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lunes, 2 de agosto de 2021

Influencias

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Leo dos noticias en sentido contrario respecto a los efectos de las redes sociales. La primera, de RTVE.es, tiene por titular "La dictadura de los filtros: "Las redes sociales son un caldo de cultivo para los trastornos de la conducta alimentaria"" y nos habla de los problemas de la irrealidad que las redes transmiten, cánones de belleza artificiales, y cómo eso está creando problemas a muchas personas con trastornos alimentarios (y de otro orden, añadimos). La segunda, aparecida hoy en The New York Times, en cambio nos da una perspectiva diferente y contraria: "To Fight Vaccine Lies, Authorities Recruit an ‘Influencer Army’" y nos habla de cómo la Casa Blanca está reclutando un "ejército" de personas influyentes en todas las redes sociales para que ejerzan su influencia en las personas más jóvenes respecto a la vacunación, venciendo así las resistencia existente que retrasa la vacunación.



Son dos ejemplos claros de cómo la presión de las redes puede actuar en un sentido u otro, hacia un fin positivo (favorecer la vacunación) o negativo (crear estados de ansiedad, pérdida de autoestima, dirigir hacia elementos nocivos en la alimentación, etc.)

Los dos, obviamente, dan por hecho que la influencia que las redes pueden ejercer sobre los habitantes de ese espacio paralelo es factible. Ya sea por una causa o por otra, se parte del principio de la capacidad de modificar la opinión a través de estos medios sociales, una variante diferente de lo que eran los medios masivos, con unos efectos diferentes.



Las llamadas Nuevas Tecnologías de la Comunicación han generado un universo social muy diferente a los anteriores, mucho más reducidos en su alcance y poder. Hasta el momento, hemos hablado de medios tradicionales, como la Prensa, la Radio y la Televisión, pero esto es otra cosa.

Lo que se ha formado ahora es una "sociedad red" donde para algunos la vida ya es más intensa que la que tengan "fuera". De hecho, creo que el concepto "dentro/fuera" es inútil en muchos aspectos. No son dos mundos separados, sino interpenetrados; ambos forman parte de nuestra única vida y las interacciones en las redes son cada vez más determinantes.

Que personas o entidades tengan el poder de provocar masivamente, por ejemplo, trastornos alimentarios (con muchos casos de suicidios) o  convencernos de que nos vacunemos o no, es una situación de poder que todavía no hemos llegado a estudiar críticamente como se merece. Especifico "críticamente" porque en sentido contrario los estudios —públicos o privados— sobre el comportamiento y la forma de manipularlo están en su época de oro.



Desde mediados de los años 90, es decir, en 25 años, la concepción de la Red ha pasado de un espacio que se podía estar libre de las influencias del mundo diario, la "república independiente del ciberespacio", tal como fue definida por los rebeldes que la preconizaron frente a los que quería que no existiera, un refugio, un Shangrila, a un escenario de objetos, acciones y sentimientos. La perspectiva ilustrada de la autonomía dejó espacio al triunfo del conductismo programado del mercado.

Sabemos lo suficiente de los ánimos que llevaron a la creación de las redes sociales, bien diferente del inicial "ciberespacio", como para no engañarnos sobre las intenciones y los objetivos. Lo que no se esperaba nadie es que este modelo tuviera tal expansión en tan poco tiempo, abriendo una fisura generacional que borra el pasado e instaura una presente local porque no hay espacio fuera de él.

La lucha de los antivacunas y la lucha por la vacunación es un combate que se juega en paralelo, influencia contra influencia, cambia el contenido y obviamente los efectos finales. Una pregunta: ¿tendría tal fuerza el movimiento anti vacunas sin las redes sociales? Sabemos que las redes disponen de mecanismos de reproducción automática para potenciar lo que es más débil. Sabemos que es posible crear organizaciones, cuya ventaja es precisamente su articulación para determinados fines. Aquí el primero que se organiza da dos veces.

Lo tenemos en la lucha por la influencia a través de la desinformación, a la que recurren cada vez más los gobiernos de los países, hasta las empresas. Una de las denuncias contra directivos del FC Barcelona fue financiar campañas de desprestigio de los jugadores. Es un ejemplo más de cómo la creación del macro escenario ha configurado nuestras tendencias de siempre haciéndolas más eficaces por la intensidad y extensión posibles.



No hemos inventado ni la maldad ni la agresividad o el ansia de poder. Pero hemos saltado de la piedra y la flecha a las armas nucleares. Luego inventamos la Guerra Fría y ahora las Guerras de la Información. Estas no necesitan de la investigación e inversión de las carreras de armamentos. Es mucho más barata la guerra informativa de los rumores, de las "fakes news". No necesitan de grandes inversiones y cada vez tenemos más información disponible a través de la recolección y el procesamiento del Big Data a través de la Inteligencia Artificial. Todos estos elementos hacen que se produzcan guerra por acceder a ella. No hay otra en la guerra de Estados Unidos contra China a través de Huawei. Fue el acceso al 5G de la compañía de China. El 5G permite la Internet de la Cosas, que facilitará todo tipo de huellas digitales de cualquier uso o comportamiento, permitiendo aquellos objetivos que se puedan plantear, ya sean económicos, políticos o militares.

