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miércoles, 15 de enero de 2025

Crisis del liderazgo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Corea del Sur nos muestra otro caso de crisis del liderazgo, del cambio en la forma en que se gobiernan algunos países. La crisis no es nueva y se agranda en sus modelos o variantes, que van de lo que suponen un Donald Trump, un Netanyahu, un Nicolás Maduro hasta el del presidente surcoreano, por no hablar de la variante norte de Corea.

Hasta ahora, las diferencias entre democracias y dictaduras suponían límites medianamente claros entre unos y otros, pero este elemento esencial empieza a desdibujarse con casos como los del asalto al Capitolio de los Estados Unidos o el establecimiento de la "ley marcial" por parte del presidente surcoreano, que acaba de ser finalmente detenido para ser llevado ante los tribunales por intento de "golpe de estado" desde el poder.

Hace unos días escribíamos aquí sobre el caso de Nicolas Sarkozy, ex presidente de Francia, acusado de financiar su campaña electoral con dinero del dictador Gadafi. Trump acaba de ser convertido en el primer presidente de los Estados Unidos que accede a la Casa Blanca declarado culpable de los delitos de los que se le acusaba y que no solo no han afectado a su destino político sino que han contribuido a llevarle en volandas hasta la presidencia. No ha habido reparos para votarle; ha conseguido más votos que la vez anterior, pese a ser pública y evidente su responsabilidad en muchos de los casos abiertos contra él.

En estas circunstancias, no creemos que sea baladí ocuparse (y preocuparse) por la cuestión del liderazgo y lo que esto supone para el mundo tal como lo hemos conocido hasta ahora, un mundo en el que los casos crecen en todas sus variantes.

Parece que hay un cierto componente en todos ellos, lo histriónico, la necesidad de adquirir una personalidad construida específicamente para llegar a las "masas" a través de los medios. Los modelos clásicos buscaban los baños de masas, como ejemplificaban los viejos dictadores. Estos eran una forma de mensaje, con toda una parafernalia que actuaba como decorado de su figura. 

La existencia de las redes sociales, las nuevas formas de comunicación horizontales, han transformado esto adaptándose los políticos a los nuevos medios. Es importante tener en cuenta las variantes mediáticas en su dimensión de aparato para el poder. Hoy todo es mensaje, todo se convierte en "signo" que sirve para transmitir algo. El líder es el mensaje. Por ello podemos tener líderes de difícil filiación y buscan una conexión más empática que racional.

Eso hace que lo que se dice pueda ser incongruente, pero configura un todo que adjetiva al líder, crea zonas de vinculación a las que se pueden agarrar los seguidores o votantes. Los viejos mecanismos autoritarios se sustituyen en su superficie por elementos de seducción, elementos emocionales que conectan con miedos y deseos.

La atracción ejercida por el autoritarismo parece ser otro elemento clave. Lo irracional de la fuerza acaba siendo una forma de seducción. Se quiere líderes "fuertes" y esa fuerza se sitúa, como en el caso de Corea del Sur, por encima de la norma, que es la que fija el líder por una vía u otra.

Que Trump no quisiera abandonar la Casa Blanca, que llamara a gobernadores de estados para modificar resultados y que acabara llamando a la gente para asaltar el Capitolio para impedir la toma de posesión de Biden después de que Mike Pence, el vicepresidente, rechazara dejar de hacer la ceremonia, desdibuja los límites de una democracia consolidada y de referencia... hasta el momento. 

Los votos a Trump implican la seducción, el querer creer en sus palabras por falsas que estas sean, apoyar sus acciones por antidemocráticas que sean. Eso es lo que supone su reelección masiva, algo que merece una mejor explicación que los errores de Biden o de Kamala Harris.

Por muchas diferencias que encontremos hay estos elementos comunes en un cambio de modelo favorecido por los cambios sociales, cambios en la percepción del mundo y en la forma de contarlo.

El crecimiento de las noticias falsas, de los mecanismos de desinformación, el modelado de las audiencias, que pasan a sustituir el concepto de "electorado" tradicional, son factores que permiten crecer estas variantes que tienden a "normalizarse" en lo que tienen como mecanismos para agarrarse al poder.

Hay que intentar comprender todo esto, intentar explicar sus raíces y sus consecuencias, su irracionalidad.

martes, 16 de septiembre de 2014

El tercer acto o la atomización del parlamento egipcio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Conforme va avanzado la hoja de ruta marcada en Egipto, los estados de ánimo varían entre la entrega incondicional a lo que haga su presidente, Abdel Fatah al-Sisi, el rechazo de lo que se ven en el otro extremo y un número indeterminado de descontentos que entienden que se van cerrando oportunidades para que el país cambiara realmente. La primera fase fue la modificación de la Constitución, la segunda la elección del presidente y la tercera debe ser las elecciones generales para constituir un parlamento.
En la fase constitucional se enmendó de forma sustancial la constitución elaborada sin consenso alguno por los islamistas, que incumplieron sus promesas de gobernar para todos. El periodo con los Hermanos Musulmanes en el poder ha sido una de las épocas de menor inteligencia política, consiguiendo en apenas unos meses ponerse en contra a una gran mayoría social. Su afán totalitario quedó pronto de manifiesto con el control institucional y los conflictos con todas las instituciones. Su consecuencia fue una constitución de nulo consenso, no destinada a la convivencia sino a la imposición de modelos irreversibles en los que apoyarse para seguir avanzando en la islamización. Una oportunidad perdida y la vuelta de los Hermanos Musulmanes a las catacumbas y del terrorismo a la superficie.

