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martes, 28 de enero de 2014

Sochi como trampa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los grandes eventos que organizan los estados como elemento propagandístico pueden volverse contra ellos y convertirse en trampas de las que sea difícil escapar. Los medios coinciden en que Sochi —ya se ha convertido en un tópico señalar que serán "los juegos de invierno más caros de la historia"— es una gigantesca operación de una Rusia que plantea cada vez más incógnitas en muchos campos.
Si Brasil se ve inmerso en una gran contestación social porque muchos entienden que las inversiones que el país necesita son otras, que la construcción de estadios es más una operación que dejará el beneficio a unos pocos y las deudas a todo el país, el caso de Rusia con Sochi tiene una características diferentes, en gran parte definidas por la forma en que Rusia es gobernada por Vladimir Putin. A unas semanas del comienzo de los Juegos, son cada vez más los campos que se abren a las especulaciones políticas, sociales, económicas y de seguridad.
En el campo político, Sochi es una demostración de fuerza de Putin con la que pretenden reforzar su imagen a través de la proyección del país. La imagen de una Rusia poderosa es la culminación de un proceso de restauración desde la desaparecida Unión Soviética. Rusia necesita crearse su propio imperio y para ello realiza una mezcla de viejos métodos y modernos manejos económicos. El caso de Ucrania o Armenia lo demuestran. Sochi es una demostración de poderío mundial a sus aliados actuales y futuros.


Desde el punto de vista social y de los derechos, el poder de Putin se convierte en una gigantesca manifestación en contra de la homosexualidad, sin precedentes fuera de los ámbitos fundamentalistas religiosos en los que es perseguida y castigada incluso con la muerte. La "modernidad" rusa pasa por la intransigencia sexual. Por qué ocurre esto no tiene más explicación que la fundamentación del nuevo nacionalismo ruso en la iglesia ortodoxa. Las declaraciones de Putin —que comentamos aquí— sobre que los homosexuales pueden estar tranquilos, pero que "dejen en paz a los niños", es un mensaje destinado a una sociedad que se quiere mantener a la defensiva frente a unos grupos que quedan estigmatizados.
El diario El Mundo nos ofrecía ayer las declaraciones del alcalde de la ciudad sede:

El alcalde de Sochi, Anatoli Pajomov, ha asegurado que los homosexuales serán bienvenidos a los Juegos Olímpicos de Invierno que arrancan en febrero siempre y cuando respeten las leyes y no traten de "imponer sus hábitos", pero ha dado a entender que no hay ninguna persona gay en la ciudad rusa.
Pajomov, miembro del partido gobernante Rusia Unida, ha negado que los homosexuales vayan a ser perseguidos con motivo de los Juegos Olímpicos. "Ofreceremos nuestra hospitalidad con todos los que respeten las leyes de la Federación Rusa y no impongan sus hábitos", ha declarado el alcalde a la cadena británica BBC.
El gobernante ha negado que las personas gays o lesbianas vayan a tener que esconder su orientación, ya que es "su vida". Sin embargo, acto seguido ha dicho que este tipo de personas no son "aceptadas" en Sochi. "No las tenemos en nuestra ciudad", ha apuntado.
En una pregunta posterior, el alcalde ha introducido un leve matiz a su aseveración: "No estoy seguro [de que no haya gays], pero al menos no los conozco".*


La mezcla de los discursos "tolerantes" y "estigmatizadores" crea una especie de "doble pensar" orwelliano en el que el elemento central viene a ser la "contaminación", evitar que extienda a una población a la que se dice "proteger" para evitar que el elemento "contaminante" imponga —como se señala— sus "hábitos". Como es característico de este tipo de discursos, lo malo llega de fuera. Su ciudad, por alguna extraña bendición o jugada del destino, está libre de la peste, aunque, como tolerantes que son, aceptarán a los apestados durante la celebración de los juegos.
La información de El Mundo, que cita a la BBC, se cierra con una aparente contradicción:

Pese a la declaración de Pajomov sobre la población de Sochi, el corresponsal de la BBC en la zona ha podido visitar un bar gay en la ciudad. El líder opositor Boris Nemtsov también ha hecho hincapié en la contradicción entre las palabras del alcalde y estos establecimientos: "¿Cómo sobreviven? ¿Por qué no se han ido a la quiebra?".*


