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martes, 4 de septiembre de 2018

Celebración de la traducción

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una de las mejores formas de combatir el dogmatismo es, sin duda, la traducción. A menudo castigada por los "puristas" que ven en las lenguas propias milagros que no ven en las otras, la traducción es la puerta al otro, un proceso que marca la riqueza de cada momento de la cultura. Si no fuera por nuestros propios prejuicios culturales, veríamos que nada nos enriquece más, que nada nos abre más a los otros que el esfuerzo de traducción a nuestras lenguas de lo que ha sido pensado en otras. Es un indicador de vitalidad, de curiosidad hacia el resto del mundo.
De hecho, parece haber una especie de oposición romántica entre el "creador" —aquellos que buscan en los límites de su lengua— y el traductor —el que trata de poner en contacto tangencial dos lenguas y a veces dos culturas—. No es tal. Son dos figuras esenciales y, si me apuran, hacen falta mejores traductores. Con unos cuantos genios por siglo nos apañamos, pero buenos traductores se necesitan muchos y en todo momento. Labor callada, pero inmensa.
Me alegra leer la noticia en Ahram Online (del 6 de agosto) sobre los seleccionados para los premios de traducción en Egipto y ver que entre ellos se encuentra una nueva traducción de un clásico como El decamerón, la obra con la que Giovanni Boccaccio describió un mundo revuelto e irreverente y, sobre todo, ayudó a estructurar las formas narrativas sirviendo de modelo para la posteridad. En efecto, el lenguaje es una primera fase, a la que sigue otras formas de codificación, que son los géneros discursivos, que tienen también sus propias modalidades culturales.
Señalan en Ahram Online los candidatos de este año:

Last week Egypt's National Centre for Translation announced the short lists for the ninth Refaa Al-Tahtawi Translation Awards.
According to the centre's director Anwar Mughith, the award — worth LE100,000 — is a way to pay tribute to the “unknown knights” of cultural exchange, who build “permanent bridges connecting civilisations”.
Five books have been shortlisted: a new, contemporary translation of Giovanni Boccaccio’s Decameron by Abdallah Al-Ati and Essam Al-Sayed, Anwar Mohamed’s first translation from the Russian of the 1923 classic The Diary and Reminiscences of Mme Dostoevsky and three scholarly works: Jean Aitchison’s A Practical Introduction to Contemporary Linguistics translated by Abdel-Kerim Gabal; Hank Johnston’s States and Social Movements translated by Ahmed Zayed; and Jan Kyrre Berg Olsen’s New Waves in Philosophy of Technology translated by Shawki Galal.
The award’s Youth and Scientific Culture subcategories, worth EGP 25,000 each, include Simon Critchely’s introduction to continental philosophy in the “Very Short Introduction” series, the Malaysian educator Syed Farid Al-Attas’ Ibn Khaldun and Unbounding the Future: The Nanotechnology Revolution by Chris Peterson, Gayle Pergamit and Eric Drexler.*


Es bonita la expresión "desconocidos caballeros" (más allá de la cuestión de género) para referirse a la labor de los traductores, en el sentido de conferirles la labor de paladines, es decir, personas defensoras de una causa noble, según reza la segunda acepción de nuestro diccionario.
Creo que no hay causa más noble que la de la traducción, precisamente por ese carácter de "puente" que se resalta, pero también por lo que tiene de modestia y muchas veces de poco reconocimiento exterior.

