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sábado, 25 de octubre de 2025

El acoso y los inútiles protocolos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Conforme aumentan los casos del acoso escolar y su gravedad comenzamos a descubrir los fallos del sistema en su conjunto. Empieza a surgir por todas partes la palabra "protocolo" y los expertos que hablan de ellos. Pero hablar no es hacer y hacer no es prevenir.

Cada caso que se produce es "presunto" y queda opacado por el siguiente bajo el foco de los medios. Llegamos a conocer los protocolos incumplidos, los que se debían haber puesto en marcha, precisamente porque no lo han sido.

Mucho me temo que nos estamos quedando en el hecho y nos adentramos en las causas rodeados por una serie de ideas preconcebidas sobre lo que es la infancia y hasta dónde puede llegarse en los centros escolares, sobre el papel de las familias y la responsabilidad. Por muchos titulares que acumulemos, hay algo que falla, mucho que se desconoce y demasiados sitios en los que no se mira.

En RTVE.es, en su sección VerificaRTVE, Laura Huwyler se atreve a meterse en este laberinto de protocolos ignorados con un artículo que titula "Los puntos débiles de los protocolos contra el acoso escolar: el análisis de los expertos"*. En él se señala:

"El protocolo es algo reactivo, es lo que hacemos cuando ya se ha quemado la casa y usamos un extintor", declara el presidente de la Asociación Nacional contra el Acoso Escolar (AEPAE), Enrique Pérez. Asegura que "lo que está fallando es la prevención, la sensibilización y la detección". Así lo explica también Carmen Cabestany, presidenta de la Asociación No Al Acoso Escolar: "Tener que implementar un protocolo quiere decir que hemos fracasado porque no hemos previsto lo que podía pasar y no hemos puesto los medios adecuados, no hemos trabajado desde la prevención". La presidenta de Fedecae, Carmen Guillén, asegura que "lo fundamental es meter en esos protocolos la prevención y protección" porque "cuando intervenimos es tarde para alguien generalmente".

Los expertos también señalan la falta de información y formación sobre el acoso escolar. Así lo declara Lourdes Verdeja: "Sus propios profesores que están en el centro, no saben abrir un protocolo. No están formados, no saben identificar qué es acoso escolar". Carmen Cabestany incide en que hay que "aprender a detectar en los centros escolares, hay que enseñar a los profesores cómo detectar un caso de acoso escolar, que a lo mejor lo tienes delante pero no lo estás viendo". También coincide en esta idea Enrique Pérez, que afirma que "el principal problema es que como no hay una buena formación, como no hay una detección temprana, el riesgo va a estar siempre". Para este experto, "hay un gran desconocimiento de lo que es el acoso escolar incluso por una gran parte de la sociedad. Y por supuesto, y eso es lo más grave, por los responsables educativos". Además, aclara que debería implementarse "una herramienta de medición psicométrica precisa" como la de AEPAE, un test de incidencia de acoso. *


Decir que lo que falla es "la prevención, la sensibilización y la detección" es decir que lo que falla realmente es la sociedad, incapaz de actuar frente a lo que tiene delante. En realidad el "acoso" es un indicador negativo de nuestro sistema, de nuestros valores. Si no somos capaces de transmitir lo que está mal en el acoso, ese ejercicio de violencia contra los más débiles, esa forma de sentirse poderoso haciendo daño, ridiculizando, atacando y buscando la complicidad cobarde del grupo, ¿de qué estamos hablando entonces?

El acoso no es cosa de "protocolos" y "expertos", que señalan su propia ineficacia, pues solo son invocados cuando ya es demasiado tarde. Eso es el humo con el que se trata de cubrir la responsabilidad.

En el caso del maltrato de género (con el que creo que está ligado el bullying), una "experta" consultada consideraba positivo que hubiera más denuncias, aunque poco después reconsideraba sus propias palabras, ya que no podía saber si había más denuncias porque había más casos o los mismos casos pero con más denuncias. Me pareció un caso claro de cómo se marea un asunto que no se resuelve y ante el que se buscan estas explicaciones para evitar reacciones en contra.

Todo lo que se ha generado tras el suicidio de Sevilla es una forma de tapar las ineptitudes. Se crean auténticas tapaderas de bonitos nombres que no funcionan nunca en esa confluencia familiar, institucional y empresarial que son los centros escolares.

