Mostrando entradas con la etiqueta caza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta caza. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de agosto de 2015

¡Salvemos a los dentistas!

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
España puede respirar tranquila. No hemos sido nosotros. Afortunadamente, las primeras noticias, las que aseguraban que al león Cecil se lo había cargado un español, han sido desmentidas. También nos acusaron de la crisis del pepino y se tuvieron que desdecir. 
Lo de echarle la culpa a un español tuvo aquí cierta favorable acogida ante la posibilidad de que hubiera sido alguien del PP, incluso el propio Mariano Rajoy, al que pega eso de la cacería por aquello de los estereotipos de la derecha, al que tanto provecho le sacó Luis García Berlanga en la serie de películas de La escopeta nacional, celebrado retrato de la España casposa y con pretensiones, incluida la nobleza y la política. 
Hubiera sido un puntazo, desde luego, que hubiera sido Rajoy el que se cargó a Cecil el León, aunque le hubieran llevado engañado, como le pasó con el mitin aquel en el que le metió el listo de Erdogan. Rajoy pensaba que iba a inaugurar algo y se encontró con un mitin de islamistas que pensaban —es lo normal— que Erdogan había llevado allí al presidente español a pedir disculpas por lo de Lepanto, un hito después de ser el único ser vivo en el planeta que le dio la mano al Emperador de Japón. A nadie le hubiera extrañado. 


En fin, los tópicos y estereotipos no siempre se cumplen. Se cumplen con Blesa, el banquero cazador. ¡Nos acordamos también del elefante que mató nuestro anterior monarca y que casi nos cuesta una constitución! ¡El provecho que le hubieran sacado algunos! Y es que la caza tienta a los poderosos, sobre todo la "mayor". Para matar conejos ya está el pueblo llano. 
No sé cómo estará esto ahora, pero durante mucho tiempo, la caza era el deporte con más licencias en nuestro país. Y la apuesta por el turismo cinegético, que deja mucho dinero, la están haciendo muchas Comunidades, como también la hizo Zimbabue. Se cazan muchos leones allí, pero no a Cecil, que era un icono. 


Y parece ser, según 20 Minutos, que los españoles estamos en los primeros puestos de los leones cazados allá, por lo que no es de extrañar la información que atribuía inicialmente la caza de Cecil a un español. Como estamos con esto de la crisis siempre en mente, nuestra prensa lleva a los titulares los 50.000 euros pagados, antes que la crueldad de su muerte. Y es que cada uno apunta a donde más le interesa. ¡Si llega a ser un político, aunque fuera un concejal! ¡La que se lía!


Cuando nuestra prensa ya estaba feliz con que hubiera sido un español el mataleones (unos orgullosos como ABC y otros escandalizados como El Mundo), hete aquí que la trama da un giro copernicano (es decir, grande) y resulta ser que no, que ha sido un dentista norteamericano el que se cargó al pobre Cecil el León. 
Hemos sobrevivido a los debates taurinos y conseguido aumentar el turismo, pero no sé si hubiéramos superado lo de Cecil. No nos salva ni Hemingway resucitado, cazador, por cierto, pero de leones sin nombre.


Lamento la muerte del pobre animal, víctima de su belleza y singularidad, al que más cariño le tenían en el país, todos menos los que montaron la cacería y lo atrajeron con malas artes fuera del sitio donde estaba protegido para ponerlo a tiro del dentista sin escrúpulos, pero con mucho dinero para estas cosas.

La muerte de Cecil ha servido hasta para escribir sesudos artículos sobre la importancia de ponerle nombre a los animales para así protegerlos o, al menos, que su muerte tenga amplia repercusión y efectos disuasorios para cazadores y dentistas aficionados. Se trata de personalizar el anonimato animal de serie, una especie de bautismo que te salve del destino de la caza borrándote el pecado original de venir al mundo sin nombre. Es convertirlo en mascota de todos. Hasta los zoos más tontos  lo saben: le pones Chu-lín a un panda y aumentan las visitas y los ingresos. Entonces todo se convierte en personal. ¿Quién va a cazar a un animal con nombre? Demasiado riesgo. Pero aquí falló y Cecil el León ha dejado esta vida y ya es leyenda.


Por mi parte debo decir que una vez eliminados los principales sospechosos españoles, mis favoritos eran dentistas, personas a las que —con excepción de mi dentista que es prodigiosa— siempre he considerado capaces de cualquier maldad sádica armados con sus tornos. Reconozco que es en gran parte debido al efecto causado por la visión de la película Marathon Man, en la que el doctor Mengele sometía al pobre Dustin Hofman a tortura dental insoportable. La posibilidad que tras cualquier dentista se pueda esconder un Mengele y no un Sir Lawrence Olivier se escapa a la razón, pero no somos responsables de estas emociones primarias que nos pasan por la amígdala. Lo siento.


