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viernes, 23 de enero de 2026

Sobre las noticias y los hechos

  Joaquín Mª Aguirre (UCM)


En el mundo ocurren acontecimientos y en el mundo se nos cuentan unos u otros, de una forma u otra. Contar implica seleccionar, aplicar un tratamiento u otro, darle una extensión mayor o menor. Contar significa olvidar otras cosas que suceden. La importancia de algo comienza a medirse en función de su extensión discursiva. Lo que no se cuenta no existe. La trivialidad, por el contrario, puede cubrirnos intensamente.

Me ha llamado la atención que en estos días de desagracia ferroviaria muchas de las personas entrevistadas, personas invitadas por los medios a contarnos lo que han vivido recurrieran a la expresión "como de película" o algunas similares, con el mismo sentido. Hemos aprendido a percibir y valorar la vida por lo que los medios nos muestran. Algo "de película" es lo máximo en una extraña gradación que parte de lo que se nos muestra. Antes se hablaba de una "vida novelesca" o "de novela"; después ha quedado la expresión una "vida de película" para expresar lo extraordinario. "Parecía una película" sirve para valorar lo que hemos vivido, una forma de etiquetarlo y valorarlo.

Esto lo saben los que tienen por misión impactar, ya sea por lo comercial —hacer de un producto algo extraordinario— o incluso por la vía del terrorismo, otro fenómeno publicitario.

El atentado del "11 de septiembre" fue un "atentado de película". No solo se cometió el bárbaro acto, sino que resultó un deliberado ejercicio de espectacularidad mediática. La elección del objetivo buscaba lo simbólico, pero especialmente lo espectacular, que fueran imágenes que quedaran grabadas en la imaginación colectiva. Muchos las confundieron. Hoy se invierte el proceso y muchos filmes se han alimentado visualmente del atentado.

Hemos llegado a la perversión frecuente de seleccionar muchas noticias por sus imágenes y su capacidad de impacto. Lo primero que hacen los regímenes totalitarios es controlar la salida de imágenes, crear cortafuegos para evitar que puedan dejarles en evidencia. Se expulsa a los periodistas y fotógrafos de las zonas de conflicto para evitar esa foto —sobre todo fotos o vídeos— que nos destruya la imagen fabricada en nuestro favor.

Al final una guerra se concentra en el horror de una fotografía. Desparecen los muertos tras un número, pero queda uno, el que la cámara captó, que queda instalado en nuestras memorias, que pasa a representar esa guerra y quizá muchas otras.

La lucha informativa ya no es tanto por la compresión, sino por lograr la atención, por la permanencia de la noticia. Las cadenas televisivas compiten por lograr las audiencias, muchas veces en aspectos informativamente triviales. Resaltan el número de personas que han accedido, como se ganan terreno unas a otras, algo que han convertido en "noticia" dentro de sus propios informativos. El medio o el periodista pasan a ser parte del espectáculo, como ocurre con los "tertulianos", una "modalidad informativa" que busca la atracción hacia la forma. Hoy la modalidad tertuliana invade con programas que contienen acaloradas discusiones sobre la nada o la trivialización de los grandes temas en beneficio del atractivo de la discusión.

En RTVE.es incluyen un titular que recoge una petición desde Radio Nacional: "N nos olvidemos de Gaza". Es algo más que una petición. Puede que los problemas se acrecienten, que crezca, pero eso no garantiza su atención ya que rivaliza con otros focos de noticias. Su presencia no depende del problema real, sino del foco mediático puesto en él, y este se coloca en función de la "atracción" que pueda provocar en las audiencias, que es el objetivo real.

El uso de la curiosidad en la titulación es otro fenómeno revelador. El titular ha cambiado de informar a buscar el atractivo del desconocimiento, para lo que se eluden datos. Una noticia intrascendente se puede esconder tras un titular que pique la curiosidad de los lectores. Todo lo que antes era una forma defectuosa de titulación se ha convertido en una forma de atraer lectores hacia la nada.

La perversión de los objetivos informativos se manifiesta en una creciente pérdida de información, lo que nos lleva a una pérdida de sentido crítico, algo esencial en las sociedades democráticas, donde la opinión es algo más que el resultado de las visitas a las páginas o lo espectadores televisivos. Sin buena información somos más manipulables. El problema hoy es que la manipulación no tiene necesidad de ser "política", aunque no deja de serlo, sino que se basa en la dirección de la atención hacia otros lugares más rentables desde otros puntos de vista, como es el comercialismo y el consumo.

Y lo primero que se consume es el propio medio. Ya no se trata del mcluhaniano "el medio es el mensaje", sino de algo más: el medio es el producto y la noticia el papel de envolverlo. Se crea así una relación peculiar —podríamos decir "perversa"— entre la noticia y los acontecimientos, por un lado, y entre la noticia y su receptor, lo que lleva a una comprensión distorsionada de muchos acontecimientos.

Quizá estos problemas se han dado siempre, pareo ahora en un mundo global e híper mediático, con el problema creciente de los "fakes" de todo tipo que buscan atraer nuestra atención, se hace más acuciante el ser conscientes de ello y sensibilizar a los medios y especialmente a los profesionales de la información que su función no es acumular lectores, que eso es solo el resultado, y que debería ser por la calidad de la información, entendida esta como la ayuda a la mejora de nuestra comprensión de los acontecimientos.


