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viernes, 19 de diciembre de 2025

Mi selfie y yo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¿No tiene Ud. a veces la sensación de que ha sido abducido y dejado en un estúpido planeta al que llaman Tierra? ¿No le invade esa idea aunque sea durante unos segundos ante lo que ve y escucha?

Esta sensación me llega al leer ciertas noticias o escuchar ciertas cosas. En esos momentos me siento distante, muy distante y me resulta imposible sentirme cerca de cierta gente. Y me está empezando a pasar más a menudo de lo recomendable y saludable.

Qué puedes sentir cuando lees noticias como esta:

El sueño de un youtuber de volverse famoso podría salirle muy caro. Cody Detwiller, conocido en redes como WhistlinDiesel, es uno de los creadores de contenido estadounidenses más polémicos. Y es que la mayoría de sus vídeos se basan en destruir coches de lujo, a cada cual de mayor valor. 

Gracias a ello, logró más de 10 millones de suscriptores en YouTube y millones de visualizaciones en todos sus vídeos. Pero lo que él no se podría haber imaginado es que por uno de sus videos llegaría a acabar investigado por la Policía y podría incluso acabar en prisión.* 


Quizá mi problema es que no me acabo de creer que esto puede ser llamado "normalidad", es decir, que soy un inadaptado. Cuando uno consigue así 10 millones de suscriptores, se cuestionan muchas cosas, incluida las ideas de "progreso", "inteligencia" y otras por el estilo que han surgido en el camino de la humanidad y han producido "optimismo", otra palabra pisoteada.

Estamos en medio de una sociedad embobada, donde "mirar" y "ser mirado" se sitúan en las aspiraciones centrales. "Veo, luego existo" o "me ven, luego existo" son fórmulas prácticas que reducen la existencia a eso. Si los filósofos especulaban sobre lo engañoso de los sentidos, hoy ocurre lo contrario. Los filósofos desaparecen (o se ocultan) en la maraña de la verborrea, mientras que los sentidos están en su plenitud.

A la vez que la imagen se apodera de todo es reducida a mera posibilidad, es decir, puede ser "real" o no dados los avances en manipulación de las imágenes. Puedo hacerme un selfie con quien quiera, aunque lleve muerto mil años o no haya vivido nunca. Puedo mostrar imágenes montando unicornios o estrechando la mano a Drácula; puro fake, pero ¿qué importa? 

BBC Mundo 9/2018

Quizá estoy condicionado por el inquietante trabajo de un alumno sobre el cine de terror desarrollando la idea de que ya no hacen falta "monstruos", que con lo cotidiano, que se ha vuelto espeluznante, nos basta. Y no le falta razón.

Cada día nos informan de gente que muere haciéndose selfies. La obsesión por ser imagen, un archivo en un teléfono, una foto subida a las redes, se ha vuelto una especie de religión. La raza humana ha pasado a ser una imagen en una pantalla, algo que nos fascina. Lo del antiguo debate sobre las imágenes —¿recuerdan lo de iconoclasta? — se ha perdido por goleada en esta década.

Sigo los campeonatos de Snooker desde que descubrí el juego durante la pandemia. Lo que me llama ahora la atención son las reacciones de la gente cuando son enfocados por las cámaras y mostrados en las pantallas en la que pueden verse en las salas. Estoy convencido de que muchos de ellos van no por el juego, sino por la posibilidad de verse y saber que son vistos. En el momento en que son enfocados, desaparece para ellos el juego. Ya solo miran buscando su imagen; hacen gestos para salir del montón y reconocerse, se saludan ellos solos. Sí, son ellos mismos los que están allí, no hay duda. ¿Qué más se puede pedir?

Cuando llegamos al año 2000, se declaró que el invento del milenio era el destornillador, una pieza humilde, pero indispensable, en el camino. Si sobrevivimos al próximo —algo dudoso a este paso—, el invento del nuevo milenio será el "selfie", que es algo más que una foto. 

Hay maravillosos fotógrafos de todo tipo, pero el selfie, ya sea como fotografía o como su variante en YouTube, es el embelesamiento de la propia mirada, es mirarse uno y asombrarse, por más que te mires todos los días delante del espejo de tu baño. El selfie es la necesidad de mirarse y ser mirado. Si para conseguirlo hay que quemarse a lo bonzo o quemar Ferraris de 400.000 dólares eso es lo de menos. Lo importante es que te miren en un mundo inmerso en pantallas y más pantallas, donde casi todo lo que ocurre fuera de ellas es ignorado, no existe.