La recogida de datos permite un mejor uso, más eficaz de la información, lo que se traduce en una mayor influencia, que es finalmente nuestra capacidad de provocar o modificar una decisión. Esa influencia permite hacer que te vacunes o no; que dejes de comer o que solo comas determinados productos.



Antes el poder se centraba en determinadas características, desde los numerosos ejércitos a las resistentes armas, su alcance y carácter mortífero. Todo muy caro. Hoy el poder es influencia, capacidad de hacer ver el mundo de una manera determinada y de actuar en un sentido determinado. No es tanto lo que tú haces, sino lo que haces hacer.

El problema de esto es que se ha creado un universo de conteo, un mundo en donde se lleva la cuenta de todo lo que haces o dices a través de las redes, primero, y próximamente de las "cosas", donde todo lo que tocas y te rodea informa sobre tú.

La pandemia ha marcado un nuevo nivel de acceso precisamente porque ha aumentado la presencia en la red y porque ha sido más fácil vender datos para compensar las pérdidas en muchos sectores. El aumento de la potencia de cómputo y la mejora de los algoritmos hace que la eficacia sea mayor.



Las posibilidades de defendernos son cada vez menores, especialmente porque no es un asunto relacionado solo con el marcado: a la política también le interesa ser influyente, es decir, tener acceso a los datos. Las encuestas tradicionales no dan suficiente. Conocer e influir son las dos caras de los que ven las redes como un campo en el que cosechar. Las grandes empresas de las redes —propietarias de redes, navegadores, servidores...— quieren el pastel completo, aunque les están saliendo muchos competidores, los que nos recogen y ofrecen en cualquiera de nuestras versiones digitales.

No es casual que las dictaduras cierren los accesos a Internet y creen sus propia redes autónomas. Saben perfectamente que es una información esencial para su futuro, por un lado, y quieren ser los únicos influyentes, por otro. Es la muestra más evidente del poder de influir. Quien influye decide qué es verdad, qué está bien y hacia dónde va el futuro. No hace falta mucho más.


 

 

* "La dictadura de los filtros: "Las redes sociales son un caldo de cultivo para los trastornos de la conducta alimentaria"" RTVE.es 1/08/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210801/dictadura-filtros-redes-sociales-caldo-cultivo-trastornos-alimentarios/2141103.shtml

** "To Fight Vaccine Lies, Authorities Recruit an ‘Influencer Army’" 01/08/2021 The New York Timeshttps://www.nytimes.com/2021/08/01/technology/vaccine-lies-influencer-army.html

sábado, 8 de agosto de 2020

La gran influencia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El nivel de auto intoxicación norteamericano está superando con creces en nivel de intoxicación exterior de cara a la elecciones presidenciales. Es sorprendente, pero es así. La pregunta que surge entonces es si son los propios políticos norteamericanos los que avanzan en esa senda del miedo a ser influidos por otros.
El simple hecho de anunciar que quieren influir sobre ti ya tiene una influencia. El propio gobierno de Trump ha querido usar a los gobiernos extranjeros para poder auto influirse. El caso más claro es el de Ucrania, donde Trump y sus acólitos le exigen al gobierno ucraniano que haga un comunicado diciendo que se está investigando allí al hijo del candidato y expresidente Joe Biden. Se trataba aquí de manipular a un tercer país presionándolo con el cierre de la ayuda económica y militar si no se convertía en fuente de una noticia que luego pudiera ser explotada contra Biden.
En el contexto internacional, hay ya que afinar mucho sobre las "influencias" electorales, pues son los propios Estados Unidos los que intervienen en las vidas del resto del mundo. Como se etiquetan como "intereses de los Estados Unidos", expresión que sigue siendo un enorme misterio político para mí, ya que justifica desde un bombardeo hasta unos aranceles. Es una expresión mágica que lo permite todo sin tener que dar explicaciones. Estados Unidos es el país que más acusa y menos explica, no sea que le ocurra como con las "armas de destrucción masiva", expresión que ha quedado en gran parte del planeta como sinónimo de mentira política que se usa para justificar una acción.



