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miércoles, 18 de febrero de 2026

El modo discreto

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Como era de esperar, las reacciones en el PP a las declaraciones sobre el “feminismo” de Vox y su igualdad con el de los populares ha levantado ronchas y rápidamente ha sido aprovechado como ayer anticipábamos tanto por Vox como por la izquierda y sus medios afines. Estaba cantado. No solo comentan unos las contradicciones de María Guardiola - el donde dije digo, digo Diego-, si no que Vox contiene las risas y la izquierda se rasga las vestiduras.

Pero lo que ha colmado el vaso, al que le faltaba muy poco para rebosar, han sido las palabras de Alberto Núñez Feijoo con su afirmación de que hay que hacer menos ruido y más negociar con discreción. ¿Cómo debemos entender esta afirmación? ¿Qué es el ruido, que la discreción?

Una de las conversaciones que han salido a la luz durante la dana levantina fue la recomendación de Núñez Feijoo sobre “no descuidar la comunicación”. Pase lo que pase, la información debe ser vigilada con esmero porque es donde se decide todo. Así, Núñez Feijoo, que venía desde Galicia con una imagen moderada, se nos muestra como un dirigente “moderno” (todo es comunicación), pero como un inoportuno comunicador obsesionado con  la comunicación. El modelo de la discreción ¿tiene límites?

“Discreción” no debe entenderse como “moderación” en absoluto. Lo que dice, juntando sus dos afirmaciones, viene a ser que es más importante controlar lo que se ve y se dice que lo que se hace, que siempre se podrá envolver en silencio o en palabras, según toque. Es un modo de pragmatismo que no todo el mundo va a entender: tú pacta, que ya lo explicamos luego con control de daños.

La dirigente extremeña se ha puesto ella misma la zancadilla al entrar al trapo de los micrófonos. ¿Creía lo que decía? Eso no es lo importante, sino lo que otros hayan creído. Pero la ha salido fatal y ha conseguido lo contrario de lo que quería, ruido y barreras.

Ahora es una parte del PP la que se ve perjudicada por la idea de que comparten “feminismo” con Vox. La simple idea de feminismo es negativa para Vox, algo que califica como “ideología”. Por mucho que se empeñe María Guardiola, Vox solo tiene “machismo”, que es como se debe etiquetar su propia “ideología”, que para ellos es reconocimiento de la ley natural, la que ha hecho diferentes a hombres y mujeres, la que les ha asignado “obligaciones” distintas a cada uno de ellos. Así de sencillo. Vox es el pasado milenario orgulloso de serlo. Los demás tienen ideologías; ellos mandato divino o natural, según el día, lo que tiene que ser.

Vox cree en la jerarquía familiar, en la raza y la sangre, en el vínculo natural con el suelo que pisas, que te ha sido concedido. Vox ha contagiado al PP que ya habla del “orgullo de ser español” como elemento para la nacionalización. Es como el americanismo de Trump, una gracia de Dios del que te excluyen por piel, lengua y antepasados.


En la medida que el PP, para alcanzar gobiernos, debe someterse a estos principios que, según Núñez Feijoo, se debe mantener en la oscuridad y discreción de los despachos, retrocede en la Historia y se acerca a esa vieja derecha tradicionalista, beata y mirando a los antepasados, que siempre fueron mejores. Lo demás, dicen, es decadencia.

El PP tiene un problema serio con ese tener que contar con Vox para  los gobiernos. Supone el riesgo de provocar el nacimiento de un movimiento centrista que pueda acostarse sin miedo a pesadillas y sin úlceras de estómago por las mañanas. Muchos ya lo echan de menos si la alternativa es ceder siempre a Vox y renunciar a sus ideas.

Entre el ruido y la discreción, los ciudadanos tenemos derecho a saber qué concesiones, qué retrocesos se están produciendo en las negociaciones. Si Núñez Feijoo cree que cambios políticos importantes se pueden considerar "ruido" por sus efectos, mucho me temo que ha perdido el rumbo. Pensar que Vox y PP van a crear una "nueva España" es un error grave que se volverá contra él, desde dentro y desde fuera. Puede que echar a Sánchez tenga un coste interno mayor de lo pensado.