PD: esta página ha sido censurada mediante desplazamiento del feed, según lo definen los propietarios de la red. Como puede apreciarse no hay ninguna imagen que no forme parte del día a día. Se ha cambiado la primera imagen; no se ha quitado la del 11-S. Vivimos en un mundo controlado y arbitrario. Nos da la impresión de ser más libres, pero es una ilusión,

lunes, 14 de julio de 2025

La España sin recursos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Se queja Pablo Linde en el diario El País de la falta de unos recursos mínimos para poder atender los problemas que se producen por el aumento de los casos de problemas en la salud mental de los jóvenes. Lo hace en el artículo titulado "Sin recursos para la salud mental de los menores: “Vienen por un golpe y al final te cuentan que el niño sufre acoso”"*. No hay recursos para afrontar el crecimiento de los problemas.

En 20minutos se recogen las quejas por la falta de recursos policiales para afrontar los violentos disturbios ocurridos en Torre Pacheco este fin de semana y los que se esperan para estos próximos días:

Este refuerzo de agentes se produce después de que la asociación Jucil, mayoritaria en la Guardia Civil, y la Asociación Unificada de Guardias Civiles, y la asociación profesional Independientes de la Guardia Civil (IGC) pidieran al Gobierno a reforzar con más medios a Torre Pacheco para garantizar el orden y "evitar una desgracia terrible".**

Podemos hacer un recorrido por esta España falta de recursos a través de diversos sectores. En todos ellos, la misma queja, la falta de recursos. Algunos dirán que son por las vacaciones, otros simplemente que falta gente para prevenir el más pequeño aumento de actividad. En algunos casos, estos aumentos no son previsibles, como ocurre con los disturbios de Torre Pacheco, en otros ámbitos sí, como ocurre con la sanidad.

Cada vez se producen más a menudo estos desbordamientos en los que las reducciones y la precariedad de las plantillas se muestran muy insuficientes para enfrentarse a los aumentos de casos.

En muchas áreas, la precariedad es grande y los trabajadores —públicos o privados— se ven sometidos a estrés por las situaciones cada vez más frecuentes a las que se encuentran sometidos.

La Ministra de Igualdad hace un llamamiento a qué se denuncie más, ya que considera que existe un estado de "infradenuncia":

La ministra de Igualdad, Ana Redondo, ha asegurado que existe un "problema de infradenuncia" en cuanto a violencia de género, y que "necesitamos que se denuncie".

Redondo se ha expresado así ante los medios de comunicación después de presidir el comité de crisis ante el repunte de asesinatos por violencia de género, que se ha celebrado este jueves por la mañana.***


Sin embargo, un porcentaje de casos de violencia se produce, tras las denuncias, por la imposibilidad de una defensa de las denunciantes. Es obvio que el aumento de las denuncias no puede conllevar solo un aumento del personal administrativo que las atiende, sino del aumento de los recursos destinados a la protección de las mujeres. Esto no siempre se produce y tiene además un efecto contraproducente, al frenar las denuncias por los fallos en la protección, Denunciar es un riesgo añadido si no se protege. la coletilla de "no existían denuncias previas" es una forma de curarse en salud. En un elevado número de casos sí había denuncia, pero no había la protección necesaria por falta de recursos.

Las quejas sobre la "lentitud" de la administración, por ejemplo, en las ayudas en desastres (danas, volcán de La Palma, etc.) son generalizadas. La Justicia se vuelve eterna y se cierran casos porque no se cumplen los plazos prescritos por las leyes.

En su conjunto vemos como hay una pobre situación de los recursos, algunos con efectos más notados según los campos, como ocurre en la Sanidad, la Justicia o la violencia de género.

Un país moderno debe tener en una administración ajustada a sus necesidades reales, pero el modelo de precariedad se está imponiendo y eso no es modernidad. Si el exceso de administración es malo al multiplicar la burocracia, que se justifica a sí misma, la falta de recursos de todo tipo (materiales, humanos, económicos) va también contra esa eficacia que necesitamos para no retroceder. Esa modernidad se manifiesta por la capacidad de evitar los problemas, prevención, y por la solución ajustada. Recortar es fácil; no lo es tanto enfrentarse a los problemas sin los recursos adecuados.

Una vez más, el trumpismo es un ejemplo de la perversión en esto- El fichaje de Elon Musk para desmantelar los "excesos" de tamaño de la administración pública es una muestra de este furor de los recortes. Han tenido un rápido ejemplo de lo que supone en el desastre de las inundaciones en Texas.

Por eso es lamentable la energía dedicada por los políticos a discutir sobre ellos mismos y a su aumento en los diversos niveles de la administración, del ayuntamiento al ministerio.  Mientras, una España recortada, con recursos reducidos, se enfrenta a los problemas con menos probabilidades de resolverlos. Eso vale para la salud mental infantil la violencia de género, el retraso en las ayudas o lo que ocurre en Torre Pacheco.


* Pablo Linde "Sin recursos para la salud mental de los menores: “Vienen por un golpe y al final te cuentan que el niño sufre acoso”" El País 14/07/2025 https://elpais.com/sociedad/2025-07-14/un-sistema-sin-recursos-para-escuchar-los-problemas-de-salud-mental-de-los-menores-es-muy-dificil-ser-joven-ahora-mismo.html

** Edu Casado "Torre Pacheco, un polvorín: la Guardia Civil se refuerza para evitar una "desgracia" tras nuevos disturbios contra inmigrantes" 20minutos 14/07/2025 https://www.20minutos.es/noticia/5730929/0/torre-pacheco-polvorin-guardia-civil-refuerza-evitar-desgracia-nuevos-disturbios-inmigrantes/

*** "Ana Redondo, ministra de Igualdad: "Con la violencia de género, tenemos un problema de infradenuncia" RTVE.es Igualdad https://www.rtve.es/play/videos/informativo-24h/ana-redondo-ministra-igualdad-violencia-genero-tenemos-problema-infradenuncia/16659343/

viernes, 22 de noviembre de 2024

Los rumiantes y chicle de la actualidad política

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No es nuevo, pero se intensifica cuando nos llegan momentos como este del llamado "caso Aldama". La clase política española ha generado algo parecido a una imagen especular mediática cuya función es interpretarles, hablar de ellos, que estén en permanente actualización. Son los "rumiantes", aquellos que dedican largos programas —mañana, tarde y noche— a masticar lo político para nuestra alimentación.

