Mostrando entradas con la etiqueta imagen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta imagen. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de diciembre de 2025

Mi selfie y yo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¿No tiene Ud. a veces la sensación de que ha sido abducido y dejado en un estúpido planeta al que llaman Tierra? ¿No le invade esa idea aunque sea durante unos segundos ante lo que ve y escucha?

Esta sensación me llega al leer ciertas noticias o escuchar ciertas cosas. En esos momentos me siento distante, muy distante y me resulta imposible sentirme cerca de cierta gente. Y me está empezando a pasar más a menudo de lo recomendable y saludable.

Qué puedes sentir cuando lees noticias como esta:

El sueño de un youtuber de volverse famoso podría salirle muy caro. Cody Detwiller, conocido en redes como WhistlinDiesel, es uno de los creadores de contenido estadounidenses más polémicos. Y es que la mayoría de sus vídeos se basan en destruir coches de lujo, a cada cual de mayor valor. 

Gracias a ello, logró más de 10 millones de suscriptores en YouTube y millones de visualizaciones en todos sus vídeos. Pero lo que él no se podría haber imaginado es que por uno de sus videos llegaría a acabar investigado por la Policía y podría incluso acabar en prisión.* 


Quizá mi problema es que no me acabo de creer que esto puede ser llamado "normalidad", es decir, que soy un inadaptado. Cuando uno consigue así 10 millones de suscriptores, se cuestionan muchas cosas, incluida las ideas de "progreso", "inteligencia" y otras por el estilo que han surgido en el camino de la humanidad y han producido "optimismo", otra palabra pisoteada.

Estamos en medio de una sociedad embobada, donde "mirar" y "ser mirado" se sitúan en las aspiraciones centrales. "Veo, luego existo" o "me ven, luego existo" son fórmulas prácticas que reducen la existencia a eso. Si los filósofos especulaban sobre lo engañoso de los sentidos, hoy ocurre lo contrario. Los filósofos desaparecen (o se ocultan) en la maraña de la verborrea, mientras que los sentidos están en su plenitud.

A la vez que la imagen se apodera de todo es reducida a mera posibilidad, es decir, puede ser "real" o no dados los avances en manipulación de las imágenes. Puedo hacerme un selfie con quien quiera, aunque lleve muerto mil años o no haya vivido nunca. Puedo mostrar imágenes montando unicornios o estrechando la mano a Drácula; puro fake, pero ¿qué importa? 

BBC Mundo 9/2018

Quizá estoy condicionado por el inquietante trabajo de un alumno sobre el cine de terror desarrollando la idea de que ya no hacen falta "monstruos", que con lo cotidiano, que se ha vuelto espeluznante, nos basta. Y no le falta razón.

Cada día nos informan de gente que muere haciéndose selfies. La obsesión por ser imagen, un archivo en un teléfono, una foto subida a las redes, se ha vuelto una especie de religión. La raza humana ha pasado a ser una imagen en una pantalla, algo que nos fascina. Lo del antiguo debate sobre las imágenes —¿recuerdan lo de iconoclasta? — se ha perdido por goleada en esta década.

Sigo los campeonatos de Snooker desde que descubrí el juego durante la pandemia. Lo que me llama ahora la atención son las reacciones de la gente cuando son enfocados por las cámaras y mostrados en las pantallas en la que pueden verse en las salas. Estoy convencido de que muchos de ellos van no por el juego, sino por la posibilidad de verse y saber que son vistos. En el momento en que son enfocados, desaparece para ellos el juego. Ya solo miran buscando su imagen; hacen gestos para salir del montón y reconocerse, se saludan ellos solos. Sí, son ellos mismos los que están allí, no hay duda. ¿Qué más se puede pedir?

Cuando llegamos al año 2000, se declaró que el invento del milenio era el destornillador, una pieza humilde, pero indispensable, en el camino. Si sobrevivimos al próximo —algo dudoso a este paso—, el invento del nuevo milenio será el "selfie", que es algo más que una foto. 

Hay maravillosos fotógrafos de todo tipo, pero el selfie, ya sea como fotografía o como su variante en YouTube, es el embelesamiento de la propia mirada, es mirarse uno y asombrarse, por más que te mires todos los días delante del espejo de tu baño. El selfie es la necesidad de mirarse y ser mirado. Si para conseguirlo hay que quemarse a lo bonzo o quemar Ferraris de 400.000 dólares eso es lo de menos. Lo importante es que te miren en un mundo inmerso en pantallas y más pantallas, donde casi todo lo que ocurre fuera de ellas es ignorado, no existe.

Creo que no hay película más absurda e incomprensible hoy en día que "El hombre invisible", aquel invento narrativo de H.G. Wells. ¿Dónde está hoy la gracia? ¿Tendríamos hoy al hombre invisible haciéndose selfies?

Si llegaran los extraterrestres los recibiríamos y nos haríamos un selfie con ellos. Intente pensar en situaciones absurdas de este tipo y verá cómo se imagina a algún conocido en esa situación, le costará poco. Narciso se miraría sonriente en el río sacándose un selfie. 


* "Un 'youtuber' incendia su Ferrari para hacerse viral y acaba enfrentándose a una pena de prisión" "0minutos 18/12/2025 https://www.20minutos.es/gonzoo/un-youtuber-incendia-su-ferrari-para-hacerse-viral-acaba-enfrentandose-una-pena-prision_6912348_0.html

viernes, 16 de mayo de 2025

Esa otra diva, la otra España

 Joaquín Mª Aguirre /UCM)

Hay al menos dos Españas. No me refiero a aquella vieja distinción política que nos hablaba de dos formas de ver el mundo y que acaba produciendo guerras civiles y enfrentamientos continuos.

