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martes, 3 de octubre de 2023

Una pregunta sencilla ante el desastre

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Al absurdo de las muertes producidas en las discotecas murcianas, le sigue ahora el absurdo administrativo. Resulta que los locales no debían estar abiertos. El titular destacado de RTVE.es señala "Las discotecas incendiadas en Murcia tenían orden de cierre desde 2022". El artículo no logra igualar la imagen de los rostros de las autoridades que nos muestran en el informativo televisivo cuando se les pregunta por qué estaban abiertas si debían estar cerradas, una pregunta sencilla y obvia que obtiene una respuesta equivalente a "esa es la cuestión". En el artículo otra respuesta estándar se añade: «"Se van a depurar todas las responsabilidades de cualquier tipo", ha asegurado el teniente de alcalde"»

Por algún extraño motivo, alguna ley no escrita, siempre se producen los incidentes mortales en sitios que no tienen licencia, no han sido revisado o están apercibidos de cierre o similares. Me viene a la memoria el caso de las atracciones de feria, de las norias que se desploman o similares, causando muertes; de los castillos hinchables que están mal anclados y causan heridos y muertos... en fin una larga serie de casos en los que ocurre lo inexplicable.

Es pronto para saber qué ha ocurrido en las discotecas murcianas. Es pronto pero ya pinta mal lo que sabemos: la enorme cantidad de muertos y la ausencia de licencias, ese "deberían estar cerradas" que se nos anuncia y que no presagia que el siguiente elemento sea positivo. Esa "depuración" que se anuncia es la característica cortina de humo antes de que esa cadena de responsabilidades muestre lo que siempre muestran, Nada de lo que se asuma va a devolver la vida a todas esas personas.

La licencia se ha quemado, nos dicen; la orden de cierre nunca llegó, repiten los abogados. Todo apunta, pues, al vacío, a sacudirse las responsabilidades por lo ocurrido y por la forma en que ha ocurrido. En RTVE.es nos dicen:

El teniente de alcalde del Ayuntamiento de Murcia, Antonio Navarro, ha anunciado que el consistorio "va a actuar contundentemente" y se personará como acusación en la investigación tras el incendio, que ha dejado al menos 13 muertos y 24 heridos, ya que desde 2022 existía una "orden de cierre" del local de la Fonda Milagros.

"Se van a depurar todas las responsabilidades de cualquier tipo en que se pudiera haber incurrido", ha señalado Navarro en una comparecencia ante los medios, porque había "orden de precinto" del local donde se ha producido el incidente.

El anterior concejal de Urbanismo del Ayuntamiento, Andrés Guerrero (PSOE), ha intervenido justo antes para advertir que el "único responsable" es la empresa, que "a pesar de las comunicaciones efectuadas en el sentido de cerrar los locales, hizo caso omiso de ellos".* 

Es una pena que la "contundencia" llegue a deshoras, cuando se ha llevado por delante la vida de casi veinte personas encerradas en una ratonera. Los patéticos "audios" enviados a las familias por los que estaban encerrados en un local convertido en crematorio revelan su conciencia de que era imposible salir de allí con vida.

"Contundencia" se convierte en una manifestación de lo contrario, de la incapacidad de controlar aquello que es obligación controlar. Una administración que, como dicen, ordena el cierre de un local y este sigue abierto porque, nos dicen, "es imposible saber si está abierto o cerrado" asume su propia inoperancia. ¿Cómo va no va a poderse saber si está abierto o cerrado un local de ocio del tamaño de las discotecas? ¿Cómo es posible? ¿Se escondían en silencio cuando iban a inspeccionar? ¿Iba alguien?

Más bien se ha convertido en una rutina en donde unos extienden certificados y a nadie le interesa ir a ver si se cumple o no. Sabedores de esto, las infracciones son papel mojado. Los requeridos para cierre no lo hacen porque es su negocio, su forma de vida y sabe que no van a ir más allá. Los propietarios y responsables niegan haber recibido notificaciones y dicen que las licencias se han destruido, algo que contradice los expedientes de cierre que, aunque existieran, nadie se dedicó a comprobar.

