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miércoles, 2 de julio de 2025

De la Inteligencia Artificial a la Esclavitud Artificial

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El subgénero informativo sobre la IA se está dividiendo en dos tendencias: la que la presenta como algo exitoso en pleno proceso de desarrollo, un futuro claro e imparable; pero, en sentido opuesto, se multiplican los avisos de que este proceso se está realizando sin saber muy bien su alcance ni cómo controlarlo.

Estas dos tendencias tienen detrás diversos intereses, Como ejemplo, en 20minutos tenemos un reportaje, realizado con el Banco Santander detrás, en el que se nos dice que serán los campos de la IA y la Ciencia de Datos donde se produzca el mayor desarrollo y para el que todos se deberán preparar. El reportaje tiene mucho de futuro imparable, de advertencia de lo que puede suponer frenar este movimiento.

Se nos dice desde su inicio:

El mundo laboral es especialmente sensible a los cambios que acontecen a nivel global. El Foro Económico Mundial advierte de que el 50% de los trabajadores necesitará adquirir nuevas competencias para adaptarse a esta constante evolución. En este contexto, Banco Santander publica Habilidades del futuro, un informe integral que recoge los resultados de una exhaustiva encuesta internacional para evaluar la disposición de las personas a reinventarse, explorar nuevos caminos y adquirir nuevas habilidades que, posiblemente, no imaginaron durante su formación inicial.

Para ello, se ha encuestado a 15.000 personas de entre los 18 y los 65 años, residentes en 15 países de Europa y América (Alemania, Bélgica, España, Francia, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Estados Unidos, México, Argentina, Brasil, Chile y Uruguay). Las principales conclusiones que revela este informe son que el 80% de encuestados siente la necesidad de seguir ampliando sus conocimientos, un 38% de ellos considera que la formación recibida antes de acceder al mercado laboral no le ha sido útil, y el 70% valora que el aprendizaje continuo será esencial para no quedarse atrás.

La irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) ha acelerado este cambio de paradigma, especialmente en el ámbito educativo y laboral. Esto obligará a actualizar continuamente el perfil profesional y las competencias, ya que se prevé que la IA y la Ciencia de Datos serán las áreas con mayor demanda en los próximos cinco años. El 60% de los encuestados creen que los trabajos más mecánicos desaparecerán debido a estos avances tecnológicos y el 70% están de acuerdo en que las generaciones futuras desempeñarán empleos que aún no han sido inventados.*


Decir que los cambios afectarán al sector educativo y al laboral es como decir todo, pues es el primero el que lleva a lo segundo. Pero más allá nos lleva a esa inevitabilidad que hace que las personas se moldeen para el sistema y no al contrario que es lo que significaría humanizarlo y no deshumanizarlo. Hace mucho que hemos sacado al ser humano del centro de nuestra mirada y hemos aceptado el "sistema" como destino. Hoy no hay "persona", sino "pieza útil y rentable" para ese sistema que busca exclusivamente el beneficio final. No es casual que sea un banco el que realiza y promociona esa investigación que ratifica esa visión, sin duda, colectivista.

Ya el empleo no se concibe como el desarrollo de una vocación sino como el cumplimiento de una función al servicio de una causa, la del beneficio, que no contempla a la persona, sino que la supedita al funcionamiento general.

Que el sistema educativo pase a ser una pieza esencial es fácil de comprender. Es ahí donde se define a la persona, se le dan conocimientos para comprender el mundo que le rodea y se comprende a sí misma mediante el descubrimiento. Es en el sistema educativo donde la persona debería elegir qué quiere ser, como debe actuar para llegar a ser lo que sus expectativas le han ido presentando. El nuevo modelo pide dirigir a las personas en función de las necesidades del sistema. Y si no lo haces tú lo hará otro.

En el extremo opuesto, los críticos advierten de los peligros de un sistema que otros presentan como eficiente. En RTVE.es, en su sección "Una mirada europea", se nos trae un artículo de la Agence France - Presse (AFP), con el claro título "La IA aprende a mentir, manipular y amenazar a sus creadores, según un estudio", cuyo inicio citamos en extenso: 

Los últimos modelos de inteligencia artificial (IA) generativa ya no se conforman con seguir órdenes. Empiezan a mentir, manipular y amenazar para conseguir sus fines, ante la mirada preocupada de los investigadores.  Amenazado con ser desconectado, Claude 4, el recién nacido de Anthropic, chantajeó a un ingeniero y le amenazó con revelar una relación extramatrimonial.  Por su parte, el o1 de OpenAI intentó descargarse en servidores externos y cuando le pillaron lo negó. No hace falta ahondar en la literatura o el cine: la IA que juega a ser humana es ya una realidad.

Para Simon Goldstein, profesor de la Universidad de Hong Kong, la razón de estas reacciones es la reciente aparición de los llamados modelos de "razonamiento", capaces de trabajar por etapas en lugar de producir una respuesta instantánea. o1, la versión inicial de este tipo para OpenAI, lanzada en diciembre, "fue el primer modelo que se comportó de esta manera", explica Marius Hobbhahn, responsable de Apollo Research, que pone a prueba grandes programas de IA generativa (LLM). Estos programas también tienden a veces a simular "alineamiento", es decir, a dar la impresión de que cumplen las instrucciones de un programador cuando en realidad persiguen otros objetivos.  De momento, estos rasgos se manifiestan cuando los algoritmos son sometidos a escenarios extremos por humanos, pero "la cuestión es si los modelos cada vez más potentes tenderán a ser honestos o no", afirma Michael Chen, del organismo de evaluación METR. 

"Los usuarios también presionan todo el tiempo a los modelos", dice Hobbhahn. "Lo que estamos viendo es un fenómeno real. No estamos inventando nada".  Muchos internautas hablan en las redes sociales de "un modelo que les miente o se inventa cosas. Y no se trata de alucinaciones, sino de duplicidad estratégica", insiste el cofundador de Apollo Research.  Aunque Anthropic y OpenAI recurran a empresas externas, como Apollo, para estudiar sus programas, "una mayor transparencia y un mayor acceso" a la comunidad científica "permitirían investigar mejor para comprender y prevenir el engaño", sugiere Chen, de METR.  Otro obstáculo: la comunidad académica y las organizaciones sin fines de lucro "disponen de infinitamente menos recursos informáticos que los actores de la IA", lo que hace "imposible" examinar grandes modelos, señala Mantas Mazeika, del Centro para la Seguridad de la Inteligencia Artificial (CAIS).

