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lunes, 9 de junio de 2025

El fin del abrazo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La noticia de EFE sobre la muerte del senegalés Abdou Ngom aparece en diversos medios. Probablemente el nombre les diga muy poco porque el recuerdo de Ngom está vinculado a una foto, la de su abrazo con una voluntaria de la Cruz Roja tras su dramática peripecia para entrar a nado en España, vía Ceuta, tras jugarse la vida.

La foto recogía la emoción de ambos y cómo ese momento pasaba a representar muchas cosas a la vez. El poder de la fotografía es grande cuando muestra y nos dice algo más, cuando es capaz de presentar y representar, pasar de lo denotado a lo connotado, que nos diría un semiólogo.

El abrazo es un gesto en sí, pero el contexto es el que le da su valor doblemente simbólico y como tal fue entendido por los que vieron la fotografía que, como se dice ahora, se hizo viral. Mostraba la emoción de la supervivencia y la superación de las distancias en ese momento extremo en el que te enfrentas a la muerte.

Pero la foto también nos ha mostrado otras lecturas al situarse en el centro de una situación de doble cara. La voluntaria de Cruz Roja, Luna, también se vio afectada por su gesto solidario.

En RTVE.es se nos dice que

Abdou llevaba varios años malviviendo en Marruecos hasta que logró entrar nadando en Ceuta al igual que lo hicieron más de 10.000 personas durante las jornadas del 17 y 18 de mayo de 2021 por el espigón fronterizo del Tarajal que separa la ciudad de Marruecos. Después de bracear durante 20 minutos, consiguió poner un pie en tierra exhausto y se lanzó a los brazos de una voluntaria de Cruz Roja llamada Luna.

La imagen de ese abrazo, cargada de simbolismo, fue captada por un fotógrafo de la Agencia Efe, y acabó en las portadas de los principales medios. Esas fotos dieron la vuelta al mundo e incluso la voluntaria de la Cruz Roja tuvo que eliminar sus cuentas en las redes sociales ante la multitud de críticas e insultos que recibió por este gesto humanitario.* 

Si el gesto del abrazo nos dice mucho, también lo hace el hecho de que la voluntaria tuviera que cerrar sus cuentas. Muestra un modus operandi intimidatorio hacia cualquier persona que pueda mover algún tipo de simpatía hacia la inmigración. La vida virtual es un espacio amparado por el anonimato que fomenta la existencia de la amenaza y el insulto. Eso lo han entendido muy bien los grupos ultra que se adueñan de estos espacios de baja protección y mucha exposición.

Sabedores de la viralidad, en este caso de la foto, y de la empatía ante el sufrimiento ajeno, la tarea se centra en desprestigiar a los que aparecen en las fotos y en ahuyentar a los que se acerquen haciéndolos víctimas de sus ataques.


No sabemos todavía, nos dicen, qué ha causado la muerte de Abdou Ngom. Nos cuentan que un amigo se lo llevó hace unos meses a Málaga, que trabajaba en lo que le salía como albañil, que no quería que su hija —que se había quedado en Casablanca— viviera con sus mismas penurias; quería que tuviera lo que él no había podido tener. Son los sueños de cada padre, aunque no todos corren peligro de morir en una travesía a nado. Abdou Ngom se jugó la vida por lo que le importaba, su familia.

Hoy, tras su muerte, la foto vuelve a las portadas de la prensa y a nuestras conciencias. Abdou ha muerto, pero la foto no. Ya no queda ligada a un momento, sino que salta del contexto y pasa a tener una representación universal de la desesperación de unos y el abrazo que representa la empatía con el que sufre.

En nuestro mundo trivial de celebraciones épicas, de turismo y chiringuitos, de muertes en un estadio por colarse, las muertes por desesperación, como las siete personas —cuatro mujeres y tres niñas— en el cayuco hace unos días, cuando los brazos de los voluntarios no fueron lo suficientemente rápidos para agarrar a la vida, la foto de la solidaridad adquiere nuevo valor, aunque sea por la muerte por explicar de Abdou.

Hace falta más y mejor atención al mundo real, por duro que pueda ser. Es lo que nos define. Los que criticaron a Luna por ser el receptáculo de la emoción por haber sobrevivido siguen ahí, celebrando muertes y deportaciones, negándose a la empatía. Lo estamos viendo en las calles de Lo Ángeles ahora mismo, con la criminalización de inmigrante al que se considera un "criminal", un "terrorista". Lo estamos viendo en el nuevo negocio de las cárceles exteriores de alquiler, en las deportaciones masivas.

La muerte de Abdou nos lleva a otra tragedia, la de una madre y una hija en Casablanca. Los amigos están recaudando fondos para repatriar su cadáver. Es el fin de su sueño español. 

Con su muerte, se acaba la realidad del abrazo, pero esperemos que la foto mantenga su espíritu solidario, su mensaje hacia un futuro complicado para la migración,

* "Muere el senegalés cuyo abrazo con una voluntaria de la Cruz Roja se convirtió en símbolo de la crisis migratoria en Ceuta" RTVE.es / EFE 7/06/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250607/muere-abdou-senegales-abrazo-luna-simbolos-crisis-migratoria/16615352.shtml

miércoles, 4 de septiembre de 2024

¡Necesitamos más Emilias!

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


No sé si juntar lo positivo y lo negativo suma cero. No sé si hay tanto listos como tontos, buenos como malos. Me gustaría pensar que hay un pequeño margen de distancia en favor de los buenos y que así, aunque lentamente caminamos hacia algo que pudiéramos llamar sin sonrojo un "futuro mejor".