Al "creador" le queda la gloria que le fabrican entre lectores, críticos e historiadores, A los traductores, en cambio, les toca dejar toda su sabiduría y eficacia al servicio de estos, que tienden a olvidar o a ignorar sus nombres. La vida es esencialmente injusta, por lo que sus méritos se verán como propios del traducido, mientras que a los autores siempre les quedará el recurso de echarle la culpa al traductor de sus defectos jurando que en su propia lengua suenan mejor. Es un secreto que hay autores que suenan mejor traducidos, por actos de misericordia.  
A los traductores les ha salido además un extraño competidor, la traducción automatizada en la que las mentes de ingenieros y programadores conspiran contra todos ellos creando maravillosas y maquiavélicas máquinas dotadas de inteligencia artificial, con el infinito recurso del big data como alimento para traducir.
Así, entre la inteligencia natural de los creadores (poetas o científicos) y la inteligencia artificial de las máquinas competidoras, las personas dedicadas a traducir se ven en el olvido o en la invisibilidad.

Parece que cuando las máquinas puede hacer bien ciertas cosas, queda la actividad atenuada y como de menos mérito. Nada más lejos de la realidad. El aumento (indudable) de la calidad de las traducciones de las máquinas da un nuevo sentido a la labor traductora, convirtiéndola en lo que casi siempre han sido, un acto parejo de amor e inteligencia. La máquina puede tener mucha inteligencia, pero poco amor. Y no parece que vaya a ir por ahí la competencia.
El mundo árabe, que fue traductor nato, necesita urgentemente de combatientes, de paladines de las lenguas e ideas. Menos yihadista y más traducción.
En un mundo dogmático en el que la palabra se vuelve intocable y el sentido se inmoviliza sacralizándolo, es más que nunca necesaria la labor traductora. Lo es por lo que tiene de amor y por lo que necesita de sabiduría.
Nada condena más a una cultura que el aislamiento y su forma más cerril es cortar el flujo entre lenguas y culturas. A la literalidad del dogmatismo del verbo se le debe contraponer la gaya ciencia de la traducción, ejercicio de amor a los textos y servicio a los lectores que han de recibir los textos renacidos en otra lengua. Lo opuesto a la traducción es el "libro único", la "lengua única", etc. es decir, el dogmatismo, que ve en la traducción traición y en otros libros herejía.
Nadie necesita más conocimiento del idioma que quien traduce: nadie necesita conocer más y mejor los mínimos matices que cada término encierra, el valor de cada elección, cada ser o no ser semántico.


Sean quienes sean los que ganen los premios de traducción, el gran éxito es el reconocimiento de la importancia de la tarea de servir de puente entre dos culturas delimitadas por las fronteras del lenguaje. Ese es el premio global.
En estos tiempos de unilateralidad, ponderemos la riqueza espiritual, la alquimia de traducir de verbo a verbo, de mundo a mundo. Celebremos la traducción como apertura y voluntad de encuentro.

*"Five books shortlisted for Egypt's Refaa Al-Tahtawi translation awards" Ahram Online 6/08/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/18/107/309158/Books/Arab/Five-books-shortlisted-for-Egypts-Refaa-AlTahtawi-.aspx

domingo, 26 de abril de 2015

La lengua de las cárceles

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cada vez parece más claro el papel que las cárceles juegan en la cuestión del terrorismo. Lejos de ser lugares de rehabilitación o castigo, se convierten en puntos de encuentro en donde se forman los futuros terroristas. Entras por un delito menor y sales con ganas de cometer otro mayor.
El diario ABC nos trae hoy otro ejemplo más de esta función imprevista de las cárceles:

El grupo yihadista Estado Islámico nació en el que debió ser el más improbable de los lugares: una prisión estadounidense en el desierto de Irak, conocida con el nombre de Camp Bucca. Así lo confirman varios analistas y los comandantes a cargo de la instalación, así como los soldados que trabajaron en ella.
Camp Bucca no era su nombre original. Tras la invasión de Irak, las fuerzas británicas la llamaron Camp Freddy. Pero en abril de 2003, cuando los estadounidenses tomaron el control del campo de detención, lo rebautizaron en honor a Ronald Bucca, un jefe de bomberos de Nueva York que murió por las labores de rescate tras el ataque del 11 de septiembre de 2011 a las Torres Gemelas, informa la BBC.*


