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sábado, 8 de abril de 2023

Estrés o échale la culpa al virus

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No sé muy bien cuánto tiempo nos van a durar los efectos de la pandemia y el confinamiento, pero me temo que nos va a durar más nuestra tendencia a echarle la culpa de nuestros estados futuros. La pandemia lleva camino de convertirse más en una excusa que en una explicación.

En 20minutos han realizado una encuesta telefónica con más de mil consultados con motivo del Día Internacional de la Salud y los resultado obtenidos nos muestran bastante peor en todo los aspectos, tanto de la salud física como de la mental, sobre los que se nos ha preguntado por parte del Instituto DYM, el encargado de realizar la consulta. En el artículo en el que se recogen los resultados se nos comienza diciendo: 

Si bien la pandemia hace tiempo que dejó de ser un asunto de primer orden, sus efectos se resisten todavía en el día a día de los españoles. Las secuelas mentales y físicas que generó la crisis sanitaria parecen mantenerse entre la ciudadanía, que manifiesta hoy una salud —mental y física— deteriorada respecto a hace cuatro años. Si en 2018 un 75% aseguraba que su salud era, en general, algo buena o incluso muy buena, en 2022 ese porcentaje se ha desplomado 16 puntos hasta el 59%. Lo mismo sucede con el estado de ánimo, que antes de la covid era bueno para una gran mayoría (el 86%), que ahora ha pasado a ser del 74%. *

 

Es cierto que en muchos campos sí se comprueba una diferencia entre el antes y el después, pero lo que está por ver es que sea el coronavirus el que marque las diferencias en este periodo en el que han ocurrido muchas otras cosas, cuanto menos inquietantes para la situación global y que tienen efecto sobre todos.

Los políticos son muy dados a echar la culpa a algún factor extra político, alejándose así de las responsabilidades. El propio tratamiento político de la enfermedad ha podido dejar mucho que desear y todavía tenemos a la Sanidad sublevada por su propio estado.

19/10/2021

En la encuesta se nos dice que "...por edades, las diferencias son poco significativas —son los mayores de 65 años los que manifiestan un mejor estado de ánimo—, pero sí que aparecen disparidades importantes según el género."* Los hombres, nos dicen, son más "optimistas" que las mujeres: solo el 21% de las mujeres dicen ser optimistas, frente al 35% masculino.

El problema de las encuestas es que no pueden preguntar sobre todo. Centrarse en determinados puntos para tener datos y extraer conclusiones válidas no es siempre sencillo, especialmente cuando los conceptos son más bien vagos.

En esta encuesta, se nos dice, resulta una imagen negativa de la percepción que tenemos nosotros mismos, lo que no quiere decir que sea "real" sino lo que "sentimos" o de "cómo nos sentimos". Se nos dice:

La investigación analiza varias áreas relacionadas con la salud, incluyendo la forma física, la gestión del peso, o la salud mental, y concluye alertando de niveles "alarmantemente altos" de estrés y de una "tendencia creciente" de la ansiedad en todo el mundo. 

En España, el estado de ánimo es, de hecho, el ámbito que más desciende respecto a hace cuatro años. Menos de la mitad de los encuestados (el 46%) considera que su estado de ánimo es "algo bueno", lo que supone una bajada de 18 puntos respecto a 2018 (64%). Un 28% sí que sostiene que tiene un estado de ánimo "muy bueno" (crece seis puntos), pero se dispara 10 puntos el porcentaje de españoles que confiesa que su estado mental es "algo malo" o "muy malo": así lo cree el 24%, frente al 14% que lo sostenía antes de la pandemia. 

Que estemos bajos de ánimo, por decirlo así, debería hacernos reflexionar más allá de lo meramente sanitario, porque es sobre todo una forma de sentirnos, algo que va más allá de la propia salud. El peso es algo que se mide perfectamente con tener una balanza, pero la "sensación" de "estar gordo" es otra cosa, una dimensión psicológica que puede reflejar muchos aspectos diferentes. Pero si una mayoría se siente "mal" o "peor" quiere decir algo, por mucho que nos quieran poner datos delante para levantarnos el ánimo. Entonces se le echa la culpa a la pandemia, que se pone como frontera temporal, como un antes y un después. Sin embargo, la pandemia es el fondo del escenario sobre el que se ha escrito la obra, por seguir con la metáfora teatral. No podemos negar su influencia, pero tampoco convertirla en un factor que excluya todos los demás factores en liza.

Como en toda precampaña (ya estamos siempre en precampaña y campaña, no hay huecos), la lucha sobre nosotros trata de llevarnos de un extremo a otro todo es perfecto o todo es un desastre. Ese bombardeo constante, además de la gresca continua, no es precisamente el mejor estímulo para desarrollar un buen estado de ánimo. No podemos aislarnos de nuestro entorno y este es cada vez más presionante debido al ecosistema informativo en el que vivimos. Usamos nuestro entorno para obtener información, que nos llega por oleadas de bits y, de igual forma, los usamos para aislarnos de ese entorno que nos altera. Es difícil ignorar esa tendencia al conflicto, lo que acaba provocando inquietud y angustia.

En el estudio se señala:

En cuanto al estrés, no puede hacerse la comparativa con 2018 porque entonces no registraron datos concretos sobre este ámbito, pero los datos señalan datos igualmente importantes. El 48% de los encuestados dice que su nivel de estrés es "muy malo" o "algo malo"

De nuevo, ellas son las que sufren más estrés: el 57% de las mujeres dice que sufre un nivel de estrés malo; frente al 41% de los hombres. El porcentaje se dispara, además, si se atiene a las respuestas de las personas de entre 18 y 35 años. Casi seis de cada diez jóvenes asume que su nivel de estrés es algo malo o muy malo. * 

Más allá de la fiabilidad mayor o menor de la encuesta en cuanto a su precisión, los datos por mucho que se relativicen no deberían ser ignorados. Padecemos una situación de estrés que es detectable en muchos ambientes, en nuestras relaciones o en nosotros mismos. ¿Es la causa la "pandemia"? Creo que no, aunque no se puede ignorar como un hecho de nuestras vidas. Sin embargo, ¿cuál es su duración?, que es lo que nos preguntamos inicialmente.

Son muchos los indicadores previos que coinciden con esos datos. Son los referidos al empeoramiento de lo que se ha dado en llamar "salud mental" y del que nos llegan cada vez más avisos en forma de encuestas, pero también en formas de latigazos de realidad que nos azotan cada día.

Telemadrid 6/10/2022

Vivimos en un entorno estresante, que nos provoca angustia por distintas vías. Pero todas ellas llevan a la Roma de nuestras cabezas. Los motivos por los que estos se perciban pueden ser perfectamente reales y no solo percepciones subjetivas. El estrés es real, tiene causas reales.

Hay sobreexplotación en los trabajos, inseguridad laboral, crecimiento de hipotecas, aumento de la inflación, de los costes de la energía; hay violencia en las calles, aumento de la violencia de género... y un largo camino de penalidades difícil de ignorar. Nuestro entorno se nos ha vuelto más agresivo y eso tiene efectos en la vida diaria, en nuestra respuesta.

