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viernes, 30 de enero de 2026

Todas las batallas necesitan un himno

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Si ayer hablábamos de la manipulación y de los silencios que ocultan, de la forma en que se intentaban romper, las noticias nos ofrecen de nuevo ejemplos con los que romper los intentos de ocultación.

El primero de ellos nos llega desde los Estados Unidos y de lo ocurrido con la inmigración junto a las muertes de dos ciudadanos estadounidenses en Mineápolis, sucesos que han despertado la contestación por todo el país. La situación ya tiene letra y música en la voz de Bruce Springsteen, el "Boss":

El cantante Bruce Springsteen ha lanzado la canción "Streets of Minneapolis" en protesta por la violencia de agentes federales de inmigración en la ciudad, que durante este mes de enero ha provocado la muerte de dos ciudadanos estadounidenses Alex Pretti y Renee Good.

Springsteen ha explicado en redes sociales que escribió la canción el sábado, la grabó el martes y la lanzó el miércoles como respuesta al "terror estatal" que se vive en Mineápolis.

La obra está dedicada a los vecinos inmigrantes de la ciudad, así como a la memoria de Pretti y Good, mientras la ciudad persiste bajo tensión por los operativos de agentes migratorios y las exigencias de justicia por las muertes.

En el tema, la voz rasposa de Springsteen transmite indignación mientras critica al "rey Trump" y a sus "matones federales", relatando los hechos que condujeron a la muerte de Good y Pretti y cuestionando la versión oficial de los agentes.*


El hecho desborda lo que se llamó hace tiempo "canción protesta", que iba más en la línea de conflicto generacional y se concretaba en hacia actos como la guerra de Vietnam por parte de cantantes y grupos musicales. Aquí la protesta tiene un sentido nítido, muy claro en sus objetivos y señalamientos: la presencia en la calle de ese cuerpo policial federal encapuchado que asesina alevosamente.

Canciones como la de Springsteen tienen la función de unificación de las voces para tratar de vencer al gran enemigo tras el silencio. Hoy más que nunca las guerras de la opinión son decisivas por su alcance al disponer de esas redes, esas "autopistas" de la información, capaces de inundar el espacio comunicativo.

Nos hablaban también ayer de artistas que apoyaban a Trump y sus políticas, pero mucho me temo que han hundido sus propias carreras con las pérdidas de audiencias. No sé si Trump las invitará a fotografiarse con él en la Casa Blanca, pero no tienen comparación con lo que representa el "boss".

Todas las batallas necesitan un himno y en esta es Springsteen quien lo ha compuesto y nos propone cantarlo, hacerlo nuestro.

En las múltiples situaciones de conflicto, la presencia de los cantantes es decisiva. Los actores se han sumado a las protestas, pero no nos invitan a cantar juntos, a sentir las emociones. El canto es un compromiso, un sentimiento compartido, una sensación de fuerza y unidad.

En España, los medios han celebrado la presencia de Rosalía en un concierto por Palestina. Su presencia atrae la atención, pero Rosalía no ha creado un himno, como Springsteen. Ha sumado su presencia a otro fin loable, pero que cesará con el cierre del concierto.

En 20minutos se nos dan algunas claves de lo que ha ocurrido. Tras hablarnos del éxito de su presencia y de que ella consideraba un honor estar allí, el medio nos recuerda:

Hace unos meses, la artista fue duramente criticada por no pronunciarse públicamente sobre la guerra en Gaza. Precisamente, el diseñador Miguel Adrover, rechazó vestirla porque no se había posicionado en el conflicto entre Israel y Palestina. 

Esta situación le dolió mucho, tal y como reveló en una entrevista a El País Semanal: "Respeto mucho el activismo, el real. Pero si un artista está haciendo un disco no puede estar también haciendo un activismo con sentido y, entonces, soltar un story en redes no sé hasta qué punto es frivolizar [...] Me siento mucho más cómoda cuando tengo una conversación de tú a tú con una persona y hablo largo y tendido de algo que cuando hago un story", alegó. **


 

Nadie tiene la obligación obviamente de ese "activismo", pero sí se valoran ciertos actos en determinados momentos. No vamos a interpretar el sentido de lo ocurrido o del cambio, sí valoramos en cambio su presencia activa, más que activista, en ese concierto, su aparición por sorpresa y el aplauso del público.

Lo que vive Estados Unidos es una doble guerra institucional y callejera que exige una toma clara de postura pues las acciones se sustentan en lo ocurrido en las urnas justificando lo que ocurre después, las acciones emprendidas desde arriba. Puede que algunos ya se arrepientan de lo que sus votos han conseguido. Otros estarán muy satisfechos y piden más.

Es triste que las decisiones políticas se basen cada vez más en los movimientos de rechazo o apoyo en las redes sociales, tomadas como reflejo del país. Parece que la presidencia está preocupada por las reacciones populares ante la brutalidad criminal del ICE, que se vuelve incontrolable tras sus máscaras y las versiones oficiales delirantes que les respaldan.

Esto es en gran medida por la incapacidad de controlar las reacciones, ya sean del tipo del himno de Bruce Springsteen o esos conciertos pro Palestina que se producen en diversas partes del mundo o al cómic solidario del que hablábamos ayer para recaudar fondos y tratar de paliar hambre y enfermedades causas por la represión genocida.

A lo que estamos asistiendo y que llaman "nuevo orden mundial" se compone de fuerza bruta y control de las comunicaciones. Esta segunda batalla la están perdiendo claramente, lo que les hace enfrentarse a cómo gestionan la primera, la del uso de la fuerza. 

Como veíamos ayer, tratan de encontrar huecos y tapaderas, silencios que encubran sus acciones. Por eso hay que aumentar la visibilidad de las protestas, como bien saben los habitantes de Mineápolis. Los palestinos no pueden manifestarse, pero para eso está el resto del mundo, para evitar que la brutalidad se camufle o se haga invisible.

Canciones y conciertos, cómics, películas, documentales, camisetas... todo es bueno para hacer que no se olvide. Es la única forma de frenar esta brutalidad.  Springsteen nos ha dado una forma de defensa componiendo y cantando, permitiendo unir voces por todo el mundo.