Lo más sorprendente es la reacción vengadora que media humanidad, en el siglo de las redes sociales, ha tenido para con el dentista cazador. Nadie se ha preguntado por los hermosos ciervos que  posaban a sus pies esperando a que les quitaran la cornamenta que luciría en su consulta con orgullo depredador. Por eso dicen que el hecho de que el león se llamara Cecil (o de cualquier otra forma) ha ayudado a dirigir los sentimientos de pena por el animal y de odio por su asesino. Es un fenómeno interesante que gente que no se preocupa de tanto dolor en el mundo se haya vuelto furibunda y se dedique a rastrear y amenazar al dentista, que ha quedado registrado como un criminal ante los ojos implacables del mundo.


La muerte de Cecil el león se ha convertido en un fenómeno masivo de consecuencias imprevisibles. Angus McNiece escribía en The Washington Post, con el título "Forget hunters. Humans pose all kinds of risks to lions", la siguiente reflexión sobre el aspecto mediático del asunto:

Should the media solely choose to focus on the hunting debate, the vilification of an American dentist will surely not discourage the world’s sport hunters, a community that at times seems to revel in an “us and them” mentality.
A bad guy at the center of a narrative certainly makes it more intriguing, though in many cases Palmer is a red herring. The international disgust toward the poachers of southern Africa’s rhinos helps fast-track efforts to hunt the perpetrators down directly and individually. However, conservation is best conducted through policy — to believe that Africa’s animal black market will be controlled via picking off its foot soldiers is to believe that America’s illegal drug trade can be resolved by policing street corners.
A poor, rural farmer, for whom cows are cash, is a harder figure to demonize than a Minnesota dentist with a bow and arrow, but this character needs equal attention. He and his family live alongside wild animals, and lions can get nasty.*


Como todas las buenas historias, la de Cecil el León tiene un héroe —Cecil, claro— y un villano, el dentista, para más señas. Es el villano perfecto. Después de todo, ¿quién no ha sufrido alguna vez en el dentista? Ya sea por el dolor o por la factura, esperamos que el dentista sea capaz de todo. La tesis del articulista es que un villano vende la historia. Si hubiera sido español, como se anunció, la mitad de nuestros turistas hubieran recogido la sombrilla y se hubieran ido al aeropuerto prometiendo no volver a este país bárbaro. Nos hemos librado de una buena.
El articulista sostiene que hay muchos más peligros que los dentistas sueltos por el mundo, que él ha visto morir muchos leones envenados por los animales que se comen, fruto de las trampas y por otras muchas circunstancias. Pero eso vende poco. Tiene razón, no vende casi nada. Un dentista sí. Ese contraste entre el sonriente médico de bata impoluta y el sonriente sádico que posa junto a los animales muertos es otra cosa.

The New York Times va más lejos y le dedica un editorial, con un título sobrio y solemne: "The Death of Cecil the Lion". ¡Ahí es nada! Dice el editorialista:

The death of Cecil, the black-maned lion killed by an American big-game hunter in Zimbabwe, has unleashed a global storm of Internet indignation. The hunter, Dr. Walter Palmer, a dentist from Minnesota, has been forced into hiding.
On the face of it, the reasons are not hard to discern: In an era of dwindling wildlife, proliferation of threatened species and large-scale poaching of elephants and other beasts, big-game hunting in Africa does not hold the allure it may have had in Teddy Roosevelt’s day. And Cecil was no ordinary cat.**


Desde luego que no. Y ahora menos todavía. Cecil el León es ahora leyenda el más querido león de todos los que hasta hace unos días ignoraban que existía y no les importaba si lo cazaban de una forma u otra.
Cecil el León es carne de peluche en este mundo extraño en el que vivimos. Esta ira se irá transformando poco a poco en una corriente canalizable en la que incluso Zimbabue podrá sacarle algún rendimiento, si no lo ha hecho ya de forma directa e indirecta. Los humanos somos así, matamos los leones y compramos su recuerdo. Recuerden la indignación que provocó la muerte del perro de la enfermera española con ébola. Mientras unos querían evitar que los enfermos vinieran a España, otros se lanzaban sobre la camioneta que llevaba al pobre animal al sacrificio. Empatía.
Otro editorial, el del Daily News neoyorquino, es terrible:

The creature who killed Cecil, the noble 13-year-old Zimbabwean lion, is of a species that takes joy in inflicting death for no better reason than to claim superiority.
Dentist Walter Palmer calls himself a hunter, as if the term bestows legitimacy on his psychological need to triumph over perceived lessers. The barbaric little Napoleon is wrong.
Of the two, who would you say is the more moral: Cecil, who abides by a God-given instinct to kill only when necessary to survive or propagate the species, or Palmer, who gleefully takes down big game for no better reason than to show off while stacking the odds against the animal?
There is no contest which is more subhuman.***


Hay que reconocer que llamar al dentista "The creature who killed Cecil, the noble 13-year-old Zimbabwean lion" es casi expulsarlo de la especie humana, aunque lo del "barbaric little Napoleon" tampoco se queda corto.
En fin, que lamento profundamente la muerte de Cecil el León, un animal precioso y noble; me alivia y alegra que no haya sido un español, aunque lo lamento por nuestra prensa, que le habría sacado un provecho incalculable, acostumbrada como está a despellejar. El dentista norteamericano no sabe lo que son los escraches españoles; eso sí que son cacerías, con batidores incluidos.

