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viernes, 15 de agosto de 2025

Ovejas, burros y políticos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Conforme avanzan los incendios, los micrófonos se acercar a los desplazados, aquellos que han tenido que abandonarlo todo para poder estar a distancia del fuego. Los incendios se multiplican por toda España, imparables.

La respuesta política deja en evidencia la incapacidad de hacer frente a lo que está ocurriendo y las respuestas sobre las causas salen del margen, de técnicos y ciudadanos que nos hablan del abandono en que se encuentra la España vaciada, la España olvidada.

Los recursos van allí donde hay votos, con poca fortuna para pueblo que ya carecen de casi todo. Es la primera ley electoralista: invierte donde hay votos, Y en España se hace este tipo de política con todo descaro. Carentes de casi todo, de sanidad a educación, de bancos a farmacias, no iban a tener mucho interés en unos pocos votos. La España vacía es también la España olvidada, dejada a su suerte.

Y entonces llegó el cambio climático.

Hay diversas formas de negacionismo y una de ellas es el olvido. Los políticos son urbanitas, desconocen el campo, no han vivido en él, no tienen recuerdos más allá del ladrillo. Los debates sobre quién tiene las responsabilidades se suman a otros debates improductivos pero reveladores del tipo de política posible.

Incapaces de invertir en algo que cuyo éxito es que no se produzca, como son los incendios, han sido incapaces de prever lo que suponía "olvidar la España olvidada". Negacionistas activos o pasivos, prefieren que el buen tiempo atraiga al turismo y no han sabido (o querido) prever las consecuencias del cambio.

La dana fue el primer aviso impactante; este es el segundo. Negarse a verlo solo es agravar las consecuencias. España vive del (buen) tiempo y el tiempo ha cambiado.

A las lluvias constantes del invierno y la primavera, nos dicen, sigue la sobreabundancia de vegetación seca en verano, la que nadie limpia de campos y montes dejados a su suerte. Campos abandonados en los que la maleza crece sin control. Lo que los animales se comían cuando los sacaban a pastar hoy sigue creciendo.

Nos vienen diciendo desde hace años que donde hay burros no hay incendios. Son los que se comen el pasto y evitan que se acumule y seque. Basta con llevarlos a las zonas de alrededores para que la limpien reduciendo el peligro de incendio y haciéndolos más controlables en su caso. El método no es caro y es ecológico. Otro tanto se dice de los rebaños de ovejas, un método igualmente eficaz contra los incendios. ¿Pero quién se queda con burros y ovejas en la España vacía y olvidada? Quizá, ante los destrozos, alguien se dé cuenta del valor del sector.

Todo apunta, día tras día, a lo mismo: las olas de calor aumentan y son más duraderas, por lo que este panorama se va a seguir repitiendo mientras no se actúe sobre el problema. Como alguien dijo, los incendios se previenen en invierno. Es una gran verdad que nuestros responsables no acaban de asimilar. Acostumbrados a hacerse la foto, burros y ovejas no parecen los más favorecedores. Es  preferible —como veíamos hace unos días aquí— construir un toro de 300 metros de altura en Alcorcón para atraer turistas que tener toros reales manteniendo limpios los pastos que el fuego se comerá por rayo, chispa o descuido.

Hace falta cambiar la mentalidad y si no se hace desde la clase política, tendrá que salir de la ciudadanía, que acabará organizándose alrededor de la prevención. Esto no se puede repetir porque España en su totalidad no puede permitírselo.

La obsesión turística por las llegadas masivas está causando protestas por sus efectos. Pero los incendios son también causados por ese desvío efectista de la presión del turismo, que son elementos de distorsión. Más preocupados por organizar fiestas y celebraciones en verano, los responsables políticos no se enfrentan a lo obvio, el fuego deshace cualquier perspectiva turística. Las tierras calcinadas no son un atractivo; los fuegos se perciben como amenaza. La España quemada, con temperaturas tórridas e incendios, y arrasada por las danas en los barrancos taponados por colonias de chalets, no es un reclamo turístico.

Si los políticos que no han sabido (o querido, insistimos) ver el problema, han silenciado a los expertos, que contratan bomberos solo por unos meses en los servicios anti incendios, etc. no sirven, habrá que cambiarlos por otros y exigirles la prioridad de actuaciones claras frente al problema del cambio climático y el futuro de España, país especialmente expuesto por su suma de elecciones poco pensadas.

La gente exige propuestas y soluciones, anticipación y estudio del problema. Exige gente preparada, más allá de la falsificación de títulos universitarios. Gente que resuelva problemas y no que viva de lanzárselos unos a otros o de hacer chistes más o menos ingeniosos sobre las tragedias.

