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domingo, 4 de febrero de 2024

Irán, Rusia y la ruta del norte

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El Mar Rojo se sigue calentando con los ataques al tráfico comercial marítimo en la zona y las respuestas que se están dando a los grupos pro iraníes. En la zona se pone a prueba la semántica política, especialmente cuando hay que utilizar etiquetas como "rebeldes hutíes", "milicias pro iraníes", etc. Estas etiquetas mediáticas tratan de dar cuenta de una desvinculación de lo territorial tal como se concibe en los límites medianamente nítidos de los países con fronteras nacionales.

La guerra, que parece causada por el territorio (Gaza), tiene una dimensión más allá de lo territorial y va expandiéndose hacía espacios más estratégicos que llevan la lucha hacia el tráfico comercial y al control de la economía mundial al interferir el movimiento que va desde la fábrica de China hacia el mundo de sus compradores en Occidente.


The New York Times

Lo que se está dirimiendo es el control del tráfico, algo que afecta directamente, como se nos señala con frecuencia, a los precios y los suministros de piezas necesarias para poder cumplir con contratos, abastecer mercados, etc. Esa es la respuesta rusa al conflicto con Occidente por Ucrania, la expansión de la OTAN ante su amenaza, etc.

Irán está tras este movimiento que ahora se ha centrado en el Mar Rojo, una zona sensible desde la que es posible dañar todo ese movimiento de una forma contundente y con un coste relativamente claro. Para ello, Irán dispone de sus piezas militares repartidas por toda la zona. El Mar Rojo es la entrada al Canal de Suez una zona creada por los europeos en la época en que el imperio británico necesitaba mantenerse unido por el tráfico desde la India y demás zonas. Ahora se convierte en un punto vulnerable.

En RTVE.es nos explican al cierre del artículo sobre los ataques y repuestas en la zona la composición de estas fuerzas hoy en conflicto:

Los hutíes, junto con las milicias proiraníes de Irak, el grupo chií libanés Hizbulá y los movimientos palestinos Hamás y Yihad Islámica, forman parte de la alianza informal Eje de la Resistencia, capitaneada por Irán y profundamente antiisraelí y antiestadounidense.*

 "Alianza informal" es otra categoría con la que se pretende etiquetar esta problemática realidad que hace creer que Irán no está delante, sino solo detrás. No es esa la realidad: sus armas y financiación les llegan directamente desde allí y se amparan todo tipo de actividades que les permitan seguir en su labor de obstaculización.

No hay nada que conquistar aquí. Todo forma parte de una estrategia de posicionamientos dentro de esos espacios. Irán ataca a través de estas fichas sobre el tablero ajedrecístico de Oriente Medio allí donde más daño pueda hacer a sus enemigos, ya sean musulmanes, judíos o cristianos. Ese "eje de la resistencia" es solo un título para poder radicalizar a los que están tras ellos.

El conflicto lo comenzó en esta ocasión Hamás y ha sido alimentado por las acciones desproporcionadas de Israel. La extensión al comercio mundial es un ataque en una zona alejada y de poca protección hasta el momento. Es un punto estratégico con el que se pretende hacer daño directamente a los enemigos e indirectamente al tráfico mundial, algo de lo que se beneficia el propio Irán y Rusia, que vive bajo sanciones occidentales, creando sus propias alternativas al paso de mercancías por tierra y por ese abierto paso del norte que podría servir para ejercer presiones sobre los gobiernos si se muestra ahorrativos de tiempo y dinero. Los yemeníes no son más que piezas sacrificadas, peones, para dificultar el comercio mundial y desplazar el control a una nueva ruta rusa, la del norte.


Irán está rozando la guerra abierta, lo que le puede causar un grave problema a toda la zona, con Europa incluida, que se vería afectada por el paso de mercancías desde Oriente por mar y por tierra. Las dos "rutas de la seda" tradicionales, la marítima y la terrestre, se verían afectadas por la guerra y por las presiones rusas a quienes busquen una alternativa comercial.

No hay nada sencillo en este momento y sí pasos decisivos para los próximos tiempos. Los hilos se manejan desde unas sombras cada vez más claras. No se puede ignorar lo que ocurre en Ucrania con Rusia y su vínculo con lo que ha provocado su aliado, Irán, en Oriente Medio.


