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jueves, 6 de agosto de 2015

El libro molesto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ahram Online nos da cuenta de la orden de retirada de las librerías egipcias y la búsqueda de "responsables" de una obra traducida del francés, "L'Égypte de Tahrir. Anatomie d'une révolution", dedicado a la revolución del 25 de enero de 2011. Egipto asimila mal su historia y lo hace, además, intentando reescribirla con falsos discursos. Toda historia se escribe desde el presente. Las autoridades egipcias pretenden —una vez más— corregir lo que los demás vieron y ellos no quieren ver.
La razón de todo este problema es una cuestión muy sencilla: Egipto se niega a asimilar que su levantamiento contra Hosni Mubarak fue un levantamiento contra quien lo mantenía en el poder, el Ejército. Eso significa que la Revolución se hizo contra el Ejército, pilar del régimen, garante y responsable último. Pero también significa que fue el Ejército quien decidió "degradar" a Hosni Mubarak y poner al mando una Junta, la SCAF, contra la que los propios egipcios tuvieron que luchar durante un durísimo periodo de transición en el que ya empezaron los enfrentamientos sociales entre los que había salido a la calle y los que se limitaban a responsabilizar a Hosni Mubarak de lo hecho por el régimen durante treinta años. Se trataba de personalizar el régimen en la figura de Mubarak y convertirlo en el chivo expiatorio liberando de culpas al resto o, por el contrario, de dirigir el dedo contra la institución que rige los destinos de Egipto desde los años 50 en que tomaron el poder.


La gente no recuerda —no quiere recordar— la tensa espera en la Plaza hasta saber qué iba a hacer el Ejercito y cómo finalmente asumieron el control del país sacando a su comandante en jefe de allí, lejos de las iras populares. La gente no recuerda —no quiere recordar— la tensa negociación del poder egipcio con una repleta plaza de Tahrir de donde la gente se había jurado no irse hasta que cayera Hosni Mubarak. La gente no recuerda —no quiere recordar— la dureza del periodo de la SCAF, con la represión de los manifestantes, y las manipulaciones de la opinión pública que ya empezaron a darse para canalizar los efectos de la revolución y limitar los "daños".
Han hecho una separación mental entre "ejército" y el "millón y medio de policías" que el régimen tenía para controlar cualquier intento de levantamiento mediante la ley de excepción, con la que se mantuvo, con el aplauso o la indiferencia del Ejército, durante treinta años en el poder.


Durante ese tiempo, el Ejército —financiado por los Estados Unidos— se dedicaba a lo suyo, especialmente a vigilar que no le pasara nada a Israel gracias a los acuerdos de Camp David firmados por Sadat y ratificados de hecho por Hosni Mubarak. Nadie le inquietó en su gobierno autocrático. El Ejército se dedicó a los negocios y el estatalismo de la época de Nasser se fue abriendo a las empresas privadas sin que el Ejército dejara de controlar sus propios y abundantes negocios, llegando a ser un poder económico real compensado por el político, que también controlaba. El Ejército era intocable.
El egipcio es mitómano por naturaleza y el Ejército satisface su necesidad de una institución estable en medio del caos. Solo instituciones como el Ejército sirven de referencia en un mundo que se iba desmoronando por la dejadez del régimen de Mubarak. Su prestigio era el de los héroes en las batallas. Mada Masr acaba de publicar un interesante reportaje sobre el papel apologético del cine en la construcción del imaginario militar egipcio. Señalan:

If you grew up in Cairo, July 23 is likely associated with a long weekend in the north with your family, a televised military parade celebrating the 1952 revolution, and watching a swarm of films depicting the Free Officers Movement that launched the revolution (or coup, rather) that felled King Farouk and established the Egyptian Republic.
Under the newly appointed President Gamal Abdel Nasser, Egypt's luminous cinema industry was used as a tool to educate the masses, show them how to be good citizens in a new, modern society, and to reinvent the nation’s identity. During this period, a wave of films emerged that were still infused with the melodrama characterizing the big hits of the 1920s-1950s, but that focused on social issues, such as class divides, social justice and feminism — similar to the social realist film movement that swept across the USSR, which was forming close cultural ties with Egypt at that time. Scholar Viola Shafik coined the term “melodramatic realism” for the films of the Nasserist era.
The events that led up to and surrounded the July 23 coup were particularly popular as subject matter during this period, and these films get replayed incessantly on television on its anniversary. Through this repetitive act of watching them year after year, some of those films became as engraved in my mind as the lines of those Amr Diab songs that stay with you forever. But this year I asked myself, do these films have much to offer besides their political message and obvious propaganda?*


La gloria en las pantallas. Los egipcios aman el cine y aman su cine clásico, con sus actores y cantantes que el régimen se supo atraer para convertirlos en las referencias míticas. Después de hacer un repaso por aquel cine propagandístico, la autora —la periodista cultural Rowan El-Shimi— cierra el artículo con la siguiente conclusión:

If we overlook the propaganda elements in these films, there was a certain optimistic fantasy these directors and writers were sharing with their audiences. At the time, many hoped the revolution would bring about freedom and equality to the society. But that dream eventually shattered, and we found ourselves with a new elite, decades of military rule, the absence of democracy and a stronger-than-ever return of the secret police.  As I reflect on the gap between the July 23 films and the historical reality, I can’t help but wonder, what will the films of June 30 look like in 60 years’ time?*


Ese "gap", esa brecha entre la fantasía militarista de la pantalla y la dura realidad que el Ejército amparaba y servía para reprimir, es lo que se está produciendo de nuevo entre la Revolución que fue y la fantasía que se ha elaborado para hacerla compatible con la situación actual. Muchos egipcios no ven el Ejército real, sino el fabricado a golpe de canciones, películas y documentales sobre los gloriosos héroes que acaban presidiendo el país, uno tras otro.

