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lunes, 27 de junio de 2022

Alexa y los muertos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En un mundo convulso y poco delicado en lo que se refiere a negocios, Amazon nos adelanta una nueva posibilidad, una función de su dispositivo Alexa, la capacidad de reproducir voces de "personas muertas", según nos informa la prensa.

Ya ha habido alguna controversia con las funciones de Alexia, especialmente por su tendencia a escuchar más de la cuenta, algo que se nos presentó como intentos de aprender mejor el lenguaje humano, algo que se traduciría en un rendimiento mayor de sus capacidades interactivas.

No conozco a nadie que use Alexa, aunque puede que algunos lo hagan y no lo cuenten. La insistencia en las mejoras del aparatito hace ver que su capacidad se va ampliando y que su lucha por encontrar ese punto indispensable en los hogares sigue en pie.

En Independent en Español, Andrew Griffin nos informa sobre esta nueva característica de Alexa con el titular "Alexa puede imitar las voces de las personas muertas, dice Amazon". En el artículo se nos dice:

Alexa podrá comenzar a hablar con las voces de los muertos, dijo Amazon.

El asistente de voz podrá imitar a las personas muertas y hablar de la misma manera en que lo harían, dijo la compañía. La función llegará en una próxima actualización.

Amazon señaló que el hecho de que Alexa pueda hablar de esa manera no “eliminaría [el] dolor de la pérdida”. Pero dijo que esperaba que las nuevas voces de Alexa “hagan que sus recuerdos perduren”, y señaló a la pandemia y al hecho de que “muchos de nosotros hemos perdido a alguien a quien amamos”.

La función requiere solo un minuto de audio grabado para alimentar el sistema. Luego, la inteligencia artificial puede usar esa grabación para construir una voz completa, dijo Rohit Prasad, científico principal de Amazon para Alexa AI, en un anuncio.*


A primera vista, consultar a Alexa o darle órdenes parece que se convertirá en una especie de sesión de espiritismo haciendo manifestarse a los ausentes de esta vida, tal como proclama la compañía.

Sin embargo, pronto surge un pensamiento: ¿por qué los muertos? Si lo esencial es la imitación, ¿por qué no hacerlo con las voces de los vivos? ¿Por qué no tener a Joe Biden, Vladimir Putin, Pedro Sánchez, Boris Johnson, Gracita Morales, al Fary recibiendo órdenes en casa o leyéndote las noticias? Por qué no? Las posibilidades son infinitas.

Evidentemente, hay ciertos límites para la publicidad de las posibilidades de la máquina. Parece claro que se ha apostado por una macabra recreación de voces que satisfaga el melancólico deseo de recuperar la voz de los muertos. Pero eso es solo una forma de llamar la atención y dirigirse a un sector.

Lo importante es que con un minuto de audio grabado, tal como se nos dice, el sistema inteligente es capaz de identificar todos nuestros sonidos, nuestros ritmos prosódicos, etc. y comenzar a manifestarse con esa nueva personalidad sonora que nos haga cerrar los ojos y recordar,

Amazon ha recurrido a un ajuste de la máquina que no solo nos lo personaliza sino que desarrollará para nosotros unas imprevisibles reacciones emocionales. El poder evocador de la voz es enorme, es una huella identificadora de primer orden.


Esta operación comercial puede desarrollar nuevas patologías e inducir a estados emocionales enfermizos, incluso creando adicción. ¿Cómo vamos a reaccionar a la "forma" (la voz)? ¿Nos impedirán las emociones centrarnos en el mensaje, que será solo una excusa para escuchar la voz?

No hace muchos días nos daban la noticia tecnológica de la generación de hologramas de personas con las que tendríamos la capacidad de interactuar mediante el diálogo. Si sumamos todo, tendremos que podremos engancharnos a charlas con los fallecidos (o no, por lo explicado anteriormente). Igual que la máquina se entrena para reproducir una voz, se pueden entrenar para que reproduzcan gestos, movimientos aprendidos de capturas de vídeo. Ya se ha hecho con los "deep fakes", en los que bustos parlantes nos hablan con la voz, rostro y gesto de personas como Obama o cualquier otro del que tengamos imágenes suficientes para realizar el aprendizaje.

La interacción se abre con la gestión de mucha más información, aunque podría ser alimentado con hechos generales, con conocimientos de cualquier enciclopedia digitalizada. La imaginación uniría todos los detalles —de la voz y la figura a una mezcla de recuerdos personales y conocimientos generales— pronto muchos podrían mantener esas conversaciones con los seres queridos o los simplemente inaccesibles.


