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viernes, 24 de octubre de 2025

Redes, de la independencia a la dependencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Para los que llevamos (y quedamos) en Internet desde sus inicios, allá por la primera mitad de los años 90, no dejamos de hacernos preguntas sobre cómo ha sido esta evolución del idealismo de una sociedad virtual alternativa a la degradación del mundo comercial e interesado, manipulador y cruel, a lo que ahora tenemos delante cada vez que entramos en un ordenador, un teléfono o cualquier otro dispositivo digital que lo permita.

Hemos pasado de concebirlo como un mundo autónomo que permitía ser creativos y libres y del que había que mantener alejados a todos los males que se achacaban al mundo material a... esto.

Me ha venido como un flash a la memoria el nombre del documento que mejor sintetizaba ese deseo de un mundo digital nuevo, libre, puro... Era el Manifiesto por la Independencia del Ciberespacio, firmado por John Perry Barlow en 1996 y cuyo comienzo era este:

Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos.

No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, así que me dirijo a vosotros sin más autoridad que aquélla con la que la libertad siempre habla. Declaro el espacio social global que estamos construyendo independiente por naturaleza de las tiranías que estáis buscando imponernos. No tenéis ningún derecho moral a gobernarnos ni poseéis métodos para hacernos cumplir vuestra ley que debamos temer verdaderamente.

Los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los que son gobernados. No habéis pedido ni recibido el nuestro. No os hemos invitado. No nos conocéis, ni conocéis nuestro mundo. El Ciberespacio no se halla dentro de vuestras fronteras. No penséis que podéis construirlo, como si fuera un proyecto público de construcción. No podéis. Es un acto natural que crece de nuestras acciones colectivas.

No os habéis unido a nuestra gran conversación colectiva, ni creasteis la riqueza de nuestros mercados. No conocéis nuestra cultura, nuestra ética, o los códigos no escritos que ya proporcionan a nuestra sociedad más orden que el que podría obtenerse por cualquiera de vuestras imposiciones.

 

Y más adelante se señalaba:

Estamos creando un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento.

Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el conformismo.

Vuestros conceptos legales sobre propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a nosotros. Se basan en la materia. Aquí no hay materia.

Nuestras identidades no tienen cuerpo, así que, a diferencia de vosotros, no podemos obtener orden por coacción física. Creemos que nuestra autoridad emanará de la moral, de un progresista interés propio, y del bien común. Nuestras identidades pueden distribuirse a través de muchas jurisdicciones. La única ley que todas nuestras culturas reconocerían es la Regla Dorada. Esperamos poder construir nuestras soluciones particulares sobre esa base. Pero no podemos aceptar las soluciones que estáis tratando de imponer. (...)

Davos, Suiza. 8 de febrero de 1996

El manifiesto recogía la voluntad de crear un mundo virtual nuevo en el que se trazaba una clara frontera entre el salvaje mundo material, lleno de intereses, dominación e injusticia y el nuevo mundo, desmaterializado, un mundo en el que cada uno podía ser quien quisiera sin límite más allá de la imaginación y el deseo.

Hoy vemos con ironía todo esto. Fue muy poco el tiempo transcurrido para que todos esos monstruos del mundo material entraran a saco y se hicieran con el nuevo mundo convirtiéndolo en una prolongación.

La libertad de estar se convirtió en la obligación de ser a través de la manipulación. Bancos, partidos políticos, administraciones públicas, empresas con todo tipo de intereses lo colonizaron rápidamente y establecieron nuevas formas sorprendentes de manipulación, de construcción de las identidades tanto individuales como colectivas. La generación que ha crecido con acceso desde la cuna es ya otra. Las generaciones anteriores se fueron incorporando cambiando sus hábitos y costumbres de forma gradual.

Un ejemplo de hoy mismo nos lo ofrecen en El Mundo: el llanto. Un magnífico reportaje de Rebeca Yanke, titulado "Por qué los jóvenes exhiben sus llantos en redes sociales: "Llorar ha pasado de ser algo vergonzoso a percibirse como auténtico""**. La posibilidad de llorar en "público virtual" crea una serie de condiciones nuevas respecto a lo que era "llorar en público" a secas. Las emociones privadas se convierte en espectáculo. Se ha transformado la comunicación, el sentimiento y la forma de expresarlo. Escribe Rebeca Yanke: 

Llorar es también una forma de conexión social que en las redes sociales de 2025 se ve así: lágrimas (aunque sean pocas), una canción conmovedora (normalmente de fondo), dos o tres líneas desoladas y el rostro de alguien sufriendo. Llorando con congoja o hiperventilando, con ataque de ansiedad o de pánico, con el corazón roto o con sensación de fracaso. Y la cámara grabando el espectáculo.

