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martes, 26 de abril de 2022

Hola, mundo cruel o el estrés en que vivimos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La pandemia ha servido para sacar a la luz mucha información que antes apenas tenía hueco y que ahora vemos a diario. Me refiero a la cuestión de la salud mental, un asunto que provocó hasta la risa parlamentaria de algún "alma sensible". Salvando estas sensibles excepciones, lo cierto es que la expresión "salud mental" aparece casi a diario. Las noticias llaman a las noticias y lo que despierta interés sigue saliendo. Esto es importante en un sector en el que la tendencia al silencio o a la ocultación suele ser frecuente, cuando no la burla, como en el ejemplo parlamentario antes citado.

En estos días de retirada oficial de las mascarillas se nos habla de "complejos", de "miedos" a mostrar el rostro, de inseguridades en niños y adolescentes, también en adultos, de los que se nos dice que la mascarilla favorecía su deseo de ocultación.

Hemos visto con el confinamiento en la pandemia la escalada de la violencia en los hogares, lugares en los que la convivencia se traducía en muertes y agresiones. No creo que la pandemia en sí sea la que lo ha generado, pero sí ha incidido en la mayor visibilidad, por un lado, y en el aumento de la presión sobre las personas, que han estallado ya sea en implosiones, agravando sus propias situaciones, y en explosiones, haciendo que otros los padezcan.

Vivimos en el filo del estrés, provocado este por múltiples situaciones que no solo no se resuelven sino que van aumentando con el tiempo, nos desequilibran y en muchos casos nos hacen estallar. Estamos en una sociedad que resuelve pocos problemas y crea muchos. Vivimos bajo presión laboral, económica, informativa, física y emocional. Todo esto se debe gestionar por uno mismo ya que nuestra sociedad ha contabilizado el gasto que supone nuestra salud mental y ha decidido ignorarlo. La atención para la salud mental es una de las grandes fallas de nuestro sistema, incapaz de valorar, diagnosticar y ayudar a resolver. Los medios son muy insuficientes ante el desbordamiento de los problemas mentales que se esconden y enquistan hasta que estallan con imprevisibles consecuencias.

Muchos de estos problemas son la traducción de las agresiones exteriores. En RTVE.es leemos sobre los efectos de las violaciones:

 Asaltada, violada y golpeada a los 16 años. ¿Cómo se puede afrontar el trauma de vivir algo así? Hay que tratarlo cuanto antes, para que deje menos secuelas. Lo primero es hacerles ver que ellas no son responsables sino víctimas. Pero hay más dificultades en el proceso. ¿Qué secuelas deja? Desde lo físico a lo emocional y lo social. Vergüenza, desesperanza, desconfianza ante la vida. Un estado constante de hipervigilancia. El proceso puede acompañarles toda la vida.*

"Apoyo, terapia y tiempo" es lo que se necesita y es justamente lo que falta, lo que hace que nos alejemos de la solución de los problemas o de la simple atenuación.

La cuestión es quién te acompaña en el proceso, quién vela porque eso no deje secuelas. En lugar de ello, nos preocupamos por describir las secuelas, que fruto de los hechos, poro también de la falta de asistencia.

Somos el país del mundo con mayor consumo de ansiolíticos, según nos decían hace unos días. Los propios médicos, ante la imposibilidad de profundizar en los trastornos por falta de tiempo en las consultas, confesaban que no les queda otra opción que intentar tapar los síntomas a base de pastillas, que están desbordados y que así es imposible mejorar la salud mental. No solo no arreglamos nada, sino que además creamos problemas de dependencia. Las pastillas lo tapan todo, el dolor, el insomnio, los recuerdos.

También en RTVE.es leemos sobre las secuelas del maltrato infantil:

En España hay 15.000 denuncias al año por maltrato a menores pero son muchos los casos que quedan silenciados. Ese maltrato está detrás de más de un tercio de los problemas mentales que se diagnostican en la edad adulta, como depresión, trastornos de la personalidad o intentos de suicidio. Laura Sanmartín sufrió abusos sexuales de los 8 a los 13 años y asegura a TVE que no sabe "qué clase de persona hubiera sido" si esto no le hubiese sucedido: "Sé que la niña que yo era deje de serlo".**

No sabemos quién podríamos haber sido, pero sí que la existencia es una tortura. La vida se plantea como una carrera de obstáculo en la que cada salto se refleja en lo que sigue. Cada problema es un peso en la mochila vital.

Lo peor es que el sistema en su conjunto se ha deshumanizado. Hablamos de maltrato infantil, violencia de género, pero dejamos de lado la violencia laboral, el estrés que supone trabajar tapado por el estrés que supone el desempleo. Ha sido una sorpresa para muchos comprobar que los despedidos de empresas durante la pandemia —especialmente en el sector de la hostelería— no regresaban a los puestos de trabajo. La explotación en el sector, la precariedad, etc. ha generado un estrés que ha hecho que no regresen y busquen colocación en otras.

Recibo información de muchos ex alumnos que se desempeñan en diversos trabajos. Cuando esperas escuchar la alegría del que tiene un trabajo, te encuentras con una descripción de abusos y humillaciones, de miserias padecidas por parte de compañeros y superiores que no deja de sorprenderte. No es solo aquí, desde luego. Es este mundo creado para explotar sin escuchar, para sacar de ti el máximo posible al menor precio, que una vez usado te tira a tu suerte. Un mundo duro.

El diario ABC nos trae una noticia más, el aumento de suicidios entre la Policía Nacional y la Guardia Civil:

Los meses posteriores al confinamiento dispararon el número de suicidios, también en los ámbitos laborales más comprometidos. En concreto, en las fuerzas de seguridad del estado hasta 17 policías nacionales y 17 guardias civiles se suicidaron en 2021, según los datos de un estudio interno elaborado por los sindicatos y expuesto este lunes por Jupol. La cifra es alarmante, pues supone que cada 11 días se suicidó un agente.

