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domingo, 29 de diciembre de 2024

La forja de la decepción

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En RTVE.es, Adrián Romero le dedica un amplio artículo de análisis a un fenómeno que afecta y afectará a Europa, la influencia rusa en la Unión y sus efectos perversos sobre las relaciones internas. En el texto se va exponiendo este viejo y siempre nuevo problema.

La pregunta que muchos se hacen es cómo la manipulación de la Historia puede hacer olvidar el dominio con mano de hierro que ejerció la antigua Unión Soviética sobre muchos de esos países, invadidos y controlados por los aparatos militar, policial y político. No deja de resultar sorprendente el "olvido" y la "regeneración" de lo que fue sin lugar a dudas una ocupación. ¿Cómo es posible borrar los crímenes, los horrores de lo que supuso la entrada de los tanques rusos en diversos países, que intentaron levantamientos y revueltas para intentar sacudirse sin éxito el yugo soviético, los gobiernos títeres? ¿Cómo se pueden repetir estas situaciones en países que pasaron por esa tortura y se libraron de ella con sangre y dolor?

Nos dice Adrián Romero que los prorrusos repartidos por algunos países del Este, hacen crecer la decepción y responsabilizan a las instituciones europeas de sus limitaciones. En el caso de Rumanía se nos dice:

(...) la situación política en Rumanía refleja un escenario inquietante de desilusión política y polarización. La anulación de la primera vuelta de las elecciones presidenciales no ha alejado la sombra del iliberalismo, que ha aflorado en la figura de Calin Georgescu, quien ha capitalizado el descontento popular con los partidos tradicionales.

"[Georgescu] logró captar, por un lado, los votos antisistema de personas contrarias a los partidos en el poder, principalmente los de la diáspora rumana que vive en Europa", argumenta el director de programas en el Centro Rumano de Políticas Europeas, Alexandru Damian. "Por otro lado, también aglutinó a individuos que creen en teorías de la conspiración, como los antivacunas, además de los que se oponen al apoyo a Ucrania", resume.

Su discurso lo colocó en una posición de fuerza que se dejó sentir con el auge de formaciones ultranacionalistas en los comicios parlamentarios. Este ha sido el caso del ya institucionalizado Alianza para la Unión de los Rumanos, pero también de las nuevas formaciones SOS Rumanía y Partido de los Jóvenes.

"Hasta ahora no habíamos tenido esta retórica anti-UE o anti-OTAN; nos considerábamos un país estable en una región inestable", admite Damian. "Lo que ha cambiado es esta creciente decepción con las autoridades públicas y, por extensión, con la Unión Europea. Como resultado, estos movimientos de extrema derecha están utilizando a la UE como chivo expiatorio, culpándola de controlar nuestro Gobierno".*

El caso rumano es claro en la forja de la decepción. Se trata de canalizar las frustraciones hacia la Unión Europea. Pero no deja de sorprender esa amalgama extraña del fondo, esa unión antieuropeísta, anti vacunas, los que están en contra del apoyo a Ucrania, etc. Es una mezcla demasiado amplia con un punto en común, lo anti.

Lo anti es una actitud de descontento que puede ser dirigida hacia un punto de atención, en este caso la Unión Europea. No es que la Unión no pueda cometer errores como cualquier entidad; es que se convierte en el impedimento del desarrollo, de la felicidad misma, responsabilizándola de cualquier aspecto que resulte provechoso al descrédito. No es que Rusia haya inventado nada. Todos los nacionalismos de corte separatista consiguen su poder convenciendo a sus electorados de que los "maltratan" porque son "distintos", "especiales", algo que los demás no soportan.

Nos encontramos en tiempos desmemoriados, tiempos en los que es fácil borrar y reescribir el pasado a conveniencia. Son tiempos en los que la base es el descontento, más que las posibilidades de éxito. Es más fácil quejarse y buscar culpables que ofrecer "sangre, sudor y lágrimas", por parafrasear a Winston Churchill.

Las herramientas para conseguir este ambiente insatisfecho son la combinación de una comunicación de la que no podemos evadirnos, que nos persigue y alcanza en cada rincón, por un lado, y la acumulación de datos que nos perfilan con claridad permitiendo un seguimiento controlado al segundo de nuestro comportamiento. Son los avances en psicología de la Comunicación las que crean este fondo insatisfecho sabiendo al instante todo lo que nos perturba y las respuestas aceptables a los problemas que se nos plantean.

Los intentos de Rusia por ser convincentes y colocar sus piezas sobre el tablero mediante personajes controlados se saldan con éxito en muchas ocasiones. Este consiste en hacerse con el control de los gobiernos que pondrán palos en la rueda europea. Convencer a los ciudadanos de esos países de que el apoyo a Ucrania es un riesgo para ellos no es complicado si se han sembrado las condiciones.

En el artículo se mete a estos países dentro de un concepto, "iliberales", Con esta palabra se trata de resumir el ánimo que Rusia insufla en ellos, una situación cada vez más autoritaria en la que se van desmontando los principios democráticos europeos, los necesarios para la convivencia nacional e internacional europea. Los cambios en el sistema judicial y en el político, cada vez más autoritario y personalista, se van introduciendo.

Es sorprendente que se valore más el sistema personalista y autoritario ruso, el creado por Putin con los precedentes tanto del periodo zarista como del comunista. Rusia recoge así las respuestas condicionadas del "pueblo", que es reconstruido bajo un concepto nacionalista al servicio de una idea que viaja en el tiempo. Alejándolos de la idea "europea", considerada alienante, la idea nacional populista se reviste de diversos tintes, del político al religioso, lo que hace fácil introducirlo en la gente a través de esos problemas que se presentan como limitaciones exteriores.

Basta con ver quiénes son los aliados de la Rusia de Putin y cuáles son sus funciones al servicio del nuevo imperio para comprender su objetivo y naturaleza política. Las dudas que surgen vienen de la llegada de Trump a la Casa Blanca y de cómo Europa puede quedar enterrada entre dos formas autoritarias manipuladoras.