 

* "Bruce Springsteen lanza una canción contra los agentes de inmigración del ICE por las muertes en Mineápolis" RTVE.es/Agencias 29/01/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260129/bruce-springsteen-lanza-cancion-contra-muertes-mineapolis-por-agentes-inmigracion/16914627.shtml

** "Rosalía actúa por sorpresa en el concierto por Palestina en Barcelona: "Es un honor subirse a este escenario"" 20minutos/Agencias 29/01/2026 https://www.20minutos.es/musica/rosalia-actua-por-sorpresa-concierto-por-palestina-barcelona-es-un-honor-subirse-este-escenario_6927674_0.html?autoplay

viernes, 4 de octubre de 2024

La música que no cesa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El miércoles pasado vimos en nuestro cinefórum una película muy especial, "La música nunca dejó de sonar" (Jim Kohlberg 2011), con el destino incierto de las diferentes formas en que se traduce al castellano el título original en inglés, "The music never stopped". La película puede ser rastreada en español como "La música nunca dejó de sonar", "La música nunca se detuvo" o "La música nunca paró", algo que no suele ocurrir, pero que demuestra una situación extraña del filme, como el hecho de que fuera el debut de su director y su último filme, productor de películas como "Trumbo" (2007) y director teatral de una versión del "Todos eran mis hijos", de Arthur Miller, autor de una novela, "The Golden Gate is red". Lo último suyo que rastreo es de hace poco más de un mes, un artículo de Fortune con el explícito título "I’m committing $30 million to reforming the Supreme Court. It’s a small price to pay to protect our democracy". Un personaje curioso, como puede apreciarse.

La película se basa en una obra del afamado psicólogo y escritor, autor de grandes bestseller, Oliver Sacks. El filme recoge el capítulo llamado El último hippie, incluido en la obra "Un antropólogo en Marte", en el que estudia diversos casos de patologías.

Vimos la película y nos emocionamos todos.

Nos cuenta la historia de una familia en la que el padre modela el gusto musical del hijo con sus canciones y cantantes favoritos. El hijo crece y vive la rebeldía de los 60 a través de la música, que no gusta nada a su padre. La guerra de Vietnam acaba por distanciarlos y se produce la ruptura. El hijo se va de casa. Pasados 20 años les llaman para decirle que, a raíz de un tumor cerebral, su hijo esta postrado en una cama y ha perdido gran parte de sus recuerdos. Un día descubren que el hijo reacciona ante la música, que conecta con sus recuerdos y le devuelve a la actividad. Cuando la música cesa, el hijo se desconecta de la realidad. No es capaz, además, de generar recuerdos. Lo que vive se borra.

El papel de la música pasa a ser fundamental para llegar al hijo y el padre debe acercarse a lo que antes rechazaba, la música de su hijo, lo que se significa en el grupo Grateful Dead. La música que el padre despreciaba como una forma de pensar y vivir opuesta a la suya es ahora la vía que debe recorrer para entrar en la vida de su hijo. Un momento clave es cuando el padre coge todos sus viejos discos y va a venderlos para comprar los que le gustan a su hijo y así compartir con él las emociones.

La película tiene tres centros perfectamente equilibrados: el psicológico (el funcionamiento del cerebro en cuanto a la memoria y su construcción), el de las relaciones familiares y sus transformaciones y, finalmente, el de la música y lo que significa para nosotros individual y culturalmente.

Encendimos la luz al finalizar la película. Todos confesamos nuestras emociones por lo que habíamos visto.

—Tienes los ojos rojos —me dijeron después.

—He llorado —respondí—. Esa música del hijo fue también mi música. El personaje del hijo solo tenía cinco años más que yo.

Recordé mi adolescencia y cómo trasladaba una maleta de discos cada verano para las vacaciones.

— ¡Esa maleta vas a llevar! —me decía mi madre cuando cargábamos el 600 para salir camino de la playa a pasar el verano.

Yo defendía aquellos cien discos con mi vida; eran mis armas de supervivencia musical veraniega y herramientas para las fiestas de cumpleaños de los amigos. Yo ponía mi música, que era como mi otro yo en forma de vinilo.

Recordé cómo ponía a los Grateful Dead en el programa musical que tuve durante dos veranos en Radio Juventud de Murcia, algo insólito, pero que a mí me parecía normal porque era mí música.

Jim Kohlberg y Lou Taylor Pucci, el actor que interpreta al hijo

Todo aquello salía de los recuerdos que la música despertaba y de los personajes que la encarnaban dejando claro que, a diferencia de otras artes, la música juega un papel emocional muy diferente. La música tiene un intenso factor sentimental que hace que nos acompañe a lo largo de la vida. Se pega a los momentos intensos de nuestra vida. En un momento dado se cierra y dejamos de identificarnos con lo nuevo. Puede gustarnos más o menos, pero ya no somos nosotros.

Para la generación representada en la película, la música lo envolvía todo, lo personal y lo social. Era la forma de expresión que la distanciaba de la generación anterior. Cuando vemos al hijo compartiendo la música del padre, escuchando a Bing Crosby, sabemos que eso ya no es posible hacerlo con el pelo largo y la guitarra eléctrica que se convierten en sus señas de identidad. Comprendemos que son ya seres distintos de mundos distintos, con valores y recuerdos diferentes.

Bob Dylan, los Grateful Dead, The Beatles, The Rolling Stones, Crosby, Stills, Nash & Young... todas las canciones que suenan la película son algo más que música. Son ladrillos en la construcción de un yo distinto. No sé si las generaciones posteriores le han dado ese valor a la música. Creo que la MTV lo cambio todo y fortaleció una industria encargada de vender diversas cosas, modas, imágenes y sonidos. Pero la música que nos muestran en la película tenía una función diferente, esencialmente la construcción de un ente llamado "juventud" que significada sobre todo diferencia del mundo anterior, rebeldía, algo que se simboliza por la oposición a la guerra de Vietnam, frente al heroísmo orgullo de las victorias militares que el padre tenía. Es la quema de una bandera norteamericana en un concierto del hijo lo que separa definitivamente a ambos.

