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miércoles, 2 de octubre de 2024

El fanatismo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Es difícil encontrar la paz cuando se busca la guerra. No tiene mucho sentido buscar los comienzos de las responsabilidades porque aquí pecan todos, unos por acción y otros por omisión. Sea por lo que sea, las televisiones de todo el mundo conectan para ver el espectáculo de muerte y tecnología, de brutalidad y de conocimiento aplicado a la destrucción, una de las especialidades del ser humano.

Venía de regreso a casa leyendo el pesimismo de Cioran en sus textos. Me parecía demasiada negrura. Encendí el televisor y me encontré con la práctica de la brutalidad, con el enfrentamiento entre mitos, entre odios teorizados durante cientos, ya miles de años, entre las fórmulas que vienen salidas de los mundos religiosos, discusiones sobre de qué lado está Dios y a quién eligió primero.

Escribe Cioran en su texto "Genealogía del fanatismo", incluido en Adiós a la filosofía y otros textos, una obra compuesta por extractos de obras de los 40, 50 y 60:

No se mata más que en nombre de un dios o de sus sucedáneos: los excesos suscitados por la diosa Razón, por la idea de nación, de clase o de raza son parientes de los de la Inquisición o la Reforma. Las épocas de fervor sobresalen en hazañas sanguinarias [...]

El fanático es incorruptible: si mata por una idea, puede igualmente hacerse matar por ella; en los dos casos, tirano o mártir, es un monstruo. No hay seres más peligrosos que los que han sufrido por una creencia: los grandes perseguidores se reclutan entre los mártires a los que no se ha cortado la cabeza.*  

Es al fanatismo a lo que estamos asistiendo. Hace unos días escribimos sobre el fanatismo del que justifica la muerte como parte de un plan de Dios frente al mundo, frente a los que se le oponen, por un lado; por otro está la "lógica del martirio" que busca llevar a la muerte de forma gozosa prometiendo otro mundo rebosante de felicidad frente a este, en el que el mérito es hacerse explotar frente a otras personas.

La acción del fanático de uno y otro bando causa un sufrimiento que puede ser justificado mediante los principios que sustentan su propio fanatismo convertido en necesidad. Todos dicen estar haciendo lo inevitable.

El texto de Cioran opone el fanático al distante, aquel que no se deja atraer por los cantos de sirena. Tanto el sionismo como las corrientes fanáticas islamistas buscan el alejamiento de la indiferencia, insensibles al dolor. Ambos practican el "ojo por ojo", en donde todo es cómputo. No hay sentimiento, que es percibido como traición al mensaje divino, que es propio de cada uno, un mensaje de la verdad.

Israel e Irán no quieren paz alguna; solo existe la paz de la muerte. Esa "monstruosidad" incorruptible, señalada por Cioran, no es otra cosa que otra indiferencia imperdonable, la indiferencia ante el dolor humano, vista como excusa, no como algo que haya que evitar.

Cada bomba que cae lo hace para mayor gloria de Dios. Las víctimas propias son mártires; las ajenas tienen su castigo por desafiar la voluntad divina.

Cuando se inició el conflicto en sus fases últimas dijimos que nadie puede ganar una guerra que no tiene objetivos concretos, finitos, negociables. Aquí no se negocia nada, no hay nada que poner sobre el tablero. Alguien tendrá que inventarse alguno so pena de llegar a una destrucción sin fin.

Los ataques "preventivos" de Israel solo son una manifestación de esta guerra en la que se ha acumulado información (real o supuesta) sobre el otro. Es una guerra en la que los aspectos básicos se ven cubiertos con el espectáculo de la tecnología, como ha ocurrido primero con las explosiones de los buscas, los teléfonos, etc. y ahora con el espectáculo del escudo antimisiles. Las emisoras del mundo nos muestran este nuevo show, con las explosiones de unos y otros en el cielo, especulando sobre el número y el tipo de misiles empleados. Se destacan los pequeños detalles tecnológicos que permite el despliegue informativo. Es como una lluvia de estrellas, pero de terribles consecuencias. Es la guerra espectáculo de consumo.