El "no-golpe" del 30 de julio de 2013 llevará al poder a un general que dice no tener aspiraciones a la presidencia hasta que revela sus sueños proféticos. Sí, debe ser el presidente porque Dios y la Historia lo quieren. Y ¿quién les dice que no a cualquiera de los dos? Dios y la Historia siempre quieren a un militar al frente de Egipto. El pueblo vuelve a adorar al mismo Ejército que hasta el momento seguía reprimiendo manifestaciones y enjuiciando a los civiles.
La parte de la sociedad egipcia terriblemente miedosa y complaciente, los mismos que querían acabar rápidamente con las protestas en 2011 tras la salida de Mubarak diciendo que ya se había conseguido lo que se quería, abrazó su deseo de seguridad. Son los que más tenían que perder, ya fuera por la salida del turismo o por los negocios amasados en la época de Mubarak, Son la burguesía que la época de Sadat y su apertura a los mercados acabó forjando frente a la nacionalización nasserista, es el pueblo que vive del turismo que tiene que solo llegará a un país en calma.


Recuerdo los escrúpulos de conciencia de una joven que tenía que redactar textos que atrajeran al turismo internacional intentando convencerles de que la violencia solo estaba en ciertos puntos de la ciudad. Lo demás estaba tranquilo. Servidumbre del turismo.
La retirada de un libro sobre la revolución de 2011 porque, según señala Ahram Online, se insulta al Ejército y se falta a la verdad es un escándalo. Es un escándalo histórico, de la Historia. En el otro sentido es una vulgaridad más. Pero es también un ejemplo de cómo se conecta la microhistoria con la Historia, de cómo los pequeños actos son reflejos de las grandes líneas que después interpretamos como tendencia.
Nos cuenta en Ahram Online así el caso:

Egypt’s National Centre for Translation (NCT) has pulled its own book Egypte de Tahrir: L'anatomie d'une révolution' from shelves and stopped its sale after last week’s backlash by a TV presenter, who accused the NCT of publishing books that 'attack the army.’
The book, authored by French journalists Claude Guibal and Tangi Salaün, was written in the aftermath of the Egyptian Revolution and published in 2011 by SEUIL publishing house in France.
In 2012 translator Assem Abd-Rabbu Hussein signed a contract with the NCT to translate the book.
The book was published in 2014 and released with a few lines on the back cover by the renowned Egyptian author Alaa Al-Aswany, according to a press release by the NCT.
The translator's preface, which was written in 2012, included a line referring to the clashes between the army and some activists in February 2011, which the army itself apologized for in an official statement.
Last week, Al-Bawaba News website wrote a scathing piece on the book, saying that the ministry of culture and the NCT are publishing books that insult the army. TV presenter Ahmed Moussa carried the story from there, attacking the NCT on his TV programme, accusing it of publishing books that attack the army, pointing to the line from the translator's preface which prompted wide reactions from the ministry.
Minister of Culture, Abdel-Wahed El-Nabawy, opened an investigation into the matter, while the NCT had to pull the book from its outlets and cease selling any copies of the book.**


El libro que se publica en 2011 en Francia contiene un punto de vista del momento, en el que el Ejército hace lo que hace y así es contado. En 2012, llega a manos de un traductor que lo da por bueno. No le extraña a nadie lo que allí pone, todavía se está en conflicto con el propio Ejército que se enfrenta cada día, con el mariscal Tantawi al frente de la SCAF, a las manifestaciones populares después de un año de revolución en las calles. Se firma un contrato oficial con el Centro Nacional de Traducciones, Todavía las instituciones no tienen un criterio y todo está en el aire. La revolución sigue como un impulso que muchos siguen manteniendo y alienta. Se habla de las víctimas como mártires y se decora con sus rostros las calles de El Cairo y demás ciudades donde han caído. Los grafitis contra el Ejército y la represión ocupan los demás espacios libres.

El prefacio del traductor contiene esas líneas en las que se hace referencia a los enfrentamientos entre manifestantes y el Ejército. Y es aquí donde la Historia debe ser cambiada, eliminada, vaporizada. El Ejército siempre ha estado junto al pueblo. El Ejército y el pueblo son una sola mano, repiten en la calles. En las manifestaciones de julio de 2013, las que acabarán en el "no-golpe" contra Mohamed Morsi y los Hermanos Musulmanes, la frase se ampliará: ""El Ejército, el pueblo y la Policía son una sola mano". La misma mano que reprimió y torturó queda exonerada de cualquier responsabilidad por décadas de cárceles y desapariciones, la misma mano que torturó a Khaled Said en Alejandría, el detonante de la revolución egipcia. La misma mano.
Entonces la Historia se cierra; se convierte en una fantasía que se debe alimentar con la Sisimanía, la adoración del militar, del jefe de los Servicios de Información, que es encumbrado a la gloria, invitado desde un sueño por el asesinado y religioso Sadat —no por el socialista y laico Nasser— a ocupar la presidencia.


