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domingo, 11 de febrero de 2018

Prensa, autoritarismo y demagogia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El País recoge hoy mismo un artículo de Juan Luis Cebrián, con el título "La prensa libre, frente a la posverdad". El texto comienza hablando del debate mundial sobre dos términos que se han relevado el uno al otro: "fake news" y "posverdad". Le parece a Juan Luis Cebrián que estas dos palabras reflejan el conflicto planteado por la crisis de la democracia y de la representación, causa del desentendimiento, desapego o rechazo que las instituciones suscitan en los ciudadanos desde hace tiempo.
"La democracia se ve amenazada", escribe Cebrián, "por la emergencia de sistemas sociales y políticos que conviven difícilmente con los valores del liberalismo clásico"*. Es cierto que la democracia se ve amenazada en muchos espacios, incluido el nuestro, por los ataques de descrédito interesado y la erosión constante de las instituciones que ha sido alentados desde múltiples fuentes buscando el colapso del sistema.


La democracia requiere una voluntad expresa que los sistemas autoritarios acallan. La democracia implica la defensa de esos valores que garantizan nuestra propia existencia en equilibrio con los otros. Lo que se está haciendo ante nuestros ojos es precisamente minar los valores de la democracia en favor de otros tipos de planteamientos mucho más oscuros y mistificadores. Los enemigos de la democracia, que es el ejercicio de la voluntad decisoria, son los que enarbolan el destino de la raza, de la religión o de la clase. Destino y libertad son contrapuestos en sus arquitecturas mentales. Mientras unos buscan la aceptación del destino en nombre de Dios o de la sangre o la Historia, las democracias renuncian a esos discursos en favor del individuo, el consenso y el respeto a los otros. Pero estos tres elementos requieren del respeto a las propias instituciones que garantizan el juego democrático y la justicia de las decisiones.
Cebrián resalta el papel de la prensa en el sistema democrático. No es una novedad, desde luego. Trata de ligar ambas crisis, la de la democracia y la de la prensa, y estos son sus argumentos:

Un elemento sustancial para el ejercicio de la democracia lo constituye la vertebración de la opinión pública. Los medios de comunicación, la prensa libre e independiente, forman parte de la institucionalidad de los regímenes representativos. Frente a la pretensión onírica de que los periodistas estamos fuera de palacio, la prensa moderna se incluye en el entramado y sostenimiento del sistema democrático, actuando como un contrapoder necesario y una tribuna de debate capaz de defendernos del griterío y la demagogia.
De este modo durante la Transición española, el papel de los periódicos y medios de comunicación fue esencial en la elaboración del consenso que facilitó el advenimiento y defensa de la democracia. Hoy el panorama de los medios en nuestro país es, sin embargo, descorazonador. A los efectos de la crisis económica, hay que añadir los inducidos por el cambio tecnológico. En la última década, los diarios han perdido prácticamente el 50% de su circulación impresa y un 70% de los ingresos publicitarios. A cambio han visto multiplicada su presencia en las redes y llegan así a millones de usuarios a los que de otro modo nunca hubieran accedido. Pero el cambio de modelo de negocio obligó a la totalidad de las empresas del sector a abordar dolorosas restructuraciones. Miles de periodistas perdieron su trabajo y asistimos a la desaparición de muchos medios.*


Democracia, prensa, cambio tecnológico... crisis económica. Se podrían añadir algunos otros factores dentro del cambio complejo que se ha ido produciendo entre los sistemas, sociales, económicos, informativos y de valores.
La prensa tiene encima —siempre lo ha tenido— los condicionamientos tecnológicos, económicos y políticos. Es una institución cuya eficacia está afectada por los cambios y limitaciones que el propio entorno social provoca en ella. Es indudable que el papel de la prensa durante la transición española no es el mismo que hoy pueda jugar en un espacio social y mediático muy diferente. Durante la época del franquismo, se llegó a hablar de un "parlamento de papel", como alternativa mediática a través de la cual se escuchaban voces y propuestas que estaban fuera de la oficialidad. El mapa de los medios era muy limitado en comparación al existente hoy. Y un factor esencial: entonces la democracia era lo que se tenía por delante, como futuro, el deseo de la mayoría. Hoy es lo que muchos se dedican a criticar como si fuera un viejo trasto que siempre hubiera estado ahí. No se ha sabido educar en el respeto al sistema y la forma de canalizar el descontento para que no debilite al sistema.


El anquilosamiento ha pasado factura a todos los partidos y se ha tenido que recurrir a formas populistas, como el nacionalismo secesionista o el antisistemismo, para enganchar a las nuevas generaciones.
Las "fake news" y la "posverdad" son formas de asalto a la propia democracia que se basa en la limpieza informativa, por un lado, pero también por la honestidad política en el trato con los ciudadanos, a los que se debe respetar. "Fake news" y "posverdad" son el reconocimiento del "todo vale" con que una clase política centrada en la "comunicación" (diferente a la Prensa) manipula para acceder al poder y mantenerlo.
Hace tiempo, probablemente desde los años 70, en los que la prensa norteamericana se enfrentó victoriosa al poder político para dejar al descubierto sus mentiras. Eran tiempo de luchas por los derechos civiles y tiempo de inocencia que se iba desmoronando con cada nuevo escándalo.
El panorama de la opinión pública no se hace hoy en la Prensa, como entonces. Se hace en un oscuro entramado de redes cuyo control es imposible y cuya ética ha quedado reducida a polvo precisamente como resultado de la búsqueda de la influencia. Hoy, en los Estados Unidos, se encuentra en la Casa Blanca, un "comunicador", alguien que se enfrenta a la prensa sabiendo que cualquier tuit que salga de su teléfono tendrá una inmensa repercusión que hará que tengan que escribir sobre él miles de profesionales de todo el mundo. Y así uno tras otro. La batalla de la opinión pública está abierta a miles de personas cuya función es "influirnos" y que recurren a todo tipo de argucias desde un "nuevo maquiavelismo" que justifica la lucha por el poder con cualquier arma. No hay reglas, no hay principios; solo objetivos.


