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miércoles, 21 de junio de 2023

Pactar o repetir, esa es la cuestión

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La fragmentación del sistema político español ha llegado a un punto en el que el término "voluntad de las urnas" ha pasado a ser un chiste. Desde el momento en que alguien tiene poca representación con bajo número de votos pero mucho poder a la hora de formar gobierno, el sistema se pervierte y cae en picado. Los problemas se multiplican y las paradojas se suceden.

Hemos generado un sistema de descontentos residuales en el que se produce un goteo de pérdidas de votos, ya sea por aburrimiento, por incongruencia o por desgaste en el poder. Todo esto lo recogen con la escoba los que han llegado para hacerse con esas migajas. Somos un país que está polarizado, lo que significa que hay líneas rojas que no se superan. Eliges a uno o a otro de tu zona ideológica de confort o te abstienes. La abstención, además favorece a los de votantes más fieles y polarizados. Existe, además, esa perversión llamada "voto útil", en donde das por bueno votar a los que te resultan menos repugnantes como alternativa. Una democracia, hay que reconocerlo, en la que no votas lo que te apetece, sino lo que crees que va a favorecer a terceros es un poco rara.

Más que un bipartidismo, tenemos un "bizonismo", es decir, una especie de voto orientado por cabreos con unos o con otros, que te hacen desplazarse allí donde menos defraudado te sientes. Esto funciona así hasta que lo realmente se pone en cuestión y peligra. Me refiero a la cervecita, algo por los que los madrileños abandonaron su gusto por las barricadas y se lanzaron a los bares ante el peligro de que se los cerraran por la pandemia. La promesa de Díaz Ayuso ("Nuestra Señora de los Bares", según la denominación popular) de mantener abiertas las barras de los bares pese a los peligros de contagio, ha sentado un hito histórico, haciendo abandonar la ideología a pueblos enteros en beneficio de lo único importante en este país.

Ahora, todas estas divisiones, exigencias, aprovechamiento de los votos al máximo, estirándolos como chicles empiezan a ser más complicadas de la cuenta. La presión de la convocatoria de elecciones generales ha puesto las cosas complicadas, que era de lo que se trataba. Pedro Sánchez jugo a dejar en evidencia los problemas de PP y Vox afeados desde fuera.

Una serie de circunstancias desafortunadas (meteduras de pata, sin más) ha llevado, creo que de forma imprevista la cuestión de la "violencia de género" al centro, con efectos varios. Vox se le pone cuesta arriba a un PP que quiere mostrarse centrista y moderado, pero con el partido de Abascal no es sencillo. De repente, los partidos han descubierto que tienen entre sus fila candidatos o miembros declarados legalmente "maltratadores", que por mucho tiempo que haya pasado desde que fueron condenados no son precisamente los modelos que presentar al electorado, sensibilizado con estas cuestiones. Partidos de derecha, de izquierda y de centro resultan tener entre sus filas "maltratadores" y, claro, esto no luce mucho ante los ataques.

Y entonces va Núñez Feijóo y mete la pata con lo del "divorcio duro" (¡quién asesora a este hombre!), lo que eleva el problema y lo personaliza en él. Ya no se trata de un concejal periférico, sino, como estaban deseando, el líder que se convierte en "incompatible" con la presidencia a la que aspira.

En todo este lío, en Extremadura se rompen los pactos de Vox y PP. Entre el camino valenciano y el camino extremeño —como si fuera algo proustiano—, se presenta el segundo como una vía real: ¡repitamos las elecciones!

No sé las reacciones que esto traerá, pero ¿por qué no? ¿Por qué no se pueden repetir unas elecciones allí donde está claro que Vox es una carga que además ya nos están afeando desde Europa en preparación de una campaña de rayos y centellas por la presidencia española por venir?

¡Qué miedo le tienen los políticos españoles a la repetición electoral! ¿No es un acto que entra dentro de la ley? Es preferible que se vea determinación en los principios que se establecen, que haya las líneas rojas, que pasarse cuatro años dándose puñaladas por las espalda, como ha pasado con Sánchez y Podemos, con Podemos y Sumar, que amenaza ocurrir con los pactos próximos.