El pesimismo de E.M. Cioran no era casual. Le tocó vivir otras guerras absurdas, otras guerras en las que viejos y nuevos mitos se usaban para justificar la destrucción. Los fanatismos de la raza, de la religión siguen acaparando nuestra necesidad patológica de destrucción. Como bien señala Cioran, aquellos a los que no se les cortó la cabeza y sobrevivieron son ahora los más fanáticos. Son fanáticos que necesitan de otros fanáticos para mantener el impulso de la dominación.

Lo que vemos hoy es el resultado de una acumulación de errores, propios y ajenos. De malentendidos y de malas intenciones, de deseos de que el fanatismo propio triunfe y dar las gracias a Dios por ello. Es el error del "apoyo incondicional", el que ata tu destino al de los fanáticos creando una cadena de responsabilidades, de decisiones condicionadas.

¿Cómo se para esto? ¿Cómo se libera al mundo de esta cadena de apoyos al fanatismo?

RTVE.es


domingo, 8 de mayo de 2022

Encerradas en el burka

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

De nuevo los talibanes, de nuevo las mujeres afganas en su rápida pérdida de cualquier atisbo de libertad, concepto que no existe en el universo plano del islam afgano, siempre sumiso a la voluntad de un Dios masculino y terrible, solo superado por sus fieles devotos. La pobreza, la incultura, la falta de sintonía con la mayoría del mundo les sirve para sentirse más cerca de la divinidad exigente que han creado con su intransigencia y ferocidad. Ellos son dueños de tierra, cuerpos y mentes. Son dueños del tiempo, que hacen retroceder a su antojo, arrastrando a millones de personas sin destino, suplantado por un fatalismo paralizante.

El desastre norteamericano es el desastre afgano, un país abandonado a su mala suerte. Lo que se les dio con una mano, se les quitó con la otra. Lo que costó tanto esfuerzo crear, se deshizo por eso que llaman los "intereses norteamericanos", con una retirada electoralista que dejó a millones de personas en un agujero negro del pasado de que es imposible escapar.

Hoy el único sentido del régimen afgano es la involución hasta un punto estático, un punto de parálisis absoluta, que es la foto que describe su visión plana del mundo. La doctrina describe la perfección como un momento opresivo en la que el varón controla cualquier movimiento de la mujer, el gran error necesario para que la vida continúe y seguir dando gracias a Dios por toda la historia del universo.

El destino de la mujer es la oscuridad, la intelectual, la de los rincones oscuros de la casa, la del interior del burka, que ha sido la última disposición. Leemos en RTVE.es sobre las nuevas órdenes para las mujeres: 

Los talibanes han decretado este sábado el uso obligatorio del burka en lugares públicos para todas las mujeres y niñas en Afganistán, una medida que se suma a la larga lista de restricciones contra las afganas desde que los fundamentalistas tomaron el control del país a mediados de agosto de 2021.

"A pesar de que el 99% de las mujeres afganas ya usan hijab, el resto también debería usarlo y no hay excusa para ellas", ha informado el Ministerio de Propagación de la Virtud y Prevención del Vicio en una orden pública. El documento especifica que con hijab se refieren a todas aquellas prendas que cubran todo el cuerpo, y que en este caso "el burka es la mejor versión de ello".

La nueva orden establece que las mujeres "que trabajan con el Emirato Islámico (como se autodenominan los talibanes) en departamentos relevantes y no usen hijab, serán despedidas de sus trabajos", al igual que "si la hija o esposa de un trabajador/funcionario del Gobierno no usa hiyab" también será suspendido.* 


A diferencia de otros países musulmanes que tratan de camuflar sus restricciones sobre las mujeres debido a su trato con países occidental, Afganistán está construido sobre tres pilares negativos: el fanatismo religioso, la guerra y el opio, que no es la mejor manera de construir de espacio de convivencia. Carecer de objetivos que se salgan de esos tres elementos hace que no hay futuro, sino es estatismo retrógrado del que hemos hablado.

Las órdenes que se han dado significan, además, un fondo totalitario en el que el varón cabeza de familia, el responsable masculino de las mujeres, carece de cualquier poder sobre las mujeres, algo que en ocasiones puede servir como atenuante. Ahora el que no cumpla lo establecido puede ser encarcelado por no obligar a las mujeres a someterse a lo que el nuevo estado y la vieja menta consideran de obligado cumplimiento.

