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sábado, 18 de junio de 2022

A vueltas con el nuevo repunte

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El aviso de la ministra Carolina Darias de que habrá cuarta dosis de vacunación anti covid-19 ha sido un anticipo de la noticia que nos llega el paralelo: la subida de la incidencia en los mayores de 60 años, la subida de los ingresos y la subida de las muertes. Lo acabamos de escuchar en RTVE.es y era de esperar tras el aviso de la ministra optimista. La dosis de refuerzo (tercer refuerzo) de la vacunación es la confirmación, por si hacía falta algo más que lo que se nos ha dicho responde más a las intenciones que a la realidad.

Los cambios en los datos, haciendo desaparecer a los menos de 60, renombrando situaciones, recalificando la gravedad, etc. no logran tapar la realidad: el virus sigue entre nosotros y hay que seguir tomando medidas y, sobre todo, tratar de mantener la conciencia en la gente para tratar de evitar lo que ha sido el rasgo definitorio de España, la subidas y bajadas para acomodarnos a nuestros calendarios nutricios del turismo, los festejos, el ocio (nocturno y diurno).

Las televisiones y la prensa se llenan de estallidos emocionados de júbilo cada vez que los costaleros del Rocío, los corredores de San Fermín, los cantaores de saetas, los celebradores de ligas, etc., es decir, todos los españoles, salen de nuevo a las calles con nuestro jolgorio habitual. ¡Por fin!, claman todos. Los rostros emocionados, las voces quebradas cantan el regreso a una ficticia normalidad, a una normalidad aparente que el acto mismo de la celebración crea. "¡Si podemos celebrarlo es que no hay bicho!! Es el razonamiento invertido. Creemos lo que queremos creer y lo que una industria del fuera de casa quiere que creamos. ¡Celebremos!

Pero la realidad nos vuelve a lo que se niega: siguen los contagios y con ellos nuevas variantes que hacen menos útil las vacunas recibidas. Aquello de la "inmunidad de rebaño" pasó a mejor vida cuando el rebaño veía que una persona vacunada y contagiada volvía a tener síntomas "compatibles con la enfermedad" (todo antes de decir que se ha vuelto a contagiar).

La novedad importante para nuestra economía festiva es que si te contagias los síntomas son menos graves gracias a la vacunación, lo cual es un detalle. Bueno, te puedes morir, pero eso es "mala suerte" como decía aquel especialista sobre entrar con mascarilla o no en el ascensor. Groso modo, las personas se pueden clasificar en 1) los que suben varios en el ascensor sin mascarilla; 2) los que suben con otros y se ponen la mascarillas; 3) los que esperan para subir solos; 4) los que se ponen la mascarilla incluso para subir solos; y 5) los que sube por la escalera con o sin mascarillas. Cada uno de ellos representa una forma de ver el mundo muy diferente y de pensar, por ello, en la pandemia de forma distinta.

En RTVE.es entrevistan a varios expertos con opiniones distintas porque se ha trasladado la diversidad política a la diversidad de opiniones sanitarias. Nadie quiere tener un experto, sino varios en pantalla. De esta forma, ante la duda, tenemos un amplio abanico de expertos. Cada uno que elija el que le parezca más simpático o le convenzan los razonamientos expresados. Nos señalan en la página de la cadena: 

España experimenta un nuevo repunte de COVID por dos subvariantes de ómicron: BA4 Y BA5. Son más transmisibles que las anteriores, que ya eran muy contagiosas. Se están imponiendo porque son capaces de saltarse la inmunidad. Sonia Zúñiga, viróloga del CSIC, ha señalado que "todo el mundo vacunado y que haya pasado la enfermedad va a estar bien protegido frente a la enfermedad severa pero no frente al contagio". En Madrid o Cataluña las dos subvariantes ya superan el 40% de los nuevos casos. Las autoridades sanitarias creen que van a ser dominantes en toda Europa.* 

Es en este contexto en el que Carolina Darias avisa que habrá que vacunarse. Siguiendo la pauta de la diversidad, se nos muestran a varias personas opinando: "Si hay que vacunarse, habrá que hacerlo" dice una fatalista buena ciudadana; "¡Con tres ya es suficiente, no hace falta una cuarta!", sentencia una díscola joven. Las rutinas informativas siguen preguntando al primero que pasa, a unos cuantos y luego se seleccionan tres o cuatro variados.

Para que la ministra del "ha llegado el tiempo de las sonrisas" que acabó volviendo todos a ponernos las mascarillas por el brutal repunte, diga que tendrá que vacunarse todo el mundo, las perspectivas deben ser muy malas. Una cosas es sonreír en pantalla y otra cosa encontrarte con un otoño desbordante, con los padres exigiendo medidas en los colegios ya en agosto, a los rectores preguntando qué hacen, con los empresarios que no viven del ocio quejándose de las bajas, la sanidad en pie de guerra por colapso, etc. y todo ello en un otoño de nervios a punto de estallar por la creciente inflación, los costes de la energía —la luz, el gas y la gasolina— que no logran hacer bajar, la amenaza de una huelga del transporte y la cercanía de unas elecciones en la que los socios se dirán finalmente que se odian responsabilizándose unos a otros de todo lo que ha fallado.

Si no gobernáramos a golpe de campaña mediática, las autoridades deberían haber establecido medidas prácticas y no convencer que ir sin mascarillas es un "logro", un triunfo político. Seguimos transmitiendo que cualquier medida es negativa y que se trata de evitarlas, cuando la realidad es que la modesta mascarilla (excepto las que permitieron que se ganara "pa' la saca" 6 millones de euros) es el enemigo y no la herramienta para evitar los contagios.

Nuestras olas son el resultado de jugar con los contagios y con la economía sin reconocerlo en una falsa dicotomía debido al peso del ocio en nuestro país. Hay una economía posible, una economía responsable de las vidas de las personas que junta.