Vox está lanzando ideas que no son asumibles por el Partido Popular ni por nadie. Es su línea de radicalismo en un terreno demasiado candente y doloroso la que va a marcar las estrategias, a la vista de lo que ha hecho hasta el momentos. ¿Por qué no afrontar directamente el reto y que sean las urnas las que lo decidan? Es un riesgo, ¿pero no lo es más crear una brecha dentro del propio electorado?

Vox dice que la "violencia de género" es "ideología", ¿pero acaso el negacionismo de esa violencia no lo es? Las lecciones aprendidas en la "internacional de la ultraderecha", con sede en los Estados Unidos, les exige negar la evidencia de la violencia. Si se piensa que esto es un error (y lo es), ¿no es mejor repetir las elecciones, como va a ocurrir en Extremadura, donde Vox ha mostrado su verdadera cara y sus pretensiones?

En RTVE.es nos hablan sobre lo ocurrido en Extremadura y el planteamiento del PP:

La presidenta del PP de Extremadura, María Guardiola, se ha negado este martes a pactar con quien "niega la violencia machista", en referencia a Vox, y ha advertido al partido de Santiago Abascal que, o apoya su investidura como presidenta de la región, o habrá elecciones.

"Yo no puedo dejar entrar en el gobierno a aquellos que niegan la violencia machista", así como a quienes "deshumanizan" a los inmigrantes o "colocan una lona y tiran a la papelera la bandera LGTBI", ha dicho Guardiola, quien ha aseverado que cree "en una Extremadura inclusiva, moderna, respetuosa y solidaria", ha reafirmado.*


Efectivamente. Pactar es asumir, dejarse arrastrar por los planteamientos. Vox tiene otros objetivos más allá de ocupar carteras. Es más importante entender lo que quiere hacer con ellas. Los que les dejan "cultura" y "educación" son de una enorme ceguera. Darles la oportunidad de extender su ideología es traicionar esas urnas de donde sale una petición de moderación. Con el centro desaparecido de estas elecciones (Ciudadanos se retira y está en el limbo), la responsabilidad del PP es doble. La estrategia solo les ha salido a medias: la absorción de votos del centro no se ha seguido por la ganancia de votos por la derecha. ¿No hubiera sido mejor pactar con C's que tener que hacerlo con Vox? Ahora, con C's fuera, solo queda la repetición de elecciones si no se quiere "normalizar" a la extrema derecha y su programa "cultural".

Pero es además exponerse a ser arrastrados a un conflicto que la oposición aprovechará y que tenderá añadido un coste político. El PP se tendrá que pasar toda una legislatura dando explicaciones de todas y cada unas de las acciones de Vox.

¿Por qué no repetir? La candidata de Extremadura ha dado un ejemplo de los límites, por lo que ha definido los perfiles claramente. Vox solo puede conseguir poder mediante estos pactos chantajistas. Que decidan las urnas.


* "El PP extremeño no gobernará con quien "niega la violencia machista": "O Vox apoya mi investidura o elecciones"" RTVE.es 20/06/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230620/pp-extremadura-se-niega-pactar-quien-niega-violencia-genero-vox-apoya-investidura-elecciones/2450055.shtml

martes, 6 de diciembre de 2022

Teoría y práctica de la refundación

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ciudadanos ha vuelto a convertirse en noticia, no por sus avances o perspectivas electorales —las encuestas lo dejan al borde de la extinción, con solo 1 diputado en la foto del momento—, sino por su complicado camino hacia la desintegración. Es una desgracia, desde luego, porque España necesita de un partido moderado en el centro del espectro político.

Sin embargo, Ciudadanos ha sido —por sus errores propios y deseos ajenos— el partido más vapuleado de todos. Lo ha sido precisamente porque unos y otros deseaban el espacio que este reclamaba para sí, aunque luego los actos le contradijeran.

