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sábado, 1 de diciembre de 2018

La cuadratura del círculo del reformismo del discurso religioso egipcio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No hay que jugar demasiado con la paciencia ajena. Suele ser una buena regla de actuación. Sin embargo, en Egipto, donde se inventó la eternidad, esta regla no suele tener medida y se juega con la idea de que se puede tirar de la cuerda de forma ilimitada sin que esta se rompa. Pero no hay material que resista lo que el optimismo egipcio requiere.
Se juega con la paciencia del presidente al-Sisi sobre la reforma del discurso religioso, cuestión de la que nos ocupamos periódicamente para constatar que el presidente está enfadado y las autoridades religiosas siguen sordas a cualquier planteamiento y se manifiestan en sentido opuesto o sencillamente mantienen un silencio muy egipcio. La idea de fondo es que el islam y sus instituciones han durado más que los presidentes egipcios, por más que algunos se hayan eternizado en el cargo con todo tipo de artes.
Ahram Online recoge un duro artículo, firmado por Gamal Essam El-Din, con el titular "Reform of religious discourse: Much talk, no action". En él se critica abiertamente la sordera religiosa sobre este punto de la reforma que el presidente ha hecho suyo y la historia muestra no como un hecho sino como una frustración. A un presidente que presume de eficacia ejecutiva, le debe ser frustrante ver cómo pasa el tiempo y que sus palabras sobre el cambio en el discurso religioso son contestadas —sirvan los dos últimos pronunciamientos religiosos en estos días— para negar el derecho a la igualdad en la herencia entre hombres y mujeres y a afirmar que comer perros y gatos es "halal" si se sacrifican adecuadamente, es decir, conforme a las normas islámicas.
La queja del articulista va directamente contra la Universidad de Al-Azhar:

In a celebration to mark the birth of Prophet Mohamed (Moulid Al-Nabi) on 19 November, President Abdel-Fattah Al-Sisi lamented that so little has been done to turn his repeated calls for the reform of religious discourse into reality.
 “It is really sorrowful that some still insist on giving perverted readings of Islam. Everyone must play their role in correcting these misguided readings of Islam, and stand up to those who hijack its teachings and distort them,” said Al-Sisi.
“Who is doing harm to Islam?” wondered Al-Sisi. “Those who follow the teachings of the Quran, or those who spread extremist ideologies?”
“I hope one day Egypt will be able to play an effective role in standing up to those who have hijacked Islam to impose their extremist thoughts. Devout religious clerics are the ones that spread a message of tolerance and moderation, who have a cosmopolitan mentality, and who discuss the issues of the age as thinkers and not just as a clerics.”
Ahmed Al-Tayeb, the grand Imam of Al-Azhar, criticised those “who only want to depend on the Quran and abandon the traditions of Prophet Mohamed in their understanding of Islam”.
In his speech Al-Tayeb, who did not mention the reform of religious discourse, opposed those who want to abandon “jihad, opting instead to follow the culture of the West and colonialists”.
In contrast, the Minister of Religious Endowments Mohamed Mokhtar Gomaa heaped praise on President Al-Sisi’s repeated calls for religious discourse to be reformed.
“Your courageous call to reform religious discourse should be taken as a duty by all clerics and intellectuals,” said Gomaa. “Reforming religious discourse should be a dynamic process which never stops.”
MPs and thinkers almost all agree clerics, particularly from Al-Azhar, have not paid heed to Al-Sisi’s calls for religious reform.*


La lucha entre poder político y religioso es una tradición en el islam. El poder religioso tiene finalmente el control del gobernante y su criterio son las leyes religiosas. Esto quiere decir que un buen gobernante, desde este criterio, es el que sigue y hace cumplir las normas islámicas. De ahí que el papel de los clérigos, en todos los niveles, sea esencial pues pueden crear un clima contra los gobernantes que no lo siguen o hacen seguir. Las disputas islámicas son siempre sobre la pureza, es decir, sobre quién se ajusta mejor a las normas incuestionables del Corán y la tradición. Por ello, la peor acusación es alejarse de la doctrina, tergiversarla o ignorarla. Hasta Nasser le atacaron por esta vía.
Los salafistas y grupos islamistas, hasta llegar al Estado Islámico no son más que variantes del mismo problema que reside en cómo aplicar la ley a aquellos que la ignoran y desprecian.
El presidente al-Sisi accedió al poder tras el "no-coup" disolviendo un parlamento electo con dos tercios de votos a los Hermanos Musulmanes y a los salafistas. Se plantó ante la sociedad egipcia teniendo junto a él a los diversos grupos políticos y religiosos, incluidos los salafistas, frente a los Hermanos Musulmanes, que era de hecho los que habían mostrado sus afiladas garras, sus mentiras de participación y apertura de toda la sociedad egipcia, y su voracidad política para hacerse con el estado como paso previo a lo que se llamó la "hermanización" de Egipto.
Por muchas antipatías, odio incluso, que hayan despertado los Hermanos, el hecho claro es que una mayoría egipcia tienen un sentido de la religión tradicionalista y conservador. La cuestión no es tanto lo que ellos crean, sino cómo se lo aplican a los demás, a los que no creen o no piensan que la religión deba ser un rasgo del estado. Pero en una cultura que no diferencia "poder" de "poder religioso· porque el uno, al menos en apariencia, se debe basar en el otro, es difícil intentar reformar el discurso. Porque en última instancia ¿qué significa "reformar" el discurso?
Al-Sisi quiere nadar y guardar la ropa. Si espera que sea Al-Azhar quien "reforme", puede esperar sentado porque no van a reformar. Sería una señal de su propio error, algo que no hará jamás una institución que se proclama "faro" del islam, un centro teológico para el mundo musulmán.


Pero el presidente, consciente del poder de la institución, sabe que las únicas reformas tendrían que venir del estado y en la línea de debilitar el discurso, no reformarlo, algo que no logrará. Tengo mis dudas de que un pragmático como es al-Sisi no sea consciente de que nada va a llegar de Al-Azhar. Ese es el gran conflicto de la fusión religiosa plantea en el pensamiento islámico desde el interior. Por ello, cerrada por decreto la posibilidad de nuevas interpretaciones del mensaje, solo cabe cumplirlo.
Esto se percibe claramente en el discurso citado de Al-Tayed cuando habla de los que abandonan la "yihad" y " opting instead to follow the culture of the West and colonialists”. La posición está clara: los que se opongan a la versión institucional de la Universidad de Al-Azhar son parte del enemigo, "Occidente" y el "colonialismo". Tanto hablar de conspiraciones y enemigos ocultos tiene estas consecuencias, te lo acaban aplicando a ti. Al-Sisi corre el mismo riesgo que Nasser cuando se enfrentó a los islamistas y al poder de los clérigos; ser acusado de impiedad o de ser un agente occidental que quiere destruir el islam, es decir, de lo mismo que han estado acusando a los demócratas que salieron en la Primavera Árabe a jugarse la vida por los derechos de todos.


