Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Puigdemont. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Puigdemont. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de agosto de 2024

Lo de Puigdemont

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No sé cómo llamar a "lo de Puigdemont". No me refiero a lo ocurrido —sea lo que sea— en estas últimas horas. Me refiero al conjunto, a sus límites porosos, indefinidos, a la zona oscura del esperpento, un género muy "español", incluyendo a todos aquellos que, por no sentirse españoles, lo son más que nadie por aquello de los extremos que se tocan.

Intente explicarle a un extranjero "lo de Puigdemont". Pronto se dará cuenta de que si habla otro idioma le faltan palabras. Si es realmente bilingüe descubrirá otro fenómeno que los neurocientíficos abordan en sus experimentos: que la mitad de su cerebro que piensa en español o en catalán responde de una manera distinta a la otra. Es un fenómeno extraño, pero real. Lo que a usted le parecía más o menos claro en una lengua, ya no le parece tanto cuando usa la otra parte de su cerebro habitada por la otra lengua. 

Incluso le puede pasar que pensando en la misma lengua, unas horas de distancia le hagan pensar de una forma distinta sin que apenas se haya dado cuenta de ello. Lo de Puigdemont es raro, inexplicable y cambiante.

Ahora es cuando necesitamos del arte para comprender. Todos esos destellos que componen "lo de Puigdemont" alcanzarían una forma "comprensible", una totalidad, bajo la forma de una película, de una novela, de una obra sobre un escenario, incluso bajo la forma de una novela gráfica.

La maravilla del arte es que usted no necesitara entenderlo, solo darle la forma adecuada. ¿Cuál es esta? ¡Vaya usted a saber!  Ese un proceso que marca el misterio del arte. El artista no necesita comprender, sino que la compresión nos llega después al público que de repente "entiende". Es cierto que cada uno a su manera, pero entiende. No siempre entenderán lo mismo, pero discutirán sobre ello. ¿Se acercarán a algún tipo de "verdad"? Eso era antes. Pero lo veremos a través de nuevos cristales. Así, "lo de Puigdemont" entrará en una nueva dimensión, la estética.

Me han dado mucha pena los "Mossos" y sus explicaciones. En este estado "pre estético" no han llegado a ser los "malos de la película", sino simplemente los "tontos de la película". Creo en su "inocencia", en los dos sentidos de la palabra, el de "inocente vs culpable", y el de "¡inocente, inocente!", que es el de la "inocentada". Necesitaba alguien a quien engañar y alguien a quien responsabilizar, vamos, un "falso culpable" en términos de thriller.

A los mossos, trufados de traidores, de jefes inocentones, de responsables irresponsables... los mandaron entre todos a la silla de los acusados, bajo el recién lavado dedo acusador. La explicación más coherente, desde su inocencia, es que no esperaban que un "señor" que ha ocupado la presidencia de la Generalitat tuviera ese comportamiento. ¡Tal cual! Esa quizá es la clave del asunto, que ellos valoran el cargo y esperan honorabilidad mientras que los políticos hacen justo lo contrario. Que un tipo como Puigdemont haya llegado hasta lo que ha llegado (sea esto lo que sea) ya nos dice lo erróneo de la forma de pensar de los mossos.

Como policías se centran en los hechos. Sin embargo, esos hechos son solo los oficiales, que son equívocos y tendenciosos. "Lo de Puigdemont" no es lo anticipado, sino lo inesperado, lo no dicho, una mentira detrás de otra. ¡Pobres mossos!

Cuando "lo de Puigdemont" dé el salto estético, cuando alguien sin prejuicios se encargue de darle forma narrativa (¡se imaginan un musical!), se dará cuenta que tiene que recurrir a múltiples de puntos de vista, a una especie de "Rashomon", de Kurosawa, o de "Atraco perfecto", de Kubrick. No puede ir a buscar la "verdad", sino el juego de mentiras. De esta manera "lo de Puigdemont" permitirá algún tipo de conocimiento, aunque sea epifánico, como un destello surgido del conjunto incomprensible. Será una labor delicada, de relojero suizo antes de los relojes digitales.  Uniendo las piezas acabará saliendo una "forma"; pero ¿quién sabe si están todas?

Habrá que ver todo aquello que pretenden alejar de las miradas para que nos centremos en las verdaderas víctimas, los mossos que se fiaban de un ex presidente fugado, de un presidente de vacaciones y de un presidente catalán negociando. Habrá que ver cómo "lo de Puigdemont" no se explica ni desde la investidura de Sánchez ni de la de Illa, sino solo por la especial obcecación con los hechos de los mossos, marcados de por vida con este sambenito.


jueves, 30 de noviembre de 2023

La España habitual

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Apenas han llegado los señores miembros del gobierno a colocar sus plantitas en los despachos cuando ya suenan los tambores de guerra, los próximos y los lejanos. No ha desempacado Sánchez la maleta de regreso de Israel, no se ha acabado casi de despedir el primer ministro belga cuando ya tiene un problemón amenazante sobre la mesa de desayuno. Y los problemas le llegan de ese ser querido, convertido en héroe democrático que se llama Carlos Puigdemont.

Si tenía pocos problemas con los líos diplomáticos con Israel, con los líos de los defenestrados de Podemos, lógicamente enfadados con él, etc. en RTVE.es se recogen con meridiana claridad las intenciones de ese aliado fiel que es el Sr. Puigdemont. Allí nos dicen: 

El expresidente catalán y líder de Junts, Carles Puigdemont, ha amenazado al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con que su partido vote en contra de las leyes del Gobierno o incluso apoye al PP en una hipotética moción de censura si no ve "avances suficientes" en lo pactado entre su partido y el PSOE para la investidura. Una posibilidad que ya ha descartado el líder de los 'populares', Alberto Núñez Feijóo.

"Podríamos votar con el PP para derribar el presupuesto o por una resolución sobre Israel, donde nuestra posición en realidad está más alineada" con la del partido que encabeza Alberto Núñez Feijóo, dijo este martes por la noche Puigdemont a 'Político' durante la ceremonia celebrada por este medio para desvelar su lista de las '28 personalidades más influyentes' de Europa en 2024, en la que el catalán figura en segundo lugar entre los nueve 'disruptores'.