Los peligros de esto los estamos viendo claramente allí donde llegan al poder estos nuevos dirigentes que mantienen peligrosas agendas basadas en el populismo, el nacionalismo, la xenofobia, el racismo, el fundamentalismo y el retroceso de la ciencia y de los derechos humanos.
Su propia esencia antidemocrática les hace jugar con la "ventaja" de su propia falta de respeto a las instituciones, la Historia o la verdad misma. Cualquier cosa puede ser dicha desde esta perspectiva.
La cuestión se complica mucho más si el escenario ya no es local, sino solo una pieza de un entramado global mucho más complejo en el que los intereses no son confesados pero se perciben por las acciones negativas que padecen los países. El condicionamiento de  Rusia, por ejemplo, a los países no solo de su entorno próximo —como Ucrania— sino de Oriente Medio, de muchos países europeos o su participación en la política de los Estados Unidos es clara y requieres ser tomada en serio, como lo están haciendo la mayor parte de los países afectados. Esta influencia se realiza a través de la información en una gran parte; también a través del mundo de los negocios, tejiendo intereses, como vemos también en Norteamérica.


El periodismo de calidad es importante. ¿Qué entendemos por "calidad"? Sencillamente, aquel que nos ayude a decir de forma menos condicionada por los intereses. El periodismo no es el ejercicio de la "verdad" en un sentido científico, religioso o filosófico. Es algo mucho más sencillo, cotidiano, modesto, construido en función de lo que sabemos cada día. Muchos diarios importantes de todo el mundo apuestan por recuperar un momento de su historia (y de la nuestra) en la que las cosas eran más sencilla. Hoy no lo son y el caos que se está creando es muchos más peligroso pues puede haber muchas situaciones irreversibles.
Por todas partes proliferan leyes o intentos de legislar el control de los medios excusándose en la propagación de informaciones contrarias a los Estados; en otros se ataca a los informadores desde esos mismos estados o desde el público cuando realizan su labor en las calles. Los casos proliferan demasiado.
El periodismo de calidad es necesario, pero es necesaria la calidad de sus lectores. De poco sirven brillantes artículos elaborados por bienintencionadas mentes si no existe un receptor capaz de valorarlos y digerirlos para transformarlos en debate y opinión. El foco no se puede poner solo en los medios sino en la educación para las libertades y el respeto. Sin ello, como vemos, sirve de muy poco.


El cambio tecnológico es solo una parte, pues las ideas se adaptan a los nuevos canales. Lo que ha cambiado es la capacidad de resistir a las manipulaciones al convertirnos en una sociedad embrutecida y trivial, como es la que estamos viviendo. Mientras hay países a los que se mantiene en la ignorancia para que sus elites sigan controlándolos, nosotros —las sociedades modernas y democráticas— padecemos gobiernos sin miras, incapaces de percibir que el desarrollo de las libertades es un camino que nunca se debe abandonar no dar por seguro. Nos hemos desarmado ante la confianza en que no se retrocede, pero vemos que lo hacemos cada día.
Somos más débiles, más manipulables, más fácil de arrastrar. Nuestras debilidades son exhibidas y ridiculizadas por aquellos que las quieren alejar de sus pueblos, vendiéndoles la fortaleza del autoritarismo y la verdad de la intolerancia.
La democracia es joven; el autoritarismo, las dictaduras son viejas. Son las formas que han controlado la vida de los pueblos durante siglos y milenios. Pero la ignorancia hace ver lo contrario al carecer de un sentido correcto de la Historia que permita evaluar cómo es nuestra vida hoy y cómo fue anteriormente.
Es penoso ver a países occidentales renunciar a la democracia en favor de ideas autoritarias. Es penoso también ver países africanos, de Oriente Medio y Asia en los que se  muestra la debilidad de la libertad y se ensalzan los líderes fuertes, aclamados en sus retrógradas proclamas. Es penoso que todo ello se haga en un mundo global en el que cada vez importan más los negocios de unos y otros y menos la ciudadanía en cualquiera de sus niveles.


La democracia es un medio de alcanzar objetivos de más libertad, justicia y solidaridad entre los ciudadanos. Hoy se dispone de medios suficientes para alterar esto. No basta la prensa, si bien es una pieza importante del conjunto. A ella le corresponde defenderse de los cantos de sirena que intentan distraerla de sus funciones y a todos defender su libertad para defender la nuestra.
Hace falta más actividad social e institucional, más dinamismo y profundidad, que haga que todos los agentes involucrados actúen positivamente para recuperar el peso de instituciones que tanto ha costado estabilizar para poder vivir todos mejor. Hoy por hoy, no es lo que está ocurriendo. 
Cada momento histórico requiere su propia corrección informativa para poder seguir avanzando hacia metas mejores. El diseño del nuevo espacio mediático no permite ser demasiado optimistas. Todo ayuda hoy a la demagogia y al autoritarismo. Hará falta mucha voluntad y unir a todos los que siguen pensando que la democracia es un campo habitable, con futuro, capaz de permitirnos mejorar. Corremos el riesgo de retroceder hasta niveles insospechados.
El mapa bajo estas palabras es lo suficientemente "rojo" como para preocuparnos a todos.




