Mostrando entradas con la etiqueta secesión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta secesión. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de noviembre de 2017

La frivolidad distante

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Me parece muy revelador el artículo publicado en ABC por Salvador Sostres. En muchas ocasiones hay que elevarse para tener vista de pájaro y poder ver el conjunto. En otras, hay que fijarse en el detalle, en las palabras y hechos sin público o trascendencia, pero que contribuyen al lienzo confuso de la Historia. Una anécdota puede ser más reveladora que un gran acontecimiento; una palabras, más que un discurso retórico. Muchas veces comprendemos mejor a través de los detalles que de los grandes tratados o declaraciones.
El artículo de Sostres comienza con dos anécdotas que creo interesantes para poder comprender lo que ocurre y en manos de quiénes está en estos momentos el destino de muchos españoles y, especialmente, la vida diaria de aquellos que viven en Cataluña, que son —no lo olvidemos— el rompeolas del ímpetu embravecido de los independentistas, los que deben reaccionar en corto ante sus exigencias e imposiciones, demostrándoles que la política de hechos consumados no es aceptable.
Las anécdotas son reveladoras de las manos que han tenido el timón de esta situación que ahora vivimos. Escribe Sostres:

Isidro Fainé, presidente de la Fundación Bancaria La Caixa, no llama nunca a los políticos pero acude siempre que le solicitan. También cuando le llamó Carles Puigdemont, a los seis meses de llegar a la presidencia de la Generalitat. Era el mes de julio de 2016. Cuando el señor Fainé entró en el despacho presidencial un caótico Puigdemont se le acercó para saludarle y antes de darle las buenas tardes le dijo: «Isidre, que sepas que soy independentista. Te lo digo para que no te engañes. Y por cierto, ¿tú lo eres?». El presidente Fainé asistió atónito al esperpéntico recibimiento pero tuvo la sangre fría de contestarle: «President, yo soy partidario de una gran Cataluña dentro de España. Y le diré más: desde que estoy al frente de La Caixa he conocido a cuatro presidentes de la Generalitat: a Maragall, a Montilla, a Mas y hoy a ti. Tus tres antecesores me pidieron que hiciera de La Caixa el primer gran banco de España, y ahora que lo hemos conseguido, tú quieres salir de España».
Puigdemont enmudeció de tal modo que el camarero que contempló la escena sólo recuerda otra igual, también con Fainé, cuando quien le llamó para conocerle fue Ernest Benach, presidente del Parlament a propuesta de ERC durante los tripartitos y uno de los mayores patanes que ha dado la política catalana. Benach invitó a comer al señor Fainé al Parlament y al final del primer plato empezó a toquetear su teléfono portátil como muy concentrado y cuando su invitado intentó decirle algo, ante la extraña situación que se estaba creando, todo un presidente de uno de los parlamentos más antiguos de Europa le respondió: «Isidre, perdona un momento, que estoy a punto de batir mi récord en el juego de la serpiente: ahora enseguida continuamos hablando».*


Cuando El País reprodujo el vídeo cazado por TV3 en el que Oriol Junqueras y otros dirigentes del "procés" hablaban del discurso que Puigdemont estaba preparando para después del referéndum, escribí que descubría en su salsa a las personas que se habían puesto al frente del todo esto. La misma ligereza que se nos muestra en lo referido de 2016 por Sostres sobre Puigdemont, la misma frivolidad visionaria. Es una muestra más de la degradación del liderazgo político hasta niveles inmaduros y grotescos. No hace falta comentar la segunda de las anécdotas.
Contrasta la primera anécdota la distancia entre las dos personas y sus objetivos: el banquero que ha conseguido crear un gran banco para Cataluña y en España y el frívolo visionario que está dispuesto a destruir lo creado por un sueño irreal que se acabará llevando por delante a los que dice encabezar. No hay quijotismo, solo frivolidad,  e irresponsabilidad.
Sus palabras ofreciéndose como "líder" desde su refugio temporal en Bruselas son un apunte más sobre esta desvergüenza. No hace muchos días, la CUP se paseaba por Barcelona con carteles con el lema "Puigdemont traidor". Su espantada no da mucha más confianza a los suyos. El hamletiano Puigdemont acumula demasiadas incertidumbres en su interior y para su futuro.


