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sábado, 5 de agosto de 2017

Los buenos, los malos y los prudentes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es difícil encontrar en el mundo un país en el que, como sucede en Egipto, la cuestión de la religión esté siempre encima de la mesa para una cosa y para otra. Ya sea en las casas, en las calles o en el Parlamento, lo religioso es el filtro por el que la mayoría perciben y juzgan la realidad. Hace unos días, se nos contaba que el juez candidato a la presidencia del Consejo de Estado presentado por sus colegas sostenía que las mujeres no debían ser promovidas a jueces porque no podrían estar en la misma habitación con los otros dos miembros varones del tribunal. Se amparaba para ello en las normas islámicas. (ver entrada). Mientras las mujeres tunecinas consiguen arrancar leyes al parlamento para beneficio de todas, en Egipto es posible que alguien siga sosteniendo argumentos como ese ante la lógica incomprensión de la mayoría de los países.
La prensa egipcia nos ofrece hoy una doble muestra de cómo se afronta esta cuestión desde perspectivas diferentes. El primero de los artículos, el publicado en el diario estatal, se titula "Now Egyptians know" y está firmado por la entusiasta Azza Radwan Sedky. No interesa tanto su descripción del que por fin los egipcios se hayan dado cuenta de la maldad islamista, sino su proceso y de los efectos en la transformación religiosa de la sociedad egipcia, bastante abierta y liberal hasta que empezó la carrera por la virtud y el Paraíso en los años 70-80.

In Egypt, in the 70s and 80s, as men grew beards and women covered their hair, onlookers were surprised but accepting. After all it was a positive thing – was it not? – to adhere to the broader guidelines of religion.
Envious that some could follow God’s wishes better than themselves, many wannabes pursued the same look. Soon, society as a whole had opted for conservatism. Men and women stopped shaking hands with members of the other sex, and “Al-Salam Aleikum” replaced the usual “Good morning” or “Allö”. At social gatherings, in Egypt and abroad, men and women prayed, while Copts and foreigners looked on, alienated.*

Me parece relevante aquí, no tanto el fenómeno que es conocido, el comienzo del segundo párrafo, en el que se centra en el proceso de emulación envidiosa, esa carrera exterior por aparentar la mayor piedad posible como un rasgo de identificación (y competición) social. Pronto no es bastante con "ser religioso" hay que ser "más religioso" que los demás. El éxito de la obra de Moliere "Tartufo" cuando fue puesta en escena no hace mucho tiempo en El Cairo se explica solo. El tartufismo, esa hipócrita exhibición de la religiosidad ante los demás, es un vicio frecuente.
A los párrafos anteriores le sigue una detallada lista de los terribles efectos que esto tuvo sobre el comportamiento social e individual, que pronto se vieron enfrentados. Los cambios comenzaron:

Peculiar and estranging fatwas collided with reason: don’t listen to music; don’t stand up for the national anthem; don’t wish Christians well.
Flagrant disdain for what was considered normal and acceptable hit the society in the core.
The trouble was that no one linked this fundamentalist and often grotesque change to Islamism, whether it be Salafi, Wahabi, or Muslim Brotherhood in allegiance.
No one saw the social change as a link to a systematic political power-grab rooted in cultural and social dominance. What the Muslim Brotherhood gave in aid and support to the needy, it took back in compliance and agreement to a new set of cultural norms.
Few in Egypt, and elsewhere around the world for that matter, saw this slow but underlying shift for what it truly was: a method of keeping the masses in a subservient state, subdued into blind conformity.
It took a stolen revolution, an Islamist parliament, and a Muslim Brotherhood president to make matters explicitly clear: a facade disguising an inherent desire to dominate.**


El optimismo oficialista de Azza Radwan Sedky tiende a ver siempre la sociedad egipcia como un cuerpo sano sujeto a infecciones. Sin embargo, las infecciones se producen por el bajo nivel de las defensas. No es solo culpa de los que se dirigen los egipcios para seducirlos. Los que se dirigen a ellos saben cómo entrar en su psicología colectiva, algo que llevan manipulando desde muchas décadas atrás.
Pese a afirmar que "pocos vieron", dentro y fuera, los efectos del proceso, lo cierto es que sí se vio. Pero a los que lo denunciaban los iban marginando y eliminando del camino, como fue ocurriendo en otros países que pasaron de ser sociedades más tolerantes a nidos de intransigencia radical. Basta con mirar los archivos fotográficos de países como el propio Egipto, Afganistán, etc. para comprobar que lo que comenzó por el vestuario se cerró como intransigencia. Las barbas eran más que detalles exteriores; eran signos de piedad y sobre todo de autoridad.
Más allá de la enumeración de hechos concretos, lo esencial es que lo individual debe ceder ante lo colectivo, la coacción social pasó a ser un hecho. Ya no se tenía más opción que hacer lo mismo que los demás o prepararse para lo peor.
La definición dada por la autora —a method of keeping the masses in a subservient state, subdued into blind conformity— puede establecerse más allá de los calendarios. Es la lucha permanente por el control social.
La constitución enmendada por el nuevo parlamento, el surgido después del 30 de junio y el "no-coup" fue bastante liberal en muchos aspectos, pero sirve de poco sin el apoyo social. Pese a que se dice que los egipcios ahora ya saben, se han dado cuenta, la obsesión religiosa sigue bajo controles antiliberales, ya sea socialmente o institucionalmente. La religión sigue siendo la vara de medir porque no hay poder que quiera renunciar o enfrentarse a ella.


El problema es siempre el mismo: el conservadurismo religioso egipcio es más fácil de manipular que el liberalismo individualista, que considera que la religiosidad (o su ausencia) son cuestiones individuales en las que nadie debe intervenir ni por las que nadie debe ser preguntado. Pero eso es renunciar a una fuerza muy poderosa que puede hacer salir, por usar las palabras de la autora de la "conformidad ciega".
El presidente Sisi se dio cuenta que la mayoría alcanzada por su predecesor, el islamista Mohamed Morsi, se debía a la culminación de proceso de "ceguera" y que los Hermanos estaban recogiendo las décadas de control y manipulación social que había ejercido a través de las instituciones, sindicatos, etc. donde se habían metido exhibiendo una virtud tartufesca. A los hermanos les había bastado con mostrarse "piadosos" y presentar la desidia de la época de Mubarak como una forma de "impiedad", Dios no está con ellos.
El tira y afloja que la presidencia tiene con Al-Azhar desde su llegada al poder es precisamente la dificultad en desmontar ese control religioso que ha pasado de los Hermanos  a los clérigos, cuya institución ha tenido también sus momentos oscuros en relación con los islamistas. La impaciencia del presidente es resultado de la falta de eficacia del mensaje liberal que pretende y de cómo, por el contrario, se produce un relevo en el control. ¿Por qué renunciar a ello si ayuda a mantener el poder?
La Universidad de Al-Azhar ha tratado de mantener su poder y hacerse imprescindible para el mantenimiento de un mensaje religioso moderado. ¿Pero existe este más allá de la condena de la violencia terrorista? Esa es la gran cuestión.
¿Un mensaje religioso moderado significa que puede quedar alguien al margen de la religión? No, en la versión de Al-Azhar.