No es la claridad la que provoca el ruido; no es cuestión de discreción. Lo importante es que se sepan los límites en función de las ideas y no teniendo el cuenta el ruido. Si estas provocan ruido, será por algo. Menos discreción y más claridad de ideas y compromiso. No es cuestión de "trabajo serio", sino de principios. Si se manda el mensaje de que son lo mismo, la gente lo creerá y muchos, como está ocurriendo, se deslizarán hacia Vox.

jueves, 30 de noviembre de 2023

La España habitual

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Apenas han llegado los señores miembros del gobierno a colocar sus plantitas en los despachos cuando ya suenan los tambores de guerra, los próximos y los lejanos. No ha desempacado Sánchez la maleta de regreso de Israel, no se ha acabado casi de despedir el primer ministro belga cuando ya tiene un problemón amenazante sobre la mesa de desayuno. Y los problemas le llegan de ese ser querido, convertido en héroe democrático que se llama Carlos Puigdemont.

Si tenía pocos problemas con los líos diplomáticos con Israel, con los líos de los defenestrados de Podemos, lógicamente enfadados con él, etc. en RTVE.es se recogen con meridiana claridad las intenciones de ese aliado fiel que es el Sr. Puigdemont. Allí nos dicen: 

El expresidente catalán y líder de Junts, Carles Puigdemont, ha amenazado al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con que su partido vote en contra de las leyes del Gobierno o incluso apoye al PP en una hipotética moción de censura si no ve "avances suficientes" en lo pactado entre su partido y el PSOE para la investidura. Una posibilidad que ya ha descartado el líder de los 'populares', Alberto Núñez Feijóo.

"Podríamos votar con el PP para derribar el presupuesto o por una resolución sobre Israel, donde nuestra posición en realidad está más alineada" con la del partido que encabeza Alberto Núñez Feijóo, dijo este martes por la noche Puigdemont a 'Político' durante la ceremonia celebrada por este medio para desvelar su lista de las '28 personalidades más influyentes' de Europa en 2024, en la que el catalán figura en segundo lugar entre los nueve 'disruptores'.

Según ha informado este miércoles este medio a Efe, Puigdemont le dijo además al presidente del Partido Popular Europeo (PPE) y líder de ese grupo en el Parlamento Europeo, Manfred Weber, que incluso podría llegar a un acuerdo con el PP para derrocar al gobierno del socialista Pedro Sánchez a mitad de su mandato con una moción de censura.

Ahora bien, una eventual moción de censura sería una opción si Junts y el PP se pudiesen poner de acuerdo sobre un presidente del Gobierno independiente para sustituir a Sánchez.*


Estas cosas, que se han advertido en diversas formas, parecían ilusiones, pero son avisos de lo que le espera a Pedro Sánchez (y a todos) en esta legislatura. Va a ser una mezcla de Hitchcock, de películas de catástrofes de los 70 y un fondo musical de sardana unos días y de chistu en otros. Si dicen que el poder desgasta, Sánchez puede acabar como el "hombre invisible". Le van a faltar ojeras para tanta preocupación.

Las declaraciones de Puigdemont son, además, una enorme trampa para acabar de liarla con el PP, tensando más las relaciones con Vox, donde ya declaran sus dirigentes que ven "flojos" a los populares para frenar a Sánchez. De esta forma, Puigdemont hace su recorrido entre el niño malo y el ser maquiavélico capaz de crear terror con solo abrir la boca. Es elñ protagonismo que entre todos le han dado.

Ayer, en el telediario matinal de RTVE.es, hablaban de los desplantes de los independentistas en diversos actos institucionales. Lo que me llamó la atención es la calificación de "habitual" por parte del presentador a ese desplante. Parece que dejar plantado al Rey y demás autoridades, no asistir a los actos militares, etc. forman parte de la extraña España habitual en la que vivimos y que nos permite escuchar estas cosas por parte de diversos partidos y personajes.

Todo lo que se ha hecho, por supuesto, es una forma de estabilizar la unidad de España, según se nos dice. Pero tengo mis serias dudas sobre si lo que hacen los nacionalistas de distintos pelaje y origen lo hagan por un emocionado amor a esa España que odian, desprecian y consideran que es su enemiga y opresora, el enemigo imperialista que les okupa. Está en sus programas y mítines. No en otra cosa se centran sus discursos y sus objetivos a lo largo de décadas y cada nueva concesión no ha servido más que para llegar a estas fórmulas de chantaje político que no tienen ya pudor ni elegancia alguna.

No, no hay "habitual" en estas forma de desprecio institucional que les sirve para demostrar su poderío local y, si les dejas, en el resto. Cualquier intento de hacer ver otra cosa, otra intención, no es más que un atentado contra la inteligencia. ¿Qué mayor placer que ver humillado a tu enemigo, al que te ha dado el sentido negativo de la existencia durante décadas?