 

* "EE.UU. y Reino Unido bombardean 36 objetivos hutíes en Yemen vinculados a Irán"  RTVE.es 4/02/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240203/eeuu-reino-unido-bombardean-objetivos-huties-yemen/15955061.shtml

jueves, 21 de diciembre de 2023

La operación Guardián de la Prosperidad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Estamos acostumbrados a ponerle precio al suelo en función de la oferta y la demanda; sabemos a cuánto puede estar el precio del metro cuadrado en ciudades, barrios y manzanas. Sabemos también que se puede especular con el suelo para alterar y disparar su precio. A eso estamos habituados y no necesitamos grandes explicaciones.

Pero hay otras zonas del mundo en la que esto se complica por lo complejo de la zona y de lo que ocurra en ella. Está el metro cuadrado geoestratégico que podemos acabar pagando entre toso, sin llegar a conseguir nada a cambio. La posición geoestratégica afecta a casi todo lo que pasa por allí. La guerra de Ucrania, por ejemplo, ha modificado los precios de todo lo que se vincula con el territorio afectado y extiende su influencia a aspectos que nos afectan por muy lejos que podamos estar.

Cada vez más, las guerras se producen en esos espacios de influencia, afectando a todo lo que pasa por allí. Hay efectos directos en indirectos, en primer grado y en múltiples grados hasta hacerse casi imperceptibles. Puede que no sepamos de dónde viene un cambio, pero si tiramos del hilo podemos llegar a sorprendernos del origen. Las cosas están conectadas por múltiples hilos que acaban creando una red de influencias. Desde los principales puntos calientes, la influencia se expande más y más.

Hay una zona especialmente sensible: el Mar Rojo. Gran parte de lo que ocurre en Oriente Medio son efecto de que un día a alguien se le ocurrió crear un canal que ahorraría millones en el tráfico entre Asia y Europa. El control del paso del canal explica muchas cosas y explica también cómo se manifiestan los intereses afectados por lo que ocurra en esa zona. Un mero atasco tiene efectos encadenados sobre la economía mundial. La zona del Mar Rojo es especialmente sensible porque afecta a la economía mundial a incidir sobre dos factores ligados: tiempo y costes.

En 20 minutos nos dan cuenta de las medidas que se han tomado para proteger a los navíos que pasan frente a Yemen:

La situación en el mar Rojo continúa empeorando. Los constantes ataques de los rebeldes hutíes a los barcos que pasan frente a las costas de Yemen han provocado que grandes navieras hayan decidido suspender temporalmente su actividad en esa ruta (una de las más importantes en el comercio mundial). Ante esta situación, este lunes Estados Unidos ha anunciado el lanzamiento de la operación internacional Guardián de la Prosperidad, con la que pretende combatir esta "amenaza". Aunque EEUU ha incluido a España entre los países que participarán en la misión, el Ministerio de Defensa español ha matizado que su posible participación "está sujeta a decisiones de la UE y la OTAN".  

El operativo fue comunicado por el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, que durante la jornada del lunes se encontraba en una visita a Israel para reafirmar su apoyo militar al Gobierno de Netanyahu. Esta misión estará comandada por las Fuerzas Marítimas Combinadas, una alianza multinacional dedicada a defender las rutas marítimas internacionales, y concretamente por la Task Force 153, que opera en el mar Rojo, el estrecho de Bab el Mandeb y el golfo de Adén. Austin aseguró que participarían otros nueve países: Bahréin, Canadá, Francia, Italia, Noruega, Países Bajos, Reino Unido, Seychelles y España. * 


Un nuevo desplazamiento hacia el sur, algo que aleja el poder militar de la guerra ruso-ucraniana y de Gaza ampliando el frente internacional. La apertura de este frente, guiado por Irán, es una piza más de la estrategia de seguir abriendo frentes a occidente por su implicación en el apoyo a Ucrania. Irán, aliada de Rusia, mueve sus piezas por la zona desde el Mediterráneo hasta Yemen.

El estrecho del Mar Rojo se convierte en zona de alto riesgo y, especialmente, de alto coste si se evita buscando rutas alternativas más largas. Las navieras tratan de evitar los ataques y, como se señala, esto tendrá consecuencias en la economía mundial.