La pregunta ahora es si este fenómeno del llanto público conseguirá no sólo trasladar el cambio a otras generaciones más distantes de la expresión emocional, como la X o la boomer, sino también una evolución del paradigma cultural de la tristeza, el dolor y la lágrima, que podría dejar de ser algo circunscrito a esferas más privadas e incluso íntimas.**

Sin duda lo hará, pero cuando el cambio se produzca, la nueva generación que llegue creará otras normas de expresión. Las cosas son eficaces menos tiempo y hacer algo nuevo significa eliminar una posibilidad y buscar otras para que sea efectiva. Esa es la nueva ley intergeneracional: todo cambia, nada dura; lo estable deja de significar.

Con esto aumenta la distancia generacional, pues dejan de compartir elementos comunicativos. La misma nomenclatura de las generaciones —Boomer, Z, X...— nos indica ese efecto burbuja creado por los que controlan los medios y redes. Necesitan, a la vez, segmentar y normalizar dentro del segmento, una técnica comercial que se ha convertido en social. Somos consumidores y producto a la vez.

Pero esto despierta un sentido crítico particular, sobre modas concretas y cambiantes (la palabra moda es esencial) y del plano general, es decir, del escenario de todo este movimiento, el ciberespacio, la nueva "realidad", un mundo para el que se vive y en el que nos relacionamos. Rodrigo Terrasa y Carmen Casado nos dan esta evaluación de este mundo virtual:

Enshittification: dícese del empeoramiento de una plataforma digital o red social debido a la reducción de la calidad de su servicio hasta convertirse en... en... en una auténtica mierda.

El 5 de enero del año pasado, cerca de 300 expertos en lingüística se reunieron en el Hotel Sheraton de Times Square, en Nueva York, a apenas 800 metros de la Trump Tower de la Quinta Avenida, para comer canapés y deliberar sobre cuál debía ser la palabra del año para la American Dialect Society, una institución con 135 años de historia. Allí había lingüistas, lexicógrafos, etimólogos, expertos en gramática, historiadores, investigadores, escritores, editores, estudiantes y académicos independientes. Cuentan que ésta es la votación más larga de las muchas votaciones de palabras del año que se realizan alrededor del mundo. Esa noche, la American Name Society eligió Gaza y Barbie como nombres propios del año y la Sociedad del Dialecto escogió como mejor palabra enshittification.

«Es un término lamentablemente adecuado para describir cómo se han degradado gradualmente nuestras vidas online», aseguró Ben Zimmer, presidente del Comité de Nuevas Palabras de la institución y columnista de idiomas de The Wall Street Journal.

El palabro en cuestión podríamos traducirlo aquí de forma muy gráfica como mierdificación (shit es mierda en inglés) y básicamente resume lo que ustedes ya habrán percibido en los últimos tiempos: que las redes sociales se han convertido en un insoportable lodazal que todo lo acaba infestando.

Y, sin embargo, ahí seguimos. Enshitificados hasta el cuello. *** 

Lo expuesto no requiere excesiva explicación. La percepción sobre las redes ha pasado del idealismo de los 90 a la "mierdificación" de los momentos actuales. Son muchos los factores implicados es estos cambios, especialmente la ruptura generacional que se produce con la llegada de los "nuevos" a los que no se entiende y de forma clara la sobre exposición que padecemos. En algún punto se rompió el equilibrio y hoy se nos obliga a depender de las redes. Eso afecta a las relaciones con la administración, con los bancos que ya apenas nos atiende, al teletrabajo, las videoconferencias, etc. Lo que era "libertad" ha pasado a ser esclavitud por la obligación. El malestar es grande entre las generaciones mayores (que comienza a ser mayoritarias) en sociedades envejecidas y a las que se deja de atender en persona. Todo esto genera un sentimiento de soledad en una sociedad hiperconectada. Padecemos agresividad basada en el anonimato a través de las redes, algo que se convierte en el bullying, el ciberacoso, las difamaciones y ataques, etc.

Indudablemente, la sociedad virtual tiene aspectos beneficiosos, pero es cierto que estos pueden no ser los que más resalten, sino que lo sean los de saturación, distanciamiento, soledad, imitación, etc. La sociedad de la información nos hace más débiles porque necesita vencer las resistencias para intensificar las dependencias. Eso hace que seamos más sensibles a los cambios y, a la vez, situaciones normalizadas. Esto se traduce en la actual preocupación por la salud mental y por la agresividad creciente, de la infancia a los adultos.