A los políticos les vemos discutir, un escándalo tras otro. Los rumiantes debaten con intensidad, a veces repiten lo que los políticos de un signo u otro dicen, refrendando las tesis y estrategias. Otras veces discrepan.

Los rumiantes políticos suelen estar equilibrados en los canales que buscan no identificarse demasiado, políticamente hablando. Se traducen las líneas políticas a líneas periodísticas y se discute tan acaloradamente como en los pasillos de las Cortes, en el interior del hemiciclo o en cualquier tipo de manifestación acalorada o discreta que la política use para atraer la atención.

No veo en los canales internacionales de noticias este formato, que va a resultar algo muy español, la traducción mediática de las tradicionales discusiones de casino, de mesa de café, pero con cámaras delante.

Los rumiantes son una simulación de "opinión pública" intentado que se mantenga en las audiencias algo que cada vez está más lejos, el interés real de la ciudadanía. En realidad estos largos programas destinados a fijar la atención en la clase política, provocan lo contrario: saturación, aburrimiento, desilusión, hartazgo.


Seguir la política española desde la ciudadanía es un ejercicio masoquista, un sufrimiento ante la discusión inútil, la presencia de mediocres aupados al poder que necesitan ser contemplados, una patología narcisista como otra cualquiera.

Escucho hasta el límite de lo soportable las "opiniones" confusas, descalificadoras, sobrevenidas... de un conjunto de profesionales de la información que dedican sus vidas a repetir lo que los políticos de uno u otro signo dicen. A veces hay continuidad, repetición; en otras, fuego cruzado.

No saben lo que hay de verdad en lo dicho por Aldama, pero todos parecen saber que es mentira. Repiten que no es "fiable" sin saber por qué, pero lo repiten. Los rumiantes son conscientes que se trata de llenar un tiempo de programación y lo llenan con opiniones, solo con lo que han escuchado, aunque luego tengan que conectar con un magistrado que les corrige sobre lo que supone realmente el hecho de las manifestaciones.

Deben tener muchas informaciones que se callan por la seguridad que manifiestan en lo que dicen. En cualquier caso no se trata de saber la verdad, sino de "rumiar" lo que hay, por poco que sea. Se trata de transmitir una sensación—"aquí hay tomate" o "aquí no hay tomate"— a las audiencias que resisten, de hacer ver que son los intermediarios entre una clase privilegiada, un mundo en el que suceden cosas, y un mundo plebeyo e ignorante, el nuestro, el de los boquiabiertos espectadores al otro lado de la pantalla.

Debo confesar que cada vez me resulta más difícil asistir al pobre espectáculo de una política española cada vez más rastrera y degradada, cada vez más un patio de vecindad en el que tirarse trastos a la cabeza, una verdulería constante. Por eso entiendo que el espectáculo de exprimidores, el de los rumiantes, es cada vez más difícil, imposible. Obligados a ciertas formas de cortesía que no vemos en la propia política, que tiende a ser insultante, el espectáculo televisivo se vuelve anodino.

Esta imagen especular, mediática de la política solo puede interesar a personas a las que no les interese la propia política, algo cada vez más frecuente. El espectáculo político en que se ha convertido el desastre de la dana deja pocas salidas, es difícil de superar. Pero lo harán. Ahora nos llega en caliente el llamado "caso Aldana", una secuela/precuela del "caso Koldo", etc. un episodio más del culebrón español.

Ellos creen que están por encima de la política, en una atalaya olímpica, pero es justo lo contrario. Son la herramienta que la política usa para atraer la atención, para mantenerse en el foco permanentemente. Sus alimentos provienen de una cocina muy profesionalizada que redirige las lecturas posteriores hacia la rumia ante nosotros.

Los rumiantes intentan seguir rumiando lo suyo, que es la política española, la antipolítica, en un infinito e improductivo estiramiento del chicle de la actualidad, del que, pegado a nuestra suela, nos es difícil separarnos.

jueves, 25 de enero de 2024

La atención perdida

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En RTVE.es se nos reta desde los titulares a terminar de escuchar un podcast: "Atención: ¿terminarás de escuchar este podcast?" El mismo titular juega con una doble lectura, el "atención" como una llamada de aviso, y la "atención" como centro temático del artículo, algo cada vez más preocupante en diferentes ámbitos: la incapacidad de mantener la atención, de tener una continuidad, de poder concentrarnos en lo que se nos dice o explica.

El primer párrafo ya nos introduce en el problema que se plantea y se nos remite al podcast correspondiente... si han sido capaces de captar nuestra atención, claro:

¿Notas que últimamente te cuesta mantener la atención? ¿Te distraes enseguida de lo que estás haciendo? ¿Se podría decir que tenemos un problema atencional a nivel social? ¿Cómo puede afectarnos esto en la forma de relacionarnos? En un nuevo capítulo del podcast Esto merece una explicación reflexionamos sobre el valor de nuestra atención, sobre cómo funciona este mecanismo del cerebro y de qué manera se ve capturado por distintos estímulos y dispositivos que conforman la economía de la atención.*

El problema se amplía en un sistema que está intentando captar nuestra atención desde múltiples puntos y llamadas. Estamos situados en un universo en el que se nos reclama de forma permanente... y nosotros estamos a otras cosas. Las estrategias de comunicación tratan de realizar esa conquista de dimensiones épicas, que les atendamos, ser suyos durante el mayor tiempo posible... que es cada vez menos.

