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domingo, 5 de agosto de 2018

Algo se mueve


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Algo se mueve en Egipto. El hecho mismo del movimiento ya es algo importante, pero esta vez algo se mueve y emerge a través de la prensa oficial. En los regímenes tan controlados, la calma de la superficie parece ser la norma y los movimientos de las profundidades suben primero como pequeñas burbujas. Puede ser una mera ilusión, pero también una sutil forma de aviso.
Me han llamado la atención tres artículos publicados en Ahram Online y previamente e Al-Ahram Weekly, que son ambos medios estatales. Los tres reflejan tres críticas profundas a tres de los ejes de la narrativa oficial: a) la negación de la conspiración del la Revolución del 25 de enero; b) el distanciamiento de la juventud del régimen; y c) el olvido de Nasser y el papel de la revolución. Son tres temas cruciales en la construcción del régimen construido alrededor de al-Sisi. Utilizo deliberadamente "construido alrededor" porque entiendo que el golpe de Estado lo dio el "ejército" y fue Abdel Fatah al-Sisi, entonces ministro de Defensa, a quien pusieron al frente con el encargo de construir un régimen alternativo a lo que había surgido después de 2011, periodo convulso y en el que se percibían esos movimientos entre lo viejo y lo nuevo, entre las aspiraciones de libertad y modernidad del pueblo egipcio y la fuerzas que han  controlado su vida y destino durante décadas, que finalmente iniciaron un movimiento de frenada volviendo al régimen cada día más tradicionalista y conservador, con una idea monolítica de "orden" y "seguridad" que elude cualquier compromiso con libertades políticas ofreciendo en su lugar una farsa como la acontecida en las presidenciales (con encarcelamiento de los posibles rivales y fabricación artificial de un contendiente).
El primero en el tiempo de los artículos —en junio— lo firmaba Tewfick Aclimandos, profesor de Relaciones Internacionales del Collège de France y profesor visitante en la Universidad de El Cairo. Con el título "State actors and the revolution", Aclimandos analiza los argumentos que han estigmatizado la Revolución de 2011, el levantamiento de la Primavera Árabe en Egipto tras los sucesos anteriores en Túnez que le sirvieron de inicio, y la han llevado a aparecer como responsable del desastre económico, político y de seguridad siguiente.
El artículo se cierra con una evaluación general, una promesa de análisis futuros y una conclusión:

Moreover, the whole narrative may be deeply flawed, but the details can be interesting and revealing. The conspiracy theory is wrong, but this does not mean that Shuhayeb is wrong when he says that the Muslim Brothers decided early in 2009 to topple the Mubarak regime and started preparing to attack it.
He is also not wrong when he says that they counted on American support and on the regime’s tendency to try to gain time by postponing significant concessions, thereby multiplying the anger of public opinion.
In my next article I will examine the arguments of those who believe the Americans themselves planned the upheaval and bet on the Muslim Brotherhood. Suffice it to say here that the evidence for this is thin and unconvincing.
However, the Americans are not “innocents abroad,” and their behaviour can explain a lot of what happened.
The sentence that best captures my impression is a simple one: they did not know what they were doing.*


Como puede apreciarse en este final del texto, Aclimandos remonta la corriente oficialista que ha dejado que se responsabilice a la Revolución de lo acontecido después. La doctrina oficial considera el 30 de junio una rectificación de la deriva caótica del 25 de enero. Desde esta perspectiva intenta conjugar dos elementos clave, se presenta como portadora del espíritu que llevó a mucha gente —especialmente los jóvenes, ya que así se percibió el movimiento y lo fue sin duda— a levantarse contra Mubarak y justifica el golpe de estado. La contra pregunta formulada por el presidente al-Sisi estos días en la 6ª Conferencia Nacional de la Juventud. "¿quién nos llamó?" revela ese juego retórico que el régimen mantiene: fue el pueblo el que llamó a los militares y estos respondieron. Fue la excusa para el baño de sangre que supuso frenar las réplicas islamistas al golpe de estado —el "no-coup"—, un punto de no retorno.
Tewfick Aclimandos enjuicia el papel de los norteamericanos como falto de inteligencia más que como conspiradores contra el régimen, como se usó aprovechando el anti norteamericanismo. Recordemos las manifestaciones en contra de la embajadora Patterson, acusándola de connivencia con los Hermanos Musulmanes o los ataques a Hillary Clinton y Barack Obama. Egipto se encuentra entre los tres países más antinorteamericanos del mundo (junto a Turquía, curiosamente). Todo Oriente Medio cree y así se afirma de forma constante que los Estados Unidos crearon el Estado Islámico para destruir Egipto y el Islam. Todo esto, por supuesto, no forma parte de los discursos oficiales —Estados Unidos es aliado y financiador del ejército, además de otras ayudas—, pero sí es alentado y difundido a través de los medios extraoficiales. Es aquello que no necesita ser dicho por conocido.
La paranoia habitual de las conspiraciones se mantiene a lo largo y ancho del espectro y discrepar, como lo hace Tewfick Aclimandos en el artículo publicado en Al-Ahram Weekly y reproducido en junio por Ahram Online, no es fácil. Al menos, no es fácil en un medio oficial; tampoco en un medio opositor democrático, ya que tienden a situarse en la izquierda y ven un enemigo natural en los Estados Unidos, algo que —todo hay que decirlo— les ha dejado aislados frente a la pragmática diplomacia de los islamistas, que sonríen a quien haga falta si les beneficia, algo que hasta el Corán bendice. Y lo supieron hacer, engañaron a todos con su afirmación de gobernar para todos y se dedicaron realizaron una constitución islamista ignorando el sentir de la mayoría.


El siguiente artículo apareció en Ahram Online el día 1 de agosto (aparecerá en la versión impresa de Al-Ahram Weekly un día después, y lo firma esta vez un político, Hussein Haridi, antiguo asistente del Ministerio de Asuntos Exteriores. Su título "Persistent deconstruction" y es una dura crítica a los ataques dirigidos contra Nasser, contra su papel y su legado, en especial lo que el autor considera esencial en el desarrollo de Egipto, la nacionalización del Canal de Suez.
El autor comienza con la denuncia del olvido de estos hechos y de la figura de Nasser:

26 July is of a great historical and strategic significance in the modern history of Egypt. However, this year was a sad one.
In 2018, 26 July came and passed like a meteor. There was no celebration, either officially, nor in the media, whether the semi-official one or in the independent newspapers.
This deafening silence coincided with a fierce campaign against the July 1952 Revolution and late president Gamal Abdel-Nasser.**

El autor, como se puede ver claramente considera el olvido como parte de un ataque a la figura de Nasser. El hecho de que existan partidos nasseristas en la oposición crea un conflicto extraño en un régimen como el egipcio que tiende a fagocitarlo todo, a absorber todos los posibles hitos como parte de la historia que el gobierno encabeza.