En España se grita para todo. El gritar, acusar, señalar con el dedo acusica, mostrar las vergüenzas del otro, etc. es el verdadero programa de nuestros grupos políticos. Por más que tengan programas que digan otra cosa, estos no sobrepasan el diez por ciento de su tiempo. El resto, el 90%, es poner en solfa a los demás. Es así, desgraciadamente, y esto ha construido un sistema de difícil convivencia y de imposible acuerdo.

Un partido centrista, moderado, que quiere ser bisagra y aspira a contener a unos y otros por su derecha y por su izquierda es difícil que sobreviva. Lo es sencillamente porque no está en nuestra idea bullangera y agresiva de lo que es la política. ¿Recuerdan lo de la "nueva política", la que iba a desbancar a la "vieja política"? Un mal chiste. No ha hecho sino multiplicar sus males y eliminar algo que se pudiera llamar "virtudes".

El drama de Ciudadanos es que ya apenas les quedan personas para discutir entre ellos. Y, sin embargo, lo hacen. Con ello confirman su propio proceso de extinción por división interna.

Lo interesante es el juego de palabras, en este caso con "refundación", un argumento publicitario con el que se pretende conjurar la desaparición cantada. Es normal que el instinto de supervivencia lleve a apuntarse a cualquier explicación, pero de poco van a servir si dependen de sus electores, que consideran más útil que sus votos vaya a sitios más rentables.

La idea del llamado "voto útil" es la auténtica explicación de la política española desde que empezó a esgrimirse en los inicios de la democracia. Había que convencer a los electores de que te votaran porque, de otra forma, votar era como hacerlo en una papelera. Te explicaban que no todos los votos valían lo mismo, que sacar uno en Madrid costaba más que sacarlo en algún lugar despoblado; te decían que si se sumaban tus votos a los de tal partido este en vez de sacar lo que había sacado, tendrían más diputados, etc. Toda esta serie de argumentos lo que hizo fue votar sin ganas a unos ni a otros y, sobre todo, fijar la estrategia del miedo, de evitar que llegaran unos y otros al poder. El "poder" es, finalmente, lo que tenemos hoy, un espacio de contradicciones, propaganda y falsos amigos, compañeros de viaje, que te apuñalan por la espalda, van a su bola tratando de apuntarse logros y que tú cargues con sus culpas.

Esta es una de las consecuencias de carecer de un partido fuerte en el centro y de tenerlos, en cambio, en los extremos, que es lo que nos pasa. Pero a nadie, ni a derecha ni izquierda les ha interesado tener ese partido cerca más que en contadas ocasiones en que ha podido funcionar, pero no ha servido de nada. Nadie ha podido para el deterioro, la pérdida de votos, ante el deseo de los grandes partidos de mostrarse "un poco" centristas para poder marcar distancias con sus socios forzados, Vox y Podemos, que les acusan de "debilidad" y de connivencia con el enemigo en cuanto que se mueven "un poquito" hacia el centro.

En estos días se repite eso de que no habrá ya gobiernos de mayorías por la sencilla razón de que las mayorías no se van a producir y que seguiremos viviendo esta infumable situación política que vemos cada día y que los comentaristas políticos en los medios analizan y disfrutan contándonos una y otra vez.

En Antena 3 nos explican las teorías de Edmundo Bal para hacerse con el control de Ciudadanos:

Este lunes, Bal ha justificado que con el anuncio de su candidatura a las primarias ha dado un "paso adelante" para que la formación 'naranja' sea de nuevo un "partido de centro" que pueda pactar a izquierda y derecha sin "avergonzarse", porque con el liderazgo de Inés Arrimadas --a su juicio-- "parece de derechas" y "subalterno del PP". Bal ha dicho que le gustaría contar con el apoyo de "todos", incluida Arrimadas y Begoña Villacís, vicealcaldesa de Madrid y coordinadora del equipo refundador. Y ha manifestado que no va a echarle la culpa "a nadie" de la situación del partido, porque él también tiene, ha admitido, responsabilidad en lo que ha pasado.