Como hemos señalado en muchas ocasiones —cuando se empiezan a producir las tensiones en este punto esencial—, la decisión afecta a la sociedad en la medida en que se plantea como una polarización en la que no hay término medio. Presionados por las fuerzas más radicales de salafistas y los que toman las armas, los que hablan de "moderación" no se refieren al discursos sino a las medidas. Las negativas a una condena doctrinal al Estado Islámico dejaron en evidencia que no se discuten los discursos sino las formas. "Moderado", en este contexto, significa que no te cortará la cabeza, no que piense que está mal el motivo para hacerlo. Al no hacerlo, será acusado de traidor a los que "lee" radicalmente el mensaje y consideran que hay que ejecutarlo directamente, pues de no hacerlo se incumple la "ley de Dios", su mandato, que los hombres no deben cuestionar, solo obedecer.
El articulista recoge una serie de opiniones que confirman esta idea que hemos expresado:

Al-Ahram analyst Nabil Abdel-Fattah agrees that religious institutions, particularly Al-Azhar, have not shown much interest in religious reform.
“Many clerics feel threatened by extremist movements which describe them as regime loyalists,” said Abdel-Fattah.
Abdel-Fattah accuses clerics of “rigidity”.
“They are fond of following the interpretations of mediaeval clerics though these are just personal opinions,” says Abdel-Fattah.
“It is intellectuals who should play the leading role in religious reform. They are the ones who can make a leap forward. They should be supported in doing so by the president and state authorities.”
Abdel-Fattah complains the Supreme Council on Combating Extremism and Terrorism has proved redundant. “It was formed in 2017 but has not taken any steps in standing up to extremist ideologies.”
Islamic thinker Tharwat Al-Khirbawi says clerics are acting to disrupt Al-Sisi’s calls for reform.
“Clerics hate the words reform and enlightenment and love the words imitation and legacy,” says Al-Khirbawi.
“President Al-Sisi’s words on the anniversary of the prophet’s birthday were an implicit criticism directed at these clerics.”*


La llamada a los "intelectuales" frente a los clérigos —"odian" las palabras "reforma" e "ilustración", nos dice Al-Khirbawi— es un problema que requiere un cuerpo de pensadores que el propio régimen egipcio se ha encargado de proscribir.
Es aquí donde reside una parte importante del drama egipcio. No puedes crear un régimen represivo y propagandístico y pretender tener un cuerpo de intelectuales dispuestos a jugarse la cabeza (literalmente) por defender esa "reforma" del discurso religioso. Esa reforma solo se puede hacer desde un sistema de libertades que garantice el debate y no es lo que existe hoy en Egipto.
Las fuerzas que se movilizaron en 2011 para sacar adelante una revolución de convivencia, moderación, libertades, democracia y derechos ciudadanos, fueron desmanteladas por el propio al-Sisi en cuanto que le criticaron. Lo que le quedó es un ejército de propagandistas dispuestos a repetir sus palabras y adular al estado y a su cabeza, pero poco inteligentes o con pocas ganas de hacerlo. La historia del régimen egipcio actual es represiva. Los clérigos le apoyaron porque recelaban —como se comprueba por la palabras de Al-Tayed— de una revolución que se presentaba laica.
La única forma de moderar el discurso religioso es la que nunca se producirá: la apertura religiosa en la que se renuncie al poder. Ese poder hoy sirve para evitar que la gente pueda elegir dentro de un sistema de vigilancia social hasta límites de asfixia.
"Elegir" es otra palabra que a los clérigos y demás formas autoritarias civiles les repugna intelectualmente. "Obediencia", en cambio, es mucho más de su agrado. Y concuerda con la doctrina religiosa, militar y civil.

/2707/2015

No le va a ser fácil que se muevan los clérigos de Al-Azhar a los que, además, les están eliminando la competencia en nombre del "radicalismo". Son ellos mismos los que se han erigido en guardianes de la "moderación". No hay nada que reformar.
El artículo de Gamal Essam El-Din es un paso más en la pérdida de la paciencia sobre esta cuestión, pero por el momento no son más que el recurso a la pataleta. Como bien señalan, la sordera de los clérigos llega de la seguridad en la necesidad que el régimen tiene de ellos para cubrirles las espaldas frente a los que les acusen de impiedad.
Un difícil callejón sin salida. Lo que parece claro es que no se puede tener todo, que tendrá que elegir en algún momento. No se pueden pedir reformas religiosas y luego apoyar sin fisuras a Arabia Saudí, el centro del integrismo religioso; no se pueden pedir reformas mirando hacia otro lado en el asesinato de Jamal Kashoggi y abrazar al que todos señalan como ordenante. No se puede. No se puede pedir intelectuales críticos, cuando la controlada prensa egipcia se ha puesto del lado de los que mataron al periodista Khashoggi, quien pedía libertad de expresión. No, no se puede.
El presidente al-Sisi hace mucho tiempo que trata de hallar la cuadratura del círculo y no es fácil. La reforma religiosa solo es posible en una sociedad reformada y de libertades, no como una concesión de los clérigos, sino como una decisión libre de sus ciudadanos. Lo demás son ganas de enfadarse.


* Gamal Essam El-Din "Reform of religious discourse: Much talk, no action" 1/12/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/318246/Egypt/Politics-/Reform-of-religious-discourse-Much-talk,-no-action.aspx

jueves, 21 de septiembre de 2017

Sisi en la Fox

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Lo primero que el presentador de la Fox, Sean Hannity, le ha preguntado al presidente de Egipto, Abdel Fattah al-Sisi, es por lo que ha llamado "revolución" del discurso religioso del islam. La Fox es probablemente el único espacio informativo que no comienza preguntándole por los "derechos humanos" en Egipto. Pero, todo hay que decirlo, tampoco hay que esperar demasiado en la cadena que más apoya a Donald Trump. Frente al vacío o a las críticas aceradas, la Fox es un espacio de paz y propaganda heroica del presidente Sisi, presentado como un luchador contra el islam radical. Son cuatro minutos de gloria que en tiempos de huracanes y terremotos en los Estados Unidos, México y el Caribe son un regalo apreciable.
Comenzar declarando a Al-Sisi como un "revolucionario" contra el islam radical y las malas lecturas de la doctrina es una introducción que recoge la música, pero no la letra. La estrategia de la cadena es presentarlo como un luchador contra el radicalismo, contra el terrorismo, tratando de evitar las zonas oscuras que este tipo de acciones conllevan, como las críticas por los derechos humanos y el recrudecimiento de los ataques a personas que no pueden ser considerados en absoluto "radicales religiosos" o "terroristas".