Hay dos formas de afrontar la política, como voluntad repartida entre partidos, y otra —la que adopta el régimen— la que considera que el pueblo, el Ejército, el Estado y la religión forman parte de una misma entidad guiadas por una sola mano. Esta retórica es la más usada en un régimen que alza el discurso de la "unidad" frente al fragmentarismo (partidos) y el desgarramiento (los Hermanos Musulmanes y demás islamistas) que supone la destrucción de la "unidad". El problema es que este segundo camino necesita integrar las piezas que no siempre son fáciles de encajar. Es lo que ocurre con la figura y legado de Nasser.
Al-Sisi (y el régimen) se encuentra en el aprieto de tener que encajar una figura de la que los hechos la alejan. Quien cumple esta función con al-Sisi es Anwar El-Sadat, no en vano fue quien se le apareció en sueños para decirle que debía ser presidente y tomar las riendas del país. La figura de Nasser no es fácil de encajar cuando el piadoso Sadat se encargó de deshacerse de los nasseristas por la oposición a las nuevas orientaciones hacia los Estados Unidos e Israel, que se cerró con los acuerdos de Camp David, la llegada de las multinacionales y el dinero al Ejército.
Pero la parte más compleja y directa —también la más clara— es la que Hussein Haridi desarrolla tras establecer la importancia para el Egipto moderno de la nacionalización del Canal:

[...] This year there was seldom a mention of the anniversary. Of course, today’s Egypt is a completely different place of that lost Egypt that had dared to dream.
But it is no excuse for failing to celebrate 26 July. One has a feeling that modern day Egyptians, due to their daily and endless frustrations and lack of confidence in better tomorrows, no longer care about their past, however great that distant past was, and however inspiring that past had been for other nations around the globe.
Maybe someone in power thinks that by neglecting significant and important historical dates in the history of the nation new kind of political legitimacy for the post-June 2013 order will be born.
I am afraid working for a complete break with the high moments of the July 1952 Revolution would only embolden the Muslim Brotherhood, and the forces of the extreme right in the country, in their unending quest to regain power.
There was a parallel to such neglect and the green light to ascribe to the July 1952 Revolution all the political and economic ills of the nation.**


¿"Alguien en el poder"? La sustracción de la figura de Nasser del imaginario egipcio es una maniobra compleja y arriesgada. Nasser sigue siendo una referencia popular y  política, no solo en Egipto, sino en el mundo árabe. Da igual los errores cometidos, la historia es una reescritura constante y se borra lo que se quiera borrar.
La misma queja que se hacía en el artículo anterior, la de responsabilizar de todos los problemas a la Revolución del 25 de enero de 2011, se hace ahora con referencia a la revolución de 1952, la que llevaría a Nasser a la presidencia tras desprenderse del primer presidente, Mohamed Naguib, a quien el otro día citó en la lista al-Sisi.
Los problemas del Egipto actual casan mal con las promesas constantes de futuro, un futuro que se ve cada vez más lejos. Y más injusto. Lo que ha regresado al poder es la suma de intereses personales, gremiales y sociales de una clase que no lo ha abandonado nunca.
Las crisis económicas y políticas, a las que hace referencia el autor del artículo, son sobre todo el resultado del abandono del estado a manos de la rapiña, de la corrupción (cuya denuncia de la cifra total le costó la cárcel a Isham Geneina) y del autoritarismo que garantizaba la impunidad, especialmente en los treinta años del régimen de Mubarak. Hubo tiempo de construir un país moderno, pero la negligencia y el favoritismo lo impidieron. Las cifras de Egipto en sanidad, educación o cualquier otro sector social son claras. Ya hablamos el otro día del impacto de la población, de esos ya cien millones de egipcios a los que no se puede educar, sanar o alimentar y a los que se les quiere retirar el subsidio del tercer hijo después de haber retirado todo.


Hussein Haridi se queja, pues, de la desaparición de la figura de Nasser como artífice de una política propia e independiente. La nacionalización del Canal fue un enfrentamiento con los propios Estados Unidos. Aquí tampoco ha hecho mucho el régimen de al-Sisi,  cuya dependencia de Arabia Saudí ha dado lugar a uno de los episodios más conflictivos, el de la entrega de las islas de Tiran y Sanafir, caso único en las relaciones internacionales en el que un país entrega, regala o devuelve (según la versión) territorio nacional sin discusión. La radicalización del Israel de Netanyahu tampoco ayuda mucho al régimen ni la amistad de Trump, que como era previsible se volvería contra el "fantastic guy".
El autor es muy concreto en sus acusaciones: el olvido de Nasser no favorece al pueblo egipcio, que se ve privado de una de sus referencias. Solo favorece a sus enemigos declarados, la Hermandad Musulmana.
El artículo finaliza con una advertencia:

[...] Going back to the roots, celebrating national anniversaries, like the anniversary of the nationalisation of the Suez Canal, that defined Egypt in the second half of the 20th century, and made the country a symbol for progress, independence and the true incarnation of free national will, as well as turning it into a beacon of hope in the Third World, would make sure that the July Revolution would strengthen and deepen the legitimacy of the June 2013 Revolution.
A break between the two would chip away at the political legitimacy of the post- June political order.
Deconstructing the July 1952 Revolution is a very perilous road to take. Some former Egyptian presidents should have known better.**

De nuevo el sentido de continuidad histórica que los políticos —una cosa legitima a la otra— entra en acción. Es un discurso poderoso, que tiende a mostrar una cadena, a unos como continuadores de los otros. En el fondo, es una retórica providencialista en la que nadie toma decisiones, sino que es "llamado" por Dios o la Historia, o por ambos.
La ruptura de la cadena, como en las maldiciones, traerá consecuencias trágicas. Ni es un mensaje habitual en los medios oficiales. Apunta al interior del "poder" como responsables de lo que ocurre y responsabiliza también de lo que pueda ocurrir. Es este tono de advertencia de alguien que conoce el interior del régimen egipcio lo que resulta más chocante. Parece la idea de que se ha elegido un muy mal camino en muy malas compañías, dejando fuera lo esencial.
El tercero de los artículos va a una cuestión mucho más trivial, pero es la consecuencia lo que da la importancia al texto. Lo firma una joven, Dina Shehata, y apareció hace dos días en Ahram Online. La fecha es importante —los anteriores hablaban de conmemoraciones— porque coincide con un evento político al que se le ha dado importancia mediática y política, la 6ª Conferencia Nacional de la Juventud. Shehata es Investigadora Senior en el Centro Al-Ahram para Estudios Políticos y Estratégicos.
El tema del artículo es algo tan trivial que hasta el presidente se permitió en la Conferencia hacer un chiste sobre ello que fue recogido por los medios. No se trata de otra cosa que del Ki-Ki Dance, la última moda viral, bajarse del coche y bailar a su lado repitiendo los movimientos que le han hecho famoso.
En Egipto podemos pasar de la transcendencia de la Historia a la trivialidad reivindicada como parte de una forma de cultura distante de la oficial. Tras explicar en qué consiste el baile, la autora señala:

In Egypt, the Keke challenge has been performed dozens of times by Egyptian celebrities and lay people and by rich and poor.
Some have performed the dance to the original Drake song, while others have used Egyptian songs instead.
Adding further local flavour, the dance has been performed next to a moving tuk-tuk and to a moving hantour (coach).
Various scenes from old Egyptian movies have also been adapted to the song to show that the Egyptians were the first to do the Keke challenge.
While the Keke challenge is a joyful, youthful expression of the globalised Internet age, the state’s response to the Keke challenge has been predictably grim.
The Ministry of Interior has announced that dancing next to a moving car is a violation of traffic laws and that those who perform the challenge could be subject to one year in prison and a LE3,000 fine.
And while no one has yet to be arrested for performing the Keke challenge in Egypt, the government’s response highlights the widening gap between the dominant culture and youth culture in the country.
On the one hand, Egyptian society is increasingly youthful, with youth constituting approximately two-thirds of the Egyptian population.***


Frente a la retórica de los jóvenes modélicos que asistían a la Conferencia Nacional de la Juventud, Dina Shehata contrapone otra juventud que se reivindica mediática, global y divertida. Es el extremo opuesto que lo escenificado en la Universidad de El Cairo ante un público leal y formal, paternalista y oficial. Es una contestación desde las páginas oficiales de alguien que, por edad, no se identificas con un régimen que ha convertido a la juventud en un grupo adecentado para una fotografía familiar.
No se puede evitar pensar que el artículo es una contestación al propio al-Sisi y su chiste. El 31 de julio, The New Arab titulaba y señalaba:

Egypt's obsession with the Kiki dance is to blame for the rise in gas prices and the failing economy, according to President Abdel Fattah al-Sisi.
During an "Ask the President" conference at Cairo University, Sisi mocked  the viral Kiki challenge, which has swept social media.
The challenge consists of dancing outside a moving car to Canadian rapper Drake's "In My Feelings" song, which has led to the arrest of a number of Egyptians and bans enforced across the region.
"You keep riding cars and doing that Kiki miki thingy," Sisi said before bursting out laughing at his own joke, when speaking about the reasons for Egypt's failed economy.
The audience at the university - presumably feeling like they had no choice - laughed along at the autocrat's joke.
Sisi then turned around to the oil minister and jokingly said: "Hey, Engineer Tarek raise the price of petrol and don't worry," before he continued laughing.****


Hay que reconocer que el sentido del humor de al-Sisi no es precisamente agudo para las situaciones en las que se encuentra. No contentos con diseñar la "moral" y el "carácter" de los egipcios —como vimos hace unos días— parece que ahora le toca al sentido del humor.
Ligar el hundimiento de la economía egipcia, aunque solo sea como un chiste, a la juventud no es demasiado inteligente. Tampoco hacer chistes a su costa, especialmente cuando hacer chistes sobre al-Sisi te cuesta la cárcel, en donde ya hay algunos que han pagado su sentido del humor unidireccional. El último ha sido el rapero y poeta Galal el-Beheiri, condenado a tres años de cárcel hace unos días por "insultar al ejército", es decir, grabar un vídeo en el que hace como que desfila y saluda. No, no es bueno hacer chistes desde el poder porque se vuelven contra ti.


Es en este contexto en el que hay que entender el artículo de Dina Sehata, en este enfrentamiento asimétrico en donde el poder puede reírse de los jóvenes y de sus trivialidades en mitad de la pomposa Conferencia Nacional de la Juventud.
Explica la investigadora del Al-Ahram Center:

On the one hand, Egyptian society is increasingly youthful, with youth constituting approximately two-thirds of the Egyptian population.
Through growing access to technology, Egyptian young people have become part of a larger global culture and have embraced many of its values, including a yearning for a more liberal and democratic society where young people can express themselves joyfully and freely.
The dominant culture, on the other hand, is hierarchical, patriarchal, authoritarian and conservative. The state partakes in that culture and strives to enforce its values by exercising near complete control over the public sphere.
The arts and culture are seen in this paradigm as a means to advance nationalist and traditional values rather than as expressions of societal pluralism and diversity.
Hence, by tightening control over the media, the arts and culture, and civil society organisations through a variety of laws and regulatory institutions, old Egypt has left little space for young people to express their youthfulness and identity and has frowned upon independent expressions of youth culture.***

Son palabras dura y más viniendo desde el ámbito de la administración, en un medio oficial y tras la Conferencia en la que se consagra que los jóvenes están embelesados con al-Sisi.
Es un rechazo frontal a una cultura que es definida, como se ha señalado, como "hierarchical, patriarchal, authoritarian and conservative". Es difícil decirlo de forma más concisa. Los cuatro elementos retratan a la perfección lo que es el régimen de al-Sisi y su distancia de los jóvenes y sus intereses, algo que el régimen ya ha comprobado con su abstención masiva en las elecciones presidenciales.
El final del artículo es también de enorme claridad:

Thus, while seemingly trivial, the controversy over the Keke challenge is the latest instance among a series that highlights the widening gap between the young and the old in Egypt.
However, the dominant culture must eventually give way to a new and younger Egypt. Given the new technologies, it would be a Sisyphean effort to try to mould young minds using the methods of the previous century.
Young people today have access to alternative sources of information and are part of a global culture that promotes freedom, individuality and diversity.
Attempting to stifle and control all means of youthful expression can only be counter-productive in the short run and impossible in the long run.***

El juego de palabras entre "Sisi" y "Sísifo" no deja de ser un síntoma de rechazo de una cultura impuesta a los jóvenes desde el poder. Es esa juventud forzada a reírse de los chistes del presidente.
También aquí, como en los casos anteriores, se advierte de lo contraproducente de la política seguida. También aquí se considera que tendrá efectos negativos para el propio régimen. Lo que no queda claro es quién es el destinatario, el interlocutor. Hasta el momento, los que se querían quejar, se dirigían al presidente. Era, en el fondo, una forma de evitar la confrontación directa diferenciando gobierno y presidencia, régimen y presidencia. Ya no se recurre a eso. Lo más a ese "alguien en el poder".