The Grateful Dead

La concesión del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan fue una distinción a ese tiempo y a su figura de trovador de una generación. Había grupos que incluían una versión de alguna canción de Dylan en cada disco que sacaban. Era una forma de hacer suyas palabras, música y sentir.

Quizá todos tenemos esas piezas musicales que constituyen nuestro ser emocional e histórico. Son las canciones que hemos escuchado y nos conmueven al traernos momentos distantes que han quedado fijados en unas notas, en unas líneas de una canción.

Me da la impresión que el director de la película descubrió el texto de Sacks y se identificó con todo esto. Quizá se sentía también ese "ultimo hippie" y quiso traer de nuevo sus recuerdos en forma de música y compartirlos. 

Todos nos emocionamos, aunque por causas distintas. Quizá no era su música, pero sí las emociones alrededor de la familia. 

lunes, 1 de noviembre de 2021

Bodas de muerte o cómo entienden los talibanes la persuasión

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La noticia de los talibanes irrumpiendo en una boda y matando a dos personas abriendo fuego porque se estaba escuchando música es un claro signo de lo que caracteriza a este grupo que ahora se encuentra controlando la vida de millones de personas.

Las informaciones que salgan de Afganistán serán un goteo en el que saldrá lo que nosotros veamos como "excepcional", es decir, como noticia, mientras que el silencio dejará oculto el resto de esa vida miserable bendecida por los fanáticos religiosos que imponen su visión del mundo retrógrada y agresiva. Para ellos, las leyes de Dios son leyes de guerra; su "justicia" es la de la ley marcial, su aplicación sumarísima.

La noticia aparece diversos medios españoles e internacionales. Así nos la cuentan en Antena3:

Al menos dos personas murieron y nueve resultaron heridas en el este de Afganistán. Ocurre después de que los talibanes abriesen fuego contra los invitados de una boda por reproducir música.

El suceso tuvo lugar en el distrito de Surkhrod, en la provincia de Nangarhar. Los testigos cuentan que llegaron a la boda sobre las 22:30 horas de la noche. Los hombres apagaron el reproductor de música, pero los talibanes abrieron fuego contra los invitados de forma indiscriminada.

Mataron a dos personas e hirieron a otras seis. Después, los habitantes de la zona intentaron evacuar a los heridos en un coche hasta un hospital cercano.

Sin embargo, tras pasar un control de los talibanes, un grupo diferente de combatientes abrieron fuego y tres personas más resultaron heridas.*

 


Bajo el imperio de los talibanes la vida no es vida, es preparación para la muerte, algo que puede ocurrir en cualquier momento dado lo poco que vale. Esta vida no es más que un periodo de tránsito en el que hay que cumplir a rajatabla la interpretación de los mandatos divinos, algo de lo que se encargan espíritus piadosos como los talibanes.

El terrorista suicida, el que se ata bombas al cuerpo y se hace explotar en mitad de un mercado, se percibe a sí mismo como un ejemplo de amor a Dios. Lo mismo el que abre fuego contra los invitados de una boda por bailar o hacer cualquier otra cosa que les parezca reprobable.

La enorme hipocresía que esta forma de vigilancia conlleva se duplica ahora que saben que otros países les están vigilando. Su incapacidad genética para producir una vida que no sea mera supervivencia, obsesionados con el rigor de la observancia de las prácticas obligadas y la eliminación de las prohibidas hacen que aparentemente no les importe nada más.


El pueblo afgano —una parte de él— se tiene que "adaptar" a la nueva observancia, sin matices, de la ley. La alternativa no es otra que la muerte. No hay nada más que la Ley; nada hay fuera de ella y de la interpretación rigurosa. Cuanta mayor severidad, más amor se demuestra.

La CNN recoge el acontecimiento junto a las palabras, subiendo a tres los muertos, "templadas" de sus portavoces: 

The Taliban spokesman added that it was not permissible to kill anyone for playing music, and an investigation was underway to establish whether the incident was due to a personal feud.

"In the ranks of the Islamic Emirate no one has the right to turn anyone away from music or anything, only to try to persuade them. That is the main way," Mujahid told the press conference, according to AFP.

Mujahid later reiterated in a series of Twitter posts that the suspects had claimed to be Taliban members, and had asked for the music to be stopped before firing before opening fire -- but did not verify whether or not they were. He said two people connected to the incident had been arrested, but a third had escaped.

Although they disapprove of playing music at weddings and other public events, the Taliban has not issued a decree banning it since coming to power in August.

However, in late August folk singer Fawad Andarabi was dragged from his home and killed by the Taliban, while musicians in the country told CNN's Clarissa Ward they had been told not to play their instruments.**

 


No sorprende el uso en este contexto del término "persuadir", un auténtico ejemplo de arquitectura semántica. Podríamos poner muchos ejemplos de este tipo de "persuasión" preconizada por los teóricos y ejecutada literal y brutalmente por los que se pasean por las calles con las armas en la mano "persuadiendo" de la necesidad de hacer caso a sus indicaciones con disparos, golpes o azotes. No puedes criar perros guardianes y pretender que se comporten como delicados caniches. Adiestrados en la intransigencia dogmática, el gobierno de los talibanes tiene un serio problema de control a pie de calle, por lo que es probable que este tipo de incidentes se reproduzcan con frecuencia.

Acostumbrados a conseguir lo que quieren recurriendo a cualquier arma, incluida la hipocresía, los discursos de lamentación y de "persuasión" como método de control suenan ridículos. Dirán lo que haga falta cuando les sea necesario. Sin embargo lo que hacen es lo que siempre han hecho, el uso de la fuerza. La violencia es la forma de alcanzar los objetivos, que no son cuestionables, por lo que perder el tiempo es absurdo para ellos.


El drama afgano sigue su curso. No se trata solo de que mueran personas por asistir a una boda y escuchen música. Es su vida al completo la que se ha visto modificada, alterada por las normas talibanes. La apariencia "afable" actual es solo una estrategia para no perder algo que necesitan con urgencia, la ayuda internacional para evitar que el descontento vaya a más. Pero las huidas masivas son indicadores de lo que supone estar bajo su control. El drama de vivir bajo sus mandatos es inimaginable para cualquiera desde el exterior.

