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jueves, 29 de enero de 2026

Juego de silencios

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ya hay voces que se levantan contra el olvido mediático del genocidio en Gaza. Existe lo visible y un conflicto es tapado por otro. Esto es mucho más patente si tienes el control mundial de la información y puedes regular los flujos y con ello los titulares. A esto se añade el mimetismo de los medios, que se imitan unos a otros en sus gradaciones del interés. Más allá de lo local, el mundo suena como una gran orquesta mediática bajo una misma e invisible batuta.

El espacio mediático es limitado y jerárquico. No todas las noticias caben y no todas pueden estar en la cabecera. Esto no tiene que ver estrictamente con la "importancia" de la noticia en sí, pues esto es un valor que se estima y determina por los propios medios. Lo que no llega o se relega adquiere menos notoriedad y por ello deja de estar bajo el foco. El mayor descubrimiento de la Ciencia o el acto más cruel y sanguinario solo logran este estatus mediante el tratamiento mediático. No se puede sentir alegría, dolor o indignación por lo que se desconoce y lo que conocemos o ignoramos depende de la exposición en los medios.

Sencillo, pero terrible por lo que implica o supone. Una noticia puede tapar otra desplazándola; unos grandes titulares silencian a muchos otros que no reciben la atención. A Trump le basta con anunciar un nuevo conflicto para que pueda actuar con silencio en otro, con menos protestas. A Putin le basta con que la atención mundial esté en Groenlandia para que se reduzcan sus titulares sobre Ucrania. A Netanyahu le vienen bien los conflictos de Groenlandia y Ucrania y Venezuela y México... silencien la labor de su ejército y los colonos haciéndose con los territorios de los palestinos.

Si a esto le sumamos los más o menos sofisticados medios de censura total o parcial relegando en las redes noticias que nos les gustan, tenemos un juego de silencios que trata de ser roto por los afectados o por los que tratan de ayudarlos tratando de evitar el olvido. Mientras unos buscan hacer ruido, a otro se les condena al silencio mediante la invisibilidad mediática.

En RTVE.es se nos habla de un intento de que no olvidemos lo que ha pasado y sigue pasando en Gaza, un genocidio y una ocupación y desalojo brutal de territorio:

58 guionistas, dibujantes e ilustradores se han unido en un cómic solidario para ayudar a los gazatíes que siguen intentando sobrevivir en Gaza, donde las condiciones de vida continúan siendo inhumanas. Un proyecto que se titula Paz. Antología solidaria por Gaza, con el que podéis colaborar mediante un crowdfunding en la plataforma Verkami, y cuyos beneficios irán destinados a Médicos Sin Fronteras y UNRWA. Hemos hablado con el organizador de esta iniciativa, el guionista David Braña, que, hace unos años, ya creó un cómic similar para ayudar a los Ucranianos.

"El proyecto nace de la necesidad -nos comenta David-. La más obvia, la de que los gazatíes, el pueblo palestino en general, reciban todo el apoyo y toda la ayuda posible; y también la necesidad de hacer algo, en la medida de nuestras posibilidades, para intentar que no se olvide el genocidio y la situación que se sigue viviendo en la franja, aunque ahora ya no cope los informativos y no sea noticia de primera línea. La necesidad de ser humanos y convertir las palabras en hechos. Esos son nuestros objetivos: recaudar todo el dinero posible para poder donar la mayor cantidad posible a las oenegés y hacer algo de "ruido" después del silencio que ha cosechado un plan de paz comandado por Trump, que es un verdadero despropósito".*


Ese "algo de ruido" es el que se debe producir para alcanzar la visibilidad y con ella actuar sobre la conciencia de las audiencias, mantenerlas atentas a lo que ocurre porque puede ser esencial en muchos casos para la supervivencia, en este caso, de los gazatíes.

Abrir focos de interés por algo o, la vertiente negativa, llevar a primer término una causa para tapar otras se está convirtiendo en la base de la comunicación en un mundo en el que hechos y causas compiten globalmente. Las grandes cuestiones compiten, además, con el uso de la trivialidad más obscena y absoluta. Miles de muertos compiten con la alfombra roja de turno; el hambre con los banquetes de gala, la desnudez con los desfiles de moda. Los partidos se acusan unos a otros de "provocar" polémicas para tapar sus propias maldades. El control de la información permite estirar los temas hasta la muerte de la atención, que hay que recuperar como sea.