Hace falta equilibrar la situación, no dejarse arrastrar, resistir. Hay que crear una burbuja personal dentro de la burbuja en la que nos meten. La gente llega ya tocada a la etapa adulta después de la constante manipulación a la que se ve sometida desde la infancia. Quedamos moldeados por el sistema y no todos tienen la capacidad crítica de resistir a los aspectos más nocivos. Pero los que manejan todo esto son muy poderosos en muchos niveles y no es fácil intervenir para remediar esta situación.


* John Perry Barlow (1996) "Manifiesto por la Independencia del Ciberespacio". Recogido en Universidad de Huelva https://www.uhu.es/ramon.correa/nn_tt_edusocial/documentos/docs/declaracion_independencia.pdf

** Rebeca Yanke "Por qué los jóvenes exhiben sus llantos en redes sociales: "Llorar ha pasado de ser algo vergonzoso a percibirse como auténtico"" El Mundo /Papel 23/10/2025  https://www.elmundo.es/papel/historias/2025/10/23/68fa2c68fc6c831a268b4582.html

*** Rodrigo Terrasa y Carmen Casado "Atrapados en la 'mierdificación' de internet: cómo las redes sociales cambiaron a tus amigos por basura" 22/10/2025 https://www.elmundo.es/papel/historias/2025/10/22/68f2399afc6c8306598b4579.html

jueves, 13 de abril de 2023

Ciberacoso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Supongo que solo los más viejos del lugar (y del "no lugar") recordamos qué era aquellos del "Manifiesto por la Independencia del Ciberespacio", escrito por John Perry Barlow.

Se lo cuento rápido. Fue un bonito y romántico documento que circuló por las entonces incipientes redes, en los años noventa, mediante el cual, en un lenguaje épico y hermoso, se declaraba que el de Internet sería un mundo mejor, libre de sinvergüenzas y maldades, construido para que las buenas personas pudieran refugiarse lejos de la malas personas, un mundo colaborativo y gratuito, alejado del negocio y la codicia.

"Bla, bla, bla", habrá pensado ya alguno a la vista de lo que ha ocurrido desde entonces. Luego  llegó su transformación en "mercado" y demás y comenzaron los problemas. Las malas personas tenían su derecho a serlo en todas partes y la utopía del "reservado el derecho de admisión" se fue al traste rápidamente. Fue bonito mientras duró, por cierto, muy poquito. El texto ha quedado en mi memoria. Este era su altivo comienzo:

Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos. No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, así que me dirijo a vosotros sin más autoridad que aquella con la que la libertad siempre habla.

Declaro el espacio social global que estamos construyendo independiente por naturaleza de las tiranías que estáis buscando imponernos. No tenéis ningún derecho moral a gobernarnos ni poseéis métodos para hacernos cumplir vuestra ley que debamos temer verdaderamente.

Los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los que son gobernados. No habéis pedido ni recibido el nuestro. No os hemos invitado.

[https://www.eff.org/cyberspace-independence]

 

Cualquier sueño pasado fue mejor. ¿Por qué me acuerdo de esto? Me lo trae a la memoria una pequeña pieza, 1:38, en donde con el titular "Algunas mujeres denuncian acoso sexual en el metaverso" se nos explica que "varias usuarias denuncian haberse sentido perseguidas y coaccionadas en este mundo virtual, donde incluso es posible simular agresiones sexuales." Diversos expertos en el campo del mundo virtual analizan el fenómeno del acoso y los ataques simulados en el Metaverso de Facebook y en otros espacios similares.

La recreación de un mundo supone el traslado, la mudanza de la maldad del mundo real al ahora virtual. Ya no hacemos mundos mejores (creo que ya ni soñamos con ellos, aunque sea ingenuamente), sino que exportamos nuestros vicios y defectos. ¿No queda nada de la utopía? ¿No hay ya un espacio en el que alguien sueñe con la tranquilidad y el buen rollito? No, para eso se queda uno en casa leyendo un libro, aunque los amigos te llamen "aburrido".

Es triste que no haya la posibilidad de compartir un mundo, no ya "perfecto", sino simplemente habitable en el que sacar a pasear a tu perro virtual, observar a los pájaros virtuales cantar en las ramas de los árboles virtuales, etc. etc. porque está plagado de delincuentes virtuales.

Nos dicen que muchas mujeres han optado por utilizar avatares masculinos para evitar el acoso de los otros avatares. Ya es triste que la tranquilidad (relativa) pase por fingirte "varón". La cuestión se agrava porque el acosador puede fingir ser otro y descubrir el peligro ya demasiado tarde. Los que se creían a salvo en el mundo virtual encuentran muchas veces que son mundo peores, que lo que hay detrás de un avatar simpático puede ser cualquier delincuente que encuentra su mismo placer en el fingimiento, la seducción, el acoso virtuales.