En el artículo se señala:

Para Carmen Cabestany, presidenta de la Asociación No Al Acoso Escolar, otro problema es que "el protocolo lo implementa el centro escolar y este no quiere en general, salvo honrosas excepciones, que se sepa que tienen casos de bullying. De la misma manera que en justicia, el juez no puede ser juez y parte, pues aquí el centro tampoco debería serlo". Para esta experta, "tiene que haber intervención de un agente externo, de alguien totalmente neutral, aséptico que compruebe la transparencia de ese procedimiento". Añade que "por eso la mayoría de los protocolos salen negativos", es decir, que concluyen que no ha habido acoso. Lo ejemplifica con el dato de Córdoba, donde asegura que "el 95% de los protocolos salen negativos". Esto, a su juicio, significaría que "presumiblemente, se ha manipulado por acción o por omisión". El presidente de la AEPAE, Enrique Pérez, se manifiesta en la misma línea: "El protocolo se envía a Inspección Educativa, pero llega sesgado y se desestiman 9 de cada 10 casos".

Pérez también critica la opacidad del proceso. Tal y como explica, el protocolo dice que tiene que ser confidencial, por lo que cuando un familiar denuncia la situación al centro o aporta pruebas del acoso "la familia no sabe si realmente se ha abierto el protocolo" y "tampoco tiene constancia de que se incluyen esas pruebas". Para el presidente de AEPAE "es un fraude de ley" porque, según argumenta, "cualquier persona que está dentro de un proceso, por ley, tiene derecho a estar informado". La presidenta de Tolerancia 0 al Bullying, Lourdes Verdeja, explica que "Inspección Educativa tapa, al igual que los centros educativos, porque se cree más a lo que dicen los centros que a lo que dicen las familias". La experta también denuncia que "muchos profesores que dan la voz de alarma de que puede haber un posible caso de acoso me dicen que, o se callan, o tienen sanciones".*

No hay mayor ceguera que la del que no quiere ver. El fenómeno del acoso escolar es un reflejo de la sociedad que hemos construido, una sociedad en la que los problemas se apartan, no se solucionan. La "solución", como en muchas otras situaciones, es comunicativa, tener las respuestas adecuadas para eludir responsabilidades. Es evidente que no funcionan los remedios, si es que estos existen más allá de los protocolos a posteriori. Las quejas son que el profesorado está a otra cosa, que no recibe la formación adecuada, que no hay apoyo psicológico en los centros, etc. Nada de todo esto devuelve la vida a las víctimas, cuando se llega a ese extremo fatal. Pero quedan los miles de casos en los que el acoso es "simplemente" una tortura diaria, un ejercicio sistemático de violencia de unos futuros líderes sociales que se ejercitan en las escuelas e institutos formando su ego en la agresión. Es una visión de la sociedad como jungla en la que devoras o te devoran, algo de lo que muchos padres se sienten orgullosos al ver que sus hijos están en la cima de la pirámide animal.

Hay que partir del principio de que el acoso escolar no es algo exclusivo de los centros, sino el comienzo de una actitud violenta que se traducirá en otras "especialidades", de la explotación laboral a la violencia de género pasando por el racismo y la xenofobia. Todo esto se muestra en germen en nuestras escuelas con mayor o menor intensidad. El acoso en las escuelas es la punta del iceberg de la violencia social.

Si queremos tener una imagen buenista de nuestros problemas, solo conseguiremos que crezcan los problemas. Falta sentido crítico y comprensión de los que son nuestros verdaderos males y su origen. 


* Laura Huwyler "Los puntos débiles de los protocolos contra el acoso escolar: el análisis de los expertos RTVE.es / VerificaRTVE 23/10/2025 https://www.rtve.es/noticias/20251023/puntos-debiles-protocolos-contra-acoso-escolar-analisis-expertos/16783657.shtml

lunes, 5 de junio de 2023

Los ataques a la diversidad en las escuelas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El artículo de Laura Gallup en elDiario.es, con el titular "Autocensura entre el profesorado para afrontar la ola reaccionaria en las aulas: “Se respira cierto clima de miedo”", pone algunas cuestiones importantes para la vida escolar sobre la mesa. La primera y más evidente es la conversión del espacio escolar en un nuevo campo de batalla en el que manifestar la polarización que se está convirtiendo ya en su serio problema por las consecuencias. Exportar a todos los terrenos de la vida la lucha política es grave cuando la vida política afecta, además, a campos cada vez más amplios. Es como ir rociando con gasolina nuestro día a día mientras vemos cómo van saltando chispas en cada paso.