Es aquí donde entra el segundo gran tema recurrente: el ateísmo. Su equiparación con el "terrorismo" no es una demostración de "moderación" sino de todo lo contrario. Uno puede "entender" que un fanático religioso ponga una bomba o corte un cuello ya que es un extremista. Pero uno nunca puede entender que un estado encierre en la cárcel a un "ateo".
Es sobre este segundo aspecto sobre el que vuelve otra vez a aparecer en Egypt Independent otro artículo, titulado esta vez "What can Al-Azhar do to smooth path to Islam for prudent atheists?"** La vuelta sobre el tema, una y otra vez, revela la obsesión con la figura demonizada del ateo. Resultaría en otras circunstancias hasta cómica la expresión "prudent atheist" tal como aparece en el titular. Sin embargo, es un intento precisamente de separar el tópico del ateo destructor de familias, estados, etc. de la persona que simplemente no cree.
El comienzo del artículo es ya una presentación recurrente; trata de situar el problema y sus dimensiones:

Typically, atheists in Muslim countries prefer to keep their beliefs secret, fearing their lack of faith will lead to their death.
In Egypt, the situation is different; young Egyptians have been touting atheist and agnostic ideologies on social media, which raises questions regarding the real number of atheists in Egypt, and how government and religious institutions are dealing with them.
Recently, massive controversy surfaced on social media outlets when Al-Azhar — Egypt’s largest Muslim beacon — released a statement that Egypt has the highest amount of atheists in the Arab world. The statement came from a member of Al-Azhar’s Technical Office, Ahmed al-Malkai, in an interview on privately-run news channel Al-Nahar.
“It is not only the role of Al-Azhar and the government to combat atheism, but families are also responsible for the phenomenon,” Malkai said during the interview.
“All  questions that have been raised by atheists were met with proper answers from Al-Azhar.”
Egypt Independent investigated the relations between the institution of Al-Azhar and atheists in Egypt, and how they are responding to clerics’ repeated calls for dialogue.**


Como todo el mundo sabe, el número exacto de ateos en Egipto es de 866, ni uno más ni uno menos. El número es ridículo pero el asunto serio. Lo interesante es cómo, de nuevo, se presenta a Egipto como el blanco de los grandes peligros del mundo. Si el estado, Al-Azhar y las familias egipcias no lo remedian, pronto serán como Occidente, y estarán llenos de ateos, La plaga que faltaba.
Es curioso —en términos absolutos— que la discusión sobre el ateísmo parta siempre de esos dos datos (me resisto a llamarlos hechos): los 866 y el país con más ateos. De esta forma se parte siempre de la sensación de peligro.
Recordemos iniciativas como las cabinas montadas en el metro de El Cairo por Al-Azhar para explicar las dudas a los viajeros, el control de los sermones, el propio artículo recuerda la campaña de 2014 lanzada por el Ministerio de Juventud para combatir la extensión del ateísmo, etc.
Afortunadamente, parecen haberse detenido las campañas contra reformistas y poco o nada creyentes, un tributo que el gobierno pagaba con la intención de no verse acusados de tener la impiedad entre sus metas políticas, algo que siempre se ha utilizado. La religión es del pueblo, los ateos son los gobernantes, que pueden verse comprometidos si se desvían de las normas religiosas.


Al-Azhar ha abierto un poco su estrategia de rechazo, pero no es más que una argucia. Después de decir que ellos tienen respuestas claras para todas las dudas de creyentes y no creyentes, se han empeñado en entablar diálogo con los ateos. Evidentemente no es más que una maniobra, pues nadie se va a prestar a una tontería así.
Egypt Independent recoge opiniones en el otro bando:

“In any developed country, there is a principle that is followed — citizenship; no one can ask you about your religion or beliefs, and all laws are applied without religious discrimination,” Mohamed Ismail, an Egyptian atheist, told Egypt Independent on Thursday.
Ismail stressed that the citizenship principle is not likely to be applied in Egypt any time, maintaining that Egyptians are obsessed with religion and refuse to acknowledge any faith that is not Abrahamic.
Ismail has adopted atheism as his personal ideology since 2012. He notes that it is not easy for an Egyptian to declare themselves atheist in front of others, as it could put them at fatal risk.
An Egyptian agnostic, who spoke to Egypt Independent on condition of anonymity, agrees that being open about ‘dissident’ beliefs can incite danger.
“I started to be agnostic after intensively studying science, which made me realize religion is a man-made concept,” she says.
She rejects the call for dialogue with Al-Azhar and any state–sponsored religious institution, claiming that engaging in dialogue with clerics would not be productive, as their ideology is different; she believes that Islam promotes terrorism.
However, Ismail says that the recent representation of Islam on the part of the clerics is a good step, as in the past there were only people from Salafist and Muslim Brotherhood political currents that acted as spokespersons of Islam, and they contributed to the religion’s distortion.
Nevertheless, he personally does not believe that engaging in discussion with them would be beneficial, saying, “I can read what they have to say in books.”**

Las dos caras del ateísmo se nos muestran. Ismail es un ateo prudente. Ha dejado de creer, pero no se mete con nadie. No tiene ganas de discutir con los clérigos, pero puede leer libros que le explique en qué está equivocado y el camino de vuelta. Los clérigos, dice, lo están haciendo muy bien. A ella, en cambio —¡ay, las mujeres!—, como si fuera un "preciosa ridícula" de Moliere, le dio por la Ciencia y... ya se sabe. No solo ha perdido la fe, sino que cree que el islam es la fuente del terrorismo. Ateo bueno, atea mala.


El primer artículo se centra en la diferencias entre la religión manipulada por los islamistas y la religión controlada por el estado. En el segundo caso, todo va bien:

Today Muslims speak out in unanimity with Copts, who remain the prime target for terrorists.
But a more prominent change is in the hatred Egyptians feel towards Islamists as they inflict more pain on innocent souls.
And yet, Egyptian Muslims will remain devout through and through. As they follow the true pillars of Islam, charities boom with an influx of Zakat donations, Friday prayers are the focal point of any weekend, Ramadan is observed diligently and celebrated widely, and the Hajj is a wish for all Muslims.
But if Egyptians have learned anything from the horrors they faced after the revolution, when Islamists enveloped Egypt in a fake Islamist aura void of feelings for others and lacking in inclusiveness, it is the awareness of how entrenched Islamists were in society and how controlling the Islamist disguise was.
Egypt was bound to discover this at one point or another. As it suffers today, the only consolation is that it is better to realise the truth now than later. The earlier Egypt discovers its enemies, the faster it will be able to get them out of its system.*

Reza a Dios y odia a los islamistas. Ese es el principio. No se trata de si es el opio del pueblo o no sino de quién lo comercializa. Nada que venga del estado o de las instituciones controladas puede ser malo, por definición. El optimismo de la autora se mantiene ocurra lo que ocurra. Pero hay un aspecto que se queda fuera en su razonamiento: anteriormente ha señalado que el conservadurismo religioso que ella achaca a los islamistas y salafistas, también afectó a los coptos, que se volvieron más estrictos. Esto indicaría que la cuestión va más allá de lo religioso y se adentra en las raíces sociales, en un conservadurismo social que se exhibe en las comunidades como un valor competitivo.
Todo lo malo, obviamente, viene de los grupos que se aprovechan de la buena religiosidad egipcia para engañar a los creyentes. Los egipcios, esa es la tesis del artículo, ya saben de dónde viene el mal.
¿Y los ateos? Con una autoridad buena, se puede discutir. El segundo artículo se cierra con estas palabras:

According to former undersecretary of Al-Azhar Mahmoud Ashour, “there is no justification for reluctant refusal from atheists to engage in open dialogue with Al-Azhar, as it is not like IS or any extremist groups that kill atheists.”
Ashour noted that it is important for all state institutions to encourage atheists in Egypt to engage in dialogue with Al-Azhar or churches, as he considers atheism a psychological disease that should be addressed.**

Como se puede apreciar, el ateo prefiere considerarse sano en su intimidad que un enfermo a los ojos de los que se ofrecen amablemente a "dialogar" con él. Lo cierto es que, los maten o no, se sigue considerándolos como "terroristas" cuya función es destruir las familias, Egipto y el islam, por ese orden.