Las cárceles acaban convirtiéndose en los puntos de origen de muchos conflictos. Es el efecto de concentración que se produce cuando se reúnen los "contaminadores" ideológicos. La cárcel es un lugar perfecto para que algunas personas sean captadas para futuras acciones o como miembros de grupos. La situación de presión que suponen hace que muchos busquen a los que les ofrecen palabras de seguridad y dan forma agresiva a sus propios temores e inseguridades.
El diario ABC habla de "universidad de terroristas" y señala que hasta nueve dirigentes del Estado Islámico pasaron por allí, especialmente su líder actual:

El líder del grupo yihadista, Abu Bakr al-Baghdadi, autoproclamado califa y «líder de todos los musulmanes», por ejemplo, permaneció en Camp Bucca cinco años. Lo trasladaron tras detenerlo en Fallujah, al oeste de la capital, Bagdad, en febrero 2004.
Tenía 33 años y no habían pasado muchos meses desde que ayudara a fundar Jeish Ahl al-Sunnah al-Jamaah, un grupo militante que había echado raíces en las comunidades sunitas alrededor de su ciudad natal, Samarra.
Eran tiempos en los que la insurgencia sunita contra EE.UU. estaba cobrando fuerza en el país.
Pero el grupo que ayudó a fundar no era muy conocido, así que llegó a la prisión con perfil bajo. «Los estadounidenses no sabían a quién tenían», dijo sobre él Hisham al-Hashimi, un asesor del actual gobierno iraquí.
Allí, en Camp Bucca, Al Baghdadi coincidió con el que después sería su número dos en EI, Abu Muslim al-Turkmani, así como con el experimentado militar Haji Bakr, hoy fallecido. También permaneció en el campo de detención Abu Qasim, líder de los combatientes extranjeros, según Soufan Group.
Los analistas señalan que es probable que estos hombres fueran extremistas cuando entraron en la prisión, pero seguro que lo eran cuando salieron de ella. «Antes de su detención, Al Baghdadi y otros eran radicales violentos (...), pero su tiempo en prisión hizo más profundo su extremismo y les dio la oportunidad de aumentar el número de seguidores», escribió el antiguo militar Andrew Thompson en el diario «The New York Times» en noviembre de 2014. «Estos extremistas estaban básicamente gestionando una universidad para entrenar terroristas en nuestras propias instalaciones»*


La idea de "entrenar terroristas" no me parece la más adecuada porque lo que se hacía allí es distinto de lo que se hace en un campo convencional de terrorismo, el entrenamiento armado. Pero esta percepción nos muestra que no hay una distinción muy clara en la gradación del fenómeno del cual el atentado terrorista es uno de los finales posibles. Por decirlo así: el concepto de "seguridad" es demasiado restringido para los fenómenos que se tienen que abarcar.

La cuestión no se plantea solo en una cárcel como la que se nos describe. El problema en las cárceles de occidente en donde comienza a tenerse gran cantidad de presos islamistas empieza en el simple hecho del idioma. El hecho de que el personal penitenciario no logre saber de qué hablan o que si se tiene ese personal sea poco y obligue a reagruparlo para poder tenerlo bajo vigilancia. Con ello se produce el efecto que señalaban en la información de ABC: nosotros mismos los reunimos. Es más cómodo y barato, pero las consecuencias son terribles para el futuro. Gilles de Kerhove, el coordinador europeo de la lucha antiterrorista, ha llamado a la cárcel "incubadora de la radicalización"**. No le falta razón. Y nosotros los reunimos por comodidad y falta de recursos.