Este proceso se repite en ámbitos como la educación (nadie aguante mucho atendiendo, a todos se les van los ojos a los teléfonos escondidos entre las rodilla), los medios de comunicación o la simple conversación de amigos o de parejas, a los que ves cada uno concentrado en su pantalla y compartiendo con el otro algún momento que les resulta chocante antes de pasar al siguiente.

El sistema recoge como problema lo que ha sembrado como virtud. El "salvaje oeste" en que se ha convertido el mundo mediático se ha expandido a sus receptores que son ahora incapaces de atender... y entender. Todas estas polémicas en España sobre la "comprensión lectora y las matemáticas", por ejemplo, tienen como origen los mismos males, la incapacidad de estar un tiempo concentrados en algo que requiera cierto esfuerzo mental. Somos víctimas del bombardeo de lo trivial al que vivimos sometidos.

Hacía algún tiempo que no entraba en The New York Times y en The Washington Post y me ha sorprendido la "simplificación"  a que se han visto transformados, tanto en el tipo de diseño como en el aumento de la trivialidad. El mismo problema percibido en la BBC desde hace tiempo. Son medios considerados "serios", para entendernos. Sin embargo el sistema les lleva a simplificarse y a un aumento de lo espectacular.

¿Consiguen lectores de esta forma? No lo sé, pero sí sé qué perfil tienen los que se sientan atraídos por las trivialidades. Un lector de periódicos ahora es el lee el periódico, una cuestión meramente causal. Lo que ha cambiado es el motivo por el que la gente lee periódicos y los motivos para que sean leídos. Es el efecto destructivo de la trivialidad. Se empieza y no se puede acabar. El periódico, el periodismo y la información se acaba degradando ante la idea de la cantidad antes que la calidad. Desgraciadamente, los negocios sobreviven por la "cantidad".


El telediario matinal de RTVE.es se ha abierto hoy con la explicación sobre la pena de muerte en Alabama por el sistema de hipoxia por nitrógeno y al que otros medios, como 20minutos, dedican pelos y señales. Que se abra un telediario con esa noticia no es más que el viejo principio de empieza por lo horrible, una forma de fijar la atención. Antena 3 en alguno de sus informativos matutinos lo suele practicar. El morbo no falla.

La paradoja de la atención no es que la gente no atienda, sino que no puede dejar de atender. El problema es que no suele atender más 5 o 7 segundos... y se pasa a otra cosa. La cuestión entonces es que cuanto más se informe menos se entiende. Eso tiene consecuencias evidentes, como es la falta de comprensión. Lo que nos lleva al siguiente problema, el de que se consumen trivialidades. Los medios han generado el "universo estúpido", un espacio creado artificialmente, para el que se han escogido personajes absurdos, superficiales, etc. cuyas circunstancias —una escenificación, la mayoría de las veces— no deberían importar a nadie por intranscendentes, pero que llaman la atención y nos hace fijarnos con poco más de un titular. Esta focalización en lo intrascendente debe funcionar en los medios porque todos las practican. Con ello, de nuevo, se vuelve a agravar el problema porque, al copiarse unos a otros, la atención también deja de percibir diferencias y se reduce.

La atención tiene ya su propia teoría económica y modelo, tanto psicológico como social. Desde las neurociencias, desde el Big-Data, desde la sociología, etc. se investiga esta reducción progresiva de la capacidad de atención y de todos los efectos que arrastra. Indudablemente, todo aprendizaje se ve debilitado; es más, todo conocimiento que requiera una cierta profundización se convierte en una lucha titánica. Son los modernos cantos de sirena ante un Ulises atado con cintas elásticas al palo mayor de su nave virtual.

¿La solución? Hay varias soluciones según lo que se considere que es el problema real. Unas intentarán ayudarnos a resistir las tentaciones y tratar de que tengamos algo más de consistencia en la vida, Otras, por el contrario, seguirán indagado sobre como saltarse nuestras defensas y rendirnos ante los estímulos triviales ante los que debemos responder con cualquiera de las formas programadas. Mucho me temo que los avances irán por esta segunda línea.

La lectura del artículo sobre la atención que da entrada al podcast tiene un tiempo estimado de dos minutos. Todos estamos tan ocupados que necesitamos saber cuánto tiempo quieren mantener nuestra atención.

Me pregunto si el lector de este artículo habrá llegado hasta aquí. 

* Marta Viceo (RNE) "Atención: ¿terminarás de escuchar este podcast?" RTVE.es 25/01/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240125/atencion-terminaras-escuchar-este-podcast/2464333.shtml

martes, 28 de noviembre de 2023

No molestes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Dos cuestiones que van transformar lo andado hasta el momento: la prohibición de los patinetes y la de los teléfonos a los menores. La primera afecta a personas de muy diversas edades, que se verán sin el medio combinado de transporte —transporte público y patinete—, que es un peligro, según denuncias por algunas explosiones en las baterías. También ha habido explosiones en los teléfonos, si bien esta vez tiene otro tipo de peligros: la exposición de la infancia y los efectos negativos que tiene.

Es un tema que llevamos tratando aquí en los últimos años y que parece que finalmente se va imponiendo por los evidentes y peligrosos efectos que tiene cada vez en edades más tempranas y, por ello, más peligrosas ante la incapacidad de indefensión. Es el atractivo que elimina pensar en los peligros reales. Sin embargo, no se resalta que son los adultos quienes ponen el teléfono móvil en manos de los menores. Hablamos mucho de los efectos sobre los niños, sobre las responsabilidades de las tecnológicas, pero mucho menos de la responsabilidad de los más próximos a ello, que son quienes ponen el teléfono en sus manos. El transporte público permite ver a esos padres adictos que están usando el teléfono de sus hijos para no ser "molestados" por sus hijos en los trayectos. Me imagino que lo mismo ocurrirá en las casas, allí donde el niño se refugia en el teléfono ante la indiferencia familiar. Los padres solo tienen que retirar el móvil... pero no lo hacen. Sn los verdaderos introductores del elemento negativo en las vidas de sus hijos. De esto se habla mucho menos, pero es la triste realidad. Podemos escuchar todo tipo de excusas, pero no hay móvil en manos de los niños que no haya estado antes en manos de los padres.