Ya sea para tapar o para mantenerse en el candelero, se distorsiona la idea de que es la ciudadanía la que necesita estar informada. La necesidad ciudadana se sustituye por la otra necesidad, la de los que son capaces de formar o deformar la agenda propia o la de otros. Ya no se informa para que nos enteremos de lo que necesitamos saber, sino que se nos informa de lo que otros necesitan que sepamos. Se rompen las jerarquías reales y se imponen otras parciales.

Hay intentos de romper estas dinámicas, pero tienen que usar las mismas técnicas de atracción, que se han convertido en leyes comunicativas.

Con todo, la noticia que trata de llevar a las conciencias de lectores y espectadores el genocidio de Gaza, la situación de su población, entre el hambre y las enfermedades, se olvidará pronto, perdida entre las notas de la cacofónica orquesta de la comunicación. Ha sido un momento, unas notas solistas, valiosas en lo que representan, que necesitarán buscar nuevas formas de llegar a esas volubles audiencias.

En otro medio, se nos informa de la chaqueta que ha usado la reina Letizia: "El poderoso mensaje de la reina Letizia tras su chaqueta más especial: hecha por mujeres supervivientes de trata"** Lo que antes era un cómic es aquí una chaqueta, algo que llamará la atención sobre un problema y unas mujeres afectadas y supervivientes de la trata.

Se necesita algo que llame la atención para hacernos conscientes de los problemas reales. Son dos causas y dos formas de hacer que veamos una situación. Son unos segundos restados a la devoradora presión circundante, que busca que nos centremos en otras cosas o que dejemos de fijarnos en ellas, según el día y los intereses. Hablar y ser escuchados o silenciar a otros es el juego. 

 

* Jesús Jiménez "'Paz': un cómic solidario para ayudar a los gazatíes que siguen luchando por sobrevivir" RTVE.es 28/01/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260128/paz-comic-solidario-para-ayudar-a-gazaties-siguen-luchando-por-sobrevivir/16911775.shtml

** Rut Garrido "El poderoso mensaje de la reina Letizia tras su chaqueta más especial: hecha por mujeres supervivientes de trata" 20minutos 28/01/2026 https://www.20minutos.es/mujer/moda/poderoso-mensaje-reina-letizia-tras-su-chaqueta-mas-especial-hecha-por-mujeres-supervivientes-trata_6926933_0.html

domingo, 6 de abril de 2025

Hablemos de Gaza

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Tiene razón José Borrell, Trump se lleva los titulares y con ellos la atención dejando otras zonas de interés, como lo que ocurre en Gaza, en segundo plano. Esto tiene varias lecturas. La primera es la del foco, pero la segunda nos lleva al aprovechamiento del protagonismo de Trump para hacer distintos tipos de tropelías con la seguridad de que la atención será menor, por lo que se pasa deprisa sobre los acontecimientos.

Cuando Trump se lleva la atención, por decirlo claramente, otros aprovechan su protagonismo para seguir con sus planes. Esto lo podemos ver en los dos conflictos bélicos abiertos, el uno en Gaza y el otro en Ucrania, que quedan relegados en los medios y con ello en la atención pública. Curiosamente —quizá no tanto— la participación de Estados Unidos en ambos conflictos es importante, aunque con estrategias muy distintas. Del apoyo directo a Benjamín Netanyahu al chantaje a Ucrania favoreciendo a la Rusia de Putin, las malas artes de Trump están presentes. Es algo más que el deseo de protagonismo, conforman una estrategia clara, con unas víctimas claras y unos agresores claros. De todo ello sacan provecho los Estados Unidos de Trump y, por supuesto, sus verdaderos aliados, del Israel de Netanyahu a la Rusia de Putin.

En Estados Unidos y en Israel están comenzando ya movilizaciones contra sus gobiernos. Los israelíes se han dado cuenta de la hipocresía de un gobierno que usa los secuestrados por Hamás y salen a la calle. En Estados Unidos comienzan las primeras manifestaciones contra Trump y sus maniobras. Como señalan los analistas, a Trump solo lo pueden parar los norteamericanos. Sin embargo el recuerdo del asalto armado al Capitolio estará presente en la mente de muchos y más cuando le escuchan hablar de un escalofriante tercer mandato. ¿Quedará algo de los Estados Unidos que conocemos para entonces? ¿Quedará algo del mundo tal como lo conocemos para entonces?