A través de estos tres artículos se percibe un movimiento. No me refiero en absoluto a que hay un movimiento organizado, pero sí a que se percibe un cierto hartazgo producido por la llegada a su límite por el régimen de al-Sisi, una prolongación del de Hosni Mubarak, el innombrable pero rescatado presidente. Desde las primeras elecciones presidenciales se advirtió de su regreso lento pero seguro al primer plano. La creación de un partido político nacional, anunciada en el parlamento y de una falsa oposición augura que el régimen quiere repetir el modelo, treinta años en el poder. Y si pueden ser más, mejor.
Son muchos los movimientos de cansancio, de hartazgo por una retórica del éxito que no le llega a la gente más que como represión, recortes de subvenciones, subidas de precios, censura y la creación de un  nuevo patriotismo militarista y policial, amparado en lo religioso como forma de mantener alejados a esos definidos como peligros: ateos, LGTB, feministas, artistas, etc.
Pero no podemos soslayar un hecho, su publicación en Al-Ahram y Ahram Online, periódicos estatales tradicionalmente al servicio del poder. La debilitada prensa independiente tiene que tener cuidado para no ser arrancada del panorama mediático mediante detenciones, cierres o cualquier otra fórmula que sirva para silenciarla. Los artículos han salido, lo que daría muestra de cierta respuesta  desde dentro o incomodidad. La situación de malestar por lo acontecido con las nuevas leyes e instituciones de control de los medios y profesionales no debe ser ignorada. Tampoco el malestar que pueda haber ocasionado entre los militares el trato humillante dado al ex jefe militar Sami Anan, detenido por querer competir en las presicenciales con al-Sisi mediante maniobras administrativas, tema poco tratado pero que está ahí y del que han dado cuenta medios exteriores. Todo ello pesa en la forma de percibir las medidas económicas y sus efectos.
No sabemos el alcance de todo esto. No se trata de anticipar nada. Solo es la constatación de un malestar, de que la "sisimanía" pasó a mejor vida atrapada en su propio mesianismo y falta de realidad. No se puede controlar todo; menos todavía, todo el tiempo. La perspectiva de que el régimen no solo pretende perpetuarse sino que está empeñado en un proceso de adoctrinamiento general, como se ha podido ver es más de lo que la paciencia de muchos pueden aguantar. Mubarak no pretendía que le amara; al-Sisi, sí.
Nuestro artículo de hoy ha resultado más extenso de lo esperado, pero creo que era necesario realizar el comentario conjunto de estos tres textos. Si has tenido la paciencia de llegar hasta aquí, gracias.



* Tewfick Aclimandos "State actors and the revolution" Ahram Online 27/06/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/305704/Opinion/State-actors-and-the-revolution.aspx
** Hussein Haridy "Persistent deconstruction" Ahram Online http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/308903/Opinion/Persistent-deconstruction.aspx
*** Dina Shehata "The state vs the Keke challenge" Ahram Online 3/08/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/308998/Opinion/The-state-vs-the-Keke-challenge.aspx
 **** "Sisi is now blaming Kiki for Egypt's failing economy" The New Arab 30/07/2018 https://www.alaraby.co.uk/english/blog/2018/7/30/sisi-is-now-blaming-kiki-for-egypts-failing-economy





martes, 12 de junio de 2018

La foto de Nasser o no me cuentes cómo pasó


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No es fácil contar el presente, tampoco el pasado. Lo que gusta a unos, incomoda a otros. Y conforme pasa el tiempo, todos tienen su "verdad", que tampoco es eterna, sino mudable con los cambios.
El Egipto de hoy tiene la piel fina y suele saltar a la primera en que siente que los demás cuentan las cosas alejados de sus propios puntos de vista, algo inevitable. El último incidente no ha ocurrido con The New York Times o The Guardian, sino con sus vecinos los saudíes, con los que se llevan bien gubernamentalmente y no tanto desde el pueblo llano. En especial con aquellos que aprendieron en sus libros de texto que las islas de Tiran y Sanafir eran egipcias para descubrir después que su presidente opinaba lo contrario y se las ofrecía en bandeja al rey Salman un día que pasaba por allí-
Lo ocurrido nos lo traen los titulares de Egypt Today, que nos da la causa, "SCM officially protests MBC 'insult' against late leader Nasser"; y de de Egypt Independent, que nos ofrece el efecto, "Saudi Arabia omits TV series scene burning Abdel Nasser’s image".
Egypt Today nos contaba hace unos días de forma escueta:

CAIRO - 5 June 2018: Head of the Supreme Council of Media Regulation (SCM) Makram Mohamed Ahmed on Monday sent an official letter to the Saudi Minister of Information protesting a Middle East Broadcasting Center (MBC) offensive against late president Gamal Abdel Nasser.
A scene of Saudi series Al Asouf (Winds of Change) showed a photo of Nasser being burnt.
"It represents an insult to a great Egyptian and Arab symbol", the complaint read.
He called on the Saudi minister to remove the scene and to issue firm directives to the channel as well as production companies to stop offending Arab symbols.*


En la explicación entrecomillada se da una explicación lógica y un añadido. Podemos entender la consideración de Nasser como gran egipcio, pero la extensión de "símbolo árabe" implica que los demás están obligados a reconocerlo como tal. Y no siempre ha sido así.

Quizá tenga bastante que ver la manipulación del propio Nasser a manos del régimen actual, que se lo ha apropiado por encima de los partidos nasseristas forman parte de la oposición. La retórica del gobierno es clara: el nasserismo puede ser de quien quiera, pero Nasser es del presidente, como prueban las imágenes en las que se junta a ambos como el uno continuación del otro. Si, simbólicamente, al-Sisi es una reedición de Nasser sin nasserismo, quemar una foto tiene peligrosas implicaciones, aunque sean también simbólicas. Los presidentes egipcios (Morsi es la excepción y Mubarak está en ello) forman una línea unitaria que representa la continuidad del "estado" y el "ejército" y como tal deben ser interpretados por el pueblo que ha de ver en ellos los valores supremos. Esto es sencillo porque cada uno tiene su carácter heroico: Nasser el héroe Sadat el mártir. Mubarak está en proceso de beatificación.
Pero vayamos al origen de la cuestión, es decir, la serie saudí que ha levantado las protestas por la quema de la fotografía de Nasser. Al Asouf (Vientos de cambio) es una especie de Cuéntame cómo pasó, pero en versión saudí. En mayo de este año, Al-Arabiya nos daba cuenta de la serie con este titular, "‘Winds of Change’ series shows shifts in Saudi Arabia before and after the Sahwa". Pero antes, ¿qué es la "sahwa" o "despertar"?
En los cincuenta y sesenta, gracias a Nasser, se produjo una salida masiva de Egipto de los Hermanos Musulmanes. Nasser los puso en el punto de mira y ellos a él. La represión fue enorme y los Hermanos salieron del país. Muchos de ellos acabaron en Arabia Saudí, en donde se encastillaron y promovieron el "movimiento del despertar", es decir, un movimiento islamista y anti Nasser, que representaba en esos momentos un socialismo árabe que trataba de modernizarse desprendiéndose de los islamistas retrógrados, opuestos a las políticas del momento.
Al-Arabiya describe así la serie Vientos de cambio:

The series which is now broadcasted during the month of Ramadan displays the developments, transformations and the intellectual revolution that have took place during the late 1970s in Saudi Arabia and in the five decades since.
[...] The series, set sometime before 1979, centers around a Saudi family in a typical Riyadh neighborhood. That family takes in the abandoned baby while their neighbors refusing the action while others reluctantly accepting. There were also some scenes of a woman with long black hair wearing a black fabric without the long robed abaya who appears to be flirting with young men, contrary to what is accepted, while the market vendors beat a man who was harassing women.
The script writer, the late Abdulrahman al-Wabli who also wrote the story for “Haret al-Sheikh” took great care in introducing some Saudi details. There is a cleric who is seen encouraging people to read and memorize Quran, in a symbolic reference to the presence of the people of the Levant in the Kingdom. He also highlighted the role of the series’ mother figure Hila, considered the pillar and matriarch of the house. She accepts nurses the baby, and all along the episode persuades her own blood family that he is a blessing from God, not a curse, as her children went to work and bought milk which was a characteristic of that period.
The TV series succeeded in drawing attention to remind the world of the negative effects of what is known as the Sahwa, or awakening, phenomenon on Saudi society through what the series portrays how Saudis lived before 1979.**


Evidentemente, la serie es un ejemplo de la incipiente renovación saudí, que trata de ofrecer un auto análisis sobre su propia historia. La visión negativa de los efectos de la "sahwa" es una prueba de ello. No es que Arabia Saudí fuera precisamente un vergel liberal ante de la llegada masiva de los Hermanos Musulmanes, pero la llegada supuso un proceso de radicalismo religioso que fue más allá del país, pues es cuando se produce en otros lugares del mundo musulmán. La expulsión o huida de los Hermanos musulmanes supuso la transformación de muchas sociedades tranquilas en focos de radicalismo cuyos efectos padecemos hoy.
Parece que lógico que en el período que se nos describe, esa Sahwa islámica, a algún personaje le dé por quemar una foto de aquel que les expulsó de Egipto, mandó a muchos a la cárcel y a otros a lo desconocido. Lo extraño es que no lo hicieran.
Los islamistas, que habían tenido un papel anti colonial, perdieron su influencia cuando trataron de imponer al socialista y no alineado Nasser su programa conservador y retrógrado. Desde entonces, las relaciones fueron a peor. Si quemaban fotos, era a falta de poder quemarlo a él.
En Al-Arabiya se nos dice ya en el primer párrafo del texto y como recreación del ambiente de la época:

On the walls of the old houses made with mud hanged the image of the founder of Saudi Arabia, King Abdul Aziz and the image of Egyptian President Gamal Abdel Nasser.
One could hear the voice of the Egyptian singer Farid al-Atrash from an old recorder while Mohsen writes a letter to his loved one in Egypt, in addition to some nostalgic shots of vehicles that have long but disappeared.**


Pero la coexistencia saudí de las dos fotos no ha sido fácil en el tiempo. Hoy tienen un valor simbólico, pero la quema de la efigie de Nasser en la serie muestra que en algún momento, en esa Sahwa, la relación se torció con la exigencia de los radicales.
Hoy los vientos, como dice el título de la serie, son de cambio en otro sentido. Las transformaciones son lentas pero perceptibles, lo que no significa que los efectos de aquella radicalización conservadora ya no existan. La resistencia es grande todavía y Arabia Saudí es una fuente de conservadurismo religioso a la que le queda mucho por hacer para situarse en límites aceptables.
Como final de la presentación de la serie en mayo, Al-Arabiya señala lo que hace única a la serie y las reacciones iniciales:

Al-Salman said that the events and the general nature of the series is unique and have never been treated before, especially the period of time between the late sixties and the beginning of the seventies when the awakening impacted the Kingdom.
The Saudis tweets about this episode were contrasted; some criticized the view that the presence of a bastard child was evidence of decay in the society, while others denounced the portrayal of women in the show.
Other critics alerted that the series is an artistic vision that doesn’t necessarily present the image of society at that time accurately.
Other writers have argued that the small criticism against the show is bred from ideological and political backgrounds because the series corresponds with openness and for women to be free to wear whatever they want in addition to granting them the possibility to drive.**

Las tres tendencias en los tuits nos muestran las reacciones lógicas ante una serie que no solo rompe barreras dentro, sino que molesta a los egipcios. La reacción egipcia es sorprendente y visceral. Sorprendente porque quemar el retrato de Nasser forma parte de una ficción que representa el desengaño que produjo en los islamistas, lo que debería ser interpretado positivamente. Es decir: son los radicales islamistas los que queman su foto, algo histórico y, sobre todo, beneficioso hoy en que se lucha contra ellos.  Y visceral porque, para variar, no se ha reflexionado sobre lo anterior y quedan como irreflexivos.
La quema de la foto de Nasser ha hecho que se piense en términos actuales y no en los de entonces. Así nos lo cuenta Egypt Independent:

“Al-Asouf”, airing on MBC Channel, features a scene that shows the burning of Abdel Nasser’s picture.
Culture and Information Minister Awad Bin Saleh ordered the deletion of the scene upon a request from the head of Egypt’s Supreme Council for Media Regulation Makram Mohamed Ahmed.
Ahmed called on Monday for the Saudi information minister to delete the scene, to take necessary action against MBC, and to warn production companies against insulting Arab national figures.
Ahmed received a call on Thursday from Undersecretary of the Saudi Ministry of Culture and Information Nasser al-Hujailan saying the scene has been removed and stressed the continuation of communication, good relations and cooperation between Saudi Arabia and Egypt.
He thanked the Saudi minister for the quick response, adding that the scene represented an “insult to a great Egyptian and Arab symbol.”***


Desde la perspectiva de lo expuesto, todo parece absurdo. Una vez más, el gobierno egipcio quiere dar muestras de su poder y eficacia rectificando a los demás, por más que no tenga razón. Nadie insultaba a un "gran egipcio y un símbolo árabe"; simplemente estaban reproduciendo una situación histórica que se dio en el pasado en Arabia Saudí. Nasser sería un héroe para muchos, pero no lo fue para otros, que lo vieron como una especie de hereje, castigado además por Dios por su impiedad con la pérdida de batallas frente a Israel.
El gobierno egipcio de hoy quiere a Nasser como símbolo fotográfico que juntar con su presidente, pero lo es muy poco en el contenido, de ahí que parte de la oposición sean socialistas y nasseristas. Se enfrentó a los Hermanos y también al wahabismo saudí, de hecho el único dirigente árabe que no asistió a su funeral fue el rey de Arabia Saudí, ironías de la Historia.


