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domingo, 6 de septiembre de 2026

Lo que dicen los mapas

 Joaquín Mª Aguirre

Nuestra credulidad habitual ante lo que tenemos delante nos impide pensar en que las cosas no sean como las vemos. A muchos les habrán pillado por sorpresa los titulares sobre la controversia de los mapas. Son más frecuentes las disputas por fronteras, con guerras incluidas, donde no solo se enfrentan varios países sino varias versiones de los mapas en los que son representados.

Pero ahora ya no se trata de adjudicarse, de conquistar, sino de algo más complejo, por un lado, pero también más evidente, por otro. Se trata del tamaño, es decir, cómo son los continentes y cuáles sus relaciones proporcionales,

El tema lo tenemos en la prensa. Podemos leer en RTVE.es:

El mundo tal y como nos lo han enseñado en las escuelas durante casi 500 años fue trazado por el cartógrafo flamenco Gerardo Mercator. Togo se ha propuesto desmantelar ese paradigma cartográfico y la máxima instancia diplomática mundial, la Asamblea General de las Naciones Unidas, le ha dado la razón.

La iniciativa, impulsada bajo la campaña Correct The Map ("Corrige el mapa") con el respaldo de los 55 Estados miembros de la Unión Africana y organizaciones como Speak Up Africa y Africa No Filter, busca sustituir la histórica proyección por la denominada Equal Earth (creada en 2018). El objetivo principal es que este último modelo sea adoptado por la ONU, la UNESCO y los sistemas educativos internacionales para erradicar a Mercator de los libros de texto escolares y universitarios.*



Se creó el modelo hace 500 años y pocas cosas duran tanto. Pero en este caso, los intereses para que duraran han sido claros. Los mapas han variado mucho con el surgimiento de países, los momentos coloniales, etc. Pero se entendía que el formato del mundo, los continentes y sus relaciones, sus proporciones, etc. eran ajustadas. No tenemos otra forma de ver el mundo directamente. Lo que vemos en planos y esferas lo damos por bueno.

Pero los planos son la traducción del poder sobre el territorio; son una forma de afirmación del poder. No solo "muestran", sino que "dicen" sin palabras mucho sobre el poder.

El texto del artículo señala que

El objetivo de la iniciativa de Togo es claro: proyectar la dimensión real de África, un continente que en los mapas tradicionales se ve equiparado en tamaño a Groenlandia, cuando en la práctica es 14 veces mayor.

La disputa diplomática se enmarca en un momento de reconfiguración del poder en el planeta donde los países del Sur Global demandan mayor protagonismo. Mientras resoluciones recientes impulsadas por África en la ONU sobre reparaciones históricas han contado con el rechazo de Estados Unidos y la abstención del bloque europeo, el resultado de la votación sobre la cartografía medirá el peso del bloque africano. Países como Estados Unidos suelen oponerse aduciendo razones metodológicas y de estandarización técnica. Aunque, en el terreno doméstico, administraciones como la de Trump no han dudado en renombrar sus golfos y lagos fronterizos apelando al nombre del propio continente.*


El caso norteamericano con Trump va más allá. Aquí hemos citado los casos de golfos (cambiar "Golfo de México" por "Golfo de América") o lagos ("lago Ontario" por "lago de América"), pero lo que se obvia en que "América" es ambiguo, ya que el sentido que le da el trumpismo imperante no es el de "continente", sino el del los Estados Unidos "de América".


Nos olvidamos, por ejemplo, que hemos reducido el nombre real de los "Estados Unidos de Brasil" o de los "Estados Unidos de México" a "Brasil" y "México", Por contra, los "Estados Unidos de América" juegan a la ambigüedad expansiva siendo para una cosa "Estados Unidos" y para otra "América", El "América" que Trump cambia a golfos y lagos es el del país, no el del continente. Esto lo podemos observar y comprender con claridad en el "MAGA", donde la primera "A" representa al país (USA, "América") y no al resto del continente, que Trump se encarga de hacer "pequeño", dependiente y colonial, como vemos con Venezuela y las amenazas a Canadá, al que quiere convertir en nuevo estado. Afortunadamente, el mundo se ha dado cuenta y solo Google lo presenta con esos nombres coloniales de apropiación. Pero es una muestra clara de lo que significa poner nombres al mundo. No se creó el planeta con etiquetas ni países. Son mitificaciones de sueños del origen, de ahí el absurdo de muchas afirmaciones de corte nacionalista, con Dios por medio o no.

Lo que África pide es ser representada justamente y no desde la óptica deformada de las que fueron sus potencias coloniales o quieren serlo. Hacer que los países tengan su tamaño "real", guarden las proporciones adecuadas con otros es importante. Los mapas mundi actuales representan a Europa en el centro, porque eran el "centro" del poder. Desde allí, salía todo. Lo vemos como lógico y natural, es lo que nos enseñaron como real, sin embargo no es más que una decisión sobre la forma de representar.