En septiembre de 2014, El Confidencial Digital titulaba una de sus informaciones "El aumento de los reclusos islamistas obliga a Prisiones a contratar traductores de dialectos árabes". Se nos decía que hasta el momento, es decir, hasta hace unos meses, no se disponía de traductores de lengua árabe. Eso supone depender de confidentes que suelen ser bastante poco de fiar en sus informaciones porque saben a quién deben temer más.
El Confidencial Digital informa de las nuevas dotaciones presupuestarias para la contratación de personal que pueda realizar las tareas de apoyo en sus tareas de prevención, que van más allá de la cuestión islamista, pues las mafias internacionales obligan al conocimiento de cada vez idiomas más alejados de los más usados:

El organismo reconoce que existe una “carencia de la Administración” a la hora de “disponer de personal con conocimientos en un número muy amplio de idiomas”, y una “necesidad” de estos servicios por “las características y procedencia cada vez más internacional de la población penitenciaria”.
Los presos islamistas, los que más preocupan
Técnicos de Instituciones Penitenciarias, consultadas por ECD sobre esta decisión de Interior, explican que en el ministerio, y en la secretaría de Estado, existe una “gran preocupación” por el crecimiento de la población islamista, y por el hecho de no “poder controlar” sus conversaciones.
En concreto, y según las fuentes citadas, “existe personal que conoce el árabe genérico”. No obstante, los presos, conscientes de ello, “empiezan a usar unos dialectos, más locales, que son imposibles de identificar y traducir por estos trabajadores”.
Por ese motivo, los técnicos de Prisiones dan por hecho que la Subdirección General de Servicios Penitenciarios elegirá la oferta que ofrezca a los mejores intérpretes de estos dialectos, ya que, a día de hoy, “no somos capaces de entenderlos”.***


Durante siglos, los delincuentes usaban sus propias jergas para evitar ser comprendidos por los que podían detectar sus intenciones. Lo primero que aprendía un policía era el lenguaje de los chorizos, del que acababa siendo un experto a fuerza de tratar con ellos. Pero el problema con el islamismo va más allá de esta cuestión. El árabe clásico, que comparten por ser la lengua del Corán, no es suficiente y se emplean las variedades y dialectos locales que usan para evitar que les detecten.
Las opciones son separarlos e impedir que se comuniquen o juntarles para que hablen y sean escuchados. Normalmente, excepto en casos muy señalados de aislamiento, lo que se suele preferir es lo segundo, porque la tendencia es a intentar saber lo que no se sabe y para eso es esencial la escucha vigilante.
La preparación de atentados es un objetivo prioritario, evidentemente. Pero no se debería dejar de lado el proselitismo porque es convertir la cárcel en esa "universidad" extremista que se señalaba.


Se deben plantear formas que impidan el proselitismo que es sembrar desastres futuros. Hasta el momento, las preocupaciones eran que los yihadistas iban a Siria y luego pudieran volver. Pero creo que ese problema ya está desbordado por problemas futuros que hay que ir imaginando.
Lo que debe ser entendido es que esto no es una cuestión temporal, que pueda ser cortada de raíz. Ese es siempre el error fundamental de la política de los Estados Unidos, ese pragmático ·voy, bombardeo y vuelvo" que tanto efectos negativos ha tenido y tiene. Es un exceso de confianza en que se pueden castigar las afrentas siempre y por la fuerza. Pero una cosa es la fuerza y otra el dolor. Cualquiera puede causar dolor con una bomba casera, como sucedió en Boston, o un simple cuchillo, como ocurrió en Londres. No hacen falta grandes redes; con alguien con voluntad de hacer daño es suficiente.


