Mostrando entradas con la etiqueta elecciones francesas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta elecciones francesas. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de abril de 2022

Le Pen, Merkel y Putin

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las próximas elecciones francesas —y probablemente otras próximas en diferentes países— tienen lo que podemos llamar de forma general "dimensión europea", pero que se puede afinar como una "dimensión rusa". Si bien, en general, Europa condena la bárbara invasión rusa de Ucrania, las diferencias se comienzan a manifestar cuando se abordan las medidas que hay que tomar en el apoyo a Ucrania y, especialmente, en los efectos sobre los propios países.

En el diario ABC, su corresponsal en París, Juan Pedro Quiñonero, recoge los efectos del segundo debate presidencial y tras señalar la creencia en la victoria de Macron por parte de las encuestas realizadas, cierra su análisis así:

Desde hace días, la prensa europea de referencia política y financiera había insistido en la dimensión continental del duelo entre el presidente saliente y la candidata conservadora, que propone «desmantelar» la Unión Europea (UE), sustituida por una Alianza de Naciones Soberanas que debería tener, a su modo de ver, «relaciones privilegiadas» con Rusia.

En ese terreno, Financial Times, resume el debate con este titular: «Emmanuel Macron acusa a Marine Le Pen de dependencia de Vladimir Putin».

Desde esa misma perspectiva, la Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), presenta el debate con este titular: «Le Pen: "No deberíamos hacernos el harakiri para castigar a Rusia». Südetusche Zeitung prefiere insistir en el 'detalle' internacional más sensible del debate: «Macron acusa a Le Pen de depender de Putin».*


Más allá de la dudosa calificación de "conservadora" a la dirigente ultraderechista, la cuestión planteada es de crucial importancia porque supone un compromiso oficial en campaña, es decir, un proyecto para Francia y para Europa y sus relaciones internas y externas.

Lo expresado por Le Pen de una "alianza privilegiada" con Rusia va en contra de todo lo que en este momento se está manifestando de forma oficial por Europa, que es cómo reducir la dependencia creada en décadas con una combinación de ceguera e intereses creados, como se va desvelando al sacar a la luz todo el entramado político y económico tejido por Rusia en décadas.

A veces las cosas se comprenden mejor mirando hacia atrás, recuperando lo que la velocidad de vértigo de los acontecimientos ha dejado por el camino. Recupero un artículo de agosto de 2021, firmado por Xavier Colas en el diario El Mundo con motivo de la retirada de Angela Merkel,  que lleva por el hoy visto irónicamente título "Putin se despide de Merkel recordando que Rusia ya no quiere revoluciones":

Han sido una 'pareja' imposible pero longeva. El presidente ruso, Vladimir Putin; y la canciller de Alemania, Angela Merkel, se dijeron adiós en Moscú. Ella, al mando de la locomotora de la UE, dejará el poder el mes que viene sin haber atraído a Putin hasta la legalidad europea. Él ve marcharse a una interlocutora privilegiada, capaz de separar el gas de los derechos humanos pese a las presiones de EEUU. Él habla muy bien alemán y ella entiende perfectamente el ruso: suficiente para comprenderse sin estar de acuerdo, cada año, durante más de década y media.

[...]

Putin estaba más atento a los negocios. Aseguró que Rusia cumplirá con sus compromisos sobre el tránsito de gas a través de Ucrania a pesar de la nueva ruta en el Báltico, aunque condiciones. La principal pega al NordStream 2 ha sido que, además de aumentar la dependencia del continente respecto a Rusia, devaluaba el valor geopolítico de Ucrania, un país invadido y amenazado por Moscú y los separatistas armados. Si Ucrania deja de ser la tubería de los europeos, será más fácil prenderle fuego en el altar de una Rusia sin límites. Putin está dispuesto a seguir bombeando su gas a través de Ucrania después de 2024, pero para ello necesita detalles sobre futuras adquisiciones de combustible por la UE. "No podemos firmar contrato de tránsito hasta que tengamos contratos de suministro a nuestros clientes en Europa".**



El segundo párrafo citado explica mejor lo que está ocurriendo, pues anticipa lo que iba a ocurrir: al crear una vía alternativa a Ucrania para la conducción del gas, esta deja de tener valor. Putin no quería "revoluciones", pero sí una guerra depredadora que busca crearse —basta con ver el mapa de operaciones para entenderlo— una franja de seguridad de todo lo que es el sur y las salidas al mar, para lo cual ya se tragó Crimea.