Hoy tenemos otro sentido del mundo, pero seguimos con los viejos e inexactos mapas. No es de extrañar que Trump quiera hacerse con Groenlandia si la ve desproporcionadamente grande y apetitosa. No es de extrañar tampoco que Rusia se sienta "grande", "potente", cuando observa que es el único país que se representa en los mapas al este y al oeste del plano. Quiere volver a sus propios viejos mapas.

Que los políticos quieran más territorio encaja con sus mentalidades. Lo preocupantes es cómo se pliega a su mandato Google o cualquier otro al que recurramos como garantía.

 El acto de nombrar o representar y nombrar es siempre un acto político. Implica ya un cierto sentido propietario. Ahora se trata de hacer que sean las Naciones Unidas las que lo aprueben. Pero siempre nos quedarán otros que, como Trump, demuestran su poder poniendo nombres.


 

* Víctor García Guerrero "La guerra de los mapas: la ONU aprueba modificar el mapamundi y representar correctamente África" RTVE.es 4/09/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260904/guerra-mapas-togo-onu-fin-plano-mercator-aulas/17212771.shtml

lunes, 1 de abril de 2019

Nueva era, viejo mapa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hemos pasado de unas teorías comunicativas del lenguaje a otras en las que el énfasis se pone en la forma en que el lenguaje da forma al mundo etiquetándolo y, a la vez, da forma a nuestra mente, que interpreta el mundo a través de esas etiquetas. Aprender una lengua es, por tanto, aprender un sistema de valores y relaciones, de jerarquías y conexiones. Todo ello implica aprender una lengua y es aprehender con ella una cultura.
La BBC nos trae una información sobre un hecho clave en la vida de Japón, derivado de un hecho insólito en su historia, la abdicación del actual emperador en favor de su hijo. Dentro de la cultura japonesa, existe una palabra para etiquetar un tiempo nuevo, ya que este está vinculado con la vida del emperador. Hasta el momento, las épocas recibían el nombre del emperador que ascendía al trono por el fallecimiento de su antecesor. Hoy se produce el extraño caso del cambio de "época" con el emperador vivo:

Japan has announced that the name of its new imperial era, set to begin on 1 May, will be "Reiwa" - signifying order and harmony.
The country's current era, Heisei, will end in a month with Emperor Akihito's historic abdication.
Chief Cabinet Secretary Yoshihide Suga announced the highly-anticipated name by holding up a board with the characters handwritten on it.
Prime Minister Shinzo Abe has addressed the nation to explain its meaning.
The new name is made up of the two characters for "order" or "command", and "peace" or "harmony".
Each Japanese emperor's reign, or "gengo", is given a name which is used alongside the Western calendar to mark time.
The era's name aims to set the tone for the upcoming decades, and remains significant to most Japanese in their daily life.
It appears on coins, newspapers, driving licences and official paperwork.
Japan's government confirmed in December 2017 that the current emperor, 85-year old Akihito, would abdicate in April 2019 due to old age and hand the throne to his son, Crown Prince Naruhito.
He will be the first Japanese emperor to do so in more than two centuries.
The unveiling of the era name follows weeks of fevered speculation and top-secret cabinet discussions.
Japan's cabinet chose the word from a selection drawn up by a panel of scholars and experts.
"A short while ago, the government decided at a cabinet meeting on the new era name and how to pronounce it," Cabinet Secretary Yoshihide Suga told a press conference, holding up the new name painted in traditional calligraphy on white paper.*



Podemos poner nombre a un barco, a un edificio, a una mascota..., pero esto es algo más que eso. Ponerle nombre al tiempo futuro no es solo una cuestión nominal; el nombre determina su orientación. Tiempo y orientación se vinculan directamente al nuevo emperador. "Orden y armonía" son algo más que nombres, son directrices que anticipan el tiempo por llegar para orientarlo en esa dirección. El nombre da forma al futuro, de ahí la solemnidad del anuncio. No es meramente una cuestión de fechas, sino de impulso y determinación. Por eso el nombre es una instrucción que debe ser seguida para que el nombre refleje la era que comienza.
También la BBC no trae un precioso reportaje que muestra otra forma de definición del tiempo, de etiquetado del mundo. Se trata de uno de los mapas más antiguos conservados, conservado en la catedral de Hereford (Inglaterra), creado hacia el 1300, con un tamaño de 1,59 x 1,34 m, y con 500 dibujos a tinta que "offering a fascinating glimpse into the mindset of the ancient Christian world"**, nos dice el texto de la BBC.