En RTVE.es se explica:

El 8 de marzo de 2022 la empresa presentó un proyecto de legalización, un procedimiento que todavía no ha concluido, por lo que, según ha advertido el teniente de alcalde, tanto Teatre como la Fonda han funcionado sin autorización desde la orden de cese. * 

¿Es posible que se tarde año y medio en responder? ¿Cuánto tiempo puede llevar que se resuelva y se pueda trabajar? ¿Es más cómodo dejar abrir sin licencia, mirar para otro lado, para que no te metan prisas?

Ahora todo es ser "contundentes", "exigencias de responsabilidad", etc., toda esa retahíla retórica que se da en estos casos. Si había orden de cierre, tan responsable es el que no se molesta en hacerla efectiva como el que la incumple. Ya todo es rigor, pero un poco tarde.

España ha hecho del ocio su negocio. Se trata de que se creen muchas discotecas y demás locales destinado a ese ocio y no en cerrarlos. Esto hace que tampoco el interés en ser rigurosos sea excesivo. Es lo que vemos incidente tras incidente.

Los lamentos siempre van en el mismo sentido: poco personal, recortes, etc. Eso, según la administración, impide la realización de su trabajo haciendo ejecutar las órdenes de cierre o cese de actividad. Es lo mismo que escuchamos de los psicólogos en las escuelas, que hay pocos. Lo escuchamos siempre que hay una desgracia junto con otras excusas del mismo tono: no detectaron nada, nadie avisó, no había precedentes. Es la España de la excusa, la que no para nada, pero tiene explicación para casi todo. Por eso la pregunta más sencilla —¿por qué estaba abierta cuando había orden de cierre?— se nos queda congelada en el rostro y solo se responde con una descolocada sonrisa y un movimiento ligero de hombros. 

 

* "Las discotecas incendiadas en Murcia tenían orden de cierre desde 2022" RTVE.es 2/10/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231002/incendio-murcia-autorizacion-ayuntamiento-discoteca/2457329.shtml

El Mundo


lunes, 3 de julio de 2023

¿Quién quiere ser camarero?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En RTVE.es se ocupan de una cuestión que es ya recurrente, la falta de personal en la hostelería. Cada cierto tiempo salen representantes del sector quejándose de lo mismo; no hay camareros. Según parece, no resulta ni rentable ni glamuroso dedicarse a estas tareas: 

"Ya nadie quiere dedicarse a ser camarero". Ana Taibo, propietaria de un par de bares en el centro de Madrid, responde así a nuestras preguntas sobre los problemas para encontrar profesionales para contratar en hostelería. "Es difícil encontrar personal cualificado que tenga experiencia o ganas de trabajar. La historia es que la hostelería a día de hoy es un trabajo pasajero, siempre es algo hasta que encuentre de lo mío".

El sector tiene 8.217 vacantes, según la última encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondiente al primer trimestre de 2023, y se enfila hacia sus meses más intensos, los de la temporada de verano. Los miles de puestos de trabajo sin cubrir en hostelería son una constante en la serie que recoge el INE desde 2013, pero el problema se ha vuelto más evidente para empresarios, sindicatos y trabajadores desde que terminó la pandemia de coronavirus y la actividad ha vuelto a la normalidad. CCOO asegura que España ha perdido 32.000 camareros desde 2019 en un sector que, según la patronal, aporta el 4,9% del PIB nacional.* 

Toda esa canalización hacia bares, cafeterías y chiringuitos, a sitios de copas, etc. parece que no logra atraer más que a empresarios, pero con poco atractivo para el que lleva la bandeja o está detrás de una barra sirviendo. Nadie, nos dicen, lo ve como "lo suyo", como nos indica la infeliz propietaria de dos bares en Madrid, entrevistada al inicio del reportaje.

Como ya es frecuente visto desde el lado empresarial, la gente "no tiene ganas de trabajar" o no tiene la muñeca experta necesaria para agitar la coctelera, el pulso para escanciar o ese punto que se requiere para tirar bien la cerveza, con su dedo de espumita. No, las cosas ya no son lo que eran. ¡Vaya generación!

Ese 4,9% del PIB nacional se exhibe como destino manifiesto de la juventud española, que debe satisfacer al otro lado, el que se tiene que beber lo que le sirven para que salgan las cuentas a la patronal del sector.

