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domingo, 22 de noviembre de 2020

Sin razones

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Los abogados de Trump, carentes de pruebas, cometen errores en la presentación de las demandas en sus intentos vanos de evitar la consolidación de la victoria de Joe Biden, al que todo el mundo da por elegido menos el actual presidente de los Estados Unidos, a quien debe suceder. Trump sigue negándose a aceptarlo y sus abogados siguen sus órdenes como pueden.

La cadena norteamericana ABC News titulaba hace un par de días "Trump's election lawsuits plagued by elementary errors"* señalando que incluso han presentado demandas en un estado que se deberían haber presentado en otro. A la falta de alguna prueba que avale las tesis se su victoria, los errores se suceden, provocando no solo los reveses legales sino el ridículo.

El artículo se ceba en el que está actuando como abogado general y rostro visible, Rudy Giuliani, del que se dice que lleva tres décadas sin pisar un tribunal. El que fuera alcalde de Nueva York y al que le tocó lidiar con una crisis como el 11 de septiembre, no sobrevivirá a Trump. La imagen cayéndole dos oscuros chorreones del tinte de pelo, uno a cada lado, de las sienes a las mejillas, quedará para el anecdotario junto a la mosca que aparcó en el pelo de Mike Pence durante su debate televisivo con Kamala Harris, el debate de los vicepresidentes. Así es esto, un paso de grandes problemas a nimiedades visuales con las que salir del paso informativo. Cualquier cosa es posible y convertible en imagen de primera plana en esta tensa espera. 

El artículo de Nomaam Merchant recoge testimonios, bajo secreto de identidad, de abogados desesperados por el ridículo al que se le está obligando por la locura interesada del equipo Trump. Se cierra el artículo con una reflexión tras contar otra pérdida de una demanda por errores de procedimiento: “It’s kind of a fallacy to say, well, Trump might be doing better if he had better lawyers,” Hasen said. “Part of the reason he doesn’t have good lawyers is he doesn’t have good claims to bring.”*. Hasen es Rick Hasen, un profesor de Derecho de la Universidad de California, que comenta la situación. Efectivamente, a Trump no le fallan los abogados; le falla la realidad, que se niega a plegarse a su capricho, algo que no estaba previsto en su infancia. La observación del profesor Hasen muestra que le han ido cogiendo el pulso a Trump, que comienzan a comprender su mentalidad y forma de interpretar la realidad. No tiene mejores abogados porque no tiene buenas o medianas razones para prosperar.

Desde la perspectiva de Trump, siempre podrá decir que, primero, le robaron, y después que los abogados le fallaron estrepitosamente, incluso que pudieron ser demócratas (incluso, chavistas, o bulo que hacen correr) infiltrados. Él nunca ha perdido, eso es metafísicamente imposible. No iba a ser esta la primera vez.

Las maniobras son ya desesperadas mientras el tiempo sigue avanzando. Si Trump es incapaz de reconocer nada, las semanas que esperan por delante van a ser un espectáculo bochornoso para la democracia norteamericana. Enardecerá más a los fanáticos seguidores de Trump porque es el único público que le queda, el que no necesita pruebas y al que mueve su fe.

En la CNN se recogen también las consecuencias de esta vergüenza institucional que Trump intenta llevar hasta los tribunales: 

All around the country, Trump lawyers and loyalists are seeing their baseless allegations of systemic voter fraud treated with increasing contempt by disbelieving judges. Even now, with a wave of certification deadlines about to crash down, the President and his opportunistic enablers are injecting doubt -- and anxiety -- wherever they can. The returns, though, seem to be diminishing. This time around, it was Judge Matthew Brann, a Republican, who in tossing out a Trump-backed lawsuit felt compelled to underscore, with a literary flourish, the absurdity of the campaign's assertions.

"This claim, like Frankenstein's Monster, has been haphazardly stitched together from two distinct theories in an attempt to avoid controlling precedent," Brann wrote. His decision prompted another Republican, Pennsylvania Sen. Pat Toomey -- who is not running for reelection in 2022 -- to do the bare minimum in breaking ranks with party leaders and acknowledging Joe Biden as the President-elect.