Por mucho que se repita, calificarlo de "habitual" es no querer reconocer una realidad que adquiere sentido en las palabras de Puigdemont. No hace otra cosa, en realidad, que hacer las "paces ideológicas europeas" con el PP para evitar que este pida medidas en la Unión Europea, donde este y los suyos son una reducida anécdota que solo ha merecido la atención de algún belga (¡qué casualidad!) y de Vladimir Putin, un entusiasta de todo aquello que perjudique la unidad europea y la de sus estados.


Las palabras de Puigdemont son un aviso de lo que puede ocurrir, de los efectos de la atomización de la política española, en manos de personas que tienen primero un interés destructivo (de lo que es España) y un posterior deseo de fagocitarse los territorios que se le permita (es decir "países catalanes", por un lado, y Navarra por otro).

Que los "independentistas" quieran ser independientes y los "nacionalistas" ser una nación y por ende un "estado" no debería extrañar a nadie. Pero esta España habitual tiene un problema con la semántica, además de con la política. Las palabras de Puigdemont son algo más que un despropósito visto desde fuera. Desde dentro, es un indicador de la desfachatez y de en quién se ha depositado el futuro de todos durante unos cuantos años. De pícaro local a mandamás en la sombra con planes poliédricos, Puigdemont tiene sus objetivos constructivos y destructivos. El que se quiera creer otra cosa, allá él.

Nada de esto es nuevo, pero como dirían en las noticias de la mañana, es lo habitual. 


* "Puigdemont amenaza a Sánchez con apoyar al PP en una hipotética moción de censura si no ve "avances suficientes"" RTVE.es / EFE 29/11/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231129/puigdemont-amenaza-sanchez-apoyar-pp-hipotetica-mocion-censura-si-no-ve-avances-suficientes/2463231.shtml

miércoles, 5 de julio de 2023

Que se ponga

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo de la amenaza de Núñez Feijóo de llamar a los "barones del PSOE" para que enmienden la plana a Pedro Sánchez para que se abstengan y no tengan que dar cancha a Vox metiéndolo en los gobiernos es nuevo. Y no es fácil ser innovador en estas cosas ni a estas alturas. ¿Qué nos depara la campaña cuando empiece oficialmente? No me atrevo a imaginarlo.

El escenario apocalíptico que se está esbozando sobre la mesa electoral empieza a ser inquietante por las perspectivas que abre. Lo de la llamada es más de patio de vecindad, de guerra encubierta al descubierto, valga la paradójica contradicción.

En RTVE.es nos explican las intenciones de esta amenaza:

El presidente del PP y candidato a las elecciones generales, Alberto Núñez Feijóo, ha asegurado este martes que, si gana las elecciones generales del 23 de julio, pedirá al líder del PSOE, Pedro Sánchez, que le deje gobernar en solitario y, si se niega, llamará a "todos y cada uno de sus 'barones' para que le convenzan" porque, según ha dicho, aún quedan "algunos sensatos".*


La apertura de un nuevo frente, esta vez telefónico, nos deja con un infinito juego de llamadas entre partidos con variantes generacionales, ideológicas y hasta cómicas si tuviéramos entre nosotros al siempre añorado Gila.

— ¿Está García Page...? ¡Que se ponga!

Pero a nadie se le escapa lo que hay detrás de las posibles llamaditas de Núñez Feijóo. En el fondo es otra estrategia, la de desprestigiar a Sánchez haciendo ver que los que mandan de verdad son los "barones" y no él. Es una forma de ninguneo tradicional, pero con agravante telefónico. Creas primero el "sanchismo" (hay que ponerle nombre a las cosas para poder negarlas) y luego lo ninguneas haciendo ver que es intransigente.

La estrategia de Sánchez es la del victimismo, la del todos me odian, que es otra novedad, aunque no tanto. Lo del victimismo se combina con el apocalipsis de Vox en el gobierno denunciando los pactos posibles.

Si Sánchez advierte de que Vox tendrá carteras y vicepresidencia, el PP se defiende diciendo que es porque Sánchez lo quiere. Es una especie de partido de ping-pong pero con varias pelotas sobre la misma mesa. Los votantes mueven la cabeza intentando seguir la bola buena.


Quizá sea la forma de hacer política de siempre, pero ahora todo se ve intensificado y amplificado en este mundo mediatizado en el que vivimos bajo presión constante. Este multipartidismo conlleva una estrategia múltiple que eleva los intercambios a nuevas dimensiones. En un escenario de comunicación como este se hace necesario gritar más fuerte que el resto para imponer la voz propia. Pero la atención de los votantes oscila entre la saturación y el aburrimiento, por un lado, y la radicalización debida a sobre exposición por otro.