La frase en negrita del artículo hace referencia a que mientras a Merkel le interesaban los derechos humanos, a Putin le interesaban los negocios. Esta fórmula en la que basta con poner sobre la mesa algunos problemas para seguir comprando y vendiendo se ha ido extendiendo de una forma bastante hipócrita. Su escenificación es sencilla: me reúno con el otro y le planteo algunos problemas en la rueda de prensa final, lo que en lenguaje mediático se llama una "postura firme", pero luego no actúo más allá, todo lo más una sancioncilla de nada para volver a casa dignamente y mantener el tipo ante mi electorado.

Hoy podemos interpretar de esta forma muchas de las reuniones internacionales. La retirada de Merkel es cada vez más interpretada por analistas como un punto crucial de este laberinto económico y político de la dependencia de Rusia, hoy claramente percibida como un arma planificada con la que piensa afianzar sus conquistas, término al que ya no hay que poner comillas porque es lo que mejor describe sus actuaciones.

22/09/2021

Putin ha esperado hasta el último momento para asegurar una crisis económica, de crecimiento, de inflación, etc. Las fechas de subida de la energía son previas a la invasión y no deben separarse de ella, forma parte de lo que hoy llaman esa "guerra híbrida" en la que se entremezcla la desinformación, la inflación, la agitación y la invasión, todas ellas acciones programadas y coherentes con los objetivos.

Europa está preocupada por las líneas ocultas de dependencia, como las que han salido con las elecciones francesas, de las deudas millonarias de Marine Le Pen con los bancos rusos, algo que se sabía desde hace tiempo, los apoyos que se señalaron ya hace tiempo de financiación del Brexit (una maniobra exitosa para el debilitamiento de Europa), los escándalos ucranianos sobre el hijo de Joe Biden solicitados por Trump para su campaña electoral y que se le frustraron, la dependencia alemana del gas ruso que ha hecho de Alemania un elemento de boicot a las demás medidas y con cuyo dinero se está financiando la guerra, los lazos de políticos europeos con empresas rusas y de rusos en empresas europeas... Es un sinfín de hilos en la telaraña que Vladimir Putin ha tejido sobre Europa.



Dirigentes, ex dirigentes y futuros dirigentes deben ser bien observados porque pueden saltar sorpresas en muchos países al ver que no les hacían ascos a las llamadas golosas desde Moscú. La pregunta sobre Rusia debería ser obligatoria en cualquier prográma político o electoral. Mejor evitar sorpresas.

El programa electoral de Marine Le Pen es un programa claro en dos sentidos: disolver la Unión Europea y tener a Rusia como socio preferente. Decir esto hoy, con miles de muertos por enterrar o enterrados en fosas comunes, con más de cuatro millones de desplazados por la invasión, es un insulto a la inteligencia francesa y europea. Llamarla "candidata conservadora" es un lapsus o un insulto a la inteligencia de los lectores españoles.


Lo que parece evidente es que los lazos creados con la Rusia de Putin van a ser determinantes en muchos aspectos de la próxima vida política europea y mundial. La "debilidad" que Putin ve en las democracias es precisamente la de la discordia, es decir, la necesidad de los dirigentes de justificar las privaciones a las que nos vamos a tener que enfrentar. Él no tiene ese problema dado el carácter autoritario, represivo y propagandístico de su régimen. Son dos modelos los que están frente a frente, por eso es escandaloso el programa de Le Pen y vergonzosas las reticencias de algunos países que no quieren (¿quién quiere?) ver frenado su desarrollo. ¿Ha mantenido Alemania su carácter de "locomotora europea" gracias a los beneficios del gas ruso? Es una buena pregunta que hace cuestionar a algunos analistas el legado de Merkel, ya que han sido esa década larga de amistad la que han creado esta dependencia.


¿Fue la retirada de la hoy silenciosa Merkel el disparo de salida de lo que está ocurriendo hoy? La cuestión no es trivial, aunque lo que importa ahora es cómo sacudirse esa dependencia que obliga a cambiar muertes por gas y trigo.

Que los lazos de Putin hayan apostado por Francia, con Le Pen, y con Alemania, con ex dirigentes silenciosos otros en consejos de empresas rusas; con la Italia de la ultraderecha de Mateo Salvini o los populismos nacional-derechistas en Hungría, por citar lo más evidente, es bastante significativo. Es el peligro que Francia debe conjurar este domingo en la urnas. De no hacerlo, el desastre está servido más allá de lo que podamos imaginar.