Tenía que estallar en algún momento. Se ha convertido a España en una gigantesca terracita, un espacio que hay que llenar y en el que hay que consumir para que salgan las cuentas. Esa es la reclamada "normalidad" a la que se quiere volver una vez solventado lo del molesto coronavirus.

El bicho ese nos impedía vivir y consumir, que viene a ser lo mismo. La maldita mascarilla nos obstaculizaba el ocio nocturno y era el enemigo de esa felicidad artificial necesaria para sobrevivir en este escenario de desempleo juvenil, de empleos mal pagados y de contratos nuevos cada quince días. ¡Hacen falta camareros para atender tanto aburrimiento, para olvidar tanta desidia!

El modelo español no atrae. No digo que no funcione (¡qué remedio!), sino que no atrae, que se llena de personas descontentas, gente que se aburre esperando que llegue ese puesto que le permita hacer realidad su carrera universitaria, su enseñanza superior, las aspiraciones de su vida, si es que ha cometido el error de tenerlas.

Tenemos un bar por cada 160-170 personas, creo recordar. Hay bares de todas las categorías, desde el consumo tirados en el parque hasta el selecto que tiene reservada la entrada. A cada uno su bar, su terracita, su salón de espejos con camarero engolado.

Todo el problema que hemos visto una y otra vez durante la pandemia tenía que ver con el ocio más que con las empresas. La gran pregunta era cuándo se podría salir a tomar la cerveza o el café. Los empresarios de interiores se quejaban de las distancias, del uso de las mascarillas. ¡Hasta los psicólogos fueron movilizados contra ellas diciendo que los bebés crecerían con graves déficits dejando de comprender la expresión facial de sus padres!

No sé a quién le extraña que ahora queden sin cubrir esos casi nueve mil puestos de camareros. Cada vez que llega un puente, un periodo de vacaciones, los empresarios se quejan. Estas pasadas vacaciones de semana santa, se escuchaban voces empresariales amenazantes: ¡habría que contratar a 10 mil marroquíes! ¡Demos una buena lección a esos gandules españoles!

No digo que no haya gandules españoles, que los hay. Lo que digo es que dentro de esta lógica del mercado, no han sido el sector más digno de dar lecciones. Demasiada "flexibilidad" y pocos "derechos". La explotación en horarios ha sido un hecho, en despidos otro. Todo esto de la "profesionalidad" y "experiencia", todo esto suena vacío ante la triste realidad del sector. Contratan cuando necesitan y después a la calle. Puede haber empresas con sentido de la dignidad en sus diferentes dimensiones laborales, pero hay muchas otras que no son ejemplo. No es algo a lo que nadie quiera dedicar más tiempo del debido. Y que sea poco.

Cuando se produjo el boom inmobiliario, recuerdo los abandonos de las carreras universitarias. Muchos preferían dedicarse a lo que se requería, la venta de pisos para las inmobiliarias. La comisión por vender un piso era mejor que cualquier sueldo. Luego llegó el estallido de la burbuja y la crisis. Muchos se arrepintieron.

Hace décadas que el crecimiento de España se ajusta al modelo turístico y hostelero. Somos el chiringuito europeo, el lugar al que vienen a descansar y a beber millones de turistas cada año. Sin ellos la economía se resiente. Pero este modelo no es el mejor, ni mucho menos. Es un futuro sin futuro, en el que para que algunos (muchos) hagan negocio otros deben dedicar su vida. Y si no te gusta, ¡hazte emprendedor!

Somos un país con una estructura empresarial muy débil. Tenemos una mayoría de "micro empresas" (ya no pequeñas o medianas) que es la forma de camuflar el autoempleo.

El año pasado, casi por estas fechas, leíamos en el diario económico 5días:

Hoy, 27 de junio, se celebra el día de las microempresas y las pequeñas y medianas empresas (pymes). Este tipo de empresas son las más importantes para la economía a nivel mundial. Según datos de la ONU, si las pymes desaparecieran, la economía mundial se desplomaría. Las pymes son el pilar de la economía mundial y las que más empleo generan. En concreto, suponen el 50% del PIB del mundo, y de ellas depende el 70% del empleo.