Según el perfil elaborado por el sindicato policial, el 98% de quienes se suicidaron eran hombres, frente al 2%, que eran mujeres, y el 90% de ellos lo hizo con su propia arma, expuso en una mesa redonda sobre salud mental organizada por el CES Carcenal Cisneros Laura González López, policía nacional y secretaria de riesgos laborales en Jupol. 

Tras la pandemia descendió la edad de los agentes que se quitaron la vida, pasando de 47 a 42 años, respecto al año anterior. Llama la atención que 4 de estas personas se encontraban en prácticas o habían empezado a prestar servicio recientemente.

«El problema es que no tenemos ayuda y necesitamos ser superhombres o súpermujeres, cuando en realidad somos personas como todos», ha defendido González.

Según los datos recabados de todos aquellos agentes que han utilizado la ayuda psicológica a través de su teléfono de atención 24 horas la mayoría achacan estrés laboral, y según la función policial que desarrolle influyen también otros problemas laborales así como divorcios o conflictos legales. En los guardias civiles, además, pasa factura el aislamiento y la soledad, pues particularmente trabajan en pueblos o pequeños municipios alejados de las grandes urbes en contraposición al resto de fuerzas policiales. ***


De nuevo la pandemia como desencadenante, pero no es la causa en sí. Podemos entender que la propia naturaleza del trabajo sea estresante, pero no se entiende de nuevo la falta de ayuda, que es la que puede frenar las muertes si se recibe la atención necesaria, que debe estar prevista por las instituciones. Pero nos encontramos aquí con el mismo problema: la falta de ayuda. ¿Se han asumido los suicidios como una situación "normal", algo con lo que ya se cuenta? ¿"Problemas personales"? El descenso de la edad de los suicidas nos indica que el desbordamiento se produce antes, cada vez más pronto. Los suicidios de las personas en prácticas son otro indicador preocupante del aumento del estrés.

Lo terrible de este tipo de situaciones la están padeciendo otros sectores llevados al límite, como ocurre con la Sanidad, en la que vemos el desbordamiento, la falta de recursos denunciada una y otra vez, la precariedad de personas contratadas y despedidas varias veces al año. La situación puede verse en casi todos los sectores, pues es el mundo al que nos hemos "acostumbrado", por el que uno no debe quejarse, sino dar las gracias. Que te despidan es un privilegio porque significa que has estado contratado.

El estrés generado produce violencia contra uno mismo y contra los otros, lo que acaba de agravar el problema. El estresado transmite su rabia contra otros formando una cadena descendente que llega hasta los últimos rincones de las empresas o de las escuelas. Es difícil encontrar puntos de desahogo que no impliquen pagarlo con otros reproduciendo el ritual del maltrato normalizado.


Pero no es solo el trabajo. El aumento de la violencia entre adolescentes los estamos viendo cada día en las noticias. El sector educativo padece muchos de estos problemas, donde la violencia se transmite entre niños y adolescentes a través del acoso escolar. Han aumentado los suicidios entre jóvenes. La noticia de que la mascarilla les había servido para esconderse no debe ser tomada a la ligera.

Más allá de los estudiantes, el sector educativo se encuentra en permanente estrés presionado por mal entendidas fórmulas de competición en las que se reparte miseria y estabilidad. Como todo sector altamente jerarquizado, es fácil que se produzcan abusos, desahogos, y una vez más un estrés crónico. 

Hay mucho más estrés que los abusos en las escuelas repartido por todo el sistema, de universidades a colegios. Pero, una vez más, son el reflejo de este mundo violento e implacable que hace que las personas se tengan que proteger detrás de mascarillas, reales o simbólicas. Es sistema es cruel, distante, donde los problemas que genera este tipo de vida se asumen como parte del conjunto. Se nos acusa de sobreprotectores cuando tratamos de paliar los efectos; la realidad no va a cambiar, cuanto antes nos acostumbremos a ella, mejor, nos dicen. Es elevar la supervivencia a estado de normalidad. Y muchos no sobreviven.

De poco sirve denunciar problemas si el principal problema es la falta de atención. Son de estas cosas de las que se deben ocupar nuestros responsables en las instituciones, en los parlamentos, ayuntamientos y Consejerías. Este empeoramiento de la salud mental, estén donde estén sus límites y definiciones, es preocupante porque se traduce en muchas formas de violencia, unas penalizadas, otras ignoradas y muchas consentidas.  


* "Las claves para recuperarse de una violación: apoyo, terapia y tiempo" RTVE.es A la Carta La 1 Telediario 2 https://www.rtve.es/play/videos/telediario-2/claves-recuperacion-violacion-mujer/6502182/ 

** "El maltrato infantil detrás de los problemas mentales" RTVE.es A la Carta Telediario 1 25/02/2022 https://www.rtve.es/play/videos/telediario/maltrato-infantil-problemas-mentales-adultos/6508593/ 

* Nieves Mira "Hombre de 42 años y con problemas personales: el perfil de los agentes de la ley que se suicidaron en 2021" ABC  26/04/2022 https://www.abc.es/sociedad/abci-hombre-42-anos-y-problemas-personales-perfil-agentes-ley-suicidaron-2021-202204260322_noticia.html

lunes, 30 de noviembre de 2020

Los suicidios japoneses

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El titular de la CNN es bastante dramático: "In Japan, more people died from suicide last month than from Covid in all of 2020. And women have been impacted most". A veces ofrecer los datos de forma comparativa nos hace comprender de un vistazo una situación como la japonesa en lo que respecta al suicidio.

