Mostrando entradas con la etiqueta Khaled Al Khamissi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Khaled Al Khamissi. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de marzo de 2017

Las suegras no viajan solas o la guerra del taxi en El Cairo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cualquiera que haya visitado El Cairo sabe que sus habitantes más peculiares son los taxistas. Khaled Al-Khamissi creó una de las más celebradas piezas literarias de estos últimos años a partir del taxi como microcosmos. En su novela fragmentari "Taxi", cada viajero, cada taxista, era una historia que servía para comprender el complejo y contradictorio laberinto egipcio, representado en su capital. Es raro que cualquiera que haya tomado un  taxi cairota no tenga alguna historia que contar.
También Madrid tuvo sus historias de taxistas o más bien las historias que los taxistas contaban y que muchas veces los periodistas trasladaban a sus lectores tras las carreras de un lugar a otro. Ahora todo el mundo va con los cascos puestos oyendo lo que le apetece y nadie tiene muchas ganas de hablar.
El mundo del taxi egipcio ha estado revuelto por la llegada de los tecnológicos servicios de Uber, la compañía que ha conseguido enfadar a los taxistas de medio mundo, y de Careem, una similar llegada desde Dubai. Entre ambos han revolucionado el campo del transporte en El Cairo y, por ello, abierto conflictos entre dos formas de ver el mundo. Una tercera compañía, esta vez egipcia, Taxi Plus ha entrado en la batalla por los viajeros.
En 2016, hace un año, Wataninet informaba del estado del sector y de la llegada de las dos compañías:

Modern air-conditioned cars, working fare meters and decent customer relations were some of the promises the government made back in 2009 to help Egyptians feel happier about taxi rides.
When the ‘white taxi’ replaced Cairo’s old, dilapidated black and white cabs, the cars were clean and their drivers were keen to keep them so. It didn’t take long, though, for drivers to start tampering with the meters to double the fees, while air-conditioners were just auto decor. Some drivers reverted to rude if not lewd behaviour, often refusing to carry passengers to destinations they don’t care for.
With new technology and mobile applications, new companies—Uber and Careem—have arrived in Egypt to guarantee a reliable ride in minutes with no reservations or waiting in taxi lines.
In November, Uber announced an investment of EGP2.2 billion to expand in the MENA (Middle East and North Africa) region, a great share of which is in Egypt, where the service has been growing since it arrived. Cairo has been the fastest growing city for the San Francisco-based company since its launch in the Egyptian capital in November 2014 and its expansion into Alexandria in November 2015.
Dubai-based Careem has also boomed in Egypt, with thousands of their cars providing services in the streets of Cairo and Alexandria.*


Quizá los taxis reflejan bastante el carácter y los problemas de la sociedad egipcia. Si el mundo egipcio es caótico y personalista, el de Uber y Careem es una modernización desde arriba y un radical "funcionas o fuera" que es lo que implica la evaluación de los conductores en cada viaje. Las tarifas se estabilizan y abaratan y no hay forma de que se alteren porque se pagan a través de una aplicación telefónica, quedando registrado el pago. El vehículo está obligado a tener un estado impecable con una serie de servicios añadidos. Desde el punto de vista del viajero, el aumento de la seguridad es perceptible y se acaban las discusiones frecuentes. Como dicen, entre sus ventajas está que el conductor (o conductora) solo habla cuando le preguntas.
En diciembre, Egyptian Streets saludaba la llegada de las compañías y se preguntaba por la aparición de ese tercer competidor:

As a young girl, my mom wouldn’t let me ride taxis, which at first I thought of as bizzare since everyone rode them. I mean what could happen to me? As I grew up, I understood why.
There are many crazy things in Egypt: from the miracle of being able to actually cross the crowded and lawless roads, to parliament members who advocate wild causes. We Egyptians love ‘crazy’ – an Ahly-Zamalek football match stops the 90 million strong country in its tracks. ‘Crazy’ defines us and makes Egypt our Egypt. But not everything is always positive.
Taxi drivers in Egypt are one of the crazy things most Egyptians do not appreciate. Even hailing a taxi in Egypt can be a feat. You could stand stranded in the streets for hours because none of the taxis you stopped would give you as you’re not going where they want you to go. I have often wondered, where are they all going?
Any problems people face with taxis in Egypt are minute compared to the glorious moment when they hear the fare. Taxis over charge like crazy. The same ride where you pay EGP 10 with an Uber or a Careem can cost EGP 30 with a taxi driver.
Uber and Careem emerged recently in Egypt to provide Egyptians with a better service at a lower price. The cars are clean and air-conditioned, unlike traditional taxis which are unlikely to maintain consistent standards.
The drivers at these companies are also trained to be respectable, and if they aren’t, at least there is the company to complain to. They have a system. If taxi drivers are rude you just pick up your stuff and basically…run for the hills!
But could things change with the emergence of a new player? Taxi Plus is an Egyptian-owned company aiming to break into the market dominated by Uber and Careem by providing a professional hailing service using traditional white cab taxi.**


La crítica a la situación de los taxis es generalizada y más acusada en el caso de las mujeres que se pueden llegar a sentir más inseguras en su interior que en las calles que evitaban. Por eso se crearon algunas compañías de taxis llevados por conductoras que solo recogían a mujeres. Es la presión del entorno lo que hace que emerjan distintas opciones. Los niveles de acoso han dado lugar a este tipo de iniciativas, bien valoradas por sus usuarias.
Se comprende fácilmente que los taxistas, acostumbrados a hacer su santa voluntad, a recoger a quien quieren, ir donde les gusta y a cobrar según les conviene, hayan levantado sus gritos contra las compañías recién llegadas a las calles egipcias.
Mohamed Nosseir, el político y columnista habitual de Daily News Egypt, en sus análisis de lo que falla en el sistema egipcio, establecía unas comparaciones entre el sector del taxi y la vida económica y laboral del país:

Our true dilemma, as Egyptians, is that while we are proud to impose our own characteristics, we do not necessarily work to advance our productivity! This can be seen in the way we often adapt the original applications of state-of-the art technologies to fit our habits and working norms—which we have no desire to change. The Uber and Careem applications are an excellent innovation that is extremely suitable for Egyptian workers, many of whom are on the lookout for small businesses that they can own and manage, or for jobs with flexible working hours that provide a decent income.
Sadly, many drivers don’t want to abide by their employers’ basic rules and regulations; they believe that because they own the vehicles they drive, they are entitled to behave as they wish. Playing loud music, speaking on the phone, driving smelly, unclean cars, arguing with other drivers, and countless other unpleasant matters are common among many of the drivers I have ridden with recently. I am sure that both Uber and Careem have printed manuals or guides instructing their drivers to respect proper codes of business conduct—but Egypt’s predicament lies in our tendency to ignore such manuals.***


Nosseir ve en la introducción de las tecnologías de control en el sector una forma de controlar uno de los males sociales. El taxi da una sensación de autosuficiencia y de impunidad. Es un sector en el que, efectivamente, el que lleva un coche cree que hace un favor a los que van dentro y no que son sus clientes. El taxi representa para él el paradigma de los problemas egipcios: la resistencia al cambio que permita modernizarse y alcanzar una eficiencia que no haga que cualquier acción se convierta en una carga. El control que suponen las tecnologías que usan las nuevas compañías serían un freno a las malas prácticas que el sector muestra y que negativas.
Por supuesto, como ha ocurrido en la mayor parte del mundo, los taxistas se han enfrentado a las nuevas empresas que ha revolucionado el sector del transporte. Sin embargo, lo que en otros países implican diferencias básicamente de precios, en el caso de los taxis egipcios, los cambios son radicales por todas las quejas señaladas por los articulistas. Las deficiencias del transporte público, una auténtica pesadilla en muchos sentidos, se ven superadas con creces las ventajas que todos los usuarios resaltan. Nadie habla bien de los taxis egipcios. No hay leyenda; con la experiencia es suficiente.