La transformación de Egipto, descrita en el primer artículo, debería usarse para algo más que para infundir miedo a los islamistas. No debe soslayarse la intervención del propio estado en este cambio tras la caída de Nasser, al que presentaron como un abandonado por Dios para justificar los fracasos militares. Tampoco debería ignorarse la evolución en este sentido de la sociedad egipcia, a la que se educa en su propia excepcionalidad tanto en lo religioso como en el nacionalismo.
Nadie renuncia al control social. Solo se trata de canalizarlo en un sentido u otro, en buscar el apoyo. El propio presidente ha tratado de buscar un equilibrio y hacerse con la idea de la "reforma" que, para su desesperación, no es secundada por Al-Azhar, que prefiere un control social tradicional, que no mine su poder. Por eso los ateos, los reformistas, etc. lo siguen teniendo complicado en Egipto.
Lo importante no es lo que creemos, sino que hacemos con los que no creen lo mismo que nosotros. Es ahí donde se ve la tolerancia religiosa y el valor de la convivencia. Es importante también que las creencias puedan evolucionar con quienes viven con ellas. Pero me temo que, sobre esto, no hay mucha voluntad discutidora. Los dos artículos lo reflejan. 
Hay buenos y malos creyentes; prudentes y malos ateos. 



* Azza Radwan Sedky "Now Egyptians know" Ahram Online 3/08/2017 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/274197/Opinion/Now-Egyptians-know.aspx

** "What can Al-Azhar do to smooth path to Islam for prudent atheists?" Egypt Independent 4/08/2017 http://www.egyptindependent.com/what-can-al-azhar-do-to-smooth-path-to-islam-for-prudent-atheists/



domingo, 21 de agosto de 2016

El retroceso turco y sus víctimas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El catedrático de Ciencia Política Antonio Elorza ha tenido que recordar en un artículo del diario El País que lo de Erdogan no es algo que le haya llegado con la edad, algo súbito, sino el cumplimiento de un programa que ya había desvelado al principio de su andadura, que se sumergió como el Guadiana, y que reaparece en el momento en que es necesario. Hace mucho tiempo que sostenemos que esa es la descripción del programa islamista allí donde se cumple: sonrisas, astucia, doblez y aprovechamiento de todas las circunstancias para remover obstáculos. Cuando se sienten suficientemente fuertes o cuando se encuentran en peligro de ser desplazados, entonces se desvela la verdadera cara. La cuestión es si es posible volver de ese punto.
Así comenzaba Elorza su artículo, con el título "La paciencia de Erdogan", en El País:

A un mes del fracaso en Turquía del fallido golpe militar contra Tayyip Erdogan, y una vez comprobada la extensión de su respuesta autoritaria, buen número de especialistas siguen acotando su análisis a los recientes desarrollos de la política puesta en práctica por el líder islamista. Su punto de partida sería el personalismo que rodeó su acceso a la presidencia del país. Se trata de una visión acorde con la previa bendición otorgada por esos mismos comentaristas a la trayectoria de un Erdogan que era considerado como el hombre encargado de demostrar la convergencia entre islamismo y democracia, algo así como una versión musulmana de la democracia cristiana en Europa occidental.
El panorama cambia si tenemos en cuenta las rotundas posiciones doctrinales del mismo Erdogan en la década de los 90, cuando preside la alcaldía de Estambul y prepara un ascenso únicamente truncado por los diez meses de cárcel que le valió la lectura pública en 1998 de un poema-llamamiento de Ziya Gökalp, el ideólogo nacionalista e islamista de los Jóvenes Turcos: “Nuestras mezquitas serán nuestros cuarteles, las cúpulas nuestros cascos, los minaretes nuestras bayonetas y los creyentes nuestros soldados”. Era una explosión radical, sustentada en una plataforma teórica bien firme. En Turquía, el laicismo implantado por Mustafá Kemal y el Islam resultaban incompatibles, y la supervivencia del primero resultaba un absurdo en un país con 99% de musulmanes: “¡No se puede ser al mismo tiempo laico y musulmán! ¡O eres musulmán o laico! ¡No es posible la coexistencia!” Para concluir: “¿Por qué? Porque a Alá, el Creador del Islam, le corresponden el poder y el gobierno absolutos”. Desde tales supuestos, propios de islamistas radicales como Sayyid Qutb, la finalidad es clara: “Nuestra referencia es el Islam —proclama en 1997—, nuestro único objetivo es el Estado islámico”. Erdogan no ha engañado a nadie.*


En efecto: son los políticos occidentales los que se engañan con Erdogan (y demás políticos de grupos islamistas). El hoy autoproclamado "demócrata" pide lastimeramente la simpatía universal hacia su "causa" y que le entreguen en bandeja a sus enemigos, los que le pueden hacer sombra dentro o fuera.
Erdogan no es fiable. No lo ha sido para los turcos y no va a serlo con los que están fuera. La cuestión está en saber distinguir los tres niveles necesarios: Turquía, el AKP y Recep Tayyip Erdogan. Los gobiernos que han puesto las esperanzas en una Turquía con libertades y cerca de Europa no deben caer en el mismo error que él usa en su favor: hacer creer que los ataques a Erdogan o a la política del AKP son ataques a Turquía. Una vez más: no se debe cometer el error de dejar solos a los que dentro intentan sobrevivir a las políticas dogmáticas, facciosas y represivas de Erdogan. Este error se ha cometido demasiadas veces y cometerlo de nuevo con Turquía puede ser un verdadero desastre. Enfadado va a estar siempre; que tenga al menos un motivo.


Lo señalado por Elorza en su artículo no es una novedad, pero sí era un cierto tabú. Lo mismo ha ocurrido allí donde las políticas de apoyo al "islam político" sepultaron las realmente liberales, que apostaban por el laicismo de los estados y una renovación religiosa. Se apostó desde Occidente por lo que se veía como un "islam moderado" sin tener en cuenta, como señala Elorza, la idea central del islamista: la construcción de un estado islámico, como primera fase, y su expansión posterior. Cuando Erdogan le dice a los turcos que Occidente "les odia por ser musulmanes", se calla que durante mucho tiempo fue él fue el "favorito" por eso mismo. Pero Erdogan se ha dejado de sutilezas, como se apreció mucho antes del fallido golpe y en sus gigantescas purgas actuales.
Erdogan se destapó cuando apoyó a los que eran sus compañeros ideológicos, a los que hoy tiene acogidos en Turquía: los Hermanos Musulmanes. Lo hizo no salir los planes como tenía pensado: un frente de la internacional islamista desde Marruecos hasta Turquía. Turquía era el modelo, pero no todos se prestaron al ver las garras de Erdogan cerca. Con Egipto perdido y presionando, Erdogan salta hacia otro tipo de planteamiento, nacional e internacional.


