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viernes, 11 de febrero de 2022

Abusos, una historia inaceptable

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Para que se produzcan los abusos sexuales hacen falta un agresor, una víctima, un espacio favorable y, en muchos casos, una específica relación de poder. La situación puede ser simple, unas mujeres o unos niños en un lugar solitario, lejos de la mirada protectora; se produce un asalto con consecuencias que pueden llegar a la muerte. En ocasiones, es la muerte lo que se busca, pues para el psicópata asesino la muerte le produce un placer sexual.

La introducción de una relación de poder añade una dimensión más allá de la agresión física, donde se ataca al más débil desde la asimetría del poder. El agresor se siente protegido por su pertenencia a una institución poderosa, creíble; el agredido, por contra, se siente en la parte débil, la desprotegida, y se siente perdido, con miedo, ante una muralla con la que le parece que va a chocar sus denuncias, que serán rechazadas por el prestigio de la institución que rodea al agresor, de la que aprovecha su prestigio y fuerza.

Las instituciones tienden, además, a protegerse del desgaste que estos casos les producen y han tendido más al silencio y la ocultación que al rechazo y penalización a sus miembros. Temen a la erosión del prestigio de que se sepa que algunos de sus miembros actúan con un sentimiento de poder que le otorga su posición dentro de la institución.

Leemos en RTVE.es lo ocurrido en Australia:

El Parlamento de Australia ha llevado a cabo una sesión marcada por el arrepentimiento por los casos de abusos sexuales que se destaparon en 2021. El primer ministro Scott Morrison ha pedido perdón a las víctimas de acoso, maltratos y agresiones sexuales y ha reconocido que muchas denuncias fueron silenciadas por el miedo a las consecuencias electorales.

"Hemos tratado de silenciar las quejas válidas y justas de la gente porque reinaba el miedo a las consecuencias electorales. Lo siento. Lo sentimos", ha admitido Morrison, al prometer "sacar a la luz" a los autores de estas agresiones en el Parlamento. Según el informe presentado a finales de noviembre pasado, el 51 % de las trabajadoras de la cámara legislativa experimentaron al menos un incidente de abuso o acoso sexual así como un intento de violación o asalto sexual consumado.

"No podemos deshacer lo que está hecho, pero si tenemos la voluntad, podremos romper este ciclo de una vez por todas", ha dicho en su discurso el líder laborista Anthony Albanese, mientras que el Parlamento ha prometido "establecer los estándares que rijan a la nación" para subsanar una "historia inaceptable de abuso, acoso y asalto sexual en los lugares de trabajo del Parlamento de Australia".

Morrison ha expresado sus disculpas en presencia de Brittany Higgings, la exasesora del Partido Liberal que denunció el año pasado haber sido violada en la sede del Parlamento, lo que provocó que otras mujeres se atrevieran también a presentar más denuncias.

"Ella tuvo el valor de hablar, y por eso estamos aquí. Lamentamos todas estas cosas, y al hacerlo, cada uno de nosotros asume la responsabilidad de un cambio", ha dicho el primer ministro. Las disculpas de Morrison, junto a las del líder de la oposición, el laborista Anthony Albanese, y ambas cámaras del Parlamento, se dan en respuesta a las 28 recomendaciones emitidas en noviembre pasado por la comisionada de Discriminación Sexual, Kate Jenkins, que lideró una investigación sobre la cultura laboral en la sede del Legislativo.*



Creo que la descripción por parte del primer ministro Morrison es de una rara claridad en lo que supone todo el proceso al que hemos aludido al principio. Tenemos una institución poderosa, como es el parlamento, en los que unos miembros determinados, unos parlamentarios —personas investidas del poder que la institución y con el voto del pueblo— han abusado de unas mujeres, la parte más débil. La institución, como se señala, no hizo lo que debía en este caso por temor doble, el desprestigio de la propia institución y la clase política, y por la pérdida de votos. Son dos poderosos frenos y unas fuertes tentaciones para la ocultación, hasta que todo sale a la luz y lo hecho se vuelve contra ella.

Una "historia inaceptable" es la forma en que partido del gobierno y oposición han tenido que aceptar la realidad de los abusos. Dentro de esa historia está su papel encubridor, el miedo a destaparlo y verse perjudicados.


El mismo proceso lo hemos visto en las gimnastas del equipo olímpico norteamericano. Las mismas descripciones de abusos repetidos porque los que tenían poder sobre ellas lo aprovechaban  para abusar. Ellos, a su vez, contaban con el miedo de las víctimas a declarar por temor a no ser creídas o verse apartadas de su vida deportiva y  sentir sobre ella la enorme presión que siente por temor a decepcionar a todos los que tienen alrededor, cuyas expectativas temen defraudar.

Hay abusadores que se basan en la fuerza física, pero otros son perfectos manipuladores que juegan con los miedos de las víctimas, con su vergüenza. Es un sentimiento que se suele escuchar continuamente.


En estos tiempos estamos asistiendo a una realidad paralela, en la sombra, que puede haber estado a pocos centímetros de nosotros sin que se nos hubiera pasado por la mente sus dimensiones.

Las instituciones, más tarde o más pronto, se verán enfrentadas a su propia vergüenza por los actos que ignoraron,  consintieron, no investigaron o sencillamente negaron a sabiendas de que eran reales y trataron de tapar.

En Australia, la oposición y el gobierno lo han hecho conjuntamente en su parlamento, que asume la totalidad del abuso de forma institucional evitando la tentación de contar cuántos abusadores ha habido y de qué partido era cada uno.