Pero si hablamos de nuestro país, las pymes son todavía más relevantes. El 99,9% del tejido empresarial de nuestro país lo componen pequeñas y medianas empresas. Únicamente el 1% son grandes corporaciones. Las pymes suponen el 65% del PIB de nuestro país y generan el 75% de los puestos de trabajo. Por tanto, nuestras pymes son fundamentales para nuestro sistema económico.**

 

Es una forma de verlo, claro.  Tener un 99,9% es un síntoma de que hay poco empleo estable, algo que da el crecimiento. Ese tejido tan pequeño está constantemente desapareciendo y reapareciendo bajo otras formas, dejando a trabajadores en la calle. ¿Cuántas de esas micro empresas son bares y demás? Hagan las cuentas. ¿Cuántas de esas empresas necesitan investigadores, cuantas personal especializado en sectores de vanguardia? La alegría confiada de la foto de 5días es de una irrealidad pasmosa, un felicidad falsa respecto a una situación compleja y muchas veces dramática por los intentos de sobrevivir.

Los bares nos condenan a dos formas no excluyentes: servir y ser servidos. Estás a un lado u otros de la bandeja. Los que pueden permitírselo prefieren estar sentados mientras te traen las bebidas. En otros muchos ya impera el sírvase usted mismo, ahí tiene la máquina de bebidas y rellene a su gusto.

España apenas tiene una planificación económica que apunte a un futuro mejor. La instalación de una gran empresa o una fábrica es porque hemos bajado nuestras condiciones de empleo y pediremos poco, como ocurrió con alguna gran empresa automovilística francesa que dejó en España sus instalaciones después que los trabajadores aceptaran ser los más baratos.

Entre becarios y camareros, hay pocas posibilidades de conseguir empleos en condiciones, estables y lo suficientemente remunerados como para que la gente pueda acceder a una vivienda, pueda tener hijos en las edades en que debe y, si hay suerte, disfrutar de su trabajo.

Lo de la economía y la moto es jugar demasiado con el sarcasmo. Lo es también cuando comprobamos las enormes cantidades de jóvenes que salen de España a conseguir empleos dignos en campos para los que se han formado. Decir que casi nadie tiene problemas con el alquiler es una osadía que descalifica, que muestra que no se ve problema donde lo hay realmente y que los que controlan este sector ha impuesto su visión del mundo: mucha mano de obra barata para reponer al que se queja. 

"Despido" Pymes y autónomos

* Sofía Soler ""Ya nadie quiere ser camarero": la falta de personal en hostelería agita el debate por sus condiciones laborales" RTVE.es 2/07/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230702/hosteleria-falta-camareros-condiciones-laborales/2450190.shtml

* Lucía Vera Hervás "¿Cómo son las pymes en España?" 5días / Territorio Pyme 27/05/2022 https://cincodias.elpais.com/cincodias/2022/06/24/pyme/1656070303_778210.html

domingo, 16 de octubre de 2022

Low cost somos todos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En La Vanguardia de hoy insisten en la lucha contra el turismo "low cost" mediante el artículo situado en lugar preferente, con el titular " Cambio en la industria turística / El alza de precios de hoteles y vuelos golpea al turismo 'low cost'", al que se añade "El turismo barato tiene los días contados; vuelos y hoteles consolidan su encarecimiento", y un segundo texto, el firmado por el director, Jordi, con el titular "No lloremos por el 'low cost'". La subida de los precios se considera como algo inevitable y se apuesta por el turismo "caro" frente al término eufemístico "low cost", que indica dos cosas "barato", pero el inglés nos lo presenta como algo llegado de fuera y que podemos controlar. De esta forma se nos da a entender que no es algo que nos afecte a nosotros sino a los que llegan del exterior. Se extiende así la metáfora del "invitado", del visitante al que controlo gracias a los precios: subo los precios y así selecciono el tipo de turismo que quiero recibir.

Sin embargo, el panorama que se nos presenta, lo que tenemos enfrente es que nuestros dos principales abastecedores de turismo desde el exterior, Reino Unido y Alemania, pasan por crisis que hacen más que dudoso que el turismo sea su prioridad. Reino Unido está pasando la mayor crisis en muchos años, con la libra hundida, mientras que en Alemania se habla de recesión. Nosotros dependemos de ellos para que nos salgan las cuentas.