En 2014 sale a la luz el libro, con unas líneas en la solapa de Alaa Al-Aswany, el escritor que apoyó inicialmente el golpe contra Morsi y los islamistas —con esperanza, como tantos otros— y que acabará autoexiliándose en el silencio. Al-Aswany hará pública su retirada después de décadas reclamando democracia en sus artículos. Todos ellos acababan con la frase "La democracia es la solución", en contraposición a "el Islam es la solución" reclamado por los islamistas, claros antidemócratas y que dieron ejemplo de ello en el año de gobierno de Morsi. Tampoco Al-Aswany, el autor del fresco de la hipocresía y la corrupción que es El edificio Yacobian es adecuado para interpretar lo ocurrido en estos años confusos.

Cierra el caso el papel de los medios en este ejercicio de microhistoria revelador: el escándalo del presentador que clama contra quienes han permitido que se insultara al glorioso Ejército —¡Dios les ilumine!— financiado por el Estado. ¡Cómo se ha permitido este insulto! El Ministro de Cultura —viejo conocido nuestro, del que los intelectuales piden la cabeza, profesor de la Universidad de Al-Azhar— se disculpa diciendo que es cosa de su antecesor, cabeza de turco perfecta porque era un laico, algo peligroso en el Egipto iluminado de hoy.
El escándalo de los medios es muy representativo de la caza de brujas y traidores, de gente que desprestigia la gloriosa revolución del 30 de junio, de la que la mayor parte de los que aceptaron salir en la foto inicial han desaparecido y de los que pronto no se podrá hablar tampoco. El Ejército, con el ministro de Defensa al frente —hoy presidente—, tomó el poder para evitar una guerra civil, según se dijo, y se convenció de ellos a todas las instancias. Lo que siguió también es historia reescrita: represión brutal con cientos de muertes, detenciones y condenas a muerte masivas. Para ello, el mariscal Al-Sisi pidió al pueblo egipcio que se manifestara para decirle así que tenía carta blanca para acabar el proceso. Y así se hizo. El pueblo se reunió y él aceptó el mensaje.


Las palabras de defensa del traductor y prologuista del libro suenan en un contexto de miedo por el revuelo creado por los medios:

On the sentence that stirred the criticism, Abdraboh believes that it was taken out of context as it was written in 2012 and tackled an incident that the army itself has apologized for. 
"I do believe that my words have been taken out of context, and I don't know why this attack on the book is taking place now. The book deals with the 25 January revolution and analyses its different factions and the parties who played key roles: the people, the army, and the Muslim Brotherhood. It was written in 2011 and my preface was written in 2012. It was a different historical moment than the one we are living in right now and I believe that behind all of this is the hostility towards the 25 January revolution, which our current constitution acknowledges and President El-Sisi recognizes, but apparently there are some people who monopolize patriotism," he stated.
The NCT and the ministry never contacted Abdraboh and he only knew about the confiscation of the book through media reports.
"I don't think confiscating books is the ideal way to spread ideas and have a debate. Now I'm just waiting on the investigation that the ministry is undertaking," Abdraboh concluded.**


¿Fuera de "contexto"? ¿Es posible establecer un contexto en Egipto, es decir, es posible un mensaje —un libro, un artículo, un chiste, un grafiti...— que no esté sometido a revisión por haber quedado fuera de contexto y ser interpretado peligrosamente? Lo que ayer era celebración se vuelve insulto en el siguiente giro. Nada se puede leer con sentido más que en el momento de la su escritura; todo pierde su sentido poco después. Demasiada discontinuidad histórica, demasiado cambio para volver al mismo punto: cantar la gloria de tus salvadores.
En todo este tiempo, Egipto ha escrito una de las páginas más extrañas de la Historia. Ha mostrado sus virtudes y defectos, la rebeldía y la sumisión, la protesta contra los que torturan y su elevación a héroes; el hundimiento de los héroes de la revolución convertidos en "agentes extranjeros", en "traidores", en "islamistas" o en "alcohólicos" y "homosexuales".


Con la retirada del libro de los estantes, se retira un pedazo molesto de Historia. Se arrancan de la memoria hechos que ocurrieron porque el Ejército está por encima de la Historia. ES como es esas pirámides que están cuando llegan al mundo y siguen cuando lo abandonan, dando muestra de la indiferencia histórica como si se tratara de un poema baudeleriano. El mensaje es claro: tú no puedes cambiar el destino. Y el destino es el Ejército.

Hoy se estará inaugurando con enorme boato el tramo del Canal de Suez que los expertos economistas internacionales dicen que no hace falta pero que el régimen necesitaba para su propia imagen. Nada ha cambiado y el ciclo se ha cerrado. El régimen tiene su propia forma de entrar en el imaginario: seguridad y obras públicas. De maqueta en maqueta, de inauguración en inauguración, se irán tapando los dolorosos agujeros de la seguridad etiquetada como "guerra al terror". Eso permitirá justificar muchas de las cosas realizadas y muchas de las que quedan por ocurrir.
Dicen que la Historia comenzó con la Escritura, que permitía conservar los recuerdos más allá del alcance de la memoria. También trajo la tachadura y el borrado, la reescritura y la falsificación. Los egipcios no necesitan leer lo que ocurre en libros escritos por extranjeros que no entienden nada de lo que allí pasa. Pero algún día tendrán que recurrir a ellos para intentar algo muy difícil: entenderse ellos mismos. Habrán borrado de sus estantes y de sus memorias cualquier vestigio de verdad. Esto da alguna forma de felicidad.
Los condenados a la infelicidad son los que recuerdan y los que desaparecen los que tratan de hacer recordar, de que no se olviden el sufrimiento y el deseo de libertad que un día muchos tuvieron. Como el libro, son molestos y deben ser retirados de los estantes de la vida.