Esta es una batalla de todos, de todas las instituciones, de las educativas a las deportivas, de las laborales pasando por las religiosas o políticas. El grado de polarización de la política en España nos puede hacer caer en un error partidista, el de pensar que esto es solo una cuestión "religiosa" o "eclesial" y dejar de mirar debajo de nuestras bien aprovechadas alfombras. Que la guerra contra el abuso sexual no se pierda por una sola batalla partidista. Sería el mejor encubrimiento sobre la extensión del problema.

Si de verdad quieren hacer un servicio a la sociedad tiren de todas las mantas y no solo de aquellas que les resultan más cómodas o favorables. De otra forma se contribuirá a mantener en la sombra ese mal que es prepolítico, que es el deseo violento contra los más débiles aprovechando su posición.


El ejemplo de la tenista china debería servirnos para saber lo que no debemos hacer. Los casos en escuelas coránicas salen igualmente con dificultad, pero salen; hemos visto los efectos en el mundo del cine con el caso de Harvey Weistein, en los círculos de poder con la organización que le ha costado los honores a un príncipe  o en las instituciones deportivas  con los casos de Simone Biles y otras, oficinas, fábricas... Los abusadores buscan refugiarse en las instituciones para encontrar a sus víctimas pero también lo hace sabedores de esas tendencias a la ocultación de las propias instituciones.


La tentación de convertir lo que debería mostrar el apoyo de todos en un nuevo capítulo de nuestras pequeñas guerras, ya sea entre partido o entre religiosos y anti religiosos, debería evitarse por el bien de la causa general, que es la de todos y sobre todo la de las víctimas que deberían recibir una apoyo unánime. Si algunos no quieren desaprovechar la tentación de convertir la cuestión de los abusos en algo partidista, tendrán, como ocurrió en el parlamento australiano que pedir disculpas.

En nuestro dividido país perdemos muchas ocasiones de hacer las cosas bien solo por pensar que puede beneficiar al otro. Estamos saliendo de la época del encubrimiento y vamos hacia otra que debe ser más vigilante a sabiendas de la extensión de esta lacra social. Las víctimas deben saber que no se va a tener en cuenta más factor que serlo y no una mayor o menor aceptación según dónde o quién haya sido el agresor. De otra forma, solo emergerá una parte del problema y los abusadores se sentirán seguros en su zona de la alfombra que nadie va a levantar. Es precisamente el sentido de estar protegidos dentro de las instituciones lo que hace que esta violencia se mantenga.

Es una vergüenza ver cómo The Economist ha rebajado la calificación de la democracia española de "plena" a "defectuosa" por la incapacidad de los partidos de ver por los intereses de todos y solo atender a los suyos. Ha sido la incapacidad de ponerse de acuerdo sobre la renovación de la Justicia por parte de nuestra clase política y esos son sus efectos dañinos para todo el país. ¿Volverá a pasar lo mismo ahora?

El acoso, los abusos y agresiones sexuales no son cuestión de unos o de otros; es cuestión de todos. Es lo que debemos a las víctimas. Mientras seamos incapaces de pensar con unidad ante lo esencial seguiremos empeorando nosotros como sociedad y nuestras instituciones por ser incapaces de ser claras y justas. Todo lo que contribuya al retraso de la reparación, a su indefinición o ambigüedad es inaceptable.

 * "El primer ministro australiano pide perdón por "tratar de silenciar" los abusos sexuales en el Parlamento" RTVE.es-EFE 8/02/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220208/australia-parlamento-pide-perdon-tratar-silenciar-abusos-sexuales/2285420.shtml

martes, 18 de enero de 2022

El tenista, el alcalde y el coronavirus

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Como ya señalábamos el otro día, a Novak Djokovic le puede haber salido más caro de lo que pensaba el órdago australiano. Con su expulsión garantizada por tres años de Australia y la consiguiente imposibilidad de acceder al país en tres años, el tenista se ha complicado la vida más de lo que pensaba.

Puede que el alcalde de Madrid se haya complicado también al manifestar el "reclamo"* del jugador si viniera a jugar aquí; es algo que también le pasará factura, ya que aquí nadie desaprovecha nada para la lucha política, de las vacas a los tenistas. Lo que haga falta con tal de destrozar al contrario.



El caso del tenista es lo suficientemente complicado —y lo será más— como para subirlo a la agenda política española. Ya lo ha hecho con efectos imprevisibles el gobierno serbio que lo usará en una cruzada nacional contra... ¿el universo menos Madrid?

¿Cree el alcalde Martínez Almeida que invitar a Djokovic va a crear un flujo de turismo serbio hacia la capital española, que sea el único lugar —más allá de su propio país— donde se le permita jugar? Luego le ha pasado la pelota al "gobierno de la nación", lo que no deja de ser un intento más de enredar las cosas.

No son las únicas complicaciones. Me parece mal, por ejemplo, que en RTVE se añada en varias ocasiones la frase "allana el camino hacia el título" para mencionar después a citar a Rafael Nadal y al ruso Medvédev. Me parece simplemente una maldad, algo de muy baja estofa, porque quien se ha complicado la vida es el propio Djokovic. A veces el periodismo quiere ser sutil y solo es injusto. ¿Qué deben hacer, retirarse?