En el diario El Mundo se nos da cuenta, a través de un artículo de Olga R. Sanmartín, de un acuerdo entre instituciones de diverso tipo al respecto. Todo esto servirá de poco mientras exista esa irresponsabilidad familiar que da los teléfonos a los hijos para no ser molestados. En el texto se señalan algunas consideraciones que son de importancia para ver el estado en que se encuentra todo esto: 

La Fiscalía de Menores y la Agencia Española de Protección de Datos han consensuado con 131 entidades un documento con 15 medidas concretas para «proteger a la infancia y a la adolescencia en el mundo digital» que van a presentar a todos los grupos parlamentarios con el objetivo de que alcancen un pacto de Estado. Es el primer gran acuerdo social logrado en España en relación a las pantallas. El texto, que muestra un cambio de rumbo respecto al uso de las nuevas tecnologías por parte de los menores -se aborda como un «problema de salud pública»-, contempla medidas como «limitar» los móviles en los colegios, establecer mecanismos de verificación de edad para impedir el acceso a pornografía u obligar a que las tecnológicas se responsabilicen de los daños causados.

Los firmantes recuerdan que la llegada del primer móvil de uso personal en España está en torno a los 11 años, que el 90,8% de los adolescentes se conectan todos o casi todos los días y que el 98% está registrado en alguna red social. Según un estudio de Unicef, uno de cada tres jóvenes españoles podría tener ya un consumo problemático de internet. La edad media para el primer contacto con la pornografía se encuentra entre los nueve y los 11 años.

«Su uso por parte de niños, niñas y adolescentes es especialmente sensible, además de porque se encuentran en un momento evolutivo y de neurodesarrollo, porque son productos diseñados para adultos, que pueden afectar a su socialización y que pueden potenciar posibles problemas de salud mental, como la ansiedad y la depresión, además de facilitar situaciones de violencia como el acoso escolar y sexual», advierten.

«El acceso a la tecnología se ha convertido, en muchas ocasiones, en una puerta a contenidos inapropiados para el desarrollo integral de los niños, como los pornográficos, que generan una banalización de las relaciones sexuales, sexualización precoz o sesgos de género», avisan los fiscales de menores, expertos en protección de datos y representantes de asociaciones que atienden a la infancia como Unicef, Save the Children o la Fundación Anar.

Añaden que «los modelos de negocio de las grandes plataformas y redes sociales se basan en la captación de la atención de estos niños a través de diseños persuasivos, casi siempre ocultos para los padres, produciéndose una mercantilización de sus datos a través de su recogida, la aplicación de algoritmos opacos y el perfilado para su venta a terceros con fines publicitarios».* 

Como puede apreciarse, se sigue soslayando el hecho de que son las familias las que entregan los teléfonos a sus hijos. Peor: el énfasis se pone en los espacios exteriores a la familia, los colegios. Mientras no se ataque el centro del problema (la irresponsabilidad familiar), todo quedará en manos de instituciones a las que se les exige que controlen lo que la familia no controla. Esto es una fuente de problemas futuros, ya que la paciencia institucional es corta y se hartarán de ser ellos los que combaten lo que la familia no hace.

No son necesarios muchas encuestas ni estudios para comprobar la fuente de los móviles. Basta con mirar lo que ocurre en la calle, los padres y madres con un móvil en la mano mientras empujan un carrito, llevan a un hijo de la mano o se aíslan de ellos en un parque. Es algo que se hace a simple vista, en la calle.


El otro día asistí a un trayecto de metro con un padre absorto en su móvil (veía un partido de fútbol), mientras el hijo, de unos ocho o nueve años, se aburría con el suyo. Intentaba acercarse al padre y este le ignoraba, concentrado en su pantalla. Salieron y el padre recorrió los túneles con la mirada fija en la pantalla. El niño avanzaba a su lado, con el móvil en su mano

El niño repite el comportamiento de los padres, normaliza lo que ve y lo repite en su esfera. Nadie se plantea entrar en el ámbito familiar, me imagino que por cuestiones legales, pero ¿qué hacer cuando es ese el foco del problema? A lo mejor es necesario cambiar el objetivo de las campañas, aunque dudo que sirva de mucho a estas alturas.

El acuerdo social es una buena noticias, pero las dudas sobre su eficacia están ahí. Los menores son solo una parte del problema.

* Olga R. Sanmartín "Primer gran acuerdo social para un pacto de Estado que "proteja" a los menores de las pantallas" El Mundo 27/11/2023 https://www.elmundo.es/espana/2023/11/27/65608476e9cf4a3e738b456d.html

sábado, 11 de noviembre de 2023

La batalla del móvil

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En su Comprender los medios de comunicación (1964), el canadiense Marshall McLuhan escribió:

La descomposición de la tribu por la capacidad de leer y escribir y sus efectos traumáticos sobre el hombre tribal es el tema de un libro del psiquiatra J. C. Carothers, The African Mind in Health and Disease (Organización Mundial de la Salud, Ginebra, 1953). Gran parte de su material apareció en un artículo de la revista Psychiatry, de noviembre de 1959: «La cultura, la psiquiatría y la palabra escrita». Una vez más, es la velocidad eléctrica la que ha revelado las líneas de fuerza que, desde la tecnología occidental, operan incluso en las zonas más remotas de la sabana y del desierto. Un ejemplo de ello es el beduino montado en camello y escuchando la radio. (trad. Patrick Ducher)


Para el McLuhan profeta de los medios, ese ejemplo representan el punto en el que la tribalización vuelve a reinar tras el episodio de la individualización de la escritura. Escritura y lectura nos distancian, mientras que el mundo oral es colectivo. La electrificación, señala McLuhan, nos lleva a las tribus, representadas por ese beduino sobre su camello escuchando la radio, la nueva oralidad eléctrica.