Las armas son prolongaciones de los seres humanos, de su violencia y fanatismo, de su deseo de dañar. Toda política que no entienda esto está destinada a enredarse con sus propios cordones. Esto no es una guerra convencional, limitada al tiempo y al espacio. Es un conflicto profundo que se vive en el seno de las sociedades que lo padecen y cuya solución debe estar allí. El empeño en considerarlo solo una "guerra contra occidente" es percibir erróneamente el problema, que tiene muchos niveles de complejidad.
Señalaban en El Confidencial Digital:

Según los datos que maneja el ministerio del Interior, en los últimos diez años, concretamente desde los atentados del 11-M, han sido llevados a prisión a más de 450 islamistas. De todos ellos, 42 son considerados terroristas de la Yihad.
Los contactos que éstos hacen en la cárcel, sumado al ingreso de nuevos islamistas procedentes de Siria que volvían a España a captar adeptos, han provocado que desde Interior estén muy atentos a las alianzas que todos ellos pueden tejer en las cárceles españolas: “Pueden utilizar cualquier conversación para sumar voluntades o intercambiar información”, explican las fuentes consultadas.***


La cuestión de las cárceles pasa a ser capital porque ya no se pueden considerar el fin de un problema, sino el comienzo de otro mayor. La estrategia que se deba seguir debe ser otra hasta la seguida hasta el momento. La necesidad de traductores que puedan interceptar los planes que puedan estar urdiendo es solo una parte. Además es necesario empezar a comprender la psicología, los mecanismos de la captación y el adoctrinamiento para poder combatirlos.
En 2008, los funcionarios de instituciones penitenciarias se quejaban de lo mismo y advertían que las cárceles, con menos personal y aumento de presos terroristas, se convertiría en eso que DeKerchove ha llamado "incubadora". Ahora parece obvio a todos.


Con todo, el origen del problema no está en las cárceles, sino allí donde la política local deja las manos libres para que el radicalismo se mueva para asegurarse el apoyo exterior; allí donde los medios de comunicación bombardean con llamadas directas o indirectas al sentido del agravio sin que nadie les conteste o desmienta; allí donde los intereses de las castas dirigentes siguen evitando el desarrollo; allí donde las élites se han asegurado de la existencia de la ignorancia para seguir manteniendo su estatus privilegiado. La Historia y sus errores —muchos nuestros— han hecho el resto.
El que se haya conseguido entender la importancia de esa escucha es esencial y es de esperar que ayudará a evitar males mayores. En un medio en el que la infiltración no es fácil y los confidentes son muy poco fiables, la mejor opción es la escucha atenta. Al problema de las redes sociales y las mezquitas controladas por radicales, entre otros, no se debería sumar el de las cárceles como centro de reclutamiento. Todos son puntos de entrada diferentes para la construcción del radical que solo necesita el empujón final, en el momento adecuado, para transformase en terrorista.



* "Camp Bucca, la prisión estadounidense donde nació el Estado Islámico" ABC 26/04/2015 http://www.abc.es/internacional/20150426/abci-camp-bucca-universidad-estado-201504232109.html
** "De Kerchove: “La cárcel es una gran incubadora de la radicalización”" Parlamento Europeo En Portada 30/03/2015 http://www.europarl.europa.eu/news/es/news-room/content/20150316STO34842/html/De-Kerchove-%E2%80%9CLa-c%C3%A1rcel-es-una-gran-incubadora-de-la-radicalizaci%C3%B3n%E2%80%9D

*** "El aumento de los reclusos islamistas obliga a Prisiones a contratar traductores de dialectos árabes" El Confidencial Digital 26/09/2014 http://www.elconfidencialdigital.com/seguridad/islamistas-reclusos-prisiones-dialectos_arabes_0_2351764827.html




jueves, 7 de noviembre de 2013

Puentes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay un poema de Pedro Salinas cuyo comienzo me atrapa pasar las hojas:

¿Qué hubiera sido de nosotros, di,
si no existieran los puentes?
Pero hay puentes, hay puentes. ¿Los recuerdas? ("Los puentes", de Largo lamento)

Es un hermoso comienzo para un poema, a sabiendas de que el poema mismo —toda escritura— es un puente entre dos, quien escribe y el que lee, construido con palabras, largo o corto, sólido o frágil, duradero o efímero. Nada hay más humano que un puente, mano tendida hacia lo otro, ser o lugar. En la guerra se destruyen los puentes; la amistad los construye e incluso los reconstruye si es necesario.
Hoy, para mí, los puentes son mis alumnos extranjeros —chinos y egipcios básicamente— llenos de ilusiones, tendidos a través de la lengua y la cultura hasta nosotros. Y de sus ilusiones te contagias, te ilusionas tú mismo, rodeado como estás de un mundo que ha enterrado ilusiones, cada día más mezquino, en el que la educación es mercadeo de créditos, puntos, quinquenios, sexenios y demás zarandajas contables.