Con la elección del presidente se dio un segundo paso. Ya aquí se inició un debate entre las fuerzas políticas que habían apoyado la caída de la Hermandad y del presidente Mohamed Morsi. La discrepancia era bastante natural: muchos preferían que primero se realizaran elecciones generales y, ya con un parlamento, proceder a la elección de un presidente. Sin embargo, la hoja de ruta paralela y subterránea (por más evidente que fuera) impuso las presidenciales antes de las generales.
Con esto se conseguían dos beneficios obvios: se centraba el protagonismo en una sola mano, fortaleciendo la natural tendencia al caudillaje, primero, y después la figura resultante tendría la capacidad de manejar un parlamento que quedaría muy debilitado respecto a la figura presidencial.
La elección de Abdel Fatah al-Sisi formaba parte del guión previsto de la elevación de una figura de poder frente al caos al que Egipto era llevado. Si era llevado por su propia tendencia al caos o si el caos era organizado o fomentado por cualquier fuerza, interna o externa, es cuestión que dejo al gusto del lector.
El movimiento social del 30 de junio tenía la intención de que los islamistas salieran del poder, tras solo un año, convocando elecciones generales no tenía nada de antidemocrático. Morsi ignoraba los avisos que desde todas las instancias sociales se le hacían e ignoraba igualmente las advertencias internacionales de que debía ampliar la base del consenso social para la constitución, por un lado, y debía de mejorar el respeto a la minoría cristiana y a los derechos de las mujeres. Eso es lo que le dijo Angela Merkel públicamente en su visita europea a Mohamed Morsi. El islamista respondió con esa frase que se escucha tanto a los gobernantes egipcios: que eran asunto interno y que los egipcios no tienen que dar cuentas a nadie ni aprender lecciones. Son casi las mismas palabras que escuchamos hoy a los que los eliminaron del poder cuando se les advierte de las consecuencias. Pero no lo entiende o no les importa. Y eso se paga.


La creación de una imagen mitificada de un presidente, llevada a ser calificada como "sisi-manía" entra dentro de una parte muy peculiar de la mentalidad egipcia en particular y árabe en general. Es propia del fracaso de las ideologías en una sociedad que acaba dejándose arrastrar por la atracción de las figuras carismáticas, como la de el-Sisi, una figura que representa una promesa viva de salida del caos, un anhelo que se suele cumplir por la vía de la fuerza, que pasa a ser un factor de adoración más.
Para que figuras de este tipo funcionen —mientras lo hacen—, es necesario que se retire el pensamiento y se manifieste las emociones primarias desnudas que establecen los mecanismos empáticos. La conexión es sobre todo emocional y esas son las pasiones que desata aquel que se promete y postula como quien acabará con el estado de ansiedad desatado por el caos circundante. Una figura de este tipo está destinada a satisfacer el deseo de liberación de la angustia producida por la incertidumbre. Da igual que lo logre o no, lo importante es que tiene ese efecto balsámico de que existe una mano fuerte que impedirá que el caos avance.


La tercera etapa de la hoja de ruta es la que afecta al aspecto ideológico, el parlamento al que se debe llegar tras unas elecciones, que entra en conflicto con la idea de unidad que representa la figura presidencial. La figura de un presidente fuerte permite polarizar los miedos en el otro extremo, en una entidad oscura y global que representa el mal que hay que combatir. El hombre fuerte está ahí, transmitiendo confianza absoluta con su fortaleza, liberando de miedos y dudas. La fe ciega en lo que hace, la defensa a ultranza de cualquiera de sus actos, que son siempre justificados lleva a la derrota del necesario pensamiento crítico para que un sistema no caiga en la barbarie organizada.

Este mecanismo psicológico de adoración al líder convierte a todo el que se le opone en parte de esa fuerza caótica contra la que hay que prevenirse. Cualquier discrepancia es convertida en desafío y justifica el aplastamiento. Hoy las cárceles egipcias no solo tienen islamistas, convertidos en terroristas mediante decreto, sino a socialistas y liberales que cometieron la osadía de protestar porque no se pueda protestar, un círculo vicioso. El candidato nasserista Sabahi fue acusado por el hecho de presentarse a las elecciones presidenciales de todo tipo de connivencias con extranjeros o islamistas. Nunca le agradecerán su papel de comparsa en una elección presidencial que dio a Abdel Fatah al-Sisi el 97% de los votos. Hacía falta un oponente para que las elecciones pudieran llamarse así y a Sabahi le tocó ese papel. En las elecciones que llevaron a Mohamed Morsi y los islamistas al poder, Sabahi había quedado en tercer lugar, tras Morsi y el candidato "militar", Ahmed Safiq. Sabahi dio la cara por él y, sobre todo, por Egipto al aceptar ese papel en la obra que se estaba representando.
El tercer acto son las elecciones parlamentarias. El parlamentarismo requiere de una mentalidad plural que evidentemente entra en contradicción con esa idea del hombre fuerte que nos libera de pensar, hace lo que queremos hacer (y viceversa) y dice lo que queremos escuchar (y viceversa). El parlamento representa la diversidad de las voces y del pensamiento. Aunque un sistema sea presidencialista, el parlamento tiene siempre ese papel polifónico. No se ve como un enemigo, sino como un complemento necesario para que el estado no se vuelva monolítico y el poder devenga en autoritarismo.
Sin embargo, es eso lo que se busca conscientemente por quienes lo planifican e inconscientemente por aquellos que viven la angustia del día a día y ven en la discusión una forma de debilidad. No creo equivocarme mucho si digo que para muchas personas las elecciones generales egipcias carecen de importancia y aliciente. Sus necesidades políticas se las satisface el apasionado amor hacia al-Sisi. No quieren que se divida el protagonismo.