La lucha contra ellos es por diferentes vías, desde las protestas callejeras hasta las que nos contaban ayer los medios. Ahram Oline titulaba ayer así "Uber ordered to a take down billboards in Egypt for 'violating tradition'" y explicaba:

Egypt’s Consumer Protection Agency (CPA) ordered on Saturday cab-hailing service Uber to take down some its advertising billboards for “violating society’s customs and traditions,” according to a CPA statement published by state news agency MENA.
The CPA ordered Uber to take down a billboard showing an old woman in the backseat of a car with the caption “[thanks to Uber], I was spared 64 times from driving my mother-in-law home.”
Head of the CPA Atef Yacoub said in the statement that the billboard violated Article 2 of the consumer protection law, which perserves consumers’ right to personal dignity, respect of their religion and Egyptian society’s traditions and customs.****


No sé cuántas mujeres se han sentido durante décadas acosadas, sometidas a improperios o cosas peores. La película Cairo 678 reflejaba el caso real de la primera denuncia aceptada por las instituciones contra el acoso en el transporte público. Las mujeres que eran acosadas eran "convencidas" de que las denuncias les "perjudicaban", por lo que no llegaban a hacerse realidad. Y sin denuncia, no había acoso. No sé si en algún momento de su historia la Agencia de Protección de los Consumidores (CPA) ha considerado que el acoso sexual, en todos sus grados, ofendían alguna "sagrada" tradición o, dadas sus cifras si el caso no era una sagrada tradición egipcia.
Cuando se derribó a Mubarak —el mismo que acaba de salir libre—, en 2011, y se pedía su juicio, recuerdo que una de las frases que más se escuchaba es que "era una persona mayor y que había que respetar a los mayores". También eso era una tradición sagrada. No importaba que mucha gente mayor se pudriera en las cárceles de Mubarak porque ninguna agencia de ningún tipo daba la cara por ellos. Tampoco por los abusos policiales, los exámenes de virginidad realizados por los militares a las jóvenes manifestantes en Tahrir. También se hizo en nombre de las sagradas tradiciones y evitar que las familias fueran "deshonradas". Ahora un diputado sensacionalista ha vuelto a pedir en el parlamento que se realicen esos exámenes a las jóvenes que ingresan en la universidad, también en nombre de las tradiciones. El divorcio verbal —que deja fuera a la mujer, que se entera al final— por el que el presidente Sisi discute con las autoridades de la Universidad de Al-Azhar ha sido declarado conforme a la Sharia y, por ello, otra sagrada tradición. También era una tradición lo que hacían muchos taxistas... hasta que la gente se lanzó a medios más seguros y baratos, menos impredecibles y autocráticos.


No sabemos muy bien en cuál de los tres casos —dignidad, religión o tradiciones— se incluye el anuncio de Uber con la suegra en el taxi. Es sorprendente que con la falta de eficacia de estas agencias en Egipto, siempre actúen en casos tan peculiares y absurdos como este. Pero es representativo de las hipocresías sociales: mientras las mujeres padecen violencia, el problema es un anuncio que juega con los estereotipos negativos de la "suegra", es decir, de haber privilegiado el punto de vista masculino del yerno.
El error de Uber fue precisamente el que caracteriza a la publicidad: decir lo que piensa el consumidor, en este caso, machista, como es una mayoría de la sociedad egipcia. Si hubiera orientado de otra forma el problema, "Ya no tengo que aguantar al pesado de mi yerno de vuelta a casa" o "¡por fin no dependo de nadie para viajar segura!", la misma imagen habría servido. Todo el mundo pensaría que ahora esa mujer puede librarse de un familiar pesado. Incluso así, alguien habría pensado que la idea de una mujer mayor volviendo a casa era demasiado "provocativa" y que la familia debe ser una piña (o una cárcel) siempre, sin insinuar fisuras o desencuentros.


Vemos que no se critica el anuncio por "machista", sino en nombre de las tradiciones, la religión y la dignidad. No hay crítica progresista sino todo lo contrario. Las suegras no viajan solas ni con Uber y menos ¡64 veces!. Un artículo en Al-Arabiya señala que las reacciones negativas se han producido en las redes sociales por parte de algunos usuarios. Cita a uno de ellos diciendo que “it spreads hatred and passiveness.”***** ¡Odio y pasividad! ¡Sorprendente Egipto! ¡Sorprendente forma de ver las cosas! Se comprenden los choques de mentalidades que se producen, las divergencias existentes ante lo que ocurre cada día y la incapacidad de entenderse. De nuevo, la preocupación por las apariencias es superior a la preocupación por los problemas reales. Pero, ¡esos a quién le importan!