Hoy el beduino no tendría una radio en su mano, sino un teléfono móvil con el que podría estar conectado por videoconferencia con sus colegas tribales o de cualquier parte del mundo, chatear, escuchar música, hacer fotos desde lo alto de su camello recogiendo la belleza de las puestas de sol y podría tener una aplicación para saber la posición de los animales que vigilara, entre otras muchas cosas.

El mundo del beduino ya no es solo eléctrico, como el descrito por McLuhan, sino digital y global. Todo pasa por su móvil y su móvil es el centro de su mundo. Desde allí recibe todo y desde allí emite todo.

En cierto sentido, todos somos ya ese beduino en lo alto de un camello, conectados al mundo y, a la vez, lejos de él. El móvil conecta y aísla simultáneamente. Estar conectados, además, implica una dimensión teatral. No somos más nosotros mismos, sino más el resultado de las miradas de los otros, que nos modelan con sus imposiciones. Cuantas más conexiones, más dimensiones del yo en marcha.

El teléfono móvil se ha convertido en un centro absorbente de atención que nos aísla a la vez que nos conecta. Nos aísla de todo lo que no aparase en la pantalla, escenario feroz de una guerra no declarada, una "operación especial", que diría Vladimir Putin, en nuestro cerebro.

Los psicólogos y educadores nos lo advierten. Los profesores universitarios lo padecemos como en cualquier otro nivel. Lo padecemos de dos formas. A) desde la perspectiva de los contenidos, han empleado la mayor parte de su tiempo en atender lo que el móvil les demanda, olvidando atender muchas otras cosas; sencillamente se han movido por el mundo durante unas décadas ya ignorando todo aquello que no aparece en las pantallas. Nada de Literatura, cine, etc. solo lo que el móvil les manda para tener la sensación de que están "conectados" al mundo. B) como nos explican psicólogos y economistas, el descenso de la edad de uso del móvil busca generar una adicción. Esto cambia el sentido del tiempo y se produce una incapacidad de mantener la atención, algo que constituye la queja en colegios, institutos y universidades. La atención fija se convierte en un imposible de sostener cuando el hábito es el cambio permanente, la necesidad de fijar la mira en el móvil el deseo incontrolable de verificar si se han puesto en contacto con los nosotros. He proyectado películas mientras los alumnos eran incapaces de fijar la mirada en la pantalla y esta se les iba irresistiblemente hacia sus teléfonos.

Hace unos días asistí a una comida en la que el hijo, mayor de 20 años, mantuvo todo el tiempo el teléfono bajo la mesa. Sus ojos iban del plato a la pantalla, entre bocado y bocado. No había otro movimiento; no dirigió una palabra a sus padres en toda la comida.

La guerra del móvil va a comenzar ya. Más bien se trata de una "reconquista" de un territorio, el atencional, para poder llenarlo de contenido antes de que se convierta en eso que han llamado "memoria de pez", algo que apenas dura unos segundos.

La guerra por recuperar la atención se presenta fuertemente disputada, épica. Se trata de convencer a las víctimas de que lo son, de que está perdiendo gran parte de su vida en cosas efímeras por definición, una larga cola de instantes intranscendentes.

Los libros se acumulan sobre esta cuestión. A los que viven de ella no les importan. Lo disfrazan como parte de la "nueva economía", la que se disputa nuestra atención, la que le pone precio. El problema es que su objetivo es formar adictos distraídos, gentes incapaces de separar sus ojos de esas pantallas que hoy muchos piden prohibir en los colegios. Como a todo adicto, la supresión de su materia de adicción conlleva efectos de irritación, violencia, etc.  Los padres que han dejado a sus hijos teléfonos para poder estar tranquilos mientras consultan los suyos experimentarán ahora los efectos de esos años con el móvil en la mano, ojos y mente.

Por allí han dejado de pasar libros, películas, etc. Es la conexión al momento y la negación del pasado como legado. Generaciones ligeras, cargadas solo con el presente, incapaces de conectar con la cultura. Esto es ya un hecho y la diferencia entre los que son incapaces de dejar el móvil y los que han sido educados de otra forma empieza a ser abismal. Afecta directamente a la educación y, por ello, a nuestras vidas en lo personal, lo relacional y lo cultural.

Solo beduinos en el desierto, con el móvil en las manos. No hay más. Una nueva forma de tribu, aislada y a la vez conectada a través de los móviles o dispositivos que les hacen sentir que hay algo más allá de las pantallas, un estímulo constante y adictivo a la virtualidad.

 

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Los niños, los móviles y la atención

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En Antena 3 plantean de nuevo la posibilidad de que las Comunidades Autónomas, que son las que tienen las competencia educativas, prohíban el uso de los teléfonos móviles en las aulas de los centros públicos a los menores de 15 años. El artículo recoge algunos países donde esa medida se está implantando ante los resultados del uso de los móviles.

No sé muy bien cuál es el espacio para la especulación porque todos los informes existentes y, mejor todavía, las experiencias de los docentes apuntan a lo mismo. Es más, cada vez hay más estudios y publicaciones que hablan de los efectos negativos. Esto además incluye un factor esencial: los efectos se producen en el momento "natural" del aprendizaje, en un periodo en el que se forman y que se ve alterado por toda una serie de efectos y también por una pérdida de tiempo que se debería dedicar a la formación real, a lo más valioso. Si al teléfono le sumamos el tiempo que consume el otro gran devorador de tiempo y atención, los videojuegos, veremos que el panorama es realmente penoso.