Una de las cuestiones más controvertidas, junto con el orden que debía seguirse en las elecciones era la configuración del parlamento, algo que quedaba abierto en la constitución aprobada para que fuera desarrollado y aprobado más tarde. Probablemente esto fue un acto premeditado para no introducir la controversia en la primera fase y dejar que el nuevo sistema se fuera consolidando. Pero hoy, la hoja de ruta exige que se ponga sobre la mesa la composición del parlamento.
En Mada Masr podemos leer sobre el estado de esta cuestión dilatada:

The latest round of negotiations among liberal and left-leaning political forces has produced to date some four major coalitions, but their fate remains uncertain. Negotiations are ongoing, the law governing elections has not passed and the date of the elections has not yet been determined.
This draft law is still on the desk of President Abdel Fattah al-Sisi, after leaders of political parties lambasted it for its mixed-seat system — 80 percent of which is reserved for single candidates, with only 20 percent allocated for party lists. Traditionally, a larger weight on individual candidates is associated with a more personal process, in which candidates often rely on money and tribalism to earn votes, as opposed to parties competing over political ideas and projects.*


Podrá observarse que el sistema tiene su peculiaridad y su objetivo, fácilmente deducible. Un parlamento en el que el 80% está reservado —dentro de esa cantidad hay un porcentaje de designación directa del presidente— a personas en vez de a partidos condena a muerte los debates ideológico y, si se me apura, los debates simplemente.
Lo que se busca con la ley de composición del parlamento es, sencillamente, convertirlo en una sombra del poder, que queda en manos de la presidencia, una manos fuertes que en ningún momento verán peligrar su liderazgo. No tiene sentido ni hablar de "oposición" en un sentido parlamentario tradicional. El parlamento queda condenado a ser un caos ineficaz o, en el otro extremo, un mero coro presidencial, expertos en aplausos y alabanzas. Como bien señalan en Mada Masr, el sistema favorece al que pueda financiarse un escaño comprándolo directamente o al que pueda reunir —con el consentimiento del poder— los apoyos locales como para tenerlo. De nuevo, como ocurrió en las décadas de la historia del Egipto moderno, una mera fachada parlamentaria. Lo que los múltiples partidos que se organicen en coaliciones para intentar sacar algún tipo de representación dentro de ese ridículo 20% puedan sacar será parte de esa fachada hacia el exterior.

Egipto reproduce una y otra vez sus mismos errores. El sistema generará de nuevo (o la misma) corrupción desde el poder. La presidencia seguirá usando la fuerza y las promesas para mantener su prestigio y se volverán a crear (si se han cambiado) las redes clientelares que aseguren que nadie va a ser molestado en sus negocios.
Egipto necesita personas con ideas y no con servidumbres, que es lo que un sistema así generará. Un sistema así no atiende al beneficio general, sino que se accede a la política para asegurarse el conseguir lo que se quiere.
La hoja de ruta sigue su marcha, pero no creo que se esté caminando hacia una normalidad deseable, sino que una vez más se está llevando al conjunto, entre cantos y lamento, entre vítores y maldiciones, a otro callejón sin salida. Por el momento, no hay ningún problema real que se haya solucionado. Nada que no sea darse un paseo en bicicleta para animar a ahorrar energía o reactivar la "fiesta del maestro"; sin embargo los cortes de luz se siguen produciendo (con el agravante de ser denunciado por antipatriota si insistes mucho en ello) y las cifras de analfabetismo, como señalaba Ahram el otro día —y que aquí recogimos— ha aumentado en más de un 1% entre 2012 y 2013.
Mientras no exista una conciencia política crítica que surja de debates reales sobre los problemas y alternativas debatidas a las soluciones, la política egipcia seguirá dándose en los mismos parámetros que la llevaron al caos y la ineficacia y al estallido social. Los partidos políticos son necesarios para abrir un debate real sobre los caminos y soluciones. Pero eso no casa bien con las líneas trazadas cuya finalidad obvia es mantener un gobierno fuerte y de fuerza respaldando la figura presidencial.