Me refiero a otras dos Españas, a la inexistente, virtual, promocional, destinada al consumo interior y exterior, la que vive ajena a la realidad, y a la otra, a la España real, la que se cae a pedazos, la obsoleta e insuficiente, la que se barre bajo la alfombra, la encarecida, la de los despidos y de la provisionalidad. 

Si quieren escenificarlas en dos imágenes copresentes en los medios hoy, son la España irreal de Eurovisión y la vergüenza de lo que ocurre en nuestro aeropuerto de Barajas, con 400 sin techo tratados como basura. Son las falsas luces de neón, del maquillaje, de la parafernalia del Festival, en el que "representar" a España solo tiene un sentido figurado, frente a lo que tenemos y no queremos que otros vean y tratamos de tapar.

El editorial de El País de hoy no puede callarlo más tiempo:

Desde el pasado invierno, más de 400 personas pernoctan cada día en el aeropuerto de Barajas, convertido en una suerte de albergue en el que conviven perfiles muy dispares que incluyen a hombres y mujeres que trabajan pero cuyas condiciones laborales son tan precarias que no pueden costearse una habitación. A los problemas de salubridad —recientemente, empleados del aeródromo han alertado de la presencia de chinches—, se suma la desidia de las administraciones a la hora de elaborar un censo oficial para diseñar soluciones individuales que contribuyan a poner fin a esta situación inhumana y caótica.

El pasado marzo, las quejas de las aerolíneas —que reportaron que frente a sus mostradores en la T4 dormían habitualmente decenas de personas— llevaron a los responsables de Aena a trasladarlas una planta más abajo, la 1, en la que solo hay oficinas en desuso. Esa acción solo ha supuesto arrinconarlas en un espacio alejado de los ojos de los turistas, un lavado de imagen que, por supuesto, no cambia nada. Las autoridades apeladas —Aena, el Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad de Madrid o la Delegación del Gobierno— se culpan entre sí sin llegar a ninguna solución a pesar de compartir desde hace semanas un grupo de trabajo. Ha tenido que ser una entidad religiosa integrada por Cáritas la que elaborase un censo —si bien parcial: solo accedieron a responder 137 de las 412 personas a las que se acercaron los voluntarios— sobre las circunstancias individuales de los afectados, su procedencia, dónde están empadronados y, como conclusión, de quién sería la competencia de atenderlas.

El resultado es una suma de sinhogarismo, problemas de salud física y mental, discapacidad evidente, inmigración o precariedad laboral. Más del 50% lleva más de medio año durmiendo en el aeropuerto y casi el 38% sale de allí para trabajar.*

Es la España "diva" de Eurovisión frente a esa otra España sin luces, sin vergüenza, sin sentimientos. Es la España artificial donde solo se tiene en cuenta, de una forma u otra, que el mercado representa (¿en qué se ha convertido el Festival sino en un negocio del mal gusto, de la mirada hacia otro lado?).

Lo que hay "recogido" en Barajas es la cara que no queremos ver, la de los trabajos precarios, mal pagados, la del desempleo o de la acumulación de decenas de contratos. Es la España de la especulación inmobiliaria sin freno, sin límites, en la que solo se habla de los inquilinos que no pagan pero se ignora a los inquilinos echados a la calle para aprovechar la subida de la vivienda, la creación de pisos turísticos o los alquileres por habitación.

Cada vez que hay quejas contra el turismo o la restauración por afectar a las personas residentes salen a la luz "estudios" que hablan de la "creación de empleo" (se callan su precariedad y estacionalidad, te pueden contratar para un puente) y de ser una gran fuente de ingresos para el país (se callan a qué bolsillos van mayoritariamente esos beneficios). El modelo "turístico español" es esa mezcla entre especulación y explotación de los que deben servir a los que llegan de fuera. Es clasista, rechazando a los llamados "mochileros" frente a lo bien recibidos que son los que llegan con dinero, da igual que este venga de los magnates rusos de Putin, los llamados "oligarcas", o de los países árabes más represores, al los que se les sonríe y pone la mano para las propinas. Los yates de unos y otros son bienvenidos.


Pero nadie asume en este "paraíso artificial" lo que hay acumulado en Barajas, cuya pelota se pasan de unos a otros, otro ejemplo de esta clase política que solo quiere mensajes positivos y no asume los problemas, de la dana a los indigentes que el sistema crea, ya sea por no atender enfermedades y discapacidades, como se nos dice, o por su incapacidad para proteger empleos, viviendas, etc. ¿Qué España es esta?

Es la España de los amos y al servicio de los amos, da igual la ideología. Los amos están blindados y no quieren ver un problema, es decir, niegan su competencia en el asunto, algo que no cabe en esa España idílica, virtual, en "esa diva" España.

Es la España en la que un final de Liga barre de los titulares todos los problemas del planeta; en la que la purpurina de Eurovisión hace olvidar la oscuridad desolada de la gente tirada por los suelos en las salas de Barajas, en parques y calles.


No se trata de cosmética, sino de soluciones, una palabra que parece fuera del léxico de nuestros políticos y responsables institucionales. La riqueza debe ser visible; la pobreza que el sistema produce, en cambio, debe enterrarse, desinfectarse, prohibirse. La pobreza se criminaliza mientras asistimos a los millones de euros defraudados, estafados, apropiados por otros que tienen varios lugares en los que dormir, los "con techos".

Vergüenza absoluta por lo que sucede en el aeropuerto; vergüenza que se trate como una cuestión de imagen, de salubridad, de desinfección. La pobreza, el abandono, etc., no deben juntarse y hacerse visibles; deben esparcirse, repartirse, para dejar de ser visibles. Si además la visualización se hace ante los ojos de los que llegan al paraíso vacacional europeo, se vuelve peligroso.