El presentador de la Fox explica en un pausado inglés que es "esta ciudad", por Nueva York, tres mil personas murieron por el terrorismo radical islámico. Hannity lo hace, todo hay que decirlo, al presidente de un país en el que el 78% de la población piensa que fueron los propios norteamericanos los que destruyeron las Torres gemelas, el mayor porcentaje en el mundo, seguido de cerca por Turquía. Lo hace también al presidente de un país en donde es frecuente escuchar a los líderes políticos y religiosos (incluidos los coptos) que el Estado Islámico es una fabricación con responsabilidad, de global a local, de "Occidente", "Estados Unidos" y "Obama - Hillary Clinton" según los carteles y pancartas exhibidos por las calles o reflejados en encuestas. Pero estas cosas no entran en la entrevista de Sean Hannity para la Fox. Hannity no pierde ocasión en preguntar por las diferencias entre Trump y Obama, señalando que Obama apoyaba a Mohamed Morsi mientras que Trump (obviamente) no. Trump no lo hubiera hecho mejor en su canal favorito. Pan para hoy.


El diario estatal Ahram Online sintetiza la cuestión de la Fox hasta límites telegráfico (o de tuit, como diríamos hoy):

Egyptian President Abdel-Fattah El-Sisi has renewed calls for reforming Islamic discourse, saying it is a key element in defeating terrorism.
"By speaking of renewing religious discourse, we look to promote the correct understanding of [Islam] and filter out false ideology and misconceptions," El-Sisi said in an interview with Fox News in New York on Wednesday.
The Egyptian president reiterated the need for a comprehensive strategy that is not confined to military and security confrontation, to combat extremist ideology and terrorist organisations around the world.
"The international community needs to stand firm against [extremism] with a comprehensive strategy that is not confined to military security confrontation, but which involves other aspects: economic, social and cultural," El-Sisi said.*


Nada nuevo ni nada concreto. Hay que reconocerle al presidente, al menos la constancia del mensaje sobre la reforma. El problema —que hemos abordado aquí cada vez que el presidente lo ha planteado— es que ese discurso choca con dos frentes importantes: a) la institución religiosa, es decir, la Universidad de Al-Azhar, que tiene su propia agenda; y b) la incompetencia de su propio apoyo parlamentario que sigue intentando ganar popularidad haciendo un populismo tradicionalista de barrio. Desgraciadamente, el presidente Sisi se encuentra en esa posición para la que necesita el apoyo de las instituciones religiosas para realizar esas reformas que apenas se materializan y cuando lo hacen no tienen el beneplácito de los clérigos de Al-Azhar, como ha ocurrido con cuestiones como el divorcio oral (exprés).
El discurso reformista es necesario como un arma justificadora de la acción. Sin embargo, nadie ha dado una justificación teórica desde la religión. Todo se ha resuelto en conflictos institucionales, como ha ocurrido en el enfrentamiento por la cuestión de la unificación ministerial de los sermones de los viernes en las mezquitas oficiales que llevó a un enfrentamiento con los clérigos de la Universidad. Que los sermones se escribieran en el ministerio y fueran de obligada lectura en las mezquitas oficiales, sentó muy mal a los que controlan la vida religiosa (o dejan de controlarla cuando les interesa).
La cuestión egipcia es que es muy difícil reformar la religión desde arriba porque se corre el riesgo de que desestabilicen desde abajo, es decir, que se usen las reformas realizadas para erosionar al poder. Como todo poder usa siempre la religión, en una u otra medida, para su sostenimiento, debilitar el mensaje religioso se acaba volviendo contra el Estado. Es difícil enfrentarse para reformar un mensaje religioso cuando la competencia piadosa busca la mayor pureza y cumplimiento. Por eso las respuestas teológicas contra los "puristas" del Estado Islámico se vuelven más complicadas porque son algo más que "malas lecturas". Al Azhar ha tenido conflicto con las enseñanzas de algunos clérigos que se escudaban en que su perspectiva era "histórica", es decir, lo que había antes y no lo que había ahora. Pero eso es una simpleza porque no es ese el planteamiento cuando precisamente el argumento central de los "puristas" es volver hacia atrás, al origen, como hace el salafismo.


El argumento —de todos— es anti modernidad. La modernidad va contra la esencia por el sencillo argumento de que el mensaje es perfecto y se ha ido destruyendo o pervirtiendo en el tiempo. La palabra "reforma" pertenece al vocabulario occidental, pero no al del islam donde la verdad ya está enunciada y cuestionarla es herejía. La reforma es cuestión de la política, no de la religión. Por eso el discurso del presidente al-Sisi choca con los principios cuando pide reformas, No aceptan los cambios.
Por eso las críticas feroces a Túnez cuando estos han anunciado (ya lo han hecho) las "reformas", cambios verdaderos, relacionados con los derechos de las mujeres a la herencia y la posibilidad de que una musulmana se case con un varón de otra (o ninguna) religión. Eso le ha parecido a las autoridades de Al-Azhar una perversión de los mandatos divinos, que es el blindaje para que nada cambie.
La ingenuidad y desesperación del presidente egipcio en creer que de Al-Azhar va a salir alguna "reforma" en algún sentido. No es su función, sino precisamente la contraria: garantizar la ortodoxia mediante la condena en forma de fatwas de los que se aparten del centro teológico. La reforma será política o no será. Y la única forma es romper el círculo vicioso del respaldo mutuo y comenzar a abrir leyes que permitan sustraerse a la uniformidad social.
Pero para hacerlo tiene que dejar de condenar reformistas, demócratas, etc. porque así se manda el mensaje contrario. Aunque parece haber remitido esta línea —quizá para presionar a Al-Azhar—, la reforma social necesita de voces sociales. El radicalismo religioso es el resultado de la uniformidad y de la condena de todo lo que no es ortodoxo. La convivencia se crea con la tolerancia, que lleva a la normalización de todo lo que hoy parece censurable. Se trata de permitir a otros vivir su propia vida desde sus propios pensamientos, aunque sean contrarios. Eso es lo que impide la normalidad, que es aceptación del otro y no imposición.
Hasta el momento, el gobierno egipcio no solo ha encarcelado a "terroristas" sino a todo tipo de personas discrepantes o críticas. No sirve de nada mandar mensaje de reforma si se sigue actuando de forma no reformista. La economía, la educación, etc. son factores señalados por el presidente para evitar el terrorismo. Pero en estos momentos no parece que estén sirviendo de mucho por la mala situación. Tampoco hay que engañarse con mensajes simplificadores. La complejidad es grande y esto está empezando.
Sean Hannity se ha quedado con lo que quería para mostrar su "personaje". Lo ha hecho por él, pero también por Donald Trump, que queda indirectamente reflejado como un "amigo" de los que combaten el radicalismo en el mundo. Pero esto sería ya otra historia.