¿Forma parte de una campaña contra Uber ahora que ha entrado en la competencia una compañía egipcia como tercera en discordia? ¡Quién sabe! Ya el titular de visto enfatizaba en el "versus" de la compañía egipcia contra las dos extranjeras. La acusación de ir contra las sagradas tradiciones de los egipcios suena demasiado "nacionalista" para tan poco fundamento. La compañía, inteligentemente, ha retirado el anuncio. No le interesa airear mucho el asunto si le va bien el negocio. Y les va bien. También a sus usuarios. La publicidad de la otra compañía, Careem, la de base en Dubai, nos muestra una moderna joven sonriente llamando a su taxi. Una tranquilidad en la jungla del tráfico y el transporte público, algo con lo que muchos soñaban para dejar de vivir las experiencia negativas del desplazamiento. 
Con los nuevos y silenciosos taxistas, Khaled al-Khamissi tendrá que buscar otra fuente de información ya que los conductores tienen instrucciones de guiar y callar. Pero el viajero ganará en tranquilidad y podrá mirar con más detalle las calles de El Cairo en su recorrido. Otros, por el contrario, podrán cerrar los ojos más tranquilos en el camino de vuelta, sin el estrés habitual.




* "Uber and Careem vs Cairo cabs" Wataninet 30/03/2016 http://en.wataninet.com/politics/national-affairs/uber-and-careem-vs-cairo-cabs/16060/
** "Egyptian ‘Taxi Plus’ – a Savior of Traditional Taxis or a Lost Fight?" Egyptian Streets 26/12/2016
*** "Uber ordered to a take down billboards in Egypt for 'violating tradition'" Ahram Online 25/03/2017 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/3/12/261603/Business/Economy/Uber-ordered-to-a-take-down-billboards-in-Egypt-fo.aspx
**** Mohammed Nosseir "Egyptians’ work attitude from the perspective of Uber & Careem" Daily News Egypt 22/03/2017 http://www.dailynewsegypt.com/2017/03/22/619400/
***** "New ad by Uber Egypt on mothers-in-law sparks online reactions" A-Arabiya 16/03/2017 http://english.alarabiya.net/en/variety/2017/03/16/New-ad-by-Uber-Egypt-on-mothers-in-law-sparks--online-reactions.html





domingo, 27 de mayo de 2012

La historia del taxista agradecido y las elecciones egipcias

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El primero de los conductores de El Cairo con los que la voz protagonista de la novela Taxi, del Khaled Al Khamissi*, se encuentra parece salido de las pirámides mismas. Su edad sorprende al narrador, quien no se atreve a calcularla. “Soy taxista desde el 48”, le dice. Cuando, respetuoso con la edad como buen egipcio, el narrador viajero le pide una enseñanza, el viejo taxista le dice: «—Que soy una hormiga negra sobre una roca negra en una noche de profunda oscuridad, a la que Dios provee su sustento…» (16) Como explicación de porqué considera esa enseñanza lo más útil que le puede transmitir, el taxista le relata una historia que le había ocurrido ese mismo mes.
Viejo y pobre, el taxista llevaba diez días enfermo sin poder conducir para llevar el sustento diario a casa. Siendo ya la situación económica insostenible y ante la negativa de la esposa a dejar que salga a trabajar por su estado, el taxista finge que irá al café y acaba cogiendo su medio de vida con la idea de que “Dios proveerá”.

Por el camino se encuentra a un compañero con un coche nuevo, pero que se le ha quedado tirado por el camino con un viajero al aeropuerto. Le pide que realice él el servicio y el viajero monta en el destartalado coche. Como en El Cairo se pacta el coste del trayecto, el viajero le pregunta. El viejo y enfermo conductor le dice que lo que él estime conveniente. El hombre va a la terminal de descarga y el conductor le dice que tiene allí un primo que se ocupará de él y le atenderá. Y así lo hacen. El hombre logra llegar a tiempo y realizar todos sus trámites en la aduana. Llegado el momento de pagar, el hombre le da primero 50 libras. Pero después realiza unos extraños cálculos y le dice que por llevar las gestiones al primo del conductor en la aduana, que le habrían costado normalmente 1.400 libras, solo ha pagado 600, por lo que se ha ahorrado 800 y como le pensaba dar doscientas libras por la carrera, le entrega 1.000 libras. Las cincuenta iniciales solo eran la propina.
Cuando el conductor ha terminado la historia, le resume su enseñanza:

—¿Ha visto, señor? De un solo trayecto mil libras: podría estar trabajando un mes entero y no ganarlas. ¿Ve? —prosiguió—, Dios me hizo salir de casa, averió el 504 y creó todas estas casualidades para hacerme llegar este sustento. Me refiero a que los bienes y el dinero no son de usted, sino de Dios. Esto es lo único que he aprendido en mi vida. (17)

No es casual que esta historia sea la que abre la novela de Khamissi, sociólogo de profesión. En ese viejo taxista, preocupado cada día por llevar unas libras que le permitan seguir viviendo en la miseria, representa una parte importante del pueblo egipcio. Esa hormiga negra sobre una roca negra en una noche negra esperando que le llegue el sustento en forma de ayuda divina representa un sentido de la fatalidad cuando todo lo demás falla. Y a los egipcios les ha fallado casi todo a lo largo de su historia. En especial, sus dirigentes.


Con la honrosa excepción de algún gobernante que se ha preocupado realmente por la mejora de su pueblo, han padecido algunas de las peores formas de abandono, representada la última de ellas por la figura de Hosni Mubarak. Pueblo constantemente invadido y gobernado por otros, los egipcios han desarrollado simultáneamente varias características: escepticismo ante el poder, individualismo para buscar sus propias salidas, y un profundo respeto a la institución familiar, que es la que vertebra las relaciones como garantía social. Todo ello envuelto en un marco religioso: el verdadero poder solo está en Dios, que es quien nos guía para sobrevivir. Para ello, el hombre debe ponerse en sus manos y dejarse guiar. La historia comienza con la preocupación por la esposa, hijos y nietos, y concluye con la ayuda de un primo en la terminal del aeropuerto. Podemos apreciar los tres rasgos: la necesidad de buscarse la vida, confiar en Dios para poder sobrevivir, y que la institución familiar es lo importante. Es una mentalidad que no cree en lo político como forma de cambio. El hombre no puede cambiar el mundo, solo sobrevivir en él con la ayuda de Dios. El hombre no tiene armas contra la fatalidad, solo chistes para aliviarla.

Khaled Al Khamissi
Los resultados la primera vuelta de las elecciones presidenciales han sembrado el desconcierto y la preocupación. También un pesimismo profundo en muchas personas que ven cómo Egipto se ha divido en dos orillas enfrentadas e incompatibles: la islamista de los hermanos musulmanes y la que representa al antiguo régimen, Shafiq. Las componendas que en el pasado —reciente y lejano— pudieran tener, no son ya aceptables en el punto en el que estamos.
Independientemente de las denuncias por fraude y compra de votos en ciertas zonas, el hecho es que lo que ha salido de las urnas son dos opciones que se disputarán la presidencia egipcia, una presidencia cuyo primer problema es definir sus competencias. Nada está cerrado en Egipto, ni la constitución, ni la presidencia cuyas funciones deberían estar descritas en ella. Pensar que se elige a personas sin saber cuáles son sus competencias solo es un reflejo del desastre político al que han llevado al país los militares de la SCAF, nulos estrategas para los cuales la política solo es mantenerse en el poder para seguir controlando el país. ¿Pero cómo controlar un país que convertimos en incontrolable con nuestras acciones y omisiones? Si Mubarak aburrió al país, Tantawi lo ha mareado.
Las declaraciones de Shafiq explicando que no ve problemas en que él sea presidente y que el primer ministro encabece un gobierno islamista no dejan de ser sorprendentes en este momento, entre las dos vueltas presidenciales. Es la mentalidad de la política como apaño, como componenda. En términos ajedrecísticos, el antiguo régimen y los militares ofrecen tablas al islamismo. Esta solución no resolverá nada al pueblo egipcio, ninguno de sus problemas, sino un conflicto institucional permanente por el intento de unos por desmontar el antiguo régimen y otros por mantener los privilegios y el control.