 Le deseamos suerte a Melody; le deseamos suerte a España, esa otra "diva".

* Editorial "Vergüenza en el aeropuerto" El País 16/05/2025 https://elpais.com/opinion/2025-05-16/verguenza-en-el-aeropuerto.html

martes, 18 de abril de 2023

El debate estético sobre la IA

 Joaquín Mª Aguirre UCM)

Ya tenemos algunos planteamientos interesante sobre la mesa en relación con la elaboración de imágenes y la Inteligencia Artificial. El debate viene de la concesión de un premio fotográfico a un artista plástico que ha utilizado imágenes tratadas. El debate, todo hay que decirlo, es de interés porque hasta el momento la cuestión mediática quedaba reducida a la cuestión del encarcelamiento ficticio de Donald Trump y al anorak del Papa Francisco, dos cuestiones de orden distinto a la raíz del problema, que afectaba al carácter documental de la fotografía, pero no a su esencia como arte plástica.

Desde esta nueva perspectiva, lo que sucede es que se va más allá del principio fotográfico, el que une la realidad (o ciertos elementos captados ópticamente) con la imagen que generan.

Lo que lleva la nueva polémica es la redefinición de la fotografía, al establecimiento de fronteras diferenciales y a la definición de los espacios al margen, que serían, por ejemplo las imágenes creadas con esa IA, cuyos fundamentos están por establecerse.

Es característico, desde que el arte rompió con el clasicismo y la mirada retrospectiva como ideales, la idea de ruptura como esencia. Esto quiere decir que se trata más de establecer nuevos lenguajes que produzcan nuevas formas. El arte de vanguardia es precisamente el que se redefine en cada movimiento alejándose de sí mismo.

En RTVE.es nos cuentan el caso que ha suscitado el debate:

El artista alemán Boris Eldagsen ha rechazado el prestigioso premio de fotografía Sony World Photography Awards en la categoría creativa tras ganarlo con una imagen creada con inteligencia artificial (IA).

La fotografía, titulada El electricista y que forma parte de una colección de instantáneas generadas de la misma forma, fue galardonada el pasado 13 de marzo, cuando el propio autor reconoció que la había obtenido tras editarla entre 20 y 40 veces combinando distintas técnicas de IA.

"El trabajo que SWPA ha elegido es el resultado de una interacción compleja de ingeniería rápida, pintura interna y pintura externa que se basa en mi gran conocimiento fotográfico", dijo entonces al asegurar que no considera al producto una fotografía, sino una "imagen".

Por ello, ha renunciado al galardón. "Las imágenes de IA y la fotografía no deberían competir entre sí en un premio como este. Son entidades diferentes. La IA no es fotografía. Por lo tanto, no aceptaré el premio", ha escrito en un comunicado en web.*

Si pensábamos que el problema estaba en haber intentado colar como fotografía lo que no lo era, es justo lo contrario. Eldagsen no se considera fotógrafo, sino otra cosa que probablemente esté a la espera de definirse o de que alguien la defina para poder precisamente establecer las reglas que se esperan establecer como fronteras.

Este proceso forma parte del desarrollo natural de las artes en su definición. Hay artes que se separan nítidamente de otras, pero que no está tan clara su separación en otros casos. La disociación del lienzo, por ejemplo, hace que el concepto de "pintura" hoy sea muy diferente al que existía hace un par de siglos. Basta con asistir a una exposición o a un museo contemporáneo para comprobar cómo se han expandido los límites de aquello a lo que llamamos pintura. Lo mismo ocurre con artes como la escultura.

La imagen premiada

Cuando Boris Eldagsen habla de "imagen" lo hace tratando de ampliar para su creación los conceptos de fotografía y pintura creando un espacio que busca su independencia. En ese sentido, su rechazo del premio es un gesto honesto.

Pero pensemos en otros campos en los que se está aplicando la AI, de una forma u otra, como es el textual. La IA permite ya escribir —mejor o peor— artículos, relatos, consultorios, etc. Siguiendo el mismo principio, ¿debemos llamarlos "literatura"? ¿Debemos hacerlo porque el resultado es similar, de la misma forma que la "no fotografía" de Eldagsen es algo diferente, una "imagen"?

De la web del artista

Una imagen, un texto, todo aquello que pueda producir una máquina es distinto de lo que podamos hacer. No es diferente en sus resultados, pero sí en su intencionalidad y proceso. Tendremos que distinguir entre "máquina" y "herramienta", de la misma manera que entre las artes y los resultados, que no se pueden aislar de su proceso.

En el final del artículo en RTVE.es se nos explica:

Según Eldagsen, su objetivo era "acelerar el proceso de los organizadores del Premio para tomar conciencia de esta diferencia y crear concursos separados para imágenes generadas por IA".

Para el artista, "trabajar con generadores de imágenes de IA es una co-creación".  "No se trata de presionar un botón, y listo. Se trata de explorar la complejidad de este proceso", ha explicado. 

En esa línea, ha asegurado que, "así como la fotografía reemplazó a la pintura en la reproducción de la realidad, la IA reemplazará a la fotografía". 

"No tengas miedo del futuro. Simplemente, será más obvio que nuestra mente siempre creó el mundo que la hace sufrir", ha escrito en su web para insistir en la necesidad de tener "un debate abierto" sobre "lo que queremos considerar fotografía". *

Hace ya más de un par de siglos que el arte dejó de mirar al pasado como perfección y lo hace hacia el futuro como aventura. En nuestros tiempos, tiempos de tecnología cambiante, acelerada, las oportunidades van por ese camino. Por eso es importante, no rechazar, sino definir, establecer los límites disciplinarios entre las artes, las fronteras conceptuales, ya que los resultados, como en este caso la "imagen", es una "no fotografía", aunque lo parezca.