* "Egypt's Sisi stresses importance of reforming religious discourse to fight terrorism" Ahram Online 20/09/2017 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/277454/Egypt/Politics-/Egypts-Sisi-stresses-importance-of-reforming-relig.aspx


domingo, 28 de febrero de 2016

De universidades a platós, el silencio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La mano de la Universidad de Al-Azhar es cada vez más larga y poderosa. Hace unos años contábamos aquí como un general del Ejército egipcio llamaba a un canal de televisión  para decirles lo poco que le había gustado el programa que se emitía. Se manifestaba así el control que consideraban tenían el derecho a ejercer sobre los medios.
El periódico Daily News Egypt nos trae una noticia similar, pero esta vez es la Universidad de Al-Azhar la que ha hecho directamente la llamada a una cadena de televisión para la cancelación de un programa. El régimen mixto militar-religioso, la alianza virtuosa ha conferido a la Universidad el control burocrático sobre la religión, algo que se les queda corto y se expande hacia lo político. 
La Universidad se cobra los servicios prestados al régimen militar en términos de control de mezquitas y unificación de sermones. Cuando se lucha contra los islamistas y se hace en una sociedad como la egipcia, la apariencia virtuosa se convierte en un arma de poder. Eso significa que el régimen sacrifica en el acuerdo a los reformistas religiosos que puedan debilitar el poder de Al-Azhar. Mientras el régimen militar detiene a los islamistas, por un lado, y a los demócratas que les critican por otros, Al-Azhar tiene su propia guerra en nombre de acabar con el radicalismo religioso. Lo malo es que lo hace con su propio radicalismo burocrático, convertidos en censores y denunciantes de cualquier intento de reforma.


Nos cuentan en Daily News Egypt el incidente censor:

The state decided to suspend the TV show “Hot Files” following an interview between TV anchor Ayten El-Mogy and Islamic researcher and author Sayed Al-Qemany, which was aired two weeks ago on a state-owned channel.
The head of the channel received a call from the Grand Imam of Al-Azhar, Ahmed Al-Tayeb, who strongly disapproved of interview. ‘”How can state TV allow Sayed Al-Qemany on its screens?” he asked and hung up after insulting the head of the channel.
Following Al-Tayeb’s phone call, the head of the channel decided to suspend the show and ordered the crew to change the show’s content and come up with another idea.
The episode sparked outrage from Al-Azhar; the show was accused of defending religious minorities and promoting their ideologies and allowing Al-Qemany to demand that the parliament revoke contempt of religion law, all of which resulted in the order to shut the show down.
According to Journalists Against Torture, El-Mogy said she asked the head of the channel to interview the author a month ago but he refused because Al-Qemany holds views that are against societal values and norms. He told her to request permission from the head of the TV sector Magdy Lachin, who immediately accepted.
Following the suspension order, a verbal dispute took place between Al-Mogy and head of the channel. In the end, they agreed to organise a committee who would assess the episode. Al-Mogy noted that the episode received a positive reaction from audiences and everyone working on the channel, especially since it came after several episodes discussing and criticising the contempt of religion law.*


Cuando leemos esto, podríamos sacar la conclusión de que Sayed Al-Qemany es un criminal o una persona que transmite valores despreciables que, como se dice en la noticia, "are against societal values and norms". Pero no hay nada de esto. Las malas maneras del Gran Imam de Al-Azhar son solo fruto de su propia percepción de "lo criminal" y "peligroso" para la sociedad. 
En realidad Al-Qemany es un intelectual reformista, premiado en 2009 por el propio Estado con el Premio del Ministerio de Cultura por su trabajo en Ciencias Sociales. Al-Qemany se ha destacado por ser crítico con el fundamentalismo religioso y partidario del análisis histórico del Corán, algo que no perdonan los fundamentalistas o simplemente los que lo utilizan para el control social, como ocurre con Al-Azhar.


Al-Qemany es muy crítico con la Universidad de Al-Azhar — considera que es una "institución terrorista" de bajo perfil— de la misma forma que critica el la violencia de todas las religiones en la Historia y la necesidad de cambiar la actitud. Es igualmente crítico con la sociedad egipcia en su conjunto señalando que se mantiene una "mentalidad wahabí".
Es interesante que en 2009 se le premiara y ahora se rasguen las vestiduras porque aparece en un canal de televisión estatal. Como ha ocurrido en muchas otras ocasiones, cuando se le concedió el Premio del Ministerio de Cultura se desataron los ataques contra él, incluidos los tribunales. El régimen de Mubarak jugaba con los islamistas concediéndoles terreno de juego en este tipo de acciones que siguen practicando contra las figuras que debilitan el sistema ideológico-religioso y por ello el poder que sostiene. Hay más casos de estas persecuciones contra los reformistas religiosos. La condena reciente del predicador reformista Islam Behery y su encarcelamiento ha sido otro incidente en la misma línea.


Al-Azhar se cobra sus servicios. Convertida en "policía del pensamiento religioso", la llamada del Gran Imam es significativa de la importancia que le están dando a la vigilancia. Las piruetas intelectuales para camuflar su propio integrismo son inútiles ante los hechos cada vez más frecuentes. Su regreso al centro de la vida social es más que el control del radicalismo; eso no es más que la excusa para recuperar el espacio e influencia perdidos. Los casos de censura de todo tipo se acumulan: libros, películas, programas de televisión...
Las palabras del presidente, una vez más, quedan en pura retórica, en intentos grandilocuentes de presentar como reformista un gobierno cada vez más autoritario. Y, como hemos señalado en ocasiones, la debilidad acrecienta la necesidad de la represión. Cada vez más, el gobierno de El-Sisi se evidencia sin ideas ni recursos políticos. Es cada vez más difícil de ocultar porque las palabras tienen un límite cuando se usan como tapadera de la realidad.
El político liberal Mohamed Nosseir, habitual con sus artículos críticos en Daily News Egypt, señala sin reparos esta insuficiencia presidencial:

"Al-Sisi is a must” was the argument made by his presidential campaign in an effort to offset the absence of political or economic programmes from his campaign platform. After more than 20 months in power, the harsh realities of Al-Sisi have spoken more clearly than any programmes or announcements could have ever done.
Al-Sisi’s supporters, once happy to consider him their hero, are today joining the rest of the population who are suffering from deficiencies in the areas of stability, security, and the establishment of a constructive economy; the cornerstones of Egyptians’ daily lives.
Al-Sisi, who dreams of Egypt as a developed, prosperous nation is in fact making Egyptians live through a real-life nightmare: their currency is deteriorating, investments are declining, there are no new employment opportunities, and security is absent. When asking Egyptians to be more patient, the president appears not to realise that the majority of the population lives from pay cheque to pay cheque. Therefore practically speaking, they will not be able to accommodate him for long.
He wants to control Egypt completely but without offering any promises to his compatriots. Claiming that 25 years are needed to instate true democracy, he managed to do away with any advances in freedom of expression and the overall democratic momentum gained after the 25 January Revolution in 2011. Meanwhile the president is imposing his impractical ideas and policies (implemented by his incompetent executive team) on 90 million citizens.**