Según ha informado este miércoles este medio a Efe, Puigdemont le dijo además al presidente del Partido Popular Europeo (PPE) y líder de ese grupo en el Parlamento Europeo, Manfred Weber, que incluso podría llegar a un acuerdo con el PP para derrocar al gobierno del socialista Pedro Sánchez a mitad de su mandato con una moción de censura.

Ahora bien, una eventual moción de censura sería una opción si Junts y el PP se pudiesen poner de acuerdo sobre un presidente del Gobierno independiente para sustituir a Sánchez.*


Estas cosas, que se han advertido en diversas formas, parecían ilusiones, pero son avisos de lo que le espera a Pedro Sánchez (y a todos) en esta legislatura. Va a ser una mezcla de Hitchcock, de películas de catástrofes de los 70 y un fondo musical de sardana unos días y de chistu en otros. Si dicen que el poder desgasta, Sánchez puede acabar como el "hombre invisible". Le van a faltar ojeras para tanta preocupación.

Las declaraciones de Puigdemont son, además, una enorme trampa para acabar de liarla con el PP, tensando más las relaciones con Vox, donde ya declaran sus dirigentes que ven "flojos" a los populares para frenar a Sánchez. De esta forma, Puigdemont hace su recorrido entre el niño malo y el ser maquiavélico capaz de crear terror con solo abrir la boca. Es elñ protagonismo que entre todos le han dado.

Ayer, en el telediario matinal de RTVE.es, hablaban de los desplantes de los independentistas en diversos actos institucionales. Lo que me llamó la atención es la calificación de "habitual" por parte del presentador a ese desplante. Parece que dejar plantado al Rey y demás autoridades, no asistir a los actos militares, etc. forman parte de la extraña España habitual en la que vivimos y que nos permite escuchar estas cosas por parte de diversos partidos y personajes.

Todo lo que se ha hecho, por supuesto, es una forma de estabilizar la unidad de España, según se nos dice. Pero tengo mis serias dudas sobre si lo que hacen los nacionalistas de distintos pelaje y origen lo hagan por un emocionado amor a esa España que odian, desprecian y consideran que es su enemiga y opresora, el enemigo imperialista que les okupa. Está en sus programas y mítines. No en otra cosa se centran sus discursos y sus objetivos a lo largo de décadas y cada nueva concesión no ha servido más que para llegar a estas fórmulas de chantaje político que no tienen ya pudor ni elegancia alguna.

No, no hay "habitual" en estas forma de desprecio institucional que les sirve para demostrar su poderío local y, si les dejas, en el resto. Cualquier intento de hacer ver otra cosa, otra intención, no es más que un atentado contra la inteligencia. ¿Qué mayor placer que ver humillado a tu enemigo, al que te ha dado el sentido negativo de la existencia durante décadas?

Por mucho que se repita, calificarlo de "habitual" es no querer reconocer una realidad que adquiere sentido en las palabras de Puigdemont. No hace otra cosa, en realidad, que hacer las "paces ideológicas europeas" con el PP para evitar que este pida medidas en la Unión Europea, donde este y los suyos son una reducida anécdota que solo ha merecido la atención de algún belga (¡qué casualidad!) y de Vladimir Putin, un entusiasta de todo aquello que perjudique la unidad europea y la de sus estados.


Las palabras de Puigdemont son un aviso de lo que puede ocurrir, de los efectos de la atomización de la política española, en manos de personas que tienen primero un interés destructivo (de lo que es España) y un posterior deseo de fagocitarse los territorios que se le permita (es decir "países catalanes", por un lado, y Navarra por otro).

Que los "independentistas" quieran ser independientes y los "nacionalistas" ser una nación y por ende un "estado" no debería extrañar a nadie. Pero esta España habitual tiene un problema con la semántica, además de con la política. Las palabras de Puigdemont son algo más que un despropósito visto desde fuera. Desde dentro, es un indicador de la desfachatez y de en quién se ha depositado el futuro de todos durante unos cuantos años. De pícaro local a mandamás en la sombra con planes poliédricos, Puigdemont tiene sus objetivos constructivos y destructivos. El que se quiera creer otra cosa, allá él.

Nada de esto es nuevo, pero como dirían en las noticias de la mañana, es lo habitual. 


* "Puigdemont amenaza a Sánchez con apoyar al PP en una hipotética moción de censura si no ve "avances suficientes"" RTVE.es / EFE 29/11/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231129/puigdemont-amenaza-sanchez-apoyar-pp-hipotetica-mocion-censura-si-no-ve-avances-suficientes/2463231.shtml

lunes, 13 de noviembre de 2023

En venta

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Otro fin de semana de protestas callejeras. Otra vez las calles llenas, las bocas llenas y las manos llenas. Gente, gritos y pancartas, la base de la protesta en un país en el que la llamada "nueva política" trajo la fragmentación y con ella la debilidad. Se pueden ver ya con claridad los estragos causados y las intenciones de algunos que querían llegar a esta situación en el que —como en los mercados— es la ley de la oferta y la demanda la que funciona. Lo más caro es lo que más quieres o necesitas.

Es una mezcla extraña entre la matemática de las urnas, que es sencilla,  y la esotérica mano invisible del mercado electoral. Dicen algunos que los que protestan "no respetan lo salido de las urnas". Nada más lejos de la verdad. Son más bien los que se dedican al mercadeo los que no respetan los votos que les dieron y el para qué se los dieron. Sectores y poblaciones se van a ver perjudicadas por estas distinciones que los independentistas imponen. Ya muchos hablan de la España de primera y la España de segunda. Pronto puede que no quede ninguna, como muchos temen.

Es, una vez más, la perversión del poder por el mercado político, que al igual que el económico, se aleja de los valores reales para asumir otro tipo de valores, los del camino hacia el gobierno.