Si se produjeran las llamaditas, los barones se podrían dar el lujo del desplante, algo que pueden hacer ya en cuanto que algún inquieto periodista les pregunte "si ya les ha llamado Núñez Feijóo". "— ¡Me alegro que me haga esa pregunta! —indicará el interpelado, para dar después suelta a la parte que le han puesto en bandeja.

La verdad es que esto de la "nueva política" y de los "nuevos políticos" y sus nuevos hábitos y estrategias está empezando a ponerse incómodo y confuso. Los partidos se interpelan unos a otros en diferentes cruces sobre lo que van a hacer los demás. Las críticas se derivan hacia los pactos, posibles o imposibles. En el furor explicativo del futuro de los demás, cada partido trata de que los electores comprendan lo que nos espera si el otro gana.

Pero el futuro que realmente importa es el propio junto al partido con el que te toque compartir poder. Lo ocurrido entre PSOE y Podemos deja claro cuál es el resultado y lo que hay que hacer para deshacerse del problema.

"Si gano las elecciones, llamaré al líder del PSOE que me deje Gobernar. Y, si no lo hace, llamaré a sus 'barones' para que le convenzan. Aún tiene algunos sensatos, aunque quedan pocos", ha criticado.*

Las llamadas de Núñez Feijóo son otro giro tras el fallido "verano azul", otra forma de devolver la pelota. Desgraciadamente, este tipo de situaciones de pactos vienen obligadas por la matemática. La nueva política quería más partidos para garantizar una mayor representatividad y mostrar su malestar para con el comportamiento de los partidos grandes. Ahora tenemos otro malestar, el que se deriva de que los partidos grandes, con mayor representación en las urnas, dependan de los pequeños pero con el tamaño suficiente como para condicionar el resultado de las elecciones. ¿Hemos mejorado? Que lo decida cada uno. No hemos avanzado a una mayor representatividad sino que las minorías logran colocar ideas y colocarse ellos, lo cual nos asusta. Los grandes se señalan con el dedo acusándose unos a otros de tener que pactar con la radicalidad.

Salvo debacles inesperadas, esto es el futuro de la política española en todos sus niveles. Peor todavía, si los pequeños lo hacen bien sacándole partido a los puestos con los que se hacen en las instituciones, crecerán lo suficiente como para ser más necesarios. Es una fórmula que se ha instalado para quedarse porque ¿quién no quiere sacarle el máximo rendimiento a unos cuantos votos, consiguiendo con ellos cargos, programa y visibilidad?

* Diana Fresneda "Feijóo asegura que llamará a los 'barones' del PSOE para que "convenzan" a Sánchez de que le dejen gobernar si gana" RTVE.es 4/07/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230704/feijoo-barones-psoe-gobernar-elecciones-23j/2451166.shtml

martes, 6 de junio de 2023

El macrodesafío

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Con los números sobre la mesa, los partidos buscan ponerse zancadillas unos a otros, meterse palos en la rueda. La convocatoria en periodo vacacional es una baza; no va a haber más votos, pero sí puede que menos. Quiénes se queden en casa es una incógnita, pero  seguro que los analistas han dado algunas ideas sobre quién puede estar de vacaciones y no tomarse la molestia de pasarse un domingo ante las urnas.

Lo cierto es que estas elecciones se presentan como apocalípticas. A los políticos se les ha ido la pinza, por usar una expresión coloquial. Las reacciones al macrodesafío de Sánchez —¡seis debates seis!— no se han hecho esperar por parte de todos.

Los populares lo califican de "excentricidad", Podemos, Sumar y Vox hablan del "regreso (indeseable) de bipartidismo" —como si fuera antinatural— y Sumar, por su parte, habla de cosa de "dos hombres". En este último caso, la lectura de esa expresión debe hacerse elevando un poco el tono en la palabra "hombres", para que al bipartidismo se le sume el "machismo". Es la sutileza tonal.

No sé si Sánchez, superviviente de volcanes y pandemias, se ve capacitado para derrotar por agotamiento / aburrimiento a Núñez Feijóo. Pero lo que creo es que puede espantar a la audiencia y a parte de los votantes. Es casi una incitación a irse de vacaciones antes y no regresar hasta que estén constituidas las Cortes en agosto. El sector hotelero ha planteado sus dudas por la convocatoria, pero ¿quién sabe?