But even as Trump's brazen bid to subvert American democracy keeps gobbling up headlines, it is his appalling handling of the pandemic that seems poised now to etch itself more lastingly into the history books.*

Los malos recuerdos están muy repartidos. De Trump se van a acordar muchos, de muchas cosas y durante mucho tiempo. Puede que no haya que elegir entre su desastrosa gestión de la pandemia y su desastrosa percepción de la democracia, quedarse con un solo desastre. De hecho, creo que lo uno es consecuencia de lo otro; ha sido su falta de sensibilidad, su incapacidad de pensar en algo que no fuera él mismo, lo que ha generado ambos desastres para los Estados Unidos. 

Trump ha generado suficiente negatividad para entrar y salir de la Historia varias veces. Como le han dicho, es el peor presidente de la Historia de los Estados Unidos. Él, por el contrario, hay días que se ve por encima de Lincoln y otros solo un poco por debajo. Como lee poco (los único libros buenos los ha escrito él), se ahorrará el descenso a la realidad y continuará viviendo en la senda de la fantasía.

Con todo, el caso es tan insólito que no se sabe qué tendrán que hacer con él si persiste en sus quejas y denuncias sin fundamento alguno. Trump, tras un breve recorrido por la Historia haciendo trastadas, enfila destacado el camino del Absurdo. Entró con el pie izquierdo, pero veremos con cuál sale. 

Cuando le han preguntado sobre quién estará en la Casa Blanca ha dejado otra perla para la Historia: "time will tell", algo que sigue sembrando dudas sobre hasta cuándo seguirá este juego absurdo. Una hermosa frase para la posteridad, pero que en este caso debería rectificarse: son las urnas y los jueces los que hablan.

* Nomaan Merchant  "Trump's election lawsuits plagued by elementary errors" ABC News 19/11/11/2020 https://abcnews.go.com/Politics/wireStory/trumps-election-lawsuits-plagued-elementary-errors-74301502

** "Trump's attempt to steal the election unravels as coronavirus cases surge" CNN 22/11/20202 https://edition.cnn.com/2020/11/22/politics/trump-election-results-coronavirus/index.html




martes, 18 de noviembre de 2014

Frivolidad o los audaces irreflexivos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es irritante escuchar todo tipo de frivolidades sobre un pasado en el que al menos se enfrentaron al presente que les tocaba y lo hicieron lo mejor que pudieron con el apoyo de gran parte de la ciudadanía. Ahora parece que el problema, por si tuviéramos pocos, es la Transición. Escribía Milosz en su novela El poder cambia de manos: «Al querer justificar unos actos que hasta entonces se consideraban censurables, hubo que cambiar el sentido corriente a las palabras. La audacia irreflexiva fue considerada valeroso sacrificio; la precaución prudente se convirtió en una cobardía disimulada.» Parece que se ha abierto el turno de los "audaces irreflexivos", competencia en la que se acumulan los despropósitos cada día.
Nos debería sorprender esta capacidad de echarle la culpa de lo que ocurre a los demás en el espacio y en el tiempo. Y, sin embargo, no nos sorprende. Estamos tan hartos de escuchar frivolidades que ya no son capaces de sorprendernos, pero sí de hartarnos. La paciencia tiene un límite frente a la estupidez, que cada día bate su récord.
¿A qué vienen ahora estos ataques, insultos, descalificaciones a la "transición", peticiones de otra nueva? ¿Qué es la "transición", qué meten ahí? ¿A qué esta frivolidad? 


Los problemas que tenemos hoy no tienen nada que ver con la "transición". Tienen que ver con ellos, con los que salen a quejarse cuando los demás nos quejamos de ellos. Los problemas no son del pasado, lo son del presente, lo que ellos han creado con su desidia y frivolidad política haciendo caer en el descrédito a sus propios partidos. Y de ese descrédito tratan de vivir algunos que aprovechan para reabrir debates superados hace mucho tiempo. Se dejan arrastrar a debates añejos, superados, para no enfrentarse realmente a los problemas de hoy.
Nuestros problemas no son la "constitución", sino los que la incumplen. La Constitución española es la de todos y toda constitución es un pacto intergeneracional de estabilidad. Los secesionistas catalanes no tienen ningún problema con la Constitución, sencillamente les sobra porque les sobra España. ¿Por qué no les escuchan un poco en vez de discutir con fantasmas inexistentes y proponer cosas que ellos mismos no proponen? Escuchen al señor Oriol Junqueras y demás, que son los que llevan la voz cantante, y dejen de decir tonterías. Junqueras no quiere un estado federal, quiere irse; no quiere que le mejoren el sistema de financiación, está pidiendo la cuenta.


