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viernes, 17 de mayo de 2013

El mal de alturas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Da vergüenza ajena leer el escrito del juez Elpidio José Silvia Pacheco enviando a Miguel Blesa a la cárcel de forma provisional: «Miguel Blesa, junto al Comité Financiero, vino a quebrantar y volatilizar de tal forma todos los controles de riesgo, vino a pulverizar, hasta tal punto, su obligado buen hacer en la gestión bancaria que mediante su proceder incurrió, como poco, en ignorancia deliberada o dolo eventual».*
Nos dicen los medios que anoche, tras las rejas, se produjo un encuentro en la cumbre: Miguel Blesa, el banquero, y Díaz Ferrán, el ex presidente de la patronal española, uno de los favorecidos por esa oscura y negligente gestión bancaria de la que se habla en el escrito del juez. Ese encuentro simboliza muchos de los males que hoy padecemos y que nos durarán bastante. Un encuentro digno de ser recreado por algún dramaturgo en el futuro.
Nos describe el diario El País el ascenso de Miguel Blesa en los siguientes términos:

Blesa, que fue este jueves enviado a prisión acusado de apropiación indebida, no es el único icono de lo que ha sido la injerencia política en la gestión de las cajas de ahorros, pero es uno de los ejemplos más representativos. Su trayectoria explica el porqué de la desaparición de estas entidades: se coloca a presidentes por la amistad con los líderes políticos, no por su valía previa, llega la burbuja inmobiliaria y el dinero parece llover del cielo, el supervisor no presiona para evitar que se salgan del camino y los gestores arruinan las entidades.
Pese a ser de la camada del PP, Miguel Blesa llegó a la entidad con el apoyo de la líder del sindicato CC OO, María Jesús Paredes, y con el acuerdo de Izquierda Unida.**


Mientras el énfasis se pone en las reformas de los aspectos laborales, recortes, etc., como solución a todos los males, las evidencias apuntan a que —con independencia de su supuesta eficacia— los verdaderos males están en otra parte, en las alturas, en la cúpula, cuyos entresijos son un oscuro entramado de relaciones entre banqueros, políticos, empresarios y demás puntas de los sectores decisorios —sindicatos incluidos— de los sectores esenciales de este país. 

Parece que nuestros dirigentes estén aquejados de ese mal del alturas, la hipoxia, que afecta a los alpinistas cuando llegan a las cumbres. Y eso vale para una Caja o para la SGAE, para una academia de la lengua o la presidencia de una comunidad. Parece que en las alturas faltara la honradez, más que el oxígeno. Dicen los expertos en montaña que la "hipoxia" es más grave cuando se ha ascendido muy rápidamente. Tenemos muchos "escaladores sociales" como prueba de ello.
En ese encuentro a la sombra en Soto del Real concurren las tres dimensiones, la financiera, la empresarial e, indudablemente, la política. La cuestión ahora está en dilucidar cuáles son los medios y remedios para resolver esta situación combinada, sobre todo teniendo en cuenta que la cúpula toma una parte importante de las decisiones que afectan a las reformas y remedios.
La verdadera reforma que debe abordar España —para que las demás sean efectivas— es doble: la ruptura de los lazos que unen a la política con el dinero y al dinero con la política; y la separación de la administración de los políticos que la controlan para que esta pueda ser eficaz como supervisora y garante de todos los ciudadanos. Ninguna de las dos es fácil, sobre todo por las carreras que han prosperado en todos los ámbitos favoreciendo a terceros e ignorando los mecanismos de supervisión.
Nos dice ABC:

El magistrado basa sus argumentos en un rosario de tratos de favor de los que dispuso el expresidente de la patronal. Primero, los créditos se concedieron a las sociedades personales de Díaz Ferrán –encarcelado por orden de la Audiencia Nacional– y de Gonzalo Pascual –fallecido–, Holdisan Inversiones y Parihol Inversiones, «meras sociedades patrimoniales, carentes por definición de flujo de negocio» y «en ningún momento se indicó «el destino concreto del dinero». El juez denuncia que Blesa descuidó totalmente los fondos de Caja Madrid. Dio los créditos a las empresas sin pignorar las acciones a favor de la entidad:«Es como si se prestase un capital a un particular para la compra de una vivienda y, en vez de hipotecarse ésta a favor del prestamista, se le impusiera al prestatario la mera obligación, sin más, de no gravar la vivienda en el futuro a favor de terceros».*