Según Bal, Ciudadanos no ha sabido "trasladar" a la ciudadanía que es un partido de "centro, liberal y progresista, o liberal y reformista", con independencia de qué calificativos se le pongan.


Y en el epígrafe final, llamado "Guerra abierta", se añade:

Edmundo Bal ha destacado su intención de lograr, si lidera Ciudadanos, un partido que vuelva a mirar la política de lado a lado, sin dar la espalda a ninguna formación constitucional. En una entrevista concedida a Onda Cero, el portavoz parlamentario naranja, a pesar de considerar que Pedro Sánchez es el peor presidente que ha tenido el Gobierno, ha incidido en la necesidad que, como partido liberal, Ciudadanos tiene de tender la mano al PSOE para que las decisiones de calado en nuestro país no las tomen las fuerzas independentistas que ahora mismo son aliadas de Sánchez, como son EH Bildu o ERC.*

 A veces se trata de meter demasiadas cosas en una misma declaración. Pero así aprovechan el tiempo nuestros políticos.

La explicación de lo que quiere hacer Bal —llamado "una refundación"— se olvida de que 1) lo primero que hace es echar a los que están (él también está, pero eso es solo un detalle); 2) no cambia nada el problema porque no puede modificar lo que él mismo señala, que otros pacten con terceros (Bildu, ERC o Podemos, entre otros). Lo que hace Bal no es refundar nada sino crearse más enemigos con los que no pactará porque, principalmente, no querrán pactar con él. Y cuando digo "él", puede ser literalmente, que sea ese único diputado que dan las encuestas. Muchas veces, las cuentas de la lechera no suelen salir.


Ciudadanos ha pactado allí donde han querido pactar con él. Eso es una realidad. Si ha sido mayoritaria o exclusivamente con el Partido Popular es porque a este —que ya ha abierto "amablemente" sus puertas a los dirigentes y afiliados que quieran incorporarse a sus filas— le ha servido como confirmación del "centro derecha", aunque luego se alíe con Vox cunado no salen las cuentas. No es justo decir que los problemas de Ciudadanos son de pactar con el PP y no con el PSOE cuando no ha habido esta circunstancia.

¿Hay alguna salida para Ciudadanos? La exhibición pública de sus heridas muestra que adolece de los mismos males que otros, pero sin los votos necesarios para su supervivencia. Es difícil que por este camino recuperen una imagen que se ha ido perdiendo y que ha sido dibujada desde el exterior por aquellos interesados en que no haya un partido centrista —o bisagra— según los intereses de cada uno. En Ciudadanos veían no un apoyo, sino un peligro todos.

Los partidos pequeños, con pocos votos, les sacan una enorme rentabilidad ya que son los justos para que los grandes puedan hacer algo parecido a "gobernar". Los apuros constantes del PSOE con el protagonismo oportunista de Podemos o las vergüenzas del PP por cada declaración de sus "realojados" de Vox, con su trumpismo a la española, no auguran que quieran una "bisagra central" que les condicione más.

La política española está llegando a un punto de complejidad que se acerca al caos. El espectáculo que nos ofrecen con cada ley que se saca, con cada discurso que se hace, la falta de moderación de los moderados, el aumento de la agresividad verbal,  las puñaladas traperas entre socios, etc. hace confiar poco en las posibilidades de un partido que parece que solo aspira a que se pongan acuerdo con él, quien sea.

El problema de Ciudadanos no es que no pacten con él porque no le necesiten. Es más bien la indefinición programática que se esgrime ahora (acercarse al PSOE) frente a la anterior (acercarse al PP), según la definición de Edmundo Bal. Un partido se define por sus ideas, no por sus alianzas, que serán las que sean cuando se produzcan, pero no un objetivo. 