El argumento de que como son más leves se puede "ignorar" y "asumir" el porcentaje de enfermos y muertes es realmente perverso. La obligación de proteger la salud pública es una prioridad de las autoridades.

El aviso de la variantes llega tras un periodo de silenciamiento de los casos que solo ha hecho creer (de nuevo) que solo es cosa de los mayores de 60 años. Esto hace que la incidencia acumulada esté por encima de 700 y que se haya producido el repunte de muertes e ingresos. Y estamos a principios de verano, de un verano en el que se nos anima a "recuperar lo perdido".

Seguimos sin saber los datos del resto de la población. Pero, por el anuncio de vacunas después del verano para todos, no deben ser demasiado buenos. Recordemos que en estos momentos nadie tiene obligación de hacer cuarentena, salvo que tengas síntomas fuertes puedes ir al trabajo, etc. La propia OMS ha señalado que la falta de datos es un problema para poder saber el estado real de la enfermedad en el mundo.

Afortunadamente, por motivos no siempre claros, somos uno de los países con mejores cifras de vacunación. Lo que está claro es que el virus muta, que se vuelve uno a contagiar una o varias veces, pese a estar vacunado. De ese porcentaje, los que fallecen empiezan a crecer de nuevo. Que las cifras sean diferentes a las de la primera ola, no debe hacernos olvidar que la mayor circulación del virus hace que mute y puedan llegar variantes muy peligrosas para las que las vacunas puedan no hacer nada.

Vivir con el virus no es olvidarse de que el virus está entre nosotros. Es más bien lo contrario, ser conscientes del peligro y no bajar las medidas, convivir con ellas en vez de ignorarlas. El "son más contagiosas pero menos graves" es un signo claro de las medidas para evitarlo. Lo de la mayor o menor gravedad dependerá de su organismo, de su estado de salud, de su resistencia; pero lo que es el contagio, depende de todos.

Antena 3 18/06/2022

* "Nuevo repunte de COVID por dos subvariantes de ómicron" RTVE.es 17/06/2022 https://www.rtve.es/play/videos/telediario-2/repunte-covid-subvariantes-omicron/6629233/

martes, 4 de enero de 2022

La soportable levedad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Si han declarado "vacuna" palabra del año 2021, tendrán que declarar "levedad" la del próximo. "Levedad" se expande a toda velocidad, a la misma de expansión de la pandemia. Todo se centra ya en la "levedad".

Es la levedad la que permite afrontar todo con otra mirada. La gente se lanza a luchar por las rebajas, a tomar las uvas con esa "soportable levedad" de la pandemia, que se ha transformado ante nuestros ojos y, lo que es más importante, ante los ojos de las administraciones que nos lanzan a una vida regida por la levedad de los síntomas. Esto es otra cosa, nos dicen con media sonrisa.

Hemos ido bajando el listón de nuestra percepción de la gravedad, ahora sustituida por la levedad, que justifica reducir las cuarentenas, ampliar las cifras del "semáforo-COVID", que te hagas el auto control y el auto diagnóstico entre otras muchas cosas. Hace muy poco presumíamos de nuestros "40 de incidencia"; todo iba bien. Pero todo "va bien" hasta que se tuerce y comienza a ir mal.


La tesis central es que aumenta la cantidad, pero desciende la gravedad. Pero la realidad es estadística: al aumentar los casos, también aumenta la cantidad de casos graves, que ya están llevando a las UCI a situaciones límites en su ocupación, y el número de muertes. 

Al aumentar los casos de contagio, aumentan también entre los servicios esenciales, incluidos los sanitarios, además de la Policía, los transportistas, los conductores de trenes... 

Están enfermos, sí, pero de forma leve. Las condiciones de las cuarentenas, por ello, se siguen reduciendo, con lo que se aumenta la expansión del virus en un claro círculo vicioso. ¿Dejarán de existir las cuarentenas a este ritmo? Teóricamente podría llegar si las condiciones se mantienen y se sigue con el criterio de la "levedad". Para que esto ocurra, reciben fuertes retoques cosméticos haciendo variar los números, las franjas, las definiciones, como las condiciones para definir "brote", etc.


Hoy se reúnen gobierno y comunidades autónomas para hablar del regreso a las aulas. Todos, ante la levedad por la vacunación de los docentes y que se está vacunando a los niños, apuestan por la presencialidad, que aumenta el riesgo de los contagios. Pero la levedad hará que sean más llevaderos los casos que se produzcan inevitablemente. Los informativos nos cuentan que si se declaran positivos en un aula, ya no se mantendrá en cuarentena al grupo, como antes, dada la levedad.


Nos informan también que en Cataluña no hará falta ir a un centro de salud, bastará con llamar a la farmacia para contarles el positivo y que ellos introducirán el dato en el sistema de Salud.

Me sorprende el énfasis en la presencialidad educativa porque precisamente muchos centros hicieron inversiones en sistemas de comunicación que permitieran la transmisión de las clases. Con los datos explosivos que tenemos hoy, sorprende esta rigidez del sistema que reduce bajas de profesores, deja al arbitrio del alumno cuándo sus síntomas son leves y que mantiene el grupo donde se han dado los contagios.

¿No va esto en contra de toda la estrategia anterior? ¿Es esto tan grande ya que no hay solución racional? ¿Es un "sálvese quien pueda" o un "salve la economía quien pueda", por decirlo con claridad?

La clave de todo, se nos repite una y otra vez como entrada de cualquier noticia, es la levedad de los casos, muchos de ellos asintomáticos. Pero pasar de una incidencia de 40 casos a una general de 2.300 y en determinadas comunidades —País Vasco y Navarra, Cataluña— a superar los 4.000 es algo que parecería necesitar de otro tipo de medidas.