* Juan Luis Cebrián "La prensa libre, frente a la posverdad" El País 11/02/2018 https://elpais.com/elpais/2018/02/10/opinion/1518278689_351481.html

lunes, 28 de septiembre de 2015

Futuros

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No sé cuántas veces le he escuchado decir a Juan Luis Cebrián lo de que "el futuro es aún incierto"**. Será porque la gente tiene la manía de preguntar sobre el futuro, menos sobre el presente y casi nada sobre el pasado. Le preguntan sobre el futuro del Periodismo, claro, pero la respuesta podría ser la misma para cualquier clase de futuro que, por definición sensata, siempre es "aún incierto". Hay que desconfiar de aquellos que ven el futuro con demasiada claridad en casi todos los temas.
En esto del futuro es donde se demuestra la ignorancia de muchos y la avidez de algunos, que están dispuestos a aprovecharse de aquellos a los que el futuro provoca miedos. Un visionario es un señor que mira hacia adelante y ve cosas diferentes a los que solo ven incertidumbre. Por eso Cebrián no es un visionario, por más que se le invite a participar en foros en los que se supone que nos dirá cómo será el futuro. Cebrián se sale por la tangente a sabiendas de que si diera un futuro claro se lo copiarían unos y se lo discutirían otros. Por eso sigue con la postura del "aún incierto" que da la impresión de que, sí, sí, sabes algo pero no lo quieres contar, ya sea porque el mundo no esté todavía preparado para recibirlo, porque te reservas la exclusiva para tus propios medios o porque quieres que sigan toda la vida preguntándote lo mismo que, la verdad, es muy cómodo y no hay que preparase nada.


En la misma página en la que Cebrián ve el futuro aún incierto, Stephen Hawkins, en cambio nos habla de los peligros del futuro:

El científico más famoso del mundo alerta de los peligros que entraña conocer civilizaciones alienígenas. "Si los extraterrestres nos visitaran, el resultado se parecería mucho a lo ocurrido cuando Colón desembarcó en América: a los nativos americanos no les fue bien", ha explicado Stephen Hawking a EL PAÍS en una entrevista en exclusiva durante su visita a Tenerife para presentar el Festival Starmus. Para el físico británico es "del todo racional" pensar en vida más allá de la Tierra. "El verdadero desafío es descubrir cómo podrían ser esos extraterrestres", advierte.**


Allí donde Cebrián no se atreve a pisar, los ángeles de Hawkins pisotean sin pudor. Hace sus cálculos mentales en los que mete lo que hemos hecho nosotros con los que invadimos y, zas, nos da una imagen del futuro que te deja estupefacto. Frente a la apertura a la gallega de Cebrián, Hawkins no presenta un planeta con felpudo de "bienvenidos" y la visita peligrosa llamando a la puerta. Y los extraterrestres no llaman dos veces. Al menos nos deja el desafío —Hollywood recogió ya el guante— de imaginarse a los visitantes. Quizá en el futuro, haya un Papa Francisco alienígena que les recuerde a los extraterrestres ocupantes que todos hemos sido emigrantes.
Es interesante la fórmula que usa El País para introducirnos la exclusiva con Hawkins: "el científico más famoso del mundo". No hay duda de que lo es por mérito propio, por supuesto, pero aquí tiene un valor defensivo de que esta cuestión pueda no ser tomada en serio. Si quitamos el nombre de Hawkins y ponemos el de Artur Mas, por ejemplo, pues ya no nos lo tomamos de la misma manera y nos suena raro hasta como exclusiva: "El físico británico Stephen Hawking reflexiona en esta entrevista exclusiva sobre los peligros de un posible contacto entre humanos y civilizaciones alienígenas". Hagan el cambio mental y verán.
Pero El País de hoy va más allá y nos ofrece un tercer ejemplo en este día glorioso, el de Javier Marías, también especializado en titulares en los últimos tiempos: “Internet ha organizado por primera vez la imbecilidad”. Es un gran titular, sobre todo porque casi se lo pierde, según se desprende de la entrevista. Tras ser preguntado por diversas cosas que soliviantan al escritor, este responde así:

¿Podría ser ufanía de la ignorancia? Sí. Se ignora la Historia, se falsea... Se me olvidó decirle: Internet tiene cosas maravillosas, pero hay algo novedoso: la imbecilidad por primera vez está organizada. Hubo imbecilidad siempre; imbéciles iban al bar, hacían públicas sus imbecilidades, pero es ahora cuando se organizan, con gran capacidad de contagio. Y hay un problema añadido: la gente se acoquina ante los soliviantados internautas y se disculpa cuando no tiene por qué. Y la gente sufre represalias. Es matonismo. Y no hay mejor manera de que el matonismo triunfe que achantarse y acoquinarse. España es un país particularmente aficionado al matoneo.
¿Estamos en peligro de regresión, dice? Siempre. Hay ahora síntomas de que esto se puede estropear. El estropeo es una constante de la vida española: hay una especie de pulsión autodestructiva que ahora asoma la oreja de nuevo. Ojalá me equivoque, pero sí, veo peligro.***