Creo que no hay película más absurda e incomprensible hoy en día que "El hombre invisible", aquel invento narrativo de H.G. Wells. ¿Dónde está hoy la gracia? ¿Tendríamos hoy al hombre invisible haciéndose selfies?

Si llegaran los extraterrestres los recibiríamos y nos haríamos un selfie con ellos. Intente pensar en situaciones absurdas de este tipo y verá cómo se imagina a algún conocido en esa situación, le costará poco. Narciso se miraría sonriente en el río sacándose un selfie. 


* "Un 'youtuber' incendia su Ferrari para hacerse viral y acaba enfrentándose a una pena de prisión" "0minutos 18/12/2025 https://www.20minutos.es/gonzoo/un-youtuber-incendia-su-ferrari-para-hacerse-viral-acaba-enfrentandose-una-pena-prision_6912348_0.html

lunes, 6 de julio de 2020

El banco y la ducha

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Se ha puesto complicado lo de los 15 minutos de gloria que ofrecía Andy Warhol. La gloria se alcanza en estos tiempos modernos cuando se logra la atención, ser el centro de las miradas reales o virtuales. Como nos vemos menos y llevar mascarillas no es precisamente la mejor manera de llamar la atención (muchos, como Trump, no la llevan precisamente por narcisismo), lo virtual ha ganado en esta carrera de querer estar en el primer plano, bajo la atención de todos.
Que te miren, que te escuchen, que no consigan despegarse de ti es hoy un gran negocio en lo general y una gran pasión en lo particular. Antes la gente quería ser futbolista, médico o general, estrella de cine. Hoy basta con que te miren porque esa mirada asegura tu influencia. ¿Qué es, si no, un influencer? Ser influencer profesional se ha convertido en un reto de los vocacionales influencers amateur. En el plano personal, el influencer consigue dos cosas: que le miren y escuchen, primero; después, que le hagan caso o le imiten. En esto último, es mucho más sencillo lo segundo porque se basa en un mecanismo que no necesita de la argumentación, sino del deseo, del de emular. Hay gente que no sabe ser ella misma y prefiere ser otros. Quizá sea un mecanismo evolutivo para garantizar las transmisiones y el aprendizaje. Lo del trending funciona hasta con los monos, como han demostrado muchos estudios. 


Nosotros somos capaces de aprender transmitiendo información con el lenguaje, pero los animales lo hacen mirando lo que otros hacen e imitándolos. Por eso los animales que crecen en cautividad, lejos de sus familias y hábitos, deben ser educados en lo que deben hacer. Sin modelo les es muy difícil. Esto permite distinguir estilos e innovaciones en grupos de simios y de otros animales que son capaces de imitar sin necesidad de montar un aula. Su aprendizaje es la mirada y la repetición. Los niños también lo usan antes de adquirir información abstracta a a través del lenguaje. De hecho, mantenemos un equilibrio entre lo que aprendemos imitando y lo que transmitimos verbalmente.
Parece que hemos regresado al mundo imitativo de la mirada. Es lógico en un mundo de imagen y de pantallas, un universo global en el que cualquier cosa vista es imitada por millones de personas. Es un lento proceso que se intensificó con la fotografía, una forma de reproducción que permitía la creación de modas de una forma más rápida. Las revistas ilustradas primero y las fotográficas después ayudaron a extender las modas y a tener sus centros, como lo era París.


Necesitamos ser mirados y para hacerlo tenemos que llamar la atención. Para llamar la atención intencionadamente no es necesario gran esfuerzo, sino ingenio. Son muchos los que nos han prevenido contra los peligros del ingenio, que es eso que se concentra en una frase, un comentario, que surge al hilo de lo que otros hacen o dicen. Pero esto es lo que ha ido imponiéndose en nuestras sociedades modernas, que no quieren grandes discursos o ideas, sino el destello de ingenio que llama la atención. 
En eso se basa la Publicidad, cuya influencia es cada día mayor precisamente por esa forma de promocionar a través del reclamo de la atención. Hoy se gastan millones en atraer la atención, incluso en instituciones muy serias, que se han visto abocadas a la chispa de ingenio que atraiga sobre ellas las miradas por unos instantes. 