Hemos tratado aquí la cuestión del suicidio en varias ocasiones. Lo hicimos, por ejemplo, cuando saltó la noticia de los suicidios de ejecutivos en una serie de empresas francesas o cuando las cifras de las muertes anuales de veteranos mediante suicidio en los Estados Unidos eran superiores a las muertes en combate en el ejército.

Pero los suicidios de Japón son otra cosa, una enfermedad social. Ya no son tanto las acciones individuales las que llevan a cometerlo, sino una presión combinada con una percepción social que actúa como un red envolvente. En estos meses de pandemia, las suicidios de celebridades han sacudido también a las audiencias japonesas. La tentación de la muerte está muy repartida y produce sus efectos.



En estos días de encierro y miedos, la resistencia mental de muchos flaquea. Hay tensiones de muchos tipos, desde las económicas por la crisis hasta las que se producen por el aislamiento. La vida de muchas personas se sostiene por los pilares de la rutina, que actúan de forma protectoras. Privados de esos pequeños medios de contención de la depresión, algunas personas empiezan a perder el sentido de lo cotidiano y se enfrentan a momentos que les arrastran a todas horas del día.

El artículo de la CNN nos advierte sobre lo que ocurre en Japón con más intensidad que en otros lugares, pero que creo que no es excluyente:


Experts have warned that the pandemic could lead to a mental health crisis. Mass unemployment, social isolation, and anxiety are taking their toll on people globally.

In Japan, government statistics show suicide claimed more lives in October than Covid-19 has over the entire year to date. The monthly number of Japanese suicides rose to 2,153 in October, according to Japan's National Police Agency. As of Friday, Japan's total Covid-19 toll was 2,087, the health ministry said.

Japan is one of the few major economies to disclose timely suicide data -- the most recent national data for the US, for example, is from 2018. The Japanese data could give other countries insights into the impact of pandemic measures on mental health, and which groups are the most vulnerable.

"We didn't even have a lockdown, and the impact of Covid is very minimal compared to other countries ... but still we see this big increase in the number of suicides," said Michiko Ueda, an associate professor at Waseda University in Tokyo, and an expert on suicides.

"That suggests other countries might see a similar or even bigger increase in the number of suicides in the future."*



Creo que todo ello muestra la fragilidad de lo cotidiano, el precario equilibrio mental en el que vivimos y lo fácil que resulta desestabilizarlo. No se trata aquí de los enormes dolores o padecimientos que nos llevan a problemas como la eutanasia. Hay mucho en Japón de un sentimiento de vergüenza, de incapacidad de mirar a la cara a los demás cuando se acerca la pobreza, el desempleo, el aparente fracaso social.

Eso hace la vida mucho más dura porque no se trata de una situación depresiva, sino agresiva. El suicida se siente mal ante una sociedad que lo etiqueta como "fracasado", la palabra favorita del presidente Trump.

Las sociedades de éxito no perdonan. Crean un nivel de exigencia brutal que lleva a las personas a vivir lo que consideran fracaso como un mal terrible que les arrastra. Hay muertes por soledad, pero es probable que sean muchas más las que se producen por vergüenza, por falta de valor para la exposición ante el mundo.



El problema en Japón, se nos dice, se había logrado controlar, pero la aparición de la pandemia está aumentando de nuevo y de forma intensa entre las mujeres:


While the reasons for Japan's high suicide rate are complex, long working hours, school pressure, social isolation and a cultural stigma around mental health issues have all been cited as contributing factors.

But for the 10 years leading up to 2019, the number of suicides had been decreasing in Japan, falling to about 20,000 last year, according to the health ministry -- the lowest number since the country's health authorities started keeping records in 1978.

The pandemic appears to have reversed that trend, and the rise in suicides has disproportionately affected women. Although they represent a smaller proportion of total suicides than men, the number of women taking their own lives is increasing. In October, suicides among women in Japan increased almost 83% compared to the same month the previous year. For comparison, male suicides rose almost 22% over the same time period.

There are several potential reasons for this. Women make up a larger percentage of part-time workers in the hotel, food service and retail industries -- where layoffs have been deep. Kobayashi said many of her friends have been laid off. "Japan has been ignoring women," she said. "This is a society where the weakest people are cut off first when something bad happens."* 



La pandemia es solo una parte. Podemos disponer de vacunas, pero las vacunas sociales no son fáciles de elaborar. Hay demasiados apóstoles del éxito en nuestras sociedades que han comenzado a malentender el progreso como desafección. Las cosas que se ven y se escuchan en los entornos laborales dejan mucho que desear. Los discursos de la "eficiencia" pueden llegar a ser de una crueldad infinita y, como se nos dice de Japón, se empieza a cortar por los más débiles.

Nos hemos convertido en sociedades que apenas toleran al que no produce ya sea por la edad o por cualquier otra circunstancia que haga que esté al margen del sistema. La japonesa, según se indica, estigmatiza a las personas que no producen por las causas que sean. Si las mujeres, como ha ocurrido en otras ocasiones en muchos países, son las primeras de las que se prescinde, serán las primeras en sentirse al margen. En una sociedad como la nipona se puede pagar con la vida.

Es triste, muy triste que hayamos sido capaces de crear unos entornos tan deshumanizados en nombre del éxito y del rendimiento. Si las sociedades industriales no dan un giro humanizador, esta propensión al suicidio será la alternativa más frecuente a todo lo que se considere fracaso, algo que los suicidas podrán leer en las miradas de rechazo social. Cuanto más se valore el éxito y más avergüence no tenerlo o perderlo, más probabilidades tendrá el suicidio de avanzar.

El que esto esté afectando de una forma más intensa de lo que era habitual a las mujeres es también un indicador social preocupante porque muestra un desvío de la tendencia que redirige a las mujeres hacia el peor sendero masculino.