El dentista de Minnesota ha tenido que cerrar la clínica por temor a lo que pudiera pasar. Yo le recomendaría —en el caso de que no prospere la petición oficial para su extradición a Zimbabue — que cambie de negocio o de cara y, de ser posible, de las dos cosas porque tal como está la gente no me atrevería yo a meter la mano en la boca de nadie. Más que nada, por precaución.
No sé si las llamadas a reducir la tensión ante esta especie de fatwa lanzada contra el dentista mataleones (y de todo lo demás que le adule el ego) servirán para aplacar los ánimos. Todo lo que se puede hacer por internet se lo están haciendo, incluido hundirle el negocio valorándolo como el peor dentista del universo. La ira de los pacíficos siempre suele ser explosiva y en este mundo emocional y mediático mucho más. Que la propia prensa pida cordura es síntoma de que está un poco asustada por lo que lee, escucha y ve. Uno puede tirar la primera piedra pero no sabe las rocas que puedan ir después.


Hasta el diario El País, le ha dedicado al caso un editorial desde la denuncia de la histeria colectiva. Después de condenar la muerte de este y demás leones y especies en peligro, se cierra con el siguiente párrafo:

La larga sombra que está velando la urgente intervención de la justicia es la amenazadora actividad de una multitud airada. La muerte de Cecil ha llenado de argumentos a cuantos reclaman piedad por los animales. Sin embargo, el bombardeo de ignominias lanzadas contra Walter Palmer por una multitud —incluso cargada de razón— tiene algo de linchamiento. Las nuevas tecnologías, cuando facilitan estas explosiones, son peligrosas. Y así, junto a un lema amable como Todos somos Cecil, conviven severas descalificaciones de celebridades o insultos grotescos (“púdrete en el infierno”). Por graves que sean los delitos, ese no puede ser nunca el camino.****


Sensato, sí señor. Le doy muchas vueltas a la primera frase y a lo que quiera decir. Los peluches depositados ante la clínica dental del asesino, que muestra la foto de El País, me conmueven. Veo que aunque las palabras van en la dirección de pedir calma, todo lo demás me lleva a lanzarme a la caza del dentista, a colgar su cabeza como trofeo como él hizo con Cecil el León.
Compartiendo el dolor por la muerte del león Cecil, me pregunto por qué no se genera la misma solidaridad (con la mitad me conformo, con una décima parte también) con muchas indignidades que leemos cada día y no hablo de las que ignoramos porque no merecen una sola línea. Es una pregunta tonta que no lleva a ninguna parte, lo sé.
Este un mundo complejo y tirando a raro.


* "Forget hunters. Humans pose all kinds of risks to lions"
The Washington Post 31/07/2015 https://www.washingtonpost.com/posteverything/wp/2015/07/31/forget-hunters-humans-pose-all-kinds-of-risks-to-lions/?hpid=z14
** "The Death of Cecil the Lion" The New York Times 31/07/2015 http://www.nytimes.com/2015/07/31/opinion/the-death-of-cecil-the-lion.html
*** "Human prey: Lion-killing dentist Walter Palmer is the real beast" New York Daily News 30/07/2015 http://www.nydailynews.com/opinion/editorial-human-prey-article-1.2308604

**** "Doble cacería" El País 31/07/2015 http://elpais.com/elpais/2015/07/30/opinion/1438281633_600033.html





martes, 7 de enero de 2014

La guerra de los montes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Leo con gran preocupación el artículo sobre los peligros a los que estamos sometidos por la costumbre irresponsable extendida —según se nos explica— por el actor George Clooney: regalar cerdos vietnamitas. No sé cuántos amigos tiene usted con cerdos vietnamitas en casa, pero yo no conozco ninguno. Pero el problema está en cuanto dejas de tenerle ese cariño que te hace tenerle por compañía y lo lanzas a buscarse la vida por los caminos. A muchos les muestran y les encantan las fotos de chiquitito, pero cuando el animal pasa de los ochenta kilos, uno ya no quiere tener solo el cerdo de Clooney sino la casa con piscina que Cloony tiene para disfrutar de la compañía de su cerdo. Y eso resulta algo más caro.


El diario El Mundo lo incluye en el apartado o sección rotulado como "especies invasoras", algo que me parece profundamente injusto —son cerdos vietnamitas, no el vietkong— para calificar a los que son arrastrados desde sus países natales, arrancados de sus granjas para ser ofrecidos como mascotas a niños o a solteros de oro. 
Cuando los cerdos vietnamitas desarrollen una mayor inteligencia —alguna deben tener para que los regalen— escribirán la epopeya de sus orígenes señalando que unas especies invasoras llegaron, los esclavizaron y los llevaron más allá de sus tierras. No sé si que te secuestren y luego te abandonen en la naturaleza a tu suerte puede llamarse técnicamente una invasión. Pero así son las palabras: si hablas de especies abandonadas te recortan y si hablas de especies invasoras lo mismo te dan algo porque lo consideran un problema que afecta a los negocios del ramo, en este caso, del monte.
Yo creo que la especie "invasora" somos más bien los humanos, invasores por delegación, invasores innatos. Lo que ocurre es que lo llamamos "mercado". Tomamos al cerdo vietnamita y lo trasladamos allí donde nos es más rentable, hasta que deja de serlo o interfiere con otros negocios más o menos naturales, como ocurre ahora.
Señalan en el diario:

[...] los investigadores creen que ya podrían haberse producido cruzamientos de esta especie asiática con jabalíes que habitan en los montes españoles.
«La primera voz de alarma nos la dieron algunos cazadores y naturalistas», explica Miguel Delibes-Mateos, investigador del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos de Ciudad Real y coautor del trabajo. «Pero con el tiempo nos han ido llegando fotografías de monterías en las que se veía claramente que algunos de los jabalíes abatidos tenían características morfológicas intermedias entre el cerdo vietnamita y el jabalí», asegura Delibes-Mateos.*


La "voz de alarma" no es la voz de la naturaleza que tiende a estar más bien silenciosa e indiferente ante el espectáculo de la hibridación (o cualquier otro). En la naturaleza, por decirlo así, no hay denominación de origen y somos nosotros los que ponemos las barreras para evitar la hibridación y los que las buscamos cuando nos interesa para conseguir los cruces adecuados. En la naturaleza todo lo que puede reproducirse se reproduce porque es así como funciona.
El hecho de que el instituto del que sale el estudio se llame de "recursos cinegéticos" nos da cierta idea del enfoque teórico del problema. La cuestión no son los jabalíes o lo cerdos vietnamitas, la cuestión es la caz o si se prefiere el negocio de los "recursos cinegéticos". ¿Devaluarán nuestras monterías la existencia de jabalíes híbridos? ¿Pedirán rebajas los cazadores?


El artículo del diario El Mundo se cierra con la información sobre la distribución de los casos en España:

Desde que se produjo la primera noticia del avistamiento de un cerdo vietnamita en libertad en el año 2007, los casos se han ido extendiendo en número, y también geográficamente. Aunque los autores del estudio destacan que la abundancia de estos animales en la naturaleza aún es baja, preocupa comprobar en el trabajo que la distribución de los 42 casos encontrados afecta a todo el territorio español, desde Galicia hasta Cataluña y desde Andalucía a la cornisa cantábrica. De hecho, en algunos lugares la incidencia de casos llama la atención, como en la isla de Mallorca, donde se han documentado 16 casos. Según cuenta el propio autor de la investigación, Miguel Delibes-Mateos, algunas de las citas se han producido durante cacerías de jabalí. «Uno de los casos es el de un cazador al que le salió un cerdo vietnamita de un arbusto durante una montería. El animal estaba tan acostumbrado al ser humano que se dejó coger con la mano por el cazador», cuenta Delibes-Mateos.*

El énfasis puesto estos días en el cerdo vietnamita (La Vanguardia también le dedicó un artículo en diciembre) nos revela que hay movimientos económicos en los montes que nada tienen que ver con lo natural o no. Los montes son un gran negocio y los quieren limpios de bastardos vietnamitas o de cerdos que, lejos de hacer subir la adrenalina por el peligro, te viene a lamer la mano o a frotarse contigo para que les rasques la espalda donde les gusta.
Las disputas ya han comenzado porque el negocio es el negocio, pero el monte, presuntamente es de todos. Hace unos días el monte era protagonista. Se anunciaba su uso para monterías y los problemas y peligros que se plantean. El País recogía algunas voces que tienen parte en el conflicto que se avecina:

“Es un tema complejo. Me parece lógico que se intente evitar accidentes, pero cualquier cosa que impida el libre albedrío de otras actividades se tiene que consensuar. No se pueden tomar esas decisiones a escondidas”, dice Miquel Fortuny, vocal de la Sociedad Catalana de Micología. Manuel Vera, fundador de la Asociación Micológica Granadina, coincide en que compartir territorio con cazadores “entraña peligro”. “Pero los que usan escopetas, los que generan ese peligro, son ellos, no nosotros. Todos tenemos el mismo derecho a entrar en un monte público. Una cosa es comunicar que hay una cacería —nosotros ya procuraremos no entrar— y otra es prohibir el acceso y multar”, añade. Los cazadores, por su parte, recuerdan que ellos son los únicos que pagan por usar el monte.
César Acosta, portavoz de Seguridad Vial de la Real Federación Española de Ciclismo, considera que dar prioridad a un colectivo supone “hacer un uso privativo de algo que usamos todos”. Los usuarios de la bicicleta se verían afectados, afirma: “Yo puedo planificar un recorrido y tener que cambiar de ruta o no llevarlo a cabo”. Además, le preocupa un aspecto práctico: “¿Cómo se señaliza y se delimita esa actividad? ¿Cómo voy a saber yo cuando preparo una ruta que voy a pasar por una zona en la que hay una montería? Es muy complicado ponerle puertas al campo”, señala.
Una cacería autorizada en el parque nacional de Monfragüe (Cáceres) a principios de diciembre pasado evidenció la polémica que rodea la convivencia de los diferentes usuarios del monte. Tanto los hosteleros del parque como la organización conservacionista SEO/BirdLife criticaron que la cacería fuera autorizada un domingo de puente, una de las fechas en las que Monfragüe registra más visitantes.**