Ya se han anunciado varios torneos internacionales en lo que no podrá participar porque para entrar al país se exige estar vacunado. En España no, tal como sabemos y hemos visto a Djokovic disfrutar de Marbella antes de su fiasco australiano. Con una PCR negativa le vale, según parece. Por eso nuestro alcalde se ha permitido meterse en ese lío él solito.

Tiene mucha razón Rafael Nadal, que, además de jugar bien al tenis, es muy sensato. Djokovic es culpable, pero no es el único, ha dicho Nadal. A los que "culpable" les parezca "fuerte" habrá que recordarles que Djokovic ha mentido en un documento de ingreso en un país. No es más que una víctima de sí mismo. 

Pero ¿a quién se refiere Nadal? Está claro: al mundo deportivo empresarial que ve el tenis como un negocio y que ha intentado no "perder atractivo" a cualquier costa. Lo importante, como en otros casos, es el dinero y no la salud. Mucho menos el ejemplo, ya que el jugador serbio hace público su idea anti vacunación. Y esto no es precisamente lo deseable tal como están las cosas por el mundo. Después de esto, cada participación de Djokovic, el "jesucristo" de los anti vacunas, será entendida como un impulso claro para estos grupos que buscarán más visibilidad.

Pero la auténtica medida de lo afectará al serbio es el patrocinio y este ya ha dado los primeros pasos con una de las marcas importantes que le patrocinan, Lacoste, todo un símbolo en el mundo del tenis y la moda deportiva.

En Antena 3, bajo el titular "Lacoste pedirá explicaciones a Djokovic tras lo ocurrido en Australia", leemos: 

Su negativa a vacunarse puede acabar siendo el final de su carrera, siempre que no cambie de criterio, y la consecuencia es que algunos de sus patrocinadores pueden comenzar a pedir explicaciones a Nole. El primero en hacerlo, al menos de forma pública, ha sido Lacoste. La marca de ropa francesa pedirá cuentas al número 1 del mundo por la polémica que ha protagonizado en los últimos días en Australia, país de que ha sido deportado por no cumplir los requisitos de vacunación del país.

"En cuanto sea posible contactaremos con Novak Djokovic para revisar los acontecimientos que han marcado su presencia en Australia", indicó en un comunicado Lacoste, marca que el serbio luce en su pecho desde que en 2017 firmó un multimillonario contrato y abandonó la japonesa Uniclo.**

Lacoste sabe que la controversia no favorece sus ventas y que la imagen del serbio ha quedado dañada en diferentes aspectos, que sus intentos por colarse en Australia saltándose lo que se le pide al resto de los mortales que no son número 1 del tenis. No es ya la cuestión de la vacunación, sino también las distintas mentiras y falsedades en persona y formularios por parte de él y su séquito lo que acaban de dar forma a su imagen.

Es víctima además de los que le apoyan, que rozan el ridículo y a los que no pueden controlar. Un Djokovic "mesías" es un auténtico insulto a media humanidad y en especial a los fallecidos por millones y a sus muchos más millones de familiares. No, Djokovic no puede ser héroe más que de fanáticos, pero no del tenis, sino de la sinrazón, algo que se trata de combatir por todo el mundo.

Por más que el alcalde de Madrid, señor Martínez Almeida, busque un equilibrio entre el deseo y la norma, verá la de veces que se le recordarán sus palabras—"sería un gran reclamo"—, por más que le pase la pelota del "deber" a otros. Se ha metido él solo en la polémica y ya hay quienes lo utilizan contra él, como era previsible. Callarse es siempre una opción española de supervivencia.

Jugará allí donde las leyes se lo permitan —por eso los grandes torneos ha dejado claro la normativa de sus ciudades, como ha hecho Nueva York, o de sus gobiernos— y tendrá que pasar por el mismo calvario que en Australia si intenta forzar la situación ya con un precedente negativo importante. Pronto, los grandes trofeos intentarán evitar la patata caliente y la publicidad negativa que les supone invitar al serbio a sabiendas de que no está vacunado.

Localmente, los políticos serbios se ponen al lado de sus admiradores y se rasgan las vestiduras, pero cuidado con excederse en las críticas a los demás países, porque llevan las de perder. No sé si Serbia tiene algo más que Djokovic como activo, pero es lo que hay y no creo que pueda ir más allá del pataleo. 

Novak Djokovic quiere ser un privilegiado número 1 y no un ejemplar número 1. Cuando se habla de las virtudes del deporte, también se debería poder hablar de las virtudes de los deportistas. Algunos las tienen, otros no. Al final, algo en el camino marca la diferencia.

Nos queda la polémica nacional de fondo. Es el momento de jugar y ser jugado por unos y otros. Mejor no acabar de complicar algo que es muy sencillo: las normas se cumplen. El problema real para Djokovic no es el torneo de Madrid sino el contrato con sus patrocinadores, algo que se puede terminar si deja de ser "rentable" su imagen.

* "Almeida abre la puerta a Djokovic al Madrid Open y Sánchez responde: "Deberá cumplir las normas sanitarias"" RTVE.es/Agencias 17/01/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220117/almeida-sanchez-djokovic-madrid-open-normas-sanitarias/2258642.shtml

** Guillermo Fernández "Lacoste pedirá explicaciones a Djokovic tras lo ocurrido en Australia" Antena 3 https://www.antena3.com/noticias/deportes/tenis/lacoste-pedira-explicaciones-djokovic-ocurrido-australia_2022011761e58f599890160001bc699b.html

viernes, 7 de enero de 2022

Djokovic y sus problemas fronterizos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


El caso Novak Djokovic promete calentar el fin de semana hasta que las autoridades australianas lo pongan fuera de circulación, porque no tienen otra opción que no se vuelva contra ellos. Si van a ser criticados, mejor que lo hagan por cumplir la ley y no por dejar de hacerlo. Esto se lo estarán diciendo para darse ánimos en este embrollo.