* "Book pulled from shelves due to alleged criticism of Egypt army" Ahram Online  5/08/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/18/137010/Books/Book-pulled-from-shelves-due-to-alleged-criticism-.aspx







viernes, 20 de septiembre de 2013

Lágrimas de cocodrilo o las excusas islamistas de Salah Sultan

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Con el pomposo título de "Excuses to God and apologies to our Egypt and our people"*, el dirigente de la Hermandad Musulmana, Salah Sultan, miembro también de la Alianza Nacional para el Apoyo a la Legitimidad, que es la forma en que los partidarios del depuesto Mohamed Morsi intentan mantener vivo su recuerdo, ha dado a conocer sus sentimientos políticos a través de la página oficial de la Hermandad, pero señalando que es a título personal.
Salah Sultan, conocido dirigente y caracterizado por sus manifestaciones antisemitas, "offered his apologies to the Egyptian people for making political judgements that were not met with acceptance from part of the Egyptian people", según recoge el diario Egypt Independent.
Algunos dirán que más vale tarde que nunca, pero esto es algo más complicado. En realidad, las excusas de Sultan al pueblo egipcio se refieren a la "mala comprensión política", los malos juicios, que realizaron después de la caída de Hosni Mubarak al evaluar sus relaciones con los militares de la SCAF:

These political judgements, he said, include the negotiations with Omar Suleiman, former intelligence chief and former Vice President, in addition to opening channels of dialogue with the Supreme Council of the Armed Forces that took power after the ouster of President Hosni Mubarak, in hopes for gradual reform of the country.
In his apology statement entitled, “Excuses to God and apologies to our Egypt and our people," he acknowledged that the revolutionaries’ viewpoint was the better choice in order to help achieve the goals of the 25 January revolution, when they advised to continue mobilizing for protests in the streets.*  


Es difícil encontrar un mayor ejercicio de hipocresía política o de fariseísmo tartufil. Pero, con todo, refleja perfectamente la forma de maniobrar de estos islamistas que han fracasado en aquello en lo que no debían fracasar: abrir el camino de las libertades al pueblo egipcio, que les dio la oportunidad de liderar un proceso político para salir de una dictadura de cuarteles y al que llevaron a una de mezquitas. Es difícil, creo que casi imposible, encontrar en la historia política de cualquier país un fracaso más estrepitoso que el de la Hermandad Musulmana, que en poco más de seis meses ya tenía a medio Egipto rezando, pero para que abandonaran el poder que tan mal gestionaron.
Las "disculpas" de Salah Sultan, en realidad, no son tales. Vienen a señalar lo que no tienen más remedio que reconocer, que "abandonaron" los ideales de la revolución —en realidad nunca los compartieron— para intentar abrir cauces de diálogo con los militares dejándose atrapar —¡pobres inocentes!— en la garras del sistema. El ejercicio es repulsivo pues tanto unos como otros jugaron, tal como llevaban haciéndolo desde la revolución de los militares en el 52, para dejar fuera del proceso al pueblo egipcio. Nasser se los quitó de encima cuando sufrió un intento de atentado y encarceló y fusiló a unos cuantos. Todos coquetearon con ellos convirtiéndose Ejército y Hermandad en los que se disputaban el control del pueblo separado en dos entidades Estado y la sociedad. El Ejército controlaba paralelamente la administración del Estado, mientras que la Hermandad ganaba terreno haciéndose con los huecos que la incompetencia y la desidia le permitían ganar con sus acciones.


Dice Salah Sultan que "se equivocaron" y que debían haber escuchado a los "revolucionarios jóvenes" y a las "mujeres" a quienes ellos, ya en el poder, marginaron total y absolutamente de comisiones e instituciones, de cualquier escenario público porque quisieron hacerse con todo, sociedad y estado, de una sola tacada.

Sultan acknowledged making the mistake of not absorbing both Women and the youth, who have been and still are the fuel and the strongest sectors within the January revolution. This prompted a lot of dignified  women and young people to turn away from the MB and resort to other parties to achieve their hopes, something which led them to take part in what they didn’t know would be our [the MB’s] end, referring to revolutionaries participating in the 30 June protests against the MB and their president, Mohamed Morsy.
Egypt's interest is above any harm to our reputation that may be caused by the apology, Sultan went on, noting that the apology is not a sign of weakness, but a testimony before God.


La incompetencia beata de la Hermandad solo es superada por su soberbia arrogante. El periodo que cubre la llegada y su salida del poder por aclamación multitudinaria y popular se engloba en la idea de "error" por no haber comprendido el poder de eso que llaman "el estado profundo", las fuerzas ocultas y conspiratorias del antiguo régimen.
Ya que ofrecen su testimonio ante Dios, no como una muestra de "debilidad", sino como una demostración de su "humildad" y pureza espiritual —¡lo que hay que oír!—, deberían al menos reconocer que si ellos no hubieran creído que podían repartirse el poder, no tocando el de los militares, como hicieron, la democracia habría podido avanzar en suelo egipcio de una manera distinta. La Hermandad desperdició la oportunidad de haberse convertido en la transición modélica de la dictadura a la democracia porque fue incapaz de anteponer un valor por encima de sus ambiciones: la tolerancia y convivencia religiosas. En ello no se debe ver un "error" circunstancial —como quieren hacer creer— fruto de una mala evaluación, sino un problema genético de su propia ideología que es intolerante.