No sé si seguir echándole la culpa a la pandemia es ya suficiente. La única salida a los problemas es enfrentarse a ellos; fingir que no están ahí o que obedecen a causa "subjetivas", a nuestra valoración de lo que nos rodea es pecar de optimistas. Desde hace tiempo, lo positivo es que haga buen tiempo para llenar terrazas y bares, cuando el problema es lo que han subido cafés y cervezas, aperitivos y que todo sale siempre del mismo sitio. Somos el país-terracita, pero eso ya no es suficiente, para dejar de ver lo que tenemos delante.

El País 5/07/2022

Hay que preocuparse por la cuestión del estrés en todos los ámbitos, de la escuela a los trabajos, del tráfico a los hogares. ¿Ha pensado que quizá usted esté contribuyendo al estrés de otros, que se lo está provocando? En la medida en que es una situación que se nos provoca, somo provocadores de estrés, muchas veces sin saberlo, otras porque no nos importa con ese conocido "no es mi problema", que tanto daño hace al conjunto. Hay que preocuparse, hay que bajar los estresores. 

Los problemas se trasladan con nosotros y parece que nos aconsejen adaptarnos a la situación y seguir adelante. No es la solución. Pero la actitud de negar lo que ocurre no resuelve nada; ya no podemos seguir echándole la culpa al coronavirus. Necesitamos sonreír nosotros y no que nos sonrían desde pantallas y carteles. 

1/02/2022

* Elena Omedes "Encuesta DYM. La salud de los españoles arrastra las secuelas de la pandemia: baja 12 puntos el porcentaje que afirma tener buen estado de ánimo" 20minutos 7/04/2023 https://www.20minutos.es/noticia/5116166/0/la-salud-de-los-espanoles-arrastra-las-secuelas-de-la-pandemia-baja-12-puntos-el-porcentaje-que-afirma-tener-buen-estado-de-animo/

viernes, 28 de octubre de 2022

Virus y guerras

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Esto es muy raro. Nos dice por un lado que tenemos temperaturas casi veraniegas, pero también que los niveles víricos gripales son de diciembre. Pese al aumento de los contagios, del que advierten ya con insistencia los expertos del campo sanitario, la gente se ha tomado poco en serio los avisos y se observa una tendencia clara: los mayores siguen con las mascarillas en ciertos lugares, mientras que la gente joven ha enterrado la mascarilla. Incluso en los lugares en los que es obligatoria, se observa cierto desafío en no llevarla.

Queda muy claro que la información  llega a muchos ciudadanos, pero a muchos no les "afecta". Los intentos de silenciar las informaciones por aquello de la economía se han vuelto contra la eficacia de los mensajes. Pero, ¡terrible ironía!, lo que está afectando a la economía no es el coronavirus, sino la guerra creada por ese otro virus llamado "guerra". 

Al no conectar la economía con el ascenso del coronavirus, sino con los efectos de la guerra, corremos un grave riesgo de indefensión, de que no sea efectiva ninguna medida de prevención ante las infecciones que tenemos por delante y que, como señalan, se están adelantando por nuestra falta de prevención, algo que señalamos hace unos días.

En RTVE.es se titula «Los virus respiratorios se adelantan tras la pandemia: "Estamos en niveles propios de diciembre"».

Hay dos razones que explican este adelanto. Por un lado, “se están disminuyendo las medidas de prevención que estamos utilizando para la Covid-19” como, por ejemplo, el uso de las mascarillas o la ventilación en los espacios cerrados. 

El segundo motivo es que, por la pandemia, hemos pasado dos años en los que no han circulado prácticamente los virus de la gripe porque se ha reducido el contacto entre la población que más se infecta: los niños y los menores de 15 años. “Como la gripe circula más por ellos, acaban, entre comillas, vacunados, pero al no haberla pasado en estos dos años ahora son una población más vulnerable y está más predispuesta a infectarse más rápidamente que otros años, y con ello a transmitir el virus más frecuentemente a los adultos, que son los que realmente sufren más las consecuencias a pesar de su vacuna”, explica el doctor. * 

Si circula con intensidad la gripe, como se afirma, circulará cualquier otra forma de contagio respiratorio existente en el ambiente, pues las formas son las mismas y los problemas iguales: estrecho contacto, poca circulación del aire, ausencia de mascarilla.

Como por arte de magia, las palabras debían detener los efectos. La palabra mágica era "gripalización", que más allá de su sentido "técnico", quería tener un efecto de trivialización del problema, una forma de atenuación para transmitir "tranquilidad". A esto se le añadía la desaparición de los datos, escamoteados en el camino, reducidos a los mayores de 60 años, una especie de "excedente social" que llega hasta edades poco prudentes, donde se puede uno morir de varias cosas. De ahí la famosa distinción entre "morir de COVID" y "morirse con COVID", sutilezas solo al alcance de los forenses. Se empieza jugando con las palabras y se acaba jugando con otras cosas. Hablamos de "virus respiratorios", que diluye la memoria de las diferencias.

Ahora nos encontramos con un problema doble: la gente se ha relajado gracias a nuestros esfuerzos por relajarla en pos de la Economía y el gasto, y, por otro lado, con el aumento de las infecciones. Cuando los contagios se disparan —como vimos hace unos días— en países como Alemania, Francia o Reino Unido, nosotros quitamos cualquier prevención en las fronteras, dejamos de exigir vacunación, certificados, etc. Si a Díaz Ayuso le fue bien ¿por qué debemos de preocuparnos?

Lo que nos cuentan ahora los expertos es que debido a no haber tenido una fuerte incidencia anteriormente por la medidas de prevención, los virus vienen en plena forma, con fuerza que todavía no acaban de llamar pandémica, pero que no descartan el término. 

Es evidente que nuestros dirigentes y expertos comunicadores han fallado estrepitosamente al no poder establecer un discurso estable y coherente sobre lo que supone el COVID, un discurso capaz de adaptarse a los cambios y momentos del desarrollo de una pandemia. Pero los discursos, más que dirigirse a la consciencia del problema, han ido más al olvido o la relativización del problema.

La cuestión ahora es que las mascarillas vuelven a ser necesarias justo cuando la corriente social (vamos a llamarla así) va en dirección contraria. El final del artículo de RTVE.es es el siguiente: 

Las mascarillas no es una medida que venga asociada al coronavirus”, ha recalcado el Dr. José María Molero, “nosotros llevamos recomendando su uso todos los años cuando llega la epidemia de gripe porque es una medida que se ha demostrado eficaz.” Por lo que aconsejan el uso de medidas sobre todo con grupos vulnerables. Molero no es partidario de quitar las mascarillas en el transporte ni a nivel normativo ni personal.* 

Covid y gripe, da igual por lo que te puedas poner la mascarilla; lo importante es que te la pongas, pero no será sencillo ahora ir en la dirección contraria, algo que debería preverse en cualquier incidencia que tiene carácter estacional, como la gripe, o que ha provocado olas a lo largo del año gracias a nuestras "relativizaciones" de su importancia y a la necesaria "reactivación" de la economía.

