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domingo, 25 de febrero de 2018

No hay excusas para las armas

Joaquín Mª Aguirre Romero (UCM)
El movimiento contra la Asociación Nacional del Rifle en los Estados Unidos está empezando a tomar forma por allí donde más duele: la retirada de las marcas que vinculan su nombre a la NRA. El cese del apoyo es grave para ellos porque los sitúa en el lado complicado, aquel en el que los discursos patrióticos no funcionan.
Hasta el momento, la NRA ha funcionado dentro del marco de la defensa de las libertades y como tal se justificaba su apoyo a los políticos que defendían las "libertades". Esto se resolvía mediante donaciones a las campañas de los políticos, en todos sus niveles, garantizándose así que ellos darían la cara y asumirían el discurso de las armas y las libertades como dos caras de una misma moneda. Esto ha cambiado.
El sutil cambio se manifiesta mediante la semántica: de "donación" a "compra" o "soborno". La presión sobre el senador Marco Rubio en el evento organizado por la CNN por parte de los estudiantes fue brutal, uno de esos momentos en los que uno cuenta los minutos a que termine. Los estudiantes mostraron una determinación asombrosa, ninguno de los presentes consiguió llevar a su terreno la discusión. Fueron precisos para evitar que se les escaparan por la tangente. Y a Marco Rubio se le preguntó directa y reiteradamente si recibió "donaciones" de la NRA. Rubio se defendía diciendo que nadie había comprometido su "agenda", pero la pregunta volvía una y otra vez cuando eludía la respuesta.
La empresas —que son buenas intuyendo los fenómenos de boicot— han empezado a desmarcarse de la NRA. No quieren verse arrastradas por la visión negativa que la Asociación está dando.


La BBC analiza el fenómeno con el titular "Por qué grandes empresas de Estados Unidos están boicoteando a la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA)". La respuesta no necesita mucha imaginación: por temor a que las boicoteen a ellas. La presión es en cadena. Los norteamericanos boicotean a las empresas que tienen conexiones de muy diferentes tipos, desde descuentos en compras a los 5.000.000 de miembros de la Asociación a VISA, que dejará de hacer una tarjeta especial para ellos, entre otros muchos casos. Esto está solo comenzando.
Las medidas puestas en marcha por los jóvenes son muchas. Una de ellas es la llamada a registrarse como votantes, algo que puedes ser decisivo en muchos distritos y romper la situación existente en favor de los que no son financiados por la NRA. Esto debe preocupar especialmente al partido Republicano, máximos defensores de las armas o si se prefieren los que más se inhiben en cualquier intento de limitarlas.
Tanto es así que el propio Trump ha intentado ofrecer una subida de la edad de compra, de 18 a 21. A nadie se le escapa que ese no es el problema. Si la propuesta de armar a los profesores ha sido rechazad de plano por el sistema educativo, la de retrasar tres años la compra no es mucho para evitar futuras matanzas.


El hecho de que Nikolas Cruz pudiera comprar su arma semiautomática de forma legal no es el elemento decisivo en la matanza. Muchas casas están llenas de armas y no necesitan comprarlas ellos mismos, sino que pertenecen ya al arsenal familiar. Aunque se prohibiera toda venta de armas ahora mismo, el problema de las armas almacenadas no se resolvería en décadas.
Estados Unidos necesita un plan integral que actúe en todos los planos del problema, algo prácticamente imposible de ejecutar ante las divergencias interpretativas de lo que es un arma y lo que implica. Las escuelas, además, no son los únicos escenarios, como se tuvo la desgraciada ocasión de ver en la última matanza en Las Vegas, durante un concierto, en el que un francotirador se atrincheró con armamento de todo tipo. El resultado fueron 59 muertos y más de 520 heridos, un auténtico baño de sangre, que superó en diez muertos a la anterior masacre, el de los 49 en la discoteca de Orlando, Florida. Fue el 1 de octubre de 2017.
La BBC recoge la reacción de los responsables de la NRA ante el boicot que se le está realizando a las empresas vinculadas con ellos:

"Los miembros de la NRA, respetuosos de la ley, no tuvieron nada que ver con el fracaso de la seguridad de la escuela (Stoneman Douglas), con el fracaso del sistema de salud mental de Estados Unidos, ni con el fracaso del Sistema Nacional de Verificación Instantánea ni las crueles fallas de las autoridades federales y locales", dice el mensaje.
"A pesar de eso, algunas corporaciones han decidido castigar a los miembros de la NRA en una vergonzosa muestra de cobardía política y cívica. Eventualmente estas marcas serán reemplazadas por otras que reconozcan que el patriotismo y el compromiso decidido con las libertades constitucionales son características de un mercado al que desean servir", agrega.*


El lenguaje empleado es el de siempre, el del patriotismo, el de las libertades, el del derecho a defenderse. La introducción del término "mercado" permite comprender dónde está la raíz del problema. Las armas son un gigantesco negocio y las pérdidas de vidas causadas por ellas no son problema de quienes las venden y promueven.
La cultura popular ha mostrado —y en parte creado— mucho del fetichismo de las armas. La sociedad norteamericana padece múltiples traumas por la presencia de esas armas en casas y calles. Se ha ido elevando el nivel de dependencia armamentística es en los conflictos callejeros y en los problemas psíquicos en donde se ve más claramente.
La Policía norteamericana produce muertes por temor a ser herida. The Washington Post titula "Fatal force" y representa en una sola cifra, 987, los muertos por la Policía en Estados Unidos solo en 2017. Casi mil muertos en un año a manos de la Policía. Muchas de estas muertes salen a la luz en su irracionalidad, muertes injustificables. Otras muchas se producen en tiroteos y enfrentamientos con los delincuentes, bandas o sospechosos de cualquier delito. La sospecha de que alguien pueda llevar un arma condiciona las actuaciones y el poder de las armas en manos de los delincuentes, armas compradas legal o ilegalmente, convierte la calle en escenario de tiroteos.


No se puede olvidar el fenómeno del "vigilantismo", creado por la xenofobia creciente que ve en los inmigrantes hispanos sospechosos de ser criminales. Lo mismo ocurre con la población negra, sospechosa por el hecho de serlo, como mostró en el caso de Trayvon Martin en Miami —también Florida—, el muchacho asesinado por un vecino vigilante que pensó que por llevar capuchas ya era un criminal. La Radio Pública Norteamericana los sintetizaba así:

"Seventeen-year-old Trayvon Martin of Miami, was walking from a convenience store to the home of a family friend in a gated community in Sanford on Feb. 26th. He was confronted by neighborhood watch volunteer George Zimmerman. Zimmerman called police to report a suspicious person but before police arrived, the two struggled and Zimmerman shot and killed the teenager. Community members are demanding Zimmerman's arrest but Sanford Police say they don't have sufficient evidence to dispute his claims of self defense."*


Esto no es una escuela. Zimmerman representa otra respuesta fallida de la sociedad norteamericana ante el problema de la violencia que ella misma produce. El caso dio lugar al "movimiento de las capuchas", que tenía un componente claro de protesta contra el racismo de los "perfiles étnico", otra cuestión puesta en marcha con la llegada de Trump al poder y su criminalización de los hispanos o afroamericanos, directa o indirectamente, al apoyar o mantener silencio ante lo que los grupos racistas hacen. Recordemos que le ha costado un enfrentamiento con Reino Unido al respaldar con un tuit a un grupo ultraderechista y racista. Trump, por decirlo claramente, ha sido el candidato que ha surgido del apoyo del KKK o de la NRA, por no señalar más que dos de sus impulsores.
La cuestión de las armas es de una enorme complejidad dentro del marco cultural estadounidense. Para muchos norteamericanos, las armas forman parte de su idiosincrasia y las muertes no son más que las consecuencias colaterales.
El movimiento de los jóvenes de Florida es importante. Trump solo tiene  una virtud: la de unir mediante la indignación. Sus descarados tuit, sus insultos permanentes a la inteligencia de las personas y a sus principios, levantan el ánimo de los que deciden enfrentarse a esos problemas que él trata de manera tan desafortunada.



