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jueves, 2 de septiembre de 2021

Los norteamericanos que admiraban a los talibanes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Entre las muchas imágenes del pasado que la salida de Estados Unidos y las tropas internacionales ha hecho evocar, se ha evitado una de ellas, la similitud de los talibanes armados por las calles con la de los grupos armados patrullando en diversos lugares y que confluyen en las imágenes de la toma del Capitolio. Hemos señalado en alguna ocasión esa misma prepotencia armada entre ambos grupos, aparentemente tan distantes, pero con muchos puntos de contacto que ahora quedan en evidencia.

Los Estados Unidos son un país extraño y lo está siendo más desde que ocurriera lo que el gran novelista Kurt Vonnegut se temía, que los "40.000 locos" que puede haber siempre en cualquier país pudieran unirse. Hoy, esa posibilidad de unión, se llama internet y hay más de 40.000. Es la conexión que hace que aquellos que son capaces de articularse, de actuar conjuntamente, sean infinitamente más peligrosos que los locos solitarios. Esa unión virtual hace que se puedan agrupar y que la paranoia y el extremismo avancen a gran velocidad y sea más peligroso. Gran parte de esos grupos radicales fueron los que llevaron a Donald Trump a la Casa Blanca, son los que promueven teorías conspirativas y radicalismo político imponiendo sus teorías absurdas y peligrosas.

Como vimos en la época Trump, el aumento de sus manías políticas —del racismo a las conspiraciones gubernamentales— fue aprovechado por Trump para intentar mantenerse en el poder con su respaldo. Sus negativas a condenar a grupos racistas violentos, a los grupos supremacistas blancos —del KKK a los Proud Boys— han sido un escándalo político para el mundo y una causa dividida de controversia en una creciente en su radicalización comunidad republicana, donde se amalgamaban dogmatismos religiosos, racismo y sexismo machista.

La constitución de milicias armadas de civiles ha avanzado en muchos estados, preparándose para futuras guerras civiles para evitar el "gran reemplazo", la idea paranoica de que la inmigración tiene como objetivo acabar con la "raza blanca" en los Estados Unidos, una nación blanca y cristiana. El anarquismo ultraconservador blanco rechaza la idea de "gobierno" y considera que va contra el pueblo, que es una forma de tiranía a la que hay que vigilar y rechazar sus maniobras de destrucción. Los gobiernos son los males y Trump, sorprendentemente, les convención que él era un "antisistema", por eso pudo lanzar a la gente contra el estado de Michigan a rodear el palacio de la gobernadora, "esa mujer en Michigan", como la denominaba. Allí fueron, como en otros muchos lugares, a patrullar con sus armas por las calles, a intimidar a todos los que quisieran vacunarse o fueran con mascarillas. Son matones fanáticos y, lo peor, organizados. Son una bomba que puede estallar, como lo hizo en el Capitolio el 6 de enero, con una simple orden.



En la CNN, Geneva Sands escribe sobre los temores de las autoridades estatales en el artículo titulado "White supremacist praise of the Taliban takeover concerns US officials". En el texto, Sands nos cuenta la abierta admiración que los supremacistas han desarrollado por los talibanes y cómo festejan la salida del ejército, al que no ven como suyo, sino como una parte de ese gobierno que rechazan. Ellos, en cambio, sí son el auténtico "ejército del pueblo". La periodista escribe:

 

There is also "almost this infatuation and admiration" of the Taliban, Mendelson said, pointing to the notion that an under-equipped insurgent group could successfully defeat a global power.

"The fact that the Taliban at the end of the day could claim victory over such a world power is something that White supremacists are taking note of," she said.

Megan Squire, a professor of Computer Science at Elon University, who researches US-based domestic extremist groups, has seen three main Afghanistan-related trends emerge in platforms used by a range of far-right groups, such as White supremacists, neo-Nazis and Proud Boys-style forums.

The first narrative to emerge among the extreme far-right groups was "reveling in the humiliation" of the US withdrawal from Afghanistan as images emerged of Taliban fighters taking over city after city, along with US equipment left behind, Squire said, both celebrations of defeat and feelings humiliation as Americans.

When one goes deeper into the neo-Nazi groups, you see some celebration of the Taliban, usually related to extremely misogynistic or extremely anti-Semitic discussion, she added.

This type of cross-ideological praise has historical precedent, according to Squire, citing as an example, a meme that circulated in neo-Nazi communities during a particularly misogynist period about "white Sharia," the concept that women should be treated the way the Taliban treats women.*

 


Decir que están "locos" es simplificar e infravalorar el poder de este tipo de grupos y hasta dónde pueden llegar. La ideología retrógrada encuentra ese atractivo en su propia derrota o, para ser más preciso en su punto de vista, la derrota del "sistema que domina América". Hace unos años, comentamos aquí las conexiones entre algunos grupos religiosos norteamericanos y los radicales del Estado Islámico. Ambos, decían estaban más próximos que con sus "verdaderos enemigos", los "ateos". Ellos se ven a sí mismos como "yihadistas", igualmente como seguidores de un Dios que les exigen rechazar el orden perverso de los gobiernos y tratar de crear su propio espacio controlado. La idea de una "Sharia blanca", como señala el artículo no es una broma, sino un deseo de control de imposición a los demás, como se ha visto en la toma del Capitolio, donde se trataba de imponer la idea de que Trump había ganado las elecciones a Joe Biden.

Las autoridades están preocupadas por la deriva que este ejemplo talibán pueda tener en estos grupos que se han convertido admiradores de sus formas y maneras, al igual que sus objetivos. Ellos se consideran el pueblo y ven en la fuerza el argumento victorioso.

Por sorprendente que nos pueda parecer, los talibanes se han convertido en la guinda de un pastel ideológico que lleva cocinándose mucho tiempo en una parte cada vez más creciente de la sociedad norteamericana. Es la que supo concentrar Trump con sus discursos entre metáforas e insinuaciones.



Si se admira a los talibanes, la llegada de los refugiados afganos a los Estados Unidos se percibe desde la óptica del "gran reemplazo", es decir, como parte de la conspiración para destronar a la raza blanca y cristiana de la "tierra prometida", América. Este rechazo de lo hemos podido escuchar aquí en palabra de Abascal, de Vox. Lo que se cuece en estos grupos, llega rápido a la radicalidad derechista en Europa  a través de las vías creadas estos años, con lo que el argumento de los 40.000 locos debe ser revisado en su número y extensión.

Leemos en el texto de Geneva Sand:

 

Far-right extremist communities have been invigorated by the events in Afghanistan, "whether by their desire to emulate the Taliban or increasingly violent rhetoric about 'invasions' by displaced Afghans," according to recent analysis from SITE Intelligence Group, an American non-governmental organization that tracks online activity of White supremacist and jihadist organizations.

Some people are commending the Taliban's takeover as "a lesson in love for the homeland, for freedom, and for religion," SITE said in its weekly bulletin on far-right extremists.

Neo-Nazi and violent accelerationists -- who hope to provoke what they see as an inevitable race war, which would lead to a Whites-only state -- in North America and Europe are praising the Taliban for its anti-Semitism, homophobia, and severe restrictions on women's freedom, SITE found.