En el estado actual de cosas, parece que hasta cierto prestigio que alguien quiera influir en tus elecciones, quedando un poco en ridículo internacional si no le importas a nadie. Es evidente que me puede resultar indiferente quién gane las elecciones en, pongamos, Samoa, pero también lo es que no soy indiferente a quien está en la Casa Blanca. El motivo no es otro que la propia culpa intervencionista de la presidencia norteamericana, empeñada en ejercer de potencia colonial. Por algún extraño motivo histórico, se ha pasado de aliados a súbditos, donde Trump puede apostar por la ruptura de Unión Europea apoyando el Brexit y yo no puedo apoyar la independencia de Texas o Puerto Rico. Los políticos pragmáticos que me dirán que el mundo es así de duro y que se rige por la "ley del embudo"; pero también es razonable que a la gente no le guste y, ya que todos tenemos un presidente norteamericano sobre nosotros, se pueda manifestar al menos la preferencia sobre la mano que aprieta. Puede que sea un consuelo de siervos, pero algo es algo. Pero parece que hasta esto molesta,
En la CNN leemos el siguiente titular "Intelligence community's top election official: China and Iran don't want Trump to win reelection, Russia working against Biden". Observen que el uso de los verbos es muy meticuloso: del "no desear" al "trabajar en contra" hay mucho trecho. Al primero me apunto: yo tampoco deseo que gane Donald Trump, al contrario que la gente de Vox, que le imitan en todo (¿influye Trump a través de sus memes españoles en nuestra política?).
En el texto se nos explican estos matices diferencias:

The US intelligence community's top election security official said in a statement Friday that China "prefers" an outcome where President Donald Trump is not reelected in November and Russia is working to "denigrate" former Vice President Joe Biden's White House bid.
"We assess that China prefers that President Trump -- whom Beijing sees as unpredictable -- does not win reelection," said William R. Evanina, director of the National Counterintelligence and Security Center, in a statement updating the election threat landscape heading into the November election.
"China has been expanding its influence efforts ahead of November 2020 to shape the policy environment in the United States, pressure political figures it views as opposed to China's interests, and deflect and counter criticism of China."
"We assess that Russia is using a range of measures to primarily denigrate former Vice President Biden and what it sees as an anti-Russia 'establishment.' This is consistent with Moscow's public criticism of him when he was Vice President for his role in the Obama Administration's policies on Ukraine and its support for the anti-Putin opposition inside Russia," Evanina added.
Evanina also stated that Iran is seeking to "undermine US democratic institutions, President Trump, and to divide the country."
In essence, Evanina's statement Friday afternoon put two of the biggest American adversaries on opposite sides of the election: Russia for Trump and China for Biden.
The statement from the top counterintelligence official is also the clearest the intelligence community has been in suggesting Russia prefers one candidate over the other in the 2020 race.
At a news conference at his Bedminster, New Jersey, country club on Friday night, Trump appeared reluctant to accept the intelligence community findings.
Asked if he believes the intelligence, the President replied, "It could be. I mean it could be, very much."
"I think that the last person Russia wants to see in office is Donald Trump because nobody's been tougher on Russia -- ever," Trump said, adding later, "the last thing that Russia wants, and China wants, and Iran wants is for Donald Trump to win."
Asked what he would do in response, Trump didn't offer a concrete action, saying, "Well, we're going to look at it very closely."*



No sé cuál es el presupuesto de estas agencias, pero en este caso es tirar el dinero. Han descubierto el Mediterráneo. ¿Puede alguien creer que a China le "guste" Donald Trump? Creo que con la excepción de Brasil, Egipto y algún otro país, el día que Trump salga de la Casa Blanca será un día de celebración mundial. 
La cuestión es que Trump considera que los demás influyan en su contra como un enorme mérito, como un signo de grandeza, un reconocimiento de que ha hecho lo mejor para los estados Unidos y lo peor para el resto del mundo, que es la base de su retórica política internacional. Cuanto más nos odien, señal de que lo hago bien, dice Trump, una persona capaz de apuntarse hasta los muertos del COVID19 como un gran mérito. Y una parte del pueblo norteamericano está en esta idea, pues el populismo nacionalista ha llevado al simplismo de que es mejor que te odien a que se aprovechen de ti. Esto es lo que ha vendido Trump, el victimismo USA y el placer de la humillación por la fuerza. "¡Construye el muro y que lo paguen!" sintetiza los dos principios, el de agresión y el de humillación.


El nivel de deseo de perder de vista a Trump está en función no de la envidia, sino del nivel intervencionista norteamericano. Aquí es necesario recuperar la presunta idea china mencionada en el artículo: la impredecibilidad de Trump. Que sea impredecible Andorra puede ser molesto para algunos, pero que lo sea Estados Unidos es inaceptable por el desproporcionado efecto de las consecuencias. Para Trump no existe la decadencia, solo la debilidad. Y su forma de manifestarlo es el uso cada vez más arbitrario e interesado de la fuerza. Estados Unidos, en su visión, no debe nada al mundo y el mundo, en cambio, se lo deben todo a ellos. No hay idea buena que no le haya sido robada, copiada o aprovechada.
La estrategia de Trump sobre las "influencias" es sencilla. Él es el vendedor de peligros. Decir que China prefiere a Biden es un argumento contra Biden. Casi todo el planeta prefiere a Biden por muchos, muchísimos motivos y el principal es que si está Biden no está Trump. Es difícil superar a Trump, aunque —como con la actual pandemia— pueden llegar en el futuro otras peores. Pero ahora, el principal empeño de Biden debería ser reparar los desastres internacionales. No menciono los "nacionales" porque la brecha que Trump ha abierto será difícil de cerrar y ya le estarán buscando un sustituto las fuerzas que le llevaron a la Casa Blanca.