Es de eso de lo que los egipcios se dieron cuenta rápidamente, de que el callejón sin salida a la que se les llevaba era además irreversible. Los Hermanos no se equivocaron; solo hicieron lo único que saben hacer, ejercer la intransigencia para absorber la totalidad del poder, como los egipcios tuvieron ocasión de comprobar en el proceso llamado de "hermanización", la colocación de sus peones por todo el tejido social.
Los Hermanos acostumbrados a jugar en los terrenos superiores, de los que proceden la mayor parte de sus dirigentes, y a arengar con las más increíbles historias a su bases más humildes, crean una nueva oleada de oscurecimiento en el que aparentan pedir disculpas cuando lo único que tratan de hacer es torpedear un proceso del que son causantes y del que han quedado fuera por acumulación de errores y sobre todo soberbia. El ejemplo del cambio de rumbo en Túnez ante las protestas de la gente por lo que los islamistas estaban haciendo allí muestra que los islamistas tunecinos se han dado cuenta de que podían perder lo ganado hasta el momento, mientras que los soberbios islamistas egipcios creían que ya lo habían ganado todo.
Lo cierto es que se aliaron con los militares con la pretensión de que así podrían mantener sus objetivos de expansión y, llegado el momento, poder cambiar —como el propio Moris hizo— la cúpula militar. El general Al Sissi es el ministro que el propio Morsi nombró, de la misma manera que el ministro del Interior que nombró era el responsable de la represión sangrienta de 2005. Lo nombró a sabiendas de que había sido un hombre de Mubarak y de la misma policía que les había perseguido a ellos- Lo nombró para que se encargara de controlarle con la misma eficacia a los alborotadores molestos para la Hermandad. Pero le salió mal la jugada y el ministro mantuvo en sus estrategias represivas y violentas contra aquellos que le habían nombrado.


En qué acabe esta situación actual, si los militares son capaces de reconducir de nuevo el proceso hacia un sistema democrático, o si, por el contrario, se produce un regreso al autoritarismo institucionalizado, lo dirá el tiempo. Lo que ha quedado claro es que haber llegado hasta aquí es consecuencia de los actos desastrosos e interesados de la Hermandad, que tuvo el poder en sus manos y lo utilizó para recortar una incipientes libertades, queridas por la mayoría el pueblo egipcio, y silenciar las voces críticas o disidentes enviándolas a los juzgados denuncia tras denuncia. Ojalá que el pueblo egipcio pueda encontrar la vía hacia una democracia moderna y se aleje de militarismos y medievalismos religiosos.

SCAF Member: “Is that move legal?” 
Mursi: “According to which rules – yours, or the rules of the game?”

La propia personalidad de Salah Sultan es representativa de esos otros líderes que procuran no ofrecer hacia el mundo exterior para mostrar una cara amigable hacia occidente, pero que en cambio se dedica al "calentamiento global" de las masas que escuchan crédulas su embustes y falacias. El perfil de actuaciones que recoge The Global Muslim Brotherhood Daily Watch (GMBDW), un espacio de seguimiento de las noticias diarias que se producen sobre la Hermandad y sus miembros recoge el siguiente rastreo del personaje:

Dr. Sultan has a long history of making extremist and antisemitic statements. In perhaps his most egregious statement, during an April 2010 interview on a Hamas TV station he accused Jews of using Christian blood for Matzoh (substitute for bread used during the Jewish holiday of Passover) in an example of what is called “blood libel”, the accusations that Jews use human blood in religious rituals. (Historically these are accusations that the blood of Christian children is especially coveted and date back to the 1st Century.
Other examples of such statements include:
  • A 2006 appearance on Saudi TV where he asserted that the US planned the 9/11 attacks as a pretext for terrorizing the world and praising Osama bin Laden confidante Abd Al-Majid Al-Zindani.
  • A  2008 TV interview during which he cited the notorious Czarist forgery The Protocols of the Elders of Zion and predicted that the US “ will suffer economic stagnation, ruin, destruction, and crime, which will surpass what is happening in Gaza.”
  • An August 2011 rally where he said it is permissible for any Egyptian to kill a Zionist met on Egyptian territory.
  • An August 2011 Al Jazeera TV appearance in which he Issued a fatwa (religious ruling) on Aljazeera TV calling for the killing of the Israeli ambassador.
  • Two sermons on Al-Aqsa TV during summer 2012  in which he said he has met people all over the world who “thirst for the blood of the Jews” and that Jews have entered Egypt in order to commit crimes including deliberately infecting Egyptian girls with AIDS.
  • A February 2012 TV interview in which he cited the notorious anti-Semitic forgery the Protocols of the Elders of Zion as well as predicting the end of Israel and the United States.
  • A January 2012 TV interview in which he called for young people to practice sports in order to prepare themselves for Jihad to liberate the Al-Aqsa Mosque.**

·        

Ya no sabes si son mentirosos patológicos que viven en un mundo de rumores medievales con los que lanzar a la gente a asaltar iglesias o sinagogas o si son manipuladores natos que conciben cualquier acto comunicativo como un ejercicio maquiavélico de demagogia y embuste dirigido a conseguir el poder como sea. No tienen pudor en negar el holocausto —como lo hacen sus aliados de Hamas [ver entrada El otro lado de la línea roja de la Historia], como denunció el personal de las escuelas de la ONU— o en extender el "libelo de sangre" si eso les sirve para calentar al personal crédulo.