Proceso y resultado, acción e intención son términos que debemos explorar de nuevo y redefinir. 

De la web del artista

* "Un artista alemán renuncia a un prestigioso premio de fotografía tras ganarlo con una imagen creada con IA" RTVE.es 17/04/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230417/renuncia-premio-fotografia-tras-ganar-inteligencia-artificial/2439189.shtml

lunes, 16 de mayo de 2022

El gesto del siglo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Es indudable que vivimos en un mundo distinto al de hace unas décadas. La variación está en las redes, en la intensificación de una forma de comunicación, con el deseo de  ver y ser vistos, de llamar la atención de una forma u otra. Las redes son el espacio, pero conlleva la existencia de dispositivos que la hacen posible. Ordenadores y teléfonos son las dos principales vías para adentrarse en ese espacio, para digitalizarse o ser digitalizados por otros. Somos lo que nuestros teléfonos permiten recoger, grabar y distribuir. Ser o nos ser digitalizados. Cada vez es más difícil vivir al margen de las redes, en donde introducimos una parte de nuestra vida o sencillamente nos fabricamos una versión digital (o varias).

El gesto de sostener el teléfono en alto grabando vídeos de lo que tenemos alrededor es el gesto del siglo XXI. Nos convertimos en el ojo-eje, en el punto desde el que se nos ofrece un universo del que somos centro.

Leo en RTVE.es sobre el proyecto "Be Witness", obra del Laboratorio de Innovación y Nuevas Narrativas de RTVE. Nos lo cuentan con el titular: "Be Witness, una guía de RTVE para empoderar a ciudadanos testigos de conflictos, catástrofes o crisis humanitarias".

Ya sea en la guerra de Ucrania, en la erupción del volcán de la Palma o en las crisis de refugiados, hemos visto a personas, testigos, grabando con sus teléfonos móviles y publicando imágenes en redes sociales. Al mismo tiempo, autoridades como la fiscalía ucraniana han pedido a los ciudadanos pruebas gráficas de posibles violaciones de los Derechos Humanos.

Be Witness es la primera guía online de servicio público que ayuda a aprender las claves para grabar y publicar en situaciones extremas. Con un grafismo ilustrativo y textos concisos, este interactivo permite conocer los conceptos básicos para grabar testimonios o situaciones relacionadas con este tipo de eventos, así como para publicar con intención de informar a la población local, o movilizar a la opinión internacional.*


Es un proyecto de instrucción de la mirada ocasional para que sea útil en circunstancias como las señaladas. En un universo lleno de imágenes, muchas son inservibles o inseguras para los estándares necesarios según los casos. No se trata de una cuestión estética, sino de asegurar que lo que se transmite no pueda ser puesto en duda.

La proliferación de imágenes captadas conlleva la falsificación de muchas de ellas y una imagen engañosa extiende la inseguridad al resto. Las mentiras de Trump hicieron desarrollarse los sistemas de verificación para poder llamarle "mentiroso" o "equívoco" con seguridad.

De los tres dispositivos en liza, el ordenador, la tableta y el teléfono, el triunfador ha sido el teléfono, que consiguió absorber a los otros dos. Los ordenadores se han hecho más pequeños, las tabletas más grandes y los teléfonos han concentrado más funciones, pero las cámaras y sus demás posibilidades han superado a los otros dos rivales por la primacía social.

Cada día vemos más imágenes que proceden de teléfonos. Vemos peleas callejeras desde terrazas, adelantamientos temerarios en la carretera, soldados y muertos en el frente ucranio, las detenciones de disidentes que protestan en Rusia...

Las imágenes que nos dan del vuelo de regreso de Chanel son un mar de teléfonos en alto. Uno de ellos nos permite ver al resto del pasaje grabando lo que ocurre. Se trata de guardar para la posteridad o para olvidarlo poco después.

El asesino de la penúltima matanza racista en Estados Unidos llevaba conectada una cámara para la retransmisión en directo a través de las redes sociales. Poco de lo que hacemos queda fuera del foco. La sexualidad se practica bajo el teléfono o teléfonos con una doble función, captar y excitar viendo, un auto voyerismo.

La gente muere haciendo numeritos en terrazas y acantilados, lanzándose al vacío, subiendo a lo más alto de un edificio... haciendo lo inimaginable siempre que pueda ser captado por la cámara de un teléfono.

Ante la imposibilidad de luchar contra las grabaciones caseras, los medios han decidido importarlas, con lo que les dan nueva vida e intensidad. Es el grado siguiente, el resultante del filtrado de millones de vídeos diarios. El "ojo público" se dirige al "ojo privado", que desea ser compartido. Se inicia así la lucha por pasar a otro nivel superior, más allá de los amigos de nuestra red, ganar la gloria del retuit en cualquiera de sus escenarios.

Hay indudables testimonios valiosos, como reconoce el proyecto Be-Witness, pero también una cascada de trivialidad  y narcisismo realmente apabullante. El deseo de sorprender a los demás y estar en boca de todos se ha vuelto imparable y se crece con ello. Antes esto se consideraba negativo en un mundo que tenía la discreción como una virtud educada.

El dispositivo tecnológico, el espacio virtual, la velocidad de transmisión, la capacidad de replicar... están ahí. Son los cuatro aspectos que dan forma a esta extraña vida que llevamos, para muchos la natural, la única. De vez en cuando, algunas figuras públicas notifican que se retiran de su vida en las redes, sumergiéndose en un agujero negro del que nada sale.