Que los votos se puedan usar para lo contrario de lo que se pidieron es un claro ejemplo de que el camino de la política sigue por senderos preocupantes. Primero te piden tu voto con unas razones; después, estos se usan para negociar con personas que quieren lo contrario de lo que votaste.  Por ejemplo, no sé cuántos votantes del PSOE lo hicieron para amnistiar a Puigdemont.

Claro que no todas las razones se pueden poner en un programa, pero sí los principios. Sánchez ha jugado con los votos que le dieron, de eso no hay duda. Los pragmáticos dirán que el voto es siempre un "voto de confianza", algo con lo que jugar después para lograr ese resultado final que todos desean: formar gobierno.

Pero la debilidad de Sánchez y su futuro gobierno es clara: primero debe hacer concesiones para conseguir la investidura y después, no lo olvidemos, deberá empezar a negociar la formación del gobierno, lo que le llevará a nuevas concesiones y pactos. Y eso es solo el principio. Cuando pretenda ejercer su programa, se dará cuenta de que este apenas se puede llevar a cabo porque le queda poco que gestionar y una dependencia absoluta. Ya pasó en su gobierno anterior, en el que los socios se le quedaron con lo que les interesaba para auto promocionarse y hacer ver que ellos eran el progreso mientras que el PSOE estaba entregado a la reacción. Lo que está por venir es peor.

Lo triste es que un partido centenario como el socialista se condena a la extinción, diga lo que diga. Su configuración está cada vez más enfocada a conseguir el poder y menos a transformar la sociedad. Aunque hiciera algo positivo, se lo apuntarían sus socios. Esto no es una descripción del futuro, sino más bien una descripción de lo que ha ocurrido la pasada legislatura. No es futuro, es pasado.

La incapacidad de los partidos españoles de mantener tendencias y a convertirse en guardias pretorianas de sus líderes, destruyendo lo que sea necesario y manteniendo solo el "aplauso", tiene sus consecuencias.

Nadie sabe lo que saldrá de este tipo de situaciones, pero todos se temen lo peor. Que los grandes beneficiados sean los grupos que quieren la destrucción de la unidad española no es la mejor premisa para gobernar. Evidentemente nada de lo que salga de ellos tendrá como objetivo el bienestar de todos, sino más bien lo contrario.

Es lo que le están advirtiendo a Sánchez desde todos los ángulos: lo que está vendiendo es pan para hoy y hambre para mañana. Lo preocupante es que ese pan se lo llevan solo algunos, mientras que el hambre será de todos.

¿Tiene alguien alguna idea del interés de Puigdemont y similares en el beneficio de todos los españoles? No creo que exista alguien tan ingenuo. Pedro Sánchez tiene algo peor que el llamado "síndrome de La Moncloa". Su problema no es ya que no escuche a nadie, sino que solo escucha a los que le estiman poco. Van a lo suyo, pero es claro quién cede.

La existencia de un pacto mayoritario para no recurrir a los independentistas y demás fauna política poco dada a buscar lo mejor para España, es algo imprescindible, pero es justo lo que no se pone sobre la mesa. El sistema de la "nueva política" no lo permitiría porque son muchos pequeños los que se benefician de ser parásitos de los grandes. Nunca ha sido tan rentable ser pequeño. Mínimo gasto y máximo beneficio.

No hay que plantarse que Sánchez sea una víctima; en todo caso, lo es de su ambición por mantenerse en el poder a cualquier precio. Lo malo es que es mucho lo que está en venta: España.



lunes, 6 de septiembre de 2021

Rusia, más que un club

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Si Galileo pedía tan solo un punto de apoyo para mover el mundo, a Vladimir Putin le bastan con unos cuantos hackers para revolucionarlo. Le va tan bien con ello, que ya exporta sus servicios de "apoyo revolucionario 2.0" y admite peticiones del oyente para diseñarte las "manis" a medida. Me imagino que tiene su media-lab, su workshop, etc., todo de lo más moderno, al servicio de la revuelta, la indignación y cualquier otra posibilidad de complicarle la vida a los demás.

A lo largo de estos años no habido revuelta tras la que no se le acusara de estar, no ha habido líder populista y descontento que no fuera a hacer este "turismo de servicios" a Moscú donde, tras un encuentro con sus funcionarios, no salieras satisfecho con instrucciones y promesas de agitar la botella de gaseosa para dar el campanazo.

En los últimos años, han pasado por Moscú desde Marine LePen a los líderes del Brexit, como Farage, o hasta los amigos de Donald Trump con sus listas de deseos para deshacerse de los enemigos de todo tipo.

Ya había salido anteriormente el tema relacionado con España. Se le ha acusado varias veces de estar conectado con el independentismo catalán y esta vez la cuestión ha estallado con un informe en The New York Times que viene a incidir en el tema con más detalle. Lo recoge la página web de Antena 3 Noticias:

 

El jefe de la oficina del expresident Carles Puigdemont, Josep Lluís Alay, ha admitido que viajó a Rusia y habló de "asuntos que interesan a la creación de un Estado independiente en un futuro", algo que, según ha recalcado, "no es ningún delito".

Así lo ha afirmado en declaraciones al canal de televisión 3/24, después de que el diario The New York Times haya publicado una investigación que dice que Alay buscó el apoyo de Rusia al proceso independentista catalán.

El periódico cita como fuentes un informe europeo de inteligencia corroborado por funcionarios españoles, expedientes de dos investigaciones realizadas por jueces en Barcelona y Madrid, entrevistas a políticos y activistas independentistas en Cataluña, y funcionarios de seguridad en España y el extranjero.*

 


Hay que reconocer la desfachatez, consistente en, este caso, en vender la piel del oso antes de cazarlo. Creo que el enviado o autónomo ido a Moscú se ha adelantado un "poco" a los acontecimientos.

El asunto, según parece, consiste precisamente en ofrecerse como futuro cliente para después pedir la ayuda, es decir: tú me ayudas a independizarme y luego yo te garantizo las compras. Hay que reconocer desparpajo. Puede entenderse que vaya a pedir ayuda para el reconocimiento (o algo más), pero establecer estas líneas de futuro hipotecado es exagerar por lo dicho anteriormente, no tienen "estado" y ya estás adquiriendo "compromisos".

