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jueves, 19 de mayo de 2022

El día en que Elvis apareció en mi Instagram

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Les cuento lo que me pasó: Estaba viendo una vieja película que tiene como escenario la ciudad de Las Vegas, en la que sucedía un concurso masivo de imitadores de Elvis Presley, lo que implicaba una banda sonora llena de canciones del "rey" durante las actuaciones de los imitadores en el casino donde transcurre una parte de la acción. Como la película no era gran cosa, aproveché para mirar en mi cuenta de Instagram. Al ver las novedades, por primera vez en años, me aparecieron dos mensajes seguidos con imágenes de Elvis. Al día siguiente apareció otra y no ha vuelto a salir ninguna más. ¿Casualidad? Piensen lo que quieran. Esta mañana revisé los permisos de la aplicación y desactivé el micrófono.

Las historias sobre los anuncios personalizados son ya un clásico. Todo el mundo te cuenta alguna. Escribió algo en su chat o en su correo y le aparecieron anuncios referidos al tema de la conversación.


No hace mucho, la polémica se extendió a Alexia. Según parece, Alexia no solo recibe órdenes, sino que está pendiente de las conversaciones que se celebran a su alrededor y procesa esa información, que es remitida a los centros de la empresa. La contestación que se dio entonces es que servían para mejorar las capacidades de procesamiento del lenguaje humano por parte del sistema de Alexia y así ser "más eficaz". Pero esto es como decir que los espías internacionales lo hacen para aprender y mejora su comprensión de los idiomas de los espiados. Es parte de esa retórica insultante para la inteligencia en la que se dice que todo se hace por nuestro bien, que les preocupa nuestra intimidad, etc., todos esos mensajes que se nos ofrecen para que aceptemos de buen grado (¡qué remedio!) que entren en nuestras vidas, aparatos, etc.

Si hacen limpieza periódica de las cookies de sus ordenadores, comprobarán que en apenas unos días de navegación se acumulan varios miles en sus ordenadores, que además de monitorear sus actividades con el navegador pueden realizar exploraciones del ordenador. Ya no se trata solo de que te aparezcan anuncios. La cuestión está empezando a ser mucho más seria.

Desde el comienzo de la pandemia, que hizo que la actividad online aumentara exponencialmente, habrán observado que el acceso desde la salida inicial se ha complicado con una series de requisitos, permisos que han de ser aceptados, etc. abrumadores. Google no le deja buscar si no ha iniciado alguna de sus cuentas, le exige sincronizarlas, no le deja cerrarlas en muchos casos de forma directa al salir de la aplicación y un sinfín de obstáculos que se multiplican en cada plataforma utilizada, condicionando los navegadores que nos "invitan" a usar, etc.

Me parece muy bien que se diga a la gente común cómo protegerse de Pegasus, el programa que les ha robado Gigas a nuestro presidente y algunos ministros y cuesta dos millones de dólares, una excusa retórica para justificar la pifia. ¿Pero qué pasa con toda esa otra gente que está tan "preocupada por nuestra seguridad"?

Ayer y hoy, encontramos en los medios noticias sobre cómo somos espiados y por quién. El que maneja más datos o contiene más interacciones es Google, que de buscador favorito ha pasado a ser el amo. En Antena 3 nos explican los resultados de un grupo irlandés para defensa  de las libertades:

A raíz de una filtración, la ICCL ha confirmado que Google inspecciona nuestras comunicaciones unas 426 veces al día de media: "Es la mayor violación de datos jamás registrada. Rastrea y comparte lo que la gente ve en línea y su ubicación en el mundo real 294.000 millones de veces en Estados Unidos y 197.000 millones de veces en Europa todos los días", ha detallado el organismo irlandés.

En términos de promedio, las intrusiones diarias en los datos de una persona que reside en EEUU aumentan hasta 747 veces, mientras que los ciudadanos europeos están expuestos 376 veces al día. En términos anuales, Google rastrea y comparte las ubicaciones de los usuarios de Internet de EEUU cerca de 107 billones de veces al año. En el caso de los europeos, la recopilación de información supone una media de 71 billones de veces al año.

Según ha explicado el ICCL, "las cifras de la industria en las que confiamos no incluyen las transmisiones de Facebook o Amazon".*

No es anecdótico que la investigación haya salido de Irlanda, pues es un centro de investigación y desarrollo informático muy importante.