Las disculpas de Salah Sultan valen para lo que valen; lo que las lágrimas del cocodrilo. No llora por el pueblo egipcio y su suerte, sino por haber sido desplazado por aquellos a los que creían haber ganado la partida.


* "MB leader apologizes to Egyptians" Egypt Independent 17/09/2013 http://www.egyptindependent.com/news/mb-leader-apologizes-egyptians
** http://www.globalmbwatch.com/salah-sultan/




viernes, 15 de junio de 2012

Egipto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es insólito. No creo que se recuerde o se pueda encontrar un caso similar a lo que está ocurriendo en Egipto. Es, sencillamente, insólito. Se veía venir, que la SCAF no estaba dispuesta a perder su tajada en los negocios egipcios llevados a cabo durante sesenta años, que no iba a ceder su control autoritario de la sociedad a cambio de nada.
Es, como ya han señalado algunos, esto es un chapucero, retorcido y fraudulento golpe de Estado vergonzante. El miedo a que se desmonte el aparato del estado, hace que sea el propio aparato el que esté desmontando cualquier intento de expulsarlo del interior de sus reductos militares y administrativos.
Que un par de días antes de que se celebren unas cuestionadas elecciones presidenciales, los jueces disuelvan el parlamento y los militares asuman el ejecutivo y el legislativo es la maniobra más descarada jamás vista en cualquier versión de la vida política conocida. ¿Pretenden engañar a alguien? Es un golpe de estado en toda regla.
Los jueces aplican las leyes que hacen los parlamentos. Pero las leyes que los jueces aplican se las aplican a los que hacen las leyes antes de que la administración sea depurada. Es la revolución a la que se le aplican las leyes de la dictadura. ¿Por que no haber declarado ilegales las candidaturas presentadas en su momento? ¿No hay plazo para ello? Era un as en la manga, una irregularidad consentida para hacerla estallar cuando fuera necesario. Y el momento había llegado.


El ejemplo más descarado de esta actitud e intención es precisamente haber derogado la Ley de Emergencia, vigente desde el 81, por el asesinato de Sadat, y que ha servido para mantener la represión y el control y vigilancia de la sociedad, que se enfrentaba a los juicios y la represión militar, para hacerla renacer con un nuevo formato, con poderes similares, un día antes de disolver el parlamento y dos días antes de las elecciones.

El plan está calculado milimétricamente. Primero hacen pasar un candidato que la ley aprobada en el parlamento no debería haber dejado pasar; después se montan unas elecciones fraudulentas para que llegue a la segunda vuelta y, finalmente, de una tacada, disuelves el parlamento declarándolo ilegal, apruebas una ley de represión social y preparas la traca de un nuevo amaño electoral, tal como fueron todas las elecciones anteriores en Egipto, una farsa realiza por los gobiernos militares para justificar las copiosas ayudas de los Estados Unidos a su ejército.
Desde que se produjo la Revolución de Enero, los militares han fingido aceptar un calendario ocultando sus auténticas intenciones de colocar al frente del Estado a otro militar de su misma cuerda. Creen que así tendrán una aceptación que no hubieran podido tener nunca si hubieran utilizado la fuerza indiscriminadamente provocando unas situación a la Siria o como Yemen. Su burla de la democracia es además la burla de los deseos de libertad y justicia de todo un pueblo que ve cómo su ejército mancilla el honor del país poniéndolo al servicio de una oligarquía militar y empresarial corrupta, que les ha empobrecido y dejado al borde de la ruina.
Durante estos meses, uno a uno, han sido liberados todos los responsables de las muertes de manifestantes, en una burla en la que los fiscales han actuado con desidia, abandono y desgana, realizando juicios en los que nadie parecía haber disparado u ordenado que se disparara sobre las personas que estaban frente a ellos reclamando un futuro para su país, un futuro robado permanentemente.


La justicia ha demostrado igualmente, en el caso del juicio a Mubarak, su familia, colaboradores y responsables de la represión, que aquello no era más que una burla a todo el pueblo egipcio. Una justicia que ha sido incapaz de poner delante de un tribunal las pruebas de los robos y sangrías realizadas para engordar sus fortunas personales, que las únicas acusaciones se referían a casos prescritos cuando eso no es más que un despropósito, ya que se juzgaba en ellos los negocios de los últimos treinta años. Pero parece ser que en Egipto el dinero se roba solo, los muertos en las calles son suicidas y las balas salen por decisión propia de las armas. Vergonzoso.
Finalmente, gracias a sus intervenciones, consiguieron que las elecciones reprodujeran el escenario temido de los “dos Egiptos”, con la salvedad que quienes se presentan como los salvadores, son los que han oprimido y exprimido a su pueblo durante treinta o sesenta años, según como gusten de contar. 
Los  políticos egipcios tienen que aprender que la unidad que ahora reclaman tenía que haber surgido al principio, cuando el pueblo la reclamaba por encima de cualquier otra discusión, para evitar todo esto; no se puede construir una casa sin haber limpiado antes el solar. Tienen todos un largo camino por delante hasta lograr el objetivo de sacudirse la dictadura de encima. Ya discutirán después.