Hagamos caso a Borrell y fijémonos en Gaza, en las noticias que nos llega de allí y que son sustraídas de la atención por los golpes de efecto de Trump.

Lo que nos llega es la demostración de cómo funcionan los socios predilectos de Trump. Esta es la noticia:

Este jueves ha salido a la luz un vídeo del momento del ataque israelí contra un convoy de paramédicos, producido hace dos semanas en la Franja de Gaza. Las imágenes cuestionan la versión de Israel, que aseguró que atacaron a terroristas en vehículos que se acercaron sospechosamente sin identificarse y a oscuras.

En el vídeo grabado desde el interior de un vehículo, aparece un convoy de ambulancias, un camión de bomberos y un todoterreno con las luces encendidas e identificados como vehículos de la Media Luna Roja y la UNRWA. Avanzaban hasta detenerse al borde de la carretera. Dos hombres con trajes reflectantes se bajan del camión y la imagen se va a negro, pero no hace falta ver para saber lo que está ocurriendo.

Sin saberlo, Rifat Radwan, paramédico de la Media Luna Roja, grabó con su móvil los últimos instantes de su vida. Se le escucha despedirse de los suyos. Su teléfono fue encontrado en una zanja, junto a su cuerpo y el de otros 14 compañeros. Fueron asesinados el 23 de marzo. Tras ser cubiertos con telas y tierra, tardaron una semana en encontrarlos.

De este modo, las imágenes publicadas por The New York Times y la organización humanitaria desmontan la versión del Ejército israelí.*


Un descuido —no deshacerse del móvil de uno de los asesinados— desmonta la política de falseamiento de los hechos mantenida por el gobierno de Netanyahu, que por mucho que asegure que va a investigar los hechos sabemos que es precisamente la garantía de que no lo hará lo que le permite unas políticas deliberadas de genocidio, que van del hambre a destruir hospitales y asesinar a médicos y paramédicos. Esto no es un caso aislado sino un patrón sostenido para eliminar personas y destruir infraestructuras, actos para evitar que siga llegando ayuda para socorrer a los cientos de miles de desplazados a los que se destruye diciendo que albergan terroristas entre ellos.

Para ver la respuesta USA a esto nos vale recordar la deportación de los Estados Unidos de un joven palestino que participó en manifestaciones contra las acciones de Israel. De esta forma, además de la ayuda bélica e informativa, los Estados Unidos de Trump silencian la repulsa ante los hechos bárbaros y genocidas. Igualmente, las amenazas de recortes presupuestarios a las universidades norteamericanas en las que se han producido protestas contra Israel, definidas como "antisemitismo" han hecho que sus autoridades censuren el derecho de manifestación.

El uso del concepto de "antisemitismo" es una de las más burdas maniobras de encubrimiento realizadas hasta el momento. El antisemitismo va contra los judíos por el hecho de serlo, hagan lo que hagan. Las protestas o sanciones no es por ser "judíos", sino por hacerlo que hacen, por su forma genocida de actuar bajo los órdenes de Benjamín Netanyahu. Los judíos que protestan contra Netanyahu no son "anti semitas", como es obvio. Por eso es importante dar voz en los medios a estas protestas, llevar el foco hacia ellas porque son precisamente las que quitan sentido a la estrategia de Netanyahu y de Trump de silenciarlas.

A las brutalidades cometidas se añaden las barreras de silencio, las creadas para impedir el conocimiento de los hechos, las mentiras, la desinformación y los bulos manejados para alejarnos de la realidad.

Sí, hagamos caso a Borrell y hablemos de Gaza. No significa "no hablar de Trump", sino mostrar las conexiones y sus consecuencias. Que no se escondan tras el silencio.

BBC

 * "Un vídeo desmiente la versión de Israel sobre un ataque mortal contra un convoy de paramédicos" RTVE.es 5/04/2025   https://www.rtve.es/noticias/20250405/video-desmiente-version-israel-sobre-ataque-mortal-contra-convoy-paramedicos/16522871.shtml

martes, 4 de marzo de 2025

Política no o los Oscar del silencio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La Sexta comentaba ayer el silencio en los Oscar, Lo que muchas veces es un espacio de reivindicación de causas y críticas había mostrado un extraño silencio en unos tiempos especialmente revueltos. Lo que se esperaba movidito quedó en nada.