Burros, ovejas, toros forman parte de soluciones tradicionales, pero funcionan. Ya lo hagan bestias o seres humanos, lo cierto es que la España vaciada es un peligro constante si no se cuida, si no se la percibe como necesitada de cuidados e inversiones todo el año.

Los diversos desastres producidos exigen otro tipo de personas y de ofertas. La gente lo va viendo más claro con cada nuevo problema que se acumula. El cambio climático está en el origen y las sequías, los incendios, las lluvias torrenciales, etc. han llegado para quedarse; no son algo pasajero, sino una situación que nos va a acompañar nos guste o no.

La meteorología ha pasado del final de los telediarios a su comienzo en titulares.

miércoles, 25 de agosto de 2021

Los peces no votan o el drama del Mar Menor

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Si no teníamos bastante con los desencuentros creados a raíz de la pandemia, las administraciones autonómicas y centrales se disponen a darnos un nuevo espectáculo de ineficacia y reproches. Me refiero al desastre producido en el Mar Menor, desastre anunciado y del que nadie se quiere hacer responsable con los argumentos fijos que los contendientes exhiben: unos mandan la pelota hacia arriba, desde donde la devuelven inmediatamente.

Las dos líneas argumentales son siempre las mismas: el gobierno autonómico exige lo que no le van a dar, competencias, mientras que el gobierno central responde siempre que las Autonomías tienen competencias suficientes. Es lo que se ha hecho con el COVID-19 y es lo que se va a hacer con el Mar Menor. El gobierno autonómico dice no tener competencias para solucionarlo, mientras que desde el gobierno central dicen que sí.

Los políticos responsables son los que asumen responsabilidades por las decisiones que deben tomar y aquí nadie quiere tomar decisiones porque se trata de un claro conflicto de intereses en el interior de la Región de Murcia, por un lado, y un problema de desgaste por parte del gobierno central que no tiene ganas de tomar decisiones que posteriormente serán utilizados contra ellos.

Aquí no se evalúa lo necesario sino lo rentable. Hemos desarrollado una clase política multicolor que se identifican por ese constante cómputo de los efectos. Nada se hace sin que los asesores evalúen los resultados en términos de opinión pública, es decir, de posibles efectos lectorales. No hay otra. Incluso entre los socios de gobierno, las desavenencias vienen de esa necesidad de rentabilizar las opciones de hacer o no hacer y mostrar hacia el exterior las discrepancias. Esto no se produce ya al final de las legislaturas, donde cada uno se enfrentará a su destino en las urnas, sino que se produce desde el primer momento.


Nos enfrentamos a unas situaciones muy graves que requieren decisión y honestidad. Por "decisión" entiendo la claridad en la evaluación de las situaciones y en la respuesta con soluciones; por "honestidad", el pensar por encima del partidismo haciéndolo por el bien público, por todos los españoles.

Las informaciones que nos dan sobre lo ocurrido en el Mar Menor evidencian que no ha habido ni "decisión" ni "honestidad". La inoperancia, por ejemplo, ante casos como el abuso del precio de la energía eléctrica, un auténtico atraco a la ciudadanía en momentos críticos que se está trasladando ya a todos los sectores, de la producción transporte a la cesta de la compra o los servicios de los consumidores y usuarios. Es vergonzoso que no se tomen medida y que se usen las mismas excusas, ya endémicas en nuestros políticos: la culpa de lo malo la tienen los otros; lo bueno es resultado de mi acción. Esto ya es insostenible porque se repite en cada ocasión, cuando se tienen que enfrentar a las fuerzas económicas y empresariales que sobrevuelan la vida española, como ocurre en el caso del Mar Menor.

La fuerza de la agricultura en Murcia es enorme. Los resultados nos lo dejan bien claro: la derogación en 2001 de la Ley del Mar Menor, que ha estado fuera hasta 2020, según recogen los medios.



La Región de Murcia es un espacio de enorme riqueza a la que su propia codicia está destruyendo. La agricultura, las fábricas conserveras, el turismo, entre otras, son fuerzas poderosas que se concentran en un espacio muy concentrado y específico, pero que finalmente acaba en las costas, entre ellas, en el Mar Menor. Los desastres urbanísticos, la sobre explotación agrícola, la extracción indebida de agua, etc. se deben a fuerzas muy poderosas y a las que es difícil llevar hacia el interés común. Agricultores, conserveros y zonas turísticas son una combinación explosiva si no se sabe armonizar y, sobre todo, asumir que producen un desgaste medio ambiental enorme. Si otras regiones más grandes han sabido repartir, mejor o peor, en Murcia se concentran. Basta pasar los terrenos de las urbanizaciones apiñadas cerca del mar y que se han ido introduciendo en el interior, para encontrarse con las zonas de cultivo explotadas al máximo y sin demasiado control sobre el medio ambiente.