No sé si esto de los debates al por mayor funcionará porque, en realidad, las legislaturas enteras se han convertido en campañas electorales. Es un sinvivir electoralista de todo lo que se hace, que se traduce no en hechos sino en versiones de los mismos. La versión es una forma de discursos que añade a aquello de lo que se habla la interpretación propia del que lo realizar. Dice Umberto Eco en su Tratado de Semiótica General que "la semiótica es, en principio, la disciplina que estudia todo lo que puede usarse para mentir". Esto convierte la política en la más semiótica de las formas de significación y, además, en una perspectiva insoportable la asistencia a un debate sin variación de objetivo: el otro como centro absoluto de la discordia, como eje del mal, como ser contra natura. No creo que haya imaginación descalificadora suficiente como para aguantar seis debates seguidos, uno por semana, hasta que llegue el momento más deseado, implorado, de las elecciones, vistas esta vez como el séptimo debate, el debate que acabaría con el debate interminable. ¡Es una pena que no se puedan adelantar las elecciones ya adelantadas! ¡Que no se puedan adelantar al próximo domingo y acabar con todo esta plaga retórica que se avecina!

Los seis debates son un "Duelo a muerte en OK Corral", un "Kárate a muerte en Bangkok", un "El coloso en llamas"..., "Apocalypse Now!" con Sánchez haciendo el papel de Charlie Sheen, saliendo de las aguas en plena noche con música de The Doors y asesinando a machetazos electorales a Núñez Feijóo, que repite "¡El horror, el horror!" Todas estas imágenes se agolpan ante la perspectiva de ese séxtuple debate a muerte que Pedro Sánchez propone.

La estrategia, por otro lado, no está mal... según se mire. Es un órdago. Si Núñez Feijóo no acepta, dirá Sánchez que no quiere verse ante los españoles, una escenificación de "Desmontando a Harry", pero con Núñez Feijóo. Ya ha anticipado que los seis debates servirán para hablar de cifras y datos y "no de bulos", que es una forma de hacer ya campaña. Sánchez sigue con la línea estratégica de que cuando pierde es porque se han usado "malas artes", técnicas de guerra sucia y desinformación frente a sus palabras sencillas, verdaderas, palabrita del Niño Jesús. Es una forma de verlo. La duda es si Sánchez realmente lo cree.

Esta es una versión oficial, claro. La realidad es que llevan despellejándose unos a otros desde hace mucho tiempo. En estos días hemos hablado de la violencia, la ira que se palpa en el ambiente, en los estallidos rápidos y en la incontinencia de la violencia en diversos espacios y momentos. Aquello que otro político llamó "crispación", que se nos queda ya un poco corto. Los políticos no dan ejemplo ni de diálogo ni de sosiego. Que ahora Sánchez quiera "debatir" al por mayor no deja de ser una cierta clase de ironía. ¿Debate o diálogo de sordos?

Este desafío único e intenso al líder del PP, al que muchas encuestas dan como ganador, le traerá a Sánchez los ataques de las demás formaciones, a las que les ha dado un buen argumento: el bipartidismo entendido como club con entrada reservada. Esto es un arma de doble filo porque, uno y otros, van a necesitar de pactos con esos votos y escaños perdidos por sus respectivos laterales. Si Sánchez se juega todo a ese debate es porque piensa lanzar el argumento de que votar al PP es meter a Vox en el gobierno del estado, que es mentar la bicha, un argumento para movilizar.

El bipartidismo se presenta como una perversión, pero lo que digan las urnas es lo que hay. El argumento general es evitar que Vox entre. Con ese miedo se trata de llevar a las urnas al mayor número de votantes y reducir las diferencias, que Sánchez ve como molinos y no como gigantes. Y eso es lo que trata de hacer desaparecer con esos debates en serie. Cree que podrá martillear a Núñez Feijoo con la misma pregunta una y otra vez: ¿va a pactar con Vox? El voto útil, piensa, hará el resto. Pero eso hay que verlo en las urnas. Para el PP, se trata de pedir el voto útil para evitar tener que depender de Vox para gobernar; para el PSOE se trata ahora de concentrar el voto para evitar alejarse de la presunta mayoría de los rivales, lo que supone deshabilitar a Sumar y Podemos, que finalmente tendrán que unirse para resistir el tirón del voto útil y del voto del miedo, que se iría concentrando en el PSOE. El debate cara a cara escenifica eso.