La aparente gran perdedora de estas elecciones ha sido la revolución. Digo aparente porque la revolución no es un "partido" que gane unas elecciones sino un principio de transformación y denuncia, un sentido de justicia y una visión de futuro. El pesimismo, cuando no la depresión, se ha apoderado de muchas personas que lealmente han querido un futuro moderno para Egipto, un futuro con personas menos condicionadas por un presente cruel por su indiferencia. No deben renunciar a ello ni desfallecer. Esto está empezando.
El descenso del apoyo a la Hermandad Musulmana ha sido muy significativo, como era de esperar desde el momento en que dejaron al descubierto que eran tan políticos como los demás. Han pasado del 40% a menos del 25% en apenas unos meses. La desconfianza o la falta de entusiasmo por su mensaje han enfriado los apoyos que tuvieron al presentarse como “no políticos”. Su intención de preservar la imagen de la Hermandad y crear un partido para canalizar los votos, se ha demostrado como una gran ingenuidad. La expulsión de la Hermandad de Abdel Moneim Abouel Fotouh dejó en evidencia que se estaba ante la búsqueda del poder y eso lo han percibido los egipcios claramente. La Hermandad y Shafiq apenas están a unas décimas de diferencia, lo que ha hecho variar la estrategia de los hermanos, que ahora piden encabezar la revolución, mediante una alianza, para evitar que regrese el antiguo régimen en la persona de Sahfiq. Todo un despropósito político en cada nueva entrega.

Mursi, el candidato de la Hermandad
Lo más meritorio electoralmente ha sido el ascenso desde la nada de Hamdeen Sabbahi, hombre al margen de ambas tendencias, la religiosa y del mubarakismo. Sabbahi ha obtenido un extraordinario 21% de los votos, algo que abre una línea de esperanza en la ruptura del escenario inicial polarizado, con formas diferentes de entender el retroceso. Sabbahi ya ha declinado las
La Hermandad y el mubarakismo han sido redes clientelares, en la oposición y en el gobierno. Ambas han sido refugios a los que había que acercarse para sobrevivir unos y otros. Su funcionamiento ha sido paralelo y su mensaje el mismo: si quieres sobrevivir, acércate a mí. Así han labrado su fortaleza, el día a día durante décadas en un país en el que casi nada funcionaba ante la apatía de los poderes públicos y las instituciones. En un país en el que el gobierno mantiene una red de amigos que viven de la corrupción, surgió un estado asistencial paralelo de supervivencia y apoyo mutuo —otra red de hermanos—, una mezcla religiosa y familiar.
Pero la receta islamista funciona mejor en la oposición, con detenidos en las cárceles, y en medio de la corrupción general, brillando con una luz sobre el fondo oscuro de un régimen brutal. Es más fácil consolar al que sufre que cambiar las condiciones para que deje de sufrir. Y eso es la política, creer en que el mundo puede ser cambiado para mejor y actuar para ello.

Hamdeen Sabbahi, naserista

Es demasiado pronto como para que el mapa político egipcio quede definido y completado. Los que están ahora disputando en la arena política son los mismos contendientes que llevan sesenta años enfrentándose en Egipto. Solo la revolución, como ideas, tiene que ocupar ahora su sitio, traducir el deseo de justicia y libertad en acciones e ideas. Eso es lo que temían los dos viejos rivales, que un tercero llegara, que los egipcios exigieran y no solo rogaran.
El viejo taxista de la historia de Khaled Al Khamissi salió enfermo a trabajar en su destartalado coche para conseguir alimentar a su familia. Millones de egipcios salen cada día a trabajar sin saber con qué regresarán. Durante décadas, aprendieron que no debían esperar casi nada de sus dirigentes, quienes contestaban con un “si Dios quiere” a sus peticiones, desatendiendo la mayoría de ellas. El taxista dio las gracias a Dios por lo que le había deparado ese día.
¿Llegará un día en el que los egipcios podrán dar las gracias a Dios por el buen funcionamiento de sus instituciones y la eficacia y honestidad de sus dirigentes? Esperemos que sí.

* Khaled Al Khamissi (2009): Taxi. Almuzara, Córdoba. Trad. de Alberto Canto y Khaled Musa.