Una parte importante de la formación de las personas requiera de la soledad. De la "descansada vida", de la que nos habló el poeta. Retirarse a la "intimidad" es hoy una expresión vacía, ya que la intimidad pasa a ser una fuente de información de la persona hacia el exterior. Las barreras entre lo público y lo privado se han debilitado o directamente destruido.

La necesidad de mostrarse es una de las patologías del nuevo siglo. Lo ocurrido con el autor de la matanza racista de días pasados es cada día más frecuente. Los tuits continuos de Trump para estar en el punto de mira son otro ejemplo.

Vivimos en un mundo acelerado en el que ponemos en marcha muchas cosas sin tener en cuenta sus efectos. La ciencia es demasiado lenta en sus investigaciones y, por qué no decirlo, irrelevante en sus resultados, que nadie asume cuando nos hablan de los daños causados. Nos vemos mucho, pero nos importamos poco, algo que ha sido sustituido por una especie de emocionalidad simple provocada por el bombardeo de datos.

Somos cada vez más manipulables por nuestra dependencia, por nuestro miedo a quedar fuera de ese espacio excitante en el que nos exponemos y miramos. Hoy se dedica mucho tiempo y dinero a saber cómo hacernos más dependientes y previsibles. Le echamos la culpa a algoritmos y demás, pero lo cierto es que somos nosotros los que nos exponemos ante los demás mordiendo los múltiples anzuelos que se nos lanzan.

La idea de "aldea global" de McLuhan ha sido sustituida por la de "patio de vecindad global" en el que volcamos nuestras experiencias triviales, prefabricadas y algunas cosas valiosas.  Esas últimas son las que trata de salvar el Laboratorio creado. Hay que darle utilidad y sentido a esas imágenes. Hay que convertir el gesto del siglo, el teléfono alzado, en una herramienta más allá del narcisismo o la trivialidad. Indudablemente hay muchísima información valiosa a la que se puede acceder, pero necesitamos una nueva forma de educación crítica sobre cómo movernos por este mundo de imágenes, con nosotros mismos convertidos en imágenes cuyo alcance se nos escapa de las manos.

Todo ha crecido muy rápido, quizá demasiado para asimilar sus consecuencias personales y sociales. No se ve mucho movimiento educativo sobre esta nueva forma de movernos por el mundo, de observarlo y de vernos en él. Su propia velocidad hace que todo quede fuera, desplazado por lo siguiente, que es casi inmediato.

* Lab RTVE "Be Witness, una guía de RTVE para empoderar a ciudadanos testigos de conflictos, catástrofes o crisis humanitarias" RTVE.es 13%05/2022 https://www.rtve.es/rtve/20220513/be-witness-tutorial-interactivo-grabar-movil/2347865.shtml

lunes, 18 de abril de 2022

Sánchez y los algoritmos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Si ayer hablábamos aquí del uso del "Big Data" en la campaña de la DGT tras la cual todo el mundo empezará hoy a ver si se cumplió, con la atribución de un carácter mágico al término, una especie de "profecía" oracular, hoy es otro de los términos, "algoritmo", el que acude a la primera plana de ABC en un gran titular en la primera página de su edición impresa e igual protagonismo en su edición digital.

De nuevo se crea un sentido a partir del desconocimiento popular de estos términos, por lo que se contribuye a crear en los lectores una sensación de terror ante lo que se pueda ocultar tras esas palabras que nos llegan, como Terminator, desde el futuro.

El titular de ABC es "La Moncloa usa algoritmos para controlar la imagen de Sánchez",  seguido de la "inquietante" entradilla "El programa de inteligencia artificial permite al aparato de comunicación del Gobierno conocer en tiempo real cualquier alusión al presidente". A ello se suma un editorial, «Narcisismo en La Moncloa» y un tercer artículo con el titular "La tecnología que permite guiar la acción política en tiempo real" y una entradilla con el siguiente texto: "Si hace unos años equipos humanos se dedicaban a escuchar de forma tradicional la radio y la televisión, ahora la inteligencia artificial reduce el tiempo necesario para conseguir esa información".

Nada de lo expresado en ninguno de estos textos difiere de lo que hacen la mayor parte de los dirigentes mundiales en nuestra escala, que usan las posibilidades tecnológicas para tener un seguimiento de la opinión.

Aquí hemos señalado en varias ocasiones que esta preocupación constante por la opinión puede caer en algo distinto al "narcisismo", como se señala en el editorial, que es en una dependencia de los gustos para tratar de tener siempre el respaldo popular por encima de principios o límites. El mal no es el narcisismo sino la falta de estabilidad por obsesión con la permanencia. Hoy que nos planteamos —como en Francia— el por qué de la desaparición de los llamados partidos tradicionales, quizá la respuesta pueda estar en esa indefinición referencial frente al oportunismo del día a día que nos marcan encuestas o análisis de tendencias, para los que resultan esenciales las aplicaciones tecnológicas. No creo que haya partido en España que no las utilice porque es la forma barata (salvo apariciones de amigos) y rápida de saber lo que es una obsesión de todos los líderes y partidos: qué piensan de nosotros. No es cuestión de narcisismo, sino de la deriva pragmática del comportamiento político, que no va por delante, marcando camino, sino por detrás de la opinión pública satisfaciendo deseos. Esto puede funcionar mientras no se den bandazos y se satisfagan deseos sin la necesaria pedagogía que el poder debe realizar para que vaya mejorando el estado de la opinión.