Da igual dónde o cómo se haga. Lo cierto es que la sensación de no poder disponer de un espacio sano no viene del espacio en sí, sino de los que lo pueblan. Es decir, construya lo que construya, no quiero un espacio vacío sino un espacio de relaciones con los otros. Y el problema, evidentemente, son los otros. Lo que nos impulsa a recurrir a espacios virtuales es el profundo aislamiento, superficialidad o agresividad, tres males contemporáneos, que sentimos en el día a día. Eso nos hace más vulnerables, porque el acoso de unos es el negocio de otros. Es, en fin, nuestra incapacidad de llenar la vida propia, de necesitar tanto ser sociales, lo que nos hace víctimas claras de todos estos depredadores que no quieren que se les escapen en el mundo virtual las personas del mundo real.

Uno de los rasgos que apuntan los expertos en la pieza audiovisual informativa es precisamente el anonimato, el carácter de "carnaval", la "máscara" que supone el avatar, que tiene el propio espacio virtual, en el que aparezco transformado. En el fondo es darle la razón a Hobbes frente a Rousseau, como se decía antes. Todo nuestro constructo social no es más que para tapar ese carácter de lobo del ser humano. Leyes e instituciones tratan de frenar a muchos que sienten el instinto del lobo y no del cordero. La falta de leyes del mundo virtual o su ineficacia favorece el resto.

De nuevo, son las mujeres, los menores los más vulnerables. Hagamos lo que hagamos, el resultado será el mismo si no modificamos, cambiamos, controlamos... esta sociedad cada día más agresiva que hemos creado. Pero como se suele decir, que tus buenos sentimientos no arruinen un buen negocio. 

 

* "Algunas mujeres denuncian acoso sexual en el metaverso" RTVE.es Play Telediario 1 10/04/2023 https://www.rtve.es/play/videos/telediario/algunas-mujeres-denuncian-acoso-sexual-metaverso/6859364/

jueves, 10 de junio de 2021

Internet, la democracia y la ingenuidad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



En Las mañanas de Radio Nacional, que podemos encontrar en A la carta en RTVE.es, tenemos la grabación del diálogo mantenido entre el periodista Íñigo Alfonso y su invitado, Evgeny Morozov, con un titular provocador: "Fue un error pensar que Internet fomentaría la democracia". Lo que expresa, dentro de la rotundidad periodística, es una reflexión que cada vez asoma más ante los propios acontecimientos y el desarrollo mismo de las redes.

Diariamente encontramos problemas que se originan en las redes, el nuevo espacio público de convivencia, que debido a su propia esencia es muchas veces un territorio hostil e incontrolable, un espacio complejo donde las viejas utopías que los alumbraron en los años 80 y 90, antes de darse el gran salto social, el provocado por su conversión en mercado, algo que ocurre con la llegada desde 1991 de los navegadores hipertextuales, es decir, la creación de lo que hoy llamamos la "web" y que entonces se iniciaba frente a otros sistemas de navegación hoy apenas existentes o invisibles como protocolos bajo la web. Por decirlo así, el "http" (hipertext transfer protocol), se comió a todos los otros protocolos anteriores en las comunicaciones adaptándolos a sus necesidades.

Es con la llegada de los "navegadores" cuando socialmente todo se transforma. Podemos recordar el "Manifiesto por la Independencia del Ciberespacio" (1996),  de John Perry Barlow, un bello lamento melancólico por la independencia perdida con la llegada de los nuevos colonos comerciales. Lo que había sido una república igualitaria, donde cada uno creaba una identidad libre y el comercio estaba prohibido, regulado por reglas de etiqueta para asegurarse un comportamiento civilizado y respetuoso, se hundió ante su transformación interesada en un espacio comercial donde se trataba de vender. Y con las ventas llegaron los problemas. Las primeras luchas fueron para convertir las redes en meros supermercados donde las empresas eran las poseedoras de los "espacios" y los usuarios meros compradores. Esa fue una lucha que se resolvió con la socialización del espacio de la red.



El resultado de eso es lo que tenemos hoy, una cibersociedad global, transnacional, con dudas sobre su estatus jurídico (Facebook acaba de sancionar a Trump con dos años de suspensión), donde conviven la información y la desinformación, donde cualquiera puede tener una o varias identidades y hacer muchas cosas con ellas, donde puedes exponer tus derechos o ser atacado, acosado desde múltiples puntos del planeta.