Esta es la forma en que Rusia e Irán devuelven las sanciones económicas por las que están afectados debido a sus políticas agresivas sobre terceros países. La alianza ruso iraní es una pieza peligrosa en el tablero mundial porque en cualquier momento puede desbordar sus propias acciones y no poderse controlar. 

Irán moviliza sus piezas repartidas por toda la zona. Son las milicias que pone en marcha, como ha ocurrido con Hamás en Cisjordania usando como escudo a la población palestina, que como es obvio le preocupa muy poco; es el escudo tras el que se oculta. La operación realizada en Israel no ha salido como esperaban, pero sí ha creado una movilización contra Israel por la brutalidad incontrolada de la respuesta. La pregunta es ¿por qué en ese momento?, ¿quién dio la orden?


Los focos se van abriendo: primero Ucrania, cuyo ataque busca la expansión de las fronteras rusas; la "distracción" de Hamás en Israel abriendo un ataque con toma de rehenes con los que pensaba contener la respuesta israelí, que ha sido brutal con Netanyahu; finalmente (por ahora) abrir otro frente en Yemen, con el respaldo iraní a los hutíes.

El envío de esa flota internacional en la operación "Guardián de la Prosperidad" crea nuevas posibilidades de conflicto. La Rusia de Putin respalda al régimen de los ayatolás y sabe que estos no serán atacados directamente por temor a que estalle una confrontación completamente abierta y no a través de estas piezas repartidas por el tablero mundial.

Los efectos sobre la economía están por verse pues lo selectivo de los ataques a los buques comerciales determinará quiénes están más afectados. Puede que esto —de eso se trata— "desmotive" a algunos países sobre la unión frente a Rusia, especialmente en Europa, donde se apoya a las piezas más antieuropeístas de sus mapas políticos. De esta forma, los conflictos entre oposición y gobiernos se producen sobre el apoyo a Ucrania, el envío de material militar de apoyo o de otro tipo. Ya hemos visto lo que ocurre con Polonia.

Habrá que vigilar otros frentes internacionales, especialmente en América, donde se pueden desencadenar conflictos (veamos qué pasa con Venezuela y sus deseos "a la rusa" de modificar fronteras invadiendo a sus vecinos). Si la estrategia ruso-iraní de conflictos múltiples sigue así nos queda por delante un año 2024 complicado, con pocos márgenes de error.

Veremos si los "rebeldes hutíes" tienen iniciativa suficiente o si van a ser incentivados en sus ataques en esta "guerra santa" contra Israel a la que son lanzados dentro de un plan más amplio. Los conflictos abiertos con los pro iranís acabarán con respuestas directas por parte del bloque árabe anti iraní, aquel que iba a abrirse para normalizar las relaciones y que el ataque de Hamás impidió al volver a las opiniones públicas de los países a su antisemitismo proverbial y comprometiendo a sus gobiernos ante ellas.

Un mundo complejo y cada día más peligroso. España está en esa fuerza  creada para la defensa de la "prosperidad". Habrá que mirar con atención qué ocurre.


* Carlos Pérez Palomino "EEUU lanza una misión internacional para frenar los ataques hutíes en el mar Rojo en la que incluye a España" 20minutos 19/12/2023 https://www.20minutos.es/noticia/5200471/0/guardian-prosperidad-mision-para-frenar-los-ataques-huties-mar-rojo-que-espana-no-participara-unilateralmente/

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Princesas de dignidad, mártires de lo indigno

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Fue durante la comida de ayer. Se comentó horror de la muerte de una niña llamada Rawan, de solo ocho años, en Yemen, obligada a casarse con un "viejo". Se criticó el poco acierto de un periódico al hablar de "noche de bodas", por lo que a la noticia de muerte se sumó la irritación de la forma de transmitirlas. Casos como estos debería calificarse de crímenes y torturas rituales, pues no son otra cosa.
Recordé en la conversación que hacía un par de semanas había tenido ocasión de escuchar y ver a otra niña en Yemen con el mismo problema. Su tío la había sacado de su casa y acogido porque sus padres habían concertado algo que me resisto a llamar "matrimonio", algo que no es más que una aberración en la que las perversiones se disfrazan de costumbres virtuosas, de tradiciones santificadas escondiendo la bajeza a la que se puede llegar con el beneplácito de lo que llaman "costumbres" y beneficia siempre a los más poderosos y perjudica a los más indefensos, a las mujeres en cualquier etapa de su vida