Aquí, los políticos se miran el ombligo espiado, pero le dedican poca atención a un fenómeno que tiene importancia. ¿Desidia? En realidad, no, pues toda esta vigilancia se supone que está al servicio de una "buena causa", nuestro servicio y atención, es decir, esa "preocupación" por nuestra comodidad, porque nos llegue lo que deseamos antes de que nos hayamos despertado.

Todo esto es una forma de economía que surge de nuestro monitoreo y análisis. Es una doble economía, la que se produce con nuestros datos como materia prima, y la que esa información permite aplicar a la producción y gestión de la otra, la material, por decirlo así. Es un sistema de vigilancia constante que ofrece información para perfilar la oferta. Los datos permiten conocer la demanda y ajustar la oferta. Por otro lado, el mismo espacio informativo permite estimular nuestros deseos. Todo ello permite el viejo sueño del mercado: conocernos mejor que nosotros mismos.

Pero también permite muchas otras cosas, como manipularnos. No todos los objetivos son económicos; también los hay políticos. Es ahí donde el comportamiento pasa de la compra al voto. Lo que se nos vende es otra cosa. Lo de Pegasus es una anécdota en comparación de la sistemática intromisión en nuestras vidas.

Cuando se nos seduce con el 5 G y con la llamada "Internet de las Cosas", se olvidan decir que eso permite una mayor cantidad y velocidad de datos y, por otro, el cotilleo de las cosas conectadas a la red, convertidas en espías de nuestras acciones, movimientos y, como hemos visto, de palabras.

Otras noticias, esta vez de España, nos dice desde los titulares del diario ABC que "Protección de Datos multa a Google con 10 millones de euros y a Vodafone España, con 3,94 millones". Con el dinero de la multa de Vodafone España se pueden comprar dos programas de Pegasus, si nos sirve de medida.

Según la resolución del organismo español, publicada este miércoles en el Boletín Oficial del Estado (BOE) y con fecha de 9 de mayo, la sanción impuesta a Google se debe al incumplimiento del artículo 6 y del artículo 17 del RGPD, en los que se regulan la licitud del tratamiento de los datos y el 'derecho al olvido', respectivamente. 

Por su parte, Vodafone España ha sido multada con casi 4 millones de euros por infringir parte del artículo 5 del Reglamento, en el que se regulan las garantías para la confidencialidad e integridad de los datos personales.**


Hay cierta hipocresía de fondo. Los mismos medios que denuncian monitorean nuestros ordenadores o, si se prefiere, son una rentable puerta de entrada a ellos. Utilizan la publicidad personalizada pero después esos datos pueden ser tratados múltiples veces, convertidos en fuentes de información múltiple según lo que se busque en ellos.

En realidad vivimos en nuestras jaulas del zoológico virtual donde somos observados por todo tipo de analistas que buscan cómo convertir nuestros datos en rentables. Así, lo ofrecen a todos aquellos a los que les puede resultar rentable conocernos.

Parte del problema es que es tal la cantidad de datos que vamos liberando en cada acción que deja de existir el anonimato y los perfiles personales constituyen ya una descripción en tiempo real de nuestra vida a la que en cualquier momento se puede descender.

Hace algún tiempo, Facebook te preguntaba y te animaba a contactar con "personas que quizá conozcas", lo que dejaba al descubierto cómo procesaban tus relaciones. También te invitaba a "etiquetar" las personas de las fotografía que aparecían en tus páginas. Los protocolos de procesamiento de caras eran cada vez más afinadas. La muestra de eficacia de ambas técnicas creó problemas y fueron retiradas a niveles más discretos. Con una amable sonrisa son técnicas que hacen felices a los estados totalitarios.

Haga un repaso de sus aplicaciones telefónicas y desactive todo aquello que sea innecesario, como el micrófono en la mayoría de las aplicaciones.

No sé si la aparición de Elvis al llamado de las voces de sus imitadores fue una casualidad estadísticamente billonaria o si fue otra cosa. Elvis es Elvis, pero no quiero que Elvis me vuelva a aparecer al conjuro de sus canciones.

