Mostrando entradas con la etiqueta lectores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lectores. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de agosto de 2023

La mejor biblioteca pública del mundo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


En este mar de malas noticias cocinadas con un calor asfixiante, destaca una buena noticia, la concesión del premio de la Mejor Biblioteca Pública del Mundo a la biblioteca Gabriel García Márquez, de Barcelona, una biblioteca de barrio con apenas un año de vida.

La noticia la leemos en RTVE.es, donde se nos explica el sentido del galardón:

Inaugurada en mayo de 2022 como biblioteca central del distrito barcelonés de Sant Martí, la Gabriel García Márquez cuenta con un edificio de seis plantas con una estructura de madera vista de casi 4.000 metros cuadrados, una gran "casa" que parece colgada y semioculta entre los altos plataneros que la rodean.

Aunque a los visitantes les suele sorprender aún más su estructura interior, con un patio abierto al que se asoman las sucesivas plantas como si fueran balcones, y espacios abiertos y cubículos que permiten crear intimidad a base de cortinas de gasa que cuelgan del techo.

Especializada en literatura latinoamericana, la biblioteca lleva el nombre del Premio Nobel de Literatura colombiano, que residió en Barcelona de 1967 a 1975, y sirve de sede del KM Amèrica Festival de Literatura Latinoamericana, que va por su segunda edición.

El estudio SUMA Arquitectura, encargado del proyecto, ya recibió el Premio Ciutat de Barcelona de Arquitectura 2022 por el diseño del edificio.
La directora de la BGGM, Neus Castellano, explicó recientemente a Efe que el verdadero premio para la biblioteca -no es "un tópico", insiste- es la gente que acude a ella, unas 1.100 personas de media al día, cifra que ha aumentado desde que se conoció su candidatura a mejor del mundo.*

 

Contarlo no es hacer justicia; es mejor verlo en los vídeos que acompañan a la noticia en distintos medios. Se ha premiado sobre todo un espacio, su funcionalidad y la capacidad de interacción de los lectores asistentes.

El premio es importante, pero también lo es que en estos tiempos digitales se ponga foco en el espacio de la lectura y en el hecho del libro (y los medios audiovisuales).

El papel de las bibliotecas públicas se vuelve crítico en un tiempo de desaparición de las bibliotecas privadas, ya sean familiares o personales. Hoy asistimos al espacio vacío de los hogares, espacios sin libros.

Crecer en un hogar con biblioteca es un auténtico regalo; que los padres hagan que los niños vayan a creando su propia biblioteca es algo esencial para la formación de buenos lectores. Pongo el énfasis en lo de "buenos" porque leer no es "matar el tiempo", sino parte del plan de formación de la personas, algo que se olvida.

En el modelo de lector por aburrimiento o hábito y el lector como comprador, está el lector personal, el más desatendido, el que va evolucionando doblemente, en sus gustos lectores y en algo en lo que insistimos aquí, en su sentido estético de la vida. Se trata de un lector crítico capaz de captar la belleza y la verdad de los textos, no de un mero lector que no sabe cómo ocupar su tiempo.

La función de la biblioteca no es solo guardar libros, sino ofrecer trayectorias lectoras, para lo que se requiere un personal con características propias.

Por eso se ha producido un fenómeno especial, los clubes de lectura, que insertan la pasión y el gusto por leer en la vida. No se trata de leer por leer, sino de leer para crecer, para ampliar la visión de la persona ampliando su mundo. Muchos de los libros que se nos ofrecen no merecen el tiempo de lectura que suponen. Pero volvemos al mismo fenómeno que señalábamos el otro día para el cine: la desaparición de la memoria cultural, sustituida por la fuerza de las ventas, la presión de lo que se vende en competencia con el legado de la escritura.

Hablar de lectura y de libros no es decir mucho; como decía la canción, todo está en los libros, lo bueno y lo malo. Hay buenas y malas lecturas, como hay malos y buenos libros. Por eso es importante la selección, la recomendación, el diálogo sobre los libros, sentir que hay otros lectores con los que compartir las experiencias de las lecturas. Esto último es lo que permiten los clubes de lectura, ofrecer buenos textos a los que quieren leer con cierto criterio. La cuestión es que suele ser gente madura, personas que tenía el gusto de leer y que ahora disponen de más tiempo. Como tantas otras experiencias estéticas, el sistema educativo lo ha convertido en lo que no debía ser, una imposición de lo incomprensible para el lector. Se da por supuesto que leer es en sí mismo un acto formativo, aunque no se forme al lector como tal.

Pero la lectura hoy carece de faros reales, de gente que habla apasionadamente de libros que quiera compartir. Las revistas de Literatura van desapareciendo entre el trabajo de eruditos para eruditos y las académicas penalizan la divulgación cuando más falta hace.