Sobrevives en el último reducto que le queda a la enseñanza —no por mucho tiempo, pues el gris corrosivo ya lo invade todo— que son los doctorados en los que puedes realizar la tarea vocacional de intentar despertar el interés por las preguntas inquietantes y los procesos sin más beneficio que la satisfacción del conocer lo que antes se ignoraba. Puedes dedicar tiempo y esfuerzo a la aventura de construir edificios con ideas, a dialogar sobre pros y contras, a recordar lecturas adecuadas y a descubrir otras nuevas con las que seguir un camino acompañado y acompañando.
Hasta hace poco los puentes —según las ramas— se tendían mayoritariamente hacia América. Recuerdo con mucho cariño a mis —hoy doctores y buenos profesores— doctorandos mexicanos. El encuentro se veía favorecido por el idioma común y por un equipaje intelectual de lecturas e influencias muy similares, próximos. Eso favorecía un encuentro que nunca se percibía como un gran salto.


Hoy en cambio sí tienes esa sensación de que el puente es más largo al encontrarte con orillas más alejadas, las de culturas que se diferencian en tradiciones y fondos, en lecturas diferentes, raíces distintas. El diálogo aquí es otro muy distinto, también enriquecedor.

Estos estudiantes vienen por la Cultura —por esa lengua que pisoteamos, esas obras que apenas leemos, por los paisajes que no miramos—, además de por las materias que sean de su interés. Les atrae el idioma y una España o América Hispana imaginadas que se han construido, como es inevitable, a través de caminos sorprendentes. Ellos se han lanzado a aprender español eligiéndolo por motivos que muchas veces se nos escapan, pero que son para ellos una gran motivación. Han hecho el tremendo esfuerzo de aprender un idioma —mejor o peor, pero siempre con ilusión—, de subirse a un avión y separarse de familia y comida (las dos cosas se echan de menos), de cambiar de costumbres y llegar aquí a un mundo que los ve como parte de un paquete indiferenciado. Podían haber elegido otro idioma, pero eligieron el nuestro; podían estar en otro sitio, pero están aquí. Aquí, sí, con nosotros.
Me alegro mucho cuando los veo en las fotos de grupo en Facebook, celebrando con amigos españoles y de otros países nuestras fiestas y las de ellos, organizando cenas en pisos en los que apenas caben todos, apiñados pero contentos.
Me emociona ver a los estudiantes egipcios de español en la Universidad de El Cairo con sus pegatinas, camisetas y banderas españolas, con sus "I love Spain", algo que casi ya no nos podemos permitir nosotros.
He visto a alumnos chinos temblarles la voz ante el tribunal de su máster al decir que ha sido el año más feliz de su vida el que han pasado entre nosotros. Para muchos es el cumplimiento de un sueño que ha costado mucho esfuerzo y sacrificio alcanzar.