 


* "¿Cuántas veces revisa Google nuestros datos? Una investigación acaba de revelar este curioso dato" Antena 3 18/05/2022 https://www.antena3.com/noticias/tecnologia/cuantas-veces-revisa-google-nuestros-datos-investigacion-acaba-revelar-este-curioso-dato_2022051862848c8b3fa5760001d7e500.html 

** "Protección de Datos multa a Google con 10 millones de euros y a Vodafone España, con 3,94 millones" ABC 18/05/2022 https://www.abc.es/economia/abci-proteccion-datos-multa-google-10-millones-euros-y-vodafone-espana-394-millones-202205181324_noticia.html

jueves, 12 de abril de 2018

Estamos en ello


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
"Estamos en ello" fue la frase que más escuché en boca de Mark Zuckerberg a lo largo de interrogatorio al que fue sometido por senadores y congresistas norteamericanos. "Estar en ello" es una interesante y ambigua expresión metafórica que no precisa demasiado, apenas una consciencia del tema y estar pensando algo con qué arreglarlo. No anticipa mucho de las vías de solución elegidas y tampoco precisa cómo se enmarcará el problema.
Cuando, por ejemplo, nos dice que una de las soluciones es que los usuarios pueden acceder al fichero de información que se dispone sobre él, no se cuestiona la propia existencia del fichero, que es la fuente del problema. Sin almacenamiento organizado de datos el problema se reduce a nada. La cuestión es que la mercancía son los datos. Y los datos somos "nosotros": una versión digitalizada y procesable, dinámica y evaluable que conecta todas nuestras acciones en busca de patrones de comportamiento más o menos definidas que hacen nuestras reacciones más o menos predecibles.
Hay un párrafo relevante entre las distintas informaciones publicadas estos días de comparecencia por el diario El País:

El empresario se encontró con unos legisladores duros, republicanos y demócratas, que le cuestionaron por todo lo ocurrido, así como por la fiabilidad de sus explicaciones. La prensa americana ha recopilado estos días las múltiples disculpas que Zuckerberg ha expresado en 14 años de carrera, desde que inventó la red en Harvard. Una pregunta del republicano John Thune resumió bien la inquietud general en la Cámara: “Después de diez años diciendo que podían haberlo hecho mejor, ¿qué hay de diferente en la disculpa de hoy?”, inquirió. Zuckerberg insistió en el aprendizaje de los errores. “No espero que nada de lo que diga aquí cambie su visión”, dijo el empresario, pero “confío en que los cambios se vean y se valoren en adelante”.*


Creo que muestra bien el espíritu del "estamos en ello", una expresión medida que refleja el estado de disculpa permanente convertida en leit motiv de la vida tecnológica. Sí, "estamos en ello" es casi una definición heideggeriana del ser arrojado al mundo, de un Da-sein virtual, por si no tuviéramos ya bastantes problemas existenciales con el real.
Lo que se está cuestionando (o debería hacerse) es el modelo surgido a mediados de los 90 con la explosión social de las redes que dio lugar a la canalización posterior de las "buenas ideas" para establecer las verdes praderas virtuales sobre las que disfrutar de una segunda vida, de una vida paralela, hiperrelacionada, de interacción constante con los otros y de cuyo roce surgía no el cariño sino el beneficio de los que la posibilitaban.
El problema es de percepción: no vemos a estas empresas como lo que son, sino como servicios básicos que dan forma canalizando una manera de vivir. Es como si se hubieran abierto las puertas de un parque público en el que cada uno hubiera construido una pequeña cabaña para estar junto a los amigos, familiares, compañeros de trabajo, etc. Hasta allí hemos trasladado nuestra vida y recuerdos, depositado lo que pensamos. Siempre me ha llamado la atención estos mensajes directos de Facebook: "Joaquín, ¿en qué estás pensando?" o la afirmación "Joaquín, hace mucho tiempo que tus amigos no saben nada de ti". Podría haber contestado "estoy en ello", como Zuckerberg. Pero me mantengo distante porque sé que es una pregunta trampa y que cualquier respuesta, incluso las más ingeniosas serán anotadas concienzudamente.


A Mark Zuckerberg le han hecho muchas preguntas los legisladores norteamericanos. Se trata de una escenificación cuidadosa pero de eficacia relativa. Mientras no se ponga sobre la mesa el modelo y se discuta el atractivo de las redes y la seducción para que nos traslademos a vivir a los nuevos barrios virtuales, no servirá de mucho.
En los últimos años han salido películas en las que la gente vive segundas vidas en espacios no materiales, pero sí reales. El error es seguir pensando que lo virtual no es "real" cuando sí lo es, ya que forma parte de nuestra propia vida. No es solo una expansión de nuestra memoria, sino una ampliación de nuestras posibilidades vitales.
Los movimientos de desconexión provienen tanto por los que consideran trivial la vida en las redes como por aquellos que, por el contrario, consideran que se ha convertido en algo demasiado importante para nosotros.
La cuestión relevante es que cuanto más valiosas y decisivas sean en nuestras vidas, más vulnerables no harán dentro de las propias redes, por un lado, y en el exterior. Es decir, las redes serán los caballos de Troya de la intimidad. Todo aquel que quiere manipularnos dentro o fuera lo hará por el punto más débil, el más difícil de controlar. Y ese control, ya sea por una legislación interior o exterior, le corresponde al gigante tecnológico que acapare nuestros datos en cualquiera de sus cuevas: Facebook, Google, Twitter, Instagram, WhatsApp, etc. Todos ellos son hermosos envoltorios de un ansia de datos. Nos dan lo que queremos para quedarse con lo que necesitan para hacer sus negocios fuera.