For example, a quote taken from the Proud Boy to Fascist Pipeline Telegram channel, said: "These farmers and minimally trained men fought to take back their nation back from globohomo. They took back their government, installed their national religion as law, and executed dissenters ... If white men in the west had the same courage as the Taliban, we would not be ruled by Jews currently," SITE found.

"Globohomo" is a derogatory word used to insult "globalists," the term used by conspiracy promoters to describe their enemy (the evil global elite who control the media, finance, political system etc), according to SITE.

 

A los que les pueda parecer todo esto como una mezcla descabellada de cuestiones hay que advertirles que son precisamente estas mezclas las que se realizan para dar consistencia a los discursos que atraen adeptos. Estas mezclas confusas atraen espíritus confusos que desean agarrarse a un argumento que se desarrolla en su mente de forma acrítica. Las críticas, en cambio, se reservar para los que han sido fijados como enemigos en sus mentes. Teniendo claro el enemigo, construir narrativas de este tipo resulta más sencillo. La base son los prejuicios, el odio; las historias vienen después.

La salida de Afganistán de las tropas norteamericanas constituye objeto de admiración y un impulso para todos estos movimientos peligrosos. Como se ha señalado, se corre el riego de que aumenten las amenazas internas, unas amenazas que no se sabe hasta dónde pueden llegar, sujetas a los vaivenes de la propia política interna norteamericana, marcada por la radicalización del partido republicano en torno a Trump.

 


* Geneva Sands "White supremacist praise of the Taliban takeover concerns US officials" CNN 1/09/2021 https://edition.cnn.com/2021/09/01/politics/far-right-groups-praise-taliban-takeover/index.html

sábado, 10 de abril de 2021

La Teoría del Reemplazo y el supremacismo blanco en USA

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La era postrump es la era de Trump por otros medios o, si se prefiere, con otras voces. La retirada momentánea y relativa de Trump ha hecho que muchos tengan que dar pasos arriesgados para alcanzar el protagonismo que buscan. El faro que suponía Trump en la Casa Blanca permitía a los demás mantenerse en segundo plano o dedicarse a reproducir lo que se pregonaba desde la presidencia. Era estar a la sombra del poder.

Con Trump fuera de la presidencia, los movimientos son más arriesgados, al descubierto, por lo que lo que se dice puede tener consecuencias mayores al estar en minoría. Con Trump más silencioso, a la espera de su oportunidad, otros intentan ganar protagonismo. Pero ya no es tan sencillo.

La prensa norteamericana se ha concentrado en un siniestro personaje de la Fox News, su presentador más valorado por su audiencia, Tucker Carlson, el hombre del ceño fruncido y los ojos pequeños. La cuestión que ha atraído la atención crítica de la prensa es una de sus cuestiones estrella, la defensa del supremacismo blanco a través de la llamada "teoría del reemplazo", de corte conspirativo y de consecuencias por su uso en determinados estados para diluir el voto demócrata.

En la CNN se nos explican las afirmaciones difundidas desde su programa:

 

Appearing with his friend Mark Steyn, who was filling in at 7 p.m. ET, Carlson invoked "white replacement theory," a racist conspiracy theory that imagines White people are being intentionally replaced by immigrants.

"No, no, no," Carlson said, insisting that he wasn't parroting the theory.

But then he said "this is a voting rights question. I have less political power because they're importing a brand new electorate. Why should I sit back and take that? The power that I have as an American guaranteed at birth is one man, one vote, and they're diluting it. No, they are not allowed to do that. Why are we putting up with this?"

His remarks came in the context of a conversation about how the government treats migrants who cross the southern border -- one of the most frequent topics on Fox.

Moments earlier, Carlson seemed to predict that he would spark outrage: "Now," he said, "I know that the left and all the little gatekeepers on Twitter become literally hysterical if you use the term 'replacement,' if you suggest that the Democratic Party is trying to replace the current electorate, the voters now casting ballots, with new people, more obedient voters from the Third World. But they become hysterical because that's what's happening actually. Let's just say it: That's true."*

 


El titular de la noticia "ADL calls on Fox News to fire Tucker Carlson over racist comments about 'replacement' theory" y su inicio nos informan sobre la petición de que se despida a Carlson, aunque con pocas esperanzas de que esto ocurra.

La falacia de la teoría supremacista tiene dos niveles. El primero y más evidentemente absurdo es que nadie está conspirando para meter inmigrantes para diluir el poder de los "blancos" (¿no afectaría a todos?). Pero es el segundo, el que afecta al fondo, el más peligroso porque se construye sobre un principio perverso: si hay nuevos votantes, el peso de su voto "se diluye". Gracias a ese argumento, por ejemplo, se podría limitar el número de hijos de los inmigrantes porque en su día tendrían más votos.

La teoría es perversa y, podríamos decir de "orden creacionista": hay un estado inicial perfecto, el de los padres fundadores blancos; posteriormente, todo es degradación pues van llegando oleadas sucesivas de personas diferentes que "diluyen" el voto blanco inicial. Negros, hispanos... ¡hasta católicos! hacen que el voto de esos primeros elegidos por Dios pierdan sus derechos sobre la Nueva Jerusalén blanca.



La teoría del reemplazo es la que se aplicó para negar los derechos civiles a millones de estadounidense que a los que se les negaba su capacidad de decidir con su voto el destino de su país. El país era de los colonos llegados de determinados lugares, de los sitios privilegiadas; los esclavos e inmigrantes no eran "colonos", solo una propiedad o una mano de obra a su servicio. Esta ha sido la idea que ha estado en el poder o en la sombra y que el supremacismo sostiene.

Lo que Tucker Carlson sostiene es que él tiene derechos por su nacimiento y procedencia, que él es un auténtico norteamericano, por encima de otros millones de personas a los que se les debería negar el voto por no serlo.

Si esto fuera solo una cuestión del presentador sería reprobable, pero la cuestión es que determinados estados lo están llevando a cabo mediante leyes restrictivas del voto para personas que tienen sus derechos como ciudadanos pero a los que se pretende evitar que voten, es decir, que su voto reemplace al de los auténticos, genuinos norteamericanos. Una doctrina de este tipo, muy vieja, era la que hacía que se obstaculizara a los ciudadanos negros el acceso a las oficinas de registro de electores. Simplemente, unos cuantos genuinos norteamericanos como Tucker Carlson se sentaban en las puertas de las oficinas, muchas veces acompañados de los policías locales y en ocasiones estos acompañados de perros. El que intentara entrar se jugaba la vida o la cárcel por provocar altercados callejeros.



Esto forma parte de la historia norteamericana y está de nuevo presente. Ha estado siempre, pero la llegada de Trump a la Casa Blanca hizo salir el odio reprimido contra un "presidente de reemplazo", Barack Obama, que —recordemos— tuvo que pasarse su mandato defendiéndose de la acusación de "no ser norteamericano". Trump usó también ese argumento, propio de la ultraderecha supremacista que le eligió como candidato y a los que él devolvía constantemente los favores para cultivar su apoyo con esmero.