Entre los cientos de noticias que nos resultan incompresibles por lo que manifiestan de maldad, de estupidez, de egoísmo, de narcisismo y de otras muchas "cualidades" necesarias para triunfan en la vida, en encuentro con  una llegada de otra planeta, de otro tiempo, de otra forma  de ver el mundo. Nos la ofrece RTVE.es y su titular es "Emilia, la jubilada que salva migrantes: "Ya no quiero viajes del Imserso, ahora quiero estar con ellos"". Ya desde el titular se plantean dos formas de ver el mundo simbolizadas muy gráficamente en la oposición entre el IMSERSO y la vida comprometida con los que sufren. Están los viajes cuyas noticias se nos ilustran con fotos de personas mayores sonrientes, felices, contentas de desaparecer del escenario y sustituirlos por un mundo de fantasía turístico, por un lado. Por el otro nos encontramos con los que se enfrentan no al turismo, sino a otra forma de viaje nada placentero, la inmigración, el fenómeno que hace a miles de personas abandonarlo todo ante enfermedades, guerras, pobreza, dictaduras, etc. para coger a la familia, a los bebés y menores, y lanzarse hacia una fantasía mejor que la pobre y dura realidad.

Emilia lo ha tenido claro. Nos cuenta Ana Montoro en el artículo: 

Emilia es una mujer de 71 años que dedica su jubilación a ayudar a jóvenes migrantes en un pueblo de Toledo. “Ahora ya no quiero los viajes del Imserso, ahora quiero estar con ellos. Me reportan juventud”, explica en una entrevista de La Hora de La 1 de TVE.

Comenzó esta labor en 2021, junto a su marido, proporcionando un hogar a jóvenes de 18 años en adelante que no podían permanecer en un centro de acogida de menores.

Busca brindarles una oportunidad porque como afirma “siempre he creído en la igualdad y creo que cuando ellos llegan a España son iguales que nosotros y hay que ayudarles”. Emilia les apoya a la hora de conseguir los permisos de trabajo y en la búsqueda activa de empleo y ya cuenta con 20 casos de éxito, personas que pasaron por su casa y con los que continúa manteniendo el contacto.

Con su idea ilusionó a un pueblo entero de Toledo 

Al principio acogía a estos migrantes en su propia casa, pero su idea caló en su pueblo, La Puebla de Amoradiel, en Toledo, y juntos crearon una casa de acogida con ocho plazas. Los vecinos donaron todo el mobiliario y aportan, entre otros, donaciones a la asociación que han creado Somos Acogida. Gracias a su generosidad y su entusiasmo, Emilia se ha convertido en un pilar fundamental para los 37 jóvenes que han pasado por el centro o por su casa. “Emilia es como mi madre aquí”, cuenta uno de los acogidos. 

“En este momento tenemos cinco acogidos”, declara Emilia, que reconoce que tienen dificultades económicas para poder cubrir todas las plazas disponibles y reclama a las instituciones que se involucren y apoyen proyectos como el suyo.*

Se puede dar sentido a la vida, sentir estar vivo, de muchas formas, desde los que se suben a una montaña rusa o se van a hacer turismo de riesgo o se matan por hacerse un selfie, por un lado, y los que apuestan por la satisfacción de ayudar a los demás.

Desde el exterior, los primeros gastan, mientras que los segundos —como nos muestra la frase final del texto citado—, piden para los que lo necesitan, nos recuerdan que el mundo no está tan bien como nos muestran los anuncios y noticias que les parecen y levantan la voz para hablar de injusticas, necesidades, etc.

Lo que se nos dice que ha hecho Emilia va más allá de una actitud individual. Ha arrastrado a un pequeño pueblo a ser solidario, con lo que han podido transformarlo y transformarse ellos mismos. Disfrutan de esa extraña alegría humana que es ayudar a los demás. Estamos hechos para la solidaridad, para compartir disfrutando. Frente a los teóricos triunfantes del egoísmo, del narcisismo, la Naturaleza, por el contrario, ha hecho que nuestro cerebro libere sustancias gratificantes cuando vemos la felicidad en otros, sonrisas. Empatizamos. Emilia ha logrado arrastrar a esa comunidad hacia las ideas de ver como seres humanos, como tus iguales, a los que nos son distintos, sino víctimas del olvido, de la explotación, del colonialismo, de la manipulación social, etc.

Mientras medios, partidos y personas hablan de invasiones, de agresiones, se escandalizan porque lleguen medio muertos a las costas y los etiquete como "crisis migratoria" antes que "crisis humanitaria" debida a nuestro abandono, olvido, incomprensión. No solo somos "víctimas", como algunos prefieren autocalificarse; somos causantes de una parte importante de lo que ocurre ya sea directa o indirectamente.

Necesitamos más Emilias, más personas que dediquen su vida a los que lo necesitan. No esos falsos ancianos sonrientes que acaban siendo la materia prima de las agencias de viajes en la "silver economy". Necesitamos más noticias que despierten ese lado bueno inquieto y den sentido (y dignidad) a la vida. No solo la necesita la inmigración. Necesitamos muchas Emilia para poder ayudar a mitigar nuestras enormes carencias, nuestros olvidos, nuestros egoísmos crecientes.  