En su enésima disculpa, Zuckerberg señaló: «“No hicimos lo suficiente”, para evitar un uso dañino de los datos, admitió Zuckerberg al inicio de su comparecencia, un mea culpa que extendió a “las noticias falsas, la interferencia extranjera en las elecciones y los discursos del odio”. “Fue mi error y lo siento”, insistió.»* Sí, pero son muchos errores y en cuestiones capitales. No son menudencias, sino cuestiones como la presidencia o la ruptura de Europa por el Brexit, la expansión de grupos ultra o del terrorismo internacional, etc.
"Estamos en ello" no deja de ser echar balones fuera y reconocer que las condiciones que ha creado han favorecido las actividades destructivas en esas sociedades en las que la red ha servido para elaborar estrategias de penetración. Pedir perdón está bien, pero es solo un momento de la cuestión. Lo que de verdad importa es que ocurrirá ahora. La prensa norteamericana considera que Zuckerberg se les ha escapado a los senadores y congresistas. No han sabido, dicen ir más allá de lo que Zuckerberg les ha querido enseñar.
La pregunta es si hay soluciones a un modelo que permita a los usuarios vivir en ellas y que sus huellas no puedan ser rastreadas primero, analizadas después y, finalmente, usadas para manipularlos en cualquier dirección.
"Estar en ello" no es bastante. 



* "Zuckerberg pide perdón en el Senado y advierte de la amenaza de Rusia" El País 11/04/2018 https://elpais.com/internacional/2018/04/10/actualidad/1523380980_341139.html

lunes, 11 de diciembre de 2017

Y a mí qué me importa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nos acabamos de enterar de que la señora Colau, alcaldesa de Barcelona, tuvo una novia italiana. ¿Y a mí que me importa? Puede que alguno considere que esto se merece las portadas del fin de semana, pero quizá no le importe a nadie. O que yo sea un ingenuo y sea al único al que no le importa.
Hasta no hace mucho tiempo, se discutía sobre la existencia de algo llamado "intimidad". La intimidad es todo aquello que uno considera que a los demás no les importa, más o menos. Matizo porque a parece que a la gente solo le importa ya la intimidad, quizá porque se ha convertido en un bien escaso.
Me gustaría que la gente expusiera ideas sobre cómo resolver conflictos, sobre cómo cambiar el mundo y no que me enseñara su casa, me diga con quien se acuesta o qué dieta sigue.
Por supuesto, la señora Colau puede contar todo lo que quiera sobre su vida, pero está haciendo un flaco favor al conjunto que considera que si no se le lanzan estas viandas de vez en cuando, la gente se impacienta. El mundo se ha transformado en una gigantesca portería, el fin de semana de fútbol y el resto de casa de vecinos.
La aldea global de McLuhan es cada día más aldeana y menos cosmopolita, más paleta y vulgar. El barniz tecnológico no camufla esta sociedad cotilla y juzgadora constante de lo que hacen o dejan de hacer los demás.

El chismorreo ha absorbido  a los medios rompiendo las barreras de géneros. La falta de páginas materiales ha hecho que toda esta cacofonía sentimental, brutal, familiar, etc. nos invada para satisfacción de los que desean revolcarse en estas cosas.
La entrada de estas cosas en la política es peligrosa. Lo estamos viendo en los tuit que han lanzado contra el señor Iceta, el candidato socialista en Cataluña. Los ataques han venido de un distinguido miembro de la comunidad científica y académica, director del Instituto de Nanociencia y Nanotecnología, que ha demostrado su vocación malsana hacia el insulto sobre la sexualidad de la gente. ¿Qué mueve a un serio científico a comportarse de esta manera? Lo que debería ser ejemplo, deja de serlo en una sociedad poco ejemplar, basada en llamar la atención. La vulgaridad forma parte de las élites. Ya no hay excusas; lo vemos todos los días.
Aquel que no respeta su propia intimidad está condenado a perderla cuando la quiera mantener. Algunos exhibicionistas se encontraron con que cuando quisieron parar y pidieron respeto no pudieron argumentar para defenderse. Ellos mismos la habían borrado, les dijeron. Una sociedad sin intimidad es frágil, enfermiza, morbosa.