Ha unido a mujeres, afroamericanos, inmigrantes y ahora a los jóvenes contra sus propuestas. Son muchos frentes que revelan la toma de conciencia de los grupos en defensa de sus ideas o derechos, de sus libertades amenazadas.
Más allá de los límites de la venta —complemente necesarios— en edad y control de los compradores y potencia de las mismas, hacen falta medidas educativas y psicológicas. No hay que armar a los profesores, sino dotarles de capacidad de actuación mediante programas de detección y apoyo a personas que acaban encontrando en la muerte de otros la "solución" a sus problemas.
Aquí hemos tratado hace algunos años la cuestión de los suicidios de soldados norteamericanos, cifras escandalosas que superan a los muertos en combate. La sociedad norteamericana es muy dura en muchas cosas. La idea del "perdedor" está presente de forma agobiante acabando en patológica. Surge la idea de venganza y destrucción, presente en muchos de los asesinos de esta categoría. La queja del abandono de los soldados que regresan rotos nos muestra la dureza de la vida en una sociedad que muchas veces no quiere verte en tu dimensión completa, sino solo como persona rentable.


No son solo las escuelas los espacios de matanzas. Hemos citado la de Las Vegas y la de la discoteca de Orlando. La NRA echa la culpa a los sistemas de vigilancia, que es cierto que fallan. Pero fallan, entre otros aspectos, porque los que ven bien a la NRA ven muy mal los servicios sociales, las mejoras de la educación, la sanidad y todas aquellas medidas que tengan un carácter socio-humanitario. Dios da a cada uno lo que se merece, dicen. No lo creo. Lo que es cierto, en cambio, es que ninguno de esos 17 jóvenes y niños muertos se merecía la muerte cuando asistían a la escuela.
Hoy salen de las escuelas y van a los foros, hablan en los programas de televisión y radio. Los periódicos se ocupan de ellos. Sus argumentos son buenos y su estilo implacable ante los escurridizos políticos que no pueden más que ampararse en difusas ideas. Por eso, las campañas contra ellos, otra de las infamias que el mundo de las "fake news" y la "realidad alternativa" no tiene escrúpulos en usar en la red para difamarlos acusándolos de ser "actores" pagados o activistas aprovechados. Una verdadera infamia.
Si el movimiento por el control de las armas consigue crecer y asentarse, las presiones sobre los republicanos van a ser muy grandes y tendrán que alejarse de sus donantes habituales. Intentarán ajustes cosméticos en las leyes y les será difícil seguir manteniendo el argumento de que la respuesta a las armas son más armas. La iras han ido directamente contra la NRA, que es apuntar al impedimento de que sean desarrolladas muchas acciones políticas y sociales contra la venta de armas automáticas de gran potencia. La locura ha ido creciendo en un negocio manchado de sangre. al que se le han acabado las excusas.



* "Por qué grandes empresas de Estados Unidos están boicoteando a la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA)" BBC-Mundo 24/02/2018 http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-43182493