Ellos odian la música, algo que lleva la alegría a la vida de muchas personas. Comparten su odio con el Estado Islámico, la competencia rigorista, que también tiene muertes en su haber de personas que escuchaban la radio o cantaban en su trabajo. Para ellos es el diablo quien les anima a disfrutar de la música. Y hay que evitarlo como sea. También odian todas las otras manifestaciones de la creatividad humana, las artes, que quedan proscritas porque distraen de lo único permitido, el rezo.


En 2018 hubo una gran matanza en una boda a cargo de los talibanes. Entonces fueron más de cuarenta los muertos porque a ellos no les gusta que las bodas se celebren con música. Son así y los demás lo pagan.

Durante veinte años la vida era otra cosa, con otras posibilidades. Ahora todo eso se ha esfumado bajo su mirada y oído escrutador, bajo las balas menos afables que las palabras. La persuasión entendida por los talibanes es también otra cosa. Su visión de la vida es triste, muy triste y tratan de imponer esa tristeza a todos los que están bajo su poder. 

 


* "Los talibanes matan a 2 personas en una boda por escuchar música" Antena3 Noticias 31/101/2021 https://www.antena3.com/noticias/mundo/talibanes-matan-2-personas-boda-escuchar-musica_20211031617e786e34d4be00018fdd26.html

** Tim Lister y Ehsan Popalzai "Three wedding guests reportedly shot dead in Afghanistan for playing music at reception" CNN 1/11/2021 https://edition.cnn.com/2021/10/31/asia/afghanistan-taliban-shooting-music-wedding-intl/index.html

martes, 5 de febrero de 2019

Inteligencias inacabadas o el algoritmo golpea de nuevo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Uno deja de preguntarse... Bueno, uno no deja de preguntarse. Punto. En este caso, lo que me suscita las preguntas son las extrañas preguntas y las extrañas respuestas o reacciones (no lo tengo claro) de que una inteligencia artificial haya "acabado" la "Sinfonía inacabada" de Franz Schubert. No es que Schubert fuera perezoso, no; es que se murió, fea costumbre que nos afecta a todos.
Digo que me parecen respuestas muy raras algunas, prejuiciosas otras y que, ¡vaya!, afecta a Huawei que no teniendo bastante con informar cada día de todo lo que hacemos gracias a la tecnología robada, según dice Trump, a los norteamericanos. Pues a los señores de Huawei se les ha ocurrido la osadía de terminar la Inacabada, como si hubiera necesitado que una máquina insensible se ocupara de ello, como si Schubert en su casa dijera "¡Alexa, termina la sinfonía por mí!". Estoy muy sensible con estas cosas porque el otro día no sé dónde toqué en mi teléfono (Huawei, claro) y me salió una voz que me dijo "¡Hola, Joaquín María! ¿Qué puedo hacer por ti!" Y me quedé como Aladino tras frotar la lámpara, es decir, con cara de Mil y una noches, porque duermo poco. Por supuesto, tras recuperarme del susto. No le ordené nada, no vaya a pensar (algunos ya lo hacen) que estos artículos diarios los escribe mi asistente virtual esclavizado mientras yo me tomo un margarita o uno de esos cócteles de James Bond, pero sin agitar o agitado, que no lo recuerdo, pero da igual.


El caso es que a todos los que ha preguntado Jesús Ruiz Mantilla (antiguo compañero de teatro universitario) en El País, a todos, les ha parecido fatal que se acabara la Inacabada. Yo creo que se lo han planteado mal y que un pelín de xenofobia se trasluce por aquellos de ¡ya están los chinos tocando las narices!, que desde que Trump les responsabilizada de todo está muy de moda. Y no sé porqué las respuestas me recuerdan mucho a las que dieron algunos cuando Milos Forman hizo su Amadeus, que pasó a ser de todos como una obra del cine.
Parecía que a Mozart le había pasado por la piedra al ponerle aquella risa estúpida al genio, algo que la obra teatral de la que procedía incorporaba desde la leyenda de Mozart. A nadie le importó que la risa de Mozart, que ya aparece como peculiar en El lobo estepario, de H. Hesse, formara parte de una leyenda sobre el músico. O que hubiera una pieza teatral, Mozart y saliere, a cargo del ruso Pushkin, donde ya se contraponían dos formas de hacer arte, el meticuloso maestro musical artesano y el torrencial genio joven.
La idea de que el genio se pudiera encarnar en un idiota, que era la pregunta de Salieri a Dios, o "¿por qué no me bendices con el genio, Señor, y se lo das a este irresponsable?". Donde estaba el irritante debate sobre el genio de Mozart se sitúa hoy, salvando las distancias, en si una máquina es posible que cree belleza o, en términos más específicos, si un algoritmo puede descifrar los patrones subyacentes en la creación de Schubert y proyectar un resultado musical completando lo que ya existe.
Como suele ocurrir en estos casos, nos ponemos a la defensiva ante lo que no es una muestra de desconsideración a Schubert sino, por el contrario, una muestra de su homenaje. Pero esto tiene en contra dos cosas: uno, lo ha hecho una "máquina" y dos los han hecho los "chinos" de Huawei, que ya sabemos cómo son, como dice ese amante de la música clásica que se encuentra accidentalmente en la casa Blanca.
Y es que todo se junta o arrejunta, según los casos. El titular de El País y provoca un poco, "Un algoritmo completa la misteriosa ‘Sinfonía inacabada’ de Schubert". No entiendo muy bien lo del "misterio", que me parece una forma de llamar la atención con este tipo de palabras que despiertan la curiosidad. Pero agradezco que no fuera algo del tipo "Esta cara se le podía haber quedado a Franz Schubert después de escuchar cómo un algoritmo chino completaba su "Sinfonía inacabada", que es la forma moderna de presentar las cosas en la prensa. Así la secuencia "misteriosa" más "algoritmo" más "Schubert" más "inacabada" nos plantea casi la resolución de un crimen. O, como este caso, el crimen mismo perpetrado por el algoritmo.
Recordemos que ayer era otro algoritmo el "culpable" de la crisis de la prensa digital y del cierre de los medios dedicados a los jóvenes lectores. También ahí las matemáticas subyacentes que mandaban cosas a nuestros muros de Facebook eran los culpables de la crisis. Y ahora la "Sinfonía Zombi" de Schubert. Lo del zombi lo digo porque parece que caminara sin vida, sacada de la tumba de mala manera por las órdenes del maligno Doctor Algoritmo.
Es curioso como los medios juegan con el misterio creando estas palabras que no entiende la mitad del público. Ahora de le echa la culpa al algoritmo, como antes Michael Jackson se la echaba al Boogie.
Dicen en el artículo:

En una nota, la compañía asegura que la versión ha sido creada mediante el uso de un modelo de inteligencia artificial que se beneficia directamente de la tecnología de procesamiento neuronal que aplica en sus móviles. A partir del timbre, el tono y el compás del primer y segundo movimiento conservados, el modelo generó una melodía para los inexistentes o extraviados tercero y cuarto previstos. Posteriormente, Huawei trabajó con el compositor Lucas Cantor para fijar una partitura orquestal de la melodía en la línea que presumiblemente buscaba entonces Schubert.



Lo del algoritmo es una forma de probar la eficacia de las inteligencias artificiales, no un crimen oriental contra nuestras glorias culturales. Como todo dependen del contexto en el que se analizan las cosas, la situación de Huawei hace que hasta una cuestión tecnológica de este tipo se vea no como una posible versión de lo que falta, sino más bien como una "perversión" de lo que queda. Pero somos así, quejicas y malpensados.
Debo decir que algunas de las respuestas me han dejado un tanto descolocado, por no decir otra cosa. Por ejemplo

A Fabián Panisello, también compositor y responsable del grupo Plural Ensamble, el experimento no le parece apropiado: “No ya por razones éticas, sino porque un creador puede dar un salto cualitativo en cualquier momento. Es algo imprevisible para ningún tipo de inteligencia artificial. La intuición de un compositor domina datos y metadatos fundamentales cara a los recursos que requiere su trabajo. Lo demás es mera forma y apariencia…”, comenta el músico, que acaba de estrenar en España su obra Les rois mages antes de presentarla este año en Niza, Viena, Múnich, Basilea y Tel Aviv.*

No entiendo muy bien lo de la "ética" porque no se trata de alterar la obra, como hicieron los Luis Cobos y compañía en aquellas horrendas versiones de los clásicos. Aquí se trata de analizar un "estilo", entendido como un conjunto de formas de escritura que pueden tener una previsibilidad estadística y, por ello, se pueden hacer "predicciones" sobre una "forma" final, que es la propuesta. Pero no se ha tocado un pelo de Schubert. Por lo que plantearlo como una cuestión "ética" es faltar a los que han hecho esta prueba de funcionamiento de la inteligencia artificial. ¿Por qué no es "apropiado"? ¿Ha escuchado los resultados del experimento? Pues no. Por lo que va a los principio. Lo de que el compositor "domina datos y metadatos" me parece un poco, no sé cómo definirlo bien porque confieso que me parece una forma rara de definir a un compositor.
También me parece un tanto extrañas otras respuestas:

Para Lucía Marín, directora de orquesta, “resulta un buen gancho para acercar la tecnología al arte. Un interesante experimento”, asegura. “Que una compañía tecnológica plantee y resuelva un ejercicio acrobático de dichas características me parece una heroicidad y atrevimiento intelectual que nos da cuenta de hacia dónde nos dirigimos. Pero no olvidemos que queda carente de lo esencial: el alma. La música, en su esencia, pretende hacernos trascender hacia todas esas ideas infinitas de lo intangible que, como decía el Principito, son invisibles a los ojos”, añade.
Cuando Marín trabaja una partitura le fluyen las preguntas: “¿Cuál es el ulterior motivo por el que un compositor se ve arrastrado por la fuerza irrefrenable de escribir, qué siente? Tardo mucho tiempo en contestarme, a veces años. Al final, toda obra de arte sale del corazón para llegar al corazón, me suelo responder. Artificial significa que no está concebido por el ser humano, que no pertenece a la naturaleza, que, por tanto, carece de vida”, confiesa.*

Aquí son también los prejuicios. ¿Una compañía tecnológica? Los instrumentos con los que toca su orquesta, ¿salen de los árboles directamente, de los manantiales, quizás? ¿No es "tecnología" un clavicordio, un piano Steinway, un Stradivarius, un saxofón?
¿No son un "atrevimiento intelectual" los instrumentos que usan en ocasiones las vanguardias o las obras electrónicas de muchos compositores contemporáneos? ¿No es lo del "corazón a corazón" una metáfora más que gastada? Las obras salen del mismo sitio que salen las ideas que crean puentes, carreteras... y algoritmos. Salen de la creatividad humana que es múltiple. Por eso es creatividad; no tiene límites en su expansión.