El artículo titulado "La tecnología que permite guiar la acción política en tiempo real" recoge en su interior la esencia de lo dicho, donde se introduce otro de los términos "inquietantes", el de "tiempo real", que tiende a interpretarse, en combinación con los demás" como una especie de espionaje desde La Moncloa a cada ciudadano. En el artículo se nos explica: 

El desarrollo de la tecnología ha cambiado radicalmente la forma en la que empresas e instituciones están al tanto de la imagen que se proyecta sobre ellos. Si hace unos años equipos humanos se dedicaban a escuchar de forma tradicional la radio y la televisión para estar al tanto sobre lo que se decía sobre sus clientes, ahora la inteligencia artificial (IA) ha reducido enormemente el tiempo necesario para conseguir esa información. «La IA es la mejor manera de hacer un análisis rápido, eficaz y centrado en el usuario», explica a ABC Almudena Ruiz Iniesta, directora del Máster en Inteligencia Artificial de la Universidad Internacional de La Rioja.

Precisamente, el uso de la IA es lo que va a permitir que, ahora, el equipo de comunicación del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pueda estar al tanto sobre lo que se diga sobre él en tiempo real y que, además, esa información sea valiosa eliminando por completo todo aquello que no interesa. La comunicación entre la empresa que ofrece el servicio de ‘clipping’ de medios y el Ejecutivo debe ser constante para que el trabajo realizado sea los más consistente posible. «Si buscas ‘clips’ de audio sobre Pedro Sánchez te vas a encontrar con millones de resultados cada día. El objetivo de las empresas que ofrecemos este servicio no es el de recopilar absolutamente toda la información que se comparte sobre nuestros clientes, ya sean empresas, instituciones o agrupaciones políticas. Por el contrario, debemos conseguir los resultados interesantes. Y eso se consigue con inteligencia artificial, pero también con inteligencia humana», dice Margarita Jerez de la Vega, consultora externa que lleva desde la década de los noventa creando y dirigiendo empresas encargadas de realizar labores similares a las que Hallon Intelligence ofrece ahora al Gobierno de España.** 

La frase "que, ahora, el equipo de comunicación del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pueda estar al tanto sobre lo que se diga sobre él en tiempo real" nos incita a hablar en voz baja, a temer al Gran Hermano de La Moncloa que a todos nos acecha. Parece una advertencia para que bajemos el volumen de nuestras voces, a que antes de que escribamos "Pedro Sánchez" lo pensemos dos veces al sonar algún timbre en los despachos siniestros desde los que se nos espía en cada instante.

Es interesante que en los dos párrafos citados anteriores lo que dicen los expertos es con total normalidad, situando esta actividad como otra de análisis cualquiera, en contraste con el carácter totalitario que se le quiere dar. El propio hecho de que haya másteres en inteligencia artificial (mi propia facultad inaugura este próximo curso uno relacionándolos con los Derechos Humanos para evitar los malos usos) o de que la experta consultada diga que lleva desde la "década de los noventa creando y dirigiendo empresas encargadas de realizar labores similares" no supone cortapisa para el argumento orwelliano sobre La Moncloa.

No creo que Pedro Sánchez esté más o menos preocupado por su imagen que otros dirigentes políticos. Y si lo está, peor para él, ya que es esclavo de lo que los demás piensen. Pero ¿no hemos convertido en eso la política?

Las formas de determinan el estado de la opinión pública se establecen ya en todos los niveles empresariales, la cuestión está en qué información es útil en cada caso. Hay campañas publicitarias, por ejemplo, que suscitan rechazo porque aparecen aspectos que se midieron mal. La forma de rectificar es testar los efectos y para eso sirven los algoritmos que maneja la Inteligencia Artificial. Se busca la mayor eficacia de la comunicación mediante toda una serie de técnicas de prueba que se han ido afinando en el tiempo gracias a las mayores cantidades de información (aquí entra la tecnología denominada Big Data y que parte de otros principios selectivos o, si se prefiere, del tratamiento masivo de datos sin realizar los filtros que podrían reducir la eficacia dejando que emerjan las pautas buscadas) y al refinamiento de los protocolos y algoritmos, que son las secuencias matemáticas que permiten manejar los datos recogidos masivamente. La potencia de cálculo de nuestros ordenadores y el crecimiento brutal de las fuentes y cantidades de información, incluida ahora la llamada Internet de las Cosas, que suministrarán muchos más datos para extraer la información que deseamos obtener.


Si esto fuera solo cuestión de Pedro Sánchez podríamos respirar tranquilos. La cuestión es que, como señala el propio texto por boca de Margarita Jerez de la Vega, esto es ya el objetivo de cualquier empresa en el mercado. La imagen del presidente no es distinta de la de una sopa de verduras, un refresco sin azúcar o ropa interior negra. No lo es para las máquinas, ni para los algoritmos. Solo lo es para los que leen esos datos, pasados por la máquina.

En el editorial titulado "Narcisismo en La Moncloa", tras señalar los gastos en medios y en controlar la opinión pública por parte de Sánchez, se explica:

(...) Por si no fuera suficiente este despliegue de medios, La Moncloa ha contratado a una empresa especializada en la monitorización de información para que mantenga permanentemente al tanto al equipo de Sánchez de cualquier comentario, publicación o noticia que afecte al presidente del Gobierno. El servicio se basa en un sistema de algoritmos que rastrean emisoras de radio y cadenas de televisión para localizar contenidos de interés para La Moncloa; contenidos que llegan en pocos minutos a los terminales de los responsables de comunicación y propaganda de la Presidencia del Gobierno. El coste de este servicio no es excesivo, algo más de 16.000 euros al año, pero lo importante es su significado político, que revela una clara obsesión de La Moncloa por preservar una imagen de Sánchez cada día más sometido al deterioro que impone la realidad. Tampoco parece que tanta información esté sirviendo para que La Moncloa esté al tanto de cuáles son los datos de la vida cotidiana en nuestro país. Al contrario, el empecinamiento del discurso oficial en pintar la realidad de España como un oasis de recuperación y estabilidad o bien demuestra que la información es sometida a un proceso de manipulación para que llegue distorsionada a su destinatario, o bien significa que el objetivo de tanto algoritmo es crear un contrarrelato, una constante campaña de contrainformación.**


Es difícil no esbozar una sonrisa al leer esto, basado en la extrañeza ante esos conceptos ya peligrosos que provienen de las máquinas. Convertir a Pedro Sánchez en un narcisista "Señor de la Máquinas" es ridículo, cuando la crítica política se puede ejercer desde muchos otros parámetros razonables. Sánchez no es mejor o peor por utilizar ese económico servicio anual. ¿No crean todos permanentemente sus relatos y contrarrelatos?