De esta forma, por ejemplo, yo puedo ir esta semana a decirle a Putin que tengo interés en que mi pueblo se independice y que, si nos apoya, le compraremos a ellos lo que tengan a buen precio.

Eso es lo que ha hecho el señor Josep Lluís Alay:

 

The New York Times señala que Alay se reunió en Moscú con funcionarios rusos, exagentes de inteligencia y el nieto de un espía de la KGB con el objetivo de "garantizar la ayuda rusa".

El reportaje no aclara qué tipo de ayuda dio el Kremlin al independentismo ni si le brindó algún apoyo, pero apunta que tras los viajes de Alay a Moscú, que tuvieron lugar en 2019, surgió la plataforma de protesta Tsunami Democràtic.

Alay, en declaraciones al canal de información de la televisión pública catalana, ha dado a entender que en sus contactos habló sobre la independencia de Cataluña y ha reivindicado poder ir a Rusia para "hablar de qué necesidades energéticas puede tener Cataluña en un futuro". "A Rusia la tratamos como una gran potencia mundial, muy importante. Rusia es una potencia europea", ha recalcado.*

 

De todas las informaciones dadas, solo hay que realmente me desconcierta, ¿qué pinta allí el nieto de un espía de la KGB? ¿Se hereda, como los viejos negocios familiares? A Alguien le ha debido parecer relevante el detalle y está ha adquirido entidad, transmitiéndose de medido en medio pero descontextualizándose.



Pero lo importante es si los catalanes conseguirán gas ruso a buen precio, sino la capacidad de Rusia de mostrarse como un agente perturbador. Antes estas cosas se hacían en silencio y con discreción. Parece que ahora, en este loco mundo, se puede concertar cita como en el dentista para la subversión, desestabilización o el terrorismo. Todo ha quedado en que pides una cita previa, te reciben, atienden a tu descontento —una especie de terapia independentista— y te vas cargado de promesas y con alguna realidad en la maleta. Todo podría ser una perfecta fantasía terapéutica de no ser por esa coincidencia entre visitas y regreso con algún desorden.

Entonces hay que tratar de buscarle alguna utilidad para la propia Rusia. Y creo que la tiene. Con este sistema de citas al descontento, Putin adquiere una importante información sobre el estado real de Europa, que le importa poco, pero que necesita debilitar para poder aumentar su propio poder. Es decir, el simple hecho de que Putin y los suyos reciban gente es importante porque es gente que cree que realmente Putin puede intervenir en su apoyo. Eso es exactamente lo que reflejan las últimas frases de Alay citadas: "A Rusia la tratamos como una gran potencia mundial, muy importante. Rusia es una potencia europea". El poder del enemigo no es el que tiene, sino el que tú le concedes. Con cada visita, haga algo o no, el poder de Putin aumenta.


Cuando nuestra ministra Teresa Ribera decía aquello de que "habría que decirle a Putin que bombeara más gas" le estaba concediendo un poder que ahora —¡muy mal señor Ministra!— tiene como consecuencia la nueva peregrinación a Moscú a pedir que en el futuro, la hipotética república catalana tendrá buenos precios de gas, no como es país colindante llamado España, que se verá condenado sin remedio a facturas infinitas.

¿Tiene algo que ver Putin con la subida de la luz? No lo sé. Pero da igual, el señor Alay así lo cree y su convencimientos convierte en su visita a Moscú en "exitosa" por lo que cree que los catalanes deben independizarse antes que llegue la factura del mes que viene, a ser posible.



De momento, es más preocupante que desde Moscú se lance otra campaña de apoyo a la agitación. Podríamos ver en los próximos días manifestaciones con el lema, por ejemplo, "¡En España pagamos más luz!" o "¡Cataluña Led!" , por decirlo irónicamente. Lo importante es, como siempre, sembrar y recoger el descontento para canalizarlo hacia los fines buscados, los del independentismo. Si hay un tanto por ciento de catalanes que creen que es España la responsable de no hacer nada para frenar la luz y que la visita al nuevo Zar es el remedio, pues eso se ha ganado.

Si Putin puede jugar con el gas y manipular el precio de la energía, es evidente que no va poder hacer "descuentos" a esa arcadia republicana catalana que pretenden dibujar. Es más el deseo de proyectar la imagen de una presunta e influyente diplomacia catalana, por un lado, y por otro incrementar la imagen poderosa de Putin. Y un añadido: la cuestión ha saltado desde The New York Times, no por Cataluña, desde luego, sino por el deseo norteamericano de elevar a Putin a enemigo constante. Si Putin era una ayuda para que ganara Trump las elecciones, desestabilizando a sus oponentes, como intentó con el propio Biden en la cuestión ucraniana, ahora el nuevo presidente parece decidido a sacarle los trapos sucios.

 


* "El jefe de la oficina de Puigdemont se defiende y asegura que hablar con Rusia de independencia "no es delito"" Antena 3 Noticias 04/09/2021 https://www.antena3.com/noticias/espana/jefe-oficina-puigdemont-defiende-asegura-que-hablar-rusia-independencia-delito_202109046133181e2d97960001633ecc.html

domingo, 31 de diciembre de 2017

Adiós, 2017, un año difícil

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La fecha impone hacer un repaso de lo acontecido en el año que se cierra hoy. Como valoración general, no ha sido un buen año, un oscuro 2017 que entra en la Historia por varios acontecimientos importantes. Las sorpresas suelen ser malos cálculos, errores en la interpretación que hacen que nos demos cuenta de lo que tenemos delante demasiado tarde.
En nuestro resumen anual, estos son los principales aspectos que lo han marcado:
1.- El año Trump. Tras un año en la Casa Blanca, el balance de Trump no puede ser más deprimente. La sociedad norteamericana se encuentra completa y radicalmente dividida ante una presidencia desafiante, cuando no insultante. Los fieles le eligieron por ello y permanecen a su lado, pero ningún presidente en la Historia de los Estados Unidos presenta unos datos más negativos que los suyos.