Lo que nos muestra el artículo son varias cosas. La primera es la organización de la ultraderecha para frenar lo que no le guste en las escuelas e institutos gracias a la capacidad organizativa que se le ofrece a través de distintas herramientas. La segunda es la reacción del profesorado ante estas presiones, que llevan el conflicto a las aulas estableciendo un clima bélico con el que han de lidiar. La tercera es que esto tiene consecuencias en la radicalización de los alumnos, que son piezas con las que las propias familias juegan para presionar a la institución y al profesorado. La cuarta es la inhibición, para evitar conflictos, por parte de los profesores, que acaban arrinconados y desentendiéndose de la situación.

El artículo plantea, en especial, los problemas referidos a los dos programas que la ultraderecha ha hecho suyos, el feminismo y la diversidad de género. La palabra reaccionaria usada no deja de ser una ironía, "adoctrinamiento". Hablar de los derechos de la mujer es "adoctrinamiento"; defender los derechos de las personas sobre su sexualidad es también "adoctrinamiento". Cuando estos temas son tratados en las aulas, la avalancha de protestas familiares se organiza a la perfección y la respuesta de sectores de alumnos se manifiesta en las clases de forma agresiva.

La sensación de autocensura entre el profesorado no ha aterrizado en las aulas únicamente por la influencia que Vox pueda tener en gobiernos autonómicos. Los docentes consultados explican que lleva ya varios años presente, coincidiendo con la irrupción de un discurso reaccionario entre un sector minoritario de los alumnos, pero que suele tener voz e influencia en las clases. “Se respira cierto clima de miedo por la reacción de las familias a ciertas actividades”, reconoce Alicia, orientadora de un instituto público de la zona sur de la Comunidad de Madrid. Entre sus compañeros, dice, constata algo de temor a que clases sobre sexualidad y diversidad LGTBI se perciban entre los padres “como un adoctrinamiento o una cuestión ideológica” y no como asuntos de Derechos Humanos. *

Vincular con Vox esta situación es tentador, pero lo cierto es que, como bien se señala, esta situación es vieja y quizá sería más eficaz invertir la relación. Tendemos a dar protagonismo a los partidos, pero podría ser justo al contrario, que sea la ola reaccionaria la que está formalizándose finalmente en votos.

Eso ha sido lo que les dio buen juego a los republicanos norteamericanos para llevar a la Casa Blanca a Donald Trump. Fueron los grupos de base, de los religiosos bíblicos a los económicos y racistas los que tomaron fuerza canalizando el voto. Hemos tratado aquí ayer el "furor" de la censura de libros en los colegios estadounidenses. El mecanismo es el mismo. Los partidos no son los que lo promueven directamente, sino que la acción social se manifiesta a través de, como en este caso, las escuelas. La prohibición de libros afecta a lo mismo que estamos viendo en España: feminismo y diversidad sexual. ¿Casualidad? Más bien el aprendizaje de un modus operandi eficaz. Para ganar en las urnas se necesitan muchos votos, pero para hacerse con el control de un colegio, un bien administrado grupo de WhatsApp puede ser suficiente. Para controlar una clase, basta con ejercer con violencia el acoso, el bullying sobre las personas adecuadas.

Los suicidios en España de dos parejas de gemelas, una de origen argentino y otra de origen ruso, por acoso dejaba al descubierto que la tercera pata de la presión escolar son la xenofobia y el racismo. Una de las gemelas argentinas pretendía un cambio sexual, lo que la convertía en doble víctima.

En el artículo se recogen las experiencias y valoraciones de aquellos que van a los colegios e institutos a impartir talleres de educación:

Otra investigación académica, acotada a los institutos de Secundaria de la provincia de Valencia, concluye que “la mayor parte del alumnado (79,28%) manifiesta una actitud positiva ante la orientación sexual y no se consideran personas homófobas”. Sin embargo, en el día a día las conductas amparadas por LGTBIfobia tienen más presencia en las aulas. “Cuatro de cada diez alumnos han sido testigos de alguna o muchas discriminaciones hacia alumnado homosexual en su instituto”, según el análisis publicado en 2022 en la Revista de Estudios Socioeducativos, editada por la Universidad de Cádiz.