El camino hasta llegar a las elecciones se hará eterno y estará lleno de giros dramáticos y truculentos. Los resultados, ya sea porque los consideren "plebiscitarios" Puigdemont y los suyos, ya sea porque los constitucionalistas no logren ponerse de acuerdo, serán decisivos en las futuras estrategias. Las encuestas no dan la mayoría a los secesionistas, pero concurrirán unidos, lo que da fuerza.
Su estrategia será hacer todo lo posible para que esto no ocurra en la otra parte. Y la forma de hacerlo es forzar las situaciones, generar ruido y violencia, que provoquen tensiones. En esto el papel esencial lo está jugando Podemos, que sigue con su idea de forzar al Partido Socialista a alejarse del centro. Cada vez es más evidente que sus estrategias son destructivas en todos los planos. Ellos sabrán por qué lo hacen.
La anécdota de Puigdemont nos muestra al personaje. No es una personalidad con profundidades, sino con una enorme ausencia de sentido de la realidad. Quizá esté ahí por eso. Puede que fuera más cómodo para algunos mandar por delante a un iluso que realizar ellos mismos lo que sabían que traería grandes y graves consecuencias.
Su "ofrecimiento" a ser el candidato es un reto para los que pudieran querer ponerse al frente una vez en marcha todo. Su salida de Cataluña, con su falsa foto en Instagram incluida, es lo que es, una huida con la finalidad de tener una figura en el exterior que sirva de referencia a la desobediencia pero también una forma de abrir nuevas fórmulas.


Nos dicen ya todos los medios que Carlos Puigdemont se ha entregado a la justicia belga con sus ex consejeros. Veremos cuál es el camino que trata de abrir. La cuestión es si regresa para no quedarse fuera de la foto después de que sea ERC la que queda por delante en la encuestas mientras que su partido, el PdeCat se ha apresurado a proponerlo como candidato a la presidencia, después de ver cómo se han hundido. Puede que sea el "regreso" (aunque sea virtual) la fórmula elegida para poder recuperar tirón electoral. No todo el mundo ha entendido Bruselas. Y los retrocesos de los partido secesionistas son importantes según la encuesta de La Vanguardia.


Dice Berna González Harbour en El País de hoy: "Puigdemont puede hablar en tres o cuatro idiomas desde la capital europea, pero en ninguno de ellos dice nada que encaje con la realidad."** Y es así. Pero hay que tener cuidado porque en ocasiones la realidad se puede complicar mucho con las palabras de los no la reconocen. El problema no es tanto la realidad como lo que algunos creen posible.



* Salvador Sostres "Fainé a Puigdemont: «Y ahora que lo hemos conseguido tú quieres salir de España»" ABC 5/11/2017 http://www.abc.es/espana/abci-y-ahora-hemos-conseguido-quieres-salir-espana-201711050258_noticia.html

** Berna González Harbour "Puigdemont, el astronauta que volverá a otro país" El País 5/11/2017 https://elpais.com/elpais/2017/11/04/opinion/1509793894_718132.html