La revolución sigue intacta y con todos sus objetivos por delante, más necesaria que nunca. Al menos, las caretas se han caído y ya no habrá nadie, dentro ni fuera, que pueda defender lo indefendible. Los egipcios que aman la libertad y desean lo mejor para su pueblo, la convivencia y la unidad, deben saber que tienen el apoyo de muchas personas en todas partes. Deben estar seguros que a esta desvergüenza no se ha llegado porque la Revolución llevara inevitablemente al caos, sino que han sido los que no quieren que Egipto vea la luz los que han hecho todo lo posible para seguir manteniendo la política del miedo y del desorden para justificar lo injustificable: su deseo de estar aferrados al poder pisando a su propio pueblo.





jueves, 10 de mayo de 2012

La crisis relámpago o quién defiende al abogado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No es fácil entender la crisis relámpago ocurrida entre Egipto y Arabia Saudí. Quizá porque habría que definir “Egipto” y “crisis”. Solo está claro el reino saudí. Esta crisis, con retirada de embajador incluida, es representativa de varías circunstancias ilustrativas de la situación que vive Egipto.
Cuando decimos que esta crisis no sabemos muy bien entre quiénes se ha producido es porque ha dejado de manifiesto que en Egipto hay ahora mismo por lo menos cuatro poderes susceptibles de divisiones o matices aclaratorios: la SCAF (la cúpula militar); el gobierno (que ha sido puesto por los militares); el parlamento, que está mayoritariamente en contra de la SCAF y también del gobierno por ser su emanación; y la calle, que va absolutamente por libre y por turnos. Unos días se manifiestan unos en contra de los militares y otros días les toca a otros. Hay días en que van todos juntos, otros solo van algunos, y otras veces unos van a un sitio y otros van a otro. Un lío.


Si creen que lo han entendido, no canten victoria. Los militares se pueden dividir en la cúpula, heredera de Mubarak pero que quitó de en medio a Mubarak, y el resto del Ejército, que llevará la procesión por dentro, con sus simpatías, pero que es quien se las tiene que ver en la calle con la gente y disparar, llevándose los odios generales también y perdiendo el "prestigio" continuamente por su forma brutal de actuar. Solo tienen el apoyo de los partidarios de “hombres fuertes” y del orden por encima de todo, que siempre hay.
El parlamento está dividido entre los islamistas, Hermanos Musulmanes y los salafistas, por un lado, el 75%, y el resto, las fuerzas liberales, socialistas, etc., es decir, los laicos y —en general— partidarios de la Revolución del 25 de enero, que derribó a Mubarak. Los que dieron la cara en la calle son los que menos representación parlamentaria han obtenido, lo que explica bastante bien porque el régimen de Mubarak duró treinta años. Además, el parlamento se divide también entre los que se han retirado de la comisión constitucional (los laicos) y los que no (los islamistas). También entre los que no querían la presidencia pero presentan presidente y los que si querían ser presidentes pero se retiran de la carrera presidencial. Podrían establecerse más divisiones, pero lo dejamos aquí.


Por otro lado, está el gobierno. No se entiende muy bien lo que hace y más bien parece una figura interpuesta para que los militares no tengan que hacer las cosas directamente.  Es un gobierno que maquilla un feo grano en la punta de la nariz.
¿Y la gente? Pues la gente a lo suyo. Protesta porque tiene muchos motivos para hacerlo. En general protestan porque la SCAF no se va y sigue sin dejar el poder. Las protestas traen muertos y los muertos más protestas. Unos protestan porque se han quedado sin candidato y otros retiran a sus candidatos como protesta.
Por todo este lío, la crisis con Arabia Saudí es tan interesante. Las crisis diplomáticas ocurren entre estados, con decisiones de los gobiernos. Son crisis llenas de símbolos y rituales: yo hago esto y tú haces esto, luego nos respondemos, etc. Todo muy diplomático. Pero en este caso no ha sido así del todo.

El abogado y activista detenido, Ahmed al-Gizawy
Todo comenzó con el arresto en Arabia Saudí, el 17 de abril, del abogado, activista de los derechos humanos, Ahmed al-Gizawy. El abogado había presentado en Egipto una demanda contra el reino de Arabia Saudí por el trato dado a los trabajadores egipcios en el país. Según llegó al reino fue arrestado, encarcelado y condenado a un año de prisión y flagelación, que es como el liberal país saudí acepta las críticas y entiende la justicia. El día 4 de mayo se iba a producir la flagelación, 20 azotes, del abogado activista de los derechos humanos.
Hagamos un poco de historia —en Egipto siempre es necesario ir para atrás— y recordemos las palabras del escritor Alaa Al-Aswany en un artículo fechado en 2009:

El escritot Alaa Al-Aswany
Miles de egipcios que trabajan en los países del Golfo ven cómo sus patronos les quitan lo que se les debe, son maltratados y humillados y, en muchos casos, incluso detenidos y flagelados injustamente. Ellos esperan que el Gobierno de su país defienda sus derechos, pero la señora Aisha [ministra de Trabajo con Mubarak], que va por ahí besando manos [las de la esposa de Mubarak], no hace nada por ellos. Todo lo contrario, pues hace dos años Aisha Abdel Hady anunció que había llegado a un acuerdo con las autoridades saudíes para el envío de miles de sirvientas egipcias para trabajar en casas de saudíes. Este acuerdo, inaudito, chocó a los egipcios. En primer lugar, porque en Egipto hay centenares de miles de personas con títulos superiores que deberían tener prioridad para obtener contratos de trabajo en el Golfo; en segundo lugar, porque enviar a mujeres egipcias para trabajar como sirvientas va en contra de las normas más básicas de la dignidad nacional y las expone a la humillación y a los abusos sexuales; en tercer lugar, porque muchas de esas egipcias poseen cualificaciones medias o superiores, pero se han visto obligadas  a aceptar trabajos como sirvientas bajo la presión de la pobreza y el desempleo; y en cuarto lugar, porque las autoridades saudíes, que tan estrictas son en todo lo que se refiere a la religión y que requieren que las mujeres estén acompañadas por un familiar cercano varón cuando van a su país para hacer el peregrinaje o la umra, hicieron lo contrario en esta ocasión y pidieron que las sirvientas egipcias fueran a Arabia Saudí solas y sin acompañante. La ministra Aisha defendió la firma del acuerdo diciendo que no había nada vergonzoso en trabajar en el servicio doméstico y aconsejó a sus opositores que se deshicieran de sus absurdas susceptibilidades.*