La idea del supremacismo blanco y de la amenaza del reemplazo ha ido ganando adeptos de forma directa o indirecta. La astucia de presentar este tipo de argumentos está en la base ahora de los populismos nacionalistas que se conectan en una gran internacional supremacista.



Una de sus astucias es haber sabido crear un sistema jerárquico para el racismo. Esto supone un ejercicio relativista donde unos grupos se siente superiores a otros en función de determinados criterios (tamaño de la población, tiempo de llegada, creencias religiosas, etc.) en donde solo hay un puesto fijo, el superior: el del blanco, anglosajón y protestante, el representado por el conocido acrónimo "wasp" (white, anglo-saxo, protestant). Desde ahí, desde la cúspide, el racismo es relativo y descendente. Recordemos el caso del abogado judío neoyorquino que creó un escándalo en un restaurante de la ciudad cuando escuchó a las camareras hablar en español o el reciente caso del afronorteamericano pateando en plena calle a una mujer coreana al grito de "¡tú no perteneces a este lugar!" ante la indiferencia de los porteros de la casa frente a la que se produjo el incidente, que, por cierto, fueron despedidos poco después por su comportamiento.



De las combinaciones de etnia, educación, estatus económico y religión, fundamentalmente, sale un mapa complejo donde solo hay una cosa cierta: la "pureza" de los "wasp", los "propietarios" de los Estados Unidos, por la gracia de Dios. La vuelta del KKK, de los "proud boys", neonazis, etc. al primer plano es el resultado de las crisis económicas y morales vividas en el siglo XX, herencia enferma de sus inicios, y que siguen hasta hoy, como podemos apreciar, en un mundo global e interconectado. 

Lo dicho por Carlson no es, pues, nuevo. Ni tan siquiera es nuevo en la Fox News, donde se repiten este tipo de ideas de forma más o menos clara. Pero el presentador estrella parece dispuesto a subir el listón de la permisividad. Los ataques de Trump a la inmigración fueron constantes y el "muro" quedará como una muestra de su actitud y la de quienes lo coreaban en sus mítines.



Este tema se repite por igual allí donde el populismo nacionalista busca adeptos. Señala Brian Stelter, el autor del artículo de la CNN:


His remarks came in the context of a conversation about how the government treats migrants who cross the southern border -- one of the most frequent topics on Fox.

Moments earlier, Carlson seemed to predict that he would spark outrage: "Now," he said, "I know that the left and all the little gatekeepers on Twitter become literally hysterical if you use the term 'replacement,' if you suggest that the Democratic Party is trying to replace the current electorate, the voters now casting ballots, with new people, more obedient voters from the Third World. But they become hysterical because that's what's happening actually. Let's just say it: That's true."

No one is being "replaced." Existing voters are not being exchanged for the "more obedient" migrants Carlson imagines.

But Carlson has raised this notion repeatedly on his own 8 p.m. program. In Friday's letter to Fox, Greenblatt said "at ADL, we believe in dialogue and giving people a chance to redeem themselves, but Carlson's full-on embrace of the white supremacist replacement theory on yesterday's show and his repeated allusions to racist themes in past segments are a bridge too far."   *

 

La mezcla de racismo, populismo y medios de comunicación es explosiva. Los más de 70 millones de votos logrados por Donald Trump, las constantes afirmaciones sobre habérsele "robado" la presidencia en otra conspiración, etc. se conectan directamente con la "teoría del reemplazo", que se traduce en actitudes antidemocráticas desde los estados republicanos, maniobras legales para impedir el voto y demás argucias cuya justificación se encuentra en la teoría falsa.

El argumento de que "su voto vale menos" es el que permitió la existencia del colegio electoral que llevó a la presidencia a Trump pese a haber conseguido dos millones de votos menos que su rival, H. Clinton. Los estados más esclavistas, con campos de cultivo, tenían menos población blanca, por lo que consiguieron una sobre representación. Eso explica que consiguieran sacar a Trump. Pero las tornas se han vuelto precisamente en esos estados, que es donde han perdido la presidencia. Esto explica que esos estados traten de endurecer la legislación para votar y restringir el voto por correo, que ha sido su gran batalla.




La teoría del reemplazo o sustitución es falaz, racista y antidemocrática. Según ella nadie debería llegar a los estados, que siempre deberían tener el mismo número de electores. Sus orígenes están en el vínculo anglosajón entre voto y tierra, es decir, entre el derecho del propietario a decidir con su voto, mientras se le niega al trabajador, al inmigrante, a los que se considera meros comparsas. Todo esto se entremezcla con una doctrina religiosa que te bendice y considera que Dios te entregó una tierra a ti y no a otros, un regalo justificado en esos principios señalados, siempre excluyentes.



El peligro del supremacismo blanco lo hemos visto más allá de sus fronteras. Si supone racismo en el interior, supone desprecio hacia el exterior, algo que se ha podido apreciar en la forma de afrontar la política internacional norteamericana, basada precisamente en una forma se supremacismo basado en la fuerza militar y económica, en el desprecio de las relaciones internacionales o cualquier foro en el que plantear acuerdos. El supremacismo solo quiere obediencia porque no entienden en modo alguno la existencia de iguales. Son la cima de la pirámide.

Trump se ha ido, pero no sus ideas, que son repetidas por personajes siniestros como este presentador y otros de su cadena, interesados en envenenar el país, en dar alas a las tendencias que más daño han hecho a los propios Estados Unidos, dentro y fuera.



La Liga Anti Difamación le denuncia, pero no parece que Fox News vaya a hacer mucho. Necesitan mantener las audiencias y el radicalismo suele ser fiel mientras se le refuerzan sus malsanos principios.

Son muchos los analistas políticos que manifiestan su preocupación por la invasión del partido republicano por todas estas teorías enfermizas y peligrosas. La forma de hacer política y de entenderla ha cambiado. Hay una interfaz radical que asegura el seguimiento. El mundo se nos ha hecho plano, básico, elemental y movido por instintos protectores y agresivos contra otros. La invasión de estas teorías es también la de los grupos que las sostienen, cada vez mejor organizados y con herramientas que van de la Fox News a las redes sociales formando un entramado informativo que crece en complejidad de las relaciones, por un lado, pero también en simplicidad de los mensajes, por otro. El crecimiento del odio es su signo más claro. Y es eso lo que se busca, canalizar el odio al diferente, convertirlo en el objetivo al que hay que eliminar.

Afortunadamente, hay muchos implicados en frenar estas ideas peligrosas. Es la canalización del odio y del miedo, que es lo que más une a quienes ven una amenaza en las diferencias, por un lado, y en la igualdad, por otro. Las mismas viejas ideas de siempre siguen haciendo daño.

The Washington Post nos trae una noticia resaltable en estas circunstancias, la de una mujer, descendiente de esclavos vendidos en 1838, que ahora representa una obra de teatro sobre ellos en el mismo lugar donde realizaron la venta. Es un hermoso signo del cambio de los tiempos, aunque haya quienes se resistan; es una señal que el pasado no se puede cambiar, pero sí superar.

