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viernes, 6 de junio de 2025

Viejos amigos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Era cuestión de tiempo. Nadie daba nada por esta vieja amistad, tan circunstancial, tan mediática, exhibida. Cada uno había hecho sus cálculos aproximados. Finalmente se ha producido con una virulencia inesperada. Los viejos amigos recientes han dejado de serlo.

Musk se ha lanzado al cuello a las primeras de cambio. De poco ha servido la entrega de la llave.

"La manera más fácil de ahorrar miles de millones de dólares en nuestro presupuesto es cancelar los subsidios y contratos gubernamentales de Elon. ¡Siempre me sorprendió que (Joe) Biden no lo hiciera!", ha dicho en su red propia red social, Truth Social.

En el acto de despedida pública uno y otro se deshicieron en elogios, pero Trump ha ofrecido ahora una nueva versión sobre lo sucedido en la que responsabiliza al magnate de su salida.

"Elon se estaba desgastando, le pedí que se fuera, le quité su Mandato de Vehículos Eléctricos que obligaba a todos a comprar autos eléctricos que nadie más quería (¡eso que él sabía desde hacía meses que iba a hacer!) ¡y simplemente se volvió LOCO!", ha dicho.*

Pero Musk jura que esa medida, que le afecta directamente de forma milmillonaria, se le ocultó. La guerra entre el petróleo y el gas frente a la electricidad está ahí desde hace tiempo. El grito de guerra de Trump —"¡perforad, perforad, perforad!"— no era nada sutil respecto a qué energía se la iba a dar preferencia. Los "teslas" de Musk acabarían siendo poco "patrióticos", "anti americanos", un poco "europeos", un poco "orientales". Todo malo. Una vez establecido políticamente que lo del "calentamiento global" es un "invento" chino para arrinconar a los Estados Unidos, lo que queda es ponerlo en práctica y eso supone quitar las ayudas a los coches eléctricos e imponer la gasolina. Un plan sencillo, fácil de creer si te va la industria en ello.

Las medidas estrambóticas de Trump suelen dejar en la sombra las medidas reales, medidas con impactos profundos, como es la cuestión de la energía, que es un elemento básico que determina además toda la cadena subsiguiente. El petróleo es la energía que quiere imponer al mundo; es la forma de determinar el propio futuro, pues ese petróleo será vendido desde los Estados Unidos.

Petróleo y armas son los dos gastos impuestos desde el Washington de Trump. El primero determinará que la energía básica estará en manos de Estados Unidos, detrás del que va otra industria fundamental norteamericana, la del automóvil, que es por donde le han dado la puñalada trapera a Musk. El otro gasto, el armamentístico, lo estamos viendo ya a través de la OTAN y la capacidad norteamericana de "detectar  peligros". Las guerras creadas son formas de materializar el negocio de las armas, mucho más productivo que el de la paz. Trump monta en cólera cuando escucha que el armamento puede no comprarse a Estados Unidos y ponerse a fabricar los aliados. ¡Qué descaro!, dice.

Esta pelea de viejos amigos ha comenzado con un listón muy alto. Trump amenaza con rescindir contratos y Musk responde con que Trump aparece en las listas de pedófilos de Epstein. ¡Es empezar fuerte!

En 20minutos se nos cuenta la réplica directa de Elon Musk al mentón de Trump:

Y Musk no tardó en responder: "Es hora de lanzar la gran bomba: Trump está en los archivos de Epstein. Esa es la verdadera razón por la que no se han hecho públicos. ¡Que tengas un buen día, DJT (Donald John Trump)!", escribió Musk en X, su red social., El empresario instó a sus seguidores a conservar el mensaje, asegurando que "la verdad saldrá a la luz". La publicación se produjo poco después de que Trump amenazara con cancelar todos los contratos públicos con empresas vinculadas a Musk, en medio de un intercambio creciente de críticas y descalificaciones entre ambos.**

Una cosa que resaltan las informaciones sobre esta pelea es el acceso que Trump ha tenido a muchas informaciones en su paso por la administración Trump. Más allá de las cuestiones económicas y fiscales, Musk podría haberse hecho con información "sensible" sobre Trump y sus casos personales. Lo iremos sabiendo pues esta guerra no parece que vaya a terminar rápido.

La cuestión es también cómo puede afectar a los Estados Unidos en diversos niveles y a las bolsas e inversores, que pueden convertirse en espectadores. Una política que se mueve por estas energías negativas es imprevisible.

Es probable que lo que atrajo a uno del otro sea precisamente lo que ha llevado a esta situación de complejo desarrollo. Aquí no había complemento, sino una atracción especular. Eso hace que sea explosiva.

* "Guerra total entre Musk y Trump: el magnate le acusa de aparecer en los papeles de Epstein" 20minutos / EFE 5/06/2025 https://www.20minutos.es/internacional/trump-tras-critica-musk-su-plan-fiscal-me-sorprendio-estoy-decepcionado-5719415/

** Laura Gómez Sánchez "La ruptura de Trump y Musk: una batalla abierta en redes sociales" RTVE.es 6/06/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250606/ruptura-trump-musk-batalla-redes-sociales-salida-casa-blanca/16612997.shtml

 

martes, 6 de mayo de 2025

La España obsoleta

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Esta vez han sido los AVE, un episodio más en una serie de desastres encadenados que a los españoles nos toca vivir. Tras el "gran apagón", una semana después nos llegan de nuevo imágenes de gente atrapada en trenes. Después de un puente pasado por agua, el regreso de unos y la ida a una Feria de abril se ha visto frustrado por otro desastre, mezcla de tecnología caduca, falta de inversión y mal fario. "¡Sabotaje!" han gritado unos; "¡dimisión!" le han gritado otros al ministro Puente, al que se la estaban guardando.