Conté como aquella niña de once años Nada Al-Ahdal aparecía en una grabación, realizada por su tío para hacer público el caso, en el que ella se defendía con viveza señalando que ella era una "niña" y que prefería morir antes que nadie la entregara a un hombre. "Soy una niña", repetía en la grabación realizada en el interior de un coche que la alejaba de los seres que la engendraron para venderla, por dinero, como ella misma señalaba, por congraciarse con ricos vecinos y satisfacer el podrido cuerpo de un ser abyecto que basa su poder en coleccionar niñas torturadas, algo de lo que presumirá porque ve prestigio social en ello.
Me alegré de que su tío hubiese sido tan sensato —como decía a la cámara— como sacarla de allí y acogerla en su casa para no permitir aquella infamia con una niña e once años, que era todo ojos —unos inmensos pozos de luz negra—, vivacidad, valor, expresividad y sentido común concentrados en unos pocos años. Pensé: hacen falta muchas niñas así para garantizar un futuro que vaya hacia adelante con alguna garantía de supervivencia, un futuro en el que no se acumule además de la ignorancia propia, el desprecio ajeno ante el horror.
El pensamiento de la tortura horrenda que llevó a esa niña a la muerte me causó indignación y una rabia que me agarró la garganta. Y la lloré como habría hecho cualquiera, con una mezcla de profunda tristeza, indignación e impotencia pensando en ese monstruo ufano, respetado por su comunidad, monstruo que consigue las niñas que le son ofrecidas o pide.


El día anterior había tenido una conversación con dos personas —una egipcia, la otra marroquí— que contaban horrorizadas el efecto que les había causado una de la series televisivas de este último Ramadán que había abordado la cuestión —de nuevo preocupante— de la rebaja de la edad de los matrimonios. La serie mostraba la historia de un viejo que iba recolectado niñas cada vez más jóvenes para su disfrute. "Era muy fuerte", comentaron, "no se aguantaba". Por mi parte les hablé de una reciente noticia televisiva que nos mostraba la celebración del matrimonio de dos niños —doce años él, diez ella—, el gran festejo organizado por las dos familias. "Los padres somos como hermanos", decía el padre uno de los contrayentes. "Y las madres son como hermanas", contaba satisfecho. "¿Quién va a elegir mejor que nosotros lo bueno para ellos?". Allí no se casaban los hijos; lo que allí se celebraba era el triunfo de la comunidad y la negación de la persona, a la que se le impide llegar a ser sustrayéndole las decisiones antes de que se pueda oponer o tener criterio propio. 


Era la fiesta de la sumisión de los hijos, objetos de transacción, y la celebración del patriarcado; era la fiesta del poder sobre el débil. "¿Te gusta casarte?", le preguntaban a la niña, radiante, maquillada para parecer lo que no era y anular su ser infantil. "No lo sé. Ellos me han dicho que tengo que hacerlo", contestaba con una sonrisa desde la inocencia y la ignorancia de que lo que allí se celebraba era la salida de un futuro de sus propias manos, una pérdida irrecuperable.
Los partidos islamistas que han llegado al poder aprovechando las revueltas en los países árabes han fomentado medidas que no trataban de evitar esto, sino lo contrario. Es ahí donde se encuentra el caldo de cultivo de la ignorancia que los lleva al poder, la hipocresía que les hace levantar las manos en un falso rezo carente de piedad, con el que encubren su enfermedad retrógrada disfrazada de beatería virtuosa. El tío de Nada Al-Ahdal, la niña yemení, señalaba directamente el apoyo de la Hermandad a los islamistas de su país y cómo se había abandonado la ley que limitaba a los 17 años el matrimonio por considerarla "poco islámica". Los islamistas siempre son muy respetuosos con la ley; lástima que no lo sean con las personas.