La ciudad cántabra de Torrelavega ha dado estos ideas ejemplos de cómo llamar la atención es el negocio de nuestros días, especialmente en esta especie de lucha por el turista en la que los espacios tienen que reinventarse ante la pandémica tendencia a quedarse en casa.
En el diario El País nos contaban hace unas semanas una ocurrente idea para atraer gente:

La nueva normalidad tiene forma de banco gigante en Torrelavega (Cantabria). Su ayuntamiento ha encargado a un escultor que cree uno de estos asientos públicos en tamaño gigante para colocarlo en un bulevar y que sirva de atractivo a los turistas que quieran parecer diminutos cuando se sienten en él. La idea, que recoge El Diario Montañés, es sumarse a la moda de habilitar un lugar significado de la ciudad para que los amantes de los selfis y las redes sociales disfruten haciéndose fotos en el banco, una alternativa más barata y también más original a los souvenires y al "Recuerdo de Torrelavega".
Aunque la idea no es original —otras localidades ya han colocado sillas o bancos de gran tamaño— la versión de Torrelavega tiene un rasgo propio. "Desechamos la idea, frecuente en otras ciudades, de hacer unas letras grandes con el nombre del municipio", apunta Jesús Sánchez Pérez, concejal de Dinaminazación [sic] Poblacional, Estrategia y Nuevas Tecnologías de la localidad de 51.000 habitantes. "El diseño de nuestros bancos es obra de un escultor local, Lucio Marcos, y le hemos pedido a su hijo que replique ese mismo diseño pero triplicando su tamaño y troquelándole en el respaldo el nombre de la ciudad".*


Habría que indagar en eso que se dice con tanta naturalidad, "los amantes de los selfies y la redes sociales", porque es ahí precisamente donde está el meollo del asunto. Durante muchos años, la gente se hacía fotos en los lugares que visitaba. Era lo que se decía "tener un recuerdo". Pasado un tiempo, se abría el álbum y allí estaban los recuerdos que revivían. Pero el funcionamiento del selfie tiene poco que ver con la idea del "recuerdo" y es más sobre cómo dar la nota en el presente. Aquí le dedicamos un post (¡mal hecho!) a la moda de suicidarse tirándose desde lugares concurridos turísticamente y cómo algunos se hacían fotos con los suicidas al fondo. Ahora El País usa ya el "turismo de selfies" tal como lo hay cultural, de playa, montaña, sanitario o cualquier otra modalidad que permita el desarrollo. Lo que está claro es que la lucha por la atención es ya feroz.
En Torrelavega no quieren que te suicides tirándote del banco gigante (¡toquemos madera!). Quieren que la foto sea una alternativa al "souvenir" antiguo, como aquellos platos que ponía "Recuerdo de Talavera" y cosas así. Hacen bien en matizar la conjunción entre selfie y redes sociales porque la función no es tanto qué recordar uno mismo sino cómo sorprender a los otros.


Que Torrelavega invierta en llamar la atención o, si se prefiere, en crear un lugar específico para que la gente se haga un selfie chistoso no deja de mostrar el deseo de atraer que se nos ha colado en este país de selfies en un mundo de selfies. Entre la cultura y el paisaje, Torrelavega prefiere pasar a la historia mediante el selfie ingenioso. Ellos sabrán.
El objetivo inicial, llamar la atención, se ha logrado. El banco para selfies, recuerdo de Torrelavega, ha tenido eco y el concejal ocurrente no tiene más que poner los recortes de prensa y ejemplos de los selfies en las redes sociales y el número de "me gusta" conseguido. No sé si Torrelavega conseguirá convertirse en lugar de peregrinación, en espacio de culto. Su ingenio le funciona, que es en estos tiempos lo único importante.
Pero llamar la atención no siempre es voluntario. Esto de la mirada es muy peligroso porque no siempre se controla. Se puede ser "tendencia" a tu pesar. El ejemplo nos lo trae también Torrelavega.
Toda la prensa ha recogido el hecho en titulares como "Un concejal de Torrelavega se ducha en mitad de un pleno sin apagar la cámara: "¡Decidle algo!"", tal como nos cuentan en El Español:

El Ayuntamiento de Torrelavega discutía los asuntos más urgentes en un pleno telemático como otros tantos en los últimos meses cuando, de forma inesperada, uno de los concejales comenzó a ducharse a vista de todos, sin apagar la cámara. Se trata de Bernardo Bustillo, también secretario general del PSOE del municipio cántabro.
Durante unos minutos, Bustillo se encuentra tras una mampara, hasta que finalmente sale de la ducha desnudo ante sus compañeros, creyendo que no eran testigos. "Decidle algo a Berni. Decidle algo rápido, por favor. ¿No se le puede desconectar o algo", pide una edil.
La anécdota, ocurrida en el turno de ruegos y preguntas, ha tenido gran repercusión en las redes sociales, así como las imágenes, emitidas por Cantabria TV. Eso pese a que fueron eliminadas a petición del alcalde, Javier López Estrada, del PRC.**