En cada crisis los ciudadanos aprendemos algo. Por ejemplo, de meteorología con las danas; del funcionamiento del sistema eléctrico con los cortes, etc. Los medios, con expertos reclutados para la ocasión, compiten por hacernos entender lo que antes desconocíamos, algo que usábamos, pero que no nos habíamos preguntado cómo funcionaba. Te subes a un tren de alta velocidad y ¡zas! llegas; das a un interruptor y ¡zas! se enciende. El sistema funciona y no te preocupas más... hasta que ¡zas! falla. Entonces vas corriendo a tu teléfono para contárselo a algún amigo o pariente... y ¡tampoco funciona! Como ser tecnológico de un país avanzado te sientes en las cavernas. Cuando los lazos sociales tecnológicos vuelven con la luz empiezas a compartir experiencias y preguntas descubres que unos se han quedado atrapados en ascensores, en vagones de metro o de ferrocarril, que a algunos solo les quedó la trágica solución de sentarse en una terracita a esperar a que pasara.


Hay que lamentar, por supuesto, los casos graves, aquellos en los que la falta de electricidad ha tenido consecuencias trágicas de forma directa o indirecta.

Ayer una cadena televisiva nos mostraba lo que entendían como "autonomía energética": los hornos y estufas de leña. Frente a la dependencia eléctrica, la leña y las velas son la solución parecían decirnos dentro de este estiramiento dislocado de las noticias. Aquellos ancianos, aislados en pueblos de montaña, olvidados por las tecnológicas, se convertían en el ideal de subsistencia.

Los efectos de las pérdidas (del kilo de filetes que reclamaba en pantalla una señora a millones por paros en fábricas y suministros) tienen su contrario en los que han hecho negocio agotando pilas, baterías, linternas y radios, cuyos precios se han disparado dentro de la lógica capitalista del mercado, la que nunca falla, el undécimo mandamiento, "Te aprovecharás de la desgracia ajena".

El País

Los que se burlaban del "kit de supervivencia" han tenido que rectificar y hacerse uno ajustado a su propia visión del apocalipsis tecnológico que nos tocará próximamente, el lunes próximo quizás, si el caos tiene su propio orden. Las desgracias tecnológicas se agrupan, ¡como si no fueran los lunes ya una desgracia!

Nos han tenido que explicar lo dependientes que somos, que nuestro mundo se puede hundir en cinco segundos inexplicables (hasta el momento) o incomprensibles (de por vida), porque nadie nos garantiza que lo vayamos a entender cuando nos lo expliquen.

Como usuario diario del tren de cercanías y de la red de metro, experimento problemas desde hace mucho tiempo, varios años. Lo que antes funcionaba bien ahora no lo hace. Si antes había un incidente al año, ahora tengo un par por semana, entendiendo por tales, retrasos, finalizaciones y trasbordos donde no estaban programados, escaleras mecánicas que no funcionan y ascensores "fuera de servicio". Cuando estos últimos no funcionan, te tienes que jugar la vida con maletas; ves a gente con sillas de ruedas que no sabes cómo pueden sobrevivir. No es ciencia ficción; es una realidad con la que cada día te encuentras.

Es la realidad de la España obsoleta, la España de reducciones de personal de mantenimiento. Es la España que quitó las taquillas y puso torniquetes porque era más barato, pese a lo que cuesta pasar con cochecitos de niños o con maletas o muletas, con un botón para que te abran pasos accesibles que en muchas ocasiones tardan en contestarte o sencillamente nadie te contesta.

Hemos pasado de presumir de lo bueno que es el servicio a lo rápido que se subsanan los desastres. Debemos agradecer esta prontitud. ¡Qué suerte tenemos!

Ante este tipo de situaciones, los políticos aprovechan para recriminarse unos a otros, cuando el mal es general y requiere otro tipo de discursos y, sobre todo de acciones. Está muy bien electrificarlo todo, hacerlo con energías renovables y lo menos contaminantes, pero el mantenimiento, prevenir los desajustes en sistemas cada vez más complejos e interdependientes es lo que asegura la "modernidad" y especialmente que no nos estamos metiendo en nuestra propia trampa. 

No dudo que sea necesario tiempo para saber las causas exactas, pero la modernidad está en desarrollar sistemas que estén bajo un control que permita anticiparse y evitarlos. Es mejor prevenir que mostrar erudición en la explicación del caos. No basta con construir, hay que mantener, vigilar, proteger.

¿Responsables? Los que no invierten porque reducen sus beneficios, los que les dejan hacerlo, los que creen que esto no pasaría nunca y, finalmente, porque no exigimos como debemos por nuestra propia seguridad.

El Mundo

martes, 29 de abril de 2025

A las 12 y 33 h

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo sabemos con toda exactitud, con la máxima precisión: todo comenzó a las 12 horas y 33 minutos, aunque algunos señalan que fue a los 32 minutos. No sabemos nada más, aunque el presidente —circunspecto y bajando la mirada— asegura que "no se descarta ninguna hipótesis". Lo dice como prueba de seriedad, pero lo cierto que las hipótesis están en la calle y en los medios. La TV francesa titulaba sobre las causas del apagón y lo hacían con "cara de proximidad", un concepto nuevo, pero que seguro que todos entienden. Luego dieron paso a la noticia de la adaptación de un nuevo cómic de Asterix al cine. La cara ya era otra.

En la universidad tuvimos suerte. Había convocada una huelga contra las políticas universitarias de la presidenta Díaz Ayuso y apenas hubo gente en las facultades (al menos en la mía); solo los cantos de los piquetes llamando a manifestarse al vacío. Si llegan a estar las aulas medio llenas (suelen estar medio vacías) habríamos tenido un dantesco espectáculo, pues las autoridades decidieron que había que cerrar las facultades a las 4 de la tarde. Esto significaba dejar en la calle a una parte importante de los que estaban por allí, como en mi caso. 