¡Y yo que creía que la noticia más inquietante de El País era sobre un tomate con forma de pato! Quizá en el universo de los tomates el futuro también sea aún incierto y el modelo de negocio no esté claro. ¡Quizá a su universo colorado ya han llegado los extraterrestres y tienen forma de pato! Quizá necesitan de un Javier Marías que los soliviante o de un Cebrián que los modere o de un Hawkins que les meta el miedo en el cuerpo con la idea de que llegarán hortalizas de otros planetas o, quién sabe, ¡cazadores de patos!
El futuro siempre ha sido el gran tema del presente. La diferencia es verlo con angustia o con esperanza; medio lleno, medio vacío. A los demás seres del planeta les pasan cosas; a nosotros, en cambio, nos pasa lo que nos temíamos o nos ocurre lo que no esperábamos.



* "Cebrián sostiene que no hay más ley en Internet que la del ‘software’" El País 27/09/2015 http://cultura.elpais.com/cultura/2015/09/26/actualidad/1443279429_638703.html
** "Stephen Hawkins "El verdadero desafío es descubrir cómo serán los extraterrestres"" El País 26/09/2015 http://elpais.com/elpais/2015/09/25/ciencia/1443201639_398168.html?rel=epr

*** 'Javier Marías: “Internet ha organizado por primera vez la imbecilidad”' El País 27/09/2015  http://cultura.elpais.com/cultura/2015/09/24/actualidad/1443105759_175114.html


domingo, 14 de octubre de 2012

Prometo empapelado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Escoge el diario El País para titular una palabras de Juan Luis Cebrián pronunciadas en la  68º Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) celebrada en São Paulo:  “Moriré haciendo periódicos en papel”*. No sabemos muy bien si hará con ellos pajaritas, avioncitos que lanzar desde las altas ventanas de edificios de cristal o barquitos de papel que pondrá a navegar en un jacuzzi. Tampoco sabemos si ha tenido un sueño premonitorio y ha visto su propia muerte de tal guisa, rodeado de papeles, o si su visión del infierno periodístico es pasarse la eternidad encadenado a una rotativa, como Prometeo a su roca, embadurnado de tinta y azotado con un tipómetro de los de antes, que mira que duelen.
Sigue el señor Cebrián, en las lejanas tierras de Brasil, empeñado en confundir los soportes de la información y las herramientas de trabajo con los que elaboran la información, las personas, y con la actividad en sí.

Nuestros empresarios informativos han quedado deslumbrados por la tecnología que Prometeo les trajo y no se han dado cuenta de que la gente no "consume" tecnología sino que es esta la que hace llegar las noticias. El Periodismo no es ni la "imprenta" ni los "ordenadores", sino una actividad que se concreta en textos, en unos soportes u otros.
El Periodismo —perdonen la obviedad— es contar parte de lo que ocurre en el mundo para que los demás se enteren. Y eso se hace con pluma de ganso, máquina de escribir o teclado bluetooth. Primero te enteras tú y luego se lo cuentas a los demás. Sencillo. Es el profesional su esencia porque es quien se ha de enterar de lo que ocurre y disponer de las habilidades comunicativas para expresarlo bien. Luego se adaptará a los distintos canales, sí, pero sin el profesional no hay nada que hacer.
Por eso las afirmaciones del señor Cebrián no tienen ni pies ni cabeza, especialmente la de establecer la "muerte del periodista" a los cincuenta años, decisión jacobina y hitleriana, con aires de "solución final" si va acompañada de despidos profesionales como ha ocurrido. Despida lo que usted quiera, señor Cebrián, y asúmalo, pero no lance al mundo más estupideces, que ya hay bastantes. Un periodista con cincuenta años es tan buen periodista como otro de cualquier edad, si cabe con mayor experiencia, conocimiento y comprensión de muchas cosas. Sus problemas son otros, muchos de ellos derivados sus malas decisiones estratégicas, económicas y políticas. Empecinados en lo tecnológico, no acaban de captar un público porque, entre otras cosas, se ha sembrado el desinterés informativo mediante los efectos negativos de los propios medios mal dirigidos. Se siembra lo que se recoge. Y si siembras melones, no esperes recoger sandías.


Hace unos días se despachaba bien el que fuera presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (PAPE), Fernando González Urbaneja, que especializado en información económica conoce con más motivo los entresijos empresariales de este país en lo que respecta a los grupos mediáticos. Decía González Urbaneja:

Ningún medio de comunicación ha dispuesto de tantas oportunidades, recursos y talento como El País para liderar el sector, para dignificar el periodismo y para mostrar respeto a sus lectores, que son los que legitiman un diario-institución, que era la vocación fundacional del diario. Los méritos de Cebrián en El País, son indiscutibles, fue un excelente director que organizó y lideró un buen equipo del cual formé parte y de lo cual me honro. Luego vino la arrogancia, la ofuscación, la apropiación individual del trabajo de muchos, y finalmente la decadencia y el desastre.
Los editores de “El País” han fracasado como empresarios, el grupo está en la ruina y se sostiene por una mezcla de caridad, responsabilidad y miedo de sus acreedores. Las razones del fracaso son simples, tan indiscutibles como evidentes. Errores graves de gestión, decisiones aventureras, irresponsables, con nombres y apellidos, los del consejo de administración, y muy en concreto de quien lo maneja y encabeza: Juan Luis Cebrián Echarri.**

Como el título del artículo tenía la eficacia de un directo al mentón —"Cebrián, déjalo, eres el problema"—, González Urbaneja se dedicaba a desglosar los errores y oportunidades desperdiciadas por un concepto erróneo del "modelo", esta vez sí, empresarial.