Con gente así, no hace falta "Gran Hermano". Por supuesto, pese a las peticiones de que si alguien estaba grabando la sesión, por favor, borrara las imágenes, ha trascendido todo, todo. Aquí nadie borra nada, el gran pecado capital de la sociedad de la mirada. En un mundo que disfruta a carcajadas de caídas, choques, resbalones, morrazos, despistes, errores, etc., el que la hace la paga. ¿Cómo frenar este apetito infinito de indiscreciones e imprevistos? La noticia ha llegado hasta la RT, la televisión de Putin para calentar el mundo hispano.


Con un teléfono móvil por habitante en el planeta (probablemente muchos más), ¿cómo evitar que la vida se vea a ras de suelo y no desde las alturas de la Historia? No hay ya grandes hombres, solo grandes momentos.
¿Han visto la foto de Donald Trump en el Monte Rushmore? No es un selfie, pero ese gesto poniendo su cara dura junto a las petrificadas de los ex presidentes norteamericanos es algo más que una insinuación, por si algún artista se anima. No es ya la foto, es el gesto que llama la atención, poner —eso sí— carita de selfie sintiéndose el siguiente en ser inmortalizado en la piedra.


Lo malo de todo esto es que muchos pueden no creer que realmente haya sido un accidente tecnológico lo de Torrelavega. Si se trataba de llamar la atención, se ha logrado, aunque sea por un descuido en la ducha. El concejal en cuestión dice que no se piensa disculpar porque es un accidente casero, uno propio de la época del confinamiento y la nueva normalidad. Efectivamente, estos son tiempos traicioneros en estas cosas y todo acaba saliendo, del vídeo sexual a la indiscreción sonora, rodeados como estamos de cámaras y micrófonos. ¡Hasta Alexa es poco de fiar!
Por su parte, ha dado todo tipo de explicaciones para tratar de hacer más normal el hecho humano de olvidarse de apagar el teléfono, un arma de doble filo. El concejal se lamenta de que no sean cuestiones políticas las que suscitan el debate, sino su entrada y salida con prisa de una ducha.


Pero el mundo del selfie y las llamadas de atención no perdonan a nadie. Las imágenes, la grabación del sonido, todo, ha salido a la luz pese a las promesas políticas de borrarlas hechas por el alcalde. ¿Resistirse a la tentación? La política siempre es sucia, aunque sea en una ducha. ¡Nunca se interesaron tanto por los asuntos municipales! El número de visitas y retuits lo demuestra.
Quizá veamos dentro de poco, una vez asimilado, al ex concejal de la ducha acabe haciéndose fotos con los turistas que han ido a Torrelavega a ver esos rincones tan curiosos y a esas personas tan divertidas. Quizá, incluso, alguien proponga hacerse selfies en la ducha del ex concejal por un módico precio (ofrezco la idea gratuitamente al consistorio), lo que sería otro atractivo turístico de la ciudad. Después de todo si la gente se hace fotos con los suicidas al fondo o si hemos convertido los campos de exterminio en parques temáticos, ¿por qué no?, la frase que define al milenio.
Al final, Torrelavega ha conseguido, queriendo y no queriendo, los momentos de gloria que deseaba, pasear el nombre del pueblo por pantallas y papeles. Sería interesante (a efectos meramente sociológicos) comprobar qué ha obtenido más repercusión mediática, si el banco gigante hecho para hacerse selfies o las imágenes involuntarias de la ducha del ya ex concejal.
La ironía, dice el dimitido, es que es entrenador de natación y se ha pasado media vida en bañador sin tanto escándalo. Se recoge hasta en El Caso, donde declara:

Bustillo ha asegurado que el suceso "no constituye un hecho delictivo, poco ético o deshonroso, más allá del error de creer que la cámara estaba desconectada". Después de anunciar que ponía su cargo a disposición del partido, ha añadido: "No podría dejar de lamentar que el fin de mi vida política, que siempre he considerado transitoria, tenga que ver con mi desnudez, que en el fondo no hay para tanto".
El concejal ha mostrado también su sorpresa por la repercusión que ha tenido que apareciera desnudo ante todo el mundo: "Por mi profesión como entrenador de natación me he pasado media vida medio desnudo y nunca me ha avergonzado la desnudez, ya sea la ajena y mucho menos la mía", ha explicado Bustillo, "Berni" para los amigos.***


Tiene toda la razón. No es para tanto, pero esa es la clave de la frivolidad mediática, que nada es para tanto. Puede que el tiempo le reivindique, pero hoy por hoy ha caído a mayor gloria de su pueblo al que nunca imaginó servir así. Pero ni pueblo ni partidos ni audiencias perdonan en estos tiempos del mundo en un click. En el fondo les importa muy poco, pero hay que pasar el rato.
Estoy seguro que Torrelavega tiene muchos más atractivos que un banco para turismo de selfies y cosas más importantes que la ducha de un concejal, pero ¡qué mas da!