Nuestra universidad madrileña acoge cada día a miles de estudiantes que viven fuera de Madrid, que llegan en tren desde las ciudades y provincias cercanas. Yo mismo me habría quedado tirado, pues debo coger un tren y el metro cada día para llegar de mi casa al despacho. Me veía durmiendo en el despacho, pero finalmente un compañero me dijo que vivía en el siguiente pueblo, Colmenar, y que me dejaba en casa. De no ser así, habría tenido que esconderme en mi despacho.

Antes de salir vi un despacho abierto. Allí dos jóvenes profesoras trabajaban sin descanso con sus ordenadores enchufados a la red eléctrica (por alguna extraña razón, algunos enchufes tenían corriente). Ellas pensaban que era cosa de la huelga convocada, que el resto de España funcionaba. "No, es en toda España. Terminad que os cierran". "¡Gracias!", me dijeron un poco desconcertadas.

Se habla mucho de las urgencias médicas, del tráfico, etc. pero no se habla nada de lo que puede apreciar, de la búsqueda desesperada de un servicio en el que orinar. "¡Cuidado que cierran en dos minutos! ¡No te vayas a quedar encerrado!", les advertía a los que llegaban y trataban de encontrar un espacio donde desahogar la vejiga. Este tema no se ha tratado como debe. Tampoco el de esa gente que pasaba horas en las colas del autobús o caminando por los bordes de la carretera; esa gente que te preguntaba en los cruces si les podías llevar: "Voy a Villaverde", te decían. "Lo siento, vamos en otra dirección".

El presidente dice que no descarta ninguna hipótesis; la gente, en cambio, lo tenía todo muy claro. La culpa era de Putin. No había noticias, pero sí bulos y más bulos. Todos apuntaban al mismo sitio. Lo primero que te contaban era que el ataque había sido por toda Europa. Te citaban de Finlandia a Alemania, pasando por Holanda y Francia. Todo eso era seguro, fiable, decían.

Encender la radio de un coche hizo que se arremolinaran personas que trataban de escuchar las noticias, pero estas era pocas y no aclaraban nada. Tenía razón Ignacio Ramonet: la televisión y la radio sustituyen la explicación por la "mostración". Informar es ya mostrar. En este caso, se traslada una cámara a la estación de Atocha o Chamartín y se nos muestra lo que ocurre allí. Carecemos de información, pero vemos en directo lo que pasa. Luego se nos dice que no caben para pasar la noche, se nos muestran los casos más patéticos... pero no hay explicación.

Si toda Europa estaba apagada, el caso ya no era ibérico. En el tiempo que estuvimos escuchando la radio del coche, con accesos intermitentes a los móviles según los operadores, no se puede decir que tuviéramos información, solo pseudo explicaciones de gente que intentaba interpretar los que los "especialistas" en energía intentaban transmitir sin saber lo que realmente pasaba, pues lo más que teníamos era que "no se descartaba ninguna hipótesis", que era el mantra oficial. Lo que llevó a algunos hacia el apocalipsis, a beber la última cerveza, una más por si acaso.

Desde el aparcamiento prácticamente vacío de la Facultad veíamos el monumental atasco de la salida a la carretera de La Coruña. La recomendación que se hacía oficialmente era "quédese donde esté", algo fácil de decir pero difícil de aceptar. Incluso la Universidad nos echaba de donde estábamos. Muy mal nuestras autoridades universitarias llevando la contraria. En fin...

Los medios muestran los efectos, pero las causas siguen entre el "megáfono de los bulos" y "el silencio prudente". Algunos de los expertos consultados dicen que se pueden tardar meses en saber qué ocurrió, dada la cantidad de información que deben analizar en la caja negra del sistema eléctrico.


Con el precedente de Mazón y su dana, las autoridades se han movido rápidamente, que es una forma de seguir acusando a los dirigentes valencianos. Se trata de mostrar "eficacia" y "rápida respuesta" ante los problemas. Algunas autonomías le han pasado el marrón al gobierno central con lo del "nivel 3" de emergencia. Se curan en salud ante la posibilidad (una realidad) de que esto se use políticamente.


Esto lo podíamos ver con claridad en los programas informativos de las televisiones en los que las filias y fobias de siempre se adecuaban al "gran apagón", como han coincidido en llamarlo prácticamente todos los medios.

Hoy los medios despiertan llenos de historias emotivas y emocionantes sobre lo que te tocó en el gran apagón. Es la hora protagonista de los que quedaron atrapados en trenes, ascensores, atascos y otros espacios-trampa. Los medios les piden que cuenten sus horas de angustia, su descubrimiento del apagón, cómo se enteraron, sus reacciones. "Todos recordaremos qué nos pasó en este día", nos asegura un presentador televisivo.

Los expertos complican las cosas cuando nos dicen que no debe haber solo una causa, sino al menos dos. Con una, el sistema responde y se defiende; con dos falla la respuesta ante la primera. Tiene su lógica, pero esperemos a la explicación. Desde la Unión Europea ha descartado un ciberataque, por lo que quitan la ilusión a muchos de haber sobrevivido a Putin.

Por ahora sabemos que "fuimos desconectados" (aunque no sabemos por quién), que se "perdieron" en cinco segundos (algunos hablan de cinco minutos) el equivalente al sesenta por ciento del consumo del momento (¿se perdieron?), que no hay que buscar una causa, sino dos y... poco más. Bueno, sí, que no se descarta nada, aunque no se explique que sería "todo".