Hay países musulmanes en los que las mujeres pueden utilizar el amparo de sus maridos, ya que las familias dejan de presionar si el marido lo acepta como nuevo responsable de la mujer. Ahora es "tarea" suya, del marido, su responsabilidad. Pero aquí ya no cabe esta posibilidad, como se puede ver en las noticias.

El gobierno afgano elige el momento en mitad de una crisis internacional por la guerra en Ucrania, por la inflación mundial, por otros factores que tienen la atención retenida. Pero el drama de las mujeres afganas es precisamente el olvido. Con eso cuentan los talibanes, una de las fuerzas más negativas y brutales del planeta, a los que se les ha dejado el destino de millones de personas para satisfacer sus deseos de falsa "virtud".

Reducidos a la nada intelectual, los talibanes solo tienen un fin: controlar ese espacio que tienen y ordenarlo conforme a su visión retrograda del mundo. Una vez pasada la ilusión de algún cambio, con lo que simplemente ganaron tiempo, sencillamente se dedican a expulsar todo lo que consideran "occidental" e "impío", alejado del deseo de un dios terrible que ellos interpretan a sangre y fuego.

Cierran el artículo en RTVE.es recordando los inicios del régimen tras la salida internacional:

Pese a que los fundamentalistas prometieron respetar los derechos de las afganas para poder obtener reconocimiento internacional, la realidad que viven las mujeres en ese país se asemeja cada vez más a la época del primer régimen talibán de 1996 y 2001, cuando fueron recluidas en sus hogares, sin posibilidad de estudiar o trabajar.

Detrás de muchas de estas regulaciones contra las mujeres se encuentra el todopoderoso Ministerio de Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio, una institución que entró en vigor durante el primer régimen talibán y se extinguió con la invasión estadounidense, quedando en un mal recuerdo para los afganos durante los siguientes 20 años.* 

La negra institución tiene sus versiones en países como Arabia Saudí, con su Comité para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio, con su propia Policía encargada de mantener y hacer cumplir las normas. Las informaciones del Reino señalan que ha ido disminuyendo su poder en los últimos cinco o seis años, algo que está sujeto a los vaivenes políticos del momento, pero no es lo que ocurre en Afganistán donde el panorama es muy diferente.

Lo que las mujeres pudieron hacer durante veinte años se volatilizó en apenas unas semanas. Muchas tuvieron que huir a donde fueron recibidas. Veinte años es la vida de una generación formada de una manera diferente, al menos oficialmente. Lo importante es que la resistencia a la llegada de los talibanes fue prácticamente nula, con solo una zona que resistió lo que pudo. Pero esto es cuestión de calles y casa, de lo que se mantiene tras las puertas y de lo que es visible en las calles, que fueron brutalmente tomadas por esas patrullas que imponían su ley. Ya no vemos a aquellas mujeres que salían valerosamente a protestar, desconocemos su destino, perdemos su imagen, su rostro indignado bajo el burka que crea una nueva realidad.

El escándalo de las mujeres afganas, el abandono de su causa a su suerte, sigue dando cada cierto tiempo noticias que solo pueden ser negativas. Afganistán pasa a ser otro país prisión, una cárcel con las fronteras, las calles, las casas como barrotes.

¡No olvidemos a las mujeres afganas! ¡No las olvidemos, que no se sientan solas en su cada vez más angustiosa vida reducida a la oscuridad, al silencio! ¡Sin escuelas, sin libros, sin palabras, sin rostro, sin derecho a ser ellas mismas! La destrucción de cualquier resistencia al régimen está programada y seguirá su curso. Solo queda la peligrosa huida del infierno en que han convertido cada hora, cada día de su vida.

¡Solidaridad con las mujeres afganas!


https://www.rtve.es/noticias/20220507/talibanes-uso-obligatorio-burka-mujeres-ninas-afganistan/2346971.shtml

lunes, 1 de noviembre de 2021

Bodas de muerte o cómo entienden los talibanes la persuasión

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La noticia de los talibanes irrumpiendo en una boda y matando a dos personas abriendo fuego porque se estaba escuchando música es un claro signo de lo que caracteriza a este grupo que ahora se encuentra controlando la vida de millones de personas.