Los analistas del voto francés señalan que el máximo poder de Marine Le Pen se encuentra en las clases más desfavorecidas, en los que padecen más las crisis económicas y de empleo, la inflación, etc. Son las más proclives a este populismo nacionalista que responsabiliza a Bruselas de su pobreza y olvido. Si no se cortan estos discursos con hechos, con demostraciones de la preocupación real, no demagógica, de las instituciones, es cuestión de tiempo para que ese tercio de los votantes de la izquierda de Jean-Luc Mélechon, dispuesto a votar a Le Pen se amplíe y se extienda por esta Europa nuestra, huérfana de luces y lanzada a emociones peligrosas.


ElDiario.es 7/03/2022

* Juan Pedro Quiñonero "Macron gana a Le Pen en un debate marcado por las acusaciones de «dependencia» de Putin de la extrema derecha" 21/04/2022 https://www.abc.es/internacional/abci-macron-gana-debate-marcado-acusaciones-dependencia-putin-extrema-derecha-202204211016_noticia.html

** Xavier Colas "Putin se despide de Merkel recordando que Rusia ya no quiere revoluciones" El Mundo 20/08/2021 https://www.elmundo.es/internacional/2021/08/20/611fe986fc6c8357348b45e5.html

 


lunes, 11 de abril de 2022

El peligro francés

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La noticia en Francia es doble: la suma por parte de la ultraderecha de un 30% del electorado, por un lado, y el hundimiento de los dos partidos tradicionales, el republicano y el socialista. Si bien el respaldo a Macron parece sobrado por lo manifestado hasta el momento por los participantes contrarios a instalar a Marine Le Pen en el Palacio del Elíseo, las preguntas que deben ser planteadas y resueltas son las que se refieren a las raíces del mapa político, al cambio de un modelo casi bipartidista a estos modelos fragmentarios en los que prácticamente desaparecen partidos que antes eran mayoritarios.

Quedan en el aire francés dos cuestiones: el peso de la abstención habida y su reparto posterior en la segunda vuelta y el grado de obediencia de aquellos que han votado para llevar sus votos a ambos candidatos, Macron y Le Pen. ¿Los que se han abstenido en la primera vuelta, lo harán en la segunda? ¿Los que han participado en la primera, lo seguirán haciendo en la segunda y, además, en el sentido que les han recomendado? Estas dos preguntas son la clave del destino francés, aunque uno tiene más posibilidades que la otra, pero nada es seguro.

El sistema de partidos ha sido históricamente construido por una combinación entre ideología y aparato, es decir, es una organización específica cuyo objetivo es reunir a los votantes en torno a un ideario determinado. Los partidos políticos han ido relativizando el peso ideológico y se han hecho más pragmáticos, lo que hace que su imagen se diluya en beneficio de la unidad personalizada, el candidato. Parafraseando a McLuhan, el candidato es el mensaje. Y esto ocurre en dos sentidos, el del apoyo y el de la negación. Estás dispuesto a votar a un candidato y no tienes la más mínima intención de votar a otros. Ahí reside en gran parte el peligro en Francia.

En RTVE.es se dedica al análisis del futuro de los votos de Jean-Luc Mélechon (21,95%), el tercer candidato más votado tras Macron (27,6%) y Le Pen (23,41%):

Más de una cuarta parte de las personas que afirmaban que iban a votar por Mélenchon en la primera vuelta anticiparon que se decantarían por Le Pen en caso de un duelo entre ella y Macron en la segunda vuelta, según las encuestas de las últimas semanas.

El líder de Francia Insumisa ha afirmado que entiende el "enfado" de sus seguidores tras los resultados de la primera vuelta de los comicios, pero ha insistido en que eso no debe conducir a "cometer errores que serían irreparables".*


Que el 25% de los votantes de un partido de izquierda estén dispuestos a votar a una candidata de la extrema derecha solo puede significar que son anti Macron como parte de esa ideología personificada. Su deseo real es sacarlo del Elíseo, aunque para ello tengan que "cometer errores irreparables", por usar la expresión de Mélenchon. El mismo artículo de RTVE.es señala que Mélenchon ha dicho que no cometan errores, pero no ha dicho expresamente que voten a Macron´, algo que sí han hecho otros. ¿Lo hará en los próximos días o está invirtiendo en su candidatura para la siguiente elección? Demasiada incertidumbre ante un futuro complicado.