La descripción descarnada constata lo que es una evidencia: la carencia de cualquier tipo de programa que no sea el control social de las protestas. El Estado egipcio no funciona y no lo hace porque no lo hacía. Volvamos a lo básico: si el régimen de Mubarak hubiera funcionado no habría habido un levantamiento el 25 de enero de 2011. No solo no se ha reformado nada —de todo lo que se debería haber hecho— sino que  ha aumentado los problemas en muchos sectores básicos, convirtiendo la vida de muchos egipcios, como señala Nosseir, en una pesadilla.
El-Sisi juega con la ventaja de que una vez que sabemos que la moneda solo tiene dos caras, no queda mucho donde elegir. Una vez "derribado" el régimen militar de Mubarak y después una pasada rápida por el islamismo de los Hermanos Musulmanes, ¿qué baza les queda? No hay mucho que elegir. Especialmente cuando desde ambos lados —el militar y el religioso— se ha ido eliminando cualquier posibilidad debilitando los partidos y encerrando intelectuales, artistas, activistas, etc. que pudieran desarrollar alguna alternativa a esas dos fuerzas que luchan por la hegemonía.


El agravante ahora es que los militares han decido probar una estrategia relativamente nueva: dejar de jugar al laicismo nasserista y hacerse con el control religioso reforzándose con Al-Azhar. Y, como decíamos, la Universidad de Al-Azhar se está cobrando la fiscalización de la sociedad. No solo ve el peligro para la sociedad en el radicalismo religioso, sino que ataca  a los reformistas que intentan abrir el islam hacia otras formas posibles.

Al-Azhar elimina a los enemigos del Estado, pero también a sus propios enemigos. Para ello el sistema judicial es esencial, ya que desde allí surgen las condenas. Los jueces egipcios tienen un fino instinto para saber qué es lo que deben hacer. Da igual que la constitución —como se repite una y otra vez— ampare la libertad de expresión. Basta con declarar al que habla o sus palabras como "against societal values and norms" para que la represión se ponga en marcha.
Todo son "peligros" para un Estado que se siente inseguro. La retórica de la firmeza que se emplea no es más que una apariencia. En realidad es un síntoma de los desajustes internos de una política que se basa exclusivamente en la represión social —política, religiosa, cultural... Demostrada la ineficacia del estado en todos sus planos, solo queda imponer el silencio y elevar el volumen de los cánticos.


Hay miedo a que la gente pierda el miedo de nuevo. Y muchos lo están empezando a perder. Eso es lo que ha ocurrido en la Universidad Americana de El Cairo, la instancia que había acogido al estudiante italiano secuestrado, torturado y asesinado Giulio Regeni. Mada Masr nos da cuenta de la celebración de un acto en recuerdo de Regeni por parte de los estudiantes de la UAC.
Se recordará la indignación que causó la forma de expresar las condolencias oficiales por parte de las autoridades de la universidad. Daba la impresión que Regeni había fallecido de un resfriado y no de la forma en que lo hizo. Las declaraciones de las personas responsables de su tutela de "no volver a aceptar alumnos extranjeros" tampoco era una forma inteligente de abordar la cuestión.


La celebración del memorial ha servido para dar salida a la rabia de los estudiantes ante lo acomodaticio de la actitud de las autoridades universitarias:

Many AUC students and faculty were outraged by the university’s cautious language in its February 4 press release. The administration amended the statement on February 7, removing the contentious phrase "passing away" and explaining that the university “has been in close contact with authorities since [Regeni's] disappearance and continues to monitor the case.”
The student and faculty statement read at the memorial service argued that “Giulio Regeni is a victim of an authoritarian crackdown that has involved mass arbitrary arrests, detentions without charge and reports of torture and forced disappearances in Egypt, all of which have been widely reported by national and international human rights organizations and media.”
Wednesday’s statement is part of a larger campaign by some members of the AUC community to pressure the administration to take a stronger position on the case. Also on Wednesday, a group of students and faculty members gathered at the AUC New Cairo campus to condemn the university's actions to date, hanging an immense banner reading, “Giulio's murder is not an isolated incident. The AUC bubble won’t protect you.”
AUC student Alya al-Marakby told Mada Masr that the campaign is urging university officials to make a political statement speaking against the injustice of Regeni’s death. University leaders “need to acknowledge that there is a problem,” she said, “not just deny it.”***


Las versiones oficiales —del atropello al espionaje pasando por los islamistas, entre otras— no satisfacen ni a los propios egipcios, que son los primeros que saben lo que ocurre, lo digan o no. La cobardía de las autoridades universitarias es muy significativa del funcionamiento social. Cuando se asciende por no haber creado problemas al poder, es difícil que se arriesgue mucho una vez que se tiene algo que perder. La base del ascenso social en el régimen es mirar y no ver, escuchar y no oír, hablar y no incomodar. Así todo funciona y sigue su curso. Al menos los estudiantes han hablado claro y han roto ese vergonzoso círculo de silencio. Eso les honra.
En efecto, las autoridades de la universidad tienen que reconocer que "hay un problema", como tienen que hacerlo todos aquellos que niegan que la realidad egipcia se haya convertido en eso que Mohamed Nosseir llamaba una "pesadilla" diaria.


La gran pancarta colgada en la Universidad Americana de El Cairo advierte que ninguna burbuja te protegerá, incluida la propia universidad. Pero tampoco la estrategia seguida por Al-Azhar protegerá de nada. Solo conseguirá aparecer como una entidad totalitaria que juega a ser moderada. El totalitarismo es esencialmente obligar a los demás a creer o a lo que sea necesario. Hace poco dijeron que manifestarse en el aniversario de la revolución iba contra el Islam. Después de esto, lo que puedan decir o hacer después sobra. Que además quieran resolver directamente sus cuentas pendientes con los reformistas o con los que como, Sayed Al-Qemany les consideran inmovilistas y autoritarios, no ayudará a Egipto.
Cuando la negación de los problemas y el autoengaño pasan a formar parte de una sociedad, la capacidad de salir de la situación complicada se reduce mucho. Lo que parece claro ya es que este régimen no tiene respuestas, solo palabras, ante los problemas. Nada ha mejorado desde su llegada al poder, como se señalaba. No hay programa. La fecha de 2030 es casi un sarcasmo en las críticas circunstancias actuales. No hace falta hablar tanto del futuro, sobre todo si se hace para no tener que hablar del presente. Y el presente son detenciones y juicios, desapariciones y censuras; protestas de médicos, periodistas y funcionarios; caída de la libra, aumento de la inflación y el paro... No sé cómo se llegará a 2030. Como tampoco sé cómo se construye una democracia, como ha señalado el presidente, encarcelando a los que disienten y pidiendo —casi rogando— que se le escuche solo a él. Solo esto último tiene visos de llegar a convertirse en realidad.