Las informaciones que salgan de Afganistán serán un goteo en el que saldrá lo que nosotros veamos como "excepcional", es decir, como noticia, mientras que el silencio dejará oculto el resto de esa vida miserable bendecida por los fanáticos religiosos que imponen su visión del mundo retrógrada y agresiva. Para ellos, las leyes de Dios son leyes de guerra; su "justicia" es la de la ley marcial, su aplicación sumarísima.

La noticia aparece diversos medios españoles e internacionales. Así nos la cuentan en Antena3:

Al menos dos personas murieron y nueve resultaron heridas en el este de Afganistán. Ocurre después de que los talibanes abriesen fuego contra los invitados de una boda por reproducir música.

El suceso tuvo lugar en el distrito de Surkhrod, en la provincia de Nangarhar. Los testigos cuentan que llegaron a la boda sobre las 22:30 horas de la noche. Los hombres apagaron el reproductor de música, pero los talibanes abrieron fuego contra los invitados de forma indiscriminada.

Mataron a dos personas e hirieron a otras seis. Después, los habitantes de la zona intentaron evacuar a los heridos en un coche hasta un hospital cercano.

Sin embargo, tras pasar un control de los talibanes, un grupo diferente de combatientes abrieron fuego y tres personas más resultaron heridas.*

 


Bajo el imperio de los talibanes la vida no es vida, es preparación para la muerte, algo que puede ocurrir en cualquier momento dado lo poco que vale. Esta vida no es más que un periodo de tránsito en el que hay que cumplir a rajatabla la interpretación de los mandatos divinos, algo de lo que se encargan espíritus piadosos como los talibanes.

El terrorista suicida, el que se ata bombas al cuerpo y se hace explotar en mitad de un mercado, se percibe a sí mismo como un ejemplo de amor a Dios. Lo mismo el que abre fuego contra los invitados de una boda por bailar o hacer cualquier otra cosa que les parezca reprobable.

La enorme hipocresía que esta forma de vigilancia conlleva se duplica ahora que saben que otros países les están vigilando. Su incapacidad genética para producir una vida que no sea mera supervivencia, obsesionados con el rigor de la observancia de las prácticas obligadas y la eliminación de las prohibidas hacen que aparentemente no les importe nada más.


El pueblo afgano —una parte de él— se tiene que "adaptar" a la nueva observancia, sin matices, de la ley. La alternativa no es otra que la muerte. No hay nada más que la Ley; nada hay fuera de ella y de la interpretación rigurosa. Cuanta mayor severidad, más amor se demuestra.

La CNN recoge el acontecimiento junto a las palabras, subiendo a tres los muertos, "templadas" de sus portavoces: 

The Taliban spokesman added that it was not permissible to kill anyone for playing music, and an investigation was underway to establish whether the incident was due to a personal feud.

"In the ranks of the Islamic Emirate no one has the right to turn anyone away from music or anything, only to try to persuade them. That is the main way," Mujahid told the press conference, according to AFP.

Mujahid later reiterated in a series of Twitter posts that the suspects had claimed to be Taliban members, and had asked for the music to be stopped before firing before opening fire -- but did not verify whether or not they were. He said two people connected to the incident had been arrested, but a third had escaped.

Although they disapprove of playing music at weddings and other public events, the Taliban has not issued a decree banning it since coming to power in August.

However, in late August folk singer Fawad Andarabi was dragged from his home and killed by the Taliban, while musicians in the country told CNN's Clarissa Ward they had been told not to play their instruments.**

 


No sorprende el uso en este contexto del término "persuadir", un auténtico ejemplo de arquitectura semántica. Podríamos poner muchos ejemplos de este tipo de "persuasión" preconizada por los teóricos y ejecutada literal y brutalmente por los que se pasean por las calles con las armas en la mano "persuadiendo" de la necesidad de hacer caso a sus indicaciones con disparos, golpes o azotes. No puedes criar perros guardianes y pretender que se comporten como delicados caniches. Adiestrados en la intransigencia dogmática, el gobierno de los talibanes tiene un serio problema de control a pie de calle, por lo que es probable que este tipo de incidentes se reproduzcan con frecuencia.

