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jueves, 24 de marzo de 2022

Ni Putin lo hubiera hecho mejor

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La situación actual española nos deja unas cuantas imágenes curiosas, algunas sorprendentes. Lo que rodea a nuestra bulliciosa imagen es la guerra de Ucrania, la sangrienta invasión rusa de un país vecino al que se está arrasando y del que cuando se retiren solo quedarán ruinas y el orgullo de los ucranianos para levantarlo. Eso, claro está, si Rusia se retira o hace lo que ha hecho durante siglos: invadir, arrasar y repoblar. Esos prorrusos asentados en Ucrania y en los países vecinos son los restos que Rusia trae cuando hace desaparecer las poblaciones, a las que mandaba antes al corazón de Siberia.

Pero lo que estamos viendo aquí, en esta situación extremadamente trágica, es algo muy diferente. No hemos tenido que esperar a la guerra porque ya la teníamos "preinstalada", lista para activar. Tengo dudas si lo que vemos es a causa de la maldad o de la estupidez; pero de lo que no tengo dudas es de lo insólito del panorama que contemplamos.

La inoperancia gubernamental ante la subida de los costes de la energía es obvia. Las promesas fallidas hacen que la gente recele de las siguientes. La energía no ha bajado, como se prometió, simplemente. Es difícil hacer que algo baje cuando algunos, los que sean se enriquecen o se benefician de forma política con ello. Lo que no entendíamos entonces —¿por qué es incontrolable?— lo entendemos un poco mejor ahora. La diferencia es que este lío está arrastrando al desastre a lo que queda sano en España gracias al control de un sector estratégico, como es el transporte, donde han quedado arrinconados patronal y sindicatos, a manos de una pequeña plataforma de transportistas empeñados en conseguir... ¿qué? No siempre se consigue lo que se quiere y muchas veces lo que se consigue no era lo esperado.

¿Cómo es posible que esté media España paralizada, desabastecida de muchas cosas, con fábricas parando la producción, granjas tirando leche, las cosechas pudriéndose porque no hay quien vaya a recogerlas, etc. en mitad de una guerra en la que se están utilizando este tipo de presiones energéticas como contraataque?

¿Qué inoperancia es la de este gobierno, incapaz de atender un problema con el que llevamos meses —¡meses!— y que introduce otros nuevos, como el del Sahara y el colateral con Argelia, de quien más dependemos para el suministro de gas? ¿Cómo es posible?

Podemos elegir maldad o estupidez, pero no nos queda mucho más donde elegir en el despropósito de unos y otros, mientras Europa trata de no verse arrastrada por las presiones energéticas de Putin. En vez de pensar cómo solucionar problemas, nos dedicamos unos a dar paseos por Europa y otros a dar paseos tocando el claxon por las calles y carreteras españolas. Son cientos de millones en pérdidas, creación de pánicos en la gente que ya no sabe qué comprar por temor a quedarse desabastecida.

Ha habido muchos paros del transporte en otras ocasiones en las últimas décadas. Ninguno más destructivo e inoportuno que este, ninguno más estúpido ante una situación dramática que no debe servir de excusa para la inoperancia gubernamental, especialmente después de lo ocurrido con el Sahara y las consecuencias imprevisibles.

Cuantos más problemas particulares acumulemos, más débiles seremos, más fácil será hacernos daño y esto hará a los enemigos a los que Europa se enfrenta más fuertes.

Lo que ocurre ahora es el resultado de una falta de sentido del gobierno desde hace mucho tiempo. No se puede escuchar a un ministro decir hace unos días que van a "estudiar la problemática del sector", refiriéndose al transporte. No se puede crear un caos destructivo desde un grupo minoritario al que se le van sumando desde otros sectores creando la tormenta perfecta, el caos imprevisible y seguir dando largas con las fechas europeas.