Lo cierto es que el verdadero "low cost", sin eufemismos esta vez, es lo que se practica con nosotros, españoles de a pie, en todos los sectores. Agobiados por la precariedad, por los sueltos "low cost", se nos pide y alienta a que dejemos lo poco que ganamos en el sector del ocio, la hostelería y del turismo, que son nuestra alternativa a la industria.

Mientras Barcelona vive una serie insólita de ataques, robos, etc. sobre los turistas que van a la ciudad, el problema parece estar en que los turistas tienen que gastar más. El titular en el diario El Mundo es rotundo, "Barcelona, la ciudad de los 400 delitos al día: "No puedes llevar un bolso, parece el Bronx"".

En España solo se ha hablado de las quejas y las presiones de estos sectores durante la pandemia, ignorando al resto. Había que vender "normalidad" para que el turismo fluyera, para que los bares permanecieran abiertos, tal como ahora que, debido a la crisis energética, todo parece depender de que las terrazas permanezcan abiertas e iluminadas más tiempo que los demás. Visto el resultado electoral que le dio a Isabel Díaz Ayuso —apodada "La Reina de los Bares"—, los poderes locales dudan sobre qué hacer. Los bares y demás son el segundo espacio de vida español y del turismo, que será el chantaje que se utilice para evitar los controles energéticos. Los controles de temperatura, por ejemplo, también han sido contestados porque hacen "menos competitivos" los locales, tanto para el invierno (más calefacción) como para el verano (más refrigeración). Estos sectores se han acostumbrado a cierto grado de inhibición ante las medidas que sí deben cumplir los demás, de las escuelas a los grandes almacenes, pasando por las empresas y fábricas. Pero el ocio, el turismo, etc. tienen patente de corso en todo esto.

El encarecimiento de los precios es una forma de recuperar ingresos. Lo del "low cost" no es más que una operación de imagen que lo justifica. Tras el término "low cost" se ha ido creando una idea del "turismo mochilero" que es una excusa para elevar los precios a los demás. Parece que subir los precios tiene un factor disuasorio, pero quien acaba pagando la subida es el que sí va, entre ellos los españoles, que no se salvan porque se diga en inglés. Todos somos turismo "low cost", con la salvedad del que se puede permitir todo. Solo unos pocos privilegiados buscan los precios más elevados como forma de afirmar su elitismo y evitar tener que codearse con la plebe.

El problema es que la plebe se ha ido incrementando gracias a las condiciones de precariedad, bajos sueldos, etc. que llevamos padeciendo ya más de una década y que afecta a toda nuestra vida, del envejecimiento de la población, que no puede tener hijos, al vaciado de media España, en la que no se invierte lo que se debería; de la crisis de la vivienda al descenso de los sueldos. Pero, eso sí, todos debemos de ir a llorar nuestras penas al local de ocio más cercano.

"Low cost", sí, somos todos. Hay que financiar desde el estado la "cultura" (bonos juveniles de 400 euros) o las ayudas a la vivienda de los menores de 30 años. Dada la fragmentación generacional que se produce en el electorado, no es de extrañar que los grupos a la izquierda del PSOE pidan que se baje la edad de voto hasta los 16 años.

Somos un país "low cost". Lo somos porque no podemos ya sobrevivir de otra manera que bloqueando los precios, bajando o quitando impuestos, mientras el estado sigue recibiendo de las alzas de precios. Lo que entra por un lado sale por otro. No puedo frenar las alzas, pero puedo inventarme ayudas que mejoran siempre la imagen. Como se deja claro, son "ayudas del gobierno".  Este sistema no arregla nada y se vuelve clientelar. 

La CEOE ya dicho que no aceptan las subidas salariales con el IPC, que sigue disparado. ¡Un país de pobres... con turistas ricos, qué más se puede pedir! Mano de obra barata y clientes dispuestos a gastar. No es precisamente el ideal para el futuro del país. Y, sin embargo, es el que se mantiene como motor.