La Unión Europea, como muchos países en ella, necesitan comprender la batalla de la información que están librando sin apenas reacción. La política ha cambiado, borra sus huellas y se lanza de nuevo a un mundo sin Historia. Rusia no solo actúa, sino que aprovecha los errores, crea malentendidos y falsas explicaciones. No tiene que ganar, le basta con que la Unión pierda credibilidad.

La forja de la decepción trata de que nos sintamos cada vez más alejados de Europa, que dejemos de ser europeístas. No hace falta ser "prorruso", basta con ser "antieuropeo". Todo llegará. 

* Adrián Romero "La sombra de Moscú en Europa del Este: cómo la injerencia rusa ha reconfigurado la geopolítica" RTVE.es 29/12/2025 https://www.rtve.es/noticias/20241229/sombra-rusia-europa-este-injerencia-geopolitica/16366738.shtml

sábado, 26 de diciembre de 2020

Los riesgos del populismo nacionalista

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



En los aspectos sociales en ocasiones no es fácil distinguir entre efectos y causas.  Pero lo esencial es detectar los fenómenos y sus interacciones, cómo se refuerzan, llaman y atraen. En los últimos años, la presencia de Donald Trump en el poder ha permitido la aparición de fenómenos ligados a la ultraderecha populista por todo el mundo. Ya sea llegando a los gobiernos, en oposiciones fuertes o apareciendo en parlamentos en los que nunca había estado, hay dos hechos claros: el efecto de refuerzo de unos respecto a otros y el semillero de la crisis de la que salen.

En cuanto al primer factor, las conexiones entre ellos son cada vez más claras, pero el fenómeno se queda corto si es esta la explicación. En un mundo global, no siempre es necesario ganar; a veces basta con desestabilizar y dejar que se produzca el caos. Creo que esta estrategia del caos no solo debilita a aquellos a los que se ataca, sino que se enlaza con el factor segundo, el semillero. Se está comprobando en diversos escenarios cómo diversas crisis son los elementos que hacen proliferar estos grupos que provocan nuevos caos hasta que llegan al poder. Lo hacen mediante su activismo, pero también se ven favorecidos por la apatía que las crisis constantes están causando en la consideración política.



La desventaja de la democracia es clara. Las dictaduras se ahorran esta forma del desencanto ya que tienen la capacidad de negar los problemas por más que estén presentes y la manipulación de la propaganda. Por eso causa gran sorpresa el ataque populista a la democracia precisamente aprovechando las ventajas que esta supone. Hacerse con el poder implica un abandono de muchos, desmotivados por el deprimente espectáculo al que nos enfrentamos entre corrupciones, demagogias y falta de soluciones a los problemas a que nos enfrentamos. Hay un factor de riesgo importante: la radicalización de las formas políticas, de las maneras, copia a las técnicas populistas porque las ve eficaces. La primera de ellas es la radicalización de los electorados a través de problemas específicos que permiten convertir el discurso político en casi bélico. Ese discurso va abriendo zanjas entre el electorado, aburriendo a unos y radicalizando a otros. Es un hecho demostrado que la abstención ha permitido conseguir logros importantes a estos partidos, que por el contrario mantienen la fidelidad y activismo de sus seguidores a los que realimentan y enardecen contantemente con sus diatribas contra gobiernos y partidos, jugando siempre al apocalipsis histórico, a la advertencia contra los desastres provocados por la maldad de aquellos que tienen el poder. Cuando llegan a hacerse con el poder, tenemos ejemplos de lo que ocurre en diversos países. Van de la rabia de Trump a los mecanismos para perpetuarse en el poder, pasando el desmantelamiento de las instituciones (como ocurre en Polonia y Hungría).

En Euronews con el titular "How a far-right party came from nowhere to stun Romania in Sunday's election", Stephen McGrath nos hablaba hace un par de semanas de lo ocurrido en las elecciones en Rumanía con el ascenso de un partido nacional populista y ultraconservador:

 

Few had heard of the far-right populist party the Alliance for Romanian Unity (AUR) until Sunday evening when it stunned Romania at the ballot box in parliamentary elections.

The little-known AUR, an ultranationalist party that proclaims to stand for 'family, nation, faith, and freedom,’ rose from obscurity to take almost 9% of the overall vote.

This saw the party, which was formed in autumn last year, pass the 5% threshold allowing it to enter parliament.

 


Los cuatro principios se han convertido en un ideario extendido por el mundo con el fin de garantizar la conexión emocional, pues de ese tipo de lazo estamos hablando. Con estos principios  "familia, nación, fe y libertad" se juega con la emoción, se retuercen los conceptos (que en sí no tienen por qué ser problemáticos). Con "familia y nación" se establece un vínculo entre la "sangre" y la idea romántica de "nación". Nación y familia son equivalentes en el nivel particular y el plano simbólico que se percibe como literal, es decir, los que pertenecen a una misma nación pertenecen a una misma familia. A diferencia de otros grupos, la "familia" es un hecho "físico", con unas consecuencias genéticas e históricas. Un "partido", por ejemplo, es lo contrario, ya que se construye sobre "ideas", "abstracciones", sobre algo no "natural". La insistencia en lo natural no es casual: uno no puede dejar de pertenecer a una familia, son "lazos de sangre", mientras que uno puede darse de baja de un partido, cambiar de ideas e irse a otro. En términos de "familia" y "nación" es una "traición" contra natura. Es el más reprobable de los crímenes pues supone renegar de ti mismo y de los "tuyos".

En el artículo se produce la reafirmación de ese principio básico y la conexión trumpista:

 

“We are part of the Coalition for Family, and we defended the family, and we promoted the family, and we plan to do this in parliament,” he said, going on to add that AUR is the only [Romanian] party to support Donald Trump. Indeed, there are echoes in the party of Trump's media distrust and even claims of ballot-rigging.

But these are facts that didn’t deter hundreds of thousands of voters from casting their support for the party.