Ayer hablábamos aquí de los semáforos en el suelo en Sabadell instalados porque la gente cruza las calles sin quitar la vista de la pantalla, con el peligro que esto supone. Pero si esto es crucial en la infancia y adolescencia, basta con ver los efectos en los adultos, en la pérdida de demasiadas cosas, de la conversación a la atención a los que nos rodean. Hablamos de los niños, pero ¿y los padres? Acérquese a un parque y verá lo que sucede. Durante la pandemia, los psicólogos y los medios especulaban sobre aquellos pobres bebés que crecerían sin ver las caras de sus padres y demás porque llevaban mascarillas. Hoy vemos pasear a bebés en cochecitos, aburridos, sin estímulo alguno, mientras sus padres consultan el teléfono. Muy poquitos van con las manos libres y miran a sus hijos, les hablan. Sobre todo en las edades más tempranas, la indiferencia es enorme. La cara de los niños lo refleja a la perfección. ¿Qué de extraño tiene que quieran pronto un móvil, como sus padres?

La generación que no lee, no ve cine, ni escucha algo más que lo que le ofrecen está ya en los niveles universitarios. Ya te hablan de videojuegos de la misma manera que antes te hablaban de la literatura, el cine o cualquier otro arte con capacidad de desarrollo formativo.

Hay dos libros que les recomiendo encarecidamente. Son muy diferentes pero con un mismo tema, el robo de la atención, es decir, la forma en que se secuestra para evitar que se centre en algo que no sea rentable para las grandes empresas de las comunicaciones que han creado este nuevo mundo y su capitalismo tecnocrático. El objetivo de las mismas es crear esa adicción que basta con que se suba a un transporte público para comprobar: miles de personas con la mirada perdida en el móvil. Ya son de todas las edades porque esto no comenzó ayer.

Son dos libros muy diferentes en extensión y enfoque. El primero de ellos fue declarado libro del año por The New York Times, se titula "Mercaderes de atención: La lucha épica por entrar en nuestra cabeza" (Capitán Swing, 2017, ed. española 2020) y está escrito por Tim Wu, un profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad de Columbia. Su traductora es Paula Zumalacárregui. Esa "lucha épica" que describe da lugar a una interesante historia de algo a lo que hemos llegado hoy, pero que comenzó precisamente con la llegada de los periódicos en las primeras décadas del siglo XIX cuyo objetivo era buscar la contratación de la publicidad a la que somos vendidos. El libro son quinientas páginas en las que se va comprobando cómo cada nuevo medio creado acababa al servicio de ese mercadeo atencional que nos saca de nuestro pensamiento y nos sumerge en un flujo que nos arrastra consumiendo nuestro tiempo, es decir, nuestra vida. La obra avanza paso a paso mostrándonos los nombres de aquellos que fueron diseñando este espacio en el que nos encontramos. Del XIX al XXI, nos muestra todos los pasos dados. Puede decirse que es una historia de las comunicaciones modernas desde esta perspectiva, desde ese secuestro atencional.

La otra obra tiene un estilo muy diferente, un tono y enfoque que apunta directamente al problema y no se anda con contemplaciones. El dedo señala de forma continuada a los responsables de este mundo alterado. El autor es Bruno Patino, decano la escuela de Periodismo Sciences Po y director de Arte France, y su título es "La civilización de la memoria de pez. Pequeño tratado sobre el mercado de la atención" (Alianza Editorial). Apareció en 2019 en su versión original francesa y está traducida por Alicia Martorell. Está en su cuarta reimpresión en 2023.

Allí donde Wu saca sus dotes de analista histórico, Patino se lanza a la yugular y expone las distintas patologías desarrolladas por este sistema viciado. "Ha llegado —nos dice— el momento de combatir, no para rechazar la civilización digital, sino para transformarla en su naturaleza y recuperar el ideal humanista que movía a los primeros utopistas de la eclosión del mundo digital" (20).

So dos libros importantes para comprender esta realidad reductora, adictiva y trivial, que comercia con todo con tal de que no apartemos los ojos de ella. El teléfono, como nos señala Wu, no es el origen sino una pieza más en un proceso de transformación del capitalismo que ha adquirido tal poder sobre nosotros que es difícil de resistir o evitar.

La polémica de nuestros responsables educativos es una polémica tonta más que añadir a nuestra lista nacional o regional. El daño causado es grande y no cesa. Puede que a muchos no les importe estar rodeados de personas que ya no hablan, solo discuten, que son movidos como títeres por los hilos atencionales. A otros sí nos importa, especialmente cuando la enseñanza es tu trabajo y vocación. Es triste ver cómo algo tan grande, tan poderoso, queda en manos de manipuladores con enorme capacidad económica (es el negocio del siglo) y muy pocos escrúpulos. Han puesto a su servicio la tecnología y, sin duda, la propia Ciencia, que investiga para ellos, para realizar una más sutil manipulación de las mentes y del comportamiento consiguiente. Desgraciadamente, en muchas de nuestras Facultades de Comunicación es ya el camino reglado. Enseñar a manipular es el objetivo declarado sin tapujos.

Una de las cosas en las que inciden los libros sobre economía de la atención es que no se trata de una imposición, sino de una adicción. Son las personas las que reclaman más. Por eso la atención a la infancia es un objetivo: es allí donde se forman los consumidores futuros que, sin defensas, demandan más dejando su tiempo ante las pantallas en un continuo explorar mecanizado, sin más sentido que la incapacidad de hacer otra cosa. El libro de Bruno Patino, por ejemplo, explora las diversas patologías que se han formado en este proceso creciente.