El hecho de que lo más afectado hayan sido el metro y los trenes deja nuestro gozo en un pozo, pues eran los medios menos contaminantes y más seguros... hasta que se va la luz. Hemos vuelto a lo del "kit" y aun canto a lo analógico. Hemos redescubierto el valor del dinero en efectivo, lo que es subir escaleras y y lo tranquilo que se va leyendo en el Metro, entre otras cosas.

Cuando llegué a casa me cogí un libro y me baje a la avenida soleada. Me senté a leer. Como no tenía mi mp3 que me libera de escuchar las conversaciones callejeras, escuchaba a la gente pasar caminando y comentando entre ellos posibles causas, momentos en los que les ocurrió e intentando conectar con el móvil a algún centro de información, conectar con la familia, etc. De repente, dos ancianitas dijeron "¡Ya ha vuelto la luz!" mientras señalaban a un semáforo cercano que había recuperado sus luminosos colores.

Nada da más sensación de seguridad y orden que un semáforo, un instrumento para sobrevivir al caos, que es lo que se vivía en ese día, el del gran apagón, el día en el que todo cambió (esperemos) a las 12´33 horas.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

La indecencia eléctrica

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Insisto en que sigo sin entenderlo y no lo entiendo porque los que deberían dar explicaciones no lo hacen, ya sea porque no quieren o porque tampoco saben. Esto es una cosa un poco orteguiana, es "la luz y sus circunstancias", por parafrasear al filósofo español. Las "circunstancias" de la luz es todo aquello que la envuelve pero que no es la "luz". El gobierno, provisionalmente —es muy difícil olvidarse del matiz—, actúa sobre las "circunstancias", impuestos, beneficios, etc. pero no sobre la luz misma. Es lo que se suele llamar, "pan para hoy y hambre para mañana", pues si no se trata sobre la luz en sí, en cuanto que lo "provisional" sea "pasado", volveremos a caer en las mismas.

Entre las pseudo explicaciones están "el gas", con lo que no se entiende bien porque si el gas sube, nadie habla de esta subida y solo de sus efectos sobre el precio de la energía eléctrica, que viene a ser como hablar de la "materia oscura del universo", que no se ve, pero que debe existir porque tiene efectos sobre el universo mismo.

El otro día salió en TV un señor de una eléctrica —¡por fin!—, pero lo hizo para decir que no solo no ganan nada sino que además esto les está creando "mala imagen" —¡qué inocente!—. Hay algo que no me casa: si las empresas energéticas no ganan nada, porque han pegado hoy un bajón en la bolsa al hacerse públicas las medidas de contención del beneficio "extraordinario".


Muy poderosas deben ser las eléctricas cuando no les importa seguir exprimiendo el limón hasta dejarlo seco. Los empresarios del resto de los campos económicos están escandalizados y ponen el grito en el cielo porque esto les hunde. Cada día vemos a las diferentes personas de la empresas quejándose de que van a tener que cerrar, despedir, subir precios, etc. porque la factura de la energía eléctrica, como ya sabíamos, repercute en todo.

Lo peor sigue siendo, para mí, que un subida de este empaque, desorbitada, se plantea como inevitable o como algo que no se puede controlar. Las excusas de que "Europa no permite" sabemos que son las tradicionales para casi todo. El ayuntamiento de queja de la Autonomía, la Autonomía del Gobierno y el Gobierno le echa la culpa a Europa. Pero ya sabemos que eso es un reconocimiento explícito de no pintar nada en la Unión, porque si esto pasa y has dejado que pase, malo.

Ahora salen diciendo algunos que se hizo mal en la época de Felipe González al frenar las nucleares. Como recordaremos algunos, las nucleares eran motivo de saraos políticos, donde lo divertido era salir con la pancarta a protestar contra ciertas cosas. Todos han sido jóvenes y algunos un poco lerdos.


Pero, insisto, sigue sin cuadrarme este subidon incontrolado y anunciado cada día sin que se sepa muy bien de dónde salen estos cálculos. Por ello mantengo mi hipótesis inicial: lo hacen porque pueden, porque son realmente los que mandan y a los que nadie se puede oponer. El frenazo de la pandemia ha reducido la actividad empresarial e industrial y se han lanzado a por todas. No es posible, insisto, que un fenómeno de este calibre, no se haya previsto por los gobiernos —¡no me vale ese listillo que siempre aparece señalando que ya lo dijo hace tres años!— y que esto solo sea provisional.

Insisto no es posible; por lo que queda solo una explicación coherente: el sistema lo permite. Hemos llegado a un extremo en que no se defiende a la sociedad, sino los privilegios de los poderosos. Ya parece que es imparable. Y esto tiene mala solución porque fomentará los populismos violentos de uno y otro signo que reaccionará a estas epidemias de codicia, que van de las normalizaciones del "bitcoin" entre los jóvenes españoles o la imposibilidad de hacerse con una vida honesta porque no te pagan salarios honestos, ni te cobran intereses honestos, ni te venden casas a precios honestos que puedas pagar con tus miserias acumuladas durante la vida entera. Lamentablemente es así.

Lo aceptamos ya todo como un proceso natural e irreversible, que no se pueda cobrar un sueldo básico discutiendo por míseras subidas de algo que se va a tragar la factura de la luz; aceptamos que las próximas generaciones vivan peor que sus padres y abuelos; aceptamos que la violencia callejera, el nihilismo, el abandono escolar, etc. son cosas normales sin ponerles freno. Y no lo hacemos porque las cosas se producen por una lógica que se nos escapa, pero que no se le escapa al cliente habitual de los paraísos fiscales, al aficionado a defraudar, porque nada hay más importante que tú mismo. A nadie le importa ya nadie, no hay más que gestos delirantes y de cara a la galería, para evitar que el sonrojo nos suba demasiado.