Los egipcios son orgullosos —y hacen bien— y saben que una cosa es la pobreza y otra la humillación. Y la humillación es doble si es tu propio gobierno, incapaz de acabar con la pobreza, quien vende como ganado a miles de sus hermanas e hijas en un acto sin precedentes. Los saudíes, pastores enriquecidos por la gracia del subsuelo, son conocidos por degustar en privado aquello de lo que reniegan en público. Los egipcios, que los conocen bien, saben dónde acaba la piedad de algunos. La perspectiva de mandar mujeres allí no era demasiado buena para nadie. Al Aswany se limitó a transcribir el pensar general sobre el asunto.
En este contexto es en el que hay que entender la irritación causada por la detención del abogado Ahmed al-Gizawy, defensor de los derechos humanos y de los trabajadores egipcios en particular ya que su gobierno no lo hizo y sirvió la humillación en bandeja a los saudíes, quienes no desaprovechan la ocasión de hacer ostentación de su gusto por el lujo y los placeres. Le dan al látigo por igual en privado que en público, ya sea con el servicio doméstico o para domesticar disidentes y defensores de derechos humanos, algo que no les suena de nada.
Como el gobierno no representa a nadie, como la SCAF se representa a sí misma, y las calles son de todos, los ciudadanos egipcios, indignados, se lanzaron en masa contra la embajada saudí. Por allí salieron todas las humillaciones habidas y por haber sufridas por los egipcios que, desposeídos de su riqueza por la corrupción de gobiernos, militares y empresarios, mantienen intacto ese sentido del agravio.


Pero lo que ha acabado de colmar el vaso y dejar a todos con las posaderas al viento ha sido las prisas que se han dado los miembros del parlamento*, los recién votados por su pueblo, en lanzarse a aplacar las iras del rey de los saudíes y del servicio doméstico extranjero, que ya había retirado a su embajador de El Cairo ante los ataques del desagradecido pueblo egipcio. A los parlamentarios, Hermanos musulmanes básicamente, no les interesa perder el favor de los saudíes pues, atentos a todo, habían prometido unos cuantos miles de millones de dólares para la economía egipcia. De esa manera, los saudíes pasan a controlar la maltrecha economía egipcia por medio de inyecciones de los petrodólares. Como se porten mal, se quedan sin inversiones, préstamos, etc. Los saudíes son así de directos y están deseosos de controlar las “primaveras” para evitar que su desierto se les pueda llenar de césped, que para eso está el dinero y el látigo. Así en Egipto no se mezclarán las cosas: el Ejército piensa seguir recibiendo financiación de Estados Unidos y el Parlamento (y futuro gobierno) se asegura la financiación saudí. Todo muy nítido y práctico. Y el pueblo humillado.

Políticos de la Hermandad asegurándose de que no se enfadan los saudíes

Como los políticos del parlamento todavía no tienen muy claro eso de que deben representar a su pueblo dignamente, salieron corriendo no a pedir, sino a dar explicaciones al rey por los indignados ciudadanos de El Cairo, que se lanzaron contra los muros de la embajada en defensa del abogado que había dado la cara y se la había jugado por defender la dignidad de los cientos de miles de trabajadores egipcios en tierras saudíes. En vez de reclamar y defender al abogado, fueron a pedir disculpas sumisos y besando esa mano firme que maneja el látigo con la misma soltura que la chequera.


Y así tenemos esta crisis atípica: un parlamento que va en contra de sus ciudadanos, un gobierno que no interviene, un abogado que intenta paliar la desvergüenza de los políticos, y un pueblo que está harto de tanta indignidad. El embajador saudí regresará y también su dinero, pero la embajada de “buena voluntad” de los parlamentarios de la Hermandad a pedir disculpas en nombre propio y ajeno, a decir cuánto quieren al rey saudí y cuánto confían en su justicia, saltándose al pueblo, será recordada durante mucho tiempo. Los parlamentarios de la Hermandad musulmana y el rey de Arabia Saudí han resuelto el problema con ingenio, como no podía ser de otra manera, entre ellos: han llegado a la conclusión que no eran ciudadanos egipcios los que pintaron las paredes de la embajada con comentarios pasados de tono, caricaturas del rey o tiraban cosas  e insultaban al honorable monarca, sino agentes extranjeros infiltrados que quieren el mal de ambos países. ¡Ay, qué haríamos sin el extranjero! ¡Genial!
Por qué será que estos políticos se pasan al pueblo siempre por el mismo sitio.

* Alaa Al Aswany: “El arte de complacer al presidente”, en Egipto: las claves de una revolución inevitable. Galaxia Gutenberg, 2011 Madrid.
**Sultan Al Qassemi “The Brotherhood goes to Saudi”. Al-Masry Al-Youm 6/05/2012 http://www.egyptindependent.com/opinion/brotherhood-goes-saudi