El tradicional doblez islamista, que se considera astucia, implica que el estado puede ofrecer una cara amable, pero que los piadosos fieles pueden acabar imponiendo sus leyes en las calles a golpes. Nadie les recriminará por hacerlo puesto que, al fin y al cabo, es la ley de Dios. Se limitan a cumplirla.
La noticia de la muerte terrible de la activista transexual turca, Hande Kader, estos días, sumada a la decapitación de un refugiado homosexual sirio algunas semanas antes, son un recordatorio de que la calle administra la justicia piadosa a su manera. Las leyes quedan en nada cuando los matones comienzan a funcionar y a administrar su justicia callejera para solaz de los que consideran que el mundo está mejor sin aberraciones como Kader o el sirio decapitado por homosexual.


La purga de Erdogan es un contragolpe. Como buen ilusionista político, Erdogan distrae con una mano mientras ejecuta sus trucos con la otra. Su quejas y lamentos por el abandono occidental a la democracia turca sirven de camuflaje a la terrible represión emprendida mucho antes del golpe y determinante para que se produjera dado el enrarecimiento de la situación política, los cierres de medios de comunicación, encarcelamiento de periodistas, etc. El truco final es mostrar a Erdogan como defensor de las libertades y no como un represor autócrata, que es el retrato generalizado. Los que hablan de Erdogan suelen usar con frecuencia el término maquiavelismo.


Turquía va camino, si no lo es ya, de ser un estado faccioso. A las purgas generales políticas, le siguen las personales. Los motivos de estas son la libertad de expresión, información, sexual, etc. Erdogan ya les ha dicho que Europa les odia porque son musulmanes, en una de las declaraciones más indignas escuchadas a un dirigente de un país que dice aspirar a ser Europa, algo que es más que dudoso ya. Erdogan sabe que Europa nunca le dejará acabar su plan faccioso. Por eso es el primer interesado en tensar la cuerda, chantajear y sacar el provecho, económico, visados, etc. que pueda tener. Piensa que Europa reculará siempre.
Dos meses antes del golpe militar fallido y del exitoso de Erdogan, The Turkish Sun recogía una información que tenía que ver con la libertad de expresión y los derechos de las mujeres en Turquía. "Women’s Rights In Turkey “Like Something From The Middle Ages”, Says Director Deniz Gamze Ergüven", era el titular y recogía las opiniones de la directora de cine sobre lo ocurrido en su país con su filme "Mustang":

Turkish-French director Deniz Gamze Ergüven, whose film Mustang was nominated for best foreign language film at the 2015 Oscars and was the winner of four César awards in France, has spoken out about her feelings towards the current government and for the future of women in Turkey in an interview with the Guardian.
Criticising President Recep Tayyip Erdoğan for Turkey’s growing authoritarianism and for “messing with people’s minds”, she also warned of the decline in women’s rights in Turkey. She said the negative reception to Mustang’s take on the struggle of rural women had led to her being threatened and she said she would find it hard to imagine working in Turkey again.
Ergüven also revealed that Nobel prize-wining author Orhan Pamuk, who has also experienced his fair share of scorn from the Turkish public, warned her “you will be attacked,” but also advised her not to “get depressed”.
“I was gloomy,” she said of her mood after the film’s release. “I’d been attacked. I’d had some very aggressive, negative critiques there [in Turkey], the kind of thing I hadn’t received anywhere else.
“I detested the response [to Mustang] in Turkey, and so I withdrew from it”.
The film’s five young Turkish girl stars, Güneş Şensoy, Doğa Doğuşlu, Elit Işcan, Tuğba Sun Guroğlu, and Ilayda Akdoğan, also received threats for being in the film. “I was really unhappy, we’d had threats that involved them. But they were proud of what they were doing”.**


Son las formas del fascismo religioso que se va desencadenando y que hizo que el Premio Nobel Orhan Pamuk tuviera que salir de allí ante las amenazas. La estrategia de la amenaza es eficaz y recibe las oscuras bendiciones políticas de los gobiernos islamistas que se reparten las responsabilidades para evitar las represalias internacionales. Así es posible vender la modernidad oficial mientras socialmente se va formando una sociedad del miedo, de la amenaza constante, y de la ejecución sumaria en las calles, como a la activista transexual de los derechos LGTB, Haden Kader, torturada, mutilada y quemada, apenas reconocible su cadáver.
Ante la inseguridad o la vida imposible, los que puedan exponer otras ideas tienen que irse del país. Mediante el chantaje a Europa con los refugiados y a Estados Unidos con la OTAN y ambos con el conflicto con el Estado Islámico, Erdogan se asegura que nadie dé el respaldo ni la voz a la Turquía que se niega a ser islamizada a la fuerza. Los dos últimos años han sido de continua lucha en las calles por el derecho a ser distinto, a pensar distinto.


La reducción de los derechos de las mujeres es uno de los síntomas evidentes (en Egipto fue muy evidente), una de cuyas faceta es el matrimonio infantil. El diario ABC, en crónica de su corresponsal en Turquía en 2015, titulaba que un tercio de los matrimonios celebrados en el país era con mujeres menores de 17 años, la edad legal, que puede rebajarse a los 16 con el permiso de un tribunal. Este es uno de los factores esenciales de la islamización porque es la que permite asentar la práctica por encima de la ley; las leyes de Dios están por encima de las de los hombres. 
Erdogan le ha pedido a las mujeres que cumplan el "plan de Dios" y abandonen los métodos anticonceptivos: Turquía necesita a sus hijos. También, evidentemente, necesita que se queden a cuidarlos, que dejen de estudiar y se sometan a los designios de sus familias, ya que casi siempre son acordados. Señalaba en diciembre pasado ABC:

La abogada [Nuriye Kadan, abogada turca y defensora de los derechos de la mujer], que también forma parte del consejo administrativo del Colegio de Abogados de Izmir, añadió que la cifra de matrimonios con menores es quizá más alta todavía debido a que muchas celebraciones se realizan con la simple presencia de un imam y no se registran oficialmente. Además, también quiso remarcar durante el acto celebrado el pasado domingo la desigualdad existente entre la mujer y el hombre en la sociedad turca. «El 97,4% de los estudiantes que no continúan con sus estudios por razones maritales son mujeres».***


En el mismo sentido, la organización internacional Girls not Brides, contra el matrimonio infantil, ha señalado:

Turkey has one of the highest rates of child marriage in Europe with an estimated 15% of girls married before the age of 18.
However, statistical data available may not be representative of the scale of the issue since most child marriages are unregistered and take place as unofficial religious marriages.***


El retroceso turco comenzó hace tiempo y se hizo patente cuando Erdogan decidió acelerar su ritmo y desprenderse de sus enemigos. El cambio más significativo se produjo cuando no le funcionaron los cambios que quería en la constitución para perpetuarse en el poder y la pérdida de poder electoral. Desde ese momento, Erdogan trabajó para la llegada final de la purga actual. El contexto internacional le ha ayudado: refugiados, Estado Islámico. Otro lo ha creado expresamente: guerra a los kurdos, rompiendo la tregua, cuando Estados Unidos los armó para luchar contra el Estado Islámico ante su propia indecisión.