sábado, 4 de noviembre de 2017

Las maneras importan

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nunca me ha gustado la gente que va a gritar delante de las Audiencia Nacional, juzgados, comisarías, aeropuertos, sedes, etc. Por el mismo motivo, he estado siempre en contra de los "escraches" o como lo quieran llamar. Quizá sea por una natural repulsa hacia cualquier tipo de "chusma", a la que estos actos me recuerdan. Y eso vale para cualquiera.
No entiendo cómo los recintos destinados a recibir detenidos están diseñados para esta especie de juego del desahogo que supone una forma de trato que no me gusta, que nunca me ha gustado y que entiendo como una enorme falta de educación cívica y democrática.
Entiendo que existen otros lugares del planeta donde se hace lo mismo. Pero sigue sin gustarme. La gente piensa que entra dentro de la libertad de expresión, pero yo tampoco entiendo así la libertad de expresión, lo que es exclusivamente un problema mío. Dejé de ir a acontecimientos deportivos públicos porque no lograba abstraerme de esos gritos insultantes que algunos consideran inherentes al deporte espectáculo. No me gusta el insulto, ver caras desencajadas de odio encendido.
Mi visión puede parecer demasiado "exquisita", pero no lo puedo evitar. Creo que el trato jurídico y humano debe ser siempre respetuoso de las personas. Las formas son esenciales pero hay gente que cree que las cosas se cargan de razón cuando se sube el volumen y se vuelven agresivas en su expresión. He visto justificar estas cosas y practicarlas y no me parecen un progreso sino un retroceso intimidatorio hacia la violencia. Algunos llegan el zarandeo y convierten la palabra en insulto. Parece que si no se pasa de ahí se hace respetable, pero solo es un juicio callejero.
La gente que a altas horas de la noche está esperando a que llegue el avión de alguien para gritarle, insultarle o cualquier otra variante no me parece que tenga más o menos razón por hacerlo. Me parece fatal que se lo hagan a Isabel Coixet, como ya dijimos aquí,  como me parece fatal que se le haga a cualquier persona. Incluso  a aquellas con las que no estoy de acuerdo.


Leo en un artículo de opinión que el límite del respeto al delincuente está en la sangre. Es decir, uno puede ser compasivo con los demás, con su encierro, excepto cuando hay sangre, en cuyo caso es más difícil justificar la calma. Los insultos vistos estos días por parte de los familiares de las víctimas en la condena judicial de un conocido crimen, siguiendo la idea del autor, justificarían el derecho al insulto público.
Sigue sin gustarme. Puedo entender la pérdida de nervios de alguien, la tensión y el dolor acumulados. Pero ese espectáculo solo degrada al que lo hace. El condenado ya tiene lo suyo, lo que la justicia ha estimado conveniente. Nadie va a devolver la vida a las víctimas. Pero sí se pierde algo cuando uno se deja llevar por el odio, el deseo de venganza, etc. de esta forma. Ninguno de esos sentimientos son positivos o al menos yo soy incapaz de encontrar en ellos ningún aspecto positivo.
Pero en el caso de la política, la cuestión se agrava porque no solo no se arregla nada sino que se abren nuevos terrenos conflictivos. Lo publicado por el diario El País sobre comentarios de tres agentes de Policía no es de recibo. No tiene que ver con su función. Tampoco compensa los comentarios provocativos e insultos que muchos agentes han recibido en Cataluña por parte de independentistas cuando han estado allí. No compensa  los escraches contra ellos intentando sacarlos de los pueblos, negándoles el pan y la sal. Es más, por virtud de esa ley psicológica que es la ley del embudo, siempre se verá como afrenta ajena lo mismo que practicamos sin pudor y con descaro.
Desde el principio del proceso secesionista hemos señalado la necesidad de que la ley sea limpia para poder ser respetada. En un mundo de "falsas noticias" puede parecer que se relativiza el papel de lo que hagamos, de lo que es real. No debe importar porque lo hacemos conforme a un criterio de respeto y auto respeto, es decir, tanto por la ley como por nosotros mismos. Ganar es tan importante como la forma de ganar. Así es en todos los órdenes de la vida.


Escucho hace unos momentos a Albert Rivera y a otros miembros de Ciudadanos explicar a quienes han ido a escucharlos que les han "reventado" los enchufes para boicotear el acto. Es otro ejemplo de cómo se falta a las formas y a la convivencia.
No me gusta convertir la calle en picota, ni el insulto o la vejación publica como parte de los castigos. En eso ganó mucho la justicia; su función no es la exhibición pública de los condenados, mucho menos de los que no han llegado a ese estado o nunca lo harán. Me gustaría, por el contrario, que las personas llevadas a los juzgados escucharan aquello que los jueces, fiscales y abogados tengan que decirles. Con eso basta.
Son en gran medida los propios políticos los responsables de esto. Les ha gustado ir a los tribunales acompañados de cortejos y aplausos como forma de intimidación a los jueces y a la Justicia misma. Mal hecho. Ahora tocan gritos en vez de aplausos. Ni unos ni otros. 
No, no me gustan este tipo de prácticas a la puerta de los juzgados, en los aeropuertos, en las calles. No me gusta que se le chille a nadie, que se le restriegue una bandera —aunque sea la mía— por la cara. Durante años, la política secesionista ha jugado a eso en los colegios, universidades, instituciones, etc. Tiene sus teóricos y defensores. Allá ellos.