El turismo se tiene que resentir en esta crisis brutal que padece Europa. La idea de que van a venir a gastarse lo que les quede en España, una España de precios al alza, es bastante peregrina. Ya no nos vienen los oligarcas rusos, cuyos yates han quedado abandonados en nuestros puertos y sus villas ya no contratan limpiadoras y jardineros españoles. ¡Qué pena! Ahora les puede tocar a unos tocados británicos, alemanes y demás europeos, más cerca de Rusia que nosotros, que lo vemos todo desde la otra punta de Eurasia. Si la idea es que vengan a dejarse aquí lo que les queda, no está muy claro.

El "low cost" somos nosotros, sometidos a una brutal crisis económica, cada vez más encerrados en el reductivo modelo turístico, aceptado por ayuntamientos, comunidades autónomas y sectores del ocio y la hostelería. Si ellos no llegan de fuera, se recurrirá, una vez más, a nosotros, los españoles de a pie, al "low cost" nacional para que a algunos les salgan las cuentas. Pero la maldita inflación se nos come las reservas, los ahorros, y tendremos que elegir en qué gastamos lo poco que resta si es que resta algo.

Veremos los titulares de La Vanguardia dentro de algún tiempo. Veremos si hay que llorar o no y por qué. 


sábado, 24 de julio de 2021

Barrios ricos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

 


Los datos de la pandemia, cuando se ponen sobre la mesa, nos acaban diciendo cosas que no nos gusta escuchar públicamente por lo que tienen de retrato social, de radiografía del país con sus ocupantes dentro. Es cierto que esto es ya una situación larga, pero es igualmente cierto que esto no es nuevo y que seguirá siendo larga por bastante tiempo.

Hace unos días, un titular llamaba la atención por su propia generalidad. Venía decir que los "jóvenes serios" se quejaban de que se les considerara responsables de lo que las cifras, las imágenes y los relatos nos mostraban sobre la evolución de la pandemia en España. Es evidente que el lenguaje es siempre injusto en esto. Para evitarlo se han creado otras herramientas que permiten separar el trigo de la paja poniendo cada cosa en su lugar. Sencillamente, el que cumple no debe darse por aludido. Los que incumplen tampoco se dan por aludidos y siguen incumpliendo, claro.

Conforme la pandemia se desarrolla en el tiempo y es posible tener más datos y, sobre todo, analizar la evolución de esos datos, sus aspectos relevantes van apareciendo con mayor claridad.

RTVE.es ha elaborado un magnífico trabajo, firmado por Paula Guisado y Cristina Pozo García, tanto en el análisis de los datos como en su representación gráfica para que puedan ser comparados y comprendidos. Estos datos permiten sacar algunas interesantes conclusiones. Tras un análisis general de los datos de la pandemia, se introducen los aspectos relacionados con los espacios donde hay mayor incidencia actualmente y se comparan con los del año anterior. Nos señalan partiendo de los datos acumulados:

 

Hace un año, al acabar el primer estado de alarma -ahora inconstitucional-, se señalaba el impacto de la COVID en las familias con rentas más bajas. Los brotes entre temporeros fueron los más comentados, pero también entre aquellas personas que no podían permitirse teletrabajar y tenían que acudir presencialmente a su lugar de trabajo. La segunda ola dejó una situación similar.

En Madrid, el distrito de Puente de Vallecas registró una incidencia de más de 950 contagios, con Usera y Villaverde rozando los 850. En Barcelona -con menor incidencia en general-, Nou Barris, Ciutat Vella y Sants-Montjuïc superaran los 400 casos.

¿Qué tienen en común esas seis zonas? Son los distritos con las rentas medias por hogar más bajas de sus respectivas ciudades. Y es que al principio de la segunda ola se podía ver una relación inversamente proporcional entre la renta y la incidencia: a menor renta, más casos.

En cambio, el brote que comenzó a finales de junio apunta a una situación inicial distinta. En la Ciudad Condal, que lleva más de una semana de adelanto con respecto a los incrementos a nivel nacional, los datos mostraban la tendencia contraria: a más renta, más casos. Y una situación similar registra la capital unos días después, donde los distritos con las rentas más altas -Chamberí, Salamanca, Moncloa-Aravaca o Chamartín- ocupan ahora los primeros puestos en cuanto a incidencia acumulada.

