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domingo, 4 de enero de 2026

Certidumbres e incertidumbres venezolanas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Que Nicolás Maduro es un dictador no lo duda casi nadie; que Venezuela no es un régimen democrático, tampoco. Pero cuidado con echar las campanas al vuelo demasiado rápido. No hay garantías de que los venezolanos hayan recuperado mucho en esta "guerra relámpago" (un término con historia, que no se ha utilizado, mientras que se usan otros muy ambiguos como "operación quirúrgica" por los medios).

No sé si la idea de convertirse en una colonia estadounidense es muy atractiva, pero parece ser lo que viene. Quienes piensan que esas "cuantiosas inversiones de las empresas petroleras norteamericanas" van devolver a Venezuela, como ha dicho Donald Trump, "su antigua grandeza y esplendor", son libres de hacerlo.

Por uno de esos azares ordenando películas, decidí concluir la noche viendo una británica, una comedia titulada en español como Un golpe de gracia (The Mouse that Roared 1959), dirigida por Jack Arnold. Nos cuenta la situación del país más pequeño del mundo, Grand Fenwick, situado en el centro de Europa, apenas un punto, que se ve en la ruina porque los norteamericanos han decidido imitar y producir su única fuente de riqueza, un vino propio. La ruina económica les lleva a realizar una acción contundente: declarar la guerra a los Estados Unidos, lo que hacen enviando por correo una declaración que es tomada como una broma de la prensa por los que la reciben.

El plan no es luchar con su ejército armado con arcos y flechas, sino ser derrotados. Peter Sellers interpreta a casi todos los personajes, de la Gran Duquesa al inexperto al mando de la mínima tropa que desembarca en Nueva York. El primer ministro tiene una teoría: los Estados Unidos son muy generosos cuando ganan una guerra e inundan de alimentos y todo tipo de bienes a los países que derrotan. Para su desgracia "ganan" la guerra. ¿Sigue vigente la "teoría" de los del pequeño Ducado de Grand Fenwick? ¿Creen que serán inundados de bienes por la ganadora "operación quirúrgica" trumpista? Puede que el tiempo les responda cuando vean que salen más cosas que entran.

La idea expresada con claridad de que será Trump (los Estados Unidos, si lo prefieren) quien dirija los destinos de Venezuela hasta que considere que están en la dirección adecuada, sea esta la que sea, pero con más probabilidades de que sea la que beneficie a los Estados Unidos.

Muchos venezolanos celebran lo que entienden como la caída de Maduro, lo que es bastante natural. Pero aquí no ha "caído" nada; más bien "se han llevado". El régimen sigue intacto, eso sí, muy debilitado en su credibilidad.

Los que piden que sea Edmundo González quien dirija los destinos de Venezuela como presidente frustrado por el fraude electoral denunciado en su momento, se pueden encontrar con la sorpresa que no serán las urnas sino Trump quien decida quién rige los destinos de Venezuela. Hay que ser muy ingenuo si después de la movida norteamericana, esta no saca provecho. ¿Creen que le importa algo la "libertad" o la "democracia" venezolanas a alguien que las pisotea en su propio país?

En estos momentos, Trump ha amenazado directamente a todos los países latinoamericanos que han denunciado la maniobra de Trump como contraria al orden internacional. Ya ha "avisado" directamente a Cuba, México y Colombia. Que tengan cuidado porque les pueden hacer lo mismo. Es el imperialismo colonial más burdo de lo que llevamos de siglo, solo comparable a su par, Vladimir Putin, quien decide dónde empieza y acaba Rusia. Trump decide donde los Estados Unidos imponen sus "acciones quirúrgicas" Se puede quedar con aquello que le apetece (Groenlandia, por ejemplo) con montar una historia sobre los intereses de Estados Unidos, su seguridad, amenazas, etc.