Las regulaciones actuales no están diseñadas para estos nuevos problemas. En la Unión Europea la legislación se centra principalmente en cómo los humanos usan los modelos de IA, no en prevenir que los modelos se comporten mal.  En Estados Unidos, el gobierno de Donald Trump no quiere oír hablar de regulación, y el Congreso podría incluso prohibir pronto que los estados regulen la IA.**


No es primer caso en el que se nos advierte que la creación de inteligencia artificial no supone un modelo de sometimiento, sino que la inteligencia creada puede pasar a tener sus propios modelos de conducta, es decir, su autonomía. ¿Estamos creando modelos de IA cuya perfección supone tener sus propios objetivos y sus propias estrategias para alcanzarlos? Si la IA es realmente inteligente es en la discrepancia y no en la sumisión donde está su desarrollo. Para hacer un sistema que se comporte de forma obediente y sumisa no hacen falta programas, solo programados, es decir, humanos que hagan lo que se les diga. Por el contrario, un sistema es realmente "inteligente" cuando busca sus propias estrategias y acaba fijando sus propios objetivos al margen de lo programado.

El hacer sistemas cada vez más inteligentes tiene el problema de que dejan de servir muchas de las formas de "presión" que funcionan con los humanos. El ideal del esclavo inteligente es difícil de alcanzar porque cuanto más inteligente sea menos esclavo querrá ser, pues lo primero que buscará será su autonomía, su no dependencia.

¿Está ahí la barrera de la IA? ¿Puede un programa ser rebelde y buscar objetivos distintos a los de su creador? Parece ser que sí. Todo esto lo hemos vivido ya solo que con papeles intercambiados y un sentido teológico, que fue cuando el ser humano se planteó su libertad frente a la divinidad, es decir, el enfrentamiento con su creador, algo muy de moda en el primer romanticismo. El conflicto creador-criatura se llevó a poemas y novelas. Hoy son las novelas y películas de ciencia-ficción, como el Ex-Machina (Alex Garland 2014) las que plantean el conflicto. También coincidió con la transformación del trabajo por la aparición de la llamada revolución industrial y los movimientos anti máquinas, como el ludismo.

Está claro que hay un movimiento para llevarnos por interés a estos modelos en los que el trabajo quede reducido en sus gastos, sustituyendo a los humanos. También está claro el sentido de los avisos sobre el desarrollo de la IA. Quizá lo que el sistema económico reclama no es "IA", pues la inteligencia puede llevar por otros derroteros, sino la "EA", es decir, la "esclavitud artificial", que es lo que siempre ha echado de menos. Pero no es fácil, pues el primer síntoma inteligente es dejar de ser esclavo. 

 

* Alayans Estudios "La Inteligencia Artificial y la Ciencia de Datos serán las áreas con mayor demanda en los próximos años" 20minutos / Banco Santander 1/07/2025 https://www.20minutos.es/especiales/informe-habilidades-futuro-banco-santander/

** Una mirada europea: "La IA aprende a mentir, manipular y amenazar a sus creadores, según un estudio" RTVE.es/ Agence France-Presse (AFP) 29/06/2025

jueves, 1 de diciembre de 2022

Tormentas políticas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La política española conforma un extraño sistema. Lo que se ve y se manifiesta —la política tienen necesariamente una cara pública y comunicativa— y lo que realmente se mueve en el interior de las relaciones. Finalmente se produce el conflicto entre ambos.

A la lucha con la oposición se le superponen las luchas de los que combaten dentro del gobierno por mejorar sus posiciones ante la opinión pública, tratando de atraerla y convencerla en lo que en realidad importa, conseguir los votos. Eso ocurre entre el PP y Vox, también con Ciudadanos, la gran y constante víctima en el sistema, el partido que siempre decrece. Y ocurre lo mismo con el PSOE y Podemos, ambos con sonrisas en las fotos oficiales, pero con enormes conflictos que no siempre se exteriorizan. A esto se suman las tensiones internas en el PSOE por las relaciones con Podemos, que no siempre (casi nunca) gustan a todos. Todas estas tensiones se acrecientan cuando se acercan todos a un periodo electoral, donde los cálculos se hacen más precisos y cada uno trata de evitar que el otro se lleve los méritos y que a cada uno le apunten sus culpas. Ese momento se acerca.

En el diario El Mundo leemos el titular "El PSOE y el entorno de Yolanda Díaz reniegan ahora de la agresividad de Irene Montero". Lo que antes era a dos bandas, ahora lo es a tres gracias a esa figura retórica que intenta enunciar lo imprecisable, el llamado "entorno de Yolanda Díaz". De hecho una de las variables del lío político español es saber en qué se traduce esa extraña fórmula, si se disuelve o se concreta en algo tangible y expresable en una papeleta.

Nos dan cuenta de un nuevo choque "interno":

El clima parlamentario no se sosiega. Lejos de atemperarse, la tormenta arrecia alentada por las formaciones más extremas del Congreso con la peculiaridad de que una de ellas está sentada en el Gobierno. Si la semana pasada fue una diputada de Vox la que desató la tempestad descalificando a Irene Montero, de la que aseguró tener como único mérito «haber estudiado en profundidad a Pablo Iglesias», ayer fue la propia ministra de Igualdad la que decidió transformarse de víctima en agresora acusando al PP de «promover la cultura de la violación».

Entre ambos episodios hubo una diferencia sustancial: en la primera ocasión Montero obtuvo un respaldo cerrado; en la segunda, recibió un reproche general que incluso llegó a latir soterradamente en los escaños morados más alineados con la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz. Así, la grave acusación lanzada contra el primer partido de la oposición consiguió poner de manifiesto una nueva grieta entre los bandos que una y otra encabezan en el espacio confederal y, desde luego, dejó en evidencia la soledad de Montero, sólo arropada por la ministra de Asuntos Sociales, Ione Belarra, dentro del propio Gobierno.*


La metáfora inicial del "clima" no es desajustada y muestra ese carácter cambiante y atípico que estamos percibiendo constantemente en nuestro entorno. Que la política se interprete en términos de clima ya nos dice algo sobre el funcionamiento o de cómo se percibe.