* "TV show goes off air due to anger from Al-Azhar" Daily News Egypt 2702/2016 http://www.dailynewsegypt.com/2016/02/27/tv-show-goes-off-air-due-to-anger-from-al-azhar-2/
** Mohamed Nosseir "Al-Sisi’s defective political reality" Daily News Egypt 27/02/2016 http://www.dailynewsegypt.com/2016/02/27/al-sisis-defective-political-reality/

*** "AUC remembers Giulio Regeni, protests university's position on his murder" Mada Masr 25/02/2016 http://www.madamasr.com/sections/politics/auc-remembers-giulio-regeni-protests-universitys-position-his-murder







martes, 5 de enero de 2016

La visita molesta o vivir en contradicción permanente

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El régimen egipcio sigue complicándose la vida. No teniendo bastante con lo que le viene dado, se crea sus propios problemas. El temor a lo que pueda ocurrir en el próximo aniversario de la revolución, que ya anticipamos, parece estar detrás de toda una serie de errores en cadena cuya consecuencia es la creación de más malestar. A los cierres de espacios críticos de cultura —lugares de arte o editoriales, clausura de seminarios...— se cierra ahora un incidente que solo le traerá más reproches y complicaciones.
Egyptian Streets nos traía ayer el siguiente titular "Tunisian Writer Deported at Cairo International Airport, Deemed ‘Security Threat’". Al igual que ocurrió con el escritor egipcio Alaa al-Aswani, cuyo seminario en Alejandría fue suspendido por motivos de "seguridad", esta vez ha sucedido con la escritora y profesora tunecina Amel Grami. Se señalaba en la publicación: 

An influential Tunisian writer was deported from Egypt’s Cairo International Airport on Sunday for being a ‘national security threat’.
Amel Grami, an academic who has also written periodically for private Egyptian newspaper Al-Shorouk, had been invited by Bibliotheca Alexandrina (the Library of Alexandria) to speak at a conference. Grami had been due to give a lecture on how to counter extremism and terrorism.
On Facebook, Grami revealed that she had been detained at the airport before being deported. Amel later found out that she had been listed as a ‘persona non grata’ by Egyptian security officials.
Writing on Facebook, Grami added that her passport was confiscated and she was interrogated by security officials without being told why.
“When my pen is treated like a sword or spear or a kalashnikov threatening the security of countries…that is inconceivable, what [crimes] have my hands committed?”
The academic described how she had been detained for many hours alongside other people who had been accused of smuggling drugs and traveling with fake visas, adding that she felt her dignity had been attacked.
“When stripped of your passport and left without an identity, you can only ask ‘who am I?” said Grami about the confiscation of her passport.
Despite her ordeal, Grami thanked the Library of Alexandria for their efforts and attempts to gain permission for Grami’s entrance to Egypt. However, Grami said that she had vowed never to enter countries in which she is designated as a threat to national security.*


La ironía de la doctora Grami es manifiesta; el ridículo del gobierno egipcio también. El intento de acallar todas las voces, internas y externas, hacen que su soledad y desesperación frustrada —por más que se revista de soberbia faraónica— siga aumentando a pasos agigantados. Solo la tensión creciente en la zona hace que el régimen egipcio —el que loa la revolución que teme se recuerde; el que dice que no dio un golpe de estado sino que siguió los deseos de democracia de su pueblo— no reciba más condenas internacionales.
El final de la hoja de ruta no era la democracia, como era previsible tras el abandono de los socios liberales, sino una parodia de democracia con un parlamento títere y un gobierno cuyos únicos aliados son las figuras del régimen corrupto de Mubarak y los salafistas, ¡pobre compañía para los sueños comenzados en la Plaza de Tahrir! Cada vez es más molesto tener que dar explicaciones por cada error cometido y el régimen se irá ensimismando, girando sobre sí mismo, sin posibilidad de comunicación, perdiendo el sentido de la realidad.


Pero el perfil que la Deutsche Welle tiene de la profesora tunecina es revelador sobre el tipo de amenaza que supone:

Amel Grami is a professor in the department of Arabic studies of the Faculty of Literatures, Arts and Humanities in Manouba, Tunisia. Her fields of specialization include Islamic and gender/women studies (with a focus on Maghreb), comparative religion and dialogue between religions and cultures. Grami wrote her doctorate on the difference in Islamic culture at the University of Manouba and holds a PhD in the topic of apostasy in Islamic thought from the University of Tunis. Amongst various academic publications she also wrote numerous studies and articles on “the voice of women” and gender analysis in the Arab media as well as human rights with a focus on the impact of (new) media. Her fields of interest include reforms in the Middle East as well as the new reformers in Tunisia. She is a member of several dialogue and research groups concerning religious media discourses and of the Association of Muslim Women Lawyers for Human Rights.**


La doctora Grami no iba a dar un mitin político a Alejandría. El régimen teme, sobre todas las cosas, la inteligencia, porque es algo de lo que rotundamente carece. Las personas inteligentes —en lo científico, en lo político, en lo religioso— se le han ido al régimen de al-Sisi, quedándole solo los aduladores y los aprovechados, es decir, los que siempre han prosperado en Egipto a la sombra del poder.
Grami es una especialista académica en un tema capital en la cultura islámica y el eje de gran parte de los problemas que se plantean: la apostasía. Es sobre este concepto sobre el que gira circularmente la política de represión en el islam. La imposibilidad de evolucionar bajo la amenaza de ser considerado apóstata, de atacar o insultar al islam es el recurso de contención que los teólogos usan para evitar el movimiento de evolución y dirigir sus ofensivas. La fatwa es la herramienta usada contra los que tratan de salir del monolitismo y acercarse a posturas más abiertas a los tiempos y a la realidad. 
El proceso de reislamización que comenzó en los 70 mayoritariamente es un proceso ideológicamente involutivo a través de nuevas formas que aseguraban que nadie saldría de una ortodoxia férrea. El error de quienes no se preocuparon por ello fue prensar que se trataba de un proceso político controlable y no de una lucha competitiva por la demostración de pureza y una forma de colonizar desde el Golfo. Wahabíes, salafistas, etc. compiten por el modelo que consideran puro, la lectura coránica correcta que evite la evolución hacia una apertura y una convivencia. En su lugar, lo que se propone es una promesa de victoria final que compense el error histórico de la superioridad alcanzada por Occidente, algo que no se ha asimilado históricamente.