Recolectores de setas, senderistas, ciclistas, hoteleros, etc., deben retirarse —por la cuenta que les trae— de unos montes que serán destinados a la caza. Las críticas por haber organizado una montería en un puente evidencia el conflicto de intereses que se crea, pues es en esos días ya tienen cubierta la oferta de plazas y lo que piden es llenar más días los hoteles y la zona. Todos quieren ir en las mismas fechas, las festivas, unos a buscar setas, otros a montar en bici y otros a pegar tiros. El problema es que todos estos "usuarios del monte", como los llama El País, son compatibles menos la caza, que es un peligro para todos ellos y no se puede correr el riesgo de que te disparen por aquello de la "marca España", entre otras cosas.
Hace unos días, las televisiones nos mostraban que el futuro de nuestros faros era convertirse en pequeños hoteles con vistas al mar. Quizá podría hacerse lo mismo con las comisarías y con los hospitales si hay camas libres. Hay que tener un poco de cuidado con no confundirse, pero seguro que con atención se puede compaginar y autofinanciarse.
Veo en "Segunda mano" que hay 63 ofertas de particulares de cerdos vietnamitas a precios que oscilan entre los 20 euros y los 150. Algunos los regalan; hay grandes y pequeños. El cerdo vietnamita no es más que otra víctima de nuestra forma de hacer negocios. Ahora parece que molesta a otros negocios, los de los montes, donde seducen con su encanto oriental y sus malas artes a las hembras de jabalíes o se contonean delante de los machos libidinosamente con la intención de apoderarse de los montes.


Su drama, en el fondo, proviene de ser graciosos y de que a uno de ellos le hayan hecho unas fotos con George Clooney —casi todos los artículos que hablan de los cerdos vietnamitas comienzan hablando el Clooney— como colegas.
Leo en la revista TrofeoCaza a otro Delibes —Adolfo, esta vez—, como firma invitada. El artículo se titula "Un nuevo animal de montería" y nos da cuenta de la caza de algunos cerdos vietnamitas entre los jabalíes, a lo que se aludía en el artículo del diario El Mundo. Después de valorar los aspectos cinegéticos y ecológicos de la cuestión, concluye:

Según me cuenta uno de los asistentes a la cacería, el más grande de los cuatro de la foto era una hembra gestante de tres nuevos cerditos, lo que nos lleva a pensar en una perfecta adaptación al medio en el que viven.
Como curiosidad añadida, y según me dicen, una vez finalizada la montería los pequeños cerditos fueron muy valorados por los asistentes pensando en su aspecto gastronómico. Mi amigo tuvo suerte y resultó agraciado con uno de ellos. Pero según su relato, hizo dos intentos de comerlo antes de tirarlo entero debido a la extrema dureza de su carne.


No trae mucha cuenta ser animal de compañía de los humanos. Estés donde estés, allí o aquí, en casa o en el campo, formas parte de sus negocios y eso nunca acaba bien. Todo lo que no es Naturaleza es Mercado. En la primera tienes alguna oportunidad.

* "El riesgo de regalar cerdos vietnamitas" El Mundo http://www.elmundo.es/ciencia/2014/01/07/52caa37aca4741f37b8b456d.html

** "Prohibido pasar: zona de cacería" El País 3/01/2014 7/01/2014 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/03/actualidad/1388783376_054319.html
*** "Un nuevo animal de montería" TrofeoCaza.com 24/3/2013 http://www.trofeocaza.com/noticia/3872/Grandes-firmas/Un-nuevo-animal-de-monteria.html



 



domingo, 20 de octubre de 2013

La fábula de la cigüeña espía

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ya no tenemos escritores que nos ofrezcan fábulas sensatas en las que aprender lo que somos incapaces de aprender de otra manera. Solo existe ya la "autoayuda", en sus variantes que van desde la galletita con mensaje a los libros de Coelho, que son mensajes sin galletitas. Afortunadamente, la vida nos ofrece fábulas con las que aprender cada día, incluso, como ocurre en este caso con animales de por medio.
La fábula —¿podía ser de otra forma?— nos llega de Egipto y tuvo lugar hace poco más de mes y medio. Comenzó como una pequeña noticia y acabó como una noticia pequeña, pero, eso sí, reflejada en National Geographic —que es donde yo la redescubrí buscando otras cosas—, hace unos días.
Como es propio de las fábulas sin fabulador, es decir, sin intención alguna, los lectores necesitan darle su propia interpretación, que suele consistir en encontrar entre sus ideas alguna que cuadre y les sirva para demostrar sus razonamientos. Así ocurrió con esta historia de la cigüeña espía, que la estupenda periodista egipcia Sara Abou Bakr utilizó en su artículo publicado en Egypt Daily News a primeros de septiembre —creo que fue entonces cuando tuve primer conocimiento de la historia— que tituló "Education, the spy-duck and threats to Egypt". El artículo comenzaba con la siguiente frase "The police had confiscated a spy-duck", que no es mala forma de captar la atención. La periodista utilizaba ese arranque para contarnos la historia de un "pato-espía" que había sido detectado por los ciudadanos y entregado a la policía. Continuaba Abou Bakr:

This was how my reporters greeted me five days ago. At first I thought it was another pun by DNE’s wily reporters until they showed me the links in Arabic; the police confiscated a duck carrying a “strange” device.
Two days later, after the intervention of animal activists, the duck turned out to be a stork with a migration tracking device from Hungary. As expected, the Egyptian good humour kicked into high drive, ridiculing the police and the government.*


Publiqué recientemente un trabajo sobre el chiste político en Egipto y me hago cargo de lo que la periodista imaginaba, torrentes de chistes ridiculizando al mal identificado inicialmente como "pato", que resultó ser cigüeña, y cuyos aparatos de espionaje no eran más que dispositivos para estudiar las migraciones de las aves en su travesía del Mediterráneo hasta llegar a Egipto, la travesía inversa de los emigrantes que se juegan la vida camino de la fría Europa.
Lejos de los chistes con que los egipcios celebraron el asunto, a la periodista según su propia confesión, el asunto le produjo una profunda tristeza por la falta de conocimiento que mostraba: «This level of ignorance is heart-wrenching, making people susceptible to believing almost anything and anyone.» Y aprovechaba para realizar unas aceradas críticas con los políticos y el clima de paranoia mostrado por la confusión de un ave monitorizada con un espía ¡vaya usted a saber de qué superpotencia! ¡Hubiera sido tan bonito que alguien quisiera espiar a Egipto, que aquella cigüeña hubiera anidado en cualquier torre ministerial, en algún minarete y se hubiera dedicado a mandar secretos a potencias extranjeras, vecinas o lejanas!


Pero, no —¡qué pena!—, en realidad la cigüeña solo se espiaba a sí misma, sin saberlo, enviando los datos de sus recorridos a maquinas que trazarían mapas de sus viajes en alguna subvencionada oficina europea, ahora amenazada de recortes.
Dicen las noticias que llovía sobre mojado, que en fechas anteriores había sido detenida una paloma sospechosa con un microfilm en una pata. Debía ser muy misterioso el asunto del microfilm porque no se han vuelto a tener noticias de la paloma ni de los secretos que contenía. Tampoco sabemos nada de los que enviaron a la paloma a tan peligrosa misión y ella no debió confesar nada. Pero eso no es problema para la gente, que enseguida se imagina cualquier cosa y da por cierta la que más le divierte o preocupa.
Volví a encontrarme ayer, por casualidad, con la historia del "pato" y después "cigüeña espía". Hasta llegó a aparecer en algunas informaciones como "cisne", lo que demuestra que era una maestra del disfraz. ¿Quién sabe si la agencia de seguimiento de las aves migratorias no era más que una tapadera? ¿No tiene Snowden nada que decir?

El recorrido de Menes
Esta vez la encontré en una sección de noticias raras de la revista National Geographic titulada "The Sad Ballad of Menes, the Egyptian #Spyduck"**. Según parece alguien tuvo la paciencia de ponerle Menes a la cigüeña, que salió del anonimato conque la Naturaleza la trajo al mundo, para introducirse en el mundo nominal de la cultura asignándosele en nombre de un oscuro faraón de las primeras dinastías. La "tristeza" de la historia proviene del destino de Menes, la cigüeña rehabilitada.
Deseosos de acallar los chistes y el descrédito por la confusión producida —¡como si ya sirviera de algo!—, la cigüeña fue puesta en libertad sin cargos. Pero no fue mucho lo que le duró la alegría.
Mucho antes de que se inventara el ecologismo, los aparatos de seguimientos y las oficinas que las siguen, etc., se inventó la necesidad. Y la primera de todas ellas es la de comer:

Days later, local residents caught Menes and ate him.
Don’t be mad: People gotta eat.
As the NGO Nature Conservation Egypt noted on Facebook, “storks have been part of the Nubian diet for thousands of years, so the actual act of eating storks is not in itself a unique practice…Egypt has long suffered from issues of uncontrolled hunting.”
“However,” they continued, “it is important to always balance the needs of local communities with the needs of nature and biodiversity conservation.”
As news of the bird’s consumption spread, Egyptian authorities, perhaps fearful of another blow to the country’s reputation, denied Menes was eaten.**


Las cigüeñas forman parte de la dieta de los nubios desde que se asentaron allí, es decir, hace mucho. Forma parte de la natural forma de acoplarse los cazadores con lo que se puede cazar, es decir, comer. De nada sirvieron las maniobras de negación: los cazadores de la zona se habían comido a Menes como se habían a otras antepasadas suyas sin nombre tan ilustre ni historia tan azarosa. Ante la imposibilidad de negar lo evidente, se hizo correr esta vez un nuevo rumor, que el ave estaba ya muerta cuando la encontraron, que no es mal destino para una espía. Pero era ya demasiado rumorear.