En poco menos de un año en el poder en Egipto, la preocupación del "demócrata Morsi" y sus ministros, con un país hundido económicamente, educativamente, administrativamente, se centró en cuestiones como la rebaja de las edades del matrimonio, en la reducción de la edad del control de los hijos por parte del padre separado —que estaban bajo tutela de la madre obligatoriamente hasta cierta edad—, se dedicó a facilitar créditos para cubrir el sobregasto matrimonial de la poligamia —exenciones y descuentos para los créditos solicitados para las segundas bodas— y otras labores "prioritarias" que casan bien con su credo, "moderado" a los ojos de un Occidente, que no acaba de entender el fenómeno. Todas sus prioridades eran regresivas y contra los derechos de las mujeres de cualquier edad.
Fenómenos parecidos —cambio y relajación de las leyes, la vuelta de la costumbre bárbara precoránica, camufladas bajo las tapas del Libro— los hemos visto en Túnez, en Libia o en Yemen. Aumenta igualmente en otros países la violencia contra las mujeres y en especial contra las niñas, víctimas muchas veces indefensas y cuya tortura ritual se celebra. Se reprimen brutalmente los deseos de libertad, de modernización de un mundo que mantiene una conciencia tribal profunda que hay muchos intereses en mantener.


Hay millones de musulmanes de todo el mundo a los que esto le parece una aberración profunda, algo que no tiene nada que ver con religión alguna, indefendible como muchas otras cosas que les hacen sonrojarse cuando se realizan en el nombre de unas creencias que ellos viven de manera muy distinta. Saben que chocan contra un muro social y muchos guardan silencio por temor a enfrentarse a algo más poderoso que los dictadores, que no se derriba con pancartas y manifestaciones. Son los patriarcas, la encarnación de un poder, por encima de cualquier otro, que se basa en el entrelazamiento de los lazos familiares, religiosos y sociales, que anula cualquier resistencia individual porque nunca debe ser cuestionado su poder. La niña de Yemen fue un cordero sacrificado más.
El movimiento de rebeldía en los países árabes se ha visto contrarrestado con el aumento de la presión social sobre aquellas personas a las que les gustaría que el Islam pudiera avanzar hacia el mundo en el que viven hoy, que se redujera la brecha entre lo anacrónico sacralizado y un presente que puedan vivir con dignidad, acorde con sus conciencias, no verse enfangados en monstruosidades de diferentes calibres al amparo de lo religioso. Son muchas de esas personas que desean avanzar en la Historia, progresar, las que se han sentido traicionadas porque se ven entre dos fuegos: el de la intransigencia de los próximos y la indiferencia o incomprensión de los distantes.


Y son ellos, sin embargo, los únicos que pueden cambiar desde dentro los restos de la barbarie; son ellos los que tienen  que luchar cada día nosolo en parlamentos, sino en escuelas, transportes públicos, mercados, cafeterías, piscinas, hospitales, autobuses, colas..., en todas partes, porque este enfrentamiento, esta lucha por intentar ser uno mismo y vivir con dignidad personal se da en los detalles más pequeños de la vida cotidiana, en cosas tan sencillas en otros lugares que no acabamos de creerlas. Hemos olvidado que hay muchas cosas sencillas, muy sencillas, que son el resultado de miles de muertes y conflictos centenarios, que son sencillas gracias a personas que se enfrentaron solitarias y decididas a los muros de la intransigencia y del inmovilismo camuflado de tradición. Y son esas personas, precisamente, las que más necesitan de apoyo para seguir adelante y cambiar lo que no les gusta, con lo horrendo que no pueden compartir. Si se van, como ocurre muchas veces, hartos de luchar, su hueco es cubierto por los que se benefician de su ausencia, que amplían su poder.
El asesinato ritual, porque solo así se puede calificar la muerte de esa niña en Yemen, pesará sobre aquellos que lo ampararon, desde los padres que la entregaron, al criminal que lo consumó bajo el aplauso social. A ellos les da igual; piensan que estaba escrito, que Dios lo ha querido porque nada ocurre sin su consentimiento. Pero esto no ha ocurrido por el consentimiento divino sino por la perversión humana que usa su nombre y por la indiferencia o sumisión.
Rawan no pudo sobrevivir, como lo hizo Malala, escapar como Nada Al-Ahdal; no ha tenido esa suerte. Las mártires son cada vez más jóvenes porque la perversión no tiene límites. Su martirio no es un título ganado en las calles luchando, sino en la terrible soledad del espacio doméstico convertido en cámara de torturas.
Murió libre y liberada. Descansa en paz, princesa de dignidad. Vergüenza nuestra.