¿Llegará un momento en que se vendan hologramas de Obama, Biden, Trump, Angelina Jolie, Putin, Macron, Messi, etc. para tener en casa y conversar? ¿Podremos firmar contratos con estas grandes empresas para comercializarnos y crear réplicas digitales? La comunicación holográfica es ya un hecho. Se trata ahora de empaquetar información que interactúe con nosotros desde su propia inteligencia creada artificialmente. No es un sueño.

El artículo termina proponiendo que Alexa lea a los niños los cuentos con la voz de la abuela desaparecida, una confusa forma de irse a dormir. Podría proponer que fuera la voz de tu jefe el que te despertara por las mañanas o que tu ex te lea las recetas culinarias. Todo es posible.

El mundo digital hacia el que nos dirigimos es un mundo de sustitutos, de simulaciones que contenten la soledad profunda que estamos generando. La virtualidad es absorbente y pronto estaremos más a gusto con estas imitaciones inteligentes que con los impertinentes e invasivos humanos a los que no controlamos.

 

* Andrew Griffin "Alexa puede imitar las voces de las personas muertas, dice Amazon" Independent en Español 23/06/2022 https://www.independentespanol.com/tecnologia/alexa-amazon-voz-muertos-actualizacion-b2108110.html

jueves, 24 de enero de 2019

Sapiens más o menos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¡Descanse en paz, Gigi Wu! Es triste morir y se puede pensar desde el existencialismo que somos seres para la muerte o que, como decía recientemente un científico en la prensa, somos humanos desde que somos conscientes de nuestra mortandad. Por eso una muerte estúpida, fruto de la falta de seso más espantosa, nos debería hacer reflexionar. Si antiguamente se trataba de aprender a aceptar la muerte, valorar la vida y en eso se formaba, hoy en día ocurre exactamente lo contrario; vivimos como si fuéramos inmortales. Y no lo somos.
Hemos tratado en varias ocasiones recientes la cuestión de la estupidez porque ya no es solo una cuestión de opinión, sino que se está convirtiendo en un problema que afecta desde las más altas instancias (no miro a nadie) hasta la calle. Por decirlo así, parece que se ha perdido la capacidad de discernir con claridad entre las cosas que hasta el momento estaban claras. Se ha desatado el afán por llamar la atención y esto lleva a desastres constantes.
No es otro el caso de la fallecida montañera taiwanesa Gigi Wu, empeñada en que se fijaran en ella por fotografiarse en bikini en las cumbres que coronaba. Subir no era bastante.


No todo el mundo sube a lo alto de una montaña Por pereza, por alergia a las cumbres o por cualquier otro detalle, solo algunos lo hacen. Eso ya te separa de muchos mortales, pero aún así siguen subiendo demasiados como para destacar. La forma de filtrar es hacer algo arriba que otros no hagan. En el caso de la montañera era vencer al frío que suele hacer en las cumbres nevadas y fotografiarse en bikini. Hace poco vivimos aquí el caso de la pareja danesa dedicándose al sexo en lo alto de una de las pirámides egipcias para desesperación y ultraje de los que abajo ignoraban lo que ocurría arriba. Pero no se trataba de un placer secreto, sino de un placer comunicado, es decir, que se enteraran todos después.
Su muerte ahora revela el absurdo del hecho. Tuvo una caída por la que no murió. Murió de hipotermia, es decir, a manos del frío que ella había despreciado tan olímpicamente con sus selfies en bañador. Puede que haya tenido una vida feliz en las cumbres y que esté disfrutando en el cielo templado de los montañeros, pero eso no quita un ápice de estupidez al hecho de su muerte terrible: sola y helada.
Se supone que venimos al mundo dotados de instinto de supervivencia. El miedo y otros mecanismos hacen que nuestro cuerpo se aleje de los peligros. Pero también venimos al mundo dotados de una cosa ambigua que se llama "sociabilidad", que en muchos se traduce como el deseo de ser mirados o admirados, según como vengan de serie. Freud diría que tiene un componente sexual, que llamar la atención es una forma de reclamar "amor social", como otras especies se engalanan o realizan vibrantes sonidos para atraer a sus parejas. Muchos necesitan ser mirados. Su existencia depende de la mirada de los otros. Eso, que para Sartre era un infierno, hoy en día es el paraíso. ¡Para que veamos en qué ha quedado el existencialismo!


