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viernes, 29 de marzo de 2019

El Brexit como Mac Guffin

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace unos días comentábamos aquí sobre cierto patrón entre los comentaristas de la BBC cuando se preguntaban unos otros sobre lo que ocurría en el parlamento británico cuando trataban del Brexit. El patrón era ciertas sonrisas nerviosas —a veces abiertas, sin esconderse— que nos y otros no lograban esconder. Preguntar y responder se convertía así en un ejercicio de contención a la vista del espectáculo que el parlamento estaba dando en primer lugar al pueblo británico y después al mundo gracias a la labor mediática.
Esta vez, tras la sesión de ayer, es la CNN norteamericana la que rotula la sección como "Brexit Caos", que ya es duro, pues implica que se ha convertido en una fase en la que el orden, y con él el sentido, han desaparecido de las discusiones. Basta con ver los titulares de la CNN referidos a lo ocurrido ayer — "This was supposed to be Brexit day. But MPs are voting once again on British PM's withdrawal deal", "ANALYSIS Brexit may end up being a waste of time","Watch chaos in Parliament after Brexit votes fail" o "UK parties 'at risk of not surviving' Brexit" — para darse cuenta de que esto es algo que tendrá consecuencias más allá de la salida, permanencia o cualquier otra fórmula intermedia que el ingenio británico y la paciencia comunitaria puedan dar a luz en este complicado parto, del que no se sabe todavía qué será.
Más allá de la situación británica, es necesario darse cuenta de algunas cosas importantes para todos. Si bien el caso del Brexit tiene unas peculiaridades propias muy marcadas, la situación de caos que se muestra no es algo alejado de lo que podemos esperar en situaciones distintas.


El Brexit es un ejemplo de lo que supone empezar la casa por el tejado. Me corrijo, no se llega a tanto aquí: se comenzó algo de lo que solo encontraron el nombre y un deseo. El Brexit es lo que Baudrillard llamaría un "simulacro", algo que comienza siendo una formulación verbal y acaba convirtiéndose en algo más allá de la frase. El problema es el tránsito de la orden —¡hágase!— a la práctica en la que nadie sabe qué hacer. ¡Con lo fácil que fue ponerle un nombre atractivo —la magia de los publicitarios— y lo difícil que es hacerlo realidad, entreverlo siquiera!
Los mismos británicos que votaron irse se encargan ahora de tratar de echar la culpa a la unión europea, que se ha limitado a negociar un "Brexit" —hacen falta dos para bailar el tango— con su primera ministra, la señora Theresa May, una especie de Mary Poppins a la que se le ha quedado el bolso vacío.
Los británicos son los únicos responsables de haberse creído sus propias fantasías (por no llamarlas mentiras directamente). Por decirlo así, se creyeron el prospecto que sus líderes, unos y otros, les ofrecían. Creyeron ciertamente que Reino Unido, de la mano de Donald Trump iba a reeditar las glorias de antaño. ¡Cuántas veces se habrá levantado Theresa May en la noche a lavarse las manos después de salir de la Casa Blanca, "amarraditos los dos", junto a Trump en aquella imagen para la historia.


Los británicos están descubriendo con estupefacción —algunos con humor hastiado— que de la casa prometida no había ni plano, sino un simple rótulo paradisiaco en el que un sonriente Farage señalaba hacia un punto indefinido en el horizonte. Era el dedo del tonto señalando a la luna en un día sin luna.
No sé cómo acabará el Brexit, pero sí sé que hay muchos Brexits en la recámara, uno o varios por cada país. Brexit debería quedar en el vocabulario político e histórico con el mismo sentido que "Mac Guffin" quedó en el cinematográfico y narrativo.
En la obra clásica El cine según Hitchcock, este le explica a François Truffaut sobre los mecanismos de la construcción de la intriga en sus películas, sobre cómo atraer la atención de los espectadores:

Ya sabe que Kipling escribía a menudo sobre los indios y los británicos que luchaban contra los indígenas en la frontera del Afganistán. En todas las historias de espionaje escritas en este clima, se trataba de manera invariable del robo de los planes de la fortaleza. Eso era el «Mac Guffin». «Mac Guffin» es, por tanto, el nombre que se da a esta clase de acciones: robar… los papeles, robar… los documentos, robar… un secreto. En realidad, esto no tiene importancia y los lógicos se equivocan al buscar la verdad del «Mac Guffin». En mi caso, siempre he creído que los «papeles», o los «documentos», o los «secretos» de construcción de la fortaleza deben ser de una gran importancia para los personajes de la película, pero nada importantes para mí, el narrador.
Y ahora, conviene preguntarse de dónde viene el «Mac Guffin». Evoca un nombre escocés y es posible imaginarse una conversación entre dos hombres que viajan en un tren. Uno le dice al otro: «¿Qué es ese paquete que ha colocado en la red?» Y el otro contesta: «Oh, es un 'Mac Guffin'». Entonces el primero vuelve a preguntar: «¿Qué es un 'Mac Guffin'?» Y el otro: «Pues un aparato para atrapar a los leones en las montañas Adirondaks». El primero exclama entonces: «¡Pero si no hay leones en las Adirondaks!» A lo que contesta el segundo: «En ese caso, no es un 'Mac Guffin'».   
Esta anécdota demuestra el vacío del «Mac Guffin»… la nada del «Mac Guffin» (cap. 6)



La pregunta ahora es "¿Es el Brexit un Mac Guffin?". La pregunta es pertinente porque los británicos están divididos, enfrentados, discutiendo por algo que en estos momentos es circular y solo dice "Brexit is Brexit". La cuestión es que el "Brexit" como realidad no tiene consistencia; es un simulacro, en el sentido de Baudrillard, algo que precede a la realidad. ¿Llegará el "Brexit" a "ser" o por el contrario, se llamará "Brexit" a lo que "salga" finalmente? En la medida en que no tiene definición, solo generará insatisfacción (es lo que ocurre ahora) porque cada uno tiene el suyo en mente. Es "su" Brexit frente al de los demás.
Pero ¿y si el "Brexit" no es más que otro nombre para el caos? Entonces ya tendríamos el "Brexit" aquí, realizado, probablemente creciente y duradero. En sí mismo, el Brexit es un despropósito porque hacer un referéndum sobre la salida de la Unión sin saber en qué condiciones se va a producir es un absurdo. La queja y la razón de muchos es que no tenían información y ahora sí.
Como en el Mac Guffin, el Brexit es un motivo aparatoso pero inexistente, ya que no existen los planos previos. Tienen que ir pasando el Brexit imaginario a uno sobre el papel y a un tercero sobre la realidad misma. Hay que tener en cuenta esto, pues si ya es complicado llevarlo de las mentes de millones a un solo papel, más complicado será llevar ese papel a la dura realidad. Sin duda. Los problemas que se quieran resolver para conseguir el papel, no serán nada en comparación cuando vuelvan a reaparecer en forma de casuística, de pequeños detalles que afectan a las personas directamente, a sus vidas construidas como "europeos".

Los británicos vivieron emocionados, toda Europa en realidad, un referéndum que sacó a unos a la calle a celebrarlo y a otros a llorarlo. Pero no era en sí nada, un Mac Guffin para la creación de un caos, que es lo único que ha conseguido hasta el momento el Reino Unido. Hacia el futuro, sea cual sea, los enfrentamientos están garantizados y, como decía el parlamentario conservador británico entrevistado en la CNN, puede arrasar con los partidos políticos existentes.
Hasta el momento, los únicos que se han beneficiado de este caos son los eurófobos, que ven en el caos de la Unión el germen glorioso de la desunión futura.  Lo han dicho ellos mismos y con esa intención concurren a las elecciones europeas. Son los únicos que tienen algo que ganar con una Europa sumida en el caos, débil, carente de peso exterior y llena de conflictos internos. 



Truffaut, François (1966). El cine según Hitchcock. Trad. Ramón G. Redondo. Alianza.

domingo, 10 de noviembre de 2013

El gato y el ratón o sobre chistes y rebeldes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando vemos los actuales sucesos trágicos egipcios de Egipto no solemos percibir un rasgo esencial de su personalidad histórica: el sentido del humor. Sin embargo, es uno de sus rasgos más marcados, algo que se descubre pronto si se sintoniza con él. Los egipcios que se ríen lo hacen con una especie de sintonía integral de cuerpo y alma. Digo "los que se ríen" porque, como es lógico, lo hay que no lo hacen como parte de una reacción equilibrada. De ahí que tengamos siempre persecuciones y leyes restrictivas intentando proteger las figuras de sus dirigentes de la corrosión incansable del humor.
No hace mucho tiempo, publiqué en la segunda parte del volumen homenaje que dedicamos a nuestra compañera fallecida, Ana María Vigara, especialista en el estudio lingüístico del humor, un trabajo sobre el chiste político egipcio* en el que trataba de exponer los cambios en el humor crítico que la revolución había supuesto, esencialmente la entrada de nuevas voces. Es la aparición de nuevas voces críticas —la mujer y los jóvenes o la combinación de ambos— lo que amplía la forma de representar al poder político que, en cambio, se mantiene con una gran estabilidad simbólica, es decir, representado como nuevos "faraones", de Mubarak a Morsi y ahora con los críticos de Al-Sisi.