Quizá tratas de recuperar, tomándola prestada, un poco de esa ilusión que el día a día te va quitando y que gracias a estas inyecciones vitamínicas —y a algún gen descolocado— puedes sobrellevar tanta desgana y desdén educativo como el que ves.
Recuerdo una conversación con alumnos egipcios de español en los jardines cairotas del Instituto Cervantes. Habían quedado todos allí para hacerse la fotografía de fin de curso del grupo. Mientras esperaban para hacerla, charlamos un rato y manifestaron sus inquietudes respecto al futuro que les aguardaba tras sus estudios. Les dije que ellos eran "puentes", que conocían dos idiomas y que aspiraran a algo mejor que a recoger turistas malhumorados y gritones en el aeropuerto o en los hoteles; ellos serían traductores, mediadores entre dos culturas, exploradores de diferencias y similitudes. Su responsabilidad al hablar dos lenguas era transmitir a una parte lo mejor que encontraran en la otra; que lo que les gustara en español lo contarán en árabe y que lo más valioso que encontraran en su lengua lo vertieran al español. A algunos se les iluminó la cara; veían un destino posible algo mejor, alejado de los operadores telefónicos y de los guías turísticos. No es un destino fácil, pero hay que tener esperanzas porque son necesarias las personas que amen las culturas y no solo que se sirvan de ellas.


En estos puentes se circula en dos direcciones, aprenden y aprendes. Acabas descubriendo poco a poco que las distancias culturales son también una invitación, una ocasión para explorarte a ti mismo, para comprender cuánto de artificial hay en lo natural, cuánto de dogma en nuestras verdades. Y cuánta soberbia y prepotencia hay suelta por el mundo, cuánta ignorancia disfrazada de orgullo mal entendido. No hay mejor test para conocernos que nuestra actitud ante el otro. Nos basta ver como trata al que llega para saber cómo es una persona.
Ayer me alegró el día una postal llegada desde Shanghái. Era el primer día de reincorporación a su trabajo de una brillantísima alumna —obtuvo la más alta calificación por su trabajo final— que dejó su estupendo empleo en un importante grupo empresarial —sus jefes le dijeron que la apoyaban en su formación— durante un año para cumplir su sueño de realizar un máster en España. En su primer día me había escrito esa postal diciendo que nos echaba mucho de menos y me contaba cómo la empresa la había asignado a proyectos en Europa y especialmente con España. Iba a poder poner en práctica lo que había aprendido y eso la llenaba de satisfacción.


Curiosamente, la postal es una fotografía de unas preciosas casas construidas sobre pilares en el agua, a las que se llega por un puente en zigzag; son casas-puentes de un lugar llamado "Yu Yuan", Jardín de la Felicidad. Es un recinto que se encuentra al norte de Shanghái, construido en el siglo XVI, durante la dinastía Ming. Fue creado por Pan Yunduan a imitación de los jardines flotantes imperiales. Sus padres, ya ancianos —nos cuentan— , no podían viajar a ver los jardines originales y él los recreó para ellos. La postal recibida cumple la misma función, nos une; me trae imagen, palabras y recuerdos.

Tiene razón Salinas: "hay puentes... " Solo hay que recordarlo. Si no, como dice, ¿qué hubiera sido de nosotros?





 




viernes, 13 de septiembre de 2013

Los traductores traicionados

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Lo vi —creo que este mes de agosto— en The New York Times. Era un reportaje realizado sobre la integración de aquellas personas que habían servido como traductores e intérpretes a las tropas norteamericanas en países como Iraq o Afganistán. Nos mostraban cómo habían podido cambiar sus vidas al salir de sus países y ser acogidos en los Estados Unidos. Algunos habían montado pequeños negocios otros habían sido contratados por empresas que agradecían el servicio que habían hecho a sus tropas. No siempre todos tienen la misma suerte. En otras ocasiones —el mismo The New York Times ha tratado varias veces el problema— quedan abandonados a su suerte.
Es una obviedad decir que esas personas se han jugado la vida al ponerse al servicio de las tropas extranjeras como intérpretes y traductores locales. Ellos y sus familias, claro, que quedan expuestos a todos aquellos que los ven como traidores y futuros condenados a una violenta represalia. Aquel que recorre las calles y campos de Iraq o Afganistán acompañando a las tropas se convierte, aunque sea acompañando a médicos y enfermeros militares, se convierte en muerto inmediatamente. No han estado traduciendo a Rubén Darío, sino jugándose la vida para que los soldados españoles pudieran tener contacto con la población.