Cierto es que hay medidas que no gustarán a todos, pero los contagios no son cuestiones de gusto. Si cada uno se contagiara por incumplir las medidas preventivas, quedaría en el grado de riesgo que cada cual desee asumir. Pero el problema es otro: lo que yo hago afecta a otros, a los que están a mi alrededor. Este problema nos ha estado sobrevolando de forma constante. Por eso las relajaciones en la prevención lo son también en el incumplimiento de la vigilancia. Por ejemplo, en el Metro de Madrid, en la Renfe, escuchamos constantemente que el uso de la mascarilla es obligatorio dentro de los trenes y que en los andenes se debe llevar allí donde no se puedan cumplir las distancias. El problema es que nadie se encarga de que esto se cumpla y nadie explica cuál es la distancia, por lo que se deja abierto el conflicto social, la discusión sobre si la llevo o no a manos de los viajeros, algo que ya ha desembocado en situaciones peligrosas y algunas trágicas.

Si los demás no se preocupan por usted, tendrá que hacerlo usted mismo y tomar algunas medidas, como ponerse la mascarilla y alejarse de la persona que va sin ella y está a escasos centímetros de usted echándole el aliento a las narices.

Si los efectos económicos negativos de la guerra no van a poder ser detenidos con mascarillas sino, por el contrario, evitando las medidas de prevención ante los efectos de los virus respiratorios sobre la salud, relajando medidas para compensar los problemas de la invasión de Ucrania, nos encontraremos en una situación absurda y peligrosa.

Las mascarillas pararon a todos los virus respiratorios. Por el mismo motivo, sin ellas estamos descubiertos. Los problemas se entremezclan. Puede que no podamos frenar pronto a Putin, pero frenar los virus está en nuestra mano.

 

* Marta Rodríguez (RNE) "Los virus respiratorios se adelantan tras la pandemia: "Estamos en niveles propios de diciembre"" RTVE.es 26/10/2022  https://www.rtve.es/radio/20221026/virus-respiratorios-se-adelantan-tras-pandemia/2407101.shtml

viernes, 7 de octubre de 2022

El mal interpretado

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Se queja el Vicepresidente de la Comunidad de Madrid, señor Ossorio, de haber sido mal interpretado. He escuchado varias veces lo que ha dicho, lo he leído y pienso que se malinterpreta él solo. ¡Triste destino el del político que no se entiende a sí mismo!

Su declaraciones, cuyo sentido dice no entender cómo los demás, las ha entendido todo el mundo de la misma forma. La explicación de porqué se produce esta "disonancia" entre lo que dice, ha creído decir y cómo los demás lo entienden es sencilla: electoralismo.

No es de extrañar que en la mente del político todo sea electoralismo, pues ya no existen periodos electorales, sino existencias electorales. El político del presente ya lo ve todo en la perspectiva de encuestas. Lo que antes se hacía de vez en cuando se ha convertido en el santoral, cada día toca una y ver si se sube o se baja, si el líder avanza o retrocede y otras cuestiones de este tenor.

El señor Ossorio ha metido la pata. Lo dicen todos. Con la excepción de los miembros de su bancada en la Comunidad, todo el mundo ha interpretado lo mismo. Una gigantesca metedura de pata, un deseo incontenido de hacer comulgar al mundo con ruedas de molino que ha causado indignación, protestas y peticiones de dimisión. Es decir: todo lo necesario para que el señor Ossorio siga en su puesto y obtenga un puesto preferente en las próximas listas que toquen.

En RTVE.es nos explican lo ocurrido:

Familiares de fallecidos en residencias de mayores durante la primera ola de la pandemia de coronavirus han asegurado que no podrán pasar página hasta que no haya una comisión de investigación, se conozca la verdad de lo ocurrido, se haga justicia y se diriman responsabilidades por las muertes en las residencias de mayores de la Comunidad de Madrid.

Así han contestado las familias al vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Enrique Ossorio, quien ha opinado que la propuesta de Vox de crear una comisión de estudio de las residencias "solo tiene un interés electoral" y "no es procedente" porque "va a causar un daño innecesario" a las familias afectadas porque supone mandar el "mensaje falso" de que "las muertes que sucedieron se pudieron evitar y eso no es cierto".* 

La tesis del señor Ossorio no solo de una hipocresía buenista sin parangón, sino de una desvergüenza supina. Imagínese cualquier desastre y proponga que no se toque porque eso no dejaría pasar página a las familias. Seguro que le han llegado a la mente muchas situaciones y seguro también que no se le ha ocurrido pensar que dejándolo sin investigar se va a sentir mejor nadie. Corrijo: el señor Ossorio, si atendemos a lo dicho, sí. Él piensa tanto en los familiares de los muertos en las residencias madrileñas que quiere ahorrarles cualquier dolor, un dolor interesado de la oposición para sacarle partido electoral.

La política, es cierto, es cada vez más carroñera. Pero el caso de las residencia excede el de cualquier otro caso y el futuro electoral del señor Ossorio o cualquier otro. No se trata ya del increíble número de muertos, sino de una situación que nos ha dejado en evidencia, un sistema sin preparación, sin sentido de la responsabilidad, llevado de una forma pesetera (aunque haya cambiado la moneda, pero no hemos creado el equivalente), mezquina y ahora prepotente, que es la guinda del pastel con las declaraciones del vicepresidente madrileño.

Creo que, pasado algún tiempo, algo les pasa a los políticos que van perdiendo sentido de la realidad y solo deben de mirar gráficos, estadísticas y algún informe pasado por el gabinete de comunicación o de cualquier otro tipo. Desde ese punto, creen que la realidad es lo que ellos explican y no les entra en la cabeza nada más. Es la incapacidad de ponerse en la piel de los demás y la pretensión de que todos se pongan en la suya. 


España es un país de viejo y envejecido. Es uno de los países más viejos del mundo porque apenas nacen niños —la tasa de natalidad no repone la población— y es también un país donde, por vivirse más que en otros, estamos dirigidos a ser una gigantesca residencia de tercera edad. A esto se suma que somos el geriátrico europeo, el lugar al que vienen a vivir decenas de miles de jubilados de países como el Reino Unido o Alemana, formando colonias y ocupando pueblos enteros. Hay otros países que viven de las operaciones de estética, de la cirugía o de los trasplantes de pelo, como Turquía. Países empobrecidos han creado paraísos sanitarios para quienes se los pueden permitir e islotes de paz para sus ricos ancianos. Pero España es otra cosa. Tiene la ancianidad importada y una enorme masa de ancianos que son la materia prima para un gigantesco negocio atencional que, como el mercado, tiende a reducir costes. Mucha sonrisa en los carteles y poca humanidad en muchos de estos centros, que son puro negocio.

Lo que la pandemia ha demostrado que este modelo de atención de mercado no es el mejor, que es simplemente una forma de aparcamiento de las personas favorecido por los cambios en la vida moderna, en el trabajo, en la forma de las ciudades, en las viviendas.

En el artículo citado de RTVE.es se señala:

"La mayoría de los familiares no podemos pasar página, mientras no haya una investigación y no haya justicia sobre tantísimos fallecidos por unos protocolos indignos (de derivación de residencias a hospitales) que dejaron a miles de personas indefensas, sin sanidad, cuando era su derecho", ha subrayado Carmen López, miembro de la plataforma Marea de Residencias.

La plataforma Marea de Residencias resalta que en la primera ola del coronavirus, los más vulnerables de la sociedad eran las personas mayores, con patologías y que vivían en residencias, y precisamente a ellos se los abandonó, se les negó la asistencia hospitalaria.*

Todo el mundo es consciente de que se actuó tarde y mal, sin recursos suficientes, sin inteligencia, sin coordinación. Quedaron en evidencia los modelos subyacentes, la realidad tras las frases de bienvenida, tras las sonrisas publicitarias. Salieron a la luz muchas otras cosas, de trato indigno, de falta de preparación del personal que había en muchas de estas residencia, meros negocios.