* Ana Montoro "Emilia, la jubilada que salva migrantes: "Ya no quiero viajes del Imserso, ahora quiero estar con ellos"" RTVE.es https://www.rtve.es/noticias/20240903/emilia-jubilada-salva-migrantes-ya-no-quiero-viajes-del-imserso-ahora-quiero-estar-con-ellos/16234592.shtml

martes, 31 de marzo de 2020

El altruismo va ganando

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La situación mundial de esta pandemia global es también una prueba, un gigantesco test sobre liderazgo, también sobre ciudadanía responsable. Es un examen mundial de nuestra capacidad de resistencia, de valores sociales e individuales, que de ambos se necesita. "Saldremos mejores", se repite en afortunada frase. Lo es porque, en sí misma, ya manifiesta un deseo, una voluntad, una esperanza. Al fin y al cabo, todo está nosotros: la ciencia, la tecnología, los esfuerzos humanos, los sacrificios, las victorias, las derrotas... Caer y levantarse, sí, seguir, seguir.
Los ejemplos de confianza, de valor, de constancia y sacrificio de muchos se muestran todos los días a través de la visión mediática, pero también está en nuestro día a día, sin cámaras delante, solo para nuestros ojos, como en una película de espías.


Se ha pedido que se  paren las guerras. Aunque no se consiga, la petición está ahí. Su ignorancia nos muestra que el odio es humano, por encima de la supervivencia, que puede ser instintiva. Se ha pedido a los políticos que dejen de pelearse y coincidan en los puntos básicos; tampoco no hacen mucho caso. Pero también se ha pedido, un deseo de los ciudadanos en muchos países. Eso es lo importante.
Nos hemos pasado discutiendo si lo natural es el egoísmo o el altruismo. Podemos elegir los comportamientos que nos parezcan humanos o los que parezcan contrarios. Al fin y al cabo, la naturaleza no tiene idea ce cuál es su naturaleza. Nosotros sí nos preguntamos por ella. Tenemos la ocasión de demostrarnos cuál es, una u otra, con cuál nos sentimos más a gusto. A las 8 salimos a ventanas y terrazas a aplaudir a los que demuestran cada día que están ahí por nosotros. La práctica del agradecimiento se está extendiendo por todo el mundo y a las ocho, cada uno en su uso horario, escuchará los aplausos. Si alguien nos observara desde otro planeta, no acabaría de entender este extraño fenómeno acústico que hace que durante las 24 horas en algún lugar del planeta se escuchen aplausos durante unos minutos.


Bomberos, policías municipales y ambulancias pasan por delante de mis ventanas cada día. Dan una vuelta al pueblo para alentar a los vecinos y asegurar que vamos todos juntos a vencer a este coronavirus. Ellos nos alientan y nosotros los alentamos. Es la forma humana de enfrentarse a lo que no es fácil de vencer y que necesita de unión y energía positiva, descargar las emociones, la angustia, recargar vitalidad. Los gritos de "¡hasta mañana, hasta mañana!" son algo más que una despedida. Son también un deseo manifiesto de seguir viéndonos, de vencer miedos, algo de conjuro.
Personal médico, policías, bomberos, limpiadores, dependientes de supermercados y tiendas de alimentación, basureros, repartidores, carteros, transportistas... todos esos servicios básicos que necesitamos para sobrevivir... en un mundo que se ha parado. Veo el vídeo tomado desde el aire de la ciudad de Barcelona por los Mozos. Una ciudad de calles vacías, pero no una ciudad muerta. La vida está dentro, la vida reencontrada. También unas imágenes, hace unos días, de un Madrid nocturno solo recorrido por algunos autobuses, taxis y la bicicleta de un repartidor. La ciudad iluminada, con sus monumentos y edificios emblemáticos dispuestos a no perder su brillo aunque no haya ojos para mirarlos más que desde una ventana o terraza. Pero sus luces son como faros verdes que nos prometen que volveremos a estar allí.


Creo que va ganando el altruismo, al que le ha salido un rival que no es el egoísmo sino la estupidez, pues no se puede llamar de otra manera a lo que algunos hacen. La estupidez no se la lleva el viento, sino que queda registrada hasta el fin de los tiempos. Creo que hay muchos más ejemplos de valor y entrega, de afecto. Los de estupidez no son pocos, pero tienen la ventaja de que se consumen ellos mismos, se gastan por sí mismo. El altruismo nos trae la solidaridad y la emoción necesarias, también la inteligencia necesaria. De esto no salimos solos, sino bien acompañados por lo mejor que pongamos, liberados de lo que no merece la pena conservar ni atender.


Durante tiempo, un sector de la ciencia se empeñó en que  lo natural era el "egoísmo" y que el altruismo no era más que un disfraz. Vale, allá ellos. Hace tiempo que el altruismo ha ido ganando puntos y nos sentimos mejor cuando somos solidarios y nos enfrentamos en grupo, apoyándonos para objetivos nobles. Tenemos cada día muestras de este valor. Quizá haya egoístas, no voy a discutir sobre lo evidente, pero creo que  a muchos les ha interesado tener esa visión del ser humano y de la sociedad para sus propios fines. Hoy vemos otra cosa y quizá nuestra percepción de nosotros mismos y de las relaciones con los otros esté cambiando. ¡Ojalá fuera así! ¡Demasiadas teorías egoístas!
Sin poder abrazarnos,  nos sentimos más unidos. Acostumbrados a que en tiempos de "normalidad" se nos muestre siempre como noticia en los medios lo peor, en tiempos de peligro se nos muestra más lo mejor. El mundo se nos ha llenado de héroes ignorados, invisibles, que el COVD19 ha sacado a descubierto. Son los cimientos de nuestro sistema, los reales, lo que sustenta nuestras vidas a diario y que hoy se la juegan por nosotros.
Eso salimos ganando, una mejor percepción de nosotros mismos, descubrir que podemos ser mejores de lo habitual, que no solo hacemos por nosotros sino por los demás. El altruismo y la solidaridad, el apoyo mutuo van ganando. ¡Ánimo!