En las últimas décadas, el pragmatismo de los partidos ha ido centrando en los líderes el foco de interés, dejando progresivamente el peso ideológico. Esto ha fomentado el crecimiento de partidos, muchas veces como escisiones de grandes partidos, a la vez que su debilitamiento. En ocasiones, algunos políticos han creado partidos personales, con la maquinaria necesaria para poder conseguir su escaño y poco más. En otras, el peso personal ha apostado por objetivos mayores aprovechando el tirón personal, como Berlusconi en Italia, por ejemplo. También Italia ha vivido la desfiguración del mapa político y la creación de un mapa personalizado.

La tendencia a la fragmentación tiene un límite, llegado al cual se produce el movimiento contrario, agrupaciones de múltiples partidos que eligen entre ellos a los líderes que deben ser "mostrados" y utilizados como banderín de enganche. Tenemos ejemplos claros de esto en España.


Lo que sí parece claro es la crisis del modelo de partido, los cambios en su funcionamiento interno respecto al pasado y la forma de proyectarse hacia la opinión pública.

Los partidos políticos son ahora un claro ejemplo de organizaciones que funcionan mediante el análisis de las respuestas de la opinión pública. Los constantes sondeos sobre cómo reacciona la opinión ante cada paso dado permite evaluar las decisiones inmediatas. Ya no se trata de saber "qué quiere la gente", sino de saber "qué quiere la gente cada día", para lo que se dispone de bien organizados estrategas con acceso continuo a las fuentes de datos sobre las intenciones de voto. Se trata de crear después el mensaje que confirme lo que la gente espera tratando de mantener una perspectiva acorde con las expectativas creadas.

Las grandes oscilaciones que ha producido la guerra de Ucrania en las intenciones de voto en Francia nos muestra la alta variabilidad de los electorados, que pueden girar en un momento dado ante una noticia determinada.

Francia, entre otros países europeos, desarrolló leyes para prevenir las entradas de hackers —rusos, esencialmente— cuya función era alterar los resultados electorales con este tipo de informaciones a las que son especialmente sensibles. Este tipo de reacción protectora nos da cuenta de lo fácil que resulta actuar sobre el cuerpo electoral planificando momentos clave en los que incidir. Un atentado, por ejemplo, puede dar un giro electoral y llevarte a perder una elección cuyas encuestas te daban ganador unas pocas horas antes.

La situación francesa es preocupante. Es una de las grandes democracias europeas y un pilar esencial de la Unión. La llegada de un partido de extrema derecha al Elíseo, de un partido con sólidos contactos con la Rusia de Putin, que lo ha financiado (le deben ocho millones de euros a los bancos rusos), es preocupante en un momento en que Europa está amenazada directamente por la guerra y sus efectos en cadena.

Los imprevisibles vaivenes en el tablero de juego de la política hacen que cada elección europea sea mirada con temor a un giro que pueda dar al traste con lo que ha costado tanto crear. El ejemplo claro en es Brexit, en donde la ligereza de los dirigentes de la derecha británica sacó al país de Europa. Las consecuencias las vemos todos los días. Una Europa débil ante las amenazas en sus puertas es el peor escenario y el que todos temen.

Que la suma de las dos ultraderechas francesas supere el 30% de los votos, que haya una fuerte abstención en las presidenciales no son buenos augurios porque marcan un línea peligrosa. Los triunfos en países como Hungría o Polonia de grupos populistas de corte nacionalista hacen ver que el modelo se está deteriorando y que lo seguirá haciendo si no se ponen las medidas necesarias. Estas han de llegar de la inspiración realmente democrática de los partidos. Hasta el momento, la respuesta ha sido intentar absorber las demandas que los populistas predican, lo que no es un buen camino. Por primera vez en España, el ultraderechista Vox ha entrado en un gobierno regional. Lo ha hecho sustituyendo la combinación anterior con un partido centrista al que han ido desmigando entre la derecha y la ultraderecha.


El mapa francés no es demasiado bueno para el futuro y es peligroso para todos, Europa incluida. La Unión es un equilibrio demasiado fino como para resistir muchos de estos ataques a sus cimientos. Lo que vemos ya en algunos países, que acaban siendo sancionados por la Unión, es cada día más desafiante. Las sanciones que se les imponen son compensadas muchas veces por el trato de favor que reciben de Rusia por su apoyo.

Queda una segunda vuelta en Francia. Es la oportunidad de evitar que ese porcentaje de Marine LePen aumente y que la idea francesa de Europa no cambie. Los tiempos están muy complicados para añadirle más aventuras peligrosas.