La respuesta de la familia del jugador puede no extrañarnos, pues de algún sitio han tenido que salir las tonterías de Djokovic. Compararlo con Jesucristo y con Espartaco es algo más que un error, es una agresión voluntaria al sentido común y un insulto a cristianos del mundo y a libertadores de esclavos pasados por Hollywood. Más allá de la familia, los serbios se lo han tomado a pecho y como una cuestión nacional. Menos mal que Australia les pilla un poco lejos, porque ya han dado muestras de lo que hacen cuando les sale el orgullo nacionalista. Y los Djokovic están tratando de cubrir con patriotismo su insensata creencia antivacunas imponiéndosela a los demás.

Lo cierto es que el caso es un puro disparate en cualquier sentido que se mire. Pero tiene una cuestión importante: el efecto dominó. ¿Deben actuar de igual forma todos aquellos países en los que Djokovic pretenda entrar? Es decir ¿debe no dejarle entrar como a cualquier otro ciudadano sin raqueta?

Si Djokovic fuera consecuente, como bien ha señalado entre otros Rafael Nadal, debería dejar de jugar allí donde se le exigen las mismas medidas que a los demás. Pero el jugador se debe considerar especial, pero no es lo mismo ser un "jugador especial" que un "ciudadano especial" o un "turista especial". Lo especial de Novak Djokovic se acaba fuera de la pista de tenis. Más allá de esto es un señor más bien cortito, con mucho ego y exigente de privilegios. Según afirma el padre de Djokovic en los titulares de Antena 3: "Es el líder del mundo libre, de las naciones y de pobres y necesitados". No hay como el amor de la familia.

A las manifestaciones con banderas serbias, convertido Djokovic en héroe familiar y nacional, le sigue ahora su ascenso a mesías de los antivacunas mundiales, que han decidido aficionarse al tenis de golpe y porrazo. Nadie había hecho tanto por este deporte por todo el mundo.

La cuestión, como señalamos, no es lo que puede ocurrir en Australia, que creo que el gobierno de aquel país ha dejado medianamente claro, señalando que Djokovic no está prisionero de nadie y que una cosa es que no le dejen entrar y otra que no le dejen salir, para lo que tienen completamente abierta las puertas, según le han dicho. Pero Djokovic quiere jugar fuerte y le puede salir caro.

En primer lugar, pierde la ocasión de jugar un torneo en el que debería defender el título que ganó allí. Entre aquel título y este están las vacunas y millones de contagiados que no tienen la suerte de llevar la atención como Djokovic. No es lo mismo; nada es ya lo mismo.

En segundo lugar corre el riesgo de que esto le ocurra en aquellos países en los que ahora puede circular pero que a lo mejor en un par de días tiene que dejar de hacerlo por las restricciones.

En tercer lugar está el caso de la "exención" famosa. Son cosas que pueden valer hasta que salte la liebre. Cualquier amigo médico le puede hacer una exención, un certificado de algún tipo. Pero eso vale hasta que se cuestiona. Por prudencia, no se han explicado cuáles han sido las irregularidades cometidas en la presentación de los documentos, pero todo apunta a lo señalado. Ese "error" por parte de sus representantes, como lo llaman, es poco creíble y apunta más bien a que se ha revisado mejor que en otras ocasiones.

El camino australiano es el que están tomando muchos países en Europa, que pan a endurecer las condiciones de acceso y tránsito. Razón de más en este tipo de eventos multitudinarios, pese a ser en la mayoría de las ocasiones al aire libre, donde la gente debe llevar mascarillas ya en la mayor parte de los países y hay una red por medio entre los dos o cuatro jugadores.


Creo que es en este punto en el que los jugadores de todo el mundo han sido cautos y demasiado educados. Novak Djokovic es en estos momentos en número 1 de la clasificación de tenis mundial, pero eso no debería significar que puede hacer lo que quiera porque está poniendo en riesgo a más personas que él mismo. Lo que las autoridades tenísticas de cada país han estado haciendo es mirar para otro lado porque Novak Djokovic no ha querido ni quiere vacunarse como lo hacen la gran mayoría de los jugadores profesionales de todo el mundo.

Con el caso Djokovic, han salido a la luz algunos otros casos de deportistas, como en la NBA, en los Estados Unidos. Es igualmente repudiable, pues se trata de un deporte de equipo. Que puedan hacerlo no es más que el resultado del caos norteamericano. Hay jugadores, nos dicen, que no pueden jugar ciertos partidos porque no pueden hacerlo en las ciudades o estados que tienen que visitar en la liga. Ante del comienzo de la competición, a mediados de septiembre, ya saltó la polémica con cerca de 60 jugadores de la NBA que se declaraban contrarios a vacunarse. Leíamos entonces en La Vanguardia: 

Faltan tres semanas para que comience la temporada en la NBA. El próximo 19 de octubre arrancará la competición y puede que lo haga sin algunas de sus estrellas. Medio centenar de jugadores se niega a ser vacunado y, a pesar de que la Liga no consiguió que fuese obligatorio, la legislación en algunos estados impedirá que estos atletas puedan competir en sus estadios.