La muerte de Gigi Wu es una muerte estúpida. Si las culturas, si lo humano surgen de la idea de la muerte, nuestra cultura se encuentra en un límite de estupidez. Nuestra diferencia de otros animales es que ellos aunque no entiendan la vida, tienen un instinto para conservarla. Nuestra civilización camina a una animalidad sin instintos o, si se prefiere, solo con el instinto de llamar la atención.
Se dice muchas veces que nuestro cerebro, por efecto del rápido avance de la cultura, ha dejado atrás lo biológico, el cuerpo, que evoluciona mucho más lentamente. Nos dicen los científicos del área que nuestra inteligencia choca con nuestra biología, que entran en conflicto, que somos demasiado inteligentes para un cuerpo tan sometido a fuerzas primarias. Por eso algunos han empezado con la idea de lo Poshumano, deseando dar el salto de lo orgánico a lo mecánico, es decir, dejar atrás el cuerpo y sus debilidades. Pero cuando uno lee noticias como la de la alpinista muerta de frío por hacerse una foto en bikini, nos planteamos ¿qué es la inteligencia? O si se prefiere: ¿de qué nos sirve?



La pregunta "¿para qué nos sirve la inteligencia?" es pertinente desde el momento en el que hacemos tantas tonterías. Pero es más pertinente "¿para qué nos sirve la estupidez? ", ya que es el centro del problema. Creo que parte del problema es que hemos conseguido hacer rentable (para algunos) la estupidez. Pero los riesgos están claros. Es como si se tratara de una inversión de alto riesgo. Si tienes éxito, arrasas; pero como falles...
Siempre ha habido este tipo de incidentes, supongo. Pero solo ahora, con nuestros grandes avances comunicativos, es cuando corremos el peligro de comprobar que como especie inteligente dejamos bastante que desear.
La existencia de un público que nos mire nos fascina, bloquea o espolea, según los temperamentos. Asistimos a la crisis de la Ilustración por su vertiente más chusca: por el enaltecimiento de la estupidez a cargo de la masa que ríe las gracias.
Si los estudiosos de la lectura dicen que individualiza, los de la oralidad nos advierten de crea comunidades, que es lo que vivimos hoy, que comparten para bien y para mal lo que se les da. Lo malo es que lo que percibimos es la retroalimentación de la estupidez, que aumenta en cada proceso. La estupidez tira irremisiblemente para abajo, pero según parece, con una sensación de euforia, de embriaguez casi, que nos anestesia ante el castañazo.
El diario El País, que le dedica un artículo a la muerte de la alpinista congelada con el título acertado "Todo por los ‘followers’: Instagram y la era de la muerte absurda". En efecto, no puede calificarse de otro modo el episodio, por muy lamentable que sea. 

Puestos a ser diferentes, por ejemplo, podría haberse hecho selfies en las cumbres leyendo a Joyce. Eso le habría dado una exclusividad. Pero lo interesante estaba en el contraste entre el frío y el bikini, lo que finalmente la mató. 
Otros mueren haciendo balconing (¡cuántos en Ibiza!) o haciendo cualquier otra tontería. Para completar la estupidez, los "antiturismo" han lanzado una campaña "animando" al balconing. El único turista bueno es el turista muerto, parecen decir. 
La explicación del cónsul británico apunta a que en su país no hay muchas casas con balcón, lo que no deja de suponer su aportación a una concentración de estupideces alrededor de un hecho que cuesta  algunas vidas al año lanzándose por un balcón a una piscina. Aquí no mueren de frío, sino en un ambiente cálido y agradable, disfrutando de las últimas vacaciones de su corta vida.


Guillermo Alonso, el auto del artículo del diario El País explica sobre estas modas estúpidas:

Cada mes nos invade al menos una noticia de una muerte fácilmente evitable que siempre tiene la misma constante: la de alguien joven haciendo algo peligroso para trascender en las redes sociales. En julio de 2018 tres estrellas de un canal de YouTube centrado en experiencias extremas (Ryker Gamble, Alexey Lyakh y Megan Scraper) fallecieron tras caerse a una cascada en Canadá. Un año antes, en junio de 2017, un youtuber de Minnesota llamado Pedro Ruiz falleció cuando su mujer le disparó al pecho. Fue “accidental”: ambos grababan un vídeo en el que querían demostrar que un libro (que él tenía puesto en el pecho) detendría la bala. Pedro y su mujer tenían un hijo de 3 años y ella estaba embarazada de siete meses cuando tuvo lugar el disparo. Querían alcanzar con ello una legión de suscriptores en YouTube.
Las muertes absurdas siempre han existido. De hecho, su cantidad ha dado para hacer libros recopilatorios. Pero en la era de las redes sociales, al simple despiste se le añade la voluntad de arriesgarlo todo a cambio de la gloria online. La reciente película de Netflix A ciegas (Bird Box en su versión original), protagonizada por Sandra Bullock, desató a comienzos de 2019 una peligrosa moda de caminar por las calles con los ojos vendados (como deben hacer los protagonistas) y subir el resultado a la red con el hashtag #BirdBoxChallenge. El célebre youtuber Jake Paul llegó a conducir un coche con los ojos vendados en compañía de un amigo. Es el hermano del también youtuber Logan Paul, que sufrió una crisis de imagen y una fuga de anunciantes cuando grabó y subió a su canal un vídeo del cadáver de un hombre que se había suicidado en un bosque de Japón.*



Necesitamos un nuevo Desmond Morris que nos analice como animales estúpidos —no solo como "monos desnudos", como hizo— y ve la interacción existente entre el deseo de agradar (social) y el riesgo llevado al extremo (instinto de supervivencia).

En grandes números, lo que invertimos en educación y formación, en inteligencia, se anula con lo que invertimos en estupidez, equilibrándose ambas de alguna forma. Lo preocupante no es que haya personas estúpidas, que habiten entre nosotros, como se decía en las viejas películas de alienígenas. Lo peligroso es que están dentro de nosotros, en términos de porcentajes. Depende del contexto y depende del día, pero parece que no dejamos pasar una buena oportunidad de ser estúpidos. Ya no se trata de hacerse el tonto, sino de hacer el tonto. El reflexivo es esencial.
Pero, la inteligencia —como las cosas delicadas— hay que cuidarla. No en vano se habla de personas "cultivadas", para las personas que aprecian la cultura. Hay demasiada bazofia intelectual que nadie barre; demasiada benevolencia con lo del es solo entretenimiento. Puede que las personas cultas no sean inmunes al virus de la estupidez, pero tienen más argumentos de resistencia cuando no más ligereza en la huida. La estupidez arrastra.
Parte de nuestros avances se dan tanto por la sociabilidad, como hemos señalado, como por nuestra capacidad de imitación, una forma de aprendizaje. Pero los malos ejemplos son imitados igualmente, por lo que debería ser aprovechado beneficionamente, se nos vuelve en contra. También ocurre en la naturaleza, cuando un ñu o similar se despeña, todos los que le siguen (los followers) tienden a irse de cabeza al barranco. En este caso, la naturaleza prima a los que van más por libre. Y así se va perfeccionando el proceso. Quizá nuestra forma de selección sea la estupidez, como aseguran los promotores de los Darwin Awards, en donde celebran desde el punto de vista de la evolución que se pierdan por el camino los genes menos inteligentes. No es personal; dicen que es por el bien de todos.


La película de animación "Rompe Ralph Internet" realiza una sátira didáctica sobre esa extraña necesidad de realizar estupideces para conseguir que la gente te dé su apoyo en las redes. Cuanto mayores son las tonterías, más gustan. No sé si los niños captarán el mensaje. Para muchos adultos puede que sea demasiado tarde. 
Las preguntas que surgen en un mundo saturado de tonterías son fascinantes: ¿se pegan como la gripe? ¿Hay gente inmune? ¿Caeremos todos? Creo que la analogía epidemiológica es la más adecuada. Pero el problema que tenemos es el mismo que afecta a todas las ciencias sociales, nos estudiamos a nosotros mismos. Por ello la pregunta final solo puede ser una: ¿llegaremos a ser tan estúpidos que no nos demos cuenta de ello?