El argumento sobre Rusia es también interesante en la perspectiva de Rusia. "Nadie ha sido más duro que él con los rusos", es su respuesta, por lo que le interesa que gane Biden. Sin embargo, el interés de Rusia es que Trump esté en la Casa Blanca. Desde que Trump llegó, Rusia no ha hecho sino ganar terreno e influencia. Terreno en el plano simbólico y literalmente, como ocurrió con quedarse con la península de Crimea y el este de Ucrania de una tacada. Pero no ha sido solo eso. Rusia ha aumentado su presencia e influencia en Oriente Medio y hasta se le han acercado de Grecia  a Turquía, por no hablar del aumento de su influencia en la Unión Europea. Cada vez que estos países se sentían presionados por Trump, lo primero que hacían era ir a hacerse fotos a Moscú para delicia de Vladimir Putin. Esto ha sido una constante de su mandato. El caso de Siria es, con todo, el más claro. Estados Unidos se retiró dejando a los kurdos tirados y a Rusia combatiendo para convertirse en pieza imprescindible en la zona, que ha quedado bajo su amparo y en conflictos abiertos ahora con Libia.


La tercera pieza es Irán. De nuevo, ¿le extraña a alguien que Irán quiera ver desaparecer a Trump después de haberse cargado los acuerdos que había costado años conseguir y haberles bombardeado con drones? Trump ha conseguido lo que parecía imposible, convertir Oriente Medio en más inseguro de lo que era.
¿Cómo van a influir en las elecciones norteamericanas? Depende de lo que llamemos "influir". La misma idea de que les están influyendo ya influye. Por eso Putin estará encantado con la noticia de la CNN porque eso le evita tener que molestarse en "influir". Por eso hay que valorarlo, independientemente de los movimientos reales, que les son adjudicados a sus rivales o afectados, como una retórica que busca convencer a los propios electores de las agresiones, reales o no, y le permite ejercer nueva virulencia contras los países mencionados.
El primero en influir, cuando no lo hace directamente, es Trump. Lo que está haciendo con las empresas como TikTok es la más indecente manipulación política del mercado internacional, superando las maniobras contra Huawei por el control del 5G y por su ganancia en el mercado internacional. En estos días se vuelve a producir las advertencias y amenazas a Alemania por la importación del gas ruso y la construcción de los conductos para hacerlo llegar. Trump corta cualquier iniciativa económica que no sea con las empresas norteamericanas y, lo que es peor, se están acostumbrando a este tipo de protección en los negocios. ¿Liberalismo o imperialismo?


Es indudable que el mundo necesita muchos retoques para funcionar mejor, pero no parece que el mejor camino sea que haya un señor en la Casa Blanca que niega el "cambio climático", el papel de la Ciencia, ha socavado todos los acuerdos internacionales, ataca a las instituciones  —de la OMS a la ONU, pasando por la OTAN—, que impone sanciones a los países que quieren hacer que las grandes empresas paguen impuestos allí donde consiguen su beneficios, etc.
El mayor daño lo está haciendo a la propia democracia norteamericana, porque en el fondo de todo esto, del voto por correo a las influencias de Rusia, Irán o China, lo que está realmente es el mecanismo de negación de que pueda perder las elecciones. Si Trump todavía no ha asimilado que sacó menos votos que Hilary Clinton —por encima de dos millones de votos— y que fue el "colegio electoral el que le dio la victoria gracias a ganar en estados con pocos votos y mucha representación, ¿cómo podemos esperar que asimile que va por detrás en las elecciones próximas?  Trump nunca aceptará una derrota; siempre será una conjura nacional, internacional, intergaláctica... lo que le saque de la presidencia. Todo esto le servirá de colchón.
Sin querer influir en nadie: mejor que siga jugando al golf, aunque mucho me temo que seguirá dando espectáculo fuera de la Casa Blanca. Pero ya será otra cosa.



* Alex Marquardt, Evan Perez, Zachary Cohen y Veronica Stracqualursi "Intelligence community's top election official: China and Iran don't want Trump to win reelection, Russia working against Biden" CNN 8(08/2020 https://edition.cnn.com/2020/08/07/politics/2020-election-russia-china-iran/index.html

lunes, 6 de julio de 2020

El banco y la ducha

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Se ha puesto complicado lo de los 15 minutos de gloria que ofrecía Andy Warhol. La gloria se alcanza en estos tiempos modernos cuando se logra la atención, ser el centro de las miradas reales o virtuales. Como nos vemos menos y llevar mascarillas no es precisamente la mejor manera de llamar la atención (muchos, como Trump, no la llevan precisamente por narcisismo), lo virtual ha ganado en esta carrera de querer estar en el primer plano, bajo la atención de todos.
Que te miren, que te escuchen, que no consigan despegarse de ti es hoy un gran negocio en lo general y una gran pasión en lo particular. Antes la gente quería ser futbolista, médico o general, estrella de cine. Hoy basta con que te miren porque esa mirada asegura tu influencia. ¿Qué es, si no, un influencer? Ser influencer profesional se ha convertido en un reto de los vocacionales influencers amateur. En el plano personal, el influencer consigue dos cosas: que le miren y escuchen, primero; después, que le hagan caso o le imiten. En esto último, es mucho más sencillo lo segundo porque se basa en un mecanismo que no necesita de la argumentación, sino del deseo, del de emular. Hay gente que no sabe ser ella misma y prefiere ser otros. Quizá sea un mecanismo evolutivo para garantizar las transmisiones y el aprendizaje. Lo del trending funciona hasta con los monos, como han demostrado muchos estudios. 