Acostumbrados a conseguir lo que quieren recurriendo a cualquier arma, incluida la hipocresía, los discursos de lamentación y de "persuasión" como método de control suenan ridículos. Dirán lo que haga falta cuando les sea necesario. Sin embargo lo que hacen es lo que siempre han hecho, el uso de la fuerza. La violencia es la forma de alcanzar los objetivos, que no son cuestionables, por lo que perder el tiempo es absurdo para ellos.


El drama afgano sigue su curso. No se trata solo de que mueran personas por asistir a una boda y escuchen música. Es su vida al completo la que se ha visto modificada, alterada por las normas talibanes. La apariencia "afable" actual es solo una estrategia para no perder algo que necesitan con urgencia, la ayuda internacional para evitar que el descontento vaya a más. Pero las huidas masivas son indicadores de lo que supone estar bajo su control. El drama de vivir bajo sus mandatos es inimaginable para cualquiera desde el exterior.

Ellos odian la música, algo que lleva la alegría a la vida de muchas personas. Comparten su odio con el Estado Islámico, la competencia rigorista, que también tiene muertes en su haber de personas que escuchaban la radio o cantaban en su trabajo. Para ellos es el diablo quien les anima a disfrutar de la música. Y hay que evitarlo como sea. También odian todas las otras manifestaciones de la creatividad humana, las artes, que quedan proscritas porque distraen de lo único permitido, el rezo.


En 2018 hubo una gran matanza en una boda a cargo de los talibanes. Entonces fueron más de cuarenta los muertos porque a ellos no les gusta que las bodas se celebren con música. Son así y los demás lo pagan.

Durante veinte años la vida era otra cosa, con otras posibilidades. Ahora todo eso se ha esfumado bajo su mirada y oído escrutador, bajo las balas menos afables que las palabras. La persuasión entendida por los talibanes es también otra cosa. Su visión de la vida es triste, muy triste y tratan de imponer esa tristeza a todos los que están bajo su poder. 

 


* "Los talibanes matan a 2 personas en una boda por escuchar música" Antena3 Noticias 31/101/2021 https://www.antena3.com/noticias/mundo/talibanes-matan-2-personas-boda-escuchar-musica_20211031617e786e34d4be00018fdd26.html

** Tim Lister y Ehsan Popalzai "Three wedding guests reportedly shot dead in Afghanistan for playing music at reception" CNN 1/11/2021 https://edition.cnn.com/2021/10/31/asia/afghanistan-taliban-shooting-music-wedding-intl/index.html

domingo, 5 de abril de 2015

Creencia y conocimiento o más allá del cambio climático

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La relación entre las creencias y el conocimiento que la Ciencia nos proporciona ha sido y es conflictiva. Por algún extraño motivo, los seres humanos establecemos una tensión entre lo que creemos, lo que queremos creer y lo que conocemos. La diferencia entre lo que creemos y lo queremos creer es la que realmente marca las diferencias y plantea las mayores dificultades. Todos podemos tener creencias de algún tipo. La cuestión es la resistencia de esas creencias a su desaparición cuando existen pruebas suficientes en contra.
Lo que queremos creer, por el contrario, va más allá de la "creencia" e implica una resistencia activa contra cualquier evidencia que nos forzara al cambio. Digo "evidencia", es decir, una prueba comprobable de que la creencia es falsa. La resistencia de los integristas es a aceptar las evidencias e imposibilitar cualquier tipo de crítica que saque a la gente de unas creencias que son defendidas porque sostienen un sistema de poder o de intereses. El amor por la verdad es uno de los grandes mitos. En realidad es un sentimiento bastante minoritario y que requiere de bastante humildad, algo infrecuente entre los líderes que gestionan las creencias y los poderosos que se benefician de ellas.

El diario El País nos trae una muestra de cómo la confluencia de intereses y creencias se reflejan en el poder político. Con el título  "‘Bolas de nieve’ contra la ciencia en el Congreso de EE UU" nos da cuenta de cómo el ala más conservadora y retrógrada de los republicanos norteamericanos está aprovechando su ventaja política para dar salida a sus intereses, por un lado, pero también a sus creencias, que no tienen porqué ir separados.
El artículo muestra los primeros efectos con el arma de que disponen: el control de los presupuestos. Según las asignaciones de fondos, las instituciones pueden trabajar más o menos en sus propias agendas, que se ven modificadas al alterar las cantidades. El centro del artículo está en la dedicación de la NASA a la investigación del cambio climático, algo que para los conservadores republicanos es un "mito" elaborado por fanáticos furibundos.