** "Killing Of Fla. Teen Trayvon Martin Becomes National Story About Race" NPR 19/02/2012 https://www.npr.org/sections/thetwo-way/2012/03/19/148905661/killing-of-fla-teen-trayvon-martin-becomes-national-story-about-race

martes, 16 de julio de 2013

El castillo y sus vigilantes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No nos entra en la cabeza el modelo norteamericano de "defensa" que ha puesto en libertad a George Zimmerman, el vigilante que "se sintió amenazado" por el joven Trayvon Martin porque era negro y con capucha, joven y armado con un paquete de caramelos y una lata de refreso. Un jurado compuesto por seis mujeres, cinco "blancas" y una "hispana", según sus clasificaciones cromáticas, ha decido que Zimmerman es "no culpable", que es como decir que lo que pasa en el callejón queda entre el verdugo y la víctima. En unas calles cada vez más solitarias por los riesgos que implican no solo la delincuencia sino los vigilantes de los delincuentes es cada vez más difícil que haya testigos que aclaren algo. La soledad lleva a la impunidad: la palabra del vivo contra la del muerto. Sin testigos, siempre hay "duda razonable".
La BBC plantea así el fondo ideológico de la cuestión:

La casa de una persona es su castillo, reza la conseja popular. Y dentro de él esa persona tiene derecho a defenderse de intrusos y agresores, incluso con fuerza letal, si lo considera necesario. Es una vieja noción con ribetes medievales que ha pasado a la juridisprudencia [sic] anglosajona moderna como la Doctrina del Castillo.
Pero últimamente en Estados Unidos nuevas leyes han ampliado el tamaño del castillo en el que es legal defenderse, que ya no se limita al hogar, sino que se ha extendido al sitio de trabajo, el vehículo personal y a todo espacio público donde un individuo tenga derecho a estar.*


"Donde tenga derecho a estar" es equivalente a "donde tenga derecho a sentirse molestado", que en el fondo es lo que establece la doctrina. La denominada doctrina "Stand your ground" legaliza a su manera la situación en la que uno se convierte en intérprete de una ley de forma instantánea. Si esta es mi zona, yo decido cuándo se aplica la ley. Aquí el que juega con blancas, gana siempre. Siempre que se aplique en el sitio correcto, independiente de lo que ocurra, la ley le declarará inocente. Es por tanto el espacio, el que determina la legitimidad del acto: si lo hago fuera de "mis límites", paso a ser considerado el agresor y no el defensor.


La doctrina "Stand your ground" es sobre todo una doctrina espacial, reivindica el derecho a decidir sobre un espacio. Es, por tanto, una doctrina derivada de la propiedad, que como bien señala la BBC se ve ampliada a otros lugares o propiedades. El principio es el siguiente:

"Una persona que no esté envuelta en una actividad ilegal y que es atacada en cualquier otro lugar donde él o ella tenga derecho a estar no tiene la obligación de retirarse y tiene el derecho a mantenerse en su lugar y responder con fuerza, incluso fuerza letal, si él o ella razonablemente cree que es necesario hacerlo para prevenir la muerte o grave daño físico a sí mismo o a otra persona o para prevenir la comisión de un crimen violento".*


Es tal la apertura de las causas y sobre todo tan interpretable que deja todas las decisiones en manos de quien tiene el arma. Si el joven Martin se hubiera defendido del ataque de Zimmerman para salvar su vida habría sido condenado porque no estaba en el "lugar adecuado"; el único derecho que le quedaba era dejarse matar, ya que huir no le sirvió de nada. El argumento de que pasaba por allí camino de su casa no habría sido creído y la soledad se hubiera vuelto en su contra. El hecho de que a alguien le pueda parecer peligrosa la presencia de un "vigilante" y se retire, ya puede ser considerada una "conducta sospechosa" —huyes de algo— que active y justifique su deseo, ratificado por la ley, de "defensa". Zimmerman persiguió a Trayvon Martin desoyendo los consejos de la Policía.
El segundo aspecto, que es el que ha hecho estallar las protestas, es el racial, cuyo fundamente se recoge en la propia psique del vigilante al valorar los "peligros" que supone encontrarse con una persona negra en las calles. La "creencia" que la ley ampara no es más que la sacralización del prejuicio, que es lo que esta muerte, que no ha sido considerada un "crimen" sino un "derecho", consagra. El mismo espíritu que mantiene la ley viva tiene que justificarse en sus sentencias; es la lógica circular de la sin razón. La ley solo se puede mantener viva dando la razón a los que la practiquen.