 

"Fe" y "libertad" son dos componentes de orden distinto. La fe sustituye a las ideas (ideologías clásicas) y aporta el elemento espiritual que es compartido por el conjunto de la nación. Al igual que no se puede renegar de familia y nación, la fe entraña una dimensión distinta, ya que liga a la comunidad con el otro mundo, con lo revelado, con el orden divino, con una verdad que tampoco puede ser cuestionada por su propia naturaleza divina. Ir contra la fe es ir contra Dios, que es el padre de la gran familia nacional, quien quiso sacarlos de la oscuridad. El integrismo es el resultado.



Aquí hemos tratado en ocasiones la manipulación del gobierno egipcio que juega igualmente con la idea de familia, la idea nacionalista y la religión unificadas. Las declaraciones —que citamos aquí— de una autoridad religiosa diciendo que "los egipcios eran religiosos por naturaleza" ejemplifica ese carácter inevitable del seguimiento de normas y, por supuesto, autoridades religiosas. Putin ha jugado con el carácter religioso de los rusos y ha salido a desfilar con iconos, junto a los jerarcas de la iglesia ortodoxa. Pudimos ver, por ejemplo, como los ucranianos se separaron de la iglesia rusa porque sentían que quien hablaba por la boca del patriarca de Moscú era el mismo Vladimir Putin.

La familia está unida, pues, por los lazos de sangre nacionales y los lazos espirituales, que es lo que Dios ha querido. Para ello se refuerzan los lugares "santos" locales, escenarios de apariciones, milagros, etc. Se crea así un "destino", una "promesa" de futura, en donde los problemas son pruebas que Dios nos manda y los logros bendiciones que confirman la bondad. Por regresar al gobierno egipcio, el presidente al-Sisi que había prometido varias veces después del "no-coup" no presentarse a las elecciones presidenciales, lo hizo tras comunicar que el fallecido presidente Anwar el-Sadat se le había aparecido en un sueño para pedirle que se presentara. Él, como obediente, acepto convertirse en el nuevo padre de la gran familia egipcia. No se le presentó, por ejemplo, Nasser (mal visto por los religiosos), sino el piadoso Sadat, con más predicamento entre los tradicionalistas.



¿Y la "libertad"? Queda como una palabra retórica una metáfora quejumbrosa de todo aquello que no se les permite hacer o que los demás hacen y ellos entienden que va contra la familia, la nación y la fe. Solo es "libre" el tradicionalista, nacionalista y religioso fundamentalista. Por el contrario, son enemigos de la "libertad" los feminismos igualatorios, los grupos LGTB, los globalistas, los partidarios de los derechos de la inmigración, etc. Todos ellos pueden ser definidos negativamente una vez que se ha retorcido el concepto de libertad: todos pasan a ser enemigos de familia, patria y religión, que ellos defienden.

El populismo sabe adaptarse a las negaciones necesarias en cada momento para aprovechar el descontento y reafirmar sus principios. Leemos en el reportaje sobre el partido rumano: 

 

“[AUR] played the anti-medicine, anti-vaccination, and anti-restrictions card to a population that is not truly educated in health issues,” said Tufis. “Their message is of building something for Romania. Nationalistic, Romania-first style, make Romania better. This kind of discourse has the potential to attract large numbers of people.”

[...]AUR has a strong connection to Romania’s powerful Orthodox Church, which it has supported in holding religious ceremonies during the pandemic.

The party opposes same-sex marriage, has held anti-mask-wearing rallies and calls for unification with the Republic of Moldova.*

  

La adaptación a estas situaciones nuevas son claras y no exclusivas de Rumanía. Lo hemos visto en los Estados Unidos, laboratorio privilegiado de este peligroso populismo. Desde el "Jesús es mi vacuna" (con predicadores y pastores muertos por ello, si bien silenciados convenientemente) hasta las teorías de la conspiración ha negado lo evidente pese a las pruebas. Estas formas de negación tienen el carácter de "lazos" para la comunidad y crean además un persistente hábito de negación. El negacionismo es una forma mental que se adapta a múltiples situaciones, se conecta y reconecta en cada situación, como ha ocurrido con el COVID-19.



Nuestra sociedad occidental padece la enfermedad mediocre, la de la impersonalidad, por ello necesita de reafirmaciones de cualquier orden que permitan salir de esa nueva masa digital en la que vivimos. Ir contracorriente es una forma de destacar, de sentirse por encima de los demás, a los que se considera "ignorantes" y "conformistas". Esta forma de oposición a la corriente genera sus propias corrientes y van de los antivacunas a la persona que te dice que solo escucha un canal marginal de noticias porque son los únicos que dicen la "verdad".

El paralelismo de AUR con el fenómeno de Trump en los Estados Unidos no es casual. Ese  estilo "Rumania First!", como se le denomina en el texto, tiene el mismo mensaje de superación de agravios, de justificación de las crisis por la pérdida de valores y alejamiento del destino triunfal que les espera en el horizonte. 

 

 “It is clear that the political class needs a reset,” said 32-year-old AUR voter Constantin Rares. “Most of the population, especially young people, are disgusted by everything that the old political class [represent].”

Rares says that the widely reported nationalistic elements of the party do not concern him.

“I believe that each state must have its own identity and must be represented by patriots who, apart from economic, social, and cultural interests, represent interests and when it comes to the position of the family clearly defined by constitution, religion and other rights,” he says.

 

¿Nos suena lo de la "nueva política", lo de la "casta"? Hay un populismo de diverso signo ideológico, pero el método puede ser el mismo y las estrategias para el ascenso parten siempre del principio de traición o del principio de incompetencia. La idea de la "renovación" del poder para permitir llegar una nueva oleada, crecida ya en las técnicas del mundo virtual, en el manejo de la mediación comunicativa por encima de otras consideraciones, está presente en casi todos los países, señal de que funciona.



