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domingo, 30 de abril de 2023

Gestionando la utopía del agua

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Un gran titular se despliega en la primera plana de ABC: "Los otros perdedores de la sequía: «Nuestro negocio se cuela por el desagüe»". Hace alusión, claro está, a toda la serie de negocios montados en España para recibir al turismo bajo el supuesto del "España va bien" en lo climático y lo económico.

El negocio de España, aquel por el que hemos cerrados muchas vías de posibles es el turismo en sus diversas variantes. Lo demás es para disimular. Incluso el "diseñado en España" se fabrica fuera porque nos hemos dedicado al saludable negocio de la cervecita, el cafelito y el chapuzón. Los del turismo de interior tiran de los monumentos de la España que fue, pero no tanto de la que es: un gigantesco solárium con huecos también damnificados, los de la agricultura (que debe competir con el norte de África) y la ganadería. Ambas están heridas de muerte por este calor que esperamos que pase y no pasa, por esta lluvia que tampoco llega.


La movilidad industrial se lleva allí donde es más barato lo que hay que fabricar; nuestros médicos emigran, como lo hacen los más cualificados de otros campos, que buscan destinos mejor remunerados y estabilidad laboral, algo que aquí no es fácil de conseguir. Los políticos venden optimismo porque solo así saben hacer política, el arte de convencer. Pero los fallos por falta de previsión son clamorosos. Nadie ha querido desviarse del guion turístico en estos años. Fue el modelo del desarrollismo español de los 60, aunque este miraba a un futuro industrial, de coches y camiones a electrodomésticos, pasando por muchas otras fábricas. Pero pronto la deslocalización (hubo que inventar un nombre técnico) se hizo una realidad: era más barato importar y fabricar fuera. La culpa no era de los que fabricaban barato, sino de los que querían producir a menor coste y así ampliar sus márgenes de beneficio.

España ha quedado como el paraíso del emprendedor, es decir, mayoritariamente aquellos a los que nadie contrata y se tienen que buscar la vida. De nuevo, las etiquetas son importantes. Tenemos unas cifras de paro enquistadas, un bar por cada 170 habitantes. Medimos la vida por "temporadas" y los "puentes" (estamos en otro) arrasan con las jornadas laborales de unos mientras que otros tratan de trabajar. Ocio y negocio alternando, lo que ganas lo gastas después en viajes, puentes, fiestas, etc., en todo lo que producimos, para que la economía siga en marcha.

La falta de agua, esta maldita sequía, pone en vilo todo el modelo. La entradilla de ABC señala "En la ribera de ríos y embalses empresas de aventura, camping, chiringuitos de interior y clubes náuticos temen que la falta de agua espante a los turistas"*. Se quedan cortos. Más que temor, es certeza. ¿Hacer piragüismo en un lecho seco? ¿Hacer camping sin poder ducharte? Las primeras frases del artículo de ABC son claras en este sentido: "Nadie quiere ir a un chiringuito en mitad del desierto un 15 de agosto a casi 40 grados. O remar en una piragua que se encalla en barro."* Pero ese escenario está cada vez más cerca.

Claramente, tenemos un serio problema por delante. Nuestros sólidos cimientos se tambalean ante la perspectiva de un verano de sequía (otro más), con altas temperaturas y ausencia de turistas.

Ya el año pasado intentamos trucar la cuenta de las olas de calor y no contabilizar la que hubo en mayo. Este año la primera ola de calor nos ha pillado un mes antes y no cae una gota. Y veremos lo que tenemos por delante. A esos "casi 40 grados" de los que habla ABC, les sobra el "casi". No por rebajar el pronóstico vamos a rebajar la realidad.

Se dieron avisos el año pasado: ¿para qué iban a venir los británicos a España si ya hacía calor en sus tierras? Sus dosis de rayos de sol las tienen ya en sus resecos parques.

Aquí hemos mirado demasiado al cielo, dependemos demasiado de él... y de los turistas. El agua es un elemento básico, por lo que montar nuestros negocios sobre ella tiene un riesgo enorme si se convierte en un bien escaso. Son los conflictos del reparto, la llamada "guerra del agua", los que se avecinan en una España bronca, discutidora y electoralista, como estamos comprobando con el choque por las aguas de Doñana. La Junta andaluza siente la presión de sus agricultores y ganaderos en la nuca electoral. Pero estos son solo una parte del problema de la falta de agua.