Es en este contexto en el que el titular del diálogo adquiere sentido. No explican a modo de resumen de lo que se encuentra en el podcast:

  

Evgeny Morozov, experto en redes y el impacto social y político de la tecnología, autor de 'El desengaño de Internet' y 'La locura del solucionismo tecnológico', ha dicho en Las mañanas de RNE que es un error pensar inicialmente que Internet fomentará la democracia. "En EEUU, Europa, donde los estados no tienen tanta capacidad sobre Internet como Rusia o China, observamos tendencias similares. Es un error inicial, pensar que las plataformas digitales tienen un papel democrático de modo automático. No es automático, tenemos que construir las infraestructuras democráticas. No podemos esperar que Facebook, Google o Amazon vayan a promover la democracia", ha dicho.

También ha comentado la situación política de su país, Bielorrusia. Asegura que no ha cambiado en los últimos 20 años. "Lukashenko es un líder autoritario. Es la razón por la que mantiene el poder. En verano volverán las protestas y veremos las consecuencias, es posible que su poder se debilite un poco", ha dicho.

Y advierte de una forma de control de la opinión pública poco evidente. "En las últimas dos décadas no han aplicado una censura como en China por ejemplo. Tenemos libertad en la red, pero el régimen ha encontrado otros modos. Lo mismo en Rusia, donde el gobierno ha desarrollado un montón de métodos para controlar y dar forma a la opinión pública, no solo con la censura, sino también con una participación muy activa en el debate online. Es una táctica nueva que tenemos que observar y estudiar", concluye.*

 


Son muchas las variables y parece que aquí se refieren a las gubernamentales. Los gobiernos autoritarios lo son también en las redes. ¿Cabía esperar otra cosa? Es más, se bloquean las redes porque los que se comunican son ciudadanos  que son, en última instancia, quienes son vigilados y controlados, finalmente castigados o reprimidos. Pero eso es muy fácil. Los gobiernos autoritarios lo son también en la red.

Lo realmente complejo es comprobar cómo las personas autoritarias son muchas más de las que pensamos y aprovechan las propias redes para imponerse, atacar, vilipendiar, difamar, etc. Que la base de los gobiernos es la autoridad y el poder de control, está ya teorizado desde antes de que existiera Internet o cualquier tipo de escenario virtual. El autoritarismo del poder es un tema clásico que ya está en Platón y su explicación de la república.



Pero lo que no habíamos llegado a descubrir de forma tan clara es que en una estructura no jerárquica o menos jerárquica los humanos nos dedicamos a atacarnos con fiereza. Los que teorizaban sobre la maldad del poder y la bondad natural del ser humano se equivocan ante el uso violento en las redes a través de esos mecanismos que van del jaqueo al acoso.

Deberíamos mirar más allá de los gobiernos, los acusados sistemáticos, los malos de la película, para empezar a hacer repaso de la maldad en unidades que van del individuo al estado pasando por los grupos de todos los tamaños. Del malvado solitario al estado malvado, lo que se pone de manifiesto es la voluntad de poder, por citar a Nietzsche o a cualquier otro escéptico sobre la posibilidad de un paraíso en la Tierra.

El problema de la "maldad" o la "bondad" se ha desplazado al de la "libertad" cuando no hay ninguna garantía de que las personas libres no utilicen esa libertad para atacar a los demás. La cuestión es compleja como todo en lo que se entremezcla lo individual con las reglas de la tribu. No tengo dudas de la existencia de personas buenas, pero conozco muchas muy malas que se amparan en su "libertad" para acosar o intentar destruir a otras.

Los partidarios de las grandes palabras dirán que son los problemas de la libertad, claro. Yo no lo veo tan claro. Es también un viejo problema clásico el preguntarse porque los que pueden elegir eligen el mal en lugar del bien. Realmente las mismas preguntas vuelven una y otra vez porque no hemos solucionado nada. ¿Somos más libres que en otros momentos? Sí en la mayor parte del mundo, aunque hay procesos involutivos en muchos lugares. ¿La libertad es lo mismo que el bien? Pues claramente no. ¿Es la democracia lo mismo que la libertad? Pues tampoco, sobre todo cuando lo que se elige es cómo restringir las libertades de otros. Lo ocurrido en el periodo de Trump y los sentimientos provocados, casi ninguno bueno, nos ha dejado motivos para reflexionar.