Esta forma agresiva y maleducada ha arrinconando a todos los que pensaban de otra forma instaurando una ciudadanía de primera categoría y otra de segunda, una visible y otra invisible, que tenía que esconderse.
Ahora hay que evitar que se produzcan hechos inútiles que solo traigan más problemas a la convivencia presente y futura. Se usa el agravio para encizañar más las cosas, para crear nuevos conflictos con los que mantener abiertas heridas. Del odio vive mucha gente.
Ningún argumento requiere del insulto; ninguna causa exige la vejación. Leyes y razones, argumentos. Sé que seguirán los espectáculos del desahogo y del aplauso en las entradas de los juzgados, de la Audiencia o de cualquier otro lugar. Los políticos catalanes las han padecido de forma intensa en 2011, cuando algunos de los que ahora se quejan rodearon el parlamento catalán e insultaron a los diputados autonómicos y autoridades del gobierno que intentaban entrar. Lo critiqué entonces y lo hago ahora. A otros, en cambio —antisistema— les pereció muy bien dentro y fuera de Cataluña. No han cambiado y no hay que imitarles.
La política y la ley tienen su sitio. Las calles, la violencia, la amenaza, etc. solo perturban la convivencia hasta llegar a hacerla imposible. Desde hace años, ciertos políticos juega a ser la voz de la calle y la calle a ser jueces y jurados, algunas veces verdugos. Esto es la consecuencia.
Las formas dicen mucho de quienes las emplean.



domingo, 21 de septiembre de 2014

Las apuestas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Durante los días previos a la realización del referéndum sobre la escisión de Escocia del Reino Unido era un tópico informativo repetir que la decisión estaba en manos de los indecisos. El juego de palabras describe en este caso la realidad o quizá solo lo parece. La BBC se hace una pregunta desde sus titulares: "¿Por qué las apuestas predijeron mejor que las encuestas el referendo de Escocia?". La idea general del artículo es la mayor fiabilidad de las apuestas frente a las encuestas, lo que llaman "intuición vs. predicción":

El resultado del referendo de Escocia de este jueves ha vuelto a poner en cuestión el trabajo de los encuestadores políticos.
En los días previos a la consulta, las principales encuestas arrojaban un resultado muy ajustado.
Aunque la mayoría de las encuestas acertaron que el No ganaría, el margen final de 10 puntos dista mucho de ser una victoria por la mínima.
El No a la independencia se impuso 55%-45% al Sí.
Si uno hubiese seguido los resultados de las casas de apuestas británicas, la predicción habría sido más fiable, argumentaba este viernes en The New York Times el profesor de la Universidad de Michigan, Justin Wolfers.
Para las casas de apuestas, el No siempre fue favorito. En Betfair, los apostadores estimaban la probabilidad de victoria del No en un 80%.
Y en cuanto al margen, quienes jugaban su dinero predecían que el No ganaría por unos 4 puntos, un margen menor que el del resultado final, pero más aproximado que el de muchas encuestas.*


La cuestión entonces es preguntarse qué tipo de mecanismo se pone en marcha en cada uno de los casos. La apuesta tiene sentido cuando existe un cierto nivel de incertidumbre y se guía por la intuición, que no es una simple corazonada, sino el resultado del procesamiento de múltiples factores de forma "ambiental", podríamos decir. Tampoco significa que todas las apuestas sean iguales. Quiero decir que no es lo mismo apostar sobre el resultado de un partido de fútbol que sobre el resultado de un referéndum, pongo por caso. En el caso de las apuestas sobre un partido, el grado de incidencia sobre el juegoo debería ser nulo (aunque podría decidir a alguien a amañar el partido). Pero en las apuestas sobre un proceso político, como ha sido ahora, la influencia es doble: puede influir sobre la decisión de los votantes (por eso se prohíben en algunos países dar a conocer los resultados de las encuestas) y refleja la propia decisión de los votantes si estos realizarán la apuesta (lo que apuestan refleja su deseo o intención). ¿Por qué fallan las encuestas y aciertan los apostadores?, se pregunta la BBC.