“Nos hemos encontrado con situaciones un poco violentas”, explica Sara Guilló, técnica de Educación de Cogam. En su labor diaria, los técnicos de esta organización han afrontado dificultades al impartir formaciones sobre diversidad sexual e igualdad. Cuenta cómo se tuvieron que marchar de un centro, sin impartir el taller, debido al “nivel de agresividad con el que reaccionó el alumnado”. *

La batalla de la educación es un hecho. Afecta al espacio, las escuelas e institutos, y a los contenidos. Los objetivos son dobles: unos son programáticos (feminismo, sexualidad, racismo, xenofobia), cuya impartición se dificulta; pero el segundo objetivo es el sembrar el terror en las aulas, perseguir a los que son o piensan de forma diferente. El bullying es la concreción de la segunda etapa; es su parte práctica.

La conversión de las escuelas e institutos en zonas de intransigencia, de intolerancia, se traduce en ese deterioro de la salud mental, ese aumento de tendencias suicidas que nos están señalando cada día entre niños y adolescentes.

Pero el artículo, más allá de los casos, nos ofrece las consecuencias en la inhibición del profesorado y las autoridades educativas. Cada vez que se produce un caso, los centros niegan tener conocimiento. En realidad, ocurre lo contario.

“Siempre hay algún alumno que el 8 de marzo [Día Internacional de la Mujer] tiene un comportamiento fuera de lugar y está el miedo a que vengan a decirte que estás adoctrinando. Mucha gente decide que da su temario y no se mete en esas cosas”, apunta Pedro. En Arriondas (Asturias), Mercedes también se siente cuestionada por sus alumnos al abordar temas feministas y defiende que entre sus compañeros hay dos formas de afrontar la ola reaccionaria que está impulsada por un sector del alumnado, unos “se comprometen” y otros “esquivan el problema”.

Ante frecuentes mensajes antifeministas, tránsfobos y homófobos, Pedro reconoce que ha llegado un momento en el que “obvia” algunos de los asuntos que generan polémica porque no puede “estar” peleándose  con “sus alumnos todos los días”. En el instituto de Javier, en la Comunidad de Madrid, “la norma no escrita” consiste en “no entrar al trapo” y no afrontar estos debates. “Estás para enseñar tu materia y no para discutir de política con nadie”, apunta, aunque reconoce que hay unos límites. “Si hay exaltaciones filofascistas, les llamo la atención”, apunta el profesor. 

“Cosas raras en la cabeza”

Desde algunos sindicatos ratifican la tendencia advertida por los docentes entrevistados, fuentes de CGT Andalucía sostienen que los profesores están “desamparados” por el aumento de “comportamientos racistas, xenófobos, machistas y fascistas”. Esta dinámica, que consideran que ha despuntado en los últimos dos o tres años, ha provocado “miedo” entre algunos docentes. Sin embargo, sus compañeros de CSIF en la misma autonomía no tienen constancia de problemas de este tipo en centros públicos. *

Más allá de la distinta percepción (politizada) de los sindicatos, está la realidad del día a día. Lo que las encuestas y estudios detectan en las aulas no se ve en las actitudes de los directamente implicados, que se resisten a estar enfrentándose cada día con alumnos y familias, ante la indiferencia o impotencia de los responsables de los centros.

El problema es grave. Esa violencia en las aulas sale de allí de dos formas: una como acción, algo que vemos en las series de apuñalamientos, violaciones en grupo de menores, etc. Pero sale también en forma de ideas, de hábitos aprendidos, que se llevarán toda la vida. Tanto los que sienten miedo como los que lo provocan quedan marcados. Todo esto se traduce en esas minorías violentas que mañana nos espantan cuando se manifiestan en un estadio de fútbol, violentas, acosadoras, racistas... ¿De qué nos extrañamos?