Los noticiarios nos muestran las fiestas ilegales, los conciertos con flagrantes incumplimiento de las normas, las concentraciones callejeras, etc. No es solo que Ómicron sea más contagiosa, sino que nosotros, ante la levedad, parece que ya no le damos importancia a nada. Si la normalidad no viene a nosotros, nosotros iremos a la normalidad.

Los psicólogos y antropólogos nos explican en el reportaje de RTVE.es que se ha "cronificado" el aburrimiento y hablan de la "sociedad de la inmediatez", donde la gente no sabe cómo reaccionar ante las carencias. Eso nos descoloca, acostumbrados a tener todo disponible:

Esa percepción sobre el desasosiego generalizado la comparte también Alberto del Campo Tejedor, antropólogo e investigador de la Universidad Pablo de Olavide:

"Teníamos una enorme fe en el Estado, que siempre nos protege, y en la ciencia, pero esa fe se va minando cuando va pasando el tiempo. Nos estamos dando cuenta ahora de que llevamos casi dos años y la ciencia, el Estado, el dinero, el capital, no son capaces de controlar todas las contingencias. Esto, que es algo natural, parece que lo habíamos obviado (...) Vivimos en la sociedad de la inmediatez y de la impaciencia, y esa mirada la trasvasamos a otros ámbitos; requerimos soluciones inmediatas para todo y no tenerlas esta vez ha propiciado que la sociedad esté muy frustrada con la espera", señala.

Silvia Álava, psicóloga sanitaria y educativa, cree que esa frustración y esa fatiga se están "cronificando" en la sociedad y afirma que muchas personas están percibiendo la sexta ola como "un retroceso a la casilla de salida", aunque sepan que ha habido una mejoría respecto al año anterior por la vacunación y por el descenso de muertes: "Las Navidades han sido una puntillita más. Nos habíamos imaginado una Navidad distinta a la del año pasado y otra vez nos dan un mazazo que genera más frustración y que se suma al agotamiento ya acumulado". 

Los continuos vaivenes, unidos a la incertidumbre que provoca el "no ver la luz al final del túnel", añade Álava, "terminan pasando factura cuando no se tienen herramientas para gestionar las emociones". Por eso es tan importante, dice, que este 2022 se siga poniendo el foco en la salud mental y que se normalice entre la sociedad el pedir ayuda psicológica o psiquiátrica cuando sea necesario. * 



Es más fácil dar explicaciones que dar soluciones. ¿Perder la fe en el "Estado" y en la "Ciencia"? ¿Y por qué no en nosotros mismos, responsables al fin y al cabo? ¿Tiene la culpa la "ciencia" de los que se contagian en botellones, rebajas y fiestas de fin de año? La Ciencia puede salvar vidas, pero no corregir la estupidez o la inconsciencia.

El aumento de las vacunaciones y los test ante estas fiestas navideñas no han sido por un impulso de ciudadanía sino por el deseo de ir a fiestas, familiares o de otro tipo, para poder irse de vacaciones o que te dejaran entrar en algún sitio. Lo mismo ocurrió antes del verano para poder irse de vacaciones. Lo que se pedía a la Ciencia y al Estado no era seguridad, sino impunidad, no recibir el castigo del contagio por nuestra falta de prevención, por nuestro deseo de seguir con las rutinas, básicamente, de nuestro ocio. Puede salir a la calle y comprobarlo; está a la vista, si se quiere ver. 

Todo es una cadena, bajar las restricciones aumenta el número de casos y este aumento afecta proporcionalmente a los servicios básicos y a los demás trabajos, que se encuentran con que los casos de bajas se acumulan. La presión se dirige entonces a la reducción de las bajas laborales o cuarentenas, lo que aumenta el número de contagios. Es sencillo de entender. De la misma forma, aunque los niños estén vacunados, las interacciones expandirán el virus porque ya se deshace la cuarentena de cada miembro del grupo, manteniéndose unidos, por lo que aumentarán los contagios. La excusa es que la escuela se comportó como un "entorno seguro" anteriormente; pero lo hizo básicamente por cumplir las medidas que ahora se retiran. Entonces se invoca de nuevo la "levedad".


Finalmente, estas medidas no son "sanitarias", sino políticas. Cuando casi toda Europa, con cifras más bajas que nosotros, vuelve a las cuarentenas fuertes y a los cierres totales o parciales de sectores del ocio, se retrasa el regreso a las escuelas, imposición del teletrabajo (como en Francia), etc. aquí vamos en la dirección contraria. El argumento, claro está, es la levedad. Algunos se atreven a pronosticar el fin del coronavirus y ven signos de alivio tras las escandalosas cifras disparadas. Otros, sin decirlo, apuestan por el contagio general, pese a que nos avisan que se puede uno contagiar con los dos coronavirus dominantes. También de la llamada "flurona" (combinación de gripe, "flu", y coronavirus "ona"), que apenas aparecía hace un par de días en Israel, tenemos ya caso por España, por supuesto, leves.

Y desde Camerún, se nos avisa de una nueva variante, la "IHU", con 46 mutaciones y 37 deleciones** (pérdidas de fragmentos del ADN), según nos cuentan en Antena3. Todavía no se sabe en qué grupo, dentro de la escala de peligrosidad, hay que colocarla.  Esperemos que sea leve.


Uno puede entender muchas cosas, pero también la relación entre efectos  y causas y entre interacciones. Que todo esté saturado y haya que dejarlo bajo el criterio de afectados es bastante triste si es el resultado de una política errónea  previa. Por ahora se incorporan al sistema los farmacéuticos, luego serán otros cuando se produzcan las bajas en este sector. Es el resultado del crecimiento terrible de casos que, lógicamente, afectan a todos. Hablábamos del estrés sanitario, que se va trasladando a los sectores que quedan desbordados. Pronto será el sector educativo el que tenga que hacer cuarentenas más cortas y sustituir a los compañeros, por lo que aumentarán estrés y contagios al no hacer cuarentenas más que los alumnos que tengan determinados síntomas, quedando esto en manos de las familias, ya que se les pide que no vayan a los centros al estar saturados. Y así hasta el infinito. Todo leve, pero extenso. Y los que mueran, mala suerte.