Desde hace décadas, en todo el mundo rico, aumentan las desigualdades sociales. Otra cosa que hemos aceptado. Los beneficios se los llevan unos pocos y los gastos van a las cuentas de los estados. Las conexiones de la política con la industria y las grandes empresas son cada vez más oscuras, lo que las convierte en intocables.

Llega un invierno que será duro y donde la idea de pobreza energética ha sido aceptada sin más. Nadie toca el precio de la luz, solo se les priva de los impuestos, que serían los que revertirían al propio estado, un despropósito más, dado lo que está sucediendo. Todo provisional para cumplir una promesa que llega solo a la factura de final de año. 

Hay que sacar de las cuentas los ahorros que se han producido con motivo de la reducción del gasto en la pandemia. Todos saben dónde está ese dinero y de tu propio banco a todos los grandes, resultado de fusiones y apaños, lo desean de inmediato. Son tan grandes ya que los estados pintan poco en las decisiones. Son ellos, estos monstruos económicos, los que deciden. No pintamos nada.



La luz sube  y baja en una indecente subida bien calculada. Sube mucho y baja un poquito, algo con lo que juegan psicológicamente. Es la esperanza, pero los récords en cadena prueban que está bien calculado. Cuando crees que algo ha bajado es porque antes ha subido muchísimo, así poco a poco se alejan de los precios de hace nada. Aquellos que de repente desaparecieron como por arte de magia.

La electricidad no es un producto del que se pueda prescindir. Toda nuestra vida se ha construido sobre la energía eléctrica. Afecta a enfermos y hospitales, a supermercados, a los cines, al teléfono que hay que cargar... A todo. Es la trampa perfecta; un servicio esencial en manos de especuladores. Por eso es una indecencia este sistema de monopolio real, de destino fingido, inevitable, donde unos están condenados a hacerse ricos y otros están condenados a desaparecer empobrecidos, a mendigar el vatio. a no tener alternativa alguna a este atraco que hundirá a los países si no se impide de alguna forma. Esto es un aviso, pero la codicia es infinita. El sistema lo permite.


miércoles, 1 de septiembre de 2021

Sigo sin entenderlo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Este es un país cada día más raro. Pese al tiempo transcurrido, pese a la aparición en los telediarios de todo tipo de expertos y demás, no he conseguido enterarme de porqué sube la luz. Escucho muchas explicaciones de por qué no se puede bajar o intervenir, pero no escucho ninguna explicación de por qué sube. Y me gustaría saber con claridad suficiente cuál es la causa real de la subida, cosa que nadie me nos ha dado hasta el momento, ni miembros del gobierno (que explican por qué no intervienen), ni miembros de la oposición (que exigen que intervengan, pero sin explicar cómo) y sobre todo, las grandes compañías, el "quinteto de la muerte", que tampoco explican pero lo aplican sin piedad. Por el mismo motivo, me sorprenden mucho que, sin explicar las causas, todos sean capaces de augurar que el precio seguirá subiendo, algunos dicen que hasta primeros de año y otros que hasta 2023. Tampoco explican cómo hacen estos cálculos, si suman peras y manzanas o qué tipo de bola de cristal, simulador informático, etc. usa para sus predicciones.

Puede que, como suelen hacer con frecuencia, los expertos jueguen a hacer ver que no solo "saben", sino que "saben demasiado", es decir, a hacerse los interesantes. Creo, sinceramente, que no tienen ni idea y cuando nos dicen en titulares, como ayer ocurrió, que nos lo van a explicar, se acaba produciendo una gran decepción después de escucharles. No han explicado nada, no saben nada.


Un día una ministra le echa la culpa a Putin, aunque le compremos gas a Argelia y Marruecos, a los que nadie menciona; otros, dicen, porque además del gas, sube el agua. Otro día vemos que están vaciando los pantanos, dejando a los bañistas sin baño, a los navegantes sin superficie acuática y a las vacas con los pastos secos. Nos sabemos bien qué ha pasado con ese agua que no viene de Rusia ni de Marruecos o Argelia, donde puede que les haga falta... Sigo sin entenderlo.

No hay nada excepto una catástrofe natural o una manipulación oligopólica del mercado que explique o justifique una subida de cualquier bien en la proporción en que la energía eléctrica lo ha hecho. Es decir, algo que produce estos efectos tiene que ser claramente visible o intencionalmente oculto mediante camuflaje.

Después de leer a algunos sesudos economistas he llegado a una ley de hierro del sistema: los precios suben porque pueden subirlos. Es sencillo, pero lo explica en su sencillez evidente. Las grandes verdades son sencillas.



Mientras nadie dé una idea mejor sobre porqué esto ocurre, la única realidad posible es la humana, es decir: al igual que la banca, al concentrarse, ya no necesita competir, sino pactar (de vez en cuando les pillan y les ponen multas. Cuando el marcado está muy fragmentado y hay muchas empresas, estas compiten; pero cuando solo hay cinco compañías, estas pactan para evitar bajar y así ganar todas subiendo. No es la primera vez que pasa en estos grandes sectores. La concentración se vuelve contra el mercado y se busca ganar todo lo que se pueda ganar.

Los anuncios de que se había producido una enorme cantidad de ahorro durante la pandemia, ha disparado las expectativas de los más poderosos en nuestra sociedad: bancos (ya concentrados y pactando las subidas de las comisiones) y las compañías energéticas, que han decidido "europeizarse". Por eso los medios nos dan extrañas informaciones sobre los precios en otros países "ricos" donde las tarifas son similares, como si fuera una maniobra de distracción, pasa en todas partes.



Las compañías, a falta de alguna explicación coherente, suben los precios porque pueden subirlos y el gobierno (una parte) ha declarado incomprensiblemente que no puede frenarlos. Digo incompresiblemente porque muchas veces declararte vencido no es la mejor estrategia y es lo que ha hecho el ejecutivo. De esta forma, hagan lo que hagan, aunque sea mínimo, será contemplado como un gran esfuerzo, como una batalla de David contra Goliat. Las compañías, cuando vena que han tensado mucho la cuerda, bajarán un poco los precios y harán ver que es un gran sacrificio y las bendeciremos por ello.