Ahora leo en el diario El Mundo que los intérpretes afganos que acompañaron a las tropas españolas en sus misiones por las ciudades, los que les ayudaron a salvar el muro del lenguaje y que les habrá permitido salvar muchas vidas de las personas que hemos mandado allí reclaman un trato similar que no les deje al borde de la ejecución sumaria.
El diario publicó un artículo a primeros de mes, recuerdan, en el que se avisaba de la situación de "indefensión" en la que quedaban los intérpretes tras el repliegue de las tropas. El diario —buena iniciativa, Mónica Bernabé— señala:

Tras la publicación del artículo, el Ministerio de Defensa ha intentado justificarse diciendo que ofreció un "programa de acogida" a los traductores, que incluía trasladarlos a España, pero que ninguno de ellos solicitó ayuda. Fuentes militares en zona de operaciones han asegurado este viernes a ELMUNDO.es que "si el programa existe, nunca les llegó su contenido".
El coronel jefe del contingente español en Badghis, José Luis Murga, tampoco mencionó la existencia del programa en una entrevista con EL MUNDO el pasado 23 de agosto. En este vídeo los traductores afganos hablan ante la cámara para también desmentir la versión de Defensa. Asimismo se pueden ver imágenes de cómo trabajaban y su rol crucial en la labor de las tropas españolas en Afganistán.
Los traductores afganos presentaron una carta en la embajada española en Kabul el miércoles para pedir ayuda. En concreto, los intérpretes solicitan un salvoconducto para viajar a España y pedir asilo político, o un visado especial de carácter humanitario para salir del país.

Creo que es de estricta justicia devolver de alguna manera la ayuda y el quemado de naves que estas personas han hecho al acercarse a las tropas españolas y acompañarlas públicamente como intérpretes. El ejemplo del programa norteamericano de integración es elocuente.

Creo que la petición de "asilo político" es poco para quienes abandonan su país por haber ayudado y que la responsabilidad española va más allá. Si se deja a estas personas fuera de cualquier cobertura, España habrá dado un paso más en su creciente mezquindad institucional en muchos aspectos. Que no se ampare nadie en recortes de ningún tipo porque estos afganos, a los que se deja a su suerte junto a sus familias, se han "recortado" ellos mismos la vida al ayudarnos y además con su trabajo han contribuido a reducir el número de bajas españolas en ese conflicto al facilitar sus tareas.
Hace mucho tiempo pregunté —al vacío, claro— por qué el empresario más corrupto de la era de Mubarak tenía nacionalidad española y quién se la había concedido. La concesión o el estatus de refugiados de estos afganos no la debería cuestionar nadie. Incluso el Ejército —no serán muchos— podría sacar algún provecho no desconectándose de ellos si los utilizará para su propia escuela de idiomas contratándolos como profesores de esas lenguas.
Al acogerles y devolverles algo de la vida que pierden, España no estará inventando nada; solo cumpliendo una obligación moral. Todos los ejércitos del mundo saben que si abandonan a sus intérpretes a su suerte, los próximos lugares a los que vayan tendrán que ir con los idiomas aprendidos.
Siempre se habla del "traductor" como traidor; en este caso es al contrario. Es el traductor el traicionado.
Hay una iniciativa abierta** —yo acabo de firmarla— para los que quieran sumarse a esta petición de estricta justicia. Me imagino que dado que todos nuestros políticos, presidentes y ministros de un partido y otro, visitaron Afganistán como apoyo a las tropas españolas allí, no tardarán mucho en ponerse de acuerdo en atender esta solicitud y no quedar como un país mezquino. 
La "marca España" también cuenta en Afganistán.




* "Los traductores afganos de las tropas españolas piden ayuda en la embajada" El Mundo 13/09/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/09/13/espana/1379062755.html