Los datos que se nos ofrecen parecen despistarnos y no ayudarnos a comprender que estamos tratando de lo que ocurre frente a nosotros, de lo que nos rodea. No son simples cifras que descomponen la realidad, sino la misma realidad vista desde perspectivas diferentes. Y todas apuntan a lo mismo. Los expertos nos avisan del crecimiento de estas actitudes en los últimos años y los resultados están ahí.

¿Pero cómo frenar algo que comienza en las familias, se manifiesta ya como violencia e intransigencia en las aulas y después sale a la calle aprovechando las ocasiones de manifestarse en fiestas, estadios, calles, etc.? El clima que se está creando no es el mejor para la convivencia social. Una sociedad que ve peligros en la igualdad de las personas, en el respeto a los derechos humanos, no va por el buen camino.

 

* Laura Gallup "Autocensura entre el profesorado para afrontar la ola reaccionaria en las aulas: “Se respira cierto clima de miedo”" elDiario.es 4/06/2023 https://www.eldiario.es/sociedad/autocensura-profesorado-afrontar-ola-reaccionaria-aulas-respira-clima-miedo_1_10263213.html



miércoles, 3 de mayo de 2023

Los observadores del acoso escolar

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

De nuevo el bullying, una expresión para tratar de encubrir una realidad como si fuera algo de importación  y no una triste realidad que avanza a pasos agigantados. En un desplazamiento por los canales de noticias me encuentro —ayer fue el Día Internacional contra el Bullying— con una entrevista en el canal de Aragón con un experto que además de darnos las cifras (1 de cada 4 alumnos lo sufre), da un paso más y deja claras las cosas: los protocolos no solo son inútiles sino que son una forma de protegerse el propio sistema. No funcionan porque no se trata de evitarlo, sino de diluir con ellos la responsabilidad. Es una práctica habitual en diversos campos. Sirven para hacer creer que hay algo en marcha, pero nadie para los acontecimientos, ni las familias de los abusadores, ni las familias de las víctimas que no logran convencer a las instituciones de lo que ocurre y si lo hacen es demasiado tarde.

¿Cómo no ver los síntomas claros, ante los ojos, para unos y otros? Sin embargo, todo parece darse en un mundo invisible. Quizá lo sea y no deseamos verlo porque estropea la imagen social idealizada que se nos vende cada día y que aceptamos.

El caso del suicidio de una joven de 20 años en Gijón ha completado el círculo de la visibilidad, lo que no es posible negar, al dejar una carta denunciando la realidad que vivió. Angélica Reinosa firma en La Sexta el artículo titulado  ""Queridos acosadores": la joven que se suicidó en Gijón dejó una carta culpando a quienes le hicieron bullying". En el texto se nos explica lo vivido: 

La joven que se quitó presuntamente la vida en Gijón tras ser víctima de acoso escolar dejó una carta en la que se dirigía a quienes le hicieron bullying en el colegio, en la que les culpaba directamente de su muerte. "Queridos acosadores", arranca la misiva, que agrega: "Sabéis quienes sois".

"Espero que todos y cada uno de vosotros sepáis el daño que vuestras acciones han hecho. Habéis cogido a una niña de alta autoestima y de altas capacidades y la habéis machacado hasta el punto de no salir de la cama en años y de llevarla al suicidio", continúa la carta.

Una carta en la que la joven fallecida, de 20 años, se dirige a estudiantes del colegio de Gijón donde había estudiado: "Dais asco. Que sepáis que habéis herido a muchas personas y ahora espero que carguéis con una muerte en vuestra conciencia", escribió. Un escrito que terminaba pidiendo el fin del acoso escolar: "Por favor, parad el acoso, dejad a las personas ser quienes son. Stop bullying. Hasta siempre", concluía.

Después de que los familiares de la joven denunciaran su desaparición y de que su cuerpo fuese junto a un cerro, el Gobierno asturiano va a investigarlo. El presidente del Principado, Adrián Barbón, ha indicado que se encargará a la Inspección Educativa "que determine qué ha sucedido".* 

Lo dramático del caso y lo directo de la acusación contra sus torturadores solo deja dos dudas: 1) que realmente remuerda a alguien la conciencia por el suicidio de la joven, y 2) que la inspección educativa sirva de algo más que para dilatar el proceso y que se pierda en el olvido dando paso al siguiente caso. Hay que dar la razón al experto entrevistado en el Canal Aragón. Una realidad de tamaña magnitud como muestran las cifras solo puede producirse ante algo más que ineficacia.