La transición, de la que ahora hablan tan frívolamente es una parte de nuestro pasado en el que los políticos cumplieron con lo que era su obligación y compromiso: resolver los problemas del paso de un sistema autoritario a uno democrático y poner en funcionamiento un estado constitucional para el conjunto de los ciudadanos con un proyecto de convivencia. Hoy no es eso lo que se busca, sino tapar las carencias de un sistema cuya máxima queja no es la Constitución —de la que solo se oye hablar a los políticos y no a los ciudadanos— sino la inutilidad para resolver una crisis y la corrupción en la que está involucrada la clase política. No, el problema no es la transición, sino los que se aprovecharon de ella.
Me parece muy bien que se critique la dictadura, pero que se critique la democracia española para tapar la ineptitud y la mala fe de algunos, me parece excesivo y, sobre todo frívolo. Estamos haciendo algo más que ignorar el pasado —algo que siempre se ha dicho que tiene consecuencias catastróficas—; estamos viviendo en un presente ficticio, fantasmagórico, realizando análisis ilusorios para ocultar la falta de categoría política y de liderazgo provocada por la mediocridad de los propios partidos políticos y de los supuestos genios carismáticos que han de sustituirlos y que les tienen comido obsesivamente el seso.

Nuestro problema real ha sido que no hemos encontrado en mucho tiempo, porque los partidos no lo han ofrecido, personas que entendieran el liderazgo social más allá del insulto o la descalificación, que no es más que la forma de hacer política de los incompetentes. Y un país guiado por mediocres sigue produciendo mediocridad hasta en sus revulsivos. Lo nuestro no es debate, sino gresca, trifulca. Y eso es porque ustedes lo quieren, no porque los ciudadanos se lo demanden. Con estos malos modos y descalificaciones dificultan la posibilidad de políticas estables mediante pactos sobre asuntos necesarios y beneficiosos para todos, como la sanidad, la educación, etc. Pero en vez de eso, prefieren salir enfadados en sus discursos descalificándose unos a otros. Y el sistema se acaba resintiendo por el descrédito que ustedes mismos acumulan y que otros aprovechan para arremeter contra todos.
Por eso se echa uno a temblar cuando les escucha en sus análisis y en sus propuestas de solución. Nos sale del alma aquello de que me quede como estoy porque es peor el remedio que la enfermedad. Se nos ponen los pelos de punta solo de verles con la mascarilla de cirujanos. Arreglen lo que deben arreglar y ya verán cómo se solucionan muchos otros problemas derivados de la duración excesiva de crisis que constituye un río revuelto. Arreglen sus propias casas, despréndase de los lastres; demuestren voluntad firme y lleguen a acuerdos para acabar cuanto antes, que se pueda confiar en el sistema.

Están tan metidos en sus melodramáticos papeles, tan pendientes de encuestas, sondeos e imagen pública, que se les escapa que no hay mejor campaña que la eficacia, pero no la retórica y comunicativa, sino la de hacer descender el paro y conseguir empleos decentes para los ciudadanos de este sufrido país, que tampoco es mucho pedir. Es el problema sobre el que gravita todo, creando el caldo de cultivo de la irritación, y ustedes llevan más de una década sin solucionarlo porque no han podido sentarse a establecer un modelo estable de país. Les pedimos honradez, que tampoco es excesivo; justicia, para que los que lo pasan mal no se sientan peor. ¿Es tanto lo que pedimos? Y un poquito de maneras, de educación. Esto no es un circo romano, deberíamos avanzar en el mismo espíritu de superación de conflictos mediante la concurrencia de objetivos, que es lo que les falta a ustedes, empeñados en dividirnos porque les resulta rentable. El último objetivo común fue entrar en Europa y lo logramos con el esfuerzo de todos. Entonces hubo que hacer sacrificios, pero la gente entendía por qué. Ahora no lo entienden porque tienen enfrente un espectáculo de corrupción y de ineficacia para frenarla, que va de la Pantoja y los Núñez a los presidentes autonómicos o la Casa Real. Ahora va uno a la cárcel a hacer relaciones como antes se iba al Club de Campo. Las entradas de los juzgados son nuestra alfombra roja, nuestra Playa de la Concha, nuestro Hall of Fame. ¿Para cuándo esas manos de trincar estampadas en el cemento en la puerta de los juzgados?
No. La culpa de lo que nos ocurre no la tienen la "transición" ni la Constitución. La tienen ustedes. 




