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viernes, 15 de noviembre de 2024

De nuevo, los mayores víctimas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hasta el momento, los desaparecidos y fallecidos eran "solo" un número, una "cifra". Después fueron apareciendo nombres y casos. Ahora aparece otro dato relevante, el de la edad. Nos dicen que más del cincuenta por ciento sobrepasa los 70 años.

De nuevo se repite la misma circunstancia, la edad como factor de riesgo elevado. Ya pasó con el COVID-19, donde muchas residencias se convirtieron en ratoneras contagiándose unos a otros y falleciendo por miles.

Cuando comenzó la dana, las imágenes de las residencias con las personas en sillas de ruedas o inmovilizadas, con el agua llegándoles al cuello, empezaron a trascender. Nos llegaron cifras de muertes en residencias, de ahogados. En otras, se ponderó la entrega y compromiso del personal que subió a los internados a pulso para situarlos a salvo del agua.

Con información de Europa Press, en RTVE.es nos ofrecen los datos de las edades de los fallecidos con el titular "Más de la mitad de las 216 víctimas mortales de la DANA tenía al menos 70 años": 

Más de un centenar de las 216 víctimas mortales de la DANA del pasado 29 de octubre en la provincia de Valencia tiene 70 o más años -15 de ellos son de 90 o más- y hay nueve menores de edad, según el análisis detallado facilitado por el Centro de Integración de Datos (CID) constituido por la catástrofe.


 

 Estas son las cifras que dejan las precipitaciones del 29 de octubre en la provincia de Valencia, con acumulaciones de agua récord, nunca antes vistas en España, y que desbordaron ríos y barrancos.

Del total de los fallecidos contabilizados, 131 son hombres y 85 mujeres, 190 eran de nacionalidad española y otros 26 tenían once nacionalidades diferentes, la mayoría, de procedencia rumana, con nueve víctimas mortales.*

 

No dejan de faltar intentos de explicación (no decimos justificación). El hecho mencionado de que las lluvias —"nunca antes vistas", nos dicen— hayan afectado de tal manera a las personas mayores de 70 años con tal violencia no es único, como hemos señalado antes con cuestiones como el COVID. La otra explicación es que las personas mayores, por su menor capacidad de moverse, suele estar en pisos bajos, lo que les convirtió en víctimas preferentes al llegar las inundaciones. Pero cada muerte es una historia: ¿cuántas de esas personas vivían solas?

Hoy mismo, la noticia que abre los informativos es la muerte de 10 residentes en una residencia de mayores en Villafranca de Ebro, Zaragoza:

Diez personas han fallecido y dos resultado heridas de gravedad por un incendio declarado en la madrugada de este viernes en una residencia de mayores en Villafranca de Ebro (Zaragoza), según ha informado fuentes del Gobierno de Aragón y ha confirmado después en RNE la alcaldesa del municipio, Volga Ramírez.

Los Bomberos del Ayuntamiento de Zaragoza han recibido una llamada cerca de las 5.00 horas alertando de un incendio en la residencia de psicogeriátriaca Jardines de Villafranca. A continuación se han trasladado hasta allí y, tras extinguir el fuego, han hallado a diez personas sin vida y a otras dos heridas, una en estado crítico y otra grave, que han sido trasladadas al Hospital Royo Villanova.**

Dicen que había dos personas de guardia en la residencia para un total de más de 70 internados. Las residencias parecen ser trampas mortales cada vez con más frecuencia, especialmente cuando llegan los inviernos y el frío. No pasó el fuego, nos dicen, pero sí el humo.

Sea por los motivos que sean, realidad es que pasar de los 70 años comienza a ser un gran riesgo en España. ¿No tuvimos suficiente claridad con el COVID? Ya vimos que la llamada "silver economy" funciona invirtiendo lo menos posible en el negocio de la "ancianidad", buscando el mayor beneficio en la inversión y el mínimo gasto.

El incendio de Zaragoza pone en evidencia una vez más las carencias del sistema. Ya sea por soledad o, por el contrario, por vivir en grupos poco o mal cuidados, sin sistemas de detección o prevención, sin planes de evacuación, etc. pasar de ciertos años eleva nuestro riesgo de fallecimiento de una manera u otra. Lo que no mata la dana, lo mata la falta de atención.

Necesitamos pensar en esto porque los que han montando los negocios o los que deben velar por la salud de todos no lo hacen. Es duro sobrevivir toda una vida para luego acabar muerto en tu casa, solo, o hacerlo en grupo porque no hay alarmas de incendio o detectores de humo, porque nadie te puede sacar del desastre que toque ese día.