Veremos en unos días cómo se resuelve el duelo de Sumar y Podemos. No es sencillo porque si se unen reducirán el margen del PSOE y se les hará responsables de haber fraccionado el voto de la izquierda. Si no se unen, se les acusará igualmente de sus pobres resultados. El voto del miedo y la utilidad, ya lo hemos señalado, se centra en evitar a Vox desde todos los ángulos.

La estrategia de Sánchez está clara; es la del que va por detrás en las apuestas. Pero dos no debaten si uno no quiere. El presidente no puede imponer el debate. ¿Se trata de un regateo, de un "ni pa' ti, ni pa' mi", de un "lo dejamos en cinco, cuatro, tres...?" Núñez Feijoo está obligado a debatir, pero el número lo decidirá él.

Pero el riesgo es también otro. ¿Está usted dispuesto a escuchar la "verdad final", miniserie de 6 capítulos, con opción a una segunda temporada?


domingo, 10 de abril de 2022

El arte del desacuerdo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


A veces los políticos se encuentran simplemente para poder decir que no están de acuerdo. Esa es la consecuencia que se puede extraer del encuentro entre Pedro Sánchez y el nuevo presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, un ejemplo claro de este tipo de planteamiento o estrategia. Desde la calle se pide el encuentro, hasta se ve con cierta lógica que se produzca, pero este no es más que una forma de manifestar lo más importante, el desacuerdo.

La política ha dado un enorme giro desde que se rige por el desacuerdo y su lógica. Su capa superficial, la comunicativa, es desde hace mucho tiempo una reinterpretación interesada  y caricaturesca de lo que dice el otro en boca propia. Si queremos saber qué dice el PP hay que escucharlo en boca del PSOE y viceversa. Los partidos quedan así liberados de tener que explicarse más allá de unos cuantos eslóganes tópicos o principios generales, que son los que sus expertos les dicen que caben en un tuit o retiene la mente del votante durante algún tiempo.

Sí, el desacuerdo es un principio esencial para entender el mecanismo que rige la política. Podría decirse que la parodia de sí mismo es aquel famoso estribillo de Groucho Marx, "¡Estoy en contra! Aunque cambies de opinión, ¡estoy en contra!" con el que mostraba el espíritu discordante de su personaje, el profesor Wagstaff,  en "Plumas de caballo" (Horse Fathers 1932).

En un sistema fragmentado como el nuestro, los partidos ven vedados los acuerdos porque eso significa ser objetivo de los partidos situados a su derecha y a su izquierda respectivamente. Es decir, cualquier acercamiento al opuesto o acuerdo es rentabilizado por parte del partido extremista que vigila su marcha día a día. Si el PP busca algún acuerdo, será aprovechado por Vox, que lo rentabilizará diciendo que el PP es traidor o flojo y que ellos son la verdadera respuesta. Por el otro lado ocurre lo mismo, dando lugar a fenómenos tan extraños como  que Podemos actúe a la vez como socio de gobierno y como oposición interior, para desesperación del PSOE, que tiene que aguantar las dos embestidas, la de la oposición y la de sus socios en cuanto que se descuida. El que se las ha llevado todas, claro está, es Ciudadanos cuyo empeño en ofrecerse a los pactos a derecha e izquierda ha hecho que lo pierda todo.

El relevo en el PP ha servido para poner en evidencia una vez más este mecanismo de sordera institucional. El presidente del gobierno y el nuevo líder de la oposición han salido diciendo lo mismo prácticamente, es decir, tratando de mostrar que el encuentro solo sirve para demostrar que el otro no atiende a nadie. Núñez Feijóo ha hablado de "frontón" mientras que el presidente del gobierno ha jugado a la condescendencia señalando las causas que han llevado al relevo en el PP y algún ministro ha aprovechado para hablar de la corrupción como de un clásico, comparándolo con "Ben Hur" en Semana Santa. Ocasión de hacer ingenio y no avanzar un milímetro en algo que el país necesita, darse un respiro para enfrentarse a los problemas que nos rodean o los que salen a la luz por nuestra absurda conducta, como ha ocurrido con la cuestión del Sahara, mantenida en secreto incluso (quizá habrá que decir especialmente) para los socios. Creo que es el ejemplo más claro de esta irracional forma de hacer política.

Una de sus peores consecuencias es el proceso selectivo que implica en los partidos, donde ya no se buscan personas con ideas o de talante negociador, sino justo lo contrario, ingeniosos contestadores (como lo de Ben Hur, que los medios repetirán encantados y deleitarán a las audiencias proclives a este tipo de fórmulas retóricas) y personas con cierto desparpajo para estar en la primera línea diciendo este tipo de sandeces. Los líderes tratan de forjar su imagen de dialogantes, personas de ideas, pero se rodean de toda esta artillería retórica cuya función es allanarles el camino con sus bombardeos.