En esto las empresas periodísticas no son muy diferentes a las demás y acaban pagando los más débiles los errores de los presuntamente y oficialmente inteligentes, como el señor Cebrián. La decisión ahora —previsiblemente— es la misma que con "Los 40 principales", empaquetar el "producto" y venderlo como "marca" por las Américas captando publicidad y firmando acuerdos con entidades locales para incluir informaciones de la zona. El diario señala, recogiendo las declaraciones:

El proceso de reconversión de EL PAÍS implicará, según Cebrián, una apuesta más decidida por el mercado latinoamericano. En este sentido, el 31 % de los lectores de la edición digital de EL PAÍS ya están en Latinoamérica, y este número continúa en aumento.
Cebrián también se refirió al proceso de integración emprendido en EL PAÍS, “un periódico global por su expansión en América latina, con una sola marca y con una sola redacción integrada”.


Traslada así al periodismo el modelo de la llamada "radio fórmula", que tanto provecho económico sacó a las emisoras, pero tan negativo ha sido para la música y la radio misma, reducida al más puro comercialismo machacón, amasijo de intereses de la industria.
Quizá el diario El País acabe, como "Los 40", teniendo su propio musical en la Gran Vía. Tengo curiosidad por ver el papel que hacen representar a Juan Luis Cebrián en la comedia. Será forzosamente su protagonista.


"El País. El musical" será un taquillazo seguro, a cuyo gran estreno acudirá su antiguo director pisando con la firmeza que le caracteriza la alfombra roja entre flashes y aclamaciones de admiradores, lectores y profesionales. Desde su palco disfrutará del gran final: su muerte sobre el escenario, rodeado de papeles de periódicos, mientras páginas trituradas, convertidas en confeti, son lanzadas al aire. Unos querubines periodistas, niños rubicundos y regordetes, descenderán y cubrirán piadosamente su cuerpo yacente con papeles de las primeras planas del diario que tanto amó. Telón.
Apoteósico final.

* "Cebrián: “Moriré haciendo periódicos en papel”" El País 13/10/2012 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/10/13/actualidad/1350154230_237534.html
** Fernando González Urbaneja: "Cebrián, déjalo, eres el problema" República.com 10/10/2012 http://www.republica.com/2012/10/10/cebrian-dejalo-eres-el-problema_560727/






domingo, 7 de octubre de 2012

ERE: el país desértico o el autoprofeta

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
De todas las palabras que componen el texto* sobre el ERE del diario El País hay tres afirmaciones que sorprenden sobremanera en boca del que fuera su director y actualmente Presidente ejecutivo de PRISA y del periódico, Juan Luis Cebrián:
1)  "No podemos seguir viviendo tan bien";
2) “En un momento en que la democracia española está siendo atacada, EL PAÍS debe seguir jugando un papel fundamental”;
3) "La tercera edad en periodismo comienza a los cincuenta años"
La primera de las afirmaciones ha sido —convertida en titular mayoritario— la más citada por todos los medios que se han hecho eco de un ERE en el que se van a despedir a 138 personas de las 440 en plantilla, un tercio.
La contestación ha sido inmediata por el Comité de Empresa que ha señalado que el Consejero y antiguo director del periódico ganó en 2011 la cantidad de 13 millones de euros. La afirmación "no podemos seguir viviendo tan bien" suena a sarcasmo, a burla prepotente y cínica de alguien que no ha vivido nunca mal y que probablemente nunca ha vivido tan bien. Una auténtica obscenidad y, sobre todo, unas palabras que los trabajadores del diario no se merecen como justificación de los despidos y bajadas de sueldos.

La segunda de las afirmaciones —la democracia española está siendo atacada— es, en el mejor de los casos, sorprendente. Quizá sea una exclusiva del señor Cebrián en recuerdo de aquellos tiempos en que el espíritu periodístico habitaba en algunos de esos palacetes empresariales que tiene por corazón. No explica quién ataca la democracia española, desde cuándo está en peligro, qué puede hacer El País por ella, en fin, alguna idea que nos saque de la angustia en la que nos ha dejado a todos. A lo mejor se ha contagiado de sí mismo y cree que "la democracia es vivir bien" y la dictadura es "no poder seguir viviendo tan bien", como señalaba en el punto primero. A lo mejor, de tanto repetir aquello de que "El País nació con la democracia" ha pensado que si el diario desaparece también lo hará la democracia. ¿Está la democracia debilitada cuando está en crisis El País? ¿Depende nuestra salud democrática de los problemas del periódico? A lo mejor en su cabeza se ha producido una asociación megalómana de este tipo. Quizá nos lo cuente en El Huffington Post.