viernes, 20 de junio de 2014

La generación

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Me ha parecido bien el énfasis puesto durante el discurso del Rey Felipe VI en el aspecto "generacional". En distintos momentos se ha insistido a través de la idea de una generación que espera respuestas y para la que hay que buscar soluciones.
Es importante porque creo que ahora mismo están conviviendo en España dos generaciones entre las que se ha abierto una brecha amplia. Los jóvenes que vivieron la transición —libertad sin ira, libertad, cantaba Jarcha— pudieron poner su empeño en proyectos importantes: la salida democrática de una dictadura y la entrada en una Europa de la que estábamos fuera de muchas formas y desde hacía demasiado tiempo. Con ambos logros, España consiguió dar un salto muy importante en su desarrollo económico y en su estabilidad social, consiguiendo un amplio consenso para su Constitución, que era la forma en que se plasmaba el compromiso de cambio real que siguió a la dictadura surgida tras la Guerra Civil. Eso está ahí y el mundo lo reconoció, sirviendo de ejemplo y modelo para superar conflictos y situaciones difíciles.

Sin embargo, la misma generación que realizó esos logros se paró en ellos. Y hace más de una década que los problemas que se le plantean a España se acumulan por la falta de ideas de una sociedad conformista que ha creado un colapso generacional. Desde ese tiempo los problemas que padecemos se nos pudren entre las manos ante la sordera de una clase política acomodaticia que mantiene cargos en una administración multiplicada para acogerlos distanciándose de la realidad social que ha ido creciendo desigualmente. De todos los ejemplos que podrían ponerse basta con dos problemas reales y dramáticos: el paro y la "cuestión soberanista" o "el derecho a decidir", eufemismos de avestruz de unos y otros para evitar llamar a las cosas por su nombre.
Con la misma persistencia con que España se precipitaba en una crisis económica sin precedentes, esta se negaba durante años, ignorando sus orígenes y agravando sus efectos. Las burbujas se acumulaban ante la indiferencia de los que estaban advertidos desde todos los foros internacionales. De forma similar, hoy se niega la importancia del segundo caso, el secesionista, que puede llevarnos a una crisis sin precedentes en muy poco tiempo. Ambos son problemas que nuestros dirigentes no han sabido abordar y que han creado un doble estado de apatía e indignación. Ambos sentimientos son compatibles convirtiéndonos en una sociedad bipolar.


Es importante la insistencia en el concepto de "generación" porque la que nos dirige no es consciente —más allá de la retórica— del sacrificio en masa que supone la pérdida de ilusiones de una generación entera que ha dejado de ver a su propio país como un escenario de oportunidades y lo percibe como un gueto del que no hay más salida que la emigración o la explotación. En esta larga crisis, son los más perjudicados ante la ineficacia de una gran parte de la clase política y la indecencia de otros. Y los que quieran salvarse de la quema que pongan sus hechos sobre la mesa.
La nueva generación se ha distanciado de los "gobernantes" porque entiende, con razón, no se han ocupado de ellos como debía. Esos mensajes insultantes incitando a la "movilidad" —eufemismo para la emigración— por parte de los que defienden con uñas y dientes, desde el más absoluto inmovilismo, sus puestos durante décadas, no han sido los más adecuados. La España del "paro juvenil" —con una juventud estirada casi a los cuarenta años— por encima del 50% es difícil que suscite entusiasmo más allá del deporte y de la venta de camisetas.


La generación destinada a acabar con la "España de pandereta" ha usado de ella cuando se le acabaron las ideas. Esta vez han sido "panderetas" modernizadas pero que no ocultaban su dependencia del turismo como motor del país mientras se iban perdiendo las aspiraciones a la industrialización del país, dejando languidecer la Ciencia y la Industria, con quejas y denuncias constantes e ignoradas. La España de los "eventos" antes que la de los "inventos"; "que invente ellos", de nuevo.
No se puede pedir mucha alegría a una generación que ha sido parasitada por la anterior que ha hecho valer sus galones para instalarse en un poder que los ciudadanos han dejado de sentir como propio. El desafecto del que tanto se habla no es más que eso, la falta de identificación con los grupos políticos y con la política en sí, que se ve como una herramienta oportunista de enriquecimiento. Por más que la clase política se defienda de estas acusaciones, estas llegan porque se ha sido incapaz de resolver los problemas principales en esta crisis mal repartida.