La frustración de la que se nos habla, el aburrimiento crónico ante lo que tenemos por delante obedece a la forma de mostrar el futuro, lleno de metas a las que no se llega porque el mundo no cabe en nuestros deseos. En vez de fortalecernos ante nuestras debilidades, lo que hemos hecho es profundizar en ellas, lo que llaman en el texto el "corto plazo", es decir, todo va a terminar pronto, se va a acabar rápido, etc. Pero está claro que eso no funciona así y menos si no se ponen los medios para que ocurra, como en más inversión en Ciencia o en Sanidad. Ahora confiamos en la "levedad", que es como decir que no confiamos en lo que podemos hacer sin no que lo que nos pase sea lo menos malo posible. Con la idea de la levedad no vamos a ninguna parte porque contribuimos a la expansión del virus, a nuevas mutaciones y a una vacunación constante ante las nuevas variantes. Si este va a ser nuestro futuro, más vale que lo vayamos programando lo antes posible.

Lo que no tiene sentido es rechazar las medidas que sí han funcionado y para las que puede haber espacio suficiente por su aceptación parcial, como el teletrabajo varios días a la semana, por ejemplo, que reduce en parte los riesgos. Si en una oficina en vez de 15 hay 10 personas, mejor. 

Muchos hogares se adaptaron ya, de la misma forma que invirtieron en educación a distancia ampliando redes y dispositivos. El café para todos, sin embargo, parece ser la fórmula de la levedad. En este caso, el café es el virus leve, el contagio inevitable y por ello la lotería de las nuevas mutaciones y de las complicaciones mortales, que mientras no se conviertan en un "problema" asistencial, no importan demasiado. Desde luego, es jugar con fuego.

Es deseable una mejor, por supuesto, pero una mejora real. Cambiar las formas de medir o reducir las condiciones cuando el virus se está expandiendo de forma descontrolada no es lo más sensato. Puede que haya que tomar medidas, pero lo estamos haciendo a la contra de todos los países europeos. ¿Es solo leve en España, teniendo en cuenta lo que hacen en Europa? ¿Son nuestras nuevas medidas abrirlo todo ocurra lo que ocurra porque suponemos que todo será soportablemente leve? Lo que nos queda es comprobar en aulas, empresas, etc. que este plan funciona en términos sanitarios y sociales. Ojalá que sea así.


 

* Jessica Martín "2022, año III de la era COVID: las "mutaciones" de una sociedad "cansada del cansancio"" RTVE.es 03/01/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220103/cansancio-sociedad-pandemia-2022/2245413.shtml

** "Detectan una nueva variante de coronavirus con 46 mutaciones y procedente de Camerún" Antena3 Noticias 3/01/2022 https://www.antena3.com/noticias/salud/detectan-nueva-variante-coronavirus-46-mutaciones-procedente-camerun_2022010361d33c04bda5150001bc842c.html

viernes, 31 de diciembre de 2021

Discrepancias e incumplimientos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


En este caos de divergencia al que hemos llevado al país es realmente difícil que nos pongamos de acuerdo. No ayudan nada las divergencias de las instituciones jurídicas, cuyos dictámenes acaban sembrando la confusión. Es cierto que no todos juzgan sobre las mismas condiciones, que allí donde les someten a consideración las diferentes cuestiones, ya hay diferencias.

En la prensa de hoy volvemos a encontrar diferentes apreciaciones sobre una misma pregunta, la relacionada con las suspensiones temporales de ciertos sectores ante la subida de la incidencia de la pandemia.

En RTVE leemos dos noticias con resoluciones contrarias. La primera de ellas es la de los tribunales en el Principado de Asturias donde se ha desestimado el recurso de la patronal hotelera con los cierres: 

Una vez ponderados los intereses públicos y privados en juego, para el TSJA "deben prevalecer sin lugar a dudas el interés general y la vida" de los ciudadanos y "el mantenimiento de los servicios de salud en un nivel apropiado de respuesta frente a los legítimos intereses, sustancialmente económicos, de los miembros de la asociación recurrente".* 


La respuesta está clara, pero lo que no está claro es ese "sin lugar a dudas", ya que encontramos no ya dudas sino respuestas de signo contrario, como ha ocurrido en Canarias. Leemos el resultado en Antena 3 Noticias:

El Gobierno de Canarias había solicitado al Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) que ratifique judicialmente el toque de queda nocturno en las islas en nivel 2 y 3 en el puente de 'Nochevieja' y también en la noche de Reyes.

Finalmente, el TSJC rechaza el toque de queda pedido para las noches del 31 de diciembre, Nochevieja, 1 de enero, Año Nuevo y el 5 de enero, vísperas de Reyes.

El auto de la Sala de lo Contencioso-Administrativo asegura que el Gobierno tiene competencias para fijar este tipo de restricciones pero entiende que la medida "es una importante restricción de la libertad personal", que afecta también a quienes han tenido un comportamiento cívico durante la pandemia.

Además, insiste en que la interacción social también puede producirse por el día y "la posibilidad de contagio sigue existiendo, de forma que su idoneidad es relativa".

La Sala coincide con la Fiscalía en que la orden del Gobierno canario "no expresa, ni justifica que sea equilibrada o ponderada por derivarse de ella más beneficios o ventajas para el interés general que perjuicios sobre otros bienes o valores en conflicto".** 


Como puede apreciarse, dos formas de ver el mundo, la justicia y el riesgo que supone para todos. Puede argumentarse que el peso del turismo y el ocio es distinto en Canarias que en Asturias, pero no sé si eso deja de ser una forma de parcialidad.