La tercera afirmación es un insulto a la inteligencia, sobre todo, a la de la profesión. No es más que el camuflaje al recortado de los sueldos de las personas que llevan más tiempo en la empresa, con más derechos adquiridos y cantidades más elevadas. No debe engañarse nadie sobre su apuesta por la juventud; nunca ha existido. El País, como casi todos los demás periódicos, está lleno de cientos de jóvenes mal pagados en prácticas, de becarios. El propio comité de empresa ha tenido que salir al paso de la imagen distorsionada del periódico señalándole la cantidad de jóvenes —por debajo de treinta años— que hay en el periódico pero que no aparecen en las cifras que ha dado por la sencilla razón de no tener contratos laborales:

Para Cebrián, la tercera edad en periodismo empieza a los 50 años. “El tema más preocupante es que la edad media de la plantilla es de  53 años”, ha subrayado al recordar que 189 personas superan los 50 mientras que solo 10 están por debajo de los 30. “Esto afecta a los perfiles profesionales y al modelo de periódico que queremos hacer”, ha añadido. Desde el comité le hemos recordado que la empresa cuenta  con profesionales jóvenes que no entran en su estadística porque no tienen un contrato laboral (colaboradores a los que nunca se les ha querido contratar pese a que realizan tareas estructurales).**


El único "perfil" problemático es el del propio Cebrián, como se ha ido demostrando con el tiempo. Los problemas de la plantilla del diario son los que la propia empresa ha acumulado en estos años con él al frente. En cuanto al "modelo", mejor no preguntar.


Poner la "muerte profesional" del periodista en 50 años es de un descaro inaudito ya que significa echar, por "inútiles", a aquellos que quedan de la época en que se hacían contratos (verdaderos contratos, la prehistoria empresarial) y acoger a la mano de obra barata, con un mercado abundante de desempleados a los que se explota con la excusa de que no tienen formación o experiencia. El tiempo que durarán en el periódico —con todos los medios haciendo prácticamente lo mismo— es el que resulten rentables antes de ser sustituidos por otros más baratos. Lo dijimos hace meses: Cebrián no había anunciado la muerte del periodismo, sino la muerte del sueldo del periodista. [ver entrada] Todo adquiere coherencia. Las profecías sobre la muerte del periodismo realizadas por Cebrián se cumplen siempre. Él se encarga de ello.


La excusa "digital" es de tal desfachatez que no merece la pena ni ser mencionada. La de la "edad", tres cuartos de lo mismo. Ambas no pueden cubrir el profundo fracaso de una generación de editores y responsables de periódicos que no entendieron que eran ellos mismos los que alejaban a los "lectores de prensa" al transformar los medios es espacios comerciales y circenses, en centros de ocio en vez de en centros de información, que exigían a los periodistas transformase en animadores culturales y administradores de redes sociales.

La información no es un producto directo. Como el arte gastronómico, requiere la educación del paladar, del buen gusto del receptor, despertando algo que se llama "interés", no la "atención" que es un proceso muy distinto. Se ha seguido el camino del "fast food". 
No es lo mismo "despertar el interés" que "llamar la atención"; han matado el interés de tanto llamar la atención.  El interés —es lo que no han entendido— es interés por el mundo, por mejorar el conocimiento que tenemos de él, por conocer sus entresijos. Se logra con más y mejor información, no escribiendo cortito y con titulares llamativos, con sensacionalismo y tremendismo político o económico, deportivo o del "corazón".
Todas las brillantes teorías que Juan Luis Cebrián y otros de la misma quinta elaboraron como gurús de los medios de comunicación durante dos décadas se han mostrado y demostrado erróneas. Las pruebas las aportan ellos mismos con sus resultados negativos. Todas sus medidas no han resuelto nada y han acelerado el desastre mediático. Todas han llevado a lo contrario de lo que proponían: superar la llamada "crisis de la prensa", ahora camuflada con la "crisis general". Lo dudoso es si no han sido ellos los que la han creado y acelerado tomando direcciones equivocadas, cegados por la luz visionaria que creían atisbar en un mundo perfecto para los medios, la Sociedad de la Información. No han creado la crisis económica, pero sí la de los medios, que han llegado debilitados al maremoto general.
Con menos profesionales, con gente sin experiencia —aunque tengan buena voluntad— no es fácil hacer un periódico que logre despertar el interés, que mantenga los niveles de calidad para su resurrección de entre los muertos estridentes. La salida es convertirlo en un circo en el que los titulares agresivos despierten las ganas de bronca de los que participen en los foros. ¿La democracia atacada? Es "la espiral del superlativo", como la calificó acertadamente su antigua Defensora del Lector, Milagros Pérez Oliva. [ver entrada]


Hace mucho tiempo que la gente no "vive bien" en los periódicos, incluido el suyo, señor Cebrián. Hace mucho tiempo que se tienen que tragar los sapos informativos de cada día a falta de otras mejores cosas que llevarse a los teclados. El ERE no va a mejorar el periódico, va a prolongar su agonía entre intentos desesperados de llamar la atención a toda costa. Más superlativo. No va a superar ninguna crisis; van a ahondarla. Vivir de lo que da un periódico no es hacer periodismo.
Hay profetas que acaban en el desierto. Otros convierten en desierto lo que les rodea.