Como fenómeno, el bullying es el inicio de un estado, el comienzo de una forma social que hace de la violencia su eje. Insistimos en lo que hemos dicho aquí muchas veces: no hay una frontera en la persona, sino, por el contrario, una acumulación de experiencias. Los acosadores saben bien lo que hacen y saben también de la impunidad que el propio sistema les garantiza. El acoso es el resultado de una mediocridad social y personal imperante. No se da para más. Necesitamos de los "débiles", de los que se oponen para ejercitar y mostrar nuestra fuerza a través de la violencia. ¿Cómo podemos llamar "educativo" a un sistema del que sale la gente así, machacada durante años en los colegios? ¿Qué estamos creando allí?

En Aragón Noticias leemos:

Este martes se celebra el Día internacional contra el Acoso Escolar, una jornada en la que centros escolares como el IES Lázaro Carreter de Utrillas (Teruel) realizan encuentros, en este caso con 65 profesores y 273 estudiantes, para visibilizar al alumnado y profesorado que trabajan para mejorar la convivencia. Porque para evitar el acoso escolar, la prevención es clave. 

"El acoso escolar está presente en todos los centros educativos y me atrevería a decir que, si no en todas, en casi todas las aulas. Es un problema y es un problema que no podemos negar. No podemos mirar para otro lado, ni podemos aspirar tampoco a que en un centro educativo no exista ese caldo de cultivo, porque en todas las interacciones sociales hay desigualdades, en las que probablemente los docentes tengan que intervenir", ha explicado Manuel Martínez, coordinador del teléfono de atención contra el acoso escolar (900 100 456).

Martínez ha incidido en la importancia de involucrar a toda la comunidad educativa en la prevención de casos de acoso escolar y, especialmente, ha hecho hincapié en la labor de los observadores. "El acoso escolar es como un triángulo. Por un lado, están los acosadores, los acosados y los observadores. Los observadores tienen que formar parte activa porque así es como hacemos que deje de existir el acoso", afirma.**


 

Los "observadores" son el modelo a escala de la sociedad, son el entorno que permite y admira la violencia. Se desahogará posteriormente en el maltrato familiar, en la violencia del deporte, en la conducción temeraria, en el acoso laboral... en un sinfín de formas en las que dará rienda suelta a lo que reprime cada día ante los demás y que necesita liberar.

Los observadores son también la propia comunidad educativa, convertida en mero negocio; son los que no intervienen y pagan sus frustraciones y muchas veces odio hacia su propia tarea, hacia los padres exigentes y amenazantes, con los que se tienen que enfrentar a lo largo del curso.


Produce una enorme tristeza la lectura de la carta de la joven torturada hasta llevarla al suicidio. Creo que "torturadores" es más claro que lo que se ha acuñado con el término "bullying", que define la acción, pero no a sus perpetradores. Los "abusadores" están demasiado cerca del más coloquial y casi de disculpa infantil "abusones". Este se queda corto ante los suicidios producidos por sus acciones, auténtica tortura, física y mental. Es cierto que lo que se vive en esos años angustiados es una marca para toda la vida, algo que definirá nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestras acciones. Algunos, como es el caso de la joven, no aguantarán más.

Estamos incubando una sociedad violenta, irresponsable, caótica, donde es posible desarrollar la maldad ante los ojos aburridos de los observadores. Esto tiene consecuencias en el presente, pero también para el futuro. hay que ser ingenuos o idiotas para no verlo.

Leo en el final de uno de los artículos** sobre el acoso el desarrollo de un programa de Inteligencia Artificial que monitoreará a 40.000 niños para detectar sus "cambios emocionales" y saber si están siendo acosados. No sé qué hacer, si reír o llorar.