Es de imaginar que a la política de Putin le interesa el discurso interior de la "pureza" y el exterior de la "tolerancia". No le interesa, en cambio, el conflicto, que se volverá contra él si se producen incidentes en este sentido. Probablemente no pueda evitarlos y será obligado a quedar en evidencia. Pero es característico de Vladimir Putin transmitir la sensación de que puede controlar cualquier situación; forma parte de su imagen. Siempre podrá usar los locales gay de la ciudad como ejemplo de tolerancia y, especialmente, para concentrar y controlar a aquellos que le interese. Con el mismo sentido de control y tolerancia, se ha habilitado un espacio para protestas. No se permitirán manifestaciones a menos de 20 de kilómetros de Sochi. Se haga lo que se haga, se debe hacer en el lugar señalado para ello.
El tercer problema que se le plantea —y no es menor— es el relacionado con las finanzas de Sochi, cuyos costes se han desbordado hasta quintuplicarse. La revista económica Bloomberg señala este crecimiento respecto a los planteamientos iniciales de 2007:

But since then, as costs have increased, Russian officials have grown less eager to boast about the size of the final bill. “In the beginning, money was a reason and argument for Russia to win the right to host the Olympics,” says Igor Nikolaev, director of strategic analysis at FBK, an audit and consulting firm in Moscow. “But it turned out we spent so much that everybody is trying not to talk about it anymore.” Dmitry Kozak, deputy prime minister in charge of Olympic preparations, has argued that the $51 billion number is misleading. Only $6 billion of that is directly Olympics-related, he says; the rest has gone to infrastructure and regional development the state would have carried out anyway. That may be true, though it’s hard to imagine the Russian government building an $8.7 billion road and railway up to the mountains without the Games.**


En el mismo artículo de la misma revista, con el expresivo título " The Waste and Corruption of Vladimir Putin's 2014 Winter Olympics", se señalaba:

How the Sochi Games grew so expensive is a tale of Putin-era Russia in microcosm: a story of ambition, hubris, and greed leading to fabulous extravagance on the shores of the Black Sea. And extravagances, in Russia especially, come at a price.**

Son ya muchas fuentes las que van desvelando los entresijos económicos de Sochi, el entramado económico que ha utilizado las olimpiadas de invierno para realizar unas infraestructuras costosísimas y dejar un "ressort" de lujo, del que se aprovecharán posteriormente los más allegados al poder. En este sentido, la revista Vanity Fair publicó un revelador artículo sobre la gestación de Sochi como sede de unos juegos olímpicos:

The path to Sochi’s successful bid started on a trip to Austria in 2002, when Vladimir Potanin, one of Russia’s most influential oligarchs, joined Russian president Vladimir Putin and Austrian chancellor Wolfgang Schüssel for an afternoon of skiing during a World Cup competition. Taking in their Alpine surroundings, Potanin and Putin asked themselves why Russia lacked a ski resort of Austrian quality. Potanin’s firm, Interros, hired Paul Mathews, an American who lives on the slopes of the Whistler resort, outside Vancouver, to look into the options. Mathews is one of the most respected winter-resort designers in the world, and he had scouted the North Caucasus before. The area is about the size of the Alps, with elevations to match, but its history of strife and economic depression has left it under-developed. Mathews focused on Krasnaya Polyana, a mountain village where a flank of the Caucasus rises steeply from the Mzymta River, 30 miles from the Black Sea coast. Potanin announced the start of construction on his ski resort, which would be called Rosa Khutor, or Rose Farm, at a Moscow press conference in 2005. By February 2007, I.O.C. representatives had arrived in Krasnaya Polyana on an inspection tour, and Mathews was prepping Russian Olympic authorities. “I told them it would be good if we picked up the garbage on the road from Sochi to Krasnaya Polyana,” Mathews says. “And it would be good if the road had a white line down the middle of it.”
[...]

Beneath every modern Russian achievement lies a hidden story that may be more telling. In Sochi, the hidden story is about Putin, and about the small circle around him, who have profited handsomely from the construction. The winners are a tight group, with a history going back to early careers in St. Petersburg. Russian prime minister Dmitry Medvedev was once the C.E.O. of Gazprom, the world’s largest extractor of natural gas and Russia’s biggest company. In the 1990s, he and Alexey Miller, the current C.E.O. of Gazprom, worked in the St. Petersburg city administration, along with the young Vladimir Putin. In St. Petersburg, they met Boris and Arkady Rotenberg. The Rotenberg brothers once instructed Putin in Sambo, a martial art developed in the 1930s to aid Soviet infantrymen in close-quarters combat. The Rotenbergs made their first fortune in the gas-pipeline business, as Gazprom’s principal supplier. They also control the largest thermal-generation company in the world, a Moscow-based firm called TEK Mosenergo, a subsidiary of Gazprom. Mosenergo won the contract to build a new power plant in Adler, meant to feed the electricity needs of the Olympic skating venues. All told, Rotenberg-controlled companies have won Olympics-related contracts worth $7.4 billion. In the last two years, according to a report compiled by Russian political-opposition figures Boris Nemtsov and Leonid Martynyuk, the Rotenbergs’ personal fortune has increased by $2.5 billion.***

