Joaquín
Mª Aguirre (UCM)
En RTVE.es recogen un artículo de Pilar Martín (EFE) con el dibujante Milo
Manara, un celebrado autor de novelas gráficas y adaptador al cómic de textos
novelísticos. Es ese el motivo que le trae a Madrid, a nuestra tradicional y
pasada por agua Feria del Libro madrileña. La adaptación de la novela de
Umberto Eco, El nombre de la rosa, le trae para presentarla ante el público de
seguidores de literatura, del cómic y de la fusión de ambos.
El artículo de Pilar Martín nos habla de su llegada, pero rápidamente Manara
se desplaza hacia otros derroteros, la muerte de la belleza y la difícil subsistencia
de un mundo que prescinde de ella:
Parafraseando a los hermanos
Karamazov, Manara (Luson, Italia, 1945) aboga en una entrevista a EFE por
la belleza como mecanismo para "salvar" este mundo que
ya no cuenta con algunos de esos referentes que lo hacían más habitable: Hugo
Pratt, Federico Fellini o Umberto
Eco, el culpable, este último de que esté en Madrid durante la Feria
del Libro para presentar la primera parte de la adaptación de El
nombre de la rosa (Lumen).
Pero Manara lamenta que no solo no
estamos salvando el mundo, sino que tampoco "estamos salvando
la belleza". Y la falta de esos "grandes
intelectuales" le hace ser pesimista, ya que ellos podrían ser una suerte
de salvavidas ante "este terremoto cultural" que considera que está
sufriendo el mundo.
"Son días -ha explicado-
verdaderamente muy difíciles y tendríamos que comprometernos a dar otro modelo
de desarrollo porque ahora los ricos son más ricos, y los pobres son más
pobres, tenemos un mundo lleno de plástico, estamos en un camino equivocado
(...) si no cambiamos creo que iremos a pique todos".*

A algunos le parecerá esto un juego de intelectual
masoquista y quejumbroso, cosas de viejo artista que no se acomoda a la
modernidad de un mundo que orgullosamente proclama su grandeza cada día, que no
mira al pasado más que con justificado desprecio porque para qué hace falta lo
obsoleto o lo desaparecido en las brumas del tiempo. El mundo, según esta
versión moderna, es lo que podemos tocar, palpar, recorrer, degustar, sudar, etc.
Lo demás es cosa de libros y de nostálgicos del pasado, que lo idealizan.
Creo que Milo Manara tiene razón.
Hace mucho que se emprendió un camino sin prever sus
consecuencias. Las aspiraciones de la Ilustración —un mundo mejor, donde "mejor"
significaba más y mejor educado, más libre por comprender mejor, más
igualitario por permitir el acceso a las fuentes reservadas a las élites...— se
ha venido abajo.
Hay una palabra que me viene constantemente a la cabeza
desde hace tiempo: "embrutecimiento". Por eso el artículo con las
declaraciones de Milo Manara me ha decidido a centrar el texto en algo que
hemos tratado aquí como efecto en diversas ocasiones.
El empobrecimiento cultural es un hecho detectable en rasgos
y evidencias diarias que solo tenemos que juntar. El deterioro educativo
proviene de la propia devaluación de la educación misma, que se ha convertido
en un camino obligado a ninguna parte, porque lo que determina el nuevo destino
—el éxito— va por otras vías.
Ocultamos a los que nos denuncian este estado y los
contraponemos a los ejemplos de éxito
en ciertos campos que no requieren más que la presencia. Lo visible es lo que
impera en su variante imitable —un anuncio televisivo nos repite que "la
originalidad está sobrevalorada" y que la gente que copia las buenas ideas
de otros es la más lista—.
El éxito es la
palabra clave. Tener éxito es ser imitado por otros. Lo importante es
"influir", que es ser imitado a través de la creación de
"tendencias". Influencia y tendencia son las dos caras de la moneda
del éxito. La idea solo es válida si es imitada. Por eso la
"originalidad" solo tiene sentido como cambio de tendencia.
En el fondo de esto está el descubrimiento anti ilustrado de
nuestro tiempo: el comportamiento mimético, el descubrimiento de que es más fácil
ser otro que ser uno mismo. Ser uno mismo se convierte en un proceso doloroso, ya
que no hay un "yo" metido dentro de una caja. Descubrirse a uno mismo
es un duro ejercicio de construcción. Como señalaban los existencialistas, el ser
es lo que se ha formado tras la vida vivida. No hay nada previo, nos hacemos
viviendo. La dureza de esto es notoria. Por eso es más fácil ser otro (es el
otro el que vive, el que descubre, el que se crea...), que tener que hacerlo
uno mismo.
En ese camino del ser en devenir, la belleza es una parte esencial
del proceso. Llevo años, allí donde la gente comete el error de darme un
micrófono, señalando lo erróneo de nuestro sistema de enseñar las artes,
historicista y distante. Es la educación estética del ser humano lo que se debe
primar, el camino diferente de cada uno a la belleza, y no la repetición social de qué es bello y
qué no lo es. Por eso el poeta John Keats escribía en su poema Oda a una urna griega,
Heard
melodies are sweet, but those unheard
Are sweeter; therefore, ye soft pipes, play on;
El poema se cerraba con una afirmación rotunda y sencilla:
"Beauty is truth, truth
beauty,—that is all
Ye know on earth, and all ye need to know."
https://www.poetryfoundation.org/poems/44477/ode-on-a-grecian-urn
Pero la "belleza-verdad" a la que se refería Keats
tiene poco o nada que ver con la "nueva belleza" basada no en el
desarrollo del impulso más allá de lo que tenemos, que despierta esa sed de
verdad, belleza y nos los lanza a la aventura vital y espiritual. Lo que hoy se
busca es un pobre sucedáneo, que es el éxito, que no es un camino individual,
sino una respuesta bajo el juicio de los demás. No hay camino propio, sino un caminar
bajo la atenta mirada de aquellos que establecen su empatía con nosotros. El
éxito solo tiene sentido ante los otros, que son quienes lo determinan.
No creo que haya un modelo único, universal o atemporal de
belleza. Pero sí creo en que podemos educarnos para poder sentir un disfrute
más auténtico y productivo para nuestra forma de estar en el mundo. A veces se
piensa en el esteta como alguien que se separa del mundo que le rodea y vive en
una burbuja. ¡Nada más alejado de la realidad! La educación estética nos
permite desarrollar una faceta humana que si no se desarrolla nos lleva al
embrutecimiento, en vivir un mundo desde unos parámetros que nos empobrecen
como seres humanos. Pero esto, nuestra dimensión humana lo que vamos
deteriorando rompiendo nuestros lazos con lo que hemos construido como cultura
y sustituyéndolo con algo que nos provoca otro tipo de sensaciones, que pueden
ser placenteras. El placer no es privativo del ser humano; es un mecanismo
natural. Está en nosotros provocarlo por distintos medios. Transformar en humano el placer es una de las funciones
de algo que está en nosotros, el sentido de la belleza.