 


* Brian Stelter "ADL calls on Fox News to fire Tucker Carlson over racist comments about 'replacement' theory" CNN 9/04/2021 https://edition.cnn.com/2021/04/09/media/adl-letter-fox-news-tucker-carlson/index.html





sábado, 13 de junio de 2020

Angustia y depresión racial en la era de Trump

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Pocos se acuerdan que el año pasado las películas que competían por los Oscar eran película antirracistas como "Infiltrado en el KKKlan" o "Green Book", que se hizo finalmente con el premio contando la historia de un racista conductor que va comprendiendo su error al trabajar como chófer de un pianista negro desclasado, formado musicalmente en la Unión Soviética. Pocos se acuerdan del éxito un poco antes de "Black Panther", llevado por Marvel a la pantalla en una de sus películas más taquilleras y bien celebrada por la crítica.
Una situación social como la que viven los Estados Unidos en estos momentos no es solo fruto de un vídeo mostrando la frialdad de un asesinato según las reglas habituales, del asesinato programado como protocolo de actuación. Eso ha sido el detonante de una situación explosiva, una mezcla de clima político y de excitación, de angustias y de jugar peligrosamente con las emociones.



La última oleada de ataques racistas fue la padecida por los norteamericanos de origen asiático o simplemente asiáticos a cuenta de la fijación de los discursos de Trump con el "virus chino".
La irritación antirracista reciente había surgido por la manipulación política de Donald Trump desde la Casa Blanca, al igual que la otra gran movilización, la de las mujeres, desde el primer día de su mandato. Los primeros comentarios que salieron a la luz tras su elección fueron todos de tipo racista. Eran la despedida de parte del pueblo norteamericano al matrimonio Obama, algo que les había resultado insufrible durante los ocho años pasados en la presidencia. Con la llegada de Trump, muchos explotaron de felicidad, como recogió la prensa en los siguientes días. No podían controlar ni el odio acumulado ni la satisfacción que les proporcionaba la llegada de una persona como Trump, que había apelado a los sentimientos racistas y antifeministas como estrategia para combatir a los demócratas. 
Ese doble sentimiento racismo y antifeminismo era su estrategia frente al legado de Obama y la amenaza de Hillary Clinton. Los supo combinar y le resultó. Fue el único candidato de las primarias que pasó de la corrección política y se mostró como antisistema, él le diría al "pueblo" lo que el pueblo quería escuchar. Y una parte quería un presidente racista que "hiciera América grande otra vez". Hacerlo implicaba una implosión, un abandonar el mundo como amenaza, dejar atrás aliados, instituciones, acuerdos, tratados, etc. para renegociar desde la fuerza. La euforia económica era su única vara de medir el éxito que parecía llevarle a la reelección... Pero entonces algo se torció.



The Washington Post titula "Depression and anxiety spiked among black Americans after George Floyd’s death". En realidad el titular se limita a la población afroamericana y a lo ocurrido con George Floyd, pero el estudio que menciona muestra mucho más:

Americans were already struggling with historic levels of mental health problems amid the coronavirus pandemic. Then came the video of George Floyd’s death at the hands of police.
Within a week, anxiety and depression among African Americans shot to higher rates than experienced by any other racial or ethnic group, with 41 percent screening positive for at least one of those symptoms, data from the Census Bureau shows.
The findings — from a survey launched by the federal government originally intended to study the effects of the novel coronavirus — indicate that the recent unrest, demonstrations and debate have exacted a disproportionate emotional and mental toll on black and Asian Americans, even as rates of anxiety and depression remain relatively flat among white Americans and decreased among Latin Americans.
The rate of black Americans showing clinically significant signs of anxiety or depressive disorders jumped from 36 percent to 41 percent in the week after the video of Floyd’s death became public. That represents roughly 1.4 million more people.
Among Asian Americans, those symptoms increased from 28 percent to 34 percent, a change that represents an increase of about 800,000 people.*

Lo que el estudio muestra es lo que el titular oculta: el fenómeno del racismo no es exclusivo contra la comunidad afroamericana, se extiende más allá a otras comunidades y por distintos motivos. Es la idea supremacista de una "América Blanca" la que extiende el racismo hacia las diferentes comunidades que coexisten en el país.
Cada país tiene una cierta imagen de sí mismo. El "mito" norteamericano favorece su propio simbolismo, el del país sin barreras, la tierra de la libertad en todo orden. Sin embargo, ese mito, que queda bien en las representaciones artísticas, no coincide con la realidad del racismo.
La muerte de George Floyd es la figura sobre un fondo de cifras, las que mostraban que tenías muchas más posibilidades de morir de coronavirus si eras afroamericano. Floyd le ha puesto cara a una realidad que se escondía tras la frialdad de las cifras, de los datos puestos en gráficos, pero que sacaban a la luz algo que era fácil de entender aunque no fácil de explicar: la terrible desigualdad en las formas de vida, las diferencias entres los hacinados en barrios y las casitas aisladas en las que un padre lanza la pelota de béisbol en ese ritual de aprendizaje repetido hasta la sociedad, pero que solo vemos a blancos hacer; mostraba que cuando enfermaban los obreros de una planta de procesado de carnes, las alternativas de sus patronos blancos eran que se quedaran encerrados en las fábricas y siguieran trabajando.
Han sido demasiados ejemplos.

The Guardian 2/05/2020

El estudio sobre la ansiedad y la depresión se concentra en cuatro grupos: afroamericanos, blancos, latinos y asiáticos. El resultado muestra que el "grupo blanco" es el menos afectado. Han comparado el periodo enero-junio de 2019 con el más reciente 28 de mayo-2 de junio y los resultados son espectaculares desde el punto de vista social, disparándose tanto la depresión como la ansiedad en todos los grupos, con dos destacados: afroamericanos y asiáticos.
La explicación de lo ocurrido para llegar a este aumento, como decimos, va más allá respecto al caso de Floyd, que es la cerilla lanzada contra el polvorín creado por años de acumular injusticias, la estrategia de irritación y confrontación de Trump a lo largo de su mandato. Floyd es el rostro, la muestra que nadie puede ignorar, que va más allá y se vuelve incontrolable. Es la puerta de salida de la furia, de la ira desatada, la energía contenida por la angustia, un ¡basta ya! que se convierte en tsunami.