Los problemas de la energía son el campo creado por Putin para evitar ser presionado y tener un arma eficaz contra la Europa consumidora de todo tipo de energías suministradas para crear dependencia energética. El problema lleva mucho tiempo sobre la mesa y demasiado en la papelera pudriéndose. Da igual que sea por culpa de Putin, de Europa o de quien sea. Lo importante es que lo que se tenía que hacer no se ha hecho, mientras que se dedicaban a polémicas absurdas y electoralistas cada uno de los ministerios. Los grandes problemas eran demasiado grandes para su atención.


Pero lo que ocurre con los transportistas es de una enorme irresponsabilidad en estos momentos, por muy mal que se esté pasando. Puede que ya nadie se fie de las largas continuas dadas por el gobierno, que haya que llegar a extremos, pero esto es una enorme destrucción que se va a volver contra los propios transportistas al estar saboteando a los propias empresas que son sus clientes.

No es comprensible que se haya llegado a este extremo de violencia, con piquetes, pedradas y hasta algún disparo, consiguiendo bloquear a los que quieren trabajar y poniendo en duda al resto de las fuerzas sociales que negocian. Esto se parece más a un secuestro que a una negociación. Es la consecuencia de la palabrería, de las promesas incumplidas y, especialmente, de no querer tomar decisiones que dañen la propia imagen en esa competición absurda entre "socios" de gobierno. Lo del Sáhara ha sido el broche definitivo de un intento de marcar goles ante los votantes frente a las continuas puñaladas por la espalda.


Los daños que están causando a terceros exceden lo razonable y agudizan la crisis extendiendo la inflación. Lo que se está perdiendo es irrecuperable. Es una muestra de debilidad absoluta lo que estamos ofreciendo al exterior, una muestra de inoperancia.

Algunos piden que se les financie como a Alemania, pero ¿somos Alemania? Otros como a Francia y podemos repetir la pregunta. ¿Nos comportamos con ellos?

Volvamos al principio: maldad o estupidez. Elija. No se trata de dar la razón a nadie o de quitársela. Se trata de fines y medios, de límites. Se trata de entender, por un lado, que gobernar es resolver problemas, evitar que se pudran y no poner excusas, ni buscar salir en la foto a toda costa esquivando los conflictos. Gobernar es resolver problemas y no hacer turismo político. De la misma forma, no se puede hacer daño a los demás hasta los niveles a los que se está llegando, nunca vistos anteriormente.

Mientras en Ucrania se quedan sin alimentos, aislados, aquí tiramos la leche y dejamos de recoger cosechas o no tenemos con qué alimentar a cerdos y demás ganado. No es demagogia; son los hechos.

¿Esta es la demostración de cómo nos vamos a enfrentar a las consecuencias de las sanciones contra Rusia para llevarle a ceder y así al final de la guerra?

Ni Putin lo hubiera hecho mejor.




sábado, 19 de marzo de 2022

Por si acaso o miedos en cadena

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


No suele ser aconsejable jugar con el miedo, con los temores al futuro de las personas. Jugamos con el miedo a través de titulares excitantes y pretendemos que la gente los lea con un cierto aire británico, sosteniendo su taza de té sin que apenas se derrame una gota.

El diario El País titula "Los consumidores vacían las estanterías de leche y aceite por el miedo al desabastecimiento" es un titular al que hay que sumar los causados por otros miedos en cadena. Las escenas de los piquetes de transportistas, las imágenes de los estantes vacíos, las de ayer derramando leche porque no les cabe y los depósitos, las de los cerdos sin pienso que llevarse a los morros, las de vacas intentando encontrar una brizna de hierba a falta del pienso que no llega... Todo se junta en un efecto realimentador del miedo.


Hablo mucho con mi quiosquera del centro comercial. No damos unas instructiva charlas cada vez que voy a preguntar por si ha salido alguna de las publicaciones que colecciono. Su amplio quiosco es un observatorio privilegiado porque queda frente a las cajas del hipermercado. Por delante de ella pasan los carritos y bolsas, las cestas de la compra.

—¡Hemos vuelto a lo del papel higiénico del principio de la pandemia!—me dice.