Como estamos obsesionados con las cuestiones laborales —y con razón— todo lo vemos en términos de competencia con las máquinas. No se trata aquí de eso, sino de otro intento de identificar la forma en que nuestro cerebro crea (no el corazón, que está para otra cosa). El corazón es más bien un órgano monótono y poco creativo, cuyas alteraciones no son precisamente buena señal.
Nos olvidamos de las cosas, pero —para mi desgracia— hay que recordar que a mitad de los noventa todavía había muchos escritores que juraban por lo más sagrado —su arte— que no se podía escribir literatura con un ordenador. Y si se trataba de poesía, no pasaban de la pluma y de la mesa de mármol de algún viejo café. Lo digo con total conocimiento porque en esos años me recorrí parte de este país como editor de la primera revista digital de Humanidades y donde tenía que sortear a los que olían a cuerno quemado cuando se mencionaban las publicaciones electrónicas. Los más benevolentes levantaban una ceja, los más críticos levantaban las dos y los agresivos levantaban la voz. Hoy —en un mundo digitalizado— no hay que recordarles su pasado por elemental sentido de la cortesía.
No sé si el Principito, autoridad invocada aquí, sería tan duro como los que usan sus palabras sobre lo "intangible". Creo que es bueno escuchar las cosas y ninguno de los preguntados ha escuchado de lo que están hablando, donde no se les pregunta sobre si Schubert ha sido ofendido y su fantasma, como el de la Ópera, ronda por los pasillos clamando venganza. De hecho el experimento tiene una importante necesidad de criterios profesionales que lo escuchen. Sí, que escuchen, los resultados. Lo que sale aquí son los prejuicios, no sus juicios, que todavía no tiene nada sobre lo que aplicarse.
De todo lo que se dice, lo que no es justificable es el "no me interesa", palabras que no son dignas de quienes, para ser creativos, precisamente, deben tener la curiosidad de cualquier artista... o científico. Es la curiosidad, el transitar caminos nuevos, lo que nos permite avanzar en la vida, aunque siempre habrá el contrapeso rousseauniano de los que se empeñan en el "buen salvaje", un mito como el del corazón.
Otros medios resaltan que el objetivo ha sido mostrar la potencia de la inteligencia artificial, su capacidad de procesar, de un teléfono. Los resultados son otra cosa y los profesionales y expertos deberían sentir curiosidad, al menos. Eso es un ensayo de lo que se puede hacer. En modo algunos, "completar" al genio de Schubert, sino estudiar su trabajo y desde él producir una partitura. Es un escenario posible. No otra cosa.
Mi pregunta, mi pura curiosidad especulativa, es si la variante "Huawei" en este caso ha tenido algo que ver en la noticia. Me refiero a esa entradilla "Varios músicos cuestionan la iniciativa de Huawei por artificial y carente de alma". Excesivo y sobre todo, sistémico, que dirían algunos.



* Jesús Ruiz Mantilla "Un algoritmo completa la misteriosa ‘Sinfonía inacabada’ de Schubert" El País 4/03/2019 https://elpais.com/cultura/2019/02/04/actualidad/1549284459_079024.html

miércoles, 13 de enero de 2016

Bowie

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
David Bowie forma parte de eso que se suele llamar la banda sonora de nuestras vidas, en este caso, de la mía por cuestiones de gusto y generacionales. Bowie formaba parte de esos primeros descubrimientos musicales cuando empiezas a entrar en la adolescencia y que te marcan. 
Los años setenta fueron un momento de gran fecundidad y riqueza en cuanto a la variedad. Los sonidos que había explotado a mediados de los sesenta fueron explorados en la década siguiente por músicos que todavía no eran gobernables por la industria, como ocurrió finalmente. En esa época todavía el artista genuino podía acceder a través de medios a los públicos que se iban formando a su alrededor, educándose en las nuevas protestas.
El estallido se produjo, como suele ocurrir cíclicamente, por el control que había ejercido la industria tratando de imponer gustos y formar estilos y productos masivos desde principios de los años cincuenta. La creación de un público "juvenil", adolescente para el que se diseñaban productos para la recién creada sociedad de consumo tras las crisis de las dos Guerras Mundiales y sus periodos de crisis económicas, había estrangulado la creatividad imponiendo artistas, peinados, vestidos, bailes, etc. Los productores buscaban y modelaban para el gusto social.
A mediados de los sesenta, con The Beatles como referencia, muchos músicos abandonan esas posturas y quieren recuperar el control creativo y encontrar nuevos sonidos en vez de repetir hasta la saciedad los mismos modelos. Cuentan para ello con un fenómeno nuevo, las radios FM locales, focos de resistencia a las grandes cadenas de alcance nacional que logran imponer sus artistas creando tendencias apoyándose en la televisión y las revistas promocionales. Los movimientos de músicos alternativos logran llegar a grandes masas de todo el mundo y la cultura musical se hace más global, aunando a los jóvenes por tendencias que les llegan de fuera o exportando hacia el exterior sus nuevos sonidos y figuras.


Frente a la repetición de sonidos del pop anterior (no contamos aquí el jazz, que también tuvo su crisis por el papel negativo de la industria musical), hay un periodo que comienza a mediados de los sesenta y llega hasta el fin de la década siguiente en el que podemos encontrar una gran riqueza de sonidos que se irá desarrollando después. Encontramos artistas que trataban de encontrar su propio estilo, que eran evolutivos porque experimentaban con ellos. Fusiones y evoluciones, cambios, renovación, viajar en busca de nuevos sonidos.
En esa época se crea la primera "ópera-rock" (Tommy, con The Who), se rompen las barreras del tiempo asignado a las canciones en la música popular (con canciones como In-A-Gadda-Da-Vida, de Iron Butterfly, con 17 minutos), se crean los discos temáticos frente a la fragmentación de las canciones (Días del futuro pasado, de The Moody Blues), se publican discos dobles (Blonde on Blonde, de Bob Dylan o Tommy), se funden las músicas occidentales con las orientales (George Harrison), surgen poetas cantantes (Leonard Cohen, Dylan...), se revolucionan los musicales (Hair, Jesus Christ Superstar...), se recuperan las músicas tradicionales o se electrifican (folk y folk-rock), se crea el rock sinfónico y se introduce el sintetizador y su riqueza de sonidos con los que se experimenta y reescriben los sonidos anteriores (Tarkus o Pictures at an Exhibition, del súper grupo Emerson, Lake & Palmer)... y muchas otras innovaciones que se concentran en esos años.
Las músicas anteriores también se suman dando sus propias síntesis, como Dylan que provenía de la música folk de Guthrie que no se debe confundir con la tradicional o el jazz-rock o el jazz electrificado, al que se sumarán músicos como Miles Davis.