* "Más de la mitad de las 216 víctimas mortales de la DANA tenía al menos 70 años" RTVE.es / Europa Press 14/11/2024 https://www.rtve.es/noticias/20241114/datos-victimas-dana-valencia/16330827.shtml

** "Mueren al menos diez personas en un incendio en una residencia de mayores de Villafranca de Ebro, Zaragoza" RTVE.es / EFE 15/11/2024 https://www.rtve.es/noticias/20241115/mueren-menos-diez-personas-incendio-residencia-mayores-villafranca-ebro-zaragoza/16331782.shtml

martes, 22 de febrero de 2022

Hechos y datos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La sección "datosRTVE" nos ofrece el siguiente un titular, "La criminalidad se mantiene en mínimos históricos pero las denuncias por violación crecen un 14% respecto a 2019". La información de "datos" está ocupando un espacio cada vez mayor en nuestros medios y la gente se está acostumbrando a las cifras, los porcentajes, etc. y con ellos a las luchas de las fuentes oficiales y las extraoficiales, a los expertos en "interpretación" de datos y todo un mundo específicos. En muchos campos pasamos del hecho concreto del acontecimiento a la visión global que las estadísticas nos ofrecen. ¿Qué significa que "la criminalidad se mantenga en límites históricos" para aquel que ha sufrido su golpeo?

Nos hemos acostumbrado a ver la vida como la Bolsa, un sistema de subidas y bajadas que actúa como una consulta a través de indicadores. Pero, por ejemplo, no es lo mismo una variación del 1% de 10.000 casos que de 100. Pero a veces con cifras muy pequeñas se nos hablan de grandes porcentajes o estos se nos dan sin ofrecernos las cifras reales de los casos que se tratan, por lo que son fácilmente mal interpretadas.

La lucha entre los datos y los responsables de esa parcela se recrudecen pues, en última instancia, forman parte de la lucha política cotidiana. La información de RTVE nos muestra un ejemplo claro de esto: 

Durante 2021 se denunciaron 17.016 delitos contra la libertad e indemnidad sexual, un 11,1 % más que en 2019. Dentro de esta categoría de delitos entran las agresiones sexuales con penetración o violaciones. En total se denunciaron 2.143 el año pasado, un 14,4 % más que en 2019 y la cifra más alta de la serie histórica.

El Ministerio del Interior atribuye este aumento a que ahora se denuncian más no a que estén aumentando este tipo de delitos. "Está relacionado con las activas políticas de concienciación social que han provocado una mayor disposición de las víctimas a denunciar estos delitos y a poner sus casos en manos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, lo que está reduciendo los niveles de infradenuncia detectados en estos tipos penales".* 


La respuesta del Ministerio del Interior es realmente curiosa porque implica el paso de lo medible a lo imposible de medir y probar. La excusa del aumento porque "ahora se denuncia más" implica la voladura de los datos, pues supone que esas cifras son solo una pequeña parte. Como, evidentemente, solo se contabiliza lo que se denuncia, que es lo que ofrecen los datos, siempre queda darle la vuelta al argumento señalando que "no hay más casos", sino "denuncias", sacando la conclusión que hay más denuncias dada la "efectividad de las políticas informativas". De esta forma, se saca la conclusión que el hecho de que haya muchas más denuncias significa que todo funciona mejor, una paradoja que es indemostrable, pues trabajan partiendo del principio de que no sabemos realmente los datos. De esta forma se dinamita el sistema. Evidentemente, cuando bajen las cifras que se ofrezcan, también será gracias a las políticas del mismo Ministerio, que queda siempre en buen lugar ya suban o bajen los datos, por una cosa o por otra.


Es difícil explicar la evolución de las denuncias desde 2010 según el argumento defensivo del Ministerio. Sobre todo porque nunca tendremos la seguridad de si los aumentos de casos se debe a que hay más o que son el resultado de la buena política informativa ministerial.

Un argumento similar es el que se ha estado dando con la pandemia. El aumento de los casos no era porque hubiera "más casos", sino porque se hacían más test. Según algunos, todo seguía igual fueran las cifras las que fueran. Este argumento se le escuchó por primera vez a Donald Trump desde la Casa Blanca, responsabilizando a los test del "aumento" de los casos. La forma de interpretar los datos y tomar acciones varía si crees que hacer test es "nocivo". Pero es un argumento que ha sido tomado en serio por aquellos que, como Boris Johnson, en estos momentos están quitando restricciones. Ya no serán necesarios los test para diversas actividades o para entrar al país. Es la forma de reducir los datos, pero no los casos que, evidentemente, son indiferentes a esto y se producen, se notifiquen o no. ¿De qué sirve saber los casos?, piensan algunos. La expresión que Johnson acaba de acuñar es "aprender a vivir con el virus", que es lo mismo que lleva diciendo desde el principio, dándole igual el número de casos. Pese al fallo estrepitoso de la idea de "inmunidad de rebaño" con este tipo variable de pandemia, sometido a múltiples variantes, es a lo que se están apuntando ante la intimidación cada vez más violenta de los movimientos antivacunas por todo el mundo y la presión de la "economía" y sus poderes. Vamos ya hacia las cuartas dosis y esperemos que no surjan nuevas variantes peligrosas.