—Veo dentro muchas parejas mayores haciendo la compra con carros—le digo. La empresa ha desarrollado un programa de descuentos especiales a las personas de más de 65 años. No es mucho, pero algo hace en las maltrechas economías.

—Sí, parece que fuera a acabarse el mundo.

Hablamos finalmente de la obsesión desatada por el aceite de girasol.

Miramos hacia las cajas y vemos salir sobre todo a gente mayor. Uno empuja el carro mientras el otro mira con detenimiento la cuenta que les han entregado.

Los mensajes que se reciben cada día van en sentido contradictorio. Muchos medidos de comunicación juegan con los miedos; otros tratan de calmarlos. Mientras el presidente de una gran cadena de supermercados sale a las tres de la tarde diciendo que no hay ningún problema de abastecimiento, los medios se empeñan en enfocar estantes vacíos de leche. A las nueva, los informativos se centran en las granjas a las que no llegan los piensos y por las que nadie pasa a recoger la leche. Esta vez la voz se les da a los agricultores, que se quejan de los bajos precios que les pagan y de los altos costes que asumen para mantener sus negocios. Todo les ha subido en espiral creciente y dicen estar vendiendo por debajo de los costes.

Pero ¿cómo mantener la calma con titulares como los del diario ABC, "Estas son las pastillas de yodo recomendadas ante un ataque nuclear"? Sus titulares de portada hoy son para el campo y su guerra contra Sánchez. Todo debe ser descrito en términos de "guerras", es lo que la actualidad manda y se recomienda por las teorías comunicativas para mantener la inquietud y captar la atención de los lectores. Con una guerra real en pantalla, todas las demás guerras metafóricas se viven con más intensidad. Ya estaba bastante caldeado el ambiente político, casi prebélico, para que pasara por el filtro de la guerra de fondo. Repasen cuántos titulares hablan de "guerra" o similares, aunque no venga a cuento. Del "Guerra en Reino Unido por el foie grass" (Antena 3) al "Golpe a los dulces industriales por la guerra de Ucrania" (El País), todo se contagia de la jerga belicista, golpista, un puro sobresalto. ¿Debemos hacer también acopio de chuches antes de que se agoten?


La noticia más leída de la web de Antena 3 a estas horas lleva por titular "La Policía recupera en una calle de Madrid el maletín radioactivo robado el martes en Humanes", más peligro nuclear para tiempos de guerra. La noticia comienza así:

Fin a tres días de angustia, temor e incertidumbre. Agentes de la Policía Nacional han recuperado este jueves en la calle de Francisco Ruiz del distrito madrileño de Usera el maletín radioactivo cuya sustracción en Humanes (Madrid) fue denunciada el martes por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN).

Se acaba el misterio sobre el paradero del famoso maletín, que de haber sido abierto o manipulado podría haber causado un desastre de proporciones incalculables.*

Tras contarnos el proceso de cómo fue cercado el perímetro y desalojado un edificio próximo por las autoridades, el final del artículo señala:

Se trata de un equipo de medición de densidad y humedad de suelos que contiene fuentes radiactivas de categoría cuatro que es improbable que sean peligrosas para las personas siempre que no se abra o se destruya el maletín.

Según comunicó el CSN el pasado martes, el robo del equipo se produjo tras la manipulación de la cerradura del portón lateral de la furgoneta en la que se transportaba.

Hace cinco años, en Barcelona, ocurrió un hecho similar. Un maletín con material radioactivo del mismo tipo que el encontrado hoy en Madrid, fue sustraído y apareció, días después y en buen estado, en Santa Coloma de Gramanet.*



¿En qué quedamos? ¿En el "desastre de proporciones incalculables" de la primera parte o en el "es improbable que sean peligrosas para las personas siempre que no se abra o se destruya el maletín" de la segunda? Da igual, se comienza con un sobresalto y se cierra con un suspiro de alivio.