Hay dos aspectos, el de la sinceridad y el del compromiso. En el propio reportaje de la BBC se señala que mucha gente teme manifestar su opinión cuando es preguntada. Pero ese temor va más allá de manifestarlo a los encuestadores. Debería existir un factor de corrección que estableciera la relación entre manifestar la opinión y el miedo ambiental. Me refiero con este miedo a la intimidación o simple presión que se puede sentir para emitir un voto.
En el reportaje se señala:

"Un cierto sector de la población en Escocia quería seguir formando parte de Reino Unido pero avergonzado por decirlo abiertamente", le dijo Rothschild, economista de Microsoft Research, a BBC Mundo.*


En Escocia ha existido "libertad" para emitir el voto en un sentido u otro, pero eso es una cuestión abstracta. En la vida real existe una presión directa que va desde el vecino a las propias familias, de los amigos al trabajo. En uno de los múltiples reportajes que se han emitido estos días por todas las cadenas de televisión, una mujer mayor confesaba cómo sus hijos la presionaban para que cambiara su voto en favor del "sí". Esto ocurre en todas partes y el nivel de presión depende del grado de confianza. Si hay una gran presión, los que temen verse presionados tienden a manifestar menos su opinión para evitar el conflicto y las tensiones con los que les rodean, que pueden llegar a ser muy incómodos. Estamos hablando de un país democrático, Reino Unido, en el que ambas partes han tenido posibilidad de exponer sus intenciones, si bien esto es siempre sobre el papel pues las instituciones no son neutrales y juegan un papel importante. El "sí" jugaba con blancas y tiene el aparato del poder y las instituciones de su lado o, para ser más precisos, son su herramienta de trabajo en el "sí".


Los argumentos en este tipo de referéndum son siempre básicamente emocionales e implican acusaciones convirtiendo las opciones en maniqueas. Los escoceses que han votado "no" siempre pueden ser acusados de "traidores" o "renegados" desde la perspectiva local, que defiende el "sí". Eso es un gran peso. Es lo que nos indica el voto "escondido". ¿Por qué razón, si no, hacerlo?
El voto del "sí" es el oficialista, el que juega con las razones "locales" y la apropiación de las señas de identidad. El "sí" se adueña del kilt y la gaita, por decirlo así, de la historia nacionalista y de las señas de identidad —banderas e himnos, poetas y músicos— que se han cultivado durante décadas para alcanzar una diferencia visible y doctrinal respecto a la historia común, la del Reino Unido.
Pensar que en las elecciones la gente se encuentra en condiciones "ideales" de laboratorio es una gran falacia. Hay una gran diferencia entre las consultas soberanistas e identitarias y las elecciones generales o de otro tipo. La presión psicológica y social es muy fuerte en los primeros. Se juega con muchos más factores emocionales y pueden llegar a provocar una angustia brutal.


En los casos identitarios, como el de Escocia, se realizan además tras una pedagogía institucional de décadas orientando el sentimiento tanto positiva como negativamente. El sistema educativo y demás instituciones van orientando hasta alcanzar el nivel de "conciencia social" suficiente como para que el referéndum permita dar el salto de la ruptura. Los nacionalistas escoceses, pensarán ahora, necesitarán un par de décadas más para hacer "madurar" al pueblo antes de plantear la consulta de nuevo.
Uno de los factores que más se ha comentado es precisamente el factor de edad y sexo en la votación escocesa. Los más jóvenes se decantaban por la independencia, mientras que los adultos (y mujeres) eran más proclives a mantener la unión. Los jóvenes son los que reciben el primer adoctrinamiento en las escuelas; son más fáciles de manipular porque carecen de referencias y es más fácil prometerles "futuro" si el presente no es bueno. Los nacionalistas han aprovechado la crisis para plantear su consulta; siempre es mejor prometer futuro con el presente complicado.
Los jóvenes que han votado "sí", piensan los nacionalistas, mañana lo seguirán haciendo, y los adultos que votaron "no" estarán lejos de este mundo. La presión debe aumentar entonces sobre el sistema educativo y desde las instituciones consolidando la idea victimista que se quiera establecer. Por eso nunca hay bastante "autonomía", pues no es más que un paso para fabricar el ansia de "independencia", de separación. Cualquier cambio realizado es solo un peldaño más que se utilizará para generar la insatisfacción que permita seguir avanzando en la misma ruta.