¿Fue un "error"? No. Lo que ocurrió fue un exceso de ingenuidad como generalmente suele acompañar a cualquier pretensión de que el progreso tecnológico produce un progreso en la primitiva mente humana. Las esperanzas puestas en los libros, en la educación, en cualquier forma aparentemente positiva se disuelven finalmente con la escritura de Mein Kampf o la educación racista en el odio, etc. No son los dispositivos, los inventos los que van a reformar nuestra mente. hay muchas formas de extender el bien y funcionan, pero el mal está ahí, los conflictos benefician a muchos y no se iba a desperdiciar la ocasión de extenderlos en este nuevo espacio de convivencia (y lucha) que es el ciberespacio.

Quizá todo lo humano es imperfecto, incluyendo libertad y democracia, y no tengamos claro que es el "bien" y menos el "bien común". Para eso hace falta gente que piense y eso se hace cada vez menos. Quizá somos seres imperfectos con demasiadas pretensiones.

Lo que está claro es que los valores del respeto y de la convivencia están retrocediendo en el mundo a manos no solo de los gobiernos sino de aquellos que entienden que "su" libertad se puede utilizar para atacar la de los demás.

El éxito de las propias redes ha hecho que los grupos se organicen para convertirla en un espacio de lucha, de conflictos, de imposición y amenaza. Por supuesto, todo va por barrios. A unos les parece un remanso de paz y diversión, mientras que para otros es un calvario diario en el que se ven atacados por sus opiniones, su sexo, su nacionalidad o el color de su piel.



Es aquí donde comprobamos que la red no es ni buena ni mala, que somos los humos los incorregiblemente deseosos de pelea. Es más fácil que te sigan para quemar un castillo que para construir una biblioteca; es más fácil quemar los libros que escribirlos; y si los escribes es más fácil llenarlos de insultos que de ideas aceptables por todos. Lo han llamado la "cultura del conflicto", que va de la política y los medios hasta llegar a los ciudadanos que se contagian de ganas de discutir y de descargar sus iras sobre personas, instituciones o cualquier circunstancia.

Hay que apostar por las personas buenas, pero estas son consideradas "tontas" por muchos, que las desprestigian y se ríen de ellas. Pese a ello, usted resista. Transmita lo que pueda de bondad y desahogue su ira sacudiendo alfombras en vez de maldiciendo frente a un teclado.

Los sembradores de discordia prefieren una internet movidita, por decirlo finamente. Esto pueden ser por muchos motivos, políticos, religiosos, sociales, laborales... casi cualquier cosa o simplemente mal café. Demasiados siglos de pensamiento racional han evitado que pensemos que hay malas personas sueltas y que si a estas se les da el poder de llamar la atención, lo usan; que si se les da la facilidad del anonimato, lo usan; y que si se les da un botón con el que silenciar a todo un país, tienen el dedo listo para el apagón. Ya sea por agresividad o por aburrimiento, muchos prefieren vivir así.

Nuevos inventos; viejas, malas costumbres.



* "Fue un error pensar que Internet fomentaría la democracia" RTVE.es/A la carta/Radio Nacional  https://www.rtve.es/alacarta/audios/las-mananas-de-rne-con-inigo-alfonso/evgeny-morozov-fue-error-pensar-internet-fomentaria-democracia/5935112/"

miércoles, 24 de febrero de 2021

¿Cambios en el modelo de ciberespacio?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El conflicto desatado entre Facebook y Australia ha estado estos días en el debate mediático trayendo de nuevo el problema de las relaciones a tres bandas entre gobiernos, medios de comunicación y las grandes tecnológicas, un debate que no se resuelve nunca y de difícil acuerdo por la propia dinámica interna de la red, que hace que unos planten las semillas y otros recojan las flores.

Cuando tenía una asignatura en la que hablaba de estas cosas, les solía proponer a los alumnos una pregunta: ¿quién gana siempre en un partido de tenis? La respuesta era el dueño de la pista. En este caso, los dueños de las pistas son los que se aprovechan de los que corren por su superficie, los creadores de las redes, lo beneficiarios de los contenidos que otros aportan. Puede que haya ganadores parciales, pero al final, al igual que en los casinos, es la banca la que gana.

Nos olvidamos del nombre con el que se creó esto: las "súper autopistas de la información", término creado por el entonces vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, y presentado como una forma de expansión norteamericana al mundo. Evidentemente, Gore no pensaba en el beneficio de los demás, sino en la exportación de algo que entonces se entendía como un gran poder estadounidense, la información, la forma en que se podía gestionar y rentabilizar algo que era "conocimiento", que se consideraba entonces algo propio del país que había llegado a la Luna y exploraba el universo. La tecnología de la información sustituiría en ganancias a la economía industrial porque la información era un flujo inagotable que crearía la "nueva era americana".