martes, 11 de febrero de 2020

Diario de un regreso

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ayer regresó de China otra de mis alumnas. "—Ya estoy de vuelta, profe —me dice. Voy a pasar 14 días en casa. Escribí toda mi experiencia en los diarios, y te adjunto aquí. Pero no sé si te interesa o no. Necesito ¨bloquearme ¨en casa 14 días para la observación, por ello, de momento, no puedo verte. Pero,  estoy sana, creo."
Leí con detalle y emoción los dos archivos que me envió. Recogen el recorrido desde su casa hasta llegar. Lo detallan paso a paso y lo documenta fotográficamente. Es un testimonio que no conocemos y que deberíamos conocer, saber el esfuerzo, la fuerza de voluntad de quien intenta llegar al lugar del que salió hace unas pocas semanas sin problema y al que regresar se le convierte en una carrera de obstáculo.
Lejos de lo que se nos cuenta desde fuera, el relato nos muestra la solidaridad y el esfuerzo que une a las personas que han paralizado su vida para evitar que un virus se expanda en su comunidad trayendo muerte y dolor a las personas. Es el relato de una persona sana que tiene que demostrarlo muchas veces al día para poder avanzar un pasos, subir a un transporte, avanzar en un lento superar una y otra barrera.
Las fotografías nos muestran el recorrido, desde la limpiadora fumigando una y otra vez los vagones del tren hasta las estaciones y calles con vigilancia para conseguir reducir al coronavirus 2019-CnV, el enemigo común contra el que luchan. El pueblo chino se lo ha tomado como una cuestión de unidad nacional. Desde fuera no es fácil llegar a entender el sentimiento. Mientras nosotros nos preocupamos por la suerte del Word Mobile Congress, los chinos están luchando contra un virus en un país de 1.400 millones de habitantes, aislando barrios, ciudades, provincias enteras para evitar mayores malos.
Luchan además contra la manipulación. A veces estallan en las redes sociales ante lo que leen en la prensa extranjera —incluida la española—, contra lo que oyen comentar o contra las miradas que les dirigen, la gente que cierra las puertas. Es el miedo en vez de la solidaridad, que surge con cuentagotas. Es el alarmismo como truculencia informativa, muchas veces sin saber de lo que se está hablando. Sorprende a veces la profunda ignorancia de las personas que dirigen programas y que "explican" la situación a millones de personas diariamente. Comprendes la incompetencia del modelo hecho para informar basándose en la atracción morbosa.
Ya hemos resaltado las líneas de la prensa norteamericana y de la británica, la insistencia en crear asociaciones militaristas, la presencia constante de la bandera china asociada a las situaciones, etc. Se sigue informando como si de una guerra se tratara, como un peligro exterior que acecha a los países sembrando el miedo que queda asociado al país y no al virus. Es un mundo lleno de ejércitos y banderas donde se repiten una y otra vez las mismas situaciones en cuidadosa sintonía.


El diario de mi alumna me ha hecho ver el caso desde dentro, la lucha que vive cada persona en un país de 1.400 millones de personas. Cuando damos los casos exteriores a China y su situación algunos se empeñan en no entender lo que China está viviendo respecto a lo que llega al exterior. Aquí hemos dado algunos ejemplos de informaciones dadas en tonos irresponsables y agresivos que encubren otro tipo de conflictos —económicos esencialmente, pero también políticos. Algunos no quieren perder la oportunidad.
Trump, decían los titulares, "presume" de haber cerrado Estados Unidos a China. No lo ha hecho a China, sino a las personas, una diferencia importante. Las personas no son ni "países" ni "gobiernos"... ni "virus", como nos ha tenido que recordar un hashtag. Ya es malo padecer enfermedades para hacerlo encima con las discriminaciones, las xenofobias, las guerras políticas y económicas.


El caso del Coronavirus 2019-CnV está siendo un caso ilustrativo, una prueba moral, como lo fue el SIDA en su época. Donde entonces salió a relucir la homofobia (el virus del SIDA había sido enviado por Dios como una nueva plaga para castigar a los pecadores); ahora le toca a la xenofobia, a la lucha contra China que, les guste o no, es la segunda potencia económica mundial. 
La guerra contra China había comenzado antes que aparecieran los coronavirus y algunos se subieron a la cresta de la ola cuando apareció el brote en la ciudad de Wuhan. Les faltó tiempo. Hoy la situación ya no admite esos juegos interesados por muchos motivos de todo orden. Los efectos en cadena son imprevisibles sobre el conjunto.
Ver la situación desde dentro, desde el que padece, y no solo la del que teme verse "atacado" (las metáforas de la guerra, de las que hablamos en un post anterior) es importante.