El segundo aspecto es el del "compromiso". Si le sumamos al apoyo institucional —ese jugar con blancas— la motivación del cambio, existen fuertes diferencias entre el compromiso del que quiere cambiar y el del que quiere seguir con la situación existente. Eso implica un activismo más enérgico y visible por parte de los que quieren el cambio de situación. Y esa energía y visibilidad tiende a hacerse eufórica, mientras que los oponentes prefieren trabajar de forma más discreta o sencillamente no manifestar sus opinión y hacerla efectiva en las urnas. La gran parafernalia, las multitudinarias manifestaciones, la presencia constante y apabullante de los símbolos se utilizan para generar ese clima de unanimidad al que se suman muchos eufóricamente pensando que todo es inevitable.
Finalmente, Escocia votó "no" a deshacer lo que la historia había ido forjando en siglos. El secesionismo es el tercer peligro que supone una amenaza para la construcción europea. Los otros dos son el "euroescepticismo" y el "ultranacionalismo". Estos tres movimientos pueden coincidir en ocasiones. Pero el secesionismo tiende a no ser antieuropeo, mientras que los otros dos sí lo son. Los secesionistas saben que pueden quedar aislados tras su separación y aspiran, precisamente, a ser reconocidos por la comunidad internacional, que sería la construcción global de su identidad: ellos y los demás los ven como diferentes.


Curiosamente, este deseo de separarse de unos para unirse a otros tendrá efectos secundarios. ¿Qué sentido tiene demandar más autonomía para luego perder soberanía ante las instituciones globales europeas? Europa es una cesión de soberanía. Aunque sea hacer "política ficción" esa contradicción solo se resolverá cuando estos movimientos secesionistas se separen, primero, se incorporen a Europa, en segundo lugar. Cumplidas esas dos fases, su propia inercia les llevará a desarrollar movimientos euroescépticos, que inicien movimientos de retroceso en cuanto que vean que las promesas que les han ido alentando en cada fase no se materializan.
No hay ninguna garantía, más allá de los discursos políticos, de que realmente a Escocia o a cualquier otra parte de país en proceso secesionista, les vaya a ir mejor. Los secesionistas se quieren separar de sus países; los euroescépticos quieren hacerlo de Europa. Hacerlo es creer en lo que nos cuentan y tomar decisiones irreversibles y conflictivas. Si alguien piensa que salir de Europa o separarse de un país solo trae felicidad es que está soñando despierto. Al final no se trata de vivir en unas Arcadias románticas en las que ir cada día con el traje regional al trabajo, sino de asuntos mucho más complejos, difícilmente calculables por más que todos los pongan sobre la mesa.


El "no" de Escocia es importante y tendrá efectos psíquicos y sociales en los países inmersos en procesos similares. La aventura europea es una fase que se ha podido emprender por considerar que el mapa europeo era estable. La inestabilidad de los estados tendrá un efecto sobre el proyecto europeo. Digan lo que digan los que solo ven ventajas, el conjunto ser verá modificado y eso afectará a las partes.
Cuando a los que se separan no les cuadren las promesas con la realidad, comenzarán a buscar culpables y los candidatos serán el país del que se han separado (la herencia) y Europa (como hacen hoy muchos otros países en los que avanza el euroescepticismo). Ocurra lo que ocurra en cada caso, de lo que tengo pocas dudas es que el futuro se parecerá poco al que nos han pintado entre todos.
La BBC cierra el artículo con una sección titulada "lecciones":

Los expertos en encuestas políticas ya están intentando extraer lecciones de cara a futuros referendos.
Fischer dijo que en general las encuestas previas a referendos tienden a dar más peso al voto por la independencia.
Fischer dijo que es algo que ya ocurrió en Quebec, en 1995, se ha observado en el caso de Escocia, y podría suceder con las encuestas previas al referendo de independencia que Cataluña pretende celebrar el 9 de noviembre.
"Los encuestadores tendrían que tomar en cuenta esto para no sobreestimar el voto del Sí".*

Que sean las casas de apuestas las que están más cerca de la verdad de lo que ocurre no deja de ser una ironía, pero muy reveladora. Puede que la vida sea un arriesgarse continuo, pero también es cierto que hay unos jugadores imprudentes y otros más sensatos que prefieren moderar sus apuestas.



