuidado con los mensajes que lanzamos porque son bombas de relojería. Es fácil hacer titulares llamativos, escribir artículos insultantes llenos de ingenio o discursos patrióticos llamando al odio. Lo difícil es pararlos después, frenarlos en su fuerza destructiva. El racismo es una forma de odio, pero también es de corrupción del propio sistema en donde se produce, una perversión profunda que distorsiona nuestra mente. Es una enfermedad cuya propia euforia oculta la gravedad del mal hasta que es demasiado tarde.


 

 


* Derek Hawkins "An 83-year-old Asian American woman was spit on and punched so hard she blacked out, police say" The Washington Post 13/03/2021 https://www.washingtonpost.com/nation/2021/03/13/asian-american-attack-white-plains/

** Luis F. Durán "Identificado un menor de 12 años por quemar un bazar chino en Madrid junto a otros dos amigos de 16 años" El Mundo 2/02/2021 https://www.elmundo.es/madrid/2021/02/03/601a9ac421efa02e458b45b5.html