* "Un banco gigante para atraer el turismo de selfis" El País 25/06/2020 https://elpais.com/politica/2020/06/24/diario_de_espana/1592980758_381293.html
** "Un concejal de Torrelavega se ducha en mitad de un pleno sin apagar la cámara: "¡Decidle algo!"" El Español 2/07/2020  https://www.elespanol.com/espana/20200702/concejal-torrelavega-ducha-sin-apagar-camara-decidle/502199918_0.html
*** "VÍDEO: Un concejal pillado desnudo mientras se ducha durante un pleno telemático" El Caso 2/07/2020 https://elcaso.elnacional.cat/es/sucesos/video-concejal-desnudo-ducha-pleno-telematico-camera-encendida-torrelavega-bernardo-bustillo_33983_102.html

lunes, 3 de agosto de 2015

Cara de foto o vigila tus músculos faciales

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No tenía ni idea a qué se refería el titular de The New York Times: "I’m Not Mad. That’s Just My RBF". ¿Qué era la "RFB", algo tan común como para estar en un titular del prestigioso periódico, que yo ignoraba? No tenía nada de particular porque estaba en la sección "Fashion & Style", que no suelo frecuentar, pero el titular funcionó unido a los rostros preocupados de tres conocidas mujeres, dos actrices y Victoria Beckham, intérprete de sí misma.
La autora del reportaje, Jessica Bennett, trata de que nos hagamos una idea desde el comienzo:

I didn’t think much about it at the time: I was appearing in a short television segment and had quickly brushed my hair, then slapped on some concealer. I figured my glasses would cover the circles under my eyes.
Only later did I behold what I looked like — and it was terrifying. It wasn’t that I was disheveled; it was the actual face that looked back at me in the frozen screen shot.
My mouth curled slightly downward, my brows were furrowed, my lips were a little pursed. My eyes aimed forward in a deadpan stare. I looked simultaneously bored, mad and skeptical. I was basically saying to the newscaster: Die.
In that moment, I joined the ranks of a tribe of women who suffer from the scourge known as “resting bitch face” or, increasingly, just RBF.
If you’re up on your Internet memes, perhaps you’ve heard of its linguistic predecessor: “bitchy resting face,” which emerged from a parody Public Service Announcement.*


Conforme avanzaba en la lectura del artículo se iba confirmando que este era un "mal femenino". Como se queja varias veces la autora, a los hombres que se les queda esa cara todo el mundo les presupone algún tipo de preocupación existencial, algo filosófico, mientras que en las mujeres se presuponen lo que la autora describe con concisión: " bored, mad and skeptical". ¿Por qué los hombres se ven "interesantes" con esa cara y las mujeres, en cambio, se sienten horrorizadas cuando se les relajan los músculos faciales y parecen odiar a todo el mundo?
El artículo —como es ya habitual en el género— recurre a distintos científicos sociales y a los nuevos gurús, los neurocientíficos, capaces de explicarlo todo desde las reacciones de las neuronas antes rostros, colores, comidas, etc. Da igual. Lo importante del asunto es que socialmente se espera que una mujer sonría permanentemente y que esté en guardia social, por decirlo así. Allí donde el hombre mira hacia el horizonte lleno de pensamientos de grandeza, en la mujer queda penoso, según los expertos.


Debe ser terrible estar todo el día pendiente de tus músculos faciales tratando de evitar que se te relajen y dar la impresión de que odias o eres odiosa o teniendo que dar explicaciones sobre si te pasa algo o no te pasa. La preocupación entre las "famosas" por este problema es enorme porque están todo el día bajo los objetivos de las cámaras y una cara RBF puede suponer la una corriente de especulaciones que gacetilleros sin escrúpulos pueden aprovechar fabricando titulares impactantes, como "¿Todo va bien entre X (la pillada con cara RBF) y su pareja?", algo que como se dice ahora, puede hacer rugir las redes sociales.
En 2005, hace diez años, el Urban Dictionary —en el que son los usuarios los que votan el significado que piensan más correcto, es decir, el sentido en el que ellos lo usan— explicaba:

RFB (Really Fucking Bored)
1. when you're sitting on your ass during the weekend chatting online because there are no parties to go to.
2. when you just broke up with your girlfriend and you have no one to hang out with because you gave your friends up for her because she 'was worth it.'
3. when you are so depressed all you do is surf myspace for friends and wait, refreshing the page over and over to get that message you wont get. [8/11/2005]


Como puede apreciarse, no estaba vinculada con las mujeres de forma clara. A cualquiera se le podía quedar cara de aburrimiento si estaba aburrido. No se veía como un pecado social específicamente femenino. Pero en esta década pasada (además de pasar de moda myspace), la presión sobre la imagen de las personas se ha hecho insoportable y parece que de nuevo con desventaja femenina. En aquellos tiempos todavía no existía el "selfie". Bueno, sí existía, pero a nadie se le había ocurrido hacer una religión de él, como ahora hacemos. Podemos hacer fotos con todos nuestros dispositivos: teléfonos, tabletas, etc. Si hace una foto a un grupo, la mitad de la gente vendrá a comprobar cómo ha salido y le exigirá borrar la foto si no ha salido como piensa que debe. Cuidar la imagen y las imágenes es obsesivo para muchos. Y las mujeres, según nos dicen, lo padecen más.
En 2013, en cambio, el diccionario urbano situaba su sentido más valorado de otra forma:

bitchy resting face
A bitchy alternative to the usual blank look most people have. This is a condition affecting the facial muscles, suffered by millions of women worldwide. People suffering from bitchy resting face (BRF) have the tendency look hostile and/or judgemental at rest. Their expression does not necessarily reflect how they are feeling inside. BRF can ruin friendships and first impressions, start fights and kill an atmosphere. [julio 2013]


Como puede apreciarse, esa desconexión momentánea de sus músculos es vista por los demás como hostil, como una forma de desaprobación en quienes lo tienen. A la pregunta preocupada de "¿te pasa algo?" la sustituye la defensiva "¿por qué me miras así?".

Los discursos sobre cómo debemos presentarnos ante los demás nos caen por toneladas desde los medios de comunicación en forma de artículos y reportajes y como libros de autoayuda que primero nos crean un sentimiento de angustia y luego se ofrecen a liberarnos de él.
Los otros se han convertido en objeto de consumo, algo que ha sucedido desde que la prensa y el cine nos ofrecen las vidas ajenas como antídoto del tedium vitae. La diferencia está en que la distancia entre ambos mundos, el de ellos y el nuestro, estaba bien delimitada. Las revistas nos ofrecían vidas ficticias para nuestro consumo en peluquerías y dentistas, entre otros lugares abastecidos de este tipo de prensa. Hoy todo se ha desbordado y todos podemos ser víctimas de la viralidad si a alguien se le ocurre meter nuestras imágenes desafortunadas, lo que ha aumentado la preocupación por la imagen.
Pero en el caso de la RBF, las fotografías no son más que una parte del problema; son solo su registro. El problema real es la necesidad de sonreír de forma constante, sobre todo las mujeres. Escribe la autora del artículo:

For many years, studies have determined that women do tend to smile more than men, but not necessarily because they’re happier (in fact, they suffer higher rates of depression). Nancy Henley, a cognitive psychologist, has theorized that women’s frequent smiling stems from their lower social status (she called the smile a “badge of appeasement”). Still others have pointed out that women are more likely to work in the service sector, where smiling is an asset.
And yet there is also a kind of ingrained association between women and the friendly face. The phrase “Stop telling women to smile” has become a rallying cry for the movement against street harassment. Studies have found that smiling babies are more likely to be labeled female, while men view serious women as less sexually attractive than those who look friendly (the opposite of how women view men).
“One of my biggest pet peeves is when people come up to me in a social setting, where I am having fun, and ask, ‘Are you O.K.?’ ” said Talia Cuddeback, a junior at Barnard who suffers from RBF and wonders why she has to smile all the time just to show she isn’t angry.*


Neurocientíficos, cirujanos plásticos, expertos en relaciones públicas, etc. dan sus versiones del fenómeno. Para unos las explicación es social, una presión insostenible; a otros les da igual y tratan de resolver el problema mediante el bisturí o con el entrenamiento que haga que no se baje la guardia. La sonrisa debe ser estudiada en cada momento para no caer en la estupidez, en la afectación o en la frivolidad. Una revista se pregunta si es posible ya obtener una sonrisa que sea realmente una sonrisa, una sonrisa espontánea, y no algo dedicado al objetivo de una cámara. Es difícil, desde luego.
Algunas —como Kristen Stewart— reivindican su derecho a tener la cara que quieran y que si alguien se siente ofendido porque no sonríen, que miren para otro lado. Me parece muy bien. Lo podemos apreciar en los desfiles en la alfombra roja. El tiempo que dura la sonrisa es el que tardan en disparar los fotógrafos sus cámaras. El momento peligroso es precisamente ese, en el que se baja la guardia y tu foto RBF puede acabar siendo portada recriminatoria, una pesadilla.