Las luchas internas en muchos partidos políticos han pasado a ser generacionales, en gran medida porque las grandes víctimas de la crisis económica que arrastramos desde hace más de una década en todos los países han sido los jóvenes. Precarios y mal pagados, los jóvenes son receptivos a estos mensajes, curiosamente guiados en ocasiones por personas como Trump, con más de 70 años. El fenómeno no es único y se repite en otros países. Se busca el apoyo del más desencantado para reafirmar nuevas líneas de acción.

Es característico de la nueva política mantener un mensaje central y diversificar las formas de comunicarlo, que tienden a ser horizontales aprovechando los nuevos canales. Los populistas saben que su fuerza está en el mensaje y en la práctica retórica que asegure su eficacia comunicativa, todo es bueno para conseguir los fines de adhesión en un caso y de caos en otros.

La guerra política se ha trasladado a las redes sociales y los medios tradicionales se limitan a seguirlo. Es una batalla de mensajes a favor y en contra, de mentiras interesadas y de medias verdades. Todo por la eficacia comunicativa. Los populistas saben cómo desmenuzar los mensajes para que lleguen a sus objetivos con eficacia. Por eso, lo tradicional de sus mensajes no debe hacernos suponer lo anticuado de sus métodos. Por el contrario saben cómo manejar las últimas técnicas de estudio del comportamiento, las emociones y darle la forma adecuada de un mensaje para un público muy concreto. Es lo que salió a la luz con el escándalo de la manipulación rusa con Cambridge Analytica, la empresa que usaba test en Facebook para obtener datos de los usuarios y formular los mensajes más adecuados.



Hoy, toda la red se ha convertido en una gigantesca recolección de datos a través de las entradas en nuestros ordenadores. Esos famosos "socios" que aparecen en los mensajes sobre las cookies no sabemos quiénes son, si son compañías que tratan nuestros datos para detectar nuestras preferencias, tendencias políticas, sociales, culturales, etc. Esos datos se pueden comprar y revender y suministran informaciones para adecuar los mensajes políticos a destinatarios precisos, que es lo que ocurrió con la empresa británica con Rusia detrás.

Rusia no está al margen de lo que está ocurriendo en Rumanía, como era de esperar: 


“After each era of close collaboration with the West, we see that there has been a movement to deny modernisation or at least to dilute it,” Fota explained today in a Facebook post. “Romanians who perceive the modernisation of the country as a danger have gathered willingly under the same flag.”

Romanian MEP Siegfried Muresan, told Euronews: “[AUR] are anti-EU, pro-Russia, and reflect a small minority of the population.”

“It is very important to note they will not have a say or influence in policymaking,” he said.*

 

Esa bandera anti occidentalista es la que está llevando a los grupos bajo la sombra del Kremlin. El objetivo de la confusión se vuelve más concreto en aquellos países que, como Rumanía, estuvieron bajo el control de la Unión Soviética. La Rusia de hoy los considera como una propiedad natural y trata de separarlos de la Unión Europea. Juegan al desencanto. Las promesas de bonanza económica con la que se les llevó a la Unión no siempre han funcionado, en gran medida por la propia corrupción, restos de los partidos pro soviéticos que se formaron tras la caída del muro. Es fácil convertir la frustración en un discurso anti europeo y anti democrático. Está ocurriendo incluso en la Alemania actual, con el ascenso de la ultraderecha nacionalista. Se ha invertido el signo político, pero es por el propio cambio ruso, que se ha producido también en forma de nacionalismo religioso o, si se prefiere, de manipulación religiosa del nacionalismo. El fenómeno no es privativo de países cristianos y lo estamos viendo en países como Turquía, donde la mezcla de nacionalismo y religión ha hecho mantenerse en el poder a Erdogan. El caso Egipcio es bastante parecido.



La Unión Europea es especialmente sensible por varios motivos. Lo primero es un espacio democrático, por lo que los que juegan con trampas y mentiras tienen más ventajas dado el aumento de la credulidad y la confusión de mentiras con libertad de expresión. La crisis económica ha pasado factura y ahora lo hace la crisis sanitaria que empeorará la situación. En tercer lugar, la influencia rusa es importante y no le interesa una Europa fuerte y prevenida, sino desunida y con focos prorrusos. Tampoco ha que olvidar que la era Trump ha sido anti europea, que apoyo otro ejemplo de dinámica populista como ha sido el Brexit, del que los británicos se va a arrepentir muy pronto. Muchos lo han hecho ya y más lo harán en el futuro.



Si los países no cambian sus formas de dirimir en la política, el fenómeno populista seguirá creciendo, fraccionando Europa, como ya hemos visto en el Parlamento Europeo con sus acciones destructivos, obstruccionistas. El panorama actual no es demasiado optimista, pero es necesario saber a qué nos enfrentamos y las consecuencias. La reacción masiva del electorado norteamericano en la elecciones ha sido la única forma de frenar la labor destructiva de Trump. Todavía faltan días de angustia con un Trump dispuesto a destruir lo que le dejen, En Europa donde han ganado se ha notado, ya sea en elecciones o como grupos entrando por la puerta trasera, como en Reino Unido.

Tenemos muchos avisos. La cuestión es si queremos verlos y si los consideramos un peligro. El problema está ahí. Se aprovechan de fallos y carencias. Si no se solucionan tendremos pronto los resultados negativos.

El gran problema lo tenemos en Europa, víctima de los dos lados, de la presión rusa y de la norteamericana trumpista, empeñados ambos en debilitarnos. Si a esto le sumamos la presión en puertas de los conflictos de África y Oriente Medio, gasolina populista, el panorama es bastante inquietante y ese mapa de crecimiento de la ultraderecha populista (y la ultra izquierda allí donde actúa de la misma manera divisiva) va en detrimento de la democracia, de la unión europea y es foco de futuros conflictos, más próximos de lo que suponemos, con algunos en marcha.