* "EL PAÍS anuncia una reducción de plantilla para superar la crisis" El País 5/010/2012 http://elpais.com/elpais/2012/10/05/actualidad/1349440803_055279.html
** "Comunicado del Comité de Empresa del diario El País" El cuarto poder http://www.cuartopoder.es/wp-content/uploads/2012/10/Comunicado-del-Comit%C3%A9-de-Empresa-de-El-Pa%C3%ADs-ante-el-ERE-anunciado-por-Cebri%C3%A1n.pdf





domingo, 29 de abril de 2012

El canto del cisne del periodismo o la muerte del sueldo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Creo que hay un error interpretativo, un problema de percepción. Los que han decretado “la muerte del periodismo” se referían en realidad a “la muerte del sueldo del periodista”. Te dicen que el mundo ha cambiado, que han pasado cosas, etc., que es lo mismo que le diría un mamífero a un dinosaurio. Podría parecer una muerte accidental, pero ya hay unos cuantos cadáveres en la morgue esperando a los forenses. No es casualidad ni mala suerte. Más bien el fracaso de las estrategias desarrolladas hasta el momento por los mismos que se presentaban como gurús. Los cierres y recortes se suceden a tono con el clima del país. Los empresarios de la información aprovechan el río de sangre para navegar en sus yates. Pero algunos teorizan y eso ha causado indignación.
A pesar de lo que diga el señor Juan Luis Cebrián*, antiguo director de El País, y hoy Presidente y Consejero Delegado de PRISA., el Periodismo no ha muerto. ¡Para nada, desde luego! Los que sí que se han muerto son los empresarios y directores de periódicos como es debido porque han perdido el sentido de su función. Los periodistas siguen siendo periodistas… si les dejan. Pero hace tiempo que se perdió el rumbo sobre cuál era la tarea que debían cumplir los medios y, como es lógico, los que allí trabajan. Se olvidó interesadamente la especificidad de la empresa informativa respecto a otro tipos incluyéndola en la norma simple y general de que una “empresa es para ganar dinero”. Lo importante aquí, como en tantas otras cosas, es el camino escogido para ganarlo.


La entrada de la “mentalidad gestora” en los medios antepone el rendimiento económico a la información estableciendo una falsa dicotomía. La absorción de las empresas periodísticas dentro de conglomerados mediáticos que apostaban por aquello que producía más beneficio al margen de cualquier otra consideración se ha demostrado absolutamente errónea en su planteamiento y desastrosa en sus consecuencias porque el buen periodismo es muy necesario y hoy más que nunca.

La queja esgrimida de que la sociedad se ha transformado tecnológicamente olvida que ese cambio se ha impulsado desde el mundo empresarial, que vio la posibilidad de mayores beneficios cambiando el sector de la información. Ahora les resultan más rentables unas cosas que otras. Y entonan cantos del cisne por el periodismo convertidos en raperos de mal agüero. Justificar los errores propios mediante la “pérdida de prestigio” (según las palabras de Juan Luis Cebrián) de la profesión periodística es de bastante mal gusto cuando se ha llevado a la profesión periodística al borde del circo para justificar las demandas de la publicidad de públicos mayores. No me extraña que los trabajadores del diario, enfrentados a un ERE pidan su cabeza privilegiada. Señala el señor Cebrián:

En ese nuevo entorno, el papel del periodista ha cambiado. Según Cebrián, para degradarlo. “Los diarios ya no vertebran la opinión pública. Y eso genera gran vértigo. Sigue teniendo un papel, pero ya no ese cuarto poder de los años cuarenta o cincuenta”. En su opinión, se ha producido una pérdida del papel de intermediación de la prensa entre la sociedad y el poder. Hasta el punto de que “la pérdida de prestigio de la democracia tiene que ver con la de los medios y viceversa”.*

Antes fue la muerte de CNN+, otro experimento fallido de los estrategas

No sé qué entiende el Consejero Delegado de PRISA por “vértigo”, pero me imagino que es algo que oscila entre la náusea sartreana y la montaña rusa del parque de atracciones, que viene a ser, en clave metafórica, la travesía que han hecho recorrer al Periodismo en sus aventuras empresariales mediáticas. Han transformado a los lectores en consumidores de medios y han convertido a los medios en circo y espectáculos. 

Los nuevos socios
La búsqueda de audiencias mayores en un marco global condenaba a los medios a transformarse en espectáculos cada vez más banales y vacíos. La única forma de evitarlo era apostar por una pedagogía de los medios que enseñara su valor, formara a los lectores en el valor de la información en una sociedad democrática como configuradora de la opinión pública y controladora de los partidos. Se hizo lo contrario. No es la degradación de los medios lo que arrastra a la democracia, ni la degradación de la democracia la que arrastra los medios, como dice el señor Cebrián. Es la degradación de la idea de formar ciudadanos (personas conscientes), que es consustancial a la democracia, para no convertirla en un circo de votantes ignorantes en el que los medios se subastan al mejor postor político o empresarial como forma de conseguir privilegios en distintos ámbitos según a quien le toque el poder.
Si el binomio “política-medios” no ha funcionado bien y se han arrastrado mutuamente es porque no han cumplido ambos las funciones sociales que se esperaban de ellos. Esto es bastante distinto a lo que parece querer decir el señor Cebrián y es responsabilidad de las líneas emprendidas por las empresas y no por la mayoría de los profesionales, que deseaban poder hacer sus informaciones con libertad y honestidad que son los valores que reconocen los lectores. De otra forma, unos se alejan porque no les interesa y otros porque no les convencen. Han proliferado los medios ciudadanos porque no se sentían identificados con los medios profesionales. Esa es la crítica que se hizo a los medios desde el 15-M.