Los medios nos dicen que ni Alberto Núñez Feijóo ni el presidente autonómico andaluz van a asistir a la toma de posesión del presidente de Castilla y León. Evidentemente es una cuestión de "imagen". No quieren la foto con Vox. Ya sea por principios o por sus efectos nocivos, prefieren tomar su decisión de no asistir aduciendo "problemas de agenda". Cada uno lo interpretará y contestará a su manera dentro de la brega constante en la que unos tratan de atacar y otros de defenderse.


La política hoy —nos guste o no y por parte de todos— se basa en este monitoreo constante de la imagen. Si debemos preocuparnos por algo es por la intromisión constante —incluida la de los periódicos que dicen atacar la IA, el Big Data, el "tiempo real", etc.— en nuestras vidas. Hoy entrar en cualquier medio es navegar en un océano de "cookies" cuya función es monitorizar nuestra vida en la red al milímetro. De las páginas que visitamos los algoritmos deducen nuestro comportamiento, de las horas que pasamos ante un monitor si estamos casados o solteros, de nuestras compras nuestros gustos, etc. Todo forma parte ya de ese big data, de esa Internet de las Cosas, de ese Alexa en el salón recibiendo órdenes y de los múltiples dulces que se nos ofrecen para que cedamos nuestros datos, aunque esto no importe ya mucho, porque quedan muy pocos por ceder. Todavía hay quien tapa con cello la cámara de su portátil, aunque luego suba decenas de selfies a su cuenta, donde deducen a través de algoritmos faciales con quién ha estado, dónde y a qué hora, qué ha hecho. Todo se guarda y ya le servirá a alguien.

Los que pagan porque se extraiga información útil (según cada uno) son ya todos, pues es lo que les permite dirigir, planificar y tomar decisiones al segundo. Que esto ocurra en la política va más allá del narcisismo. Si ABC revisa su propia política de cookies, verá que sus equipos directivos toman decisiones según el conocimiento que tienen de sus propios lectores.

¿Triste? Puede que sí, pero todos lo están utilizando, por lo que emprender campañas en su contra, sin tomar medidas en el campo propio, no es más que un intento naif de desmarcarse.

Hoy los partidos funcionan como empresas y las empresas tal como les dejan las leyes salvajes del mercado, aprovechando toda la información, que según cómo la filtremos nos dará información sobre unas cosas u otras.

Sería interesante saber cuántos partidos políticos lo practican, es decir, cuántos tienen contratados este tipo de servicios de chequeo de redes y medios. Probablemente todos los que puedan pagárselo. Especular sobre narcisismo en esto no tiene muncho sentido cuando todos los partidos están trabajando sobre la imagen de sus líderes y tratan de hundir la de los ajenos en esta batalla sin cuartel que se ha convertido la política, en la que se golpea donde más duele, en la imagen

Para bien o para mal, es lo que hay. No entiendo el escándalo a estas alturas.  Hay motivos suficientes para la crítica y la preocupación como para tener que recurrir al uso de algoritmos y demás cuestiones tecnológicas que están ahí desde hace mucho tiempo.


* "La Moncloa usa algoritmos para controlar la imagen de Sánchez" ABC 18/04/2022 https://www.abc.es/espana/abci-moncloa-algortimos-para-saber-minuto-dice-sanchez-202204171810_noticia.html

** "Editorial: «Narcisismo en La Moncloa»" ABC 18/04/2022 https://www.abc.es/opinion/abci-editorial-abc-narcisismo-moncloa-202204172216_noticia.html

lunes, 23 de septiembre de 2019

Miradas muertas, miradas de muerte

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
De vez en cuando nos saltan casos así: los que deberían ayudar se quedan mirando. Con cierta frecuencia la gente se queda con el móvil en la mano, enfocado, viendo la vida pasar. Ha ocurrido de nuevo, esta vez en Nueva York y mirando sin intentar remediar lo que estaba ocurriendo. Nos lo cuenta el diario El Mundo: «El adolescente fue atacado por un grupo de unas seis personas por un supuesto lío de faldas. A la pelea asistieron otros 50 o 70 jóvenes a modo de espectadores. Muchos de ellos optaron por grabar la agresión y cómo agonizaba Khassen para subirlo a las redes sociales, en lugar de socorrerlo y de pedir ayuda.»*
El fenómeno no es nuevo y es frecuente, pero no hay intención de explicarlo. En otros casos de comportamiento anómalo, hay ciertos tipos de indagaciones, opinan los expertos, etc., pero esto se deja pasar como si fuera un fenómeno "normal".