Los libros, que antes se heredaban y compartían, se han convertido en algo extraño para muchos. Basta con darse un paseo cada mañana por la mayor biblioteca del mundo, el transporte público, para ver cómo se emplea ese tiempo. El teléfono se ha convertido en la conexión por el mundo y este ha quedado reducido a lo que se muestra en pantalla.

Da una cierta tristeza ver cómo, cada vez que se jubila un compañero o compañera de la Facultad, los libros se dejan fuera de los despachos que han  de quedar vacíos. Pasan días solitarios sobre los bancos ante las miradas indiferentes de los estudiantes universitarios. He publicado alguna fotografía de libros puestos sobre contenedores de papel, en plena calle. Alguien ha sentido pudor en arrojarlos y deja en manos del destino una segunda oportunidad. Hoy pocos quieren leer lo que no es obligado, pese a que todos quieren escribir (las editoriales son ya fábricas de libros para autores sin público).

Libro abandonado sobre un contenedor

El sistema educativo, que sería la alternativa de apoyo a una segunda generación que ya apenas lee y cuando lo hace es a golpe de promoción, se centra en la rentabilidad de los estudios para las profesiones y rechaza la llamada formación "humanística", que se considera como una especie de suicidio para el futuro profesional. Mentes cerradas antes de tiempo.

La concesión del premio a la biblioteca barcelonesa es una buena noticia, una solitaria buena noticia. Espero que ese año que llevan de trabajo se centre en la parte no visible, en los efectos lectores. Es el espacio perfecto para poder desarrollar una lectura cómoda. Ahora llega la parte más difícil, la promoción, la selección, el interés.

Dicen en el artículo  

"Este premio lo que reconoce es, básicamente, el edificio, no una trayectoria, sino un proyecto que comienza, aunque en este caso existía un espacio previo (en otra localización) y se valora también este arraigo, además de la sostenibilidad, la forma de construirlo, sus sistemas de eficiencia energética, la flexibilidad de espacios... que hace que al final todo sea más respetuoso con el planeta”, resumía la directora.*

 Me alegra saber que sí se distingue una y otra función. Espero y deseo que de ese espacio no solo salgan lectores, sino "buenos lectores", algo muy complejo, más con los tiempos que corren en contra. Con humor, la directora señala que hay ahora un "turista lector", que es el que va a ver la biblioteca. Se les distingue, dice, porque miran para arriba y no para abajo, que es donde están las páginas abiertas.

* "La biblioteca Gabriel García Márquez de Barcelona, elegida Mejor Biblioteca Pública del mundo" RTVE.es / EFE 21/08/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230821/biblioteca-gabriel-garcia-marquez-mejor-mundo/2454337.shtml

domingo, 4 de junio de 2023

El furor de las prohibiciones lectoras

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Vivimos unos tiempos en los que, invocando unos principios o los contrarios, nos pasamos el tiempo prohibiendo algo. Creo que es la natural respuesta a la expansión de la información gracias a los flujos de información que posibilita la tecnología. En los inicios de la imprenta ocurrió algo similar: la posibilidad de imprimir más libros trajo la reacción de los "índices" de obras prohibidas. Hoy vivimos en un mundo de distribución de información instantánea, lo que provoca la reacción contraria. Si hay muchos países con internet, cada vez son más los que levantan muros de vigilancia y control en sus fronteras para evitar que la información entre o salga; cada vez hay más control de los dispositivos y las dictaduras invierten más en vigilancia.

Lo que nos parece un poco extraño es el empeño que en algunos lugares que son presuntamente democráticos ponen en las prohibiciones. Lo estamos viendo en los Estados Unidos en las informaciones relativas a las cuestiones identitaria en lo que respeta al género, donde las fuerzas represoras se alían para evitar el acceso a información sobre esta cuestión. Eso comparte ahora Estados Unidos (una parte al menos) con la Rusia de Putin que también ve como un peligro cualquier cosa que sea distinta en materia sexual y es capaz de justificar la guerra de Ucrania señalando que se trata de "liberarla de un mundo gay", en palabras del oficialista líder de la iglesia ortodoxa rusa, el Patriarca de Moscú. Que Rusia y los Estados Unidos se alineen en la censura habría hecho las delicias de George Orwell. 

Parece que los dos grandes movimientos que hay que reprimir en el mundo son el feminismo, percibido siempre como un peligro por los autoritarismos tradicionalistas, y las cuestiones relacionadas con la identidad de género y su diversidad. Ambos campos están ligados y representan el disenso es un sistema donde los roles están fijados bajo una apariencia de ley natural o divina, según los casos, que hay mantener en pie para evitar que el mundo se derrumbe. 

Me llamó la atención una de esa líneas móviles en la zona baja de nuestras pantallas, un titular esquivo que debes esperar a una "segunda vuelta" para poder confirmar lo que has leído. La línea, breve como suele ser el caso, hablaba de la "prohibición de la Biblia". La curiosidad me ha hecho tratar de encontrar el origen del titular, algo que no encontré en la cadena televisiva, pero sí en otras fuentes. 