* Selina Wang, Rebecca Wright y Yoko Wakatsuki "In Japan, more people died from suicide last month than from Covid in all of 2020. And women have been impacted most" CNN 29/11/2020 https://edition.cnn.com/2020/11/28/asia/japan-suicide-women-covid-dst-intl-hnk/index.html


sábado, 6 de septiembre de 2014

Yo también o quién cuida del cuidador

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El artículo más consultado en estos momentos en The New York Times lleva por título "Why Do Doctors Commit Suicide?" y lo firma Pranay Sinha, un médico residente de primer año en el Yale-New Haven Hospital. El título es llamativo e inquietante ya que si hay algo que buscamos en los médicos además de su conocimiento es su estabilidad. La idea de un médico tan perturbado como para quitarse la vida nos intranquiliza: ¿cuánto le importa la vida de sus pacientes si no le importa la suya? ¿Tiene preocupaciones tan intensas que no estará suficientemente centrado en mi caso? En la medida en que el suicidio se ve como una falta de cordura, el hecho de que los médicos se suiciden da que pensar más que si los datos nos los dieran de otras profesiones con las que mantenemos relaciones cotidianas.
Pranay Sinha nos ofrece los datos relativos a la tasa de suicidios en la profesión en los Estados Unidos:

The statistics on physician suicide are frightening: Physicians are more than twice as likely to kill themselves as nonphysicians (and female physicians three times more likely than their male counterparts). Some 400 doctors commit suicide every year. Young physicians at the beginning of their training are particularly vulnerable: In a recent study, 9.4 percent of fourth-year medical students and interns — as first-year residents are called — reported having suicidal thoughts in the previous two weeks.*


Los datos son preocupantes para ambos, profesionales y pacientes. La tesis de Sinha al respecto es el efecto de la conjunción de dos factores: la presión externa que conlleva la formación, con programas de gran intensidad y una gran responsabilidad, por un lado, y por otro el temor a compartir los miedos, las inseguridades naturales ante la tarea que se tiene delante.
La figura del médico se ha convertido en una especie de máscara de fortaleza y seguridad exterior mientras se acumulan miedos, inseguridades, temores y frustraciones en el interior. Por muchos adelantos técnicos y científicos que hayamos hecho, el diagnóstico sigue recayendo en las manos de un médico responsable a los ojos de los demás y de la ley. Los errores de diagnóstico siguen y seguirán existiendo, al margen de los que se puedan producir por negligencias. La medicina no es una ciencia exacta y los médicos no aplican algoritmos. Pero cuando vamos a un médico nos gustaría que fuese así, que su diagnóstico fuera cien por cien acertado, que sus prescripciones fueran absolutamente atinadas, infalibles. Ya no se trata solo de confianza, sino en muchos casos de fe en la profesión como tal y en las manos de quien nos ponemos en particular.


Como en casi todo lo que no es exacto, la experiencia es capital. La formación es muy dura para poder garantizar que los que la superen tendrán unas condiciones suficientes como para resolver los casos que les lleguen. Y durante este tiempo esa presión es brutal. Sinha señala que toda la tensión que se acumula —el miedo a fallar, las horas y horas de aprendizaje...— se reprimen causando un profundo desgaste. Eso explicaría esas cifras mayores de suicidios en los médicos jóvenes. Los periodos de formación actuarían como filtros no solo en el sentido profesional sino emocional. Algunos lo dejarán y otros no lo resistirán. Los que pasan por este filtro de tensión podrán desarrollar su profesión, lo que no significa que hayan superado esas tensiones, sino que son capaces de controlarlas. Los que no lo hacen son los reflejados en ese doble de la tasa de suicidios entre médicos.
Pranay Sinha escribe:

This drastic increase in responsibility can and does overwhelm most interns. Despite the support of my supervisors, my first two months were marked by severe fatigue, numerous clinical errors (that were promptly caught by my supervisors), a constant and haunting fear of hurting my patients and an inescapable sense of inadequacy. I kept up a charade of composure and humor to blend in with my talented colleagues, believing that I was struggling alone. Inside, however, I felt as if I would be found out all too soon.
It was over a dinner of Thai food that I finally opened up. One of my most accomplished colleagues in residency had complimented me on my clinical knowledge a couple of times during the meal. Sick of feeling like a charlatan, I told him about the trouble I was having with collecting clinical data and presenting it in an organized way on rounds. I confessed that I did not think I belonged in the program. He listened thoughtfully, and then uttered the three most beautiful words I had ever heard: “Dude, me too!”*

Que las "tres palabras más hermosas" que haya escuchado sean "¡tío, yo también!" nos da cuenta tanto del aislamiento como de la liberación que le supuso encontrarse con otro "mutante", por decirlo así, como él. La tensión, los miedos, etc., que acumulaba no eran solo suyos sino que los encontraba con sus compañeros.


Los datos que baraja Sinha son similares a los ofrecidos por la American Foundation for Suicide Prevention, que tiene un apartado dedicado a los profesionales y estudiantes de Medicina:

Male physicians have a 70% higher suicide rate than males in other professions; female physicians die by suicide at a 400% higher rate than females in other professions.
This educational tool addresses depression and suicide among physicians. Physicians frequently fail to recognize their own depression and that or their colleagues.
Even when they do recognize that they are depressed, many physicians avoid treatment. One tragic result is suicide.**


Llama la atención las diferencias respecto a otras profesiones, pero son también muy llamativas las diferencias entre hombres y mujeres. No se dan explicaciones —al menos, aquí— sobre estas diferencias tan acusadas, pero deberían buscarse. El caso se lo han tomado en serio y nos dan cuenta de dos cortometrajes destinados a la prevención de médicos y de estudiantes de medicina que caen en depresiones que les pueden llevar a suicidarse:

Struggling in Silence: Physician Depression and Suicide is a 17-minute film featuring interviews with doctors who speak candidly about their battles with depression, and medical experts who discuss the factors that frequently prevent physicians from seeking help. Also featured are families that have been touched by a physician’s suicide.
Out of the Silence: Medical Student Depression and Suicide is a 15-minute film sharing the true story of a medical student’s journey through the symptoms, diagnosis, and treatment of a mood disorder. Also addressed is the school’s effort to combat suicide among the nation’s next generation of physicians.**


Todas las profesiones tienen sus responsabilidades: que no se caigan los puentes que construyes, que el avión y el tren lleguen a su destino, que la comida no envenené a nadie, no enseñar mal algo. Pero es cierto que probablemente la Medicina sea allí donde se experimenta en mayor grado, mirando cara a cara a las consecuencias de nuestros errores. Aunque se haya actuado con la mejor intención y el máximo de conocimientos, no hay una garantía total de acertar o de que se responda a los tratamientos tal como se supone que lo harán. Al margen de las negligencias y errores humanos, siempre hay un margen para que las cosas no funcionen como se espera. Y eso lo sabe el médico que tiene un mínimo de sentido de la responsabilidad. Pero la liberación de esos miedos se entiende como una debilidad y no es fácil dar el paso liberador que Pranay Sinha nos cuenta que dio en aquella comida con su colega.
El artículo termina llegando a la siguiente conclusión:

We need to be able to voice these doubts and fears. We need to be able to talk about the sadness of that first death certificate we signed, the mortification at the first incorrect prescription we ordered, the embarrassment of not knowing an answer on rounds that a medical student knew. A medical culture that encourages us to share these vulnerabilities could help us realize that we are not alone and find comfort and increased connection with our peers. It could also make it easier for residents who are at risk to ask for help. And I believe it would make us all better doctors.*

Frente a los que ven inocentemente a los médicos como "señores de la vida y la muerte" y a la medicina como una ciencia exacta, Sinha cree que la forma más sensata es reconocerla en "humana" y ofrecer al médico la posibilidad de dejar de reprimir lo que siente: el miedo ante sus errores, el dolor ante sus pérdidas humanas. La medicina es imperfecta, la formación es dura, los médicos son vulnerables.
Encerrarla en un mundo burocrático, de protocolos y automatismos, de brutal competitividad, añadiendo condiciones económicas restrictivas, etc. no es humanizarla, sino, por el contrario, convertir al médico es una especie de interfaz de un sistema deshumanizado y, en parte, una de sus víctimas, pues en ellos converge toda la presión. Todo ello, además, actúa como un filtro selectivo, creando un perfil profesional y humano. Si repasamos las imágenes promocionales de hospitales y clínicas todas insisten en las sonrisas radiantes, impecables de su personal. La irrealidad de la imagen se impone como una máscara de confianza, tranquilidad y hasta de felicidad garantizada según los campos. Todo eso es igualmente presión para el que se las ve con pacientes, enfermedades y su propia agitación interior. Como ocurre en otras profesiones, se ve atrapada en la promesa que su diseñada imagen proclama.


Hay muchas cosas que criticar en los sistemas sanitarios o incluso en las prácticas de muchos médicos. Pero también hay muchos que como estos que están muriendo en África, lejos de la seguridad, que compartirán sus miedos cuando llegue la noche o durante sus comidas porque será el único consuelo que tendrán ante los riesgos que asumen,  la precariedad de los medios de que disponen y las tasas de mortandad que se manejan. Es allí y en muchos otros lugares del mundo, en donde se trabaja en condiciones precarias, en donde los médicos no necesitan mostrar esa invulnerabilidad de la que habla Sinha y ese "yo también" liberador fluirá con más frecuencia en palabras, en miradas, en gestos. Por eso muchos médicos se reencuentran con su vocación en los lugares más alejados, en las situaciones más dramáticas. Allí no hay tiempo para sonrisas de plástico. Solo la satisfacción de salvar lo que se puede cada día, incluida la propia vida, pequeñas victorias en intensos campos de batalla en los que no hay miedo de mostrarse humanos porque saben que están en el límite Lugares en los que el "yo también" reconfortante sale con menor resistencia.



* Pranay Sinha "Why Do Doctors Commit Suicide?" The New York Times 4/09/2014 http://www.nytimes.com/2014/09/05/opinion/why-do-doctors-commit-suicide.html?

** "Physician and Medical Student Depression and Suicide" https://www.afsp.org/preventing-suicide/our-education-and-prevention-programs/programs-for-professionals/physician-and-medical-student-depression-and-suicide







jueves, 7 de agosto de 2014

Los problemas que sí se repiten o la otra complejidad de las ciencias

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ayer leía un artículo de Véronique Kiermer, directora del departamento de autores del Nature Publishing Group en el actual número de la revista Investigación y Ciencia (455, agosto 2014), titulado "La reproducibilidad en biología" en el que se planteaba el problema que supone para la Ciencia —y para las publicaciones científicas— en hecho de que vaya en aumento el problema de la reproducibilidad de los resultados expuestos. Este hecho no admite más que dos posibilidades: el fraude y la reserva de información. Kiermer, en cambio, apunta otro, la propia complejidad de la ciencia, en especial de la Biología.
Kiermer dice añorar los tiempos "sencillos":

El mundo parecía más sencillo en los años setenta, cuando la biología molecular nos brindó conceptos como «el gen A codifica a la proteína B, que desempeña la función C». A partir de este esquema, los científicos elucidaron mecanismos asombrosos y, en ocasiones diseñaron medicamentos eficaces (como el anticanceroso Gilvec, ejemplo modelo de este enfoque reduccionista). ¿No sería maravilloso que la investigación farmacológica siguiera así siempre?*