Con su llegada, los fantasmas que se creían controlados tras dos mandatos de Barack Obama ha regresado: racistas, supremacistas blancos, neonazis, etc. han salido sin pudor a apoyarle y él mismo ha creado la polémica, como en el caso de la muerte en Charlottesville durante una manifestación. Lo que prometió en campaña, lo ha cumplido; quienes tenían la esperanza de que la llegada al poder le moderaría se equivocaron. Su idea de la presidencia es completamente beligerante y así lo manifiesta cada día con sus tuits.
La doctrina del "America First" ha creado el mayor aislamiento internacional de los Estados Unidos, triste potencia solitaria, abandonada por amigos y aliados. La iniciativa de trasladar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén ha sido la gota que ha colmado el vaso y hasta los apoyos de Oriente Medio han dado un paso atrás, distanciándose de un Trump maquiavélico que ha jugado con todos ellos sin sentido alguno de las relaciones internacionales y de los problemas que desencadenaría. Tras su visita a Oriente Medio, no dejó más que conflictos. Ha conseguido unir a los enemigos en una política de rechazo por la decisión tomada.
En lo doméstico, la sociedad sigue pendiente de sus contactos y los de familia y allegados con la Rusia de Putin. Un año después de su inesperada victoria (con casi tres millones de votos menos que su rival, Hillary Clinton), todavía se sigue debatiendo sobre los apoyos. Ha mantenido conflictos con casi todas las instituciones, ha despedido colaboradores a los diez días en la Casa Blanca (Anthony Scaramucci), otros duraron un mes y se encuentra acusados por mentir al FBI y tener lazos con otras potencias (Mike Flynn), otros, como Paul Manafort se encuentran ante la justicia por tener lazos económicos con colaboradores de Putin en la Ucrania del infame Yanukovich. Su familia está siendo investigada por la trama rusa o por aprovechamiento de la Casa Blanca para los negocios.


Nada de todo ello ha mermado el apoyo de sus más fieles seguidores a los que les basta la conexión del odio para mantenerse a su lado. Trump jugó desde el principio con una base fiel, la que no había soportado una presidencia negra durante ocho años. La mayor parte de la política realizada por Trump era una política anti-Obama, eligiendo la opción desestimada por su antecesor en la Casa Blanca. Obama es la obsesión de Trump. Tras su primer encuentro, Trump dijo en una entrevista que Barack Obama se había sentido fascinado por él, pero que no lo reconocería nunca. Se revelaba así lo enfermizo de su obsesión con Obama, al que no deja de citar negativamente. Parece que su misión sea solo superar al ex presidente, algo que no logró en ningún momento. Situaciones ridículas como la comparación del público asistente a la toma de posesión, muestra esta enfermedad del que se sabe inferior y necesita compensarlo.
Trump ha hecho protagonistas a todos aquellos afectados por sus políticas: a los inmigrantes latinos (los "bad hombres"), a los musulmanes, a los científicos, etc. Con él ha llegado una política de negación de derechos, combatidas por los propios tribunales norteamericanos, y de negación de hechos, como el cambio climático. Se ha rodeado de personas negacionistas, del calentamiento o de las vacunas, por ejemplo, dejando al país más poderoso de la tierra en manos de ignorantes e integristas religiosos, que le consideran una especie de enviado. Con él ha regresado el armamentismo y la amenaza como forma de expresar el poderío norteamericano.


La soledad de Trump, rodeado de litros de refrescos, con ocho horas de televisión diarias y tuiteando sin descanso es la imagen de la soledad de los Estados Unidos. El haber retuiteado un mensaje racista de un ultraderechista grupo británico le ha valido la pérdida de buenas relaciones con el Reino Unido. El idilio que comenzaba con Trump y May saliendo cogidos de la mano se ha transformado en una pesadilla para la primera ministra que ve cómo en el país se recogen firmas contra la visita de Trump, el parlamento no quiere recibirlo y la reina se esconde tras su agenda.
Y un mal año norteamericano implica un mal año para todos. Las relaciones se han tensado en Oriente Medio, con Corea del Norte, con la Unión Europea y con todo el planeta tras el asunto del cambio climático y el traslado de la embajada. A Trump parece no preocuparle mucho, lo que tampoco es buen síntoma dado su peculiar y poco formado juicio.

2.- El año de las mujeres. Creo que este ha sido un año importante para las mujeres con la ruptura de un importante condicionamiento, el silencio ante el acoso. En mi interpretación, como hemos señalado en ocasiones, no es casual que al día siguiente de la toma de posesión de Trump se produjera una masiva manifestación de mujeres en su contra. Es importante ver a Donald Trump a través de los ojos de las mujeres. No es solo el tipo de campaña que desatara contra Hillary Clinton. Donald Trump es el compendio de los rasgos de aquellos contra los que están surgiendo las denuncias, que el propio Trump tiene pendientes.
A mi modo de ver, el movimiento de las mujeres está ligado al ascenso de Trump y su desprecio ante las mujeres. La llegada a la Casa Blanca de un showman machista, que presume sus acosos porque a los poderosos les está permitido todo y "a ellas les gusta" sentir el poder, como salió a la luz en las grabaciones.


Trump ha sido la gota que ha colmado el vaso al hacer crecer el nivel de irritación de millones de mujeres. El escándalo del acoso ha salido a la luz en un ambiente próximo a Trump, inicialmente fueron los afamados periodistas de ciertas cadenas, la Fox News (la máxima aliada de Trump), con el descabezamiento de Bill O'Reilly, fue el ejemplo de lo que podía ocurrir. Después el escándalo de los poderosos de Hollywood que todavía colea. Las políticas acuerdos extrajudiciales de silencio en el mejor de los casos solo había mantenido a las mujeres bajo una presión conocida, pero no denunciada. El mundo de los medios de comunicación y el cine son un ejemplo de industrias en las que es fácil el abuso pues implican el control de las voces sociales. ¿A quién acudir para denunciar cuando el acoso o la violación se producen en los medios? Lo que se ha perdido es el miedo, convirtiendo en noticia el silencio obligado de muchas personas y responsabilizado a los que los sabían pero no hacían nada como cómplices.
Las primeras manifestaciones de Donald Trump fueron profundamente retrógradas. El mismo modelo impuesto desde su familia ya implicaba un modelo de difícil asimilación por el mundo de la lucha por la igualdad. De nuevo las diferencias entre lo que representaba Michelle Obama y la esposa del presidente Trump, la tercera esposa de un presidente que presumía de cambiarlas cuando le apetecía, eran demasiado profundas en todos los sentidos. El deseo fotográfico de exhibición de sus mujeres, dejaba a la nueva primera dama en una incómoda posición que ha medio resuelto mediante el distanciamiento.