Es cierto que hay que realizar reformas para una mayor eficacia, pero de nada servirá ninguna de ellas si no se pone coto a esta forma de funcionamiento, si no se "sanea" antes banca, empresariado, sindicatos y política de todos aquellos que incumplen sus compromisos, burlan las normas, pisotean la ética ateniéndose exclusivamente a su propio beneficio y al de sus amigos y familias. Hay que romper los lazos perversos. No sé si hay que rescatar a los bancos, pero hay que rescatarnos de los banqueros con trayectorias como la de Blesa, de los políticos que los colocan y de los controles que los ignoran. Y tendrán que ser, según parece, los jueces y obviamente las urnas. 


Bajo el titular "Miguel Blesa, el presidente de la politizada caja de los madrileños", el diario El Mundo sintetiza su trayectoria:

Además de presidir Caja Madrid, Blesa fue vicepresidente de Iberia, miembro de los Consejos de Administración de Telemadrid, Grupo Dragados y Endesa y presidente de la Fundación General de la Universidad Complutense, y miembro del patronato del Museo Thyssen.
Antes de entrar en la banca ejerció su carrera en Hacienda. En mayo de 1979 fue elegido secretario a del Gabinete Técnico del Ministerio de Hacienda. Dos años más tarde fue nombrado Jefe del Servicio de Tributos de las Comunidades Autónomas, y en febrero de 1983 ocupó el cargo de Subdirector General de Estudios y Coordinación del Ministerio de Economía.***

Una buena trayectoria que concluye en la prisión de Soto del Real, junto a un amigo. 

* "El juez ordena prisión eludible bajo fianza de 2,5 millones para Miguel Blesa" ABC 16/05/2013 http://www.abc.es/economia/20130516/abci-blesa-caso-marsans-201305161255.html
** "El amigo de Aznar que tocó el cielo financiero" El País 16/05/2013 http://economia.elpais.com/economia/2013/05/16/actualidad/1368739490_852243.html
*** "Miguel Blesa, el presidente de la politizada caja de los madrileños" El Mundo 16/05/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/05/16/economia/1368719954.html






miércoles, 30 de mayo de 2012

Trabajando con red

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nuestro sueldo es el precio que pagan por nuestro trabajo. Nos dicen los economistas que está sujeto a las leyes de la oferta y la demanda. Cuando hay mucho desempleado, los sueldos bajan porque hay mucha mano de obra disponible, una gran oferta. Si no te pueden bajar el sueldo, te despiden y te contratan más barato. Por eso abaratar el despido es bajar los futuros sueldos, por más que prometan que cuando vayan bien subirán. Las empresas que van bien tienen cola de parados para entrar y las que van mal no contratan. Así de duro. La reprimenda de la Caixa del otro día a las PYMES españolas por su “falta de ambición” era precisamente esta. La ambición significa crecer y crecer significa contratar para producir más. Si las empresas que van mal no contratan y las que van bien no crecen, apañados estamos. Tenía razón la Caixa.
Ante este panorama desolador, descarnado, el escándalo social que se provoca cada vez que nos enteramos de los sueldos e indemnizaciones de los ejecutivos, consejeros, etc., de los bancos y Cajas hace crujir los cimientos maltrechos del país. En una economía castigada y con millones de desempleados, en la que los que tienen trabajo han visto mermados sus sueldos progresivamente y la gente ha llegado a desear lo que hace apenas unos años era miserable —el mileurismo—, causa vergüenza leer las noticias que salen a la luz sobre las cantidades de esos sueldos millonarios.  Esto es una constante escandalosa en casi todos los países, el aumento de la desigualdad entre los sueldos de directivos y trabajadores en las empresas. Hay estudios recientes que lo muestran con claridad. Mientras se despedía, ellos seguían mejorando, creando un abismo de desigualdad cada vez mayor.