Sin dejar crecer los partidos se elude el debate político sobre el país y su destino. Los candidatos individuales se presentarán simplemente como partidarios del presidente frente a otros que no lo hagan y allí se habrá acabado toda ideología. Esto sumirá al sistema en la apatía, aumentando las cifras de abstención y desinterés y haciendo que las fuerzas se canalicen hacia otros sectores de difícil control y serán caldo de cultivo de más violencia.
La atomización de los partidos, solo así se puede considerar que dispongan de un 20% de representación es la forma de hacer débil el pensamiento y ensalzar la figura carismática y de autoridad. Es hacer que se valore más un mal entendido sentido de la acción como alternativa a un mal valorado sentido del debate. Donde hoy hay aplausos y cánticos, mañana habrá desengaño y desesperación cuando los ídolos levantados se muestren de barro.

* "Fragmented politics" Mada Masr 15/09/2014 http://www.madamasr.com/content/fragmented-politics







lunes, 14 de abril de 2014

Hollande, a plomo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El titular de Le Figaro no puede ser más claro: "Sondage : François Hollande n'est jamais tombé si bas"*. Y cuando dicen que nunca había estado tan abajo están diciendo que no se puede llegar más abajo. La popularidad de los políticos es un sistema hasta cierto punto relativista: importan tus cifras, pero también las de los demás. En España, por ejemplo, suspenden casi todos en las encuestas. Si alguno destacara mucho, sería un problema. Pero se reparten cómodamente por la zona de suspensos sin demasiados complejos. Alguno habrá que presuma de que los peores datos son signos de "seriedad", de que "hace su trabajo sin mirar a la galería", pero a veces la "galería" es la de los condenados que aparentan tranquilidad antes que la puerta chirríe e iniciar el paseíllo; otros siguen una eterna espera en la galería hasta que la epidemia del reemplazo electoral se los lleva a todos como un jinete apocalíptico.
El caso de Hollande es muy significativo por el descalabro de imagen que ha sufrido en relativamente poco tiempo. Hollande iba a ser el salvador de la Europa austera, de ser la mascota alemana. Iba a plantar cara a la jefa y nos iba a enganchar a todos al Tour del Porvenir tirando del pelotón, liderando la cronoescalada de la inversión. Pero lo de Hollande ha sido más un descenso a tumba abierta que otra cosa. Europa se "recupera", dicen, pero Hollande no.


El relevo en el gobierno francés no ha hecho sino acrecentar el hundimiento de Hollande, pues lo que muestran las encuestas es la distancia abismal entre el presidente de la República y el primer ministro, Manuel Valls. Le Figaro llega a escribir, citando fuente anónima, que se trata de una "cohabitación que no dice su nombre".
El periódico da los siguientes datos de la encuesta:

Surtout, relève l'Ifop, un tel écart de 40 points entre les cotes de popularité du président de la République et du premier ministre n'a jamais été vu depuis 1958 (hors cohabitations). Le plus important jusqu'alors était le différentiel de 21 points enregistré entre Nicolas Sarkozy (37) et François Fillon (58) en mars 2008.
Dans le détail, 2% des sondés se disent «très satisfaits» de François Hollande comme président de la République (chiffre inchangé par rapport à mars), et 16% «plutôt satisfaits» (-5), tandis que 44% se disent «plutôt mécontents» (+6) et 38% «très mécontents» (idem). 0% ne se prononce pas.*


Que solo crea rabiosamente en ti un 2%, incluyendo las personas que puedan haberse equivocado al marcar la casilla o que no entendido bien lo que les preguntaban, es muy serio para un político. Es una rara unanimidad, casi un imposible en sentido positivo, pero que si se da —como es el caso— de forma negativa es un auténtico desastre. Cuarenta puntos de diferencia entre tú y la persona que has nombrado son muchos puntos. Como nos dice, no se habían visto estos datos desde 1958.
Quizá se debería indagar en las causas de ese desplome hasta cotas abismales. ¿Qué han visto o no han visto los franceses en su presidente, un hombre que suscitaba enormes entusiasmos y grandes esperanzas hasta hace poco? Habrá hipótesis para todos los gustos: su vida personal antes, su vida personal en medio, su vida personal después, su impotencia para cambiar la política europea, el crecimiento del paro, sus corbatas mal alineadas (François, ta cravate!), sus chistes y comentarios jocosos, su falta de sincronía para dar la mano a los que visitan el Elíseo... No sabemos muy bien qué no le perdona Francia, pero no le perdona. Los analistas tratan de señalar que son las circunstancias económicas las que le hunden, pero fueron también las circunstancias económicas las que le llevaron a la presidencia.


La construcción de los líderes es muy compleja y necesita de ciertos elementos propios, de valores personales, que son remodelados, amplificados en función de lo que consideran que los electorados desean. Cuidadosos estudios de imagen, rígido control para tratar de evitar meteduras de pata, indecisiones o la transmisión de debilidad, falta de liderazgo, etc. suelen apuntalar a los dirigentes midiendo los desvíos peligrosos para tratar de frenar la deriva hacia el desastre. El relevo en el gobierno no ha hecho sino dejar en evidencia que el problema es François Hollande. Hollande es el problema de Hollande y Francia ve a Hollande como un problema. Al menos eso creen los franceses a través de las encuestas. La cuestión no afecta solo a la opinión de su actuación en el país, sino que más de un cincuenta por ciento piensa que tampoco vela por los intereses exteriores de Francia. Ni en casa, ni fuera. Solo ese pequeño 2% defiende a capa y espada a François Hollande; los tibios que le apoyaban han bajado otro 6%. Lo sorprendente del caso de Hollande es que nadie haya podido frenar un deterioro de imagen de tal calibre.