Me quedo con unas frases del diario que reflejan su forma de sentir ante lo que ve: "A decir verdad, lo que veía toda la mañana era una China con solidaridad, para luchar juntos contra el virus. Agradecía todos los esfuerzos del personal frente de esta lucha. La policía, guardias, el personal de la estación, la señora de limpieza, todos, todos los que estaban en sus puestos, sacrificando sus propios intereses para protegernos. Imagínate, a 2 grados estaban afuera para examinar, tomar notas, controlar la carretera para minimizar al máximo la separación del virus. Si se había producido el desastre, sea como sea la causa, lo que necesitamos hacer es enfrentarnos juntos, con solidaridad, con medidas adecuadas y eficaces." 
Otros se empeñan en dividir, pero creo que la lucha une y la incomprensión distancia. En el futuro se verá lo que cada uno ha sembrado y lo que recogerá en cada caso. Hoy es el sentimiento de solidaridad y también de desesperación al ver cómo se ven externamente sus esfuerzos por combatir al coronavirus. 
Agradezco el envío de esos dos archivos con el texto contando la odisea personal, el sentido de la responsabilidad demostrado en todo momento, el orgullo de formar parte de una lucha que les une.  Si tienen que criticar algo, ya lo harán. Ahora es otro momento, el de hacer desparecer el coronavirus 2019-CnV, vencerlo definitivamente.
Esos 14 días pasarán rápido. ¡Ánimo!

domingo, 15 de noviembre de 2015

Los muertos de Francia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los muertos de Francia —hay cuatro españoles, británicos...— lo son porque no compartimos los valores que el Estado Islámico encarna: totalitarismo, crueldad, intransigencia, fanatismo. Los muertos de Francia lo son porque en Francia y en Europa se cree en valores como la libertad, el estado de derecho, el progreso, la tolerancia y la convivencia. El Estado Islámico es enemigo de todo el que tenga estos valores, aquí o allí, y todo el que tenga estos valores debe condenar al Estado Islámico, sus acciones y a quienes les apoyan.
Los muertos de Francia son muertos por Siria, por atacar a aquellos que masacran al pueblo sirio en una guerra extraña, a incontables bandas, en las que los deseos de Rusia de amparar al único tirano que no se movió de su silla durante la primavera árabe se han mantenido hasta que se ha creado un monstruo mayor, el Estado Islámico, que ha aprovechado la larga agonía del régimen y su debilidad para ocupar territorios. Es así de complicado.


Los muertos de Francia son consecuencia del compromiso de Francia. Los muertos de Francia se producen como presión para que Francia se retire de Siria y deje el campo abierto a las matanzas del Estado Islámico. Francia no gana nada con su intervención en Siria y, por el contrario, gasta y arriesga mucho.
Los muertos de Francia se producen como consecuencia del horror que el pueblo francés siente cada vez que ocurren las matanzas del Estado Islámico. Lo mismo ha hecho cuando ha intervenido ante las situaciones creadas por Boko Haram en las zonas en las que este grupo siembra la muerte y el dolor. Francia interviene en solidaridad con aquellos que padecen los ataques de los terroristas. Muchos países de la zona no lo han hecho.


Los muertos de Francia constituyen el mensaje de dolor que el Estado Islámico envía a Occidente para que dejen en sus manos una zona en la que viola, tortura, quema, decapita, encarcela y somete a la esclavitud a las personas que no comparten sus ideas de esta vida o de la otra. El Estado islámico ha ejecutado a musulmanes egipcios, sirios, coptos, kurdos, iraquíes, yazidíes, etc. El Estado Islámico ha atentado en diversos lugares de Occidente, tratando de causar el mayor daño posible para que las opiniones públicas o grupos políticos de sus países presionen a sus gobiernos haciéndoles ver que su compromiso con el dolor de los sirios solo les traerá dolor y muerte. Lo ha hecho en muchos otros lugares de Oriente Medio.
Los muertos de Francia son muertos por Siria, tal como lo son los que combaten al Estado Islámico en su terreno. Francia es atacada en su suelo porque es la retaguardia de los que combaten contra el Estado Islámico, algo que no todos los países de la zona están haciendo porque siguen con sus políticas perversas e interesadas.


Los muertos de Francia no ganan ni hacen ganar nada a Francia, que en cambio, deberá soportar en su territorio dolor y muertes. Esto no es la guerra de Irak, una guerra perversa y mentirosa, por más que muchos jueguen a compararlas en su antioccidentalismo permanente, muy rentable siempre para eludir responsabilidades. Francia se ha comprometido y complicado la vida porque ha querido frenar las monstruosidades que a todos horrorizan del Estado Islámico y de Boko Haram.
Los muertos de Francia lo son porque Francia y Europa creen en valores que no practican los asesinos ni muchos de los que critican la intervención de Francia en esta guerra, que es una guerra global. No eres tú quien decides intervenir sino que te puedes convertir en víctima en cualquier momento por decisión de los terroristas.


Francia ya ha tenido sus muertos y pudo tener más si unos turistas norteamericanos no hubieran detectado a un terrorista armado en un tren de alta velocidad no hace mucho tiempo. Entonces se impidió una matanza cobarde. Francia tiene entre sus fronteras el mayor número de sospechosos de yihadismo de Europa y pese a ello ha decidido intervenir a sabiendas de que tenía muchos enemigos dentro.