Las explicaciones dadas a este silencio, según explicaban en la cadena televisiva se debería a una serie de advertencias a los profesionales mediante el envío de cartas, la selección de presentadores de bajo perfil político (hablaban directamente de "apolíticos") y otros tipos de formas de asegurarse una gala sin incidentes ni sorpresas. Temían, nos decían, que de hacer lo contrario, podían tener respuestas negativas no solo a la gala en sí, sino a las películas cuyos elencos se mostraran críticos.

Una nueva muestra de cómo están las libertades en el llamado "país de la libertad". Los memes sobre una avergonzada estatua de la libertad han proliferado.

Hace unos días hablábamos aquí de las reacciones en el Washington Post, donde Jeff Bezos y sus directivos habían ordenado también líneas "tranquilas" alejándose de la crítica presidencial. Gran parte de los periodistas y directivos había amenazado con irse.

Cada vez se va percibiendo más el clima de amenaza con el que los que apoyan a Trump. La Casa Blanca se está encargando de mantener un entorno mediático cada vez más cerrado y restrictivo.

Ayer escuche lo que aquí llevamos repitiendo tiempo: Trump se ha rodeado esta vez de "ejecutores" y no de asesores, como la primera vez que trataban de disuadirle de que realizara determinadas acciones que consideraban nefastas por lo que podía suponer. Los que ahora rodean a Trump son sumisos o fanáticos. De esta forma se asegura que puede hacer lo que quiere sin que nadie le frene.

Si a esto se le suma en silencio que va ganando en los medios que acaba controlando, las perspectivas para los Estados Unidos no son buenas, por más que muchos las acepten encantados y hablen de "patriotismo".

Sin freno y sin crítica, queda un Trump desatado, público de sí mismo, que puede acusar a Zelenski de "buscar la III Guerra Mundial" y quedarse tan ancho, cortando la ayuda militar en seco, como acaba de hacer, además de dar facilidades y bendiciones a  Putin. Puede hablar sin rubor de que la mejor garantía para Ucrania es que pase a ser una posesión económica norteamericana.

Sin nadie que le diga nada, sin nadie que le frene, el mundo reacciona incrédulo ante los nuevos Estados Unidos de Donald Trump, un mundo silenciado en el que solo resuena las estridencias presidenciales y de algunos de sus acólitos políticos, económicos y mediáticos.

¿Tendrán que recurrir muchos estadounidenses a informarse de lo que realmente pasa en su país, de las consecuencias de las acciones presidenciales, a través de la prensa extranjera, como ocurre siempre en las dictaduras? Pues ese empieza a ser el panorama.

Lo visto en Ucrania y en Gaza, las dos guerras abiertas que involucran a los Estados Unidos, muestran la arbitrariedad estando del lado del genocida en un caso y dejando abandonado al que no quiere ceder sus tierras o recursos ni a empresas ni a invasores.

El silencio que busca Trump es para que voz sea lo único, una visión interesada y unilateral que acabará desatando una reacción anti norteamericana ganada a pulso, día a día, con cada acción, cono cada insulto, con cada desprecio.

La silenciada ceremonia de los Oscar es solo un ejemplo de lo que Trump está haciendo en otros sectores, como los despidos en las administraciones, los recortes a los programas que pueden albergar gente contraria, etc. 

Ahora es cuando comienzan a ponerse a prueba las instituciones y las mentes críticas.

jueves, 31 de enero de 2019

El problema del silencio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El país publica hoy el artículo de titulado "La prensa sí puede frenar a los extremistas". De Eduardo Suárez se nos dice que "es periodista y fellow del Reuters Institute for the Study of Journalism de la Universidad de Oxford". Conoce pues tanto la práctica profesional como la investigación en los medios. El País ha colocado la siguiente entradilla al artículo, "El objetivo de quienes crean información falsa es hallar altavoces que propaguen sus mensajes. Los diarios deberían pensárselo dos veces antes de difundir en sus páginas opiniones estridentes y noticias falsas", lo que solo plantea una pequeña parte del problema y una solución simplista ante la complejidad del fenómeno de la intoxicación informativa que viven nuestra sociedades altamente tecnológicas e interconectadas.
La tesis central del artículo, sí tiene, en cambio, mayor calado y permite ir más allá de un silencio paradójico e imposible. Me refiero al dilema de hablar de las cosas o callarlas, de pensar incluso que la crítica es negativa porque supone una forma de atención. El problema lo hemos planteado aquí en muchas ocasiones tras el fenómeno de la llegada de Trump al poder y del efecto de convertirse en el centro de atención día tras día.
Se señala en el artículo:

Donald Trump no es el detonante sino el fruto de este fenómeno, que germinó durante décadas de la mano de locutores como Rush Limbaugh y canales como Fox News.
Es posible que la tecnología haya acelerado ese proceso durante la última década. Pero sería un error señalar a Twitter, YouTube o Facebook como los principales culpables del deterioro que desembocó en la elección de Trump.*


El primer párrafo pudiera parecer que sirve para descargar de responsabilidad al propio Trump. Aquí hemos señalado, en efecto, que Trump no es quien ha creado a su electorado, solo les ha dado la oportunidad de aglutinarse a su alrededor. Pero sucede lo mismo si trasladamos a Rush Limbaugh o la Fox. No es fácil pensar en términos de efectos y causas en muchos fenómenos sociales porque son de enorme complejidad, es decir, son un tejido de múltiples fenómenos e interacciones, como señalaba el sociólogo Edgar Morin. A diferencia de fenómenos que tienen una causa "fundante" y se establece una clara linealidad entre efectos y causas, no tiene mucho sentido intentar buscar un "punto". Desde el punto de las investigaciones, a todos nos gusta señalar orígenes claros. Sin embargo, esto es muchas veces un deseo más que una realidad porque por mucho que nos empeñemos nada surge de la nada ni en un laboratorio. No existe la generación espontánea en lo que a asuntos sociales se refiere.
El racismo norteamericano que Trump ha aprovechado no comenzó con la Fox ni con Trump. Lleva dividiendo a la sociedad norteamericana desde su fundación y esto ha sido aprovechado. Está en las mentes, servido en familias y muchas veces en escuelas y comunidades. Llegan personajes, como ha ocurrido con Trump, capaces de acoger esa forma de pensar y darle un objetivo. Aquí hemos señalado en ocasiones que puede considerarse la elección de Trump favorecida por el movimiento pendular tras la elección de Obama. ¿No había racismo antes de Obama? Por supuesto. Pero, ¿qué cambia en la sociedad norteamericana para pasar de tener un presidente negro a tener uno considerado racista, apoyado por los supremacistas? No creo que se formaran más racista, pero sí que el tener un objetivo en un presidente negro sirvió para reforzar los sentimientos existentes.
Trump no ganó en las urnas, en donde sacó tres millones de votos. Muchos analistas han señalado —y estoy de acuerdo— que quienes perdieron las lecciones fueron los demócratas, en cuyas filas ocurrió lo contrario que en las republicanas. En vez de tener un elemento como Trump, sumando gente con sus discursos xenófobos contra los latinos, racistas (sin duda así lo hizo en sus discursos de campaña, si bien de forma ambigua), contra China (culpable de frenar el desarrollo norteamericano y destruir los empleos) y parasitarios(los aliados, que se benefician del dinero y generosidad de los Estados Unidos), los demócratas estaban completamente divididos.
Lo que oponían a Trump era el rechazo al incumplimiento por parte de Obama hacer entrar en cintura a Wall Street, causante de la gran crisis financiera, uno de sus temas; la división del propio Bernie Sanders contra la candidata elegida, Hillary Clinton, una durísima campaña de primarias que hizo mucho daño en sus filas, absteniéndose muchos; y finalmente, la controvertida figura de la propia Clinton, que no gozaba de la totalidad de las simpatías republicanas porque se la consideraba parte de una "clase política", algo que Obama había eludido, y a los Clinton como demasiado comprometidos con el sistema económico.


En efecto, como señala Suárez, no hay que culpar a las redes sociales de estas cosas, aunque es indudable que son usadas para estos fines. Pero tampoco se debe, como se hace en el artículo, menospreciar el papel de las injerencias exteriores, en especial las rusas en el proceso (no solo de los Estados Unidos, ya que lo están haciendo por todas partes). Menos preciarlo es echar por tierra la investigación del fiscal Mueller, que puede acabar con Trump en un impeachment y ya ha enviado a la cárcel a toda una serie de personas próximas, asesores o miembros de su equipo.
Las soluciones demasiado simplistas está claro que no pueden funcionar es este mundo informativo abierto en el que nos encontramos. Eduardo Suárez escribe:

El objetivo de quienes contaminan a diario el debate público es encontrar altavoces que difundan sus mensajes. Este axioma debería definir nuestra conducta en las redes sociales. Criticar el tuit de un provocador ayuda a propagarlo. A menudo, ignorar a un extremista es mejor que responderle o mofarte de él. La responsabilidad de cada uno es directamente proporcional al tamaño de su audiencia. Un paso en falso puede convertir una cuenta con millones de seguidores en un megáfono al servicio de la ideología radical.
Esa actitud es aún más importante en el caso de los periodistas. Las redes sociales han democratizado el acceso a la esfera pública, pero los grandes medios siguen teniendo un peso enorme a la hora de definir los asuntos en los que los ciudadanos fijan su atención. Por eso, los diarios deberían pensárselo dos veces antes de difundir en sus páginas opiniones estridentes y bulos diseñados para manipular la opinión pública. Reproducirlos de forma acrítica es contraproducente. Desmentirlos si no han alcanzado al gran público no es una buena decisión. Esta contención es muy difícil cuando los periodistas se enfrentan a políticos que mienten o exageran por sistema.*

Las propuestas me parece poco factibles y, sobre todo, peligrosas. Entiendo que si el deseo de ellos es ser difundidos a través de las críticas, les resultara todavía más favorecedor difundirse sin obtener resistencia. El fenómeno es demasiado complejo como para callarse. Una cuestión es no reproducir noticias o artículos que provoquen la difusión de falsedades y otra abstenerse criticarlos. Te los encontrarás en el poder y entonces ya será demasiado tarde. Por supuesto que reproducirlos de forma acrítica es suicida, convertirse en apéndice comunicativo, es decir, en cómplices.


No comparto la idea de que el peso de los medios sea suficiente para frenar el avance. Los medios se ven precisamente reducidos en su eficacia. Y si su eficacia es callarse, estamos ante una paradoja mayor.
Suárez cita a Lakoff y escribe algo con lo que sí estamos de acuerdo:

Cuentan más los prejuicios identitarios, que Trump alimenta con metáforas, conceptos simplones y juegos de palabras que sus adversarios propagan encantados, añadiendo una nota de sarcasmo o una corrección factual.*

La cuestión es contradictoria con lo expresado antes, sobre el papel de los medios y sus efectos. Los prejuicios identitarios es a lo que nos referido anteriormente. No es una cuestión de las redes o de los programas de radio o televisión. Escuchan lo que quieren escuchar. Eso implica que el papel de los medios no es hablar a los que no se van a situar al otro lado porque no les interesa, sino reforzar las razones de los que no están de acuerdo. Es decir, dar argumentos para los que quieren tenerlos. Todos tenemos esos "prejuicios identitarios", pero no es lo mismo que sea un prejuicio racista a que sea uno solidario con el inmigrante, por ejemplo.
La función de la crítica no es tanto convencer a los seguidores de Trump, como reforzar a los que les que no están de acuerdo con él. Esto, evidentemente se puede hacer de muchas formas, de forma ramplona y demagógica (como hace el propio Trump con los demás o de forma inteligente y dotando de razones finas y causas reales. Esa es la diferencia.
Es la diferencia entre reproducir falsedades sobre el cambio climático o los datos reales de la inmigración o limitarse a dar mentiras y datos imaginados. La opción no puede ser el silencio. Eso es un error que se paga caro.


La única opción es el rearme en los principios y que estos no se basen en las falsedades. Decir que simplemente callándose será suficiente es suicida. Lo que hay que evitar es el fenómeno que está ocurriendo en muchos sitios y explica mejor el proceso que ha llevado a Trump a la Casa Blanca.
Me refiero al desencanto producido por la propia política, al desgaste social que los malos políticos producen con su demagogia, corrupción, falta de soluciones, luchas más allá de lo razonable, etc. Eso aleja a la gente que cree en la política como forma de convivencia. Ese alejamiento, en cambio, tiene un sentido totalmente distinto entre los que se radicalizan al hilo de todas estas cosas y llevan a las presidencias a personas, de Trump a Bolsonaro, que prometen soluciones drásticas, radicales, que se manifiestan como no pertenecientes a una clase política a la que denigran.
Por eso creo que han sido las deserciones demócratas allí donde se debía haber votado lo que dio la victoria a los republicanos en su momento. Un fenómeno parecido es el que hemos visto en las elecciones andaluzas. Pesa más el desencanto por un lado y la capitalización radical por otro que otras cuestiones. Es más fácil movilizar a la gente con demagogia que con razones o datos, obviamente. Por eso es necesario más que silencio mejor información y evitar transmitir "desencanto" por el sistema democrático.