La noticia la encuentro en The Guardian de ayer, sábado, con el siguiente titular "Utah school district that banned Bible considers removing Book of Mormon". En el texto se nos explica: 

A school district in Utah that last week banned the Bible from school libraries is now being asked to consider a further title for removal: the Book of Mormon.

The Davis school district, which serves Davis county, north of Salt Lake City, said it was considering a new complaint demanding the removal of the foundational text of the Utah-based Church of Jesus Christ of Latter-day Saints. 

The latest potential removal comes just a week after the Bible was taken off the shelves of libraries in elementary and middle schools after being deemed by a committee to be inappropriate because it contained “vulgarity or violence”. The Bible will remain in high school libraries.

The school district said it would assess the Book of Mormon for “all elements of the definitions of pornographic or indecent materials” as defined under a Utah law concerning sensitive materials.

The request to remove the book referenced violence including battles, beheadings and kidnappings.

A national furore has arisen over the removal of books from public schools in several states, often driven by conservatives targeting material that contains references to gender identity or sexuality.*

Que The Guardian encuadre la noticia de Utah como un "furor nacional" no debe tomarse como una forma periodística de llamar la atención, sino como la escueta descripción de una realidad. La única cuestión es que esto ya desborda la realidad nacional y se está practicando en otros escenarios bajo las más llamativas excusas, que van de la protección de la infancia a la salvación de los valores que definen desde el origen de los tiempos a las naciones.

En esto del prohibir, no se acaba nunca. Creo que es una especie de ley. La prohibición tiene dos dimensiones: lo que se prohíbe en sí mismo, ya sea un texto escrito, una película, un largo de falda, una posición del velo... y, por otro lado, el refuerzo que la prohibición supone para aquellos —personas, instituciones...— que las imponen. Por eso, cuando se empieza a prohibir, no se acaba nunca. Es la prohibición la que representa el poder y la que permite imponerlo. Es acción y refuerzo.


El párrafo final del texto que hemos recogido de The Guardian hace referencia a lo que señalamos como campos "preferentes", identidad de género y sexualidad, lo que deja en evidencia el papel de la "tradición", de la "convención", del "orden" o como lo queramos enfocar. Detrás de todos esos conceptos está el de "poder", que es la capacidad de dar forma al mundo que nos rodea con nosotros dentro.

La batalla a la que nos enfrentamos, además, se produce cada vez más en el ámbito escolar porque allí es más fácil, es decir, menos evidente ejercer el control. Si los adultos tienen por definición más libertades, el espacio que se puede controlar invocando el cuidado, la indefensión, la responsabilidad, etc. es el infantil. Pero esto es casi siempre una excusa porque de lo que se trata es de "prevenir" para no tener que "curar". El niño, como decía W. Wordsworth en su poema es "el padre del hombre"; controlando al niño, se produce el adulto. Al menos, se reduce el riesgo.

Esta idea es la que cuesta muchos despertares traumáticos cuando las personas adultas descubren hasta qué punto han sido manipuladas en su infancia para ser de una determinada manera y rechazar otras. No todas descubre esa manipulación sin consecuencias traumáticas o sintiéndose culpables de haber traicionado, defraudado, engañado... a sus familias y entorno.

La lucha por prohibir lecturas en las escuelas tiene mucho que ver con el otro furor complementario, el de borrar el pasado y ajustarlo a nuestro presente. Ya no se trata de una simple interpretación desde un mejor conocimiento, sino sencillamente de hacer desaparecer todo aquello que no nos gusta. Afecta directamente a los propios textos, que son reescritos. Es lo que George Orwell llamaba "vaporizar", el oficio que el protagonista de su 1984 practicaba: hacer desaparecer de los textos (libros y periódicos) todo aquello que resultaba molesto y discordante.

Los conceptos de obscenidad, violencia, etc. son relativos y se imponen a los textos con criterios diferentes según las épocas. La diferencia es que esto está ocurriendo en un entorno en el que la tecnología posibilita un control mayor de las personas, por paradójico que nos parezca. Quizá nos estamos acostumbrando demasiado a este tipo de procedimientos de control que posibilitan condicionar nuestros caminos vitales y el entorno en el que desarrollarlos.

La lucha por el control de las escuelas es la lucha por el control de las mentes de los escolares que serán mañana los adultos que decidan o que, simplemente, obedezcan. La obediencia más sutil es aquella que se practica sin saber que es el resultado de un proceso de dirección mediante límites e impulsos. Todos pensamos en nosotros mismos como seres libres, seres que siguen sus impulsos. Sin embargo, esos impulsos se dan sobre un plano dibujado ante nosotros. Es un mundo en el que ha oportunidades y eliminaciones, donde no pensamos en lo que no vemos, donde lo que vemos nos parece natural, el gran éxito de cualquier forma de manipulación.