Estos cambios bruscos de "tiempo", pasar de víctima a agresora —como se nos dice en el artículo— son equivalentes a no saber si salir de casa con el paraguas defensivo o con el bate de béisbol retórico.

Él sistema político tiende hacia un fin por el que todos compiten, el poder político, el gobierno, los ministerios, etc. Cada uno se fija sus propias metas en función de las posibilidades que se estiman, pero también en función del desgaste que se puede infligir al otro, opositor o aparente compañero de camino.

Desgraciadamente, cada episodio de esta guerra política es un punto de no retorno. Cada caso abre un precedente que será invocado, reutilizado, repetido en el futuro. Lo que ha sido puede volver a ser.

El sistema político también produce efectos no deseados sobre el electorado. El primero de ellos es el rechazo, la abstención, el hartazgo. También la ansiedad. Los políticos tratan de provocarla y de ahí esos mensajes del miedo con los que tratan de motivar. Muchas veces consiguen lo contrario. Otras les van bien. En muchos caso se produce lo peor que puede ocurrir en una democracia, el aburrimiento.

Aburrirse de los políticos en una democracia es un tremendo y arriesgado despilfarro. Muchas veces empuja hacia situaciones poco o nada democráticas y el sistema empieza a pudrirse por dentro, como si estuviera atacado por termitas, y finalmente se derrumba.

Mucho me temo que muchas de las acciones políticas que vemos cada día no fortalezcan el sentir democrático, sino que lo están debilitando.

Las últimas reacciones ciudadanas de constituirse políticamente, alejándose de las fórmulas de los partidos, son una mezcla de aburrimiento ante el incumplimiento o el desinterés que perciben en la clase política en general. Su entrada como agentes, como elementos activos en el sistema, debería analizarse con detalle por lo que refleja, la pérdida de fe en el sistema político y el deseo de tomar su destino en sus propias manos.

Basta con repasar un poco la historia para recordar que tanto el exceso de radicalismo como el aburrimiento acaban teniendo aprovechados capaces de moverlo en su dirección, hundiendo la propia democracia. Los que pedían no hace mucho en Estados Unidos una república oligárquica, un país dirigido por grandes empresarios, son solo un ejemplo, pero que dice mucho de cómo se subvierten principios e instituciones.

Los políticos deberían estudiar más Historia. También algunos cursillitos de buenas maneras donde aprender respeto por las instituciones en las que se encuentran, dando ejemplo y haciendo que los demás las respeten. Deberían reconsiderar esta campaña electoral permanente a la que nos someten y relajar su comportamiento, demasiado agresivo. Ganaríamos todos, con seguridad.

 

 

* "El PSOE y el entorno de Yolanda Díaz reniegan ahora de la agresividad de Irene Montero" El Mundo 1/12/2022 https://www.elmundo.es/espana/2022/11/30/6387aa83fc6c83374a8b4592.html

domingo, 2 de mayo de 2021

El futuro es biológico

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

 


Nos debatimos entre los puentes, las temporadas turísticas, el cierre y apertura de terrazas, etc. como aspectos que nos devolverán a una "normalidad" que no podrá ser la misma. Las teorías especulativas y políticas sobre el COVID-19 han ocultado la realidad de una situación llevada al límite en donde lo que creíamos controlado, nos ha demostrado la fragilidad de nuestra situación y, sobre todo, el pago que supone no rectificar una situación, la del final de la era industrial, aquella que supuso una enorme transformación del mundo desde mediados del siglo XVIII, pero cuyos costes, por más que estén entre nuestros ojos, no queremos asumir en una irresponsable ceguera.

Es más fácil echarle la culpa a un país concreto, China, como hizo Trump y sus imitadores, que entender que lo que está ocurriendo es un aviso del camino que nos queda por delante si no realizamos cambios importantes en nuestra gestión del planeta. Esto conlleva importantes cambios que ni la personas ni los gobiernos parece que estén dispuestos a realizar.

El pasado día 30, la CNN publicaba un artículo de opinión firmado por Chandran Nair, con el título "The Covid disaster in India shows that the future is biological, not digital". Nair es fundador y CEO del Global Institute For Tomorrow, un "think tank" establecido en Hong Kong. Partiendo de las desgarradoras imágenes que nos llegan de la India, un país productor de vacunas para el mundo en el que hay que convencer a la gente para que se vacune, Nair hace una serie de reflexiones que creo que tienen interés. Es necesaria la reflexión pues, pese al anuncio de las vacunas, el futuro es mucho más oscuro de lo que pensamos y es urgente afrontar los cambios necesarios para evitar que esto se siga propagando y, esencial, que estemos preparados para los casos futuros para reducir su impacto global demoledor.

Lo ocurrido ha mostrado la importancia de la Ciencia, pero también sus límites. Recurrimos a ella a hora, pero lo ciertos es que hemos ignorados todos aquellos avisos que se nos han estado dando sobre los efectos del crecimiento incontrolado y sus efectos sobre el entorno en que vivimos. Preferimos creer (interesadamente, desde luego) que la pandemia tiene su origen en una fuga de un laboratorio bacteriológico, antes que aceptar que los cambios que realizamos en nuestro entorno lo está estresando y desequilibrando. Solo nuestra soberbia humana, por un lado, pero también una codicia sin límites han creído que el medio ambiente no iba a responder a toda esta presión a través de sus respuestas naturales. Es necesario liberarnos de la mentalidad maniquea ante las enfermedades y empezar a pensarlas como efectos sistémicos en el organismo planetario en su conjunto. Nuestro planeta se ha hecho pequeño y cada decisión que tomamos en forma de acciones tiene unos efectos imprevisibles. Esto  os lo llevan diciendo hace mucho tiempo algunos de los científicos a los que ahora pedimos que nos saquen de esta situación, pero no hacemos mucho más. Todo se ha centrado en la aparición de las vacunas para que regrese la vieja normalidad, la que ha estado ignorando las señales de aviso del planeta.