Entretenimiento, distracción, matar el tiempo... son
términos que se asocian con esta forma del éxito que lleva a este
empobrecimiento que denuncia Manara junto a otros muchos otros. La cuestión
problemática es, como señala el dibujante, es que cada vez quedan menos voces
para señalar esto, pera denunciarlo. La filosofía del éxito trata de evitar la
polémica o, por el contrario, la provoca como forma de atracción. Pero uno de
los efectos principales del embrutecimiento es la distancia que se establece
con cualquier forma crítica real. Todo lo que afecte a este placer de la
colectividad es visto como agresión. Eso lleva a silenciar voces. Mana señala
la desaparición simple de las personas; las generaciones van desapareciendo y
las nuevas viven su mundo como totalidad, como un siempre ha sido así, con el que justifica su propia sordera.

No es una cuestión de la sustitución de la sospechosa idea
de "intelectual" (aquellos a los que entender) por la de "influencers"
(aquellos a los que imitar). La propia estructura mediática de nuestro mundo lo
favorece. La experiencia se vive a través de un nuevo estado, el de "audiencia"
o "público". Por mucho que se nos diga, somos receptores con aspiraciones de ser emisores. Están los eternos imitadores de la trivialidad y están
los eternos ansiosos por convertirse en referencia. Es el efecto mediático, que
ha renunciado en gran medida a incluir lo minoritario, lo individual en
beneficio de la supervivencia económica en un encrespado mar, en un sistema de
prueba-error comunicativo en el que se tantea hasta encontrar la
"tendencia". Hasta que llega la siguiente y así sucesivamente.
Existe una enorme diferencia entre el que trata de enseñar a
otro a pensar por sí mismo y el que busca que le sigamos imitándole. Esta
diferencia es esencial en este cambio. Es lo que favorece un mundo en que todos
tratan de decir nos qué hacer: qué consumir, a quién votar, qué comer... Y
además poseen un aparato mediático tan poderoso que no solo nos envuelven, sino
que pueden anticipar pensamiento y comportamiento y corregirlo. Nunca ha habido
en nuestra historia un modelo así, del que desaparece incluso la posibilidad de
criticarlo porque se necesita para transmitir la crítica.
Filósofos, historiadores, sociólogos, psicólogos... habla de
la "aceleración" del tiempo, de un vivir en la cresta de una ola
mirando hacia un horizonte que, por definición, solo es efecto de nuestra
mirada. La aceleración nos muestra un viaje sin tiempo para pensar en uno
mismo; las cosas se desvanecen en nuestras manos, ante nuestros ojos, solo
cuenta lo siguiente.

Sin embargo, tenemos ante nosotros unas fuentes de enorme
belleza. Están ahí esperando a que nuestra mirada se aparte de lo trivial, de
lo llamativo, de la tendencia... Esa belleza tiene forma de novelas, poemas,
cuentos; forma de cuadros, de películas, de música, de danzas... Son formas de
las que regresamos distintos tras la lectura, tras la escucha, tras detener nuestra mirada en ellas. Pero esto se nos
hace cada día más difícil en un entorno que, de la escuela a los medios, nos
lleva hacia otros derroteros. Nos llevan hacia un mundo dividido en éxitos y
fracasos, entre imitadores e imitados. Necesitan toda nuestra atención, hora a hora, día a día. Somos la materia prima.
El artista Milo Manara habla de otro modelo de desarrollo. Este modelo no solo se lo hemos dado al mundo, sino también a
nuestras mentes. Somos producto de una mentalidad en la que individualmente
solo contamos como consumidores de algo. Por eso es necesario abrir los ojos, educar en una
nueva forma de ver el mundo, de disfrutarlo, de compartirlo. La belleza es uno de los caminos hacia esa verdad que reclamaba Keats. Puede que no sea la misma verdad
para cada uno. En realidad, así debe ser. Solo la mentira es igual para todos.
* Pilar Martín "Milo Manara lleva al cómic 'El nombre
de la rosa': "Solo la belleza podrá salvar al mundo"" RTVE.es
EFE 8/06/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230608/milo-manara-lleva-comic-nombre-rosa/2448946.shtml