Trump decide. Y decide sobre todo. En su primer mandato temían que pasara esto y le rodearon de personas filtro, que iban dimitiendo una tras otra porque se le enfrentaban. Aprendió para su segundo mandato, para el que se ha rodeado de autoritarios y excéntricos, como poner un "antivacunas" negacionista al frente de la Sanidad o auténticos sociópatas en Defensa, rebautizada como "Guerra". Y a ahora entendemos por qué.

Nadie va a cambiar a Trump si antes no cambiamos nosotros antes. Eso debemos entenderlo con claridad, de la misma manera que los venezolanos deben ser conscientes de lo que implica su nueva dependencia. Los únicos cambios posibles en Trump vendrían desde dentro de los Estados Unidos a los que está llevando a un fondo moral oscuro, a la negación de su propia esencia y discursos tradicionales. Estados Unidos ha empujado a muchos países al amparo de dictaduras como forma de intentar garantizar su integridad ante las amenazas norteamericanas. Los lazos con la Rusia de Putin son los resultados.

Son muchos los riesgos que asume Venezuela, como también son muchos los que asumen los países críticos en la zona. Trump ha ido dando muestras de poder y de lo que supone resistirse o discrepar. Rápidamente se monta una historia para consumo interno. Eso vale para cualquier país o para convertir en "comunista" al elegido alcalde de Nueva York.

George Clooney y su esposa han decidido nacionalizarse franceses, como otros se hicieron canadienses en su primer mandato; Angelina Jolie visita los masacrados campamentos de refugiados en Gaza. Son pequeños gestos, pero que contribuyen internamente a erosionar la imagen todopoderosa de Trump, que cree que Dios apoya sus decisiones porque forman parte de un plan. Nos hemos tomado esto a broma, pero sabemos que hay mucha gente, millones, que creen que fue un ángel el que le libró de un atentado que le raspo una oreja. Él también lo cree.


La cuestión venezolana no es solo el ataque a una dictadura; es el ataque a una soberanía, su pisoteo. Los que celebran su caída tienen pleno derecho a hacerlo; pero son las formas e intenciones lo que acabarán siendo importantes. Las intenciones se van viendo a poco: controlar el país hasta hacerse con el petróleo (ese que dice que le robaron) y dejar colocadas a las personas adecuadas en la administración para garantizar el control del país. Puede que Venezuela haya perdido un dictador, pero no está claro todavía lo que ha ganado o lo que puede haber perdido además.

Solo tenemos algo claro, pero muy significativo: el odio que le tiene a María Corina Machado, la que le "robó" el Nobel de la Paz y a la que ha desprestigiado y desplazado del presente y futuro de Venezuela. Es un signo claro de cómo se guará para "controlar" el futuro de Venezuela estableciendo quién es apto y quién no. Lo que opinen los venezolanos le trae al fresco.

La imagen patética de Nicolás Maduro deseando "feliz año" a los presentes mientras entra en el centro de detención con las manos esposadas será una de las imágenes que marcarán este incierto año 2026.

La cuestión no será solo la caída de un régimen, el chavista, sino lo que ha de sustituirle. A la alegría de muchos, le sigue la incertidumbre por el futuro. No creo que la teoría de "Un golpe de gracia" sobre la generosidad de Estados Unidos para con los vencidos. Entonces era una invención propagandística, un camuflaje, y hoy es descaradamente improbable, pero no por ello deja de ser propaganda, Nos queda por delante la pantomima del juicio a Maduro, un show que Trump no quiere que nos perdamos y que tendrá cabida en su red social.

Esto va más allá de "derechas e izquierdas". Lo que está en juego es otra cosa, como creo que veremos en diversos lugares del mundo (especialmente de América, pero también de Europa) que Trump considere "suyos". Lo único que Trump acepta es la sumisión al poder norteamericano y a sus visiones del nuevo orden.

No hay que aceptar, como están haciendo muchos, el discurso justificativo norteamericano y más bien preguntarnos en qué hemos fallado al ser incapaces de reconducir a Venezuela hacia otro tipo de salidas diferentes.