* "Todo por los ‘followers’: Instagram y la era de la muerte absurda" El país - Icon 24/01/2019 https://elpais.com/elpais/2019/01/23/icon/1548232862_861138.html



miércoles, 9 de marzo de 2016

Imitadores e imitados o del efecto Werther al efecto Trump

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
The Washington Post pone su atención sobre los fenómenos de la imitación de la violencia. Los procesos de imitación, que son buenos en muchos momentos y forman parte de nuestra evolución, tienen su lado negativo cuando se trata de la violencia. El titular es elocuente: "Are mass shootings contagious? Some scientists who study how viruses spread say yes". Obviamente, la violencia preocupa, pero es solo una manifestación de un fenómeno más amplio que puede ser rastreado en muchos otros campos. Señala el periódico:

Behavior is contagious. Studies have shown that watching someone yawn can make us yawn. Conference speakers who come after a nervous speaker can absorb the nervousness. Bad moods spread from boss to employee.
Researchers think violence is no different. Although it’s a somewhat recent area of focus — the Institute of Medicine held a workshop on the subject in 2012 — the evidence for contagion of criminal or dangerous behavior has lurked in academic research for decades.
Studies have shown that the aircraft hijackings of the 1970s were contagious. Product tampering — also contagious. So is highway speeding, rioting and even military coups. Contagion is especially pronounced in suicides.
Numerous studies have shown that suicides cluster, particularly among young people. It is known as the Werther effect, a term coined in the 1970s by sociologist David Phillips describing what happened after Johann Wolfgang von Goethe published “The Sorrows of Young Werther” in 1774.*


El hecho de que la imitación es un proceso "natural" parece conocido desde hace mucho tiempo, pues es de una gran obviedad. Lo utilizamos a nuestro servicio cuando favorecemos modas y tendencias. La cuestión no está pues en si imitamos o no. La cuestión es por qué imitamos unas cosas y no otras. Creo que es ahí donde hay que indagar, en por qué nos fijamos más en una cosas que en otras. Los hay que se centran en lo bueno, mientras que otros solo parecen tener interés en lo malo.
El complemento de la "imitación" es pues la "selección", que implica una política de filtros. De todo lo que vemos y podríamos imitar, solo imitamos aquello que por algún motivo —un interés manifiesto u oculto, según los casos— nos atrae. Si volvemos al ejemplo de la violencia implica que la imitación de las matanzas se producirá por parte de aquellos que sentían esa atracción. Será la llave que active el proceso final, la materialización de la matanza. Lo mismo en el caso del Werther goethiano, lo más probable es que sirviera de detonante a los suicidas.


Si a los norteamericanos les preocupan las matanzas en colegios e institutos, en otras partes del mundo, los fenómenos imitativos pueden ser igualmente preocupantes. Pensemos simplemente en el fenómeno del radicalismo yihadista. Sin embargo, a veces los fenómenos complejos se abordan desde perspectivas demasiado reduccionistas. Si antes decíamos que no basta con la imitación sino que es necesario considerar los factores de la atención esto implica comprender la formación de la "atención".
Si bien es un proceso también natural, es sabido que la atención está dirigida desde el "interés". Es decir, nos llaman la atención tanto lo nuevo como aquello para lo que sentidos un interés concreto. Hay una doble atracción: por lo nuevo y por lo conocido. La primera se puede diluir tras la satisfacción de la curiosidad, cuando lo desconocido pasa a ser conocido; la segunda, en cambio, se consolida como parte del mapa de nuestros intereses, es decir, actúa como un refuerzo.


No creo que todos los que llevan a cabo matanzas respondan exactamente a las mismas motivaciones, aunque sí puedan darse procesos muy similares. Puede que con el radicalismo yihadista y otras formas de terrorismo ocurra lo mismo. Los mecanismos de imitación pueden formar parte de esos procesos.
El artículo de The Washington Post se centra no solo en las causas sino también en la cuestión de los canales por los que se observan los actos que serán imitados:

In many of these events, the primary vector — what transmitted the behavior — was some form of mass media. Coverage of hijackings bred more hijackings. Coverage of suicides, particularly of famous people, had the same effect. In the month after Marilyn Monroe overdosed on barbiturates, suicides increased 12 percent nationally.
Some researchers think this loop drives mass shootings. Although FBI officials declined to comment on contagion for this article, a senior investigator in the behavioral-analysis unit has said that “the copycat phenomenon is real.”
Columbine’s timing is important. That mass shooting occurred just as Americans were beginning to use personal computers to connect to the Web. Harris, 18, and Klebold, 17, posted rants about the world on the Trench Coat Mafia website, creating a digital footprint that has had a long-lasting effect on others.
Nearly two decades later, as a result of the Internet and the explosion of social media, the transmission of violent behavior is faster, wider and permanent. Shooters no longer need to rely on television for attention and notoriety. And they can obsessively study details from previous incidents, imitating and advancing the strange cultural script that the rest of the nation is watching on repeat.*

El hecho señalado es preocupante porque indudablemente la llegada de tecnologías que permiten el acceso a cada vez mayores cantidades de información hace que previsiblemente surjan más imitadores.