Hoy se retira, a petición del Supremo Consejo que regula la información, la imagen en la que se quema la imagen de Nasser, pero está claro que su intención es contar el pasado saudí y no atacar a Nasser hoy. Señalan en Egypt Independent:

Mazen Hayek, spokesman for the MBC media group clarified that the removed scene was natural and is by all accounts in line with the dramatic events of the series.
Hayek said in an interview with Asharq Al-Awsat on Wednesday that the scene was intended for dramatic purposes only and was not aimed at defaming or insulting Nasser.***

Sí parece evidente, en cambio, el gusto actual por la figura de Nasser al ir identificándose progresivamente con la del liderazgo de al-Sisi. Los símbolos son importantes. Los responsables de la serie no han dudado mucho en quitar la imagen aunque reivindican suavemente que la Historia es la Historia.
En 2016, Makram Rabah escribía sobre la conflictivas relaciones entre Arabia Saudí e Irán y proponía como modelo de los cambios lo ocurrido entre el Egipto de Nasser y la Arabia Saudí del rey Faisal:

Ultimately, the history of Egyptian-Saudi relations and the current events that have unfolded stand as an example of how regional changes might unfold. While Nasser wanted to destroy and topple the Saudi monarchy, his current successor President Abdel Fattah al-Sisi has agreed to relinquish sovereignty of two Egyptian Islands to Saudi Arabia, which will be used to link both countries via a suspension bridge.****


Los tiempos cambian, sí. Lo que no se debe cambiar con demasiada rapidez es lo ya hecho, que solo puede ser contado de otra forma o ignorado. Las relaciones de Arabia Saudí con el Egipto de Nasser no fueron especialmente buenas y dieron acogida a los que el presidente egipcio expulsaba y perseguía. Así suele funcionar la política local, alojando a los enemigos de tus enemigos. Es probable que se quemaran muchas fotos de Nasser entonces en el Reino, incluso en el propio Egipto. Hoy no se puede contar sin protestas.



* "SCM officially protests MBC 'insult' against late leader Nasser" Egypt Today 5/06/2018 https://www.egypttoday.com/Article/1/51550/SCM-officially-protests-MBC-insult-against-late-leader-Nasser
** "‘Winds of Change’ series shows shifts in Saudi Arabia before and after the Sahwa" Al-Arabiya
*** "Saudi Arabia omits TV series scene burning Abdel Nasser’s image" Egypt Independent 10/06/2018 http://www.egyptindependent.com/saudi-arabia-omits-tv-series-scene-burning-abdel-nassers-image/
**** "Burning bridges: The Saudi Arabia-Iran conflict in historical context" Middle East Eye 13/04/2016 http://www.middleeasteye.net/columns/burning-bridges-saudi-iranian-conflict-historical-terms-729682967



jueves, 26 de abril de 2018

El chiste del 99%


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace exactamente un mes, en pleno proceso electoral egipcio, Amro Ali se preguntaba desde los titulares en Mada Masr "Why do authoritarian regimes love elections?". Más allá de la situación egipcia y la universalmente reconocida farsa electoral, la pregunta tiene muchas respuestas por las diferencias existentes entre las situaciones. El caso egipcio ha sido una muestra de una forma peculiar de entender el proceso electoral: sin oposición democrática, con los aspirantes a candidatos detenidos, con la movilización del estado y las empresas en apoyo de un candidato del que dudar implicaba un acto de traición, etc.
Sí, los regímenes autoritarios "aman" las elecciones, que les sirven para mantener una aparente legitimidad que les permite salir por el mundo y ser abrazados por otros dirigentes. Las viejas figuras de los dictadores que evitan las elecciones ya no son pertinentes en un mundo de relaciones públicas, de medios globales y demás parafernalia. Vivimos en el "gran plató del mundo" que hubiera asombrado a Calderón de la Baraca como metáfora hecha realidad. Ya nadie quiere ser visto de forma feroz, sino amable, sonriente, en un mundo lleno de cámaras pendientes de ellos las 24 horas del día, los 365 del año.
El artículo de Amro Ali termina con una anécdota con la que el autor quiere representar sus tesis sobre los peligros de las elecciones demasiado aseguradas:

Biographers of former President Gamal Abdel Nasser noted that he was obsessed with jokes being made about him and was briefed daily about the latest jokes in circulation. Egyptian humor seems to spare nothing, including ancient Egyptian statues who changed confessions about which historical dynasty they were from — under Nasser’s torture. According to writer Anthony McDermott, one account narrates how Nasser, unusually, intervened in a particular instance in the 1960s when mocked for his near hundred percent referendum victories. The jester in question was brought before Nasser, who reprimanded him and reminded him of his achievements and popularity by adding, “And remember, I was elected by 99 percent of the electorate.” The man replied, “I swear, this was not one of my jokes.”
If this anecdote can perhaps illuminate something, it is that the peak charade — the “election” — in a regime’s lifespan can often be its most vulnerable moment.*


La anécdota en sí misma es un hecho convertido en chiste o un chiste convertido en hecho, como prefieran. Lo significativo para mí es que muestra dos formas de afrontar las elecciones, muy importantes para el ego del dirigente autoritario, y absolutamente risibles para el ciudadano llevado ante él para explicar sus bromas.
La respuesta de una mayoría del pueblo egipcio ha sido la abstención, un para qué votar. Han comprendido muchos que votar formaba parte de la perversión de la democracia que los autócratas vergonzantes representan. Cuando el voto no tiene sentido, votar lo tiene menos. Los analistas que se han atrevido han ido más allá de constatar la abstención y han señalado la alta cantidad de votos nulos, votos que han mantenido el acto de votar pero no se han dirigido a nadie. Son votos que el propio votante anula.


Ahram Online, curiosamente, ha incluido el más detallado análisis de las estadísticas egipcias. En ellas se revela el enorme peso de los votos nulos:

On the third day of elections, wary of the possibility of being fined LE500, large numbers of the poor headed towards voting stations.
The number of spoiled votes came as a surprise — a record breaking 7.2 per cent of the total vote, or 1.766 million ballot papers.
The number of spoiled votes surprised all parties, the pro-Sisi camp and the opposition as much as the Brotherhood. The voters exercised their right to spoil their votes without being encouraged to do so by any political group.
The pro-Sisi camp and the opposition both struggled to determine what such a large proportion of spoiled ballot papers could mean. Some media hosts managed to claim the spoiled votes expressed support for Al-Sisi and news outlets published ballot papers on which “I love you, Sisi” was written in an attempt to explain the unprecedented number.
Newspapers, including some from the West, showed images of ballot papers on which voters had written the name of Mohamed Salah, the famous Egyptian footballer.
The number of null votes could be seen as a creative way the middle class found to deliver a message to both the regime and opposition.
Some 1.766 million voters agreed — without any prior consultation — to spoil their votes. They were not members of any party or organisation, and acted without being called to do so in the media or on social networks.
Indeed, it could be argued the large number of spoiled ballots indicates the conscience of the 25 January and 30 June revolutions remains alive and that expressing discontent while maintaining stability, safety and development was important to a large number of voters.
Port Said topped the list of spoiled votes with 15 per cent of its total ballots cast, followed by Suez with 14 per cent, the governorates of the Red Sea, North Sinai and South Sinai, and then Cairo and Alexandria with more than nine per cent of the total votes cast spoiled.
The governorate of Port Said has always been first to send political messages to the regime. Port Said is Egypt’s richest governorate, and one conclusion we can draw from this fact is that the spoiled ballots increase in cities where there is a higher level of education, greater wealth and a stronger middle class.
There were far fewer spoiled votes in rural areas.
It is also worth noting that the number of spoiled votes increased significantly on the third day of elections.
The individual voting station to record the largest number of spoiled votes cast was New Minya, with more than 19 per cent.
The polling station is located in a neighbourhood dominated by the educated middle class, most of whom work in stable government jobs or the private sector.**