Todas las informaciones hablan, en todos los campos, de los retrocesos de libertades y derechos en Turquía. Ya sea como a la activista torturada o como a la cineasta asentada en Francia o al Nobel Pamuk, atacándolos a través de los medios, hoy una sola voz gracias al cierre de los que representaban la voz de los opositores. Todos forman parte de ese "enemigo total" que comentábamos el otro día. No hay término medio ya. 
Erdogan —como señalaba Elorza— cumple su programa. Sus víctimas son las libertades, especialmente las de las mujeres, como suele ocurrir en las reislamizaciones; por ahí se empieza aprovechando las bases patriarcales. Las libertades quedan enterradas entre hipócritas gestos plañideros de que el mundo les odia, envidia y desprecia. Viejos discursos, pero eficaces.
Esta tarde, a las 7, han convocado una manifestación como homenaje a Haden Kader , según señala la CNN turca. Sus amigos o simplemente defensores de las libertades de todos y de una sociedad abierta, le darán un adiós simbólico. Descanse en paz.




* Antonio Elorza "La paciencia de Erdogan" El País 20/08/2016 http://elpais.com/elpais/2016/08/11/opinion/1470910883_334454.html
** "Women’s Rights In Turkey “Like Something From The Middle Ages”, Says Director Deniz Gamze Ergüven" The Turkish Sun 16/05/2016 http://theturkishsun.com/womens-rights-in-turkey-like-something-from-the-middle-ages-says-director-deniz-gamze-erguven-19156/
*** "Los matrimonios con novias menores de edad suponen un tercio del total en Turquía" ABC 9/12/2015

**** Girls not brides. "Child marriage around the world: Turkey" http://www.girlsnotbrides.org/child-marriage/turkey/


miércoles, 17 de agosto de 2016

Burkinis, hijabs y otras vestimentas o lo importante es participar

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando llega el verano las noticias típicas son las prevenciones frente a las quemaduras, las gafas de sol para proteger los ojos, los consejos sobre la observación de las horas de digestión, etc. Hay todo un repertorio de tópicos. Pero este verano tenemos uno relativamente nuevo: la cuestión del llamado burkini.
Los atentados en distintos países ha elevado el nivel de suspicacia y de discusión de esta cuestión. El burkini —que ha sido prohibido en las playas de Cannes y multado su uso— es solo parte de una discusión más amplia sobre la cuestión de la vestimenta islámica femenina. En este punto se concretan una serie de aspectos que muchas veces se simplifican en exceso y que sitúan a la mujer en el centro de la cuestión.


Hace unos días hablábamos aquí de la ejemplaridad que se daba al hecho de que una mujer norteamericana, de religión musulmana, hubiera sido medallista con su equipo nacional de sable luciendo un hijab, un velo. La imagen de las cuatro mujeres con sus medallas mostraba un repertorio colorista: rubia, morena, pelo azul y... velo. Ibtihaj Muhammad no tenía ningún problema en lucir el velo y ser una orgullosa norteamericana junto a sus compañeras, una más.
Los juegos olímpicos están sirviendo también para que estas cuestiones se "normalicen" de alguna manera al mostrar que el velo no significa más que lo que quienes lo llevan quieren que signifique. No significa ser radical más que en quien se lo pone con esa intención.
Muchos países islámicos han visto movimientos pendulares en la cuestión del velo. Las élites nunca lo vieron demasiado bien porque no era signo de modernidad durante unas décadas. Las mujeres se vestían a la occidental, como bien nos muestra el cine. La cuestión cambió con la llamada "reislamización", cuyo pistoletazo de salida tiene varios focos, entre ellos la revolución iraní y los viajes a los países del Golfo de muchos musulmanes a trabajar con la explosión del petróleo.
Los extremistas comienzan a sembrar su semilla y lo hacen en dos sentidos: el movimiento religioso y el movimiento antioccidental. Los dos forman parte de una misma estrategia: en unos casos se trata de mostrarse piadosamente islámica frente a la "liberación femenina" producida en los 60-70; en el otro, se trataba de reafirmar la identidad nacional frente a las modas del vestir occidentales. A cada uno le entraban por su lado débil, religión o nacionalismo. El efecto visual era el mismo: las mujeres se transformaron y empezaron a vestir el velo. Pronto se hizo socialmente significativo el no llevarlo, igualmente que antes lo era hacerlo. También los hombres asumieron barbas y algunos vestidos con los que les parecía que transmitían una imagen más piadosa y tradicional.


Es esencial comprender este último apunte porque todo sistema que se basa en signos externos acaba siendo objeto de los dictados sociales, ya sea como modas o como juicio público. Me contaban con su peculiar sentido del humor unas amigas egipcias cómo algunos hombres rivalizaban en tener más oscura la marca de la frente —la llamaban con sorna la "uva pasa"— que sale por tener la frente pegada al suelo durante el rezo. Las oscuridad mayor o menor era usada para significar más tiempo rezando, el ser más piadosos. Las barbas, por su parte, tienen toda una clasificación por sus formas. Nada pone en el Corán sobre ello, solo que Mahoma la llevaba. Lo demás corre a cargo de los que quieren mostrarse más piadosos a los ojos de los demás. Y eso incluye a sus esposas, hijas, hermanas... Es aquí donde entra el elemento patriarcal en la que el hombre marca las reglas para mantener a "sus" mujeres bajo control y con el aspecto adecuado a la imagen que quiere proyectar.


En estos días en que han sido liberadas poblaciones sirias que llevaban dos años bajo el yugo del Estado Islámico, lo primero que han hecho los hombres ha sido afeitarse públicamente; después bailar, algo que también les tenían prohibido, como la música misma. Las mujeres han quemado públicamente los ropajes que les obligaban a llevar: niqabs, burkas y demás formas de ocultación y encierro portátil.


En algún viaje a Egipto, lo primero que me preguntaban es si veía más barbas y menos velos. La verdad es que no me dedicaba a contarlos entonces. Ahora sí lo hago, no tanto las barbas como los velos. Nunca le he preguntado a ninguna amiga porqué lo ha hecho. Es más, he procurado no comentarlo y hacer como si no hubiera ocurrido nada. Para mí era la misma persona. Si quería comentarlo, muy bien; pero nada más.Conozvo parejas de maravillosas amigas, una con velo y la otra sin él.
Muchas mujeres han decidido, ante el aumento e instrumentalización de la religión por parte de los grupos fundamentalistas, dejar el velo. Algunas lo vestían por presiones sociales o familiares; otras por inercia y otras porque así lo deseaban. No son menos religiosas por hacerlo; ese era el argumento patriarcal para que se vistieran como los hombres han dictado.
Lo malo no es el velo. Lo malo es cuando convencen a quien lo lleva que es mejor que las que no lo llevan. Es una forma de chantaje moral que los islamistas han utilizado, hacer creer que quien no lo llevaba era una "mujer fácil", inmoral.
Forma parte también de su estrategia antioccidental. Las feministas occidentales, argumentan, pervierten a las mujeres musulmanas y les hacen destruir sus familias; son mujeres promiscuas que han perdido los valores, etc. etc. Se les ha dicho, por ejemplo, que el velo les previene del acoso porque muestran así que son mujeres honestas frente a las que no lo llevan. Eso no funciona demasiado porque la mayoría, cono velo o sin él, sufren acoso masivo. Pero lo intentan. El propio feminismo árabe comenzó con el acto público de desvelar el rostro.