El Servicio de Conservación de la Naturaleza egipcio hizo público un comunicado con el significativo título "Sad news: Menes the White Stork has been killed", digno de una novela de espionaje. Como se trataba de evitar cualquier interpretación extraña de la eliminación de la cigüeña, lo primero que hicieron fue acallar los rumores de un ajuste de cuentas: «Storks have been part of the Nubian diet for thousands of years, so the actual act of eating storks is not in itself a unique practice. However, the short-lived success story of getting Menes released, was not enough to keep him safe till he exited Egypt.»** No, Menes no fue eliminada, sino sencillamente cazada, cocinada y degustada como una más por los cazadores nubios que, apretados por la necesidad o por las delicias gastronómicas, se toparon con ella. Lamentando su desaparición, las autoridades agradecían, a pesar de ello, a la vigilancia de los parques naturales donde la cigüeña había sido liberada sus tareas para tratar de evitar que las cigüeñas no regresen a Europa en primavera.


La historia de Menes, la cigüeña espía —en unos medios francesa, en otros húngara—, no enseña muchas cosas. Pero como esta es una fábula posmoderna, dejamos en manos de los lectores su interpretación. Incluso aquellos que gustan de las teorías conspiratorias, quedan en libertad de considerar que Menes había sido cuidadosamente entrenada para enviar informaciones al "otro lado" (como se decía en la Guerra Fría) de donde ustedes quieran. Incluso pueden pensarlo como un plan premeditado para que, además de acabar con el turismo egipcio, también se acabe con las migraciones de la aves, que son el turismo de la naturaleza.

Acabaron ya los tiempos de moralejas rotundas, sin aristas. La historia de la cigüeña es también la historia de los que la detuvieron, presos de la paranoia conspiratoria, que se resistieron a los esfuerzos de los conservadores para liberarla; de los que la cazaron en las zonas protegidas, por deporte o por necesidad, por tradición o porque se puso a tiro; y de los que intentaron darle un tratamiento "presentable" a los dos acontecimientos para maquillarlos, que tras el éxito de la liberación se enfrentaron a la decepción gastronómica. Los dos acontecimientos sueltos —la detención y la caza final— no tienen transcendencia, pero juntos tienen un toque de tragedia griega, de destino que requiere de un Hitchcock de la naturaleza que nos cuente —al estilo de Con la muerte en los talones, de Falso culpable o incluso de Cortina rasgada— las vicisitudes de esta cigüeña falsamente acusada, de esa vida del huevo al plato.
No sé si existe un cielo para las cigüeñas más allá de la cazuela, pero Menes, al menos, ha pasado a la historia. Como Aquiles, su fama perdurará. Lo que le ha pasado a Menes, que ten confundan con un espía, le puede pasar a cualquiera, por ejemplo, a un periodista en la península del Sinaí y arriesgarte a que te caigan unos meses de cárcel. Esperemos que Abu Draa, el periodista, no acabe —después de haber sido liberado— en ninguna cazuela.
  



* "Education, the spy-duck and threats to Egypt" Daily News Egypt 3/09/2013 http://www.dailynewsegypt.com/2013/09/03/education-the-spy-duck-and-threats-to-egypt/

** "The Sad Ballad of Menes, the Egyptian #Spyduck" Tales of Weird - National Geogrphic 9/09/2013 http://newswatch.nationalgeographic.com/2013/09/09/the-sad-ballad-of-menes-the-egyptian-spyduck/




El faraón Menes

domingo, 26 de agosto de 2012

Atracción fatal o el jabalí pagará el pato

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cada día tenemos nuevos ejemplos de que no aprendemos y seguimos esperando que vuelva la lluvia para poder cultivar nuestro reuma. Aquí los que emprenden, la emprenden siempre con lo mismo; nuevas variantes del mismo canibalismo.
España está saturada de turismo. El turismo tiene un tope y, sobre todo, nos obliga a competir con quien no debemos. En vez de competir con Alemania o Francia por la producción, nos lleva a competir con el Norte de África. Hay que saber en qué liga se compite. El turismo es una dedicación que, si no se equilibra con otros sectores, crea un modelo del que no es fácil escapar. Algunos se enriquecen, sí; muchos pueden vivir de él, sí. Pero el resultado a la larga es una dependencia que distorsiona la sociedad y que hace que te pases el día montando celebraciones para que vengan a ocupar tus plazas hoteleras, a comerse tu pescaíto y a echar la pota en tus playas. Acabas poniendo velitas en tu ermita rural favorita para que los capos del juego en Las Vegas te pasen una franquicia por esta piel de toro en lifting constante.


Si el turismo no se equilibra con otros sectores es negativo para la sociedad misma. Mandamos directamente a nuestros jóvenes a estudiar turismo y hostelería. Nuestros personajes influyentes en las listas anuales de las revistas son cocineros, y cuando te hablan de España no lo hacen de tus científicos, sino de tus futbolistas, que es otra forma de espectáculo para vender camisetas y posters. Patéticas, aunque sean bien intencionadas, las declaraciones del ministro José Manuel Soria recomendando que hagamos turismo en casa y no nos vayamos a "lugares recónditos" de vacaciones. ¿Pero no se da cuenta el ministro Soria de que el lugar recóndito somos nosotros para los demás? ¿Que lo que le pedimos a alemanes, ingleses, franceses, rusos, japoneses, chinos y jeques es que vengan a este "recóndito país" a un tiro de piedra —unos de escopeta, otros de cañón— de sus hogares a, como dice el tópico, disfrutar de nuestro sol y hospitalidad, de nuestra gastronomía, de nuestros caldos, de nuestras fiestas y todos lo satisfaga partes de su cuerpo e incluso algunas de su espíritu, si no hay otro remedio y avisan por adelantado? ¿Es que hay que volver a explicar lo de Lloret y similares?