Como bien señala la revista, son historias que merecen ser contadas. La ironía del título del artículo se justifica con lo señalado: " Putin’s Run for Gold".
El último apartado es de distinto orden a los anteriores y es quizá el más conflictivo por sus consecuencias futuras para todos: el terrorismo. Sochi no solo es una sede olímpica megalómana, un conflicto con los derechos humanos y la comunidad gay o un sucio entramado de negocios de los allegados a Putin y sus socios internacionales; es una ciudad sitiada en prevención de atentados. Los periódicos nos daban cuenta estos días del desplazamiento de navíos de guerra norteamericanos a la zona por si se hacía necesaria una evacuación de Sochi de sus ciudadanos por un ataque terrorista. Sochi ha marcado la agenda de Rusia y Putin, pero también la de toda la zona. Desgraciadamente no son solo los atletas y seguidores de los deportes de invierno los que están haciendo sus maletas para ir a la ciudad.
Sochi puede estallar por muchos lados. Nunca unos juegos olímpicos, ni probablemente otras manifestaciones de este tipo, han estado sometidos a esta clase e intensidad de presión extrema desde tantos puntos. Sochi es una gigantesca trampa en la que algunos pueden caer.



* "El alcalde de Sochi asegura que no hay homosexuales en la ciudad" El mundo 27/01/2014 http://www.elmundo.es/internacional/2014/01/27/52e68269268e3ee1078b4572.html
** "The Waste and Corruption of Vladimir Putin's 2014 Winter Olympics" BloombergBusinnessweek 02/01/2014 http://www.businessweek.com/articles/2014-01-02/the-2014-winter-olympics-in-sochi-cost-51-billion

*** "Putin’s Run for Gold" Vanity Fair febrero 2014 http://www.vanityfair.com/culture/2014/02/sochi-olympics-russia-corruption







 

sábado, 18 de enero de 2014

El camuflaje invertido o Putin y los colores

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Acabo de ver en la cadena Euronews un fragmento de la entrevista o "encuentro" de Vladimir Putin con los voluntarios de los Juegos Olímpicos de Sochi. Una veintena de jóvenes y algunos no tanto han realizado preguntas al Presidente ruso. Una de las jóvenes presente le ha planteado lo siguiente:

“¿Por qué, si en Rusia hay una ley que prohíbe la propaganda homosexual, el uniforme de los voluntarios tiene los colores del arcoiris?”.*

A lo que Vladimir Putin ha respondido:

“Si usted cree que yo diseñé este uniforme, está muy equivocada. Nosotros no prohibimos nada y no cazamos a nadie, en Rusia no hay ninguna responsabilidad (penal) por esas relaciones, a diferencia de otros países en el mundo. Por ello, podemos sentirnos tranquilos, relajados, pero, por favor, dejen a los niños en paz”, respondió Putin.*


Los comentaristas se han centrado en la palabras sobre la identificación entre la homosexualidad y la pedofilia. Para Vladimir Putin, una cosa supone la otra. Me imagino que las cifras sobre violaciones, abusos, etc. realizadas por heterosexuales a menores no le deben causar ningún problema o debe pensar que el mundo es idílico en es ese sentido y todas las perversiones comienzan por la homosexualidad. Pero no es eso de lo que me gustaría hablar, a sabiendas de que ya lo harán otros.
Me imagino que Vladimir Putin se ha enfrentado a muchas preguntas comprometidas a lo largo de su dilatada carrera política, pero la que la joven le hizo creo que es bastante inteligente y que dio en el clavo al hacerla.


Como ya ocurriera anteriormente, el arcoiris ha servido como forma de protesta ante los silenciamientos o marginación inducida por las represivas leyes rusas. Hemos tenido a atletas que han puesto colores diferentes a sus uñas como forma solidaria de enfrentarse a una situación discriminatoria y de criminalización.
Podríamos pensar que alguien ha tratado de meterle un gol a través de los uniformes de los voluntarios, que se convertirían en pancartas vivientes de la reivindicación de una forma "involuntaria". Pero no creo que sea esa la explicación más convincente, sino la contraria.
La misma reacción de Putin al decir “Si usted cree que yo diseñé este uniforme, está muy equivocada" es una respuesta extraña frente a una más sorprendida como "¿Cree que yo hago o hacemos propaganda homosexual?". O podría haberlo usado a su favor, señalando que no tienen nada en contra del "arcoiris". Sin embargo no fue en ninguno de esos dos sentidos, sino en el más defensivo de negar él el diseño.