Bowie aparece en ese panorama de gran riqueza y libertad. Lo hace en el lugar donde había comenzado la revolución sonora, en Inglaterra, donde había más libertad que en la condicionada y segregada música de los Estados Unidos. Los grupos ingleses habían podido hacer suyo algo que los norteamericanos apenas podían, el blues. Los historiadores señalan la profunda ironía de que el público norteamericano recibiera a los grupos británicos que se habían formado escuchando los discos de blues negro. Los Rolling Stone eran un ejemplo claro de esto, pero hasta un irlandés como Van Morrison, con sus Them, estaba influido por la música negra norteamericana. En otros caso, la influencia del Blues era absoluta, como John Mayall, con quien se formó, entre otros grandes músicos, Eric Clapton.
Bowie era algo más que un cantante. Era un artista en un nuevo sentido global y mediático. Era parte de la vanguardia en un momento en que la vanguardia salía del emergente Londres de los sesenta. Era la vanguardia de la vanguardia.
Se ha resaltado estos días más la cuestión visual y sus cambios que la musical. Se repite sus cambios de aspecto, tratándolo como si de un fenómeno de moda se tratara. Quizá nos hemos acostumbrado a medirlo todo en esos términos, pero me parecen muy superficiales. Mientras escribo escucho las canciones del álbum doble recopilatorio titulado sin ironía "Nothing has changed". Son canciones 39 canciones que, excepto alguna de las últimas grabaciones, no han dejado de sonar desde entonces. Mientras las escuchas te vienen a la mente los momentos en que tenías aquel disco en las manos y lo escuchabas por primera vez. Otros siempre se quedaron ahí entre ese selecto grupo de canciones que te surgen en el tarareo interior de forma casi automática.


En aquellos años se producían muchas veces fenómenos de alteración del orden de publicación. El éxito de un artista hacía que se recuperaran discos que no se habían publicado antes, con lo que a veces escuchabas su discografía hacia atrás. Un éxito hacía que se recuperara la parte inédita de su trabajo. Es lo que pasó con Bowie tras Space Oddity, su enorme primer éxito. En otras ocasiones, la censura decidía que no se debía escuchar o vender un determinado disco por los motivos que fueran (sexuales, políticos, religiosos) y tenías que salir a comprarlo fuera de España o que te lo trajera algún amigo.
A Londres se iba para varias cosas, una de las más frecuentes era la compra de discos para completar tu discografía de algún artista que no se acababa de editar y que solo podías escuchar gracias a los DJ de la emisoras de FM, que se los hacían llegar o viajaban a comprar lo que aquí no teníamos. No existía ese desastre universal llamado radio-fórmula y muchos buenos aficionados a la música tenían programas en las FM de las ciudades. Era la forma de difundir a los músicos. Está por escribir el papel de muchos programas en la formación del gusto musical en aquellos años.


No quiero hacer aquí un recorrido por la música de Bowie; está ahí afortunadamente para acercarse a ella. Pero sí quiero resaltar que fue un artista completo, con conciencia de su propio arte. No creo que Bowie fuera un narcisista, pero sí que se expresaba a través de los medios que tenía para dar un mensaje integral del que él mismo formaba parte: sonido, forma, cuerpo, acción. No se trataba de llamar la atención, si no describir un mensaje con los medios disponibles.
Nuestra generación tuvo unos héroes iniciales que cayeron en los inicios, como Janis Joplin o Jimmy Hendrix; otros que cayeron a mitad, como Lennon; y los que comienzan a desaparecer tras una vida más o menos rica, como es el caso de Bowie, una ilustre pérdida para todos los que hemos nacido al gusto musical con él y otros muchos que nos acompañaron en soledades y compañía. Debemos ir preparándonos a estos golpes emocionales, en los que se nos va parte de la juventud o quizá solo se nos cierra definitivamente.


La música fue mucho para nuestra generación. En ella había músicos y poetas que expresaban la vida interior, con sus deseos y miedos, o exterior. Con Bowie se nos van una parte de nosotros. Pero ese nosotros es mucho más rico gracias a personas como él, que nos ayudaron a ir navegando por un mundo complejo, descubriéndolo.
La música forma parte de la educación estética, pero también de la sentimental en un sentido más allá del amoroso. Lo percibimos ahora, en la distancia, cuando suenan de nuevo canciones como The man who sold the world, Sorrow, Young americans, Rebel, rebel, Fame, Diamond dogs, Heroes ...


miércoles, 27 de agosto de 2014

La orquesta del presente

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Daniel Barenboim es una figura interesante por muchos motivos, por su amor a la música y por usar la música para demostrar más ampliamente su capacidad de amar. Hay un amor de profundidad y hay un amor de extensión. Del primero se ocupan los artistas y poetas, contándonos hasta dónde llegaron en sus sentimientos. Del segundo no se ocupa casi nadie, pero existe y es muy real: ¿hasta dónde podemos llegar con el amor? El prójimo es el próximo, a veces el más difícil de amar. También al lejano, si es desconocido. El amor universal, el más extenso no es fácil de ver. Hay demasiados obstáculos.
El crecimiento del sectarismo, los odios religiosos, la intransigencia... provocan esa incapacidad de amar, pero nos dicen que se ajusta a los parámetros de la evolución: amas a los tuyos, y dentro de los tuyos, a los más tuyos, en una escala milimetrada. Lo demás es ir contra la genética. La cultura es ir contra la genética, pese a lo que nos digan. Somos capaces de altruismo —el gran problema teórico— y da igual por los motivos que sean; da igual lo que opinen los empeñados en aplicar la Teoría de juegos a todo.
Barenboim usa la música para que la gente que vive rodeada de odio trate de dejar de hacerlo. Dirige una orquesta —la West-Eastern Divan— que reúne a músicos judíos, palestinos, árabes y españoles. La idea surgió junto al intelectual palestino Edward Said y les mereció el reconocimiento del Premio Principe de Asturias de la Concordia en 2002.
Es un intento de mostrar que el encuentro es posible y que el grupo que necesita de la  más perfecta unión, la orquesta, es posible entre personas que se olvidan momentánea y necesariamente de sus lenguas, sentimientos e ideas y se adentran en una lengua común a través de la que se expresan conjuntamente: la música. Por unos instantes, la música hará distanciarse de todo a quienes la escuchan e interpretan. Se fundirán en una comunidad de presente. Se olvidarán las diferencias y se centrarán en lo que les une.