En este segundo caso hay dos partes que deben resaltarse. El primero es la apreciación judicial sobre que uno puede contagiarse en cualquier interacción social. ¿Supone eso que o se prohíbe toda interacción o no tiene sentido solicitar las más evidentes? Es a lo que lleva esa argumentación. De que uno puede contagiarse por el día se saca la consecuencia que no tiene sentido limitar el ocio nocturno. Parece una explicación un tanto demagógica.

La segunda cuestión no es nueva: la falta de explicación sobre la medida solicitada. No es la primera vez que los tribunales rechazan la medida del cierre por falta de motivación o de explicación sobre la medida. Se dice que no está correctamente documentada. Esto lleva a tener que dudar de la eficacia y profesionalidad de los equipos jurídicos, que presentan una solicitud de forma inadecuada, pero también pudiera haber una segunda explicación a la que se recurre con en ocasiones en el mundo del Derecho: la presentación de una propuesta falta de documentación o argumentación para que sea rechazada. Esto implicaría que algunos gobiernos presentan estas solicitudes porque deben hacerlo ante la situación extrema a la que llegan, pero que se trataría de una maniobra de imagen, ya que los intereses políticos y/o económicos van en la dirección contraria. Habrá que elegir entre ser ineptos y ser astutos. Que haga cada uno la elección que le parezca más adecuada.


El otro aspecto que tenemos hoy en la prensa relacionado con el COVID-19 es la indeterminación de los conceptos: qué significa ser "asintomático", qué son "síntomas leves", quién debe determinarlo y quién decreta cuándo se acaba la cuarentena. Los expertos han sido prácticamente unánimes: esto lo tiene que supervisar un médico. Sin embargo, esto se ha establecido precisamente para lo contrario, para evitar que la gente acuda a los centros de salud, completamente saturados. Esto solo deja una alternativa: la empresa, que es la autoridad que, sin saber qué decir sobre los síntomas, sí sabe velar por sus intereses.

El diario ABC entrevistaba ayer a la Presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología, Elena Vanessa Martínez, a la que se le pregunta "si hemos sido imprudentes", a lo que responde:

—La gente se ha comportado conforme a lo que les dejan hacer y no vale echar la culpa a la población. Yo no diría imprudentes, sino que había escenarios aprobados, con limitaciones por ejemplo en el consumo en la barra de los locales, cierres de espacios cerrados o limitación de aforos, que no se han cumplido. Hemos sido irresponsables entre comillas. Pongo un ejemplo: una de las medidas que menos se sigue es la distancia de seguridad. Si limitamos [Martínez trabaja en el CCAES, o Centro de Alertas dirigido por Fernando Simón] a seis personas las mesas en la restauración, pero ponemos a seis en una mesa de cuatro, no hacemos nada. Los niveles de riesgo 1, 2, 3 y 4 que se marcaron hay que mantenerlos, no se ponen porque sí. Ayudan a cortar la transmisión, aunque cuesta que tengan efecto.*** 


Creo que es ahí donde reside la clave: se han puesto medidas, pero las autoridades han temido hacerlas reales en la mayoría de los casos debido al alto coste político en las dos dimensiones: votantes y fuerzas económicas. Es difícil encontrar una aplicación sostenida y clara de las medidas. De esta forma se ha "maleducado" a la ciudadanía, que ha actuado convencida que incumplir las normas de seguridad no tenía consecuencias.

Aquí hemos comentado en muchas ocasiones esa falta de presión en las medidas. Escuchar en el Metro una voz que nos repite que "se recomienda" el uso del ascensor por una sola persona mientras se ve a 7 u 8 esperando para subir es lo normal; escuchar de nuevo que se "mantenga la distancia de seguridad" cuando la gente se hacina en los asientos y entra en grupos es igualmente poco edificante. Ver en la universidad como el aforo del 50% incumple las distancias de seguridad reduciendo a poco más de 50 cm (un asiento vacío) lo que debería ser metro y medio entre alumnos; ver salir a fumar juntos a los estudiantes que se habían mantenidos separados previamente en el aula, etc. no es lo más ejemplar precisamente. Pasamos frente a restaurantes en los que se ha reducido el número de mesas, pero no el de sillas, por lo que los que se sienten a la misma se encuentra apelotonados durante un periodo en el que están sin mascarillas. Lo mismo se aprecia en las mesas de terrazas, donde por mucho que se esté al aire libre permanecen juntos, sin distancia alguna y sin mascarilla.

Cuando se habilitó el primer partido de fútbol en un estadio con solo unos pocos miles, ¡se les concentró a todos en una sola grada! diciendo que era legal y que ellos había cumplido las normas de aforo. Evidentemente, el número era el mismo, pero todos juntos, que es mucho más barato que repartirlos por el estadio. Esto mismo se ha ido repitiendo en todas partes. He tenido que repetir a mis alumnos cada mañana que había sitios libres y que se mantuvieran separados. Costó pero sirve de poco si no se mantiene.

Se han puesto normas, sí, pero no se ha seguido una política firme de "mentalización" de que había que cumplirlas. No se ha asimilado que su sentido es nuestra propia protección y la de los demás, que somos nosotros los que movemos el virus. La falta de firmeza ha sido general y, además, desmoralizante para quienes pretendían cumplirlas. La anulación de las multas fue el detalle con el que nuestros jueces dieron la "razón" a los incumplidores, quitando las ganas a los que tenían que estar en las calles haciendo cumplir las normas.

Por eso, cortar la trasmisión, como señala Elena Vanessa Martínez, es elemento central y eso solo se hace con las distancias y mascarillas, con la ventilación de interiores. Si no se hubieran sentado seis en una mesa de cuatro, por seguir su ejemplo, estaríamos en una cifras mejores que el desastre actual, donde se vuelve a recurrir a la peor idea, la de la inmunidad de rebaño, que es una forma de hacer no haciendo, que se contagien todos, cueste los muertos que cueste. Pero esto está condicionado a que las vacunas no pierdan eficacia y que no se vuelvan inútiles ante las nuevas variantes por llegar, que no tardarán mucho por el explosivo contagio, la combinación de Delta y Ómicron más lo siguiente que llegue.  