Hace una año, las calles de Estados Unidos se llenaron de personas de todos los estratos y colores que se pusieron capuchas para señalar que eso no era un delito y que no justificaba tu muerte a manos del primer visionario de la defensa que te encontraras. Hoy las protestas que se levantan en muchos lugares muestran que todavía queda mucho camino por recorrer, que el modelo "de frontera" no es el que se debe utilizar en una sociedad moderna. Eso sí, por los caminos adecuados, no vaya a ser que alguien considere que son de su propiedad y reivindique el derecho de disparar sobre los que lo pisan de forma amenazante o con la vestimenta inadecuada.


* "¿Cuándo es legal en Florida matar a alguien?" BBC 16/07/2013 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/07/130715_eeuu_zimmerman_defensa_propia_cch.shtml



 


jueves, 19 de julio de 2012

Los planes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
George Zimmerman, el "patrullador" hispano que causó la muerte del joven Trayvon Martin de un disparo porque le parecía "sospechoso", ha concedido su primera entrevista. Lo ha hecho en la Fox y acompañado de su abogado. Se ha disculpado; lamenta el dolor que le ha causado a los padres de Trayvon. Sigue defendiendo que actuó correctamente, que es lo que uno debe decir en  presencia de su abogado cuando te juegas lo que te juegas. No sé si Zimmerman volverá a causar otra vez la oleada de indignación que el caso provocó, que se tradujo en diversas "marchas de las capuchas" por todo Estados Unidos. Pero la versión de que él se sintió en peligro y eso justifica la muerte de otro, es un principio "legal" que necesita revisión. Es el fondo general del debate: el derecho a decidir por tu cuenta si los otros son peligrosos. En el fondo, tiene fuertes resonancias —una versión en miniatura— del problema de los "ataques preventivos".



El señor Zimmerman tiene su propia teoría: “It was all God’s plan, and for me to second guess it or judge it”.* Es lo que podríamos llamar la "teoría final", el "plan de Dios". Ni preguntas ni juicios; solo aceptación sumisa de lo que ocurre, aunque seas tú quien lo cause. Es la conexión abrahámica.
Según esa "teoría", el señor Zimmerman no debería "arrepentirse" de haber causado dolor a los padres de Trayvon Martin; todo formaría parte del mismo plan. Al contrario, debería felicitarles. Pero los padres no lo ven así. Ven que los planes del señor Zimmerman interfieren con los planes que ellos tenían para su hijo y los planes que su hijo tenía para su propio futuro. Aunque tener planes, en la mentalidad de Zimmerman, es irreverente y hasta herético. Comienzas haciendo planes por tu cuenta y acabas creyendo que eres tú el que aprieta el gatillo; todos los males comienzan siempre por la soberbia. Él es humilde y lo acepta.


George Zimmerman tendrá que enfrentarse a los planes de los doce miembros de un jurado. Tendrá que convencerles de que también  ellos son "piezas" del plan, que sus planes particulares son subalternos al suyo, y deberán confirmarlo con un veredicto de inocencia. Su abogado tendrá que asegurarse de que los jurados seleccionados sean capaces de creer en los planes generales. Habrá algunos que quizá piensen que están allí por el azar de un sorteo. A esos habrá que descartarlos en la selección.