El orden mundial ha cambiado. Trump lo ha convertido en una jungla donde él, los Estados Unidos, son el principal depredador. Los demás somos piezas de un menú dilatado, un menú del que irá seleccionando las piezas que interesan a sus interese económicos, geoestratégicos y militares. Tras él toda una fauna de grandes empresas, de las tecnológicas a las armamentísticas, pasando por las energéticas. Trump les asegura las ganancias y les allana el terreno. Todo esto se vende con una mezcla de patrioterismo y eficiencia con unos toques de providencia divina.

Como siempre y de corazón, mis mejores deseos para el pueblo venezolano. Se acercan tiempos de dudas que solo los hechos, no las palabras, podrán resolver.

sábado, 25 de marzo de 2023

Los difíciles cambios de la narrativa en América Latina

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las guerras se dirimen en muchos frentes y, cada vez más, en el informativo. En un mundo globalizado, de grandes conexiones, se puede luchar de muchas formas y sufrir de otras tantas.

El diario 20minutos, firmado por Clara Pinar, titula "Sánchez y Borrell intentarán rebatir en la Cumbre Iberoamericana la narrativa rusa sobre Ucrania que crece por América Latina"*. El concepto de "narrativa" es importante porque en este sistema mediático mundial la forma de actuar es a través de ese tipo de actuaciones. "Narrar" es crear un discurso con una función determinada, es decir, buscando una forma específica de reacción, en este caso, de apoyo a unas acciones en el mundo real. La "narrativa rusa" es distinta de la "narrativa ucraniana". No se trata de señalar que los hechos sean reales o solo interpretaciones, se trata de dar un sentido específico en busca de esa reacción de apoyo.


Lo que se nos viene a decir es que Sánchez y Borrell buscan países —sus dirigentes— que se alejen de la narración rusa y acepten las ucranianas y occidentales. En 20minutos escriben: 

De una forma más sutil que directa, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, intentará disuadir a sus homólogos de los países de América Latina de apoyar o, al menos, contemporizar con las posiciones de Rusia en la guerra de Ucrania, que ganan terreno en la región. La XXVIII Cumbre Iberoamericana, que se celebra este sábado y domingo en la República Dominicana y que encabeza Felipe VI por la delegación española, no tiene en su agenda oficial ningún punto relativo a Ucrania, pero tanto el presidente como previsiblemente también el Alto Representante para la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, acuden con la intención de rebatir una narrativa rusa sobre el conflicto que se vive en Europa que creen que se expande por los países latinoamericanos, muchas veces a lomos de sus relaciones comerciales y económicas con Moscú.

Al contrario de lo que sucede en la UE, donde la guerra en Ucrania es un punto prioritario de las discusiones entre sus líderes, no existe ningún punto específico en la agenda de la Cumbre Iberoamericana referida al conflicto ni a Rusia. Sin embargo, fuentes gubernamentales apuntan a que previsiblemente se suscitará, quizá no en las dos sesiones plenarias del domingo, sino en encuentros bilaterales y conversaciones más o menos informales, que se den en los márgenes de la reunión.*



El hecho mismo de que no esté en la agenda, como se señala, ya es indicativo de un estado determinado de la cuestión. No plantear la cuestión y nos quiere decir algo. Lo de la "sutileza" dependerá sobre cómo se impone un tema en la agenda y el hecho de reducirlo a los contactos bilaterales es también una señal del sistema defensivo construido para no tener que discutir sobre un tema en el que las narrativas son distintas.

Los relatos construidos no se dan en el vacío, sino que deben encajar en una "narrativa" más amplia, construida sobre otros relatos más amplios (metarrelatos), que es el sistema de creencias más exterior, el que sirve como "frontera" a ese universo de significados. La reunión de los países latinoamericanos con España y los representantes de la UE no es precisamente un espacio de convergencia. La "narrativa rusa" vende precisamente que son ellos los agredidos por "Occidente" (un constructo de la narrativa, un paquete) y eso encaje mejor en el propio sistema narrativo latinoamericano.