Pero hay otros factores que no se deben ignorar. Me refiero a ese estado de los asiáticos norteamericanos, el otro grupo afectado de forma intensa y que muestra un mecanismo diferente del racismo:

One surprising finding in the new census data was that Asian Americans experienced the largest one-week change in anxiety and depression symptoms of any racial or ethnic group. Asians had the lowest rates of depression in 2019 — just 3 percent screened positive — but that rate has soared sevenfold during the pandemic.
For months, since the emergence of the coronavirus in Wuhan, China, Asian Americans have experienced marked racism.
“Given how this pandemic started, with discrimination against Asian Americans, it’s not hard to imagine that as the national conversation started turning back to race and racial violence, you see anxiety and depression start resurfacing,” Powell said.
Asian Americans have seen a rise in hate crimes and harassment, their businesses have been targeted by vandals and looters, and Asian doctors and nurses have been abused and physically attacked even as they help the United States fight the coronavirus.
“In my private practice, I’ve seen a huge uptick,” said Michi Fu, a psychologist in Los Angeles with expertise in working with Asian American families. “What worries me about this increase in trauma and stress are all those who aren’t seeking help because Asian Americans are especially less likely to do that when it comes to mental health. Compared to other ethnic groups, the stigma is just incredibly strong.”*

Si el racismo contra la población afroamericana tiene una larga explicación histórica, el racismo anti asiático tiene también la suya, cuyo estallido se produce precisamente en el momento en el que el presidente Trump ha convertido a China en el enemigo número 1 de los Estados Unidos, algo que ha ido construyendo y alentando desde su precampaña electoral y, por ende, uno de sus puntos fuertes, algo con lo que convencer tanto al empresariado y al trabajador. Al ser otro país, se puede descargar la xenofobia y el racismo sin tapujos, se pueden tener asesores, anti China, por ejemplo, si ocultarlo. El racismo interior, en cambio, requiere de camuflaje.
Es interesante como los dos estallidos raciales se producen de forma diferente en sus reacciones. El estallido defensivo que provoca la muerte de George Floyd y el estallido racista ofensivo contra la comunidad asiático norteamericana, atacada responsabilizando del "virus chino" ¡precisamente a los que estaba en Estados Unidos!
Han tenido que salir a la calle a decir "#yo_no_soy_un_virus" ante los ataques e insultos que han estado recibiendo. Mucho odio acumulado. Aquí tratamos el artículo aparecido en The New York Times que se dio cuenta de la monstruosidad que suponía tener que decir "no soy china", solo asiática, para librarse de los ataques. Su reflexión era que el miedo la convertía en racista, esquivando el golpe, pero no evitando que lo recibieran otros. Ese ha sido uno de los principales mecanismos de pervivencia de la xenofobia y el racismo: no va conmigo. Y que los otros aguanten su vela. No basta decir "soy japonés" o "soy vietnamita" y el virus no va conmigo.
Es precisamente este tipo de conductas el que está en la base del racismo o del abuso, el "no va conmigo"... hasta que te toca.
El movimiento antirracista en favor de la población afroamericana tiene una amplia tradición y nombres ilustres, sus mártires y héroes, con sus himnos (en estos momentos suena en mi reproductor Nina Simone con su "Four Women") y sus obras, fruto de esfuerzo, sangre y mucha energía para expresarse a través de muchas artes de enorme influencia. Los sesenta explotarán en el movimiento de los derechos civiles, pero la globalización y el neoliberalismo imperante han agrandado las brechas sociales y estas las raciales, pues no están separadas sino que son consecuencia la una de la otra.


Pero no ocurre así con la población de origen asiático en los Estados Unidos. No deja de ser interesante la reacción presidencial a los premios concedidos por la Academia de Cine a la película surcoreana "Parásitos".
Ya no hay más Pearl S. Buck que medien para comprender a otros. La película La buena tierra (1937), con cinco nominaciones con las que consiguió dos premios, basada en su novela ganadora del premio Pulitzer,  llevaba este texto en el inicio: "The soul of a great nation is expressed in the life of its humblest people. In this simple story of a Chinese farmer may be found something of the soul of China--its humility, its courage, its deep heritage from the past and its vast promise for the future."** 



Ya entonces, Buck tuvo que emprender una cruzada para que los chinos fueran vistos a los ojos de los norteamericanos como algo más que esclavos construyéndoles el ferrocarril y muriendo junto a las vías, como algo más que perversos invasores a los que había que mantener a raya.
Hace tiempo le dedicamos una entrada del blog a Pearl S. Buck que creo que tiene cierta actualidad a lo visto de lo sucedido. No se trató solo de una mujer que amaba a China, sino de una escritora que hablaba de China en un contexto social que seguía siendo profundamente racista.
Podemos ir a la Wikipedia y encontrar una completa información sobre lo que supuso el "Acta de Exclusión China" y sus consecuencias posteriores. Este es el principio, pero recomiendo que sea leído el artículo en su totalidad:

The Chinese Exclusion Act was a United States federal law signed by President Chester A. Arthur on May 6, 1882, prohibiting all immigration of Chinese laborers. Building on the 1875 Page Act, which banned Chinese women from immigrating to the United States, the Chinese Exclusion Act was the first law implemented to prevent all members of a specific ethnic or national group from immigrating.
The act followed the Angell Treaty of 1880, a set of revisions to the U.S.–China Burlingame Treaty of 1868 that allowed the U.S. to suspend Chinese immigration. The act was initially intended to last for 10 years, but was renewed in 1892 with the Geary Act and made permanent in 1902. These laws attempted to stop all Chinese immigration into the United States for ten years, with exceptions for diplomats, teachers, students, merchants, and travelers. The laws were widely evaded.[1]
Exclusion was repealed by the Magnuson Act on December 17, 1943, which allowed 105 Chinese to enter per year. Chinese immigration later increased with the passage of the Immigration and Nationality Act of 1952, which abolished direct racial barriers, and later by Immigration and Nationality Act of 1965, which abolished the National Origins Formula.[2]***

Creo que es un caso insólito el tratamiento dado a los chinos emigrados a los Estados Unidos, país que pronto empezó a mirar a Asia, especialmente a China, con ojos diferentes. Pese a ser una aliada en la Guerra Mundial frente a Japón (que había invadido parte de China), el año 1949, el triunfo comunista en la larga guerra civil china acabó con cualquier esperanza de relaciones normales. La amistad se perdió en el camino.
El estudio que nos muestra The Washington Post muestra esa ansiedad y depresión en la era de Trump. El estallido que abarca todos los Estados Unidos y que se ha extendido a buena parte del mundo desborda ya el espacio, pero deja oculta la xenofobia que se ha manifestado en todo el mundo hacia la comunidad china que no tenía culpa alguna en la expansión del coronavirus pues estaban en diferentes países cuando estalló. Pero para muchos ha servido de excusa encubierta para que se cerraran tiendas o comercios, para deshacerse de competencias.
Se han utilizado los medios para crear un ambiente xenófobo que han pagado las personas que menos culpa tienen, en Estados Unidos los asiáticos norteamericanos y en otros los estudiantes, los dueños de tiendas y comercios, los empresarios que no tenían culpa algunas.


Hoy las comunidades africanas, árabes o hispanas tienen sus asociaciones de protección de sus derechos y todo tipo de defensores para evitar que se confunda, por ejemplo, a todo musulmán con un terrorista. Sin embargo, no ocurre así con las comunidades asiáticas, que prácticamente aguantan en silencio las afrentas. Tuvieron que bloquear las cuentas, sin justificación, alguna a los chinos residentes en España para que estos salieran por primera vez a la calle.
La BBC, la CNN, France24 tienen todos programas del tipo "InsideAfrica". De Asia solo algunos tienen programas de información económica dada la importancia. Pero parece que hay poco interés en conocerse más allá de tópicos y estereotipos negativos. El tratamiento informativo de la pandemia ha hecho sonrojar a más de uno (me refiero a España) con aspectos claramente xenófobos, cuando no racistas. Todo el mundo puede decir cualquier cosa de los chinos, sin freno, con la seguridad de que nadie va a responder recriminando las actuaciones. Por poco simpático que pueda resultar el régimen, lo que se hace va más allá de la política y su traducción es en violencia sobre los que están más acá de la Gran Muralla.