* Angélica Reinosa ""Queridos acosadores": la joven que se suicidó en Gijón dejó una carta culpando a quienes le hicieron bullying" La Sexta 2/05/2023 https://www.elmundo.es/cronica/2023/05/02/6451641821efa04e5d8b458a.html 

** "La prevención es clave para evitar el acoso escolar, que este curso ya ha recibido 343 notificaciones" Aragón Noticias 02/05/2023 https://www.cartv.es/aragonnoticias/aragon/la-prevencion-es-clave-para-evitar-el-acoso-escolar-que-este-curso-ya-ha-recibido-343-notificaciones-en-aragon-18187

miércoles, 9 de noviembre de 2022

El espejo del acoso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El mito de la infancia se ha derrumbado ante una dolorosa realidad, el bullying. Fue construido ladrillo a ladrillo durante cientos de años; fue la romantización de la infancia. Contrapuesta a la vida adulta, la infancia parecía un tiempo feliz, armónico, un tiempo perdido y añorado. Un día se acababa y comenzaban las turbulencias de la adolescencia, también con sus propios mitos poetizados. Finalmente nos enfrentábamos al mundo de los adultos, el de la lucha continua, el del enfrentamiento a la dura realidad. Todo esto se ha venido abajo.

No sé si se trata de la caída de un velo o de la destrucción progresiva, del resultado del deterioro progresivo de nuestras sociedades modernas en las que se tienen demasiadas herramientas, acceso a demasiada información sin capacidad de procesarla. No sé si es un influencia descontrolada del mundo adulto sobre la infancia ante la imposibilidad de cerrarla a lo que ocurre en el mundo. Pero el hecho cierto es que tenemos un terrible problema personal, social e institucional.

El bullying es sobre todo un ejercicio de crueldad colectiva sobre el más débil; no es un choque circunstancial, sino una voluntad sostenida, programada y sistemática de destruir a una persona. El mundo de los adultos no escapa a esta crueldad, pero tiene sus mecanismos de respuesta, incluso legales. El mundo de la infancia, por el contrario, es el mundo de la crueldad impune (los menores aprenden rápido que se libran de casi todo) y una escuela de futura crueldad. No creo que los acosadores cambien de mentalidad o actitud, simplemente modifican sus métodos ante el riesgo de la pérdida de la impunidad.

El diario El Mundo nos trae un escalofriante reportaje, firmado por Carlos Guisasola, que nos muestra, sin ningún aparataje retórico, el sentido del acoso. Su título es "La angustia de las familias con niños acosados: "A mi hija le decían 'hoy eres mi sierva y no puedes jugar''". En el reportaje se nos habla desde la perspectiva de quien puede dar forma a lo que supone, la familia:

Un colegio cualquiera, una alumna más. El alivio por volver a casa, el nudo en el estómago por la incertidumbre de ese áspero mañana. La única certeza es que no será nada bueno. La pesadilla de una madre, la oscuridad para una niña de apenas seis años. Es sólo el principio. Es el tenebroso rostro del acoso escolar. Del bullying.

«Cuando empiezas a tener información, lo tratan como un tema puntual. Que tu hija venga con la agenda destrozada es un tema puntual. Que aparezca con un hematoma en el brazo, también lo es. Al menos para el colegio. Pero el acoso se prolonga en el tiempo. Y el resultado es que hay un niño o una niña que se queda fuera del grupo social. Y, que en ocasiones, hay implícito un consentimiento de otros mayores. Si no los paras, los niños no tienen límite».* 

Si la infancia no es ese mundo idílico, de juegos y risas, que nos muestran los anuncios de la televisión, sino un mundo más oscuro en el que ese mismo juguete o cualquier otro objeto puede ser el motivo de un sufrimiento infinito, del derrumbe de ese muro protector con el que se les rodea, ir al colegio supone entonces un terrible aprendizaje, la compresión dolorosa de lo que es el mundo real, de su crueldad infinita y, sobre todo, del desamparo. ¿Por qué los adultos se muestran tan felices y confiados cuando te envían a un infierno? ¿Qué has hecho para merecer ese trato?

Fallan, indudablemente, las instituciones en las que se dan. Lo hacen porque defender a un niño es acusar a otros y enfrentarse a esas familias en las que se han criado los acosadores. Estar de parte del fuerte es siempre más sencillo que defender al débil. Solo los casos más graves transcienden. Pero el sufrimiento del día a día, del aislamiento, de la burla está ahí.