Junto a la inutilidad de las medidas contra el COVID-19, derribadas como castillos de naipes por una judicatura tirando a rara, el precio de la luz es el segundo escándalo por impotencia que vivimos en este año horrendo.



2021 es el año de la "inutilidad". Todo esfuerzo es inútil, nos dicen, pretendiendo que aceptemos pasivamente todo lo que nos hagan. Esto está creando un profundo malestar social, indignación real, porque vemos que el estado y las instituciones ya no hacen, sino que se limitan a decir que no pueden o no se puede, las dos variantes paralelas de la inutilidad. ¿Han entendido nuestros políticos lo que significa decir "que no pueden" resolver problemas reales, algo que afecta al conjunto social, porque esto nos afecta a todos? Esta nos hace mirar la letra pequeña del "contrato social" porque, nosotros, sin haber hecho nada, nos encontramos como víctimas impotentes de la codicia de unos y de la falta de recursos, ideas, etc. de otros, los que se suponen que deben velar por nosotros.

Nos dicen que no se puede pedir a una persona encargada de una residencia de ancianos que se vacune, aunque muera media residencia. Es más, no se le puede preguntar siquiera si está vacunado porque se vulnera su derecho a la intimidad. No se puede sancionar  a los que incumplen lo que sí estaba regulado porque se han encargado de decir que no se puede cobrar una sanción porque se han declarado institucionales los toques de queda, por ejemplo. El resultado de esta impunidad absoluta la tenemos ya en estas batallas callejeras que se están produciendo, cada noche con más agresividad, en cada botellón. Seguimos sin entender nada.



El misterio de la energía eléctrica nos cuesta caro en la factura, pero eso es solo el principio. El precio de la energía ya ha conseguido una inflación del 3,3 por ciento, algo que no se veía. La llegada de septiembre, trasladará el precio de la luz a todo. De esta forma el consumidor de cualquier cosa verá como todos los precios se disparan a su alrededor. Eso se está trasladando ya al empleo, porque las empresas tendrán que reducir su personal al aumentar los costes y ver cómo se frenan sus ventas por el precio elevado en sus productos.

Cuando las compañías vean que la ubre de la vaca está seca, pondrán su mejor sonrisa. La pena es que a nosotros no nos quedará nada que festejar. Uno se pregunta, a la vista de todo esto, ¿cuál es la utilidad de los gobiernos, manifiesta y declaradamente, inútiles para resolver los problemas que nos crean? La energía no solo es un problema, sino una creadora de problemas porque encadena las crisis. Es lo que estamos viendo que empieza y el camino que nos queda por delante va a peor.



El mercado solo se salva cuando logra vencer la tentación de estrujar demasiado a la gallina de los huevos de oro, que somos nosotros, claro. Si la mata, se acabó el negocio.

Sigo esperando alguna explicación que me permita creer de nuevo en el sistema en que vivimos, algo que explique esto, por qué unos pueden subir sin límite, ganar sin límite, mientras que los que deben evitarlo no pueden hacerlos bajar. 

Echar la culpa a otros no nos exime de no controlar algo que está perjudicando al conjunto. Para da igual que sean virus o vatios. No pueden y ellos sabrán por qué.



viernes, 13 de agosto de 2021

El jinete eléctrico apocalíptico

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Coronavirus, calor, electricidad e incendios, ¡vaya cuarteto! Como si fueran los jinetes del Apocalipsis, nos están amargando la vida, por decirlo finamente, golpeando todos en el mismo dedo sobre el que martillean sin piedad.

El primero de ellos ha sido el coronavirus, claro, que ya se ha hecho un habitual del paisaje que ahora se complementa con los tres colegas que han tejido todos ellos una alianza fatal que nos lleva hacia unas situaciones cada vez más difíciles de solventar.  El verano, que todos esperábamos con ilusión y ganas, después de nevadas nunca vistas al comienzo del año, nos ha apuñalado por la espalda con su exceso de calor, continuado, sin respiro. Encadenado con el calor, los otros dos jinetes caminan firmes. El calor provoca incendios (cuando no son pirómanos) pavorosos, como los que estamos viendo en Turquía, Italia y Grecia, ahora ya en Túnez. Los de España, a su lado, son moderados.

Las imágenes de los cielos rojos, de la gente huyendo de islas devastadas van a quedar gravadas en retinas y mentes, en pesadillas coincidentes con el futuro anunciado. Hemos cambiado el concepto de "accidente" al de "anticipo", "advertencia", adelanto de lo que el futuro nos depara. El fondo teórico se lo ha dado el informe de la ONU sobre el cambio climático —según Trump, un "invento chino" para frenar a unos Estados Unidos gloriosamente industriales—, que nos ha acabado de arreglar el día con el anuncia de que en un par de décadas tendremos que intentar comernos los codos por falta de alimento.

Calor e incendios se vinculan. Las olas de calor provocan los incendios y los incendios, en su devastación acaban produciendo nuevas olas de calor en el futuro. Todo está revuelto en este sistema cada vez más interdependiente que es el planeta. Si queremos rizar el rizo, podemos decir que los expertos señalaron al inicio de la pandemia que era un productos del estrés producido por el cambio climático sobre la naturaleza, provocado —como sabemos— por la propia acción humana. Todo estaría, de esta forma, ligado, lo que es malo en la medida en que no estamos dispuestos a corregir nuestra tendencia a destruir el medio ambiente.