Sé de lo que hablo. De algo anterior a la pandemia, de algo más allá de Trump. He visto cómo se han comportado personas e instituciones, cómo se polarizaban y he escuchado cosas que no pensaba escuchar.
Angustia y depresión no son estados positivos y menos si estos tienen un comportamiento que afecta a los grupos como forma de discriminación racial. Los más afectados, afroamericanos y asiático americanos, viven una situación diferente. También los hispanos han vivido una situación de estrés desde que Trump empezó a expulsar y a querer construir muros, desde que se separaban hijos de las familias como forma disuasoria de la inmigración desde el Sur. No sé cómo medir ese estrés, el de las familias con niños lejos, tal como denunciaron los propios medios norteamericanos.
El racismo no es un problema exclusivamente norteamericano, por supuesto. Pero es allí desde donde, por el poder de la industria cultural, salen muchos estereotipos y modelos negativos sobre el mundo (incluidos nosotros).


La gran factoría de las representaciones mediáticas está en los Estados Unidos. Los medios, de la televisión al cine, pasando por la prensa o la literatura, recrean el mundo según los intereses de grupos económicos, políticos, religiosos o étnicos. No es nuevo, pero sigue siendo real. Siempre han necesitado estigmatizar a alguien de fuera o de dentro, según tocara, hasta llegar a un maniqueísmo que hace irreconocible el mundo.
Por eso es esencial abrir el mundo a otras visiones, del cine a literatura, tratar de comprender el mundo desde ópticas diferentes, estudiar las relaciones interculturales para tratar de comprendernos mejor y no de ridiculizarnos desde la superioridad de hipotéticos destinos manifiestos.


Angustia y depresión son síntomas ante nuestro presente. Estamos en el siglo XXI viviendo con mentalidades de siglos anteriores, pero con una capacidad menor de actuar desde la educación. Hemos abierto la Caja de Pandora de las tecnologías que sirven tanto para extender mensajes racistas como para levantar al mundo indignado con el vídeo de George Floyd asesinado en nueve interminables minutos, una agonía en directo.
Vivimos en un mundo contradictorio cuyos valores se fragmentan. Las redes pueden convertirse en una escuela de contravalores, de desinformación y anular el papel de la educación, convertida en acumulación de conocimientos para ganarse la vida y no para construir un mundo mejor. Es lo que estamos viendo cada día.


Hace mucho tiempo escribí que la última frontera era la idea de "raza", creo que el tiempo me da desgraciadamente la razón. Seguimos considerando al otro distinto como una amenaza. Avanzamos en la igualdad de otras distinciones, pero somos incapaces de aceptar la diversidad de pieles.
Lo intolerable es que se haya aprovechado una pandemia para poner de nuevo sobre la mesa los prejuicios y odios existentes desde hace mucho tiempo, como nos comentaba el artículo de la Wikipedia sobre el Acta. La pandemia nos ha mostrado (y quizá demostrado) que se muere más según el color de tu piel, que ese color determina dónde vives y en que trabajas, cómo te van a atender los servicios médicos o si careces de ellos. Nos ha mostrado que las estadísticas poblacionales se van al traste y no se corresponden con las muertes. Pero era lo mismo que mostraban las poblaciones de las cárceles o los ejecutados en sillas eléctricas, cámaras de gas o inyecciones letales. Son las mismas estadísticas que reflejan los errores judiciales y las condenas más largas. Todo forma parte del menú racista que el coronavirus, sin pretenderlo, deja al descubierto. Lo intolerable es que las personas asiáticas, estén donde estén, sean vistas como parásitos ellas mismas. Son reacciones que muestran que más allá de nuestra seguridad estamos llenos de prevenciones alimentadas cada día por estereotipos que alimentamos.


Comienza ahora una epidemia revisionista, cuya función es lavar la imagen de las empresas, no verse acusadas de programar lo que antes programaban. Da igual ganar dinero con una que con otras. Es fácil cambiar una película. ¿Recuerdan la escena de la película de Spike Lee en la que los neonazis disfrutan de la visión privada de la película "El nacimiento de una nación", el clásico de D.W. Griffith, considerado por algunos la mejor película de la historia del cine? ¿Recuerdan el jolgorio con los linchamientos o las quemas del Klan? Es fácil dejar de programarla y convertirla así en objeto de culto racista, si ya no lo era.


Las dos comunidades presentan perfiles distintos, pero padecen síntomas de angustia y estrés. ¿Hay forma de rebajar las tensiones? Es difícil cuando se están alentando los conflictos raciales y xenófobos desde la presidencia y desde los medios. Parece que el racismo de Trump ha quedado claro tras muchas manifestaciones (ya tiene la guerra que necesitaba), pero el que se está ejerciendo sobre la comunidad china tiene matices muy diferentes al camuflarse de política y tener así más apoyos. La comunidad  afroamericana ha sacado sus "raíces" (recordemos el bestseller reivindicativo de Alex Hailey en los 70) de África y se reivindica "estadounidense" con sus propias características? ¿Ocurre lo mismo con la comunidad chino-americana? Parece que no y el tener un referente, la propia China, les está creando un efecto colateral negativo? No deja de ser curioso que muchas de las películas norteamericanas con historias con China de fondo, tengan precisamente como objeto las distancias entre el país de origen y los Estados Unidos, es decir, entre las viejas generaciones y las nuevas que tratan de conjugar la herencia poderosa con las nuevas formas de los Estados Unidos. Parece como si fuera necesario distanciarse para no ser arrastrados por el creciente conflicto de rivalidad chino norteamericano, que parece marcará las próximas décadas.


Una campaña potenciada por chinos americanos usa la  necesidad higiénica  de lavarse las manos para expresar que hay que limpiarse las manos también del odio que se acumula en ellas. No es mala la idea y es un gran paso para tratar de frenar un problema que nos destruye a todos, en un sentido u otro, que nos deshumaniza. Hay que condenar cualquier forma de racismo o de xenofobia, más en estos tiempos en los que proliferan por todas partes. Las personas no son países o virus. Son personas, con igual dignidad.
Corremos el riesgo de pensar que el racismo es solo lo nuestro y no lo que se aplica a los demás, disfrazándolo de otras cosas. Esa ha sido la astucia de los racistas siempre, disfrazarse para esconder sus motivaciones reales. Ni ocultarlo ni convertirlo en instrumento camuflado.