Tras un Sarkozy dinámico, hiperactivo, cantado por su musa Carla Bruni; tras cientos de portadas de las revistas de moda, con reportajes de felicidad compartida, luciendo sonrisas y miradas intensas de complicidad y admiración, la vida tormentosa de Hollande no ha dado motivos positivos con los que llevarlo a los titulares. Hasta Valerie Trierweiler, la ex primera dama, se vengó haciendo viajes por causas humanitarias a la India. No es fácil contrarrestar cosas así.

Ahora no solo debe competir con rivales en ascenso en el campo de batalla, como Marine LePen o el centro derecha, sino que debe hacerlo con los dirigentes de su propia casa. Utilizar el término "cohabitación" referido a dos políticos del mismo partido hace ver que las apuestas van por el ascendente, Valls, que tratará de apuntarse los elementos positivos y de endosar a Hollande los negativos, como si se tratara de un papel secante que absorba los goterones de tinta esparcidos sobre la mesa. No parece que la imagen de Hollande mejore; tampoco creo que le interese a nadie. Mejor que sea el que recibe las bofetadas. Normalmente los presidentes tienen un ministro parea eso; esta vez es el ministro tiene un presidente con ese fin.
No es fácil analizar la caída en desgracia de François Hollande, el paso del éxito al hundimiento. Ha batido récords de descenso y también de velocidad. En general, es el tiempo el que marca el desgaste de los políticos. No ha sido así en el caso de Hollande con su velocidad fulminante. Quizá acumuló demasiados enemigos internos o amigos que no te sostienen en la caída a plomo. 




* "Sondage : François Hollande n'est jamais tombé si bas" Le Figaro 14/04/2014 http://www.lefigaro.fr/politique/le-scan/2014/04/13/25001-20140413ARTFIG00063-sondage-francois-hollande-n-est-jamais-tombe-si-bas.php







jueves, 27 de marzo de 2014

La llamada o el camino a la presidencia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El anuncio oficial de la candidatura al general Al-Sisi a la presidencia de Egipto, dada por segura desde hace tiempo, abre un nuevo periodo con sus propias incógnitas. Parece que en Egipto todos los que llegan al poder lo hacen tras anunciar que no tienen aspiraciones a él. Ya sea por acatar el mandato de Dios, del Pueblo o de ambos, la presidencia de Egipto parece ser un gran sacrificio. La Hermandad Musulmana dijo no querer la presidencia del país y Morsi acabó en ella, y lo mismo ha ocurrido con el actual candidato. La cuestión no es trivial pues revela ese carácter de "llamada" que se le quiere otorgar a la presidencia egipcia. Al-Sisi contó de forma anecdótica y off the record en una entrevista que hace años había tenido un sueño en el que el expresidente Sadat se le presentó y le reveló que llegaría a ser presidente de Egipto*. Muchos pensaron que se trataba de una campaña islamista para desprestigiarlo y mostrarlo como un hombre ambicioso. Pero los desmentidos iniciales se callaron con las transcripciones. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que ocurría el fenómeno contrario al temido: para una parte de la gente era una señal más de confirmación de la "llamada". Parece que el procedimiento funciona.


El periódico independiente Mada Masr realiza un ejercicio comparativo: "Sisi en palabras de otros" y "Sisi en su propias palabras". Hay mucho que exponer en el primer caso y mucho menos en el segundo, pues si algo ha caracterizado al general han sido sus silencios, que las voces de otros han llenado. Dicen en la publicación en el primero de los artículos:

Sisi himself is a man of few words, but that vacuum has been more than filled by others in recent months as expectations rose that the newly appointed field marshal would announce his candidacy for the presidency. Egypt has been assaulted by a slew of paeans to the defense minister since June 30, when Egyptians took to the streets in huge numbers demanding the removal of former President Mohamed Morsi.
Some of these tributes seem to suggest that Sisi's appearance on the scene was a matter of fate.**


A esta introducción le siguen las declaraciones que han creado lo que algunos han llamado "sisimanía", la locura suscitada por el hombre que encabezó el derrocamiento de Mohamed Morsi tras el 30 de junio de 2013. En estos meses se ha creado un mito popular en el que cada egipcio ha visto lo que ha querido ver según su concepción de dónde estaban los problemas. La figura de Al-Sisi ha funcionado, en este sentido, como un test proyectivo. Como señala el diario Mada Masr, son las voces de los otros los que han clamado, sin pudor, por la candidatura del ex ministro de Defensa.