Cualquier tiempo pasado fue más sencillo en cuestiones de conocimiento, pues de eso se trata. Lo que hoy nos parece sencillo del pasado nos lo parece porque los hemos superado con nuevos conocimientos. Para los que llegaron a esas "sencillas" conclusiones, la tarea fue tan grande como para los que se enfrentan hoy a lo desconocido. El canto a lo complejo de Véronique Kiermer viene más desde los problemas del funcionamiento interno de la Ciencia y, en especial, de los problemas que se les plantean a los editores, dado el papel central que han alcanzado dentro de la vida del sistema científico, ya que son los que controlan la circulación y, por tanto, la visibilidad de las investigaciones. La visibilidad a su vez controla el prestigio y el prestigio la financiación y los ingresos. Solo se evalúa lo publicado y específicamente lo publicado en unos medios que luchan por mantener el prestigio del que se benefician quienes publican en ellos, invirtiéndose en muchos campos el sentido de la relevancia: no es tan relevante lo que dices sino dónde lo dices. De hecho, los sistemas de evaluación priorizan la publicación como indicador de la relevancia de lo publicado, que arrastra los demás indicadores, ya que esas revistas son las que tienen mayor "impacto", aumentando su valor de mercado y su papel determinante en el destino de los investigadores. Un círculo bien establecido del que se beneficia quien controla el sistema de publicaciones que acaba controlando el conjunto. La intensidad de esto varía según los campos académicos, pero se cumple en general. Evidentemente, la cuestión de la reproducibilidad es esencial en las ciencias experimentales mientras que en otros campos académicos las cuestiones son otras y muy diversas, con su propia complejidad evaluadora. Pero el problema de fondo se mantiene precisamente por la estandarización del sistema.

El sentido del artículo de Kiermer no es una cuestión de Filosofía de la Ciencia. En aquellos campos en que es posible, la repetición de los experimentos para comprobar los resultados publicados es esencial. ¿Qué otra forma hay de verificar que es cierto lo dicho? La tesis general de Véronique Kiermer es que eso ocurría antes, pero que la "complejidad" de las investigaciones actuales hace que esto nos siempre sea así. Al principio le echa la culpa a la naturaleza misma: "Los biólogos experimentales se enfrentan a la complejidad cada día. Ratones criados con un ADN idéntico se comportan de forma diferente. Dos células cultivadas en una misma placa de Petri no pueden considerarse idénticas." Pero una cosa son las diferencias y otras las regularidades, que son las que determinan los patrones sobre los que la Ciencia trabaja. El argumento no nos parece demasiado consistente. En todos los procesos hay variaciones y no creo que sean una novedad para nadie. Sin embargo, aquí estamos hablando de la "irreproducibilidad" de unos resultados, no en las ligeras variaciones que sería lógico que se produjeran porque, efectivamente, existen diferencias.
Sin embargo, después de hablar de lo distinto y sus problemas, Kiermer señala:

En esos sistemas complejos, es fácil dejar escapar la presencia de un efecto sistemático y de interés biológico. Por ello, los biólogos deben llevar a cabo amplios estudios que garanticen los la significación estadística de las observaciones y realizar análisis autocríticos para evitar sesgos involuntarios. Además, deben ser extremadamente cautelosos para no caer en la trampa de su propio entusiasmo.*

Es difícil encontrar mayor cantidad de eufemismos en un mismo párrafo. De la complejidad de la Naturaleza a las complicaciones de los sistemas de investigación en los que los experimentos son insuficientes para dar validez a las observaciones, "dejar escapar" cosas relevantes, "evitar sesgos involuntarios" y, finalmente, (¡quién lo hubiera dicho!) "no caer en la trampa de su propio entusiasmo". Prescindiendo de la retórica eufemística expresada, se presenta un panorama bastante diferente al de que a dos células les dé por ser diferentes en la misma placa de Petri o que los ratones salga independientes pasando del ADN.
Tras lo señalado por Kiermer, las medidas propuestas para evitarlo son más claras:

A este respecto, necesitan el apoyo de las instituciones científicas y las revistas que publican sus hallazgos. Algunas revistas (como Nature) han introducido listas de control con objeto de asegurarse de que los científicos consideran e indican la información clave de sus experimentos. Los centros de investigación deberían ofrecer más formación y supervisión a los jóvenes científicos. Es importante que los responsables de estos centros y sus financiadores controlen sus sistemas de incentivación para reducir el exceso de presión ejercido sobre los investigadores y promover las buenas prácticas.*

Habría que decirle a Véronique Kiermer lo mismo con lo que ella comenzaba, que se añoran los tiempos en que todo era más sencillo. El párrafo anterior es un descripción indirecta del monstruo que se ha creado para gestionar y organizar el mundo de la Ciencia. Lo que los "jóvenes científicos" aprender es que para dejar de ser tratados así deben obtener resultado relevantes publicados por revistas prestigiosas, que como es el caso de Kiermer (editora de Nature) se ven bombardeados por artículos que son el resultado de una presión, a vida o muerte, por parte de sus instituciones, universidades y centros de investigación. Las "listas de control" de las que habla Kiermer son formas defensivas para asegurarse que no se les "cuela" nada que pueda arruinar su "prestigio" objetivo último que determina su valor de mercado y de todos los que publiquen en ella, que se verán resentidos por la pérdida de nombre de quien les acoge entre sus páginas. Esta forma de organizar el sistema científico tiene estos riesgos. Pedir después que los centros y financiadores "controlen sus sistemas de incentivación" es casi un chiste.
He traído hoy este tema por los titulares que nos saltan hoy desde la prensa, no de Nature, sino de la habitual. Nos traen la noticia del suicidio del científico japonés Yoshiki Sasai, cuyo estudio sobre las células madre —publicado precisamente en Nature— dio lugar a un gran escándalo por eso que Véronique Kiermer llamaría "irrepetibilidad". A nadie le salían los mismos resultados que a Sasai. El diario El Mundo lo recoge así:

Sasai, vicedirector del prestigioso Centro de Biología del Desarrollo (CBD) del instituto de investigación Riken, fue coautor del polémico estudio junto a Masatoshi Takeichi, director del centro, y varios investigadores más liderados por Haruko Obokata, empleada del centro a la que se acusó de falsear materiales.