*  Alyssa Fowers y William Wan, "Depression and anxiety spiked among black Americans after George Floyd’s death"  The Washington Post 12/06/2020 https://www.washingtonpost.com/health/2020/06/12/mental-health-george-floyd-census/
** AFI Catalog "The Good Earth" (1937) https://catalog.afi.com/Catalog/MovieDetails/8507
*** "Chinese Exclusion Act" Wikipedia https://en.wikipedia.org/wiki/Chinese_Exclusion_Act




miércoles, 8 de abril de 2020

Bulos y diferencias que matan

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los efectos de la pandemia del COVID-19 dejan al descubierto aspectos de la realidad tapados o simplemente ignorados. El 31 de marzo, la CNN reproducía un mensaje en vídeo del actor Idris Elba, confinado en su casa afectado por el coronavirus. Lo hacía con el siguiente rótulo: "Elba slams Conspiracy Theory that black people can't get COVID-19" y añadía unas palabras del actor "Stop sending this stuff out. It's very dangerous for all".
La cuestión, una semana después, adquiría unos tintes muy distintos cuando la mayoría de los medios norteamericanos se hacen eco de la desproporcionada incidencia del coronavirus en la comunidad afronorteamericana. Como todas las que afecta a las diferencias de este orden es algo más que delicada y se puede convertir en un conflicto social con trascendencia o en una crisis institucional que se sume al caos de Trump con muchos estados tomando sus propias decisiones ante la urgencia de las medidas.


En The Washington Post se han publicado ayer y hoy artículos que muestran una escandalosa desproporción entre el porcentaje de población afroamericana de algunos estados y el porcentaje del número de muertos. Reis Thebault, Andrew Ba Tran y Vanessa Williams, con el titular "The coronavirus is infecting and killing black Americans at an alarmingly high rate", presentan así la situación detectada:

As the novel coronavirus sweeps across the United States, it appears to be infecting and killing black Americans at a disproportionately high rate, according to a Washington Post analysis of early data from jurisdictions across the country.
The emerging stark racial disparity led the surgeon general Tuesday to acknowledge in personal terms the increased risk for African Americans amid growing demands that public-health officials release more data on the race of those who are sick, hospitalized and dying of a contagion that has killed more than 12,000 people in the United States.
A Post analysis of available data and census demographics shows that counties that are majority-black have three times the rate of infections and almost six times the rate of deaths as counties where white residents are in the majority.*


Se nos advierte que los datos oficiales omiten en muchos estados los referidos al origen de los enfermos y fallecidos. Los números ocultan la realidad social de las muertes y admiten muchas interpretaciones, pero solo un resultado: mueren muchos más afroamericanos que el resto de los grupos.
Es evidente que los coronavirus no tienen preferencias de color ni económicas. Los contagios se producen más cuando las condiciones son más favorables a ello, por un lado, y son más peligrosos cuando existen riesgos añadidos, como el mal estado de salud. Habrá componentes sociales, de comportamiento; también los habrá económicos, como la densidad de los barrios, casas, etc. que aclaren las diferencias tan enormes como las mostradas en los gráficos que el diario incluye desde los datos recogidos por la Universidad Johns Hopkins que muestran una gran diversidad de casos.


Una vez más, son las diferencias acumuladas y específicas las que determinan los contagios en una situación de pandemia. La proximidad es determinante y esta viene determinada, a su vez, por los factores socioculturales, que los se traducen en diferencias. La cuestión sobre qué reflejan esas diferencias es compleja.
En otro de los artículos publicados por The Washington Post, con el titular "The CDC must end its silence on the racial impact of covid-19",  Spencer Overton se plantea el problema en estos términos:

The early data suggest that the covid-19 pandemic is hitting black communities particularly hard. As of Monday, African Americans made up 27 percent of the population in Milwaukee County, Wis., but 70 percent of its covid-19 deaths. In Chicago: 30 percent of the population but 69 percent of deaths. And in Louisiana, the disparity is 32 percent and 70 percent. A similar divide can be seen in Michigan, where African Americans make up 14 percent of the population and, as of last Friday, accounted for 40 percent of covid-19 deaths.
The disproportionate impact appears to be attributable to preexisting conditions — high blood pressure, heart disease, diabetes and inadequate access to health care — that make African Americans more vulnerable to the disease. But the handful of examples above raises an urgent question: Does the effect hold true for African Americans throughout the country?
Unfortunately, there’s no way for the public to know. The Centers for Disease Control and Prevention is not providing nationwide data about covid-19’s impact on African Americans, Latinos or other racial and ethnic groups. The CDC customarily reports such data, but it has not done so with covid-19. Many states and counties are also not publishing the information. As of Tuesday, the CDC had not responded to inquiries about whether it has the demographic data and isn’t releasing it, or simply isn’t tracking the information.**


La urgencia de poder tener datos más amplios, datos que reflejen desde esta perspectiva la realidad nacional de los Estados Unidos es clara. Si realmente existen grupos más débiles ante el contagio, la atención y los recursos deberían ponerse en ellos. ¿Se está haciendo? La sospecha estaría centrada en esa frase final sobre el porqué no se están dando esos datos: no se tienen o no se dan. Si es el primer caso, se puede corregir haciéndolo; pero si no se dan, los motivos por los que no se hace pasan a ser esenciales y se necesita una explicación clara.
El artículo es directo en las consecuencias de esta falta de información y de la necesidad de disponer cuanto antes de ella. Los recursos disponibles deben ser manejados desde criterios de necesidad real y puede que eso no se está haciendo de una forma equitativa, dedicándolos a los más afectados.
Desde aquí hemos insistido varias veces en la doble dimensión, la biológica y la social de una pandemia. En lo biológico, las diferencias son pocas, aunque sí en el estado de salud. En la medida en que el estado de salud no es un término aislado, sino que depende de muchos factores sociales, la complicación de los datos se nos hace evidente. Esto ocurre además en un país en donde, junto con la educación, la salud es una forma de establecer diferencias sociales. La ausencia de muchos servicios a la totalidad de la población hace que las diferencias entre ricos y pobres incluyan en gran medida la de ricos-sanos y pobres-enfermos, por simplificar, la cantidad de matices que esos dos términos contienen.


Hay enfermedades de ricos como las hay de pobres. La salud es un concepto absolutamente socializado. El acceso a los servicios sanitarios, a los medicamentos, el desgaste físico y las diferencias en el envejecimiento y deterioro de la salud por falta de atención y medicación, entre otros muchos factores diferenciales, son determinantes de las posibilidades mayores o menores de contagiarse y, obviamente, de la de supervivencia. Por eso son tan escandalosas las diferencias entre los datos de blancos y negros en cuanto a ser poblaciones minoritarias en número, pero mayoritarias en enfermedades.