Hubo un tiempo en el que, por el contrario, la mirada perdida podía resultar hasta interesante, sin que se considerada una enfermedad, agresividad o un insulto; podía ser considerada hasta un signo de vida interior, pero ¡a quién diablos le importa hoy la vida interior si nos hemos dado la vuelta! La vida social tiene la tiranía de los viejos salones con el agravante que se ha desmoronado la idea de privacidad. El mundo ya es un salón de baile al que hay que llegar impecable y salir tal cual.


El artículo de The New York Times, tras consultar a los expertos, concluye con una pregunta: "Who has the energy to smile to strangers all day, anyway?"*. Nadie dijo que vivir en la Sociedad del Espectáculo fuera fácil.  Puede que se descubra dentro de algún tiempo que este control constante de los músculos faciales pueda tener efectos secundarios y que forzar los estados de ánimo solo para satisfacción del auditorio o de los fotógrafos deja secuelas. ¡Quién sabe!




* "I’m Not Mad. That’s Just My RBF" The New York Times 1/08/2015 http://www.nytimes.com/2015/08/02/fashion/im-not-mad-thats-just-my-resting-b-face.html




viernes, 8 de agosto de 2014

El selfie del macaco o cuando los monos dicen pa-ta-ta

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Entre los apasionantes conflictos que el mundo nos depara, uno de ellos acapara la atención de los medios: la cuestión de los derechos de autor del selfie del macaco. Por si no han tenido ocasión de enterarse porque estamos en periodo estival y hay mucho vicio de desconectar, le resumo que se trata de una disputa entre un fotógrafo que se cree con derechos sobre una foto y la fundación Wikimedia que no lo cree así y piensa que el selfie del mono es patrimonio de la Humanidad, o sea, suya y mía. Lo escuché esta misma mañana en RTVE y ahora lo leo con más detalle en la BBC. El caso ha dado la vuelta al globo.
La BBC nos adentra en este peliagudo caso destinado a crear jurisprudencia:

Lo singular es que la imagen es un selfie o autorretrato, y fue tomado por el propio animal, cuando quitó la cámara al fotógrafo británico David Slater.
El fotógrafo asegura tener el derecho de autor de la foto y le solicitó repetidas veces a Wikimedia, la fundación detrás de Wikipedia, que la retire de su colección de imágenes de dominio público.
Pero una vocera del sitio le dijo a la BBC que, bajo la ley estadounidense, un animal no puede tener derechos de autor y "puesto que fue el mismo macaco quien tomó la foto nadie tiene el copyright".
Katherine Maher, portavoz de Wikimedia añadió que Slater "no tiene derechos de autor sobre la foto porque no fue tomada por él, sino por el macaco".*


El asunto no es para tomárselo a broma ni una anécdota curiosa con la que llenar las páginas periodísticas entre escándalo y escándalo. El fotógrafo argumenta que la foto se hizo con su cámara y que él vive de eso, de hacer muchas fotos y que alguna tenga éxito. Eso no se lo negará nadie; pero la mala suerte es que esa que esa foto no la hizo él, sino el mono, algo que lleva al pensamiento por caminos laberínticos.
El hecho de que el mono no pueda ser titular de derechos de autor es el argumento esgrimido para que los humanos nos quedemos con su copyright, lo cual tampoco me parece muy congruente, pues es un poco abusar. "El que hace la ley, hace la trampa" y me temo que se la hemos jugado al reino animal como seres jurídicos que somos, picapleitos evolutivos.


A Slater no le cabe siquiera la posibilidad de decir que él era el dueño de la cámara pero que el mono trabajaba para él porque podría ser acusado de explotación laboral de los animales o algo así.
Entiendo las razones del fotógrafo que se fió de la honestidad viral y pensó que podría controlarla. Pero aquí los virus fotográficos están descontrolados y lo que comienza circular, ¡échale un galgo! La viralidad es tan difícil de controlar como la energía de las mareas desatadas o de los rayos incontinentes. Wikimedia estableció que era de todos y la incluyó entre los millones de imágenes que no son de nadie y la popularidad mediática hizo el resto. Ahora tenemos la imagen del selfie del mono como imagen "oficial" del "Macaco nigra" —tal es el nombre de la especie— en la página de Wikipedia.