Los fallos constantes de vigilancia en todos los ámbitos también se reprodujeron en las residencias. La falta de personal de control sobre todas estas privatizaciones es un acicate al incumplimiento. Son las quejas habituales y la forma de garantizar los negocios redondos. Las ocultaciones de las muertes o de los contagios hasta que era tarde era la forma de evitar quedar en evidencia.

La realidad de nuestras residencias es la realidad de nuestro futuro. Todo lo que se pueda arreglar en ellas repercutirá en nosotros. Si los políticos tratan de utilizar esto, harán muy mal. Pero si son incapaces de ponerse de acuerdo en tantas cosas importantes, ¿por qué iban a hacerlo ahora?

Lo dicho por el vicepresidente Ossorio es una enorme metedura y nadie le ha malinterpretado. Si no quería que se politizaran las residencias, ahora les ha puesto en bandeja con sus declaraciones, que son las realmente politizadas e inaceptables.


* "Los familiares de fallecidos en residencias durante la pandemia aseguran que no podrán pasar página sin justicia" RTVE.es EFE 6/10/2022 https://www.rtve.es/noticias/20221006/familiares-fallecidos-residencias-pandemia-justicia/2405202.shtml

jueves, 14 de julio de 2022

Los otros indicadores de la pandemia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Se percibe un cierto regreso a las mascarillas en lugares públicos. Frente a los datos que no existen, la observación nos permite hace un pequeño sondeo. ¿Tiene valor? El que le queramos dar, pero una gran superficie es un punto de encuentro que puede ofrecernos información, simplemente información. En ella se puede observar ciertos cambios.

Las personas en las cajas, por ejemplo, usaban mascarillas mayoritariamente. Después empezaron a desaparecer y ahora veo que casi todas la llevan. Con la clientela está pasando algo similar. De casi desaparecer a volverla a ver en los pasos por las cajas. No hablo de porcentajes, pero sí de un aumento sensible. Dada la falta de información sobre los casos en  menores de 60 años, algo incomprensible desde muchos puntos de vista y que ha sido recriminado por la OMS ya que les deja sin datos para conocer la evolución real de la pandemia, la observación del entorno es esencial para intentar saber algo sobre lo que ocurre y así poder tomar las medidas necesarias.

Como hemos comentado varios días, la queja de los expertos crece en sus manifestaciones mediáticas. Eso del "ojos que no ven" no va con ellos y les pone nerviosos porque no saben muy bien qué sentido tiene que les pregunten cuando las instituciones no dan datos. Las advertencias nos llegan entonces de los sectores profesionales, que son los que nos avisan de su saturación, del crecimiento de los ingresos en los hospitales, del aumento de la venta de test en las farmacias, etc. Todos estos datos, que muchas veces son las impresiones sobre lo que ocurre en sus propios entornos, son las informaciones de que disponemos para crearnos una visión de conjunto.


En DatosRTVE tenemos en estos momentos cuatro titulares que son "Coronavirus en España: la ocupación UCI se estabiliza en el 5,7%, con la incidencia en mayores por encima de 1.200 casos", "Muertes COVID en las residencias de ancianos: notificadas 49 en la última semana" "Así avanza la vacunación en España: 25 millones de personas tienen la dosis de refuerzo" y un último con información mundial "La vacuna contra la COVID-19 en el mundo: se han administrado más de 12.000 millones de dosis".

Los datos son siempre relativos; hay que saber si suben o bajan, cómo se distribuyen, etc. La evolución de los datos nos permite saber si mejoramos o si por el contrario vamos en mala dirección.

En el primer titular se nos habla de estabilidad en las UCI, pero se nos da información sobre la estrategia general: 

Desde el 22 de marzo, el Ministerio de Sanidad ha puesto en marcha la nueva Estrategia de Vigilancia y Control de la COVID, avanzando un paso más hacia el sistema de 'gripalización' que el Gobierno pretendía adoptar una vez la sexta ola se diera por superada.

Ahora la realización de pruebas y la contabilización de las mismas se centra principalmente en la población vulnerable (mayores de 60, personas embarazadas e inmunodeprimidas) y en los entornos con alta probabilidad de contagio (centros sanitarios, sociosanitarios y otras instituciones).

Dentro de la nueva estrategia del Ministerio de Sanidad, la presión hospitalaria se ha convertido en el principal indicador para realizar un seguimiento adecuado de la pandemia. A partir de la información notificada por los hospitales se puede comprobar que, aunque la situación nacional se coloca por debajo del 5% (en circulación controlada), las UCI de algunos territorios continúan tensionadas (...)

La población donde Sanidad centra ahora los esfuerzos es en la de los mayores de 60 años. La incidencia acumulada de este grupo de edad pasa a ser un indicador clave, después de que el ministerio haya decidido no ofrecer esa tasa para la población general. Los baremos se han flexibilizado y el riesgo muy alto se alcanza cuando se sobrepasan los 2.500 casos por cada 100.000 habitantes.*

 

Creo que es un buen resumen de las limitaciones de la estrategia desarrollada por el Ministerio y ante la que muchos expertos están avisando sobre la desinformación que produce por a) dejar fuera informaciones sobre el conjunto y centrarse en el grupo de más edad; y b) por haber cambiado los niveles, haciendo que cifras altas sean consideradas como zonas verdes en el nuevo semáforo COVID. Los indicadores de una enfermedad de transmisión social no pueden ser la ocupación de camas y lo que ocurre con los mayores de 60 años. Eso deja fuera a la mayoría de la población, como si no fuera con ella.

En una pandemia, es decir, en una enfermedad de alta transmisión social, la claridad de las indicaciones es tan importante como los malentendidos que se provocan, junto a un tercer factor, la desconfianza.

El aumento de mascarillas en lugares públicos quiere decir algo: mucha gente ha vuelto a coger miedo. Y si no son las informaciones (o la falta de estas) quiere decir que son sus propias experiencias las que le dicen lo contrario de lo que escucha oficialmente.

En mi propia experiencia, cada vez tengo más mensajes en donde se me dice que "lo han pillado", en muchos casos acompañados por ese "¡no me lo explico!" que comentamos hace unas semanas, es decir, por la sensación que "no han hecho nada extraordinario" respecto a lo que antes hacían. En una enfermedad "social" como es esta, es decir, que se transmite básicamente por nuestras interacciones, el simple aumento de estas la propaga. Tan sencillo como esto.

La ausencia de información, el centrarla en "solo" los mayores es un enorme error comunicativo y, lo que es peor, una forma de manipulación que hace creer que es solo "cosa de viejos", lanzando a los demás a una intensa vida social (y económica). El aumento de las mascarillas en jóvenes puede venir de una presión familiar, como ocurrió con la llegada de  las vacaciones navideñas, proclives a las reuniones familiares intergeneracionales. Entonces se dispararon las ventas de los test ante la llegada de las fiestas y reuniones. Nadie quería correr el riesgo de contagiar. El plan de muchos fue distinguir los dos tipos de fiesta: la marcha general (igualitaria) y las fiestas familiares (intergeneracionales). Tras irse de fiesta con los amigos, el test aseguraba que no se contagiaría al día siguiente a los abuelos, por decirlo así.