Una refundación es otra cosa. En principio, debería ser una reafirmación en lo ideológico, en la necesidad de programas e ideas, de perspectivas de lo que debe ser la política española. Un partido que solo aspira al pacto, no es un partido; es un apéndice.

No sé en qué acabara la disputa refundacional, pero es poco probable que acabe bien.

* Paula V. Sisó "Inés Arrimadas asegura que se presentará para liderar Ciudadanos si Edmundo Bal no negocia una lista de unidad" Antena 3 5/12/2022 https://www.antena3.com/noticias/espana/ines-arrimadas-asegura-que-presentara-liderar-ciudadanos-edmundo-bal-negocia-lista-unidad_20221205638de3e1158bf20001127993.html

jueves, 28 de noviembre de 2019

Un bledo y al cielo pongo por testigo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las alianzas forzadas por la fragmentación electoral obligan a la realización de alianzas que te acaban poniendo en situaciones de compromiso y te pueden sacar los colores si no estás muy atento a lo que pueda ocurrir. Como no lo puedes controlar todo, te puede pasar que te encuentres con un acto, con una declaración incómoda sobre la que te pedirán explicaciones. Esto no ha hecho más que empezar y tendrán conclusiones, porque la presión de unos sobre otros será inmediata y bien aprovechada. No hay que exigir a unos responsabilidades por lo que hacen otros para que la cosa funcione.
Eso es lo que ha pasado en Madrid con las "desafortunadas" declaraciones del portavoz de Vox, Javier Ortega Smith, y su reacción indiferente ante la reprimenda de una de una mujer víctima de violencia machista.
La estrategia del PP y Ciudadanos para el "sí pero no", es decir, estar favor de la denuncia de la violencia contra la mujeres, pero evitar castigar a un negacionista de la violencia machista no les va a valer muchas veces porque no es fácil tapar una y otra vez un despropósito total, como es no condenar la violencia por considerarla como una "ideología de izquierda", algo "identitario" como pudimos leer en ABC en boca de Pablo Casado ante el Partido Popular europeo. Esto lo vimos con enorme sorpresa y preocupación hace unos días (ver "Las viejas ideas del joven Casado") porque supone dejarse arrastrar ideológicamente por Vox, que no es precisamente lo que se necesita en el país ni en el mapa de las ideologías que lo representa.



Finalmente, Ciudadanos ha tenido que tomar la senda del sentido común para evitar su propia extinción por la contradicción que supone dejarse arrastrar por Vox y no sancionar sus palabras. Si eres de centro, eres de centro, y si quieres mantenerte en el tablero asegúrate de que los demás lo vean.
La estrategia de Vox es sumamente clara. El problema es para todos aquellos que ven el futuro de sus gobiernos en el aire debido a los pactos. A la inestabilidad política se le suma entonces la inestabilidad mental que supone estar defendiendo cosas distintas según los días y, lo que es peor, tener que sacar las castañas del fuego a aquellos que esperan devorarte entre tus contradicciones quedándose con tus votos.
Leemos en ABC los argumentos de Vox y los compañeros de viaje hacia la nada del poder:

«Ustedes no han venido a reprobarme a mí, sino a amordazar a los que no seguimos a pies juntillas lo que dicen ustedes. En ese acto al que no dejaron a hablar, al que silenciaron es a mí», se defendió el ya reprobado Ortega Smith, que al término de la votación dijo, sin tapujos, que la reprobación le importa «un bledo».
En esta línea también basó sus argumentaciones el alcalde, que se reiteró en que la actitud y el discurso de Ortega Smith el 25-N fueron desafortunadas, pero rechazó que iniciativas como esta supusiesen un precedente para coartar la libertad de expresión. «Me ratifico de cada una de las palabras que le dije a Javier Ortega Smith, fue desafortunado. Ustedes traen aquí una reprobación que sentaría un precedente para coartar la libertad de expresión. Lo que está en juego es la libertad de expresión. Con esto, con el PSOE de Pedro Sánchez, ni a la vuelta de la esquina. En eso consiste la hipocresía de la izquierda. Cuentan con nosotros para decirles que esa actuación fue desafortunada, pero no para limitar el derecho de expresión», arguyó.