El papel de los medios es esencial. Estamos en una sociedad mediática, un ecosistema informativo. Estamos rodeados de modelos fabricados específicamente o seleccionados de una realidad de la que se extrae precisamente lo más impactante. Eso amplifica enormemente los procesos imitativos. Los suicidios que se produjeron por la imitación de Werther y los que tuvieron lugar por la imitación del de Marilyn Monroe se producen por la expansión de los medios, libros en el siglo XVIII y XIX, la prensa, la radio y la televisión en el siglo XX. El potencial para la imitación, como bien señalan en el artículo, sigue aumentando.
La atención puesta en la imitación de hechos violentos no debería excluir el análisis de muchos otros procesos miméticos que tienen probablemente parecidos mecanismos psíquicos. Nuestra atención se centra en la violencia porque parece ser la más preocupante, pero deberíamos extender el estudio a otros campos en los que es probable que los mecanismos sean los mismos. En muchos campos se hace ya, como por ejemplo en el campo del consumo. La imitación es básica en este terreno para los que manejan los medios para provocar los comportamientos de compra o uso.


La contestación sobre los efectos de los modelos peligrosos y su expansión mediática lo da otro titular del propio The Washington Post: " The ‘Trump Effect’ is contaminating our kids — and could resonate for years". Si había un "efecto Werther", ¿por qué no iba a haber un "efecto Trump"?
El artículo es demoledor sobre cómo están afectando las maneras, las palabras, las ideas de Donald Trump a los niños, en las escuelas e institutos, en suma, cómo le imitan. 
No se trata de estar de acuerdo con él, sino de imitarle. En el niño el proceso comienza con la imitación del modelo (y del grupo para no ser excluido) y después se interioriza, convirtiéndose en "idea" y actitud que se seguirá alimentando selectivamente en el futuro. Tras repasar los casos en los que se está produciendo esa traducción de palabras y gestos de Trump en acciones, la autora, Petula Dvorak, señala:

In New Orleans last week, Trump was frustrated that guards didn’t remove the black protesters who were peacefully standing among the crowd at his rally quickly enough.
“It’s taking a long time, I can’t believe it,” he said. “See, in the old days, it wouldn’t take so long. We’re living in a different world.”
We were living in a different world.
We were in a world where it was moral, not political, to be inclusive.
We were in a world where genitalia were not discussed during presidential debates.
We were in a world where children could look up to their leaders and emulate them, and it would make others proud.
We were in a world where everyone agreed to “never forget.”
And somehow, we forgot. And this new world we’re in seems frighteningly and dangerously like the old one we were finally making progress leaving behind.**


Cuando crees que las cosas han cambiado, se pierde el camino recorrido por la aparición de sujetos como Donald Trump que reavivan los "viejos tiempos" y crean los cimientos para los "nuevos". Lo que ha sembrado y ha agarrado tienen ya poco arreglo. Puede resonar por décadas, como señala Dvorak. 
Los buenos y los malos ejemplos para imitar corren en paralelo. Quizá haya que reflexionar sobre las proporciones de unos y otros cuando los medios han considerado que el mal y la estupidez resultan más "atractivos" en términos numéricos, que el bien y la inteligencia. Pero los que están al frente de muchos de ellos están más pendientes de las cifras. Nosotros no hemos creado el mundo, dicen algunos, solo lo contamos. Pero eso sabemos que no es cierto.



* "Are mass shootings contagious? Some scientists who study how viruses spread say yes." The Washington Post https://www.washingtonpost.com/local/are-mass-shootings-contagious-some-scientists-who-study-how-viruses-spread-say-yes/2016/03/07/be44866a-df31-11e5-846c-10191d1fc4ec_story.html?hpid=hp_hp-more-top-stories_contagion-120pm%3Ahomepage%2Fstory 
** "The ‘Trump Effect’ is contaminating our kids — and could resonate for years" The Washington Post 7/03/2016 https://www.washingtonpost.com/local/the-trump-effect-is-contaminating-our-kids--and-could-resonate-for-years-to-come/2016/03/07/594a7f46-e47a-11e5-a6f3-21ccdbc5f74e_story.html?tid=pm_local_pop_b