* "La Justicia avala el cierre del ocio nocturno en Asturias: "Debe prevalecer el interés general y la vida"" TRVE 30/12/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211230/justicia-avala-cierre-ocio-nocturno-asturias/2246440.shtml 

** "El Tribunal Superior de Justicia de Canarias rechaza el toque de queda para Nochevieja, Año Nuevo y Reyes" Antena 3 Noticias 30/12/2021   https://www.antena3.com/noticias/sociedad/tribunal-superior-justicia-canarias-rechaza-toque-queda-nochevieja-ano-nuevo-reyes_2021123061cdcfea572a7d000122b49b.html 

*** Érika Montañés "La presidenta de los epidemiólogos: «En enero, Filomena ayudó a parar la transmisión. A Ómicron no lo frena nadie»" ABC 30/12/2021 https://www.abc.es/sociedad/abci-presidenta-epidemiologos-enero-filomena-ayudo-parar-transmision-omicron-no-frena-nadie-202112301942_noticia.html

jueves, 30 de diciembre de 2021

Justificaciones poco convincentes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cada decisión supone asumir un riesgo y dar una explicación. Comprendemos los riesgos, pero son las explicaciones las que no son convincentes. Ayer se aprobó por la "parte política" la reducción de las cuarentenas. Conozco casos de personas que estaban de baja hasta el día 1 y que fueron llamadas esa misma tarde para decirles que se tenían que incorporar ya mismo. Las llamadas fueron realizadas sin esperar a apagar el televisor.

Esta vez se ha pasado de los expertos y los políticos han hecho prevalecer su opinión en el momento en que se anuncia esta misma mañana que tenemos más de cien mil contagios en un día y la incidencia está por encima de 1.500 por cada 100.000 habitantes. Que en el momento de máxima expansión se reduzca la cuarentena no es una buena señal, pero las explicaciones deben ser tales y no simples excusas. Creo que a estas alturas los valores de la sinceridad son importantes.

Escuchar a la ministra Darias decir que se hace porque lo hacen en países como los Estados Unidos, Reino Unido y otros es sencillamente deprimente y nos muestra el grado de pérdida que tiene su ministerio en esto de la pandemia. Las estrategias que se dan por buenas son las que han llevado al desastre de los dos países citados, para nada ejemplares. También preocupa que se comience a hablar de la estrategia israelí de dejar que todo el mundo se contagie, que fue precisamente por la que Boris Johnson tuvo que pedir perdón públicamente por los efectos causados.


Cada vez escuchamos más excusas antes que explicaciones de lo que realmente significan las medidas que se toman. Esta vez los expertos han sido claros en su planteamiento: decretar menos días de aislamiento sin saber cómo es el comportamiento del virus en los días finales, cuál es su capacidad de contagio en esos momentos, no es bueno. Los expertos ha dicho que reducir esos días sin realizar una prueba final que muestre el estado del infectado es un lanzamiento al vacío.

No hay otro interés tras esto que el económico, como se temía. Por eso es tan indecente el uso que la ministra ha hecho de los más esforzados: se hace —nos ha dicho— para evitar que nos quedemos sin los servicios fundamentales, como enfermeros, bomberos, policías, etc. Esto es jugar sucio, manipulación, algo que me imagino no habrá sentado nada bien a los afectados, que no solo se contagian sino que tienen menos tiempo para recuperarse.

Las bajas, si realmente le importan esos sectores, se compensan con más personal, ya que el estrés que padecen no se debe al COVID-19 sino a la falta de personal. La solución es menor recuperación y más riesgo de contagio a los compañeros. ¿Es más caro contratar más personal? ¡Por supuesto! Pero esto se acabará produciendo si sigue aumentando el nivel de los contagios, como todos dan por seguro. No le echen la culpa a la variante Ómicron, sino a esta forma "normalizada" de querer volver a lo mismo sin que hayan cambiado las condiciones de contagio.


Lo que Israel quiere hacer se está haciendo aquí de forma escondida, pues es el mismo efecto el que se busca o se encuentra, el del contagio masivo. La respuesta, desde la frialdad de la economía y los negocios, es que se contagien todos para encontrar esa mítica "inmunidad de rebaño", que muchos siguen pensando que es la solución cuando está sobradamente falsa en este caso. En primer lugar, nadie es "inmune", la gente se sigue contagiando tras la decadencia del poder de las vacunas, donde ya se está hablando de las cuartas dosis. En segundo lugar, no existe el "rebaño" en un mundo abierto y con unas enormes asimetrías entre países o continentes; el rebaño se convierte en un elemento "teórico" que choca con la ausencia de barreras de contención que lo delimiten. En un país que, como España, depende del turismo, la posibilidad de un cierre o de un contagio generalizado son remedios peores que las enfermedades mismas. Entre contagiarnos todos y que venga el turismo deseado existe una enorme contradicción. Cuantos más contagios, estamos en más listas de países poco recomendados para viajar. Peor todavía: nos llega un turismo, como ha ocurrido con Reino Unido, al que nadie quiere recibir por sus propias tasas de incidencia. Ellos, por su parte, encantados de que los recibamos con los brazos abiertos. Era el mismo razonamiento de los turistas franceses de fin de semana en Madrid: "Venimos aquí porque hacemos lo que no nos dejan hacer en nuestro país". Ser el chiringuito permisivo de Europa no es precisamente algo de lo que enorgullecerse por este camino.

Para compensar la imagen, la Comunidad de Madrid acaba de dejar en evidencia a su Consejero de Sanidad y ha decretado la prohibición de las macrofiestas de Fin de Año, mientras que mantiene las discotecas y otros locales de ocio con algunas restricciones. Se mantiene la despedida del año con 7.000 personas como aforo en la Puerta del Sol y sin "uvas".