El aumento de mascarillas es un indicador con poca fiabilidad porque se basa en observaciones locales imprecisas y asistemáticas. Pero la elevación de las ventas de test sí representa una elevación del nivel de preocupación. Y nos dicen que se ha vuelto a disparar.

La vacunación, otro factor esencial, apenas avanza porque los que querían hacerlo han podido hacerlo y los que no es poco probable que alguien les convenza. Sí puede, en cambio, producirse un cierto hartazgo por la repetición de dosis de refuerzo. Hemos escuchado a gente, especialmente jóvenes, diciendo que "con dos ya les vale", cuando sabemos de la pérdida de eficacia, de las reinfecciones, y de las nuevas variantes.

Ninguna otra enfermedad ha desarrollado una complejidad tan enorme como esta. Su extensión es solo uno de los factores. La importancia de nuestras costumbres, hábitos, cultura, etc. son decisivos. Como hemos señalado muchas veces anteriormente, la necesidad de información fiable, de directrices claras, etc. son esenciales para la concienciación social y la eficacia de las medidas. No mostrar información de la mayor parte de la población, plantearse que solo hay que dar cuenta de la ocupación hospitalaria y de los mayores de 60 años, además de relajar las medidas es contraproducente y solo da alas a la "relajación", que es lo que se busca en realidad, al desinterés y a la aparición de bulos de todo tipo por parte de los anti vacunas.

Lo que ocurra este verano, cuyas consecuencias veremos a su regreso, serán determinantes pues nos enfrentamos a un otoño duro en muchos sentido y socialmente sí se suman peras y manzanas. Si lo que hay pasa a ser demasiado alejado de lo que se dice o reconoce, veremos las consecuencias. Los ajustes contables de la enfermedad dejarán de ser eficaces.


* "Coronavirus en España: la ocupación UCI se estabiliza en el 5,7%, con la incidencia en mayores por encima de 1.200 casos" RTVE.es / DatosRTVE 12/07/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220712/mapa-del-coronavirus-espana/2004681.shtml

domingo, 5 de junio de 2022

El peligroso juego mediático del alarmismo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los lectores y espectadores son movidos hoy por una serie de recursos retóricos, algunos nuevos y otros más viejos, que tratan de captar su atención mediante alguna forma ingeniosa o llamativa. Las más usadas son la "forma interrogante", que hace que el lector tenga que entrar en la noticia para descubrir realmente de qué se trata, con lo que se consigue una "visita" más, un clic con función publicitaria y contable, por más que luego la "noticia" se que en nada; y la otra es el sensacionalismo, una vieja fórmula que sigue funcionando.

En la web de Antena 3 Noticias leemos el titular "La viruela del mono, ¿ataque bioterrorista?" que combina las dos, sensacionalismo e interrogante. Lo hace acompañado de una retórica visual redundante, una imagen de cuatro casos reunidos en los que se ven los efectos de la viruela del mono sobre la piel. En el interior, comprobamos que esa fotografía forma parte de un vídeo.

Un titular como "La viruela del mono, ¿ataque bioterrorista?" atrae lo suficiente la atención, que es lo que se busca, pero ¿de dónde sale para llegar a la página principal y ser destacado por su tamaño y posición, un tercer factor retórico? La cuestión importante es si la pregunta responde a algún fundamento, si tiene un origen en quien se la puede hacer o es simplemente un preguntarse retórico. En el texto leemos:

Primero la pandemia mundial de Covid-19, luego un brote de una extraña hepatitis aguda en niños cuyo origen todavía se desconoce y el último virus en aparecer, la viruela del mono o "monkeypox", que hasta ahora era una enfermedad endémica de África que solo se transmitía de animales a humanos. La irrupción de estas nuevas enfermedades extendidas por todo el mundo genera muchos interrogantes. Aprovechando que se celebra el XXV Congreso Nacional de la SEIMC (la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica) que reúne en Granada a los mayores expertos de este campo, les preguntamos las siguientes dudas.

VIRUELA DEL MONO: ¿Podría estar relacionada con un ataque bioterrorista?

El portavoz de la SEIMC, Javier Membrillo de Novales, reconoce que es lógica la preocupación que puede haber habido "al oír hablar de la reemergencia de la viruela cuando la viruela clásica es una enfermedad cuya reaparición solo podría ser posible en el contexto de un ataque bioterrorista. Pero estamos hablando de otra enfermedad". Sobre el riesgo real que existe de amenazas bioterroristas en nuestra sociedad asegura que "es muy bajo pero muy bajo no es cero y como sociedad tenemos que estar preparados para todo". De hecho, ya hemos visto cómo situaciones que no concebíamos han ocurrido. "El riesgo de que un país invada al país de al lado era muy bajo. El riesgo de que apareciese una pandemia por una enfermedad inectocontagiosa en lo que parecía unos casos localizados en una ciudad de China era muy bajo. Frente a todo eso, tranquilidad pero además preparación a nivel gubernamental, científico y de respuesta de todas las capas de nuestra sociedad y Administración", añade Membrillo.*

En los primeros párrafos se introducen tres recursos retóricos para hacer aumentar los recelos de los lectores. El primero es la secuencia: se hace una enumeración de las tres enfermedades —a la que se podrían haber sumado alguna otra—; por el simple hecho de enumerarlas pasan a constituir una unidad, una entidad conectada, donde lo que la frase une también lo conecta la realidad. La frase crea un efecto de conexión entre ellas. El segundo elemento es el desconocimiento y la inquietud: "extraña hepatitis", "todavía se desconoce", "hasta ahora", "interrogantes", "dudas" (solo en el primer párrafo). Todo esto lleva a la propia pregunta realizada, "VIRUELA DEL MONO: ¿Podría estar relacionada con un ataque bioterrorista?". Las dudas no surgen de los expertos, sino del periodista, es decir, están basadas en las suposiciones que este se ha fabricado anteriormente.

En todo el tiempo que llevamos con esta enfermedad circulando no he escuchado a ningún especialista hablar de "bioterrorismo". A nadie. Es una vieja enfermedad que, sencillamente, no nos había llegado y contra la que la gente que no está vacunada puede contagiarse. Es precisamente su localización la que había hecho que no desapareciera, sino que quede como un elemento endémico. Hay brotes importantes en diferentes países africanos, así que era cuestión de tiempo. Pero eso no interesa a quien "se hace las preguntas" y a quien luego las traslada al especialista.

De nuevo se aplica la retórica ambigua que crea el ambiente deseado de inquietud. Se comienza con un "podría" y se sigue con "lógica preocupación" aumentando la inquietud del receptor.

Pero el auténtico juego de prestidigitación se hace cuando el especialista señala" la viruela clásica es una enfermedad cuya reaparición solo podría ser posible en el contexto de un ataque bioterrorista." Aquí la negrita entra en contradicción con lo dicho por el especialista: se resalta precisamente lo que el especialista niega. Si fuera un brote de viruela clásica, este tendría que haber salido de algún laboratorio puesto que está erradicado. De nada sirve que añada "Pero estamos hablando de otra enfermedad". Ya se ha creado la ilusión que permite pasar de la inquietud a la pregunta y de la pregunta al interrogante directo en el titular.