Las mismas instituciones se han dejado languidecer aquejadas del mismo mal: el abandono. Un país son sus instituciones y si estas funcionan —y los ciudadanos lo perciben así— es posible la identificación y los sacrificios cuando son necesarios. Pero si los ciudadanos no lo perciben de esta forma, se convierten en elementos decorativos o, incluso, negativos ante sus ojos.
Nos tienen debatiendo asuntos partidistas menores cuando deberían estar dando ejemplo institucional, manteniendo limpias las instituciones que se manchan con la indignidad de algunos. El resultado es la pérdida de apoyos de unos y el crecimiento de los dinamiteros sociales o nacionales. Cuando no somos capaces de ofrecer respuestas, se buscan en otra parte. Y no son siempre los mejores caminos.

Creo que la generación actual tiene derecho a recibir algo más que las palabras que se le dedican. Tiene derecho a recibir una propuesta de país con esperanza, con un futuro más allá de la pandereta modernizada; un futuro de país grande, culto y de referencia internacional, algo más que un destino turístico con muchas estrellas Michelin. Tiene derecho a un país con una justicia más rápida e independiente que mande a donde debe a los que abusan, corrompen o roban. Tiene derecho a una educación que sea un compromiso con un futuro sin tener que abandonar los más brillantes el país por la falta de oportunidades. Tienen derecho a no ser embrutecidos por avalanchas de concursos y chabacanerías y a recibir una cultura real que produzca más cultura y no solo dinero. Tiene derecho a que la administración eficaz esté a su servicio y no que crezca para colocar a afiliados y simpatizantes. Tiene derecho a que la política no se convierta en un espectáculo bochornoso que reclama su atención permanente, que le mantiene en estado de irritación, en constante apelación a la beligerancia y le da muy poco ejemplo de convivencia o de preocupación por el interés general. Tiene derecho, en fin, a poder tener un país con el que pueda identificarse sin rubores, racional, histórica y emocionalmente, en el que sienta obligado moralmente a participar porque este le da oportunidades de hacerlo y deseos de contribuir al conjunto.

Todas estas cosas se han ido olvidando estos años, tapándolas con cegueras y con discursos de humo. No sé si el nuevo reinado será capaz de impulsar estos cambios a través de la vía ejemplar e inspiradora. Me gustaría que así fuera por el beneficio de todos, que sirviera como un revulsivo. No se trata solo de que quepamos todos, sino de hacerlo sin apreturas y minimizando los conflictos porque convivir nos sea grato. Eso es la base de la política con mayúsculas en los estados modernos y estables que debemos aspirar a ser: mejores ciudadanos en un país mejor. Puede que no exista un estado ideal sin conflictos, pero el progreso es encontrar las formas civilizadas de solucionarlos: las mejores soluciones por las vías más tranquilas.
Como muchos españoles, me gustaría que los cambios fueran más allá de las palabras y se trasladaran a la realidad para que esta generación olvidada y vapuleada sea integrada en las condiciones que merece y las que tiene derecho, que solo se producirán con un cambio de mayor calado en las actitudes de muchos, con un compromiso general. Nuestros problemas no son sencillos, pero es esencial abordarlos de forma firme y clara, salir del impasse en el que nos encontramos demasiado tiempo ya, que nos desgasta, angustia e irrita.
Nuestra crisis no es solo económica, sino de modelo de crecimiento; es decir, involucra nuestro futuro y nuestras posibilidades de hacerlo real. La nueva generación requiere otro modelo, una modernidad mayor que abra nuevas oportunidades haciendo avanzar el país hacia posiciones que hemos ido perdiendo. A ellos corresponde hacernos avanzar porque son el futuro, algo que ha quedado truncado por una cifras infames de paro y unos empleos precarios y mal pagados, una generación de "becarios".
Durante años se utilizó la expresión "la generación del rey" para representar esa unión que existió entonces para salir adelante entre los políticos de todo tipo y la Corona. Se representaba en ella el diálogo y la voluntad de cambio y concordia que nos sacó del pasado para seguir adelante. Hoy hay un nuevo Rey y una nueva generación que reclama un protagonismo que debería haber tenido antes. Se inicia un reinado complicado por la situación que se hereda y por el estado anímico de esa generación. En la batalla por el "cabemos todos", que ha sido resaltado por los comentaristas, la Corona deberá participar también para lograr una compleja unión con su propia generación, encontrar también su sitio. Si logra encarnar esa voz y conciencia, habrá dado un gran paso, que será de todos.