La reacción contra los abusadores poderosos es imparable y ha puesto en una complicada situación a la industria del cine y el espectáculo, que no quiere verse comprometida. Los poderosos caen y se levantan en diferentes estados, según el impacto. Actores, productores, etc. han experimentado un choque como nunca se había visto. El descubrimiento de que las heroínas eran rentables en las películas ha hecho que el temor a los boicots pudiera hundir producciones costosas.
Se ha demostrado que el acoso es una enfermedad social que no distingue en ideologías o, si se prefiere, que se puede enmascarar también tras la ideología. Han ido al mismo saco infame conservadores y presuntos progresistas.
El tercer ámbito sacudido por la fuerza de la ruptura del silencio ha sido precisamente el mundo político. Senadores y congresistas han salido a la luz en toda su indecencia, mostrando cómo el poder —el que sea— representa para muchos una dosis de "machismo" extra. Se han hundido carreras políticas y, a menos que el votante de Trump considere el acoso y la violación como méritos por los que votar a los candidatos, es difícil que muchos rehagan sus carreras políticas.


El movimiento de desenmascaramiento de los poderosos abusadores se ha situado más allá del feminismo doctrinal y exige con fuerza una transformación de las condiciones sociales que han regulado el acceso de las mujeres al mundo del trabajo. El acoso laboral y el chantaje para conseguir los trabajos o permanecer en ellos han sido denunciados con firmeza desde el punto más espectacular, el de los nombres conocidos que ha atraído a los propios medios impidiendo el silencio temeroso.
Es quizá uno de los momentos más importantes en la lucha por algo que va más allá de la igualdad, el respeto. El trabajo no puede seguir siendo una trampa, una encerrona por la que tener que someterse a la violencia sexual. Cuanto antes se tome conciencia de ello y se establezcan medidas suficientes será mejor para todos.

3.- El secesionismo catalán. 2017 será recordado como una de las peores crisis a las que se ha enfrentado España y, más allá de ella, la propia Unión Europea, de la que España —es necesario recordarlo— forma parte. La crisis está abierta pese a las advertencias dadas y lo ocurrido hasta el momento.
La situación catalana tiene mucho de lo ocurrido en la Norteamérica de Trump: muestran las distancias, debido a los procesos de distribución de escaños, de las cámaras y la realidad de la calle. Si los Estados Unidos de Donald Trump se encuentran más divididos que nunca, la Cataluña de 2017 se encuentra lamentablemente en un estado de total ruptura social. Las elecciones últimas no han servido más que para aclarar estas divisiones entre una Cataluña de la costa, constitucionalista, y otra del interior, secesionista. ¿Entraremos en un bucle de elecciones y aplicación del artículo 155? Quién sabe...
Con las cifras catalanas ni se puede ni se deber partir un país que tiene su historia, por más que los nacionalistas quieran pintar una historia que no ha existido nunca, llena de mentiras y medias verdades. Pero no es solo la Historia, un relato, lo que hace a las naciones, sino un sentimiento de vida en común que ha sido roto por el secesionismo, que se ha quedado sin argumentos tras la democracia en España.


Los intentos de los secesionistas de venderse como un "pueblo oprimido" han despertado las envidias discretas de aquellos pueblos que están realmente oprimidos. Los intentos de vender que las personas que han vulnerados las leyes son presos políticos ha sido una bufonada con las que un personaje confuso como Calos Puigdemont se autoproclama víctima y presidente en una misma tacada belga.
Si algo ha quedado en evidencia, además del aventurismo alocado, es la respuesta contundente de todo el mundo. Europa al completo, con la excepción de peligrosas amistades vinculadas a la ultraderecha racista de algún país, ha rechazado el proyecto secesionista. Ha dejado, por ello, desvalidos de un argumento central a los secesionistas, que anunciaban un paseo triunfal por la Unión.
La salida de las grandes empresas de Cataluña (es más importante su peso en la economía que el número en sí, también elevado) debería haber sido un serio aviso para evitar esta maniobra. Pero el secesionismo es sobre todo un proyecto sentimental y, por ello, irracional o contra el sentido común, ya que los que lo quieren se perjudican. Pero el odio sembrado durante décadas contra el resto de España, vendida como una potencia colonial explotadora intentando vender de nuevo la Leyenda Negra frente a una Cataluña ilustrada y progresista. El control de los medios autonómicos y la educación, la financiación del odio a través de asociaciones "culturales" ha conseguido dividir a la sociedad, estableciendo una alianza extraña entre izquierdistas republicanos, burgueses de toda la vida y jóvenes antisistema que solo busca la fractura española.
El interés despertado por el papel de Rusia en el apoyo al separatismo o el jugado por personajes como Julian Assange han hecho que el mundo no solo se interese por el "procés", sino que acabe puesto en la lista de actividades antieuropeas manejado desde el Kremlin. Han conseguido que toda una serie de países europeos y los Estados Unidos estudien la actuación en Cataluña de los grupos de hackers que han crecido a la sombra de Putin en su intento de boicotear Europa tras las sanciones por la invasión de Ucrania, otro proceso secesionista a la rusa.
Pero el "procés" y las elecciones catalanas han servido para algo más: dejar en evidencia lo inestable de la política española, una política a cara de perro entre dos partidos que han sido incapaces de prever el resultado de su propio desgaste, mordidos desde los extremos por aquellos que cantaban el fin del bipartidismo. España no ha sido nunca bipartidista, como se acaba de demostrar. Pero ese era el mensaje que debía calar para poder crecer.