Una de las cuestiones más resaltadas por todos los analistas de esta crisis económica, que se debe a los agujeros creados por el sector financiero en su irresistible codicia, es precisamente el deseo de las instituciones de atraerse a estos ejecutivos imaginativos, diseñadores de aventuras arriesgadas, capaces de desenterrar el dinero de debajo de las piedras mediante fórmulas esotéricas y engaños. Una queja general es que acabaron diseñando un sistema que nadie entendía, lleno de productos financieros incomprensibles para los mortales pero que ellos afirmaban que aseguraba el beneficio y minimizaba el riesgo. Como se ha visto, no ha sido así. Su éxito particular no se basaba en la eficacia del sistema, sino en conseguir sueldos, primas, pensiones e indemnizaciones multimillonarias. Su objetivo dejó de ser el hacer ricos a los demás, sino asegurarse su propia riqueza. Hacían que los demás asumieran riesgos trabajando ellos con red, pues no es otra cosa lo que han hecho, asegurarse que ellos saldrían bien cubiertos del desastre.


Por lo que se les ha pagado, en muchos casos, es precisamente lo que ha causado el desastre. Han necesitado de esta casta profesional que veía crecer sus sueldos e indemnizaciones mientras se justificaran por los grandes aumentos de los ingresos de sus instituciones respectivas. Les hicieron muy ricos porque les hacían muy ricos a ellos. Pero esa riqueza se desvaneció como el humo al verse que no eran más que ficciones financieras, que la riqueza real era la de su labia al venderles su eficacia a los demás. Lo único que queda tras el desastre que dejan atrás es el documento firmado con sus indemnizaciones pactadas y sus pensiones multimillonarias. Eso y gigantescos agujeros y millones de damnificados. Que lo pongan en su historial.
Esto es todavía más grave si se trata de unas instituciones como son las Cajas españolas, cuyos consejos de dirección han estado configurados y manejados por los políticos. El diario El País los llama hoy “los villanos de oro”*. La pugna política sobre las investigaciones y responsabilidades es de todos los partidos. Los pequeños, los que han estado al margen —desde luego, no porque no lo desearan— del pastel, quieren que se tire de la manta para recoger los restos electorales del asunto. Hay que saber, sin demagogia. Tenemos derecho, un derecho al que hemos renunciado durante años, porque antes también lo teníamos. Exceso de confianza.

La connivencia entre el mundo político y el de las finanzas tiene su ejemplo más claro en las Cajas y en su poder local, pues la vinculación territorial está muy marcada.  Muchas Cajas financiaban con un riesgo mayor al tener criterios más políticos que  profesionales. Pero los políticos tienen amigos que tienen amigos que tienen amigos.  Y todos votan. Por el mismo motivo, es de agradecer la existencia de las Cajas que hayan sido capaces de actuar como debían y no al dictado de nadie ni contra los intereses de sus ahorradores.
Ocurre con las Cajas como con RTVE, que todos quieren que sea independiente pero les da miedo dejar esa parcela de poder. En el PSOE, le sirve ahora al sector “no integrado” para iniciar la remontada interna; no servirá de mucho, pero así vuelven al primer plano, que Rubalcaba ya ha tenido mucha cámara. Tirar de la manta no es fácil; lo es amagar y no dar, porque todos han elegido y colocado a estos señores de las finanzas que lograban hacer crecer sus sueldos mediante la exhibición de unos beneficios ficticios, tal como se está mostrando. Se van ricos dejándonos arruinados.
La pregunta ahora es: ¿se han creído en algún momento nuestros políticos las cosas que nos han dicho sobre la solidez del sistema financiero español, de las Cajas? Los múltiples mensajes enviados durante años, ¿se los creían? Si decimos que sí, estamos ante imbéciles; si decimos que no, ante bellacos. Un motivo más para pedir la renovación profunda de la clase política. No han sabido defenderse ni defendernos de todos estos tiburones que ellos mismos colocaron.

* "Los ‘villanos de oro’ de las cajas". El País 30/05/2012 http://economia.elpais.com/economia/2012/05/29/actualidad/1338317241_619580.html