Qué hacer con los menores y los teléfonos en las escuelas es una pregunta con poco sentido cuando miramos la sociedad que pasa ante nosotros. Quizá ya es tarde. 

lunes, 18 de septiembre de 2023

La atracción del teléfono

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Me ha sorprendido, pero a grandes males, grandes remedios, dice el refrán. A veces lo más costoso es darse cuenta de lo evidente, de que las cosas no van a cambiar por mucho que nos empeñemos.

Les cuento. Durante décadas se nos enseño que las personas debían mirar a derecha e izquierda antes de cruzar la calle, que había que cruzar por donde hubiera un semáforo o un paso de cebra y que el semáforo se cruza en verde. Sí..., pero de qué sirve todo esto si no miras el semáforo, es más, no te das cuenta ni de que existe porque ¡vas mirando el teléfono!

El teléfono móvil, el celular, como lo queramos llamar se ha convertido en un ¿problema? para muchas cosas porque concentra nuestra atención, nos absorbe y quizás hasta nos abduce.

Recuerdo las primeras noticias de gente que se caía en alcantarillas abiertas por ir mirando el tiempo. ¡Jajajaja!, nos reíamos entonces, "¡Cómo se puede ser tan despistado!", decíamos con la sonrisa burlona. Sí, eran otros tiempos. Ahora nos pasamos paradas por ir mirando él móvil, contamos nuestra vida a voces sin importarnos lo que contamos. ¿Recuerdan cuando hablar por teléfono en un vagón de tren recibía fulminantes miradas por parte de todos los viajeros y había que salirse del vagón a hablar?

¿Recuerdan cuando hablar por teléfono móvil era una anomalía y no está aplastante normalidad que se ha llevado por delante nuestra forma de vida? Los bebés chupan los teléfonos forrados de silicona cuando les duelen loa dientes que luchan por salir; la gente consume tiempo y pulgares pasando pantallitas con rítmico aburrimiento... Los perros pasean aburridos ante unos imperturbables amos que miran el móvil y les ignoran. El otro día vi cómo se le escapó el cochecito del bebé en una cuesta cuando soltó la mano para ver un chat; menos mal que reaccionó...

El otro día hice un recuento rápido en el tren y habría como un 75% de personas colgadas al teléfono, los demás dormitaban y solo dos íbamos con sendos y gruesos libros camino del trabajo.

Antena 3 nos trae una noticia con el siguiente titular "Instalan semáforos en el suelo de Sabadell para los despistados que miran el teléfono hasta para cruzar". Se nos dice que se han tomado las siguientes medidas: 

Cada vez son más las personas que no miran los semáforos al cruzar la calle por culpa del teléfono. Sabadell refuerza la seguridad de los viandantes con la instalación de los semáforos de tierra con el objetivo de captar la atención de los peatones.

Una medida que se ha empezado a aplicar en las principales arterías de la ciudad desde julio y que tiene el visto bueno de los vecinos. Para muchos, es una buena medida e incluso algunos nos han dicho que los despistados que van siempre con el teléfono "no se fijan si se pone en verde". Otra vecina de Sabadell nos decía: "Deberíamos no ir tanto con el móvil, ya que esto no lo vamos a cambiar y así evitamos los sustos"

La alcaldesa, Marta Farrés, asegura que estos semáforos sirven para "que la gente no cruce sin mirar y que tengamos un susto con algún peatón herido".*


El ayuntamiento se planteó multiplicar las multas y aceptar los accidentes o seguir la doctrina del Judo y aprovechar la fuerza del contrario. Si el peatón no mira donde debe, pongámosle el semáforo allí donde mira, es decir, hacia abajo. Por lo menos estará más cerca de su visual que hacia arriba, hacia donde no mira.

La decisión del ayuntamiento me parece acertada. Es eso o llenar los hospitales y juzgados.

Me imagino que no falta mucho para que se le ocurra a alguien la solución digital, que sería que los teléfonos se conectaran directamente a los semáforos mediante una "app", con lo que se podría tener el rojo y el verde en pantalla sin tener que levantar la mirada.

Todo llegará. Por ahora, Sabadell es puntera en salvar la vida no a los despistados, como dice el titular, sino a los que viven pendientes de sus pantallas. ¿Cómo vamos a dejar las trivialidades fascinantes que nos llegan a través de ese rectángulo? ¡Antes la muerte que dejar de mirar! Lo peor es que ese mirar absorbente no tiene ninguna finalidad más que el hecho mismo de mirar; es, literalmente, el secuestro de nuestra atención, el bien más productivo del que disponemos. El teléfono móvil se lo traga todo. En ese todo estamos nosotros incluidos.

Por más que queramos competir con el teléfono haciendo semáforos monísismos, la atracción del teléfono es absoluta.

Las víctimas del teléfono no son los atropellados, que a lo mejor escarmientan. Somos todos, que pasamos media vida (contando por lo bajo) mirando es pantallita, venga a cuento o no. Lo triste no es que la gente no pueda quitar la vista de los teléfono; lo triste es que muchos no sabrían qué hacer sin él.

Un sistema similar fue instalado en Holanda por el mismo motivo, los miradores de teléfonos. Fue en 2017 y el diario El Mundo informó de ello. Ahora toca en Sabadell y me temo que serán necesarios pronto por toda España.

  

* Albert Castilla "Instalan semáforos en el suelo de Sabadell para los despistados que miran el teléfono hasta para cruzar" Antena 3 17/09/2023 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/instalan-semaforos-suelo-sabadell-despistados-que-miran-telefono-cruzar_2023091765069dd21fb4a6000138aa8d.html