Lo que el especialista entrevistado apunta es la necesidad de estar prevenidos ante la emergencia frecuente de casos improbables. Se habla de la probabilidad de "ataques bioterroristas", no de la probabilidad de que el brote de viruela del mono sea resultado de un ataque bioterrorista. La diferencia es enorme, pero es a esa identidad confusa a la que se quiere llevar al lector.

Como resultado, las palabras "De hecho, ya hemos visto cómo situaciones que no concebíamos han ocurrido. "El riesgo de que un país invada al país de al lado era muy bajo. El riesgo de que apareciese una pandemia por una enfermedad inectocontagiosa [sic] en lo que parecía unos casos localizados en una ciudad de China era muy bajo", suenan más como una conformación que otra cosa. Si todo lo anterior era improbable, pero sucedió ¿por qué no un ataque terrorista? La manipulación de las palabras nos sigue llevando a lo que se había sembrado en el primer párrafo y desde el titular mismo. El especialista interrogado entra en un bucle contradictorio en el que cuanto más afirma que eso no es más parece sugerir que lo es. No es su culpa; el que escribía colocaba sus palabras en el lugar adecuado.

Volvemos a sembrar miedo y desconfianza; podemos erradicar una enfermedad pero ¿cómo erradicamos a los terroristas? Si detrás de cada epidemia hay un grupo terrorista, un país hostil, etc., no va a ser fácil vivir con ello. Se volverán a desencadenar ataques xenófobos, como ocurrió al inicio. De nuevo se vuelve a los "orígenes", al mercado de Wuhan, a levantar sospechas sobre una forma estúpida de terrorismo que consistiría en empezar en tu propio territorio, en atacar a tus propios ciudadanos.

Este tipo de juegos periodísticos son muy peligrosos. Una tontería como esta puede desencadenar efectos diversos sembrando desconcierto y manipulando a las audiencias en un sentido u otro. El texto evidencia lo que viene a ser una práctica de muchos otros medios: especular con lo que no se sabe orientando hacia lo posible, formulado como interrogante. De esta forma parece diluirse la responsabilidad del medio o del profesional que realiza los textos. También se siembra indignación entre los profesionales, una queja habitual de que son manipuladas sus palabras, que se juega con ellas, como hemos podido apreciar en el caso. El especialista ve cómo su petición de que se invierta en prevención se transforma en otra cosa muy distinta y alarmista.

Desgraciadamente, los criterios periodísticos van cambiando hacia las guerras de competencia entre medios y dentro de los propios medios, rivalizando para atraer más la atención de los lectores o espectadores. Esto no es inicuo, tiene consecuencias. En la medida en que los propios medios faltan al rigor, buscan el sensacionalismo o, en estos tiempos, el alarmismo como reclamo, se perjudican ellos mismos. Como consecuencia, las noticias más vistas en los medios muestran una enorme falta de interés por la actualidad relevante y una atención desmedida a la trivialidad o a noticias fabricadas para simplemente atraer. 

La metamorfosis de los medios se produce cuando su función ya no es informarnos sobre lo que ocurre en el mundo, sino llenar unos espacios con textos atrayentes. La noticia trivial suele ser barata de producir, las más de las veces porque tiene un carácter incluso promocional. Pero cuando se juega con noticas como las relacionadas con la salud pública y, en este caso, con las posibilidades de terrorismo se están cruzando algunas líneas con las especulaciones sin fundamento. La utilización de especialista entrevistado no es más que la coartada para crear un titular inquietante que atraiga lectores. No es más que un señuelo, pero puede tener consecuencias entre lectores carentes de sentido crítico, fácilmente influenciables o, sencillamente, que desean creer lo que se les cuenta por motivos diversos.

Estamos asistiendo en estas últimas semanas a reportajes sobre cómo sobrevivir en caso de ataque nuclear, cómo purificar el agua contaminada, cómo almacenar alimentos, etc. que se han convertido en un fondo informativo de alarma. Detrás hay sensacionalismo y muchas veces especulaciones económicas. 

En unos momentos interesa vender la "calma" a efectos turísticos, mientras que en otros se nos habla de peligros nucleares, conspiraciones, desabastecimientos, encierros, etc. para comprar sin medida, agotando stocks y subiendo precios. Es un juego peligroso. El miedo vende armas en los Estados Unidos; puede que aquí venda muchas otras cosas.

El uso de la palabra "bioterrorismo" en un titular, aunque sea en forma interrogativa y en contra de lo que se ha contestado a la pregunta, es una forma peligrosa de actuar desde los medios. Ahora más que nunca es necesario informar bien y llevar conocimiento a la gente, no miedos. Hacen falta rigor y medida de los efectos de la información. 

* "La viruela del mono, ¿ataque bioterrorista?" Antena 3 Noticias 4/06/2022 https://www.antena3.com/noticias/salud/viruela-mono-ataque-bioterrorista_20220604629b420ed7b96e0001fccf6d.html

martes, 10 de mayo de 2022

De la caseta a la farmacia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Algunos dirigentes políticos andaluces ya han empezado a curarse en salud, como dice el refrán. Ya es difícil que algún político español, del color que sea, rectifique algo, lo que nos dará cuenta de la magnitud del "error". Creo que más bien están preparando las trincheras antes de que les comience el bombardeo por las alegrías tomadas tras la Feria, esa a ala que la gente ha ido con tantas ganas a dar palmas y lucir palmito, o sonrisa, que diría nuestra Ministra de Sanidad que, por cierto, ha encontrado otro eslogan poético con la presentación del teléfono para la prevención del suicidio, presentado ayer.

Pero volvamos a Sevilla y sus datos. RTVE.es se traslada de la caseta, "con la última sevillana" nos dicen, al centro hospitalario, donde se han disparado los datos. "La mayoría son casos leves, pero reconocen estar desbordados", señalan en el reportaje. Los datos: en Andalucía, las ventas de test han aumentado un 600%. Pues ya es aumentar. En otros puntos de España achacan el crecimiento de las ventas a que ya no se cuida nadie a menos que estés para ingresar. Otro experto señala, de forma general, que "en otras circunstancias habríamos llamado a esto "ola"", pero ahora apenas lo hacen, aunque en los medios se habla cada vez más de "la séptima ola".

Pero lo de Sevilla se da con naturalidad pasmosa, de la feria a la farmacia o al hospital. Ya todo el mundo parece tener asimilado que tras el palmoteo y el taconeo, tras el paseo por El Real, lo pillas. Pero ¡cómo vas a presumir de ello el resto de tu vida social!

Son ya muchas las voces de expertos que no quieren ser responsables del desaguisado pandémico que se está produciendo por las alegrías del quitado de las mascarillas en interiores. Hemos insistido en ello desde que se anunciaron las nuevas medidas y se quitaron los sistemas contables con la pretensión de que dando solo las cifras de los contagiados de más de 60 años, el resto del país asumiría que ya había llegado el momento "de la sonrisa" y de las celebraciones, el momento —como les gusta repetir a los medios— de "recuperar" el tiempo perdido. "¡Había ganas!", nos dicen desde las pantallas. La consecuencia es esa multiplicación de la demanda de test ante la negativa a recibirte si no vas con la fiebre por delante. La consecuencia es otra frase clásica en nuestro sistema sanitario "¡estamos desbordados!".