 


* Stephen McGrath "How a far-right party came from nowhere to stun Romania in Sunday's election" Euronews 8/12/2020 https://www.euronews.com/2020/12/08/how-a-far-right-party-came-from-nowhere-to-stun-romania-in-sunday-s-election

martes, 14 de febrero de 2017

La frustración rumana

Joaquín Mª Aguirre (UCM) 
Rumanía está llevando el problema de la corrupción a un nuevo nivel de resistencia. Es el correlato lógico del sistema perverso ofrecido por su recién elegido gobierno. Es altamente frustrante para cualquier sociedad comprobar que las esperanzas de cambio se destruyen de una manera tan fulminante como han podido comprobar en Rumanía. El decreto que dejaba fuera los casos de corrupción por debajo de 44.000 euros es uno de esos momentos en los que se deben pedir responsabilidades y es lo que han hecho los ciudadanos rumanos dando un ejemplo de integridad frente a uno de los aspectos más preocupantes de su vida política.
En Euronews se citaban las palabras del presidente conservador cohabitante con el gobierno socialdemócrata que es quien ha creado el problema de la despenalización de sobornos: "Rumanía necesita un gobierno que funcione de manera transparente, que gobierne de manera previsible, a la luz del día. Hagan buenas leyes para Rumanía, no para un grupo de políticos con problemas"*, les dijo hace una semana. La crisis no ha cesado sino que se ha prolongado ante la presión popular. Ayer, de nuevo Euronews, nos mostraba a ciudadanos pidiendo "ayuda" a la Unión Europea. No se fían ya, decían, de su propio gobierno. La confianza se ha roto.
El fenómeno rumano se puede inscribir, en toda su crudeza, dentro del largo camino de la desafección política que padecemos y que está resquebrajando la confianza en las instituciones y en su función democrática.


El escritor y activista político egipcio Alaa Al-Aswani tenía por costumbre terminar sus artículos publicados durante la larga época de Hosni Mubarak con la frase "La democracia es la solución", forma de contrarrestar la expresión islamista "El islam es la solución". Hoy vemos en muchas partes que la "democracia" no es la solución por sí misma si no tiene detrás unos componentes éticos y de firme compromiso, un sentido de la ciudadanía y de las instituciones sobre los que apoyarse para funcionar. La democracia es la solución, sí, pero no por sí misma.
La gran frustración de los países que han vivido bajo dictaduras ha sido comprobar que la llegada de la democracia se convertía en muchas ocasiones en una forma de mantenimiento en el poder de los mismos que gobernaban anteriormente de forma autoritaria y corrupta. En muchas ocasiones, esa frustración se vuelve contra la democracia misma, a la que se responsabiliza del fracaso en la limpieza de la vida del país en cuestión. Por eso se pueden escuchar peticiones de intervención a las instituciones internacionales, como se han escuchado frente al parlamento rumano y se han visto banderas europeas.


El mismo fenómeno ocurrió en la revuelta ucraniana contra el gobierno títere ruso. Los ciudadanos ucranianos salieron a la calle pidiendo la aproximación a la Unión Europea como forma de huir de los males que los gobiernos prorrusos habían traído al país, uno de ellos la corrupción. En las calles rumanas también se apuesta por Europa y algunos países e instituciones europeas han manifestado su preocupación por el abandono de la política anticorrupción, uno de los males endémicos del país.
En Egipto, otro país aquejado de los males de la corrupción, el nuevo sistema no sustituyó al viejo, por lo que camina con el lastre de la falta de transparencia y una corrupción que no se desea declarar. Aquí hemos comentado reiteradamente el caso de la detención del Auditor General del Estado por haber hecho públicas sus estimaciones sobre el coste de la corrupción en Egipto. El gobierno reaccionó de forma negativa al informe y acusó al autor de intentar desestabilizar al país. Cada nuevo caso de corrupción que ha salido desde entonces —y han sido bastantes— ha caído sobre la conciencia del gobierno que lo negaba. Ministros, altos funcionarios, etc. han sido arrestados y las fotos de maletas llenas de dólares, euros o moneda saudí se nos mostraban desde las páginas de la prensa. Uno tras otro, los gobiernos tras la caída de Hosni Mubarak en 2011 han sido incapaces de encontrar soluciones a los problemas, cuando no han sido ellos mismos los creadores de los problemas. Hoy, la prensa egipcia nos trae una nueva crisis de gobierno, una crisis anunciada para salvar la cara presidencial, responsable de los gobiernos sucesivos.


Con frecuencia se nos habla en la prensa egipcia de la liberación de corruptos mediante el "arreglo" económico, algo que se llama "reconciliación" con el estado. No es más que una forma de comprar sus libertades y reírse de las de los demás. El solo hecho de que las personas condenadas por corrupción, que se han apropiado de cantidades enormes mientras el país se hundía en la miseria, no debería tener ningún tipo de arreglo. Pero parece que se acepta bien. Es sembrar el futuro de corrupción. Ni se arregló cuando se debía ni se confirman las medidas. No hay mucha distancia entre el "arreglo egipcio" y el "arreglo rumano". Solo dignifica a los rumanos que han salido a protestar contra las medidas infamantes de su gobierno. Los egipcios, en cambio, están atados por una "ley anticorrupción", pero tampoco han protestado muchos porque en el fondo, la corrupción tiene sus admiradores.