Señala The New York Times —que recoge la entrevista de la Fox— que el vigilante no cree que sospechara de Trayvon Martin porque fuera joven, negro y llevara capucha. “I am not a racist, and I am not a murderer"*, le ha dicho al entrevistador. Y espera que esa sea la conclusión del jurado que le juzgue.
"Racista" y "asesino" son dos calificativos que se complican tremendamente cuando se traducen a términos sociales: "perfil racial" y "autodefensa", las dos cuestiones que el caso pone sobre el tapete y que no afectan solo al Estado de Florida. Una vez que se ha decidido que usar "perfiles raciales" no es "racismo" y que la "autodefensa" es un derecho constitucional aunque seas tú el que persigas a la víctima, las cosas se complican un poco y la sociedad que lo consiente es la que queda en evidencia. Y entonces hay que recurrir a los "planes".
Es curioso que en los "planes divinos" diseñados para la defensa de George Zimmerman, las dos teorías sean tan materialistas. Lo es la creencia en que el aspecto determina el comportamiento, algo que se desestimó hace mucho tiempo recusando la "fisiognomía", la "frenología", etc. y mandándolas a la papelera de las pseudociencias. El espiritual Zimmerman ha resultado ser discípulo de Cesare Lombroso, autor de L'uomo delinquente, el estudioso que establecía vínculos entre narices, cejas, mandíbulas y cualquier otro rasgo físico con el crimen. El positivismo criminológico de Lombroso quedó olvidado, aunque para algunos sigue vivo.


Materialista, puro biologismo, es también la doctrina que le hacía patrullar para mantener su territorio limpio de posibles agresores de caras e intenciones amenazantes. La denominada "state’s stand-your-ground self-defense law", admitida en Florida, hizo que no fuera detenido inmediatamente después de la muerte del joven Martin, lo que causó escándalo e indignación. Para Zimmerman, la "state’s stand-your-ground self-defense law" es como la letra pequeña del "no matarás". Sus planes son personalizados.

La teoría final, los planes de Dios, son una ofensa a la inteligencia, incluso a la divina. Que Zimmerman haya traducido todos sus miedos, fobias y prejuicios personales y sociales a planes, no deja de advertirnos de los peligros que esa visión de uno mismo y del funcionamiento del mundo tiene para los demás.
Y es que el mundo se está llenando de humildes, de personas incapaces de escuchar, atender o cualquier otra circunstancia que les haga alejarse un milímetro tan solo de los planes que Dios tiene para ellos. Hay "planes" políticos, bélicos, económicos, educativos..., todo tipo de planes inamovibles porque el dogmatismo creciente así lo requiere. El recurso a la inevitabilidad se está haciendo inevitable.
El mundo necesita razones y dudas: razones que los demás entiendan, dudas que nos obliguen a repensar las cosas y sopesar los males para evitárselos a los demás. Sobra soberbia disfrazada de inevitabilidad.
Si escucha "voces", por favor, vaya al psicólogo. Es un plan razonable.

* "Zimmerman Says He Doesn’t Regret Actions in Shooting" The New York Times 10/07/2012 http://www.nytimes.com/2012/07/19/us/zimmerman-says-no-regret-for-actions-in-trayvon-martin-shooting.html?hp





jueves, 29 de marzo de 2012

Capuchas y caramelos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La trágica y absurda muerte del joven Trayvon Martin ha dado origen a un movimiento en los Estados Unidos. Como todo movimiento necesita de símbolos para ser identificado. Como el joven mereció sospechas por ir con su capucha puesta, como tantos otros adolescentes, la capucha ha pasado a ser el elemento central de las protestas. A las marchas del millón de capuchas —pronto renombrada como de los dos millones— que ha ido sumando manifestantes por las distintas ciudades norteamericanas, se ha sumado un nuevo elemento simbólico: los caramelos que el joven había salido a comprar. Los manifestantes acuden a las protestas con sus capuchas y las bolsas de caramelos, los Skittles, de la marca Mars.
The New York Times nos cuenta las distintas reacciones y enfoques que tiene el símbolo elegido en la medida en que es un producto comercial*. Para la marca, puede convertirse en una encerrona ya que el aumento de ventas puede verse como una forma de aprovechamiento de las circunstancias. Cuanto más gane con la protesta, más criticada será si no hace nada al respecto. La opción es crear un fondo de ayuda con los beneficios extra que se hayan podido generar con estas ventas. Eso obliga a la compañía a tener que modificar su enfoque del producto al quedar asociado a un elemento imprevisto como es la muerte del joven Trayvon. Pero la vida son los imprevistos y estos caramelos, para bien o para mal, han quedado unidos simbólicamente con unos hechos.