"Casi cualquier estadounidense estaría de acuerdo en que la función principal de la NASA es la de explorar el espacio. Es lo que inspira a los niños y las niñas de todo el país. Me preocupa que la NASA deje de centrar la atención en su misión principal", señaló el senador republicano Ted Cruz durante la reciente vista para revisar el presupuesto solicitado por la NASA. A Cruz le parece que la agencia espacial gasta demasiado en estudiar la situación de la Tierra, ya que esa no es su función. Frente a él, el administrador de la NASA, Charles Bolden, le respondió: "Es absolutamente fundamental que comprendamos la situación de la Tierra, porque este es el único lugar que tenemos para vivir". Y añadió: "No podremos ir a ninguna parte si el Centro Espacial Kennedy [desde donde se lanzan las misiones espaciales] queda sumergido bajo las aguas".
Este rifirrafe ejemplifica muy bien la situación en la que ha quedado la supervisión de la ciencia tras las elecciones legislativas del año pasado en las que el partido republicano consiguió el control de las dos cámaras del Congreso. La presidencia de todos los comités y subcomités han quedado no solo en manos de los conservadores, sino de los más duros en su rechazo a la ciencia que muestra las causas del cambio climático, la evolución o la creación de la Tierra.*


Son las últimas palabras las que nos adentran en los verdaderos enemigos del conocimiento científico. Ayer hablábamos de la "guerra por las mentes" al hilo del asalto a la universidad keniata de Garissa con ciento cincuenta muertos cuyo único delito era tratar de aprender cómo funciona el mundo. El fundamentalismo no es exclusivo del mundo islámico, si bien adquiere allí la máxima virulencia. Cualquier negación del conocimiento en favor de las creencias forma parte de la misma estructura mental. Las buenas migas hechas por los "islamistas políticos" en los Estados Unidos muestran que comparten las mismas negaciones de las evidencias científicas en beneficio de una creencias que quieren ser impuestas en unos lugares con el fuego y la espada y en otros a base de recortes presupuestarios o mediante legislaciones que impiden la enseñanza del evolucionismo diciendo que es solo una "teoría" o exigen que el creacionismo tenga la misma "consideración" en la enseñanza.


Tras repasar las declaraciones de Ted Cruz, el artículo se centra en otro conservador que ha hecho del cambio climático su caballo de batalla, el senador por Oklahoma Jim Inhofe, quien en febrero se dirigió en estos términos al Senado:

"Seguimos escuchando que 2014 ha sido el año más cálido registrado, ¿y saben lo que es esto? Es una bola de nieve. Y es de aquí fuera. Porque fuera hace mucho, mucho frío". Inhofe, conocido negacionista del cambio climático, publicó en 2012 un libro en el que lo denominaba El mayor bulo (The Greatest Hoax). En él, aseguraba que la Biblia explica en el Génesis que siempre habrá estaciones, calor y frío, y que pensar que los humanos podían cambiar eso es muy arrogante por parte de los científicos.
Hace dos semanas, el rotativo británico the Guardian revelaba en portada que Inhofe había financiado su campaña con dinero del entorno de la petrolera BP. Paradójicamente, Inhofe ha sido elegido para presidir el comité de Medio Ambiente del Senado, responsable de estudiar y proponer medidas contra el cambio climático. Desde ahí lleva tres meses torpedeando todos los planes del presidente Barack Obama en materia medioambiental, como por ejemplo los referidos a la reducción de emisiones, o en otros capítulos, al oponerse al envío de ayuda a los países afectados por el ébola. También obstaculiza el trabajo de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), una de las instituciones menos apreciadas por los republicanos: solo un 36% de sus votantes aprueba su labor, frente al 80% de los demócratas.*


La mezcla de creencias e intereses es clara. Una extraña (o no tanto) fusión entre la Biblia y la petroleras, que es lo que mejor define la forma de actuar al integrismo norteamericano de los distintos grupos que han ido haciéndose con el control del partido republicano. Es con esos grupos con los que hacen buenas migas abrahámicas los islamistas políticos, a los que les gusta además de la prédica hacer buenos negocios con la internacional islámica que tienen montada entre ellos internacionalmente.
El título completo de la obra del senador Inhofe es "The Greatest Hoax: How the Global Warming Conspiracy Threatens Your Future" (2012), con lo que queda bastante definida su actitud respecto al calentamiento global y a las personas que advierten de sus consecuencias.