Las noticias sobre escándalos de corrupción son frecuentes; es difícil que los países, incluido el nuestro, se escapen de sus efectos. Son muchas las formas en que se manifiestan y pueden ser interpretadas sus raíces de maneras diferentes. Sea cuales sean estas, lo cierto es que la corrupción está contribuyendo al deterioro de la confianza en la democracia como "solución". El hecho de que las protestas en Rumanía tengan lugar poco tiempo después de unas elecciones es desmoralizante porque muestra que no existe una alternativa real en el cambio político. Y eso es grave.
Cuando un país se encuentra en una situación como la que vive Rumanía, es fácil que surjan entonces movimientos de rechazo al propio sistema porque se duda de su eficacia regenerativa. La democracia se ve entonces como una "debilidad", como una forma de acceso al poder que no garantiza la regeneración sino la perpetuación de un sistema que ofrece opciones corruptas. Es lo que llevó a Hugo Chávez al poder y sus resultados los tenemos hoy en las calles venezolanas y en la ruina económica. También lo vemos en otros lugares, en crecientes protestas.
Mucho del autoritarismo que vemos hoy manifestarse en las propuestas de liderazgo es el resultado del movimiento pendular de la democracia al populismo, que solo usa la democracia como forma de acceso al poder para después practicar otras políticas. Hasta un personaje como Donald Trump ha llegado al poder hablando de una clase "política corrupta" que solo piensa en sí misma y no en el pueblo. Que esto lo diga un multimillonario, nacido con una fortuna bajo el brazo, que presume de no declarar aprovechando los trucos legales, y con negocios inmobiliarios por medio mundo y que lo primero que hace es desregular Wall Street,  no deja de ser una ironía. Pero es también una muestra de lo rentable que es recoger la frustración popular, con justificaciones mayores o menores según los casos, para llegar al poder. Lo malo es que la desmoralización social se convierte en una táctica para el acceso al poder; debilitar el sistema trae buenos resultados.


Nos encontramos ante un problema de difícil solución porque no requiere solo de acciones, sino de la voluntad de realizarlas. El ejemplo rumano es escandaloso porque supone el descaro del retroceso, de legislar a favor de los corruptos sin ningún tipo de disimulo, con el desprecio hacia el pueblo al que representan o dicen representar. El escándalo es precisamente el que surge de la instrumentalización del sistema que busca lo mejor para el pueblo en favor de una clase política corrupta. El escándalo es el hecho de que no haya habido oposición capaz de parar, dentro del propio partido gobernante, una ley tan descaradamente corrupta. Lo que se muestra —y por eso los rumanos han salido a la calle— que muchos de los que ocupan los asientos en el parlamento no son más que marionetas sin capacidad real de actuar en nombre del pueblo y su beneficio. Los han visto como piezas colocadas por los corruptos para asegurarse su impunidad.
En Político, Marius Stand y Vladimir Tismanneanu firman una "Carta desde Bucarest" con el titulo "10 days that shook Romania". Señalan los autores:

We want to avoid succumbing to wishful thinking, but we can’t help seeing what is happening in Romania as the start of a new chapter in global efforts to reinvent politics and root out corruption. What is happening in Bucharest and tens of other cities across the country is uncontainable, inexhaustible, inextinguishable civic courage in action. It should be admired and praised.**


El entusiasmo es loable y necesario. Pero lo que ocurre después es lo que cuenta. Crear sistemas capaces de defenderse de la corrupción. Es ahí donde los movimientos, fuerzas de calle, fracasan si no son capaces de perseverar y canalizar esa fuerza para que quienes legislen sigan sus deseos de liberarse de la corrupción. No basta salir a la calle, no basta votar. Hay que estar atentos, estar encima.
Cuando el presidente rumano les dijo que legislaran para el pueblo, los diputados socialdemócratas del partido del gobierno se limitaron a abandonar la sala. Era la peor opción y la eligieron. Ahora les toca que el pueblo les saque los colores.



* "Los diputados socialdemócratas rumanos abandonan el Parlamento" Euronews 7/02/2017 http://es.euronews.com/2017/02/07/los-diputados-socialdemocratas-rumanos-abandonan-el-parlamento
** Marius Stand & Vladimir Tismanneanu "10 days that shook Romania" Politico 10/02/2017 http://www.politico.eu/article/10-days-that-shook-romania-protests-revolution-corruption-decree/

sábado, 13 de abril de 2013

La vara de medir y el racismo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
De todas las formas repugnantes de racismo, la peor de todas es la que se vincula con el electoralismo, la que se nos cuela en programas y mítines y busca el aplauso. La prensa de hoy nos da cuenta de que se llevará finalmente ante los tribunales al alcalde de Badalona, señor García-Albiol, del Partido Popular, por incitación al odio racista. Nos señala el diario El País:

La juez considera “sólidas y consistentes las acusaciones” de la fiscalía y la acusación particular —SOS Racisme—, que atribuyen a Albiol un delito de provocación al odio, la discriminación o la violencia, por el que piden para el alcalde un año de cárcel. En el auto, la juez indica que contra la decisión de apertura de juicio oral, que aún no tiene fecha, no cabe recurso alguno.
SOS Racisme se felicitó por la apertura del juicio y por ser “la primera vez en Cataluña y España que un político es juzgado por este motivo”. Los 15.000 dípticos que los populares repartieron por los barrios de Badalona el 24 de abril de 2010 contenían fotografías de gitanos rumanos acompañadas de lemas como inseguridad, delincuencia y vandalismo, y la imagen de una pintada: “No queremos rumanos”.*

En el proceso de conversión emocional del discurso político, el racismo conecta con las raíces primarias dirigiendo la pasión hacia enemigos externos y refuerza el sentimiento de grupo. Convirtiendo en demonios a los demás, nos convertimos en flamígeros ángeles purificadores. La creciente irracionalización del discurso político encuentra en el racismo las pasiones necesarias. Es muy fácil y no requiere demasiada inteligencia ni en quien lo crea ni en quien lo recibe. Es necesario convertir a los otros en el problema principal para transformarnos en la solución ideal.
Convertir un problema de "seguridad" en un problema "racial" es la forma de marcar a las personas sin distinción de sus actos; es el imperio de la "presunción de culpabilidad": todos los nacidos en algún lugar —o con algún color de piel, religión, etc.— son culpables hasta que no se demuestre lo contrario. La moda de buscar el "gen delictivo" se soluciona mirando el pasaporte. Es una idea sencilla y eficaz. Sencilla porque a  todo el mundo le gusta que los problemas vengan de fuera; eficaz porque permite a los políticos que la usan sacar un buen rendimiento en votos. El odio crece y, con él, crecen los votantes que lo aceptan. Las situaciones de crisis económica suelen reactivar este tipo de campañas. Canalizan la frustración de la gente y alejan la atención de otros problemas y sus orígenes.