Actualmente, solo los entrenadores, árbitros y trabajadores de los clubs están obligados a vacunarse. La Liga intentó que los deportistas también lo estuviesen, pero se encontraron con la oposición frontal del sindicato de jugadores. Eso sí, todos los que no tengan la cartilla de vacunación completa, deberán cumplir un protocolo muy estricto con tests diarios los días de entrenamiento, viajes y partidos. Algo a lo que no deberán someterse los que ya han sido vacunados.

A pesar de que el 90% de jugadores estarían vacunados, ese 10% restante amenaza con complicar el inicio de curso, especialmente en el caso de las grandes estrellas de sus equipos, con Kyrie Irving a la cabeza. El base de los Brooklyn Nets ni siquiera pudo estar presente en el media day que ofreció su equipo en el Barclay Center con los reporteros. A diferencia de otras estrellas de los Nets como Kevin Durant o James Harden, Irving no pudo acceder al recinto por la legislación vigente en Nueva York. El mes pasado, el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, emitió una orden ejecutiva que obliga a los deportistas profesionales a acreditar que han recibido al menos una dosis de la vacuna para poder jugar en su club.* 


Estamos viendo en España (y por toda Europa) los estragos de la COVID-19 en los equipos deportivos en esta ola masiva. La Liga de Fútbol,  la de Baloncesto y de otros deportes se está viendo afectada por las continuas bajas producidas por los contagios. Suponemos que están vacunados, pero puede que la privacidad proteja a algunos que han podido contagiar a sus compañeros.

A Lionel Messi le dijeron que se quedara en su casa en Argentina hasta que pasara la cuarentena tras el contagio sufrido en las vacaciones. Ha regresado hace un par de días, pero todavía tiene que entrenar aislado.

¿De dónde viene entonces esa especie de narcisismo vacunal de Novak Djokovic? Creo que la respuesta está ya en la pregunta. Vamos a ver cómo evoluciona la pandemia y las restricciones por todo el mundo. Lo ocurrido en los Estados Unidos —que te dejen jugar en lugares republicanos, pero no puedas jugar en los demócratas por las medidas de seguridad— puede empezar a complicar internacionalmente ciertos deportes que no se van a poder permitir estas frivolidades. Lo estamos viendo en las ligas nacionales y comenzará a plantearse el problema en las fronteras. Puede que el derecho a la privacidad te permita no vacunarte, pero de la obligación de declarar o de presentar los documentos requeridos en cada frontera no te libra nadie, aunque seas el número 1 del mundo. El caso Djokovic es una alerta para muchos deportistas internacionales, pero pronto puede que haya que presentar el pasaporte COVID o similar para poder estar en una alineación o saltar a una pista si se endurecen las medias como parece que va a ocurrir.

El peligro mayor no es Djokovic sino su utilización como mártir de la causa de los antivacunas que están cada vez más presionados en sus países respectivos y se disponen a dar las batallas en todos los ámbitos. El deportivo les ofrece la publicidad perfecta para su "causa".

El jugador de la NBA, Kyrie Irving, encesta con frecuencia, da buenos pases y tiene buen corazón ayudando a causas sociales nobles, pero también cree que la Tierra no es redonda y piensa que con las vacunas los negros quedan conectados por una sociedad secreta a un "ordenador satánico". Allá él con sus problemas con la Tierra, pero en lo referido a ser antivacunas está haciendo daño a las personas que le crean, algunas de las cuales se contarán ya entre los muertos. Ser bueno en un deporte, como algunas otras cosas, no te convierte en inteligente, pero sí les da a los manipuladores la ocasión de utilizarte para fines de confusión y resistencia.

Dicen que no se puede obligar a nadie a vacunarse, pero ningún no vacunado puede obligar a los demás a jugar con él ni tiene derecho a pasar las fronteras incumpliendo las normas. Djokovic no es solo un antivacunas; es una persona que quiere ser un privilegiado, evitar lo que los demás deben hacer.

 


*  "Los antivacunas amenazan el inicio de la NBA" La Vanguardia 28/09/2021 https://www.lavanguardia.com/deportes/baloncesto/nba/20210928/7751903/antivacunas-amenazan-inicio-nba.html

miércoles, 24 de febrero de 2021

¿Cambios en el modelo de ciberespacio?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El conflicto desatado entre Facebook y Australia ha estado estos días en el debate mediático trayendo de nuevo el problema de las relaciones a tres bandas entre gobiernos, medios de comunicación y las grandes tecnológicas, un debate que no se resuelve nunca y de difícil acuerdo por la propia dinámica interna de la red, que hace que unos planten las semillas y otros recojan las flores.

Cuando tenía una asignatura en la que hablaba de estas cosas, les solía proponer a los alumnos una pregunta: ¿quién gana siempre en un partido de tenis? La respuesta era el dueño de la pista. En este caso, los dueños de las pistas son los que se aprovechan de los que corren por su superficie, los creadores de las redes, lo beneficiarios de los contenidos que otros aportan. Puede que haya ganadores parciales, pero al final, al igual que en los casinos, es la banca la que gana.

Nos olvidamos del nombre con el que se creó esto: las "súper autopistas de la información", término creado por el entonces vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, y presentado como una forma de expansión norteamericana al mundo. Evidentemente, Gore no pensaba en el beneficio de los demás, sino en la exportación de algo que entonces se entendía como un gran poder estadounidense, la información, la forma en que se podía gestionar y rentabilizar algo que era "conocimiento", que se consideraba entonces algo propio del país que había llegado a la Luna y exploraba el universo. La tecnología de la información sustituiría en ganancias a la economía industrial porque la información era un flujo inagotable que crearía la "nueva era americana".