Lo podremos ver (y desgraciadamente lo veremos) en las elecciones europeas. Son los euroescépticos los que han recogido el desencanto a través del ultra nacionalismo populista. Se aprovechan así del poco interés que los partidos mayoritarios han concedido a Europa durante décadas, más preocupados por el poder local.
Es una ironía que los que son más activos en Europa sean los que quieren destruir la Unión. Como son ellos mismos los que lo dicen, se ha convertido en su motivación central y la que transmite a sus seguidores. Mientras por un lado hay indiferencia, por el otro lo que hay es la motivación destructiva.
¿Callarse? Por supuesto que no. Hay que defender lo que se cree. Y hacerlo bien, so pena de que los demás aprovechen el hueco del desinterés para hacerse con el poder.
La historia no tiene marcha atrás y no se repite. Pero podemos aprender de los errores cometidos y el silencio suele ser uno de los más frecuentes. Si el problema no es el "ruido" y las redes sociales no son quienes tienen la culpa, entonces son los contenidos los que envenenan.
El problema del silencio es que deja el campo libre. En una época sin medios horizontales, podría tener sentido que los medios silenciaran a los ruidosos. Pero hoy callarse no garantiza que no se difundan, como es obvio, y sí, en cambio, dejan sin el refuerzo positivo de la crítica a los que han de dar finalmente la batalla, la sociedad. El papel de los medios no es el de elegir, sino el de criticar con fundamento, introducir un factor de racionalidad crítica. Otra cosa es el dedicar demasiada atención a lo que no la merece, pero el silencio no va a evitar que el presidente de los Estados Unidos use el tuit cada día. Los medios deben dejar en evidencia, como hace The Washington Post, cada mentira contada.
No se puede ya creer que el silencio sea la solución. Moderar el tipo de atención y evitar ser usados sí, pero no son los medios los que van a evitar que Trump apele a la xenofobia o marine LePen lo haga con Juana de Arco. Los que tienen la perspectiva del mundo como algo regulado por los medios de comunicación siguen sin entender el proceso actual que estamos viviendo socialmente. Es precisamente el silencio el que hace resaltar el poder de la demagogia.
¿Soluciones? Indudablemente la sociedades democráticas están sufriendo una fuerte erosión en su incapacidad para abordar muchos de los problemas que se producen en su día a día. Parte del problema, a mi entender, procede de la erosión que el debate político, trasladado mediáticamente a la sociedad, está produciendo. Son los políticos los primeros que han convertido en un espectáculo la política. No basta con discutir. Es importante cómo se hace, que todos demuestren fe en las instituciones sobre las que se asienta la democracia, una forma de convivencia reforzada necesariamente por la solidaridad.
La profesionalización de la política ha llevado a que se centre en la lucha por el poder, el uso del miedo y la invocación al apocalipsis en cada nueva elección. De todo esto se aprovechan los Trump de turno. Es el desencanto lo que hace avanzar a los radicales y populistas; es la pérdida de confianza en lo que hay, en el sistema, el principal motor que les hace ascender. De ahí que sean las promesas de cambio lo que la gente valore.


Deberíamos darnos cuenta lo que está sobre la mesa, valorar lo que se ha construido y evitar su deterioro. Los nacionalismos y radicalismos que llegan como salvadores ya han dejado en la Historia sus señales. De ahí que la educación cívica sea esencial, pero es lo primero que está sujeto a controversia. Los radicales (políticos y religiosos) norteamericanos tienen sus propias formas de educación, libros y escuelas en las que refuerzan sus ideas para evitar que la información exterior corte sus flujos.
El silencio, insisto, no es la alternativa. Tampoco la ingenuidad de pensar que porque callemos los demás no van a escuchar a los que gritan. Hay que desdramatizar el debate político democrático y mostrar a la sociedad que la convivencia es posible y que esa es la finalidad de la política democrática y no el asalto al poder, que es la mayor motivación actualmente. Para ello se cargan las tintas y se abren las puertas al conflicto. El radicalismo actual es una maquinaria de abrir brechas, divisiones sociales, etc. En esto Trump es un maestro. Y tiene muchos discípulos que han aprendido la lección repartidos por todo el mundo.
Aprendamos los demás la nuestra. Aprendamos a filtrar, a criticar y a respetar; aprendamos a apoyar, a no hacer demagogia, a defender aquello que es importante para nuestra comunidad. Demos ejemplos y mostremos las líneas claras entre quienes no respetan los valores y los que sí lo hacen. Demostremos que hay prioridades por encima del mero acceso al poder. Valoremos la política en la medida en que ayuda a nuestras vidas. Exijamos mejores candidatos, mejor preparados y más respetuosos. No aplaudamos la demagogia ni la grosería, la falta de respeto. Y tengamos claros los valores que deben ayudar a la convivencia. En todo ello la prensa es importante, pero lo es porque representa un valor más de la democracia. Si incurre en los mismos errores, contribuye al problema. Buenos políticos, buenas ideas, buenos medios.
El silencio, en cambio, es peligroso. Puede que pronto te quedes mudo.