La necesidad de una política con dimensión mediática actúa en contra del político discreto o moderado. El paso a la primera línea implica la necesidad de transformarse para ajustarse a las necesidades del nuevo rol.

La política necesita de la información, pero mucho menos de toda esta escenificación teatralizada. Los creyentes en el poder de la comunicación dan más importancia a los discursos que a los hechos, a las apariencias que a la realidad. Los "hechos" solo son perceptibles a través de los discursos que los describen y la "realidad" es siempre una alternativa a sí misma. Es comprensible que estos principios estén asumidos si le permitieron a Trump llegar a la Casa Blanca seduciendo a la primera democracia mundial. Aunque no hayamos llegado tan alto como Trump, los mecanismos son los mismos: todo es comunicación; quien controla la comunicación, controla el sistema. Vivimos en una especie de "cueva platónica" poblada por coloridas sombras que nos seducen, como sirenas, arrastrándonos a las urnas.

Hay ejemplos en todo tipo de grados de desacuerdo. Lo importante es mantener un rival, enemigo, opositor al frente, alguien sobre el que dirigir los peores sentimientos de las audiencias, convencerlas que son el origen de todos sus males. Los otros lo hacen todo mal y solo yo tengo una sencilla receta para cambiar nuestro destino.

Los efectos que este tipo de simplificaciones y polarizaciones son graves y distorsionan el sentido de la política, extendiéndose además como modelo a otros ámbitos en los que hacen también estragos impidiendo la colaboración de todos.

Tras los últimos cambios en la política española, llegamos rápidamente al mismo punto en el que nos encontrábamos: el desacuerdo. Los líderes han realizado una rápida escenificiación, encuentro y desencuentro. Raudos se han dirigido al país para notificarnos que no hay posibilidad de cambio porque hablar con el otro es como hacerlo como un muro, por un lado, mientras que desde el otro se señala que los cambios son ficticios y que todo sigue igual por más que se cambie de cara. Simplemente, todo cambia para seguir igual. Nunca antes han hablado tanto los políticos para decir tan poco.

viernes, 5 de abril de 2013

Chapuzones y planchazos o de la biografía a la osadía

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Sorprenden las declaraciones del Presidente de la Autonomía Madrileña, señor González, sobre los "límites" que hay que "ponerle" a la prensa. Y sorprenden grandemente por dos motivos. El primero porque puede, efectivamente, manifestar su opinión como cualquier ciudadano imprudente, pero está obligado, como presidente de una autonomía a defender los derechos que la Constitución española señala en todas su variantes, entre otras cosas porque ha jurado su cargo sobre ella. Debería saber dónde pone la mano.
Pero es el segundo motivo el que me parece más preocupante: el daño a partir de las informaciones no lo hacen directamente los medios, sino que son los políticos los que las utilizan en sus rifirrafes. Que yo sepa, ningún periodista ha pedido la dimisión de Núñez Feijóo y sí, en cambio, todo el arco político que no es el de su partido. ¿Pedirá González que se limite el derecho de la oposición a pedir la dimisión de los políticos, es decir, a manifestar su opinión aunque sea excesiva? Me temo que no. ¿Dirá que "daña a personas e instituciones"? Tampoco, me imagino. Si la oposición se excede en la petición de medidas respecto a la transcendencia de los "hechos" no es por los medios, sino por el juego político en el que están todos metidos, de navajazo limpio.

Esas fotos no las han hecho periodistas. Esas fotos tienen "fotógrafo" y no son, evidentemente, "periodísticas", fruto de la labor de un profesional enviado por un medio para espiar a Feijóo. Esto no es News of the World, no es el imperio Murdoch espiando a los políticos, aquí no hay escuchas, como en el caso de Cataluña, micrófonos bajo la mesa. Estos son unos políticos pidiendo la cabeza de otro político; de oca a oca... Si la oposición en su conjunto hubiera salido diciendo "no nos molestamos en comentar estas fotos" porque son irrelevantes, algo que no ha ocurrido, habría sido otra cosa. Pero no es lo que ha sucedido.
Recogen sus palabras en el diario ABC:

"No es aceptable ni admisible, tiene que haber un límite", ha insistido. Y es que, a su juicio, quien ve ahora esos titulares y las fotografías publicadas piensa que Feijóo ha tenido una relación ahora. "Deberíamos establecer un límite porque el daño que eso produce a las personas y a la institución se tendría que cuidar", ha dicho.*