Es inadmisible que las campañas políticas giren sobre este tipo de sentimientos. Hay una gran diferencia entre que exista un problema de inseguridad y la incitación al odio o a la discriminación. Los datos que se ofrezcan siempre pueden ser reales, pero la "estigmatización" es siempre injusta porque afecta no solo a las personas concretas, sino al grupo —a la categoría— al completo.

El alcalde García-Albiol entenderá perfectamente que es tan injusto hablar de los "rumanos" como ladrones como hacerlo de los "políticos" globalmente en el mismo sentido. Si mañana se prohibiera la entrada en supermercados y tiendas a los políticos porque se afirma que todos "roban" consideraríamos que aunque es innegable que existen casos probados, sería injusto que los alcaldes, concejales, diputados, ministros, etc. como él se vieran privados del derecho a ser considerados inocentes y estar directamente condenados por pertenecer a un grupo determinado. La gente elige lo que hace, pero no dónde nace.
Es injusto "categorizar" e irresponsable políticamente estimularlo, reforzar socialmente esa idea. El lenguaje, además, no entiende de "legalidades". La categoría "gitanos rumanos" pronto, como señala el diario El País, se traduce en un más extensivo "no queremos rumanos", una categoría más amplia. 
Hace unos pocos años asistí a la crisis de una persona rumana abrumada por la presión social y el tratamiento mediático que se deba a los "rumanos" al extender las faltas de unos pocos a la totalidad, al meterse en un mismo saco-categoría a los que hacen y a los que no hacen. En su desesperación llegó a pensar en renunciar a su nacionalidad, pues llevaba más de una década en nuestro país, con familia y trabajo. Le estaba afectando profundamente ver cómo se encontraba, sin hacer nada malo, dentro de la prisión social de los tópicos. Ya no la veían a ella, sino que la trataban condicionados y se había convertido en "culpable". Ya no "estaba trabajando" sino "ocupando el puesto de otro"; ya no pagaba impuestos, sino que "se beneficiaba de los de los demás". Mi consejo fue el contrario: la posición profesional que había alcanzado gracias a sus propios méritos y esfuerzo debían servir como un aliciente a otros; si renunciaba a su nacionalidad estaría dando la razón a los "racistas" y abandonando a los suyos, que se verían privados del ejemplo de una persona de mérito. Afortunadamente, solo fue una crisis pasajera. Pero es significativa de la presión que viven muchas personas sin poder hacer nada por remediarlo, a las que solo se les deja la posibilidad de ocultar su origen con su fuera un delito su nacionalidad.



Cuando he tenido ocasión, he organizado o participado en actos para dar a conocer u homenajear a figuras de la literatura y el pensamiento de Rumanía, que entiendo es la mejor forma de presentar a los pueblos desde sus dimensiones positivas. Y lo he hecho en recuerdo de amigos rumanos que eran personas por las que sentía cariño y admiración por su trabajo y formación. El racismo es una forma cómoda de ignorancia; considera a los otros malvados, inferiores, etc. porque no se molesta en conocerlos. Animo a los que tengan la oportunidad a hacer lo mismo a que lo hagan, no solo con Rumanía sino con cualquier otra cultura juzgada mal.
Desde hace dos años en que se pidió mi colaboración, organizamos la presentación en mi universidad del informe de la Unión Romaní sobre el tratamiento del pueblo gitano en la prensa. Y lo seguiremos haciendo mientras se nos pida. También tuvimos actos con la Fundación Secretariado Gitano. Creo que también es labor de la universidad advertir de los males de este tipo de tópicos que solo causan cerrazón y derivan en violencia y exclusión. Me ha servido, además, para conocer a gente admirable, personas que han tenido que sobreponerse no solo a sus circunstancias individuales, sino al rechazo social que hacía pagar a justos por pecadores.



La ex embajadora rumana María lígor señaló en 2010, durante un curso de verana de la Universidad de Cantabria sobre "Racismo y comunicación", el problema de la doble exclusión de los gitanos rumanos, que se ven rechazados por su propia comunidad, que les acusa de ser los causantes de los prejuicios que les aplican a ellos. María Ligor señaló "hay que luchar también con estos conatos de nacionalismo, e incluso de racismo, dentro del propio colectivo y hacia los gitanos rumanos". Trasladar los problemas no los soluciona. Quedan en tierra de nadie, rechazados por unos y otros. Europa debe afrontar esta situación en algún momento más allá de los campamentos y las expulsiones.
El racismo es uno de los grandes peligros sociales. Por eso es inadmisible que se utilice como argumento electoralista —ni siquiera político— para conseguir apoyos o mantenerse en los cargos. Los políticos deben fundamentar sus propuestas en principios éticos porque están pidiendo a los ciudadanos que los refrenden con sus votos. La política no es solo conseguir el poder, sino mejorar la sociedad con las propuestas, despertar la conciencia ciudadana,  deseos de transformación positiva. La tentación del racismo electoralista se debe excluir de los partidos con responsabilidades y dejar que queden nítidamente identificados en el espectro político los partidos xenófobos y racistas. No debe haber confusión.

El alcalde García-Albiol centró su campaña electoral en un cartel con el lema "Muchos lo piensan. Yo lo digo" en el que se está quitando una mordaza. Tal ejercicio de demagogia es una peligrosa forma de entender la política, que no consiste tanto en realizar los deseos sino en actuar conforme a la justicia y favorecer la convivencia. Espero que el alcalde de Badalona aprenda además, que lo que "se puede decir", aunque haya libertad de expresión, tiene el límite constitucional de la incitación a la violencia y al odio. De todas las campañas políticas mediáticas, ninguna resulta más deleznable que esta. Espero que los jueces le digan que no es lo mismo la libertad de expresión que la incontinencia verbal, que se puede hablar, sí, pero que eso no excluye decir tonterías o promover maldades. No se trata de conseguir alcaldías, sino de tener alcaldes sensatos. Xavier García-Albiol da demasiados besos a su vara de alcalde. No solo tiene la vara de alcalde, sino la de medir a los demás.
La máxima de Concepción Arenal decía "odia el delito y compadece al delincuente". La injusta e irracional máxima racista es "hagan o no hagan, convierte a todos en delincuentes y ódialos".