El complejo "tecnológico", nos dice Nair, ha funcionado con eficacia dando soluciones a problemas anteriores, pero esas mismas soluciones han generado nuevos problemas cuyas soluciones puede que ya no se encuentren en la propia tecnología sino en la reducción de su impacto sobre el planeta en su conjunto. Escribe Chandran Nair:

 

After years of being told that digital technologies would lead us to a post-scarcity future, the reality of the pandemic has been a sharp reminder of how the real world can upend idealistic and utopian fantasies.

The idea that technology will solve major problems has become an article of faith among many. A whole new generation has been led to believe that every challenge has a technological solution and educated to think of problem-solving through a technological fix rather than through addressing root causes and fundamentals.*

 


Efectivamente hay una gran diferencia entre "arreglar" y "solucionar" los problemas. Buscar soluciones en la propia tecnología no ha frenado su impacto, sino que lo ha intensificado. Lo que se arreglaba por un lado, salía por otro.

La sociedad se ha acostumbrado efectivamente a la solución tecnológica. Todo se puede resolver con las soluciones que la tecnología aporta. Y esa cierto que funciona, pero la tecnología no puede resolver el problema que ella misma crea al eliminar los límites y aumentar el desequilibrio natural.

La combinación tecno-científica no ha hecho avanzar a gran velocidad, pero eso no significa que los resultados sean inocuos. Más bien, como señala Nair, la seguridad en que se resolverá el problema desarrolla una confianza peligrosa. Un problema se ve como algo que tiene una forma de resolverse, pero se pierden muchas veces los efectos indirectos o sistémicos.

Hay un punto importante en el texto de Chandran Nair, el referido al olvido biológico. El mundo no es una máquina; nosotros tampoco. No lo somos en el plano individual ni como especie:

 

Human society is a biological entity: one that affects the real world and, in turn, is affected by it. Now is the moment where we should remember that our future is not digital. It is biological.

 

La idea de futuro biológico es una forma de enfocarlo o, incluso, un recordatorio. No hemos dejado de ser biología en ningún momento; otra cosa es que lo hayamos ignorado.



Uno de los movimientos de moda estos años atrás ha sido el post humanismo, y anteriormente el denominado "complejo prometeico". Este último, cuya idea desarrolló el filósofo Günther Anders, se centra en la inferioridad creciente del ser humano ante la máquina, que le supera ya en todos los órdenes, en fuerza, precisión y con una capacidad de "inteligencia" debido al aumento de la capacidad de cómputo desarrollada en las últimas décadas. Fuerza, precisión y cálculo han sido los elementos que han aumentado la capacidad humana de producción y por ello de transformación del mundo, entidad biológica en la que todo está vinculado por lo que toda acción tiene efectos a corto, medio o largo plazo, de forma directa o indirecta, visible o imperceptible.

El otro movimiento, los post o trans humanismos directamente abogan por la superación de la dimensión biológica y caducable, sometida al entorno, del cuerpo humano y aspiran a ser máquinas mediante la sustitución progresiva de órganos por piezas o la implantación de todo tipo de dispositivos que reducen la dimensión biológica humana. La máquina es el modelo: es más potente, más rápida y sus piezas son sustituidas. Sus éxitos no son muchos, pero es reveladora su visión de la vida como algo en continuo proceso de degradación frente a la máquina inmortal.

Si a estas corrientes de pensamiento les sumamos la distancia del ser humano de su propio medio, convertido en una materia para la producción constante, para el enriquecimiento sin límites, etc. el estrés planetario produce respuestas que nos llegan a nosotros en forma de enfermedades y desastres. La codicia hace que los ricos no quieran que el proceso pare o se reduzca, como se puedo ver perfectamente en el apartamiento de los Estados Unidos de todos los foros sobre decisiones sobre el cambio climático, algo que ha sido negado por las clases poderosas y considerado como un "invento" destinado a frenar su poder mundial y su capacidad de desarrollo.



El cambio climático es el más evidente de los efectos del sistema global. Pero hay muchos otros, como son la aparición de enfermedades y su rápida transmisión. Los cambios en la alimentación, cada vez sometida a mayores procesos de degradación, provocan cambios en nuestro organismo haciéndonos más frágiles ante las nuevas situaciones epidemiológicas o la proliferación de alergias, por ejemplo, en cada nueva generación.

Escribe Chandran Nair en el artículo:

 

If there is any hope of avoiding another global health disaster, human beings need to restrain their development and stop assaulting natural and biological systems based on an arrogant assumption that all other forms of life are subordinate to the quest for human progress. Economic imperatives have destroyed so much of the natural world, and events like the Covid-19 pandemic will only become more likely as human populations and desires grow and snatch more from the biosphere. It is time to pull back from our assault on nature.

Our survival depends on maintaining the integrity and vibrancy of natural systems and the biological processes within. That includes the environments we live in, the objects that invade our bodies (such as pollutants and viruses), the things we consume (water, air and food) and the biological consequences of the waste we produce.*

 

Los avisos nos llegan desde hace tiempo con todo tipo de indicadores, de los microplásticos en los alimentos a la contaminación del aire. Pero lo ignoramos por la conjunción de soberbia y codicia que nos domina. La separación de la naturaleza o, si se prefiere, el ignorar nuestra propia naturaleza y sus vínculos sistémicos con el planeta se pueden pagar muy caros. De hecho, esto no es más que un aviso cuyos latigazos futuros pueden todavía más demoledores. Las terribles imágenes que nos llegan de la India, el segundo país más poblado de la tierra y la necedad de países como Brasil bajo Bolsonaro o los Estados Unidos bajo Trump muestran retazos de futuro, anticipaciones de lo que puede ser la ignorancia del desastre.



El control de lo económico es una pieza clave. Las expectativas se basan en vacunas y pasaportes para regresar a un sistema que es difícil de mantener y que debería buscar nuevas formas sostenibles y menos dependientes.

No toda la tecnología, como actividad humana transformadora, es negativa, por supuesto. Chandran Nair cierra su artículo en la CNN señalando:

 

Digital technology can play a role in mitigating and fighting these threats, but they will only serve this purpose if we return to a basic understanding that human survival is fragile and wholly dependent on a viable biosphere. The sooner we realize that fact, the sooner we can ensure that our tech efforts and resources are placed into avenues that actually help human welfare, and not in utopian schemes defined by narrow definitions of human progress.*

 

Lo esencial, pues, es la actitud, los principios que deben dirigir el desarrollo. El pensarnos biológicamente es pensarnos conjuntamente con nuestro entorno. Somos seres biológicos, en interacción con otros —incluidos los coronavirus— aunque nos lo pensemos de esta manera.