La tendencia se va suavizando a medida que pasan los días y el virus se expande. Y tanto en Madrid como en Barcelona hay excepciones: por un lado, el distrito Centro, cuya singularidad podría contribuir a que la tasa de contagios sea tan elevada -900 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días- aunque su renta no esté entre las más altas; y por otro, Ciutat Vella, que se acerca a los 1.000 contagios a pesar de ser el distrito barcelonés con menor renta.

Pero los datos de renta e incidencia por distritos sugieren una diferencia socioeconómica respecto a las olas anteriores que habrá que analizar con más información desagregada, pero que para Saúl Ares "tiene sentido, desde la premisa de que en este caso los contagios se piensa que se dan más en el ocio que en el trabajo". Más del 80 % de los brotes identificados en la última semana en la Comunidad de Madrid estaban relacionados con el ámbito social. "Y sabemos que quien tiene más posibilidades es quien tiene más ocio", reflexiona el experto.* 

 


Y hay mucho que reflexionar, desde luego. Los datos son los que son y, en el tiempo, adquieren sentido mostrando una perspectiva más ajustad de lo que tenemos delante.

En la primera ola, en los Estados Unidos, al igual que en otros países, salieron a la luz las desigualdades sociales y económicas. Se manifestaban en los hacinamientos en los hogares más pobres, en la falta de condiciones higiénicas en muchos espacios de trabajo, igualmente hacinados, en la falta de asistencia médica, etc. En Estados Unidos se tradujo rápidamente a cuestiones étnicas. Si eras "blanco", tenías más posibilidades de vivir en una casa grande, no tener que usar transporte público, teletrabajar, tener un seguro médico que te habría permitido tener una mejor salud, etc. Si eras un afroamericano o un inmigrante del sur, tus probabilidades de tener algunas de esas ventajas descendían.



Lo que los datos de RTVE.es nos ofrecen es un panorama distinto. Lo interpretamos de diversas maneras, incluyendo la que salta a primera vista: ahora son los "ricos" los que se contagian debido al ocio. Pero esta explicación requiere muchos matices y perspectivas. Oponer "ocio" y "trabajo" es un error porque hoy del ocio vive toda una industria. Mis alumnos extranjeros se reían cuando les explicaba, hace algunos años, el número de fiestas que tenemos los españoles. Es una forma de trabajar. Ir a los sanfermines, a las fallas, a la feria de abril... a todas y cada una de las fiestas de tus barrios, pueblos, ciudades y comunidades; los "puentes" y "acueductos", etc. son en realidad la estructura de una economía inversa que se basa en el "ocio" para que otros puedan trabajar. Este sector —que va del turismo a la hostelería, de las agencias de viajes a los vehículos, etc.— necesita personas que gasten, que se desplacen, etc. Esto ha ido generando un "ocio" activo, que ya no es alternativa al "trabajo", sino alternativa a sí mismo. El auténtico "ocio" es el que se produce entre dos "actos ociosos", el intervalo que no genera gasto.




Dicen que "más del 80 % de los brotes identificados en la última semana en la Comunidad de Madrid estaban relacionados con el ámbito social". El "ámbito social" es un eufemismo para decir todo tipo de encuentros y reuniones, de los familiares a los amigos, todo aquello que no es obligado por el trabajo.

El ámbito laboral es un espacio vigilado y sometido a determinadas prevenciones, con una autoridad responsable; igual ocurre en el educativo. No ocurre —como vemos cada día— con el ámbito del ocio, no porque no se intente, sino porque se incumple por la sencilla razón de que es prácticamente imposible hacerlo. Es la cuadratura del círculo. La gente se reúne para estar junta, no separada. Y si está junta es para verse, no para usar una mascarilla. 

La retirada de la mascarilla ha hecho recuperarse a sectores que caían en picado. Hasta la moda se ha visto sacudida ante el aumento del interés por las piezas superiores de la ropa frente a las inferiores que apenas se lucen en las videoconferencias. ¿Para qué zapatos nuevos si no sales a lucirlos a la calle? Me gustaría que salieran a la luz todos estos datos que apenas son señalados y se encuentran dispersos en artículos de diferentes medios.