Lo que se ha demostrado con claridad es que España está huérfana de proyecto común, gobernada desde hace tiempo por ejércitos de tecnócratas y tertulianos vocacionales. El pragmatismo resultante para salir de la crisis ha dejado muchas heridas que son cubiertas con bálsamos utópicos. Es mucho tiempo en estado de precariedad sin que las nuevas generaciones hayan podido hacer suyo y real el mensaje de que existe una recuperación económica, algo que no hay que entender en los grandes datos, sino en la cesta de la compra y en el sueldo a final de mes.
Las alegrías de Zapatero trajeron los ajustes después, pero España necesita que su consolidación sea social, es decir, para todos, que llegue con esos sueldos dignos y la estimulación de sectores como la ciencia y la industria, más allá del salvador turismo, poderoso pero insuficiente para las expectativas del país.

La clase política necesita dos cosas: un gran baño de humildad, comprender que está al servicio de todos, y romper la dinámica del conflicto permanente que impide hacer los grandes pactos que la sociedad le reclama: la corrupción, la educación, las pensiones, el mapa autonómico... Necesitamos políticos de más talla, con el estado en la cabeza y la gente en el corazón. Humildad, señorías y demás; menos retórica y comunicación y más cercanía para enterarse de las demandas sociales.
Si me tengo que quedar con uno de los hechos, lo hago con el más esperanzador: la ruptura del silencio en el acoso. Ese miedo se ha perdido y hoy son millones las mujeres de todo el mundo que se siente apoyadas por otras mujeres y por muchos hombres. Es una buena noticia; no ha habido muchas.


4.- El crecimiento del autoritarismo. De forma general, el autoritarismo y los populismos nacionalistas agresivos han aumentado en el mundo. Algunos analistas lo achacan a la propia presencia de Donald Trump en la Casa Blanca y a su cordialidad con los dictadores, con los que parece sentirse especialmente bien. Puede que sea así. La falta de una actitud crítica hacia ellos es otro de los fenómenos del año. Vamos hacia la figura del dictador consentido o incluso admirado. Solo así se explican algunas figuras que se pasean por las democracias con gran desparpajos o incluso les dan lecciones. Aunque nuestras democracias dejen bastante que desear en algunas ocasiones, siempre estarán por encima de lo que algunos venden como eficacia y mano dura
No hay que perder la solidaridad con los que son perseguidos por intentar llevar la democracia a sus países. Por el contrario, es necesario reconocerlos y que se sientan apoyados por la comunidad internacional. Es una tarea importante.

A todos, ¡feliz año nuevo! Que veamos algo mejor al terminar 2018.


martes, 19 de diciembre de 2017

El ex virtual

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Puigdemont no ganaría en Bélgica, opción del dos por uno que quizá alguien habría barajado. Si decide no volver, pensarán, alguna probabilidad tendría. Puigdemont ha hecho más kilómetros por las calles de Bruselas y alrededores que ningún candidato a alcalde o a diputado. Sin embargo, lo belgas no parecen excesivamente motivados hacia una persona que se les ha colado en sus vidas y convoca en sus calles manifestaciones en algo que no se acaba de entender. En el fondo, los belgas, ya acostumbrados a recibir en Bruselas a todos los que tienen alguna reclamación por toda Europa, dan un tiempo a la curiosidad y después se dedican a lo suyo.
El diario El Mundo titula "Los belgas 'pasan' de Puigdemont" y recoge los resultados de las encuestas en las que Carlos Puigdemont, el expresidente, no sale muy favorecido. Su cierre es este:

La conclusión principal sin embargo es que a los belgas ni les va ni les viene la cuestión. Son muchos los que no apoyan ni al uno ni al otro (27, 18 y 19% respectivamente) y sobre todo son mayoría lo que no saben o no contestan: 27, 41 y 41%.
Flandes es la región más poblada. El diario no ofrece resultados globales de opinión, sólo desglosados, pero incluso una ponderación en función de la densidad muestra que la causa de Puigdemont no es la preferida. A pesar de que en los medios, durante las últimas 10 semanas, ha habido muchas más críticas al Gobierno español (por su gestión y las cargas de 1 de octubre) que al revés. Y a pesar de la cobertura en los medios, de todos los idiomas, y el seguimiento de la aventura del ex president y su equipo, que casi provocó una crisis de Gobierno a principios de noviembre.
El diario ha incluido la pregunta dentro de un barómetro mucho más amplio en el que se indaga sobre transporte público (siete de cada diez piden que mejore en Bruselas y casi la misma cantidad cree que la capital no está bien gestionada). Pero también hay asuntos relacionados con los valores, como el apoyo (claro) a la eutanasia, en porcentajes que rondan el 70% también en todo el país.*


Que el ex presidente tenga su propia pregunta dentro de la encuesta para saber el estado actual de los belgas ya es todo un éxito para su candidatura virtual y a distancia. Convertido en una imagen en una pantalla a la que se rodea, aplaude y jalea, Puigdemont se crece y habla de su "restitución", un montaje mental con el que no ha logrado arrastrar a sus compañeros residentes en España.
Una cosa es la lucha por el desenchufe y otra quién va a ocupar el despacho del poder. Pero mucho me temo que los principales interesados en que Puigdemont no regrese son sus compañeros de aventura que han descubierto varias cosas sobre su personalidad escurridiza.
Puigdemont tenía una estrategia doble. La primera parte era obvia: poner tierra por medio. La segunda: hacer ver que su escapada era para mantener la "dignidad" de las instituciones desde el exilio. Cree el sedicioso que son todos de su condición.