Esta forma de pasividad tiene una mezcla de voyerismo y de fascinación peligrosa por el mal. La pantalla del móvil actúa como un filtro, como una cerradura a través de la que se mira, algo que produce dos mundos, el que se ve en la pantalla y el que queda de nuestro lado. Hay morbosidad en la mirada.
Junto a fenómenos como el ciberacoso, esta pasividad es terriblemente peligrosa. El poner por delante la pantalla del teléfono implica una especie de ritual enfermizo que actúa como un exorcismo. El ojo mira y la mente queda capturada, fascinada ante la agresión que se capta en la pantalla.
El fenómeno encubre la perversión de dejar que el mal siga su curso, que el crimen no sea interrumpido, que quede registrado. Hay algo que debemos explorar en los que graban las violaciones en grupo; los que graban a los suicidas, a los atacados en un patio; a los idiotas que registran sus delitos de tráfico y los suben a las redes sociales para admirarse y ser admirados.


La imagen la podemos clasificar en la que nos incluye a través de selfies en los que aparecemos junto al hecho registrable, y aquellas otras en las que somos "solo" perversos observadores. Ya sea dentro o fuera, estamos ante un tipo de epidemia que nos roba algo y nos empuja a nuevas perversiones.
La última perversión de la mirada es la que nos ha contado en el fin de semana el diario El País, con el titular "Detenido un hombre en Barcelona que grabó y dejó morir a su pareja cuando sufrió una bajada de azúcar". La crueldad del crimen se hace más intensa e inhumana por la grabación de la agonía de su pareja:

Los Mossos d'Esquadra han detenido a un hombre de 49 años acusado de dejar morir en junio a su pareja en Viladecans (Barcelona), después de que ella sufriera una bajada de azúcar (hipoglucemia). La policía autonómica descubrió que, además de la presunta omisión de socorro, el hombre grabó la agonía de su pareja en video. El arrestado está investigado por homicidio, malos tratos y omisión de socorro. Con ella son 43 las asesinadas por violencia de género en España en 2019, 1.018 desde que hay datos oficiales.**



Necesitamos comprender esta patología social, esta conversión de una herramienta útil, el teléfono móvil, en una herramienta de tortura, como en este caso. La prueba contra este monstruo de frialdad es su propia grabación, como la de tantos otros a los que pierde encontrar en sus teléfonos o en otros dispositivos el horror de sus acciones y la indiferencia ante el dolor ajeno. La agonía grabada nos deja sin duda ante una mente enferma.
¿Pero qué enfermedad es esta que nos va invadiendo y contagiando de indiferencia ante el dolor? La imagen sirve para despertar muchas veces nuestra solidaridad o empatía con el sufrimiento ajeno, como muestran la fotografía o el arte del cine y la pintura. Mirar es una forma de comprender el mundo y de ser solidarios. ¿Se nos están acabando las miradas, se nos agota la compasión y ya solo nos excita lo morboso y perverso que fluye ante nosotros?


Hoy el mal necesita de nuestras miradas. Ya el 11/S fue un ejercicio de terrorismo visual para que quedara en nuestras retinas, grabado a fuego. La elección del objetivo necesitaba de las miradas para ser eficaz. Después lo han sido las decapitaciones, para las que creaban su propia escenografía. Había que mirar.
Pero esos elementos que fueron sirviéndose de nuestros dispositivos han afectado a nuestra mente. Hoy hacemos sufrir para poder grabarlo y reproducirlo. Matamos, torturamos, violamos para dejarlo grabado y verlo. El sexo igualmente se ha convertido en porno grabado. Las fugas de los teléfonos, las fotos y vídeos privados que salen a la luz con frecuencia, muestran que la práctica de grabar se ha convertido en una norma. Seguimos pervirtiendo la mirada. Las violaciones en grupo lo atestiguan. El hecho de grabarse unos a otros durante la violación lo confirma.


Ahora, la grabación de la agonía de la esposa. Verla sufrir sin que tiemble el pulso al grabarlo, ver cómo su vida se escapa. Ha habido varios asesinatos de mujeres que se han realizado delante de los hijos. No creo que se haya llegado a grabar —al menos no se ha dicho—, pero sí se buscaba la destrucción a través de la contemplación del asesinato, una perversión más.

Nuestra mirada está enferma. La extensión de los dispositivos de grabación —teléfonos, videocámaras, cámaras fotográficas...— ha hecho emerger esta patología clara que se extiende como un tsunami.
La fotografía de muchos artistas ha buscado la empatía, la solidaridad de los otros. Hemos convertido en epidemia lo que aquella vieja película, "El fotógrafo del pánico" (Peepin Tom, Michael Powell 1960), nos anticipó. En nuestros días, una nueva variante "Nightcrawler" (Dan Gilroy, 2014), otra magnífica película, indaga en esta enfermedad social, moral. Necesitamos ver el sufrimiento, las agonías; todo esto provoca pasividad. Y es adictivo. Mirar y producir imágenes, hasta llegar a no saber de qué lado de la imagen estamos. Estamos entrando en un mundo en el que no nos entendemos a nosotros mismos, nuestras reacciones, en un espacio cultural nuevo que saca de nosotros actitudes negativas insospechadas.
Más allá del arte, de la estética, sería bueno empezar a tirar de este hilo macabro. Necesitamos saber qué extraña indiferencia es la que nos envuelve, de dónde nos viene esta apatía y la fascinación por mirar el mal con un teléfono en la mano. Algo falla. 



* "Muere un adolescente en una pelea en Nueva York ante medio centenar de espectadores que prefirieron grabar la escena a ayudarlo" El Mundo 19/09/2019 https://www.elmundo.es/f5/2019/09/19/5d836ab921efa0ec1f8b4620.html
** "Detenido un hombre en Barcelona que grabó y dejó morir a su pareja cuando sufrió una bajada de azúcar" El País 21/09/2019 https://elpais.com/ccaa/2019/09/21/catalunya/1569057105_564911.html