Gore acertó en muchas cosas, pero no creo que pudiera percibir que el estímulo informativo serviría para que otras potencias le recortaran la ventaja a los Estados Unidos y que este finalmente perdiera el control del escenario que había creado. Las grandes compañías sobre las que se asienta Internet son norteamericanas de origen y globales en su desarrollo. Han supuesto la creación de nuevas consideraciones frente a los sectores tradicionales. Como "red de redes" (ya no se usa este nombre, pero sigue siendo útil por lo que nos dice), sobre una serie de redes locales se crean conexiones que la expanden. Es la parte "física" del asunto. La información que circula desde cualquiera de sus puntos es distribuida al resto de las redes interconectadas, convirtiendo en valor precisamente la posibilidad de acceder a ella desde el resto de los puntos, salvo que se desconecte o filtre el acceso.

Internet debe su valor a la interconexión, lo que quiere decir que cada vez que una red se conecta a la red general aumenta su valor y, por la misma lógica, cada vez que se limita disminuye. Eso está claro. Todos los programas de redes que usamos buscan favorecer el uso continuado ofreciéndonos posibilidades de acceso, nos presentan "personas que quizá conozcamos", sugerencias de amigos y contactos; nos ofrecen publicidad y nuevos contenidos con los que estar más tiempo en las redes. Eso abarca las noticias, los amigos o las partidas online; los canales televisivos, las videoconferencias, los podcast, la prensa digital... Todo se ha convertido en un flujo informativo que se distribuye por los canales creados, las redes literales, con sus conexiones, cables, satélites, wifi, etc. Sobre esas redes locales unidas hasta formar el gran mapa, se superponen las plataformas que dan soporte ya las acciones humanas, que adquieren "forma" y "sentido" para nosotros. Sus funciones son distintas, las hay grandes, de tamaño global, y más pequeñas que sobreviven mejor o peor, porque las redes en este plano son competitivas, funcionan mejor o peor, acogen en su "espacio virtual" lo que hacemos. Pueden bloquear al mismísimo presidente de los Estados Unidos, la persona más poderos del planeta, al que se le borran los tuits. Creo que este es el ejemplo más significativo de los redes en estos últimos tiempos y lo que, indirectamente, ha sembrado inquietudes en la clase política, pues han descubierto que en el mundo existe una forma paralela de poder que les sobre pasa, la de aquellos que pueden desconectarte, borrarte del sistema y dejar en cero tu "fuerza" comunicativa, como en el caso de Trump. Hemos ido construyendo un mundo global en el aspecto informativo, de flujos globales... que ha creado sus propias instancias de poder que ahora entran en colisión.



La idea de la neutralidad de la red y de su carácter global comienza a tambalearse. Los jueces del mundo se preocupan porque la decisión del silenciamiento se les escapa de las manos; los políticos se preocupan ante este poder "norteamericano" capaz de censurar al presidente de su país o de adjuntar mensajes a los suyos señalando que lo que dice es mentira o que no se corresponde con los hechos. Ya no es solo un mega poder, sino un meta poder.

Cuando se da un golpe de estado, como ha ocurrido en Myanmar o ya ocurrió en 2011 en Egipto, los que tienen el poder de cerrar las comunicaciones obligan a las compañías telefónicas a cerrar. Se produce un vacío en el que podemos comprender el poder de la información, pero también el poder que puede tumbar toda la estructura. Eso nos deja un panorama complicado.

Desde hace tiempo, los gobiernos de los países han comenzado a poner límites al poder de las compañías. Las infraestructuras de redes puede ser controladas con un cierre, pero no ocurre lo mismo con las propias empresas creadas, que se encuentran fuera de su jurisdicción. El conflicto entre Australia y Facebook es uno más de los intentos en ponerle puertas al campo, por un lado, pero también de cazar al zorro en ese mismo campo y demostrar quién manda.



Los medios de comunicación, que se adaptaron a la llegada de las redes digitalizándose con la promesa de millones de personas en sus audiencias mundiales, descubren que esos lectores quieren hacerlo gratuitamente, que la publicidad de va a los abiertos y que, sin saber muy bien cómo, se encuentran en declive de forma general y en bancarrota de forma específica muchos. Se encuentran también con que los medios son comidos por los micromedios, que son los favorecidos por las redes para aumentar el tráfico de las redes, que se han llenado de "YouTubers", de "Influencers" y demás que desde su casa, con una mínima inversión, tienen más seguidores que varios medios juntos, y se hacen ricos marchando a Andorra para evitar impuestos. Mientras ellos se quiebran la cabeza pensando qué diablos pueden poner en sus páginas que sea barato y atractivo, encontrándose reproduciendo para sobrevivir las tonterías que los usuarios producen y cuelgan de las redes. La locura de los medios es intentar producir información de calidad cuando son millones los que quieren consumir (y producir) trivialidades, estupideces infinitas que les dé unos segundos de popularidad. Tiene que ser muy desmoralizante ver cómo tu información importante, profesionalmente preparada, es superada por una gracieta de un gato o una caída haciéndose un selfie en un barranco. Y ruinoso. Pero esto es parte de ese contagio que la producción en cantidad, no en calidad, buscan desde ese nivel superior, donde no importan los contenidos, solo los flujos, las cantidades.