En Antena 3 leemos el titular "El epidemiólogo Oriol Mitjá: "Un 30% de la población española se puede contagiar de coronavirus en las próximas semanas"", señalando la especial incidencia en los que quedan a expensas de los liberados de tomar medidas, es decir, a los mayores de 60 años: 

El epidemiólogo Oriol Mitjá, asesor en materia de coronavirus del gobierno autonómico de Cataluña, ha alertado sobre una nueva ola tras los aumentos diarios de la incidencia acumulada y la relajación de las restricciones y el comportamiento de las personas.

La pandemia todavía no ha terminado, los contagios continúan aumentando y según la última actualización del Ministerio de Sanidad, la incidencia actual en mayores de 60 años no deja de crecer, estando en este momento por encima de los 790 casos. Esto supone un aumento de 114 puntos con respecto a los datos ofrecidos el último día, cuya incidencia acumulada era de 676,43. Por su parte, el 25% de los tests que se realizan dan positivo, esto significa que "la incidencia real es entre tres y cuatro veces más alta de lo que se había detectado", explica Oriol.

Las personas vulnerables preocupan especialmente al médico. "Las personas mayores de 60 años han tenido muchas menos infecciones naturales que los niños y jóvenes. Por tanto, es posible que los mayores tengan más riesgo".

La no obligatoriedad del uso de mascarillas en interiores parece ser el detonante de lo que algunos expertos advierten de la séptima ola.

Oriol ha alertado a través de su cuenta de Twitter de lo que puede pasar en las próximas semanas con la variante ómicron. "Ómicron es una variante con escape vacunal con el potencial de infectar hasta el 60-70% de la población. Un 30% se infectó en Navidad, un 30% se librará y un 30% se puede contagiar ahora", comentaba.*


Por muy equitativo que les puedan parecer esos grupos de 30% entre los que la cogieron, los que la cogerán y los que se librarán, la triste realidad es que los apaños cosméticos gubernamentales sobre el comportamiento del coronavirus y, en paralelo, la vida social española, se corresponden. Que los test se disparen antes y después de la navidades, la Semana Santa y ahora la Feria de Abril sevillana es un indicador de por dónde discurren los caminos que le abrimos al virus y cómo se traducen en contagios. El argumento gubernamental es que, como estamos vacunados, los contagios son leves y se puede seguir dando palmas para mantener la economía en pie.

Pero el aumento de la circulación del virus, con pocos o muchos síntomas, es el peligro de que llegue a personas con inmunodeficiencias —¡mala suerte, chico!— o que cualquier nueva variante se extienda a gran velocidad. Ya se vuelve a hablar de "relajación", de medidas "precipitadas", como se reconoce desde la Junta por temor a lo que está por llegar en unos días.

Nuestro drama sigue siendo que nuestra economía funciona alrededor del jolgorio, la celebración, de la caseta al chiringuito playero, de la calle corriendo detrás o delante de los toros o prendiéndole fuego a las fallas. Nuestros enemigos son los virus y las lluvias.

Muchos van de la caseta de la feria a la farmacia; otros directamente a urgencias, por lo que los sanitarios se quejan doblemente. La ilusión oficial de que todo va bien choca con la dura realidad de que la gente va a urgencias colapsando los servicios. Una cosa es camuflar los números y otra las camas. Ahora piden distinguir a los enfermos "con" COVID y los enfermos "por" COVID, una sutileza que no le sirve da nada el que acaba en la UCI o en el cementerio.

Lo más lamentable es la incapacidad de salir de este modelo de la pandereta, la castañuela y el aceite en la espalda para no quemarnos, claro causante junto a todo tipo de festejos inventados y por inventar. En el fondo, todos creen que el virus se irá en algún momento, como se fueron los dinosaurios. 


* "El epidemiólogo Oriol Mitjá: "Un 30% de la población española se puede contagiar de coronavirus en las próximas semanas"" Antena 3 9/05/2022  https://www.antena3.com/noticias/salud/epidemiologo-oriol-mitja-30-poblacion-espanola-puede-contagiar-coronavirus-proximas-semanas_202205096278d9e1b54ff300011d2a26.html


sábado, 7 de mayo de 2022

¿Hacia una nueva ola para los mayores de 60?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Si un clavo saca otro clavo, como dice el refrán, una noticia tapa otra, según una vieja ley informativa no puesta en tablas, pero de sentido común. Pero hay ciertos límites en lo que puede ser tapado, momentos en los que el agua hirviendo rebosa y salpica.

Me estoy refiriendo a nuestro "olvidado" coronavirus —¿se acuerdan?— que no solo no ha desaparecido sino que los expertos empiezan a hablar de una "séptima ola", un lenguaje popular que la gente entiende, aunque desfigura un tanto la percepción del fenómeno. Como todas las metáforas, explica y oscurece.

Pero ya ni Pegasus y otras disputas políticas españolas puede tapar lo que es un hecho. Los enjuagues contables ya no pueden frenar las cifras, que vuelven a ser más que preocupantes. Una vez más se vuelve a repetir el proceso: los discursos contra la tozuda realidad, en lo que es uno de los mayores errores comunicativos cometidos desde las administraciones.

Hay dos formas de hacer política: diciendo a la gente la verdad o diciéndole a la gente lo que quiere escuchar. Aquí no hemos dejado de repetir que se ha convertido a la mascarilla en el enemigo y no al coronavirus. La didáctica ha sido equivocada oleada tras oleada. El virus no ha hecho más que aprovechar nuestros errores. No es el virus el que provoca las olas, sino nosotros con nuestras acciones. No somos pasivos en la infección, sino negligentemente activos en nuestros contagios. Los medios se preguntan ¿por qué hay gente que no se contagia, buscando explicaciones genéticas? La explicación, en muchos casos, es mucho más sencilla: se protegen, usan el sentido común. Esto se aprecia ahora yendo a cualquier supermercado, paseando por las cafeterías o paseos: hay gente que mantiene la prevención y gente que no. Les han vendido, de una forma u otra, que pueden eliminar las mascarillas, que pueden compartir ascensores (como tratamos aquí el otro día), que pueden ir a todas partes sin riesgo. De vez en cuando, se usa la letra pequeña, que es el sentido de las "recomendaciones", del "poco probable", etc. que son formas de curarse en salud, como esas cosas que solo curan el 99% de los casos.


La pasada ola navideña es pronto ignorada. Había que salvar la "campaña de navidad", había que salvar el "ocio" en cualquiera de sus variantes. Las empresas se pueden organizar, pero el ocio vive de la concentración y nosotros vivimos de todas las formas posibles de ocio, del turismo a la discoteca. No hay salida porque estos sectores son poderosos y el gobierno tienen que vender eficacia económica, lanzar las campanas al vuelo mientras la inflación se dispara y el turismo extranjero puede retraerse si la situación empeora en Europa, azotada por los efectos de las restricciones, la inflación y la guerra. Veremos cuándo empiezan a ahorrar o a negarse a financiar a un sector, como el hostelero, que dice haber subido sus tarifas más de un 30% por ciento.