Si la campaña de Cataluña estaba complicada, empezar a meter en ella la intimidad me parece poco sensato. Pero, ¿lo es algo a estas alturas? Nos parecemos cada vez más a un circo romano, embrutecido, chillón, pidiendo más carne para los leones, que cada día se parecen más a nosotros.
Hace unos días nos llegó la noticia del suicido de una joven actriz norteamericana del cine porno. No pudo soportar las campañas en las redes sociales contra ella. Las jaurías son terribles contra cualquiera que les desafíe. No hay piedad desde el anonimato.
El anonimato es el concepto que ha sustituido a la intimidad. La exhibición propia es la exaltación de la teatralidad de la vida convertida en espectáculo, en forma de atracción de la atención. La intimidad es ya un cebo. El anonimato es el movimiento complementario que nos permite la impunidad. Hoy el mayor arma es una grabación de un móvil que puede ser exhibida públicamente y arruinarte la vida. Lo tenemos todos los días en todos los países. El móvil es el arma de destrucción más poderosa; es un centro militar. Allí esta tu intimidad y allí están las de otros a los que puedes destruir como venganza. Lo que antes eran cartas y diarios robados, hoy son las fotos y vídeos de la fase más oculta de la intimidad. Esa foto que te hacen alegremente, mañana trae tu llanto.

Me gustaría que pensaran que cuando abren sus intimidades las echan sobre nosotros y, sinceramente, no me importan nada las de unos y otros.  


jueves, 9 de octubre de 2014

Jennifer Lawrence tiene razón

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Se pregunta Jennifer Lawrence en qué mundo vivimos. Hace bien en preguntarlo. Si todos hiciéramos lo mismo, puede que llegara un momento en el que hubiera que dejar de preguntárselo. Le tengo una inmensa admiración como actriz y esperanza por los momentos de felicidad que nos puede dejar a todos en el futuro ante una pantalla. Es una actriz que aúna temperamento e inteligencia, técnica y pasión. Es algo que percibes cuando la ves en la pantalla, su trabajo apasionado en la interpretación, la construcción minuciosa de papeles distintos. Alguien que puede componer dos papeles tan diferentess como los que ha interpretado en "El lado bueno de las cosas" (Silver Lining Playbook 2012) o "La gran estafa americana" (American Hustle 2013), hacer de Misty en X-Men o de campeona en "Los juegos del hambre", tiene mucho mérito y merece todo el respeto, como han hecho sus compañeros de la Academia premiándola con un Oscar y varias nominaciones con solo 24 años.
Ver a Lawrence en papeles interesantes es una delicia y ese esfuerzo profesional se agradece. No hablo del "fan", sino de las personas que, tras la ilusión del personaje, recuerdan que detrás hay una persona que ha trabajado duro para que nos olvidemos de que existía el actor. Esa es la paradoja del actor que su trabajo consiste en anularse él para dar vida a otros. Lawrence lo consigue y tiene un camino por delante en el que puede dejar interpretaciones memorables.


El robo de unas fotos íntimas de su "nube" la ha puesto en una situación humillante a la que se ha enfrentado directamente. Me imagino que a la ira del robo de las fotos y su lanzamiento por las redes le seguirá otra más fuerte al escuchar los comentarios de algunos. Están los del "que no se las hubiera hecho" y los del "los actores vive de eso", dos teorías que se escuchan con frecuencia cuando suceden cosas de este tipo. Ambas son teorías insultantes, fatalistas y exculpatorias de los que se dedica a este tipo de actividades. Son el complemento perfecto de los ladrones de intimidad. Los primeros desprecian a la persona; los segundos a la profesión. Van dejando sus sentencias filosóficas con satisfacción al ver que sus leyes se cumplen. Es una versión de otros argumentos que también se escuchan con frecuencia: la violaron por cómo iba vestida o porque fue por donde no debía. Responsabiliza a la víctima y convierte el crimen en algo necesario derivado de quien lo padece.