De poco han servido esas imágenes del comportamiento de la naturaleza —de osos o ciervos a las plantas—, modificado cuando nos encerramos todos en las casas por la llegada de la epidemia de coronavirus. Estas epifanías deberían mostrarnos lo perjudicial de nuestras acciones sobre el conjunto de la naturaleza, a la que arrinconamos con malas maneras pese a todas las advertencias. Pero no queremos escucharlas, ya vengan de boca de los científicos o de los nuevos líderes que, como Greta, no es casual que sean niños y adolecentes de una generación que, sin la anestesia alcohólica o de otro tipo equivalente, son conscientes de que no les quedará futuro en el que vivir.

Es algo peor que fatalismo; es un conformismo egoísta el que hace que despilfarremos en un sistema cada vez más destructivo y que se come lo que de futuro nos pudiera quedar. Quizá a algunos les quede ahorrar para irse en ese lujo energético que será el turismo espacial, según celebran nuestros medios, donde los hombres más ricos del mundo vuelan para sentir la ingravidez por unos minutos, gastando lo que serviría para alimentar a millones de personas condenadas a la pobreza y al hambre. Pero, como diría Trump, de qué te sirve el ser asquerosamente rico si no lo puedes gastar. Es sorprendente que esto se pueda aplaudir y celebrar acríticamente. ¡Los asquerosamente ricos compiten!

Nos queda el tercer jinete apocalíptico, la electricidad. Este es una naturaleza distinta, pero igualmente dañino, porque se está comiendo nuestros recursos. Esos ahorros que tanto preocupaban a nuestros economistas y banqueros que se habían producido por el menor gasto durante la pandemia se van a ir ahora, imprevisiblemente con la factura de la luz de los hogares en aquellos países en los que se nos dice que no pueden hacer nada y nos lo explican de forma poco convincente.



Se está empezando (ya rutinariamente a cada carencia) el término pobreza energética a aquellos que no van a poder afrontar la factura de la energía eléctrica. Los medios lo enfocan desde la perspectiva del momento: ¿cómo van a combatir el calor extremos si hay precios extremos? Acostumbrados a otro tipo de subidas, lo que los medios y los usuarios nos muestran es una aberración, sin justificación, pero ¿quién mete mano a las grandes empresas energéticas? Si queremos, esto es inicialmente una consecuencia de nuestro abandono de la energías basadas en el petróleo y nuestra redirección hacia la energía eléctrica como menos contaminante. Hemos mirado tanto al petróleo, que se nos ha colado una millonaria factura eléctrica. ¿Qué ocurre ahora con los que tengan que cargar con electricidad sus modernos coches híbridos o directamente eléctricos, sus ecológicos patinetes y bicicletas eléctricos? Lo peor no es ese récord diario imparable. Las voces que nos dicen que no se "estabilizará" hasta 2023, ¿saben lo que están diciendo?

La energía, como sabemos repercute en todo lo demás. Ya aparecen en los medios empresarios que muestran la factura del año pasado y la de este, con más del doble de gasto. Eso para una empresa es fatal, pero sabemos la factura acabará traduciéndose en los precios. ¿Cuánto tiempo está en las cámaras frigoríficas, en plena ola de calor, ese tomate que se tomará en una ensalada y que ha duplicado su precio, como la mayor parte de los alimentos que necesitan de refrigeración?

¿Es real que se va mantener esta escalada de precios hasta 2023? ¿Sabemos las implicaciones que esto tiene y tendrá, especialmente en economías tan precarias como la nuestra?

Ahora, nuestros dramas son el aire acondicionado, las cámaras frigoríficas, etc. Pero cuando llegue el invierno serán las calefacciones y la oscuridad a media tarde. ¿Lo vamos a soportar?

Ninguna de las explicaciones (si es que se ha dado alguna más allá de tópicos manidos) es clara. Cuando eso ocurre, no suele haber una explicación fácil, que no es lo mismo que "clara". Y es difícil solucionar aquello que no se entiende demasiado bien, por unas causas u otras.

En Antena 3 leemos:

Detrás de estos elevados precios están el encarecimiento del gas, 5 veces más caro con respecto al año pasado, que lo usan los ciclo combinados y marca el precio del pool en la mayoría de las horas. Ahora mismo el gas tiene un precio muy elevado tanto en el día de hoy como en el mercado de futuros. Pero no solo es el gas el que encarece la luz sino que la política europea medioambiental que tiene como objeto cuidar el Planeta y tener energías cada vez más limpias por lo que está incrementando el precio de los derechos de emisiones de CO2. También influye el incremento de la demanda por la recuperación económica y las altas temperaturas.*

 


Mucho me temo que los efectos sobre la energía no va a ser limpiar más, sino lo contrario. Una de nuestras ministras ha tratado de ver en la subida del gas la mano de Putin, que no "bombea" lo que debe, por lo que se habría encarecido. Eso habría que analizarlo con detalle y ver hasta qué punto estaría encareciendo el precio del gas que suministra a Europa a través de los famosos gaseoductos del norte europeo hasta Alemania, que también tiene disparados sus precios. ¿Está Putin cobrando los gastos de los enormes incendios de Rusia? De ser así, habría que intentar sacar gas de otro sitio. Tener a tu enemigo-rival como suministrador de energía puede crear una peligrosa dependencia, de la que hemos sido varias veces advertidos. No es la primera vez que juegan con el precio de la energía, como ocurrió con la "guerra del petróleo", de tristes consecuencias para el mundo. Los que tenían el control del combustible les aplicaban sus presiones a los que eran compradores natos. ¿Habrá algún tipo de "guerra de la electricidad"? Si es Putin el que está presionando creando esta situación dramática, algo habrá. Las sanciones a Rusia son constantes. Quién sabe si esto es parte de la contestación rusa. Lo que sí está claro, desde luego, es que

Si es la subida de los costes de emisión de CO2 lo que está produciendo esto, nos estamos disparando tiros en un pie. Esto lo que hará es recortar las inversiones en nuevos productos adaptados, de menos gasto, y que la gente siga con los que tiene que irán envejeciendo y siendo menos eficientes. Habrá menos capacidad de innovar energéticamente por la sencilla razón de que habrá menos recursos para producir y para comprar si las facturas (no solo la energética, sino todas) siguen consumiendo los recursos y ahorros.