En la CNN, Rishi Iyengar publicó ayer un artículo titulado "The worldwide web as we know it may be ending" donde nos da algunas pistas sobre la transformación que se está produciendo o, al menos, sobre el comienzo de esas hostilidades que se han abierto desde los gobiernos hacia las grandes compañías tecnológicas. Escribe Iyengar: "A fight over news in Australia is a relatively small part of the clash between tech and governments, which has largely been focused on issues such as censorship, privacy and competition."*

En efecto, la multiplicación de casos es un hecho, el resultado de que una vez se ha dado el paso por parte de los estados, estos sirven de orientación a los siguientes, que buscan establecer sus normas en las relaciones con las grandes compañías, estableciendo un mapa confuso y, desde luego, cada vez menos uniforme y global.




En el texto se hace repaso de algunos precedentes en la cuestión del uso de la información procedente de los medios por parte de las compañías. Se cita incluso el caso español, donde los medios también intentaron obtener beneficios sobre la recogida que Google hacia mediante los enlaces a sus noticias.

En el artículo se va precisamente a la cuestión de esta lucha de poderes abierta:

 

A fight over news in Australia is a relatively small part of the clash between tech and governments, which has largely been focused on issues such as censorship, privacy and competition. But the response to Facebook's move in Australia has shown that a more international effort to rein in Big Tech may be gathering momentum -- and with it, the potential for additional fracturing of how internet services function from one country to the next.

As his government faced off against Facebook last week, Australian Prime Minister Scott Morrison issued a warning to the social media giant: what you do here may come back to hurt you in other countries.

"These actions will only confirm the concerns that an increasing number of countries are expressing about the behavior of Big Tech companies who think they are bigger than governments and that the rules should not apply to them," he said in a Facebook post. "They may be changing the world, but that doesn't mean they run it."*

 


La frase que cierra el párrafo muestra con claridad el sentido del enfrentamiento, una cosa es cambiar el mundo y otra dirigirlo, muestra claramente que la lucha está abierta. La transformación provocada por las creación de aquellas "súper autopistas de la información" de Gore, ha excedido lo que se pensaba inicialmente por todos, tanto por los que las crearon, como por los empezaron a usarlas. Los sueños que se tenían respecto al mundo virtual se han ido transformando conforme sus efectos de transformación eran mayores y se iban convirtiendo en una maquinaria global de poder y dinero. Las dictaduras mostraron los caminos del control y el bloqueo. Las democracias no siguen ese camino, pero sí tratan de frenar la deriva de quienes pueden controlar una vida —social, política, económica— que dependen cada vez más de unas pocas compañías que se reparten el pastel y obligan a pasar por el aro a los que quieren estar conectados.



Los problemas derivados de un mundo controlado por grandes empresas tecnológicas cuyo poder aumenta por la participación creciente e intensiva son muchos y crecientes. La ausencia de regulación no es buena, pero tampoco es fácil, sencillo ni claro. Hay muchas cosas que sopesar porque los beneficios son evidentes. La cuestión, pues, es política. Se refiere a la jerarquía, a los límites y al orden social. Se refiere, en última instancia, como diría Michel Foucault, al "orden del discurso", a su regulación, pues quien lo controla tiene el verdadero poder.

Ahora solo falta ya que se enfrenten al nuevo gran negocio: la recogida de datos masivos, que pese a las regulaciones de protección se sigue siendo un conflicto sin resolver. Es otro grupo de intereses que vive de nuestro movimiento en las redes que habrá, tarde o temprano, que controlar con eficacia y cuya opacidad es manifiesta más allá del primer escalón.

Quizá Trump pase a la historia por algo que no pensaba, por haber mostrado el camino y los límites al ser silenciado por Twitter después de haber sido su vehículo favorito para extender falsedades. Ironías de la Historia.

 

 

* Rishi Iyengar "The worldwide web as we know it may be ending" CNN 23/02/2021 https://edition.cnn.com/2021/02/23/tech/splinternet-tech-regulation-facebook/index.html