El furor prohibitivo es el resultado de una necesidad de reajustar el orden que se escapa a unos y a otros. En unos lugares solo se vuelve aceptable la lectura del libro único, aquel que se considera que recoge los límites del mundo en que debemos vivir. De la Biblia al Corán y ahora también el Libro del Mormón, todo se convierte en lucha inacabable e insaciable por el control de lo que lees y no lees.

En otros espacios, las prohibiciones se extienden porque nos muestran formas de vida que a alguien le resultan inaceptables y los consideran como puertas de entrada al desorden.

Que las dictaduras se comporten como dictaduras no debe sorprender, pero que las democracias incurran en estos ejercicios de intransigencia de prohibiciones de diverso tipo, de luchas entre varios tipos prohibiciones, etc. es triste por lo que representa, la destrucción de la convivencia y la desaparición de la tolerancia, el deseo de adoctrinamiento como forma de evitar futuras disidencias.

Maestros y bibliotecarios son vistos como peligrosos agentes contaminantes de las mentes de los niños. Su lecturas propuestas son vistas con lupa dentro de la lucha por evitar que entre en sus mentes cualquier idea peligrosa que marque las decisiones de sus vidas.

El furor de la prohibición muestra diversas tendencias en la intransigencia y una misma voluntad, convertir las escuelas en espacios de adoctrinamiento por exceso o por defecto de lecturas. La libertad de las personas es demasiado peligrosa para los que consideran que deben salir como piezas de fabricación en serie.

El repertorio de prohibiciones se sigue ampliando con diversos fines. La lista de libros prohibidos sigue aumentando y con ello las posibilidades de formación de las personas, de las que se alejan "tentaciones" y "malas influencias".

 

* Oliver Milman "Utah school district that banned Bible considers removing Book of Mormon" The Guardian 3/06/2023 https://www.theguardian.com/books/2023/jun/03/utah-school-district-book-of-morman-ban

 

jueves, 11 de noviembre de 2021

En el Día de las Librerías

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hoy se celebra el Día de las Librerías, el punto final de salida del libro, todo un proceso que va de la idea que alguien tiene a las manos de unos lectores que lo reciben. En medio, todo un complejo mundo que se fue fraguando en su forma final para dar lugar a la llamada "sociedad lectora".

Tratar el libro como otro producto más dentro de un sistema de mercado es uno de los grandes errores que cometen muchos que no entienden el papel vertebrador que el conocimiento tiene en una sociedad. Los objetos, espacios y prácticas lectores forman un sistema en su conjunto que es el que toma forma específica en cada sociedad según los niveles de circulación y absorción de los conocimientos.

Hoy el libro "compite" con muchas otras formas portadoras de información que es en realidad su función. La circulación nos permite compartir; el libro es una forma de empaquetar esa información. Pero no es una manera neutral; los dispositivos estructuran nuestras mentes porque permiten diferentes formas de organización y acceso. Un libro y ebook pueden contener la misma información —el mismo texto— pero permiten distintas prácticas lectoras. No es lo mismo llevar un libro en la mochila, que llevar 10.000 libros en un ebook, cargado de enciclopedias, diccionarios, conexiones wifi, sistemas de traducción online, edición de notas, etc.


El libro tiene su propia historia de cambios y de formas de circular, de transmitirse incluso generacionalmente. Los libros, al ser valiosos, se consignaban en los informes notariales en los casos de fallecimiento. Los libros eran pocos y se transmitían como un tesoro de generación en generación. Su introducción social fue un gran hito porque la población (hablamos de Occidente) comenzó a ser alfabetizada hace poco más de dos siglos en los países más ricos. Aprender a leer era un requisito esencial, aunque la lectura en grupo era una práctica bastante habitual en las familias en las que los libros se introducían.

Las librerías también tienen sus fechas de aparición ya que muchos libros se compraban a través de las propias imprentas o de los vendedores ambulantes que iban por las poblaciones con su carga libresca. Las bibliotecas públicas son también un invento reciente, pues eran las privadas las que existían. Los que acumulaban muchos libros, solían ser los nobles y estas bibliotecas eran privadas.


La fatiga de todo tipo de pantallas ha contribuido al regreso del libro o, si se prefiere, al libro. Acostumbrado a plantear todo en términos de mercado, nos falta un sentido cultural del libro. No me refiero a los contenidos, sino como señalamos a la relación multidimensional que el libro establece como forma de vertebración cultural.