lunes, 12 de diciembre de 2011

La petición


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Tawakoll Karman, la joven periodista yemení que ha recibido el Premio Nobel de la Paz junto a otras dos mujeres —las liberianas Ellen Johnson Sirleaf y Leymah Gobwee—, ha sido muy clara en su discurso de recepción y ha realizado una petición:

“The democratic world, which has told us a lot about the virtues of democracy and good governance, should not be indifferent to what is happening in Yemen and Syria, and happened before that in Tunisia, Egypt and Libya, and happens in every Arab and non-Arab country aspiring for freedom,” Ms. Karman said. “All of that is just hard labor during the birth of democracy, which requires support and assistance, not fear and caution.”*

A nadie con un mínimo sentido común se le escapan las dificultades que el asentamiento de una democracia tiene.Muchos países mantienen unos niveles precarios de salud democrática y tenemos varios ejemplos en Europa de situaciones más que complicadas. Los manejos del poder en Rusia, sin ir más lejos, y otros muchos países, hacen dudoso considerar que la democracia sea un estado perfecto y acabado. Es más bien como un organismo vivo, sujeto a los vaivenes del entorno y a los descuidos de los que lo dan por hecho. Una democracia sana es la que, previsora, se coge la bufanda cuando hace frío. Estamos viendo que el virus de la corrupción también ataca a las sanas democracias y las manda al servicio de enfermería en cuanto que se descuidan. No es solo Rusia o Lituania. El caso de Brasil es también ilustrativo, con seis ministros cesados por corrupción en apenas unos meses. España misma —estamos en el puesto 31 de transparencia en la lista internacional— tiene sus casos, mayores o menores, permanentemente. Separamos democracia y corrupción, pero eso no es más que un juego mental. En África ha habido y hay varias guerras por fraudes electorales. Pero no son solo los fraudes. Si los que elegimos nos roban o se lucran indebidamente, la democracia se resiente; no ha funcionado como debía. Nada más delicado y complejo que una democracia. Nada más difícil que ponerla en marcha; tampoco es fácil mantenerla sana.


Por eso la petición de confianza, de apoyo y asistencia, que la premio Nobel yemení hace a Occidente debe ser escuchada atentamente ahora que los ánimos se han enfriado para algunos. Los que pensaban que en países con los niveles altísimos niveles de corrupción y poca o nula tradición democrática, con partidos circunstanciales o desconocidos, todo se iba a purificar con la presencia cristalina de una urna, se equivocaban. Hemos ayudado a indecentes dictaduras con miles de millones de dólares y euros, hemos abrazado a sus infames presidentes. Demos un margen de confianza esta vez a los procesos en los que están inmersos a sabiendas de dos cosas: que la democracia consiste en que ellos elijan sus representantes y no los nuestros, y que es un proceso que debe darse en el tiempo, que requiere muchas cosas. La ignorancia y la pobreza en la que estas dictaduras han mantenido a sus pueblos —entrar en Yemen, nos dicen, es trasladarse a la Edad Media— tardará muchos años en arreglarse.

Es la tarea de las generaciones más jóvenes, a las que hay que respaldar, las que se han levantado y ahora sienten que les sustraen sus revoluciones porque los votos van a otros lugares. Hace falta apoyar a sus jóvenes, convencerles de que en su formación e integridad está el futuro de unos países a los que aman, por el que se han levantado y dejado sangre y vida. Desecharon el camino fácil de la migración; eligieron el del compromiso. Es ahí, en ese terreno donde debe ir el apoyo. Es ahí, con toda la sinceridad y naturalidad, donde hay que trabajar con ellos.