Esto es posible en gran medida por una forma bastarda de considerar la política, una forma antililustrada. De "la verdad os hará libres" se ha excluido la Ciencia por parte de los políticos que abandonan la idea de "ilustración" —la extensión del conocimiento— y se encierran en unas creencias de las que convierten en centinelas. Las actitudes son claras: la ciencia se redirige hacia el desarrollo económico y se ignoran todas aquellas circunstancias que puedan dejar en evidencia los destrozos causados por este desarrollo sin freno. Para ello se recurre a la agitación mediática, como puede considerarse el libro de Jim Inhofe. Es material recogido para convencer a la opinión pública de que no existen los peligros. El argumento de que en la Biblia "se especifican las estaciones" y que sería "arrogante" por parte de los científicos decir lo contrario, aunque se califica por sí sola, no hay que dejar de calificarla. El concepto de arrogancia aquí es el mismo exhibido por Boko Haram, que, como señalábamos ayer, significa precisamente la "pretenciosidad" o la "arrogancia" del que quiere decir algo más de lo que está establecido en Biblia o Corán. Cuando el senador Inhofe acusa a los científicos de arrogantes o pretenciosos, está siguiendo el mismo proceso intelectual del integrismo. Varían en la forma de actuar, pero hacen lo mismo: niegan las evidencias científicas en favor de sus creencias a las que, en cambio, conceden un valor absoluto. No deja de ser irónico que apliquen la ley del embudo a las pruebas: se escudan en los márgenes de probabilidad con que la Ciencia hace sus predicciones mientras que conceden total credibilidad a las "revelaciones". A esto lo suelen llamar "tener firmes creencias".


El artículo de El País termina con algunas reacciones ante esta maniobra de boicot a través de los controles presupuestarios:

La semana pasada, la revista Science dedicaba un duro editorial a las injerencias de la política en la ciencia de EE UU y ponía varios ejemplos, como las presiones para no relacionar la sismicidad de Oklahoma con el fracking, o la instrucción que obligaba a no usar la expresión "cambio climático" en los documentos elaborados por los empleados del Departamento de Medio Ambiente de Florida. En respuesta a este episodio, el astrónomo y divulgador Neil DeGrasse Tyson ha sentenciado: "La ciencia no es política. Esto es como derogar la ley de la gravedad por haber ganado unos kilos la semana pasada". Aunque el propio DeGrasse Tyson insistía en que lo importante no son las apariencias, sino las políticas reales, y recordaba que la Administración Bush aumentó el presupuesto en ciencia, mientras la de Clinton disminuyó el de la NASA: "Lo que importa en el Congreso es el dinero. (...) No me interesa lo que digas o lo que pienses. Me interesan las leyes y las políticas".*


Puede que la Ciencia no sea política, pero debe ser políticamente defendida frente a la "creencia" que, en cambio, sí confiesa ser abiertamente política, como han hecho estos senadores en cuyas manos ha quedado el destino presupuestario de los proyectos de investigación. Es más fácil reunir el fanatismo respecto a las creencias que respecto al proyecto de duda sistemática y conocimiento crítico que supone hoy el proyecto científico. Por eso se ha hecho abiertamente política a través de los grupos integristas en los Estados Unidos y aquellos amigos que diversa condición que le van saliendo en el mundo.