El Estado Islámico, en su cinismo, ha declarado que hace en Francia lo que Francia les hace a ellos. Es un mentira delirante porque Francia no ha sido quien viola, decapita, esclaviza, crucifica y quema vivas a las personas, sino quien trata de evitarlo en una confusa guerra, comprometiendo su propia seguridad.
El eterno victimismo de algunos les lleva a quejarse de que los franceses lloren a sus muertos, como si solo les importaran los suyos. Si esto fuera así, Francia no estaría ahora llorando muertes cuyo origen es frenar el horror en Oriente Medio. Los muertos de Francia son el resultado de la preocupación firme de Francia, más allá de las lamentaciones, con las que algunos hermanos árabes se han pronunciado mientras que se embarcaban en aventuras en Yemen. A ellos no le ha importado nada la muerte en Siria, sino solo perder su poder en la zona; no les importa quién muere, sino quién gobierna.


Por último, están aquellos virtuosos de la ética que han hablado de "venganzas". ¡Pobres cretinos! Sobre estos es mejor dejar que se hundan en su propio absurdo, ya que son incapaces de entender quién se venga de quién. El Estado Islámico es un monstruo que se lo agradece por la confusión que crean. Tendrán, como premio, más vírgenes en el paraíso.
Los muertos de Francia son muertos de Europa, de todos los europeos, son mis muertos, y como tales somos solidarios con ellos y expresamos las condolencias a Francia y a sus familias. Son también muertos de Siria, víctimas de sus enemigos, que son también los nuestros. Y lo son porque en vez de mirar para otro lado, algunos países se sienten comprometidos contra una barbarie que mata fría y sádicamente al que se le resiste.


Los muertos de Francia no le importan a la presentadora egipcia Lamis al-Hadidy, que según cuenta su propia prensa (Mada Masr ayer) se burló de los ametrallados en un restaurante diciendo que Egipto enviaría una comisión a investigar los restaurantes de París en respuesta a la comisión que Francia ha enviado para la investigación del avión ruso que estalló en el aire debido a una bomba del Estado Islámico, algo que hoy acepta hasta Rusia y que solo el gobierno egipcio no cree. Afortunadamente, una parte del pueblo egipcio es más sensato que la abyecta presentadora y le ha recriminado sus palabras y bromas sobre los asesinados. La han llamado "inmundicia", que es lo menos que la progubernamental presentadora se merece. Esta vez su propio gobierno ha tenido que dejarla en evidencia mandando condolencias. El ministro de Turismo debería condecorarla.



Descansen en paz los muertos de Francia, de Siria, del Líbano, de Rusia... todos aquellos que desean vivir en paz y se lo impiden. ¡Ojalá que pronto, el sacrificio de tantos, incluidos los franceses, españoles, británicos.., asesinados mientras disfrutaban de la noche de un viernes, pueda llevar la paz a una zona en la que a muchos solo les importa aplastar al otro, sin importales el sufrimiento que causan! Todo dolor nos conmueve, toda muerte nos ofende. Despreciamos toda estupidez.


* "TV anchors mock Paris amid terrorist attacks, Egyptian officials offer condolences" Mada Masr 14/11/2015 http://www.madamasr.com/news/tv-anchors-mock-paris-amid-terrorist-attacks-egyptian-officials-offer-condolences




jueves, 15 de mayo de 2014

Europa y empatía

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El Mundo nos trae una interesante entrevista con el primatólogo Frans de Waal en relación con la aparición en España de su obra "El bonobo y los diez mandamientos" y su presentación en Barcelona. En su carrera el científico holandés, asentado en los Estados Unidos, siempre ha tenido presente la cuestión del papel de la ética en el comportamiento de los primates como fundamento de nuestro propio comportamiento individual y social.
Frente a los que solo ven el conflicto como estrategia evolutiva, la lucha por sobrevivir, como una forma de enfrentamiento constante, están los que, como de Waal, entienden que existe un comportamiento colaborativo en cuyo origen estaría un sentimiento ético. Digo "sentimiento" porque posteriormente, los humanos nos preguntaremos por él, dentro de nuestra capacidad reflexiva, convirtiéndolo en decálogos y sistemas para regularnos. Son nuestros mecanismos de interpretación y justificación —las racionalizaciones— los que han ido construyendo las historias sobre por qué lo hacemos o sentimos, sobre el origen de la ética y su trascendencia.
Cuando se le pregunta por el conocimiento que las personas que trabajan sobre la ética tienen de los primates, de Waal contesta:

R.- La mayoría de los filósofos de la ética son kantianos, y consideran que los principios morales vienen dictados por la «razón pura». Pero lo que nos sugieren las investigaciones con primates es lo contrario: en realidad, poseemos ciertas tendencias afectivas compartidas con los simios que nos impulsan hacia la empatía y la cooperación, y posteriormente racionalizamos estas intuiciones con normas éticas o religiosas.
P.- Lo que usted ha comprobado es que la «ley de la selva» es mucho más que una lucha brutal por la supervivencia, ¿no?
R.- Por supuesto. Cuando la gente habla de la «ley de la jungla», se refiere a una competición feroz en la que ganan los fuertes y pierden los débiles. Pero ésta es una idea muy anticuada, porque presupone que en el reino animal, cada individuo lucha única y exclusivamente por sus propios intereses. Pero esto es falso. Muchos animales -como los elefantes, los delfines y los primates- viven en grupos porque tienen mayor éxito cooperando y uniendo sus esfuerzos que solos. De hecho, fuera del grupo son muy vulnerables y no suelen sobrevivir durante mucho tiempo sin apoyo social. Eso significa que necesitan cooperar y sacrificarse por el grupo del que dependen para sobrevivir. Lo mismo es cierto de los humanos.*