Creo que es un interesante ejercicio interpretativo de los resultados más allá de las cifras de los votos de apoyo a al-Sisi. Esos votos mayoritarios explican mucho menos que los nulos. Si la abstención siempre es complicada de interpretar unitariamente, los votos nulos son una señal más clara para el régimen y muestran un mensaje más legible, como el propio autor señala.
La interpretación de que esos cerca de dos millones de votos pertenecen a una clase media formada que considera que la revolución de 2011 no se ha transformado en hechos, si bien rechaza la inestabilidad, puede acercarse a la realidad de las intenciones.
Esos casi dos millones de votos no está de acuerdo con el régimen instaurado y en su deriva y desea manifestarlo de una forma diferenciada. No habiendo una opción de voto que lo permita, la única salida es sacrificar los votos convirtiéndolos en nulos.  El votante queda por encima del voto.
La vida política egipcia ha quedado fragmentada entre dos grandes y ambiguos conceptos: "estabilidad" e "inestabilidad". Para unos el primer concepto incluye la represión, la ausencia de diálogo y llamar "terrorista" a todo el que discrepe, incluye el militarismo, perseguir a periodistas, escritores, reformistas, ateos, homosexuales, considera normales torturas, desapariciones, detenciones de varios años en espera de juicio, acusaciones absurdas, etc. La idea de "inestabilidad" se asocia erróneamente con los derechos humanos, la democratización, la libertad de expresión e información.


Las labores de manipulación han conseguido convencer (a muchos de forma fácil) que una dictadura es buena si no molestas mucho, que solo los que se buscan problemas están en peligro, mientras que los que dicen sí a todo pueden vivir con cierta sensación de tranquilidad.
Entre la abstención y el voto nulo, el régimen egipcio está preocupado. Intentan resolver parte de la cuestión convirtiendo en partido lo que ahora son grupos de apoyo parlamentario al presidente. Lo que pretenden conseguir es la estabilidad de los 30 años de Mubarak. Creando un partido desde el poder, se puede crear una red clientelar nítida que al velar por los intereses del presidente vele por los suyos propios. Están ahora en ello y fabricando, como ya hemos señalado, una oposición que aparezca como parte de un sistema bipartidista. Como no es real bipartidismo sino solo una ingenua y vergonzante división artificial de los apoyos, está destinada al fracaso por más que tenga una apariencia democrática.
Sí, los regímenes autoritarios aman las elecciones porque las ganan siempre. Al ex director de Al-Masry Al-Youm le costó el puesto una ambigua frase en la que expresaba la "motivación" extra añadida por el gobierno a los votantes. El guión de la película democrática exige que la gente vaya a votar de corazón y no por dinero, comida o cualquier otro bien. Pero las imágenes de camiones de reparto que algunos medios publicaron eran bastante explícitas.
Cuanto más artificial y dirigida sea la fantasía democrática del régimen, más costará acercarse a la realidad, porque habrá que "sacrificar" muchas piezas para que todo encaje. La obsesión de los autócratas egipcios por ganar con el 99% de los votos no tiene nada que ver con la democracia sino con lo que ellos consideran que esos porcentajes les permiten. Se usan los votos para pisotear los derechos y libertades. Y cuando te quejas, te recuerdan que es lo que has pedido.


* "Why do authoritarian regimes love elections?" Mada Masr 25/'3/2018 https://www.madamasr.com/en/2018/03/25/opinion/u/why-do-authoritarian-regimes-love-elections/
** "Egypt Presidential Elections 2018: Unravelling the statistics" Ahram Online 13/04/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/297549/Egypt/Politics-/Egypt-Presidential-Elections--Unravelling-the-stat.aspx




sábado, 20 de agosto de 2016

Epifanía de sombras

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mada Masr trae un artículo interesante firmado por Mohamed Gamal. La ironía del artículo es patente: es la recomendación de cinco películas al presidente Abdel Fattah El-Sisi por parte de un "seguidor". Son cinco películas, nos dice el articulista, que debería ver para un mejor gobierno del país. La lista incluye "Matrix", "Doce hombres sin piedad", "Wag the Dog", "1984" y "El discurso del rey", películas muy diferentes en estilo y temática. 
Los motivos por los que estas películas son recomendadas al presidente son más obvios en algunos casos que en otros, pero todas manifiestan ironía sobre la forma en que se ejerce el poder hoy en Egipto. De las teorías de la conspiración (Matrix) a la forma de administrar justicia (Doce hombres sin piedad), cada una de ellas representa una crítica al Egipto actual mostrando una carencia, un déficit que debería ser corregido para que el país funcionara mejor.
Más allá del ejercicio de ingenio, me interesa la historia que la motiva y que le sirve a Mohamed Gamal como introducción:

In 1949, just three years before the blessed Free Officers Movement and one year after returning from the war in Palestine, a young Egyptian man called Gamal Abdel Nasser bought a ticket — according to news website Dot Masr — to see US film It’s a Wonderful Life. When the show ended, he bought a ticket to watch it again. The next day, he returned with his friend Abdel Hakim Amer to watch the film for a third time.
Immediately after the revolution, Nasser asked the production company for a copy of the film to screen it in the military camps. On March 4, 1953, he wrote an article in Akher Sa’a magazine titled “A Story That Has Influenced My Life,” describing the film as “one of the strongest moral influences on my life.” “If I could take each citizen with me to a cinema screening that film, I wouldn’t hesitate,” he added.*


La película de Capra "¡Qué bello es vivir!" es ya un clásico que, como suele ocurrir en estos tiempos, queda enterrado entre el desprecio por lo viejo y la arrogante adoración de la moda. Para Nasser, por supuesto, "It's a Wonderful Life!" no era un filme clásico, sino una novedosa producción de 1946, tres años antes de que él la viera y se asombrara ante este film que llegaba, cargado de esperanza, después de que el mundo quedara al borde de la destrucción total, un año después de acabar la II Guerra Mundial.
Nasser deseaba haber podido llevar a cada egipcio de la mano al cine y sentarse junto a ellos a ver aquella película, verlos emocionarse y salir cargados de esperanza, de vitalidad, pensando que, pese a todo, es bello vivir. Merece la pena cuando te dan la ocasión de ver lo que pierdes antes de arrojar la toalla.


Pero no tenemos un ángel que nos eche una mano en estas cosas. El ángel lo debemos llevar dentro para animarnos e imaginar futuros desastrosos junto a opciones mejores que deberemos construir. Esto está al alcance de pocos, pues el pesimismo suele ser más general que el optimismo. Por eso hacen falta soñadores con capacidad de persuasión que lleven a la esperanza de mundo mejores. Las dos capacidades son necesarias, soñar y seducir, que es lo que se suele llamar "carisma", una especie de ilusión contagiosa que hace confiar en quien dibuja ante nuestros ojos lo que está por llegar. Algunos ofrecen el apocalipsis, otros mundos mejores que deben ser construidos con el esfuerzo común.