El artículo, publicado en la revista Nature el pasado enero, describía un método revolucionario para producir células adultas pluripotentes (capaces de convertirse en cualquier tipo de tejido y consideradas el futuro de la medicina regenerativa), que consistía en someter células adultas a varios tipos de estrés.
Sin embargo, después de que muchos miembros de la comunidad científica denunciaran la imposibilidad de replicar los resultados y el uso irregular de imágenes en los estudios, un comité de Riken, que se vio envuelto en una gran polémica, determinó que la doctora Obokata falsificó y manipuló varias de esas imágenes.**


Creo que no se deben dejar de leer los dos textos en paralelo. La editora de Nature responsabiliza a "la complejidad" por un lado y a las presiones y faltas de control, a los "sesgos involuntarios" y al "exceso de entusiasmo". Y pide a los centros de investigación que moderen la presión pero que no bajen la guardia porque finalmente —eso no lo dice ella— quienes se verán perjudicados serán las publicaciones que los difunden.
Para que el sistema funcione, todas las piezas deben encajar. Sin embargo, el sistema se ha diseñado para convertir la Ciencia en un sistema de méritos que sirvan para recaudar fondos en función de las repercusiones. Las universidades presionan a sus investigadores para que recauden fondos a través de sus proyectos. El dinero se concentra en grupos que luchan por mantener su estatus de prestigio e ingresos. Se establecen líneas divisorias profundas entre unos y otros, lo que hace que se acaben cayendo en tentaciones que van más allá de ratones díscolos.

El suicido de Sasai es una muestra de la tensión, como lo fueron las lágrimas públicas de su compañera cuando notificaron la retirada. Algunos argumentarán que Sasai se ha suicidado más por japonés que por científico, pero eso es ignorar el fondo de la cuestión. Lo que más valía, en el plano personal y científico, su prestigio estaba arruinado. No sabemos si fue un fraude deliberado, un "sesgo involuntario" o un exceso de entusiasmo. La nota que ha dejado lo explicará; solo sabemos que había manifestado sentirse "profundamente avergonzado". Se había planteado la remodelación del Centro de Biología del Desarrollo en Kobe e incluso su desaparición. Eso tuvo también que afectarle.
Pueden darse muchas vueltas a todos estos asuntos, pero lo cierto es que el sistema no funciona como debiera y eso lo saben todos los que están el él. A los que les va bien, lo defienden. Y como les va bien, son las voces relevantes. Ser crítico puede hacer que quedes fuera y eso, según los campos, puede ser el ostracismo y el silencio.
En el mismo número de la revista tenemos una interesante entrevista con Álvaro de Rújula, físico español del CERN, experto en neutrinos y con trabajos en Astrofísica. El titular de la entrevista es "Hemos caído en la tentación de vender descubrimientos", que surge de la parte final de la entrevista. La Física no es una máquina de producir descubrimientos. Es una máquina de producir conocimiento"***, dice. La diferencia es esencial y marca el funcionamiento del conjunto del sistema científico, no solo la Física.

¿A qué atribuye esa inclinación a prometer descubrimientos?
—Tiene que ver con la cultura general de la sociedad. Ya nos se lucha por ideas básicas, sino solo por objetivos económicos. Se ha rebajado catastróficamente el nivel intelectual y ético de aquello que mueve la sociedad. Y esa rebaja general de los valores humanos quizá salven la artes, pero no tanto la ciencia.***

No le falta razón. Puede que la irreproducibilidad de ciertos resultados en Biología sea un problema, como señala Véronique Kiermer, pero existen problemas mayores que sí se reproducen. Y cada vez más.


* Véronique Kiermer "La reproducibilidad en biología". Investigación y Ciencia nº 445 agosto 2014 p. 40.
** "Se suicida el coautor de un polémico estudio sobre células madre" El Mundo 5/08/2014 http://www.elmundo.es/salud/2014/08/05/53e086a2ca4741c17a8b456d.html
*** Álvaro de Rújula (entrevista) "Hemos caído en la tentación de vender descubrimientos" Entrevista. Investigación y Ciencia nº 445 agosto 2014 pp. 50-56.





sábado, 20 de abril de 2013

Los nuevos libertinos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace algún tiempo tuvimos ocasión de dedicar una entrada del blog a los suicidios de la empresa France Télécom. Hay empresas que además de los datos económicos habituales acumulan muertes por suicidios. Quizá deberían empezar a contabilizarse en los balances anuales y en los informes a sus juntas de accionistas; quizás establecer unos objetivos de suicidio entre sus empleados y pedir responsabilidades a sus ejecutivos si se sobrepasan o no se llegan a cumplir. Otros, con mentes mejor amuebladas para la Economía, podrán decir que quizá los suicidios son indicadores aceptables de que la empresas están en el buen camino, que confirman que se toman las medidas adecuadas para la eficiencia del sistema, que no se puede trabajar bien sin angustia. Un día como ese llegará y los gráficos de suicidios se exhibirán sin pudor, sin negar su causa, en los despachos y juntas.
Hoy le toca —de nuevo en Francia— a La Poste, la empresa de correos. El diario El Mundo recuerda el caso de France Télécom y lo compara con esta nueva oleada de suicidios:

La fama se la ganó a pulso la operadora. Entre 2007 y 2010 su proceso de reestructuración sepultó a medio centenar de sus asalariados. Fue tras la privatización de la compañía. Había que recortar gasto y efectivos sin mermar el beneficio y en esta ecuación la dirección del grupo no valoró los riesgos para la plantilla.
La Poste vive hoy un proceso similar, también con rastro de sangre. En los últimos meses la crisis ha ido in crescendo. Se contabilizan 70 casos, según los sindicatos.
Dos trabajadores se han quitado la vida en pocos días y otros dos lo han intentado.*


El diario recoge la frase dejada por el último de los suicidas en su nota de despedida:  "El interés general y el respeto humano han dejado su lugar a la competencia malsana". Sin retórica alguna, la desnudez de la frase deja en evidencia la deshumanización de un sistema que, por el contrario, ha desarrollado los discursos justificadores de ese tránsito, de esa involución moral, destruyendo cualquier valor hasta convertir precisamente la ausencia en un único valor aceptable y asumible: el beneficio egoísta. El ciclo que comenzó con las teorías de los libertinos y la naturalización del mundo concluye en el minimalismo ético de la ganancia: lo inmoral es no querer ser un depredador. A la pregunta clásica sobre por qué se unen los seres humanos, la respuesta es el parasitismo, para beneficiarse unos de otros. Ya no ha lugar a filosofías, a circunloquios.
El diario El País entrevista en Washington al mexicano José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE:

Pregunta. Gigantes como Apple, Google o Microsoft pagan impuestos mínimos fuera de EE UU. La OCDE ha detectado que muchas multinacionales pagan el 5% en impuestos de sociedades cuando las pymes abonan el 30%. ¿Cómo es posible?
Respuesta. Esa es la paradoja, y fíjese que en la situación política: en un momento en que los Gobiernos necesitan más dinero porque hay problemas de ingresos y gastos públicos. Así que los Gobiernos suben los impuestos, ¿a quién? A las pymes y a las familias, porque a los otros no hay manera. Obviamente, no funciona.**


No sé si el término correcto es "paradoja" o si, por el contrario, existe una lógica profunda acorde con el sistema. Las empresas se hace poderosas no para ser justas, sino para no tener que participar de la debilidad de la justicia. Porque la justicia, la ética, la moral, ya lo advirtieron los libertinos y sentenció Friedrich Nietzsche, no son más que formas de la debilidad, frenos que se pretende aplicar a los poderosos para protegerse de su avance. El verdadero síntoma del poder es no sentirse culpable. El poderoso lo es porque no siente remordimientos porque sus empleados se suiciden uno tras otro, porque consigue él mismo liberarse de la angustia que les lleva a quitarse la vida. Ese es el verdaderamente poderoso, el que consigue alejar de sí angustia y culpabilidad. Es la definición del sociópata. Hasta Raskólnikov lo entendió.


Así empieza a ser nuestra "economía", que no es una "abstracción" o una "realidad paralela", sino la descripción de nuestras relaciones sociales, de nuestro comportamiento y organización. Ha dejado de ser "social" para ser "sociopática". La expresión de Gurría ante la pregunta —"a los otros no hay manera"— revela que el síntoma del poder es ese estar al margen, esa marginalidad que no es la del paria, sino la del privilegiado absoluto, la del que se rige por su propia ley, una ley que le hacen a medida y que él inspira y dicta.
El carácter sociopático de esta forma de economía lo podemos apreciar en las declaraciones, aparecidas en un libro, en Francia, del presidente de La Poste:

...Jean Paul Bailly, para quien no hay ninguna crisis en su empresa. Dice que la tasa de suicidios en el grupo "es inferior a la del resto de la población" y señala que las muertes acumuladas hasta la fecha son fruto de una mala mezcla: "Fracaso profesional y fragilidades personal".*


Él, en cambio, es una buena mezcla entre indiferencia y cinismo, entre hipocresía y pragmatismo, la mezcla perfecta como para que no le aparten de sus fines de eficiencia y rentabilidad detalles sin importancia como esas muertes de seres débiles, personas que no son capaces de valorar lo que se ha invertido en ellos en formación y deciden acabar con su vidas. Tiempo y dinero perdidos.

Mientras se elijan para los puestos directivos a personas como Jean Paul Bailly o a los que están al frente de esas empresas multinacionales con las que, como dice Gurría, "no hay forma", el mundo irá a peor sin remedio. Y lo hará porque el que "vaya mejor" se definirá sobre esos criterios de "eficacia" y "competencia" que ellos mismos establecen. Continuará el sacrificio de muchos para que unos pocos —muy pocos— vivan escandalosamente mejor sin que nadie les toque, consultando sus apretadas agendas en las que anotan las visitas de los que les piden por favor que vayan a sus países o ayuntamientos, desmantelando leyes y derechos para que ellos accedan a "emprender" allí sus negocios, mientras algunos de los futuros suicidas derraman lágrimas de agradecimiento porque ellos, los más poderosos, les han concedido la gracia de asentarse en sus pueblos.
El desprecio profundo con el que Jean Paul Bailly ha hablado de los suicidas de su empresa, como profesionales fracasados y personalidades débiles, es elocuente y nos confirma porqué está donde está, el presidente perfecto. Él representa lo contrario: éxito y fortaleza. Hay virtudes que son una carga pesada para ascender. Son los nuevos libertinos, ligeros y eficaces.

* "Suicidios en La Poste, tras la senda de France Télécom". El Mundo 20/04/2013  http://www.elmundo.es/elmundo/2013/04/19/economia/1366363024.html
** “Es difícil combatir las prácticas fiscales de las multinacionales”. El País 20/04/2013 http://economia.elpais.com/economia/2013/04/19/actualidad/1366401321_037298.html