The map is listed on Unesco’s Memory of the World Register and described as ‘the only complete example of a large medieval world map intended for public display’. In many ways, it serves as a sort of visual encyclopaedia of the period, with drawings inspired by Biblical times through the Middle Ages. In addition to illustrating events marking the history of humankind and 420 cities and geographical features, the map shows plants, animals, birds and strange or unknown creatures, and people – all of which helps to shed light on what Christians both did and didn’t understand about humanity at the dawn of the Renaissance.**



El mapa es otra manera de dar forma a nuestro tiempo y espacio. Nos acostumbramos a interpretar un mapa conforme a ciertas convenciones representativas. La información que contiene es la que conocemos, nos interesa y hemos trasladado al papel o al pergamino. El mapa no es el territorio, como señalaba Bateson, sino el mundo representado desde nuestra propia visión cultural, un entramado complejo, que está además dando forma a nuestra percepción. Son mente y mundo interactuando a través de los signos, configurando nuestras representaciones socio-culturales.
De ahí que los mapas de una cultura planteen dificultades de interpretable desde otros supuestos. No es simplemente una cuestión de "fidelidad" de la representación del mapa de Hereford respecto a la realidad (nuestra realidad). Las distancias perceptivas hacen que se convierta en un enigma en muchos momentos:

In medieval times, there were hundreds of illustrated Mappa Mundi, but the one displayed at Hereford is the largest to have survived intact. At first glance, the world depicted in the Mappa Mundi is unfamiliar. That’s because, despite its traceable pilgrim and trade routes, scholars widely agree that it wasn’t intended as a geographic map. The shapes of the seas and continents are different than other maps and mislabelled. Instead, the map was meant to serve as a compendium of the world’s knowledge from a spiritual and earthly perspective.
In keeping with how most 13th-Century European Christians viewed the universe, the Mappa Mundi places Jerusalem at its centre. Only three continents – Europe, Asia and parts of North Africa – represent the inhabited part of the known world. Europe and Asia’s labels are reversed. The Red Sea is depicted in red ink, oceans are green and rivers are blue. Asia and the East, where the sun rises and where medieval Christians looked for the second coming of Christ, is placed at the top. Paris and Rome are among the largest cities depicted on the map, while Hereford is a tiny, indistinct dot that has nearly rubbed off the calf-skin sheet.**


La percepción medieval integra los elementos que nuestra época, más racionalista, separa de la representación. Donde nosotros buscamos fidelidad en la representación, precisión, el mapa de Hereford da prioridad a otros aspectos ideológicos que inserta en un espacio que se deforma por la información que añade. Por eso, el texto de la BBC habla del carácter enciclopédico del mapa, que cumplía mejor así la función de ilustrar sobre un mundo que con casi toda probabilidad muy pocos se lanzarían a comprobar. El mundo imaginado era representado. Aquello que se imaginaba debía ser situado en algún lugar. Así, monstruos, seres fantásticos, son situados en los lugares que deben ocupar, creando su propia geografía  superpuesta.
Japón ha puesto nombre a su nueva era. Es un acto importante, de alto valor simbólico, pues no solo es poner el nombre sino marcar un rumbo. Han intervenido eruditos, políticos y consejeros. El mapa medieval de Hereford también era el resultado de la visión propia, pero incluía elementos del pasado, del presente e incluso del futuro, pues todo estaba ya en la mente de Dios. Jerusalén era el centro del mundo porque era el centro del pensamiento.


Los dos ejemplos —con sus grandes diferencias culturales— son dos maneras de marcar el mundo, de darle forma, gráfica y nominalmente. No son actos meramente descriptivos. Con ellos, el mundo toma forma y sale de la materialidad sin sentido a la humanidad con sentido. Tiempo y espacio se hacen humanos pues contienen esperanzas, deseos y temores. La base de la cultura es pasar de lo innominado a lo que ha sido dotado de significación. En el mundo medieval todo tenía significado. Nos cuesta vivir en el sinsentido. La autoridad, Dios o el nuevo emperador, son principios de orden que evitan caer el caos o ser devorados por lo innombrable o lo sin límites.
Otras culturas tienen sus propios órdenes y desórdenes y sus formas de representarlos. En un mundo globalizado se busca compatibilizar las visiones del mundo, como nos cuentan con los calendarios en Japón. En un mundo en el que se comparte todo, es difícil aislarse. Lo imaginario del mapa medieval se sustituye por la precisión que nos dan los satélites. Tenemos nuestras propias mitologías, sean religiosas o tecnológicas, entremezcladas con lo que llamamos realidad.


* "Japan reveals name of new imperial era will be 'Reiwa'" BBC 1/04/2019 https://www.bbc.com/news/world-asia-47769566
* Chris Griffiths & Thomas Buttery "The world’s oldest medieval map" 25/03/2019 http://www.bbc.com/travel/gallery/20190324-the-worlds-oldest-medieval-map