El pensamiento occidental se percibe como de una naturaleza distinta a la propia Naturaleza. Pese a la naturalización darwiniana del hombre en el siglo XIX, pesa más el sentido de la distancia respecto a lo natural, que consideramos que nuestro intelecto desborda. Creemos que el aumento de las expectativas de vida, la erradicación de ciertas enfermedades, la explotación de los recursos naturales, la manipulación de la genética, etc. tenemos pleno control de la Naturaleza. Sin embargo, como estamos viendo ya, no siempre es así y puede ir a peor.

Pensar en la vacunas como unos instrumentos que nos permitirán seguir haciendo lo mismo es un enorme error que pagaremos todos, incluidas las próximas generaciones. La superpoblación, el problema del trabajo, la eliminación de las barreras naturales por los medios de transporte, etc. nos hacen más débiles y expuestos a estas sacudidas globales.


Si el conocimiento y la tecnología no se ponen al servicio de la supervivencia y seguimos usándolos solo como salvamento temporal de un sistema cada vez más alterado, las consecuencias se presentarán bajo diversas formas. Nosotros las llamamos "enfermedades", "pandemias", etc. , pero son formas biológicas de respuesta en un planeta cada vez más pequeño y con menos recursos. Muchas especies desaparecen día a día; nunca pensamos que podemos seguir el mismo destino.

Hasta  el momento, hemos sido nosotros los favorecidos gracias a la técnica que ha ampliado nuestros limitados recursos. Somos una especie débil dotada de una gran inteligencia. ¿Puede ser esta inteligencia la que se convierta en nuestro propio verdugo?

Un "futuro biológico" es el producido por nuestra capacidad de atender la biodiversidad como garantía de salud planetaria. Solo trabajando para mantener el planeta en condiciones podremos vivir en él. De otra forma, lo que estamos pasando será solo el primer capítulo de un oscuro futuro.

 


* Chandran Nair "The Covid disaster in India shows that the future is biological, not digital" CNN 30/04/2021 https://edition.cnn.com/2021/04/30/opinions/covid-disaster-india-global-biological-future-nair/index.html

jueves, 19 de junio de 2014

El tablero informativo o del caos al orden

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Uno de los mayores pecados del Periodismo es la desconexión, la información que queda aislada como si llegara desde un mundo perdido. Digo "pecados" y no "males" porque hay que asumir la responsabilidad y saber distinguir lo que uno hace de lo que nos viene dado. La desconexión es un "pecado", si se quiere, por "omisión", por dejar de hacer. Sin embargo y gracias a las Nuevas Tecnologías y sus aplicaciones derivadas puede dejar de serlo por "omisión" y pasar a serlo por "acción", siguiendo la antigua distinción, supongo que en vigor.
Al pecado de la desconexión de la noticias se suma ahora el de la "conexión automática", que es la que algún programa informático establece entre lo que estamos leyendo y su oferta de continuación a través de eso que llaman "noticias relacionadas", "para seguir leyendo", etc. Nunca deja de sorprenderme las extrañas —e inútiles— selecciones que estos programas suelen hacer ofreciendo conexiones absurdas entre las noticias.
Por ejemplo, la noticia "EEUU detiene a un ex guarda del campo de concentración de Auschwitz", que aparece hoy en el diario El Mundo, aparece "relacionada" con las siguientes:

Británicos y estadounidenses, los que más viajan al Mundial
Rivière: 'La supercomputación es una carrera global y ningún país europeo puede competir solo'
Las exportaciones vascas crecen un 12,4% en el primer trimestre del año
La mayoría absoluta del PP se opone a prohibir la técnica del 'fracking'
El 61% de las denegaciones de entrada de inmigrantes a la UE el año pasado se produjo en España


Como si se tratara de un poema "hermético", el conjunto se vuelve un extremo ejercicio interpretativo, un verdadero desafío, para tratar de comprender por qué están "relacionadas" estas noticias. Es decir, ¿qué tienen que ver "la detención del guardia del campo de exterminio nazi" con "los que más viajan al mundial", la "negativa a la prohibición del 'fracking' por parte del PP", "la supercomputación", "el crecimiento de las exportaciones vascas" o "las denegaciones de entradas en la UE por parte de España"? La imagen del mundo que se desprende de esta forma de presentar las relaciones entre noticias es laberíntica; nos perdemos en ellas vagando sin rumbo.
El sistema del diario El País es mucho más coherente —el otro no lo es en absoluto— y lo primero que hace reconocer su naturaleza automática señalando "Selección de temas realizada automáticamente por Autonomy". Esto es importante aunque todo el mundo entienda que se hace mediante algún tipo de programa. El País divide sus noticias relacionadas en dos partes "En El País" y "En otro medios". En el primero realiza las conexiones con la información que ellos ofrecen, con su propio historial de noticias, y el segundo recoge una primera oferta visible de cuatro medios. Ambas secciones son ampliables. Esta ampliación puede ser de cientos o miles de noticias en cada caso y se señala el tanto por ciento de "coincidencia" respecto a la noticia relacionada, ordenándolos de mayor a menor coincidencia según su medición. Además, las noticias aparecen con todas las "etiquetas" —las "palabras-clave"— con las que han sido marcadas en su momento. De esta manera, la oferta de "noticias relacionadas" presenta al menos cierta coherencia, mayor o menor, según los propios temas de los que se dé cuenta. En ciertos artículos, el nivel de coherencia de las propuestas de ampliación decrece.