En estos tiempos la cuestión se debe enfrentar de otra manera. Intentar regular algo sin utilizar el sentido común es contraproducente. No es el velo o el burkini lo que convierte a la gente en radical y, por tanto, quitarlo no convierte en moderado automáticamente a nadie.

El argumento francés contra el burkini es el uso de símbolos religiosos en lugares público. Convertir en "religioso" el burkini es un auténtico disparate, por más que los jueces lo hayan avalado.
Hay otra cosa más: el término "burkini". La ingeniosa palabra lo liga con el burka, que es una forma extrema de ocultación, que en absoluto tiene nada que ver. 
Quien creó la palabra —un buen invento mediático— contaba con la asociación negativa que el burka suscita incluidas la gran mayoría de las mujeres musulmanas. "Burkini" une las dos distancias mayores: la del bikini y la del burka. La función del burka es evitar la forma y la identidad femeninas, reduciéndola a una mancha negra o azul. La función del burkini no es aislar sino permitir participar en el baño o en las competiciones deportivas; es un paso hacia adelante, salir del encierro, por decirlo así.


Pero ¿y qué ocurre con las barbas? También son un símbolo religioso. ¿Se deben prohibir en las playas y espacios públicos? Hoy las barbas están de moda en medio mundo y los hay que se la dejan de cualquier tipo —salafista o vikingo— sin importarles mucho el origen o significado. A nadie se le ocurriría exigir la entrada afeitado a la playa.
Entiendo el sentido de la prohibición de los burkinis es evitar posibles conflictos en una playa en la que pueda ser considerado una especie de provocación por parte de algunas personas. Esto es absurdo, pero el mundo está lleno de gente absurda.
Pero con esa medida se produce una discriminación bastante injusta. La mujer que decide ir a una playa y ponerse su burkini está intentando, además de darse un baño, hacerse visible en un espacio público reivindicando la normalidad con su aparición. El burkini no es signo de radicalismo porque supone el deseo de participar en la vida común a través del baño.


Hay una fotografía de estos juegos olímpicos que nos muestra a dos mujeres saltando a cada lado de la red. Por un lado una egipcia con su hijab y el cuerpo cubierto y al otro una alemana con su indumentaria habitual del vóley playa, un sucinto bikini. Lo importante no es cómo viste cada una, sino que las dos están en las mismas olimpiadas, en la misma arena saltando y compartiendo una misma actividad y que al final se saludaran afectuosamente. Eso es lo importante. 


La foto de las dos jugadoras, obviamente, ha sido censurada en sitios como Irán. La jugadora alemana se ha convertido en un borroso conjunto de píxeles para los ojos iraníes. Prohibir que se puedan bañar o puedan participar en las carreras y demás competiciones es no solucionar nada y sí crear muchos problemas. En primer lugar a las mujeres; en segundo, será aprovechado por los radicales para continuar gritando ¡islamofobia!, que se persigue a los piadosos, que Occidente odia a los musulmanes. Ya lo hacen; hasta Erdogan lo hace y le sirve para hacer retroceder a la sociedad turca, que se vuelve más nacionalista religiosa.
Una frase de una jugadora egipcia de vóley resume bastante bien la cuestión: "el hijab me ha permitido hacer lo que más me gusta, jugar al vóley". Sin él, los obstáculos hubieran sido muchos.
Creo que las mujeres están haciendo mucho por la normalización de la imagen musulmana. La medallista norteamericana hizo lo mismo que los padres del condecorado militar musulmán estadounidense muerto, que fueron ofendidos por Donald Trump. Lo que hizo la deportista fue salir y decir se puede ser musulmán y norteamericano, defender en una competición deportiva o en el campo de batalla a su país, un país no musulmán, como cualquier otra persona. La medallista egipcia de halterofilia ha sido feliz sin preocuparse de lo que llevaba en la cabeza, con normalidad absoluta. En otros deportes se ha podido ver que la diferencia cultural no implica directamente una guerra.


Ayer tratábamos precisamente en el que la guerra se lleva en las actitudes, sin necesidad de vestimentas diferenciadas con el judoka egipcio que se negó a dar la mano al su rival israelí. El judoka egipcio llevaba el radicalismo dentro sin necesidad de vestimenta especial.
La ocultación de los musulmanes dentro de la sociedad es un fenómeno que debe ser revisado y estudiarse los efectos beneficiosos para todos que tiene su visibilidad en muchos casos ejemplares. Es la mejor manera de acabar con los estereotipos, que son terriblemente perjudiciales para todos. Quizá compartir unos metros de playa junto a una mujer con burkini sea mejor que pensar que quienes los llevan son potenciales terroristas. Puede que la mujer que esté tomando el sol junto a usted está mañana también lo sea, que haya decidido que tomar el sol en bañador no la hace menos piadosa o peor persona.
El burkini está generando también una industria de la moda. Algunos verán un intento de que no se sobrepasen los límites, de controlar el fenómeno. Lo verán como una moda islámica dictada a las mujeres. Sea como sea, lo que resulta de sentido común es que no es el hábito el que hace al monje, que no implica radicalización. Si, en cambio, el compartir espacios me parece positivo.


No debemos contagiarnos de la locura de los signos exteriores. Mucho menos de cualquier sectarismo o estigmatización de las personas por ellos. El radicalismo no lo causa la vestimenta y, en el caso de las mujeres, puede ser más fruto de una presión, por lo que la sanción es doble: una porque se lo ponga y dos porque no se lo quita.
Las mujeres que han quemado públicamente burkas y niqabs en el pueblo liberado en Siria no se han pasado al bikini; se han quedado con sus ropas de siempre, curadas de espanto ante lo que han tenido que vivir durante mucho tiempo, demasiado, bajo el dogmatismo. La alegría por la derrota y huida de sus crueles invasores les ha permitido saber lo que es el radicalismo. Las vestimentas se les han hecho odiosas, no las han transformado en radicales. No convirtamos nosotros en radicalismo el burkini.


Un hecho: permitir competir con este tipo de indumentarias ha conseguido que más mujeres hayan podido participar en la Olimpiadas. Eso da una gran visibilidad a las mujeres en un mundo discriminatorio. Las mujeres ganan medallas y ganan protagonismo en sus propias sociedades. Eso es positivo, un paso para ir modificando la discriminación que hacía que solo deportistas varones participaran en la mayoría de las competiciones internacionales. Cambian la imagen de las mujeres dentro de sus sociedades y nos ayudan a combatir los estereotipos culturales.