Esa "tendencia afectiva" es la que se ha denominado "empatía" y se centra en nuestra capacidad de ponernos del lado de los demás, entrar en ellos para sentir como ellos. Una de las obras anteriores de Frans de Waal se titula "La edad de la empatía". Jeremy Rifkin nos ofreció también recientemente una visión de la historia de nuestra cultura en su obra "La civilización empática".
El estudio de la "empatía" ha ido avanzando a través de obras de muy distinto signo en las que se vuelve a considerar que tenemos un vínculo sentimental que nos une por encima del beneficio racional. Señalo que "se vuelve" porque el siglo XVIII —al menos una parte— fue "sentimental" y elevó los sentimientos —simbolizándolos en el "corazón"— por encima de la razón. Se contraponía la "abundancia de corazón" a la "sequedad de la razón" El racionalismo económico filosófico de la época teorizó desde un ser abstracto centrado en el cálculo del beneficio y en el interés propio que nos ha marcado culturalmente. Hoy interesa de nuevo la empatía.


El interés actual por los fundamentos biológicos de la Ética parte de que el comportamiento altruista, uno de los aspectos clave, no va contra la doctrina evolutiva que señala que las ventajas se seleccionan para el futuro frente a las desventajas que se quedan por el camino. Lo que se discute, en el fondo, es si solo es posible tener ventajas a través de la lucha y los conflictos o si, por el contrario, puede ser más ventajoso en ocasiones avanzar por caminos empáticos, en los que nos sentimos llamados a la colaboración mediante los procesos de identificación con los demás.

La afirmación de Frans de Waal de que en el reino animal la evolución ha llevado a ciertas especies a desarrollar mecanismos cooperativos y que estos son primero "sentimentales" es aceptada porque puede ser comprobada en el comportamiento de los grupos. También se acepta, como señala, el propio de Waal en la entrevista, que los lazos de unión entre unos y otros tiene como contrapartida los mecanismos de rechazo de los que quedan fuera de esas uniones, dando lugar a comportamientos  que derivarán en xenofobias y racismos. La solidaridad del "nosotros" no va más allá. Lo esencial pasa a ser entonces la definición del "nosotros", su capacidad de inclusión.
Tras analizar el papel de las religiones como herederas del sentimiento de grupo, De Waal señala:

R.- Nuestras investigaciones han comprobado que tanto en simios como en humanos, es mucho más fácil sentir empatía por alguien que conocemos, que por desconocidos. Así que la empatía no es nada imparcial, sino que la sentimos sobre todo hacia personas que se parecen a nosotros, y nos resultan familiares. La otra cara de esta moneda es que nos cuesta empatizar con los extranjeros y los diferentes. Creo que la religión también funciona así: fomenta la cohesión de un grupo, pero simultáneamente genera hostilidad hacia otros. Este mismo mecanismo lo hemos observado en todos los primates: empatía y cohesión hacia dentro, pero desconfianza y agresividad hacia fuera.
P.- ¿Cree que esto ayuda a explicar el resurgimiento de los nacionalismos en la propia Unión Europea?
R.- Desde luego, demuestra que seguimos teniendo fuertes tendencias xenófobas en grupos muy cohesionados hacia dentro, pero hostiles hacia los extranjeros, que se perciben como una amenaza. En esto seguimos siendo básicamente igual que los chimpancés.*


La cuestión que nos plantea Frans de Waal es peliaguda porque parece indicarnos que la creación de lazos internos solidarios implica mantener necesariamente lazos defensivos frente a todos aquellos que no pertenecen al grupo.
Eso es lo que ocurre con otros animales, efectivamente. Pero los humanos disponemos de otros medios, que son los que nuestra propia capacidad para extender más allá de lo físico, de la proximidad local, nuestros lazos.
El diario El País nos trae una entrevista con otro holandés, el líder de los antieuropeos Geert Wilders. El titular de la entrevista es directo: "Los europeos no existen"**, algo que me ofende porque yo no he dudado de su existencia.
Para que la empatía que de Waal nos describe funcione es necesario convertir al otro en amenaza, algo que Wliders y otros aintieuropeos hacen frecuentemente, y llega ahora a negarle su existencia. Wilders confunde sus objetivos —que no haya europeos— con sus deseos y pone delante el carro y después los bueyes.


La Holanda de Wilders, como la Francia de LePen, etc. buscan la intensificación empática del nacionalismo fabricando agresores contra los que dirigirse canalizando los miedos y frustraciones que se generan en el día a día. Curiosa actitud la de los europeístas, que le echan la culpa a Alemania (un país) y la de los nacionalistas que, en cambio, se la echan a Europa en su conjunto, una Europa de la que forman parte pero a la que le niegan existencia o capacidad de decisión sobre sus espacios.
"Europa" existe y existen los "europeos". Existe en la misma medida que existe "Holanda", "Francia", "España" o incluso "Bélgica", a la que un colega antieuropeísta de Wilders, como es el británico Farage, considera "un chiste de país". Pero su existencia es sentimental como lo es la "holandesa", "alemana", "francesa" o "española". Son fruto de una convivencia, de un deseo y de una construcción histórica. Las nacionalidades no son "esencias" —como a muchos les gustaría en todos los bandos que disputan de estas cosas—; son construcciones de la voluntad social para sentirse unidos en proyectos comunes. Creo que esto es que lo vemos, en toda su crudeza, en Ucrania.