Año tras año, sea cual sea la situación, los músicos de Barenboim se reúnen y realizan la terapia ejemplar de oponerse a lo que sus patrias, a través de sus dirigentes, les exigen. El propio director se asombra de esa recurrencia de la llegada.
Dice Daniel Barenboim en un momento de su entrevista con Jesús Ruiz Mantilla: "la nostalgia es parte de la vida. Yo siempre he dado importancia al pasado por el hecho de ser lo que nos planta en el presente y ambos me sirven como etapas para acabar en el futuro. De los tres tiempos, lo menos importante, filosóficamente, es el presente." Tiene razón Barenboim en señalar esa irrelevancia filosófica, pero no de la vida. Es lo único real. Solo en el presente existe el momento de la alegría real del encuentro. Lo mismo ocurre con el encuentro amoroso, que siempre es presente. En el caso de Barenboim, la música siempre es presente y el máximo placer se produce al escucharla. Recordarla es, precisamente, traerla a la vida, revivirla en el presente para que se manifiesta ese placer. Los músicos regresan con nostalgia, sí; pero con deseo de convertirla en presente.
Cuando se le pregunta por el objetivo de la orquesta, Barenboim señala:

[...] queríamos demostrar que si un israelí y un palestino, sentados frente a un atril, son capaces de tocar una sinfonía de Mahler, que luego vengan las autoridades y se atrevan a decirnos que no pueden vivir juntos. Ahora hay músicos que siguen en el Divan pese a haber pasado a grandes orquestas. Continúan viniendo al Divan, han superado esa psicosis, para ellos la convivencia es normal y pasan el tiempo hablando de otras cosas: de relaciones humanas. De amor… Debe ser extraordinario vivir una historia de amor con el enemigo.*


Para que esa extraordinaria historia se produzca hay que abrir un camino que relativice las causas del odio, que son las que se usan para manejarnos y hacernos más controlables. Barenboim lo ha encontrado en el amor a la música. Otros lo hacen a través de otras formas en las que el arte introduce la curiosidad por el otro.
La figura de la orquesta tiene mucho de universal porque integra instrumentos diferentes y pueden ser muy diversos sus sonidos formando una totalidad armoniosa. Otras formas de ejemplificar esa convivencia de lo diverso es la traducción, en la que en un mismo espacio mental conviven dos lenguas en diálogo para conseguir entenderse. También la traducción es un acto de amor profundo y no solo a las lenguas, sino a quienes las hablan y a quienes van a leerlas o escucharlas. Me emocioné en un tribunal cuando una alumna china, entre sus agradecimientos habituales a familia y profesores, daba las gracias a Cervantes. Me pareció muy real, sincero.


Una traductora del inglés, la egipcia Hala Salah Eldin Hussein Ali, que ama la lengua inglesa, ha hecho de su trabajo una forma de encuentro a través del mejor conocimiento que la literatura aporta de los otros. Ha creado una publicación Albawtaka Review y una editorial sin ánimo de lucro con el objetivo de hacer llegar traducciones de relatos que permitan descubrir al otro más allá de los tópicos y que nos permitan participar en los procesos de identificación que todo arte pone en marcha. Ha recibido el apoyo de instituciones para hacer llegar las antologías publicadas a los lectores de árabe. Acaba de ampliar su proyecto a la realización de 10.000 audio libros para poder llevar la palabra traducida a los ciegos de Egipto y Libia. Señalan en Daily News Egypt:

Her passion for translation arose from thinking that one of the main reasons for cultural clashes is the belief that the other is different, with unfamiliar and undecipherable behaviours, thus ominously unreachable. In her opinion, translating literature has revealed the falsehood of this conviction, exposing that what unites us is actually more than what keeps us apart.**


Hay una diferencia forzada, de límites para ser distinto. Y hay una diferencia que es riqueza, que no reniega de lo ajeno y lo busca sin miedo a perderse; por el contrario: hay un enriquecimiento en el encuentro. Es la magia del arte. Cada uno pone su grano de arena para intentar crear esos espacios en los que, durante un tiempo, el presente se paraliza con nuestra atención puesta en la música o en las historias leídas, momentos en los que se dispersan muchos sentimientos negativos que albergamos. Son momentos de unión, como lo es el arte verdadero. Es lo que consideramos su universalidad, su capacidad de hacernos sentir y comprender más allá de nosotros mismos.
Se asombra Barenboim de que los músicos regresen, que —con la que está cayendo— sean capaces de dejarlo todo y volver para poder tocar juntos. No hay nada de extraño. A la mayor parte de la gente no le gusta odiar ni verse arrastrado a ello.

Puede que el presente sea filosóficamente irrelevante, como dice Barenboim, que no haya merecido la atención reflexiva de los historiadores o de todos aquellos que prefieren vivir en lo abstracto, como el filósofo que se preocupa por el "ente" y no por su prójimo. Es solo en el presente en donde se experimentan las sensaciones viscerales que los neurocientíficos nos dicen hoy que manejan nuestras emociones. Hay una  añoranza, sí, pero de presente, de volver a experimentar la emoción genuina; sabemos que las personas que miran sus partituras y tocan concentrados han olvidado rencores y ven en el otro un compañero empeñado en sacar adelante una sinfonía común.
Hay mucha gente que vive del odio y con odio. Demasiada. Los primeros le sacan buen rendimiento; es la forma más fácil de manipularnos. Los segundos convierten su vida en monótona, pues el odio es el enemigo de la creación al convertirse en obsesivo; pronto no queda nada más pues todo se filtra por él. El odio es un dios cruel. Me acuerdo a menudo de la historia sufí de los dos hombres que pasan frente a una cárcel: «— Cuando veo esa prisión no puedo dejar recordar los años que pasé allí y sentir odio», dice uno de ellos. «—Pues entonces sigues dentro, atrapado», le replica el otro. No es fácil dejar de odiar, como no es fácil escapar de una prisión. Pero es imposible escapar de una prisión que confundes con tu hogar.



* "Barenboim: “En Oriente Próximo solo impera la terquedad”" El País Semanal - El País 25/08/2014 http://elpais.com/elpais/2014/08/22/eps/1408722038_548535.html

** "Bringing international literature to the blind" Daily News Egypt 20/08/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/08/20/bringing-international-literature-blind/