Durante el periodo desde la salida de los islamistas del poder, el ambiente egipcio no ha mejorado, sino que las muertes se han sucedido convirtiéndose en una triste normalidad, desde los atentados terroristas a la brutal represión policial. Las 529 condenas a muerte del pasado lunes no son más que un episodio espectacular, condenado por países e instituciones de todo tipo, que muestran que el camino emprendido por Egipto, desgraciadamente, le lleva al punto contrario del que debería haber emprendido para cumplir sus aspiraciones, en palabras del propio Abdel Fattah Al-Sisi ayer mismo, de llegar a ser un "país democrático y moderno". Sin embargo, las evidencias se acumulan en la dirección contraria.
Los propios medios de comunicación egipcios acumulan los datos. Junto a las palabras de adulación sin medida, se acumulan los hechos trágicos de las manifestaciones, detenciones y muertes, algo que no puede ser un camino porque nunca fue una aspiración de la revolución tantas veces invocada. No solo han protestado los islamistas; también lo han hecho los partidarios de la Revolución del 25 de enero, que han visto cómo sus aspiraciones se disolvían en esa permanente contradicción entre las palabras y los silencios y los hechos.
De todos los episodios de adulación a la figura del general Abdel Fattah Al-Sisi, quizá el más revelador, por extremo, fue la intervención del Gran Muftí, Shawqi Allam, para frenar las comparaciones que se establecían con el hoy candidato oficial a la presidencia:

During a ceremony held on 5 February to honour families of police members killed or injured on duty, Saadeddin El-Helaly, head of Al-Azhar University's Department of Comparative Jurisprudence, described Defence Minister Field Marshal Abdel-Fattah El-Sisi and Interior Minister Mohamed Ibrahim as two prophets sent by God.

Allam, who heads Dar Al-Ifta, the authority entrusted with issuing religious edicts, rectified that prophets hold a dignified and untouchable status which rests on divine selection, infallibility and revelation.
Igniting a fury of criticism, El-Helaly had said "God sent two men, as He sent Moses and Aaron before... No Egyptian would have imagined that these [two] are from God's prophets... El-Sisi and Mohamed Ibrahim were sent out."
"Any analogy comparing [political] leaders to prophets of God is unacceptable. The leaders themselves would not agree to such reverence and glory," the grand mufti reprimanded in public comments.
El-Helaly later told reporters he had meant to compare situations and stances.
This comes in the context of a nationwide fascination with the military chief who led the ouster of Islamist president Mohamed Morsi last July amid mass protests against the latter's year-long rule. Since he came to be perceived as the nation's saviour and the spearhead of the "war on terrorism" plaguing authorities, El-Sisi's popularity in the country has reached stellar heights.***

El buen juicio del Gran Muftí tratando de evitar este tipo de comparaciones no frena el hecho de que se produzcan. De Al-Sisi se ha dicho de todo; se le ha celebrado como héroe; se cantado su atractivo, su tono de piel, su virilidad..., según recoge Mada Masr en el artículo citado, pero la comparación con los "profetas" junto con el ministro del Interior, responsable directo del calamitoso estado de la seguridad es, a todas luces, excesiva, pero también reveladora. Centrar las luces en él es menos interesante que hacerlo en los aduladores porque en él proyectan sus deseos y frustraciones, pues será una mezcla de ambas cosas lo que le llevará al Palacio Presidencial.
El debate egipcio se acaba centrando en personas y no en sistema, que es lo que puede intentar aproximar una solución a un camino incierto, por un lado, y previsible por otro. El esfuerzo de hacer una constitución más abierta que la realizada por los islamistas se tiene que traducir en el esfuerzo por respetarla. Son muchas las manifestaciones —y no de los islamistas precisamente— las que denuncian que la constitución puede quedar en papel mojado o envuelta en una retórica hueca.


Los objetivos de "modernidad" y "democracia" son incomprensibles desde la perspectiva de los hechos, con lo que la contradicción irá creciendo si no se corrige y no parece que ese sea el camino. La salida hacia la modernidad y la democracia no pasa, desde luego, por las condenas de muertes masivas o seguir encarcelando gente. Las palabras de Al-Sisi en su discurso han sido la promesa de "estabilidad, seguridad y esperanza", tres hermosas palabras que pueden ser interpretadas de forma muy distinta en función de lo que ocurra en las calles.

Egipto corre el riesgo del aislamiento internacional y de quedar en manos de otra potencia también solitaria, Rusia. El antiamericanismo ganado a pulso por las acciones de los Estados Unidos y su falta de visión, está siendo aprovechado por Moscú, para ganar sus posiciones. Esto era previsible, pues la diplomacia rusa va aprovechando los errores de la norteamericana. Si Nicolás Maduro y Bachar al-Assad son los únicos dirigentes que ha felicitado a Rusia por la invasión de Crimea, Putin es el único que ha deseó suerte a Abdel Fattah Al-Sisi con motivo de la visita a Moscú. Ayer mismo, AhramOnline nos daba cuenta de la creación de una zona industrial y comercial con Rusia, principal vendedor del trigo a Egipto. Desde la percepción interna de los egipcios, Estados Unidos representa a la Hermandad Musulmana y la Hermandad representa a los Estados Unidos. El desvío hacia Rusia se ve como un síntoma de independencia. Ahram Online señala:

Cairo has turned to Moscow for arms talks after Washington cut back part of its military assistance to its regional ally in response to a crackdown by Egypt's interim authorities against supporters of deposed president Mohamed Morsi.****