* ¿Por qué las apuestas predijeron mejor que las encuestas el referendo de Escocia? BBC 19/09/2014 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/09/140919_casas_apuestas_encuestas_escocia_fp.shtml






lunes, 12 de mayo de 2014

En tierra de nadie

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La celebración del referéndum (o de algo que se le parece, por lo que vemos en algunas fotografías) en algunas zonas del este de Ucrania, de filiación prorrusa, en tierra de nadie. El resultado de esa consulta no tiene validez para la Unión Europea, para la propia Ucrania y, lo que es más revelador probablemente, para la propia Rusia, que se verá obligada a hablar ahora o a callar para siempre. ¿Qué hará Rusia?, se preguntan todos.
A todo el mundo le ha sentado muy mal que Putin haya ido a Crimea a celebrar el día de la Victoria con gran solemnidad militar. Creo que el gesto es doble. Independientemente de lo mal que ha sentado a todos, Putin no ha hecho ninguna mención a los territorios del referéndum. Después de su petición de que se parara la consulta y dar importancia a las elecciones generales ucranianas, habrá que ver qué le queda por hacer, que movimientos quedan disponibles en el tablero, aunque conforme la partida avanza, van quedando menos. Lo más previsible es el silencio o algunas de esas frases con el gesto torcido y mirando para bajo, a regañadientes, como las del otro día desaconsejando el referéndum y apoyando las elecciones.


En unas horas, el mundo se dedicará a interpretar el referéndum desde alguna clave peculiar o simplemente a descalificarlo como si hubiera sido un entretenimiento de política dominguera. Las regiones secesionistas van a quedar en tierra de nadie, entre la condena de la falta de reconocimiento y el silencio de Rusia. Los insistentes mensajes de Putin parecen no hacer mella en ellos: quieren ser independientes e ingresar en Rusia. Pero para eso tienen que ser "invitados", algo que no han sido hasta el momento.
Si Rusia da por bueno el referéndum, habrá labrado su aislamiento definitivo del resto de la comunidad internacional, además de abrir un conflicto permanente puesto que es difícil que Ucrania acepte perder un metro cuadrado más de su tierra. El diario El País nos daba anoche esta información:

La participación, mayor de la esperada por las autoridades prorrusas, envalentonó a Denis Pushilin, uno de los colíderes de la autoproclamada República de Donetsk, que en declaraciones a EL PAÍS ante la sede ocupada de la Administración Provincial bosquejó la agenda del Donbas independiente: “Mañana empieza una nueva vida. Cuando termine el recuento, decidiremos los siguientes pasos, pero no entra en nuestros planes convocar una nueva consulta sobre una hipotética incorporación a Rusia, como habían especulado algunas fuentes. Lo prioritario es abordar los problemas más acuciantes, como la economía y la defensa”. En declaraciones a la agencia Interfax, el dirigente rebelde anunció que, una vez declarada la independencia, “las fuerzas armadas ucranias serán consideradas fuerzas de ocupación”. La nueva entidad se dotará inmediatamente de los correspondientes órganos de gobierno, civiles y militares, subrayó Pushilin.*


Los argumentos han cambiado, presuntamente por los cambios de actitud de Rusia, desmarcándose de sus ovejas perdidas. Esta vez el argumento es la incapacidad de vivir bajo las mismas banderas, himnos y demás simbología nacional. Es, curiosamente, el argumento esgrimido por personas entrevistadas en distintos medios de comunicación. El argumento pasa por la incompatibilidad simbólica e histórica, una alergia desatada por la salida del poder de Yanukóvich, bajo cuyo liderazgo no les parecía tan malo su país:

“Venimos a votar sí porque nos resulta imposible vivir bajo el Gobierno de Kiev. No compartimos sus políticas ni su ideología; su historia y sus héroes no son los nuestros”, explicaba Mijail Dvizhkov, autónomo de 55 años, ante el colegio número 5 de Donetsk.*

En Euronews podemos escuchar ecos similares, los argumentos de la incompatibilidad:

“Somos autosuficientes”, dice una votante en Donetsk. “No les necesitamos. Tenemos industria, las minas. Y económicamente podemos desenvolvernos bastante bien solos”.
“Lo que ha ocurrido en Odesa y lo que está pasando en Mariúpol es terrible”, añade otra mujer. “No podemos seguir así. No podemos convivir con este gobierno, es imposible. Quizá pasemos algunos apuros al principio, pero es lo mejor, no podemos vivir con esa gente”.**


Los que sacaron a pasear los retratos de Lenin y Stalin, con evidentemente poca información, hacen gala de una ingenuidad solo comprensible desde el aislamiento y la manipulación masiva de la información, algo que ha sido denunciado desde fuentes diversas.

La responsabilidad rusa es manifiestamente clara en todo este proceso de locura. Duele pensar ahora en que todo esto no es más que el resultado de la negativa del gobierno derrocado a firmar los acuerdos con la Unión Europea, en los que muchos ciudadanos habían puesto sus esperanzas de renovación y futuro. Ni a una cosa ni otra tenían derecho, según parece. A los ciudadanos del este, igualmente, les parecía correcto y aceptable que se mandara a los francotiradores contra los manifestantes pacíficos, que se torturara o se dejaran desnudas a las personas en la nieve, etc., sin declararse incompatibles con ellos. "Con Rusia en el corazón", proclama el cartel que sostiene una señora en una fotografía; un hombre mayor enseña orgulloso su viejo pasaporte de la URSS.
Las heridas ucranianas —tanto para los que se consideren ucranianos como para los que no— son del género más difícil de curar: las de la guerra sucia, la del odio entre vecinos, la del exceso local. Ocurra lo que ocurra, se dirija a donde se dirija, Ucrania está abocada al dolor de décadas, a la división de corazones por encima de la de territorios. Aunque se desconozca la verdad de lo ocurrido en cada caso, será más fuerte el deseo de negación que el de afirmación, el de la acusación que el de la reconciliación. Demasiadas heridas, demasiada violencia sin dar una oportunidad a la negociación. El "este" se enrocó.  Putin tardó demasiado; jugó con fuego.


Un referéndum con enmascarados armados a pie de urna no es una "consulta" ni puede serlo ante la comunidad internacional; menos ante la nacional. Si nadie excepto Rusia reconoce el de Crimea, menos apoyo van a tener estos. Parece que el interés no es la solución de este conflicto, sino enviar zonas de Ucrania a una especie de tierra de nadie, un espacio flotante entre la ilegalidad interior y la falta de reconocimiento exterior, una extraña aventura hacia la nada. Ante el recular de Putin, los "prorrusos" se han quedado solo en meros "anti-ucranianos". Sus sueños de "autosuficiencia" muestran lo ingenuo de los planteamientos, de desconocimiento de cómo funciona el mundo. Empezaron su camino para acabar en Rusia, como copia del modelo de Crimea y ahora, incapaces de frenar, van camino de la nada.
La solución solo puede ser política, pero los que han tomado el "mando" no parecen pertenecer al género político sino a otro más peligroso. Tras el referéndum y lo que suceda en estas próximas horas, está por ver qué ocurrirá allí durante unas próximas elecciones generales ya convocadas. Si los prorrusos organizaron su referéndum, arma en mano, ¿quién va a garantizar la realización de unas elecciones en estas zonas?, ¿quién va a garantizar su libertad y limpieza? ¿Dejarán que se realicen si quiera?



* "El este de Ucrania sigue la vía de Crimea" El País 11/05/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/05/10/actualidad/1399756365_060753.html

** "Referendum sin garantías y salpicado de violencia en el este de Ucrania" Euronews 11/05/2014 http://es.euronews.com/2014/05/11/referendum-sin-garantias-y-salpicado-de-violencia-en-el-este-de-ucrania/