Ya sea con conocimiento de Vladimir Putin o no, creo que el diseño no es casual, que ese carácter irisado de los colores de la uniformidad tienen una función de camuflaje invertido. El camuflaje habitualmente tiene de a buscar la forma de confundirse con el entorno. Para eso se suele hace. Pero existe otra posibilidad que es funcionar en sentido inverso. No volverte tú invisible sino "envolver" a un tercero que quedaría absorbido por tu camuflaje. ¿Qué mejor forma de silenciar una "bandera irisada" que rodearla de banderas irisadas, es decir, de la ropa de los voluntarios?

Putin se enfrenta a dos retos poderosos, a dos frentes abiertos. El primero es la amenaza del terrorismo islamista que buscará la forma de causar el mayor daño posible, como ya han anunciado, en Sochi o en cualquier otro punto de Rusia. Frente a esa amenaza, la ciudad está blindada, cerrada a cal y canto de forma policial y militar. Para Putin es un reto ante un desafío directo, como ya ha ocurrido en estos meses pasados.
Pero existe un segundo reto que son las previsibles protestas por la represiva legislación contra la homosexualidad que se ha convertido en una de sus vías de "humanización" al presentarse, como hace en la entrevista de Euronews, como un defensor de la "infancia" dentro del cultivo de su imagen "tradicional" para canalizar el conservadurismo nacionalista y ortodoxo ruso, que cultiva y explota.
En el caso del terrorismo, Putin sabe que cuenta con el apoyo de muchos países porque es una amenaza que ha desbordado las expectativas y que está creando conflictos por toda África, Oriente Medio y Asia. Rusia está además en el punto de mira y amenaza también contagiar zonas de China donde se dan ya conflictos abiertos en determinadas zonas. Sin embargo, en el segundo aspecto, el de las leyes discriminatorias, la condena de muchos países es un hecho tanto en el plano oficial de los derechos humanos como en el de la denuncia de los movimientos civiles.


Puede decirse que el segundo aspecto no le preocupa demasiado en circunstancias normales, pero los Juegos Olímpicos de Invierno no lo son. Y le preocupa lo que allí pueda ocurrir como confluencia de esos dos movimientos, uno violento, el otro reivindicativo para su imagen y la de la Rusia que él representa.

La estrategia del entorno absorbente —podríamos definirlo así— consiste en tratar de reducir el ruido mediático producido por las protestas irisadas mediante esta maniobra envolvente. La mejor forma de que pase desapercibida una protesta cromática es rodearla de esos mismos colores a través de los voluntarios. Los agentes de seguridad tienen un doble camuflaje perfecto: se disfrazan de voluntarios que a su vez van disfrazados de bandera irisada. En la distancia no sabremos si aquellos colores son una bandera o un voluntario. Las camisetas irisadas que algunos llevarán bajo la ropa para lucirlas en determinados momentos quedarán reducidas por el efecto absorbente de los colores de la ropa de los uniformes de los voluntarios. Rodeados por cuatro o cinco voluntarios, ya no se sabrá quién es quién. Sacarlos de los estadios será mucho más discreto.
Los voluntarios podían haber ido de cualquier color chillón para identificarse desde lejos. Esa es la función de los petos llamativos, distinguirles. Sin embargo aquí los colores elegidos pueden tener otra función más allá de la estética. Normalmente el camuflaje permite confundirnos con el entorno. La protesta cromática busca destacar sobre él. La estrategia contraria te anula al rodearte de los mismos colores con los que pretendes llamar la atención. Por decirlo así: te absorbe metiéndote en una mancha más amplia, la de los que te rodean.


No sé si realmente Putin ha diseñado los uniformes. Me imagino que no lo ha hecho él directamente, pero si a mí me hubieran hecho el encargo con el objetivo de silenciar las protestas cromáticas, es la vía que hubiera elegido como más sencilla. Las dudas se me disiparon cuando vi los guantes con cada dedo de un color. Son los que se pondría un manifestante. Ahora los llevará un voluntario.
La joven dio en el blanco.


* "El tema de la homosexualidad vuelve a Sochi" Euronews 18/01/2014 http://es.euronews.com/2014/01/18/el-tema-de-la-homosexualidad-vuelve-a-sochi/