La capucha no plantea ese problema comercial ya que no se identifica con una marca en especial. Por eso ha podido verse repartida por todos los Estados Unidos, en los más diversos escenarios. Hemos podido ver senadores y congresistas encapuchados, reverendos, coros enteros, equipos de baloncesto de la NBA… La sociedad americana sabe cuándo debe permanecer unida para sus causas. Porque la muerte de Trayvon es una de esas muertes que revelan un estado de la sociedad, algo que se ha venido rondando con la aprobación de diversas leyes que consagraban el prejuicio racial como parte de los argumentos por los que uno puede matar a otro.


El caso de Trayvon se ha rondado desde que se dio vía libre a las detenciones por perfil racial. La ley antiinmigración de Arizona, el año pasado, como señaló Hillary Clinton, permite detener a una persona por su acento o su aspecto. Basta que esa persona haga un movimiento sospechoso para que se cierre el círculo mortal. La primera sospecha te permite detenerle y la segunda matarle. La muerte de Trayvon ha causado tanta indignación por la tranquilidad con la que el ciudadano que disparó, George Zimmerman, pudo salir sin ser siquiera detenido al invocar que se sentía amenazado. El joven, como tantos otros, salió a darse un paseo y comprar esos caramelos que ahora adquieren un valor simbólico.

En una sociedad mediática los símbolos se apoderan rápidamente de los mensajes y discursos. Pronto cubren paredes y son llevados en pancartas. La capucha convierte al que la lleva en una reivindicación andante del derecho a salir a la calle sin pensar en los que juzgan tu vestimenta como una amenaza o un delito. Por eso las palabras del periodista Geraldo Rivera causaron indignación aunque pensara en su propio hijo, Cruz, tal como el presidente Obama pensó en que podía haber sido un hijo suyo si hubiera tenido un varón. Ambos pensaron como padres, pero cada uno de forma distinta.
Rivera ha vivido su propio drama personal. Su hijo le envió un mensaje diciendo que se avergonzaba de lo que había dicho. Sus palabras fueron imprudentes, desde luego. La campaña de repulsa a sus palabras ha sido fulminante y de todos los tonos. Ha pedido perdón por ellas:

Rivera dijo el martes que una conversación con su hijo mayor el día previo lo convenció de que estaba equivocado. Reveló que por primera vez su hijo de 32 años, Gabriel Rivera, le dijo que estaba avergonzado de algo que el padre había dicho y que eso no le dejó dormir.
"Él nunca me había hablado así", expresó el presentador de la cadena Fox News. "Fue como, '¡Ay! ¿Qué hice, he hecho para que mi hijo diga eso?'"**


El hijo le hizo un gran favor al padre. Tayvon Martin fue víctima de la paranoia de los prejuicios. Geraldo Rivera de sus propia boca. Afortunadamente ha comprendido que aunque exista gente que se cree con el derecho de juzgar a otros por su vestimenta, es más importante dejarles claro que no tienen ese derecho. Aunque suponga un riesgo. Debería transmitirle eso a su audiencia, que es más importante la libertad que el miedo.