Creo que condenar a muchas mujeres  musulmanas a no pisar playas, piscinas o espacios de competición deportiva con la excusa de la vestimenta es contraproducente. No impide el radicalismo político y religioso y sí puede alentarlo. Se sanciona a la mujer y se evita indirectamente que pueda participar en competiciones internacionales, con la frustración consiguiente. No hay que confundir efectos y causas.
Ya sea en la playa o compitiendo en Río o cualquier otro lugar, creo no debemos ser cómplices indirectos de la discriminación inicial haciendo que sea la mujer quien la pague. Las multas de Cannes no arreglan nada y confunden lo que hay dentro de la cabeza con lo que hay sobre el cuerpo.
La mejor propaganda, el mejor argumento es siempre la libertad y la convivencia. 


jueves, 30 de julio de 2015

El ministro, la Cultura y la Universidad de Al-Azhar

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Recordamos que el ministro de Cultura egipcio empezó con mal pie. Se acercó por sorpresa a un museo de la ciudad de Alejandría y cuando una funcionaria le preguntó sobre una solicitud de mejora de su puesto que había cursado la llamó "gorda" y recomendó a sus jefes que la tuvieran bajando y subiendo escaleras. Una joya de Ministro. Lo que se dice "una persona con una sensibilidad especial", "refinada", la más adecuada para el puesto de estar al frente de la Cultura en Egipto. Ese fue su comienzo.  Es profesor de la Universidad de Al-Azhar, que no sé si es la procedencia más adecuada para la cartera de Cultura. Había sido director de las Bibliotecas egipcias hasta que los islamistas de Morsi le quitaron. El mundo de los libros se divide en quienes los escriben, los leen, los venden y los colocan. El ministro pertenece a este último ramo.
Ahora Ahram Online nos informa de la petición de su dimisión por parte de intelectuales egipcios, es decir, de los que escriben, hacen películas, pintas cuadros, montan obras de teatro, etc. Han pedido su dimisión porque él, un innovador, está despidiendo a la mitad del ministerio para colocar a sus peones desprendiéndose de los que no son de su cuerda con la excusa de la "renovación", aunque algunos apenas llevaban un año. Nos dice el periódico:

A group of intellectuals met with Egyptian Prime Minister Ibrahim Mehleb on Monday to air grievances about the minister's policy and his 'mismanagement of the cultural scene and the lack of cultural vision.'
The group included writer and scenarist Waheed Hamed, poet Sayyid Hijab, novelists Ibrahim Abdel-Meguid and Youssef El-Qaeed, artist Mohamed Abla, and director Khaled Youssef.
Writer Helmy El-Namnam, the head of the Egyptian Library and Archives, was appointed as acting head of the General Egyptian Book Organization after the minister refused to renew Megahed's tenure.
The sacking campaign that the minister has been undertaking since June reminded the intellectual society in Egypt of a similar scene when the Muslim Brotherhood-affiliated Minister of Culture, Alaa Abdel-Aziz, appointed by the ousted president Mohamed Morsi in May 2013, fired all the heads of the Ministry's sectors, including the current minister, when he was head of the Egyptian National Archives.
Abdel-Aziz fired the heads of the Book Organization, the National Archives, and the Opera House. He also pressured the Secretary General of the Supreme Council for Culture to resign, a move that elicited opposition from the intellectuals who fear that the dismissals are a move towards giving the Brotherhood the key cultural institutions. A group of intellectuals broke into the Ministry of culture and launched an open sit-in on 6 May 2013 until Morsi was ousted in 3 July of the same year.
The similarities echoed the fears of 'religionisation' of culture as El-Nabawy comes from Al-Azhar University, where he teaches history and has been cooperating very closely with the ministry of religious affairs.*


Lo contado por Al-Ahram coincide con lo que venimos señalando hace mucho tiempo, la estrategia del gobierno de dejar en manos ultraconservadoras los elementos sensibles como son la cultura, la educación, etc. Una vez más se plantea una falsa actitud salomónica en la que se sanciona por igual al islamista que al liberal o demócrata. Los intentos de "modernización" se refieren únicamente al paso del control de la religión de los islamistas al Estado, que la controlará desde las instituciones, con centro ideológico en Al-Azhar.
La expresión que se usa en el texto —'religionisation' of culture— no es baladí como tampoco lo es la comparación con lo realizado por los Hermanos Musulmanes cuando llegaron al poder y que provocó las huelgas del sector de la cultura que veían cómo se imponían sus puntos de vista desde el control de las instituciones. Todavía recordamos a los trabajadores de la Ópera de El Cairo sobre el escenario protestando con pancartas por la intervención oficial en sus programaciones.


Llegado de Al-Azhar, la institución que le garantiza a Al-Sisi conectar con la religiosidad egipcia y no ser acusado de "faraón" —reinar sin Dios detrás—, el ministro Abdel-Wahed El-Nabawy ha ido despidiendo a los responsables de Cultura y colocando personas afines. Ante esto, los agentes de la cultura han ido a ver al primer ministro a presentarle su preocupación y solicitar el cese del ministro, cuya política han calificado como "destructiva" y a él de carecer de visión cultural ("lacks any cultural vision").
Quizá en esto último se equivocan. Por lo que se ha visto, lo que tiene El-Nabawy es una muy precisa visión de lo que debe ser la cultura. Lo que ocurre es que su visión está en las antípodas de la que ellos puedan tener.
Se muestra, una vez más, el conflicto interior egipcio, con su uso instrumental de la religión que es de lo mismo que se acusaba a los Hermanos Musulmanes. Por eso la política de ocupación de cargos para tener el control de las actividades, ayudas, planificaciones, etc. es esencial.


Una parte de la frustración democrática de la juventud se ha volcado en las iniciativas del arte, en donde tratan de volcar esa energía que la política les niega. No es que se hayan vuelto esteticistas, al contrario; lo que ocurre es que están recurriendo a una forma de arte que trate de llegar a la gente, a pie de calle, desconfiando —y hacen bien— de la palabrería oficial y de sus iniciativas.
El contraste con el ministro anterior, claramente laico en su visión de la función del arte, los nuevos cargos públicos están obsesionados con la desaparición de la vida pública de cualquier cosa que se les pueda reprochar como carente de espíritu islámico, por decirlo así. Al-Sisi parece tener una fijación con la idea absurda de que se puede cambiar la religión metiendo en la cárcel a los disidentes y catequizando a los que están fuera. Al-Azhar es el aval que sirve de respaldo a la legitimidad, basada en el cumplimiento religioso, más allá de los votos.


El diario Egyptian Streets publicó hace dos días un interesante artículo titulado "Has Al-Azhar Stifled Egypt’s Intellectual Enlightenment?"**, firmado por Amr Abyad. El texto analiza la función de la universidad islámica y su incapacidad para evolucionar como lo hicieron las occidentales, separando conocimiento científico y religión. Pero más allá de esta evidencia, Abyad analiza el papel político que Al-Azhar fue tomando precisamente desde que Anwar El-Sadat decidió usarla para mantener el poder. El giro a la derecha de Sadat se hizo precisamente con su apoyo religioso, dando entrada a los que Nasser había perseguido y encarcelado, la Hermandad Musulmana, que volvió a tener sitio y poder:

The heavy expansion of the rural middle class in the sixties, the termination of the widely popular social development programs, and then President Sadat’s empowerment of the Muslim Brotherhood and Islamization of the masses elevated the status of Al-Azhar to become the beacon of thought, and both an inspiration and a source of legitimacy for the people.
In the second half of the seventies, Sadat also came up with his revolutionary political philosophy of “listening to the village elders”— ushering the reversal of the quasi-Maoist policies of Nasser, and coming to loggerheads with the Egyptian former royal family’s fixation on emulating the west, not the sclerotic village elders.
In effect, Al-Azhar, with a seemingly moderate Islamic veneer, managed to Islamize the bulk of the middle class that should have been the enlightened locomotive of the Arab world.**


No es necesario insistir demasiado que la historia de Sadat tiene una moraleja en su propio asesinato a manos de los islamistas. Lo que algunos deberían haber aprendido de la historia, se repite como el mal que regresa una y otra vez desde el mismo error: la regresión religiosa frente a la necesaria modernización. Los poderes políticos no han buscado la transformación sino la sumisión a una autoridad que se agranda mediante diversos procedimientos, el principal de ellos el aval religioso. En la tradición, el líder es quien mejor cumple y hace cumplir, es decir, gobierna desde la perspectiva islámica. Si deja de hacerlo, por más que le voten, siempre habrá alguien que le acuse de "faraón" y llame a la insumisión o lance una fatwa pidiendo su cabeza a los buenos musulmanes. Es Al-Azhar quien da ese pedigrí. Si se ensalza su poder, se ensalzan también sus juicios sobre las personas.