El otro asunto es la cuestión escolar. Lo han dejado para más adelante, es decir, la semana que viene, cuando decidirán si regresan a los colegios. La primera idea va a mantener a los más jóvenes (por lo que suponen de freno a los padres, que deberían quedarse con ellos, con los problemas laborales que eso crea) y grupos alternados en los mayores, que podrían llegar a la universidad, me imagino.

Desde el principio, los ministros han tratado de evitar que se creyera que anteponían los motivos económicos a los sanitarios. Parece que va contra su imagen, aunque no contra sus principios. La imagen "protectora" del político que vela por nosotros no cas muy bien con la de quien atiende las demandas patronales sobre el personal laboral. En este sentido, me parece muy revelador que esto se haya hecho a la vez que la Reforma Laboral, otro motivo de disputa.


El camino que se sigue no tiene el aval de los expertos en salud ni el de los virólogos y epidemiólogos. Tendrá el aplauso de los políticos y economistas. La tesis de que hay que "combinar" salud y economía es ya una toma de posición. Pero lo que no se puede hacer creer a nadie es que con una reducción de la cuarentena, del aislamiento de los infectados, se va a combatir nada. Sí aumenta, por el contrario, el riesgo de que aumenten los contagios, como está ocurriendo. No hay nadie más ciego, dice el refrán, que el que no quiere ver.

Cuando aumentan los contagios, vuelven a recurrir a la idea de la inmunidad de rebaño, que empezó con un teórico "70%" de contagio de la población y ha seguido creciendo hasta que se ha visto inútil. Es un mal síntoma que vuelva a estar en portada porque dentro de poco estará en boca de la ministra justificando las cifras elevadísimas de contagios que todos auguran para dentro de 10-15 días.


Los sacrificios se soportan mejor cuando se ve un fin cercano. Pero esta situación es como vagones enganchados a una locomotora. No vemos el final del tren. Eso debería llevarnos a unas estrategias distintas a aquellas que fallaron cuando se hablaba de "nueva normalidad". Creo que es más sensata la sinceridad por delante, la explicación real de los hechos y las decisiones y no decir que se toman medidas porque otros países lo hacen. Una vez más, padecemos nuestro propio sistema dependiente de demasiadas variables externas y con muy poca capacidad real de decisión. Lo sorprendente es lo poco que se cuestiona la debilidad estructural y lo poco que se habla de reformas reales para que este tipo de situaciones tengan una repercusión menor. No me refiero solo a la Sanidad, donde se llevan muchos años reclamando, sino en otros sectores, de los laborales a los educativos, pasando por todos los demás. Todo se enfoca como "provisional" y hay miedo a realizar cambios. Pero la vida misma es provisionalidad y cambio. Lo peor de todo es la constatación de nuestra resistencia o incapacidad de evolucionar.

Pese a lo que dice el titular de RTVE.es, los expertos son claros: 

José Martínez Olmos, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública, ha asegurado en los micrófonos de RNE que reducir las cuarentenas, desde el punto de vista de la difusión del virus, podría contribuir a un aumento de los contagios, por lo que esta medida no estaría justificada sanitariamente.

“Muchas personas que estando infectadas, incluso estando bien vacunadas, aunque no tengan síntomas, podrían estar contagiando en su entorno, con lo cual desde el punto de vista técnico sería una medida que no contribuye a disminuir la difusión comunitaria del virus. Solo se entiende desde el punto de vista de la mejor gestión de los servicios de salud, de la mejor gestión de las bajas laborales y del funcionamiento de las empresas", ha valorado.* 


Es lo suficientemente claro. Es una medida económica y política. No hay justificación desde el punto de vista sanitario. Que los políticos teman dar explicaciones sobre las decisiones de este tipo es revelador. Han usado a los expertos para justificarse; hoy han llegado al punto en que los expertos no les avalan. Por eso hay poca sinceridad en sus argumentos y solo el que otros países, los del modelo anglosajón, precisamente los más reacios a tomar medidas y a que se cumplan (todo depende del auto cuidado), lo plantean. Nuestro modelo laboral, afortunadamente, tiene poco que ver con el suyo, aunque parece que vamos hacia él.

 


* "Los expertos avalan reducir las cuarentenas pero "solo para circunstancias concretas"" RTVE.es 20/12/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211229/reducir-cuarentenas-solo-circunstancias-concretas/2245406.shtml

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Multas y pasaportes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


No nos engañemos, las cifras europeas estaban ya disparadas antes de que Ómicron tuviera nombre. La llegada de la variante complica más las cosas allí donde ya estaban bastante complicadas. En países como Austria, Alemania, Francia o Italia, además del Reino Unido se disparaban las cifras de contagios. Ómicron son nuevos miedos, pero todavía son los mismos números.

Nos cuentan en Antena 3 el gran drama que todo el mundo entiende, el símbolo total del miedo, que los partidos de fútbol se vuelven a celebrar a puerta cerrada, tal como se ha acordado ya en la región de Baviera: "[...] los clubes de fútbol de la región se tendrán que volver a acostumbrar a jugar a puerta cerrada, sin público. Como el FC Barcelona, que se desplazará el próximo 8 de diciembre para enfrentarse contra el Bayern de Múnich."* Un drama, sin duda.


La noticia de la cadena televisiva española recoge las sanciones europeas a las que se pueden exponer los que no se vacunen, que va desde fuertes multas en Austria, sobre 7.200 euros, a las más ligeras multas griegas de 100 euros a los mayores de 65 años sin pinchar a estas alturas.

Recurrir a las multas no deja de ser una estrategia con resultados muy variables. ¿En qué quedaron nuestras multas en la primera parte de la pandemia? ¿Dónde fueron las multas a los que se saltaban todo lo saltable? Como sabemos, a la papelera después de hacer pasar por un ridículo mayúsculo a todos los que tuvieron que dar la cara en la calle poniéndolas. 