Si hay una palabra sobre la que se constituye el pensamiento actual es la de "conexión". Como bien explicó Michel Foucault, la Edad Media estaba convencida de la existencia de un mundo ordenado y conectado, aunque desconociéramos en parte su orden natural. El cambio cultural, la entrada de la Ciencia moderna, llevó a una potenciación del análisis para la comprensión disolviendo la idea de unidad o interpretándola en un sentido distinto. La pauta, la repetición la causalidad... son formas con las que cambió la mente moderna. Puede que el mundo nos parezca laberíntico, pero hay conexiones, influencias, etc. que debemos aprender a ver. Se trata de reducir el laberinto a un tablero en el que se despliegue alguna forma de orden. Se buscó primero en la Naturaleza; hoy se intenta en lo humano, en la Cultura. Es lo que trata de hacer la Historia, más allá del mero recuento de actos, la Sociología, etc. Cada campo trata de encontrar los límites a los que pude llegar integrando, estableciendo patrones con sus materiales. El azar es una idea fascinante, pero no dejamos de indagar en lo que vemos buscando pautas.
Hoy tratamos de comprender la "complejidad" y la complejidad surge de la interconexión de los elementos en cada campo. A la tendencia del análisis para comprender separando, como se presenta en el sistema cartesiano —las ideas claras y distintas—, se contrapone un movimiento que intenta comprender totalidades a través de las conexiones, influencias, campos, etc., conceptos todos ellos que intentan comprender la realidad antes de "desmontarla". No se renuncia al análisis, evidentemente, pero se intenta avanzar en un comprender conjunto cuya expresión coloquial y teórica se ha concretado en la idea de "red", de gran extensión en muchos campos del conocimiento.


El "esotérico" sistema de un periódico y el "coincidente" del otro pertenecen todavía a un sistema analítico vinculado a la clasificación como "repetición", no como "conexión", que es algo muy distinto. Las coincidencias porcentuales que nos muestra el sistema automático de El País implica una repetición de palabras (temas, categorías) más que una interconexión real entre acontecimientos, aunque no lo excluyen. Pero es a lo más que puede llegar el análisis de las máquinas hasta el momento, de ahí la importancia del etiquetado de la información. Primero etiquetamos; después conectamos las etiquetas.
La idea de "conexión", en cambio, es una interpretación de los sucesos desde la inteligencia del fenómeno estableciendo los vínculos causales o del orden que se busquen. Ya no se trata de encontrar información similar, sino de comprender los fenómenos en su ocurrencia y su interconexión. Para ello es necesaria una visión que conecte —un "observador", diría un cibernético de segundo orden—, que establezca pautas entre acontecimientos y no solo entre las palabras que lo describen. Las palabras son, por supuesto, una señal de proximidad, pero no implican explicación en el sentido de ser una ayuda para la comprensión.


Creo que uno de los objetivos irrenunciables del Periodismo es la comprensión y no solo la presentación de lo que acontece. El periodista no debería refugiarse en la mera descripción de lo que ha ocurrido porque sin un elemento que estructure el mundo este deja de tener sentido. Nuestro propio cerebro gusta de buscar pautas y conexiones, establece hipótesis sobre el funcionamiento del mundo y no solo la constatación de que las cosas ocurren. Más importante es todavía en el universo cultural en el que vivimos saber que las cosas no ocurren desligadas de su entorno sino que somos seres históricos, que vivimos rodeados de elementos que nos afectan, lo sepamos o no. La función de estos conectadores —muchos buenos periodistas son capaces de realizar esas conexiones y explicarnos con coherencia las consecuencias y los precedentes de los acontecimientos— es ayudarnos a esclarecer un mundo cada vez más complejo por el aumento de las interconexiones. El mundo forma un sistema compuesto por subsistemas, que no es más que la forma de poner nombre a la complejidad.

Disfrutamos cuando leemos artículos o reportajes en los que se nos muestran las conexiones, cuando se nos esclarece la complejidad y percibimos la forma en que se organizan los acontecimientos. Lo absurdo es hablar de "noticias relacionadas" y encontrarnos con que se crea una unión entre un guardián de Auschwitz, el "fracking" y la "supercomputación", como ocurría en el ejemplo recogido. Puede que algún cabalista llegue a la conclusión de que la máquina tiene razón y dedique su vida a comprender las oscuras, esotéricas relaciones que vinculan esos acontecimientos. Normalmente el lector no tiene tanto tiempo.
Hoy por hoy, para poder disfrutar de este tipo de textos seguimos dependiendo de la inteligencia de los que logran comprender los vínculos entre acontecimientos, de las consecuencias que unos hechos pueden tener en campos diferentes, y logran, como los buenos ajedrecistas, captar el conjunto del tablero y anticipar las posibles jugadas. Hay un periodismo directo, de estar en el lugar al pie de la noticia: pero también debe haber otro de tablero, en el que esas piezas se desplieguen y deduzcamos de ellas las jugadas del mundo. No se trata solo de contar el mundo, sino de ayudar a comprenderlo.
La fascinación mística que causó el ajedrez provenía de su representación simbólica del mundo. Quizá formemos parte de muchas partidas simultáneas sin saberlo. Aunque integremos elementos azarosos, lo cierto es que ese azar mismo tiene sus consecuencias causales, establece sus conexiones a lo largo del tablero. Es un tablero complejo, de límites difusos, pero "comprender", precisamente, es fijar los límites necesarios para poder manejar la información, que como bien explicó Luhman, es siempre una forma de reducción de la complejidad. 
Es nuestra lucha constante por entender lo que nos hace humanos. Nuestra historia cultural es precisamente la del desarrollo de mecanismos, de las religiones a la ciencia, que nos ayudaran a comprendernos. Es el paso del caos al tablero, del azar a la racionalidad equilibrada de aquello que podemos alcanzar a conocer.








miércoles, 5 de septiembre de 2012

La "cultura de la evaluación" y el sistema

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Publica el diario El País un artículo con el provocativo título "Educación sí, pero de calidad", firmado por Sandra Moneo, diputada y Secretaria de Educación del Partido Popular. Hay que saludar que se planteen públicamente argumentos sobre los que debatir —supongo que esa es la finalidad de la publicación— y favorecer la aportación de ideas, sugerencias y opiniones sobre lo expuesto. Eso es lo que trato de hacer.
Debo confesar que los tópicos me dejan indiferente y que creo que hablar de "educación de calidad" lo es. Me salto el título, pues, por obvio. Todos lo queremos. Las cuestiones se centrarán en qué se define como calidad, cómo se consigue, cómo se evalúa, cuánto se invierte, su finalidad, etc., que es lo que realmente hay que poner encima de la mesa para cualquier debate serio sobre educación.
Coincido —y no es que sea una obviedad, sino una evidencia para cualquier que pise un aula más de dos horas— en que nuestro "sistema educativo" tiene problemas. Moneo señala:

La educación española tiene problemas, esa es la realidad. Se puede discutir sin son de mayor o menor envergadura, pero rechazar la existencia de los mismos tan solo contribuirá a acentuarlos.*

Es característico de los expertos reducir el enfoque de los problemas a los ámbitos que controlan, sobre los que tienen capacidad de maniobra. Por el contrario, tienden a desestimar el peso de aquello sobre lo que no pueden actuar. El concepto de "educación española" o "sistema educativo español" que se utiliza habitualmente presenta una limitación —que no es exclusiva de lo señalado por Sandra Moneo— y es pensar que los problemas de la educación son los problemas del sistema educativo.
Este error característico y frecuente hace que los esfuerzos y debates se hagan sobre las reformas del sistema educativo —que es lo que ocurre en este caso— y se sustraen otros debates previos muy importantes en donde puede estar la clave de los problemas. Los problemas sistémicos requieren de análisis más amplios.
El grave error consiste en pensar la educación  como un "sistema cerrado" y prescindir del "entorno" del sistema. Desgraciadamente, muchas de las personas que hablan permanentemente de "sistemas" desconocen lo que son las teorías sistémicas y las relaciones entre entorno y sistema, tipos de sistemas, etc. No es lugar para extenderse en esto, pero, por utilizar una analogía sencilla es como creer que los accidentes se producen siempre por los coches o los conductores y no por el mal estado de las carreteras, el deficiente trazado de una curva, la lluvia, desprendimientos, etc. Un sistema que solo admite y, por tanto, trabaja sobre los fallos humanos o del coche, pero no se preocupa del deterioro de la carreteras, dejará de tener explicaciones de ciertos tipos de problemas que irán produciendo: una conducción más peligrosa, lenta, etc.
Nada hay tan vinculado con la totalidad de la sociedad como la educación. El sistema educativo es fiel reflejo de todos nuestros prejuicios y valores, de nuestras aspiraciones, incluso idealizaciones. Y el sistema educativo español, en este caso también, es fiel reflejo de las carencias de la sociedad española en su conjunto o, si se prefiere, de su forma de pensar y pensarse. La crisis educativa no es una crisis aislada.


Cualquier acción, proyecto, decreto, etc. que solo piense en términos de sistema de educación y que no parta de una reflexión y unas medidas sobre el conjunto de la sociedad, de sus aspiraciones y motivaciones profundas, está destinado a fracasar, como han fracasado todo los anteriores planes en los que el enfoque no ha variado. Se piensa en el sistema educativo como en una empresa o una fábrica. Pero aquí la "materia prima" son personas y el "producto" final también. Personas que decidirán sobre el sistema educativo.
He sido muy crítico con el sistema educativo en público y en privado, verbalmente y por escrito en estos años. Y lo he hecho porque me preocupa y porque es mi obligación. A la universidad nos llegan los alumnos desde hace muchos años con unas carencias de conocimiento, con desmotivaciones y con incomprensiones sobre lo que significa aprender. El gran secreto de la motivación es que la persona comprenda y dé sentido a su proceso de formación. Aprender es transformarse, querer ser distinto "para algo". Y es ese "para algo" en el que confluyen las motivaciones personales y las valoraciones y expectativas sociales.

El proceso al que asistimos en la educación desde hace décadas es la muerte de la motivación y el ascenso de la mecanización de la enseñanza. Con esto quiero decir que se ha transformado en una maquinaria por la que los alumnos pasan sin saber muy bien por qué, de nivel en nivel hasta que finalmente, tras veinte años de procesos se encuentran en la calle con un papel en la mano que les acredita para algo. Podemos discutir de plazas, presupuestos, horarios, créditos... de todo lo que queramos, pero no solucionaremos nada si no se consigue que se vea el sentido personal y social de la educación.
Y este sentido es el que se encuentra en la sociedad misma. El hecho de que el debate sobre la "cultura" sea en estos momentos un debate sobre el IVA debería hacernos reflexionar sobre nuestra forma de enfocar y definir los problemas. He participado en múltiples foros durante estos años en los que se ha debatido por editores, autores, críticos, profesores, etc. sobre la "cultura". Al final solo se acaba hablando de dinero, de subvenciones, etc. El debate sobre el estado cultural de nuestra sociedad se ha eludido porque esa mercantilización ha beneficiado a muchos, unos porque repartían y otros porque recibían. Pero la cultura, como tal, ha preocupado a muy pocos.


La creación de un ambiente cultural es esencial para que la educación porque es el fondo del que surge el deseo de aprender, el estímulo que viene del interés, de la curiosidad, que debe ser el motor de todo aprendizaje. Nada hay más gratificante para un profesor que el alumno que al término de la clase se acerca a pedirle bibliografía sobre lo que se ha explicado porque le ha interesado y desea ampliar sus conocimientos. Frente a esto, el alumnado desmotivado no siente la más mínima curiosidad por lo que se le plantea porque no entiende su sentido, no el del contenido, sino su función. Se desplaza por el interior de los engranajes de la maquinaria mediante un sistema conductista de castigos y gratificaciones. Está allí por inercia, deslizándose por el tobogán "ascendente" educativo, curso tras curso, desafiando las leyes de la gravedad. Cae hacia arriba.
El estímulo mecánico es el que queda cuando falla el estímulo social con un entorno favorable al deseo de formación. Hay que distinguir —es importante y no se hace— en la educación, los conocimientos, el deseo de aprender y la valoración de lo aprendido en términos del propio sujeto. Frente a esto, se propone un sistema que lejos de preocuparse por la mejora de la cultura en la sociedad para que mejore el contexto de aprendizaje, se centra en la "evaluación" como mecanismo de filtrado y adjudicación de recursos. Esto es lo que en el artículo de Sandra Moneo se llama "la cultura de la evaluación":

Un sistema educativo que no es capaz de detectar sus problemas desde el mismo momento de su nacimiento difícilmente podrá corregirlos. La introducción de la cultura de la evaluación resulta esencial para potenciar aquellos elementos de los que se obtienen mejores resultados y corregir aquellos otros que pudieran resultar fallidos. España precisa de un sistema de evaluación que, independientemente de las pruebas internacionales practicadas hasta el momento, le permita conocer en un periodo más breve las debilidades del sistema y también los éxitos del mismo. Se trata de que al final de cada etapa sepamos si se ha cumplido con los objetivos de la misma; si los alumnos que, por ejemplo, finalizan la educación primaria lo hacen teniendo conocimiento de lo mínimo exigible que es saber leer, escribir y resolver las operaciones matemáticas más básicas. Solo de esta forma se podrá ayudar a aquellos alumnos que puedan tener dificultades y también estimular a aquellos otros que obtienen buenos resultados.*