Pero el coronavirus es absolutamente indiferente a la economía, a la guerra, al entretenimiento... Solo es sensible a dos cosas, la distancia física y nuestra mayor o menor debilidad inmunológica. Es lo principal, a qué distancias nos situamos (con otros factores como la ventilación, que es una forma de establecer "distancia") y cuál es nuestro estado de salud, cómo son nuestras respuestas al virus. Conforme sea nuestro estado varían los límites de las distancias, al igual que las condiciones espaciales (lugar, ventilación, etc.)

De una forma u otra, distintos países, entre ellos España han acabado con el modelo británico que tantos desastres causó, el basado en cuantos más contagios mejor porque antes se acaba. El modelo puso de moda lo de la "inmunidad de rebaño", con un problemilla teórico y práctico importante: el virus mutaba cuanto más se extendía y somos nosotros los que lo extendemos, aspecto que siempre hay que tener en cuenta.

Entre la locura del "COVID cero" de China y el que sea lo que Dios quiera español hay muchos grados y combinaciones. Pero la vía del camuflaje contable, del decir que ya no te mueres porque estás vacunado, que el objetivo es reducir la incidencia en las UCIs, creer que solo los mayores de 60 se contagian y algunos mueren, que es lo que todos los menores de 60 quieren escuchar, choca con la dura realidad.

Hoy leemos, en Antena 3, los resultados de lo que llaman ya la "séptima ola": 

El Ministerio de Sanidad ha notificado 55.578 casos de coronavirus este viernes. España ha comenzado el mes de mayo sin restricciones tras el fin de la mascarilla en interiores y de Semana Santa y el puente de mayo.

El país registra una tasa de incidencia acumulada de 813,22 puntos en mayores de 60 años. El presidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEI), Marcos López Hoyos, ha pedido cautela ante la situación.

La cifra de fallecidos se encuentra en 234 en los últimos siete días. La cifra global de muertos en España desde el inicio de la pandemia de coronavirus asciende a 104.869 fallecidos, según Sanidad.

 

¿Séptima ola del Covid-19?

Los datos del último balance muestran que en los últimos días, se ha producido un aumento de casos. El presidente del SEI indica que no es momento de relajarse y que es probable que "nos encontremos en la séptima ola" de la pandemia si hablamos de incidencia.

La incidencia en mayores de 60 años es una de las más altas, en comparación con otras franjas. Si se mantienen las cifras, "aumentará la presión asistencia". "Es posible que si sigue circulando el virus a este nivel tan elevado pueda haber más casos graves", explica López Hoyos.

Otros expertos también afirman que estamos cerca o en la séptima ola. Así lo indica el inmunólogo Oriol Mitjá tras dar positivo en Covid-19. El incremento de la incidencia, hospitalizaciones y muertes preocupa a los expertos.* 


Está bien que los expertos se preocupen por "el incremento de la incidencia, hospitalizaciones y muertes". Sí, no estaría mal que lo hicieran y se enteren los que no quieren aceptarlo. Pero mucho me temo que esto no es cuestión de expertos (hay expertos según cada caso, con versiones distintas). Esto es una cuestión esencialmente del comportamiento y de regulación de la convivencia. 

El problema principal es quién le pone el cascabel al gato, algo que hemos visto muy a menudo en las reuniones interterritoriales en la que ninguna ha querido ser la mala de la película, pidiendo acciones comunes que no hagan quedar mal a unos y a otros bien según regulen. Hemos visto ya esto, ¿recuerdan aquellas autonomías que tenían restricciones y que la gente cogía los coches para irse de copas a los pueblos limítrofes donde había un ambiente más "tolerante", por decirlo así?

Cualquiera puede entender que tras más de dos años, la gente puede estar harta, aburrida, enfadada... y todo lo que se les ocurra. Pero si todo eso se traduce en imprudencias, el resultado es que esto seguirá durando años.

A lo señalado anteriormente, se añade otro dato importante: nos sabemos la duración de las vacunas. Llevamos ya tres dosis muchos y dos muchos otros. Sin embargo, puede llegar una nueva variante ante la que la eficacia se reduzca y empecemos ya a tener muertes en otras franjas de edad.

La idea de la "gripalización" es mal entendida; esto no es una gripe ni el virus se comporta de la misma forma, no siendo estacional. El virus ataca todo el año y debemos estar protegidos allí donde estemos, pero si se nos cuenta lo que estamos deseando escuchar, no acabaremos nunca.

Los enjuagues contables del gobierno son una forma de camuflaje, de que no sepamos realmente cómo estamos. Solos los datos de la Sanidad de ingresos aparecen. ¿Qué ocurre con los menores de 60? ¿Qué ocurre con los infectados que ya no tienen la obligación ni de guardar cuarentena ni de comunicarlo? Con razón se dio la queja hace unos días de la OMS sobre la falta de datos de muchos países sobre el comportamiento de la pandemia.

En la calle lo podemos percibir con claridad. Mucha gente de todas las edades sigue manteniendo la mascarilla en interiores. Los empleados de las grandes superficies siguen manteniendo cara al público sus mascarillas, ya que están expuestos a estar frente a cientos de personas en sus cajas o lugares de trabajo. Las empresas, en este caso, no se pueden permitir ni bajas ni tener personas infectadas, por lo que se extreman las medidas. Así debería ser en muchos espacios. Pero nuestra dependencia de la concentración hace que desde los medios y de algunas administraciones se potencie ese olvido de lo que tenemos entre nosotros.

Hemos hablado de las luchas psicológicas en los espacios donde ponerse o quitarse la mascarilla. Con el crecimiento de los datos negativos, habrá que empezar a pensar en que esa "séptima ola", ya anunciada, llegará gracias a nuestra ligereza, la necesidad de activar nuestros negocios principales (ocio y turismo) y a los nada sutiles impulsos informativos que se nos dan desde los medios para hacernos creer en una normalidad que no es lo que debería ser.

Esto no se ha acabado. Vuelve y no como una "gripecita", como dijo Jair Bolsonaro. A nuestro favor, la gran voluntad expuesta con la vacunación. Pero esta se ha frenado ante la llegada de los incombustibles negacionistas, temerosos a males ficticios, etc. Pero queda por ver la duración de las vacunas y la resistencia real a los viejos y nuevos brotes que ya se detectan. Una noticia se abrió paso entre tanto Pegasus: unas investigaciones señalaban que las infecciones con mascarilla eran más débiles porque se exponían a una cantidad de virus menor. Frente a todas aquellas que acusan a las mascarillas de todo, era una noticia contracorriente.

Las subidas de contagios de mayores de 60 años vienen dadas por la relajación de las medidas en su entorno, donde ya no hay restricciones. Al igual que ocurrió con las residencias, los mayores de 60 años quedan más expuestos ante aquellos que, según se nos dice, tienen más débiles los síntomas, la "gripecilla". La cuestión es así de clara: si los menores de 60 no tienen obligación alguna de tomar medidas, si no tienen por qué pasar cuarentenas, etc., a los mayores de 60, los de mayor y creciente mortandad, solo les queda protegerse, aislarse y tomar sus propias medidas. ¿Podrán?


* "Sube la incidencia acumulada en mayores de 60 años y se asoma la séptima ola de coronavirus" Antena 3 06/05/2022 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/sanidad-notifica-55578-nuevos-casos-covid19-incidencia-mayores-60-813-puntos_2022050662752aac47c5eb00019d95b3.html