Gore acertó en muchas cosas, pero no creo que pudiera percibir que el estímulo informativo serviría para que otras potencias le recortaran la ventaja a los Estados Unidos y que este finalmente perdiera el control del escenario que había creado. Las grandes compañías sobre las que se asienta Internet son norteamericanas de origen y globales en su desarrollo. Han supuesto la creación de nuevas consideraciones frente a los sectores tradicionales. Como "red de redes" (ya no se usa este nombre, pero sigue siendo útil por lo que nos dice), sobre una serie de redes locales se crean conexiones que la expanden. Es la parte "física" del asunto. La información que circula desde cualquiera de sus puntos es distribuida al resto de las redes interconectadas, convirtiendo en valor precisamente la posibilidad de acceder a ella desde el resto de los puntos, salvo que se desconecte o filtre el acceso.

Internet debe su valor a la interconexión, lo que quiere decir que cada vez que una red se conecta a la red general aumenta su valor y, por la misma lógica, cada vez que se limita disminuye. Eso está claro. Todos los programas de redes que usamos buscan favorecer el uso continuado ofreciéndonos posibilidades de acceso, nos presentan "personas que quizá conozcamos", sugerencias de amigos y contactos; nos ofrecen publicidad y nuevos contenidos con los que estar más tiempo en las redes. Eso abarca las noticias, los amigos o las partidas online; los canales televisivos, las videoconferencias, los podcast, la prensa digital... Todo se ha convertido en un flujo informativo que se distribuye por los canales creados, las redes literales, con sus conexiones, cables, satélites, wifi, etc. Sobre esas redes locales unidas hasta formar el gran mapa, se superponen las plataformas que dan soporte ya las acciones humanas, que adquieren "forma" y "sentido" para nosotros. Sus funciones son distintas, las hay grandes, de tamaño global, y más pequeñas que sobreviven mejor o peor, porque las redes en este plano son competitivas, funcionan mejor o peor, acogen en su "espacio virtual" lo que hacemos. Pueden bloquear al mismísimo presidente de los Estados Unidos, la persona más poderos del planeta, al que se le borran los tuits. Creo que este es el ejemplo más significativo de los redes en estos últimos tiempos y lo que, indirectamente, ha sembrado inquietudes en la clase política, pues han descubierto que en el mundo existe una forma paralela de poder que les sobre pasa, la de aquellos que pueden desconectarte, borrarte del sistema y dejar en cero tu "fuerza" comunicativa, como en el caso de Trump. Hemos ido construyendo un mundo global en el aspecto informativo, de flujos globales... que ha creado sus propias instancias de poder que ahora entran en colisión.



La idea de la neutralidad de la red y de su carácter global comienza a tambalearse. Los jueces del mundo se preocupan porque la decisión del silenciamiento se les escapa de las manos; los políticos se preocupan ante este poder "norteamericano" capaz de censurar al presidente de su país o de adjuntar mensajes a los suyos señalando que lo que dice es mentira o que no se corresponde con los hechos. Ya no es solo un mega poder, sino un meta poder.

Cuando se da un golpe de estado, como ha ocurrido en Myanmar o ya ocurrió en 2011 en Egipto, los que tienen el poder de cerrar las comunicaciones obligan a las compañías telefónicas a cerrar. Se produce un vacío en el que podemos comprender el poder de la información, pero también el poder que puede tumbar toda la estructura. Eso nos deja un panorama complicado.

Desde hace tiempo, los gobiernos de los países han comenzado a poner límites al poder de las compañías. Las infraestructuras de redes puede ser controladas con un cierre, pero no ocurre lo mismo con las propias empresas creadas, que se encuentran fuera de su jurisdicción. El conflicto entre Australia y Facebook es uno más de los intentos en ponerle puertas al campo, por un lado, pero también de cazar al zorro en ese mismo campo y demostrar quién manda.



Los medios de comunicación, que se adaptaron a la llegada de las redes digitalizándose con la promesa de millones de personas en sus audiencias mundiales, descubren que esos lectores quieren hacerlo gratuitamente, que la publicidad de va a los abiertos y que, sin saber muy bien cómo, se encuentran en declive de forma general y en bancarrota de forma específica muchos. Se encuentran también con que los medios son comidos por los micromedios, que son los favorecidos por las redes para aumentar el tráfico de las redes, que se han llenado de "YouTubers", de "Influencers" y demás que desde su casa, con una mínima inversión, tienen más seguidores que varios medios juntos, y se hacen ricos marchando a Andorra para evitar impuestos. Mientras ellos se quiebran la cabeza pensando qué diablos pueden poner en sus páginas que sea barato y atractivo, encontrándose reproduciendo para sobrevivir las tonterías que los usuarios producen y cuelgan de las redes. La locura de los medios es intentar producir información de calidad cuando son millones los que quieren consumir (y producir) trivialidades, estupideces infinitas que les dé unos segundos de popularidad. Tiene que ser muy desmoralizante ver cómo tu información importante, profesionalmente preparada, es superada por una gracieta de un gato o una caída haciéndose un selfie en un barranco. Y ruinoso. Pero esto es parte de ese contagio que la producción en cantidad, no en calidad, buscan desde ese nivel superior, donde no importan los contenidos, solo los flujos, las cantidades.