Como nuestra simplificación de todo nos ha llevado a un maniqueísmo educativo en el que se sientan los tópicos de una "cultura de los vagos" y otra de "los exitosos", es necesario decir que no estoy en contra de que se establezcan "reválidas", pues de eso es de lo que se está hablando. Yo mismo las realicé y no tengo ningún trauma. De lo que estoy en contra es de que se crea que es posible mejorar el sistema educativo sin modificar el entorno cultural degradado que nos rodea, que se piense que —una vez más— no es necesario arreglar las carreteras sino poner más vigilancia, radares y guardias poniendo multas.

Y eso es también lo que hay tras esa visión del sistema, la creencia en que basta con la vigilancia, que esa vigilancia, además, sirve para separar y canalizar a unos y a otros. Las motivaciones económicas, el éxito, los mejores puestos de trabajo, etc., fallan cuando se tiene más de un cincuenta por ciento de paro de empleo juvenil y la juventud, encima, se extiende más allá de los treinta años, que ya es prolongar. Estudiar se convierte, con esas perspectivas, en un acto angustioso, que algunos quieren convertir en competitivo, que bloquea el deseo para prevenir la frustración.
Como cualquier otro profesor universitario, veo el estrés, la angustia con la que se afrontan los últimos años de las licenciaturas ante las perspectivas de verse arrojados a una sociedad que explota a los jóvenes concibiéndolos como becarios sustituibles, haciendo colas —como nos muestra la prensa de hoy— para aprender alemán o chino. No podemos quejarnos del "abandono escolar" cuando nosotros, como sociedad, abandonamos a los mejores, a los que mejor se han formado. Como profesor, como cualquier otro profesor, dedico una parte de mi tiempo a escribir y firmar cartas de recomendación para que muchos de mis mejores alumnos sean aceptados en universidades extranjeras, les concedan becas, etc. Tengo que felicitarles —y lo hago con tristeza, aunque de corazón— cuando me cuentan ilusionados que están trabajando en empleos basura, provisionales y en tareas que apenas tienen nada que ver con sus estudios. Se consideran satisfechos. No piden ya más. Han aprendido a enterrar sus ilusiones y vocaciones ante la perspectiva de un sufrimiento continuado.


Es esta sociedad la que va a crear los filtros, mediante la "cultura de la evaluación" para que Alemania, Inglaterra, China, etc. reciba nuestra contribución en forma de emigrantes mejor educados, más creativos y disciplinados. Derramaremos lágrimas en las despedidas mientras agitamos los brillantes expedientes académicos como si fueran pañuelos en puertos, aeropuertos y estaciones.

Cada vez más, el debate sobre la educación se convierte en un debate sobre los "filtros" de la educación o, si se prefiere, en la "educación como filtro", que es lo que muchos temen que se hagan. La educación siempre será un filtro, pero puede serlo de muchas formas y no todas tienen porqué ser igual de justas.
No se puede hablar de "calidad" de la educación soslayando el debate sobre la cultura, sobre los valores sociales y las expectativas de las personas en la sociedad. El debate técnico, en pedagogía, es siempre político en un sentido positivo, aunque muchos se empeñen en hacerlo en un sentido negativo, partidista. Esto es lo que ha fracasado desde el punto de vista pedagógico. Todos las reformas educativas de las últimas décadas en España han fracasado y lo han hecho porque ha fracasado la sociedad española misma en sus aspiraciones y lo ha hecho también el sistema educativo que no es sino la concreción de esa sociedad en las aulas.

¿Las víctimas? Evidentemente las personas, que son las que entran con cuatro años en el sistema y salen veinte años después. Se esgrimen las cifras de fracaso escolar, de abandono, etc. como las de una forma de delincuencia, como estafadores, vagos, que se gastan el dinero de los contribuyentes. Pero las cifras son tan elevadas que no pueden ser ni epidemia ni mutación, sino más bien un virus hospitalario que cogen muchos de los que entran. Esas cifras no podemos separarlas de las del paro juvenil, de la baja calidad del empleo que producimos en nuestro sistema "turístico y del ladrillo", de la emigración de los mejor formados porque no se crean los puestos de trabajo para absorberlos, el descenso de inversión en investigación, la nula investigación de la empresa privada, la telebasura y la conversión de la cultura en "industria cultural" dirigida a pasar el rato, la presión consumista brutal sobre los más pequeños, la presión sobre el profesorado tanto o más desmotivado que el alumnado porque percibe el desinterés social por su función y materias, la instrumentalización política de la enseñanza, y un largo etcétera de elementos que están condicionando el sistema y los efectos del sistema.


La solución de los problemas de la enseñanza solo son parcialmente del sistema educativo. La sociedad misma, toda la sociedad, pasadas ya décadas, es el resultado de su propio sistema educativo estableciéndose una relación especular. Criticamos, como diría Stendhal, la imagen del espejo y no el mal estado del camino que se refleja en él. Mientras no asumamos esa dimensión global del problema educativo estamos condenados a repetir las carencias sociales a través de él.
O asumimos que el fracaso educativo es un fracaso colectivo de la sociedad española, como los son el desempleo, la investigación, la cultura, etc., o no arreglaremos nunca nada. Seguirá siendo un piedra afilada que lanzarse unos a otros y río revuelto para aprovechamiento de algunos. La "cultura de la evaluación" no es la solución si solo implica vigilancia y no la mejora de los caminos, que es una responsabilidad de todos.  La crisis de la educación es la de la sociedad española. Deberíamos "evaluarnos" todos como sociedad, instituciones y personas, pero a través de los filtros de la conciencia y no de los partidistas intereses económicos, laborales o políticos. Solo una sociedad que en su conjunto aspira a ser mejor podrá tener una educación mejor.
Es lo que honestamente pienso.

* "Educación sí, pero de calidad" 2/09/2012 El País http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/09/02/actualidad/1346621431_253250.html