Se ha destruido la idea de “lector” sustituyéndola por la de “consumidor de información”; se han cambiado la idea de “noticia” por la de “contenidos”, que implica una consideración muy distinta de lo que es contable y porqué. Se ha informado para vender y no porque hubiera que informar. Se busca llamar la atención y no atraer el interés ciudadano. Se necesitaba apostar por lectores cultos y por la extensión de la cultura como forma de profundizar en una sociedad democrática consciente. Lo que se hizo —en general— es lo contrario: apostar por una extensión mediática basada en el embrutecimiento chabacano del puro consumo informativo, en el que las redes sociales han sustituido ya a los medios tradicionales.

La publicidad abandona los medios menos rentables y se dirige a buscar la eficacia en donde se producen las concentraciones de atención. El señor Cebrián ha dicho:

Mientras que la publicitad crece en América, en España y Portugal no ha hecho más que caer en los últimos tres años. PRISA mantiene mercado en ambos continentes y, con esa experiencia, Cebrián alerta de la burbuja que se desinfla en Europa y que ahora está en auge en América.

Está bien que alerten de los males. Pero me temo que serían muy discutibles las causas y los causantes de esos males. La deslocalización empresarial no es la deslocalización informativa, que está vinculada a sus públicos. No es lo mismo un fábrica de zapatos que un periódico, por obvio que parezca. Solo plantear las diferencias entre mercados informativos emergentes (por llamarlos así) y los que están en crisis, muestran perfectamente la óptica desde la que se plantea la cuestión. Si la publicidad no fluye es también porque se está dirigiendo a las cestas en las que estas mismas empresas están diversificando sus huevos. han jugado a todas las barajas hasta que ha dejado de ser rentables para ellos algunas.
Hace muchos años que esto comenzó. Se fueron sacrificando los fundamentos del periodismo, su engarce y compromiso con la sociedad, que pasaba a ser vista como un mero mercado. El periodismo es una profesionalización de una función social: la necesidad de estar bien informados mediante la reducción de la creciente complejidad del entorno. El mundo se hace más complejo por su interconexión y necesitamos tener información sobre lo que ocurre y por qué ocurre. El enfoque mercantilista de la información, por el contrario, cree que un medio es un instrumento para concentrar la atención y aprovechar para venderles algo, incluida la propia información.

La ausencia de compromiso informativo característica de los que solo piensan en términos de “resultados” acaba determinando la vida de los medios y de dónde resulta más rentable invertir el capital. Los trabajadores sobran. Es lo que ha logrado la admirada Arianna Huffington.
La importancia que hemos estado concediendo a la campaña en favor de convertir a Arianna Huffington literalmente en “musa de la izquierda liberal”, según el diario El País adquiere ahora claridad ante la perspectiva de un ERE que recorte la plantilla en el periódico.
Como ya señalamos [ver entrada], el éxito de Arianna Huffington no es hacer un medio sin periodistas, sino tener periodistas sin sueldo, pues no en otra cosa se ha basado su “éxito empresarial e informativo”, el fenómeno comunicativo del siglo XXI, según el diario. Las manifestaciones en Estados Unidos contra la reina de la visibilidad como pago han sido de gran alcance. El País celebró como una victoria propia la sentencia en la que el juez “tumbó” (fue la expresión usada en el titular) las pretensiones de recibir alguna remuneración por su trabajo al venderse The HuffingtonPost a AOL por más de trescientos millones de dólares. Ahora se ven las intenciones.

El caso adquiere su importancia a la vista de lo que vaya a ocurrir con El País y su propia competencia, El Huff español quizá debería pasar a llamarse El Puffington. Que el modelo sea no pagar a los profesionales y sustituirlos por blogueros felices porque tienen otras profesiones con las que mantenerse vivos, acaba siendo coherente con los discursos negativos del Consejero Cebrián. Al final, según esta filosofía y planteamiento empresarial tan celebrado, los que participan en el circo mediático se deben considerar contentos con que se les permita saltar a la pista. Quizá el Consejero Delegado no le ha explicado bien a los trabajadores el inmenso honor de escribir en el periódico y el valor meramente simbólico de sus sueldos.
Con esto se confirma que si la profesión está en las noticias, el negocio está en los flujos de información, siendo indiferente cuál sea su motivo u origen. Como titulaba con gran sinceridad The Huffpost: “Not Our Problem”. El escueto titular era la respuesta a Rupert Murdoch, que había acusado a The HuffingtonPost de tener unos pocos periodistas en plantilla y “robar” las informaciones a los otros.
Confirmamos, pues, que sobre lo que el señor Cebrián está teorizando es la muerte del sueldo, como tantos otros empresarios que han basado su éxito económico y su ruina moral en becarios y puestos precarios de trabajo. La deriva de estos últimos años no ha sido hacia el periodismo de calidad sino hacia el de precariedad, reduciendo las posibilidades de informar mejor a una sociedad que creciera en paralelo con la propia información. Eso no le ha importando a nadie. Hay que pensar menos en el poder y más en los ciudadanos
Allí donde crece la información —no solo el negocio— es donde existe el interés por lo que ocurre en el mundo. Hace ya mucho tiempo que la información es la excusa y no el objetivo. No es culpa de los profesionales, sino de aquellos cuyas estrategias han fallado estrepitosamente.

* "Cebrián afirma que la prensa ya no vertebra la opinión pública". El País 22/04/2012 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/04/22/actualidad/1335120279_956448.html