En la CNN, Rishi Iyengar publicó ayer un artículo titulado "The worldwide web as we know it may be ending" donde nos da algunas pistas sobre la transformación que se está produciendo o, al menos, sobre el comienzo de esas hostilidades que se han abierto desde los gobiernos hacia las grandes compañías tecnológicas. Escribe Iyengar: "A fight over news in Australia is a relatively small part of the clash between tech and governments, which has largely been focused on issues such as censorship, privacy and competition."*

En efecto, la multiplicación de casos es un hecho, el resultado de que una vez se ha dado el paso por parte de los estados, estos sirven de orientación a los siguientes, que buscan establecer sus normas en las relaciones con las grandes compañías, estableciendo un mapa confuso y, desde luego, cada vez menos uniforme y global.




En el texto se hace repaso de algunos precedentes en la cuestión del uso de la información procedente de los medios por parte de las compañías. Se cita incluso el caso español, donde los medios también intentaron obtener beneficios sobre la recogida que Google hacia mediante los enlaces a sus noticias.

En el artículo se va precisamente a la cuestión de esta lucha de poderes abierta:

 

A fight over news in Australia is a relatively small part of the clash between tech and governments, which has largely been focused on issues such as censorship, privacy and competition. But the response to Facebook's move in Australia has shown that a more international effort to rein in Big Tech may be gathering momentum -- and with it, the potential for additional fracturing of how internet services function from one country to the next.

As his government faced off against Facebook last week, Australian Prime Minister Scott Morrison issued a warning to the social media giant: what you do here may come back to hurt you in other countries.

"These actions will only confirm the concerns that an increasing number of countries are expressing about the behavior of Big Tech companies who think they are bigger than governments and that the rules should not apply to them," he said in a Facebook post. "They may be changing the world, but that doesn't mean they run it."*

 


La frase que cierra el párrafo muestra con claridad el sentido del enfrentamiento, una cosa es cambiar el mundo y otra dirigirlo, muestra claramente que la lucha está abierta. La transformación provocada por las creación de aquellas "súper autopistas de la información" de Gore, ha excedido lo que se pensaba inicialmente por todos, tanto por los que las crearon, como por los empezaron a usarlas. Los sueños que se tenían respecto al mundo virtual se han ido transformando conforme sus efectos de transformación eran mayores y se iban convirtiendo en una maquinaria global de poder y dinero. Las dictaduras mostraron los caminos del control y el bloqueo. Las democracias no siguen ese camino, pero sí tratan de frenar la deriva de quienes pueden controlar una vida —social, política, económica— que dependen cada vez más de unas pocas compañías que se reparten el pastel y obligan a pasar por el aro a los que quieren estar conectados.



Los problemas derivados de un mundo controlado por grandes empresas tecnológicas cuyo poder aumenta por la participación creciente e intensiva son muchos y crecientes. La ausencia de regulación no es buena, pero tampoco es fácil, sencillo ni claro. Hay muchas cosas que sopesar porque los beneficios son evidentes. La cuestión, pues, es política. Se refiere a la jerarquía, a los límites y al orden social. Se refiere, en última instancia, como diría Michel Foucault, al "orden del discurso", a su regulación, pues quien lo controla tiene el verdadero poder.

Ahora solo falta ya que se enfrenten al nuevo gran negocio: la recogida de datos masivos, que pese a las regulaciones de protección se sigue siendo un conflicto sin resolver. Es otro grupo de intereses que vive de nuestro movimiento en las redes que habrá, tarde o temprano, que controlar con eficacia y cuya opacidad es manifiesta más allá del primer escalón.

Quizá Trump pase a la historia por algo que no pensaba, por haber mostrado el camino y los límites al ser silenciado por Twitter después de haber sido su vehículo favorito para extender falsedades. Ironías de la Historia.

 

 

* Rishi Iyengar "The worldwide web as we know it may be ending" CNN 23/02/2021 https://edition.cnn.com/2021/02/23/tech/splinternet-tech-regulation-facebook/index.html

 



viernes, 8 de febrero de 2013

Las botas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Yo no sé en qué mundo vive usted. Sé en qué mundo vivo yo. No sé hasta qué punto le sorprenden estas cosas, se rasga las vestiduras y se deprime por lo que ve. Como sucedía con el vertido de lágrimas en el siglo XVIII, puede que su desolación sea un síntoma de su buen corazón.
La noticia del gran escándalo del deporte en Australia sigue al otro escándalo del amaño de partidos de fútbol por todo el planeta deportivo, que es la totalidad del globo. La Tierra ya no parece una "naranja", como se nos decía de niños, sino una pelota en el punto de penalti del Sistema Solar. Desde la Luna, el verde que se ve es el de los estadios deportivos y el de los dólares que produce. Nos dice el diario El Mundo sobre el caso australiano de corrupción:

La confirmación de que el dopaje es una práctica generalizada a nivel profesional y la sospecha de que las mafias manipulan resultados de partidos han sacudido los cimientos del deporte en Australia. "Los hallazgos son estremecedores y van a indignar a los aficionados en Australia", dijo el ministro australiano de Justicia, Jason Clare, en una rueda de prensa en Camberra al presentar el informe "Crimen organizado y drogas en el deporte".
"Esto es hacer trampa y, lo que es peor, es hacerlo con la ayuda de delincuentes", acotó Clare, flanqueado por la titular de Deportes, Kate Lundy. El estudio denuncia el dopaje habitual entre los deportistas de elite e implica a algunas mafias en la distribución de las sustancias prohibidas.
No solo deportistas individuales sino hasta todo un equipo han consumido estas drogas ilícitas que contienen hormonas y péptidos, entre otros componentes. Algunas de estos compuestos, que científicos especializados en deporte, médicos, farmacéuticos, entrenadores y personal de apoyo han entregado a los atletas, no están autorizados para el consumo humano, según el citado estudio.*