Su insistencia en que debe ser el único presidente posible está empezando a ser molesta y cansina, especialmente entre sus compañeros que no lo ven así para nada. Les molesta, además, lo que tiene de reproche hacia lo que están haciendo, que es meterse en campaña a luchar con uñas y dientes mientras Carlos el Virtual lanza sonrisas desde una pantalla reivindicándose y dispuesto a decir "¡Ya estoy aquí!" a su regreso a la patria.
La baza del guardián de la llama es un cuento como otro cualquiera, como otro de los muchos que el mistificador Puigdemont elabora en su mundo personal. La insistencia de su grupo, que es ya otro de los perdedores en las encuestas, en que Puigdemont debe ser el presidente propuesto y aceptado si se da la circunstancia está empezando a enfadar en este tramo final de la campaña.

El Mundo nos trae otra visión desde el exterior, la del ex primer ministro francés Manuel Valls, que ha participado en un acto del Círculo de Empresarios. Ha estado en un acto de Ciudadanos y, si se lo hubieran pedido —dice— también lo habría hecho en uno de Iceta. Pero no se lo han pedido.
Valls pone el énfasis en algo que no ha sido tocado en la campaña: los actos terroristas previos. Fueron los secesionistas los que aprovecharon las muertes para seguir atacando a España y a las autoridades que fueron a solidarizarse con el dolor creado. Valls habla de los enclaves salafistas en Cataluña y de la preocupación francesa y europea sobre esos nichos creados durante años como resultado de una política migratoria específica. Valls explica:

R- [...] Hay un tema en Cataluña del que no se habla que no se trata en la campaña que son los atentados de este verano. Tengo la impresión de que se han olvidado los atentados, como si hubiera sido sólo un mal momento, algo puntual. Murieron muchos en Barcelona y Cambrils, pero el plan era matar a muchos más, a centenares de personas. Si los terroristas no llegan a explotar en ese chalé, no sé dónde habrían ido los artefactos, si a la Sagrada Familia o adónde. Además, los autores de los atentados eran gente integrada, eran catalanes marroquíes. Los políticos catalanes deben reflexionar y entender que hay grupos terroristas que han decidido apostar por Cataluña. El salafismo busca sociedades que pueda dividir.
P-¿Qué información tuvo usted del salafismo en Cataluña?
R-Preocupante. Nuestros especialistas en Francia en terrorismo islamista están muy preocupados por los grupos salafistas en Cataluña. Todas las fuerzas de seguridad deben trabajar juntas, porque puede haber más atentados. Me dolió mucho, por cierto, que en la manifestación de Barcelona se silbara al Rey. La lucha contra el terrorismo debe anteponerse a problemas internos. En Francia no se silbó al jefe del Estado.**


Efectivamente, no se habla, pero está ahí como historia dolorosa. Hay demasiados despropósitos en esa historia cantada. Valls ha sido ministro del Interior en Francia y sabe de lo que habla. Hay nichos salafistas en Cataluña, como los hay en barrios de Bélgica o en Francia. La política de atraer no hispano hablantes para mantener el catalán a salvo de los que ya vienen con el castellano acaba siendo un riesgo. En la idílica república a la que hizo referencia la portavoz de la CUP se mencionaba expresamente a "catalanes musulmanes" y "catalanes chinos", no "andaluces", "castellanos" o "hispanoamericanos", inmigración más molesta para los planes lingüísticos. La estrategia diseñada hace décadas asentaba las bases de la consolidación en frenar la inmigración de habla española. Eso ha aumentado el riesgo, pues allí donde se producen concentraciones, aparecen rápidamente personajes como el tristemente célebre imán de Ripoll, que fue capaz de hacerse sin demasiados problemas con los jóvenes educados en las escuelas de la zona.
El terrorismo no debe usar en campañas políticas, pero fue el secesionismo quien lo hizo convirtiendo los atentados en una ocasión para atacar a España y a las autoridades que asistieron.
Pero Valls ha dejado claras unas cuantas cosas más. El giro anti europeísta dado por Carlos Puigdemont como rabieta ante el no reconocimiento, es más, la condena generalizada de gobiernos e instituciones de la Unión debería hacer pensar a muchos.
Pero Manuel Valls va más allá:

P-¿Es imaginable en Francia un proceso independentista como el que tiene lugar en Cataluña?
R-No creo que el modelo francés pueda dar lecciones o imponerse en Cataluña y España. Tengo claro que España es un Estado nación de los más viejos de Europa, como Francia. La Constitución de 1978 es muy moderna y muy progresista. Para los franceses es un disparate que una región que es un 20% de la riqueza española pueda decidir marcharse y tienen razón. No es sólo un problema de España, es un problema de Europa. Somos una federación de Estados naciones y si España se destroza a sí misma es una señal terrible para el resto de Europa en un momento de tensiones con el Brexit, con los populismos, con Rusia... El independentismo catalán podría tener seguimiento en el País Vasco, después en el País Vasco francés o en el norte de Italia. Su visión es muy egoísta, la de regiones ricas que se van. España nos importa a todos.
P-¿Puede haber algún Gobierno de Francia que reconozca alguna vez en el futuro una república catalana independiente?
R-No. Ningún Gobierno de Francia la reconocerá jamás. Francia necesita a una España reforzada para construir juntos los retos de la Unión Europea.**


Evidentemente es la opinión de Manuel Valls, pero es opinión fundada y coherente con todos los mensajes europeos emitidos hasta el momento: una Cataluña independiente  no es viable en la Europa de los estados-nación. Es el argumento europeo, pero no es el principal. Para muchos es mejor usar un argumento ajeno que uno propio y entrar en conflicto directo. Pero ignorar el problema durante mucho tiempo tiene sus consecuencias.
Es poco probable que la estrategia de Puigdemont de reivindicarse como "presidente" y no como ex presidente triunfe. El ex perdió gran parte de sus bazas políticas y ahora solo le queda su propia reivindicación,



* "Los belgas 'pasan' de Puigdemont" El Mundo 12/12/2017 http://www.elmundo.es/espana/2017/12/12/5a2fdf83ca47417f298b463f.html?cid=MOTB23701

** "Manuel Valls: "Los salafistas han apostado por Cataluña y no se habla de ello ahora"" El Mundo 13/12/2017 http://www.elmundo.es/espana/2017/12/13/5a303511268e3e915f8b45fe.html?cid=MOTB23701