Es una muestra más de cómo los movimientos se realizan más por reacción que por acción. Rusia sacará provecho de la necesidad egipcia y molestará a un antiguo aliado de Washington en estos momentos en los que las críticas al imperialismo ruso son generalizadas.
No sé cuáles serán los próximos acontecimientos, pero parecen bastante previsibles. Egipto ha perdido la oportunidad de construir un sistema político que garantizará una democracia moderna, que es lo que se sigue prometiendo. Pero no es una democracia ni es modernidad el culto a la personalidad o el mesianismo. Son los mecanismos que siempre se han practicado. Y mucho me temo que tenga que ir a más antes de llegar a la conclusión de que la única fórmula para llegar al futuro es romper con el pasado y no regresar a él una y otra vez.
El político liberal Mohamed Nosseir ha escrito hace unos días un artículo con el título "Does Egypt need to use more muscles or more brain?". La pregunta es pertinente ante los hechos que sacuden a Egipto cada día. Ningún país del mundo puede crecer, ser moderno, democrático o estable con muertos en las calles, presos en cárceles llenas, condenas de muerte masivas y demás muestras de intransigencia, ninguno. Ese camino no lleva a ninguna parte más que al dolor. Al analizar la crisis polarizada de la sociedad egipcia, Nosseir se pregunta:

Is the flexing of muscles a new phenomenon in Egypt? Definitely not – Egypt is a country that has been led and driven by muscle power for decades, to the extent that no alternative to this practice is ever considered. Egypt is clearly a security-driven state, wherein the security apparatus plays a key role not only in governing the country, but also in determining its future. The state often boasts that Egypt is ruled with an iron fist, claiming that the 25 January Revolution was a single failing of this rule, a failing that the State has managed to overcome over an unnoticeable period, successfully reverting to the old days.
*****


¿Es realmente ese el destino egipcio, esperar "profetas de hierro" que les prometan liberarles de sus propios errores? Me gustaría pensar que no, pero son ellos los que lo deciden cada día con sus acciones y voluntad. Se corre el riesgo de la libertad aquí se pueda reducir a la elección del "puño de hierro" y que muchos no deseen más. Pero otros sí. 
Pronto la hoja de ruta seguirá cumpliendo fases hasta llegar a su final, que será el principio de la ruta a secas, gobierno sin interinidad, plenamente responsable. Veremos cuáles son entonces las prioridades y cuáles los resultados ante un proceso cada día más complicado. Podremos comprobar qué significan seguridad, estabilidad, democracia y modernidad, si son palabras que el resto del mundo entiende de la misma manera o si, por el contrario, tienen una interpretación estrictamente local.


Nos dice la prensa egipcia que la mitad de la población, según las encuestas, no tiene decidido a quién votará en las presidenciales. El paso por las urnas es solo una parte de la cuestión, como se comprobó con Mohamed Morsi. Después están los hechos, el día a día. Cada uno trae al siguiente y reduce lo posible hasta que a lo que sucede se le llama "destino". Y ya no hay elección.
  

* "General Sisi 'dreamed he would rule Egypt'" The Telegraph 12/12/2013 http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/africaandindianocean/egypt/10514821/General-Sisi-dreamed-he-would-rule-Egypt.html
** "Sisi in the words of others" Mada Masr 26/03/2104 http://www.madamasr.com/content/sisi-words-others
*** "Egypt's Grand Mufti decries identification of political leaders with prophets" AhramOnline 11/02/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/93964/Egypt/Politics-/Egypts-Grand-Mufti-decries-identification-of-polit.aspx
**** "Egypt mulls creation of industrial & free trade zones with Russia " Ahram Online 26/03/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/3/12/97601/Business/Economy/Egypt-mulls-creation-of-industrial--free-trade-zon.aspx

***** "Does Egypt need to use more muscles or more brain?" Daily News Egypt 23/03/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/03/23/egypt-need-use-muscles-brain/






sábado, 4 de mayo de 2013

Líderes en suspenso

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La cosmética ya no vale. Los diarios abren estos días con las desastrosamente bajas puntuaciones de los "líderes" políticos. Habrá que empezar a buscar otra palabra que los defina mejor; "líderes" suena a sarcasmo. Y se lo han ganado a pulso por motivos diversos, pero en el fondo los mismos. Se les han acabado los argumentos. Ya no se cree, básicamente, en la clase política y se la percibe más como una casta privilegiada que ha practicado una forma de hacer política poco productiva para el país y muy productiva para ellos. Hablo de "percepción", de lo que la gente dice tomando un café, del "justos por pecadores", del "lugar común". Hemos perdido "ideología"´—contrato con compromiso de permanencia—  y se ha ganado en "radicalismo" unos y en "apatía" otros. Es la respuesta al único sentimiento que une a todos, el descontento, el partido mayoritario.
La encuesta del CIS deja a los partidos grandes a los pies de los caballos en cuanto a liderazgo. La gente no cree ya en ellos. Las estrategias de unos y otros chocan contra el descontento ciudadano que ve que sus problemas no se solucionan, que se acrecientan. Lo de "estar en el buen camino" se ha escuchado demasiadas veces y la gente pide "presente", no un "futuro distante", una zanahoria frente a la nariz. Quieren llegar a final de mes, de este mes; pagar sus hipotecas, la letra del coche, lo que sea.