El mensaje que Occidente debe transmitir es precisamente el que reclama Tawakoll Karman: sacudirse la indiferencia y apostar por un futuro en el que la comunidad internacional manifieste su apoyo democrático exigiendo los mínimos de partida y la evolución social permanente, apoyando progreso y no solo la vergonzosa seguridad de los dictadores. El mejor favor que Occidente puede hacer a las democracias que están por llegar es negarse a aceptar ningún tipo de componendas con nuevos dictadores y alentar, mostrar su apoyo a los que defienden y buscan la mejora de sus pueblos. Es algo que debemos exigir desde nuestros propios países.
Para esto tiene que pensarse también más allá del dinero. Hay acciones más allá de lo puramente económico, de las inversiones. El desarrollo es importante pero, por lo que hemos visto, el dinero no trae directamente la democracia, pero si suele atraer a la corrupción. Es lo que han visto y vivido durante décadas. Las empresas que inviertan tienen que apoyar la causa de la democracia no sumándose al camino fácil de la corrupción, como ha estado sucediendo con demasiada frecuencia.
Además del desarrollo hay que establecer otros vínculos, que son los que Tawakoll Karman reclama: apoyo y asistencia y no miedo y precaución. Hacen falta muchos foros, no solo políticos; también sociales y culturales, muchos intercambios, mucho conocimiento mutuo para poder sacudirnos los miedos. Muchos de ellos son fruto de la ignorancia y de la pobreza. Quizá exigimos demasiado y demasiado pronto. No basta con querer ser libres, hay que tantear los caminos, resolver los obstáculos que han estado impidiendo el progreso en casi todos los sentidos.


La división está entre los que saben que no es fácil y los que no quieren hacerlo. No existen varitas mágicas. A los que saben que no es fácil, hay que tratar de animarles para que sigan en su empeño y no se dejen vencer por el desánimo. A los que no quieren hacerlo, señalarles que la responsabilidad histórica del porvenir de sus pueblos exige salir de las catacumbas y afrontar un futuro realista, que una vez que los pueblos se levantan, aprenden el camino, que regresarán una y otra vez a calles y plazas.

Las dictaduras no se destruyen en un mes ni las democracias se construyen en un año. Tras los dictadores no solo están sus hijos o los amigos y los amigos de los amigos. También están las inercias, las costumbres y los vicios que han resultado gratificantes para muchos y que tienen que sacudirse para avanzar. No se han levantado para cambiar de dictadores.
La petición de Tawakoll Karman encierra mucho de esa constatación. Los que han reclamado libertad son muchos; aquellos cuyo sueño de libertad tenía alguna forma específica son menos. Ahora tienen que ponerse de acuerdo en dar forma a sus sueños una vez que lograron despertar. Espera un largo camino. Para ese camino es para el que piden apoyo y asistencia. Debemos recorrerlo con ellos honesta, sinceramente.

* “3 Women’s Rights Leaders Accept Nobel Peace Prize”. The New York Times 11/12/2011 http://www.nytimes.com/2011/12/11/world/sirleaf-gbowee-and-karman-accept-nobel-peace-prizes.html?src=ISMR_AP_LO_MST_FB



sábado, 20 de agosto de 2011

Tres finales

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En días o semanas podemos asistir, con bastante probabilidad, a los actos finales de tres obras trágicas. Nos referimos al final de las revoluciones en Libia, Siria y Yemen. Intuimos ya la llegada de los finales, aunque no estén escritos al detalle todavía.
La crisis Libia se puede medir por el grado de ausencia del histriónico coronel Gadafi. Hemos pasado de sus baños de multitud en los balcones, a sus rápidos paseos por las avenidas, de sus reuniones con los clanes a la partida de ajedrez, de la retransmisión televisiva en color al sonido telefónico distante y defectuoso de su último comunicado. Hemos pasado del “danzad y sed felices” con el que animaba a las familias para que le sirvieran de escudos humanos en las inmediaciones de su residencia, a su último comunicado: “la sangre de los mártires es el combustible del campo de batalla”.
Puede que aquella aventurada e irreal afirmación del ministro británico de Asuntos Exteriores, al inicio del conflicto, asegurando que el dictador se encontraba camino de Venezuela, se acabe cumpliendo meses después sin que eso le reporte ningún mérito al adivino. De nuevo han vuelto a aparecer —esta vez solo como rumores— informaciones sobre su presunto destino en el país caribeño junto a su colega y amigo Chávez. La locura de Gadafi y su clan es la suficiente como para acabar convirtiendo el sitio de Trípoli en un baño de sangre. Cualquier cosas puede esperarse de él y de los que no tienen nada que perder, su clan. Los colaboradores más próximos se fugan de Trípoli y aparecen de pronto en Egipto o en otros países con sus familias y las tropas rebeldes se van acercando a la capital. ¿Habrá batalla final? La gente ya está huyendo. Gadafi sigue en algún búnker.