Nosotros somos capaces de aprender transmitiendo información con el lenguaje, pero los animales lo hacen mirando lo que otros hacen e imitándolos. Por eso los animales que crecen en cautividad, lejos de sus familias y hábitos, deben ser educados en lo que deben hacer. Sin modelo les es muy difícil. Esto permite distinguir estilos e innovaciones en grupos de simios y de otros animales que son capaces de imitar sin necesidad de montar un aula. Su aprendizaje es la mirada y la repetición. Los niños también lo usan antes de adquirir información abstracta a a través del lenguaje. De hecho, mantenemos un equilibrio entre lo que aprendemos imitando y lo que transmitimos verbalmente.
Parece que hemos regresado al mundo imitativo de la mirada. Es lógico en un mundo de imagen y de pantallas, un universo global en el que cualquier cosa vista es imitada por millones de personas. Es un lento proceso que se intensificó con la fotografía, una forma de reproducción que permitía la creación de modas de una forma más rápida. Las revistas ilustradas primero y las fotográficas después ayudaron a extender las modas y a tener sus centros, como lo era París.


Necesitamos ser mirados y para hacerlo tenemos que llamar la atención. Para llamar la atención intencionadamente no es necesario gran esfuerzo, sino ingenio. Son muchos los que nos han prevenido contra los peligros del ingenio, que es eso que se concentra en una frase, un comentario, que surge al hilo de lo que otros hacen o dicen. Pero esto es lo que ha ido imponiéndose en nuestras sociedades modernas, que no quieren grandes discursos o ideas, sino el destello de ingenio que llama la atención. 
En eso se basa la Publicidad, cuya influencia es cada día mayor precisamente por esa forma de promocionar a través del reclamo de la atención. Hoy se gastan millones en atraer la atención, incluso en instituciones muy serias, que se han visto abocadas a la chispa de ingenio que atraiga sobre ellas las miradas por unos instantes. 


La ciudad cántabra de Torrelavega ha dado estos ideas ejemplos de cómo llamar la atención es el negocio de nuestros días, especialmente en esta especie de lucha por el turista en la que los espacios tienen que reinventarse ante la pandémica tendencia a quedarse en casa.
En el diario El País nos contaban hace unas semanas una ocurrente idea para atraer gente:

La nueva normalidad tiene forma de banco gigante en Torrelavega (Cantabria). Su ayuntamiento ha encargado a un escultor que cree uno de estos asientos públicos en tamaño gigante para colocarlo en un bulevar y que sirva de atractivo a los turistas que quieran parecer diminutos cuando se sienten en él. La idea, que recoge El Diario Montañés, es sumarse a la moda de habilitar un lugar significado de la ciudad para que los amantes de los selfis y las redes sociales disfruten haciéndose fotos en el banco, una alternativa más barata y también más original a los souvenires y al "Recuerdo de Torrelavega".
Aunque la idea no es original —otras localidades ya han colocado sillas o bancos de gran tamaño— la versión de Torrelavega tiene un rasgo propio. "Desechamos la idea, frecuente en otras ciudades, de hacer unas letras grandes con el nombre del municipio", apunta Jesús Sánchez Pérez, concejal de Dinaminazación [sic] Poblacional, Estrategia y Nuevas Tecnologías de la localidad de 51.000 habitantes. "El diseño de nuestros bancos es obra de un escultor local, Lucio Marcos, y le hemos pedido a su hijo que replique ese mismo diseño pero triplicando su tamaño y troquelándole en el respaldo el nombre de la ciudad".*


Habría que indagar en eso que se dice con tanta naturalidad, "los amantes de los selfies y la redes sociales", porque es ahí precisamente donde está el meollo del asunto. Durante muchos años, la gente se hacía fotos en los lugares que visitaba. Era lo que se decía "tener un recuerdo". Pasado un tiempo, se abría el álbum y allí estaban los recuerdos que revivían. Pero el funcionamiento del selfie tiene poco que ver con la idea del "recuerdo" y es más sobre cómo dar la nota en el presente. Aquí le dedicamos un post (¡mal hecho!) a la moda de suicidarse tirándose desde lugares concurridos turísticamente y cómo algunos se hacían fotos con los suicidas al fondo. Ahora El País usa ya el "turismo de selfies" tal como lo hay cultural, de playa, montaña, sanitario o cualquier otra modalidad que permita el desarrollo. Lo que está claro es que la lucha por la atención es ya feroz.
En Torrelavega no quieren que te suicides tirándote del banco gigante (¡toquemos madera!). Quieren que la foto sea una alternativa al "souvenir" antiguo, como aquellos platos que ponía "Recuerdo de Talavera" y cosas así. Hacen bien en matizar la conjunción entre selfie y redes sociales porque la función no es tanto qué recordar uno mismo sino cómo sorprender a los otros.