No sabemos cuánto va a durar este argumento. Con él puede que gane la "libertad de expresión", pero desde luego no va a ganar nada el PP, que quedará siempre como el socio débil y entreguista, incapaz de enfrentarse a unos o a otros.
Criticar el contenido pero alabar la estupidez como fórmula de la libertad es muy británico y de libro, pero la ciudadanía es cada vez menos leída y, como diría Ortega Smith, emulando a Rhett Butler, le "importa un bledo", mientras que sus oponentes "ponen al cielo por testigo" de que no se lo seguirán aguantando.

Una vez abierta la senda de la contradicción, los únicos que tienen que perder son Ciudadanos (más todavía) y PP, que tendrán que estar justificándose cada vez que haya un acto contra la violencia si no condenan la actitud desafiante de VOX. La oposición le exigirá que repruebe y ellos tendrán que mantenerse en la idea de la "libertad de expresión".
La libertad de expresión es un principio maravilloso del que se suele beneficiar tu opositor cuando dices tonterías. Es decir, a las fuerzas opositoras del Ayuntamiento le parecerá maravilloso que Ortega Smith haga uso de ella porque todos quedarán en evidencia. Una vez más, un principio que busca asegurar que la verdad resplandecerá, se usa para mantener las tonterías y contradicciones a flote.
El PSOE no se las debe prometer tampoco muy felices cuando las pulgas de sus compañeros de cama empiecen a picarle. Comenzará el mismo juego de las contradicciones, por lo que nos convertiremos en uno de los países donde más se valorará la libertad de expresión, un principio que nada tiene que ver con la "impunidad de la expresión". 



* "Ciudadanos se suma a PSOE y Más Madrid y reprueban a Javier Ortega Smith" ABC 27/11/2019 https://www.abc.es/espana/madrid/abci-psoe-y-mas-madrid-para-reprobar-javier-ortega-smith-201911271418_noticia.html



martes, 25 de junio de 2019

Poder e identidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La noticia ayer de las dimisiones en cadena en el partido de Albert Rivera debería hacer pensar más allá de los límites del partido Ciudadanos y extender la reflexión al conjunto del sistema de los partidos políticos españoles.
Llevamos meses no oyendo hablar de otra cosa que de pactos o de negativas a pactos. Es en lo que se centra la política española, forzada a ello por la atomización producida por el rechazo al mal llamado "bipartidismo". Desgraciadamente, la situación seguirá así mucho tiempo pues los acuerdos que se establecen tienen pocas perspectivas de durar, máxime cuando la estrategia de los que quedan fuera será ponerlos en evidencia forzando a los votantes a percibirlos como incongruencias, traiciones, chalaneos, etc.
Pero el caso de Ciudadanos —quizá por nuevo, quizá por eje en múltiples arquitecturas— merece la pena ser considerado. Su caso es ilustrativo: un partido que sale a la palestra política al producirse un "hueco" u "oportunidad" por el escoramiento del Partido Popular que abandona el centro político, por un lado, pero sobre todo que ha sido abandonado por gran parte de su electorado debido a la corrupción que no ha sabido frenar y que se convierte en un lastre insoportable. Como salida, se produce un recambio y un recrudecimiento político con un escoramiento a la derecha y hacia el nacionalismo por los desafíos soberanistas, que pasan a formar parte del argumentario político y las nuevas señas de identidad.
En la izquierda se produce un fenómeno similar, una crisis de identidad que hace crecer otra fuerza, que proclama la inutilidad del partido socialista y se propone como nueva izquierda.