La pugna entre nuestros jueces y nuestros políticos ha servido para dejar en evidencia a los que se lanzaron a plantear prohibiciones que resultaron inútiles. Aquí los que han hecho negocio han sido aquellos que se han dedicado a gestionar las devoluciones de las multas declaradas ilegales. ¡El que no corre, vuela!


Los norteamericanos, por su parte, no dejan de sorprendernos. Ellos tuvieron que pasar un doble proceso, una pandemia, la del Covid, y una epidemia, la de Donald Trump, esta con muy graves secuelas de "estupidez persistente".  Gracias a un titular de la CNN sabemos que están sorprendidos con que la gente acepte lo que en Estados Unidos resulta inaceptable, que las vacunas puedan ser "obligatorias". El titular de la cadena señala "Making Covid-19 vaccines mandatory was once unthinkable. But European countries are showing it can work". ¿Somos ejemplares porque estamos poniendo multas para reducir el movimiento del coronavirus, porque los partidos se celebrarán a puerta cerrada? Pues parece que sí, que este lenguaje de hechos funciona.


Recordemos que no hace mucho algunos resultaron muertos allí por el hecho de decirle a alguien que se pusiera la mascarilla en un supermercado u otro espacio público. Recordemos también, que ponerse la mascarilla "era demócrata" y no ponérsela "republicano". Sí, podríamos recordar —y recordamos— muchas imágenes, muchos momentos de enfrentamiento de sanitarios con la mascarilla, impertérritos, frente a energúmenos armados hasta los dientes, dispuestos a intimidar en calles y palacios de gobernadores (como ocurrió con la gobernadora de Michigan). Sí, son muchas imágenes en muy poco tiempo; algún día alguien hará con ellas un insólito documental que a la gente le costará creer. Les costará todavía más creer las cifras de muertos por la cabezonería retrógrada.

Por todo ello, no tiene nada de particular que la CNN diga que las vacunas obligatorias, que los pasaportes obligatorios, etc. funcionan en Europa finalmente. Sí, hasta en España ha habido un acelerón en la vacunación. No es tanto por las multas (ya que todo el mundo sabe en qué han quedado), sino por el rumor de que no vas a poder salir de marcha con los colegas. El riesgo de que no te dejen entrar en un restaurante, tugurio o cualquier celebración cerrada, motiva mucho, según parece. Un horrible destino, tanto como los partidos a puerta cerrada.

BBC 30/11/2021

La enorme paradoja es la que enfrenta la nueva situación de la variante Ómicron: mientras en Europa o los Estados Unidos, en los países ricos, hay un porcentaje de personas que no se vacunan porque no les da la gana, en los países más pobres la gente pide desesperadamente vacunas.

Dice el artículo de la CNN:

"We have enough vaccines. Science gave us the possibility, the exit ticket out of this vicious circle of virus waves and lockdown discussions. And simply not enough people are using this possibility and taking this exit ticket, and that's why we're still stuck in this situation," Austrian Chancellor Alexander Schallenberg told CNN last week, explaining his decision to mandate Covid-19 vaccines by February 1. Those failing to adhere to the rule will face an administrative fine, but it's not clear yet how high, or how the policy will be enforced. Nearly one in three people in Austria remain unvaccinated.

"It is a drastic measure. I would have preferred to go another way. But if one year in having the vaccine, of having national campaigns, of having media explaining again and again what this is about, that we have such a high degree of insecurity, of people believing in fake news ... we have a necessity to take this drastic step," Schallenberg added.

 


No le falta razón al canciller austríaco, desde luego. Son pijoteradas, si se me permite la expresión, lujos de países ricos mal educados. Basta con escuchar las razones por las que se están vacunando ahora algunos en España para que se te caiga el alma a los pies ante tanta frivolidad.

Hemos tenido miles de muertos en las residencias de mayores; de ellas no se sacó un sentido de responsabilidad, sino la sensación de inmortalidad juvenil, de que esto no iba con ellos. Se intentó con multas primero y no funcionó; después se hizo con cargas policiales en esos botellones que no han cesado. Incluso se convirtió en un motivo más de diversión, un final de fiesta, lanzar botellas y piedras contra los que intentaban que se dispersaran. Tenemos gente anticipando las comidas navideñas por si acaso, sin entender que con eso aceleran los contagios; los pueblos inauguran la iluminación en noviembre y se extienden las rebajas por si hay restricciones. En fin, un mundo que acude de cabeza a los contagios por temor a que les quiten los caramelos y las fiestas.


Como se señala en el artículo, se corre el riesgo de que esas multas propuestas queden en agua de borrajas, en papel mojado, en una broma con la que reírse con los amigos. Ha habido que llegar a las multas por incumplimiento de algo tan obvio, de sentido común, de respeto a los demás. Pero no es en eso en lo que se nos educa.

Las cifras, sí, estaban disparadas antes de la llegada de Ómicron desde Sudáfrica, que ahora se nos dice que llevaba tiempo entre nosotros. La facilidad con la que se dispersa hace temer a todos que no haya más remedio que recurrir a las impopulares multas, aunque no se puedan cobrar, y a los pasaportes, que ahora todos quieren tener. ¿Se puede llegar a hacer lo que no se tenía intención de hacer solo porque se tenga el pasaporte? No hay que excluirlo.



* "Detectado en Alemania un caso con la variante ómicron que no procede de Sudáfrica" Antena 3 Noticias https://www.antena3.com/noticias/mundo/detectado-alemania-caso-variante-omicron-que-procede-sudafrica_2021113061a63ca59dc5fc00013a4a35.html

** Eliza Mackintosh "Making Covid-19 vaccines mandatory was once unthinkable. But European countries are showing it can work" CNN 30/11/2021 https://edition.cnn.com/2021/11/30/europe/covid-vaccine-mandates-austria-europe-cmd-intl/index.html