Basta observar para comprender que cada vez hay más padres que se desentienden del comportamiento de sus hijos, que miran para otro lado. Les da seguridad que si sus hijos están en el lado sádico, van a estar protegidos, saben defenderse. Los que se dan cuenta del sufrimiento de sus hijos intentan paliarlo, pero no siempre funciona. Los cambios no son garantía de que no vayan a un sitio peor y abrir una guerra continua con la escuela, los compañeros, etc. es un desgaste que no todos asumen. Pronto se comprende que el acoso infantil es un reflejo de familias e instituciones, de la sociedad del exterior. El bullying aparece allí donde el individualismo ha acabado con la solidaridad y donde cuidar de uno mismo es la norma. ¿No es un equivalente a esas noticias que nos dicen de crímenes, ataques, etc. que se desarrollan ante la indiferencia de los adultos, en plena calle?

El bullying nos devuelve una imagen que no nos gusta; es una maqueta de la sociedad real. Hay que aprender a ser "duro", dicen algunos, "así es la vida". Pero eso siempre es una forma de inhibición. ¿Quién se atreve a señalar con el dedo a los acosadores? ¿Quién les dice a los cobardes que se suman al acoso que son, eso, cobardes? ¿Quién se lo dice a sus padres? Mejor mirar para otro lado y no meterse en batallas perdidas. Los que no sobrevivan... es cosa suya. 

Tres años de pesadilla (que aún no han acabado), borrando por necesidad los recuerdos de algunos días que fueron noches cerradas: «No sabes de dónde te vienen las tortas». Un cambio inesperado de clase. Las burlas. La acosadora que suma efectivos a su causa sin que a ella le salpique el asunto. «Era algo organizado como todos los procesos de bullying. El que acosa siempre está reforzado por el grupo». Unos vigilan al final de la jornada por si llega su madre, mientras otros, todos parte de ese grupo supuestamente privilegiado, persiguen a la víctima y la pegan como un simple entretenimiento.

«Siempre dejé claro a la comunidad educativa que no cambiaría a mi niña del colegio. Sin esperarlo, la cambiaron de clase y se quedó más sola aún. Tenemos miedo. Miedo a que se marque a nuestros hijos, y no nos damos cuenta de que ya están marcados. De que, hagas lo que hagas, el niño ya está marcado por el grupo».* 

El colegio, como centro de aprendizaje, se convierte en el transmisor de la negatividad: la brutalidad, la crueldad, la cobardía... Eso es lo que sale hacía una sociedad que habla pero no actúa, que tiene también esa imagen idealizada de sí misma, pero esconde su verdadera cara. ¿Los resultados? Los hemos comentado estos días: el aumento de la violencia juvenil, el aumento de los problemas mentales en la adolescencia, el aumento de los suicidios, de la soledad... Nos informan que en el ranking del acoso está en primer lugar México, seguido de Estados Unidos y con China en tercer lugar (ONG Bullying Sin Fronteras). No hace falta resaltar aspectos evidentes en cuanto a la violencia de uno u otro tipo en las sociedades señaladas. España, nos dicen en Save the Children, encabeza la lista europea. Los datos son de mayo de este año.

Los niños no desaparecen. Reaparecen en puestos en los que pueden seguir haciendo lo mismo ajustados a sus nuevas situaciones. Lo llamamos de otra forma, pero es lo mismo.  Llámalo "escrache", acoso laboral, violencia de género, la xenofobia y el racismo... son variantes de la fuerza sádica que se ceba en aquellos que considera débiles. Todo son variaciones de un mismo principio, la violencia como ley social, como imposición, de la violencia que reclama muchas veces el apoyo para reafirmar formas de liderazgo. 

Con unas teorizamos y pedimos respuestas claras. Pero hay otras que acaban siendo aceptadas o ignoradas. El que acosa hoy, lo hará mañana; quien maltrata hoy, lo hará igual en el futuro. Puede que cambie su objeto, pero es la misma fuerza destructiva que le asegura algún tipo de placer malsano.

"Los niños no tienen límite", nos decían en el artículo. Los adultos tampoco. El niño, como decía el poeta W. Wordsworth, es el padre del hombre. 

* Carlos Guisasola "La angustia de las familias con niños acosados: "A mi hija le decían 'hoy eres mi sierva y no puedes jugar''" El Mundo 9/11/2022 https://www.elmundo.es/madrid/2022/11/09/63654dd621efa0465f8b45d3.html