Such transparency also advances fairness in health care. Covid-19 demographic data can reveal the degree of access that the most susceptible populations have to coronavirus testing and medical services. Disclosure also allows federal agencies, Congress, states and local governments, as well as journalists, scholars and civil rights groups, to assess the quality of care received by African Americans, Latinos and other racial and ethnic groups. Health-care systems can use the information to guide treatment.
The possibility exists that data about race and covid-19 could be misused. Publicity about disproportionate death rates among African Americans could increase racial discrimination in an echo of recent attacks against Asian Americans amid reports on the coronavirus’s origins in China. Another potential drawback: With lifesaving equipment in short supply in some hospitals, health-care professionals could steer ventilators and respirators away from African American patients and toward those assumed to have better prospects of recovery. And policymakers, seeing the higher death rates in health systems serving black communities, might deem them ineffective and reduce their funding — when increasing it would be the obviously appropriate response.
These concerns are legitimate, but making the truth available is essential — especially now, when disinformation, political polarization and distrust abound.**

Es en esa breve frase final donde se encuentran resumidos los temores y recelos, los miedos a que este singular desvío se deba a cuestiones poco "naturales" y que sean el resultado de otro tipo de factores.
En Europa estamos viendo diferencias entre los países, que representan también diferencias en los comportamientos y en la calidad de los servicios sanitarios, compromiso social, respaldo a los gobiernos, etc. En Estados Unidos, llueve sobre mojada al haber estado sobre el tapete previamente los brotes intensos de racismo y la presencia creciente del supremacismo blanco.


Es el momento de volver a Idris Elba y su petición de que no se escuchen lo bulos sobre que la gente negra no se contagia. ¿De dónde salen los bulos de esta naturaleza? ¿Qué se consigue con que la gente peque en la desprotección? Podría pensarse que surgen de un exceso de confianza, pero también pudiera ocurrir que fueran lo contrario. El hecho es que había corrido el bulo. Nada es más eficaz para distribuir un bullo que decirle a la gente lo que quiere oír. Y lo que queremos escuchar es que somos invulnerables.
En la publicación Okayplayer, con el titular "Are Black People Immune To Coronavirus: How A Joke Turned Into A Believable Myth", el articulista Elijah C.  Watson trata de explicarnos la falsedad del bulo y rastrea su origen respondiendo a la pregunta:

No, absolutely not. I wish it were the case but, unfortunately, it’s not. Initially, this idea started off as a joke, likely through a report that came on March 1 about the low Coronavirus rate in Africa. Although cases have been reported in 11 countries since that initial report — it appears Egypt has been hit the worst by the virus with 59 cases — Africa’s rate still remains low. Searching “Coronavirus Black People” on Twitter will show how the jokes have persisted throughout the month, with the tweets mocking our over-reliance on ginger ale to combat illness, highlighting how Black people have given the virus more cool and less abrasive-sounding nicknames (“The Rona,” “The Roni”), and acknowledging that no one Black had tested positive for the virus yet.
Well, turns out that last month a Black man from Cameroon named Kem Senou Pavel Daryl had contracted the virus while living in the Chinese city of Jingzhou. The 21-year-old student became the first African person known to be infected with the deadly coronavirus, and the first to recover from it. He was treated with antibiotics and drugs normally used to treat HIV patients and was put in isolation for 13 days in a local Chinese hospital.
A story that should’ve ended there ultimately became the source for fake news, as two websites, in particular, changed Daryl’s story and spread harmful misinformation in the process. First, there was the African Daily Mail, who published the story “The black African student escaped coronavirus” on February 13. (It has since been deleted.) The report included the claim that “Chinese doctors have confirmed that he remained alive because he has black skin, the antibodies of a black are 3 times strong, powerful, and resistant as that of a white.” After that, came a report from CityScrollz, who published the story “Chinese Doctors Confirmed African Blood Genetic Composition Resist Coronavirus After Student Cured” on February 14. (It has since been deleted.) The story includes false reporting throughout, including the notion that Chinese doctors said Daryl “stayed alive because of his blood genetic composition which is mainly found in the genetic composition of sub-Saharan Africans.” The report also includes the same claim of Black skin having stronger antibodies than white skin that appeared in the Daily Mail‘s report.
Then came another misleading report from The Zambian Observer, who published the story “Chinese Doctor Says African Skin Resists Coronavirus” on February 16. The Observer report copies CityScrollz’s report word for word, with the only change being its headline. The report is still available to read on the website.
Both stories have since been proven to be false. On February 15, the global news agency AFP spoke with Professor Amadou Alpha Sall — director of the Institut Pasteur in Dakar, Senegal, a biomedical research center that is currently overseeing suspected cases of the coronavirus in Africa — to fact check if Black people are more resistant to the coronavirus.
Sall said that the claim is “false information,” and that “There’s no scientific evidence to support this rumor.”
Alongside the AFP, Snopes has also confirmed that the claims are false.
Still, the idea that Black people are resistant to the virus managed to circulate throughout social media, appearing on personal Facebook profile pages (one post, which has since been deleted, had been shared over 2,000 times since first being published on February 11) and Facebook groups, as well as Twitter and Instagram.***



Pero las ideas falsas son escuchadas a veces con más atención que las verdaderas. Elba habla de "Teoría de la conspiración". Es el clima de recelo existente en los Estados Unidos ante las políticas raciales, por no decir racistas. La creación de un clima negativo ha tenido como contrapartida la idea errónea que el coronavirus sería una "enfermedad de blancos" (de ahí las bromas que Watson menciona sobre el nombre del coronavirus). Sin los datos de las muertes dadas por grupos, distinguiendo lo que supone del porcentaje de población y del porcentaje de muertes, se puede mantener la ficción de que es una enfermedad de blancos y no exigir más atención. Las evidencias de los estudios, sin embargo, muestran una escandalosa realidad. Si tras todo esto hay un bulo, es hora de anularlo, de dejar clara la triste realidad del contagio y evitar así más muertes, más desatención y repartir mejor los recursos.


Sin embargo, no es lo que muchos esperan que ocurra. La desconfianza es un factor importante en el empeoramiento. La falta de credibilidad puede empeorar las condiciones de la pandemia contribuyendo a su extensión. Una vez que se pierde la confianza cuesta recuperarla; sin saber el valor real de la información se pueden cometer errores en la toma de decisiones con resultados trágicos.
Hay que tener cuidado al reproducir las informaciones que no tienen garantía alguna. Hay mucho paralelismo entre lo viral de los bulos y el COVID-19. Ambos se agarran allí donde hay posibilidades de hacerlo. Con información sana, aumenta la salud de todos. Frena los bulos, no les ayudes a seguir contagiando las mentes.



*  Reis Thebault, Andrew Ba Tran y Vanessa Williams  "The coronavirus is infecting and killing black Americans at an alarmingly high rate" 7/04/2020 https://www.washingtonpost.com/nation/2020/04/07/coronavirus-is-infecting-killing-black-americans-an-alarmingly-high-rate-post-analysis-shows/
** Spencer Overton "The CDC must end its silence on the racial impact of covid-19" The Washington Post 7/04/2020 https://www.washingtonpost.com/opinions/the-cdc-must-end-its-silence-on-the-racial-impact-of-covid-19/2020/04/07/6d686450-7906-11ea-9bee-c5bf9d2e3288_story.html
*** Elijah C. Watson  "Are Black People Immune To Coronavirus: How A Joke Turned Into A Believable Myth" Okayplayer 7/04/2020 https://www.okayplayer.com/news/are-black-people-immune-to-coronavirus.html