* "El alcalde de Badalona será juzgado por vincular inmigración y delincuencia" El País 12/04/2013 http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/04/12/catalunya/1365780352_787367.html





viernes, 29 de marzo de 2013

Ana Blandiana, hojas en la corriente

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los poemas regresan con los amigos. Y ayer, gracias a una amiga rumana, volví a reencontrarme con Ana Blandiana, con sus poemas y, con ellos, el recuerdo de su presencia entre nosotros. Porque volvieron los amigos, pude hablar otra vez de ella. A veces, son los amigos los que actúan de viento en las velas, algo que nos revela que la Literatura es un arte de profunda hermandad, que crea sólidos lazos entre quienes leen y son leídos y de fraternidad entre la comunidad de lectores que se forma por contagio poético. Solo hablamos de poesía con quien puede compartir la experiencia —infantil, vista desde fuera— de los poemas. La experiencia compartida es lo mejor parte, tras la experiencia solitaria del encuentro con la obra. Eso hace que los lectores se encuentren muchas veces solos, incapaces de comunicarse más que con los que entenderán, con pocas palabras, lo que quieren expresar.


No todos los libros o autores logran crear esa hermandad entre sus lectores. Es algo distinto a los "admiradores", "fans" o cualquier otra expresión que caracterice el mero seguimiento de las personas. Las mercadotecnia que nos invade se ha apropiado también del fenómeno admirativo y lo alimenta con las mismas estrategias que a los deportistas o estrellas de la música o la pantalla. La Poesía es otra cosa, muy distinta; se alimenta de principios diferentes y tiene otra finalidad. Hay poetas narcisistas como hay lectores fetichistas, pero eso es un problema que entre ellos deben resolver. La poesía enseña y es modestia.

Escribió Ana Blandiana: «Puede resultar paradójico pero los grandes poetas se parecen entre sí, solo los mediocres están llenos de originalidad. Lo sublime no es distinto. Los que lo alcanzan se hacen semejantes.»* (163) La distinción creo que alcanza también a los lectores que son capaces de entenderlo, que no quieren ser extravagantes sino encauzarse en esa corriente, la que no lleva al consumismo poético sino al preciso y selectivo disfrute de los versos, placer siempre extraño. Las fases de lectura intensiva se van transformado en regreso selectivo a esos versos que acaban configurando el espacio de recogimiento al que el lector de poesía se retira para volver a lo que ha quedado prendido en su memoria.
La labor de relectura suele ser de poda otoñal, de eliminación de poemas en los que veíamos más de lo que hoy pueden ofrecernos. La melancolía que acompaña a la madurez es más exigente, quizá porque en la vida van quedando más preguntas por contestar que contestaciones consistentes. Nada destruye más que el tiempo, pero también va despejando el camino, eliminando las hierbas secas. Pero lo que nos va quedando, se hace más sólido, más placentero.
Al volver a repasar las páginas de Ana Blandiana he recuperado las imágenes de su estancia entre nosotros, la luz de sus ojos, y me han vuelto a golpear sus poemas con la intensidad de la primera vez, de su descubrimiento. Sigue ahí; su poesía se mantiene firme, hablando directamente para que nos miremos en su espejo y sigamos desentrañando el reto que somos, el misterio que no dejamos de ser, para nosotros y para los demás.

Para mí la poesía es un caminar lógico de palabra en palabra, de piedra en piedra, sobre un terreno firme hasta llegar a un lugar donde el sentido de repente se abre de manera inesperada sobre el vacío y se detiene conteniendo la respiración. Ese momento lo es todo, esa percepción del abismo interior, esa emoción imprevista ante la asunción del límite, ese detenerse es más revelador que seguir avanzando inconscientes de estar en un sendero sobre el precipicio.* (182)


Ese carácter epifánico de la poesía es el que nos da consciencia, precisamente, de ese vivir en el borde, como un Lear junto a los abismos de la vida. La poesía, como la vida misma, es el camino de la certeza a la duda, de lo claro al misterio. Y es esa chispa de luz la que nos despierta del sueño de la lógica para adentrarnos en nuestra organicidad viva, en nuestra conexión terrenal. Es esa respiración cortada durante un instante por el doble misterio del temor y la belleza. La luz nos ha iluminado el abismo y se consume poco a poco.


La poesía, nos dice Ana Blandiana, tiene como objetivo «salvar el silencio, recuperar la capacidad de callar». Es dejar atrás el parloteo tranquilizador para sumergirse en lo que no podemos discernir porque estamos dentro de la vida y la lógica de la palabra no puede abarcarnos. Silencio lúcido, eco de destello que se va apagando.
El poema que cierra la antología de Ana Blandiana es una declaración de vida y poesía:



Este poema dura sólo esto,
lo que tardas en leerlo:
la próxima vez que lo leas
será otro
porque tú serás otro
y, por supuesto, será completamente diferente
cuando lo lea otra persona.

Existe sólo en el instante
de tu estado de ánimo,
que has construido
con lo que has encontrado dentro de ti.

Obra fugaz
como una hoja de papel
que discurre por las aguas
cambiando siempre de dirección,
sin que tenga ninguna importancia
la persona que allí pudo la hoja
y si escribió algo en ella.

La vida también dura, como el poema, lo que tardas en vivirla. Como la hoja de papel llevada por las aguas, se desprenderse de lo que lleva escrito, disuelta su tinta en la corriente, hasta quedar en blanco, en silencio, perdiendo la memoria de su distinción. Una hoja son todas las hojas. Armonía del silencio.





Ana Blandiana (2007). Cosecha de ángeles / La cules îngeri. Edición bilingüe. Cosmopoética, Córdoba. Trad. de Rafael Pisot y Juan Vicente Piqueras.