Con las imágenes todavía en la retina del reciente estreno de "Amanecer del planeta de los simios", que en Wikipedia podamos contar para su identificación, por primera vez en la historia, con un autorretrato de una especie que no seamos nosotros, me parece un pequeño paso para el macaco pero un gran salto para su especie. Es un "macaco por macaco", un "macaco par lui-même", que es como habría que titular la foto para hacerle justicia.
Sin embargo, ¿por qué será que la primera sensación que nos produce es que es poco "natural", es decir, que parece sacada de un tráiler de "Madagascar" o algo así? Cuanto más la miro, menos natural me parece. Esa sonrisa me produce un efecto de distanciamiento brechtiano; me parece oírle decir "pa-ta-ta", no lo puedo remediar. Entre la mirada enfadada de "César" y la sonrisa del macaco real, me creo antes la primera que la segunda. Será que estamos ya desconectados de la naturaleza.
Frente a esas imágenes que propagamos sobre los animales, esta del macaco sonriente para la foto me descoloca totalmente. Será porque me resulta muy humana, con demasiada cara de selfie, que es una cara un poco tonta y estandarizada ya. El otro día iban dos chicas en el tren haciéndose selfies y ponían la misma cara.

Puede que sea una casualidad y que precisamente se haya elegido esa foto impecable para demostrar lo bien que enfoca el azar o lo listos que son los monos. Si yo fuera David Slater no pelearía por algo tan complicado como los derechos de autor sin haber hecho él la foto. Intentaría sacarle provecho y usarla para publicidad para la cámara, por ejemplo, con propuestas como "¡tan sencilla que hasta un mono puede usarla!" o "¡tú sonríe y ella hace el resto!".


Entiendo que ya que se es fotógrafo, es preferible pasar a la historia por una foto que hayas hecho tú y no por una hecha por un macaco que te arrebató la cámara, pero... that's life! Es una cruel paradoja: si la foto la hubiera hecho él, nadie la hubiera hecho ni caso probablemente. Sin embargo, la hace el mono y, ahí la tienes, en Wikipedia.

"Ese viaje me costó cerca de US$3.000 para obtener esa foto. Y eso sin mencionar los más de US$7.000 de equipo fotográfico, el seguro, las computadoras para procesar las imágenes. La fotografía es una profesión costosa y nos están quitando nuestro medio de vida", afirmó.
"Por cada 10.000 imágenes que tomo, una se hace popular y paga mis costos. Y la foto del macaco fue una de esas imágenes. Fue producto en realidad de todo un año de trabajo".*

O de unos cuantos millones de años en la evolución. La labor del fotógrafo es dura y muchas veces injusta, pero el interés de la foto es por no haberla hecho él. En realidad no es Wikipedia o los medios quienes le está quitando su medio de vida, sino un mundo inundado de cámaras y dispositivos similares produciendo fotos ocurrentes o casuales. Lo de Wikipedia es una anécdota; son los propios medios eligiendo las fotos y vídeos baratos de la redes sociales los que crean el problema del trabajo del fotógrafo profesional.
Si Slater se hubiera callado sobre quién hizo la foto, esta habría seguido su propio camino, sujeta a los mecanismos habituales de este tipo de trabajo. Pero no lo hizo y sembró su propia relativa desgracia. Digo relativa porque su lamento es también "relativo", es decir, proporcional a lo que él estima que deja de ganar y debería haber ganado. El conflicto se podría resolver si —ni para ti ni para mí— el dinero conseguido por la foto fuera en beneficio de los propios animales, por ejemplo, a una fundación que proteja su hábitat. Pero a Slater —que habría conseguido más simpatías y probablemente beneficios indirectos por una mayor atención a su trabajo— no le interesó esa vía. Es compresible su queja pero no sé qué decidirán los tribunales si elige recurrir a ellos.
Me imagino que el éxito de la foto hará proliferar las cámaras entregadas a animales para probar si son capaces de hacerse selfies. Puede que hasta los fabricantes hagan cámaras con disparadores adaptados a pezuñas, garras y tentáculos. Y es que la moda del selfie es imparable. Selfie killed the photo star.




* "¿Quién es el dueño de un "selfie" tomado por un mono?" BBC 7/08/2014 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/08/140807_macaco_selfie_am.shtml