El otro acto final es el de Siria. No parece próximo, pero la tensión que el pueblo sirio está viviendo, la lenta sangría con más de dos mil muertos y miles de desaparecidos, no puede durar mucho. El involucrar hasta las cejas al Ejército sirio en la represión y depuración del país es una locura que quedará en la cuenta de Bashar Al-Assad durante generaciones. La única salida que deja para este último acto es el golpe de estado cuando una facción de Ejército asuma que no puede estar así eternamente y que el futuro, tras la represión, no es un verdadero futuro. El dictador sirio se ha beneficiado hasta el momento de los conflictos abiertos a su alrededor, de la imposibilidad de abrir más frentes desde Occidente, y de la estrategia de países como Rusia y China que necesitan estar en el extremo opuesto a lo que decida el resto del globo para afianzarse como potencias de no se sabe muy bien qué. Los gobernantes sirios han pensado que los conflictos de los demás garantizaban su impunidad. Pero pueden haber calculado mal.

La apertura actual de un nuevo conflicto diplomático entre Israel y Egipto parece un intento de terminar de revolver la zona en los momentos en que requiere más tranquilidad y unidad de acción. Si algo moviliza a Occidente es la posibilidad de que se recrudezca el conflicto con Israel, una baza que se ha estado jugando —por quien fuera en cada momento— desde el principio de la revoluciones árabes. Israel siempre ha servido de excusa en la zona para mantener dictadores, para provocar revueltas, y para distraer la atención según conviniera. E Israel siempre ha entrado al trapo. Es fácil provocarla cuando se sabe cómo suele reaccionar. Pero el Egipto de ahora no es el de Mubarak. No se van a arreglar las cosas con silencios. Egipto tiene ahora voz. Eso se lo están avisando a Israel todos. Pero Israel no suele escuchar.
El holocausto del pueblo sirio adquiere dimensiones de martirio colectivo cuando son masacrados —por tierra, mar y aire— impunemente por las fuerzas de su propio Ejército. Esta fractura, que no se ha producido ni en Túnez ni en Egipto, con la “neutralidad” (sería más correcto decir con la “no intervención” del Ejército) y su negativa a sostener a los dictadores directamente manchándose las manos de sangre, actividad que dejaron en manos de la Policía y demás secuaces organizados. El gobierno sirio tiene que caer y lo hará. Al Asad pagará entonces todos estos desmanes infames. El problema es saber quién quedará limpio para asumir la reconstrucción de una fractura de tal calibre. Su estrategia ha sido esa, comprometer a todos para que no puedan echarse atrás, convertirlos en cómplices de su actuación criminal represiva. Pero la contestación Siria sigue.

El tercer acto tiene visos de ser completamente inédito: el regreso de Alí Abdullah Saleh a Yemen tras su convalecencia. Saleh es el gobernante árabe que ha pasado más tiempo en el poder tras Gadafi. Puede que sus tristes e indignas marcas de ambos se cierren a la vez. Su regreso a Yemen tras el atentado sufrido parece que reabrirá el conflicto yemení, que no puede durar tampoco mucho más. El presidente que más veces incumplió su palabra de solucionar el problema de Yemen —él es el gran problema— no puede creer que le queden muchas opciones de regresar a negociar, una vez más, nada con su pueblo. El tramposo entre los tramposos espera que le reciban para seguir negociando, suponemos que hasta que no se tenga ya de pie. Nadie ha prometido tantas veces como Saleh que dejaría el poder. Y sigue en ello.
Estos tres finales se presentan sangrientos y de duración incierta. Lo importante es que los países a los que escuchen estos dictadores —si es que escuchan todavía a alguno— asuman su responsabilidad de convencerles que sus días han terminado, que sus cupos de sangre y crueldad hace tiempo que rebosan, y que lo único que han dejado a sus pueblos por herencia son enormes bolsas de pobreza y corrupción, y gigantescas fracturas sociales.
En su momento lo dijimos. El estallido casi simultáneo de las revueltas en tantos países benefició a los primeros. Los que quedaron a la zaga se han visto sometidos al temor de los dictadores a caer y seguir hacia callejones sin salida y del temor occidental a convertir medio continente en un polvorín incontrolable.
Cuanto antes baje el telón para ellos, para los dictadores, antes podrán estrenarse las nuevas obras, obras con mejores finales. Los protagonistas ahora deben ser los pueblos. Y no por sus muertes.