El problema no es "si existe Europa" sino cómo construir la mejor Europa posible, la que atienda mejor a sus ciudadanos para que estos la perciban, dentro de los mecanismos empáticos, como parte y no como contraparte. Por eso insistimos una y otra vez en la necesidad de empatizar con Europa frente a los que dedican tiempo, historia y recursos a demostrar lo contrario y a despertar sentimientos xenófobos contra "algo" que dicen que no existe.
Lo que nos diferencia de los bonobos o de otros animales que compartan los beneficios de agruparse e identificarse es que podemos dirigir nuestros sentimientos, para bien y para mal, hacia nuevas entidades. Ya no somos grupos aislados que nos unimos contra los que nos vienen a invadir el bosque. Esos grupos se han ido uniendo para lograr ventajas en la colaboración y se han dotado de normas, de códigos y compromisos para poder mantenerse unidos. Todo ha ido creciendo a lo largo del tiempo y tejiendo historias de identidades comunes para poder actuar unidos y comprometidos en los proyectos.

Europa es eso, un proyecto de compromiso. Un proyecto manifiestamente mejorable, hay que añadir, pero que solo se puede mejorar si hay voluntad de hacerlo y no de dinamitarlo. Los mecanismos romántico sentimentales se han incrementado conforme se avanzaba en el proyecto. Ahora hace falta empatizar más allá de la burocracia, que es poco atractiva, desarrollar los lazos históricos comunes más allá de las subvenciones y del turismo. En resumen, tomárselo en serio en todas aquellas dimensiones que no se están desarrollando para fortalecer los lazos.


Dice Geert Wilders que su modelo es "Suiza". Parece que quieren ser "suizos", que para ellos significa firmar acuerdos con "Europa" (que no existe) y regular la entrada de los europeos (que tampoco existen) como hace ese prodigio de solidaridad bancaria con el mundo que es Suiza. Es una pena que el caso de Ucrania haya enfriado la cuestión suiza, por cierto, que no debería quedar zanjada como si no hubiera pasado nada. La existencia una Europa repleta de países con las pretensiones de Suiza (que no pertenece a la Unión Europea) no sería más que un retroceso a estas alturas. Todos hacen los mismos cálculos simples: nos quedamos con lo que nos interesa y rechazamos lo que no nos conviene; somos los perjudicados y los demás son los parásitos. Poca solidaridad y mucho egoísmo disfrazado de patriotismo sentimental.

Si explicamos Europa en los términos de Frans de Waal, el "grupo" ha decidido ampliarse para obtener mayores beneficios y para ello crea una identidad común a través de la que empatizar, que implica identificarse unos con otros y compartir comportamientos solidarios de ayuda. Esto no es privativo de Europa sino el mecanismo mediante el cual se han construidos todas las naciones: han creado un espacio simbólico de encuentro. Para eso se inventó la historia y se la reinventa cada día por todo aquel que quiere ir por libre. En términos de Geert Wilders, los monos de otros grupos se están quedando con los mejores frutos de su árbol particular y hay que echar a la gente del árbol; algunos incluso prefieren quedarse aislados en su propia "rama". La empatía tiene las dos caras: la de la unión y la del rechazo. Es aplicable en el nivel correspondiente, solo tiene que elegir amigos y enemigos y diirgir hacia ellos filias y fobias. Lo amo es cuando se convierte en un mundo primario de exaltaciones emocionales que derivan hacia cauces incontrolados, como, señalo de nuevo, en el caso ucraniano en el que los mecanismos del nacionalismo se muestran en conflicto entre ellos y deseosos de resolverse en unidades superiores, Unión Europea y Federación Rusa. O crean un espacio común en el que poder establecer la necesaria empatía o se condenan al conflicto sin solución.
Europa no es perfecta, como no lo es ningún país. Se encuentra atascada entre lo nacional, que tiene su tradición sentimental centenaria, con la que es fácil implicar a los demás (Marine LePen se rodea de los símbolos franceses para delirio de sus seguidores),  y la necesidad de crear vínculos más allá de las discusiones presupuestarias, negociaciones sectoriales, etc. Es una identidad en marcha que se debe construir mediante las aportaciones de todos. No solo racionalmente, como beneficio, sino también empáticamente, como sentimiento de solidaridad con el conjunto, que también representa sus propios beneficios en nuevos términos.


Tan agresivos con Europa son los que como Farage, LePen o Wilders consideran que son "perjudicados" por la Unión y la niegan, como aquellos que se dicen ser Europa pero no sienten la solidaridad con los que se encuentran en peores condiciones. Hemos desarrollado nuestra ética próxima, pero, como señala de Waal, también un sorprendente mecanismo de solidaridad abierta como son las declaraciones universales de derechos humanos. También debemos sentirnos responsables y altruistas de lo que ocurra. De no ser así existirá solo una Unión Europea burocrática y distante que será difícil no presentar como un monstruo sin alma. Europa necesita de un Volkgeist, como le crearon los poetas, pintores y músicos a las nuevas "naciones", porque es desde ese sentimiento de surge el deseo de convivencia y no solo del racional "homo economicus", apátrida por definición.
No es sencillo, pero hay que avanzar en esa senda.

* Frans de Waal' El origen de la ética no es Dios, sino los simios' El Mundo 13/05/2014 http://www.elmundo.es/ciencia/2014/05/13/537120e3268e3ed1688b457e.html?cid=MOTB23701&obd=obinsite

** Geert Wilders “Los europeos no existen” El País 14/05/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/05/14/actualidad/1400083152_297636.html