Analizamos no hace mucho, las contradicciones que la prensa reflejaba en el análisis de las palabras del presidente Al-Sisi al final del Ramadán. Para Ahram Online, el presidente había acusado, responsabilizado a Al-Azhar de no modernizar el Islam. Para otros, en cambio, sus palabras habían sido que era la Universidad quien debía tener la responsabilidad de modernizar el Islam. Dos interpretaciones casi opuestas.
Por eso el artículo en Egyptian Streets de Amr Abyad tiene sentido en este contexto, tanto en las palabras del presidente en el final del ramadán como en la petición de dimisión del ministro de Cultura por parte de los intelectuales que visitaron al primer ministro. Todo refleja una crisis, podemos decir así, interna en cuanto a los resultados obtenidos y sobre todo los temores de hacia dónde se puede ir por ese camino. Esa crisis aflora y va llegando hasta los más altos niveles.
Es interesante también el análisis del papel de Al-Azhar en la era Mubarak. Escribe Abyad:

The utterly incompetent, parochial and corrupt Mubarak lacked resolution, courage and imagination to go at Egypt’s complex problems head on. Rather, he founded his rule on a freezing-the-status-quo policy.
He peddled moderate Islamic credentials through his alliance with Al-Azhar to the middle class, whereas for Egypt’s rural millions, he was the village elder. He thus rendered legitimacy a derivative of Islam and its patron, Al-Azhar.
Al-Azhar supported the state during the jihadi insurgency in Upper Egypt in the nineties, largely due to its culture of subservience to the government.
Ironically enough, apart from the stance on the use of violence, there are no fundamental differences between Sunni Islamic schools. Accordingly a clear-cut separation between the temporal and the religious has remained an alien concept in Islamic thought. No wonder then that the more independent ones of Al-Azhar students criticized Mubarak by questioning his Islamic credentials and thereby turned to jihadist theoreticians in the eighties. They characterized Al-Azhar as hypocritical- sadly enough, they were right.**


Los treinta años de Mubarak, más los anteriores de Sadat, no tuvieron voluntad de cambio, como lo tuvo Nasser. Fueron años de pragmatismo y de aprovechar las debilidades sociales para gobernar, entendiendo bajo este concepto la ineptitud y la desidia que produjo un retroceso de Egipto en todos los órdenes, incluido el religioso, que fue comido por los islamistas, a los que siempre se pensó poder controlar, dejándoles espacios reducidos. Pero los islamistas tenían otras intenciones que resultaron más eficaces: el aumento del conservadurismo religioso y su presentación como los mejores cumplidores frente a los corruptos poderosos.
El fracaso de una modernización que no ha conseguido deshacer la relación entre los dos poderes se hace más grave y evidente con la llegada de la revolución en 2011. Cuando analiza el periodo de la Primavera Árabe, señala el autor del artículo:

As we noted earlier, the failure of modernization projects in Egypt left the millions with no alternative but Islamism, including the seemingly moderate brands. Hence, the ideological carriers of subversion are being rooted, and the mutated D.N.A of Jihad induced by the ISIS phenomenon is replicable throughout the Arab world.**

Creo que es, en efecto, esa barrera a la modernización, tanto por causas económicas como intelectuales y políticas, la que acaba produciendo el estallido islamista actual que es algo más que una cuestión de terrorismo. Es precisamente el intento de evitar el deseo de modernización que afloró durante las revoluciones. La revolución solicitada —la revolución de los "jóvenes"— se habría visto como una amenaza tanto desde el punto de vista político (frente al poder respaldado por el ejército y la clase dominante) como económico (el deseo de acabar con la corrupción de la oligarquía) y religioso (la pérdida de influencia y control sobre la sociedad). La revolución se secuestra y desarma con eficacia mientras se celebra oficialmente. Hoy han logrado convencer a muchos de que eran los islamistas los que querían la revolución. ¡Gran paradoja!
En cuanto a la salida, señala Amr Abyad:

Egypt’s economy is backwards and dominated by oligarchs— a dwindling middle class with an Islamic core and backward hinterland, a fertile ground for all sorts of Islamist thought. Rural Egypt is being swallowed by a hideous urban sprawl that is creating entities which are neither rural in the classical sense nor urban— ‘ashwa’eyyat.
This massive polarization can suddenly boil over into widespread chaos and turmoil in case of an economic failure- which is not a far-fetched scenario.
Radical socioeconomic reform is the only way out of Egypt’s current dilemma, and the tip of that iceberg would be declawing Al-Azhar.**


Y son esas "garras" las que han entrado desde Al-Azhar en el campo de la Cultura y donde se pide la dimisión del ministro. La conjunción de los poderes reales —militar, económico y religioso— es demasiado potente como para que resquebraje. Pero si lo hace por algún sitio es por la apertura del pensamiento crítico, de la renovación intelectual, sin el cual, la dependencia de los poderosos se seguirá produciendo.
La batalla por la cultura es decisiva para salir de ese callejón cerrado al que se está llevando a la sociedad egipcia al desastre en gran parte por su propio lastre antimoderno creado durante décadas de desidia y adoctrinamiento islamista en la sombra o a plena luz. Tanto el poder económico como el militar, profundamente relacionados en Egipto, pensaban poder controlar al país. El poder político que se le está dando a Al-Azhar sirve para crear el marco de fondo.

El plante de los intelectuales pidiendo la dimisión (que es poco probable que se produzca) del Ministro de Cultura es un aviso para el poder y una señal (una más) de que hay una parte de la elite egipcia que está empezando a perder la paciencia señalando que así lo único que se hace es contribuir a la propagación del islamismo, forzando la represión y entrando un ciclo de violencia.
La única forma de salir es modernizarse en las ideas y en la economía, en la judicatura, etc., en todos aquellos puestos en los que están asentadas las garrapatas del doble tradicionalismo, el elitista y el de los ignorantes, que impide el desarrollo del país y la modernización de las mentes de quienes lo habitan.
El ministro de Asuntos Exteriores acaba de declarar que no le importan las críticas que se hagan desde fuera del país. Esperemos que sí le importen las que se hacen dentro. Aunque no tengo tampoco muchas esperanzas.



* "Minister of culture stirs fears of 'religionisation of culture'" Ahram Oline 29/07/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/18/136376/Books/Minister-of-culture-stirs-fears-of-religionisation.aspx
** "Has Al-Azhar Stifled Egypt’s Intellectual Enlightenment?" Egyptian Streets 27/07/20125 http://egyptianstreets.com/2015/07/27/has-al-azhar-stifled-egypts-intellectual-enlightenment/