Me parece bien, repito, que se haya puesto énfasis en la idea generacional. Algunos han puesto el límite histórico de la Transición en el relevo que ahora se produce en el Jefatura del Estado. La cuestión está ahora en saber si seguimos adelante, resolviendo nuestros problemas, o si volvemos hacia atrás. 







lunes, 14 de febrero de 2011

Los miedos y la lógica

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las señales de la situación egipcia van en todas direcciones y probablemente parezcan contradictorias porque lo sean. La cuestión es saber cuáles son las jugadas posibles y la dirección en la que se camina. Lo único cierto es que la situación es insólita, pero eso no quiere decir nada en Egipto. Desde el principio los egipcios se preguntaban “¿y si…?” Es normal que se avance entre temores, pero lo principal es que se avance. Y ese parece ser el sino egipcio. Las revoluciones parecen golpes de estado y los golpes de estado continuismo.

Los que temen que el ejército “se haga con el control” no deben olvidar que ya lo tenía. En última instancia se trataba de una partida de ajedrez entre… Y aquí es donde viene la duda: ¿entre Mubarak y el pueblo o entre Mubarak y el ejército? Lo que está claro es que quien ha salido perdiendo ha sido Mubarak. Las partidas no siempre tienen unos finales claros en todos los juegos. Hay juegos por tiempo y juegos por puntos. El fútbol puede acabar en empate; el tenis, no. Lo ocurrido en Egipto es más tenístico, creo yo. Eso significa que la partida sigue.

El ejército egipcio ha sido por omisión una pieza clave que esperó para saber el desarrollo de los acontecimientos hasta el mismo final. En la primera fase hizo de árbitro. Ahora toma protagonismo. Por definición, los ejércitos son conservadores. Lo importante es que asuma que la función ahora es mantener estable el camino para que se pueda desarrollar una transición organizada. Lo deseable sería estabilidad para trabajar en el camino correcto. Esto se podrá comprobar cuando se vea quién se puede sentar en la mesa de los diseñadores del futuro. El diseño del futuro pasa por los marcos constitucionales. La suspensión de la constitución actual plantea sus dudas, pero el objetivo era cambiarla, junto con Mubarak, que era su auténtico valedor por los cambios acumulados en sus mandatos. La suspensión constitucional puede entenderse como un signo del deseo de acabar con una era, replantear las reglas desde el inicio, o como una toma de poder. Creo que son ambas cosas y que, en el tiempo, se pasará de una a otra.

Lo importante del proceso egipcio es que lleve su ritmo y, sobre todo, la claridad de la dirección. Es esencial que el pueblo egipcio perciba que realmente se ha producido un cambio en la dirección que ellos reclamaban: libertad. Lo manifestaban en las calles cada día: quieren una democracia parlamentaria moderna en la que quepan todos. Las democracias tienden a suavizar los mensajes y las dictaduras a radicalizarlos. Es importante en la refundación de una república que esta se asiente con un grado elevado de ilusión y acuerdo. Antes de jugar hay que decidir cuál es el juego.

Ante los miedos que han acompañado cada uno de estos asombrosos dieciocho días, lo cierto es que se ha impuesto la lógica. Y la lógica, en política, nunca son principios abstractos, sino la conjunción de lo que hay con lo que se puede hacer. La claridad del mensaje enviado por el pueblo, debe ser la base de su futuro. E ignorarlo sería absurdo como futuro y absurdo como pasado. No se llega hasta ahí para volver hacia atrás.

Lo importante: es tal la madurez, el consenso y el sacrificio que ha mostrado el pueblo egipcio en estos días, que no existen argumentos de ningún tipo en contra de sus deseos que no se muestren absurdos. No han pedido la luna, como Calígula. Han pedido libertad, justicia y trabajo. La primera afecta a su dignidad; la segunda a su convivencia y la tercera a su bienestar. Tienen derecho a todo como cualquier pueblo del mundo, sin complejos, sin preocuparse demasiado por lo que otros opinen.

Sus ganas de emprender el futuro son muchas. Han limpiado sus calles y plazas, han levantado sus monumentos de homenaje a los caídos por todos, y ya están mirando hacia delante. Se han demostrado que han podido hacer lo que nadie creía posible. Egipto siempre ha sido el reino de lo imposible hecho realidad. Ahora todo está por venir, pero en sus manos.