Lo importante es lo bien "organizado" que está el crimen. Tienen de todo. Nosotros estamos por aquí con el caso del dopaje de los deportistas y la red mafioso-sanitaria que les asistía. La medicina mafiosa es una rentable especialidad en la que vigilas la también rentable salud de los tramposos deportivos, auspiciada por tramposos directivos y entrenadores, y tramposas organizaciones dedicadas a ganar dinero con los "derivados deportivos". Estos incluyen las apuestas, pero también el blanqueo de dinero con fichajes, recalificaciones de terrenos para instalaciones, contratos bajo cuerda y demás formas de corrupción, todo abierto a la innovación. Ni le cuento el I+D+I que supone la creación de los productos y procesos para la elaboración de los fármacos que ayudan a subir cuestas, trotar campos y realizar "mates". El deporte es sano, nos dijeron siempre.


¿Por qué distinguir a los deportistas implicados de los delincuentes que les "ayudan", como dice el diario? Las secciones clásicas de los periódicos suelen redistribuir la deshonestidad en nichos que nos hacen pensar que son mundos separados. No hay tal separación. No les "ayudan"; forman parte de sus organizaciones mafiosas. Entiéndalo.
Los corruptos están en el mundo y se dedican a las actividades que les sean más rentables, sean las que sean. Las corrupciones políticas, empresariales, deportivas, etc. son solo caras diferentes de una misma enfermedad moral, tal como se la consideraba antes, y con la llegada de la modernidad, considerada como forma saludable del éxito en cada campo. Por lo general, no hay "corrupción" donde no hay rentabilidad. Si no la hay, es vicio.

Que el presidente de la patronal acabe en chirona, el de un club de fútbol sea detenido por amañar partidos, los políticos reciban sobresueldos (¡si solo fuera eso!), se especule con el suelo municipal, se monten chollos con las ITV, los yernos reales se conviertan en agresivos e influyentes emprendedores, se organicen "eventos" para que alguien se lleve comisiones, etc., no es más que la muestra salvaje, pero educadita, de la deriva moral (nunca mejor dicho) que hace del éxito el único valor sostenible. Todos son "triunfadores". Y les aplaudimos.
Tenemos la sensación de que estamos rodeados de sinvergüenzas y, sin duda, se debe a que estamos rodeados de sinvergüenzas. Somos como el tontarras del general Custer, metido por su petulancia en Little Big Horn, acorralados, rodeados por desaprensivos montados a lomos de Ferraris que nos lanzan flechas promocionales sin cesar. Moriremos con las botas puestas mientras que otros se ponen las botas. No hay "pipa de la paz". Joseph Blatter nos advierte desde un titular de ABC: "¡las trampas nunca terminarán!". Ya lo sabíamos, Blatter. Esto solo acaba de empezar.



No teman. Queda gente honrada en el mundo. Además, son necesarios para que los sinvergüenzas prosperen. Hace falta gente que vaya a los estadios, a los bancos y a las urnas con la confianza en que lo que les dicen o ven es cierto, que aquel jugador que entra a los tobillos lo hace con el ímpetu que da la defensa de sus colores y no por una apuesta en Londres sobre la lesión de un delantero. Hace falta que haya gente que se crea que los debates políticos van a algún sitio; que los mercados ajustan sus precios para beneficio del consumidor, o que lo que pone en la letra pequeña de los medicamentos es todo lo que nos puede pasar. Hacen falta crédulos. Usted y yo lo somos. Yo porque escribo como alternativa a la desesperación; usted porque ha contenido cien veces su ira, gracias a los buenos consejos que le dieron padres y maestros en su infancia, y se ha parado a perder el tiempo leyendo esto. Ni usted ni yo nos haremos ricos con lo que hacemos. Puede que seamos un poco más felices, pero eso no les preocupa a ellos, que lo consideran un síntoma de estupidez y les incita a meter "felicidad" en un frasquito diseñado por un modisto francés extravagante y anunciará una actriz sugerente y retocada con Photoshop.



La noticia de que el deporte mundial está trucado no debería sorprendernos demasiado. Todo lo verdaderamente rentable lo está. Los muchos miles de millones que se manejan por todo el orbe son el mejor indicador de lo que sospechamos y que ahora nos confirman noticias que llegan desde lugares tan exóticos como Singapur y Australia. Las noticias nos llegan desde las antípodas porque así parece que el mal está más lejos. Pero todo forma parte de lo mismo. Los sinvergüenzas son una gran familia: montan en bici, chutan a puerta, dan mítines, tienen cuentas en Suiza y especulan en bolsa. Nunca cuelgan las botas.
Titula El Mundo "Australia se quita la máscara", aunque hubiera sido más correcto titularlo "El mundo se quita la venda". No me refiero al periódico, claro, sino a todos nosotros. 
Y no se deprima. Si sus ídolos se derrumban es porque es usted un "idólatra".

* "Australia se quita la máscara" El Mundo 7/02/2013 http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2013/02/07/masdeporte/1360228928.html