Como en otros casos, esto estaba advertido, anunciado desde hace tiempo, pero ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién llama la atención o sanciona, quién cierra instalaciones en una Comunidad en la que todos se conocen, quién frena a determinados municipios poderosos en lo político y en lo económico, cuyos representantes están en las formaciones políticas precisamente para frenar cualquier intento de recorte que se les pueda hacer.

En un magnífico reportaje de RTVE.es poniendo en antecedentes de los orígenes de este problema que hoy vuelve a estallar, se nos señala:

 

La primera de las medidas que tomó el gobierno murciano al conocerse el nuevo episodio de ecocidio en el Mar Menor fue pasar la "patata caliente" de la responsabilidad al Ejecutivo central anunciando una denuncia contra la Ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera. El Estado reaccionó acusando igualmente al gobierno regional de eximir sus responsabilidades. Según declaró Ribera a RNE el pasado fin de semana, el Partido Popular murciano "evita atacar el problema" y "la competencia es del gobierno regional".

Los peces muertos continúan apareciendo en las playas de La Manga del Mar Menor

La semana pasada y tras un Consejo de Gobierno extraordinario, el presidente murciano, Fernando López Miras (PP), exigió al Gobierno central más competencias para dar una solución a la situación del Mar menor. El presidente aseguró que necesita controlar la cuenca hidrográfica y la demarcación de costas para ampliar la entrada de agua del mediterráneo al mar menor y así afrontar la crisis medioambiental que ahoga a la albufera. Asismismo, anunció que prohibirá por decreto ley los vertidos al Mar Menor por la rambla cartagenera del Albujón.

"Queremos poder contar con la competencia para actuar en el acuífero de una vez por todas y desarrollar las actuaciones pertinentes de forma urgente", denunció López Miras en unas declaraciones recogidas por RNE. Recuperar el calado de la gola de Marchamalo para intercambiar agua de la cubeta norte a la sur para oxigenar esta última es, según los expertos del comité de asesoramiento científico de López Miras, una medida esta "más que necesaria". Tal es así que el Gobierno murciano ha amenazado con recurrir a los tribunales si el central no se lo permite.*

 


Todo esto no es más que marear perdices. Saben de sobra dónde están los problemas. Lo que necesitan son excusas precisamente para justificar no haber intervenido. Cuando se interviene es porque una causa de fuerza mayor te "obliga" a hacerlo y así tener una justificación ante algo que encubre una serie de prácticas constantes durante décadas, como denuncian medios y ciudadanos, que se encuentran indignados ante lo que deben padecer y nadie soluciona.

El problema, lo dicen todos, es la agricultura, el sector central en la Región, y sus malas prácticas para sacarle provecho. Pero, de nuevo, ¿quién se atreve a entrar contra los empresarios que están sacando agua de forma incorrecta y donde no deben; quién contra los que abonan con sustancias que no deberían y que acaban en las costas; quién contra las desalinizadoras?



Se acercan malos tiempos. El cambio climático va a hacer escasa el agua y se van a producir elevaciones de las temperaturas del agua. El problema del Mar Menor repercute en el turismo de la zona y en todo el sector involucrado. El reparto de las tierras entre cultivo y urbanizaciones, entre agricultura y turismo, se está convirtiendo en un conflicto que irá a más conforme las circunstancias se hagan más complicadas. Los testimonios de las personas que veranean en el Mar Menor son dolorosos. Dicen no haber visto algo igual a lo que están viendo este año. Esta circunstancia, no ver nada igual, se está convirtiendo con demasiada frecuencia en el estribillo escuchado en muchas otras canciones. Entramos en el mundo de los desastres que se superan cada día.



Ante esto, hay que cambiar inmediatamente la práctica política, porque nos están dejando sin espacio posible para tomar decisiones, es decir, lo que nos llega es ya lo ineludible. Pero entre el egoísmo, la codicia y la inoperancia, tanto de políticos como de responsables de las actividades económicas, cada vez nos queda un margen más estrecho para soluciones que realmente lo sean. Vemos montes arrasados y casas quemadas, aguas contaminadas, récords de calor, enormes sequías e inundaciones...

Si no cuidamos lo que tenemos, por encima de nuestros intereses, pronto no tendremos nada. Hay que exigir a los políticos que piensen más en nosotros y el futuro, que en ellos y su presente.

Desgraciadamente, los peces no votan y los turistas que vienen de fuera tampoco.

 


* "¿Qué está pasando en el Mar Menor? Claves para entender el desastre medioambiental" RTVE.es 24/08/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210824/esta-pasando-mar-menor/2163403.shtml