* "For Skittles, Death Brings Both Profit and Risk" The New York Times 28/03/2012 http://www.nytimes.com/2012/03/29/us/skittles-sales-up-after-trayvon-martin-shooting.html?_r=1&ref=us
** "Geraldo Rivera se disculpa por comentario sobre capucha" The Associated Press / Univisión Noticias 28/03/2012 http://feeds.univision.com/feeds/article/2012-03-28/geraldo-rivera-se-disculpa-por





lunes, 26 de marzo de 2012

¿Por qué?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Shaima Alawady, la mujer iraquí asesinada
«¿Por qué, por qué?», es lo que se pregunta desolada la hija de Shaima Alawadi, la madre de cinco hijos asesinada ayer en El Cajon, en el condado de San Diego (California). Lo único reprochable que la señora Alawadi, de treinta y dos años, hizo fue no camuflar su origen iraquí. Junto a ella, una nota: “go back to your country you terrorist”. Shaima Alawadi fue golpeada brutalmente en la cabeza hasta morir.
Cuando el país no se ha recuperado de la muerte del joven negro muerto por los disparos de alguien que tiene —por el hecho de tener un arma en casa—el derecho de considerar sospechosos a los que se visten de forma diferente, tienen la piel de color diferente y caminan de forma diferente. Un arma es una razón de peso para  convertirte en juez de los más. Con un arma en las manos no eres diferente; eres uno más.

La hija de la víctima, Fátima

Lo más impresionante del caso es que el ciudadano Zimmerman, el autor de los disparos, no fue tan siquiera detenido en aplicación de la Ley del Estado que permite al que se sienta amenazado eliminar su amenaza. Así de simple. Pero la amenaza del ciudadano Zimmerman corría delante de él, lloraba y pedía auxilio antes de morir. El ciudadano Zimmerman logró correr más que su amenaza de diecisiete años.
El periodista norteamericano de la Fox, Geraldo Rivera, ha sembrado la polémica al señalar que tiene tanta responsabilidad la “capucha” que el joven llevaba como el normal ciudadano Zimmerman con su arma. El periodista asume el prejuicio de los demás al considerar que un latino o un afroamericano deben ir impecablemente vestidos para evitar que los maten o que se cambien de acera a su paso. Rivera hace un llamamiento a los padres de jóvenes latinos y negros para que no los dejen salir en la noche con “capuchas”. Pero todos saben —por eso ha causado indignación— que eso es solo la parte superficial del asunto, la punta del iceberg. Es una misma argumentación la que acusa a las mujeres de buscar los acosos por las vestimentas llamativas, a los negros por llevar capuchas o a Shaima Alawady, la mujer asesinada, por llevar un pañuelo. Es un razonamiento que siempre da el derecho a juzgar a los mismos.

La intervención del periodista Geraldo Rivera
La falda corta te convierte en puta, la capucha en ladrón, el velo en terrorista. Por eso, se organizó hace unos meses “la marcha de las putas”, las de las mujeres para demostrar que su libertad para vestir no es una cuestión que los otros tengan que decidir. Por eso, igualmente, se ha organizado la “marcha del millón de capuchas”, para enseñar a los demás que no eres un juez autonombrado.

Esto son las secuelas de los excesos verbales, de los llamamientos nacionalistas, xenófobos con los que se están calentando las campañas electorales. Es la reivindicación del “inglés” como única lengua admisible, que estigmatiza a los que tengan otra lengua, otra piel, otra religión. Es una mezcla de miedo, soberbia y cobardía.
El mundo se está llenando de locos que escuchan voces. Pero esas voces no surgen del fondo de sus cerebros enfermos, sino de radios y televisores, de páginas de internet y de periódicos; tienen la forma de discursos, de chistes, de debates, de insultos… El mensaje es el mismo: tú y los que son como tú sois el centro del universo; todos los que son diferentes son obra del diablo y merecen la muerte. Dios te ama solo a ti y a los que son como tú. Y cogen un arma en California y en Florida, en Oslo y en Toulouse, Afganistán. Y matan.
La única verdad de todo esto son las decididas palabras que Fátima, la hija de la mujer iraquí asesinada, lanza desde la pantalla de televisión al asesino de su madre: «No eres ni cristiano, ni judío ni musulmán. Eres una animal, quien quiera que seas.»