Los exabruptos de presidentes como los de Venezuela o México contra España en cuanto que se les da ocasión les permite utilizar las raíces españolas como "coloniales", al igual que las que envuelven a los europeos en su conjunto y, en es especial, a los Estados Unidos, a los que ven como una potencia colonial que quiere controlar el continente. Esa política antioccidental, especialmente, antinorteamericana es la que haga que se acepte la "narrativa rusa", no en muchos casos porque sea convincente, sino porque es la contraria a la de occidente y, especialmente, a la de los Estados Unidos, que se ven como el gran enemigo.

Esto es lo que ha hecho que se acepte la narrativa rusa o que no se acepte la "occidental-ucraniana". Hay que decir que los Estados Unidos no son precisamente "sutiles", por usar el término del artículo. Más bien es lo contrario. La política exterior norteamericana está muy marcada por la idea de "potencia mundial", lo que permite que se introduzcan otras "narrativas liberadoras" o "alternativas". Esto lo ha sabido aprovechar Rusia en Latinoamérica y, en cierto grado, China, con argumentos y estrategias muy diferentes, pero ambas aprovechando los errores norteamericanos debidos a su visión unilateral e interesada del mundo.

Esto ocurre, al igual que en América Latina, en África con el acercamiento ruso y especialmente chino, donde han respaldado igualmente a los países que se ofrecían como alternativa a lo que veían como la entrada "occidental", en su mayoría las potencias coloniales. Rusia y China no tenían ese problema por su propio desarrollo histórico. Curiosamente, no hay país más colonial que Rusia, pero ese colonialismo lo ha ido teniendo en su propio entorno, creándose mediante anexiones, tal como ahora hace con Ucrania. El europeo ha sido, en gran medida, transcontinental, de España al Imperio Británico, Francia, etc. Eso ha dejado una serie de relaciones marcadas que Rusia explota.

En el texto del artículo se señala:

Según indican, en el ánimo Sánchez está evitar que la narrativa rusa cale en América Latina, entre países que mantienen lazos económicos y comerciales con Rusia, que Vladimir Putin, se ha esforzado por estrechar para atraerse a sus tesis al llamado sur global. Aunque América Latina apoya como bloque regional las resoluciones de la ONU de condena a la agresión rusa sobre Ucrania, se resiste a un posicionamiento tan firme a favor de uno de los dos bandos -el ucraniano- y en contra de otro -el ruso- y tradicionalmente defiende la no injerencia en asuntos internos de otras naciones. Sus países, incluso, se encuentran molestos por tener que alinearse con uno u otro bando.*

La política rusa, por otro lado —lo hemos tratado aquí en varias ocasiones—, apoya gobiernos represivos, como es el caso de Bachar Al-Asad en Siria, que se ha manifestado abiertamente hace unos días en favor del Kremlin y de la ocupación de Ucrania. Ese apoyo no está sometido a problemas de opinión pública y se hace a mayor gloria de Putin, que se muestra como el "amigo fiel" bajo cualquier circunstancia, el que enviará tropas cuando esté en peligro y tu propio pueblo se subleve contra tu tiranía. Las amistades de Putin son sólidas, incondicionales. De esta forma, los mismos gobiernos de esos países usan la narrativa propia que se entrelaza, se encaja con la rusa.

No lo tienen fácil los españoles Sánchez y Borrell para convencer a alguien. No es fácil cambiar la narrativa en un tablero donde las piezas llevan mucho tiempo encajadas.

* Clara Pinar "Sánchez y Borrell intentarán rebatir en la Cumbre Iberoamericana la narrativa rusa sobre Ucrania que crece por América Latina" 20minutos 25/03/2023 https://www.20minutos.es/noticia/5111982/0/sanchez-borrell-rebatir-cumbre-iberoamericana-narrativa-rusa-ucrania-america-latina/