Es una simplificación, pero es clara. La fragmentación no ha aclarado mucho pero sí ha enturbiado las relaciones entre partidos y dificulta la percepción general de los mismos. En el tipo de política que se practica en España, es más importante hacer ver al otro de una determinada manera que intentar definirse. Esto es fácilmente comprensible cuando lo que se disputan no son solo los votos sino el espacio político, que es el que determina las posibilidades identitarias, la definición de los propios partidos.
La cuestión de la salida de Ciudadanos plantea esta situación en toda su crudeza e inmediatez tras unas elecciones que aclaran poco, hacen más débiles y absorben más energía política, que se pierde en disputas antes que en buscar soluciones. La pregunta surge por sí sola: ¿poder o identidad?
Los encajes de bolillos que los responsables de los partidos no afectan solo a los grandes pactos, sino que estos se reparten en todos los niveles de las administraciones, desde la disputa de si han de tener ministerios o no los "otros", el reparto de consejerías, concejalías, mesas de congreso y senado, de comisiones en todos los órdenes, etc. es la parte del poder.


La parte de la identidad es la que se resquebraja por la pérdida de coherencia que supone la aspiración al poder propio o al impedir el ajeno. Las promesas y planteamientos electorales se resquebrajan ante la visión del poder. Surgen entonces las dudas y conflictos producidos por las diferencias en territorios e instituciones, en donde unos casi rozan y otros apenas ven. Pero ¿es posible hacer en un sitio algo y en otro lo contrario sin que sufra la identidad?
El carácter sistémico del asunto se manifiesta pronto. Un partido que se ha medio hundido electoralmente, como es Podemos, se ve consolidado por la necesidad que otros tienen de él ante la negativa del apoyo de terceros. El caso de Ciudadanos es también claro: ofreciéndose como una alternativa de centro sobrepasando a un derechizado Partido Popular, se encuentra enredado en pactos a tres bandas con el PP y con Vox, la bicha de quien huían. Temeroso de ser castigado por los votantes, se niega a acuerdos que le situarían en el centro, actuando como bisagra, como suele ocurrir con las formaciones liberales. Pero España —las actitudes políticas— no están para bisagras, que chirrían necesitadas de aceite de la tolerancia. Tal como están las cosas, estar en el centro, es llevárselas por todos lados.


La cuestión está en que sin una identidad estable, entendiendo por esto, algo de lo que los votantes se puedan fiar, se resiente el sistema y las partes. Los votantes tienen derecho a un voto cada cierto tiempo. Cada vez se hace más difícil ante la falta de compromiso con lo pactado. Un voto es un pacto, una oferta de congruencia.
El mapa español nos remite hacia la incongruencia. Se autolimita dejándose llevar por las murallas de cristal de las dos Españas, la derecha y la izquierda. Es más cómodo y fácil polarizar y resolver internamente que abrirse a modelos de moderación y centro que sirvan para satisfacer los estándares mínimos de unos y otros.
El abandono de líderes de Ciudadanos es una señal de lo difícil que es ser centro en España. Lo es por muchos motivos, pero uno de ellos es precisamente esos cálculos de poder o de rechazo visceral en direcciones absurdas. No se puede nadar y guardar la ropa mucho tiempo. 
El problema es que eso dificulta cada vez más la tarea de votar. Si lo que se promete hoy se incumple mañana, da igual a quien votes porque acabarán haciendo con tu voto lo que tú no querías. Y eso es desmoralizador, por no decir otra cosa. Desde el punto de vista de los dirigentes ocurre algo igual. Se van de los partidos porque anteriormente ya se fueron de otros para no tener que hacer lo que ahora se les pide.
La política es la gestión del poder, sí, pero la identidad política estable es un requisito para evitar el chalaneo o el desbarre ideológico. Si no, el precio será muy alto. Los ciudadanos dejarán de confiar en lo que se les propone si esto no se cumple después. Estabilidad en la identidad no significa anquilosamiento, sino congruencia, que es la relación coherente entre ideas y acciones. 
La radicalidad de los discursos, hechos para atraer, contrasta con la necesidad de flexibilidad ante un fraccionamiento tan grande. Flexibilidad no es prestarse a todo, sino identificar y jerarquizar los problemas para darles soluciones convenientes