Como señalan muchos historiadores, en el islam todavía se debate la contradicción histórica de cómo se pierde influencia y se derrumban los imperios musulmanes si se tiene la religión verdadera. No se entiende que la superioridad histórica occidental se consiguió cuando precisamente se logró separar la iglesia del estado y la ciencia de la creencia; pero estos cuatro elementos siguen formando una unidad, la creencia es la "ciencia" y la "ley divina" es la "ley de los hombres", la que rige el estado. La superioridad militar, técnica y científica que el islam tuvo durante siglos, su control del mundo, lo perdió. Todavía se juega con el deseo de recuperar el imperio perdido y extenderlo al mundo; es la promesa de la victoria final.
La visita de la profesora Grami tiene dos lecturas paralelas. No es un problema directamente relacionado con la revolución de enero y su conmemoración. Es el cierre de las fronteras a una especialista en apostasía, que lucha por los derechos desde dentro del pensamiento islámico. Este perfil intelectual es el más temido dentro del mundo musulmán y el veto tiene más visos de venir de la Universidad de Al-Azhar que de las instancias políticas. Es la Biblioteca Alejandrina la que invita a la doctora Grami.
En el foro celebrado en 2013 en Berlín con musulmanes progresistas sobre las consecuencias de la Primavera árabe, la profesora Grami señaló en su intervención:

Grami said that religion as a historical, social, and cultural phenomenon has been subject to constant change. Thus, as expected, there have been intense debates about the role of religion in Tunisia in the wake of the changes wrought by the Arab Spring. In the course of the protracted process leading to the drafting of a new constitution, the gaps between Islamists on one side and liberal or secular citizens on the other should become readily apparent.
During the rule of Zine Al Abidine Ben Ali, the religious sphere was subject to tight control by the state. However, since he was overthrown one can observe a clear upsurge in the signs of overt religiosity. Grami noted that ‚new discourses, new practices, new looks have emerged, as well as religious kindergartens, associations, and book stores.‛ In addition, a flood of preachers has come into the country from Egypt, Bahrain, Kuwait, and Saudi Arabia. To some extent they have been spreading a version of Islamic practice alien to Tunisia (and the Maghreb as a whole), up to and including advocating female genital mutilation, the veiling of girls, and the struggle against secularists. For months the central issue of political discourse has been how Tunisia’s Islamic identity might be displayed.
There are voices demanding that Sharia should become the basis of Tunisian law, which, if it happened, would turn the country from a secular into a religious state. Grami observed that these voices emanated primarily from certain Salafist groups, but definitely could also be heard within the Ennahda itself. They found expression in mass demonstrations in front of the National Assembly calling for, among other things, a prohibition on the sale of alcohol and the curtailment of women’s rights in family law.****


La distancia con el islam que se practica y viene de Egipto, entre otros países, es manifiesta. La falsa dicotomía entre identidad nacional e identidad religiosa es un lastre para ambas. Bajo la excusa de la identidad religiosa, se hace renunciar a las libertades que desean. Se entiende así que Egipto se vea como una presión política y religiosa a través de instituciones como Al-Azhar, controlada por el estado.
En 2013, cuando se celebra la conferencia en Berlín, Morsi estaba todavía en el poder y su afán expansionista a través de la internacional de los Hermanos Musulmanes (que incluye a Ennahda en Túnez) es evidente. Con Erdogan y Morsi en el poder en sus respectivos países, era cuestión de tiempo el que los islamistas se apropiaran de la Primavera árabe redirigiendo las reformas hacia estados islámistas. Eso es lo que denunció en Berlín la profesora Grami. Lo que viene de Arabia Saudí, de Egipto, etc. es un islam retrógrado, contrario a las libertades, los derechos humanos —Grami ha llegado a decir que no hay nada en el Corán que condene la homosexualidad, un tabú— y, especialmente, a los derechos de las mujeres, como se señala en el último párrafo. El Magreb es otra cosa, dice Grami, otra tradición y reclama su camino de libertades propio, sin condicionamientos externos. El tiempo le ha dado la razón en estos dos años.



Pero hay un segundo factor importante: Amel Grami es tunecina. Túnez es el recordatorio vivo de los errores cometidos por los egipcios en el desarrollo de su revolución. Los tunecinos comenzaron la Primavera y se han mantenido firmes frente al estado represor primero y a los islamistas después. Los egipcios, por el contrario, siguieron a los tunecinos para lanzarse mayoritariamente en brazos de los Hermanos Musulmanes (el Ejército, en otro error colosal, se lo puso en bandeja) para acabar retornando a un Golpe de Estado que se les ha convencido era la única solución. Hay que recordar que lo que el pueblo egipcio pedía (lean la carta de Tamarod que firmaron millones de egipcios) era la dimisión de Morsi y la convocatoria de nuevas elecciones. Lo que se le dio, en cambio, fue un baño de sangre y el regreso de los militares al poder primero y de los hombres de Mubarak después. Túnez es el ejemplo de la oportunidad perdida. Y eso lo lleva muy mal el orgullo egipcio, a menudo fuente de problemas.


La detención, retención y expulsión de la profesora tunecina es infame en varios sentidos. Lo es porque se trata de evitar que una persona hable, en primer lugar. Pero se trata también de una rabieta con humillaciones innecesarias. Afortunadamente la profesora Grami ha sabido darle la vuelta a la situación con ironía, declarando no ir a países en los que es declarada una amenaza para la seguridad. El ridículo del gobierno egipcio queda en evidencia. Puede que como en otras ocasiones, las embajadas estén actuando como indicadores de los "niveles de peligrosidad" de los visitantes. La profesora Grami ya tiene un nuevo mérito en su rico historial.

Pero las contradicciones se acumulan en la política gubernamental. Las promesas del presidente no pasan de ahí y —como señalábamos el otro día— su discurso sobre la renovación religiosa se queda en meros fuegos artificiales que el agua fría de la realidad apaga antes de que muestren sus colores en el cielo. No solo es el caso de la profesora Grami. El otro caso de estos días —lo hemos tratado ya— es el de predicador reformista Islam Beheiry.
Con el título "Fans protest as court reviews Islam Beheiry’s challenge to blasphemy sentence", el diario Egypt Independent daba cuenta ayer de las reacciones a su condena:

Fans of Islam Beheiry protested outside the South Cairo Court on Monday as the court considered a challenge by the media host, who was sentenced to one year in prison over blasphemy charges.
Beheiry was initially sentenced to five years over the charge that was later brought down to one year.
The protesters hoisted banners attacking Al-Azhar, Egypt and the Arab World’s top Islamic academy, whose request had prompted AlKahera wal Nas to halt the airing of Beheiry’s controversial show last year.
The show mainly focused on challenging the credibility of the narrators of Prophet Muhammad’s “Hadiths”' (quoted teachings), most specifically Imam al-Bukhari (810-870 AD), an almost unquestioned scholar in hadith narration.
Beheiry said in earlier statements that he was facing more than 40 lawsuits relating to his program.
“Al-Azhar vigilantes of the 20th century”, “Islam did not insult the Quran or the Prophet”, read banners being held up by the demonstrators.
“President Abdel Fattah al-Sisi has, more than once, urged a change to religious discourse and talked about religious reform,” said Marwa Khalifa, one of the protesters. “This is at odds with confining and sentencing religious modernists like Beheiry,” she said.*****


Las contradicciones son cada vez más obvias, así como la censura de la influencia de Al-Azhar, contra la que se dirigen cada vez más las iras de los reformistas. La necesidad de las reformas religiosas es de una gran obviedad si realmente se quiere resolver el problema de la radicalización, que se alimenta de esta intransigencia mostrada incluso por los que se presentan como "moderados". Su "moderación" debe ser explicada en otros términos más allá de lo religioso, en donde no renuncian al poder que significa el control de la ortodoxia. La Universidad de Al-Azhar es y ha sido un instrumento poderoso de control social y de expansión de la influencia egipcia, que se ve como un centro intelectual del islam. Nasser la convirtió en herramienta del estado para escapar del peso de los islamistas, de los Hermanos Musulmanes. Eso le valió un ataque constante de desprestigio por parte de los que se consideraban verdaderos representantes del islam, lectores correctos del texto coránico. Pero el papel de Al-Azhar está todavía por verse en estos momentos.
Como señalan los seguidores de Islam Beheiry los ataques vienen de Al-Azhar tanto por el reformismo de las ideas como por dejar en evidencia el inmovilismo de los demás. La disputa no es por un hadith, sino más bien por el derecho a imponer una verdad, como bien explicó Michel Foucault; es una cuestión de poder. Con los islamistas declarados terroristas, en vez de acometer unas reformas que permitan una mayor apertura, la universidad de Al-Azhar tira de prestigio para imponerse al estado y especialmente al espíritu aperturista que presidió la primavera árabe y del que la universidad del dogma tampoco fue partidaria, como ocurrió con los Hermanos Musulmanes, que dudaban de un movimiento que abogaba por una mayor democratización y laicidad en el país.


Hacen bien los seguidores de al-Beheiry en apuntar a Al-Azhar y señalar las contradicciones con el discurso presidencial. Como ya vimos, el discurso que les dirigió sobre la reforma del Islam tuvo que ser rectificado señalando que quienes debían llevar a cabo esa reforma eran los eruditos de Al-Azhar. Con ello queda en evidencia la dependencia que el poder del estado tiene de la universidad islámica, que purgada de los islamistas favorables a las enseñanzas de Al-Banna, el fundador de los Hermanos, han quedado en manos de los tradicionalistas. En su mentalidad no entra la posibilidad de una reforma exterior al sistema, mientras que desde la ortodoxia esta sí se puede producir. A ello contribuye la especial configuración del Islam en cuanto a su estructura y a su forma de discusión entre eruditos. Es más sencillo denunciar a al-Beheiry ante los tribunales por ofender al islam, por blasfemia —que es mantener una opinión distinta a la oficial—, que sentarse a discutir con él sobre la historicidad de unos hadices. Lo que en teoría es posible, en la práctica no lo es porque supone una erosión del poder, abrir una puerta peligrosa.


El hecho de que la universidad de Al-Azhar haya sido el instrumento para cerrar mezquitas radicales y unificar los sermones de los viernes, tiene como contrapartida que hay que reforzar su autoridad. En eso se mide su poder, no en los razonamientos entre eruditos. La capacidad de vetar o mandar a los tribunales es una muestra de su "eficacia". Pero Grami y Beheiry no son radicales. Pero con los Hermanos "fuera" del país o silenciosos, solo que tomar posiciones contra los reformistas.

La retención, detención y expulsión de la profesora Grami en una nueva-vieja mala noticia. Implica que el camino seguido para controlar al país es enfrentarlo a un islam cerrado a cal y canto, que en vez de abrirse y combatir desde dentro el radicalismo lo acabará fomentando como enseñanza de intransigencia. Apuntando como "peligrosos" en lo religioso o en la "seguridad nacional", ya sea a Islam Beheiry o a la profesora Grami, lo que el régimen egipcio está mostrando, apuntalado por Al-Azhar, es su incapacidad para ganar batallas culturales más allá de la sisimanía, que durará lo que dure la ilusión de que se puede cambiar algo así. Solo con las armas de la represión, física e intelectual, no se conseguirá ni modernizar el discurso del islam ni el democrático, como pretende el presidente El-Sisi.
Por ello, los mecanismos de renovación prescinden ya del estado o de Al-Azhar. Por eso mismo son perseguidos, como ha ocurrido con los editores y aristas de sitios emblemáticos de la cultura progresista egipcia. El aniversario de la revolución en enero está sembrando muchos temores. Y las soluciones buscadas no hacen sino agravar la cuestión.
Pero lo que no tiene premio en esta vida, lo tiene en la otra. El antiguo Gran Muftí, el jeque Alí Gomaa, hombre con fama de permisivo en cosas como el fumar, ha confirmado hace unos días que, según el Corán, los seres humanos podrán medir 24 metros en el Paraíso****. Para algunos, un aliciente más. Da igual lo que tengan que decir la doctora Amel Grami y el estudioso Islam Beheiry.



* "Tunisian Writer Deported at Cairo International Airport, Deemed ‘Security Threat’" Egyptian Streets 4/01/2016 http://egyptianstreets.com/2016/01/04/tunisian-writer-deported-at-cairo-international-airport-deemed-security-threat/
** "Conference 2011 Speakers: Grami, Prof. Dr. Amel" Deutsche Welle 2011 http://www.dw.com/en/grami-prof-dr-amel/a-6519822
*** "Fans protest as court reviews Islam Beheiry’s challenge to blasphemy sentence" Egypt Independent 4/01/2016 http://www.egyptindependent.com//news/fans-protest-court-reviews-islam-beheiry-s-challenge-blasphemy-sentence
**** " 8th Berlin Forum for Progressive Muslims, April 19 – 20, 2013
The Resurgence of Political Islam in the Aftermath of the Arab Spring:
Developments – Challenges – Perspectives / Convened at the Friedrich-Ebert-Stiftung, Hiroshimastraße 17, 10785 Berlin." http://library.fes.de/pdf-files/dialog/10284.pdf

****** "We could be 24 meters tall in heaven: Sheikh Ali Gomaa" Mada Masr 30/12/2015 http://www.madamasr.com/news/we-could-be-24-meters-tall-heaven-sheikh-ali-gomaa