La idea de que la causa es el aumento de la demanda por la recuperación económica es cuestionable. Hemos tenido otras "recuperaciones" y nunca se ha dado una subida de estas características. Sí es cierto que existe cierta voracidad por hacerse con el ahorro, pero este tipo de voracidad va al mismo sitio y se carga la propia recuperación al disparar los precios por los costes energéticos.

Las altas temperaturas, el último factor señalado es también dudoso por la desproporción de la subida respecto a otras olas de calor.



Cabe la posibilidad de que todo ello sea sumado y que el efecto final sea exponencial. La última explicación, la no dicha, que sea un movimiento especulativo sin precedentes, pero ¿quién tiene la capacidad de hacer esto a tal escala? ¿Quién tiene la capacidad de multiplicar brutalmente el precio del gas coincidiendo con la subida de las temperaturas para conseguir unos precios sin precedentes históricos? Aquí nadie le pone nombre, con la excepción de la ministra (en un desliza, quizá); los demás, prefieren hablar del "mayorista".

En mayo, El Confidencial Digital (ECD) analizaba así la situación del gas parea España llegado desde el norte de África:

 

Fuentes del sector eléctrico recuerdan a ECD que la entrada de gas desde Argelia se redujo a una cuarta parte, según datos de Enagás, durante los días que la borrasca ‘Filomena’ azotó con fuerza al centro de la Península el pasado mes de enero.

En aquel momento, la caída del suministro de gas argelino tensionó el mercado y provocó que se registrasen precios récord. El fenómeno se atribuyó a que la estatal Sonatrach estaba vendiendo más caro a China o Japón el gas que tenía que suministrar a España, aprovechando que allí también sufrían entonces una ola de frío importante.

Hasta el punto de que hubo barcos gaseros que habían partido rumbo a la Península Ibérica y fueron desviados a China sobre la marcha y en el último momento.

Una situación que España se ha apresurado ahora a evitar y ha conseguido el compromiso de Sonatrach, accionista de Naturgy, para reducir el envío de barcos gaseros a Asia mientras el suministro al sistema gasista español no esté garantizado, evitando tensiones en el mercado que disparen los precios.**

 


¡Decimos de las farmacéuticas y las vacunas, pero las energéticas no sé si van delante o detrás! A la especulación durante Filomena con la ola de frío, le siguen ahora las especulaciones eléctricas (y del gas ruso) con las olas de calor. Pero no es exactamente esto lo que se nos anticipa si vamos a tener estos precios durante meses o años por delante, según los cálculos. Hemos visto grandes oscilaciones especulativas con el petróleo, ¿es el momento del gas y de la electricidad? ¿Nadie puede frenarlo? ¿Es cierto que son estas empresas energéticas las que están destinadas a jugar con el mundo y llevarlo al borde de conflictos gravísimos?

Con todo, hay una gran distancia entre aprovechar para especular sobre una situación existente y crear una situación conflictiva que provoque el beneficio. Lo primero está en los males del sistema de mercado; lo segundo es una forma de guerra por otros medios, una forma de agresión que busca la destrucción. Tenemos ejemplos de ambos casos.

Pero hay un último factor que nos afecta, el psicológico. Como saben los aficionados al teatro de Tennessee Williams, el calor pasa a ser un personaje más en la obra representada. Desde que comenzó la pandemia, el aumento de la violencia está conectado con el nerviosismo y la tensión de los encierros, la sensación de angustia por la muerte de otros y la sensación de riesgo propio.


Estamos recibiendo demasiada presión, en diferentes formatos, pero que todas se soportan sobre el mismo pilar: nosotros. En un sistema no se sabe exactamente por dónde van a fluir los efectos ni las interacciones, no en un sistema tan complejo como el creado por la globalización, poniendo en contacto todos los escenarios, de la cueva donde haya un murciélago al parqué de Wall Street, de la familia que pierde todo en el incendio de California a la que sufre el suyo propio en Turquía.

Lo que está claro es que toda esta tensión no va a traernos paz ni armonía social, sino el crecimiento de la violencia y la mayor actividad de los que quieren aprovecharla mediante la manipulación.

Como decíamos al inicio, lo que era el ansiado verano, la libertad de moverse, la capacidad de dejar atrás la presión, se ha transformado en un escenario infernal con la presencia de ese jinete inesperado, el jinete eléctrico, por parafrasear la película de Sidney Pollack (1979), con Robert Redford, Jane Fonda y Willie Nelson. Es el jinete que recorre el escenario de muerte y fuego de la pandemia y el calor, sembrando angustia, pobreza y miedo.


 

* Miriam Vázquez Vázquez "Los motivos por los que hoy el precio de la luz marca, por cuarto día consecutivo, un nuevo máximo histórico" Antena 3 12/08 https://www.antena3.com/noticias/economia/motivos-que-hoy-precio-luz-marca-cuarto-dia-consecutivo-nuevo-maximo-historico_202108126114b4f251c7e3000144027b.html

** José Antonio Frauca  "España garantiza con Argelia el suministro de gas amenazado por la crisis de Marruecos" El Confidencial Digital 20/05/2021 https://www.elconfidencialdigital.com/articulo/dinero/espana-garantiza-argelia-suministro-gas-amenazado-crisis-marruecos/20210519170602243346.html