Lo que sí han hecho con el poder es descomponerlo —"deconstruirlo", diría un seguidor de Derrida— en todas aquellas fuerzas de las que es manifestación en el ámbito social. Jóvenes y mujeres, como víctimas de aquello que les reduce en sus posibilidades de libertad, dirigen las armas del humor contra sus represores tras identificarlos socialmente. Ya no es solo una figura política, sino que esa figura es la concentración personalizada de las fuerzas de control, limitadoras de las libertades que ahora se reclaman. En ocasiones, el poder es identificado con las caras de la actualidad política; en otras, en cambio, se convierte en abstracciones con caras genéricas que muestran sus ramificaciones sociales, cómo sus tentáculos represores se manifiestan en los rincones de la sociedad.
A finales de octubre el diario Egypt Independent (Al-Masry Al-Youm) nos traía en su sección de Cultura —con origen en la agencia oficial egipcia MENA— la noticia de una conferencia del arqueólogo responsable de la zona de Abu Simbel:

Pharaonic rulers of Egypt were subjected to satirical criticism using words and pictures, according to Archaeologist Ahmed Salah, the head of Abu Simbel area antiquities.
The expression of opinion was an integral part of the ancient Egyptians culture, not a creation of the West, while dictatorship and slavery were not always a stigma of governance in the East, he added.
Saleh said on Monday that the most prominent evidence of the exposure of pharaoh to satirical criticism is the Turin papyrus, which dates back to the era of the modern state between the 16th and the 10th century BC.. The papyrus shows the king as a cat playing with a mouse, that represents the people. Another shows him as a mouse riding a Chariot in a battle.
Such pictures, he explains, reflect the eternal conflict between the ruler and the people.**


El llamado "papiro de Turín" es un texto esencialmente erótico, la mayoría de sus imágenes son una especie de Kamasutra egipcio. Pero junto a ellas están otras de carácter satírico como nos indica el arqueólogo Ahmed Saleh. Ese gato jugando con el ratón presenta el eterno juego del poder.
Frente al poder solo caben el llanto y la risa, nunca la indiferencia, en primer lugar porque nos afecta directamente y en segundo porque el poder mismo no lo consiente. Los egipcios hace siglos que se decantaron por compensar las lágrimas con las risas. Alternan unas y otras con las mismas lágrimas.


Dediqué ayer parte de la tarde a preparar las próximas películas para compartir con los alumnos en el cinefórum de la Facultad. Me reencontré con una película que me hizo recordar la noticia del diario egipcio, El niño salvaje (L'enfant sauvage 1970), de François Truffaut, uno de esos filmes que deberíamos ver de vez en cuando porque nos recuerdan cosas sobre la naturaleza humana aunque hayamos dejado de ser esencialistas.
La historia —basada en hechos reales— y nos muestra el proceso de transformación de "Víctor", un niño "salvaje" encontrado en los bosques del Aveyron francés y acogido por el doctor Jean Itard, que es quien actúa de voz narradora. 


El momento culminante del proceso de recuperación de su humanidad perdida es cuando el doctor Itard decide castigarle injustamente para ver si en él habitan "sentimientos morales". Acostumbrado a un sistema de premios y castigos que en nada difiere del entrenamiento de una animal de feria, Itard decide castigarle encerrándolo en el cuarto oscuro habitual aunque haya acertado en su respuesta a la tarea encomendada. Víctor se rebela ante la injusticia de aquel que se ha erigido en su maestro, padre y deidad.
"No eres ya un animal, aunque todavía no seas un hombre", le dice el doctor a su pupilo, matices que él no entenderá y nosotros difícilmente podemos compartir. Independientemente de las cuestiones históricas que este caso y otros similares de niños "salvajes" han planteado, sus dudas sobre la autenticidad, está la cuestión de la rebeldía y su sentido moral. En ese sentido, la obra de Truffat va más allá —como debe hacer el Arte— de lo circunstancial y entra en las sinuosidades de la construcción del poder y la dependencia, del sentido de la autoridad.