El voto de ese 25% de la izquierda de Mélenchon que se muestra proclive a apoyar a Marine Le Pen parece una aventura excesiva ante los márgenes que la democracia francesa se puede permitir. También dice mucho sobre el extraño sistema político que hemos creado y sus consecuencias. Cada vez queda más claro a quién favorece la excesiva fragmentación del marco de los partidos políticos. 

* "Mélenchon aglutina el voto de izquierda con más del 21% y su electorado será clave en la segunda vuelta" RTVE.es 11/04/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220411/elecciones-francia-melenchon-voto-izquierda/2330122.shtml

sábado, 9 de abril de 2022

Los europeligros

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Quizá sea el sino de la Unión Europea estar en el filo de la navaja, en constante equilibrio entre fuerzas interiores y exteriores que buscan su debilitamiento y hasta destrucción, conforme a la radicalidad de las propuestas que en cada país se ponen encima de la mesa en cada elección.

Es el sino democrático frente al modelo autoritario que Rusia y su federación representan hoy en día. Frente a los gobiernos títere de los aliados rusos, Europa propone un modelo muy distinto, en el que se dan conflictos entre instituciones y países y entre países mismos en cuanto que existen discrepancias sobre qué políticas seguir. Rusia "resuelve" sus discrepancias con invasiones y anexiones, como estamos viendo hoy mismo en Ucrania, a la que Rusia considera "suya", un "territorio invadido" que va recuperando en cada mordida, de Crimea al Dombás.

Europa, por su parte, está sujeta a fuerzas centrífugas, como las que determinaron el Brexit. Las opiniones públicas de cada país se ven sacudidas, muchas veces manipuladas, presentando los problemas nacionales como conflictos con Europa. Es la línea seguida por los "populismos" de diverso pelaje que han reivindicación de un nacionalismo aislante, de una renegociación permanente que actúa sobre la estabilidad de Europa. Los efectos perjudiciales del Brexit sobre Reino Unido, cuyas colas kilométricas de camiones ante el Eurotúnel se nos muestran hoy, no han sido suficientemente explicados.

Desde el punto de vista de la educación europea, parece que se ha llegado a alguna especie de tope mental que las ideas nacionales identitarias no quieren llegar. ¿Para cuándo una "educación para la ciudadanía europea" en nuestras escuelas y facultades? ¿Para cuándo el poder  decir "somos europeos" de una forma natural? Es lo que permitiría realmente otra perspectiva y otra forma de actuación.

Pero, por el contrario, lo que está creciendo es un populismo extremo y radical que juega con la idea identitaria nacionalista, haciendo el juego a las fuerzas interesadas en una Europa débil y fragmentada, necesitada de protección y con cada negociación convertida en tortura y riesgo permanentes.

Ayer hablábamos del riesgo que supone cada elección francesa, algo que podremos comprobar mañana mismo. En el diario ABC leemos sobre la candidata de la extrema derecha populista francesa: 

Los institutos de opinión se dejan un margen de error de 2 a 3 puntos. Según esos cálculos, la elección de Le Pen «es posible, aunque no sea probable». El riesgo de una abstención excepcional complica todas las previsiones. Sentencia que ha provocado una escalada de alarmas francesas y europeas, que Eric Maurice, analista de la Fundación Robert-Schuman, analiza de este modo: «En el programa de Marine Le Pen ha varias proposiciones claramente prohibidas por los tratados europeos. En caso de victoria, se plantearían muchos problemas de fondo, a la vista de su complicidad con varios Estados euroescépticos, como Polonia y Hungría». «Las instituciones europeas no sobrevivirían a una victoria de Marine Le Pen», comenta François Miguet, especialista en asuntos europeos.

En el programa presidencial de la candidata de extrema derecha hay varias proposiciones que son una suerte de 'Frexit' (salida de Francia de la UE), presentado con calculada ambigüedad.

Le Pen propone medidas que pudieran amenazar la libertad de circulación de bienes y personas, la matriz del mercado único, el cimiento capital de la UE. Le Pen propone una 'renegociación' de legislación y tratados para afirmar la superación del derecho nacional, francés, contra el derecho europeo, abriendo un frente inflamable para toda Europa.*


La amenaza no es trivial ni imaginaria; es real y de enorme trascendencia, como se puede apreciar. Pero también va más allá de la extrema derecha de Le Pen y se extiende al otro extremo del espectro político. Señala Juan Pedro Quiñonero en su artículo: "Gane o pierda, el crecimiento de las corrientes euroescépticas francesas, extremas derechas (Le Pen, Zemmour) y extremas izquierdas (Mélenchon), es un muy mal augurio nacional y europeo."* En efecto, el crecimiento envolvente de los grupos antieuropeístas y euroescépticos, por diferenciarlos aunque busquen lo mismo, es una muy mala noticia para la Unión Europea.