Si el turismo no llega tras los episodios de la pandemia, se van a venir abajo muchos negocios. No solo la hostelería en sus diversas modalidades, sino el amplio tejido de pequeños negocios que eran alternativos a la falta de empleo en otros sectores. Bosques, ríos, lagos, etc. se han montado alrededor de la presencia del turismo, interior y exterior. Nos avisan ya que se han consumido los ahorros, que se ha disparado la inflación con el deseo de "recuperar" lo "no ganado".

Hace unos años escribí que un negocio que depende de que a otros les vaya bien es una alternativa en exceso optimista. Para que esos turistas vengan hasta aquí se tienen que dar muchas circunstancias además del "agua" en forma de lluvia. ¡Qué tiempos aquellos en los que era una mala noticia que lloviera en la Semana Santa, por ejemplo! Hoy nos gustaría que lloviera algo, en días laborales, a ser posible. Pero no, no nos llueve.

También nos hemos convertido en un país caro, el que peores datos de inflación tiene en la Unión Europea, lo que tampoco nos hace muy apetecible para los sufridos europeos a los que ya no les va también. Lo de la guerra de Ucrania asusta a los que están cerca. Nosotros estamos en la otra esquina y nos parece un poco lejos, que nuestras playas son tranquilas y acogedoras. Por eso el sector no entendió muy bien los de echar a los oligarcas rusos, que gastaban mucho, tenían buenos yates en nuestras costas, mansiones en nuestra recogidas urbanizaciones y dejaban buenas propinas.

Ahora el panorama no es muy favorable: un país caro, con calor y sin agua. Y con los españoles —la reserva turística si fallan los de fuera— en plena caída del consumo, en parques y fuentes antes que en playitas calurosas y terrazas carísimas. Ya nos han dicho que ha sido la feria de Abril más cara de todas.

Los hoteles reclamarán sus piscinas; las ciudades, sus fuentes callejeras. Los restaurantes no querrán que se les restrinjan las horas de luz o la temperatura de sus aires acondicionados. ¿Qué harán los de las piraguas? ¿Qué harán todos si no llueve?

Los bosques arden por falta de cuidados y de oscuros intereses y por toda España, nos han dicho hace unos días, se pierde muchísima agua porque llevan años sin repararse los conductos.

Tenemos por delante un mayo en que debería diluviar para paliar un poco la situación. Es poco probable que lo haga y más fácil que tengamos una segunda ola de calor hasta llegar al verano donde esos "casi 40 grados" se verán sobrepasados.  La alternativa de muchos será instalar más aires acondicionados (más gasto energético). No es un panorama muy favorable.

¿Va a poner alguna vez a poner en orden los problemas reales para intentar solucionarlos inteligentemente? ¿O es que nuestros políticos son incapaces de hacerlo porque, sencillamente, su mundo es otro? Dicen que las medidas restrictivas son poco populares y es cierto, sobre todo si se han dejado pasar en muchas ocasiones anteriores y desoído los avisos.

Las soluciones no podrán ser a gusto de todos, obviamente, como vemos en el caso Doñana, un simple ejemplo. Pero tendrán que ser inteligentes y de futuro, dadas por expertos que dialoguen entre sí analizando. Inteligencia y previsión deben ser objetivos de todos. Es algo más que el beneficio de algunos lo que nos estamos jugando. Es el futuro. Probablemente no podamos cambiar mucho el futuro, pero sí prepararnos para él, tratando de cubrir lo que no vamos a tener por mucho que nos empeñemos.

Esto es cosa de todos. El problema, como siempre, es que nuestro constante enfrentamiento entre administraciones hace que las energías se escape como lo hace el agua por las cañerías, porque nadie las arregla. Ya el año pasado se esquivaron muchas medidas restrictivas. Había que recuperarse de la pandemia. Ahora la situación es peor. La España del agua es una utopía que no será fácil administrar; necesitará de mucha inteligencia y hablar realmente sobre el estado en que nos encontramos y buscar salidas. Hace falta un gran pacto del agua, un pacto del futuro que no nos haga depender tanto de factores que condicionan nuestro desarrollo. El modelo es viejo, está gastado y nos merecemos algo más que un destino de chiringuitos y sus variantes.


* Àlex Gubern , Helena Cortés , Beatriz L. Echazarreta , Juan Antonio Pérez y Francisco Poyato "Los otros perdedores de la sequía: «Nuestro negocio se cuela por el desagüe»" ABC 30/04/2023 https://www.abc.es/sociedad/sequia-20230430191350-nt.html

3/08/2022


domingo, 27 de marzo de 2022

Dependencias múltiples

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ayer comentábamos que existe una geografía de la paz, la que está construida por las relaciones culturales y comerciales, lo que incluye del deporte a la energía, de una gira operística a los productos alimenticios, de las series de TV al turismo. Estas relaciones crean contactos y establecen lazos con dependencias. Sobre la base de esa paz, explicábamos, ha sido construir un mundo con un enorme desarrollo del que se han beneficiado —en muchos sentidos— los participantes buscando el equilibrio de las relaciones.