* Eduardo Suárez "La prensa sí puede frenar a los extremistas" El País 31/01/2019 https://elpais.com/elpais/2019/01/30/opinion/1548846605_212771.html



martes, 29 de marzo de 2011

Sobre cómo pensar en la sucesión perjudica a la economía


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Complicado y complejo, así es el mundo. Desde que se descubrió aquello de que todo está ligado, el “efecto mariposa” y cosas por el estilo, nadie se atreve a hacer nada por temor a que el mínimo gesto tenga consecuencias desastrosas. Antes también se decía “imprevisibles”, pero ahora eso ya se da por descontado. Por muy medido que tengas todo, hay que andarse con tiento. Los más osados, por el contrario, intentan actuar sobre el conjunto con pequeñas acciones para tratar de canalizar las fuerzas de la naturaleza que se desatan con cada acción.
Por eso nuestros empresarios más importantes le han dicho al presidente del gobierno que no haga que los demás especulen sobre su futuro porque eso es negativo para la economía española. Esto podemos tomarlo en serio, muy en serio o en broma, según cada cual. El presidente se lo ha tomado en serio porque le sirve para rebatir la opinión extendida de que él pudiera ser un freno para la economía, tal como la oposición lleva mucho tiempo sentenciando.
Si los empresarios entendían que debatir sobre la sucesión era negativo, lo que han conseguido es que ahora todos estén debatiendo sobre lo oportuno o no de debatir sobre la sucesión del presidente Rodríguez Zapatero.
Los titulares de la prensa no dejan lugar a dudas: el protagonismo es para “el debate” frente a cualquier otro tema. El diario El País titula “La élite económica pide a zapatero que aplace el debate sucesorio”*, Cinco Días exactamente igual, y Expansión lo titula “Los empresarios, encabezados por Botín, piden a Zapatero que agote la legislatura”**. Para mayor despropósito, nos cuentan que el debate sobre la necesidad de eludir el debate comenzó a raíz de los comentarios sobre la caída de José Sócrates en Portugal.
El alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, se indigna y sale con su propio titular: “Hereu exige el fin del debate sucesorio para centrarse en los ciudadanos” (La Vanguardia 28/03/2011). En la otra diagonal geográfica, el presidente de la comunidad extremeña no quiere ser menos: “Fernández Vara no volverá a hablar sobre la posible sucesión de Zapatero” (La Vanguardia 28/03/2011). Hoy mismo, el diario El País dedica otro artículo a las discusiones en el seno del PSC sobre la sucesión de Rodríguez Zapatero: “El PSC de Chacón pide a Zapatero que cierre la sucesión y agote su mandato”***. En él ya no se habla de otra cosa. Todos hablan de la necesidad de guardar silencio. Los empresarios, que querían cerrar una situación de incertidumbre, han conseguido lo contrario.
¿Cabe mayor despropósito? Jamás se ha visto un “pacto de silencio” más aireado. Desde que se pidió silencio todos se sienten obligados a pedir silencio, en un sentido u otro, convirtiendo el foro político en un gallinero. Pero existe una gran diferencia entre el “silencio” y el “pedir silencio”. Para esto último es necesario hablar.

* El País 26/03/2011 http://www.elpais.com/articulo/espana/elite/economica/pide/Zapatero/aplace/debate/sucesorio/elpepuesp/20110326elpepunac_1/Tes
** http://www.expansion.com/2011/03/26/economia/1301133309.html?a=f0fdc7c20cfc673487165e06489276d1&t=1301376292
 *** http://www.elpais.com/articulo/espana/PSC/Chacon/pide/Zapatero/cierre/sucesion/agote/mandato/elpepiesp/20110329elpepinac_3/Tes