El diario El Mundo nos trae hoy otra nueva variante de este país para seguir lanzándose de cabeza contra el fondo de la poza en la mayor sequía. Esta vez se trata de recuperar —¡qué bonito queda!—  la "tradición cinegética secular"*, el lanceo de los jabalíes en tierras de Castilla La Mancha. A las playas, chiringuitos, campos de golf, cotos de caza, etc. hay que sumar ahora nuevas fincas dedicadas a esta variedad.

"Tiene tirón", admite Enrique del Águila, que habla de que a su club le han llegado peticiones para participar en cacerías a caballo en Castilla-La Mancha de ingleses, americanos y alemanes. El lancero opina que la economía es lo que más en cuenta ha tenido la administración para legalizar esta práctica. "Aquí la caza es una fuente económica muy importante, sino la más importante y ello lo saben. En Castilla-La Mancha sería muy difícil ver turismo y nosotros traemos turismo cinegético".*


¿No hay alternativa al turismo? ¿No hay nada? ¿Solo "el tirón"? Una vez más —el propio medio lo hace— se establece el hecho sobre la "economía", mal empleado el término ya que se refieren aquí a la rentabilidad, que no es lo mismo. La discusión "económica" es la que afecta al modelo, a su desarrollo y a sus consecuencias sistémicas. Pero eso, las consecuencias, en un país que ha destrozado muchas de sus costas sin piedad pensando en el "beneficio", no tiene demasiada importancia. Dar de comer y cepillar caballos, sacar punta a las lanzas, etc., son oficios tan buenos como otros con cinco millones de parados. Además, el turismo cinegético deja buenas propinas. Esta iniciativa, sí, es respetuosa con nuestro pasado de ir dando lanzazos por ahí, ejemplo de modernidad, de confluencia de lo viejo y lo más viejo. Será rentable para algunos.
Por supuesto se establece un conflicto entre ecologistas y promotores del turismo de lanza (¿piensan en un Benidorm masivo o en un Puerto Banús selecto manchegos dedicados a lancear jabalíes?). Discusión inútil, porque los promotores tienen siempre la respuesta de que son ellos los que protegen a los animales, como se protege a los toros lidiándolos o poniéndoles fuegos en los cuernos. El nombre de los organizadores de esta faena medieval no dejan lugar a dudas:

La Asociación de Propietarios Rurales para la Gestión Cinegética y la Conservación del Medio Ambiente (APROCA) ha sido la que ha llevado las negociaciones con la administración, contando con la ayuda del Club Internacional de Lanceo, de nacimiento español.*


La "Conservación del medio ambiente" siempre por delante; el "internacional" para vencer resistencias, que ya habrán tenido sus contactos con los circuitos de la caza mayor. ¿Habrá algo más exótico que venir a España a cazar jabalíes con lanza? Nuestros emprendedores funcionan. Estamos modificando las leyes para permitir lo que antes no permitíamos y eso afecta a la caza, que se modifica para permitir lo que antes estaba prohibido, o la reglamentación sobre salud en lugares públicos que exigen para ponernos aquí los casinos de Las Vegas. Es puro bananerismo. Cada vez que una ley se modifica por este tipo de motivos, sufre la ley y lo sufrimos todos como precedente. Las leyes dejan de estar para cumplirlas; las leyes están para cambiarlas. Mal mensaje.

En 2011 se planteó en Cataluña la caza con arco, que fue desestimada
Este país, que se escandalizó cuando el rey se hizo una foto ante un elefante muerto, quiere seguir viviendo de sus propios animales muertos; a los toros habrá que añadir ahora los jabalíes. Habrá que decirle al rey que no vaya a matar animales a "lugares recónditos" —es poco solidario con nuestras fincas manchegas—  y que ya puede hacerlo aquí. Los toros vuelven a la televisión nacional y lo hacen por lo mismo, para recalentar un sector enfriado, como forma de estímulo y volver a llenar plazas y bares de alrededor comentando la faena.
Una vez más, nos mostramos herederos de nuestros estereotipos, condenados a seguir manteniéndolos no porque creamos en ellos, sino porque producen dinero, atraen gente  —como diría el ministro Soria— desde lugares recónditos, pero que traen sus bolsillos llenos para vaciarlos aquí. Jabalí por la mañana, golf por la tarde y "fiesta" por la noche. ¿Qué más podemos pedir? No pueden vivir sin nosotros: al menos en vacaciones.
Así no hay futuro, solo un presente de cartón piedra. Atracción fatal.

* "Lancear jabalíes, práctica 'de caballeros' o 'crueldad de otros tiempos'" El Mundo 26/08/2012 http://www.elmundo.es/elmundo/2012/08/25/espana/1345897720.html