Basta con que recuerde qué hacía una semana cualquiera antes de la pandemia y piense en lo que hace ahora. Se dará cuenta inmediata de que hay muchas cosas que hacía dentro de su normalidad y ahora no hace.



Decía antes que mostrar la distinción económica de los distritos y barrios puede darnos una impresión engañosa. El "ocio" es un poderosísimo sector económico en España y mucho más variado de lo que pensamos. Incluye espacios y actividades, viajes y estancias.

Los jóvenes que se han contagiado en el macro brote de Mallorca han realizado un viaje y una estancia en hoteles financiados, claramente, por sus familias. Las actividades que han realizado y en las que se han contagiado representan el retrato de su oferta por edad y disponibilidad económica, del "botellón" al "concierto" al que asistieron, junto con las actividades conjuntas que realizaran, de las charlas de habitación a los baños grupales en la playa o piscina. Los medios han reconstruido, local a local, el recorrido de los contagios.



El "ocio" es un macro sector ramificado y especializado en ofrecer lo que puedas pagar, de un restaurante de cinco tenedores a un perrito caliente callejero. La misma cerveza la puedes tomar en una comida en un restaurante, comprar en un supermercado o a un vendedor callejero que te la lleva fresca a la arena de la playa o se pasea por en medio del gentío del botellón en la noche. Lo que quieras, alguien te lo sirve.

Hace mucho que no abordamos las causas de muchas cosas que nos ocurre; preferimos afrontar las consecuencias como si salieran de la nada. Hoy nos enfrentamos a lo que parece una epidemia de irresponsabilidad. Pero no es nueva; es el resultado de esa "satisfacción garantizada" que hace que, como suele decir, España sea un país "donde se vive muy bien", un paraíso donde puedes hacer lo que quieras... si lo pagas. Ahora vemos la contrapartida.

No es casual que todo haya girado en España, de los empresarios a los políticos, sobre la llegada de veranos, vacaciones, puentes, festividades, etc. que son el auténtico "calendario laboral" español por el perfil que nuestra economía ha ido creándose. Compañías aéreas, de ferrocarriles, hoteles, restaurantes, ropa, etc. todo esto dependen de nuestro ocio. Puede que tengamos ropa de trabajo, pero seguro que tenemos mucha más ropa para salir, para lucirnos en los encuentros sociales.



En poco más de una semana, las cifras se han disparado tanto que asusta ver las curvas, auténticos cohetes hacia el récord. Hay muchos factores que lo han impulsado, desde dentro y desde fuera; falsos mensajes y oscuros intereses sectoriales que necesitan que todo esto siga en marcha pese a la vidas que pueda costar. Lo hacen detrás de grandes palabras y principios, pero no ocultan su verdadera naturaleza egoísta, interesada, económica.

Ahora los datos reflejan esta situación. Es en esos barrios donde queda el dinero que hay que sacar. La locura de los viajes de fin de curso es un buen ejemplo. Han ido los que se han podido pagar vuelo y estancia. Las posibilidades de gasto muestran las posibilidades de contagio. Unos se contagian en un hotel, otros en un descampado, según su disponibilidad.



Ahora muchos se resisten a que se impongan los "pasaportes" porque saben que sería un primer paso en la toma de conciencia de la peligrosidad en la que se insiste no piensen. Es cierto que muchos no necesitan que les insistan; desgraciadamente, parece que el "ocio" es el "centro" de su vida, algo a lo que no pueden renunciar porque, en muchos casos, no hay más y no se ofrece más.

Sin embargo, la única forma de poder salir de esto es afianzando la seguridad, por un lado, y reformando los sectores reduciendo su peso en el conjunto, abriendo otras posibilidades que se han ido perdiendo. Los otros males, los que arrastramos hace mucho, son más difíciles de erradicar cuando hay tanta gente viviendo de ellos.

 

 

* Paula Guisado, Cristina Pozo García y DatosRTVE "Barrios ricos, perfil joven y variante Delta: claves de la quinta ola de COVID" 24/07/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210724/claves-semana-barrios-ricos-perfil-joven-variante-delta/2137060.shtml