Y así estamos cada día. Con una guerra real, con imágenes terribles, con situaciones trágicas, a las que añadimos todo este fondo de conflictos con origen en el transporte y las carencias que provoca, entre asociaciones "minoritarias" (esto se ha repetido desde el inicio) a las que miembros del gobierno califican de "ultraderecha", infiltradas por activistas y "que le hacen el juego a Putin", según otros, como se dice ya abiertamente.

Y así nos toca vivir cada día, entre maletines radioactivos perdidos, la falta de leche aceite y pronto de las pastillas para la radicación nuclear, por si acaso. Son estas tres palabras las que lo explican todo, "por si acaso". En ellas se unen acción y temor, los dos componentes de esta guerra psicológica, económica, política, mediática que vivimos cada día en nuestra condición de españoles. "Por si acaso" lo resume todo: me llevo más aceite, acabo con la leche, me tomo una pastilla antinuclear y construyo un bunker. Todo por si acaso.


"Por ello" (lo contrario del "por si acaso") suben nuestros temores y con ellos la inflación y la escasez, que son los "mejores amigos". ¿Hay forma de parar esto? Sí, claro, pero entonces reducen sus beneficios los muchos negocios que se basan en el "por si acaso". Para que la pérdida de un maletín de mediciones se convierta en la noticia más leída del momento en el medio que la ofrece se tiene que hablar de un "maletín nuclear" (¡Dios mío, si hasta James Bond intervino en algo así!) capaz de destruir ya no solo un edificio sino medio planeta y dejar secuelas durante generaciones.



El miedo vende y el miedo exagerado, amplificado vende mucho más. El problema es que estamos en un delicado equilibrio entre diferentes problemas y tragedias (hay que saber distinguirlos), en el que es fácil insuflar oxígeno con el fuelle del sensacionalismo. En Antena3, por ejemplo, no dejan de advertirnos de la crudeza de las imágenes que vamos a ver, lo cual les agradezco. No encuentro el sentido informativo de la mayoría de ellas, pero les agradezco que me adviertan para cambiar de canal.

El mundo se está complicando mucho como para jugar con él. Jugar con los riesgos reales o imaginarios es demasiado arriesgado. Hoy muchos medios juegan a ser el "aprendiz de brujo" y se nos puede escapar de las manos. 


Hace falta más que nunca una opinión ponderada, de personas capaces de entender lo que tienen delante de una cámara o de la pantalla de un ordenador. Hay que mirar el mundo, pero también ayudar a reflexionar sobre él. De no hacerse, a los problemas reales se les añaden los múltiples "por si acaso" nacidos de temores que acaban creando nuevos problemas reales. Son muchos los que aprovechan los tiempos revueltos para hacer sus negocios y el del miedo es uno de los más poderosos y fáciles de emprendimiento.

¿Qué se le pasa por la cabeza a una pareja de jubilados que entran a comprar en un supermercado? ¿Qué tiene ante sí aquel que ha estado expuesto a horas diarias de explosiones, muertos, conflictos, carencias, amenazas nucleares o químicas...? El mundo es complicado y violento, sí, pero no lo agrandemos introduciendo nuevos conflictos metafóricos. La amenaza imaginada puede hacer más daño que la real. ¿Cuándo una se convierte en otra? No lo sabemos, pero el miedo ha provocado muchas catástrofes como para no tenerle miedo al miedo. No se trata de ser indiferente a los problemas reales, sino de ser informados de ellos con la inteligencia suficiente como para que el resultado sea la comprensión y no el sobresalto. Si la noticia del posible desabastecimiento provoca un desabastecimiento real, hágalo de otra manera. "Sí, pero es el miedo el que vende, los desastres los que atraen lectores", me dirá algún editor.  

Nadie ha dicho que haya solución.


* Jorge Martínez "La Policía recupera en una calle de Madrid el maletín radioactivo robado el martes en Humanes" Antena 3 17/03/2022 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/policia-recupera-calle-madrid-maletin-radioactivo-robado-martes-humanes_2022031762330eaff5e39e0001fa4403.html