Mientras la oposición inicia una batalla por administrar su propio desastre y ver quién lucirá en los carteles en las próximas elecciones, el gobierno intenta hacer comprender que el crecimiento del paro es el camino hacia la creación de empleo, que primero te prenden fuego y luego resucitas como ave Fénix. ¿No nos podríamos ahorrar el primer paso?, piensa la gente; por si acaso. No lo tienen fácil ninguno de ellos. Nadie lo tiene fácil. Solo los demagogos, para los que el terreno está abonado.
Los políticos europeos están descubriendo algo: que no tienen en sus manos tantas armas como pensaban. A la Europa de las ventajas, le sigue ahora la contrapartida de las limitaciones, la pérdida de armas tradicionales para combatir las crisis económicas que sin solidaridad son difíciles de atajar. Pero su retórica no ha cambiado, no se han adaptado a las nuevas situaciones porque Europa es solo un fondo sobre el que se recortan las siluetas de los países. Los problemas de cada uno están aquí, pero muchas soluciones las tienen que aprobar todos y ahí ya no hay acuerdo porque los intereses son divergentes.

La crisis de liderazgo consume a todos —España, Italia, Francia...—, erosionando la imagen y hundiendo en el descrédito a los dirigentes. En Francia, el diario Le Monde habla de que François Hollande está "en chute libre dans les sondages". En la portada de su edición digital una manifestante enmascarada, con la boca cruzada por una cinta adhesiva roja, muestra una pancarta: "François, écoute ton peuple". ¿Y sus promesas? François Fressoz titula la penúltima entrada de su blog en el diario: "François Hollande : la résilience pour seule arme".
La "resiliencia" es la capacidad psicológica de resistir en la adversidad, de sobreponerse al dolor. Esta "resiliencia" parece ser la "virtud" que los líderes necesitan en tiempos de zozobra como los que vivimos. Aguantar. ¿Y nosotros? Pero lo preocupante realmente es la sensación de impotencia que los políticos transmiten por encima de sus credos. ¿Son simplemente "ineficaces"?, nos preguntamos todos. ¿O hay algo más?  Sería trágico descubrir que el diseño de Europa imposibilita cierto tipo de medidas a los gobiernos. ¿Y si Europa no quiere? ¿Quién es "Europa"?
El luxemburgués Jean Claude Juncker acaba de señalar que es inaceptable la actitud del "norte" de Europa respecto al "sur". Lo ha dicho en Portugal, mientras le hacían Doctor Honoris Causa, no en Alemania. Un poco tarde, quizá, para decirlo, pero siempre viene bien que alguien lo diga.


Lo que parece evidente es que además de cambiar los políticos debe cambiar la política. Y eso es bastante más difícil. No parecen suficiente los cambios de caras con los que los partidos pretenden sobrevivir a sus desastres, porque tras esas caras nuevas se esconde lo mismo: personas que han pasado su corta vida a la sombra del partido y de los dirigentes. Tienen mucho que demostrar. En Francia, los lectores de Le Monde se burlaban de las pretensiones de Jean François Copé al reclamar "un nuevo 1958", es decir, la refundación de la V República, con la que se enfrentaron a la inestabilidad gubernamental de entonces y a la crisis argelina. Descrédito de la derecha y de la izquierda francesas. También. El desplome de la confianza en Hollande está, como decían, en caída libre en solo un año de gobierno. La euforia de su elección, de la creación de un frente europeo para frenar a Alemania se ha quedado en la fuga de Depardieu, que se ha hecho ruso.


La pérdida de soberanía limita las posibilidades de reacción de los gobiernos, que quedan supeditados a las aprobaciones comunes, con lo que los debates ideológicos quedan relativamente en segundo plano, como estamos comprobando por las inútiles alianzas entre países para frenar la única ideología vigente en Europa: el "merkelismo".  El resto es aguantarlo. Los titulares de hoy nos confirman el liderazgo incontestable de Merkel en Alemania. Los alemanes se sienten seguros con ella. Tiene controlada a Europa. ¿Está loco George Soros cuando dice que Alemania debería salir del euro?


Las promesas quedan bien en las campañas nacionales, pero luego los límites de lo posible son otros. Los países intervenidos en mayor o menor medida dejan de hacer lo que quieren —que cada vez es menos— y hacen lo que les dicen —que cada vez es más—. Francia no está intervenida pero también ha chocado con el muro alemán, que no son los alemanes sino los intereses de sus bancos y grandes industrias, convertidos en café para todos. La última vez que nuestros partidos mayoritarios se pusieron de acuerdo en algo fue para cumplir la exigencia de Merkel: fijar el techo de déficit en la Constitución.
Los políticos suspenden todos en la encuesta del CIS, con los líderes mayoritarios en descrédito absoluto —incluso entre sus propios votantes—, no dan la talla evidentemente ante los ojos de los ciudadanos. O si la dan, como dijo una vez Alfredo Pérez Rubalcaba, es que no lo saben comunicar. Quizá los sordos somos nosotros.