En España se nos repiten todos los días las cifras descendentes de la "incidencia acumulada", con gran regocijo, pero no se sabe cómo abordar la paradoja de que desciendan los contagios pero aumenten las muertes con unas cifras muy elevadas.

La misma sección de DatosRTVE nos explica los datos de hoy:

En algo más de un año de pandemia, el coronavirus ha dejado más de 91.000 muertos oficiales, aunque se sabe que la cifra real es mucho mayor. Solo en 2020, las muertes registradas se dispararon un 17,7 % y fueron 74.227 más que las que hubo un año antes, de acuerdo con los datos provisionales de Movimiento Natural de la Población publicados en junio por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

El exceso de mortalidad, clave durante la pandemia para complementar una cifra oficial dependiente en gran parte de la capacidad de diagnóstico, lo miden tanto el Instituto de Salud Carlos III, en el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo), como el propio INE, mediante una estadística experimental. Según su recuento, las muertes imprevistas en España en comparación con la media de defunciones del periodo 2015-2019 rozan las 116.000 entre marzo de 2020 y diciembre de 2021.

Por otra parte, la letalidad del coronavirus en España se ha reducido notablemente gracias a la protección de las vacunas, que en la quinta ola han logrado disminuir las muertes de las personas que contraen la COVID-19 más de cinco veces respecto al total de la pandemia, aunque el elevado volumen de contagios registrado al comienzo del verano provoca que aún se contabilicen decenas de muertes cada día.** 


Es decir, mientras se nos dan cifras que "bajan", las muertes son las que hay, con serias dudas de que sean más elevadas que las que se nos dan, tal como se sugiere con ese "exceso de mortandad". Las muertes no se pueden escamotear, pero sí su causa, que puede incluirse o no según los datos que las propias Comunidades ofrecen y que, se nos indican, están sujetos a procedimientos contables distintos. La disputa aquí es en dónde se coloca a los fallecidos, si cuentan claramente o si son discutibles. La incidencia baja a menos de 800, pero la cifra de fallecidos en el día es de 464 fallecidos. Para esas 464 personas las estadísticas ya no cuentan, como tampoco cuentan las de las familias.

Los casos citados, tanto las violaciones como la pandemia, pueden ser contados como datos y encontrar explicaciones tanto de los que reflejan, como de lo que no reflejan. Fuera de las tablas, son parte de nuestra realidad. No digo que los datos no sean necesarios, por supuesto. Lo que creo es que en función de la atención que se les preste corren el riesgo de ser interpretados de muchas formas para evadir responsabilidades en lo que reflejan.

La tendencia a los datos ha aumentado desde que el mundo empezó a poblarse de "fake news"; son la consecuencia lógica para frenar la tendencia a la mentira de la política. Los medios importantes han desarrollado este tipo de secciones para evitar dos cosas, ser intoxicados y ser considerados intoxicadores. En un día en el que los medios nos informan de la creación de una red social por parte de Donald Trump, llamada "Truth Social", con el lema "Fallow the Truth", es importante saber qué verdad hay en los datos y qué hay que seguir.

Los datos no son la "verdad", algo que en tiempos de desinformación e intoxicación informativa puede llegar a convertirse en una obsesión manipulable. La necesidad de interpretar los datos abre muchas perspectivas interesadas que nos ofrecen su propia visión.

Considerar que el aumento de denuncias es un logro o que los test son los responsables de los aumentos de casos y que solo son fiables cuando descienden las cifras no sé si es un buen camino. Los datos no son inmunes a las manipulaciones, como vemos cada día. No siempre se busca la claridad, sino cierta impresión de cientificidad, objetividad, etc. que puede servir para justo lo contrario. Hay que aprender a leer los datos, a saber lo que representan, los criterios que se usan y porqué algunos quieren cambiar esos criterios para obtener una imagen distinta. Los datos son esenciales para analizar las situaciones, pero también pueden ser motivo de manipulación cuando no son favorables o no nos gusta lo que representan. Aquí hemos criticado varias veces los cambios cosméticos en los datos para tratar de mostrar situaciones más favorables. 

 Ayer fue un día duro, en la misma mañana, con una diferencia de apenas una hora, recibí dos fotografías casi idénticas, dos test dando positivo de personas a las que tengo gran aprecio. No veo datos, veo personas. A veces los datos, gráficos, estadísticas, etc. nos hacen olvidar que representan personas, dramas familiares y mucho dolor.  


* "La criminalidad se mantiene en mínimos históricos pero las denuncias por violación crecen un 14% respecto a 2019" RTVE.es 21/02/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220221/criminalidad-se-mantiene-minimos-historicos-pero-denuncias-violacion-crecen-14-respecto-2019/2293402.shtml