¿Es el olvido del desastre de las Guerras Mundiales lo que está llevando a las generaciones nuevas a perder el impulso europeísta? ¿Son los propios errores europeos, entendidos como falta de respuestas a los problemas que nos sacuden desde hace casi veinte años, como consecuencia de una crisis económica mal resuelta? Lo más probable es que sea una mezcla de olvido e interpretación sesgada del presente.


Europa tiene una serie de condicionamientos por su propia posición dentro de un espacio que cada vez es más necesario entender e incluso ampliar, Eurasia, un espacio que debe ser reconsiderado como "mediterráneo" ya que los problemas del norte de África no llegan y se amplían por todo el desplazamiento de problemas continentales hacia el norte, especialmente, de violencia (terrorismo) e inmigración (desplazados por guerras, por causas políticas y por la mezcla de enfermedades y pobreza). Son precisamente estas dos situaciones las que son utilizadas por los extremismos populistas para atacar a la Unión Europea reivindicando el nacionalismo como alternativa. Las amenazas de Le Pen son parejas a las de los populismos de otras áreas de Europa y la soluciones siempre las mismas, un mundo fraccionado, protegido por los cierres de fronteras, con aumento del racismo y reivindicación de la identidad nacional. Esto vale desde la extrema derecha española a la polaca o húngara, pasando por la francesa, la alemana y las de otros países comunitarios. No es un fenómeno exclusivo de Europa, pero es en Europa donde existe un objetivo específico: romper su unidad.

En estos años, hemos podido hablar aquí de muchos momentos en los que los grupos populistas pasaban de ser simplemente euroescépticos a ser activos militantes para dinamitar las instituciones desde dentro, buscando amplia representación en espacios decisorios, como el Parlamento Europeo, para utilizarlo contra Europa. Así lo hicieron los británicos anti europeos del Brexit y otros grupos de distintos países.


Lo que está ocurriendo con el boicot de Orbán a las medidas contra Rusia es un ejemplo del problema europeo. Orbán utiliza la Unión como una diana sobre la que lanzar los problemas propios. Es muy difícil con actitudes así que Europa avance y sin embargo fácil que retroceda.

Lo que suceda en estas elecciones presidenciales en Francia es importantísimo para el destino futuro de Europa ya que Francia juega un papel destacado en muchos sentidos. Hay que replantearse la política comunicativa europea si queremos que Europa siga existiendo y creciendo como un espacio común. Hay que empezar a enfrentarse a este tipo de movimientos populistas desde una perspectiva europea y europeísta, si es que nos importa algo esta construcción común. Hacen falta esfuerzos de explicación, vencer las tendencias al fraccionamiento y a que se vea como un escenario de lucha de intereses de los países más poderosos frente a los más débiles. Si se utiliza Europa como una forma de control y predominio de unos sobre otros, será poco probable que podamos mantener el sistema en su conjunto funcionando como debe.

Todo esto se hace dentro de un marco democrático, es decir, sujeto a la posibilidad de cambios que caracterizan a estos sistemas. Los regímenes no democráticos aprovechan la posibilidad de estos cambios para presionar y reducir su eficacia. El efecto es que en países en los que han entrado, como Polonia o Hungría, empiezan a retroceder las libertades que garantizan el sistema, aumentando los problemas con el resto de los países de la Unión. ¿Es posible reducir este problema de una libertad que se usa contra un sistema de libertades, es decir, que se vuelvan autoritarios? El experimento europeo de unidad es algo bastante insólito y no valen muchas otras experiencias más que a modo de ilustración. Europa es un camino por explorar con los consiguientes riesgos que esto implica. Por ello es fundamental mesura, reflexión y construir un camino convergente. Los radicalismos locales tienden a trasladarse a las instituciones europeas aprovechando sus fisuras.

Nunca hemos tenido, en las últimas décadas de Europa, tan claros los peligros que nos acechan y la necesidad de más y mejor democracia, la necesidad de resolver los problemas que surgen de nosotros o los que nos lanzan. Europa es desafío y confianza ahora que las oscuras alternativas están claras.


* Juan Pablo Quiñonero "El euroescepticismo de Le Pen y Mélenchon alarma a la UE" ABC 9/04/2022 https://www.abc.es/internacional/union-europea/abci-euroescepticismo-y-melenchon-alarma-202204090137_noticia.html