Se habla muchas veces de "muerte", ya sea del libro, de las librerías, de las editoriales, etc. Pocas veces se hace, en cambio, de los lectores, que son en realidad quienes mantienen vivos los diferentes negocios que giran alrededor del mundo del libro con su actividad lectora. Leer no es comprar, es otra cosa. Si pensamos que la gente "debe leer" para mantener vivas las industrias que lo producen, comercializan, etc. tenemos una visión muy pobre de lo que debe ser la cultura y especialmente esta como un legado, como parte de una formación de la persona conectándola con el mundo actual y con el pasado valioso. Fue lo que el libro posibilitó al ampliar las perspectivas más limitadas del mundo oral. Era un dispositivo que gracias a la tecnología de la imprenta podía extender el conocimiento a mayor velocidad y a más gente. El libro y sus impulsos ha tenido que ver con los grandes cambios en la ciencia, en la política o simplemente alfabetizando el mundo permitiendo salir de mundos pequeños a través del conocimiento y la imaginación. Ya solo por activar esas dos dimensiones, el libro permitía esa soledad creativa de la lectura frente a la participación grupal de lo oral.


Sí, el libro es algo más que una industria o un hábito. La crisis del libro es, por ello, una crisis diferente a otras. Las bibliotecas y las librerías son los muestrarios de la diversidad cultural, de aquello a lo que se puede acceder. La creación de grandes empresas editoras ha supuesto una enorme presión sobre las librerías, condicionando muchas veces sus fondos y anulando los "libros antiguos" en favor de "lo último". Esta percepción de la caducidad de los libros es uno de los grandes errores cometidos por la versión industrial de producción. El libro es, desde su origen, una forma de preservación de los contenidos. Las librerías de fondo aseguraban la presencia de libros a la espera de ese encuentro con sus lectores. Es muy diferente poder pasar una tarde en una librería revisando sus estantes a la busca de libros que ir a una librería donde se va directamente a por el libro promocionado del momento y donde vamos a encontrar el mismo libro llenando estantes, el libro de moda.

La librería se ha readaptado para poder recuperar esa diversidad y lo ha hecho aprovechando la tecnología, básicamente ofrecer sus "estantes virtuales" para compensar la reducción de sus espacios. Se ha transformado en un espacio de actividades alrededor del libro y la lectura. Con esto se refuerza el sentido de comunidad de los lectores, que tienen la oportunidad de encontrarse en actividades como presentaciones, debates o clubes de lectura. La librería debe recobrar su sentido amplio y abandonar esa función de mera terminal de venta del libro del momento. Pero la presión de las grandes editoriales mucha.


La aparición de pequeñas editoriales, creativas, que dan salida a otro tipo de obras, más allá del libro diseñado para venta masiva y a ser olvidado hasta la salida del próximo best-seller, contribuyen a que la librería sea un lugar atractivo, interesante, donde encontrarse con lo inesperado que nos atraiga y no el lugar previsible donde vamos a encontrar lo mismo que en otras. Esta situación clónica de las librerías, de ofrecer todas lo mismo, es la que ha llevado a muchas a la especialización como forma diferencial.

La pandemia ha afectado a muchos sectores, pero parece que ha favorecido al libro y las librerías al crear ese escenario imaginativo y solitario que requiere la lectura.


En RTVE.es se nos habla del repunte de las librerías con la pandemia: 

En 2020, las librerías prácticamente enjugaron tres meses de cierre con la subida de ventas de los meses posteriores. Los hábitos de lectura han crecido durante la pandemia y las librerías, principal punto de venta de los libros, han aumentado su volumen de ventas. Frente a la mayor dificultad de otras industrias culturales, la fortaleza del libro físico también sale indemne de una las coyunturas más difíciles del siglo y las librerías celebran su día el 11 de noviembre con una jornada de descuentos y actividades que celebra el papel cultural del papel.

“En 2021 ha seguido un crecimiento importantísimo en la venta las librerías. Tenemos una relación muy positiva, estamos en números muy buenos”, resume Álvaro Manso, portavoz de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (Cegal). Las cifras, que Cegal puede monitorizar prácticamente en tiempo real a través de su herramienta de big data Librired, indican que el crecimiento durante lo que va de 2021 es del 13%. Y, con la campaña de Navidad a las puertas, la previsión es que el año finalice con una subida del 15%.

 


Son buenas noticias, pero hay que tener en cuenta que obedecen a motivos circunstanciales. ¿Seguirá así cuando cambie la situación? Se sigue hablando, desde una óptica conductista, de "hábitos de lectura", un término que nunca me ha gustado porque creo que mecanicista y rutinario. Creo que es más apropiado hablar de ilusión por la lectura, que es el sentido de que existe un mundo por descubrir más allá de lo que se nos mete por los ojos cada día, que existe una formación estética, una curiosidad intelectual, término que no se usa apenas pero que nos remite a lo básico, la lectura como una forma de sentir el placer del intelecto, la belleza de palabras e ideas, las revelaciones tras las puertas que nos abren.

Lo he repetido en muchos lugares, en muchas páginas: educamos cada vez peor. La pérdida del interés es creciente y por cada lector que se gana se pierden cien. Hace unos días, entró una alumna en clase. Llevaba un libro. Era "Así habló Zaratustra". Le pregunté en qué asignatura le pedían leerlo. Me contestó que lo leía porque le apetecía. Me alegró el día.