Lawrence, que ha demostrado inteligencia sobrada, pone el acento en el punto clave: "No es un escándalo; es un crimen sexual". Tiene razón. Y va más allá: los que ven esas fotos robadas participan de una violación colectiva. Son responsables también. Una foto robada es un crimen que se repite una y otra vez, se le niega el derecho a esa persona a decidir sobre su imagen.
El País anticipa la entrevista en Vanity Fair con la que ha roto el silencio sobre esta cuestión:

“Esto no es un escándalo. Es un crimen sexual. Es una violación. Es asqueroso. Porque sea una figura pública, porque sea actriz, no quiere decir que vaya buscando esto. No es parte de la profesión. Es mi cuerpo y debe de ser mi elección”, afirma con claridad. En esta misma entrevista, que saldrá publicada en el número de noviembre, la ganadora del Oscar por El lado bueno de las cosas hace un llamamiento a un cambio en la legislación que penalice estos crímenes. “Tienen que cambiar las leyes y tenemos que cambiar. De ahí que las páginas web también sean responsables”, subraya. Nadie se libra. Como añade la actriz, cualquiera que mire esas imágenes está perpetuando la ofensa sexual. “Se cubre de vergüenza”, añade. “No puedo creerme que vivimos en un mundo así”.*


El hecho de que el diario haya colocado esta noticia en la sección "Estilo" ya es bastante reveladora de nuestra incapacidad para valorar los acontecimientos de este tipo. ¿"Estilo", de quién? Contradicen así su propio titular en el que Lawrence afirma que no es un "escándalo" frívolo sino un "crimen sexual". Pero vivimos en un mundo así de incongruente. No deberíamos, pero lo hacemos.
Los mismos que se rasgan las vestiduras por el espionaje masivo, las escuchas de teléfonos, etc., deberían entender que todas son fruto del aplastamiento de la intimidad que es, a su vez, resultado de pisotear la individualidad y sus derechos. El gran éxito de este mundo absurdo es hacernos creer en el individualismo cuando lo que se ha dado es el proceso contrario. Al igual que se dice que el éxito del diablo es hacernos creer que no existe, el éxito de los déspotas es hacernos creer que somos libres. "Los juegos del hambre" no son tan exagerados como parecen; se le da a la gente lo que quiere. Es barbarie de luxe.


Me ha impresionado la sinceridad de Lawrence. Ha explicado —no tenía por qué— el origen de las fotos y sobre todo ha explicado que hubiera dado el dinero de cualquier película porque esas fotos no salieran, solo por evitarse tener que hacer la llamada a su padre para explicarle el asunto.
Nos dicen en el diario:

La actriz reconoce que temió por su carrera pero lo más duro de este crimen, agrega Lawrence, fue hablar con su padre. “Cuando tuve que hacer esa llamada a mi padre para explicarle lo que había sucedido… No importa cuánto dinero gane por Los juegos del hambre. Te puedo prometer que si te dan la opción entre una cantidad de dinero así o hacer esa llamada para decirle a tu padre que algo así te ha pasado, no vale la pena”, agrega la intérprete. Según la revista Forbes, la fortuna de Lawrence está en los 34 millones de dólares (26,8 millones de euros) lo que la sitúa este año como la número 12 entre las estrellas mejor pagadas de la industria.
Aunque el FBI continúa investigando cómo llegaron estas y otras muchas fotos de otras estrellas a la red, obtenidas al parecer de sus iCloud privados, Lawrence asegura que no espera mucho, que ha conseguido hacer las paces con este incidente y continuar con su vida. Incluso se permite bromear sobre esa incómoda llamada a su padre cuando añade en la misma entrevista que “afortunadamente” Gary Lawrence estaba jugando al golf “así que estaba de buen humor”.*

La naturaleza humana es penosa en muchas ocasiones. Hay cierto gusto por humillar a las personas que triunfan y más si son jóvenes. Lawrence no le debe nada a nadie y se ha merecido el puesto que tiene ahora mismo. Tiene un largo camino interior para intentar comprender ese deseo de hacer el mal por el mal que lo sucedido con estas fotografías le han supuesto. Dice que ha dejado de llorar por la rabia, que sigue adelante. Y así debe ser por su bien y el de todos los que disfrutamos de sus interpretaciones.
La única "compensación", si se puede decir así, que tiene un actor por esto es la experiencia de un grado superior de indignación y rabia que no había alcanzado hasta el momento. Tendrá un recuerdo que evocar en las situaciones extremas de próximas películas y podremos ver la ira y el dolor en sus ojos. Pero, aún así, no compensa.



* "Lawrence: “No es un escándalo, es un crimen sexual”" El País 7/10/2014 http://elpais.com/elpais/2014/10/07/estilo/1412701030_253903.html