Que Torrelavega invierta en llamar la atención o, si se prefiere, en crear un lugar específico para que la gente se haga un selfie chistoso no deja de mostrar el deseo de atraer que se nos ha colado en este país de selfies en un mundo de selfies. Entre la cultura y el paisaje, Torrelavega prefiere pasar a la historia mediante el selfie ingenioso. Ellos sabrán.
El objetivo inicial, llamar la atención, se ha logrado. El banco para selfies, recuerdo de Torrelavega, ha tenido eco y el concejal ocurrente no tiene más que poner los recortes de prensa y ejemplos de los selfies en las redes sociales y el número de "me gusta" conseguido. No sé si Torrelavega conseguirá convertirse en lugar de peregrinación, en espacio de culto. Su ingenio le funciona, que es en estos tiempos lo único importante.
Pero llamar la atención no siempre es voluntario. Esto de la mirada es muy peligroso porque no siempre se controla. Se puede ser "tendencia" a tu pesar. El ejemplo nos lo trae también Torrelavega.
Toda la prensa ha recogido el hecho en titulares como "Un concejal de Torrelavega se ducha en mitad de un pleno sin apagar la cámara: "¡Decidle algo!"", tal como nos cuentan en El Español:

El Ayuntamiento de Torrelavega discutía los asuntos más urgentes en un pleno telemático como otros tantos en los últimos meses cuando, de forma inesperada, uno de los concejales comenzó a ducharse a vista de todos, sin apagar la cámara. Se trata de Bernardo Bustillo, también secretario general del PSOE del municipio cántabro.
Durante unos minutos, Bustillo se encuentra tras una mampara, hasta que finalmente sale de la ducha desnudo ante sus compañeros, creyendo que no eran testigos. "Decidle algo a Berni. Decidle algo rápido, por favor. ¿No se le puede desconectar o algo", pide una edil.
La anécdota, ocurrida en el turno de ruegos y preguntas, ha tenido gran repercusión en las redes sociales, así como las imágenes, emitidas por Cantabria TV. Eso pese a que fueron eliminadas a petición del alcalde, Javier López Estrada, del PRC.**


Con gente así, no hace falta "Gran Hermano". Por supuesto, pese a las peticiones de que si alguien estaba grabando la sesión, por favor, borrara las imágenes, ha trascendido todo, todo. Aquí nadie borra nada, el gran pecado capital de la sociedad de la mirada. En un mundo que disfruta a carcajadas de caídas, choques, resbalones, morrazos, despistes, errores, etc., el que la hace la paga. ¿Cómo frenar este apetito infinito de indiscreciones e imprevistos? La noticia ha llegado hasta la RT, la televisión de Putin para calentar el mundo hispano.


Con un teléfono móvil por habitante en el planeta (probablemente muchos más), ¿cómo evitar que la vida se vea a ras de suelo y no desde las alturas de la Historia? No hay ya grandes hombres, solo grandes momentos.
¿Han visto la foto de Donald Trump en el Monte Rushmore? No es un selfie, pero ese gesto poniendo su cara dura junto a las petrificadas de los ex presidentes norteamericanos es algo más que una insinuación, por si algún artista se anima. No es ya la foto, es el gesto que llama la atención, poner —eso sí— carita de selfie sintiéndose el siguiente en ser inmortalizado en la piedra.


Lo malo de todo esto es que muchos pueden no creer que realmente haya sido un accidente tecnológico lo de Torrelavega. Si se trataba de llamar la atención, se ha logrado, aunque sea por un descuido en la ducha. El concejal en cuestión dice que no se piensa disculpar porque es un accidente casero, uno propio de la época del confinamiento y la nueva normalidad. Efectivamente, estos son tiempos traicioneros en estas cosas y todo acaba saliendo, del vídeo sexual a la indiscreción sonora, rodeados como estamos de cámaras y micrófonos. ¡Hasta Alexa es poco de fiar!
Por su parte, ha dado todo tipo de explicaciones para tratar de hacer más normal el hecho humano de olvidarse de apagar el teléfono, un arma de doble filo. El concejal se lamenta de que no sean cuestiones políticas las que suscitan el debate, sino su entrada y salida con prisa de una ducha.