La enseñanza es el espacio del que se debe salir con esa curiosidad intelectual, con una "voluntad de saber" y una "voluntad de placer lector", por usar términos de Nietzsche. Necesitamos lectores activos, no zombis lectores. Pero no es fácil entender esto entre tanta visión comercial o de un sistema educativo cada vez más rutinario, egocentrista y con menos visión social cultural.

¿Cuántas páginas dedicamos al ocio nocturno y cuántas a ese ocio necesario del placer de alimentar la imaginación y el intelecto? Esto lo dice todo.

 


* Esteban Ramón "La segunda vida de las librerías tras la pandemia" RTVE.es 11/11/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211111/dia-librerias-2021/2221381.shtml

miércoles, 21 de noviembre de 2018

La butaca o el lector existencial

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Lo confieso. El artículo de Cristian Segura en El País, me ha emocionado desde su título casi existencialista "El niño lector que siempre está ahí". Esa perspectiva del niño lector como una especie de dasein heideggeriano me ha cautivado como texto y como realidad.
Como texto, se ve liberado de la tensión de las noticias que sacuden al mundo y puede discurrir por los tranquilos meandros del estilo, por usar una expresión flaubertiana; como realidad, conmueve por estar precisamente alejada de todo lo que supone la novedad. "El niño lector que siempre está ahí" convierte en noticia lo que no es novedad, creando una paradoja que no es tal, dado el signo de los tiempos. Convertir en noticias (texto) lo que no es noticia (en la realidad) es precisamente lo que distingue a la Literatura del Periodismo, que se convierte en arte cuando sobrevive a su circunstancia. Y es ahí donde el hecho se transforma en fábula, en lectura ejemplar elevando el caso a una dimensión de significación universal.
Nos cuenta el singular caso Cristian Segura con toques de realismo mágico:

Una tarde de agosto de 2017, aburrido de no hacer nada, Hao Yu entró en la librería +Bernat de Barcelona, se sentó en la que ahora dice que es su butaca, y empezó a leer. Un año y tres meses después, Hao Yu, de 12 años, sigue ocupando cada día su butaca para leer y leer: lo hace durante el parón del almuerzo en el colegio —de 13.30 a 14.30—y por la tarde —de 18.00 a 20.00—. En el barrio le conocen como El Chino de la +Bernat. Lo primero no es correcto, porque Hao Yu nació en Barcelona en 2006; lo segundo, sí: Montse Serrano, la librera, se ha convertido en una suerte de segunda madre.
"Yo no lo entiendo, no sé de dónde le sale. En casa no hemos leído mucho", dice Lili, la madre de Hao Yu, mientras recoge la terraza del bar que regenta con su marido en la calle de Buenos Aires, frente a la librería. El bar Bocinet es un local de quintos de cerveza, menú de mediodía y de tragaperras. Lo gestiona la familia Hao desde hace cuatro años, de los 20 que llevan en España. El verano de 2017, Hao Yu estaba harto de no hacer nada en el bar mientras sus padres faenaban y cuidaban de él y de su hermano pequeño. Hao Yu se fugó a +Bernat. Y entonces empezó a leer. "Es muy movido, en el colegio da problemas. Pero cuando lee, está tranquilo. De verdad, no lo entiendo", insiste Lili.*


Un texto polifónico en el que se entretejen las voces del barrio, la familia, la librera y un silencio, el del imperturbable Hao Yu concentrado en su lectura. Y es precisamente en ese silencio absorto en el que se nos revela el lector empedernido.
El texto, como decíamos, tiene algo de realismo mágico, de historia extraordinaria contada con los mimbres de lo cotidiano. Gracias a la forma de expresarlo, el simple hecho de un niño leyendo deja de ser simple y se convierte en un hecho extraordinario, casi heroico, en una gesta contracorriente.
Y ese es su secreto textual, llevarnos a lo mítico por la vía de lo que ha dejado ser cotidiano. El asombro generado por el niño, merecedor de un título incorrecto, "El Chino de la +Bernat", es precisamente el que nos muestra el vacío lector que le rodea.
En efecto, el niño lector que siempre está ahí se nos ofrece a la mirada del barrio como una especie de prodigio, como si fuera un telekinésico que pasara las páginas con el poder de la mente y viéramos volar el volumen terminado camino de su estante. Sin embargo, Hao Yu simplemente lee. Lee sin parar, lee para asombro de los que no leen o leen poco, de los que deslizan nerviosamente sus dedos sobre la superficie grasienta de sus teléfonos modestamente inteligentes, de los seguidores de realities con personajes triviales pero con ínfulas, etc. Hao Yu no dobla cucharas o hace equilibrios con lapiceros en la punta de la nariz. Solo lee, pasa páginas y está ahí.
Nos dice Segura en el artículo:

Hao Yu no es un niño muy sociable. Para ser entrevistado por EL PAÍS, aceptó a cambio lo que él considera un soborno de Montse Serrano: el último libro de Brandon Sanderson, otro autor de best sellers de ciencia ficción. Serrano tiene fotos de él devorando La transparencia del tiempo, de Leonardo Padura o partiéndose de risa con La extraordinaria familia Telemacus, de Daryl Gregory. También se han fotografiado con él escritores como Enrique Vila-Matas —un habitual de la librería—, Antonio Muñoz Molina o Ignacio Martínez de Pisón.
A Hao Yu parece que le traen sin cuidado quiénes son, él solo quiere que le dejen tranquilo leyendo en su butaca. Se queda absorto en un nivel de concentración admirable pese al trasiego a su alrededor. En dos ocasiones ha detectado erratas en libros y se las ha hecho llegar a la editorial. "A mí me gusta que esté aquí, y su madre me pide que le ayude", comenta Serrano: "Él nos echa una mano en días como Sant Jordi, o cuando hay que vender números de la cesta de Navidad. A veces atiende a clientes; aprendió él solo a utilizar la caja registradora. Pero eso es si quiere, porque es muy suyo. Pero ya es parte de nuestra vida, incluso los comerciales lo adoran, le traen ejemplares de regalo".*

Vida prodigiosa. Hao Yu adora los libros e ignora a los escritores, personas mucho menos interesantes que sus obras. Cuando un autor es más interesante que sus obras, malo. La imagen de los autores fotografiándose con un lector invierte nuestro sentido de la realidad. Pero tiene su lógica: autores hay muchos; lectores como Hao Yu, muy pocos. Es casi un prodigio, algo que fuera del barrio se recibe con escepticismo. Esperemos que el artículo en el diario no genere caravanas para fotografiarse con el lector, perturbando la única acción que le define. Allí donde el autor busca la fama; el lector, por el contrario, ansía la tranquilidad de la lectura, la paz del silencio que le permita perderse tras las palabras. ¡Respetad la paz de Hao Yu!



La historia del "niño lector que siempre estaba allí" ha coincido con dos momentos, actuando a modo de guinda o remate. Uno es la lectura de un maravilloso libro de escritos sueltos, artículos pequeñas conferencias, reflexiones, etc. de la escritora de ciencia-ficción o escritora a secas, Ursula K. Le Guin, titulado "Contar es escuchar" (2018), en el que se nos desvela no solo como autora sino mostrando la otra cara de la moneda, como lectora.
En el breve texto titulado "Mis bibliotecas", escrito en 1997 con motivo de la reforma de una biblioteca en Portland, Le Guin va haciendo un repaso su vida según los momentos pasados en diferentes bibliotecas públicas. Otros cuentan la vida en otras unidades de medida, pero Le Guin lo hace en bibliotecas, espacios en los que pudo perderse en la lectura. Uno se puede perder físicamente, pero la pérdida de la lectura es como la del sueño (con el que mantiene conexiones interesantes): nuestro cuerpo se queda pero nuestros pensamientos están lejos, imaginativamente hablando. Hao Yu está allí sentado, siempre; pero su mente está por otros lugares, viajando, viviendo aventuras en planetas o islas remotas. Los estímulos ya no le llegan del exterior, que ignora, sino de esa estimulación imaginativa que producen las palabras adecuadas en su orden correcto. Podemos verle reír, llorar o estarse quieto. Su mente está lejos o, si se prefiere, en una capa interior más profunda estimulada por las palabras. Milagro del lenguaje, milagro de la imaginación.


Al final del escrito, Le Guin nos valora esa perspectiva de las bibliotecas en su vida:

Les hablaré de mi definición personal de la libertad. La libertad es el acceso a los estantes de la biblioteca Widener.   
Recuerdo que la primera vez que salí de aquellos estantes interminables e increíbles apenas podía caminar bajo el peso de unos veinticinco libros. Pero iba volando. Volví la vista y miré las anchas escaleras del edificio y pensé: Es el cielo. Eso es el cielo para mí. Todas las palabras del mundo, y todas esperando a que las lea. ¡Libre al fin, señor, libre al fin!   
No crean que cito esas nobles palabras a la ligera. No es mi intención. El saber nos hace libres, el arte nos hace libres. Una gran biblioteca es la libertad.
(U.K. Le Guin "Mis bibliotecas", en Contar es escuchar)**


La libertad de la lectura es la que hace que estemos sentados, como Hao Yu, pero podamos estar a la vez en cualquier otra parte, en un mundo más gratificante, más interesante, en este caso, que el bar familiar en el que escuchar las historias de un mundo aburrido lleno de gente aburrida.
Sí, tiene razón Le Guin, ¡todas las palabras del mundo esperando para ser leídas! El problema es que esas palabras se suelen quedar con las ganas antes la desaparición de los lectores o, si se prefiere, de las ganas de leer o, todavía más, ante la desaparición de la aventura lectora, de la exploración frente a la prescripción de los libros a la carta.
El mundo se ha llenado de falsas aventuras, de visitas guiadas a los sitios más insospechados, incluidos los espacios mentales que han sido totalmente invadidos colonizando nuestras mentes y convirtiéndolas en parques temáticos de riesgos controlados. La aventura de recorrer estantes y encontrar un libro que te estaba esperando, solo a ti, en ese momento tan especial de tu vida, ha desparecido frente al cerco de la persecución comercial, del libro recomendado sin fe, solo como mercadotecnia.