Pero también es cierto que ese escenario no siempre se ha desarrollado con la inteligencia ni la buena fe como para asegurar un camino seguro. Muchas veces esos lazos han creado dependencias tóxicas, como estamos experimentando ahora con la energía que nos llega de países como Rusia, que la utilizan como arma de guerra. Serán los historiadores los que nos deban explicar desde qué momento la estrategia rusa ha sido crear una dependencia europea para así asegurarse (o al menos intentarlo) la impunidad de sus acciones con el chantaje energético, que provoca una serie de desórdenes en cadena, como vemos en España. "Lo barato sale caro", suele decirse y ahora tenemos un ejemplo de esta gran verdad.

En RTVE.es se nos intenta explicar porqué la dependencia del gas ruso es una trampa que, además, divide a Europa por encima de las circunstancias destructivas de cada país, lo que solo puede significar una mala noticia, que unos se están beneficiando y no quieren que la situación cambie mientras otros se asfixian. En el artículo, uno de los expertos consultados señala:

"Esto es una lección para toda Europa, que lleva una década luchando por la sustitución del carbón por el gas, pero eso nos ha hecho más vulnerables", dice Jorge Sanz. El experto considera que a la UE le ha faltado "visión estratégica para darnos cuenta de que los países suministradores de gas no son muchos y, además, son inestables desde el punto de vista político".*


Esto significa que tenemos que mirar una serie de factores antes que el precio. En Estados Unidos se usaba antes una expresión para establecer el grado de confianza que nos suscitaba un candidato a la presidencia. Se hacían la pregunta de si a ese candidato "se le compraría un coche usado", es decir, si te suscitaba la confianza suficiente como para creerle y hacerle una compra importante. Nosotros le hemos comprado el coche a Putin y ahora ya está empezando a fallar, la rueda de repuesto está pinchada y descubrimos que el cuentakilómetros está trucado. Es ahora cuando nos damos cuenta los riesgos de todas nuestras decisiones hechas sobre unos supuestos erróneos: que Putin es fiable, que Rusia y la Unión Europea tienen unos objetivos comunes.

Es ya muy tarde para rectificar algunas cosas. Hay aspectos que se podrán resolver a medio o largo plazo, siempre que se encuentren alternativas más fiables. Estados Unidos ha aumentado su exportación de gas a Europa, lo que no nos hace menos dependientes, sino solo menos dependientes del gas ruso. Estados Unidos antes importaba gas, pero gracias a una serie de decisiones y estrategias de inversión y desarrollo ahora se puede permitir exportar, teniendo un nuevo mercado. Los europeos solo cambiamos de dependencia y rogamos ya que nos vaya mejor. Hoy tenemos a Biden, pero mañana puede volver Trump u otro del mismo corte, que nos quiera cobrar con creces del gas a la defensa a precio de oro, un Trump que juegue como hizo el ex presidente a darse abrazos con Putin, al que sabemos que admira. Fue con Trump cuando empezó la política de crear conflictos y luego "arreglarlos" además de la política comercial vinculada con estrategia política con series de baterías de sanciones o de aranceles. Un Estados Unidos agresivo con sus socios y necesitados de protección ante el empeoramiento de las relaciones entre Europa y Rusia y un distanciamiento de China, a la que veía como la gran rival y a la que había que separar a todo trance del mercado mundial, especialmente del europeo para recuperar protagonismo.

Todo esto es ya conocido y aquí lo hemos desarrollado a lo largo del mandato de Trump y los peligros que traía. La dependencia de la energía es un mal para Europa porque significa, lo estamos viendo, que es Rusia quien puede controlar nuestro futuro en muchos campos.


1/11/2021

La independencia absoluta puede que no exista, pero tampoco debería existir la dependencia absoluta. La estrategia rusa dura el tiempo que nosotros seamos capaces de superarla mediante estrategias que, hoy por hoy, no están ya sobre el tablero más que de forma imprecisa. Elegir de quién se va a depender en las próximas décadas no es una tarea sencilla. Necesitamos una cuidadosa elección para no vernos en las mismas con otros agentes que se aprovechen de nuestra situación. Nos ponemos muchos límites cerrando nuestras energías disponibles o creando condiciones que nos atan.