Pero el mundo del selfie y las llamadas de atención no perdonan a nadie. Las imágenes, la grabación del sonido, todo, ha salido a la luz pese a las promesas políticas de borrarlas hechas por el alcalde. ¿Resistirse a la tentación? La política siempre es sucia, aunque sea en una ducha. ¡Nunca se interesaron tanto por los asuntos municipales! El número de visitas y retuits lo demuestra.
Quizá veamos dentro de poco, una vez asimilado, al ex concejal de la ducha acabe haciéndose fotos con los turistas que han ido a Torrelavega a ver esos rincones tan curiosos y a esas personas tan divertidas. Quizá, incluso, alguien proponga hacerse selfies en la ducha del ex concejal por un módico precio (ofrezco la idea gratuitamente al consistorio), lo que sería otro atractivo turístico de la ciudad. Después de todo si la gente se hace fotos con los suicidas al fondo o si hemos convertido los campos de exterminio en parques temáticos, ¿por qué no?, la frase que define al milenio.
Al final, Torrelavega ha conseguido, queriendo y no queriendo, los momentos de gloria que deseaba, pasear el nombre del pueblo por pantallas y papeles. Sería interesante (a efectos meramente sociológicos) comprobar qué ha obtenido más repercusión mediática, si el banco gigante hecho para hacerse selfies o las imágenes involuntarias de la ducha del ya ex concejal.
La ironía, dice el dimitido, es que es entrenador de natación y se ha pasado media vida en bañador sin tanto escándalo. Se recoge hasta en El Caso, donde declara:

Bustillo ha asegurado que el suceso "no constituye un hecho delictivo, poco ético o deshonroso, más allá del error de creer que la cámara estaba desconectada". Después de anunciar que ponía su cargo a disposición del partido, ha añadido: "No podría dejar de lamentar que el fin de mi vida política, que siempre he considerado transitoria, tenga que ver con mi desnudez, que en el fondo no hay para tanto".
El concejal ha mostrado también su sorpresa por la repercusión que ha tenido que apareciera desnudo ante todo el mundo: "Por mi profesión como entrenador de natación me he pasado media vida medio desnudo y nunca me ha avergonzado la desnudez, ya sea la ajena y mucho menos la mía", ha explicado Bustillo, "Berni" para los amigos.***


Tiene toda la razón. No es para tanto, pero esa es la clave de la frivolidad mediática, que nada es para tanto. Puede que el tiempo le reivindique, pero hoy por hoy ha caído a mayor gloria de su pueblo al que nunca imaginó servir así. Pero ni pueblo ni partidos ni audiencias perdonan en estos tiempos del mundo en un click. En el fondo les importa muy poco, pero hay que pasar el rato.
Estoy seguro que Torrelavega tiene muchos más atractivos que un banco para turismo de selfies y cosas más importantes que la ducha de un concejal, pero ¡qué mas da!


* "Un banco gigante para atraer el turismo de selfis" El País 25/06/2020 https://elpais.com/politica/2020/06/24/diario_de_espana/1592980758_381293.html
** "Un concejal de Torrelavega se ducha en mitad de un pleno sin apagar la cámara: "¡Decidle algo!"" El Español 2/07/2020  https://www.elespanol.com/espana/20200702/concejal-torrelavega-ducha-sin-apagar-camara-decidle/502199918_0.html
*** "VÍDEO: Un concejal pillado desnudo mientras se ducha durante un pleno telemático" El Caso 2/07/2020 https://elcaso.elnacional.cat/es/sucesos/video-concejal-desnudo-ducha-pleno-telematico-camera-encendida-torrelavega-bernardo-bustillo_33983_102.html

miércoles, 3 de abril de 2019

La palabra sin influencia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
"La influencia de lo que se escribe es absolutamente nula", nos advierte Rafael Sánchez Ferlosio desde el otro mundo, en este caso el programa radiofónico Efecto Doppler, de Radio Nacional. ¿Es cierto? Habría que matizar muchas cosas y definir qué entendemos por "influir" y por "escribir", pero creo que en cierto sentido —y por ir más allá— hay un aspecto más peligroso de lo planteado por Sánchez Ferlosio, que es el ascenso de lo trivial frente al hundimiento de lo esencial.
No podemos decir que no haya "comunicación" o que lo que se escribe no tenga trascendencia. De hecho, el gran peligro es precisamente el de la trascendencia de lo intrascendente. El fenómeno del que hablamos es el de la trivialización densa, por decirlo así. No hay ligereza en lo intrascendente, sino una densidad envolvente, una asfixia progresiva que nos transforma en animales que volvemos a las aguas, pasamos del pulmón a las branquias. Respirar es absorber las aguas polutas que nos envuelven.
Para Sánchez Ferlosio, "escribir" e "influir" es algo de un mundo anterior, un mundo en el que se escribía con una intención y se leía con atención. Eso no existe para las generaciones que han llegado al universo caótico y cacofónico actual.
Sánchez Ferlosio crece en un universo diferente, en otro planeta. En aquel mundo existían las referencias intelectuales; en este no. La palabra que define el cambio es la del intelectual. En el universo de Sánchez Ferlosio existían referencias intelectuales y morales a las que, sobre todo, se leía, frente al aparataje audiovisual actual, de alta velocidad y poca atención o, si se prefieren, de llamadas constantes que apenas permiten fijarla. Ha aumentado la velocidad, ha disminuido la atención. Es la diferencia en contemplar el paisaje mientras se pasea en bicicleta o ver cómo este desaparece en un tren de alta velocidad.