Los chistes del papiro de Turín suponen una muestra de la rebeldía de los egipcios, como lo son hoy en día los chistes y sátiras. No es solo una cuestión de "libertad de expresión", como plantea el arqueólogo, pues no sabemos su difusión ni su tolerancia entonces, ni tan siquiera la cuestión de dónde surgió históricamente la "indignación", pero sí es una muestra de esa actitud rebelde ante el poder, ante su injusticia, como un sentimiento moral. La indignación de Víctor ante su propio "faraón" es la rebelión natural del que no recibe lo que cree que debe esperar. Albert Camus, que algo sabía de estas cosas —de rebeliones y de sentido moral— escribió en las primeras líneas de su obra "El hombre rebelde":

¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice que no. Pero si se niega, no renuncia: es además un hombre que dice que sí desde su primer movimiento. Un esclavo, que ha recibido órdenes durante toda su vida, juzga de pronto inaceptable una nueva orden. ¿Cuál es el contenido de ese "no?
Significa, por ejemplo, "las cosas han durado demasiado", "hasta ahora, sí; en adelante, no", "vais demasiado lejos", y también "hay un límite que no pasaréis". En suma, ese "no" afirma la existencia de una frontera. (17)


El chiste es una forma de establecer también una frontera de rebeldía, un decir "no", de establecer una distancia que es sobre todo moral, de reconocimiento de diferencias entre una mirada y su objeto, en este caso, el Poder. La representación del poder como un "gato" jugando con un "ratón" introduce esa mirada entre la realidad y quien la percibe valorándola. Es —como señalaba Ahmed Saleh en su conferencia— el eterno conflicto entre el pueblo y sus gobernantes. El humor salva la dignidad al permitir una forma de rebeldía ante la conciencia si es imposible o suicida la rebelión material, una contestación, un "no" simbólico. Algo de esto vio Freud en el humor, una forma de burlar censuras, interna o externas.
Por eso los tiranos suelen tenerle tanto miedo a los chistes, que se cuelan en las conversaciones por debajo de las rendijas de las puertas, sembrando la ideas que germinarán en otras formas de decir "no" más contundentes.


Si Víctor, el niño del Aveyron, hubiera desarrollado más sus capacidades, hubiera acabado, además de rebelándose a mordiscos, haciendo chistes sobre el doctor Itard, su propio gato, dibujándolo por paredes y cuadernos. Como fue Itard quien contó su historia desconocemos si llegó a hacerlo en algún momento mediante el humor. ¿Lo hubiera tolerado? Nos hubiera gustado ver que aquella figura, omnipotente ante sus ojos, en algún momento se resquebrajó al comprenderla injusta y comprender la inmensa distancia que el gato había establecido con su ratón de juegos.
Uno de los mejores "chistes" que he visto en los últimos tiempos viene de una caricaturista egipcia, Doaa el Adl, una auténtica artista del juego que el chiste político necesita para ser eficaz y superar la mera controversia circunstancial. El chiste es este y se lee de derecha a izquierda:



Digna heredera de ese sentimiento que recoge el papiro de Turín con el ratón y el gato, Doaa el Adl da una vuelta más de tuerca en el conocimiento revelador de nuestra propia naturaleza y nos muestra que los gatos son fabricados muchas veces por los ratones, aunque luego se rebelen contra ellos y eleven nuevos gatos a los altares. Hay un "hombre rebelde", como señalaba Albert Camus, pero que hay muchos más "hombres ratones", escultores de sus propios tiranos, recitadores gustosos de sus propias maldiciones.

* Joaquín Mª Aguirre (2013): "Rebeldes y faraones: Egipto y el chiste político", en "Humor y comunicación II"; Espéculo nº 50b, octubre-2013, pp. 63-80. [número completo: http://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/Humor_y_comunicacion_Especulo_UCM_n_50b.pdf ]
** "Satirical criticism is Pharaonic heritage: Archaeologist" Egypt Independent (Al-Masry Al-Youm)-MENA 28/10/2013 http://www.egyptindependent.com/news/satirical-criticism-pharaonic-heritage-archaeologist
*** Albert Camus (9ª 1978): El hombre rebelde. Losada, Buenos Aires.





El Dr Jean Itard