La ciencia y la tecnología no deberían ser parte automática de nuestra formación, sino parte de nuestra forma de pensar. Estados Unidos es una muestra clara de una enfermedad moderna en la que conviven la más depurada y puntera investigación con las creencias más insólitas. El sistema de libertad de creencia lo posibilita, pero también la debilidad de los que tratan de hacer llegar otro tipo de mensajes que se les contraponga. La política se ha hecho mucho más empática de lo que era y se abusa de los mecanismos primarios, que son los que refuerzan los miedos e inseguridades de los individuos y grupos sociales.
Mientras sea posible amenazar eficazmente con la llegada de un nuevo diluvio o cualquier tipo de plaga, resultara rentable fomentar el miedo. Desde Platón y La República se debate el papel de los científicos, filósofos o cualquier otro tipo que encarne el conocimiento. Creo que deberíamos superar esa etapa y afrontar que es el conocimiento lo que debe ser extendido, asentado y compartido. Hemos pasado del sueño de la sociedad ignorante al sueño de la sociedad fabril en la que el conocimiento solo se recibe de forma instrumental y no como parte de la formación de la persona. Nuestras universidades producen una nueva forma de ignorancia, algo denunciado entre otros muchos por el sociólogo Edgar Morin.


El avance del fanatismo en épocas de esplendor tecnológico, como es esta, solo es explicable desde el fraccionamiento instrumental del conocimiento. Solo accedemos a aquello que necesitamos (o que otros necesitan) para la realización de tareas. Eso nos deja flotando en un mar de ignorancia turbulento que nuestros títulos y diplomas no logran ocultar y que cada día se hace más evidente. Esa incapacidad de responder más allá de nuestra programación es la que nos hace presa fácil del fanatismo y de la intransigencia.


En su obra Contribución a una sociología del conocimiento, el sociólogo Kurt Wolff, discípulo de Karl Mannheim, escribió:

El primer síntoma de la pérdida de un mundo humano común fue el hecho de que la construcción y la fabricación alcanzaron una posición de predominio. El hombre, que hacía instrumentos y realizaba experimentos, no se preguntaba más "qué" o "quién", sino solo "cómo". Los objetos de su saber ya no eran cosas o movimientos eternos, sino procesos; ya no eran la naturaleza o el universo, sino su historia. A partir de Vico, la desesperanza con respecto a la razón humana se manifiesta en el convencimiento de que el hombre solo puede comprender las cosas que él mismo ha hecho. (176)**

Puede que la Ciencia no sea "política", como señalaba Neil DeGrasse Tyson, y tiene razón. Pero eso no implica que la política no pueda ser anticientífica, como estamos viendo con claridad cada día en partes aparentemente distintas del mundo. En todas ellas el gran enemigo es la Ciencia, que no es algo que nos ha llegado de otro planeta, sino algo que es profundamente humano a menos, como señala Wolff, se deshumanice dejándola de comprender. También la creencia es humana, pero también se deshumaniza cuando va contra la propia razón negando las evidencias y convirtiéndose en una rémora que ciega y arrasa al que no la comparte. Como es más vulnerable a la crítica, la creencia se vuelve agresiva y prepotente, trata de erradicar la duda. La Ciencia, en cambio, vive de la crítica y la revisión, en la modestia del error y la mejora. Y la no es algo separado de la vida humana, sino profundamente humano. La Ciencia no es más que la sistematización del pensamiento para avanzar en nuestros conocimientos verificándolos una y otra vez para evitar que se solidifiquen como creencias. Frente a la creencia que cree saberlo todo, el pensamiento científico, por el contrario, parte del principio de que apenas sabemos y que ante nosotros tenemos océanos de cuestiones que ir intentando resolver con paciencia.


Hoy, el pensamiento anticientífico y dogmático florece en países pobres y en países ricos, en unas culturas y otras. De él se abastece el fanatismo, que sí es político en la medida en que lucha por el poder de imponerse, pues no puede hacerlo de otra manera que mediante la fuerza. De ahí el odio a las escuelas y a lo que implica un aprendizaje que cuestione el orden existente. En nuestra sociedad se manifiesta en el desprecio a lo que implican las teorías y la demanda de una formación instrumental, hacer sin comprender.
Lo verdaderamente humano es la duda ligada al conocimiento, que es lo que nos hace esforzarnos en crecer, madurar y progresar, tres aspectos con matices diferentes que deben ser comprendidos tanto en lo personal como socialmente.

* "‘Bolas de nieve’ contra la ciencia en el Congreso de EE UU" El País 4/04/2015 http://elpais.com/elpais/2015/03/30/ciencia/1427709924_221278.html
** Kurt Wolff (1974) Contribución a una sociología del conocimiento, [1961, 1968]; Amorrortu Editores, Buenos Aires.