H. Arendt, A. Camus y J.P. Sartre
En el universo de Sánchez Ferlosio existían voces respetadas que provenían del mundo de las artes, de la escritura, de la ciencia, incluso de la política. Me refiero a un J.P. Sartre, a un A. Camus, a una S. de Beauvoir, en Francia; a un Chesterton, un G. Green en la Inglaterra del caos actual; a un Andréi Sajárov, un Aleksandr Solzhenitsyn; a un I. Montanelli, un Pavese, un Pasolini. En nuestra lengua, Unamuno y Ortega, Azorín, O. Paz. A. Reyes... Ha sido en la América de habla hispana donde más tiempo se ha mantenido el respeto a la palabra y a quien la cultiva para llevar ideas, análisis a la sociedad.  En resumen, gente que tenía algo decir, lo escribía y se leía. Eran un contrapoder independiente.
Se podía hablar de libros influyentes en generaciones a los que nadie se atrevería a aplicar la etiqueta de best seller, de La náusea a El Extranjero, de Cien años de soledad a Siddharta o El Lobo estepario. El cine tenía también sus pensadores, de un Fellini aun Bergman. La pintura tenía también los suyos. Tampoco la ciencia estaba muda y podemos leer las reflexiones de grandes científicos sobre el mundo y el ser humano.
En ese universo polifónico era posible escuchar voces. En este es difícil porque existen demasiados ruidos, por un lado, pero por otro el mensaje ha perdido vitalidad enmascarándose para ocultar su debilidad. Es la sociedad del espectáculo, el show universal.


Entiendo la tristeza de Sánchez Ferlosio. Su mundo era un espacio de intelectuales, de referencias culturales, de artículos que se comentaban, de libros que se releían. Habría que recurrir a McLuhan y decir que cuando entró la TV ya fue posible hacer trucos de magia que la página impresa o la radio incluso no permitían. La imagen trajo a los magos con sus chisteras, con su exhibicionismo, su narcisismo. Pronto al razonamiento le siguió la fascinación envolvente.
"No hay que querer apartar las apariencias (la seducción de- las imágenes). Es necesario que este intento fracase para que la ausencia de verdad no salga a la luz", escribe Jean Baudrillard en Sobre la seducción (1981). Vivimos en un mundo que trata de encubrir su vaciedad con intensidad, con bombardeos, con hiperestimulación para esconder precisamente su propia vaciedad. Es el exceso de voces que trata de tapar la ausencia de la palabra o del sentido.
Hoy tenemos el desgraciado ejemplo del Brexit para comprender lo que es andar sin saber a dónde se va, dirigidos por demagogos que hablan sin decir. El espectáculo que abochorna al propio Reino Unido es una lección de futuro desde el propio presente. Un parlamento, un lugar pensado para el debate, la racionalidad, etc. se convierte en el altar de la ceremonia de la confusión. El ascenso de los cómicos a las presidencias dice mucho de los cómicos y de sus espectadores y votantes. El mundo camina hacia el chiste.

A. Solzhenitsyn y H. Hesse
Escribir ya no influye. Para influir tiene que haber respeto y atención, que no son precisamente los signos de estos tiempos. Escribir, para Sánchez Ferlosio, es un acto de racionalidad explicativa, una transmisión al otro de las reflexiones que el mundo suscita. Hoy existen los llamados "influencers", un ejemplo de cómo son los medios los que determinan el mensaje y cómo son los mensajes los que modelan las mentes colectivas a través de los flujos invisibles de información que cruzan el mundo.
El empobrecimiento del discurso social es evidente. El silenciamiento u olvido de las voces significativas es un hecho. Creo que el hecho determinante proviene de la propia potencia de los medios para configurar la opinión. La intensidad y poder de los medios han determinado irónicamente su vaciedad. Esto ya lo dijo Marshall McLuhan: un medio es tanto más trivial cuanto mayor es su alcance. Gran verdad.
Todo ello lleva a una serie de reflexiones sombrías sobre la propia evolución de nuestras sociedades mediáticas. La comunicación se ha convertido en mercancía, es el hecho del intercambio lo que genera el valor y no la calidad de las ideas transmitidas. De ahí que el valor hoy esté determinado por el número de visitas, descargas o cualquier mecanismo de medición. No se entra en la calidad de lo dicho, sino en cuántos han sido "alcanzados". Ante esta perspectiva, la lógica del negocio nos dice que es lo trivial lo que llega más lejos. Es el espectáculo... que debe continuar.
La tristeza de Rafael Sánchez Ferlosio es la de ver que el gran teatro del mundo se ha convertido en un inmenso circo romano virtual. Pese a ello, no hay que cesar. Hay que escribir como si se influyera, como si sirviera para algo, como si al final de un aula, al fondo de una sala, hubiera alguien que trata de esconder el hecho escandaloso de atender, de estar interesado, de intentar comprender. Solo un pequeño destello en sus ojos permite suponerlo. Es una esperanza.


A. Einstein y W. Heisenberg