Las dictaduras como las de Putin o las de los países árabes tienen muchos menos escrúpulos en de dónde sacan la energía, a qué coste. Eso ha permitido que esas dictaduras hagan comer en su mano a las democracias, donde —como vemos en España— unas presiones hacen salir a medio país a protestar a las calles, con sectores enteros pidiendo ayudas y los cláxones sonando por todo el país pidiendo dimisiones.

No es bueno depender de nadie y mucho menos de gobiernos de autócratas que se acaban protegiendo tras nuestra dependencia o, como la Rusia de Putin, atacando a las democracias colindantes o jugando a distancia con ellas a través de toda una serie de turbias maniobras de agitación, desinformación e intervencionismo desestabilizador.

Hay que elegir muy bien de quién se depende, mirar menos el precio y más la letra pequeña. De lo contrario nos encontramos en una situación como la actual, con terribles efectos sobre la economía europea y especialmente graves en los países más frágiles y dependientes.


Es el caso de España, un país construido a golpe de dependencia (70% de dependencia energética), que ha ido sacrificando muchos de sus sectores en beneficio de un mayoritario: el turismo y aledaños. Lo hemos tratado aquí muchas veces en estos años: España necesita que Europa vaya bien, que esté en paz y enriquecida, con excedente económico para gastar en lo que les ofrecemos. Con la inflación comiéndose el dinero para otros gastos, con una Europa a la defensiva ante las amenazas rusas, necesitada de inversiones en defensa y aumentando sus reservas, lo que quedará disponible para venir a gastárselo en España será menos de lo que requerimos para que nuestro chiringuito nacional se mantenga abierto y productivo.

No solo dependemos de la energía exterior —afortunadamente, no de la rusa—, sino que dependemos de tener el mismo número de turistas por temporada que el número de población. Necesitamos de 30 a 40 millones de turistas extranjeros para mantenernos medianamente en marcha. Con una Europa con la guerra en su interior, el turismo va a ser un nuevo factor de riesgo, como nos ha demostrado la pandemia. Ya quedó claro el desastre de una economía con pinzas y un empleo con alfileres.


23/06/2020

Para complicarnos la vida, nos enfrentamos a nuestro suministrador de gas más próximo, Argelia, con un tema como Marruecos. Afortunadamente nos han dado un balón de oxígeno energético con declararnos una "isla", una excepción. Esperemos que esto nos permita liberarnos de otra dependencia interna, los transportistas, que ha demostrado que les importa poco el resto y que cada uno se busque la vida por su lado. Las pérdidas causadas a todos los sectores superan ya lo "razonable". Otro problema que la demagogia ha dejado pudrirse y con difícil solución con un sector atomizado y sin demasiadas alternativas con una España vaciada en la que ya no paran los trenes. Lo cierto es que no se ha tenido mucha capacidad de reacción y, lo más evidente, existe una nula previsión estratégica. España camina a golpe de dependencia, a golpe de reacciones airadas y no por sendas planificadas e integradoras de los intereses sectoriales, que es lo que se debería intentar, armonizar intereses y no dejar que los problemas crezcan para prestarles atención cuando ya no hay solución fácil.

Es imprescindible comprender nuestras carencias y dependencias, tratar de encontrar un equilibrio que evite secuestros futuros. Hay que analizar las dependencias dentro de programas globales, con estudios estratégicos centrados en el futuro a diferentes plazos, tratando de resolver los más acuciantes. Hay que dibujar un mapa de dependencias por sectores y geografía buscando crear un país sólido. hay que salir del modelo de debilidad extrema que supone el turismo y tratar de repoblar los espacios disponibles con alternativas productivas que nos permitan resistir estos ataques fomentados por nuestra propia debilidad, claramente patente desde fuera. Y sobre todo, debemos evitar dispararnos en el mismo pie con la frecuencia que los hacemos.

La prensa está llena de avisos sobre todo esto en fechas muy anteriores a la guerra en Ucrania y a las subidas energéticas. Todo estaba escrito, pero la mirada estaba puesta en otros sitios. Parece que solo avanzamos con los desastres en las puertas, que  prevención es una palabra que no existe en nuestro vocabulario ni el desarrollo estratégico en nuestras mentes.

 

21/05/2021

* Alberto León "Las claves de la 'excepción ibérica', el acuerdo europeo que permite a España rebajar la presión energética" RTVE.es https://www.rtve.es/noticias/20220326/claves-excepcion-iberica-acuerdo-europeo-presion-energetica/2323416.shtml