No hay duda de que Nasser fue un personaje carismático, una conjunción de muchos factores. Lo que sintió en aquella sala viendo la película de Capra le sirvió de impulso para ver lo que quería y lo que quería hacer ver: lo que aquella historia le mostraba. Allí estaba simbólicamente la realidad que quería para su país y para sí mismo.
Mohamed Gamal explica lo que Nasser contó sobre su experiencia y lo que significó para él aquella "epifanía" de sombras que transcurría frente en la pantalla:

In his article, Nasser revealed the secret of his attachment to it: “the film is a genuine representation of my perception of the individual’s value, and my belief that one individual can change the history of a nation and perhaps even the history of the world.” This followed a complaint about the citizens’ lack of enthusiasm: “The most nerve-wrecking thing for me during the [free officers’] movement’s first days was feeling that many of my fellow countrymen stood by watching us, and their contribution to our efforts did not exceed cheering and applause.”**


El presidente El-Sisi dice que fue llamado a la presidencia mediante un sueño revelador. Nasser, en cambio, estaba despierto en la sala de un cine. Su experiencia epifánica, según se queja, no tuvo la respuesta que él quiso. Su deseo de proyectarla en todos los cuarteles y que los soldados la vieran, al igual que con los demás ciudadanos egipcios, era intentar contagiar la fe y el entusiasmo. Pero Nasser —esa es su queja— comprobó que muchos no estaban dispuestos a ir más allá de corear vítores y aplaudir.

La observación no viene de un revolucionario fracasado sino de un líder exitoso que comprueba que hay una gran distancia entre los aplausos y vítores y el deseo efectivo de trabajar para todos, llevar adelante esos sueños.
Los sueños se pueden tener mientras se duerme, pero para cumplirlos hay que despertar y trabajar duro. Algunos, en cambio, prefieren seguir soñando y quienes lo saben se dedican a alentarlos.
La visión del liderazgo que Nasser tenía —una persona puede cambiar el mundo— chocó pronto con la realidad de que el mundo no cambia si un número suficiente de personas no se ponen en ello. Su inocente deseo de que todos vieran aquella emotiva película chocó pronto con la realidad: es fácil llorar en el cine —Nasser definió a los egipcios como "sentimentales"— y no hacer nada después.


La queja de Nasser por la actitud de la gente no es nueva. Es fácil aplaudir y vitorear; es muy fácil estar en primera fila cuando pasa el desfile agitando banderas. Nasser sabía que Egipto necesitaba algo más que el narcisismo de sus dirigentes o llorar en la oscuridad de las salas. Conocía bien el defecto nacional de la adulación, buscar el premio para quien más aplaude y no para el que mejor trabaja. Hay anécdotas que le muestran tratando de prevenirse contra ella.
La adulación es lo contrario de la crítica. La crítica es necesaria para corregir los errores. La acusación constante de traición a los que ejercen la crítica, a los que señalan al poder sus errores, ha condenado a Egipto a tener en primera línea a los aduladores, ya sea en los medios o en el gobierno. Adulando se llega lejos; criticando, a la cárcel o al exilio.

La adulación es una forma de inversión. Quien la realiza está protegiendo su futuro pensando que será protegido porque sus halagos gustan. Nasser tuvo que dar la noticia de que un gran desastre se había producido, el Ejército egipcio había perdido en la llamada Guerra de los Seis Días. 
No se le perdonó a Nasser aquella derrota. La inversión en adulación se transformó en inversión en crítica, que pasó a ser más rentable.
Nasser tuvo muchas virtudes, algunas peligrosas, como la comprensión de las debilidades ajenas. Asumió como propia la derrota de Egipto y Egipto lo aceptó. Su sucesor, Anwar El-Sadat, firmó la paz con Israel y le mataron. Su sucesor, Hosni Mubarak, decidió aprender de lo que a ambos les había llevado al fracaso y a la muerte. Los egipcios contaban chistes sobre él pero gobernó treinta años sin demasiados problemas, contando con que repartiendo la corrupción nadie tendría mucho interés en que el régimen cayera. Hoy es de nuevo casi un héroe y falta poco para que se den públicas excusas por haberle derrocado. Se le percibe por muchos no como un autócrata corrupto, sino como un patriarca bienintencionado y malentendido, un padre para todos los egipcios que supo comprender que hacía falta estabilidad y cómo imponerla: mucha policía y poca explicación.


Hoy el estado egipcio paga toda esa ineficacia y corrupción estando al borde de la ruina, según los indicadores, porque ningún gobernante ha asumido jamás que el poder se conservara más que con una equilibrada mezcla de adulación y represión. Los subsidios han sido más fáciles que el esfuerzo por sacar adelante al país. Las personas que han podido aportar algo lo han dejado de hacer ante la preferencia por los aduladores y aplaudidores. Adular, como decimos, es una inversión.


El FBI consideraba que la película de Capra formaba parte de la infiltración comunista en Hollywood, cuya estrategia general era presentar negativamente a los banqueros. Así lo hizo constar en un informe. Después del crack del 29, no había muchas formas positivas de presentar a los banqueros, como tampoco la ha habido después de 2008.
Pero a Nasser lo que le gustaba era esa fuerza de lo individual y de su deseo de cambiar el mundo. Lo interesante de la historia es su deseo de que todos vieran aquella película y no solo que le escucharan a él contarla y aplaudieran después. Sabía que lo importante era que la gente se diera cuenta de ello, que eso era lo que sacaría adelante al país. A todo el mundo le gusta tener un líder salvador; gusta menos un líder que nos diga que la salvación está en nuestro esfuerzo. Eso implica el comienzo de la pérdida de la magia.


Tras la caída de Nasser, los que llegaron encerraron a los nasseristas en cárceles. Hoy los nasseristas le diputan el poder a los seguidores de El-Sisi, que a su vez se empeñan en unirlos en carteles creando una extraña fusión política. Nasser, al que la mayoría dio la espalda cuando fue derrotado, resulta estar hoy en todas partes y en ninguna. 
Hoy el poder es la película y se llora en las salas. También fuera, aunque por motivos bien distintos. Los tiempos de las lágrimas están llegando y lo hacen sin poder ser escondidas. Las fotos se besan, pero no se comen. No por tener más fotos se es mejor gobernante.
No sé si las cinco películas que le recomiendan a El-Sisi darán lugar a una epifanía como la experimentada por Nasser. Tengo mis dudas.




* Mohamed Gamal "5 movies a Sisi supporter recommends for his president" Mada Masr 17/08/2016 http://www.madamasr.com/sections/culture/5-movies-sisi-supporter-recommends-his-president