"Aceptable" y "admisible" son, además, formas de expresar una relación de superioridad de su opinión respecto a la propia jurisdicción que también es "preocupante". Los límites existen y se llaman "los que marquen los tribunales", los fijados en la constitución. A muchos ciudadanos no les parecerán "aceptables" ni "admisibles" estas expresiones por parte de un político que está obligado a defender las libertades de todos y no a pedir su restricción. El señor Núñez Feijóo se subió libremente a un barco, se dio paseos libremente —en invierno y en verano— con ciertas personas, se presentó libremente a la Xunta, y fue elegido libremente por sus electores, unos electores que no sabían que le gustaba navegar acompañado, seleccionando libremente sus acompañantes.

El uso estos días de las fotos de Angela Merkel en bañador por parte de periódicos con prestigio profesional, por ejemplo, me parece "deleznable" (no "inadmisible") informativamente. Merkel está junto a su marido. Núñez Feijóo, en cambio, no está junto a su esposa; está junto a un conocido contrabandista, condenado por narcotráfico. Deleznable profesionalmente me parece también el uso de las fotos de la jueza Alaya que el diario El Mundo tituló "Maciza con mazo", para sonrojo de la profesión y de la ciudadanía, y que, de no haber estado firmado por una mujer hubieran suscitado las protestas de muchas otras, que se hubieran sentido agraviadas y menospreciadas en su descripción. Me parece que la jueza merece algo más de respeto, triple, por su labor, por su condición de magistrada y por su condición de mujer. Si a la periodista que llamó "maciza" a la jueza, sus jefes la hubieran calificado así públicamente, se hubiera sentido ultrajada. Que yo sepa, nadie se ha quejado de esta frivolidad ofensiva. Modifican mi percepción de la calidad y profesionalidad de algunos; pero no modifican mi concepción de la libertad informativa.
Sí, en cambio, me parece relevantes las fotos del señor Núñez Feijoo tomando el sol en un barco con alguien que, antes y después del chapuzón, tenía una vida poco clara, porque, aunque no implique ningún delito bañarse o pasear con una persona, creo que sí es relevante saber que esa relación existió, como señalé, simplemente porque forma parte de su vida. No sé si tienen importancia "política" o no, pero sí desde luego "histórica": la historia del propio Núñez Feijóo. Las fotos forman parte de su biografía, la que ha escrito él con sus actos. Ni más ni menos. Como en cualquier otro caso de personalidad pública, no es a los interesados a los que se les pide que presenten su biografía o la interpreten, sino que se les reconstruye. Para eso están memorias y autobiografías, para que se expliquen e interpreten sus propios actos y motivaciones.


Nadie se preocupa, por ejemplo, de qué le parece a Marcial Dorado, al todopoderoso contrabandista de renombre, que se hayan publicado unas fotografías suyas con un político ahora en activo, algo que me parece un ejercicio especulativo interesante que nadie realiza. A lo mejor no le hace gracia que se le vea con la "autoridad", tal como está la política.  ¿Se ha quejado él? ¿Siente que le perjudican en su carrera profesional o vida personal? ¿Ha pedido que se limite la libertad de la prensa? Lo desconozco.

"Estamos en una situación en la que vale todo a efectos de publicación en los medios de comunicación", se ha quejado González, en declaraciones a esRadio, y en este caso, ha dicho, el "daño ya está hecho". Para González, el hecho de que Feijóo hace 20 años tuviera una relación con una persona que luego resultó estar implicada "en operaciones de narcotráfico no aporta nada desde el punto de vista de la legalidad y su actividad política".*


Las palabras son imprudentes y prepotentes. Así se lo han señalado a González las Asociaciones de la Prensa española: no son los políticos los que deciden los límites de la información. Una cosa es apoyar a un colega y otra pedir restricciones a la libertad de prensa. Los medios pueden ser criticados —y deben serlo, mucho además—, pero hay que separar su crítica de las limitaciones de una libertad que no es para beneficio de los medios sino de los ciudadanos.
Puede que lo del presidente Núñez Feijóo fuese solo un "chapuzón", pero desde luego lo de su colega madrileño es todo un "planchazo".

* "González, partidario de fijar 'límites' a la información para no dañar a personas e instituciones" ABC 4/04/2013 http://www.abc.es/local-madrid/20130404/abci-ignacio-gonzalez-fotos-medios-201304041313.html