Hay una gran verdad en esa idea de la libertad construida desde las palabras, desde las lecturas recibidas. Con el tiempo, la seducción de la lectura se convierte en diálogo, en construcción conjunta. Ya no somos simplemente arrastrados en la lectura como por un agujero negro del que no se sale; nos movemos con más libertad en la lectura. Es la diferencia entre los lectores que matan el tiempo leyendo y los que lo viven plenamente como experiencia vital y construcción de esa libertad que nos hace más robustos frente al mundo. Es el efecto de los buenos libros, porque leer leer es leer buenos libros, que son los que te hacen crecer y te impulsan a nuevas metas en un mundo inagotable. El buen lector sabe discriminar, señal de que ha crecido como lector, que tiene criterio y gusto. Nada repugna más a los buenos lectores que leer por leer, que leer cualquier cosa. Cuando has conocido buenos libros, las malas lecturas, como se suele decir, se te caen de las manos.
El segundo momento de coincidencia feliz, junto a la lectura de la obra de Ursula K. Le Guin, en la que todavía sigo enfrascado (bonita expresión para la lectura) es la coincidencia en la explicación de un texto en clase, en donde desgranamos el texto de Nietzsche "Sobre verdad y mentira en sentido extramoral", un texto precisamente sobre el poder del lenguaje y las ficciones y sobre la creatividad humana, sobre el milagro estético de la apropiación simbólica del mundo a través del acto de poner nombre a lo que nos rodea, de poder empaquetar la experiencia vital en palabras, darle forma. 

Las ficciones son solo uno de los tipos de ficciones que reconocemos como tales. Vivimos, como estableció Baudelaire, frente a un bosque de símbolos (L'homme y passe à travers des forêts de symboles / Qui l'observent avec des regards familiers). Ya no es la naturaleza de la que huimos o fuimos expulsados, sino el bosque de la cultura, la semiosfera lotmaniana, en la que somos arrojados ahí, condenados felizmente a la aventura de la interpretación. Vivimos en un bosque de ficciones, la cultura. Vivimos leyendo, libros y todo tipo de signos que modelan y son modelados por nuestra cultura, una gigantesca biblioteca, un universo simbólico.
Hao Yu vive feliz en su parte del bosque, con sus ficciones encuadernadas para mejor manejo de los símbolos. No vive aislado, perdido, como algunos le pueden creer. Vive múltiples vidas, las que los textos le trasladan como mirillas abiertas en los cráneos de otros a través de las que ver el mundo.
Acusan a la librera, Montse Serrano, dice el artículo, de tener a Hao Yu "muy mimado". Pero si una librera no mima a su mejor lector, ¿quién lo hará? En otros espacios le habría dicho que si no paga no lee, pero hoy las librerías dignas de ese nombre saben que tienen mucho de casa de acogida ante el mal trato del mundo.
Respetemos la paz de Hao Yu, su tiempo de lectura, su estar ahí, siempre. Habrá un día en que no esté, que tampoco esté su butaca en la que deja el cartelito de ocupado cuando se va para cuando regrese. Y que tampoco estén los libros ni la librería, convertida en local de comida rápida para gente que no quiere perder su tiempo. Para Hao Yu, el tiempo es otra cosa y por eso vuela a su butaca en cuanto que sus obligaciones infantiles se lo permiten. Dicen que está muy tranquilo mientras lee, pero que en el resto de su otra vida es muy inquieto. Quizá porque está deseando regresar a su butaca y seguir leyendo. Le quedan mucho camino por recorrer, muchas obras que visitar sin moverse de si butaca.
Los escritores seguirán fotografiándose con él, que les ignora. No valora la fama, sino la experiencia que sus obras le producen. Saben de su rareza, pero quizá los raros somos nosotros en nuestras vidas planas, llenas de ajetreo, sin butacas que nos contengan.
  

* Cristian Segura "El niño lector que siempre está ahí" El País 20/11/2018 https://elpais.com/ccaa/2018/11/19/catalunya/1542663077_499169.html
** Ursula K. Le Guin (2018) Contar es escuchar (The wave in the mind 2004). Ed. Círculo de Tiza. Trad. Martín Sciffino.